El mercado de armas en el período de la posguerra fría y los estados menos desarrollados

Dr. Frederic S. Pearson

Director del Centro para los Estudios de la Paz y el Conflicto, Wayne State University, Detroit, Michigan, Estados Unidos. Este documento fue presentado en el XV Congreso Mundial de la Asociación Internacional de Ciencia Política, julio 21-25 de 1991, Buenos Aires. Derechos de autor, IPSA, 1991. (Traducción de Arlene Tickner).

es

12-21

01/10/1991

01/10/1991

Introducción

Los efectos combinados tanto del descongelamiento de la "Guerra Fría" en 1989 y la subsecuente guerra del Golfo, como de la discusión acerca de un "Nuevo Orden Mundial", han confundido y complicado enormemente el mercado internacional de armas. Después de más de media década en que una disminución relativa en las ventas de armas al Tercer Mundo y en los gastos de defensa, junto con el aumento de proveedores condujeron a un "mercado de compradores" de armas, parecía que la creciente cooperación entre las grandes superpotencias y los esfuerzos por resolver los largos conflictos regionales (Angola, Afganistán, Centroamérica, Campuchea, Irán-Iraq) reducirían aún más la demanda de armamento. Estas expectativas también aumentaron con el problema global de la deuda y la crisis económica del Tercer Mundo.

A medida que las luchas disminuían en muchas regiones, y los ciclos de suministro de defensa se completaban, muchos miembros de la nueva generación de productores y exportadores secundarios de armas -desde Brasil a Israel- sufrieron severas reducciones en la producción que amenazaron su futura viabilidad como exportadores de mecanismos de defensa[1].

Cuando el ataque de Iraq contra Kuwait condujo a una respuesta colectiva de seguridad en 1990-1991, las perspectivas para futuras restricciones en la transferencia de armas, hasta entonces sepultadas desde las fracasadas negociaciones de la Administración Carter, parecieron mejorar notablemente. El Presidente Bush, el Primer Ministro Mulroney, los líderes europeos -sensibles a las acusaciones acerca de su papel en el fortalecimiento de la enorme máquina de guerra iraquí- e inclusive el liderazgo soviético -decidido a pasar de una economía de defensa a una más productiva- discutieron la limitación del suministro de armas hacia regiones inestables como el Oriente Medio. Ciertamente, al finalizar los años ochenta, el Oriente Medio había cedido el lugar de honor en la importación de armas del Tercer Mundo, al Sur Asiático; y con la destrucción creada por la guerra, varios estados petroleros del Golfo se enfrentaron a grandes problemas de reconstrucción civil y medio ambiente, que desviaron fondos del suministro de defensa. Aun la China también pareció disminuir su provisión de armas una vez se terminó la guerra Irán-Iraq. Por lo tanto, la guerra del Golfo y el papel de las Naciones Unidas como guardián de la paz llevaron a pensar que un nuevo régimen internacional para inspeccionar y controlar la transferencia de armas a zonas de conflicto podía ser posible.

Aunque estas posibilidades de restringir el armamento no han desaparecido completamente, han surgido nuevos factores desestabilizadores y contra tendencias. Aunque los congresistas que apoyan el control de armas, y algunos analistas y líderes como Bush y Mulroney continuaron recomendando soluciones que iban desde una moratoria sobre el comercio de armas con el Oriente Medio hasta un acuerdo estadounidense-soviético o multilateral para prohibir o frenar ciertos aspectos de dicho comercio, la Administración de Bush presionó para que hubiera ventas masivas adicionales de armas para premiar y proteger a sus compañeros de coalición en la región. Iniciativas de carácter controversial fueron camufladas para permitir la aprobación de garantías prestamistas del Banco de Exportaciones e Importaciones (Ex-Im) para ventas estadounidenses de implementos de defensa por primera vez en 1974. En un principio sólo se hicieron ventas a aquellos aliados primordiales y clientes como Israel, pero ocasionalmente a otros que el presidente considerara importantes para los intereses nacionales en el futuro[2].

Aparte de las ventas de armas al Oriente Medio, valoradas aproximadamente en veinte billones de dólares, Washington aparentemente estaba negociando más de trece billones de dólares de ventas a clientes latinos, africanos y asiáticos en 1991. El Departamento de Defensa, en particular, pareció haber estimado que mientras que las restricciones a las exportaciones podían aumentar la seguridad en algunos casos para mantener la estabilidad regional, el suministro de armas a clientes favorecidos era más efectivo en términos militares, más aceptable políticamente, y económicamente más lucrativo (tanto para las firmas americanas de defensa como para los presupuestos americanos)[3]. La búsqueda, por parte de la Administración, de acuerdos sobre el control de exportaciones, y el "alto perfil" político necesario para anticipar las restricciones del Congreso, parecen concentrarse alrededor de tecnologías sensibles, incluyendo el comercio de armas entre Este y Oeste, proliferaciones nucleares de misiles y de armas químicas y biológicas, y exportaciones de supercomputadores[4]. También se escuchan argumentos de que, si los americanos no vendieran armas, los clientes se verían forzados a comprarlas a los proveedores rivales, pues las naciones siempre encontrarían la forma de armarse.

Igualmente, aunque los gastos soviéticos de defensa han disminuido en un 6% aproximadamente durante los dos últimos años, la urgente necesidad de conseguir ingresos en moneda dura ha hecho que los anteriores miembros del Bloque del Este piensen dos veces en cuanto a la restricción de exportaciones de armas. Checoslovaquia, por ejemplo, decidió en 1991 suministrar tanques a Siria, a pesar de la intención del presidente Havel de prohibir las transferencias de armas; la Unión Soviética continuó vendiendo gran cantidad de armas de primera categoría, como son los Mig-29, tanto a Irán como a Siria. Aunque en Moscú sigue el debate sobre la conveniencia de exportar armas, y a pesar de que la venta de armas soviéticas sufrió reducciones notables durante la guerra del Golfo, los soviéticos parecen dispuestos a exportar siempre y cuando Washington también lo esté[5]. La China también parece haber aumentado sus esfuerzos por vender misiles balísticos avanzados de medio alcance.

El interés de Europa Occidental en una posible limitación de las transferencias de armas también ha dependido parcialmente de la disposición- improbable- de Washington y la OTAN para compensar la disminución de ventas con aumentos en las importaciones de armas. Las esperanzas crecieron cuando el embajador de la OTAN, aun antes de la guerra del Golfo, sugirió como alternativa a las ventas tercermundistas un aumento en el comercio de armas al exterior de la OTAN, a través de una baja en las barreras arancelarias. Sin embargo, las relaciones comerciales del Atlántico Norte permanecen inciertas a medida que se acerca 1992; además las tentaciones comerciales del Tercer Mundo y las iniciativas tecnológicas armamentistas se renovaron a raíz de los supuestos logros de la guerra del Golfo, incluyendo ataques exitosos de misiles sobre Israel. Mientras Alemania parece estar determinada a aumentar los castigos por las vergonzosas exportaciones ilegales, la disponibilidad general de la Comunidad Económica para limitar la promoción de ventas de armas por fuera de la OTAN parece problemática. La guerra del Golfo reveló discrepancias profundas entre los estados miembros de la Comunidad en cuanto a sus políticas de defensa (incluyendo la negativa de algunos países, como Bélgica, para brindar suministros a otro país como Gran Bretaña), pero también aumentó el apoyo público y de las élites a una mayor coordinación de seguridad intraeuropea[6]. Hasta el momento, sin embargo, eso ha significado más que todo una serie de negociaciones bilaterales entre los principales estados europeos (Francia, Gran Bretaña y Alemania) para precisar la mejor manera de elaborar políticas de defensa (cómo equilibrar las preocupaciones de la OTAN con las de la Unión de Europa del Oeste, la Conferencia de Seguridad y Cooperación de Europa, o la Comunidad Económica)[7].

En cierto sentido, con los conflictos de interés entre los estados proveedores por mantener tanto la estabilidad regional como los ingresos por la venta de armas, la probabilidad de limitar la transferencia de armas -más allá de los esfuerzos por limitar el acceso a las tecnologías más avanzadas o peligrosas- podría depender del deseo y la capacidad de los estados importadores para encontrar garantías alternativas de seguridad, para comprar armas, o para convencer a los proveedores de que les den crédito. Algunos importadores tradicionales de armas, como Pakistán, han concluido, como resultado de la guerra del Golfo, que sólo las armas más nuevas, "inteligentes" o ágiles pueden lograr la seguridad en la edad moderna o -como los líderes israelíes han argumentado durante muchos años- que la calidad de las fuerzas armadas puede compensar las desventajas cuantitativas. En palabras del Premier de Pakistán, "el aspecto militar de la guerra del Golfo ha dejado en claro que el descuido de la ciencia, la tecnología y los avances modernos en la defensa es desastroso... El desafío de la tecnología es un fenómeno permanente”[8].

Tales opiniones, por supuesto, sobreestiman la utilidad de sistemas avanzados en un campo de batalla electrónico, sin que haya acceso a buenos sistemas de vigilancia del espacio, de comandos ni de control. Obviamente, mientras la búsqueda de muchos de los gobiernos de los "Países en Vías de Desarrollo" (PVD), y especialmente de los que están involucrados en conflictos regionales crónicos, puede apuntar hacia las cimas tecnológico-armamentistas, su alcance puede estar restringido por carencias presupuestales, tecnológicas y de personal. Además, como lo ha anotado Andrew Pierre, en el Oriente Medio no tiene por qué producirse nuevamente una carrera de armas generalizada, porque sólo Iraq y Kuwait sufrieron bajas significativas de armas en 1991. Sin embargo, versiones mejoradas de misiles balísticos y cruceros, y municiones guiadas, junto con pequeños submarinos difíciles de detectar y minas prometen, en poco tiempo relativamente, aumentar el poder homicida de muchos de los PVD[9].

Los cambios en el sistema internacional después de la Guerra Fría parecen garantizar que el poder de regateo de los clientes de armas no será muy grande, pero, como en el caso de los proveedores, las tendencias varían. La disminución de la competencia entre las superpotencias limita la habilidad de los compradores de poner a competir a los proveedores entre sí. Los clientes tradicionales de las superpotencias, como Pakistán y Siria, pueden contar ahora menos con su suministro de armas. Sin embargo, en cierto sentido los suministros siempre eran esporádicos, especialmente durante momentos de crisis cuando las superpotencias buscaban impulsar o restringir clientes. Las grandes potencias hoy en día compiten tanto por una porción del mercado de armas como por conseguir ventajas políticas. Dado que la riqueza es escasa, los compradores capaces de pagar en efectivo o con largas listas de compra generan una competencia considerable entre los proveedores; incluyendo otros atractivos como compensaciones, transferencias de tecnología y créditos. Además, a medida que los acuerdos entre las grandes potencias han logrado estabilizar el mercado europeo de armas, los suministros de superávit de armas han aumentado, haciendo más fáciles las exportaciones desde países como la Unión Soviética y Checoslovaquia[10], y tal vez últimamente también desde Europa del Oeste. Si dichas ventas se restringirán y se reservarán sólo para los clientes confiables y desarrollados del Tercer Mundo, o si éstas se distribuirán ampliamente entre los países en vías de desarrollo, se constituye en una pregunta crucial para la estabilidad regional del futuro. Como hipótesis de trabajo, se podrían esperar las mayores limitaciones de ventas en aquellas áreas donde los compradores parecen estar exhaustos económicamente, o donde las probabilidades inmediatas de guerra parecen relativamente altas.

I. Las compras de armas en el Tercer Mundo

Para probar las hipótesis anteriores, es importante saber más sobre las preferencias y políticas de compras de armas por parte de los países menos desarrollados, y particularmente de los que están más atrasados en materia económica, militar y tecnológica. Se le ha dado mucha atención analítica a los más grandes importadores tercermundistas, los más poderosos y ricos, aquellos que concentran los más altos porcentajes en las compras de armas. Los PVD más débiles y pobres constituyen un "mercado de péndulo" para las armas, menos comprendido, pero cuya importancia podría aumentar en próximos años a medida que se distribuyan más excedentes de armas poderosas al Tercer Mundo. Muchos de estos estados, como los del Cuerno de África, Centroamérica y el Sudeste Asiático, han permanecido en guerra durante muchos años y aspiran a tener papeles militares prominentes en sus respectivas regiones.

Como el conflicto entre las superpotencias ha disminuido, se podría suponer que los PVD tendrían mayor dificultad en armarse. Pero ante la ausencia de los grandes proveedores de armas, las percepciones de amenaza de los PVD parecen haber aumentado, como ocurrió entre los miembros de la Asociación de Países del Sudeste Asiático durante la guerra del Golfo. Bien sea que estos países puedan o deban reducir los medios militares que les permitan desempeñar papeles regionales más activos, o que puedan reducir las brechas en la tecnología de armas, implícitas en la jerarquía del suministro de armas, son preguntas cruciales para las perspectivas de paz y bienestar en la región. Uno de los nuevos aspectos de la jerarquía tecnológica internacional, más pertinente en cuanto a la adquisición de armas, es la tendencia de los países tercermundistas a donarse o venderse armas entre sí. Esto implica un mercado de armas usadas, un mercado de reexportación para equipos modificados o mejorados -recibidos o copiados de los países industrializados-, o la exportación de diseños propios simples. Así, aun cuando los principales proveedores fueran a limitar sus exportaciones, los estados ambiciosos, en posiciones inferiores dentro de la escala del poder, tales como la China, el Brasil, Argentina, Israel, las Coreas, Taiwan y Sudáfrica, serían propensos -por una combinación de intereses económicos y de seguridad, y a pesar de sus propias dificultades de producción- a continuar exportando sistemas de segunda línea, relativamente eficaces[11]

Para entender las posibilidades de armamento de los PVD se requiere, entonces, una comprensión de su posición en las jerarquías tanto del sistema internacional como de los subsistemas regionales. Para comenzar, estos países tienden a compartir una perspectiva típica sobre la seguridad internacional. Por razones de poder e historia geopolítica, se han concentrado más intensamente en los balances de poder y las amenazas militares que se perciben como regionales en vez de las globales, así como en las insurgencias internas y en la oposición [12]. La tendencia a vincular sus acuerdos de seguridad a poderes extra regionales (en tratados de amistad y cooperación), ha sido afectada por el cambio en las relaciones entre las superpotencias. Aun cuando dichos lazos eran más predecibles, estaban acompañados por una determinación feroz por permanecer independientes, por lo menos simbólicamente. Las armas se consideraban fundamentales para lograr ambas metas, dado que la tecnología y los componentes de las armas se derivaban de patrones avanzados, pero proveían alguna supuesta medida de independencia, especialmente cuando se vinculaban a la capacidad de producción de armamento local (como en los acuerdos de producción licenciada).

Mohammed Ayoob argumenta, por ejemplo, que las armas nucleares proveen un medio simbólico de alcanzar a los demás, en el caso de los países tercermundistas que han sufrido una gran impotencia en cuanto a su influencia dentro de la política de las grandes potencias[13]. Así como aquellos testigos del éxito japonés contra los rusos en 1904 concluyeron que los asiáticos no tenían que asumir siempre el papel de víctimas, los que ahora presencian el ascenso chino a un estatus nuclear (seguido por la India, entre otros), y a una alta posición en la exportación de armas, señalan el importante papel que la tecnología armamentista puede desempeñar en el alivio, no sólo de la escasez de moneda extranjera, sino también de la psicología de frustración y debilidad. Desde el punto de vista de Argelia y otros países de los PVD, si el estatus de las armas no fuera importante, entonces ¿por qué potencias como los Estados Unidos vigilan los programas de desarrollo armamentista en países como Iraq, y por qué protestan tan fuertemente en contra de ellos? Así pues, las armas están íntimamente relacionadas con el cálculo de seguridad además del económico, hasta para estados como el Brasil, que aparentemente no tienen ningún enemigo interno ni externo. La seguridad viene a tener un significado nuevo y más político en términos de estatus internacional, influencia y futuras contingencias. No es accidental, entonces, que los importadores más ávidos de armas sean también aquellos países que están desarrollando su potencial nuclear y unas capacidades armamentistas propias, que están luchando para avanzar económicamente.

Se ha llegado a asociar el uso simbólico de tecnología armamentista con aquellos países recientemente industrializados, líderes entre los PVD. Los otros, al fin y al cabo, no tienen los medios para conseguir tantas armas, y además firmaron el Tratado de No Proliferación, en el cual rechazaron el deseo de tener armas nucleares. Sin embargo, aún no se ha explorado a fondo el papel que cumplen las armas en los cálculos de seguridad de los PVD. Mientras programas costosos pueden no haberse justificado para dichos países, es muy probable que demuestren el mismo ímpetu de armarse convencionalmente para cumplir con nociones más definidas de seguridad.

Aquí se propone analizar las políticas recientes de adquisición de armas de algunos de los PVD más representativos, escogidos en cada continente, para determinar si existen pautas que pudieran señalar sus posiciones futuras frente al armamentismo. Aunque algunas de las siguientes variables independientes parecen tener poca relación con la cantidad de armas importadas por los PVD, pueden estar relacionadas con la calidad o las categorías de armas por conseguir o por desarrollar en forma independiente: 1. experiencia reciente de guerra; 2. percepción de amenaza externa y doméstica; 3. tamaño y riqueza económica; y 4. ubicación geopolítica. Los países de la muestra han sido seleccionados para dar un amplio espectro de valores sobre estas variables.

II. Las políticas de compra de armas en los países en vías de desarrollo

Las políticas de defensa que adoptaron desde 1987 los siguientes países, han sido examinadas utilizando resúmenes del Defense and Foreign Affairs Handbook (Guía de Defensa y Asuntos Exteriores): Afganistán, Argelia, Chile, Colombia, Malasia, Nigeria, Senegal, Sri Lanka, Tailandia, Yemen y Zimbabwe. Por supuesto, no existe ninguna garantía de que el tipo de armas, adquiridas en diferentes fuentes durante la última media década, sea indicativo del futuro de estos países, pero los modelos de suministro sí revelan conexiones con proveedores que tienden a influir en decisiones futuras, e indican la dirección de la planeación de la defensa (muchas veces en períodos de cinco años).

Entre los estados todavía involucrados en grandes conflictos activos, como Afganistán, Colombia, Senegal, Sri Lanka, y hasta cierto punto Tailandia, se tiende a poner énfasis en aquellos equipos diseñados para cumplir retos militares específicos, aunque las dificultades económicas limitan sus escogencias armamentistas. Colombia, por ejemplo, involucrada en operaciones antidrogas y contrainsurgentes, pero sin una amenaza externa obvia (excepto algunas disputas territoriales esporádicas con Venezuela), ha fortalecido el armamento móvil y las comunicaciones. Debido a exigencias logísticas y del terreno, el armamento ligero (transportadores de personal y vehículos blindados) parece prevalecer sobre los tanques y tienen más importancia las armas pequeñas, aviones ligeros de combate (por los cuales Colombia intercambió carbón con Israel en el Trato Kfir de 1988), helicópteros, misiles antiaéreos, la vigilancia aérea, y los vehículos ligeros de patrullaje ribereño. Senegal, que sufre tanto dificultades económicas, como disputas étnicas y fronterizas con sus vecinos (Guinea, Mauritania, Guinea-Bissau), ha seguido un modelo similar de armamento ligero, y participó en la coalición de la guerra del Golfo en 1990, tal vez en parte, para mejorar sus relaciones de suministro con los Estados Unidos y Francia (anteriormente Washington había intentado relacionar la asistencia militar senegalesa con la interdicción de drogas). A pesar de sus disputas, Senegal disminuyó el presupuesto de sus Fuerzas Armadas en 1990-1991, como reflejo de las dificultades económicas producidas por la quiebra de la Confederación de Gambia.

Así, las necesidades armamentistas se combinan con relaciones inestables o inseguras de suministro para tales estados; buscan una distribución confiable, a precios reducidos, sin tener que depender excesivamente de los proveedores, que dominarían su toma de decisiones políticas e impondrían una mayor carga de deuda. Una solución es buscar una fuente de armas alternativa y más barata. Sri Lanka tiene lazos de defensa tradicionales con Gran Bretaña, pero recibe también ayuda militar de los Estados Unidos, la India, Pakistán e Israel, mientras compra armas de Gran Bretaña, Singapur, Corea del Sur, Pakistán, la China y los Estados Unidos. Sri Lanka también ha fomentado la producción de armas domésticas, especialmente en el caso de embarcaciones de patrullaje y vehículos blindados. A medida que la guerra civil se ha intensificado y causa crisis económica, la búsqueda de armas se torna más urgente y diversificada; en 1990, las compras de Sri Lanka incluían APC de segunda mano de Irán, y aviones usados de transporte tipo Y-12, de fabricación china.

Tailandia, con una lista de compras importante y un ejército ambicioso e influyente, también logró conseguir equipos chinos a precios preferenciales entre 1987 y 1988, suficientes para armar a cuatro divisiones mecanizadas de infantería, incluyendo también fragatas navales (con motores estadounidenses), tanques de batalla, APC y misiles de campo y antiaéreos. En 1990, los tailandeses buscaron misiles chinos tierra a tierra para armar a sus fragatas cuando las versiones estadounidenses resultaron demasiado costosas. Beijing estaba dispuesto a firmar esos pactos tanto por razones económicas como estratégicas, incluyendo su interés en tener una Tailandia bien armada al sur de Vietnam.

Obviamente, la influencia del ejército en las decisiones gubernamentales puede condicionar la obtención de armas. Los rumores de un fortalecimiento del ejército tailandés en 1990 se acompañaron de una campaña publicitaria en contra de la corrupción. Sin embargo, cada servicio armado tailandés supuestamente tiene fondos secretos reservados para gastos discrecionales. Tailandia también ha dado pasos hacia la producción de armas domésticas; particularmente, hacia la construcción de naves y armas pequeñas. Se mantienen los lazos tradicionales con los Estados Unidos, como en el caso del arreglo militar de pre-posicionamiento, en que Washington almacenó suministros y artillería contra Vietnam en los años ochenta, con-Tailandia haciéndose dueño de la mitad de los equipos, y beneficiándose de una refinanciación de créditos para rentas militares extranjeras (FMS) durante 1988 y 1989. El ejército tailandés buscó 300 tanques viejos en 1990, y la Fuerza Aérea quiso aviones F-16 y Euro-Tornado de combate adicionales, pero decidió aceptar aviones F-5 reacondicionados. Aunque al ejército tailandés le gustaron ciertos equipos brasileños con precios competitivos -como los cohetes de artillería-una táctica cuidadosa de compras lo llevó de nuevo a los grandes proveedores cuando surgieron preocupaciones sobre la viabilidad de los programas brasileños debido a la moratoria en los pagos, por parte de Iraq.

Los consumidores más grandes entre los PVD, especialmente los que tienen doctrinas de defensa agresivas como Tailandia, Malasia y Chile (al contrario de la posición de defensa territorial más pasiva de Nigeria), se han visto fuertemente afectados debido a las limitaciones presupuéstales y a sus deudas, y mientras tanto buscan nuevos sistemas de armas más refinados y duraderos. Varios de estos estados están al borde de convertirse, ellos mismos, en productores y Tailandia, utilizando varios grandes proveedores, es un estado enteramente armado. Ellos han buscado alternativas de suministro y financiación en lugares tales como la China e Israel (por ejemplo, las fragatas chino- estadounidenses de Tailandia; el acuerdo de intercambio colombiano con Israel, y la producción chilena de vehículos suizos bajo licencia). Muchos equipos son de segunda, equipados con componentes nuevos. Los submarinos tienen alta prioridad para muchos de estos estados que buscan equipos menos vulnerables y menos fáciles de detectar frente a la vigilancia, el comando y el control aéreo, y municiones guiadas de precisión cuya eficacia se demostró en las guerras de las Malvinas y del Golfo. Las tecnologías alemana e italiana son populares tanto para comprar como para realizar inversiones conjuntas. Las compras descontroladas parecen ocurrir periódicamente, cuando el ejército puede aprovecharse de mayores asignaciones presupuestales que pretenden recompensar los malos momentos económicos, como lo ocurrido durante el ciclo de la adquisición de armas por parte de Colombia por un valor de $64 millones de dólares en 1987. Chile también se ha involucrado en acuerdos de reexportación, como en el caso del ensamblaje local y reexportación de armas howitzer israelíes y sudafricanas. Así pues, los importadores más ambiciosos entre los PVD están utilizando una gran fuente de armas en diferentes tipos de combinaciones.

Es interesante observar qué les ha sucedido a los estados previamente inmersos en conflictos prolongados y de guerra cuando los problemas de seguridad finalmente se calman, como en los casos de Yemen, Zimbabwe, Chile, Argelia y Malasia. A medida que los asentamientos políticos de Mozambique constituían una reducida amenaza civil y externa, Zimbabwe reducía el número de efectivos de sus Fuerzas Armadas, de aproximadamente 46.000 a 10.000 hombres, pero, al mismo tiempo, mantenía importantes planes de abastecimiento. En 1988, el Parlamento de Zimbabwe reguló la infraestructura de abastecimiento mediante un Comité de Defensa, encargado de establecer compañías y agencias destinadas a la compra y venta de equipos. En 1989 se llegó a un acuerdo de préstamo blando de $102 millones de dólares con la China para sistemas avanzados de defensa aérea (aviones, misiles y radares), que costaban considerablemente más en términos reales, y que representaron la primera gran venta de aviones chinos a África. Inclusive con la eliminación del estado permanente de emergencia en ese país en 1990, el presupuesto de defensa aumentó considerablemente, en especial para el ejército.

Igualmente, a pesar del acuerdo entre Argentina y Chile sobre el Canal Beagle, el ejército recibió beneficios considerables en equipos de defensa; también multiplicó sus compras antes de entregar el poder al nuevo gobierno civil. Todavía sufriendo por un embargo militar estadounidense a finales de los años ochenta, Chile intentó modernizar (independientemente) sus equipos existentes (aviones F-5 de Estados Unidos, y Mirage franceses), con la asistencia de Israel, como los equipos adicionales (aviones y misiles). La marina obtuvo misiles aéreos de defensa israelíes para sus cuatro destructores británicos. Además, se crearon localmente variantes de equipos como el de los aviones de combate sudafricanos. Chile se unió con España para ensamblar aviones, y se convirtió también en un mercado importante para el consorcio de armas ítalo-brasileño.

Un acuerdo, que formalmente terminó la insurgencia del Partido Comunista de Malasia en noviembre de 1989 (incluyendo la destrucción de armas insurgentes), tampoco evitó un subsecuente aumento de armas. Sin embargo, algunos contratos costosos, como la compra de aviones Tornado-británicos, se suspendieron en 1990. La gran mayoría de los recientes aumentos presupuéstales fueron para la construcción y personal. Dado que un número de disputas regionales persistió, y que algunos grupos étnicos (chinos, cristianos) siguieron preocupando al gobierno, el ejército mantuvo tanto una estrategia de defensa progresiva y de largo plazo, como sus capacidades de contrainsurgencia. Como se ve, para muchos de los PVD con grandes infraestructuras y responsabilidades de defensa, el énfasis recae sobre los costos razonables, la movilidad y la evasión, en vez del peso y poder de fuego de las armas y equipos.

Las mejores relaciones, aunque no cordiales, entre Argelia y sus anteriores enemigos regionales como Marruecos y Libia, han abierto camino a nuevos esfuerzos por diversificar las fuentes de obtención de armas, para evitar así su dependencia básica de la Unión Soviética. Un modelo mixto de armamento parece estar emergiendo, lo cual podría significar la reducción en la participación de este país en gran parte de África (aunque el precio todavía será un factor importante para aquellos estados con escasos recursos petroleros).

El caso de Yemen ilustra la importancia de las jerarquías regionales para condicionar la adquisición de armas. Las relaciones de Tailandia con la China señalan que las conexiones con vecinos bien dotados de armamento pueden impulsar o retrasar la adquisición de armas, dependiendo del clima de las relaciones políticas y del balance de las rivalidades en la región. La disminución de los intereses soviéticos en el Oriente Medio y el acuerdo de unión yemenita redujeron hasta cierto punto el valor estratégico de Yemen para las grandes potencias. Sin embargo, sigue siendo una zona estratégica para Egipto y Arabia Saudita. Tradicionalmente, Yemen del Norte tenía un espectro más diversificado de adquisición de armas para la defensa que Yemen del Sur, que había dependido casi exclusivamente de Siria y del bloque del Este. Yemen del Norte había sido el único lugar en la tierra en donde consejeros estadounidenses y soviéticos compartían la misma base. Yemen constituye un ejemplo de un país con equipos relativamente avanzados, pero con un personal insuficientemente capacitado para usarlos, por lo que pilotos de Taiwan y Corea del Sur fueron los que volaron sus aviones durante las crisis yemenitas. Sin embargo, con la unión, Arabia Saudita ha sido cautelosa en no brindar demasiada asistencia militar a un vecino potencialmente inestable, especialmente porque uno de los puntos de la unión parece ser lograr el debilitamiento de las tribus prosauditas en el Norte.

En el Sudeste Asiático, algunos países colaboradores entre sí (como la Asociación de Países del Sudeste Asiático) también se vigilan con recelo cuando se trata de aumentos de material de defensa. Aunque Malasia, Indonesia y Tailandia coordinaron conjuntamente operaciones contrainsurgentes, a medida que se expandía el hardware militar de Malasia, los vecinos empezaron a preocuparse. Singapur pidió inspecciones abiertas en abril de 1990, y los filipinos se preocuparon sobre las proyecciones del poder de Malasia en el mar. Aun sin disputas que merezcan el calificativo de crisis, aún permanecen asuntos delicados como el conflicto multinacional sobre las Islas Spratly, que no permiten crear un subsistema regional altamente agresivo.

Modelos o perfiles regionales de armamento también parecen existir entre los PVD, tal vez en parte por la variación en terrenos y riqueza. Armas pesadas -artillería, tanques, aparatos navales- son mucho más escasos entre los estados africanos del Sub-Sahara (excluyendo a Sudáfrica) que en 'regiones más abiertas topográficamente y más ricas, como el Oriente Medio y África del Norte. Los misiles de tierra también parecen codiciarse más en el Oriente Medio. Los estados latinos utilizan tanques ligeros, defensas antitanques y más equipos aéreos (aviones de combate y helicópteros) y navales. Los navales están creciendo en importancia en Asia del este, junto con los helicópteros que penetran la selva, armamento (en parte pesado, pero más que todo ligero), capacidades antitanques y de artillería, aviones de largo alcance y sistemas de defensa aérea (SAM) relativamente complejos. Los ejércitos africanos parecen inclinarse a operar con vehículos y transportadores blindados, junto con defensas contra blindados y fuerzas aéreas relativamente pequeñas con aviones de corto alcance. Nigeria, habiendo recortado sus gastos militares, sigue inclinándose hacia la defensa territorial y carece de un sistema de defensa aéreo integrado. No se ordenó ningún sistema nuevo de defensa en ese país entre 1987 y 1990, aunque se desarrolló alguna producción nacional de armas como explosivos, municiones y armas cortas. Igualmente, Senegal y Zimbabwe dependen de vehículos blindados y APC, y bombarderos ligeros. Senegal también mantiene una pequeña patrulla costera y una fuerza anfibia.

Conclusiones

Varios modelos emergen para ilustrar las posibilidades de adquisición y distribución de armas entre los PVD. Por un lado, parece que la reducción de tensiones internacionales no necesariamente significa menos urgencia para armarse. Mientras, por una parte, se formulan planes de abastecimiento sobre períodos relativamente largos de tiempo (8 años en el más reciente caso chileno de aumento armamentista), en otras, los planes son cancelados o suspendidos (por ejemplo, las compras de Malasia a Gran Bretaña), pero estos últimos generalmente asumen nuevas formas en el sentido de arreglos alternativos para equipos de segunda línea, de segunda mano o adaptados. Parece que los PVD serán más dados a combinar o intentar combinar componentes de muchos proveedores en sistemas de armas individuales. Mucho del trabajo tendrá lugar en talleres domésticos con asistencia técnica extranjera y en relaciones de consorcio. Las variantes domésticas de armas pueden ofrecerse, en algunos casos (Chile), hasta para la reexportación.

Aunque las tecnologías exóticas permanecerán generalmente fuera del alcance de los países menos desarrollados, parece que lograrán producirse imitaciones locales de los elementos más apreciados. Estos incluyen sistemas de lanzamiento y dirección de misiles (probablemente, tecnología de crucero), pequeños mecanismos antitanques, y en algunos casos (Chile, Malasia, Tailandia), submarinos relativamente grandes y defensas aéreas. Al mismo tiempo, las variaciones regionales en el tamaño y movilidad de las armas probablemente persistirán. Agrupaciones regionales, como en la península Árabe, África del Norte y el Sudeste Asiático, pueden llegar a tener participación parcial en el abastecimiento y la estandarización de armas, para mantener cierto control sobre potenciales carreras armamentistas y sobre los vecinos inestables.

Aunque la financiación continuará siendo problemática, allí donde exista la voluntad de conseguir armas, probablemente habrá forma de hacerlo, ya sea a través de regateos, de compras a precios especiales por parte de los estados exportadores más pobres, de préstamos blandos para países favorecidos por su posición estratégica o arreglos de coproducción. El comercio internacional en general trata menos de ganancias en negocios específicos, que del aumento de la producción para lograr economías de escala. Como resultado de lo anterior, muchos proveedores de armas pueden estar dispuestos, si se superan las preocupaciones tecnológicas, a vender sistemas aun con pérdidas. Algunos PVD, como Nigeria y hasta cierto punto Malasia y Senegal, han mostrado un admirable control en la adquisición de armas durante malos momentos económicos. Si los esquemas colectivos de defensa o seguridad, como aquellos en los que Nigeria ha participado en África, se muestran eficaces en la estabilización regional a niveles relativamente bajos de destrucción, la preparación armamentista pudiera girar hacia la intervención multilateral en vez de unilateral, una tendencia que podría fortalecer la paz y ahorrar dinero. De acuerdo con esta tendencia, Robert McNamara propuso, en 1991, negar asistencia internacional de desarrollo a aquellos países cuyos gastos militares excedieran ciertos niveles óptimos[14]

Pero la tecnología también es llamativa simbólicamente para los países recientemente industrializados y los PVD; un gusto fomentado tanto por la percepción de amenaza (la búsqueda de submarinos relativamente no detectables) y la conciencia de status (la influencia militar tailandesa y chilena). Las armas han llegado a verse como la panacea tecnológica, alrededor de la cual se llevan a cabo importantes intercambios entre estados avanzados y menos avanzados -como en los proyectos para mejorar, modificar y adecuar aviones y tanques. Aunque los supuestos beneficios pueden exagerarse, los proyectos de armas se encuentran entre las pocas colaboraciones permanentes entre ingenieros de países avanzados e ingenieros de países en vías de desarrollo. Siempre y cuando la transferencia tecnológica sea controlada; que se emplee a una gran cantidad de ingenieros bien calificados y potencialmente disidentes; y que las amenazas de seguridad, domésticas o regionales puedan ser identificadas, las armas se considerarán como una mercancía deseada por parte de los PVD. Éstos intentarán conseguir "nichos" de avance tecnológico aun mediante la adquisición de equipos usados o de segunda línea.

El incentivo es involucrar a la mayor cantidad de fuentes de suministros posibles, tanto para evitar la sobre dependencia y detectar los canales de suministro, como para desarrollar al máximo nuevas técnicas e ideas. Puesto que habrá suficientes equipos genéricos, esencialmente diseños copiados, la identidad del productor/distribuidor principal se volverá menos importante y más difícil de ubicar. Finalmente, parece ser que mientras los altos niveles de deudas externas continúen restringiendo el mercado de armas, sólo una combinación de garantías regionales, aseguradas por las grandes potencias, y el acceso garantizado a formas alternativas de tecnología, podrá lograr reducir completamente esta tendencia.



[1] Richard F. Grimmett, Trends in Convcntional Arms Trasnfers to the Third World by Major Suppliers, 1982-1989, Washington, D.C, Congressional Research Service, junio 19,1990; y Stephanie Newman, "Continuities and Change in the International Arms Trade"; Presentación hecha en la Reunión Anual de la Asociación de Estudios Internacionales, Washington, D.C, Abril, 1990.

[2].Las repetidas advertencias del Banco Ex-Im sobre el mal uso iraquí de los créditos para propósitos militares fueron ignoradas, y aparentemente desmentidas por el Departamento de Estado en 1989. Véase Amy Kaslow, "State Department Ignored Warnings of Military Buildup", en The Christian Science Monitor, abril 19,1991, pp. 1-2.

[3] Lora Lumpe, Arms Sales Monitor, Washington D.C., Federation of American Scientists, 1991, p. 1, citando a Antony Beilenson. David Silverger, "U. S. Sees Need fo Mideast Arms Control in Gulf War's Wake", en: Defense News, Mayo 6, 1991, pp. 16 and 36. David D. Newsome, "Is a Window Open for Arms Control?", en Vie Christian Science Monitor, Mayo 8,1991, p. 18. Spurgeon Keeny Jr., "Arms Sales: The New World Order?", en: Arms Control Today, 21, Abril 1991, p. 2. Richard J. Durbin, "Taxpayers Shouldn't Underwrite US Arms Sales", en Tlie Christian Science Monitor, Abril 1991.

[4] Lumpe, citando a James LeMunyon, Op. cit.

[5] Lumpe, citando a Galia Golan, Ibid.

[6] Theresa Hitchend, "Support Grows for Joint Policy on EC Defense", en Defense News, Mayo 6, 1991, p. 37.

[7] Frederic S. Pearson, "European Security Policy and Franco-Germán Linkage", Presentación en la Conferencia sobre NewThinking about European Security: Rethinking Defense Strategies, Columbia, MO, Marzo 1991.

[8] Michael Wines, "Third World Seeks Advanced Arms", en The New York Times, Marzo 26,1991, p. A6. Marek Thee, "The Post-Gulf War Technological Armaments Spiral", ponencia presentada en el East-West Workshop on Conversión Research, Berlin, Abril 1991.

[9] Los países recientemente industrializados (NIC), con sus propias industrias de defensa en avance, también pueden estar o no interesados en controlar el comercio convencional o no convencional de armas, dependiendo de sus propias ambiciones en cuanto a las exportaciones y sus requerimientos de tecnología y partes importadas. Véase Lora Lumpe, Arms Sales Monitor, Washington, D.C, Federation of American Scientists, Abril 1991, citando a Golan.

[10] John J. Fialka, "Czechoslovakia Plans to Export 5.500 Weapons", en The New York Times, Mayo 9, 1991, p. A8.

[11] Carol Evans, "Reappraising Third-World Arms Production", en Survival, febrero 28, 1986, pp. 99-118. Rajesh Rajagopalan, "The Developing Countries as Arms Suppliers", en Strategic Analysis, No. 12, Febrero 1989.

[12] Mohammed Ayoob, "The Third-World in the System of States: Acute Schizophrenia or Grówing Pains?” en International Studies Quarterly, No. 33, Marzo 1989, pp. 70-71.

[13] Ibid., p. 73.

[14] David R. Francis, "Foreign Aid Seen as Lever to Curb Armaments in Developing Nations", en The Christian Science Monitor, Mayo 2, 1991.