Discurso del Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, Julio Londoño, ante la Tercera Sesión Especial sobre Desarme en las Naciones Unidas. Nueva York, junio de 1988.
Julio Londoño
Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia
es
25-27
01/04/1988
01/04/1988
Por encargo especial del Jefe del Estado colombiano tengo el honor de comparecer ante este foro para hablar de la paz, de la seguridad de la humanidad, de la preservación de la tierra y de la vida de las generaciones futuras.
Señor Presidente:
Agradezco la oportunidad de dirigirme a esta Asamblea General, en su Tercera Sesión Especial sobre Desarme. Nos reunimos en momentos en que apenas ha concluido la Cumbre de Moscú, y en que la atención del mundo está concentrada en la necesidad de preservar a toda costa a la humanidad del holocausto nuclear, la supervivencia de todas las naciones depende de ello.
Los problemas del desarme, sin embargo, se extienden mucho más allá del conflicto entre las grandes potencias. Para muchos Estados sin embargo, la amenaza de las armas nucleares, con todo y su capacidad para destruir varias veces todo el planeta, es significativamente menor que la del terrorismo, la delincuencia y de los agentes del tráfico de drogas. Millones de hombres, mujeres y niños se ven amenazados en el mundo por las fuerzas que siembran impunemente la muerte, el caos y la violencia.
Grupos empeñados en sustituir el orden democrático por la anarquía, y en profundizar una campaña de intimidación y violencia, tienen amplio acceso a los mercados de armas. Han llegado a dotarse, en algunos casos, de arsenales que difícilmente son accesibles para un Estado que tiene recursos económicos limitados y que busca con ellos adelantar un ambicioso programa para erradicar la pobreza. El Comercio Internacional de armas ha hecho que en Colombia nuestra democracia, una de las más antiguas del mundo, esté amenazada por la actividad criminal organizada.
La desaforada producción de armamentos convencionales con fines de lucro por parte de los países industrializados y la indiferencia alarmante de los Estados donde operan, casi públicamente, los mercados negros de armas, están llevando al fortalecimiento de ese mercado funesto donde la delincuencia, el narcotráfico y el terrorismo con ilimitados recursos económicos, pueden adquirir todos los instrumentos necesarios para cumplir con sus macabros propósitos o alimentar fuerzas que pretenden desestabilizar por cuenta de otros los gobiernos de auténtico origen democrático.
A mis amigos en los Estados Unidos me permito decirles que el más grande enemigo, individualmente considerado, de la Democracia en nuestro Hemisferio lo constituye hoy la amenaza de aquellos que han amasado fortunas a costa de la insaciable demanda de drogas en los Estados Unidos. El hábito norteamericano del consumo de drogas está arrastrando a las naciones democráticas hacia nuevos abismos de violencia y corrupción.
Colombia, es un país que como muchos otros atraviesa una compleja situación caracterizada por un incremento de la violencia. Sus razones son múltiples y sus manifestaciones diversas. Pero, en todos los casos, sus instigadores, coinciden en el propósito de utilizarla para obstaculizar los esfuerzos que el país ha venido haciendo para profundizar la democracia y asegurar la vigencia de los derechos humanos.
Desafortunadamente, en ocasiones la particularidad del caso colombiano no ha sido comprendida. Los niveles de violencia que ha tenido Colombia en los últimos años no pueden explicarse mediante comparaciones imposibles con otros regímenes de naturaleza totalmente diferente, y que existieron en otros lugares y en otras épocas, al tiempo que existe en el país un régimen democrático, elegido popularmente, respetuoso de la ley y comprometido con la causa de los pobres.
Quienes han analizado de cerca la situación de Colombia han reconocido nuestra adhesión a los principios de derechos humanos. Peter Kooijmans, por ejemplo, relator de las naciones Unidas sobre la tortura escribe en su informe: "El Gobierno de Colombia debe ser felicitado por el interés demostrado en reforzar la protección de los derechos humanos cuando la estabilidad de la nación se encuentra gravemente amenazada. Ese esfuerzo por alcanzar sus propósitos merece el apoyo de otros Estados".
En muchos casos los atentados contra las democracias auténticas han sido posibles, entre otras cosas, gracias a que sus autores se han nutrido por el mercado negro de armas. Esta Asamblea y otros foros internacionales deben en cambio tener en cuenta las consecuencias que la carrera de armas convencionales tiene para ciertos países en vía de desarrollo, cuyo presupuesto de defensa necesariamente es limitado, y quienes se han convertido en víctimas de las industrias de guerra de otros países.
Este mercado ilegal constituye la fuerza conductora del terrorismo internacional en el mundo entero. La América Latina y otras regiones del planeta han sido el blanco principal de grupos instigados por el comercio ilícito, mercado de la muerte que ha cobrado ya miles de víctimas.
La Comunidad Internacional no puede permanecer indiferente ante esta escalada del comercio ilícito de armas. Son bien conocidas en muchos casos, las identidades de sus comerciantes y los lugares donde residen. Sólo parecen permanecer desinformados los Gobiernos donde estas actividades se generan, ignorantes de los modos de intercambio de estos instrumentos de terrorismo.
Mientras en Colombia caen incontables agentes del Gobierno y ciudadanos ejemplares, mártires de sus valientes esfuerzos por frenar el narcotráfico, los organismos del crimen continúan con la mayor facilidad adquiriendo en varios lugares todo el armamento que desean, en las cantidades y modelos que lo soliciten, incluso en países industrializados que son conscientes de los lazos que existen entre el terrorismo y el tráfico clandestino de armas.
Yo estoy convencido de la capacidad que tienen los Estados Miembros de fortalecer sus sistemas de control interno si se proponen reducir este comercio ilícito que inflama los conflictos del mundo sin respetar fronteras físicas ni ideológicas.
No creo en el argumento de que se ha presentado la reducción del comercio legal de armamento por efecto de la crisis económica y de la supuesta saturación de material bélico en los países del Tercer Mundo. Esas estadísticas esconden el aumento de armas sofisticadas en el mundo en desarrollo. En nada ha disminuido su acceso a las áreas en conflicto. Las mismas armas, elaboradas con frecuencia en factorías oficiales del Estado, van a caer en manos de mercenarios y delincuentes.
Debe tenerse en cuenta otro tipo de condiciones. Al mismo tiempo que se reducen las armas nucleares debe también promoverse el desarme convencional. En el caso del Tercer Mundo, y de la América Latina en particular, estas medidas adquieren especial urgencia. No sólo porque las áreas periféricas al desarrollo deben atender con prioridad las exigencias de una población que reclama, con justicia, mejores condiciones de vida, sino porque el mercado internacional de armamentos ha permitido que grupos minoritarios, movidos por intereses viles pretendan forzar mediante la coacción y la amenaza la auténtica democracia y la voluntad popular.
No podemos aceptar que un comercio internacional de armas crecientemente destructivo sea un hecho inevitable y característico de los finales del Siglo XX. Diez mil millones de dólares en armas mueve hoy el mercado negro internacional. Es obvio que sus ganancias encarnan intereses opuestos a la paz.
Los Ministros de los países pertenecientes al Movimiento de los No-Alineados, reunidos en La Habana la semana pasada para una conferencia especial dedicada al desarme, produjeron un comunicado condenando el tráfico ilícito de armamento. Destacaron "las implicaciones negativas para la paz internacional del suministro de armas en áreas de tensión, y en particular del tráfico ilegal de armas". Señalaron igualmente que su trasferencia ilícita constituye "un fenómeno que agrava aún más las tensiones, amenaza la seguridad interna de los estados, así como la seguridad regional y fortalece las fuerzas opuestas al proceso del desarme".
La preocupado» de esta Organización con la cuestión del armamento convencional no puede, por supuesto, limitarse a su transferencia ilícita, tan evidentemente destructora y desestabilizante para los países en desarrollo.
El Movimiento No-Alineado ha señalado en repetidas ocasiones como la acumulación de armamento convencional encarna hoy el más trágico despilfarro de recursos en un mundo afligido por el hambre y la ingente pobreza.
En esta época de interdependencia y comunicaciones instantáneas, el contraste entre el bienestar de unos pocos y la terrible pobreza de las grandes mayorías es constante fuente de inestabilidad. A pesar que nos encontramos en medio de esta brecha alarmante entre la prosperidad económica y la hambruna, continúa campante y acelerada la carrera armamentista convencional.
La producción masiva de armamentos convencionales no solamente distorsiona las prioridades de los países industrializados, sino que contribuye a prolongar las situaciones de conflicto del mundo en desarrollo. Los más sangrientos enfrentamientos ocurridos desde la Segunda Guerra Mundial han tenido lugar entre países del Tercer Mundo
No podremos asegurar la paz mientras limitemos el concepto de desarme a las superpotencias. La estabilidad internacional puede verse afectada por los frecuentes conflictos que surgen entre países atrasados tentados con el uso de armas convencionales que, para algunos, siempre en forma equivocada, pueden resultar más atractivos que los medios pacíficos de solución de controversias.
No podrán existir las garantías necesarias para la paz del mundo mientras persistan las naciones en su propósito de armarse sin restricciones, bajo el pretexto de hipotéticos conflictos.
Nuestra mejor contribución a la preservación de la paz sería la de entablar serias y abiertas negociaciones que permitan un verdadero y adecuado desarme. Estas negociaciones deberían efectuarse a nivel regional, pero dentro del marco de acción y de principios establecidos por las Naciones Unidas. Algunos países vecinos podrían convenir desde ya, acuerdos preliminares sobre este tema.
Dentro de este marco del diálogo multilateral, Colombia apoya la iniciativa del Grupo de los Seis y aboga por la creación, dentro de las Naciones Unidas, de un sistema internacional de supervisión y verificación de tratados, tal como fuera propuesto por estos países en Estocolmo el pasado mes de enero.
El primer período extraordinario de sesiones de la Asamblea General trazó propuestas de gran sensatez para el curso de las negociaciones multilaterales de desarme. Su documento final pone énfasis en la necesidad de negociar limitaciones a las transferencias de armamentos convencionales.
Colombia ratifica aquí hoy, con orgullo, ante este foro sobre desarme, su adhesión a los principios del derecho internacional que esta Organización ha defendido desde sus comienzos. Este es el mejor mecanismo para asegurar la solución pacífica de controversias y la coexistencia de los pueblos.
Colombia está empeñada en la búsqueda de la paz, no sólo a través de los mecanismos internacionales, sino también a través de esfuerzos regionales. Junto con los otros siete países del Grupo de Contadora y el Grupo de Apoyo, emprendimos esfuerzos de mediación en nombre del proceso de paz de la América Central. Reafirmamos hoy nuestro compromiso con la solución negociada por la cual hemos estado luchando.
Quisiera concluir, al afirmar que estamos conscientes de la importancia histórica de los acuerdos firmados por las dos superpotencias. El ser testigos de cualquier progreso en el campo del desarme nuclear es motivo de celebración en cada una de las naciones del mundo. Pero no podemos permitir que el brillo deslumbrante de la Cumbre nos enceguezca ante la atroz entrega de armas a los terroristas, o que nos impida ver las muchas otras formas que reviste el armamento convencional como impedimento para el desarrollo económico y para la paz.
Es nuestra ferviente y común esperanza impedir la pesadilla de una catástrofe nuclear. Sin embargo, sólo si avanzamos en la reducción del armamento, tanto convencional como nuclear, podremos realizar nuestros sueños por un mundo mejor.