Estallido social en Chile: un caso de populismo imperfecto

Igor Alzueta-Galar

Universidad Pública de Navarra (España)

RECIBIDO: 19 de marzo de 2025

ACEPTADO: 14 de agosto de 2025

MODIFICADO: 10 de septiembre de 2025

https://doi.org/10.7440/colombiaint125.2026.01

RESUMEN. Objetivo/contexto: este artículo evalúa si el estallido social chileno configura un momento populista desde un enfoque laclauniano identificando los mecanismos discursivos que permiten reconocerlo en la acción colectiva. Metodología: se realizaron 31 entrevistas en profundidad (mayo-septiembre de 2020) a organizaciones protagonistas de la revuelta relacionadas con feminismo, trabajo, ecologismo, movimiento estudiantil y derechos humanos, entre otros ámbitos. Conclusiones: el estallido se comportó como un fenómeno populista imperfecto al articular una frontera pueblo-élites y una cadena equivalencial sintetizada por el significante vacío dignidad, que catalizó un horizonte posneoliberal condensado en la demanda de una nueva constitución, aunque sin la emergencia de un liderazgo carismático unificador. Originalidad: aporta evidencia empírica cualitativa desde la propia experiencia de las organizaciones para leer la revuelta chilena a partir del marco de la teoría populista.

PALABRAS CLAVE: Chile despertó; dignidad; Laclau; populismo.

Chile’s Social Uprising: An Imperfect Case of Populism

ABSTRACT. Objective/context: This article assesses whether Chile’s social uprising constitutes a populist moment from a Laclauian perspective, identifying the discursive mechanisms that make it recognizable in collective action. Methodology: Thirty-one in-depth interviews (May-September 2020) were conducted with organizations that played leading roles in the revolt, spanning feminism, labor, environmentalism, the student movement, and human rights, among other areas. Conclusions: The uprising operated as an imperfect populist phenomenon by drawing a people-elite frontier and an equivalential chain synthesized by the empty signifier “dignity,” which catalyzed a post-neoliberal horizon condensed in the demand for a new Constitution, albeit without the emergence of a unifying charismatic leader. Originality: It offers qualitative empirical evidence grounded in organizational experiences to read the Chilean revolt through populist theory.

KEYWORDS: Chile Has Awakened; dignity; Laclau; populism.

Revolta social no Chile: um caso de populismo imperfeito

RESUMO. Objetivo/contexto: este artigo avalia se o levante social chileno configura um momento populista a partir de uma perspectiva laclauiana, identificando os mecanismos discursivos que permitem reconhecê-lo na ação coletiva. Metodologia: foram realizadas 31 entrevistas em profundidade (maio-setembro de 2020) com organizações protagonistas da revolta, abrangendo feminismo, trabalho, ambientalismo, movimento estudantil e direitos humanos, entre outras áreas. Conclusões: o levante se comportou como um fenômeno populista imperfeito ao traçar uma fronteira povo-elites e uma cadeia equivalencial sintetizada pelo significante vazio “dignidade”, que catalisou um horizonte pós-neoliberal condensado na demanda por uma nova Constituição, embora sem a emergência de uma liderança carismática unificadora. Originalidade: oferece evidência empírica qualitativa baseada em experiência organizacional para ler a revolta chilena a partir de quadros da teoria do populismo.

PALAVRAS-CHAVE: Chile acordou; dignidade; Laclau; populismo.

Introducción

El término populismo es habitual en las tertulias y debates actuales, y resulta “ampliamente utilizado en el análisis político contemporáneo” (Laclau 1986, 165). Si bien se tiende a utilizar como agravio a la hora de calificar al adversario político (Bellolio 2022), la intencionalidad de este uso no es sino la “denigración de las masas” (Laclau 2005, 87), entendidas como rebaño manipulable u moldeable a partir de una serie de ínfulas vacías.

Por el contrario, a partir de los trabajos desarrollados por Ernesto Laclau (1986, 1996, 2005 y 2008) y Chantal Mouffe (1991, 2007, 2019 y 2023) por separado, o en conjunto (Laclau y Mouffe 1987 y 2000), el término populismo ha ido mutando en categoría analítica a la vez que en estrategia narrativa. Tras ellos, otros autores, particularmente de Latinoamérica, han continuado desarrollando, enriqueciendo y matizando el concepto. Es esta acepción de categoría analítica la que resulta de interés para este trabajo.

La pregunta que pretende responder el artículo es: ¿es el estallido social chileno un movimiento populista? Y a partir de ahí: ¿cuáles son las claves que permiten identificar a un movimiento social como populista? La hipótesis inicial es que el estallido chileno inicia un momento populista visibilizando una multitud de “demandas insatisfechas [que] desestabilizó la hegemonía dominante” (Mouffe 2019, 25), lo que alumbra un nuevo pueblo (Ruiz 2020).

El trabajo empírico ha sido realizado entre el 7 de mayo y el 7 de septiembre de 2020 con la elaboración de 31 entrevistas a organizaciones sociales que tuvieron un rol activo de la revuelta.1 Mediante las organizaciones seleccionadas se entrega protagonismo y voz a las demandas centrales levantadas durante la revuelta. De ahí que se hayan escogido organizaciones feministas, del trabajo, ecologistas, estudiantiles o de derechos humanos, entre otras. Dada la naturaleza interpretativa de la pregunta, se ha considerado que una metodología cualitativa a partir de entrevistas a profundidad era la herramienta más adecuada para contestarla. A partir de estas entrevistas se tiene acceso a una panorámica amplia de opiniones y puntos de vista a propósito de los acontecimientos vividos en Chile, lo que permite dar respuesta a las cuestiones formuladas. Se trata de “una forma de entrevista que algunos hacen de manera natural, en las situaciones de la vida cotidiana, con la sola ayuda del sentido común y la experiencia” (Vallés 2002, 29). Continua Vallés (2002, 41) señalando que las entrevistas en profundidad son “conversaciones profesionales, con un propósito y un diseño a la investigación social, que exige del entrevistador una gran preparación, habilidad conversacional y capacidad analítica”. Por lo tanto, con estas se pretende construir un ecosistema que resulte ser el espejo de la realidad misma, en un espacio cercano para la persona entrevistada, en el que se sienta cómoda y que ayude a aminorar los elementos ajenos que puedan alterar un relato transparente y espontáneo.

Además de las entrevistas, se han revisado los trabajos más recientes sobre el objeto de análisis con la finalidad de complementar la recogida de datos. Si bien es cierto que “Chile despertó” se puede considerar como un movimiento social que todavía está en desarrollo (Martí y Martín-Álvarez 2023), ha logrado concentrar la atención de varios trabajos monográficos (Fernández 2020; Garcés 2020; León 2020; Martuccelli 2022; Mayol 2019, entre otros) que han abordado el fenómeno desde diferentes perspectivas. Adicionalmente, en este tiempo han aparecido artículos (Aniñir Manríquez y Candina Polomer 2020; Arancibia Bustos 2021; Aste Leiva 2020; Cortés 2019; Jiménez-Yañez 2020; Morales Quiroga 2020; Palacios-Valladares 2020), que si bien aportan a la compresión del fenómeno chileno a partir de marcos jurídicos, sociológicos o filosóficos, ninguno de ellos, hasta la fecha, se ha centrado en comprender este acontecimiento desde la lente del populismo. Recientemente han sido publicados trabajos (Bellolio 2022 y 2020; Durán y Rojas 2021; Murphy 2024; Padoan 2024; Sanhueza 2024; Selamé 2022; Rivera-Soto 2024; Ruiz 2020) que se aproximan al estallido social y sus reacciones desde la teoría populista, pero ninguno de ellos lo ha hecho a través de un proceso empírico de entrevistas a figuras centrales de la revuelta de octubre.

El artículo está dividido en tres apartados. En el primero se realiza una revisión bibliográfica de la categoría populismo situando el foco particularmente en los trabajos de Laclau y Mouffe y su impacto en Latinoamérica. En el segundo apartado se aterriza este trabajo teórico confrontándolo con las 31 entrevistas realizadas. Por último, se formulan las conclusiones en las cuales se dará respuesta a la pregunta e hipótesis planteada.

  1. Teoría del populismo de Laclau

Hay un amplio mosaico de teorías sobre el populismo.2 Entre los autores que las plantean, hay un cierto consenso en reconocer en el populismo el objetivo de construir una dicotomía entre “élites” y “pueblo” que divide a la sociedad en dos grupos enfrentados. Existen quienes, como Hawkins y Rovira Kaltwasser (2017), Mudde y Rovira Kaltwasser (2017) o Stanley (2008), consideran al populismo una ideología delgada o débil (thin ideology). En oposición a ellos, Mouffe (2019) o Aslanidis (2015) apuntan a que no se trataría de una ideología, sino de estrategias discursivas, al existir fenómenos populistas de muy diferentes signos.

Resulta igualmente interesante la tensión que se presenta entre la concepción más extendida del populismo, como experiencia vertical, de arriba hacia abajo (Torre 2008; Weyland 1996, 2012, 2018 y 2021) con presencia de un líder carismático, y la horizontal (Aslanidis 2015 y 2017; Collins 2014; Nadal 2020), de abajo hacia arriba (bottom-up politics). La primera de las posiciones afirma que solo hay populismo si existe una conducción desde arriba y rechaza que movimientos de abajo a arriba sean populistas (Roberts 2008). En una postura diferente se encuentra Collins (2014), quien reconoce como fenómenos populistas los dos escenarios —verticales y horizontales—. Como plantea Aslanidis (2017, 289), existen otros casos de “populismo desde abajo, forjados fuera de las instituciones políticas establecidas”. A partir de este segundo escenario, ha sido acuñado el término de movimientos sociales populistaspopulist social movements— (Aslanidis 2016). Sin renunciar a la función de liderazgo, “es ese mismo pueblo el que le da sentido al líder y no a la inversa” (Ríos Rivera, Umpierrez de Reguero y Vallejo Robalino 2020, 87).

No obstante, en cuanto al valor analítico del término, Retamozo (2017b, 131) propone que, “si bien el concepto de populismo ha adquirido diferentes definiciones, la teoría del populismo de Ernesto Laclau es quizá la única que le da estatus de categoría al término y le otorga una función analítica capaz de devenir concepto”. Además, esta aproximación “surge como un intento de elaborar un análisis político de la realidad histórica latinoamericana en general” (Retamozo 2018, 18). Es decir, su origen latinoamericano y el desarrollo de su sustancia teórica (y no solo narrativa) hacen que se considere como el marco analítico más cercano y “natural” al objeto de estudio.

Laclau y Mouffe (1987) parten en su trabajo de la crítica al determinismo y al esencialismo del marxismo de su época. Pretenden superar la frontera que limita el antagonismo social al conflicto capital-trabajo y que reconoce a la clase obrera como sujeto encargado de lograr la emancipación de la humanidad. Esta definición sitúa a los autores en el lado del posmarxismo (Laclau y Mouffe 2000).3 En oposición al determinismo, el propio Laclau (1987, 29) define la frontera populista como aquella “forma de rearticulación de las identidades dislocadas que las inscribe en un discurso que divide la totalidad de lo social en dos campos políticos antagónicos”, amplificando los campos en disputa e incorporando a sujetos políticos opacados por las teorías marxistas mayoritarias en su época.

A continuación, tomando como brújula la propuesta de Retamozo (2017a) cuando destaca el discurso, la hegemonía, el antagonismo y los significantes vacíos como claves para comprender el populismo, se busca realizar una contribución al aterrizaje del concepto en casos concretos. Para ello se añade un elemento adicional a su propuesta: la construcción del sujeto pueblo.

  1. Discurso, antagonismo y significantes vacíos: elementos vehiculares en la emergencia de una situación populista

Es oportuno comenzar este apartado aclarando que la propuesta de Ernesto Laclau ha estado marcada por su densidad teórica (Aslanidis 2017; Retamozo 2017a y 2021). Su giro posfundacional logra reunir el posestructuralismo, el posmarxismo y el psicoanálisis lacaniano, lo que conlleva la emergencia de conceptos de diversos orígenes, asentados en disciplinas como la ciencia política, la lingüística o la psicología.

De acuerdo con Laclau, para que haya una situación populista, deben darse una serie de condiciones:

(1) Que existan demandas sociales que “permanecen aislada(s)” e insatisfechas (Laclau 2005, 99). La permanencia de estas en una posición de exclusión, marginadas, da pie a la emergencia de lo que Laclau (1996) llama límites auténticos o límites excluyentes. En la práctica, como señala Riveros (2015), la demanda representa la unidad elemental que el autor argentino utiliza para subdividir al pueblo como grupo social y, por lo tanto, es la condición de posibilidad para la emergencia populista. “La demanda populista delimita dos campos: el del sujeto, que en este caso es el pueblo, y el del Otro” (Merlin 2015, 42).

(2) La emergencia del antagonismo o momento estricto del corte (Laclau 2005, 111).4 Es en este momento en el que surge la dicotomía amigo/enemigo (Schmitt 2009). Mouffe (2019, 25) denomina al momento de corte antagonista como momento populista:

multiplicación de demandas insatisfechas que desestabiliza la hegemonía dominante. En este tipo de situaciones, las instituciones no logran garantizar la lealtad de la gente cuando intentan defender el orden vigente […] [y surge] la posibilidad de construcción de un nuevo sujeto de acción colectiva —el pueblo— capaz de reconfigurar un orden social experimentado como injusto.

(3) El surgimiento del discurso. Que un grupo de demandas abandonen su situación de aislamiento —demandas democráticas— y transiten hacia su articulación5 —demandas populares— depende de su capacidad para armarse en torno a un discurso. Laclau y Mouffe (1987, 176-177) entienden por discurso “la totalidad estructurada resultante de la práctica articulatoria”. Este proceso solo es posible siempre que las demandas articuladas renuncien a sus diferencias formando una cadena de equivalencias,6 lo que conlleva la “expansión de la lógica de la equivalencia a expensas de la lógica de la diferencia” (Laclau 2005, 104). Plantea Laclau que, precisamente, cada una de las demandas existen en la medida en que son diferentes de las otras: “identidad = diferencia” (1996, 72). Y, en paralelo, que “estas diferencias son equivalentes las unas a las otras en la medida en que todas pertenecen al lado interno de la frontera de exclusión” (1996, 72). Sentencia Laclau (1996, 73-74) que aquello que las cohesiona es verse “reducidas a la pura negatividad”.

(4) Como resultado, se produce que “algunos significantes privilegiados condensan en torno de sí mismos la significación de todo un campo” (Laclau 2005, 114). El discurso descansa sobre el significante vacío. “Cualquier identidad popular requiere ser condensada, en torno a algunos significantes (palabras, imágenes) que se refieren a la cadena equivalencial como totalidad” (Laclau 2005, 125). El significante vacío, por lo tanto, es esa palabra o imagen que fragua la unidad de las demandas.7 Además, el propio Laclau (2006, 58) declara que en el populismo las demandas cristalizan “en torno a ciertos símbolos comunes y la emergencia de un líder cuya palabra encarna este proceso de identificación popular”. Laclau (2005) graficó este ejercicio en el caso de las elecciones de 1945 en Argentina, cuando Perón simplificó la contienda electoral en una elección entre él y Braden, quien era el embajador de Estados Unidos en el país. Por lo tanto, también el argentino asume la idea clásica en el populismo del surgimiento de una figura carismática.8

(5) Finalmente, es imprescindible que esa imagen, palabra o líder logre cumplir la función totalizadora, representada en la analogía de la sinécdoque: “la parte que representa al todo” (Laclau 2005, 97); una “relación por la que un contenido particular pasa a ser el significante de la plenitud comunitaria ausente, es exactamente lo que llamamos relación hegemónica” (Laclau 1996, 82).

Imagen 1. Construcción del discurso en el populismo

Fuente: elaboración propia a partir de Laclau (2005) y Laclau y Mouffe (1987).

En la imagen 1, se observa el proceso desde que las demandas se encuentran inconexas entre sí, tan solo marcadas por su posición de exclusión con respecto a un sistema. A continuación, mediante la articulación de estas y su vaciamiento parcial, se da la construcción de unas equivalencias que las homogenizan y asimilan, en cierto modo, al significante privilegiado. La sutura del sistema conforma la argamasa que las unifica en una sola estructura discursiva, dando pie a la posibilidad de un fenómeno populista.

Esta es la correa de transmisión que conecta la demanda social con el populismo. Una estrategia discursiva (Laclau, 2005) que tiene como objetivo último la emergencia de un nuevo pueblo y que exige sostenerse en algunos conceptos clave —significantes vacíos— con la capacidad de galvanizar al conjunto de descontentos presentes en una sociedad a partir de un discurso totalizador.

  1. Democracia liberal, neoliberalismo y hegemonía

Otra característica del enfoque populista de Laclau y Mouffe es que se trata de una propuesta que se inscribe en la democracia liberal (Laclau y Mouffe 1987; Mouffe 2007; Mouffe y Basaure 2015), en oposición a la tradición leninista de la toma del poder del Estado. Esta afirmación tiene su correlato en la frase: “una clase no toma el poder del Estado, sino que deviene Estado” (Laclau y Mouffe 1987, 120) y sintetiza la confianza de los autores en los valores de la democracia liberal, pero apostando por lo que llaman democracia radical.9 Esto, en la práctica, supone un rechazo a la revolución con momento jacobino: guerra de posiciones frente a guerra de movimientos.10

Es importante aclarar que Laclau y Mouffe (1987) consideran el avance del neoliberalismo como un retroceso para la democracia y señalan a la socialdemocracia como la gran derrotada de la contienda al ser asimilada. Mouffe (2019, 14) lo expresa con nitidez cuando afirma que “hegemonía fue escrito en una coyuntura marcada por las crisis de la formación hegemónica de la socialdemocracia […]. [En 2000] un creciente número de partidos socialdemócratas habían descartado su identidad de ‘izquierda’ habiéndose definido eufemísticamente como de ‘centroizquierda’”. Por lo tanto, si se trata de un avance del neoliberalismo, las demandas que puedan dar lugar a momentos populistas están vinculadas a las problemáticas que este modelo genera.

Ema e Ingala (2020, 13) reconocen que la tradición laclauniana busca “la construcción de una comunidad heterogénea, el pueblo, como requisito para movilizar una política que haga frente a la hegemonía del neoliberalismo y a su reparto desigual de privilegios favorables a las élites”. No es casual que tanto Laclau y Mouffe en un inicio como ahora Massey (2015) o Collins (2014) identifiquen a Latinoamérica como un territorio en el que podría conformarse una alternativa al neoliberalismo. La experiencia de los Gobiernos progresistas de la llamada “marea rosa” apunta en ese sentido.

Pero, como sentencia Mazzolini (2020, 25), el populismo no es solo un mecanismo impugnatorio, es además “una operación con vocación hegemónica”. Esto es, la apuesta por sustituir un determinado orden valórico, intelectual y moral por otro (Gramsci 2015). Laclau (1996, 82-83) sintetiza este ejercicio de superación hegemónica cuando afirma que:

Una clase o grupo es considerado como hegemónico cuando no se cierra en una estrecha perspectiva corporativista, sino que se presenta a amplios sectores de la población como el agente realizador de objetivos más amplios tales como la emancipación o la restauración del orden social […] así, desde el punto de vista de la producción social de significantes vacíos, la operación hegemónica sería la presentación de la particularidad de un grupo como la encarnación del significante vacío que hace referencia al orden comunitario como ausencia, como objetivo no realizado.

Esta crítica al neoliberalismo encuentra su raigambre en lo que Mouffe (2019, 67) ha llamado populismo de izquierda. Parte del reconocimiento a la democracia liberal, pues “no aspira a una ruptura radical con la democracia liberal pluralista. […] Persigue el establecimiento de un nuevo orden hegemónico dentro del marco constitucional democrático liberal”.

  1. Pueblo como sujeto político por construir

Laclau (2005, 107) dice que el populismo traza “una frontera de exclusión [que] divide a la sociedad en dos campos”: de un lado el pueblo, del otro la élite. Propone una “interpelación al pueblo, la gente, los cualquiera, los de abajo… que cataliza distintas experiencias y las unifica en una identificación común” (Ema e Ingala 2020, 13). Paradójicamente, para Deleuze (1987, 286), “el pueblo es lo que falta, lo que no está”, y, para el populismo, el desafío consiste en unificar un sujeto disperso y ajeno, “amorfo en términos de categorías de clase” (Errejón y Mouffe 2015, 12), del que emerja un sujeto político articulado: el pueblo. Laclau (2004, en Retamozo 2017a, 170) afirma: “el populismo es a mi entender la forma en que se constituye el pueblo como agente histórico”. O, como lo expresa en La razón populista: “una plebs que reclame ser el único pópulus legítimo” (Laclau 2005, 108).

Laclau (1996, 77), además, presenta la existencia de catalizadores que favorecen la cimentación del sujeto político unificado. Para el argentino, la represión a la movilización es la más clara:

en un clima de extrema represión, toda movilización por un objetivo parcial será percibida no solo en relación con su reivindicación u objetivo concreto de esas luchas, sino también como acto de oposición respecto al sistema. Este último hecho es el que establece el lazo entre una variedad de luchas y movilizaciones concretas y parciales […] porque todas ellas son vistas como equivalentes en su confrontación con el régimen represivo. […] Lo que establece su unidad […] [es] algo negativo: su oposición a un enemigo común.

El pueblo no es un dato, sino un sujeto que debe ser producido. Aragües (2020, 90) logra interseccionar populismo, luchas y pueblo cuando señala que

el populismo posee el mérito de abordar la cuestión del sujeto político desde una perspectiva plural, no esencialista, constructivista. El sujeto se configura en la acumulación de las luchas en curso mediante el acoplamiento de sujetos prácticos, activos, definidos por sus reivindicaciones, no por perfiles preestablecidos.

Y sentencia: “multitud, pueblo, son el reflejo de un proceso” (Aragües 2020, 93). También Alemán (2019, 142) señala que el pueblo es “aquello por construir”, y añade que esto “solo podría emerger en condiciones contingentes”.

A continuación, se utilizan estos elementos fundamentales del enfoque populista: discurso, antagonismo y significantes vacíos, así como la hegemonía y la construcción del sujeto pueblo, como herramientas analíticas del estallido social en Chile.

  1. El estallido social: ¿un fenómeno populista?

En este apartado chilensis propiamente tal, y previo al inicio del trabajo empírico, es oportuno comenzar con la reflexión de Ostiguy (2022) sobre el estallido en términos laclaunianos:

Si existe un fenómeno mundial que encajó como un guante con el modelo de Ernesto Laclau sobre la lógica equivalencial (y el significante vacío) fue, respectivamente, el estallido social chileno y la consigna de “dignidad”. Allí se suman equivalentemente cualquier reclamo no atendido por “los 30 años” y el “modelo neoliberal” de derecha. Lo más, lo mejor: más (en reclamos y personas) es mayor fuerza. El pueblo “despertó” y está “unido” en sus demandas en la calle. No importa demasiado la coherencia entre pedidos distintos (desde el feminismo al No+Tag), sino la “opresión”, la “no atención” y el clamor popular. Unificando esa lógica equivalencial está el pedido de “dignidad”, que lo abarca todo. Del otro lado, el bloque de poder queda, durante el gobierno de Piñera, muy visible.

El extracto entrega algunos de los elementos que el trabajo empírico va a abordar a través de las entrevistas con más detalle: lógica equivalencial, dignidad, neoliberalismo, pueblo o unidad dan muestra de ello.

Como ya se ha señalado, las 31 entrevistas a figuras destacadas de la revuelta permitirán comprobar si el estallido del 18 de octubre cumple con los criterios para considerarse un fenómeno populista.

  1. Proceso histórico de luchas sociales: articulación de demandas y emergencia del discurso

La historia reciente de Chile, desde el mismo retorno de la democracia en 1989, ha estado marcada por procesos de movilización más o menos extensos, más o menos generalizados, de diferentes colectivos (Mayol 2012 y 2019). Errejón y Mouffe (2015, 13) plantean que la “negatividad es constitutiva y nunca puede ser superada”, pues en los antagonismos no existen soluciones racionales. Son núcleos de malestar que, o se resuelven o vuelven a emerger tarde o temprano. Un ejemplo de ello son las movilizaciones del colectivo estudiantil chileno que, por su precocidad y constancia, especialmente entre el colectivo secundario, ha resultado ser el más activo. El proceso de acumulación de fuerza comenzó en 2001 con el denominado mochilazo. Tras ello llegó el movimiento pingüino en 2006 y, finalmente, el movimiento estudiantil de 2011. En las entrevistas, este surgimiento de un discurso a partir de la articulación de diversas demandas se observa claramente:

es un proceso acumulativo que viene de varios años, quizá desde los primeros movimientos estudiantiles de secundarios. Posteriormente el universitario en 2011 y demandas sociales que las distintas organizaciones de la sociedad civil y de la ciudadanía han venido planteando de forma reiterada. (Entrevista a dirigente del Colegio Médico de Chile [Colmed], 27 de octubre de 2020)

En años posteriores, emergieron conflictos territoriales que demandaban mayor descentralización (2011), contra el sistema privado de pensiones (2016), y se produjo también el estallido feminista (2018). Se trataba de movimientos que se expresaban por separado, pues hasta 2019 no se encontraron. Señala Ruiz (2020, 39) que “eran ríos que se soldaban después de chocar en forma aislada con cada atropello, ahora en un solo torrente contra el gran abuso”. Este relato se repite entre las organizaciones que forman el movimiento social de la revuelta:

Venía desencadenando todo el tema estudiantil primero, después todo el tema de la marginalidad de las regiones, que hubo un estallido en Aysén, estallido en diferentes abusos de empresas, territorios aislados, después vino todo el tema contra las AFP [administradoras de fondos de pensiones], que también tuvo un estallido fuerte el 2016 más o menos y el último era el estallido feminista o de todos los temas más vinculados al género. (Entrevista a miembro del Movimiento por la Diversidad Sexual [MUMS], 1.º de junio de 2020)

Había una necesidad, pero, como te decía, parcelada, no se conversaban, no se complementaban antes del estallido, y en ese sentido hubo una comprensión de la lucha unificada, que es la que nos hace sentido como pueblo. (Entrevista a vocera de Londres 38, Espacio de Memorias, 22 de mayo de 2020)

Es posible entrever cómo la emergencia de estas demandas fue expresándose de forma aislada, pero cada vez su impacto resultó en fenómenos más diversos y de mayor impacto. En palabras de Rivera-Soto (2024, 215), resultó ser “una serie de demandas insatisfechas”, alejadas de “cualquier esencialismo de clase”. Se trata de “marchas de espiral ascendente” (Ruiz 2020, 37), de acumulación de fuerza y experiencia por parte del movimiento social. Pero lo que permite la unificación de todas ellas en un solo cuerpo tras el 18 de octubre es dejar de lado su particularidad, su especificidad, su diferencia, y engarzarlas en una misma cadena de equivalencias, permitiendo la completitud de la articulación discursiva. Laclau (1996, 75) lo expresa al decir que esto se logra únicamente cuando los “significantes se vacían de todo vínculo con significados particulares y asumen el papel de representar el puro ser del sistema […] Es solo privilegiando la dimensión de equivalencia hasta el punto en que su carácter diferencial es casi anulado”. El momento de corte, el hecho concreto, en el que todo salta por los aires, tiene lugar con el llamamiento a la desobediencia civil por parte del estudiantado secundario.

La mayoría nos pasó eso que identificábamos [en] las demandas hace mucho rato y esto fue como la explosión solamente. Yo creo que ayuda mucho la participación de los secundarios, como jóvenes que dan el ímpetu. (Entrevista a miembro de Cruzadas, 30 de junio de 2020)

  1. División de la sociedad en dos: antagonismo pueblo-élites

Como ya se ha señalado, la división de la sociedad en dos campos enfrentados es una de las claves fundamentales en el populismo. De un lado el pueblo, la gente como grupos vilipendiados, del otro la élite plutocrática. Fernández (2020, 15) afirma que “el estallido ataca, en primer lugar, a las élites, porque aquello que era considerado primacía o prevalencia, hoy es visto simplemente como privilegio”.

En el fenómeno chileno, esta división también se hace evidente a ojos de las organizaciones:

Sentimiento histórico de marginalidad, de marginación y de trato indigno que la oligarquía le ha dado a este bajo pueblo. (Entrevista a dirigente del Colegio de Profesores, 17 de abril de 2020)

Salir a decir “Todos los políticos son corruptos”, “Todos los políticos son malos”, “Que se vayan todos”, de alguna manera decir “Basta, se acabó. No quiero más corrupción”. (Entrevista a dirigente de la Coordinadora de Padres por el Derecho a la Educación [Corpade], 18 de mayo de 2020)

Ante la falta de voluntad por parte de los diferentes Gobiernos de Chile de impulsar cambios, la fractura desbordó el orden liberal: las demandas “forjaron una identidad común. Dicha identidad, al entrar en conflicto directo con la élite política, rompió las formas de procesamiento diferencial propias de la democracia liberal” (Selamé 2022, 248).

Pero no se produce un señalamiento en exclusiva hacia el poder político, sino también hacia un conglomerado de actores más amplio, responsables de un abuso generalizado (Mayol 2019). Mayol (2019, 66) señala que “la promesa del estallido social radica en el fin de la impunidad de las élites”. Bellolio (2020, 44) argumenta que emergió una narrativa en la que se contrapuso “el discurso político del pueblo movilizado contra el establishment”. A través de los relatos de las organizaciones se puede entrever que dentro de las élites se engloba también al poder económico y a fuerzas represivas como apéndice de estos actores.

La transición democrática administró el poder de una manera absolutamente desconectada de la sociedad civil […]. Y ese proyecto lo que hizo fue radicalizar las brechas entre la sociedad civil, la gente, y las élites políticas y, por cierto, económicas. (Entrevista a dirigente del Sindicato de Actores y Actrices de Chile [Sidarte], 26 de mayo de 2020)

El sistema nos ha tratado pésimo, con violencia todos los días, desde que hemos nacido. Nosotros en la calle vamos de frente, el odio que tenemos hacia el capital, hacia los pacos [Carabineros]. […] Hemos vivido mucha injusticia y el cambio tiene que ser radical. Peleando en la calle: con el Estado, con los pacos. Es el camino. (Entrevista a miembro de Los de Abajo Antifascitas [LDA Antifascistas], 27 de julio de 2020)

Como se puede apreciar, la dicotomía presentada alude a un “nosotros” o a “la gente” en oposición a esos grupos de poder político y económico. Cualquiera de los dos conceptos es un sinónimo de pueblo.

  1. Emergencia del significante vacío: de “Chile despertó” a “Hasta que la dignidad se haga costumbre”

Ya se ha señalado antes que, sin significante vacío, no hay fenómeno populista posible. Sin imagen o palabra que logre condensar en torno a sí las diferentes demandas en una sola voz, no se puede hablar de populismo. En este caso se produce una evolución de los conceptos centrales de la revuelta. Chile era la excepción en la región por tratarse de un país “estable” a ojos de las propias élites. Sin ir más lejos, el propio presidente Sebastián Piñera había definido días antes del estallido social a Chile como un “oasis en medio de una de América Latina convulsionada” (“Presidente Piñera” 2019). En este escenario, el primero de los conceptos vehiculares fue el de despertar que, como señala Ruiz (2020, 13), se trataría más bien de un “sacudirse de encima la modorra”.

[Despertar] es abrir los ojos con todo lo que significa el proceso de estos meses, que, en definitiva, cerró muchos ojos a propósito de la violación a los derechos humanos que hubo sistemáticamente en cientos de manifestantes durante estos meses. (Entrevista a dirigente de la Asociación Chilena de Barrios y Zonas Patrimoniales, 12 de mayo de 2020)

Pero no fue hasta que el proceso fue decantando y consolidándose a partir de las diferentes fórmulas de participación y protagonismo popular que el significante vacío alcanzó su madurez. Dignidad fue el concepto que permeó e hizo suyo el movimiento social. Fernández (2020, 15) afirma que “no hay ninguna fe en pie: ni el socialismo ni el capitalismo ni el cristianismo. Irrumpió con fuerza la palabra ‘dignidad’”.

Efectivamente, cuando uno dice “Que la dignidad se haga costumbre”, mira todo lo que encierra, porque encierra todo lo que nosotros queremos, en una palabra. (Entrevista a dirigente de ANCO Salud, 11 de agosto de 2020)

Al principio también vivimos la desorientación. Este malestar que se expresa como por encima de todas las organizaciones políticas y sociales, como orgánico y transversal y masivo e impugnadores, muy fuerte. […] Entonces se puso el concepto de dignidad, quedó súper en claro eso, cuál era el tinte ideológico. Derechos sociales, como una nueva constitución, como derechos humanos. (Entrevista a dirigente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile [FECH], 4 de septiembre de 2020)

La cristalización de este término como significante vacío llevó a bautizar al punto neurálgico de las movilizaciones en Santiago, Plaza Italia, como Plaza Dignidad (“Adiós Plaza”). Esto evidencia el consenso que el término generó dentro del movimiento social, pues, como reconoce Pleyers (2018), en el concepto dignidad se encuentran demandas materiales y subjetivas. La cristalización del malestar en este acontecimiento puede entenderse como la antesala de la emergencia del sujeto colectivo pueblo. Esta operación hegemónica, señala Laclau (1996, 83), “sería la presentación de la particularidad de un grupo como la encarnación del significante vacío que hace referencia al orden comunitario como ausencia, como objetivo no realizado”.

La apropiación de este concepto como eje vertebrador no evita que, como también se ha mencionado, emerja otro tipo de figuras o símbolos que cumplan la función de basamento aglutinante. Como se afirma en el libro Rabia dulce de furiosos corazones: símbolos, íconos, rayados y otros elementos de la revuelta chilena (Equipo de Investigaciones de Editorial Tempestades 2020), irrumpen dos imágenes por encima de otras: la bandera de Chile completamente negra “expresando el dolor por los muertos que provocaba el accionar policial y militar” (50) y la del Negro Matapacos —un perro quiltro— “que representa la dignidad y la rebeldía” (50).

Como se evidencia, se produce el surgimiento de imágenes o palabras que vienen a ocupar la posición de significantes privilegiados, pero no así de un líder o figura carismática que encarne las demandas. Además, las organizaciones justifican la inexistencia de esta figura:

No tiene una conducción única. No tienen esa confianza en ciertos líderes que podríamos decir hoy día, podemos llevar esto a determinado lugar. Porque hay mucha desconfianza. (Entrevista a dirigente de la Coordinadora de Padres por el Derecho a la Educación [Corpade], 18 de mayo de 2020)

Yo creo que la unidad se da en torno a la organización. No es la unidad de personajes, no es la unidad de liderazgo, es la unidad del pueblo organizado como trabajadores, como estudiantes, como pobladores, ahí es donde se da la verdadera unidad. (Entrevista a dirigente de la Confederación de Trabajadores del Cobre [CTC], 1.º de junio de 2020)

El movimiento estudiantil nace en las universidades, en las universidades que están en la ciudad. Entonces, la desconexión con los sectores rurales o con las bases sociales o la periferia es notoria y la gente claro que lo notó. Esa es la razón por la cual tampoco los partidos fueron capaces de liderar la revuelta popular del 18 octubre y razón por la cual tampoco hubo líderes durante la revuelta popular de octubre. (Entrevista a militante de la Organización Transdiversidad [OTD], 23 de agosto de 2020)

Es posible identificar varios argumentos diferentes entre sí. El primero apunta a la desconfianza hacia liderazgos personales. El segundo, a la preferencia por parte de las organizaciones y el movimiento social de una conducción orgánica de pueblo. El tercero de los argumentos presenta una desconexión, por parte de los grandes movimientos preexistentes, de la realidad de los grupos subalternizados.

  1. Se abrieron las grandes alamedas: la emergencia de un nuevo pueblo

Los procesos de movilización están marcados por el encuentro entre sujetos sociales que hasta entonces no estaban separados. Errejón y Mouffe (2015, 12) plantean que la obsesión de Gramsci consistía en “articular lo diferente y fraguar una voluntad colectiva”, construir un pueblo. Ingala-Gómez (2020, 156) señala que “el pueblo solo es, en la medida en que se hace pueblo, actúa como pueblo y se reúne”; es decir, un sujeto que se construye en la acción. En los acontecimientos acaecidos tras el 18 de octubre, emergieron conatos de unidad, de una “voluntad colectiva nacional-popular” (Gramsci 2009, 83). En los relatos de las organizaciones se vislumbra una relación entre el concepto de despertar y la emergencia de un nuevo sujeto político asociado:

eso es lo que yo creo que es el despertar de Chile o el despertar del pueblo, de los pueblos de Chile, que es el ser consciente de su poder, de su capacidad. (Entrevista a dirigente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile [FECH], 4 de septiembre de 2020)

Aquellos que no veían una realidad y de repente les estalla esa realidad hablan de estallido, desde ellos, y es correcto. Pero desde nosotros, desde el pueblo, desde la ciudadanía, creo que es más correcto hablar de despertar. (Entrevista a dirigente del Colegio de Profesores, 17 de abril de 2020)

Sin la presión del pueblo no estaríamos hoy en día donde estamos y es porque el pueblo se desbordó en la calle y dijo “Ya basta”, y cuando el pueblo dijo “Basta”, lo dijo con fuerza. (Entrevista a vocera de la coordinadora de víctimas de trauma ocular, 7 de septiembre de 2020)

Ruiz (2020, 39) plantea que lo que ocurrió en aquellos meses de movilización fue “la fragua de un nuevo pueblo [que] se identifica en torno al hecho de situar como adversario de su protesta esa casta”. Esta casta que, como ya se ha señalado anteriormente, a ojos del movimiento estaba conformada por una trenza en la que se encontraban políticos, empresarios y fuerzas policiales, fue la responsable de numerosos casos de violaciones a los derechos humanos, incluidos muertes e innumerables casos de trauma ocular (Montes 2019). Las organizaciones confirman el análisis propuesto por Laclau (1996) cuando afirma que un contexto de represión facilita la confluencia de luchas parciales y la construcción de un sujeto político unificado. Se hace patente cómo el movimiento social legitima la acción directa como respuesta a la violencia de Estado, a aquella que encabezan el ejército y las fuerzas especiales de Carabineros. La Primera Línea (Montesinos 2019), nombre que asumió este colectivo, es vista como defensora de esa mayoría social movilizada. La literatura a propósito del fenómeno chileno también analiza estas prácticas como un ejercicio de contraviolencia en respuesta de la violencia directa del Estado (Zarzuri y Henríquez 2022).

Lo que nosotros estábamos de acuerdo es con la Primera Línea, porque, si no hubiera sido por la Primera Línea, muchos de nosotros no hubiésemos podido llegar a la plaza de la Dignidad. Porque, si no hubiera estado la Primera Línea, a lo mejor, tuviéramos que lamentar más muertos, más traumas oculares, más detenidos. Entonces yo creo que ellos tuvieron un acto de valentía y de defensa del pueblo, y eso nosotros lo legitimamos. La Primera Línea sentimos que era la autodefensa que tenía el pueblo, no había otra forma de defenderse de tanta represión. (Entrevista a vocera de la coordinadora de víctimas de trauma ocular, 7 de septiembre de 2020)

Este nivel de violencia, que es bien extraño pensarlo de esa manera, el nivel de violencia manifestado ese 18 de octubre hizo que gente volviera a recobrar la esperanza y pensara y dijera nuevamente: “¡Sí es posible cambiar las cosas!, sí es posible que este Chile que despierta vuelva a manifestarse en la calle y, si es necesario, con más violencia”. Y ahí está también la legitimación a la Primera Línea, que ha sido fundamental en todo esto. Si no, tendríamos más muertos, tendríamos más mutilados, tendríamos [que] la confrontación hubiera sido mucho peor, si no hubiéramos sido nosotros mismos quienes nos autoorganizamos para defender estas movilizaciones masivas que se generaron a partir del 18 de octubre. (Entrevista a vocera de Ukamau, 13 de mayo de 2020)

Los relatos justifican la presencia de la primera línea como último dique de contención ante la represión de las fuerzas policiales, como protectora del pueblo chileno. Nuevamente, la frontera populista del ellos contra nosotros.

  1. Nueva constitución, vocación hegemónica y ruptura con el neoliberalismo

El concepto de nueva constitución ya ha surgido previamente como análogo del de dignidad cuando se abordaba la categoría del significante vacío. El receptáculo sobre el que descansan las esperanzas del pueblo movilizado es la redacción de una nueva constitución que supere la pinochetista vigente desde 1980. La constitución es, en última instancia, el contrato social del que se dotan las sociedades para definir los marcos sociales, políticos y económicos. Todo ello es puesto en entredicho por parte del movimiento social.

Gracias a esta frase, “Hasta que la dignidad se haga acostumbre”, nace esta idea de la nueva constitución. (Entrevista a dirigente de la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios [Cones], 15 de mayo 2020)

En ese sentido, siento que la revuelta tiene, por un lado, por lo tanto, una impugnación al modelo y, por otro lado, una impugnación a la institucionalidad democrática. Es decir, es un movimiento antineoliberal y un movimiento democratizador. Está puesto en entredicho lo político, lo institucional, lo económico, lo cultural. (Entrevista a miembro de la Coordinadora de Naciones Originarias, 26 de mayo de 2020)

En ese sentido, la impugnación a la que se hace mención se sostiene en las propias limitaciones que la Constitución vigente contempla, pues, como declaraba el ideólogo y arquitecto de esta, Jaime Guzmán (1979, 19): “La Constitución debe procurar que, si llegan a gobernar los adversarios, se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo anhelaría”.

La hegemonía de las élites en Chile es heredera de la dictadura y descansa en la Constitución de 1980 (Alzueta-Galar 2023b). El movimiento social es consciente de que solo superando esta puede lograr “la reconstrucción democrática de la nación en torno a un nuevo núcleo” (Laclau y Mouffe 1987, 107).

Las causas y las banderas que son levantadas producto del estallido social, nosotros las compartimos totalmente porque es justamente lo que se produce, todas las luchas específicas y demandas puntuales y particulares se unifican […]

Por lo tanto, con un horizonte común que se condense, que se concentra en una sola, de carácter general, que es el cambio de la Constitución. Porque, si tú te das cuenta, al principio convergen los pobladores, convergen los estudiantes, los trabajadores, las mujeres, en fin, y luego se hace una síntesis de esas demandas. Dicen: “Bueno, la única forma parece ser de avanzar en el respeto y garantía de las demandas específicas de todos los que estamos acá. Es salvar el gran obstáculo que tenemos, que es la Constitución”. (Entrevista a dirigente de la Comisión Chilena de Derechos Humanos, 11 de mayo de 2020)

Este giro sitúa al nuevo pueblo emergido de la revuelta como grupo que aspira a ser hegemónico, pues “no se cierra en una estrecha perspectiva corporativista, sino que se presenta a amplios sectores de la población como el agente realizador de objetivos más amplios” (Laclau 1996, 82). En el caso del estallido en Chile, el pueblo movilizado sintetiza esos objetivos más amplios en el proyecto de una nueva constitución. Y en su apelación es posible identificar un horizonte posneoliberal como proyecto al que aspira.

Consideraciones finales

Una vez realizado todo el recorrido hermenéutico y empírico, se plantea una serie de conclusiones en torno al fenómeno chileno. También es posible recuperar la hipótesis de partida en la que se proponía al estallido social como un fenómeno populista. En ese sentido, a partir del trabajo de Laclau y el análisis de las entrevistas, se confirma parcialmente la hipótesis. ¿El estallido es un fenómeno populista? Sí, pero no “de manual”. Se trata de un fenómeno populista imperfecto o incompleto ante la ausencia de un liderazgo o figura emblemática que ponga rostro a estas demandas. ¿Qué lleva a concluir que sí se trata de un fenómeno populista?

(1) Durante el proceso octubrista, una serie de demandas históricamente irresueltas se presentaron unificadas. La desobediencia civil iniciada por el estudiantado secundario saltando los torniquetes del metro de Santiago (“La semana” 2019) suponen el “momento estricto del corte” (Laclau 2005, 111). Y, tras ello, como si de un momento “cuasi Epifanio” se tratara, toda una arquitectura societal se derrumba. Las demandas hasta entonces separadas se sueldan movilizándose de forma unificada, conformando un solo cuerpo social. (2) El segundo de los elementos, como también se ha logrado identificar previamente, es la emergencia de la frontera discursiva mediante la que queda dividida la sociedad entre el pueblo y la élite. “Van a pagar” era uno de los rayados que aparecían en las calles de Santiago que, como dice Mayol (2019, 66), apela a los privilegiados, a quienes “se les acaba la impunidad”: ellos-nosotros. (3) En las entrevistas se logra evidenciar el surgimiento de un significante vacío —dignidad = nueva constitución— con capacidad para condensar todos los anhelos dispersos. Selamé (2022, 250-251) señala, a propósito del fenómeno chileno, que “la diversidad de demandas postergadas por la élite política se articularon en una identidad común, donde significantes vacíos como ‘dignidad’ dotaban de cohesión a una multiplicidad de sectores sociales”. (4) Como si de una correa de transmisión se tratara, dignidad conecta con nueva constitución. No cabe duda de que tanto las demandas como el horizonte que pretenden construir los manifestantes apuntan a lógicas que rompan con el modelo neoliberal vigente en el país. En este punto, la teoría del populismo enraíza con la lectura del populismo de izquierda de Mouffe, quien apuesta porque estos proyectos no sean canalizados por sectores conservadores, sino por fuerzas nacionales y populares de izquierda.

Como ya se ha señalado previamente, en la teoría populista ha existido, mayoritariamente, una tendencia a considerar la presencia de una figura carismática como condición de posibilidad para que un fenómeno social pueda resultar populista (Casullo 2019; Urbinati 2019). El propio Laclau (1978 y 2005) apunta en esta misma dirección, vinculando liderazgo personal con populismo. En cualquier caso, esta definición en Laclau (2005, 125) resulta inconclusa, pues él mismo señala que los significantes vacíos pueden ser “‘palabras o imágenes’, ‘términos privilegiados’” o incluso un grupo que los encarna (Laclau 1996), evidenciándose que no se trata de una sentencia absoluta.

En ese sentido, no hay duda de que, para el estallido social en Chile, en ningún caso, surge un liderazgo conductor. Mayol (2019, 50) plantea que se “produce una evolución hacia la desestructuración y debilidad de los liderazgos impugnadores”, quizá marcado porque, como plantea Pleyers (2018), se trata de movimientos anclados en lo que llama activismo individualizado. Atendiendo a estos elementos sería posible concluir que el estallido social chileno responde a la categoría de movimiento social populista (Aslanidis 2016), pues ofrece una movilización en la que las demandas se sueldan conformando un grupo cohesionado.

Más allá de esta última hipótesis, no es posible plantear una respuesta que clarifique las razones que impidieron la emergencia de esta figura carismática. Esto habría convertido al estallido social en un fenómeno populista propiamente tal. Lo que sí es posible afirmar es que la mayoría de los elementos que dan forma al populismo en la teoría de Laclau —discurso, antagonismos, significantes vacíos, hegemonía y construcción del sujeto-pueblo— se materializaron en el fenómeno de octubre, y que por lo tanto se puede hablar de populismo imperfecto o inacabado.

Ahora, emerge otra posibilidad, dado el contexto chileno. Tras la derrota de las fuerzas que impulsaron una nueva constitución, y dado que la operación de sustitución de la hegemonía neoliberal por otra diferente ha fracasado, es posible hipotetizar que en un escenario de revolución pasiva regresiva (Alzueta-Galar 2023a) pueda surgir una figura carismática conservadora que pretenda la “restauración del orden social” (Laclau 1996, 82). Dos figuras apuntan en esa dirección: el crecimiento en las encuestas de José Antonio Kast, a quien todas encumbran como próximo presidente del país, y de Johannes Kaisser como representante de la derecha más dura, pero ambos expresión de las nuevas derechas populistas en Latinoamérica (González de Requena Farré y Riveros Ferrada 2024). La atmósfera sociopolítica en el país expresa una pulsión conservadora, de la vuelta al orden y a la normalidad neoliberal.

Referencias

  1. “Adiós Plaza Baquedano: Google cambia el nombre del lugar a Plaza de la Dignidad”. 2019. El Mostrador, 11 de noviembre. https://www.elmostrador.cl/noticias/sin-editar/2019/11/11/adios-plaza-baquedano-google-cambia-el-nombre-del-lugar-a-plaza-de-la-dignidad/
  2. Alemán, Jorge. 2019. Capitalismo: crimen perfecto o emancipación. Barcelona: Ned.
  3. Alzueta-Galar, Igor. 2023a. “Estallido social en Chile: ¿hacia una revolución pasiva?”. Revista Izquierdas 52: 1-19. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=9220803
  4. Alzueta-Galar, Igor. 2023b. “Hegemonía y crisis de autoridad en Chile: retazos políticos del modelo ante el estallido de octubre de 2019”. Perfiles Latinoamericanos 31 (62): 1-26. https://perfilesla.flacso.edu.mx/index.php/perfilesla/article/view/1537
  5. Aniñir-Manríquez, Diego y Azun Candina Polomer. 2020. “Estallido social: elementos para una genealogía de las violencias”. Meridional: Revista Chilena de Estudios Latinoamericanos 14: 241-246. https://meridional.uchile.cl/index.php/MRD/article/view/57136/60686
  6. Aragüés, Juan Manuel. 2020. “Populismo: un concepto tóxico”. En Populismo y hegemonía: retos para la política emancipatoria, editado por José Enrique Ema y Emma Ingala, 85-94. Madrid: Lengua de Trapo.
  7. Arancibia Bustos, Álvaro. 2021. “¿Malestar de las ‘clases medias’ o lucha de clase?: aportes para una explicación del estallido social chileno”. Revista Izquierdas 50: 1-17. http://dx.doi.org/10.4067/s0718-50492024000100210
  8. Arditi, Benjamin. 2010. “Review Essay: Populism Is Hegemony Is Politics?: On Ernesto Laclau’s On Populist Reason”. Constellations 17 (3): 488-497. https://doi.org/10.1111/j.1467-8675.2010.00587.x
  9. Aslanidis, Paris. 2015. “Is Populism an Ideology?: A Refutation and a New Perspective”. Political Studies 64 (1): 88-104.https://doi.org/10.1111/1467-9248.12224
  10. Aslanidis, Paris. 2016. “Populist Social Movements of the Great Recession”. Mobilization: An International Quarterly 21 (3): 301-321. https://doi.org/10.17813/1086-671X-20-3-301
  11. Aslanidis, Paris. 2017. “Populism and Social Movements”. En The Oxford Handbook of Populism, editado por Cristóbal Rovira Kaltwasser, Paul Taggart, Paulina Ochoa Espejo y Pierre Ostiguy, 305-325. Oxford: Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/oxfordhb/9780198803560.013.23
  12. Aste Leiva, Bruno. 2020. “Estallido social en Chile: la persistencia de la Constitución neoliberal como problema”. DPCE Online 42 (1): 1-17. https://doi.org/10.57660/dpceonline.2020.885
  13. Bellolio, Cristóbal. 2020. “Populismo como democracia iliberal: una hipótesis sobre el estallido social chileno”. Revista de Sociología 35 (1): 43-55. https://revistadesociologia.uchile.cl/index.php/RDS/article/view/58106
  14. Bellolio, Cristóbal. 2022. El momento populista chileno. Santiago de Chile: Debate.
  15. Casullo, María Esperanza. 2019. ¿Por qué funciona el populismo?: el discurso que sabe construir explicaciones convincentes en un mundo en crisis. Buenos Aires: Siglo XXI.
  16. Collins, Jenniffer N. 2014. “New Left Experiences in Bolivia and Ecuador and the Challenge to Theories of Populism”. Journal of Latin American Studies 46 (1): 59-86. https://doi.org/10.1017/S0022216X13001569
  17. Cortés, Alexis. 2019. “La rebelión social como imaginación sociológica colectiva”. Cuadernos de Teoría Social 5 (10): 77-93. https://doi.org/10.32995/0719-64232019v5n10-88
  18. Deleuze, Gilles. 1987. La imagen-tiempo. Vol. 2 de Estudios sobre cine. Barcelona: Paidós Ibérica.
  19. Durán, Carlos y Gabriel Rojas. 2021. “El Partido Republicano chileno frente al ‘estallido social’: discurso político, identidad y antagonismo”. Revista Temas Sociológicos 29: 223-257. https://doi.org/10.29344/07196458.29.2957
  20. Ema, José Enrique y Emma Ingala. 2020. Introducción a Populismo y hegemonía: retos para la política emancipatoria, editado por José Enrique Ema y Emma Ingala, 11-18. Madrid: Lengua de Trapo.
  21. Equipo e Investigaciones de Editorial Tempestades. 2020. Rabia dulce de furiosos corazones: símbolos, íconos, rayados y otros elementos de la revuelta chilena. Santiago de Chile: Tempestades.
  22. Errejón, Íñigo y Chantal Mouffe. 2015. Construir pueblo: hegemonía y radicalización de la democracia. Barcelona: Icaria.
  23. Fernández, Patricio. 2020. Sobre la marcha: notas acerca del estallido social chileno. Santiago de Chile: Debate.
  24. Garcés, Mario. 2020. Estallido social y nueva constitución para Chile. Santiago de Chile: Lom.
  25. González de Requena Farré, Juan Antonio y Claudio Riveros Ferrada. 2024. “Discurso populista y ‘nueva derecha’: el Partido Republicano chileno”. Colombia Internacional 119: 65-90. https://doi.org/10.7440/colombiaint119.2024.03
  26. Gramsci, Antonio. 2009. La política y el Estado moderno. Madrid: Diario Público.
  27. Gramsci, Antonio. 2015. Antología: selección. Madrid: Akal.
  28. Guzmán, Jaime. 1979. “El camino político”. Revista Realidad 1 (7): 13-23. https://archivojaimeguzman.cl/index.php/revista-realidad-ano-1-n-7?sf_culture=es
  29. Hawkins, Kirk A. y Cristóbal Rovira Kaltwasser. 2017. “The Ideational Approach to Populism”. Latin American Research Review 52 (4): 513-528. https://doi.org/10.25222/larr.85
  30. Ingala-Gómez, Emma. 2020. “Política, ontología y psicoanálisis: sobre lo que no hay”. En Populismo y hegemonía: retos para la política emancipatoria, editado por José Enrique Ema y Emma Ingala, 143-158. Madrid: Lengua de Trapo.
  31. Jiménez-Yañez, César. 2020. “#Chiledespertó: causas del estallido social en Chile”. Revista Mexicana de Sociología 82 (4): 949-957. https://doi.org/10.22201/iis.01882503p.2020.4.59213
  32. Krastev, Ivan. 2007. “The Populist Moment”. Critique & Humanism 23: 103-108. https://www.eurozine.com/the-populist-moment/
  33. Laclau, Ernesto. 1978. Política e ideología en la teoría marxista: capitalismo, fascismo, populismo. Ciudad de México: Siglo XXI.
  34. Laclau, Ernesto. 1986. Política e ideología en la teoría marxista. Madrid: Siglo XXI.
  35. Laclau, Ernesto. 1987. “Populismo y transformación del imaginario político en América Latina”. Boletín de Estudios Latinoamericanos y del Caribe 42: 25-38. https://www.jstor.org/stable/25675327
  36. Laclau, Ernesto. 1996. “¿Por qué los significantes vacíos son importantes para la política?”. En Emancipación y diferencia, 69-86. Buenos Aires: Ariel.
  37. Laclau, Ernesto. 2005. La razón populista. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.
  38. Laclau, Ernesto. 2006. “Ideology and Post-Marxism”. Journal of Political Ideologies 11 (2): 103-114. https://doi.org/10.1080/13569310600687882
  39. Laclau, Ernesto. 2008. Debates y combates. Madrid: Fondo de Cultura Económica.
  40. Laclau, Ernesto y Chantal Mouffe. 1987. Hegemonía y estrategia socialista: hacia una radicalización de la democracia. Madrid: Siglo XXI.
  41. Laclau, Ernesto y Chantal Mouffe. 2000. “Posmarxismo sin pedir disculpas”. En Nuevas reflexiones sobre las revoluciones de nuestro tiempo, editado por Ernesto Laclau, 111-145. Tucumán: Nueva Visión.
  42. León, Gonzalo. 2020. La caída del jaguar: crónica del estallido social en Chile. Santiago de Chile: Hormigas Negras; La Calabaza del Diablo.
  43. Martí i Puig, Salvador y Alberto Martín-Álvarez. 2023. “Social Movements and Revolutions in Latin America: A Complex Relationship”. En The Oxford Handbook of Latin American Social Movements, editado por Federico Matías Rossi, 180-195. Oxford: Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/oxfordhb/9780190870362.001.0001
  44. Martuccelli, Danilo. 2022. El estallido social en clave latinoamericana: la formación de las clases popular-intermediarias. Santiago de Chile: Lom.
  45. Massey, Doreen. 2015. “Conversando sobre ‘el espacio’ con Ernesto Laclau”. En Debates y combates, vol. 2, editado por Ernesto Laclau, 7-19. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
  46. Mayol, Alberto. 2012. El derrumbe del modelo: la crisis de la economía de mercado en el Chile contemporáneo. Santiago de Chile: Lom.
  47. Mayol, Alberto. 2019. Big Bang: estallido social 2019. Modelo derrumbado, sociedad rota, política inútil. Santiago de Chile: Catalonia.
  48. Mazzolini, Samuele. 2020. “Populismo y hegemonía entre espacio y tiempo”. En Populismo y hegemonía: retos para la política emancipatoria, editado por José Enrique Ema y Emma Ingala, 21-36. Madrid: Lengua de Trapo.
  49. Merlin, Nora. 2015. “La demanda populista y el líder”. Studia Politicæ 31: 41-52. https://revistas.bibdigital.uccor.edu.ar/index.php/SP/article/view/602
  50. Montes, Rocío. 2019. “La ONU denuncia ‘violaciones graves de los derechos humanos’ durante el estallido social en Chile”. América, 13 de diciembre. https://elpais.com/internacional/2019/12/13/america/1576242860_199468.html
  51. Montesinos, Elisa. 2019. “Entrevista a un capucha: ‘En la primera línea damos la cara contra la yuta’”. El Desconcierto, 7 de diciembre. https://eldesconcierto.cl/2019/12/07/entrevista-a-un-capucha-en-la-primera-linea-damos-la-cara-contra-la-yuta
  52. Morales Quiroga, Mauricio. 2020. “Estallido social en Chile 2019: participación, representación, confianza institucional y escándalos públicos”. Análisis Político 33 (98): 3-25. https://doi.org/10.15446/anpol.v33n98.89407
  53. Mouffe, Chantal. 1991. “Hegemonía e ideología en Gramsci”. En Gramsci y la realidad colombiana, editado por Hernán Suárez, 167-227. Bogotá: Foro Nacional por Colombia.
  54. Mouffe, Chantal. 2007. En torno a lo político. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
  55. Mouffe, Chantal. 2019. Por un populismo de izquierda. Buenos Aires: Siglo XXI.
  56. Mouffe, Chantal. 2023. El poder de los afectos en la política: hacia una revolución democrática y verde. Buenos Aires: Siglo XXI.
  57. Mouffe, Chantal y Mauro Basaure. 2015. “Democracia radical y antagonismo: entrevista a Chantal Mouffe”. Pléyade 16: 261-276. https://www.revistapleyade.cl/index.php/OJS/article/view/141
  58. Mudde, Cas. 2004. “The Populist Zeitgeist”. Government and Opposition 39 (4): 541-563. https://doi.org/10.1111/j.1477-7053.2004.00135.x
  59. Mudde, Cas y Cristóbal Rovira Kaltwasser. 2017. Populism: A Very Short Introduction. Oxford: Oxford University Press.
  60. Murphy, Edward. 2024. “Capacious and Territorial: The Left and the Course of the Social Revolt in Chile”. Critical Historical Studies 11 (1): 121-155. https://doi.org/10.1086/729381
  61. Nadal, Lluis de. 2020. “On Populism and Social Movements: From the Indignados to Podemos”. Social Movement Studies 20 (1): 36-56. https://doi.org/10.1080/14742837.2020.1722626
  62. Ostiguy, Pierre. 2022. “Ni ‘pueblo’ ni ‘élites’: otro diagnóstico del estallido social al rechazo”. Ciper Chile, 30 de septiembre. https://www.ciperchile.cl/2022/09/30/ni-pueblo-ni-elites-otro-diagnostico-del-estallido-social-al-rechazo/
  63. Padoan, Enrico. 2024. “¿Chile Despertó? Politics and Anti-Politics Contemporary Chile”. En Latin America at a Glance: Recent Political and Electoral Trends, editado por Samuele Mazzolini, 37-59. Milán: EDUCatt Università Cattolica.
  64. Palacios-Valladares, Indira. 2020. “Chile’s 2019 October Protests and the Student Movement: Eventful Mobilization?”. Revista de Ciencia Política 40 (2): 215-234. https://www.scielo.cl/pdf/revcipol/v40n2/0718-090X-revcipol-S0718-090X2020005000106.pdf
  65. Panizza, Francisco. 2009. El populismo como espejo de la democracia. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.
  66. Pleyers, Geoffrey. 2018. Movimientos sociales en el siglo XXI. Buenos Aires: Clacso.
  67. “Presidente Piñera: Chile es un verdadero oasis en una América Latina convulsionada”. 2019. Cooperativa, 9 de octubre. https://cooperativa.cl/noticias/pais/sebastian-pinera/presidente-pinera-chile-es-un-verdadero-oasis-en-una-america-latina/2019-10-09/063956.html
  68. Retamozo, Martín. 2017a. “La teoría del populismo de Ernesto Laclau: una introducción”. Estudios Políticos 41: 157-184. https://doi.org/10.1016/j.espol.2017.02.002
  69. Retamozo, Martín. 2017b. “La teoría política del populismo: usos y controversias en América Latina en la perspectiva posfundacional”. Latinoamérica: Revista de Estudios Latinoamericanos 64: 125-151. https://doi.org/10.22201/cialc.24486914e.2017.64.56836
  70. Retamozo, Martín. 2018. “Posmarxismo: entre el populismo y lo nacional popular en América Latina”. Religación 3 (12): 16-40. http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.9276/pr.9276.pdf
  71. Retamozo, Martín. 2021. “Marxismo y posmarxismo en Ernesto Laclau: hacia una teoría política posfundacional”. Colombia Internacional 108: 111-146. https://doi.org/10.7440/colombiaint108.2021.06
  72. Ríos Rivera, Ingrid, Sebastián Umpierrez de Reguero y Diana Vallejo Robalino. 2020. “¿Acción política populista en movimiento?: las demandas sociales de la Conaie y las feministas en Ecuador (2007-2019)”. Análisis Político 33 (98): 85-106. https://doi.org/10.15446/anpol.v33n98.89411
  73. Rivera-Soto, José. 2024. “Gubernamentalidad neoliberal: hegemonía y espacio público en el ‘despertar de Chile’”. Temas Sociales 55: 195-222. https://doi.org/10.53287/hvjx9286js11k
  74. Riveros, Claudio. 2015. “El populismo como dimensión y lógica de la política: propuestas, alcances y límites de la teoría populista de Laclau”. Pleyade 16: 165-189. https://revistapleyade.cl/index.php/OJS/article/view/137
  75. Roberts, Kenneth. 2008. “El resurgimiento del populismo latinoamericano”. En El retorno del pueblo: populismo y nuevas democracias en América Latina, editado por Carlos de la Torre y Enrique Peruzotti, 55-76. Quito: Flacso.
  76. Ruiz, Carlos. 2020. Octubre chileno: la irrupción de un nuevo pueblo. Santiago de Chile: Taurus.
  77. Sanhueza, Juan Pablo. 2024. “La negación del pueblo”. En El viacrucis constitucional chileno: de la revuelta popular a la venganza de las élites, editado por Nicol A. Barria-Asenjo, Juan Pablo Sanhueza, Jamadier Uribe Muñoz, Roberto Lobos y Francisco Vergara, 94-100. Santiago de Chile: El Ciudadano. https://www.elciudadano.com/wp-content/uploads/2023/12/libro-viacrucis-pliegos-final.pdf
  78. Schmitt, Carl. 2009. El concepto de lo político. Madrid: Alianza.
  79. Selamé, Nicolás. 2022. “Masivo y antielitario: el estallido social chileno como momento populista”. Revista Stultifera 5 (2): 241-264. https://doi.org/10.4206/rev.stultifera.2022.v5n2-10
  80. “La semana en que la evasión al metro se volvió masiva”. 2019. El Desconcierto, 17 de octubre. https://eldesconcierto.cl/2019/10/17/la-semana-en-que-la-evasion-al-metro-se-volvio-masiva
  81. Stanley, Ben. 2008. “The Thin Ideology of Populism”. Journal of Political Ideologies 13 (1): 95-110. https://doi.org/10.1080/13569310701822289
  82. Torre, Carlos de la. 2008. “Populismo, ciudadanía y Estado de derecho”. En El retorno del pueblo: populismo y nuevas democracias en América Latina, editado por Carlos de la Torre y Enrique Peruzotti, 23-54. Quito: Flacso.
  83. Urbinati, Nadia. 2019. Me the People: How Populism Transforms Democracy. Cambridge: Harvard University Press.
  84. Vallés, Miguel S. 2002. Entrevistas cualitativas. Cuadernos Metodológicos n.º 32. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas.
  85. Weyland, Kurt. 1996. “Neopopulism and Neoliberalism in Latin America: Unexpected Affinities”. Studies in Comparative International Development 31: 3-31. https://doi.org/10.1007/BF02738987
  86. Weyland, Kurt. 2012. “Populism in the Age of Neoliberalism”. En Populism in Latin America, editado por Michael Conniff, 201-222. Tuscaloosa: University of Alabama Press.
  87. Weyland, Kurt. 2018. Reseña de The Global Rise of Populism: Performance, Political Style, and Representation. Party Politics 24 (4): 467-468. https://doi.org/10.1177/1354068818768967
  88. Weyland, Kurt. 2021. “Populism as a Political Strategy: An Approach’s Enduring — and Increasing — Advantages”. Political Studies 69 (2): 185-189. https://doi.org/10.1177/00323217211002669
  89. Zarzuri, Raúl y Karla Henríquez. 2022. “Primera línea: accionar desde el cuerpo, encuentros, persistencias y contraviolencias en el espacio público”. En Violencias y contraviolencias: vivencias y reflexiones sobre la revuelta de octubre en Chile, editado por Raúl Zarzuri C., 59-80. Santiago de Chile: Lom.


  1. 1 Las entrevistas están disponibles y pueden ser solicitadas a través del correo electrónico de contacto.

  2. 2 Véanse Arditi (2010), Aslanidis (2015), Torre (2008), Krastev (2007), Laclau (1996 y 2005), Laclau y Mouffe (1987), Mouffe (2019), Mudde (2004), Mudde y Rovira Kaltwasser (2017), Panizza (2009) y Urbinati (2019).

  3. 3 Retamozo (2017a, 164), en otros términos, afirma que se trata de “una teoría que busca subvertir la dicotomía subjetivo/objetivo, para concebir que toda articulación de elementos organiza relaciones sociales”.

  4. 4 Laclau afirma que el momento de corte es “el momento antagónico en cuanto tal” (Laclau 2005, 111).

  5. 5 Laclau y Mouffe (1987, 176) llaman articulación “a toda práctica que establece una relación tal entre los elementos que la identidad de estos resulta modificada como resultado de esa práctica”.

  6. 6 Por equivalencia, Laclau y Mouffe (1987, 218) entienden la creación de “un sentido segundo que, a la vez que es parasitario del primero, lo subvierte: las diferencias se anulan en la medida en que son usadas para expresar algo idéntico que subyace a todas ellas”.

  7. 7 La importancia de estos significantes privilegiados reside en la capacidad de contener en torno a ellos las esperanzas y anhelos dispersos.

  8. 8 Laclau (2005, 130) plantea que “en esta manera casi imperceptible la lógica de la equivalencia conduce a la singularidad, y esta a la identificación de la unidad del grupo con el nombre del líder”.

  9. 9 Por democracia radical, Mouffe y Basaure (2015) comprenden un proyecto que se opone al “jacobino”.

  10. 10 La guerra de movimientos o revolución con momento jacobino equivale a la asunción del poder utilizada por la Revolución francesa de 1789 o la rusa de 1917. La guerra de posiciones es equiparada a la hegemonía por Gramsci (2015), atendiendo al desarrollo de los Estados occidentales, más desarrollados.


Igor Alzueta-Galar es doctor en Derecho y Ciencia Política por la Universidad de Barcelona (España). Máster en Intervención con Individuos, Familias y Grupos por la Universidad Pública de Navarra (España) y trabajador social por la misma universidad. Profesor ayudante doctor del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra (España). Sus investigaciones tratan sobre la teoría del Estado y el poder gramsciana, el trabajo social crítico y marxismos latinoamericanos. Últimas publicaciones: “Hegemonía y crisis de autoridad en Chile: retazos políticos del modelo ante el estallido de octubre de 2019”, Revista Perfiles Latinoamericanos 31 (62): 1-26, 2025, https://doi.org/10.18504/pl3162-007-2023; y “Catarsis: un concepto necesario para el trabajo social”, en Gramsci y la filosofía de la praxis: aportes para un proyecto ético político del trabajo social, editado por Luis Alberto Vivero Arriagada, 135-166 (Buenos Aires: Clacso, 2023). * igor.alzueta@gmail.comhttps://orcid.org/0000-0001-7246-8970