Colombia y Venezuela: La creación de un universo

Noemí Sanín de Rubio

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36-41

01/07/1992

01/07/1992

Palabras de la ministra de Relaciones Exteriores de Colombia ante la XVI Reunión de las Comisiones Presidenciales de Asuntos Fronterizos de Colombia y Venezuela, San Cristóbal, 6 de agosto de 1992.

Señoras y señores:

Permítanme comenzar con una tautología: este universo es nuestro universo. Estamos aquí, levemente sorprendidos por lo que hemos sido capaces de hacer en corto tiempo. De repente, después de años y años de darnos la espalda, nos hemos asomado al Orinoco, al Meta, al Arauca; hemos golpeado a las puertas de Cúcuta, de San Cristóbal; nos hemos saludado sobre las crestas de Perijá; nos hemos dado la mano desde el Apure y el Vichada, y hemos descubierto que esa indiferencia, que ese ensimismamiento, carecían de lógica, que no podían alegar en su favor ni el más mínimo motivo.

Guardadas todas las distancias, ustedes y nosotros hemos construido un nuevo mundo. Claro está, no podemos hablar de una hazaña como la de Colón, como la de Marco Polo o Magallanes, pero lo cierto es que a partir de nuestros asuntos cotidianos, de nuestras conversaciones más sencillas, de nuestras expectativas menos inquietantes, nos hemos inventado este terreno en el que nos sentimos a gusto, sin temor de ninguna especie, sin aprensiones. Un terreno en el que comenzamos a sentar los cimientos de una integración favorable, de una real integración en el mundo de la economía, de la política, de la ciencia, del pensamiento.

Y no podía ser de otra manera. Vean ustedes, entre Colombia y Venezuela hay miles, hay millones de vasos comunicantes. Recuerden el epígrafe maravilloso de ese maravilloso "Poema con una sola mano", de Carranza: "Porque el poeta lejos de su patria, pasa la mano por un mapa, a grande escala, del valle de Ubaté". Pasemos entonces nuestra mano por un mapa a grande escala de esta línea divisoria que nos une. Por allí cruzan impetuosos, con sus mismos nombres y sus mismos torrentes y remolinos, el Catatumbo, el Zulia, el Capanaparo, el Atabapo. Todos ellos, como grandes nervaduras que alimentan nuestra geografía, nacen en Colombia y se enriquecen y van a morir en Venezuela. Pero no sólo cruzan los ríos. También están las montañas y las ciénagas y las corrientes subterráneas. También las aves migratorias y los chigüiros. Y sobre todo el hombre. El hombre de frontera incapaz de distinguir entre lo tuyo y lo mío en un espacio donde todo está hecho de comunión, de comunicación, de cercanía.

Ese es, en fin, el universo que es nuestro universo. Ustedes y nosotros hemos contribuido a hacerlo de una determinada manera.

Relaciones formales, relaciones reales

Por eso aquí hemos planteado y seguiremos planteando políticas y directrices a partir de las cosas esenciales. Muchas veces, ustedes lo saben bien, estas últimas no se refieren a aquellos asuntos que involucran las cuestiones estructurales del Estado. A veces tienen que ver con lo más inmediato, con lo más simple. Nosotros no hemos descuidado ninguno de los dos frentes. Así como hemos abierto grandes interrogantes, también hemos dado enormes respuestas. Y en la misma forma en que hemos padecido asuntos coyunturales y cotidianos que dificultan ante todo nuestra vida de frontera, también hemos ideado, gracias en buena hora a la tarea desarrollada por las Comisiones de Vecindad, mecanismos concretos que nos ayudan a solucionarlos.

Hace algunos años nuestras relaciones eran puramente formales. Para iniciar un mínimo diálogo sobre cualquier hecho o cualquier circunstancia, el discurso político de entonces se veía obligado a echar mano de nuestras raíces comunes, de nuestros héroes, de nuestra herencia compartida.

Ahora entendemos que esos son hechos ciertos a partir de los cuales debemos abrir puertas y ventanas. Amamos apasionadamente a Bolívar y sabemos que somos capaces de repetir, por él y en él, la creación de un universo. Pero es precisamente esa vocación bolivariana la que nos ha permitido comprender que, aunque somos dos patrias, somos igualmente un solo pueblo.

Hoy nuestras relaciones son reales. Estamos aquí para hablar sobre puntos concretos, sobre temas prácticos, sobre hechos ciertos, sobre hipótesis plausibles. Dicho en términos llanos, colombianos y venezolanos nos hemos perdido el miedo. Nos vemos como lo que somos, seres inmersos en un proceso común: el proceso de hacer de estas naciones el sitio propicio para desarrollar el sueño de Bolívar.

Hablar, obrar

Por fortuna, hemos evitado caer en la tentación de Dostoyevsky. "Yo estoy enteramente de acuerdo —escribe— con que hablar liberal y elocuentemente es muy agradable, mientras que obrar... es algo aburrido". En el terreno de la integración hemos hablado con liberalidad y elocuencia, pero también hemos obrado con celeridad y con acierto.

Para comenzar, hablamos de un mercado de cincuenta millones de personas. Pero hablamos también de una zona fronteriza con siete millones de habitantes, de un intercambio comercial que este año podría llegar a los mil millones de dólares, de dos economías sanas que se han esforzado hasta lo indecible para lograr ajustes estructurales, de una posibilidad real de crecimiento sostenido en los próximos años.

Y obramos. Luego de poner en marcha instrumentos como el Arancel Externo Común y de aprobar un mercado único y la libre circulación de mercancías:

•Comenzamos a pensar en mecanismos que les den a los empresarios garantías adecuadas de estabilidad.

•Desarrollamos lo que será en el futuro inmediato la Aduana Binacional de Frontera.

•Instalamos, en esta misma reunión, el Comité Empresarial Binacional, que buscará desarrollar proyectos de inversión en el sector productivo.

•Fomentamos el acercamiento de los sectores financieros, dentro del cual vemos con especial interés la modificación del Reglamento de la Ley de Bancos de Venezuela.

•Y hoy suscribimos un acuerdo para homologar las normas técnicas que imperan en nuestro país.

Otras voces, otros ámbitos

Todo ello nos ha llevado a vivir un proceso de interrelación progresiva. Hoy la integración colombo-venezolana es uno de los hechos económicos de mayor trascendencia en Latinoamérica, con la importancia adicional de que ha sido impulsada en primer término por los empresarios del sector privado. Son éstos quienes se preocupan por asumir actividades que anteriormente se entregaban a las grandes compañías internacionales. Dentro del esquema de integración, trabajamos hoy, a manera de ejemplo, en asociaciones para explotación petrolera, en nuevos desarrollos de la ingeniería civil y de la consultoría de servicios, y en el impulso definitivo al sector del turismo, que comenzó con el paso diario de 35 mil personas en la frontera, y que ha avanzado con la creación de zonas francas que incrementarán al máximo el turismo binacional.

Este es el nuevo mundo que hemos diseñado. Hoy, la mayor parte de los sectores de nuestras economías se han hecho interdependientes, de tal manera que las medidas que toman las autoridades económicas de uno de los dos países repercuten en el otro, y viceversa.

Pero además, la vieja concepción de las alcabalas, de las aduanas y de los centros fronterizos debe acomodarse a una realidad en la que se han desmontado aranceles y prejuicios. Las normas y costumbres que se crearon para una frontera cerrada carecen hoy de todo sentido y, por consiguiente, están en mora de desaparecer. Hoy en día, la solución de los problemas del transporte, la agilización de las aduanas y la simplificación de los trámites son tan importantes como lo fueron en su momento los acuerdos que crearon las Comisiones Presidenciales o que liberaron los mercados entre los dos países.

Nuevos desafíos

Como es apenas obvio, todas estas circunstancias nos plantean otra serie de desafíos. En consecuencia:

•Necesitamos armonizar nuestras políticas macroeconómicas.

•Necesitamos coordinar en sus detalles más significativos las labores desarrolladas por las autoridades económicas respectivas.

•Necesitamos incrementar el comercio bilateral, que a pesar de sus cifras cada día más ambiciosas y positivas, respecto del flujo total del comercio representa apenas el 6% en Colombia y el 3 % en Venezuela.

•Necesitamos eliminar permisos y controles que perdieron su razón de ser, y perfeccionar la apertura para las mercancías.

•Y necesitamos, entre otras varias actividades similares, profundizar y simplificar políticas conjuntas en materias económicas, transportes, relaciones laborales, seguros y desarrollo fronterizo.

Dígalo con música

Esa es nuestra tarea. Una tarea cada día más compleja y positiva. Ahora mismo, mientras nosotros discutimos de cifras y de porcentajes, en Caracas y en Bogotá se prepara la temporada de ópera que se estrena a finales de mes en la capital de Colombia. Se trata de un paso significativo. Sobre una expresión cultural que comienza a abrirse paso entre nosotros se concentran el apoyo financiero de importantes entidades de las dos naciones y el aporte técnico del Consejo Nacional de la Cultura de Venezuela, del Complejo Cultural del Teatro Teresa Carreño, del Camarín del Carmen y del Instituto Colombiano de Cultura.

Este es otro territorio de la integración, que debemos comenzar a explorar en forma inmediata. Y no sólo la producción de bienes y de herramientas culturales. La misma creación artística y literaria, las formas de pensamiento, la investigación académica, la conservación y restauración del patrimonio, los sistemas educativos, todo ello debe convertirse en un nuevo territorio de integración, sobre el cual podremos trabajar en forma incansable. La economía nos permitirá avanzar en una integración horizontal, mientras que la identidad cultural nos llevará a una integración vertical que algún día tocará las raíces del lenguaje, de la música, de la expresión artística, de la cultura.

Integración hacia afuera

Ahora bien, éstas serán tareas que debemos iniciar de inmediato pero que sólo alcanzarán a desarrollarse a largo plazo. Mientras tanto tenemos que pensar en la necesidad de que las empresas colombo-venezolanas extiendan su mercado doméstico y diseñen las economías de escala indispensables para competir con mayor eficiencia en el mercado internacional.

Ese es nuestro objetivo. Vamos a proyectar la integración hacia afuera, y para ello necesitamos optimizar los recursos e implantar estrictos controles de calidad. Según Martín Ibarra, experto en el tema, "las condiciones que ofrece la Iniciativa Andina aprobada hace poco en los Estados Unidos, son únicas. Este país liberó en favor de Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, importaciones por 176 millones de dólares, de los cuales 55 equivalen a productos cuyo arancel es superior al 5%, que antes eran abastecidos por países del sudeste asiático. En este sentido será importante aprovechar las ventajas de las zonas francas colombianas, donde podrían ingresar equipos y materias primas venezolanas sin perder su nacionalidad".

Las Comisiones, herramienta efectiva

No quiero terminar sin resaltar la tarea de las Comisiones Presidenciales de Asuntos Fronterizos. Por espacio de tres años se han convertido en el instrumento necesario para lograr una integración efectiva. Con ese propósito, han asumido su tarea mucho más allá de un terreno puramente académico, y hasta el momento han promovido cerca de 80 planes económicos que se han desarrollado en forma adecuada.

Eventos como éstos sirven de acicate a las Comisiones. Son ellas las que nos han convocado, las que han promovido este encuentro, las que le han dado una dimensión más ambiciosa y un impulso más definitivo. Con imaginación y versatilidad indudables, ellas han respondido a las nuevas modalidades de este proceso, han entendido que en la frontera se da una integración espontánea a partir de unidades familiares y sociales que se desarrollan a lado y lado de nuestra línea de contacto, y han estimulado la conquista de metas que han surgido en forma vigorosa en torno a las políticas gubernamentales.

El hecho de que en su seno figuren personalidades relacionadas con los problemas inmediatos de las comunidades fronterizas, les ha dado una consistencia de enorme interés. Los propósitos que las animan, los mecanismos que han puesto en práctica, las preguntas que formulan, las respuestas que ofrecen, los análisis que desarrollan y el entusiasmo que imprimen en todas y cada una de las labores puestas a su cuidado merecen el reconocimiento de los dos países. Sobre su tarea se basa buena parte de nuestro presente común y, por qué no, del futuro que tendremos que compartir en breve término.

Más allá de la economía

Las Comisiones son, además, un espacio de reflexión sobre los problemas de frontera. En ellas podrá pensarse un poco más allá de los términos económicos, dentro de un contexto que integre el desarrollo social, que analice la situación del trabajo, de la salud, de la educación, de la vivienda, que plantee las posibilidades y dificultades que giren en torno a la infraestructura de servicios, que libre de trabas y obstáculos a la convivencia de los habitantes de la zona, y que de esa manera contribuya al bienestar físico de las comunidades.

Señor canciller Ochoa:

Considero que ésta es la ocasión propicia para presentar a usted un saludo de Colombia. Siendo embajadora en Venezuela fui testigo de excepción del desvelado interés que usted puso, como ministro de Defensa, en todo lo relacionado con las dificultades que enfrentan nuestras naciones en su zona de frontera. En ese período se pusieron en marcha los más ambiciosos planes de cooperación entre las Fuerzas Armadas de los dos países y se comenzó a controlar una serie de acciones criminales que nos afectan, tales como el narcotráfico, la guerrilla y el secuestro.

En el marco de esta Conferencia, y dentro de un terreno como éste, básico para que la vida de las comunidades se desenvuelva en forma pacífica, necesitamos ampliar el intercambio de información y de inteligencia militar, desarrollar los programas de cooperación que cumplen los Ejércitos y las fuerzas de Policía, e incrementar las tareas de la Comisión de Vehículos Robados, que debe proponer mecanismos más imaginativos y audaces para ponerle coto a esa creciente e inaceptable práctica delictiva.

Si logramos estos objetivos inmediatos y remotos, podremos convertir a la frontera entre Colombia y Venezuela en lo que debe ser según su vocación integracionista: una gran zona adecuada para la paz, para el trabajo en comunidad, para la distensión de los antagonismos, para la lucha eficaz contra la desigualdad y la pobreza.

La utopía es posible

Todo esto nos lleva a concluir que el buen éxito de las gestiones económicas, de la integración cada vez más enriquecedora de gobiernos y de empresarios, de las cifras que hablan de los mercados extendidos, del incremento en el intercambio comercial, del acercamiento de los sectores financieros, de la puerta que se abre en los terrenos del arte, la educación y la cultura, nos tienen que plantear la necesidad de ir todavía más allá, de ser más ambiciosos, de idear con amplitud de miras y generosidad de corazón un contexto que no sea el nuestro de cada día sino el ámbito adecuado para el siglo XXI.

Pienso entonces en nuestros dos países unidos a partir de un universo ideológico común, solidarios como consecuencia de una economía uniforme, ligados estrechamente a raíz de sus investigaciones tecnológicas, de sus hallazgos científicos, de sus metas cualitativas, de la defensa de su hábitat y de su medio ambiente compartidos, de su geografía indisoluble.

Pienso en utopía. Pero, para nosotros, lo hemos demostrado, la utopía es posible.

Muchas gracias.

 

 

 

 

 

Cuadro 2
Componentes selectos de la propuesta de la administración Bush:
Asistencia económica y Militar de EU para América Latina. Año presupuestal 1993

     DA Development Assistance: Asistencia para el Desarrollo: Apoyo para proyectos específicos de educación, salud, urbanización y desarrollo rural
     ESF Economic Support Funds: Fondo de Apoyo Económico: Asistencia con fines de seguridad y destinada principalmente para apoyo a la balanza de pagos; su empleo exacto es determinado por el país anfitrión y negociado con el gobierno de EU.

 

Fuente: Propuesta presupuestaria en Asistencia de seguridad, Año presupuestal 1993. Departamento de Estado con la Agencia de Asistencia para Defensa y Seguridad, febrero de 1992.
* Incluye Antigua-Barbuda, Dominica, Grenada, St. Kitts y Nevis, St. Vincer c y las Grenadinas.
** Montos provisionales para Bolivia, Colombia y Perú; montos finales dependerán de los logros de cada país en el cumplimiento de los objetivos detallados en el programa anti-drogas.
*** Fondos para reformas en la administración de justicia, entrenamiento policial, asistencia técnica electoral, entrenamiento naval y guardacostas.