Desarrollo de la informalidad y prácticas alternativas en la comunidad peruana de Paterson, Nueva Jersey*


Abstract

Este artículo examina las prácticas utilizadas por los migrantes peruanos para formar sus propias organizaciones en Paterson, Nueva Jersey, Estados Unidos. Con el objetivo de recuperar la experiencia comunitaria de estos migrantes, se utilizó una metodología cualitativa que incluyó el análisis de fuentes escritas obtenidas en los archivos del consulado peruano de Nueva Jersey y en bibliotecas del área. Asimismo, se examinaron historias orales de migrantes peruanos e información recabada a través del material periodístico brindado por miembros de la comunidad. La primera sección del artículo revela que los migrantes peruanos, al no contar con instituciones previamente establecidas ni asistencia del gobierno local, utilizaron la informalidad y otras prácticas alternativas de organización social para crear sus propias asociaciones. Estos migrantes, además, hicieron uso de la identidad nacional, las redes sociales y las normas andinas de asistencia colectiva para organizarse en el nuevo contexto. La segunda sección muestra que los empresarios peruanos cumplieron un rol central para que estas iniciativas de organización colectiva se concretaran y formalizaran. Estos comerciantes financiaron económicamente y lideraron varias iniciativas colectivas de organización. Finalmente, se evidencia que muchos comerciantes y líderes comunitarios se valieron del clientelismo para adquirir poder económico y político, lo cual les ha servido para continuar formando asociaciones y organizando eventos públicos para visibilizar a la comunidad. Se concluye que, en las diferentes oleadas migratorias, los peruanos han mostrado una predisposición al uso de la informalidad como recurso para organizarse colectivamente en el país receptor. Este artículo contribuye a los estudios de comunidades latinas en los Estados Unidos ofreciendo una perspectiva analítica de las dinámicas socioeconómicas que grupos de migrantes más recientes transfieren del país de origen para facilitar su integración al nuevo contexto.


This article examines the practices adopted by Peruvian migrants to form their own organizations in Paterson, New Jersey, United States. To recover the communal experience of these migrants, we employed a qualitative methodology that included the analysis of written sources obtained from the archives of the Peruvian consulate in New Jersey and libraries in the area. We also reviewed oral histories of Peruvian migrants and information gathered through journalistic material provided by members of the community. The first section of the article reveals that Peruvian migrants, lacking previously established institutions and local government assistance, used informality and other alternative practices of social organization to create their own associations. These migrants also made use of national identity, social networks and Andean norms of collective assistance to organize themselves into their new context. The second section shows that Peruvian businessmen played a central role in bringing these collective organizing initiatives to fruition and formalizing them. These traders financed and led several collective organization initiatives. Finally, we find that many merchants and community leaders used clientelism to acquire economic and political power, which has helped them to continue forming associations and organizing public events to make the community more prominent. We conclude that, in the different waves of migration, Peruvians have shown a predisposition to use informality as a resource to organize themselves collectively in the receiving country. This article contributes to studies concerning Latino communities in the United States by offering an analytical perspective on the socioeconomic dynamics that more recent migrant groups transfer from their country of origin in order to adapt to the new context.


Neste artigo, são examinadas as práticas utilizadas pelos migrantes peruanos para formar suas organizações em Paterson, Nova Jersey, Estados Unidos. Com o objetivo de recuperar a experiência comunitária desses migrantes, foi utilizada uma metodologia qualitativa que incluiu a análise de fontes escritas obtidas nos arquivos do consulado peruano de Nova Jersey e em bibliotecas da área. Além disso, são analisadas histórias orais de migrantes peruanos e informações coletadas por meio do material jornalístico oferecido por membros da comunidade. Na primeira seção do artigo, revela-se que os migrantes peruanos, ao não contarem com instituições previamente estabelecidas nem assistência do governo local, utilizaram a informalidade e outras práticas alternativas de organização social para criar suas associações. Esses migrantes, ainda, fizeram uso da identidade nacional, das redes sociais e das leis andinas de assistência coletiva para se organizarem no novo contexto. A segunda seção mostra que os empresários peruanos cumpriram um papel central para que essas iniciativas de organização coletiva se concretizassem e formalizassem. Esses comerciantes financiaram economicamente e lideraram várias iniciativas coletivas de organização. Por último, é evidenciado que muitos comerciantes e líderes comunitários se aproveitaram do clientelismo para adquirir poder econômico e político, o que lhes serviu para continuarem formando associações e organizando eventos públicos para visibilizar a comunidade. Conclui-se que, nas diferentes ondas migratórias, os peruanos mostraram uma predisposição ao uso da informalidade como recurso de organização coletiva no país receptor. Este artigo contribui para os estudos de comunidades latinas nos Estados Unidos, oferecendo uma perspectiva analítica das dinâmicas socioeconômicas que grupos de migrantes mais recentes transferem do país de origem para facilitar sua integração ao novo contexto.


Los peruanos fueron uno de los primeros grupos de migrantes latinos que se establecieron en la ciudad de Paterson, Nueva Jersey, EE. UU., después de la Segunda Guerra Mundial. Al llegar, encontraron trabajo en las fábricas locales y, en corto tiempo, lograron cierta estabilidad económica; sin embargo, no lograban integrarse socialmente, ya que raramente se relacionaban con sus colegas de trabajo, mayoritariamente americanos blancos, europeos y afroamericanos1. El idioma y otras diferencias culturales eran barreras que no permitían una mayor integración. Los más cercanos culturalmente a ellos eran los puertorriqueños y los cubanos, quienes ya empezaban a tener una presencia importante en el área.

Así, Paterson era un lugar fascinante pero a la vez foráneo para los peruanos. Las instituciones y asociaciones existentes estaban enfocadas en desarrollar eventos para la población blanca. Las escasas organizaciones latinas, si bien estaban comprometidas en asistir a este grupo étnico en temas laborales, legales o de migración, se enfocaban en fomentar la cultura caribeña a través de bailes, desfiles y otras actividades socioculturales. Los peruanos no tenían entidades propias que facilitaran su incorporación al nuevo contexto2. Para hacer más llevadera la experiencia migratoria, estos migrantes hicieron uso de prácticas alternativas para asociarse entre connacionales y fundar, por sus propios medios, organizaciones e instituciones que les dieran visibilidad en la sociedad receptora. Después de sesenta años de migración peruana a Paterson, estas estrategias les han servido para establecer el primer enclave peruano en los Estados Unidos (Rahman 2016).

Los patrones de organización social utilizados por los peruanos en Paterson tienen sus orígenes en el proceso de migración interna desarrollado en el Perú desde los años cincuenta. A partir de esta década, se inició la migración masiva de población rural de los Andes y la Amazonía a los principales centros urbanos, principalmente Lima. Algunos investigadores afirman que este proceso se inició como consecuencia de la expansión capitalista, la industrialización y la rápida urbanización en el Perú. Asimismo, muchos migrantes vinieron a Lima atraídos por la modernidad de la capital y las posibilidades educativas y laborales que esta podía ofrecer a sus habitantes (Golte y Adams 1987; Matos 2010). Sin embargo, los cambios económicos y sociales más significativos ocurrieron a partir de 1968, cuando el general Juan Velasco Alvarado dio un golpe de Estado y estableció el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas. Durante los siguientes siete años, el régimen militar de corte socialista nacionalizó la banca, los medios de comunicación, varias industrias y llevó a cabo la reforma agraria que produjo la mayor transformación socioeconómica y cultural del país en el siglo XX (Aguirre y Walker 2017).

El constante movimiento de miles de provincianos a los centros urbanos del Perú superó los esfuerzos del Estado para cubrir sus necesidades de vivienda y trabajo. Sin ayuda estatal, estos migrantes hicieron uso de la solidaridad y la redistribución de recursos —antiguas normas andinas de organización socioeconómica— para facilitar su incorporación a contextos difíciles. En Lima, los migrantes utilizaron estas prácticas para dos fines concretos, uno económico y el otro social. En términos económicos, los provincianos encontraron en el autoempleo una oportunidad para vender todo tipo de productos y servicios en las calles evadiendo las normas que regulaban el comercio ambulatorio. En las siguientes décadas, se desarrolló en Lima y otros centros urbanos una economía informal que daba empleo a millones de migrantes que hacían uso de métodos alternativos para forjar su propio futuro en las ciudades (Aguirre y Walker 2017).

Los migrantes provincianos en Lima también utilizaron prácticas informales de organización social, como el compadrazgo, el padrinazgo y el paisanaje, que sirvieron para establecer redes sociales de ayuda entre coterráneos. A través de estos mecanismos, los recién llegados fundaron clubes departamentales, asociaciones provinciales, clubes de madres y cocinas populares para afrontar colectivamente necesidades económicas y sociales. Con el paso de los años, las costumbres de miles de provincianos desbordaron los espacios públicos y transformaron las prácticas sociales, así como la fisonomía de las ciudades peruanas (Golte y Adams 1987). De esta manera, se desarrolló en el Perú una cultura de la informalidad que cambió la forma en que los peruanos establecían relaciones económicas y sociales en contextos urbanos. Ellos absorbieron experiencias de migración, de emprendimiento y de informalidad y, cuando comenzaron a migrar masivamente a los Estados Unidos, transfirieron estas prácticas creativas para integrarse a la nueva sociedad.

Paralelamente al proceso migratorio interno, se produjeron diversas oleadas migratorias de peruanos al exterior. Desde los años sesenta, miles de profesionales, empleados públicos y trabajadores manuales comenzaron a migrar a los Estados Unidos. Se estima que al final de los setenta vivían en ese país aproximadamente 55 000 peruanos (Altamirano 1990, 46). Durante los años ochenta, las políticas económicas del Gobierno de Alan García causaron el cierre del mercado peruano a la economía mundial, lo cual generó altos índices de inflación, desempleo e informalidad. Las acciones subversivas de grupos armados como Sendero Luminoso causaron mayor inestabilidad en el país. Al final de la década, la violencia política y la profunda crisis económica incrementaron la migración interna e internacional. En los primeros años de los noventa, muchos peruanos migraron a Italia, España, Japón, Argentina, Venezuela y Chile en busca de seguridad y un mejor futuro para sus familias (Paerregaard 2008).

En 1990, había 175 000 peruanos viviendo en los Estados Unidos, el país que recibía el mayor número de compatriotas (Altamirano 1990). Durante esta década, las políticas neoliberales implementadas por el presidente Alberto Fujimori provocaron el despido de miles de trabajadores de empresas estatales, quienes recurrieron a prácticas informales para autoemplearse y generar sus propios ingresos. Muchos de estos trabajadores migraron al extranjero. En el año 2000, 233 000 peruanos vivían en Estados Unidos y, en el 2010, este número aumentó aproximadamente a 500 000 (Berg y Paerregaard 2005; Francesco 2014). En todas estas oleadas migratorias internacionales, los peruanos transfirieron prácticas informales de organización económica y social para facilitar su integración a la sociedad receptora.

Cuando las primeras familias peruanas llegaron a Paterson en los sesenta, reprodujeron estas prácticas informales para empezar a formar sus propias organizaciones, ya que las que existían en el área no satisfacían sus intereses colectivos. Algunas investigaciones sobre la formación de comunidades de migrantes en Estados Unidos sostienen que dichas prácticas se desarrollaron a partir de una sólida estructuración de asociaciones comunitarias e instituciones. Estos estudios se enfocan en experiencias de migrantes que utilizan organizaciones previamente establecidas para facilitar su proceso de incorporación a la sociedad (Mobasher 2004). Históricamente, el Gobierno norteamericano ha fomentado la asimilación de los migrantes a la cultura estadounidense, a través de la subvención de centros comunitarios que brindan clases de inglés, consejería legal, ofertas laborales u otras actividades sociales y deportivas orientadas a este fin.

Asimismo, estos estudios resaltan el activismo de los migrantes en la organización de asociaciones e instituciones que los representen mejor en la sociedad receptora. Al respecto, se han analizado principalmente las experiencias colectivas de italianos, irlandeses y chinos que llegaron a finales del siglo XIX y posteriormente desarrollaron enclaves étnicos en ciudades como Nueva York, Los Ángeles o Chicago (Gabaccia 1997; Handlin 1991; Quinn 2006). En cuanto a los migrantes latinos, se ha documentado ampliamente el activismo colectivo de los grupos que llegaron a inicios del siglo XX, como mexicanos en El Paso, Chicago y Los Ángeles, puertorriqueños en Nueva York y cubanos en Miami y Nueva Jersey (Arredondo 2008; Perales 2010; Prieto 2009; Sánchez 1994). Todos estos trabajos resaltan cómo los migrantes enfrentan contextos de segregación y desventaja económica haciendo uso de estrategias de organización colectiva basadas en la ayuda mutua y la confianza, así como en la conciencia de clase y en ideologías políticas influenciadas por el anarquismo o el socialismo (Guglielmo 2012; Mackaman 2016).

Sin embargo, muy pocos estudios han investigado los patrones de organización social de grupos de migrantes recientes, principalmente aquellos que vienen de Sudamérica y que han poblado masivamente diversas ciudades norteamericanas desde los años sesenta. Aún no se han analizado los orígenes del establecimiento de asociaciones por parte de estos grupos de migrantes, sobre todo luego de que el Estado norteamericano redujera progresivamente el apoyo económico y logístico a organizaciones de ayuda, centros comunitarios y otras instituciones gubernamentales orientadas a su asimilación (Danziger y Haveman 1981). Asimismo, se han trazado escasas conexiones entre las experiencias migratorias y de organización social que el sujeto migrante más contemporáneo tuvo en el país de origen y cómo estas han migrado con ellos y han delineado sus pautas de integración a la sociedad norteamericana.

Este artículo examina las prácticas utilizadas por los migrantes peruanos para organizarse colectivamente en Paterson. El trabajo muestra que, al no contar con organizaciones e instituciones previamente establecidas ni asistencia del gobierno local, los peruanos formaron sus propias asociaciones movilizando prácticas informales de organización colectiva que transfirieron desde su país de origen. La primera sección del artículo revela que las primeras iniciativas de asociación entre peruanos surgen informalmente a partir de reuniones sociales entre las pocas familias peruanas que vivían en Paterson en los sesenta. En los años iniciales, el sentido de pertenencia nacional y de identidad cultural que compartían tuvo un papel fundamental en la formación de grupos religiosos, deportivos y culturales entre compatriotas. La segunda sección evidencia el rol protagónico que cumplió el emergente empresariado peruano de Paterson en la formación y en el sostenimiento de asociaciones comunitarias. Para ello, utilizaron prácticas informales y conexiones en el gobierno local con el fin de obtener recursos económicos y logísticos para fortalecer las organizaciones. Eventualmente, estas asociaciones lograron ser formalizadas gracias al apoyo de dichos comerciantes, lo cual sirvió para organizar izamientos de banderas, desfiles peruanos, procesiones religiosas y festivales deportivos. Finalmente, la tercera sección revela que, a través del establecimiento de sus propias organizaciones e instituciones, los peruanos han logrado adquirir el suficiente poder económico y político para legitimar su presencia en Paterson. A continuación, se repasan algunas aproximaciones conceptuales y metodológicas que explican la experiencia comunitaria de los peruanos en esa ciudad.

Nociones teóricas y metodológicas

Para estudiar la transferencia transnacional de cultura, es necesario utilizar un marco conceptual que permita comprender la lógica detrás de ciertos comportamientos que han sido utilizados por los migrantes en su incorporación al país receptor. Si bien Pierre Bourdieu no aplicó directamente la teoría de la práctica a la migración internacional, algunos de sus conceptos permiten explicar la reproducción de prácticas colectivas en un nuevo contexto social (Bourdieu y Nice 1979). Un grupo de autores ha aplicado los conceptos de habitus y capital en los estudios de migración para explicar la tendencia de los migrantes a la reproducción de ciertas estrategias socioeconómicas para incorporarse a la sociedad de llegada (Kelly y Lusis 2006; Noble 2013; Nowicka 2015).

Bourdieu define habitus como “un sistema de esquemas de percepción y pensamiento” que “actúa como un principio organizador de la conducta” (Bourdieu y Nice 1979, 18). Así, se trata de un sistema que engloba el conjunto internalizado de mecanismos y conductas que produce prácticas. Magdalena Nowicka (2015) reformuló el concepto de habitus para estudiar los procesos de migración internacional y explica que este constituye un sistema de depósito de “percepciones, apreciaciones y prácticas y, por lo tanto, es resultado y causa de la forma de ser, actuar y pensar de un individuo” (12). De esta manera, el habitus permite a los sujetos saber cómo actuar, sentir, hablar, pensar e improvisar, y les permite integrarse a campos sociales particulares3.

Para Bourdieu (1986), la práctica es el resultado de la interacción entre el habitus del individuo y la utilización de capitales en un contexto dado. El concepto de capital se refiere a todos los bienes, recursos materiales y simbólicos que son utilizados por los agentes en la acción social. De manera general, el capital económico se refiere a los activos de un individuo que se pueden convertir directamente en dinero o propiedad. El capital cultural es el conjunto de recursos culturales de los actores, como el lenguaje, las costumbres, los estilos de vida y las habilidades profesionales adquiridas a través de experiencias de socialización. Particularmente, las perspectivas bourdieusianas sobre la migración internacional ven el capital cultural de los migrantes como un conjunto de recursos que colocan “en una mochila” y que, al llegar al país de destino, desempacan y tratan de utilizar para integrarse al nuevo contexto. En este proceso, también adoptan nuevas prácticas culturales o crean nuevas formas de capital cultural una vez instalados en el país receptor (Erel 2010).

A su turno, el capital simbólico es la capacidad de utilizar y movilizar recursos relacionados con la imagen y la significación, como por ejemplo el prestigio y la reputación de una persona u objeto (Bourdieu 1986). En el ámbito de la migración, este concepto se ha estudiado en relación con las actividades comerciales u objetivos políticos de los migrantes (Erel 2010). Por último, el capital social está asociado a las redes y conexiones que los individuos pueden utilizar para hacer circular recursos con el fin de generar oportunidades. Estas no solo funcionan a nivel individual, sino también colectivo (Bourdieu 1986). En contextos de migración, las redes sociales tienen un rol central, ya que brindan canales para acceder y hacer circular las distintas formas de capital4.

Los conceptos de habitus y capitales explican cómo los migrantes peruanos han transferido de Perú a Paterson un espíritu emprendedor, informal y creativo que caracteriza su modus operandi en contextos de migración y desigualdad social. Estos conceptos también ayudan a entender cómo nociones tradicionales de ayuda mutua, expresiones de nostalgia e identidad nacional y las experiencias de los peruanos con la economía informal han migrado con ellos y han adquirido un nuevo propósito en el país receptor.

En términos metodológicos, en la investigación se utilizó una perspectiva histórica y un enfoque cualitativo para estudiar los orígenes de la comunidad peruana de Paterson (Schensul, Schensul y LeCompte 1999). Se examinaron historias orales, documentos en archivos institucionales y material brindado por miembros de la comunidad. En primer lugar, se usa información de los testimonios de seis entrevistados que formaron parte de una investigación más amplia5. Ellos, todos mayores de 65 años, llegaron como parte de las primeras oleadas migratorias de peruanos a Paterson y brindaron información que permitió recuperar experiencias sobre las primeras iniciativas de organización entre connacionales en el área.

Los testimonios de estos migrantes se complementaron con información recabada en archivos de entidades locales. La consulta de las memorias del consulado peruano de Nueva Jersey, publicadas entre 1987 y 2000, permitió obtener datos sobre el número de negocios étnicos en el área, las cifras económicas movilizadas por los comerciantes peruanos, las iniciativas oficiales de asistencia comunitaria y las actividades colectivas de los peruanos en Paterson. Asimismo, se utilizaron recortes periodísticos de los archivos de las bibliotecas públicas de las ciudades de Paterson, Newark, Clifton y Passaic6 para evidenciar la creciente participación de los peruanos en el comercio local y en actividades públicas. Algunos miembros de la comunidad también brindaron revistas y periódicos peruanos que circulan en el área y que ofrecen información relevante sobre los eventos que allí se realizan.

Estrategias informales en las primeras iniciativas de organización comunitaria

Hasta 1972 había menos de mil peruanos viviendo en Paterson, la mayoría de ellos procedentes de Surquillo, un barrio obrero de Lima (Tirado 1972). Muchos eran provincianos o hijos de provincianos que se habían establecido en la capital en décadas anteriores. Estos jóvenes estaban expuestos, de una manera u otra, a experiencias de migración e informalidad que luego trasladaron a los Estados Unidos. Surquillo era un barrio multiétnico donde blancos, negros, mestizos, cholos, charapas y chinos7 cohabitaban en armonía y conflicto. Sin embargo, los surquillanos que llegaron a Paterson se consideraban criollos o mestizos8. Escuchaban música criolla, comían comida criolla y practicaban deportes populares como el fútbol. La mayoría de los peruanos que llegaron a Paterson hasta mediados de los setenta tenían este perfil socioeconómico e identitario que delineó sus disposiciones, prácticas y normas en el nuevo entorno.

En aquellos años, Paterson era una ciudad donde había escasos rastros de la cultura latinoamericana. La distancia cultural con los anglos, los europeos y los afroamericanos llevó a los peruanos a socializar entre ellos y con otros latinos establecidos en el área. Unión y compañerismo fueron normas que definieron las relaciones entre las primeras familias peruanas. Asimismo, una sensación de nostalgia por las costumbres y tradiciones de origen les motivó a planificar reuniones sociales de las cuales nacieron las primeras iniciativas de asociación entre compatriotas. Los peruanos comenzaron a reunirse porque echaban de menos principalmente tres cosas del Perú: el fútbol, la religión y la comida (Tirado 1972). De estos tres elementos, la comida fue el más efectivo para reunir a los compatriotas y constituyó un recurso importante en la construcción de identidades colectivas.

A inicios de los años setenta, la nostalgia por la comida peruana se materializó con la apertura de los primeros restaurantes informales. Algunas mujeres empezaron a vender comida en sus casas los fines de semana, para lo cual transformaron sus patios o comedores en pequeños restaurantes y espacios de socialización donde los compatriotas recreaban prácticas y costumbres de la tierra de origen. Los peruanos iban a estas casas a comer la comida que tanto extrañaban, pero también a bailar, escuchar música peruana y conversar, es decir, a sentir la peruanidad. Esta última, como expresión nostálgica de la patria, fue un instrumento movilizado por los migrantes peruanos para preservar su identidad en el contexto de la migración (Berg 2017).

La peruanidad también se reprodujo a través de la organización de actividades sociales y cívicas para reunir a los compatriotas. Guillermo Callegari, uno de los primeros peruanos en llegar a Paterson y actual líder comunitario, recuerda que los pocos que estaban en aquel entonces comenzaron a “tratarse entre sí como compadres y comadres” y a celebrar sus “cumpleaños, bautizos, matrimonios y Navidades juntos” (entrevista, julio de 2016). En otras palabras, transfirieron el compadrazgo o padrinazgo como estrategia para crear y mantener lazos sociales duraderos, así como para formalizar las nuevas relaciones personales hechas en Paterson. Además, durante las primeras etapas de desarrollo de la comunidad peruana, la identidad criolla fue puesta de manifiesto en cada celebración familiar o de la comunidad: “Las fiestas que se organizaban eran auténticas jaranas con comida criolla, música criolla y muchas cervezas”, comenta Callegari y enfatiza en que se celebraba “como lo hacíamos en el Perú” (entrevista, julio de 2016). De esta manera, los peruanos reprodujeron en Paterson la tradición de festejar sus celebraciones al estilo criollo.

Esta asociación de la peruanidad con la cultura criolla se puso de manifiesto en la organización de las primeras ceremonias cívicas que empezaron a celebrarse de manera informal a partir de mediados de los sesenta. Callegari recuerda que las primeras reuniones para conmemorar el Día de la Independencia del Perú se hacían en casa de alguna familia peruana: “Éramos muy patriotas y tratábamos de encontrar el mejor momento para celebrar este día. Si el 28 de julio caía en un día laborable, hacíamos la celebración el sábado o domingo cuando no trabajábamos” (entrevista, julio de 2016). Esto evidencia que los peruanos empezaron a organizar colectivamente eventos que demostraban el compromiso de mantener su identidad en el extranjero. Al inicio, las conmemoraciones cívicas de peruanidad excluían algunas expresiones culturales de identidad peruana, como la andina y la amazónica; sin embargo, esto empezó a cambiar con la llegada de compatriotas de las diversas regiones del Perú.

Los peruanos también empezaron a vincularse informalmente a través del fútbol. La nostalgia por reproducir prácticas sociales que habitualmente solían realizar en su país de origen los motivó a reunirse para jugar partidos los fines de semana. En estos encuentros, asociaban el fútbol con la identidad nacional. De allí surgen los primeros equipos organizados por connacionales para participar en las ligas locales, como Paterson-Surquillo FC. La participación en torneos con equipos de otras nacionalidades les permitió demostrar un sentido de identidad grupal: “Jugábamos contra alemanes, italianos y griegos, y nos sentíamos muy orgullosos de representar al Perú”, recuerda Hugo Balta, uno de los primeros peruanos en llegar a Paterson en los sesenta (entrevista, julio de 2016). Gradualmente, esto también les concedió visibilidad entre otros grupos de migrantes que vivían en el área.

En aquellos años, algunos de los equipos de fútbol formados por peruanos sirvieron también como asociaciones informales de ayuda. Por ejemplo, Balta utilizó el equipo Paterson-Surquillo FC como asociación informal para ayudar a dos organizaciones religiosas de su barrio en Lima. La idea surgió en las reuniones sociales que se mantenían entre las familias peruanas que generalmente provenían de ese barrio. Después de recaudar fondos a través de bailes y comidas, a los que asistían migrantes peruanos, el dinero era enviado al Perú para concretar la obra social (entrevista con Hugo Balta, julio de 2016). De esta manera, a pesar de identificarse con la cultura criolla, estos peruanos utilizaron formas tradicionales de reciprocidad y ayuda mutua asociadas a la cultura andina para apoyar a la comunidad de origen. Al ser ellos mismos migrantes o hijos de migrantes, estos peruanos absorbieron experiencias de la cultura de la informalidad y del proceso de migración interna que luego utilizaron para organizarse en Paterson.

Aunque la naciente comunidad peruana era unida, no estaba exenta de conflictos. Con la llegada de más peruanos, los proyectos de organización comunitaria tuvieron más participantes. Algunos se conocían de Surquillo, pero otros eran desconocidos que venían de barrios distintos o incluso de provincias. Poco a poco, surgieron disputas internas en estas asociaciones emergentes, principalmente relacionadas con el manejo del dinero, la desconfianza y la envidia. Estos conflictos retrasaron la formalización de las iniciativas de asociación entre peruanos. Asimismo, las prácticas informales tuvieron un papel central en estas disputas. La formación de la primera organización religiosa peruana en Paterson, la Hermandad del Señor de los Milagros, ilustra cómo los desacuerdos entre sus miembros afectaron su capacidad de organización.

Esta hermandad comenzó a formarse gracias a la iniciativa de un pequeño grupo de peruanos que asistían a la misa católica de la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes. Gastón Bravo fue uno de los doce peruanos que fundaron oficialmente la hermandad en agosto de 1976. “Éramos un grupo de peruanos que veníamos a esta iglesia, pero la misa era en inglés e italiano porque era un barrio italiano en aquel tiempo”, recuerda Bravo describiendo el contexto social en el que los peruanos debían encontrar un espacio para practicar su religiosidad (entrevista, junio de 2017). Cuando los italianos comenzaron a mudarse a otras ciudades, los peruanos formaron la hermandad movilizando una combinación de fe, nostalgia e identidad nacional.

Antes de la formalización, este grupo reprodujo estrategias alternativas para establecer la hermandad, sus símbolos y prácticas. Un compatriota pintó la imagen del Señor de los Milagros a mano y, durante los primeros dos años, los peruanos la usaron para llevar a cabo sus prácticas religiosas: “Las primeras procesiones fueron muy simples. Miembros de la hermandad y otros feligreses caminaron alrededor de la iglesia cantando a capela” (entrevista con Gastón Bravo, junio de 2017). Tan pronto como la hermandad estuvo mejor organizada, más peruanos se unieron; sin embargo, la poca transparencia en el manejo de los recursos, así como el creciente interés en trasladar la imagen al centro de la ciudad, causó su división. Así, un grupo de hermanos organizó una segunda hermandad en la catedral de Paterson.

A pesar de las disputas, los peruanos siguieron fundando sus propias organizaciones y movilizando vínculos simbólicos y emocionales asociados a la nostalgia por la patria. Ellos emprendieron estos proyectos de organización colectiva por sus propios medios, sin demandar recursos al gobierno local. El liderazgo y el apoyo económico de los pocos comerciantes peruanos que empezaban a establecer pequeños negocios en Paterson fue clave para que estas iniciativas se cristalizaran gradualmente. En las siguientes décadas, estos empresarios cumplieron un rol central en la consolidación de estas asociaciones, las cuales eventualmente fueron registradas para que pudieran realizar actividades a través de canales formales.

Formalizando las organizaciones peruanas

A comienzos de los setenta, algunos peruanos empezaron a dejar de trabajar como obreros en las fábricas para abrir pequeños restaurantes, agencias de viajes, oficinas de seguros y talleres de mecánica. Estos negocios ofrecían productos y servicios a la comunidad peruana y latina en general, que ya comenzaban a tener una presencia masiva en Paterson. Paralelamente al manejo de sus negocios, algunos de estos comerciantes se involucraron en la formación de asociaciones proporcionando los recursos económicos, sociales y materiales necesarios para cristalizar estos proyectos. El interés de estos empresarios por apoyar las iniciativas de organización social entre peruanos está asociado a prácticas económicas andinas. En la lógica comercial del sujeto andino, el emprendimiento y la solidaridad comunitaria son dos elementos inseparables del éxito empresarial. Las sociedades andinas tradicionales y las poblaciones urbanas contemporáneas de origen andino han desarrollado una mentalidad empresarial que no solo fomenta la creación de negocios, sino que también garantiza una relación recíproca de apoyo con la comunidad local y las comunidades de origen (Golte y Adams 1990; Matos 2010). Con la migración de peruanos a Paterson, esta mentalidad comercial que vincula el carácter empresarial, la solidaridad étnica y el desarrollo comunitario se reprodujo a nivel transnacional. Por ello, desde los primeros proyectos de organización social, los empresarios peruanos han asumido el liderazgo en la formación de organizaciones sociales y religiosas en el nuevo contexto (Altamirano 1990).

Guillermo Callegari fue uno de los empresarios que organizó y financió el primer izamiento de la bandera peruana en la municipalidad de Paterson en 1967. Utilizó sus contactos con la comunidad puertorriqueña y otras conexiones en la municipalidad para obtener los permisos necesarios para llevar a cabo el evento. Según Callegari, los puertorriqueños “ya habían organizado un evento similar para su comunidad. No solo tenían experiencia en planificar este tipo de celebraciones, sino que además contactos trabajando en el gobierno local que ayudaron con las trabas burocráticas” (entrevista, julio de 2016). Así, en un contexto en el que la población blanca controlaba la mayoría de las instituciones locales, Callegari utilizó la identidad latina como un recurso social y cultural para obtener el permiso de las autoridades locales. La organización del primer izamiento de bandera constituyó un hito para la comunidad peruana, ya que empezó a tener visibilidad entre otros grupos étnicos asentados en la ciudad. Los peruanos han continuado realizando este evento cada año mediante las mismas estrategias organizativas.

Durante la década del setenta, se planificaron otros dos eventos importantes para la comunidad en los cuales los empresarios peruanos cumplieron un rol clave en la formalización de actividades colectivas. En 1976, gracias a la experiencia de algunos empresarios con las trabas burocráticas en el gobierno local, la Hermandad del Señor de los Milagros fue registrada oficialmente en la municipalidad de Paterson. Esto ayudó a obtener los permisos de las autoridades locales para llevar a cabo sus actividades religiosas. Gastón Bravo indica que “algunos comerciantes movieron sus conexiones sociales para organizar oficialmente la primera procesión del Señor de los Milagros por las calles de Paterson en 1979” (entrevista, junio de 2017). Asimismo, gracias al dinero recaudado por la hermandad “a través de rifas, bailes y donaciones, se pudo contratar a una banda de Nueva York. Incluso algunas mujeres vendieron anticuchos y picarones en las esquinas”, recuerda Bravo ilustrando cómo, a pesar de que se organizó formalmente el evento, los peruanos continuaron usando mecanismos informales para sacar provecho de la celebración (entrevista, junio de 2017).

El apoyo de los comerciantes peruanos fue claramente puesto de manifiesto en un festival deportivo, musical y patriótico organizado para conmemorar el Día de la Independencia del Perú en 1977. Guillermo Callegari fue el principal promotor de este evento, ya que tenía los fondos y contactos necesarios en la municipalidad de Paterson para obtener la autorización requerida. Callegari alquiló el histórico estadio Hinchliffe y, junto con el apoyo de otros empresarios, trajo a cuatro equipos de fútbol de otros estados para jugar un torneo, contrató a una banda de música latina e invitó a varios cocineros peruanos para vender comida: “Fue un éxito porque los peruanos llenaron el estadio y disfrutaron del espectáculo” (entrevista, julio de 2016). Asimismo, empresas cuyos clientes eran peruanos o latinos promocionaron sus productos y servicios en el festival. “César Morales, por ejemplo, repartió gratuitamente productos de Inca’s Food al público asistente y Julio Malqui distribuyó volantes publicitando su compañía de seguros”, recuerda Callegari indicando además que ninguna de estas empresas patrocinó oficialmente el evento, pero colaboraron a través de apoyo logístico y donaciones (entrevista, julio de 2016). Este festival abrió el camino a una mayor participación de los empresarios en este tipo de celebraciones.

Entre 1980 y 1990 Paterson cambió demográficamente. La población latina aumentó de 40 000 a 57 000 personas de un total de 141 000 habitantes aproximadamente (New Jersey State Data Center 2001, 27). Nuevas oleadas de peruanos se establecieron en Paterson durante esta década. En 1985 los peruanos eran el segundo grupo más grande de hispanos en el área, liderados por puertorriqueños y seguidos por colombianos (Avignone 1985). A diferencia de las oleadas migratorias anteriores, los recién llegados encontraron una comunidad peruana ya establecida que dependía de una combinación de mecanismos formales e informales para organizarse colectivamente. Estos peruanos pertenecían a una generación que había aprendido a navegar en contextos de informalidad, precariedad laboral y social, algo característico de la economía informal que estaba ya fuertemente arraigada en el Perú en 1990. Eran sujetos con la predisposición de utilizar mecanismos que, por lo general, evadían las normas establecidas y dependían fuertemente de prácticas colectivas para la incorporación laboral y social a entornos desconocidos. En términos de identidad, los recién llegados principalmente se identificaban con la cultura andina. En ese sentido, la llegada de esta nueva ola de migración diversificó las características sociales y étnicas de la población peruana en Paterson que, hasta fines de la década del setenta, se había identificado principalmente con la cultura criolla. Los peruanos que arribaron durante los ochenta y noventa reprodujeron en Paterson nuevas prácticas socioculturales que contrastaban con las que trajeron los migrantes de las décadas anteriores. Esta generación también creó nuevas asociaciones y, con ello, expandió la comunidad peruana, que ya en aquella década estaba en proceso de gestionar sus primeras instituciones oficiales.

En 1986, luego de más de veinticinco años de iniciativas colectivas para organizar mejor a la comunidad, se creó la Peruvian Parade Inc., la primera institución peruana formalmente establecida en Paterson. Guillermo Callegari afirma que fundó esta institución, junto a otros empresarios y líderes comunitarios, “como una organización cultural sin fines de lucro”. También constituyeron “la primera comisión encargada de organizar y coordinar con las autoridades locales el primer desfile peruano en Paterson a realizarse en julio” (entrevista, julio de 2016). El desfile fue la primera oportunidad en la cual empresarios peruanos patrocinaron oficialmente un evento de la comunidad. Para financiar el evento, obtener los permisos oficiales y patrocinar los carruajes que darían colorido al desfile movilizaron recursos económicos y sociales.

Durante la semana del 24 al 30 de julio de 1986, la comunidad peruana celebró oficialmente el 165 aniversario de la Independencia del Perú con varios eventos en Paterson. El sábado 26 de julio comenzaron las celebraciones con el izamiento de la bandera peruana en la municipalidad. Al día siguiente, se celebró el primer desfile oficial peruano en la ciudad. Para esta ocasión, se nombró a Teófilo Cubillas, reconocido jugador de fútbol, como mariscal del desfile, que comenzó el domingo 27 de julio en Madison Av., siguió por Market St., Grand St. y Main St., y terminó en la municipalidad ubicada en el centro de Paterson. El alcalde Frank Graves, el cónsul del Perú en Nueva York, Raúl Pinto y Guillermo Callegari, presidente de la Peruvian Parade Inc., encabezaron la caravana de carrozas, mientras grupos musicales y de bailarines entretenían a más de 7 000 asistentes (Dávila 1986).

La participación de los empresarios peruanos en la organización del desfile legitimó su liderazgo comunitario. El desfile les dio la oportunidad no solo de publicitar indirectamente sus productos y servicios, sino también de demostrar su involucramiento social colaborando con estas iniciativas. Su colaboración fue motivada principalmente por principios de solidaridad con los compatriotas y nostalgia por la patria. César Morales, dueño de Inca’s Food, que financió una carroza en el desfile, explica: “nuestra intención no era vender nuestros productos. Solo queríamos mostrar el orgullo de ser peruanos y contribuir a nuestra comunidad” (entrevista, julio de 2016). Hugo Balta también destacó la importancia de desarrollar una relación recíproca con la comunidad a través de actividades cívicas públicas: “los empresarios peruanos tenemos que servir a la comunidad porque somos parte de ellos y la gente reconoce nuestro apoyo al ser clientes leales de nuestros negocios” (entrevista, julio de 2016). A partir de este evento y con la consolidación gradual de un mercado de productos peruanos, los empresarios financiaban los eventos, proveían recursos logísticos y contactos sociales y, en retribución, el público compraba sus productos.

El primer desfile fue un evento histórico para la comunidad peruana de Paterson, ya que su cultura y sus tradiciones se dieron a conocer a través de demostraciones de danza, música y folclor. A través de estas manifestaciones culturales, los migrantes peruanos de distintos orígenes étnicos y sociales mostraron una imagen colectiva de unidad y orgullo nacional, y dejaron de lado las barreras culturales y los conflictos internos existentes en la comunidad. Los organizadores del evento confirmaron su intento por representar la diversidad cultural del país para involucrar a los peruanos de las diferentes provincias que vivían en Paterson y pueblos aledaños (Dávila 1986). Además, el evento se organizó utilizando prácticas colectivas parecidas a las que usaban los migrantes provincianos en Lima. Los mismos organizadores eligieron un padrino y una reina, y movilizaron prácticas de reciprocidad y ayuda mutua con empresarios peruanos y organizaciones sociales para financiar el evento. Asimismo, evidenciaron el avance económico, el nivel de organización y el poder político que la comunidad peruana había logrado después de veinticinco años: demostraron que su comunidad se había desarrollado lo suficiente como para organizar sus primeros festivales públicos. Desde 1986, el desfile peruano se ha celebrado cada año y es una oportunidad para que los peruanos legitimen su presencia entre otros grupos étnicos que habitan el área.

En 1987 el Gobierno del Perú estableció oficialmente un consulado permanente en Paterson, gracias al esfuerzo conjunto de empresarios peruanos y líderes comunitarios. El Consulado General del Perú en Nueva Jersey abrió sus puertas en febrero de 1987 (Dao 1987). Una de sus misiones era asistir a la comunidad peruana en el área y lograr una mejor organización de las hermandades religiosas, asociaciones culturales y grupos sociales. Su apertura también sirvió para que algunas iniciativas de ayuda a la comunidad de origen, que antes se gestionaban informalmente, empezaran a canalizarse de manera formal a través de esta institución. Desde los años setenta, tanto empresarios como líderes comunitarios establecieron redes informales de apoyo con sus comunidades en Perú con el objetivo de mejorar la calidad de vida de los suyos. Con el establecimiento del consulado peruano de Paterson, estos esfuerzos de caridad se extendieron, sobre todo entre 1987 y 1993, el periodo de mayor crisis económica y social que debió atravesar el Perú en el siglo XX. Por ejemplo, en 1990, el consulado transfirió un valor total de US 12 000 en medicamentos y equipo médico al Ministro de Relaciones Exteriores del Perú. Esta donación fue hecha por médicos peruanos que trabajaban en Nueva Jersey y fue entregada a diversos hospitales en el Perú (Consulado General del Perú en Paterson 1989-1990, 3). En 1992 la Peruvian Parade Inc. envió aproximadamente US 4 200 a la Fundación por los Niños del Perú (Consulado General del Perú en Paterson 1992, 4-5). Empresarios y líderes comunitarios encontraron en el consulado una institución en la cual confiar para enviar sus donaciones y evitar la gestión de estas a través de funcionarios estatales y organizaciones sociales poco confiables en su país de origen.

A pesar de que el consulado se estableció oficialmente para organizar a la comunidad peruana en el estado de Nueva Jersey, los empresarios y líderes sociales continuaron organizando eventos y gestionando donaciones por sus propios medios. La llegada de nuevas oleadas de migrantes alimentó el carácter informal entre los peruanos en Paterson. Los recién llegados transfirieron desde Perú nuevas prácticas sociales que fueron adoptadas por los peruanos previamente establecidos. En 1987 vivían 14 000 peruanos en Paterson y este número aumentó a aproximadamente 20 000 en la siguiente década (Consulado General del Perú en Paterson 1995; Dao 1987). En 1990, el consulado registró quince organizaciones peruanas que operaban en la ciudad de Paterson y alrededores. Asimismo, en 1993, informó de la existencia de 72 restaurantes y 37 agencias de viajes, entre otras empresas de servicios, y destacó el “espíritu emprendedor de los peruanos” para generar actividades comerciales en el área (Consulado General del Perú en Paterson 1993, 21). De esta manera, los miles de migrantes que llegaron en los noventa incrementaron la apertura de ese tipo de negocios, así como de pequeñas tiendas, entre otros, lo que en pocos años les permitió obtener un importante poder económico que fue útil para apoyar nuevas iniciativas de organización comunitaria. Al inicio del nuevo milenio, ya se hablaba de Little Lima, el enclave peruano de Paterson, lo que demostraba el nivel de empoderamiento colectivo que la comunidad peruana había alcanzado a través de los años, gracias al esfuerzo del empresariado y al activismo de sus líderes sociales.

Empoderamiento empresarial y comunitario

Cuando la vida de los migrantes se vuelve relativamente estable en el país que los recibe, tienden a involucrarse en actividades políticas en favor de su comunidad. Algunas investigaciones enfatizan la resiliencia de los migrantes como un instrumento de resistencia contra la exclusión sociopolítica ejercida por la sociedad receptora. Alejandro Portes y Rubén Rumbaut (2005) y Paul Spickard (2007) explican que el activismo político y comunitario de los migrantes es el mecanismo que les permite acceder a las esferas de poder. En el caso concreto de los latinoamericanos en los Estados Unidos, algunos investigadores han notado que las primeras iniciativas políticas colectivas se centran en ganar visibilidad en el espacio público. Renato Rosaldo (1997) sostiene que el creciente poder comercial de los latinos les ha permitido exigir ser reconocidos como ciudadanos de primera clase en la sociedad estadounidense y, a la vez, demandar el respeto por su cultura y sus tradiciones9. Por ello, las comunidades latinas aspiran a una mayor participación política con el objetivo de lograr mayor reconocimiento público y legitimar su herencia cultural. La experiencia migratoria de los peruanos en Paterson muestra este patrón de activismo colectivo e involucramiento político.

Durante los años noventa, el activismo de los empresarios y los líderes comunitarios permitió que se organizaran diversos eventos públicos con el objetivo de mostrar el patrimonio cultural de los peruanos, forjar un espacio entre otras comunidades étnicas en el área y buscar reconocimiento como ciudadanos de los Estados Unidos. Para ello, los peruanos continuaron usando la idea de una identidad latina común y fortaleciendo los lazos de solidaridad con otras comunidades hispanas previamente establecidas en el área. Gracias a conexiones con empleados latinos en la administración pública local, pudieron gestionar con más frecuencia eventos cívicos, deportivos y religiosos.

Dicho liderazgo también les permitió forjar estrechos lazos de amistad con políticos locales y estatales, quienes influyeron en su incorporación a la política local. Algunos descubrieron que la participación en organizaciones comunitarias les permitía ganar prestigio y contactos para iniciar una carrera política en Paterson, otras ciudades cercanas e incluso en el Perú. Por ejemplo, en 1995 Yolanda Esquiche, líder de la Asociación Peruana de Profesores, fundó con otros profesionales peruanos Peruvian Generations, una organización cívica que promovió el liderazgo y el empoderamiento de las nuevas generaciones de peruanos. La ceremonia de apertura contó con la presencia de Bill Pascrell, alcalde de Paterson (“Peruvian Generations” 1996, 9). En la década de 2000, gracias a los contactos hechos a través de esta organización, los hijos de Esquiche empezaron a incursionar en la política local (entrevista con Yolanda Esquiche, julio de 2016). Igualmente, algunos empresarios peruanos y líderes comunitarios en Paterson trataron de lanzar su carrera política en el Perú. En el año 2006 Daniel Jara se postuló para congresista con un proyecto político que exigía la creación de un distrito electoral para los peruanos que viven en el extranjero. A pesar de no ser elegido, su intento por participar en la política peruana ilustra que, incluso después de vivir en el extranjero por muchos años, los peruanos seguían interesados en los asuntos políticos de su país de origen (Avendaño 2006).

El comportamiento político de los empresarios y de los líderes de organizaciones que obtuvieron poder económico y social en Paterson durante los años 2000 contrastó con el activismo político de las oleadas anteriores de peruanos. Más que salvaguardar los intereses comunitarios o ayudar a las comunidades de origen, su participación política estaba definida principalmente por intereses personales. Por ejemplo, en el año 2000, se fundó Peruvians for Progress, una organización que apoyó la educación de hijos e hijas de peruanos a través de becas universitarias. Sin embargo, también ayudó a lanzar la carrera política y administrativa de exempresarios, como Orlando Gálvez, quien fue seleccionado como comisionado en el Departamento de Planificación y Desarrollo Comunitario de la ciudad de Elizabeth (entrevista con Orlando Gálvez, julio de 2016).

El clientelismo como práctica para avanzar en agendas personales, utilizado principalmente por aquellos migrantes recientes interesados en entrar en política, causó conflictos con los líderes sociales más antiguos. Acusaciones mutuas de enriquecimiento ilícito, malversación de fondos, rencillas personales y, particularmente, la informalidad en el manejo de las asociaciones afectaron el desarrollo de proyectos de organización serios, como el establecimiento de un centro cívico y cultural peruano en Paterson. Sin embargo, a pesar de estas disputas internas, la comunidad peruana ha trasmitido una imagen de unidad en diversos eventos públicos. En el nuevo milenio, esta ha sido reconocida como un grupo de migrantes emprendedores que no solo ha logrado edificar y mantener un enclave peruano en Nueva Jersey, sino que también ha contribuido económicamente a la ciudad de Paterson (Rahman 2016).

Después de décadas de desindustrialización e inestabilidad económica, el establecimiento de negocios latinos en el área contribuyó a que Paterson recuperara su importancia comercial en el norte del estado. En el 2009 los peruanos ya poseían la mitad de las 2 800 empresas hispanas de la ciudad, lo que evidencia la fuerza empresarial de esta comunidad de migrantes. Para esa fecha, existían en el centro de Paterson más de ochenta restaurantes peruanos, veinte asociaciones comunitarias, una docena de periódicos e igual número de tiendas minoristas operadas por connacionales (Llorente 2009). Según el consulado peruano, a principios del nuevo siglo, la capacidad de consumo de los peruanos en Nueva Jersey fue de aproximadamente US 250 millones al año y la remesa de dinero al Perú totalizó US 60 millones (Consulado General del Perú en Paterson 1999). En términos de inversión colectiva, los residentes peruanos gastan medio millón de dólares cada año organizando el desfile peruano (“Paterson: Capital” 2016). Estos datos muestran que, aunque los peruanos dependen de la informalidad y las prácticas creativas para realizar actividades económicas y sociales, la inversión de capital de estos migrantes ha reactivado la economía de la ciudad.

Asimismo, los peruanos han revitalizado el centro de Paterson al celebrar allí eventos públicos y establecer sus negocios y organizaciones. Desde los años noventa, Market St. y otras calles adyacentes fueron ocupadas por restaurantes, salones de belleza, panaderías y agencias de viajes de propiedad de migrantes peruanos. Además, las pocas instituciones peruanas formalmente constituidas, como el Consulado Peruano de Nueva Jersey, se encuentran en el centro de la ciudad. Por ello, en el 2008, la lideresa María del Pilar Rivas propuso la idea de designar oficialmente Little Lima como el primer vecindario peruano de Paterson. En un principio, la administración de la ciudad no apoyó la idea, pero el lobby ejercido por líderes sociales y empresarios impulsó la designación (Pinto 2016). En abril de 2016, una resolución aprobada por el ayuntamiento reconoció oficialmente a la ciudad de Paterson como el centro de la diáspora peruana en los Estados Unidos (“Peru Square” 2016, 4). El sábado 26 de noviembre, el alcalde José Torres y otros funcionarios del gobierno local revelaron un letrero que designaba el área bordeada por Market St., Main St. y Cianci St. como Peru Square. El cónsul general del Perú en Paterson, Vitaliano Gallardo, pronunció un discurso resaltando el emprendimiento de los peruanos en el área. Asimismo, el alcalde Torres destacó los esfuerzos empresariales y comunales de los peruanos por establecer negocios y asociaciones que han reactivado la economía local, lo que además ha contribuido a revitalizar el centro de la ciudad (Rahman 2016).

Conclusiones

En este artículo se examinaron las prácticas utilizadas por los migrantes peruanos para establecer organizaciones e instituciones en Paterson. Se evidenció que, principalmente, han utilizado prácticas socioeconómicas informales para facilitar su integración al nuevo contexto y que las prácticas alternativas de organización, desarrolladas como parte del proceso de migración interna en el Perú, adquirieron una dimensión transnacional al ser reproducidas en Paterson por los migrantes peruanos que llegaban en cada oleada migratoria. Desde los orígenes de la comunidad en los años sesenta, los peruanos empezaron a organizarse colectivamente formando asociaciones de manera informal. Al no contar con organizaciones previamente establecidas ni apoyo del gobierno local, estos migrantes hicieron uso de su creatividad, identidad nacional, redes sociales y normas andinas de apoyo mutuo para formar equipos de fútbol y grupos religiosos y celebrar eventos cívicos.

Asimismo, el artículo muestra que los peruanos en Paterson han reproducido una mentalidad comercial asociada a poblaciones urbanas de origen andino que vincula el carácter empresarial, el desarrollo colectivo y la reciprocidad comunitaria. Por ello, desde la etapa formativa de la comunidad, los empresarios peruanos cumplieron un rol central apoyando y liderando las organizaciones formadas por connacionales. Los comerciantes no solo financiaron económicamente estos proyectos, sino que también movilizaron contactos con influencia política en el gobierno local y estatal para cristalizar y formalizar gradualmente estas iniciativas de organización colectiva. Con el apoyo conjunto de los empresarios peruanos y otros líderes comunitarios, se organizaron formalmente asociaciones cívicas y hermandades religiosas y se estableció el Consulado Peruano de Nueva Jersey en Paterson.

El artículo revela que otra práctica alternativa de organización social transferida por los peruanos a Paterson ha sido el clientelismo. Se evidencia que los comerciantes y líderes comunitarios peruanos han utilizado la idea de una identidad latina común para continuar organizando eventos con el objetivo de ganar mayor visibilidad en el espacio público. Asimismo, los comerciantes y líderes peruanos han logrado tener un mayor involucramiento en la escena política de Paterson a través del acceso a importantes cargos en el gobierno local. Si bien la participación política para algunos de ellos estaba definida por intereses personales, el activismo de la mayoría de los empresarios y los líderes comunitarios tenía como fin salvaguardar los intereses colectivos de los peruanos en el área.

Finalmente, el artículo muestra que, al abrir negocios, celebrar eventos públicos y establecer sus instituciones más representativas en el centro de la ciudad, los peruanos han contribuido a incrementar las transacciones comerciales en el área. Por ello, se concluye que las prácticas económicas y sociales informales utilizadas por los migrantes peruanos han servido para reactivar la economía local y revitalizar el casco urbano de Paterson.

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Notes

[*] Este artículo es resultado de mi investigación para obtener el grado de doctor en Historia de la Universidad de Houston. El proyecto se realizó entre 2016 y 2019 y fue financiado parcialmente por The Murray Miller Travel Scholarship. Quiero expresar mi agradecimiento a la comunidad peruana de Paterson, Nueva Jersey, en particular a las personas que aceptaron compartir sus experiencias migratorias.

[**] Doctor en Historia y magíster en Sociología de la Universidad de Houston, Estados Unidos. Actualmente trabaja como educador en Austin, Texas. Entre sus últimas publicaciones están: (en coautoría con Kathryn M. Nowtny, Jennifer L. Fackler, Carol Vargas, Lindsey Wilson y Joseph A. Kotarba) “Authenticity in Latino Music: Scenes of Place”, en Music Sociology: Examining the Role of Music in Social Life, comp. de Sara Towe Horsfall, Jan-Martijn Meij y Meghan D. Probstfield (Boulder: Paradigm Publishers, 2013), 70-80; (en coautoría con Kathryn M. Nowtny, Jennifer L. Fackler, Carol Vargas, Lindsey Wilson y Joseph A. Kotarba) “Established Latino Music Scenes: Sense of Place and the Challenge of Authenticity”, Studies in Symbolic Interaction 35 (2010): 29-50, https://doi.org/10.1108/S0163-2396(2010)0000035006gmuschi@hotmail.com

[1] En la década de 1960, Paterson estaba habitada principalmente por estos grupos étnicos (Francesco 2014).

[2] Los primeros migrantes peruanos que llegaron a Paterson en los años veinte eran tan pocos que no fundaron asociaciones ni lograron establecer una comunidad (Holland 2013).

[3] Campo es otro componente de la teoría de la práctica de Bourdieu (Bourdieu y Nice 1979).

[4] El concepto de redes sociales aplicado a temas de migración internacional ha sido ampliamente estudiado. Massey et al. (1993) ofrecen una aproximación general a este. James S. Coleman (1988) ha considerado los canales de información, las normas sociales y las obligaciones como tres formas complementarias de capital social. Asimismo, Charles Tilly (1990) describe los diferentes tipos de redes sociales poniendo énfasis en su relación con la solidaridad y la desigualdad social.

[5] Durante el verano de 2016 a 2017 hice el trabajo de campo de mi investigación doctoral y recopilé las historias orales de cincuenta migrantes peruanos que residían en Paterson y áreas aledañas. Los entrevistados fueron seleccionados utilizando la técnica de muestreo en cadena, la cual me permitió establecer contacto con otros migrantes. Se seleccionó un número equivalente de hombres y mujeres, dueños de negocios o líderes comunitarios, de diversos perfiles socioeconómicos y étnicos. Los entrevistados tenían entre los 30 y los 80 años y representaban las diferentes oleadas migratorias de peruanos a Paterson. Haber vivido en Paterson en el año 2001 y tener familia en el área, la cual visité en los años posteriores, me facilitó el acceso a los primeros contactos en la comunidad. Es preciso aclarar que no tenía relación personal o familiar con ninguno de los entrevistados antes de la recopilación de datos. Todos ellos aprobaron la grabación de la conversación y el uso de los testimonios obtenidos para dicha investigación y posteriores publicaciones académicas, sobre lo cual se cuenta con los consentimientos informados correspondientes. El proyecto de investigación fue aprobado por la Universidad de Houston. Como la investigación es un estudio histórico de la comunidad peruana de Paterson, los nombres reales se han mantenido de acuerdo a lo estipulado por los entrevistados.

[6] Estas son ciudades cercanas a Paterson que albergan a un número significativo de migrantes peruanos.

[7] Coloquialmente en el Perú se les llama charapas a las personas provenientes de la Amazonia y chinos a las personas con rasgos asiáticos.

[8] Originalmente, el término criollo fue usado durante la Colonia para identificar a los hijos de españoles o africanos nacidos en América. Durante las primeras décadas del siglo XX, los sectores urbanos populares limeños hacían referencia a una identidad criolla que reproducía el antagonismo histórico entre el mundo español y el andino, en el cual lo blanco y lo criollo se ubicaban como superiores a lo indio o serrano. Esta identidad criolla se asoció además a la comida y a la música costeñas, a los deportes populares y a las manifestaciones religiosas católicas (Aguirre y Walker 2017).

[9] Rosaldo acuñó el término ciudadanía cultural para referirse a estas demandas de los grupos minoritarios en los Estados Unidos.