Discurso del ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, Dr. Luís Fernando Jaramillo ante la ONU

Luís Fernando Jaramillo

ministro de Relaciones Exteriores de Colombia

es

26-30

01/07/1991

01/07/1991

Discurso pronunciado el 26 de septiembre de 1991 en la XLVI Asamblea General

Señor presidente:

Presento a usted el saludo del pueblo y del Gobierno Colombiano que tiene puestas grandes expectativas en los resultados del trabajo de la Asamblea General, bajo su ilustrada dirección. Corresponderá a ella señalar el camino que las Naciones Unidas deberán seguir para hacer valer los principios y objetivos de su Carta, en esta etapa crucial de nuestra historia.

Quiero expresar también el reconocimiento del Gobierno de Colombia a la labor de don Javier Pérez de Cuéllar. Diez años de esfuerzos inteligentes y generosos en favor de la paz y de la justicia internacionales caracterizan su gestión. Reconocemos la dimensión de su contribución. Lo exaltamos como un latinoamericano que ha hecho honor a su región. Usted, Excelencia, sabe de nuestra admiración y aprecio, y conoce los deseos expresados colectivamente por los Jefes de Estado de Iberoamérica en la Cumbre de Guadalajara.

Saludo la incorporación a esta Organización y a las deliberaciones de esta Asamblea de la República de Corea, de la República Popular Democrática de Corea, de las Repúblicas de Estonia, Letonia y Lituania, de los Estados Federados de Micronesia y de las Islas Marshall.

Desafíos del presente

Vivimos un momento de profundas transformaciones que tendrán un formidable impacto sobre el futuro de cada uno de nuestros países. Sin embargo, el ambicioso mandato de las Naciones Unidas sigue vigente, hecho que destaca la visión de quienes fueron sus gestores. Difícilmente podríamos renovar hoy ese mandato en términos diferentes. La preservación de la paz, la defensa de los derechos ciudadanos y el logro del bienestar colectivo a través del crecimiento y el desarrollo, continúan siendo principios rectores de las relaciones entre los Estados.

No obstante lo anterior, se percibe un cambio significativo en la velocidad de los ajustes y transformaciones que estamos presenciando. De allí nuestro llamado a que los objetivos citados se acometan con un sentido de urgencia. Pasemos del futuro al presente con la responsabilidad histórica que nos obliga a remover los escollos y dificultades. Los invito a aprovechar este período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas para que reflexionemos sobre los "desafíos del presente".

Colombia ha sido siempre partidaria entusiasta del multilateralismo y la cooperación como pilares insustituibles de un sistema internacional comprometido con la solución de las necesidades del mundo en desarrollo. Sin paz no hay crecimiento ni desarrollo, pero solamente con justicia social y sin pobreza se alcanza la paz duradera. Una paz estable requiere que las naciones cuenten con las condiciones sociales y económicas suficientes para atender dignamente sus principales necesidades.

Ante la distensión Este-Oeste y el diálogo constructivo que debe darse entre el Norte y el Sur, corresponderá al sistema de las Naciones Unidas asegurar y proteger el derecho de los Estados pequeños y débiles que, a diferencia de las grandes naciones, no tienen mecanismos propios de defensa. En estos países la organización de las Naciones Unidas tiene que ser garante de sus derechos, muy especialmente en lo que toca a su soberanía y libre determinación.

Si bien es cierto que en el campo político se han dado avances enormes en el entorno internacional como lo demuestran la superación de la guerra fría, la expansión del respeto a los derechos humanos y el avance de la democracia, no ha ocurrido lo mismo en el ámbito económico donde reina aún gran incertidumbre.

A pesar de los sacrificios y ajustes hechos por numerosos países en desarrollo y de la apertura de sus economías a los flujos comerciales y de inversión, el acceso de sus bienes y servicios a los principales mercados tropieza a diario con nuevos obstáculos y barreras de diversa índole. Los más vehementes defensores de la liberalización del comercio se encuentran hoy enfrentados en una gran confrontación que amenaza la estabilidad misma del multilateralismo y muy especialmente, la suerte de los países en desarrollo al quedar sus intereses supeditados a la competencia entre los grandes bloques económicos.

La Declaración Ministerial suscrita en Caracas por los cancilleres latinoamericanos con ocasión de la reunión preparatoria de la Octava Conferencia de Comercio y Desarrollo, señala con preocupación cómo "Aquellos países que más predican un sistema internacional abierto, son precisamente los que más se apartan de las reglas del juego, incrementando las prácticas distorsionantes del comercio internacional"

El mundo cafetero, por ejemplo, confronta hoy una situación dramática debido a la falta de cláusulas económicas en el Acuerdo Internacional del Café. Los niveles de precios actuales son en términos reales los más bajos de los últimos 50 años, lo cual trae consigo graves consecuencias para las economías de los países productores de café de África, Asia y América Latina. Con el fin de corregir esta delicada situación, las naciones productoras han presentado esta semana en Londres un plan de emergencia orientado a ordenar el mercado, para el cual Colombia ha solicitado el apoyo y cooperación de los países industrializados.

La nueva Colombia

Señor presidente,

Ante esta Asamblea y en medio de este entorno internacional, llega Colombia con nuevas credenciales.

Señor presidente,

Un país de futuro promisorio que ha sabido enfrentar los desafíos del presente con honestidad, transparencia y audacia, incorporando cambios de la mayor importancia en su centenaria Constitución Nacional.

Fruto de la voluntad política de los varios sectores de opinión, la nueva Constitución colombiana abre en forma democrática las puertas institucionales de la República para que por ellas transiten civilizadamente ideas renovadoras en materia de participación política y derechos ciudadanos.

La nueva Colombia estimula la vinculación de gente joven en el manejo del Estado y cuenta con mecanismos que hacen más ágil y expedita la aplicación de la justicia. Ella otorga generosamente a grupos alzados en armas la posibilidad de una reincorporación honorable a la vida civil. La nueva Colombia busca nacional e internacionalmente la redistribución de oportunidades a individuos y naciones individuos y naciones para que todos participemos de los frutos del crecimiento y el desarrollo; para que no siga ampliándose la brecha entre quienes todo lo tienen y a quienes todo les falta.

En la Carta de Derechos adoptada, el poder está en el individuo. El Estado existe para servir al ciudadano, para protegerlo y para promover las condiciones que permitan a todos desarrollarse libremente. La Constitución consagra una amplia gama de derechos civiles y políticos, tutela los derechos sociales y económicos, reconoce los derechos colectivos y establece los mecanismos para proteger efectivamente estos derechos fundamentales.

Vemos en esa nueva Colombia que surge de los esfuerzos del presidente César Gaviria -un dirigente joven y audaz que se atrevió a darle hace escasos trece meses una bienvenida anticipada al futuro- un ejemplo de lo mucho que se puede lograr cuando hay vocación de consenso, voluntad política para alcanzarlo y generosidad en el manejo de situaciones complejas.

Presentamos estos cambios con orgullo y dignidad, y con la convicción de haber encontrado el sendero por el cual habrán de transitar pacíficamente las nuevas generaciones de colombianos, arrojando a su paso las semillas de un futuro justo, próspero y equitativo, Ésa es la nueva Colombia que asiste a esta Asamblea General.

Perspectiva continental

También en Latinoamérica y el Caribe se perciben ondas de cambio y renovación. En materia de paz, participación democrática, vigencia de los derechos humanos e integración, nuestro continente avanza aceleradamente. El multilateralismo se ha convertido en fuerza predominante, como lo demuestran los varios procesos asociativos que se están dando paralela y conjuntamente.

Difícil encontrar un momento de mayor fluidez e integración entre los países miembros de nuestra región. El Grupo de Rio, el Grupo de los Tres, el Acuerdo de Cartagena, Mercosur y el fortalecimiento de los esfuerzos integracionistas de Centroamérica y el Caribe, son un reflejo de los procesos de cooperación, hoy en marcha. Son diálogos políticos, económicos y culturales que afianzan cada vez más nuestras raíces, nuestras vivencias y nuestro futuro. Ello ha significado un mayor compromiso entre nuestras naciones, aunando esfuerzos en torno a la acción conjunta que se requiere para vencer obstáculos que nos son comunes y que individualmente nos resultarían imposibles de superar.

La solución negociada a que han llegado Argentina y Chile en su diferendo limítrofe y el reciente acuerdo entre los gobiernos de Guatemala y Belice reflejan el clima de voluntad y concertación política que vive nuestra región.

Con relación a la "Iniciativa para las Américas", Colombia la calificó desde el mismo momento de su promulgación, como un ambicioso plan de cooperación y recibió complacida el carácter multilateral dado a algunos de sus componentes. Por ello aspira a que Europa y el Japón se unan con los Estados Unidos para que el Fondo Multilateral de Inversiones se vuelva una realidad en el inmediato futuro.

Un continente unido, con visión futurista, capaz de resolver las necesidades básicas de su población y en paz será punto de apoyo a los esfuerzos del Sistema de Naciones Unidas para lograr un orden económico abierto e integrado.

Quedaría incompleta nuestra referencia continental sino mencionáramos la obligación que siente nuestra región de promover un acercamiento entre Estados Unidos y Cuba. Las mismas suspicacias y recelos que durante largos años polarizaron las relaciones entre tantos países y que originaron la guerra fría que todos sufrimos, erosionan hoy la confianza entre esos dos Estados miembros de las Naciones Unidas.

No desconocemos las profundas diferencias que los separan, pero creemos que el nuevo ambiente de paz y cooperación que tan rápidamente ha impregnado las relaciones internacionales bien podría ser la base para una discusión franca y abierta de los temas pendientes.

Esperamos que los vientos de renovación y democratización que soplan en el mundo entero puedan ser incorporados autónomamente por Cuba dentro de su ordenamiento político. De otra parte, nadie puede subestimar las raíces históricas, geográficas y culturales que unen a Cuba con nuestra región.

Cambios en las Naciones Unidas

Los cambios registrados en el escenario internacional, desde la creación de las Naciones Unidas y el surgimiento de nuevos y complejos problemas, han promovido entre los Estados miembros de esta Organización la necesidad de reflexionar acerca de la manera más adecuada de responder a la realidad del mundo actual y a sus perspectivas futuras.

El nuevo escenario mundial requiere unas Naciones Unidas renovadas. Por ello el Grupo de Rio ha sometido a la consideración de todos los Estados unos lineamientos sobre la manera como concebimos la modernización de esta Organización.

Creemos que el proceso de revitalización de las Naciones Unidas no debe limitarse a la simplificación y rectificación de sus procedimientos o de sus esquemas de funcionamiento. La ampliación considerable de la membresía de la organización, las nuevas realidades políticas y la nueva estructura de poder en el mundo, imponen una revisión de los criterios existentes sobre la representatividad de los Estados miembros en todos los niveles del sistema y sobre su participación efectiva en el proceso decisorio. El logro de estos objetivos tendería a garantizar que los mandatos que se impartan traduzcan con claridad y equilibrio las aspiraciones de la comunidad internacional, en particular las de los países en desarrollo.

Se requiere fortalecer la Asamblea General para que sea fiel intérprete de la voluntad de los Estados. Éste debe ser el foro donde se debatan los temas de interés global y en el que se promueva el entendimiento sobre la importancia de una acción multisectorial que permita el éxito de la cooperación internacional orientada al crecimiento y al desarrollo social y económico de los pueblos.

Tan importante como el fortalecimiento de la Asamblea General es el de la Secretaría General. Ésta debe ser dotada de los instrumentos que le permitan el ejercicio independiente de sus funciones para dar fiel cumplimiento de los principios y objetivos de la organización.

La mejor coordinación de los organismos de Naciones Unidas exige una evaluación del Consejo de Seguridad. Es necesario darle una conformación que se ajuste a las nuevas realidades y estudiar mecanismos para evitar una influencia exagerada de unos pocos países. Desde 1945 Colombia ha sido contraria a la existencia del poder de veto y considera que es un buen momento para reexaminar su conveniencia.

Mi país ha insistido en que las relaciones internacionales se rijan según el Derecho Internacional y los principios de la Carta de Naciones Unidas. Consideramos vital la labor que cumple la Corte Internacional de Justicia.

Lucha contra el crimen organizado

Hoy más que nunca se requiere de la cooperación internacional para combatir el crimen organizado. El presidente César Gaviria ha reiterado que los eslabones de las cadenas criminales se extienden cada vez más por todos los países, articulándose en verdaderas organizaciones multinacionales. Los delincuentes modernos no reparan en nacionalidades o fronteras. A la internacionalización del crimen, hay que oponer la universalización de la justicia.

Debe buscarse una cooperación más estrecha entre el poder judicial y las autoridades de los diferentes Estados. Colombia está desarrollando una estrategia destinada a agilizar los procedimientos que permitan aportar evidencia y material probatorio allegado por las autoridades en el exterior. Consideramos que es obligación de todos los Estados suministrar las pruebas que posean contra los delincuentes, especialmente si éstos se encuentran comprometidos en crímenes de carácter multinacional como son el narcotráfico y el terrorismo. Estas acciones deben ser reforzadas mediante la promoción de mecanismos jurídicos y programas en el marco de Naciones Unidas.

Control a la transferencia de armas

Un problema que es materia de gran preocupación para mi Gobierno es la transferencia de armas. Es claro que para reducir o limitar el comercio de armas, como en todo comercio, será necesario reducir tanto la demanda como el abastecimiento. Creemos que en el momento actual es el más propicio para avanzar en este cambio.

El fin de la guerra fría ofrece una gran oportunidad para invertir en el desarrollo los recursos dedicados a gastos militares. El llamado "dividendo de la paz" debería reforzarse con planes de conversión a industrias de producción civil. Por otra parte, los esfuerzos en favor del desarme deben complementarse con medidas para limitar la producción que induce las presiones para exportarlas.

Las autoridades de todos nuestros países deberían comprometerse a establecer, con carácter prioritario un control efectivo a la transferencia lícita e ilícita de armas, especialmente cuando ellas se dirigen a zonas de conflicto o a regiones afectadas por la violencia que generan las actividades delictivas. Para ello sería conveniente publicar tanto la información que los Estados proporcionaran al secretario general sobre la transferencia lícita de armas, como la concerniente a los arsenales transferidos ilícitamente e incautados.

Pobreza genera inestabilidad

La comunidad internacional debe ser consciente de las consecuencias que la pobreza tiene para la estabilidad mundial. Desde hace varios años Colombia ha llevado iniciativas a diferentes foros en la búsqueda de una solución que debería abordarse con el mismo sentido de urgencia con que se han afrontado otras crisis.

La agenda internacional debe dar prioridad a la reactivación de las economías de los países en desarrollo dando acceso de sus productos de exportación a los mercados de los países industrializados. Es el tipo de solidaridad que reclamamos del mundo desarrollado.

La distensión entre las superpotencias no ha traído el pan a la mesa de los pobres. No se han acabado la miseria ni la injusticia social. Por el contrario, en la mayoría de los países las condiciones para el desarrollo siguen siendo adversas; la tecnología está lejos de su alcance, los principales mercados para sus productos permanecen altamente protegidos y la situación de endeudamiento los mantiene como exportadores netos de capital.

Señor presidente,

Colombia ha ofrecido ser país huésped de la Octava Conferencia de la Unctad en 1992.

Para que la Octava Unctad sea exitosa debemos reformular los criterios y mecanismos relacionados con el desarrollo económico y social de nuestros países. Será una oportunidad para adoptar nuevos canales de comunicación entre el Norte y el Sur alrededor de temas que han suscitado tradicionalmente controversia, pero que debemos ahora examinar con las perspectivas que caracterizan actualmente el diálogo internacional.

El telón de fondo de la reunión es el funcionamiento futuro de la Organización y la evolución de las negociaciones de la Ronda de Uruguay.

La octava Unctad debe ser el inicio de una nueva etapa. De una era en la que se aprovechen las oportunidades que se han abierto para la cooperación internacional una vez terminado el conflicto Este-Oeste.

Una restructuración exitosa de la Unctad, fruto de la concertación entre los distintos grupos de países que la conforman, sería un buen precedente para las reformas que deben hacerse al sistema de las Naciones Unidas.

Medio ambiente y desarrollo

Colombia mira con optimismo la próxima Conferencia sobre medio ambiente y desarrollo que se celebrará en junio de 1992 en Rio de Janeiro.

La "Cumbre de la Tierra" debe fortalecer los mecanismos de cooperación internacional en torno a este tema de carácter global. Ni la aplicación de un modelo de desarrollo depredador en el Sur, ni la renuncia al crecimiento económico, son opciones para solucionar la crisis del medio ambiente. Sobre la base de la corresponsabilidad entre las naciones del Norte y del Sur, es necesario abrir posibilidades para un modelo de desarrollo sustentable. Los países industrializados deben pagar la deuda ecológica que han contraído con la humanidad.

Derechos humanos

En el campo de los derechos humanos la Organización puede reclamar con justicia haber realizado una exitosa tarea de alcance universal. En buena hora la cultura de los derechos humanos hace parte de nuestra civilización.

El avance democrático y el progreso en la solución de conflictos exigen condiciones de desarrollo y justicia social que permitan la plena vigencia de los derechos económicos, sociales y culturales. La Conferencia mundial sobre los Derechos Humanos en 1993, será por ello uno de los eventos más importantes de esta década.

Señor presidente,

A pesar de las diversas perspectivas nacionales creemos que gradualmente está surgiendo un consenso sobre la clase de entorno internacional que debemos todos promover y el aporte que las distintas regiones y grupos de países podemos hacer a ese nuevo contexto global para la paz y el desarrollo. A los países desarrollados les corresponde actuar con imaginación y generosidad asegurando que los países en desarrollo cuenten con los recursos amplios y suficientes que les permitan acometer las inversiones productivas que solos no podrían lograr.

Ningún recinto más apropiado que éste para formular una invocación por la paz. El éxito logrado por el pueblo salvadoreño, con el apoyo de las Naciones Unidas, es el mejor ejemplo de la contribución de América Latina a la paz mundial.

Hoy tenemos una oportunidad sin precedentes para enfrentar con optimismo una nueva era de nuestra Organización. Debemos asumir conjunta y solidariamente este reto histórico como autores del futuro promisorio de la humanidad.