Partidos tradicionales y terceras fuerzas: una lucha por la relevancia en las elecciones a alcaldes en Colombia, 2015-2019

Valeria Ferreira Macías

Pontificia Universidad Javeriana / Bogotá Cómo Vamos (Colombia)

Carlos Moreno León

Pontificia Universidad Javeriana (Colombia)

RECIBIDO: 1.º de abril de 2025

ACEPTADO: 14 de agosto de 2025

MODIFICADO: 27 de octubre de 2025

https://doi.org/10.7440/colombiaint125.2026.02

RESUMEN. Objetivo/contexto: uno de los objetivos de las reformas políticas recientes ha sido aumentar la participación de nuevas fuerzas políticas; en las elecciones locales de 2015 y 2019, las terceras fuerzas compiten en todos los municipios de Colombia, pero pocas alcanzan relevancia frente a los partidos tradicionales. Este estudio analiza cómo, y bajo qué condiciones, las terceras fuerzas alteran el mercado electoral de las alcaldías, diferenciando entre organizaciones de alcance nacional y local. Metodología: se compila información electoral y social a nivel municipal y se estiman modelos de regresión logística con errores estándar robustos anidados por municipio; la relevancia se operacionaliza mediante el número efectivo de partidos, y la fortaleza nacional de las terceras fuerzas se construye a partir de su presencia en corporaciones y cargos de representación en distintos niveles. Conclusiones: las terceras fuerzas son más proclives a ser relevantes cuando son fuerzas políticas nacionales y, cuando lo son, su relevancia reduce la probabilidad de triunfo de los partidos tradicionales; sustantivamente, un incremento de una desviación estándar en la fortaleza nacional promedio de las terceras fuerzas eleva en un 95,7 % la probabilidad de que alguna sea relevante a nivel local. Originalidad: el estudio dialoga con la literatura sobre retrocesos en la apertura y descentralización política, aporta una medición explícita de relevancia basada en fragmentación electoral y muestra que, pese al predominio de los partidos tradicionales y a las coaliciones, las terceras fuerzas requieren capacidades organizativas y anclaje nacional para convertir su presencia en éxitos subnacionales.

PALABRAS CLAVE: Colombia; elecciones locales; partidos tradicionales; política subnacional; terceras fuerzas.

Traditional Parties and Third Forces: A Struggle for Relevance in Mayoral Elections, 2015–2019

ABSTRACT. Objective/context: One goal of recent political reforms has been to expand the participation of new political forces; in the 2015 and 2019 local elections, third forces competed in every Colombian municipality, yet few achieved relevance vis-à-vis traditional parties; this study examines how and under what conditions third forces reshape the mayoral electoral market, distinguishing between organizations with national and local reach. Methodology: The study compiles municipal-level electoral and social data and estimates logistic regression models with cluster-robust standard errors at the municipality level; relevance is operationalized via the effective number of parties, and the national strength of third forces is constructed from their presence in representative bodies and elected offices at different levels. Conclusions: Third forces are more likely to be relevant when they are national political forces and, when they are, their relevance lowers the probability of victory for traditional parties; substantively, a one–standard deviation increase in the average national strength of third forces raises by 95.7% the likelihood that at least one is locally relevant. Originality: The study engages with debates on setbacks in political openness and decentralization, contributes an explicit measure of relevance based on electoral fragmentation, and shows that, despite the predominance of traditional parties and coalitions, third forces require organizational capacity and national anchoring to turn presence into subnational successes.

KEYWORDS: Colombia; local elections; traditional parties; subnational politics; third forces.

Partidos tradicionais e terceiras forças: uma luta pela relevância nas eleições para prefeito, 2015–2019

RESUMO. Objetivo/contexto: um dos objetivos das reformas políticas recentes tem sido ampliar a participação de novas forças políticas; nas eleições municipais de 2015 e 2019, as terceiras forças competiram em todos os municípios colombianos, mas poucas alcançaram relevância frente aos partidos tradicionais; este estudo analisa como e em que condições as terceiras forças reconfiguram o mercado eleitoral das eleições para prefeito, distinguindo organizações de alcance nacional e local. Metodologia: o estudo compila dados eleitorais e sociais em nível municipal e estima modelos de regressão logística com erros-padrão robustos agrupados por município; a relevância é operacionalizada pelo número efetivo de partidos, e a força nacional das terceiras forças é construída a partir de sua presença em órgãos representativos e cargos eletivos em diferentes níveis. Conclusões: as terceiras forças são mais propensas a ser relevantes quando são forças políticas nacionais e, quando o são, sua relevância reduz a probabilidade de vitória dos partidos tradicionais; substantivamente, um aumento de um desvio-padrão na força nacional média das terceiras forças eleva em 95,7% a probabilidade de que ao menos uma seja relevante no nível local. Originalidade: o estudo dialoga com a literatura sobre retrocessos na abertura e na descentralização política, oferece uma medida explícita de relevância baseada na fragmentação eleitoral e mostra que, apesar do predomínio dos partidos tradicionais e das coalizões, as terceiras forças precisam de capacidade organizativa e enraizamento nacional para converter presença em vitórias subnacionais.

PALAVRAS-CHAVE: Colômbia; eleições locais; partidos tradicionais; política subnacional; terceiras forças.

Introducción

En Colombia, las reformas políticas de finales de la década de los ochenta e inicios de la década de los noventa buscaban la apertura del modelo democrático del país en términos políticos, administrativos y financieros (Pino Uribe 2020). Sin embargo, los impactos de las reformas se manifestaron de manera heterogénea a lo largo del territorio. En unas zonas se mantuvieron las prácticas clientelistas y bipartidistas, mientras que en otras el proceso de descentralización fue exitoso (García Sánchez 2000; Gutiérrez Sanín 2007; Pino Uribe 2018). Pero, casi una década después de iniciado el proceso de descentralización, la confianza de la ciudadanía en la democracia formal había aumentado (Maldonado 2001).

Los terceros partidos son organizaciones políticas que operan al margen de las fuerzas principales del sistema. Siguiendo la clasificación de Downs (1957), se distingue entre aquellos que buscan ganar elecciones al representar a votantes desatendidos y los que solo intentan influir en las políticas de los partidos mayoritarios. Su persistencia a menudo se explica por la presencia de votantes sinceros y bien informados que los apoyan a pesar de las bajas probabilidades de victoria (Raymond y Tromborg 2016). No obstante su tamaño, estos partidos ejercen una notable influencia estratégica, ya que su mera amenaza o entrada obliga a los partidos principales a reajustar su posicionamiento ideológico para evitar la pérdida de votantes (Lee 2012). En el contexto particular de Colombia, las “terceras fuerzas” (TF) se definen como toda fuerza política en la contienda que cuenta con una total independencia de los partidos tradicionales (PT), y se caracterizan por no recibir apoyo ni contar con miembros que hayan formado parte activa de dichas estructuras (Gutiérrez Sanín 2006; Pizarro Leongómez 1997). Históricamente, en Colombia, se ha identificado a los partidos Liberal y Conservador como PT. Sin embargo, la incapacidad de estos para resolver sus conflictos internos llevó a algunos de sus miembros a formar nuevas organizaciones políticas, buscando así garantizar su acceso al poder (Gutiérrez Sanín 2007). Estos nuevos grupos políticos están conformados no solo por exmiembros de los partidos Conservador y Liberal, sino que, con frecuencia, son liderados por dirigentes regionales clientelistas. Estos líderes, históricamente, encontraban restricciones para competir por ciertos cargos de elección popular en el ámbito nacional debido a las rígidas estructuras burocráticas de los partidos tradicionales. Además, la trayectoria de algunos de estos líderes se ha visto marcada por judicializaciones a causa de sus presuntos vínculos con organizaciones paramilitares (Gutiérrez Sanín 2006). Por ese motivo, se considera a Cambio Radical y al Partido de la U como PT (Botero 2018). Después de 1991, solo en el 1,7 % de los municipios había resultado victoriosa una fuerza alternativa a las tradicionales, mostrando que la mayoría de los municipios continuaban bajo el control de los PT (García Sánchez 2000; Pino Uribe 2018). Para Pizarro Leongómez (2001), la tasa de éxito de organizaciones distintas a las tradicionales es baja porque la competencia para ellas es un juego de suma a cero, en el que sus probabilidades de triunfo son iguales a las probabilidades de fracaso de los PT. Sin embargo, a pesar de que encontramos situaciones en que las TF no tienen ninguna posibilidad de triunfar cuando se enfrentan a los PT, también hay casos en los que organizaciones alternativas salen victoriosas. Por ejemplo, en el 69 % de las contiendas por las alcaldías entre 2015 y 2019 la competencia fue protagonizada casi exclusivamente por PT. Adicionalmente, en otro 27 %, al menos un PT figuró como un actor clave. En contraste, los partidos tradicionales fueron irrelevantes en solo un 4 % de las elecciones. A pesar de este dominio, es destacable que en el 60 % de las disputas por las alcaldías, fuerzas diferentes a las tradicionales lograron consolidarse como actores relevantes.

En las elecciones locales para alcaldes de 2015 y 2019, en todos los municipios de Colombia se presentaron organizaciones políticas que no tenían filiación con los PT, pero en pocas oportunidades dichas fuerzas fueron relevantes en la competencia electoral. Mientras en el 2015 las TF fueron relevantes en el 49,1 % de los municipios de Colombia, estas agrupaciones solo fueron importantes en el 30,3 % de los municipios para la elección del 2019. A pesar de que en algunos municipios las TF son significativas en el mercado político, ellas no necesariamente son capaces de derrotar a los PT. En esa línea, este fenómeno se debe a la baja competencia que existe en las elecciones para alcaldías en Colombia tras las reformas de los años ochenta (Martínez Cárdenas y Ramírez Mora 2015). No obstante, esta tendencia no se puede establecer como una constante en todos los municipios colombianos. Esta situación nos lleva a preguntarnos: ¿qué determina que una TF se vuelva relevante en las elecciones locales para alcalde? ¿Cómo afectaron las TF las probabilidades de éxito de los PT colombianos en las elecciones a la alcaldía de 2015 y 2019?

Decidimos estudiar las elecciones locales a alcaldía de los años 2015 y 2019 porque fue una coyuntura especial para la política electoral subnacional colombiana. Por un lado, se presentó un retroceso en la búsqueda de aumentar la apertura y la descentralización política (Pino Uribe 2018). Por otro, una porción considerable de los candidatos a alcaldías logró su triunfo a partir de coaliciones entre partidos políticos, incluyendo a los PT (Acuña Villarraga, Cruz Merchán y Uribe Mendoza 2019). Es interesante estudiar este periodo porque las transformaciones en las dinámicas de participación de los partidos significan un cambio en las condiciones de la competencia electoral y de las estrategias de los agentes políticos en la política subnacional para ser exitosos.

Encontramos que las TF pueden cambiar las condiciones de competencia electoral y ampliar el mercado político. En ese sentido, se constató que emergen como actores relevantes en la competencia política local cuando se trata de una organización nacional. Esto les permite a los políticos contar con los recursos reputacionales e institucionales del partido para competir en igualdad de condiciones con los PT y aumenta su probabilidad de ser electos. La apertura del sistema político a nivel local depende entonces del vigor de las relaciones que tengan los políticos locales con las organizaciones partidistas a nivel nacional. Mientras no se generen y se ensanchen esos lazos, las posibilidades de que agrupaciones distintas a las tradicionales ocupen espacios de poder serán limitadas.

Este trabajo se organiza de la siguiente manera: primero se analizarán diferentes visiones que estudian la política subnacional. Más adelante, se explicarán las razones por las cuales las TF se vuelven relevantes en el mercado político local y de qué manera afectan la probabilidad de éxito de los PT. Luego, se presentarán el diseño de la investigación y los resultados obtenidos tras su ejecución. Por último, se expondrá una serie de conclusiones alrededor de los hallazgos obtenidos.

  1. Los estudios subnacionales en Colombia

A partir de la primera década del siglo XXI, los estudios sobre la política subnacional colombiana se incrementaron. Este aumento de investigaciones en el campo puede atribuirse a dos factores principales: la necesidad de evaluar las políticas de descentralización implementadas y el auge de estudios orientados a buscar la democratización con comprobación empírica de la política subnacional (Suárez-Cao, Batlle y Wills-Otero 2017). Dentro de estos trabajos se identifican tres enfoques en el estudio de la política subnacional: el clientelar, el institucional y aquel que vincula la política subnacional con la violencia regional.

  1. Rama clientelar

Leal Buitrago y Dávila Ladrón de Guevara (1990) y Gutiérrez Sanín (2007) enfocan sus estudios en el sistema de partidos regional y el clientelismo territorial. Leal Buitrago y Dávila Ladrón de Guevara (1990) sostienen que el clientelismo, más que una característica política, puede definirse como una actividad inherente a las interacciones humanas. Por otro lado, Gutiérrez Sanín (2007) habla de lo que él denomina el clientelismo de mercado, tomando distancia del clientelismo regional basado en el caciquismo que plantean Leal Buitrago y Dávila Ladrón de Guevara (1990). Sin embargo, aclara que, más que una relación asimétrica de poder, las redes clientelares pueden entenderse como relaciones costo-beneficio entre los actores que, a su vez, hacen partícipe al Estado. Ambas visiones discrepan en la manera en que se perciben las relaciones de poder entre el patrón y el cliente.

Si bien varios autores se centran en el componente institucional de la política subnacional, García Sánchez (2000) afirma que al estudiarla es importante tener en cuenta las redes clientelares regionales y municipales. Sin embargo, afirma que las redes clientelares son características de nuestro sistema político y se encuentran presentes en los municipios más desarrollados, como Bogotá. Siendo así, es posible afirmar que los autores convergen en la idea de que el clientelismo es un fenómeno transversal al sistema político y que afecta la política subnacional colombiana (García Sánchez 2000).

En ese sentido, el fenómeno del clientelismo moderno tiene una relación directa con el sistema de partidos nacional y sus dinámicas subnacionales, puesto que, tras la apertura política, las redes clientelares se convirtieron en el articulador de los partidos y sus facciones con el fin de perpetuar los poderes regionales (Dávila Ladrón de Guevara 2020; Gutiérrez Sanín 2007). Sin embargo, el sistema de partidos tuvo la necesidad de fraccionarse para mantener las redes clientelares y el control en los territorios, pues el ingreso de nuevos partidos a la competencia obligó a los PT a transformar sus dinámicas para sobrevivir en el ámbito subnacional (Milanese y Jaramillo 2015). Por ejemplo, el sistema de partidos colombiano a nivel subnacional, tras las reformas, empezó a manejar un sistema de coalición cerrada1 (Milanese y Albarracín 2022).

  1. Rama institucional

En otra línea investigativa están aquellos autores que se aproximan a la política subnacional desde los cambios institucionales que tuvieron lugar en la década de los noventa. Estos son leídos como síntoma del fracaso del proceso de descentralización o de los vacíos institucionales en las reglas formales del sistema de partidos o del sistema político subnacional.

En términos de descentralización, la falencia es planteada como una doble vía del desarrollo de la democratización, la apertura política y la heterogeneidad en la implementación de la descentralización fiscal y política en los municipios (Batlle, Hoyos y Wills-Otero 2020). El proceso de descentralización ha convertido a Colombia en uno de los Estados unitarios con mayores índices de descentralización nacional en la región, pero a nivel territorial tiene una aplicación heterogénea en las diferentes regiones del país, lo que dificulta establecer una tendencia en la política subnacional (Behrend y Whitehead 2017; Dávila Ladrón de Guevara 2020; Pino Uribe 2020). La heterogeneidad en el sistema político se debe al mal diseño de reformas institucionales que partieron de un supuesto de homogeneidad obviando las diferencias entre los niveles electorales del país (Albarracín y Milanese 2021). De igual manera, Rojas Betancur (2021) asegura que existe una correlación significativa entre la capacidad institucional, el proceso de descentralización y la calidad de la democracia. El autor sostiene que las reformas de descentralización, al presentar fallos, producen efectos secundarios que deterioran la participación regional y la democratización territorial. En consecuencia, los diseños institucionales de la descentralización influyen directamente en la política subnacional.

Del mismo modo, los cambios y la estructura del sistema de partidos colombiano desempeñan un papel protagónico en el estudio de la política subnacional. Tras las reformas de los noventa se generó una desinstitucionalización del sistema de partidos a nivel nacional y un declive de los PT (Albarracín, Gamboa y Mainwaring 2018). No obstante, en el nivel subnacional, dichos partidos mantuvieron su vitalidad debido a condiciones de clientelismo territorial. Para entender la evolución de esta situación, es crucial considerar la perspectiva de Albarracín y Milanese (2021). Ellos argumentan que la disparidad entre los ámbitos políticos nacional y subnacional origina efectos distintos en los arreglos institucionales, un fenómeno que se exacerbó progresivamente a raíz de la reforma política de 2003. A diferencia de la desinstitucionalización en otros países de la región, el caso colombiano se caracteriza por ser parcial. Los partidos tradicionales (PT) no dejaron de ser relevantes, sino que se adaptaron a las nuevas condiciones modificando sus prácticas para sobrevivir. Además, aprovecharon la estabilidad del sistema de partidos subnacional para consolidar su poder (Albarracín, Gamboa y Mainwaring 2018).

Estos argumentos sobre el sistema de partidos llevan a la discusión en torno a los nuevos partidos —“terceras fuerzas”— inmersos en la contienda electoral tras los procesos de descentralización. Pizarro Leongómez (1997), al definir la TF, menciona que implica la desvinculación total de la fuerza emergente frente a los PT del sistema político colombiano. Bajo esa definición, Pizarro Leongómez (2001) afirma que la apertura democrática y política de finales del siglo XX desencadenó una dinámica de suma cero entre los PT y las TF en el ámbito subnacional. En otras palabras, la proporción de éxito alcanzado por los PT es equivalente a la proporción de fracaso experimentado por las TF. Sin embargo, como menciona Hoyos Gómez (2005), este fenómeno no representa que las TF sean irrelevantes, pero sí deja ver que los unipartidismos y bipartidismos subnacionales no han podido ser superados con la aparición de nuevas fuerzas políticas. A pesar de que las TF tienen un proceso de consolidación importante en los cuerpos de participación municipales, no han podido abrir el sistema en términos de puestos uninominales de elección popular, como alcaldías y gobernaciones (Guzmán Mendoza 2002; Hoyos Gómez 2005; Pizarro Leongómez 2001). Pizarro Leongómez (2001) concluye que esto se puede deber a la fraccionalización de los partidos, los costos que asumen las TF al tratar de posicionar a un candidato y las políticas de favorecimiento a los PT.

En adición, Rojas Betancur (2021) enfatiza la importancia de mecanismos democráticos, como la rendición de cuentas (accountability), en el proceso de apertura. Sin embargo, este mecanismo puede verse disminuido a nivel subnacional, obstaculizando la democratización. Por otro lado, se puede hablar de un sistema de tres partidos a nivel subnacional, ya que se ve una alternancia en el poder en la mayoría de los candidatos que llegan en coalición con fuerzas tradicionales (García Sánchez 2000). De igual manera, las reformas institucionales de los años noventa provocaron una alta volatilidad y fragmentación en el sistema de partidos. Como consecuencia, se observa una apertura política en ciertas localidades, mientras que otras experimentan un cierre del sistema, caracterizado por la prevalencia de sistemas unipartidistas o bipartidistas (Hoyos Gómez 2005).

  1. Rama de violencia

Finalmente, para nutrir este trabajo, se identificó una tercera línea investigativa dentro de la literatura que explica la política subnacional a partir de las dinámicas violentas que se presentan. Las organizaciones armadas predominantes en el territorio afectan de una manera determinante los resultados electorales porque regulan y limitan la participación de las fuerzas políticas, y emplean métodos de intimidación sobre los electores para favorecer a ciertos candidatos (García Sánchez 2010). Esta circunstancia les permite ejercer soberanía de un modo más eficaz sobre los territorios que controlan (Albarracín et al. 2023). Puede que la amenaza del uso de la fuerza no sea efectiva y tanto políticos como ciudadanos decidan ir en contravía de las preferencias de los actores armados no estatales. En tales circunstancias, el uso de la violencia se convierte en un mecanismo para eliminar aquellos sectores sociales y políticos que cuestionan el control territorial (Steele 2011).

No obstante, la relación entre los políticos locales y los actores armados no se presenta necesariamente como una relación vertical (Gutiérrez Sanín 2015). Mientras que a los primeros les interesan los recursos violentos de los segundos porque facilitan su llegada a cargos de elección popular, a los segundos les interesan los recursos institucionales y económicos de las corporaciones públicas para incrementar su poder y riqueza (Acemoglu, Robinson y Santos 2013). La manera en que la competencia electoral cambia puede llevar a procesos cleptocráticos y de acumulación de capital que favorecen a ambos actores (Batlle, Hoyos y Wills-Otero 2020). La colusión se vuelve, entonces, un equilibrio óptimo para ambos.

A partir de esta sinergia se configura una relación que algunos han denominado clientelismo armado (Gutiérrez Sanín 2015). Las consecuencias de este tipo de relación se hacen evidentes en la manera como se configuran las instituciones locales y la política pública. Por ejemplo, los acuerdos entre los actores armados no estatales socavan las instituciones tributarias y de justicia en el orden local, pero incentivan el desarrollo de organizaciones públicas que facilitan la expropiación de tierras (Grajales 2011). Los efectos también se observan en las prioridades de gobierno de las autoridades locales. En los municipios que son controlados por agentes paramilitares, los indicadores de seguridad mejoran sustancialmente, pero los de desarrollo tienden a decaer (Daly 2022). Precisamente, este hecho demuestra que los actores armados influyen en las elecciones y la política local como un mecanismo para ejercer un mejor control del territorio.

  1. La alteración del mercado político subnacional
    1. Los partidos políticos, terceras fuerzas y su relevancia

El estudio de los partidos políticos constituye un fundamento esencial para comprender las tendencias electorales. En consecuencia, la comprensión de la configuración de los cargos de elección popular a nivel subnacional requiere un análisis exhaustivo del funcionamiento partidista. Las trayectorias institucionales y las dinámicas contextuales configuran las capacidades y niveles de influencia de los partidos, determinando su relevancia en la competencia electoral (Aldrich 1995; Panebianco 1990; Sartori 2005). Por ejemplo, tras las reformas de los ochenta y noventa, los partidos distintos a los tradicionales tomaron fuerza a nivel nacional, y se llevaron un gran porcentaje de los votos para Cámara y Senado (Albarracín, Gamboa y Mainwaring 2018). Esto muestra cómo las características de las organizaciones políticas se transforman en un conjunto de incentivos que influencian el cálculo racional que hacen los políticos al tomar la decisión de pertenecer a un partido político. Los políticos escogerán, entonces, aquellas organizaciones que les brinden los recursos necesarios (económicos, burocráticos, reputacionales, entre otros) para asegurar su elección (Aldrich 1995). La naturaleza de los distritos uninominales intensifica la importancia de esta evaluación (Cox 1997). Al haber un único ganador, los políticos adoptan un enfoque estratégico en la selección de su partido, conscientes de que esta decisión definirá su éxito electoral. Por ello, buscan el apoyo de partidos con una fuerza electoral asegurada (Aldrich 1995).

Los partidos políticos son grupos de personas con preferencias parecidas y visiones de vida similares. Esto ocasiona que, al existir un objetivo común, todos los representantes de ese partido trabajen para cumplirlo, ya que existen una voluntad comunal y una referencia común (Aldrich 1995). Para que esta alianza entre políticos perdure, estas organizaciones deben institucionalizarse con el propósito de que los objetivos de la colectividad y de sus integrantes se hagan realidad y garantizar, de esta manera, su supervivencia (Panebianco 1990).

Hay dos elementos que pueden llevar a los partidos políticos a tener una mayor importancia en el mercado político. Primero, la marca del partido. Esta característica cobra una relevancia notable en las elecciones, en la medida en que aporta información significativa sobre las inclinaciones de los políticos y transfiere su reputación con relación al manejo de la política pública. De esta manera, los candidatos optarían por pertenecer a los partidos que tengan una imagen y reputación positiva ante los votantes, si lo que quieren es salir victoriosos, ya que el partido se convertirá en su imagen (Aldrich 1995). Para el caso colombiano, Albarracín, Gamboa y Mainwaring (2018) aseguran que las reformas de los noventa provocaron una disminución en la influencia de los PT. Este fenómeno coincidió con el auge de partidos y fuerzas políticas nuevos (TF) que captaron un porcentaje significativo del electorado. Los autores atribuyen este cambio a la modificación de las reglas del juego, el deterioro de la imagen de los PT y su desventaja en recursos frente a los nuevos candidatos. En algunas ocasiones, las TF encontraron una oportunidad para consolidar su identidad y diferenciarse de los PT. Por ejemplo, el Centro Democrático enfocó sus esfuerzos en obtener la lealtad de territorios y ciudadanos que en el pasado tendían a votar por el Partido Conservador. El Centro Democrático se beneficia de que los ciudadanos que tienen posiciones conservadoras son incapaces de reconocer la disimilitud entre el Partido Conservador y las demás fuerzas políticas que están en el mercado político. De esta manera, procura tomar distancia ideológicamente del Partido Conservador para presentar al electorado de derecha una propuesta alternativa y atractiva que represente sus intereses en el Gobierno (Rodríguez-Raga y Wills-Otero 2021).

Segundo, el nivel de institucionalización del partido político. Los partidos que cuentan con unas instituciones fuertes tienen mayor autonomía y están en la capacidad de otorgar más efectivamente incentivos y beneficios a sus militantes (Panebianco 1990). En este escenario, los partidos pueden poner a disposición de los candidatos el aparato burocrático, los recursos económicos y los votantes que tienen afinidades con la organización (Aldrich 1995). Por otro lado, en América Latina los partidos políticos que han contado con una mayor institucionalización son menos propensos a desaparecer (Wills-Otero 2015). En Colombia, a pesar de que se ha presentado un proceso de desinstitucionalización parcial, los partidos nacionales siguen contando con una etiqueta (en los términos de Aldrich) que deben cuidar, ya que esta les otorga ventajas sobre los partidos nacionales que han venido surgiendo y cuentan con una institucionalidad menor (Albarracín, Gamboa y Mainwaring 2018). En particular, los PT, en el caso colombiano, continúan siendo un actor influyente en el sistema político debido a su alta institucionalización relativa y su presencia territorial (Wills-Otero 2015). Esto se debe a que modifican sus prácticas para mantener las ventajas dentro del sistema político y reducir así las probabilidades de éxito de las TF (Milanese y Albarracín 2022). En Antioquia y en el Valle del Cauca, los partidos políticos con una alta presencia nacional y que tienen representación en el Congreso, como es el caso del Centro Democrático, tienden a participar en las elecciones subnacionales (Bedoya Marulanda y Arenas Gómez 2015; Milanese, Abadía y Manfredi Manfredi 2016). Entre 1992 y el 2015 es posible rastrear una tendencia en las dinámicas electorales subnacionales, en tanto, en aquellos municipios donde participan partidos con un alto índice de nacionalización a la competencia por las gobernaciones, el número efectivo de partidos es mayor (Abadía 2018). Esta afirmación deja entrever que los municipios donde compiten fuerzas nacionales son más propensos a tener un sistema de partidos abierto y multipartidista. Siendo así, los partidos que tienen una mayor fuerza interna y una consolidación nacional cuentan con una organización interna horizontal y democrática, lo que les asegura su éxito en los diferentes niveles del sistema de partidos (Wills-Otero 2015).

Ahora bien, la presencia territorial de los partidos políticos es un buen indicio del nivel de influencia que tienen en las elecciones nacionales y locales. Contar con tal condición demuestra no solo lo robusto de las instituciones que rodean a la organización, sino que además gozan de la aprobación del electorado. Los PT llevan años acumulando esta reputación y burocracia, mientras que las TF son relativamente nuevas y no tienen las mismas capacidades (Wills-Otero 2015). No obstante, algunas TF han logrado cierto nivel de presencia nacional gracias a la manera en que han constituido sus organizaciones y al reconocimiento que han obtenido de sus votantes, militantes y aliados en varios municipios. A pesar de ciertas debilidades de las fuerzas alternativas, las organizaciones han sido capaces de articular una estructura institucional que les permite ser mucho más eficaces en las contiendas electorales. Por ejemplo, el Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA) es una organización política desligada de los PT que pudo crecer significativamente en un corto periodo. El éxito de este partido estuvo guiado por tres factores esenciales: apertura de nuevas sedes, el trabajo de voluntarios y contar con escuelas de formación política para sus líderes. Todos estos mecanismos requerían de una estructura burocrática fuerte que sostuviera y solventara este esfuerzo (Ortega Gómez 2014).

Teniendo en cuenta lo anterior, se puede establecer que hay dos tipos de TF: terceras fuerzas nacionales (TFN) y terceras fuerzas locales (TFL). Nosotros afirmamos que las primeras son capaces de desarrollar una marca de partido y a la vez cuentan con un respaldo institucional a nivel nacional, mientras que las segundas tienen esas condiciones en una menor escala o no las tienen. Dadas estas diferencias, las primeras son capaces de alterar los procesos de coordinación estratégica entre los partidos políticos y los electores porque cuentan con las competencias necesarias para movilizar más recursos y, de esta manera, atraer una mayor cantidad de electores (Cox 1997; Sartori 2005). Estas organizaciones entonces estarán en capacidad de convertirse en terceras fuerzas relevantes (TFR) en la medida en que logran atraer la suficiente cantidad de votantes que puede generar un equilibrio no duvergiano. Entonces:

H1: La presencia de terceras fuerzas nacionales (TFN) en la competencia por alcaldías municipales aumenta la probabilidad de existencia de terceras fuerzas relevantes (TFR) en las elecciones.

  1. Relevancia y mercado político local

En otra línea, teniendo en cuenta la identificación de incentivos y estrategias que plantean los partidos para poder ganar en la contienda electoral, es importante preguntarse: ¿cómo configuran la tendencia electoral en las alcaldías municipales estos partidos que se vuelven una fuerza relevante gracias a su carácter nacional y reducen las probabilidades de éxito de las fuerzas tradicionales? (ya sea de manera individual o a partir de la formación de coaliciones). Para responder esta pregunta es importante abarcar literatura acerca de los incentivos que tienen los votantes cuando cuentan con información sobre los candidatos en competencia y cómo esto puede configurar el juego político y las tendencias.

Como menciona Sartori (2005), en distritos uninominales el sistema de partidos tiende al bipartidismo y, en este caso, sería el modelo más estable para el distrito. No obstante, este resultado se basa en la premisa de que los votantes son racionales y estratégicos. Pero no todos los votantes son racionales y otros factores condicionan el comportamiento político de los electores. Carmines y Huckfeldt (2001), por su parte, hablan de la relevancia de la psicología política de los ciudadanos, y del papel que desempeñan las preferencias y los valores al momento de votar. La tradición y el significado que le dan a la representación son valores que tienen una función destacada en la toma de decisión del electorado. Por otro lado, Aldrich (1995) plantea que existen votantes que se identifican con la marca de un partido, y, por lo tanto, votarán por un mismo partido, sin importar el candidato que esté compitiendo.

Cox (1997) establece una distinción fundamental entre dos tipos de voto: el estratégico y el sincero. Según el autor, estos patrones de votación pueden alterar las dinámicas del sistema electoral y la configuración del poder político. El voto estratégico se caracteriza por la elección del candidato preferido con mayores probabilidades de triunfo, mientras que el voto sincero se basa en la afinidad ideológica, priorizando la cercanía a las preferencias del votante, independientemente de las posibilidades de victoria. Cox (1997) sostiene que la prevalencia del voto sincero en distritos de mayoría relativa se atribuye a la escasez de información precisa. No obstante, la emergencia de un partido distinto a los partidos predominantes con posibilidades de victoria puede propiciar el voto sincero estratégico, una forma intermedia entre el voto estratégico y el sincero. En esta situación, los votantes expresan su preferencia de manera más sincera si perciben que su partido tiene posibilidades reales de ganar, equilibrando así racionalidad y emoción.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando los partidos conocen que sus probabilidades de ganar no son equiparables con las de las otras fuerzas en competencia? Cox (1997) sostiene que los partidos conscientes de sus limitadas perspectivas de éxito optan, racionalmente, por formar coaliciones con otros partidos en situaciones similares con el fin de incrementar sus probabilidades de triunfo.2 La formación de coaliciones, si bien puede aumentar las opciones de éxito electoral, conlleva riesgos reputacionales inherentes a la divulgación de información sobre los valores y creencias de los partidos involucrados. Dicha divulgación puede perjudicar la imagen de un partido al favorecer la de otros miembros de la coalición. Este riesgo se exacerba cuando la coalición se establece entre partidos con ideologías o posturas divergentes, lo que puede modificar la intención de voto de los electores (Falcó-Gimeno y Fernández-Vázquez 2020). Por eso, Milanese y Albarracín (2022) encuentran que esto es recurrente entre PT como una estrategia de supervivencia política.

En esos términos, los votantes escogen votar por TF cuando estas son relevantes y pueden llegar a inducir un equilibrio no duvergiano. En este escenario, los votantes dejarían de ser estratégicos y tenderían a votar por partidos más afines a sus posiciones ideológicas. Para el caso colombiano, los votantes estarían más dispuestos a votar por TF, siempre y cuando estas organizaciones tengan la fortaleza suficiente para hacer pensar al electorado que cualquiera de los partidos que está compitiendo en el mercado político puede ganar la elección. En ese sentido, disminuirá la percepción de que su voto se perderá en las elecciones, dado que no es claro quién puede perder la elección. Por otro lado, las TF serán renuentes a abandonar la competencia cuando perciban que la probabilidad de ganar las elecciones es igual o superior a la de sus contrincantes. Esto implica que ellas consideran que son capaces de alterar la competencia electoral y debilitar las dinámicas electorales tradicionales de los municipios. Basados en lo anterior:

H2: La presencia de terceras fuerzas relevantes (TFR) en la competencia electoral reduce la probabilidad de éxito de los partidos tradicionales (PT).

  1. Diseño de la investigación

A partir de un conjunto de regresiones logísticas se evalúan algunas dinámicas de las TF en las elecciones locales para alcalde de los años 2015 y 2019. Todos los modelos son estimados con errores estándar robustos y anidados por municipio. La unidad de análisis es municipio-elección.

El primer modelo que se estima busca determinar el impacto de la potencia de las TF en la probabilidad de que una tercera fuerza sea relevante en las elecciones a la alcaldía. Para ello se utiliza como variable dependiente la existencia de TFR. Para crear la variable dependiente, se calcula el número efectivo de partidos electorales por municipio a partir de los resultados electorales de cada año. Esta medida de fragmentación nos permite discriminar qué fuerzas son relevantes en el mercado político (Wardt 2017). Para ello, se ordenan de mayor a menor las votaciones de todas las fuerzas políticas que compiten en cada municipio y se asumen como grupos políticos relevantes aquellos que no superan el límite definido por la medida de fragmentación. La variable existencia de TFR asumirá el valor 1 si una TF3 es relevante en el municipio y 0 si no es así.

Para este primer modelo se usará como variable independiente el promedio de la fortaleza nacional de las TF en el municipio. En una primera instancia, calculamos la fuerza que tienen todos los movimientos y partidos políticos que participaron en las elecciones locales del 2015 y el 2019 a partir de la presencia de esas organizaciones en las diferentes esferas de representación (Senado, Cámara de Representantes, gobernaciones, asambleas departamentales, alcaldías y concejos municipales). Se calculan entonces seis diferentes proporciones para cada movimiento y partido político y se estima la media de dichas proporciones. Esto implica que, entre más alto sea este valor, más alta será la fortaleza del grupo político. A partir de los valores que se obtienen de cada partido, se estima la media de la fuerza de las organizaciones que participan en las elecciones que son distintas a los partidos tradicionales. Esta variable rastrea la capacidad con la que cuentan las diferentes entidades políticas a nivel nacional para enfrentar a los partidos tradicionales en Colombia, y contempla la manera en que inciden los políticos nacionales y departamentales en la selección y elección de candidatos en las elecciones locales (Suárez-Cao, Batlle y Wills-Otero 2017).

Los siguientes dos modelos analizan la probabilidad de triunfo de los PT (Partido Conservador, Partido Liberal, Cambio Radical y Partido de la U) cuando existen TFR en la elección. El primer modelo que rastrea esta relación usa como variable dependiente una variable dicotómica denominada PT. Esta variable asume el valor de 1 cuando alguno de los PT gana de manera individual y 0 si no es así. El segundo modelo utiliza como variable dependiente PT en coalición. Esta variable toma el valor de 1 cuando alguno de los partidos políticos tradicionales gana en coalición y 0 si no es así. Ambas variables se crean usando las actas de escrutinio (E26 y E24) de la Registraduría General de la Nación y la base de datos de votaciones de la Misión de Observación Electoral (MOE) para el 2015 y el 2019. Ambos modelos usan como variable independiente la presencia de TFR.

Ahora bien, todos los modelos cuentan con la siguiente variable de control: proporción de población urbana que habita en los municipios. Esta variable fue creada a partir de la variable población urbana total extraída del panel del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (CEDE) de la Universidad de los Andes, basada en las proyecciones poblacionales del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Se espera que este factor tenga un efecto positivo sobre la variable dependiente en el primer modelo, y un efecto negativo en el segundo y el tercer modelo, debido a la autonomía y el mayor efecto de la descentralización en los grandes municipios.

Así mismo, se incluye en todos los modelos la tasa de homicidios. Esta variable se creó a partir de la base de datos del Observatorio del Delito de la Policía Nacional tomando la cantidad de homicidios por municipio y, después, se convirtió en tasa a partir de la población total de cada uno de los municipios. Se espera que esta variable tenga un efecto negativo en el primer conjunto de modelos de regresión logística, y positiva en el segundo y el tercer modelo.

De igual manera, se usa la tasa de terrorismo. Esta variable fue creada con base en la información del Observatorio del Delito de la Policía Nacional; luego fue transformada a partir de la población total de cada uno de los municipios para evitar sesgos. Se espera que la variable tenga un efecto negativo sobre la variable dependiente en el primer conjunto de modelos de regresión, y positivo en el segundo y el tercer conjunto de modelos de regresión basados en la literatura revisada.

Por otro lado, se incluyen el índice de pobreza multidimensional, el índice de desempeño fiscal y el índice de desempeño municipal. Estas variables se emplean para observar la manera en que factores económicos locales inciden en el comportamiento electoral de los municipios.

Finalmente, se considera una variable de rezago temporal de la variable dependiente con el ánimo de considerar los efectos que tiene el comportamiento electoral pasado en cada uno de los modelos estimados.

  1. Resultados

Nuestra primera hipótesis afirma que, en la medida en que las TF sean más fuertes a nivel nacional, se incrementará la probabilidad de que alguna TF sea relevante a nivel local. En el primer modelo se observa que un aumento en una desviación estándar en el promedio de la fortaleza nacional de las TF incrementa en un 95,7 % la probabilidad de que una tercera fuerza sea relevante, mientras se mantienen las demás variables constantes (véase figura 1). Así mismo, se estiman modelos individuales para cada uno de los años de elección (2015 y 2019) y se obtienen resultados similares.4 Para el 2015, un aumento en una desviación estándar del promedio de la fortaleza nacional de las TF incrementa en un 171,7 % la probabilidad de que una tercera fuerza sea relevante, dejando a las demás variables constantes. De la misma manera, para el 2019 se observa que un aumento en una desviación estándar del promedio de la fortaleza nacional de las TF incrementa en un 68,8 % la probabilidad de que una tercera fuerza sea relevante a nivel local, dejando las demás variables constantes. Esto nos indica que la variable de interés tiene un efecto relativamente menor con respecto a la elección del 2015.5

A pesar de que las TF surgen en todos los municipios de Colombia, no todas tienen la capacidad para competir por el poder político a nivel municipal. Nuestro análisis muestra que las organizaciones alternativas pueden volverse actores importantes de la política local si cuentan con el respaldo y la reputación de partidos políticos que tengan representación nacional. En esos contextos, las TF son capaces de demostrar a los electores que pueden ser una opción viable y convencerlos de que voten por una fuerza alternativa a las tradicionales.

Figura 1. Márgenes de predicción del promedio de la fortaleza nacional de las terceras fuerzas sobre la probabilidad de que exista una tercera fuerza relevante

Fuente: elaboración propia.

Para los siguientes dos modelos de regresión logística (véase figura 2), estudiamos el efecto que tiene la existencia de TFR sobre la probabilidad de éxito de los PT en las elecciones para alcaldías colombianas. Se observa, para la estimación correspondiente a los años electorales en conjunto, que la existencia de TFR disminuye en un 60,6 % la probabilidad de éxito de los PT en la competencia electoral, manteniendo a las demás variables constantes. En la misma línea, al calcular los modelos individualmente se observa que, para el 2015, la existencia de TFR disminuye la probabilidad de éxito de los PT en un 75,5 %, manteniendo a las otras variables constantes. Del mismo modo, en el 2019 se observa que la presencia de TFR reduce la probabilidad de éxito de los PT en un 39,7 %, manteniendo a las otras variables constantes.6 Esto deja en evidencia que para el 2019 el impacto de las TFR es menor con respecto a la probabilidad de éxito de los PT, en contraste con el 2015.

Estimamos también el efecto que tienen las TFR sobre la probabilidad de éxito de los PT que forman una coalición en las elecciones para las alcaldías colombianas (véase figura 2). Para la estimación de los años electorales en conjunto, se observa que la existencia de TFR disminuye en un 85,8 % la probabilidad de éxito de los PT en coalición, manteniendo a las demás variables constantes. En la misma línea, al calcular los modelos individualmente se observa que, para el 2015, la existencia de TFR disminuye la probabilidad de éxito de los PT que se unen a una coalición en un 50 %, manteniendo a las otras variables constantes. Del mismo modo, en el año 2019 la presencia de TFR reduce la probabilidad de éxito de los PT que tomaron la decisión de unirse a una coalición en un 98,1 %, manteniendo a las otras variables constantes. Esto deja en evidencia que para el 2019 el impacto de las TFR es mayor con respecto a la probabilidad de éxito de los PT que participan en una coalición en contraste con el 2015.

Figura 2. Márgenes de predicción de la existencia de una tercera fuerza relevante en la probabilidad de elección de un partido tradicional

Fuente: elaboración propia.

Una vez las TF se transforman en organizaciones robustas, pueden disputarles el poder político a los PT (con o sin coalición). Precisamente, los políticos alternativos pueden llegar a ser influyentes en el mercado político al organizar un movimiento local, pero las probabilidades de que ello suceda son bajas. En ese sentido, la apertura de los sistemas políticos en el orden local requiere de una mayor articulación entre los políticos locales y las organizaciones partidarias nacionales que les permitan movilizar una mayor cantidad de recursos y prestigio para convencer a los electores de que son una alternativa de poder llamativa.

  1. Pruebas de solidez

Dados los resultados que apoyan nuestra segunda hipótesis, decidimos estimar unos modelos adicionales para observar si el efecto de las TFR era homogéneo en todos los PT. Para ello, se analizó el efecto de nuestra variable independiente sobre la probabilidad de éxito de cada uno de los PT. Estas estimaciones se evalúan cuando estos partidos se presentan individualmente y en coalición. Los modelos enfocados en la probabilidad de éxito de los PT sin coalición muestran que efectivamente la probabilidad de triunfo de los PT es más baja en la presencia de TFR y el efecto es mucho más pronunciado en Cambio Radical. Los resultados son similares cuando evaluamos la probabilidad de triunfo de los PT cuando están en coalición, especialmente en los casos del Partido Liberal y el Partido Conservador.7 Teniendo en cuenta los resultados de estos dos conjuntos de estimaciones, se puede encontrar dos trayectorias distintas entre los viejos PT y los relativamente nuevos. Mientras que el Partido Liberal y el Partido Conservador son menos vulnerables a las TFR cuando compiten independientemente, el Partido de la U y Cambio Radical se ven menos amenazados por las TFR cuando deciden conformar una coalición. Por ese motivo, estas dos últimas organizaciones son mucho más proclives a usar coaliciones políticas para competir en elecciones locales. A pesar de que las prácticas políticas de estos partidos políticos son similares, las estrategias que emplean para enfrentar el reto de competir en contra de las fuerzas alternativas son diferentes.

Conclusiones

En primera instancia, se puede afirmar que las TF tuvieron un impacto en la competencia electoral municipal para las alcaldías en el 2015 y el 2019. Esto se pudo evidenciar en los modelos de regresión logística realizados. Modificaron las probabilidades de éxito de los partidos, lo que se traduce en un mayor número efectivo de partidos en los municipios. Esto reafirma los hallazgos de Batlle (2009), quien establece que la fragmentación partidaria es una de las causales de la baja nacionalización de los sistemas de partidos en América Latina y su tendencia al multipartidismo. Sin embargo, se puede identificar que no todos los partidos políticos denominados TF están teniendo el mismo impacto sobre el sistema político y electoral en los territorios. Con el fin de ser relevantes e incidir en los mercados electorales, las TF deben satisfacer ciertos requisitos que las distingan de los PT. La capacidad de influencia de las TF se encuentra condicionada por su presencia nacional y reconocimiento territorial, atributos que les otorgan una ventaja competitiva en la contienda electoral. En ese sentido, se asume que existen desventajas en la competencia electoral que se deben a la diferencia de capacidades burocráticas, económicas y de reconocimiento que pueden llegar a tener los partidos. Se resalta que esta situación de desigualdad en las capacidades se agudiza cuando en la competencia electoral se enfrentan fuerzas territoriales contra fuerzas tradicionales. En este escenario, las candidaturas por firmas, a pesar de que pueden ser exitosas en ciertas circunstancias, tienden a estar en desventaja frente a otras propuestas políticas que estén más institucionalizadas.

Como consecuencia de lo anterior, se afirma que en el juego político a nivel subnacional la eliminación de barreras de entrada no fue total y, a pesar de que existan condiciones para que las TF puedan participar por los cargos de elección popular a alcaldías, esto no es suficiente para ampliar el sistema político en los municipios, debido a los requisitos que deben cumplir los partidos para igualar las probabilidades de éxito de los PT. Esto contrasta con lo expuesto por Borges (2007), quien determina que en los sistemas de partidos federales las reformas políticas sentenciaron a las oligarquías y al clientelismo en casos como el de Brasil. A diferencia de este desenlace, como lo muestran los modelos arriba, en casos de sistemas unitarios como el colombiano, los PT siguen estando en una posición de ventaja en la mayoría de los municipios con respecto a los demás partidos participantes, excepto cuando las TFN son importantes en la competencia electoral local. Debido a este fenómeno, los PT continúan controlando el poder de las alcaldías de los municipios al ganar en solitario más del 50 % de los cargos durante las elecciones de 2015 y 2019. Surge entonces la pregunta de si esto se puede extrapolar a los diferentes niveles de cargos electorales a nivel subnacional, como asambleas o concejos. Basset, Franco Acosta y Patiño Cristancho (2022) sugieren que existe una relación entre los comportamientos de oposición de lo nacional a lo subnacional; tales avances investigativos se podrían complementar en futuros trabajos enfatizando el papel de las TFR y las TFN.

Así mismo, se determina que los PT continúan siendo una fuerza importante para los cargos de elección popular a nivel subnacional. Sin embargo, están modificando sus dinámicas de participación al aumentar el número de coaliciones en las que participan, al comparar los años 2015 y 2019. Al igual que lo muestra Fox (1994) para el caso mexicano, los partidos y candidatos que se benefician de las prácticas clientelistas encuentran alternativas para perpetuarse en el poder y mantener sus redes. Esto demuestra, para el caso colombiano, que con el tiempo los PT prefieren hacer alianzas antes de asumir individualmente los costos de participar en la competencia electoral. Sin embargo, como se demostró en el último conjunto de modelos presentados, los PT prefieren crear coaliciones cuando no hay presencia de TFR, es decir, cuando los partidos contrincantes son fuerzas territoriales. Este comportamiento parece ser mucho más agudo en el Partido Liberal y el Partido Conservador. Esto nos lleva a pensar que los PT prefieren competir en solitario cuando existen TFR, puesto que las probabilidades de ganar son similares y ninguno de los partidos querrá aliarse. Sin embargo, cuando no hay presencia de TFR, los PT forman alianzas, tal vez en un intento de cooptar el potencial electoral que tienen las fuerzas locales que, a su vez, querrán aliarse con los PT para aumentar sus probabilidades de éxito. Esto se conecta con las motivaciones que tienen los partidos políticos para crear alianzas electorales como las identificadas por Reynoso (2011) para el caso mexicano, con la intención del partido hegemónico de perpetuarse en el poder y capturar pequeñas fuerzas que se lo permitan. Para el caso colombiano, puede deberse al cambio en las condiciones de la competencia. Los PT tienden a competir solos en contra de las fuerzas alternativas relevantes, mientras que estos mismos partidos prefieren realizar coaliciones en ausencia de TFR. En ese sentido, algunos PT se unen entre sí para oponerse a otra coalición de fuerzas tradicionales, y así aumentar sus probabilidades de triunfo. Sin embargo, resaltamos que es importante realizar una investigación distinta que aborde exclusivamente los incentivos, patrones y causas de las coaliciones en los PT, debido a que con la información de esta investigación no es posible asegurar alguna causa concreta o identificar los patrones de creación de las coaliciones.

Finalmente, se recomienda que en posteriores investigaciones se amplíe el número de elecciones analizadas, puesto que este estudio solo tiene en cuenta dos años electorales, lo que imposibilita generalizar tendencias electorales del sistema político y electoral colombiano. La baja cantidad de años de elección puede ocasionar que las tendencias sean un efecto atípico de ambas elecciones o del periodo elegido y no una tendencia permanente en las elecciones municipales colombianas para escoger alcalde. Por otro lado, sería también importante estudiar si el fenómeno que se describe en este texto se puede aplicar a otro tipo de contiendas electorales.

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  1. 1 Para Albarracín y Milanese (2021), los PT generan unas dinámicas en las que existen coaliciones entre partidos similares o producto de la fraccionalización de los tradicionales para garantizar el poder municipal.

  2. 2 Se debe resaltar que las coaliciones se forman entre partidos que tienen bajas probabilidades de ganar, puesto que un actor que tenga una alta probabilidad no aceptará aliarse, debido a los costos que esto implica.

  3. 3 En este punto es importante mencionar que, para la operacionalización de TF, se acopló la definición otorgada con anterioridad, por lo cual los grupos significativos de ciudadanos, partidos no tradicionales y coaliciones sin partidos tradicionales se contemplan en esta medida.

  4. 4 Los modelos completos de estas estimaciones están disponibles en el apéndice (https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/colombia-int/article/view/11140/Anexocolombiaint125.2026.02).

  5. 5 Para robustecer el análisis, se corrieron dos pruebas adicionales. Primero, se estimaron los modelos con una variable derivada de un análisis factorial y se obtuvieron resultados consistentes. Segundo, se utilizó una regresión aparentemente no relacionada mixta para demostrar que contar con una TFR en el pasado no afecta significativamente la fortaleza de las TF a nivel nacional. Ambos modelos complementarios están disponibles en el apéndice (https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/colombia-int/article/view/11140/Anexocolombiaint125.2026.02).

  6. 6 Los modelos completos de los años 2015 y 2019 se encuentran en el apéndice (https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/colombia-int/article/view/11140/Anexocolombiaint125.2026.02).

  7. 7 Las estimaciones de los modelos se encuentran en el apéndice (https://revistas.uniandes.edu.co/index.php/colombia-int/article/view/11140/Anexocolombiaint125.2026.02).


Valeria Ferreira Macías es politóloga de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia). Coordinadora técnica de Bogotá Cómo Vamos. Sus investigaciones se enfocan en la intersección entre la investigación social, la incidencia política y la acción ambiental, con enfoque en el diseño e implementación de proyectos basados en evidencia. * v.ferreira@javeriana.edu.cohttps://orcid.org/0009-0002-5026-2159

Carlos Moreno León es Ph. D. y máster en Ciencia Política de Binghamton University. Magíster en Estudios Políticos y politólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Profesor asistente de la Pontificia Universidad Javeriana. Sus investigaciones tratan sobre la resistencia y la ideología en conflictos armados, la política subnacional y la representación femenina. Últimas publicaciones: “Observer States and Interregional Trade Between Asia and Latin America” (en coautoría), Frontiers in Political Science 7, https://doi.org/10.3389/fpos.2025.1494379; y “Unique Offerings: Ideological Competition and Rebel Governance” (en coautoría), Conflict Management and Peace Science 42 (6): 690-712. https://doi.org/10.1177/07388942241303397. * moreno.ce@javeriana.edu.cohttps://orcid.org/0000-0002-5169-8109