
La estabilidad institucional resiliente como estrategia: un análisis del poder desde los discursos presidenciales en Chile (1921-2024)*
Universidad de Santiago de Chile (Chile)
Universidad de Santiago de Chile (Chile)
RECIBIDO: 29 de agosto de 2025
ACEPTADO: 24 de febrero de 2026
MODIFICADO: 13 de abril de 2026
https://doi.org/10.7440/colombiaint126.2026.04
Resumen: Objetivo/contexto: Chile es un país en el que la Presidencia de la República desempeña un papel clave en el sistema político. Examinamos el rol presidencial en contextos de crisis o de estabilidad, a partir del análisis de sus discursos ante el Congreso entre 1921 y 2024. Metodología: Desde una perspectiva interdisciplinaria que articula la lingüística sistémico-funcional y el institucionalismo discursivo, se identifican patrones discursivos y una tipología de estrategias discursivas en dichos contextos. A partir del estudio de 104 discursos presidenciales, mediante una estrategia metodológica mixta que combina el análisis cualitativo del discurso y la sistematización del corpus, se aplica un modelo de elaboración propia que integra dimensiones lingüísticas y sociopolíticas para examinar el rol presidencial frente a contextos de estabilidad y crisis. Conclusiones: El análisis revela tres estrategias recurrentes, asociadas al tipo de presidencia (continuista o reformista) y al uso de habilidades discursivas (heredadas o de vanguardia). Se concluye que la estabilidad institucional resiliente opera como una estrategia discursiva predominante, por encima de la ruptura, en la configuración simbólica del poder presidencial. Originalidad: el estudio aporta una perspectiva innovadora al analizar, en el caso de Chile, longitudinalmente a lo largo de un siglo, cómo las ideas y patrones discursivos presentes en los discursos presidenciales, además de reflejar su rol en contextos de crisis o de estabilidad, contribuyen a reproducir o reinterpretar el orden institucional. Esto es un aporte tanto para los estudios del discurso como para los de los regímenes presidenciales.
Palabras clave: Discurso presidencial; institucionalismo discursivo; estabilidad institucional; poder presidencial; Chile.
Resilient Institutional Stability as a Strategy: An Analysis of Power Based on Presidential Speeches in Chile (1921–2024)
Abstract: Objective/Context: Chile is a country in which the Presidency of the Republic plays a central role in the political system. We examine the presidential role in contexts of crisis and stability, based on an analysis of presidential speeches delivered before Congress between 1921 and 2024. Methodology: From an interdisciplinary perspective that combines systemic functional linguistics and discursive institutionalism, we identify discursive patterns and develop a typology of discursive strategies in these contexts. Based on a corpus of 104 presidential speeches and using a mixed-methods approach that combines qualitative discourse analysis with corpus systematization, we apply a model developed specifically for this study, integrating linguistic and sociopolitical dimensions to examine the presidential role in contexts of stability and crisis. Conclusions: The analysis reveals three recurring strategies, associated with the type of presidency (continuist or reformist) and the use of discursive skills (inherited or vanguard). It concludes that resilient institutional stability functions as a predominant discursive strategy, prevailing over rupture, in the symbolic configuration of presidential power. Originality: The study offers an innovative perspective by analyzing, in the Chilean case over a century, how the ideas and discursive patterns present in presidential speeches not only reflect their role in contexts of crisis or stability but also contribute to reproducing or reinterpreting the institutional order. It is a contribution to both discourse studies and the literature on presidential regimes.
KEYWORDS: presidential speeches; discursive institutionalism; institutional stability; presidential power; Chile.
A estabilidade institucional resiliente como estratégia: análise do poder sob a perspectiva dos discursos presidenciais no Chile (1921-2024)
RESUMO: Objetivo/contexto: O Chile é um país onde a Presidência da República desempenha um papel fundamental no sistema político. Examinamos o papel presidencial em contextos de crise ou estabilidade, com base na análise de seus discursos perante o Congresso entre 1921 e 2024. Metodologia: A partir de uma perspectiva interdisciplinar que articula a linguística sistêmico-funcional e o institucionalismo discursivo, são identificados padrões discursivos e uma tipologia de estratégias discursivas nesses contextos. Com base no estudo de 104 discursos presidenciais, por meio de uma abordagem metodológica mista que articula a análise qualitativa do discurso e a sistematização do corpus, aplica-se um modelo de elaboração própria que integra dimensões linguísticas e sociopolíticas para analisar o papel presidencial em contextos de estabilidade e crise. Conclusões: A análise revela três estratégias recorrentes, associadas ao tipo de presidência (continuísta ou reformista) e ao uso de habilidades discursivas (herdadas ou vanguardistas). Conclui-se que a estabilidade institucional resiliente opera como uma estratégia discursiva predominante, em detrimento da ruptura, na configuração simbólica do poder presidencial. Originalidade: O estudo oferece uma perspectiva inovadora ao analisar, no caso do Chile, ao longo de um século, como as ideias e os padrões discursivos presentes nos discursos presidenciais, além de refletir seu papel em contextos de crise ou estabilidade, contribuem para a reprodução ou reinterpretação da ordem institucional. Isso é uma contribuição tanto para os estudos do discurso quanto para os dos regimes presidenciais.
PALAVRAS-CHAVE: discurso presidencial; institucionalismo discursivo; estabilidade institucional; poder presidencial; Chile.
Introducción
La estabilidad institucional de la democracia chilena ha sido un aspecto destacado en los estudios sobre sistemas políticos, tanto en América Latina como a nivel global (Valenzuela y Valenzuela 1983). El sistema democrático se ha sostenido en instituciones estables y arraigadas, especialmente en el sistema de partidos, que desde fines del siglo XIX ha mediado entre actores tradicionales y emergentes, destacándose por su alto grado de institucionalización (Luna y Altman 2011). Esto, junto con la estabilidad de los procesos electorales y la inclusión gradual de nuevos actores sociales, ha sido fuente de legitimidad del desarrollo político y social.
A fines del siglo XIX se instauró un sistema de resolución de controversias validado por los principales actores políticos, con autoridades electas mediante mecanismos consensuados, lo que favoreció la consolidación de ciclos democráticos dentro de un constitucionalismo liberal y de un poder centralizado (Palanza 2022; Valenzuela y Valenzuela 1983). Sin embargo, este patrón de estabilidad política no estuvo exento de crisis fundamentales y recurrentes (Valenzuela 1989).
El diseño institucional consolidado en la Constitución Política de 1925 concentró el poder en una figura fuerte, la Presidencia de la República, y, en lo territorial, en un Estado unitario. En esta arquitectura institucional, la Presidencia de la República es el eje principal del sistema político, con el Congreso Nacional como espacio de deliberación política pluralista, que constituye el principal contrapeso al poder presidencial.
Al igual que otros países latinoamericanos, Chile adoptó un régimen presidencial que combinó la tradición colonial de autoridad fuerte y centralizada (Góngora 2010) y la influencia del presidencialismo norteamericano (Garcé 2018; Negretto 2018), en un contexto de un sistema multipartidista y con tendencia a la fragmentación.
El poder presidencial se afianzó y profundizó mediante las constituciones políticas de 1925 y 1980 (Eyzaguirre et al. 2022; Figueroa 2020; Palanza 2002; Siavelis 2010; Valenzuela 1989). Así, la figura presidencial se definió por la capacidad de articular las fuerzas políticas, la iniciativa legislativa y la discrecionalidad en el nombramiento de autoridades del poder ejecutivo, tanto a nivel nacional como subnacional, entre otras atribuciones.
El presidencialismo chileno ha sido ampliamente estudiado, fundamentalmente desde una perspectiva institucional (Eyzaguirre et al. 2022; Heiss 2022; Martínez 2022; Siavelis 2010). Estos análisis se han desarrollado tanto desde enfoques institucionalistas como desde aproximaciones críticas al sistema político chileno, incluyendo trabajos que examinan las transformaciones del orden institucional y las dinámicas del poder político en distintos periodos históricos (Hunneus 2014, 2016; Moulián 1997). Sin embargo, son escasos los análisis longitudinales sobre el poder presidencial, con excepciones como el de Arellano et al. (2025).
Desde los estudios discursivos, también existe un déficit en el análisis del presidencialismo chileno y de su rol en los contextos políticos de los siglos XX y XXI. En este campo, el institucionalismo discursivo ofrece un marco analítico para examinar el papel de las ideas y el discurso en la configuración del poder político (Schmidt 2008).
Nuestro estudio aporta una perspectiva innovadora al analizar cómo las ideas y patrones discursivos de los presidentes, además de reflejar su rol en contextos de crisis o de estabilidad1, contribuyen a la reproducción o a la reinterpretación del orden institucional. En este estudio, entendemos por estabilidad institucional resiliente una estrategia discursiva que no implica inmovilismo, sino la construcción de una narrativa de continuidad institucional capaz de adaptarse a contextos de crisis fundamentales o recurrentes, sin abandonar el marco simbólico del orden republicano.
El estudio adopta una estrategia metodológica mixta que combina una exploración cuantitativa preliminar del corpus con un análisis cualitativo e interpretativo de fragmentos seleccionados, articulando la lingüística sistémico-funcional (Martin 1992), específicamente el sistema de actitudes (Martin y White 2005; Oteíza 2009), con los fundamentos del institucionalismo discursivo, a través de la noción de habilidades discursivas heredadas o vanguardistas (Carstensen y Schmidt 2016; Schmidt 2008). Con este enfoque, estudiamos los patrones discursivos presentes en las estrategias de los contextos de crisis y de estabilidad, las habilidades discursivas de las presidencias y su potencial incidencia en la configuración simbólica del sistema político.
Considerando estas características de la arquitectura institucional, nos preguntamos: ¿cómo se expresa discursivamente el rol presidencial en contextos de crisis o de estabilidad? Para responder a esta pregunta, indagamos, dado el rol predominante de la figura presidencial en Chile, cómo en los discursos presidenciales determinadas ideas se expresan y articulan discursivamente en políticas, programas y filosofías de gobierno (Schmidt 2008), y qué interpretaciones sobre el desarrollo político del país proyectan dichos discursos.
A su vez, para responder a las preguntas planteadas anteriormente, identificamos las principales crisis políticas (fundamentales y recurrentes) entre 1921 y 2024; analizamos los patrones discursivos asociados al rol presidencial en contextos de crisis o de estabilidad; y examinamos cómo dichos patrones reflejan las ideas que sustentan políticas, programas y filosofías de gobierno (Schmidt 2008).
La investigación se centra en el rol de la Presidencia, ya sea continuista o reformista (Eyzaguirre et al. 2022), y en sus habilidades discursivas, heredadas o de vanguardia (Schmidt 2008). El corpus analizado corresponde a 104 discursos presidenciales ante el Congreso Pleno2 (en adelante, DPC), entre 1921 y 2024, periodo que abarca los ciclos de desarrollo, quiebre y recuperación de la democracia en Chile. Aunque el periodo incluye el régimen militar (1973-1990), en el cual el Congreso Nacional no funcionó como órgano deliberativo, los discursos presidenciales siguen siendo considerados actos políticos relevantes para la legitimación del poder y la articulación del orden institucional. Buscamos identificar cómo varió el rol presidencial ante las principales crisis sociales y políticas.
En la siguiente sección presentamos el marco teórico basado en la revisión de la literatura académica pertinente. Posteriormente, desarrollamos el apartado metodológico explicando la estrategia analítica. Luego, en la sección de resultados, presentamos las características del rol presidencial, tanto en tiempos de crisis como en tiempos de estabilidad, y las ideas asociadas a los tipos de rol señalados, para finalmente identificar tipologías de estrategias discursivas presidenciales. Por último, presentamos las conclusiones y las proyecciones del estudio.
La discusión sobre el régimen político en Chile se ha abordado desde el derecho comparado (Meléndez 2019) y el neoinstitucionalismo (Eyzaguirre et al. 2022; Heiss 2022; Linz y Valenzuela 1994; Martínez 2022). El debate se enmarca en las ventajas y desventajas del presidencialismo y del parlamentarismo, uno de los temas centrales de la ciencia política comparada. Ambos regímenes difieren en la fuente de legitimidad de su mandato, en la rigidez o flexibilidad de la duración del periodo de su representación y en la discrecionalidad en el nombramiento de autoridades de gobierno (Linz 1990; Nohlen 1991; Shugart y Carey 1992). Así, diversos autores vinculan estas características con la estabilidad o la inestabilidad del sistema político.
Entre las críticas al presidencialismo, destacamos la dificultad de enfrentar institucionalmente las crisis políticas debido a la rigidez del mandato presidencial, lo que puede asociarse a rupturas institucionales (Valenzuela 1989) y a la conflictiva relación entre el presidente y el Congreso en contextos de sistemas de partidos multipartidistas fragmentados y con tendencia a la polarización, lo que puede generar un sistema político bloqueado, incapaz de procesar las demandas de los ciudadanos (Eyzaguirre et al. 2022). Quienes defienden el presidencialismo resaltan la tradición de una figura fuerte y centralizada que lidera los destinos nacionales y matizan, además, la concentración real de poder en el presidente, dada la amplia representación de los partidos políticos en el Congreso Nacional (Fontaine 2021; Martínez 2022).
Como puede observarse, el poder presidencial es el elemento clave del sistema político chileno. Entendemos por sistema político “cualquier conjunto de instituciones, de grupos y de procesos políticos caracterizados por un cierto grado de interdependencia recíproca” (Urbani 2007, 1464). En esta misma línea, David Easton aporta un nuevo enfoque teórico para el análisis de la vida política, al incorporar el análisis sistémico y la perspectiva del estudio de la conducta política, interpretándola como un sistema conceptualmente distinto de los demás sistemas sociales e identificando las interacciones como las unidades básicas de análisis. “El sistema político es, repitámoslo, el sistema de conducta más inclusivo de una sociedad para la asignación autoritaria de valores”, diferenciando el rol político de los roles económicos, religiosos o de otros ámbitos sociales (Easton 2012, 88).
En este trabajo se adopta una perspectiva analítica sistémica, que enfatiza la relación entre instituciones políticas y actores políticos como marco interpretativo central (Easton 2012). Sostenemos que, en Chile, mientras el sistema de partidos políticos se ha mantenido institucionalizado, el presidencialismo ha fluido con mayor regularidad, permitiendo largos ciclos de estabilidad (Jordán y Figueroa 2017; Luna y Altman 2011; Siavelis 2010).
Para analizar el rol de los presidentes a través de sus discursos en contextos de estabilidad y crisis, hemos puesto especial énfasis en la Presidencia de la República como institución, observándola desde el enfoque institucionalista de la ciencia política. Este enfoque ha identificado las instituciones con la estabilidad, entendiendo la estabilidad no necesariamente como ausencia de cambio, sino como persistencia y adaptabilidad a las diversas tensiones. De hecho, los primeros estudios de la tradición institucionalista asumieron como un hecho la estabilidad de las instituciones, constituyéndolas como una variable independiente en diversos estudios de la política, y se tiende a pensar en las instituciones como fuerzas causales que mueven los procesos en diversas direcciones (Hall y Taylor 1996).
Con el tiempo, estos estudios incorporaron la cuestión del cambio institucional (Thelen y Conran 2016). El institucionalismo de enfoque de elección racional se centra en analizar las instituciones como un equilibrio. Thelen y Conran, citando a Kenneth Shepsle, definen las instituciones como lo “que se establece entre el individuo como conjunto de gustos y las alternativas que componen las opciones sociales disponibles”, y en esta función producen un equilibrio inducido por la estructura (Thelen y Conran 2016, 52).
El institucionalismo histórico, en cambio, lo explica como un “equilibrio puntuado”, las instituciones surgen en determinados contextos históricos y luego generan estructura y estabilidad (Thelen y Conran 2016). La estabilidad alude a la persistencia y a la resistencia al cambio de las instituciones a lo largo del tiempo, y a cómo dicha persistencia influye en el comportamiento de los actores políticos y en los resultados políticos.
Dado que las instituciones pueden ser tanto formales como informales, la estabilidad se expresa en la persistencia de las reglas del juego y en la capacidad de las instituciones para adaptarse y mantener su coherencia frente a diversas tensiones del sistema político, como resultado de la solidez de las reglas y de los incentivos que generan para los actores políticos, a pesar de las tensiones tanto internas como externas. Estas tensiones se han definido como “coyunturas críticas” (Thelen y Conran 2016) o como crisis que tensionan la estabilidad institucional. Para Thelen, el cambio es un elemento propio de la estabilidad institucional, lo que introduce el concepto de “cambio gradual” (Mahoney y Thelen 2009).
Dado el objetivo de la investigación, resulta central el concepto de crisis. Hoy, esta noción se repite en los medios y en el debate público, aunque carece de consenso y suele asociarse a transformaciones económicas y sociales que afectan la legitimidad del sistema (Blanco y Günther 2019; Cantillana Peña et al. 2017; Castaldo 2018; Figueroa et al. 2021; Koselleck 2012; Olavarría 2025; Sanahuja 2019). Históricamente, la noción de crisis aludía a decisiones irrevocables que afectaban la vida individual y colectiva e incorporaba una dimensión temporal de urgencia (Koselleck 2012). Con el tiempo, abarcó distintas dimensiones de la vida social: política, psicológica, económica e histórica.
Para esta investigación, entendemos la crisis como un momento caracterizado por la instantaneidad, la impredecibilidad y una duración limitada, que tensiona el sistema político (Koselleck 2012; Urbani 2007). Así, la fuerza y la calidad de las instituciones se evalúan en función de su capacidad para enfrentar las crisis (Thelen y Conran 2016). Desde esta perspectiva, la estabilidad institucional no implica necesariamente inmovilidad, sino la capacidad de las instituciones para adaptarse a contextos de tensión sin perder continuidad. Esta perspectiva permite comprender cómo, en contextos de crisis, los actores políticos pueden recurrir a narrativas que enfatizan la continuidad institucional como forma de sostener la legitimidad del sistema político.
El sistema político chileno del siglo XX se caracterizó por su estabilidad y por la construcción gradual de una democracia liberal, pero enfrentó crisis de naturalezas y profundidades diversas, cuya iteración ha dado forma a distintos ciclos de desarrollo político. Si bien Valenzuela y Valenzuela (1983) identifican breves crisis en 1851, 1859, 1891, 1924-1925 y 1931-1932, durante el periodo comprendido entre 1921 y 2024 hemos considerado catorce crisis, siguiendo la distinción de Valenzuela (1989) entre crisis fundamentales y recurrentes. En términos operacionales, entendemos por crisis fundamentales aquellos episodios que ponen en cuestión la continuidad del régimen político o generan transformaciones institucionales profundas, mientras que las crisis recurrentes corresponden a conflictos políticos o sociales significativos que tensionan el sistema político sin alterar sus reglas básicas.
En este marco, identificamos dos crisis fundamentales: la correspondiente a 1924-1925 y el quiebre democrático en 1973, y doce crisis recurrentes (tabla 1), en las cuales los presidentes se han visto compelidos a desempeñar un rol. Es importante resaltar que las crisis consideradas presentan diversas características; pueden ser de naturaleza político-institucional, socioeconómica o socioestatal. En el caso de este trabajo, nos centramos en cómo pueden incidir en el discurso presidencial y cómo este las procesa simbólicamente, más que en su naturaleza.
En el caso del quiebre democrático de 1973, seguimos la interpretación de Valenzuela (1989), quien lo entiende como el resultado de un proceso complejo, caracterizado por la polarización política, el debilitamiento de las fuerzas moderadas, la politización de instituciones clave y la incapacidad de la clase política para gestionar el conflicto, factores que finalmente condujeron a la ruptura institucional.
Tabla 1. Crisis del sistema político chileno, 1921-2024.
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Año |
Crisis |
Tipo de crisis |
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1924-1925 |
Golpe de Estado |
Fundamental |
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1931 |
Consecuencias de la crisis de 1929 y salida de Ibáñez |
Recurrente |
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1946 |
Crisis presidencial y ola de huelgas comunistas (asesinato Ramona Parra) |
Recurrente |
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1949 |
Ley Maldita, Revolución de la chaucha |
Recurrente |
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1972 |
Agudización de la crisis política y económica de la Unidad Popular |
Recurrente |
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1973 |
Golpe de Estado y reorganización nacional |
Fundamental |
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1983 |
Crisis económica, reorganización económica, crisis de la deuda latinoamericana |
Recurrente |
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1988 |
Decadencia y término del régimen militar |
Recurrente |
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1998 |
Crisis económica de 1998-1999 y sobreproducción del cobre |
Recurrente |
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2010 |
Terremoto y gestión gubernamental de la crisis |
Recurrente |
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2011 |
Movilizaciones estudiantiles de 2011 |
Recurrente |
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2015 |
Crisis por financiamiento irregular de campañas políticas y caso Caval |
Recurrente |
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2018 |
Manifestaciones feministas |
Recurrente |
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2019 |
Estallido social |
Recurrente |
Fuente: construcción propia con base en Figueroa 2023; Valenzuela 1989; Valenzuela y Valenzuela 1983.
Un ejemplo de estabilidad es el periodo 1932-1973. Tras la crisis fundamental de 1924-1925, originada por las presiones de los militares sobre el Congreso para implementar reformas de índole social exigidas por los grupos medios de la sociedad, se promulgó la Constitución de 1925, que entró en vigencia en 1932. Este fue el marco jurídico constitucional que sustentó un periodo de estabilidad, no sin contratiempos. Además, los presidentes del periodo desempeñaron un papel muy importante al abordar las crisis propias del desarrollo social (Valenzuela y Valenzuela 1983).
Dependiendo del contexto y del perfil de los líderes que ocuparon el sillón presidencial, cada uno dejó una impronta y un impulso en el proceso político. El golpe de Estado de 1973 produjo un quiebre en la democracia chilena, lo que se configuró como la segunda crisis fundamental del sistema político (Valenzuela 1989). El régimen autoritario, constituido inicialmente en una Junta de Gobierno Militar, tuvo la ambición de generar una transformación mayor de la sociedad chilena por la vía autoritaria, y Augusto Pinochet, líder de la Junta Militar, buscó investirse como presidente de la República, lo que se concretó en 1974 mediante el Decreto Ley 5273.
Sin respaldo democrático, Augusto Pinochet gobernó como presidente de facto. El régimen militar se caracterizó como un Estado burocrático autoritario (O’Donnell 1996)4, uno de los principales artefactos de su modelo institucional fue la Constitución Política de 1980, la cual consideró un mecanismo plebiscitario para dar continuidad al régimen. En 1988, mediante el plebiscito considerado para la continuidad, la ciudadanía y una oposición política organizada pusieron fin al periodo autoritario, dando los primeros pasos hacia una transición a la democracia. La transición pactada dio paso a una “democracia tutelada” (Godoy Arcaya 2003). Con las elecciones de 1989, bajo la Constitución de 1980, que otorgaba importantes facultades presidenciales (MacLean 2018), se inició el ciclo democrático, caracterizado por una Constitución Política reformada en materia de procedimientos electorales y por la voluntad de las fuerzas políticas de legitimar los procedimientos democráticos. Desde entonces hasta la actualidad, se han elegido ocho nuevos gobiernos con un apego irrestricto a la norma democrática.
Con base en lo anteriormente expuesto, identificamos los siguientes ciclos políticos en Chile entre 1921 y 2024: a) desarrollo democrático (1921-1973); b) quiebre democrático y autoritarismo (1973-1989); c) transición y consolidación democrática (1990-actualidad).
Dado el propósito de esta investigación, centrado en examinar el rol de los presidentes de la República de Chile en contextos de estabilidad o de crisis, empleamos la distinción de Eyzaguirre et al. (2022) entre gobiernos continuistas y reformistas. Se entiende por un gobierno de carácter continuista “aquel que no busca realizar cambios políticos, sociales o económicos relevantes” (Eyzaguirre et al. 2022, 28), es decir, uno que limitaría sus políticas, programas y filosofías a gestionar el statu quo, manteniendo las estructuras y políticas existentes, mientras que un gobierno reformista es “aquel que tiene por fin realizar cambios políticos, sociales o económicos relevantes, buscando ampliar las libertades individuales, la universalización de los derechos sociales, la profundización democrática y la búsqueda de una economía redistributiva” (Eyzaguirre et al. 2022, 28), es decir, buscaría modificar profundamente el sistema, las instituciones o el modelo de desarrollo mediante sus políticas, programas y filosofías. Por tanto, el rol de las presidencias puede ser continuista o reformista.
Nuestro estudio asume la importancia del lenguaje en la constitución de la sociedad, articulado en discursos que representan prácticas sociales, imponen orden y dan sentido a los eventos y acciones de la vida (Fairclough 1992; Riessman 2005). De allí el interés en la presidencia como institución clave del orden social, y en particular en los DPC, como actos políticos que permiten comprender el rol presidencial en contextos de crisis o de estabilidad, al dar cuenta de las políticas, programas y filosofías de gobierno. Su análisis permite observar la construcción ideacional del poder y la negociación pública de la institucionalidad, de las crisis y de la legitimidad.
Desde esta perspectiva, los roles institucionales también pueden entenderse como construcciones discursivas. Como plantean Hanitzsch y Vos (2017), los roles profesionales no se reducen a funciones normativas predefinidas, sino que constituyen discursos compartidos sobre la identidad y el lugar de una institución en la sociedad, negociados en un campo discursivo en el que distintos actores disputan su significado y legitimidad. Desde esta perspectiva, el rol presidencial no puede entenderse únicamente como un conjunto de atribuciones formales del régimen político, sino también como una posición discursiva que se construye y legitima en interacción con otros actores del sistema político y con los contextos históricos de crisis o de estabilidad.
En Chile, los estudios sobre los DPC han considerado periodos de tiempo acotados o temáticas particulares, sin perspectivas longitudinales que consideren el sistema político en su contexto sociohistórico e institucional mediante la interacción entre la perspectiva sociosemiótica del lenguaje y la importancia de las ideas y el discurso dentro de los estudios políticos planteados desde el institucionalismo discursivo (Durán 2017, 2019; Godoy y Badillo 2021; López et al. 2011; Navarro y Tromben 2019; Orroño 2022; Sáez Fuentealba, 2024; Soto 2016). Una excepción es el trabajo de Arellano et al. (2025), quienes analizan los discursos presidenciales chilenos desde 1832 hasta 2021 mediante el modelado estadístico Latent Dirichlet Allocation, y descubren patrones temáticos y su evolución a lo largo del tiempo.
En este orden de ideas, consideramos pertinente justificar la decisión de incluir los DPC correspondientes al gobierno de facto liderado por Augusto Pinochet. Durante la dictadura, los DPC poseen una función distinta de un acto de rendición de cuentas democrática; se incluyeron no por una plena comparabilidad institucional, sino porque permiten observar una estrategia discursiva distinta asociada al rol de la figura presidencial en distintos contextos. Por lo cual, el caso de Pinochet debe leerse como un caso excepcional dentro del corpus.
Nuestra aproximación se basa en el institucionalismo discursivo, enfoque que destaca el poder explicativo de las ideas y el discurso en el cambio institucional (Schmidt 2010), asumiendo que las ideas forman redes de significados relacionados que explican la acción política y su uso en las disputas políticas (Carstensen y Schmidt 2016).
Schmidt (2008) relaciona la agencia en términos de habilidades discursivas y el ámbito institucional, distinguiendo entre habilidades heredadas, orientadas a recomponer el sistema, y vanguardistas, orientadas a generar nuevas situaciones sociales y políticas.
Las habilidades discursivas presidenciales expresan el poder ideacional, es decir, la capacidad de los actores para influir en las creencias normativas y cognitivas de otros actores (Carstensen y Schmidt 2016), y es posible identificar estrategias asociadas a estas, considerando el contexto político. Nos centramos en identificar patrones de estas habilidades discursivas en los DPC, dado que son “elaboraciones de sentido relativamente coherentes y estables acerca de problemas comunes” (PNUD 2024, 202) producidas, en este caso, por actores institucionales con poder y capacidad de influir en el sistema político.
En suma, la articulación entre el rol presidencial (continuista o reformista) y sus habilidades discursivas (heredadas o de vanguardia) permite construir una tipología analítica de estrategias presidenciales frente a contextos de estabilidad o de crisis desde una perspectiva ideacional del poder.
La estrategia metodológica es de carácter mixto. En primer lugar, realizamos una exploración cuantitativa del corpus para identificar evidencia sobre las estrategias discursivas de las presidencias en distintos contextos. Posteriormente, analizamos la evidencia cualitativa e interpretativamente basándonos en los aportes de la lingüística sistémico-funcional (Martin 1992), específicamente en el sistema de actitudes, a partir del cual es posible analizar la negociación de significados y el posicionamiento intersubjetivo entre hablante y orador/escritor en el discurso político (Martin 1992; Martin y White 2005; Oteíza 2009; Oteíza y Pinuer 2012). Esta herramienta distingue entre afectos (sentimientos sobre personas, cosas o situaciones), juicios (emociones en la dimensión institucional de la estima o la sanción social) y apreciaciones (valoraciones sobre objetos, eventos o fenómenos naturales). La elección de esta perspectiva, cuyo origen se remonta a la tradición lingüística británica encabezada por Michael Halliday, se debe a que en América Latina su potencial explicativo ha constituido un fundamento relevante para diversos investigadores en el estudio, entre otros temas, de procesos de cambio social (Bolívar 2019). Ahora bien, considerando las críticas dirigidas a la lingüística sistémico-funcional por sus limitadas referencias a interpretaciones provenientes de las ciencias sociales (Van Dijk, citado en Bolívar 2019, 143), este estudio aborda la complejidad de la interacción entre el discurso y los regímenes presidenciales mediante una interpretación interdisciplinaria.
Además del sistema de valoración, consideramos pertinente incluir los tipos de destinatarios del discurso político de las presidencias estudiadas en relación con los contextos de crisis: a) prodestinatario, aquel que comparte la creencia presupuesta por el líder y la adhiere a su espacio político, por lo cual se construye positivamente; b) paradestinatario, blanco al que el líder busca persuadir, pues tiene la creencia suspendida, se construye positivamente; y c) contradestinatario, aquel con quien el líder polemiza en tanto su creencia está invertida, y se construye negativamente (Verón, 1987).
A partir de lo anterior, el modelo de análisis articula dimensiones lingüísticas y sociopolíticas para examinar el rol presidencial en contextos de estabilidad y crisis, a través de los recursos valorativos empleados en los discursos (Araya y Farías 2022). La siguiente tabla resume las principales categorías analíticas y sus fuentes teóricas.
Tabla 2. Modelo de análisis
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Dimensión |
Variables |
Fuente |
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Tipo de crisis |
Crisis fundamental (CF) Crisis recurrente (CR) |
Valenzuela (1989) |
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Sistema de actitudes |
Afectos (AF) Juicios (JU) Apreciaciones (AP) |
Araya y Farías (2022); Martin y White (2005); Oteíza (2009) |
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Destinatario discurso político |
Prodestinatario (PR) Paradestinatario (PA) Contradestinatario (CO) |
Verón (1987) |
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Estrategia frente a la crisis |
Estrategia de continuidad (EC) Estrategia de ruptura (ER), progresiva o regresiva |
Definición propia |
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Relación actores políticos |
Congreso / Partidos |
Definición propia |
Fuente: elaboración propia a partir de Araya y Farías 2022; Martin y White 2005; Oteíza 2009; Valenzuela 1989; y Verón 1987.
El análisis se realizó en dos etapas. En primer lugar, con ayuda del software Atlas.ti, se extrajeron sustantivos y otros términos léxicos relevantes del corpus completo y se determinó su recurrencia léxica. Luego, estos sustantivos se codificaron y agruparon de acuerdo con términos clave como orden, tradición, conflicto y lucha, que permitieron delimitar campos semánticos relevantes de acuerdo a los objetivos de la investigación. Esta codificación fue realizada por ambos investigadores a partir de la discusión progresiva, con base en definiciones operativas de los términos clave, para reducir las posibles discrepancias. Finalmente, identificamos los patrones discursivos predominantes en torno a las ideas de estabilidad y crisis a lo largo del periodo estudiado.
Con el propósito de ejemplificar los patrones discursivos predominantes, los investigadores seleccionaron fragmentos del corpus en los que las presidencias abordaran explícitamente aspectos como la crisis o la estabilidad; el rol de las instituciones; el rol presidencial y la relación con otros actores del sistema político.
En segundo lugar, aplicamos el modelo de análisis a fragmentos seleccionados del corpus, codificando las unidades de sentido asociadas a los contextos de crisis o estabilidad, según los siguientes criterios:
A partir de este esquema, identificamos el rol presidencial en contextos sociopolíticos de crisis o de estabilidad, considerando las habilidades discursivas que se expresan en los DPC. Posteriormente, construimos la tipología de estrategias frente a contextos de crisis o de estabilidad.
El corpus está compuesto por 104 DPC obtenidos de la página web de la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. De ellos, se procesaron 79 discursos íntegros (76 %) y 25 extractos (24 %), correspondientes a veintidós periodos presidenciales entre 1921 y 2024 (tabla 3). En total, se analizaron 1 137 563 palabras. La selección final consideró fragmentos relevantes en torno a momentos explícitos de crisis o de equilibrio, privilegiando aquellas secciones en las que los presidentes abordan directamente el contexto político, las instituciones y su rol como figuras de conducción.
Tabla 3. Corpus de análisis según los ciclos políticos.
|
Presidente/a |
Periodo presidencial |
Cantidad discursos |
Número Palabras |
|
Ciclo de desarrollo democrático |
|||
|
Arturo Alessandri Palma (AAP) * |
1920-1924 |
4 |
48 361 |
|
Emiliano Figueroa Larraín (EFL) |
1925-1927 |
2 |
5675 |
|
Carlos Ibáñez del Campo (CIC)** |
1927-1931 |
5 |
69 390 |
|
Juan Esteban Montero Rodríguez (JEM) |
1931-1932 |
1 |
4144 |
|
Arturo Alessandri Palma |
1932-1938 |
6 |
12 841 |
|
Pedro Aguirre Cerda (PAC) |
1938-1941 |
3 |
19 444 |
|
Juan Antonio Ríos Morales (JAM)** |
1942-1946 |
4 |
38 254 |
|
Alfredo Duhalde Vásquez (ADV) |
1946 |
1 |
11 045 |
|
Gabriel González Videla (GGV)** |
1946-1952 |
6 |
51 773 |
|
Carlos Ibáñez del Campo |
1952-1958 |
6 |
11 587 |
|
Jorge Alessandri Rodríguez (JAR) |
1958-1964 |
6 |
22 239 |
|
Eduardo Frei Montalva (EFM) |
1964-1970 |
6 |
17 450 |
|
Salvador Allende Gossens (SAG)** |
1970-1973 |
3 |
36 523 |
|
Ciclo de quiebre democrático y autoritarismo |
|||
|
Augusto Pinochet Ugarte (APU) */** |
1974-1990 |
16 |
121 962 |
|
Ciclo de transición y consolidación democrática |
|||
|
Patricio Aylwin Azócar (PAA) |
1990-1994 |
4 |
76 166 |
|
Eduardo Frei Ruiz-Tagle (EFR)** |
1994-2000 |
6 |
105 076 |
|
Ricardo Lagos Escobar (RLE) |
2000-2006 |
6 |
63 824 |
|
Michelle Bachelet Jeria (MBJ)** |
2006-2010 |
4 |
62 926 |
|
Sebastián Piñera Echenique (SPE)** |
2010-2014 |
4 |
67 196 |
|
Michelle Bachelet Jeria** |
2014-2018 |
4 |
67 112 |
|
Sebastián Piñera Echenique ** |
2018-2022 |
4 |
47 516 |
|
Gabriel Boric Font (GBF) |
2022-2026 |
3 |
67 059 |
|
Total |
104 |
1 137 563 |
|
* Durante estos dos gobiernos se identificaron crisis fundamentales
** Durante estos gobiernos se identificaron crisis recurrentes
Fuente: Elaboración propia con información de la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile.
La clasificación de las presidencias según los tres ciclos políticos identificados, desarrollo democrático (1921-1973), quiebre autoritario (1973-1990) y transición y consolidación democrática (1990-actualidad), permite situar los discursos en sus respectivos contextos históricos. Este enfoque no solo contribuye a la comprensión del presidencialismo chileno, sino que también revela cómo los DPC operan como condensadores programáticos para entender tanto el rol de las presidencias en contextos de estabilidad o de crisis como el de las ideas que sustentan las políticas, programas y filosofías de gobierno.
Con el objeto de identificar patrones discursivos presidenciales en contextos de estabilidad o de crisis, realizamos un análisis cuantitativo preliminar de los sustantivos del corpus. Del total de 1 137 563 palabras, identificamos 263 893 sustantivos.
Observamos el predominio de términos vinculados a ideas de estabilidad y solidez institucional, tales como orden, progreso, cooperación, respeto, paz, estabilidad, tranquilidad, tradición(es), con 2689 repeticiones léxicas. En contraste, los términos asociados a ideas de ruptura institucional, como crisis, lucha, conflictos, diferencias, batalla, controversias, anarquía, alcanzaron 1056 repeticiones léxicas (tabla 4). Si bien este análisis cuantitativo se presenta de manera agregada para el conjunto del corpus, una revisión preliminar de los discursos correspondientes a los distintos ciclos históricos sugiere que la recurrencia de términos asociados a la estabilidad institucional se mantiene relativamente constante a lo largo del tiempo, incluso en contextos de crisis política. Esta regularidad refuerza la interpretación de que la apelación a la institucionalidad constituye un repertorio discursivo persistente del presidencialismo chileno, más allá de las variaciones ideológicas o coyunturales entre distintos gobiernos.
Tabla 4. Sustantivos asociados a la estabilidad o a la ruptura institucional.
|
Estabilidad y solidez institucional |
Ruptura institucional |
||||
|
Sustantivo |
Conteo |
Porcentaje |
Sustantivo |
Conteo |
Porcentaje |
|
Orden |
604 |
0,23 % |
Crisis |
355 |
0,13 % |
|
Progreso |
485 |
0,18 % |
Lucha(s) |
249 |
0,09 % |
|
Cooperación |
382 |
0,14 % |
Conflictos |
189 |
0,04 % |
|
Respeto |
374 |
0,14 % |
Diferencias |
97 |
0,04 % |
|
Paz |
371 |
0,14 % |
Batalla |
30 |
0,01 % |
|
Estabilidad |
205 |
0,08 % |
Controversia(s) |
24 |
0,01 % |
|
Tranquilidad |
115 |
0,04 % |
Divisiones |
21 |
0,01 % |
|
Tradición/es |
153 |
0,04 % |
Discrepancias |
19 |
0,01 % |
Fuente: Elaboración propia basada en los DPC (1921-2024) con información de la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile.
Este hallazgo sugiere la presencia de un patrón discursivo recurrente en los DPC: resaltar la fortaleza institucional y la continuidad del orden político. Pese a las diferencias contextuales, se observa una tendencia transversal que tiende a legitimar el rol presidencial mediante apelaciones a la estabilidad, la tradición republicana y el respeto a las instituciones.
Una primera idea destacada es la valoración de las instituciones. El presidente Alessandri resalta “la solidez de sus instituciones, el amor al orden, el respeto al derecho y a la justicia, que auguran días de grandeza y prosperidad para nuestra patria” (Alessandri 1921, 7). Por su parte, el presidente Ríos destaca el apego al orden jurídico de los poderes públicos “junto al cordial y sano entendimiento de los ciudadanos que los representan, han asegurado el juego normal de las instituciones” (Ríos 1943, VII). El presidente Allende, en clave transformadora, asume que los cambios institucionales que propone se inscriben dentro de la legalidad pues “pensamos transformar las instituciones cambiando las normas legales” (Allende 1972, 8).
Mientras tanto, el presidente de facto Pinochet, en un intento por legitimar su régimen, también apela a lo institucional señalando que “las instituciones se funden con la nacionalidad y con la historia patria para impulsar las etapas de este Gobierno” (Pinochet 1974, 8).
Más recientemente, el presidente Piñera mantiene el discurso sobre la solidez institucional como tradición del sistema político, en tanto “una de las fortalezas de nuestro país, desde su nacimiento como Nación independiente, ha sido la solidez de nuestras instituciones, que nos distingue en América Latina” (Piñera 2019, 20).
Esta constatación inicial sustenta la exploración cualitativa posterior, centrada en el análisis de estrategias discursivas en contextos específicos de crisis o de estabilidad.
Presentamos tres estrategias que sintetizan el rol de la figura presidencial en distintos contextos6: a) estabilidad; b) reforma progresiva y c) ruptura regresiva. La estrategia de estabilidad corresponde a presidencias de carácter continuista, con habilidades discursivas heredadas, orientadas a preservar el estado de las cosas, en las que se ubica la mayoría de las presidencias analizadas. La estrategia de reforma progresiva se asocia con presidencias de carácter reformista, dotadas de habilidades discursivas de vanguardia, que impulsan transformaciones institucionales en el marco democrático (Alessandri, Frei, Allende). La estrategia de ruptura regresiva caracteriza a presidencias de carácter burocrático autoritario, con habilidades discursivas de vanguardia que proponen cambios en las estructuras e instituciones desde una perspectiva no democrática (Pinochet).
Estrategia de estabilidad institucional: énfasis en las instituciones
La mayoría de las presidencias construyen un discurso de estabilidad institucional, legitimando su liderazgo mediante la reivindicación del orden republicano y de la solidez de las instituciones democráticas. Esta estrategia predomina en 18 de las 22 presidencias analizadas, vinculada a habilidades discursivas heredadas, según la tipología propuesta. A continuación, presentamos dos casos representativos de ciclos políticos distintos: Emiliano Figueroa (1925-1927) y Patricio Aylwin (1990-1994).
Emiliano Figueroa (1925-1927)
Su construcción discursiva responde a una crisis fundamental (CF) ocurrida en 1924-1925, en tensión con el poder militar. Enfatiza la restauración del orden institucional tras el quiebre del sistema parlamentario: “se han consolidado nuestras instituciones; la tranquilidad y el orden se mantienen inalterables” (Figueroa 1926, 5). Pese a la coyuntura que lo obligó a abandonar anticipadamente el cargo, apela a la estabilidad institucional como principio rector.
En cuanto a las actitudes, observamos apreciaciones positivas (AP) sobre el sistema institucional: “se escucha la voz de la opinión pública, para satisfacerla en todo aquello compatible con el bien general del país” (Figueroa 1926, 5). El contradestinatario (CO) implícito es el de los sectores militares liderados por Carlos Ibáñez, a quienes se busca persuadir mediante una narrativa de unidad y orden. Sobre la relación con otros actores del sistema, apela al diálogo y la conciliación con el Congreso y los sectores políticos civiles frente a la creciente influencia del poder militar. Sin embargo, resulta insuficiente para sostener su mandato, lo que evidencia los límites de su capacidad de articulación institucional. La estrategia general se orienta a contener la crisis sin romper con el marco republicano.
Patricio Aylwin (1990-1994)
Primer presidente del ciclo de transición y consolidación democrática, retoma el hilo institucional interrumpido por el golpe de Estado de 1973, diecisiete años después. Su discurso busca reconstruir la legitimidad del sistema democrático y de las instituciones republicanas: “El Gobierno, el Congreso Nacional, los Tribunales de Justicia, los partidos políticos, las organizaciones sociales, tenemos en esta etapa una responsabilidad histórica: estar a la altura de lo que Chile tiene derecho a reclamarnos y nuestro pueblo espera de nosotros” (Aylwin 1990, 81).
A nivel actitudinal, combina afectos (AF), juicios (JU) y apreciaciones (AP), apelando tanto a los valores republicanos como a la responsabilidad política. Se dirige a prodestinatarios (PR), paradestinatarios (PA) y contradestinatarios (CO), pues la reconstrucción democrática requiere del concurso amplio de los actores sociales. La estrategia discursiva de estabilidad se articula con llamados a la unidad y la prudencia como condiciones para restablecer el sistema democrático.
Estabilidad institucional: legitimación del sistema político
En esta dimensión, examinamos discursos presidenciales que legitiman la estructura del sistema político, con énfasis en el papel de los partidos políticos y en el funcionamiento democrático. Los casos de Pedro Aguirre Cerda (1938-1941) y Michelle Bachelet (2014-2018) muestran valoraciones positivas del sistema, incluso en momentos de cuestionamiento o crítica, lo que articula una estrategia de estabilidad institucional.
Pedro Aguirre Cerda (1938-1941)
Su construcción discursiva se sitúa en el ciclo de desarrollo democrático, en el marco del primer gobierno del Frente Popular. Busca reforzar la legitimidad del sistema político mediante la valorización del rol que desempeñan los partidos en la gobernabilidad: “su fidelidad a las Instituciones Republicanas y su abnegada devoción por servir los intereses generales de la colectividad” (Aguirre 1940, 6).
Desde el enfoque actitudinal, predomina una apreciación (AP) positiva de los partidos oficialistas como pilares del orden institucional: “cooperan generosamente al éxito de mi Gobierno, ayudan a las autoridades a resolver los más diversos problemas y demuestran con ello que son un sólido sostén de la estructura constitucional de la República” (Aguirre 1940, 6). Se construye un contradestinatario (CO) que actúa al margen de la legalidad, frente a los sectores de avanzada que “viven y actúan a la luz del día” (Aguirre 1940, 6). La estrategia discursiva refuerza la estabilidad institucional al legitimar selectivamente a los actores que se mantienen alineados con el régimen democrático.
Michelle Bachelet (2014-2018)
Durante su segundo mandato, enfrentó una crisis recurrente (CR) por el financiamiento irregular de campañas políticas y por el denominado caso Caval. Su discurso busca restaurar la confianza ciudadana en el sistema político mediante una serie de reformas para aumentar la transparencia: “Establecimos nuevas reglas para los partidos políticos, en especial nuevas exigencias de democracia interna y normas de financiamiento para su funcionamiento y para las campañas” (Bachelet 2017, 32).
La actitud predominante es una apreciación (AP) negativa inicial del sistema político, seguida de una estrategia discursiva correctiva orientada al fortalecimiento institucional. Se dirige a prodestinatarios (PR), afectados por la desafección política: “llegó el tiempo de separar definitivamente la política de los negocios; la opinión de los ciudadanos debe medirse en votos y no en plata” (Bachelet, 2017, 32). Con esta narrativa reafirma el compromiso institucionalista y proyecta una estrategia de estabilidad orientada a recuperar la legitimidad democrática.
Estabilidad institucional frente a contextos de crisis
En este apartado analizamos discursos presidenciales emitidos en momentos de crisis políticas significativas. Tanto Ricardo Lagos como Gabriel Boric recurren a una estrategia discursiva de estabilidad, preservando el orden institucional mediante apelaciones valorativas al consenso, a la unidad y a la tradición republicana.
Ricardo Lagos Escobar (2000-2006)
Su construcción discursiva responde a una crisis recurrente (CR), vinculada al agotamiento del modelo de transición y a tensiones derivadas del régimen militar. Reconoce la fragilidad institucional heredada: “El país se levanta después de una dura crisis. Nuestros miedos comienzan a quedar en el pasado” (Lagos 2000, 1).
Desde el sistema de actitudes, predominan afectos (AF) orientados a generar confianza y cohesión: “Poco a poco se afianza el ánimo de concordia que tanto hemos esperado” (Lagos 2000, 1). Se trata de una narrativa que apela a la emocionalidad positiva como mecanismo de estabilización política. El destinatario es amplio: prodestinatarios (PR), paradestinatarios (PA) y contradestinatarios (CO), ya que la reconciliación democrática requiere una convocatoria transversal. En relación con otros actores del sistema, enfatiza el rol de la justicia como eje articulador de la convivencia: “La justicia recupera el papel rector que debe tener en toda convivencia civilizada” (Lagos 2000, 1), en una apuesta por la institucionalización del proceso de memoria y verdad.
Gabriel Boric Font (2022-2026)
Su discurso responde a una crisis recurrente (CR) derivada de la revuelta social de octubre de 2019. Plantea una interpretación estructural de la crisis: “esos eventos manifestaron una crisis profunda de las bases mismas de nuestra convivencia, de nuestra democracia y de nuestra economía” (Boric 2024, 4). Reconoce la magnitud y el carácter sistémico de la crisis.
En el plano actitudinal, predominan juicios (JU) positivos sobre la respuesta institucional consensuada: “Fue el acuerdo de noviembre de 2019 el que significó iniciar un proceso constitucional que fue ampliamente respaldado por la ciudadanía, lo que permitió encauzar institucionalmente esta grave crisis que vivíamos” (Boric 2024, 4). Busca legitimar el proceso político impulsado por su sector. Se dirige principalmente a prodestinatarios (PR) y paradestinatarios (PA) promoviendo una mayoría reformista sin confrontar directamente a los contradestinatarios. La relación con otros actores del sistema se articula en clave de concertación política: se destaca el valor del acuerdo multipartidario como mecanismo para canalizar institucionalmente el conflicto social. La estrategia discursiva, aunque nacida en un contexto de crisis, se inscribe en la estabilidad del régimen democrático.
Tres presidencias analizadas se apartan de la estrategia predominante de estabilidad y articulan un discurso de reforma progresiva. En el ciclo de desarrollo democrático (Alessandri, Frei, Allende) despliegan habilidades discursivas de vanguardia para transformar el sistema político mediante reformas progresivas. En todos los casos, legitiman la acción presidencial por medio de referencias normativas o invocaciones a la institucionalidad.
Arturo Alessandri Palma (1920-1924)
Su construcción discursiva se inscribe en una ruptura progresiva con el sistema parlamentario vigente a inicios del siglo XX, que culminará con la promulgación de la Constitución de 1925. Diagnostica que los partidos políticos tradicionales han perdido rumbo y capacidad de conducción: “Algunos partidos políticos de importancia tradicional […] han ido perdiendo sus finalidades, olvidando muchas veces sus ideales y su programa” (Alessandri 1921, 5-6).
Desde el punto de vista actitudinal, emite juicios (JU) negativos con fuerte sanción social, vinculando a los partidos con la “anarquía y desorden” que perturban el funcionamiento del Estado. El contradestinatario (CO) son las élites parlamentarias tradicionales, cuya deslegitimación justifica la transformación institucional. No rompe por completo con el marco normativo, sino que apela a la necesidad de una reforma constitucional para fortalecer la presidencia, lo que configura una estrategia de ruptura progresiva con continuidad legal.
Eduardo Frei Montalva (1964-1970)
Su ruptura discursiva se enmarca en una crisis fundamental (CF) que anticipa el colapso institucional de 1973. Aunque gobierna con mayoría parlamentaria, identifica tensiones estructurales en la relación entre el Ejecutivo y el Congreso: “los conflictos que se presentan entre el Poder Ejecutivo y el Congreso […] hoy día no tienen solución” (Frei 1968, 39).
Emite juicios (JU) severos sobre la ineficacia del sistema político, alertando de un “grave peligro para nuestra estabilidad institucional” (Frei 1968, 39). Se dirige a PR, PA y CO para advertir de la crisis inminente. En la relación con otros actores del sistema repara sobre la incapacidad de los poderes públicos para resolver sus diferencias, lo que puede “conducir a la parálisis del país y a una crisis sin salida” (Frei 1968, 39). La estrategia discursiva es rupturista pues busca transformar las reglas del juego político desde una plataforma institucional reformista.
Salvador Allende Gossens (1970-1973)
Su discurso despliega una retórica de reforma institucional progresiva, fundamentada en la “vía chilena al socialismo” en un marco democrático. En 1972 y 1973 denuncia a la oposición como fuente de desestabilización y obstáculo para la ejecución de su programa: “la mayor gravedad para la normal evolución de la vida política interna […] radica en la voluntad de ciertos sectores de la Oposición de provocar un conflicto institucional” (Allende 1972, 25).
Actitudinalmente, sus juicios (JU) sancionan a los contradestinatarios (CO), acusados de “atentar contra la independencia política de los Ministros, las facultades de colegislador privativas del Ejecutivo y la capacidad económica del Gobierno” (Allende 1972, 25). Su estrategia discursiva reafirma su legitimidad apelando a la legalidad vigente, aun cuando propone transformaciones profundas. La relación con otros actores del sistema se construye en tensión: se defiende la autoridad presidencial frente a una oposición que se presenta como desleal o golpista.
Una presidencia de facto presenta características particulares por su denominación de régimen burocrático autoritario, correspondiente al ciclo de quiebre democrático y de autoritarismo (Pinochet). Comparte con la estrategia de reforma progresiva las habilidades discursivas de vanguardia, pero se diferencia por los objetivos de transformación de su régimen, de carácter no democrático.
Augusto Pinochet Ugarte (1974-1990)
Su discurso representa una ruptura institucional regresiva, orientada a legitimar la dictadura militar iniciada en 1973. Atribuye la crisis a la “administración marxista” y a un país “desquiciado y arruinado” (Pinochet 1983, 3-4), y justifica la intervención militar y la instauración de un nuevo orden.
Desde el sistema de actitudes, emplea apreciaciones (AP) negativas del pasado reciente y positivas sobre su gestión. Se presenta como salvador de la institucionalidad y de la economía, apelando al sacrificio y al deber patriótico. El contradestinatario (CO) son los gobiernos democráticos previos, en especial el de Allende, deslegitimados moral y políticamente. La relación con otros sectores del sistema es de exclusión: no hay llamado a la colaboración, sino la imposición del nuevo orden. Incluso en este marco autoritario invoca principios institucionales como base de legitimación.
El análisis comparativo del corpus revela una regularidad transversal: la institucionalidad es una fuente persistente de legitimación para la figura presidencial, incluso en contextos de crisis aguda o de transformación política. En todas las estrategias, los presidentes recurren al valor simbólico de la tradición republicana para proyectar autoridad, justificar sus decisiones y construir marcos de interpretación de la coyuntura.
Identificamos cuatro elementos centrales del patrón discursivo del presidencialismo chileno:
Los resultados indican el predominio de una estrategia discursiva de estabilidad institucional resiliente sustentada en habilidades heredadas. Con esto nos referimos a una estrategia que no refleja inmovilismo, sino que construye una narrativa de continuidad institucional capaz de adaptarse a contextos de crisis fundamentales o recurrentes, sin abandonar el marco simbólico del orden republicano. Esta tendencia sugiere que el ejercicio del poder presidencial en Chile opera dentro de un marco discursivo que privilegia la moderación y la solidez institucional, y que apela a una tradición republicana compartida. Aunque se reconocen momentos de crisis e incluso de quiebre (Valenzuela 1989), el lenguaje presidencial tiende a reinscribir estos episodios en una narrativa de reconstrucción o de restitución del orden institucional.
Finalmente, en cuanto a los destinatarios de los DPC, observamos variaciones según el contexto. Frei Montalva recurre a los tres tipos de destinatarios (PR, PA, CO) para advertir sobre el quiebre democrático; en el periodo de transición, Aylwin, Lagos y Bachelet apelan a un destinatario colectivo que articule consenso y compromiso institucional; en contextos más adversos, como Pinochet o Allende, se enfatiza la confrontación con el contradestinatario como estrategia de legitimación polarizante.
Conclusiones
En este artículo examinamos un corpus de 104 mensajes presidenciales dirigidos al Congreso Pleno de Chile con el fin de caracterizar el presidencialismo chileno a partir del análisis del poder en dichos discursos. La amplitud temporal y el enfoque interdisciplinar permiten ofrecer una de las primeras sistematizaciones longitudinales del discurso presidencial chileno, articulando la lingüística sistémico-funcional y el institucionalismo discursivo.
Los resultados muestran que, entre 1921 y 2024, los discursos presidenciales en contextos de crisis o de estabilidad movilizan tres estrategias discursivas: a) estabilidad institucional resiliente, asociada a presidencias de carácter continuista y a habilidades discursivas heredadas; b) reforma progresiva institucional, vinculada a presidencias de carácter reformista y a habilidades discursivas de vanguardia; c) ruptura regresiva, asociada al régimen autoritario. En conjunto, las estrategias discursivas privilegian la estabilidad sobre la ruptura institucional. Estas muestran cómo la figura presidencial gestiona simbólicamente las crisis mediante distintas estrategias discursivas: reafirmando la continuidad institucional, promoviendo reformas progresivas o, en contextos excepcionales, justificando su ruptura. Aunque la apelación a la institucionalidad aparece como un recurso transversal, cada una de estas estrategias articula concepciones distintas del orden político, del cambio institucional y de la legitimidad democrática. El aporte del análisis no reside únicamente en constatar la apelación presidencial al orden institucional, sino en identificar las variaciones discursivas con que esta se articula según el tipo de crisis y de presidencia.
El análisis muestra que los DPC, como textos estratégicamente construidos, no solo comunican prioridades políticas, sino que también configuran representaciones del mundo, definen amenazas y oportunidades, y disputan significados dentro del sistema político. Esta dimensión ideacional del poder presidencial es especialmente relevante en contextos de crisis fundamentales o recurrentes, cuando las presidencias recurren a narrativas estabilizadoras o transformadoras para orientar la interpretación pública de los acontecimientos.
Dada la complejidad de la relación entre discurso y poder, este estudio refuerza la necesidad de enfoques interdisciplinarios que respondan a la evolución de los estudios institucionales en la ciencia política, según la cual ni las instituciones ni los actores explican por sí mismos los procesos políticos. En particular, los resultados muestran la utilidad de combinar la lingüística sistémico-funcional, a través del sistema de actitudes, con el institucionalismo discursivo, para comprender cómo el lenguaje contribuye a reproducir o modificar las instituciones. Esta articulación teórico-metodológica permite superar visiones estructurales del poder presidencial y observar cómo las habilidades discursivas se convierten en un recurso clave para gestionar los ciclos políticos de crisis y de estabilidad.
Además de su aporte empírico, este estudio contribuye al campo del análisis del discurso político al proponer una tipología analítica exportable a otros contextos, que vincula estrategias discursivas con tipos de liderazgo presidencial. Esta perspectiva puede aplicarse tanto a estudios comparativos como a discursos no institucionales (como entrevistas, cadenas nacionales y redes sociales), ampliando la comprensión del poder ideacional en escenarios de transformación política.
En esta línea, nuestro trabajo complementa la aproximación longitudinal desarrollada recientemente por Arellano et al. (2025), centrada en identificar continuidades y cambios temáticos en los DPC entre 1832 y 2021, así como en profundizar en la dimensión ideacional del poder presidencial mediante un enfoque cualitativo e interdisciplinario. Ambos trabajos, en conjunto, demuestran que los métodos computacionales y los análisis discursivos ofrecen perspectivas complementarias para comprender el poder presidencial en Chile a largo plazo.
Finalmente, esta investigación se inscribe en una agenda que pone en el centro la importancia del lenguaje en la construcción del orden político. Al estudiar el presidencialismo chileno desde una perspectiva histórica y discursiva, se evidencia cómo las crisis no solo se gestionan desde las instituciones, sino también desde las ideas que los actores movilizan para interpretarlas y legitimarlas públicamente, redefinir las amenazas y proyectar futuros posibles.
Referencias
* Este artículo fue financiado por el Proyecto FONDECYT n.º 11230342: Cambio Político en Chile 1925-2022: ¿institucionalismo transformador? y el Proyecto AYUDANTE_DICYT, Código 032491FR_Ayudante, Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Creación. Universidad de Santiago de Chile.
1 Para efectos de este trabajo, identificamos la crisis como un momento específico que interrumpe la estabilidad institucional, por esa razón lo presentamos como dos momentos o situaciones diferentes que permiten analíticamente identificar los aspectos discursivos de los presidentes de la República frente a diferentes contextos. Ambos conceptos se definen en mayor extensión el marco teórico.
2 De acuerdo con el artículo 24 de la Constitución Política de la República de Chile, en su reforma de 2017, “El 1 de junio de cada año, el Presidente de la República dará cuenta al país del estado administrativo y político de la Nación ante el Congreso Pleno”.
3 Decreto Ley 527 (17 de junio de 1974), Estatuto de la Junta de Gobierno, modificado por Decreto Ley 806 (16 de diciembre de 1974). Tal construcción discursiva autoritaria ilustra cómo la dictadura emplea mecanismos institucionales para legitimar el régimen, basado en la tradición histórica como justificación.
4 Entre las características del Estado burocrático autoritario encontramos la exclusión de la participación política, el control del Estado por parte de élites tecnocráticas-militares, la reestructuración económica basada en el neoliberalismo, la represión selectiva, así como el énfasis en el orden y la eficiencia como base de la legitimidad.
5 En esta sección, las citas extraídas del corpus de la investigación se destacan en letra itálica.
6 Los momentos de crisis sociopolítica han sido identificados en la tabla 1.
Pamela Figueroa Rubio es doctora en Estudios Americanos (IDEA-USACH). Académica del Instituto de Estudios Avanzados de la USACH (Chile). Sus investigaciones abordan la democratización política, la política comparada, el desarrollo institucional, las reformas políticas y la participación política de las mujeres. Últimas publicaciones: “Pioneras en la representación política: Rol de las mujeres a través del discurso de las parlamentarias chilenas (1953-1973)” (en coautoría), Revista Latinoamericana de Estudios del Discurso 26 (1), 2026; y “Los aportes de la ciencia política en los procesos de cambio político: el caso de Chile”, Política y Sociedad 61 (1): e90491, 2024, https://doi.org/10.5209/poso.90491. * pamela.figueroaru@usach.cl ✳ https://orcid.org/0000-0001-7674-9876
Juan Carlos Rosillo-Villena es doctor en Estudios Americanos (IDEA-USACH). Profesor adjunto I de la Escuela de Periodismo de la USACH (Chile). Sus investigaciones abordan el discurso político y la democracia en América Latina, así como la participación política de las mujeres. Últimas publicaciones: “Pioneras en la representación política: rol de las mujeres a través del discurso de las parlamentarias chilenas (1953-1973)” (en coautoría), Revista Latinoamericana de Estudios del Discurso 26 (1), 2026; y “Make our people great again: calidad democrática, discurso y progresismo en América Latina”. Colección FAHU, Editorial USACH, 2025. https://editorialusach.cl/producto/make-our-people-great-again-calidad-democratica-discurso-y-progresismo-en-america-latina/. * juan.rosillo@usach.cl. ✳ https://orcid.org/0000-0002-2301-5761