Economía y drogas

Ibán de Rementería

Comisión Andina de Juristas

es

9-16

01/10/1992

01/10/1992

Documento preparado para el Primer Encuentro Iberoamericano de Universidades, Bogotá, 1 al 8 de junio de 1992.

 

Macroeconomía de las drogas

Rol macroeconómico de la producción, tráfico y expendio de drogas

La producción mundial de todas las drogas naturales—marihuana, hashish, pasta de coca y opio— llegaba en 1988 a 30.060 toneladas métricas (TM); el primer productor era México que participaba con un 32.2%, el segundo era Estados Unidos con un 27.6% y el tercero Colombia, que aportaba un 19.2%. Por regiones, el Caribe es el primer productor mundial con un 53.6%; le sigue Norteamérica con un27.6%;la región andino-amazónica es la de menor producción ,registra sólo el 3.5%. Del volumen total de estas cuatro drogas, la marihuana representa el 80%; de ésta el34.5% es producida por Estados Unidos.

Rol económico de los cultivos ilícitos  

Para dimensionar el rol económico de la producción de drogas naturales, su valor como producto agrícola se puede comparar con el producto interno bruto (PIB) agrícola; sus derivados exportados de contrabando —precio FOB—, con el valor de las exportaciones legales; su valor puesto en los mercados consumidores—precio CIF—, con la deuda externa de los países productores.

Para el conjunto de los catorce países considerados, el valor agrícola de su producción de drogas naturales sólo representó el 2.5% del total del producto interno agrícola. Sin embargo, para el Líbano, azotado por una guerra civil, la producción agrícola de drogas equivalió al 34.3% de su PIB agrícola. Para países pobres como Jamaica la producción de marihuana era el 12.9% de su PIB agrícola, para el Perú el 12.4% y para Bolivia, en un largo proceso de ajuste económico, la producción de la hoja de coca destinada al tráfico internacional de cocaína equivalió al 21% de su PIB agrícola. En cambio, para México, primer productor mundial de drogas naturales, su producción de marihuana y de opio sólo representó el 3.4% de su PIB agrícola. Para Estados Unidos, segundo productor mundial, el pago a los productores de marihuana fue sólo el 0.4% del PIB agrícola, pero el valor cobrado a sus consumidores—US$89.050 millones—fue el106.4% del PIB agrícola estadounidense.

El valor exportador FOB de los derivados de los cultivos ilícitos de drogas naturales—marihuana, hashish, opio y pasta de coca— equivalió al 22.1 % de las exportaciones legales de los países productores. Sin embargo, para países que padecen guerras civiles, como Afganistán y el Líbano, sus exportaciones ilegales de drogas equivalieron respectivamente al 131.6% y al 246.8% de sus exportaciones legales. Aquí se pone de manifiesto la forma como se financian las guerras civiles.  Para Bolivia, sin violencia, pero en proceso de ajuste económico, el contrabando de base y clorhidrato de cocaína llegó a representar el 136.8% de sus exportaciones. Para Colombia y Perú, países gravemente afectados por la violencia interna, estos indicadores fueron del 38% y 51% respectivamente.

En cuanto al valor agregado pagado por los usuarios finales de drogas, se distribuye así: un 5% para los países productores, con un 1% para los campesinos y un 4% para los procesadores locales, un 20% para los contrabandistas internacionales —los carteles de la droga— y un 75% para las redes de distribución y expendio en los países consumidores.

La producción de drogas naturales en la región andino-amazónica

En 1985, había en Bolivia, Colombia y Perú138.500 hectáreas sembradas de coca. En 1990 este cultivo se extendió a 223.900 hectáreas. En1985 se cosecharon 138.730 toneladas métricas de hoja de coca;1989 fue el año pico de cosecha con 223.900 tm, con un crecimiento de l61.4% en cinco años; en1990 las cosechas de hojas de coca cayeron a 205.900 tm.

En1986 los campesinos cocaleros fueron remunerados con 303 millones de dólares estadounidenses. El rol del contrabando de cocaína en el sector externo de la economía regional se demuestra si se advierte que exportaron ilegalmente 414 tm de clorhidrato de cocaína por un valor de 2.898 millones de dólares estadounidenses.

Sin embargo, en ese año, mientras Colombia exportó 358 tm de clorhidrato de cocaína por un valor de US$ 2.506 millones, Bolivia sólo exportó 75 tm por US$305 millones y Perú 334 tm por un valor de US$895 millones.

Subsidios agrícolas, impacto ecológico y cultivos ilícitos.

En los últimos años se ha denunciado que la expansión de los cultivos de coca, que responden tanto a la demanda internacional de cocaína, como a las necesidades de supervivencia de los campesinos que la cultivan, está causando un mayor daño al ecosistema andino-amazónico que las siembras tradicionales y las actividades agroindustriales que inapropiadamente allí se han desarrollado.

Los subsidios agrícolas en los países desarrollados

Con la finalidad de garantizar su seguridad alimentaria los países de la Organización para el Comercio y Desarrollo Económico (OCDE), conformada por los hoy miembros de la Comunidad Económica Europea (CEE), Austria, Finlandia, Noruega, Suecia, Suiza, Estados Unidos, Canadá, Japón, Australia y Nueva Zelanda, le otorgan subsidios agrícolas a sus productores, que fluctúan actualmente entre un 42% y un 75% según el cultivo y el país.

Estos subsidios agrícolas, no sólo han logrado largamente su objetivo de garantizar la seguridad alimentaria en los países desarrollados (hoy su problema es la abundancia de excedentes almacenados), sino que además han subvencionado la protección a la naturaleza pues han hecho posible en esos países la utilización de tecnologías ahorradoras de tierra y agua. Este hecho es el reconocimiento de que la sociedad, a través del Estado que otorga los subsidios, tiene que pagar por la protección de la naturaleza, es decir, por conservar la sustentabilidad del medio natural que hace posible la agricultura.

Sin embargo, cuando en los países desarrollados los gobiernos subsidian la producción agrícola, este reconocimiento social de los costos reales de protección y conservación del medio natural no es asumido ni reconocido por los consumidores finales de los productos agrícolas alimentarios, quienes se benefician con precios que están entre 7% y 58% por debajo de sus costos de producción y comercialización, según el producto y el país. Estos consumidores, en cambio, están dispuestos a pagar los precios reales que cubran los costos de producción y comercialización, por los otros bienes y servicios.

Cuando el Estado paga subsidios agrícolas para que los precios al productor sean iguales o superiores a los costos de producción, la evidencia es que los precios de mercado son inferiores a los costos de producción. En consecuencia, mientras los precios en el mercado de los productos agrícolas sean inferiores a esos costos, no existe garantía alguna de conservar un medio natural sustentable para la producción agrícola.

Así, la primera manifestación de este hecho es la siguiente: los  efectos positivos para la naturaleza y  el medio ambiente de esos subsidios agrícolas pagados por los países desarrollados a sus productores, tienen efectos negativos en los países del tercer mundo, ya que hacen imposible para sus agricultores competir en el mercado internacional con sus productos, ni en sus propios mercados locales con las importaciones agrícolas o alimentarias provenientes de los países desarrollados, tales como el maíz, arroz y trigo, o la carne y la leche, pese a contar con ventajas comparativas como la abundancia de recursos naturales y una menor remuneración del trabajo agrícola.

En estas condiciones los productores del tercer mundo, que no reciben subsidios por su producción, ni cuentan con protección arancelaria ante las importaciones subsidiadas y además imposibilitados de utilizar las tecnologías existentes, se ven obligados a usar extensivamente los recursos naturales disponibles agotándolos hasta su destrucción. O tienen como única alternativa de supervivencia cultivar amapola, coca y marihuana que, por no estar subsidiadas en los países desarrollados, son pagados por el narcotráfico a precios iguales o superiores a sus costos de producción.

Porque incluso cuando se trata de productos tropicales, en los cuales los países del tercer mundo tienen ventajas comparativas naturales de suelo y clima como el cacao, el café y el té, deben competir con otras bebidas como los vinos y la cerveza, que están subsidiados y con las bebidas edulcoradas cuyo azúcar también lo está.

Así, el derrumbe hace dos años del acuerdo internacional del café, provocado por las autoridades estadounidenses, ha obligado a las autoridades colombianas a rebajar el precio de compra de este producto a los campesinos que lo cultivan, ante la quiebra inminente del Fondo Nacional del Café, con el cual Colombia mantenía el precio a los productores.

Los campesinos se arruinan entonces no sólo porque no existe tecnología capaz de superar la competencia desleal de los subsidios agrícolas internacionales, sino porque se empobrecen con los precios locales que reciben por sus productos tropicales negociados en el mercado internacional.

Más aún, este doble empobrecimiento le impide a los agricultores andinos de la selva amazónica hacer pleno uso de la tecnología agrícola disponible en sus mercados locales debido, además, a los altos costos de sus componentes importados. Por lo tanto, los productores agrícolas de la selva andino-amazónica se ven afectados no solo por los bajos precios de sus productos, sino que adicionalmente y por causade lo anterior, se pauperizan debido a los bajos rendimientos de sus cultivos y la baja productividad de su trabajo.

El impacto ecológico

Contrastar la situación técnica agrícola de los países desarrollados con aquellos en vías de desarrollo y sus resultados productivos, pone en claro el impacto de los subsidios agrícolas en los ecosistemas del tercer mundo. El punto de arranque de este examen es el uso de fertilizantes. Así, en 1985, mientras el conjunto de los países desarrollados utilizó el equivalente a 1.164 g de nutriente vegetal por hectárea, los países de la región andino-amazónica sólo usaron 510 g para la misma superficie de tierra cultivable (Banco Mundial, 1988).

Como resultado de lo anterior, mientras el rendimiento de la masa total de materia vegetal y animal para consumo y uso humano producida por la agricultura y la ganadería europeas llegó en1989 a casi 7toneladas métricas (tm) por hectárea, en Latinoamérica sólo alcanzó a 2.5 tm.

Si tomamos ahora los cereales en Suramérica, los rendimientos por hectárea solamente llegan al 45% de los obtenidos en Estados Unidos; en cuanto al maíz, originario de la región andino-amazónica, sus rendimientos sólo alcanzan al 22.7% de los de Estados Unidos y la papa, sustituto histórico prehispánico del maíz en la región, hoy no llega a la cuarta parte de los rendimientos obtenidos en Holanda.

Miremos la eficiencia en el uso del suelo para la producción ganadera. La región andino-amazónica sólo tiene un 63.7% del hato de Europa pero ocupa un área en pastos cinco veces mayor que el de esta región.

Lo anterior varió el uso del suelo por regiones de la siguiente manera en los quince años que van de 1974 a1989. En la región andino-amazónica el área agrícola creció en un 27.3% y la ganadera en 8.7%, mientras que en Europa disminuyó en un 5% en total, en tanto que casi no hubo variación en Estados Unidos. Como consecuencia, la región andino-amazónica perdió 53.670.000 ha de sus bosques (un 6.5%) equivalente al 34.4% de todos los bosques de Europa, mientras que esta región recuperó en un 2.2% los suyos en el período indicado. Se debe tener presente que al mismo tiempo África perdió el 5.4% de sus bosques y Asia el 5.7%.

Es ya una costumbre denunciar al narcotráfico como destructor del medio ambiente en la región andino-amazónica. Sin embargo, el área total de cultivos ilícitos en esa región —202.040 ha— sólo llega al 0.2% del área agrícola total—97.768.000 ha—. Si consideramos el total del área en uso agropecuario, los cultivos ilícitos entonces solamente representan el 0.5% de esas 387.847.000 ha. En cuanto a la deforestación de la selva amazónica, el área en cultivos ilegales sería responsable de un 0.4% de las 53.670.000 ha de bosques talados en los últimos quince años.

En lo que hace a la erosión del suelo, se debe tener presente, en el caso del área cultivada con coca —192.840 ha equivalentes al 95.5% de los cultivos ilegales—, que éste es un cultivo permanente menos depredador de los suelos que los cultivos temporales y las pasturas, que en la región andino-amazónica llegan a 368.743.000 ha.

También se ha denunciado que para la extracción del alcaloide de la hoja de coca se está utilizando kerosene, ácido sulfúrico, cal viva, carburo, acetona y tolueno, para un total de 21.200 tm de sustancias extrañas y tóxicas para el medio ambiente amazónico, con la finalidad de producir 1.037 tm de pasta de cocaína. Se puede estimar que en el área agropecuaria de la región andino-amazónica se utilizan al año19.229.400 tm de fertilizantes sintéticos, sustancias extrañas—suponiendo un mínimo de 50 kg por hectárea—, más 192.294 tm de pesticidas, sustancias tóxicas—suponiendo un mínimo de 500 g por hectárea—. Entonces, el conjunto de los mal llamados precursores químicos para la extracción del alcaloide de la coca sólo representa el 0.1% de todas las sustancias extrañas utilizadas en la subregión.

Haber agregado como sustancia tóxica para el medio ambiente de la región andino-amazónica16.000 tm de papel higiénico utilizado como filtro para la extracción del alcaloide de la coca, indica el lugar adecuado donde fue imaginado este "desastre".

Sería de gran importancia evaluar el impacto que en la región andino-amazónica tienen, por citar algunos casos, los relaves de la minería en los Andes, la contaminación provocada por la industria o el transporte de la región.

El caso de la cocalización en la región andino-amazónica del Perú

En 1978 había en el Perú 18.230 hectáreas de coca que alcanzan en 1990 las 1232.457 ha con un crecimiento del 627%. En 1978 se cosecharon 16.702 toneladas métricas de hoja de coca; 1988 fue el año pico de cosecha con 110.500 tm y un crecimiento del 562% en diez años; en 1990 las cosechas de hoja de coca cayeron a 87.082 tm.

La evolución del rol de la economía cocalera en la agricultura del Perú fue la siguiente. En 1978 los campesinos cocaleros fueron remunerados con 20 millones de dólares estadounidenses, y participaron así en 1.2% del producto interno agrícola; en 1988 los campesinos cocaleros fueron pagados con 201 millones de dólares y elevaron su participación al 9.4% del producto agrícola del Perú; en 1990 estos campesinos sólo recibieron 42 millones y su participación cayóal2.2% del producto agrícola.

El rol del contrabando de cocaína en el sector externo de la economía del Perú evolucionó así: En 1978 el valor FOB de las exportaciones ilegales de 20 tm de base y 2 tm de clorhidrato de cocaína fue de 194 millones de dólares, equivalentes al 5.6% de las exportaciones legales de ese año; en 1982 el valor FOB por el contrabando de 147 tm de cocaína, un 90% en forma de base se elevó a 1.146 millones de dólares, equivalentes al 29% de las exportaciones. Si bien el año pico fue 1988 con 320 tm, en 1990 las exportaciones de cocaína llegaron a 257 tm, por un valor FOB de 152 millones de dólares, que solamente equivalieron al 4.6% de las exportaciones legales. Dicho brevemente, en el Perú, entre 1978y1990, el volumen del contrabando de cocaína se multiplicó 12 veces, en tanto que su valor FOB en el año final cayó a un 78% de su valor en el año inicial del período considerado.

La depredación de la naturaleza en la región andino-amazónica no es producto del afán de lucro desmesurado y de la ignorancia o de la mala voluntad de los pobres del mundo emigrados a la selva, campesinos convertidos en cocaleros o garimpeiros. Esta destrucción es el resultado perverso de los actuales precios agrícolas internacionales, que están determinados por los subsidios agrícolas que los países desarrollados pagan a sus productores. En resumen, los subsidios alimentarios en el primer mundo son a la vez  la causa de la destrucción de los ecosistemas y del hambre en el tercer mundo.

Mercado y precios de la hoja de coca y sus derivados

Con doscientos kilogramos de hoja de coca se producen dos kilos de pasta de coca de los cuales se extrae un kilo de base de cocaína, que a su vez es transformado en un kilo de clorhidrato de cocaína.

La hoja de coca es un producto esencialmente campesino; la pasta que reduce la masa vegetal que contiene el alcaloide psicoactivo a una centésima parte de su volumen, es hoy en día en su mayor parte producida por los mismos campesinos. En cambio, la base de cocaína es elaborada por los agentes locales del tráfico internacional de drogas quienes la entregan para su contrabando al exterior, principalmente a Colombia. La base de cocaína es el principal producto de las exportaciones ilegales del Perú y el más importante proveedor ilícito de divisas para la economía del país.

El precio de exportación FOB de la base es fijado externamente por la demanda internacional dictada por el tráfico de clorhidrato de cocaína. El precio local de la hoja de coca es el resultado de la transacción entre los costos de su producción y el precio de la pasta fijado por los agentes locales del tráfico internacional que la acopian. Este último precio a su vez está determinado por el precio FOB de la base y las expectativas de ganancia de estos agentes.

Si los precios de la pasta de coca caen al punto de remunerar a la cosecha de la hoja por debajo de sus costos de producción su oferta cesará, ya que tampoco existe un mercado local alternativo que esté dispuesto a remunerar estas cosechas de acuerdo con los costos técnicos de su producción que sí son reconocidos por los precios de la demanda internacional. Es por eso que los rendimientos por hectárea de coca en el Alto Huallaga en el Perú pueden superar los 2.000 kg; en cambio, los de La Convención y Lares no llegan a los 500 kg por hectárea, ya que su producción está destinada al consumo tradicional.

Además, debe tenerse presente que la suspensión de la cosecha de la coca no genera pérdidas para el productor, ya que se trata de la hoja de un cultivo permanente que no depende del ciclo vegetativo anual, como en el caso de los cultivos temporales (por ejemplo, arroz y maíz) o de los frutos de los cultivos permanentes (achiote, cacao y café). Se cosecha cuando el precio de la hoja de coca, que depende del precio de la pasta, remunera sus costos de producción. De lo contrario se espera. En cambio, en los cultivos temporales, no cosechar es la pérdida total del cultivo y en los permanentes es la pérdida total de la cosecha anual.

En1988 la media de precios anuales para 200 kilos de hoja era de US$ 400; para 2 kilos de pasta, US$640; y la base de cocaína valía FOBUS $1.200 por kilogramo.

El mes de julio de 1989 muestra en los precios de la coca y sus derivados, los resultados en el Alto Huallaga de la "guerra de la droga" en Colombia: el precio de la base ha caído a US$ 600 por kilo, los dos kilos de pasta aUS$160, muy por debajo de sus costos de producción, ya que ese valor era el costo de producción de los200 kg de hoja. El 18 de agosto de ese año es asesinado en las cercanías de Bogotá el líder liberal Luís Carlos Galán, precandidato presidencial, cuando los precios de la base y la pasta permanecían iguales a la situación anterior y la hoja de coca caía casi a sus costos de producción. La respuesta en septiembre es el alza de la base a US$800 el kilo, arrastrando los precios de la hoja y la pasta; octubre y noviembre muestran una tendencia a la baja. El 10 de diciembre muere en un enfrentamiento con las fuerzas del orden el líder del cartel de Medellín, Gonzalo Rodríguez Gacha, y se produce el derrumbe de todos los precios hasta agosto de 1990. Durante ese período el precio de la coca permanece por debajo de sus costos de producción, que hasta esa fecha era de US$160 para 200 kg de hoja.

En agosto de 1990 el recién posesionado gobierno del Presidente Fujimori ejecuta las medidas de ajuste económico, que elevan los costos de producción de la coca a US$310 para 200 kg de hoja, casi un 100% de alza. La respuesta en septiembre es la elevación del precio del kilo de base de cocaína a US$ 550 para llegar a US$ 700 en octubre lo cual lleva hacia arriba los precios de la hoja y la pasta de coca. Así, mientras entre agosto de 1989 y agosto de 1990 el precio promedio de la hoja de coca fue de US$143 para 200 kg, por debajo en un 11% de sus costos, entre septiembre de ese año y diciembre de 1991 el precio promedio fue US$282 (todavía un 9% por debajo de los costos de producción).

Tomemos ahora los precios FOB de la base de cocaína para calcular los ingresos ilícitos de divisas. Se estima que la producción mensual de base de cocaína en el Perú llega a 30 toneladas métricas. Entonces entre agosto de 1989 y agosto de 1990 ingresaron al país US$172 millones. Entre septiembre de 1990 y diciembre de 1991, es decir, después de las medidas de ajuste económico, este monto se elevó a US$ 285.6 millones.

En los primeros cinco meses de este año la cifra por ingresos ilícitos de divisas provenientes de las exportaciones ilegales de base de cocaína llegaría a US$99.8 millones. Ahora bien, si para los restantes siete meses del año estimamos un precio promedio para el kilo de base igual al de hoy (US$900), el ingreso de divisas por este concepto sería de US$ 189 millones, que sumados a los obtenidos en los cinco primeros meses daría un total de US$ 288.8 millones para el año 1992.

Se debe tener presente que en 1988, antes de la crisis del mercado y los precios de la cocaína, el valor de esas exportaciones ilegales fue de US$432 millones. Desde1978 hasta la fecha, el año pico fue 1982 con US$1.146 millones. Pero hoy el precio de US$520 por 200 kg de hoja de coca se aproxima a los US$600 que en 1982 se pagaban por esa cantidad.

Todo lo anterior muestra cómo el mercado y los precios en el tráfico de drogas son extremadamente sensibles a los eventos políticos y económicos que los afectan.

Así, la muerte del senador Galán, su gran enemigo, hace aumentar la demanda y los precios con la finalidad de acumular inventarios para protegerse de la contraofensiva de las fuerzas del orden. En cambio, la muerte de Rodríguez Gacha hace caer la demanda y los precios y muestra el dominio y el poder concentrado de este personaje sobre la demanda de base de cocaína en el Alto Huallaga.

Pero a la vez, este poder de compra responde rápidamente con los nuevos precios, en alza ante los nuevos costos de producción de la hoja de coca, determinados por las medidas de ajuste económico en el Perú, para así asegurar que la oferta de la base de cocaína continúe. Cosa que no ha sucedido con los cultivos alternativos de la coca.

Microeconomía de las drogas

Economía campesina y cultivos ilícitos de drogas

Las características agroeconómicas del cultivo de la coca son las siguientes: una hectárea de coca tecnificada puede llegar a producir 2.013 kg (175 arrobas) de hoja seca, con seis cosechas al año. Sus costos de producción se elevana1.456 dólares estadounidenses. Entonces, su precio de producción es de US$ 0.722 por kilo; una remuneración superior a ésta hace rentable el cultivo y una inferior arrojará pérdidas.

En estos cálculos no se han considerado los costos financieros, debido a que en la región la inflación hace que las tasas de interés sean negativas. Tampoco se ha considerado la renta de la tierra ya que en las zonas de colonización ésta carece de valor comercial. Por tratarse de un cultivo permanente tampoco se ha considerado la amortización de los costos de instalación, que llegan a US$795 por hectárea en los dos primeros años.

En la estrategia campesina, cada familia en promedio puede manejar una hectárea de coca, lo cual se explica porque con la tecnología local existente, ésta demanda 379 jornales al año, lo que significa el empleo de tiempo completo del jefe de familia y medio tiempo de la acompañante.

Para los cálculos de la estrategia campesina, en los costos sólo se imputan como gastos los desembolsos efectivos por insumos y un 10% de imprevistos, ya que la unidad productividad campesina, por emplear solamente mano de obra familiar no hace un gasto efectivo por ese rubro, en el bien entendido de que el precio del producto en el mercado reconoce y remunera, total o parcialmente, el valor de la mano de obra familiar empleada en su producción.

En1988, cuando el precio de la hoja de coca era de US$1.7 por kilogramo, una hectárea de coca daba un ingreso familiar de US$2.828. Como el tamaño promedio de la familia en el área es de cinco personas, el ingreso per cápita fue de US$565. Téngase presente que, para ese año el ingreso per cápita del Perú llegaba a US$1.000. El ingreso mensual por persona ocupada en el cultivo de coca sólo era de US$ 155, algo más de dos salarios mínimos.

Lo anterior pone en claro que los campesinos cocaleros no se estaban enriqueciendo, pero lograban un ingreso familiar más de dos veces superior a lo que habrían percibido en salarios, si hubiesen trabajado como jornaleros.

En el año 1990 el precio de la hoja de coca cae a US$ 0.55 por kilo, es decir, por debajo de su precio de producción; así el ingreso familiar campesino se vio reducido a US$519 al año, con una entrada per cápita deUS$104 y el ingreso mensual por persona ocupada sólo llegó a US$29, el 40% del salario mínimo

Para disminuir los costos se deja de emplear la tecnología disponible, respuesta tradicional de la economía agrícola campesina, lo cual tiene como consecuencia la caída en los rendimientos por hectárea. Así, los gastos se reducen a sólo US$ 19 para la familia campesina, mientras que para la estrategia empresarial, éstos quedan en US$ 208 y los rendimientos descienden a 667 kg, de coca por hectárea. Con esta estrategia se reduce el ingreso familiar a US$348 al año por hectárea, pero queda fuerza de trabajo familiar disponible para atender otras 3.5 ha más de cultivos de coca.

Siunafamiliacampesinaaccedea3.5 ha más de coca, hasta completar 4.5 ha, con lo cual hace de nuevo pleno uso de su fuerza de trabajo dispuesta para la producción de coca, tiene entradas por US$1.566 al año, con un ingreso per cápita de US$ 313 anual.

Las consecuencias sociales del problema económico y técnico planteado por la caída de los precios de la hoja de coca son los siguientes: con los nuevos rendimientos —667 kg de hoja por ha—resultantes de no aplicar la tecnología disponible para disminuir los gastos de producción, sería necesario triplicar el actual número de hectáreas de cultivos en coca para obtener la misma cosecha en hojas, de la cual se puedan extraer las 360 tm de base de cocaína que demanda del Perú el narcotráfico internacional.

Las alternativas campesinas

En el Alto Huallaga desde 1986, con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Control de Drogas (UNDCP), 6.000 campesinos y un centenar de técnicos peruanos están realizando la experiencia de cultivar 7.000 ha en achiote, cacao y café que además han comercializado. Adicionalmente han industrializado la producción de cacao. De esta experiencia se puede extraer un modelo, constituido por tres hectáreas de cada uno de esos cultivos.

Estas tres hectáreas consumirían 541 jornales, de la reserva total que por 624 tiene una familia campesina de cinco personas, lo que la remuneraría con US$2.898. Si a esto le restamos US$1.375 por gastos de producción, obtenemos un ingreso familiar de US$1.523 al año, con un ingreso per cápita de US$ 305.

Al comparar los ingresos provenientes de esta alternativa económica frente a los provenientes de una hectárea de coca tecnificada en 1988, la misma en 1990, así como de 4.5 ha de coca sin tecnificar en 1990,el análisis beneficio-gasto nos muestra que para el año 1990, el ingreso familiar de estas tres hectáreas de cultivos alternativos, conducidas con la tecnología disponible localmente son equivalentes al ingreso proveniente de 4.5 hectáreas de coca sin tecnificar, y que triplica los ingresos de una hectárea de coca tecnificada, si el precio es de US$ 0.55 por kilo de hoja. Pero esos ingresos sólo llegan al 54% de los provenientes por una hectárea de coca cuando su precio está a US$ 1.7 por kilo de hoja.

Veamos ahora cuál es la situación en la fecha (mayo 1992) en el valle del Alto Huallaga en el Perú, cuando el precio de la hoja de coca se ha elevado a US$2.6 por kilogramo, el mejor en los últimos diez años. El ajuste económico aplicado desde mediados de1990 ha elevado los costos de producción en un 100%.  De los precios pagados a los productores de los cultivos alternativos el achiote y el cacao han bajado, este último al 50% en relación con 1990, el café ha subido algo, en tanto que la hoja de coca casi ha quintuplicado su precio.

Para una familia campesina esta nueva situación, con los tres cultivos alternativos, la llevaría a una pérdida anual de US$ 346; si sólo cosecha el café obtendría US$ 313, es decir US$63 per cápita, siempre y cuando se le condonen los gastos por los otros dos cultivos. Las pérdidas empresariales llegarían a US$2.828 por las tres hectáreas si las cosecha.

En cambio, con los nuevos precios de la coca, pese al alza en un 100% de los costos, el ingreso familiar por hectárea llegaría a US$ 4.146 con un ingreso per cápita de US$829, igual al promedio del país, con un ingreso mensual por persona ocupada de US$230, lo cual supera el salario mínimo.

En el último semestre, en el valle del Alto Huallaga del Perú ha subido el precio pagado a los campesinos por su hoja de coca hasta US$2.6 por kilogramo. Esta puede parecer una mala noticia para el desarrollo alternativo con cultivos lícitos. Pero ante lo poco que se ha hecho en este campo del control de drogas, es una buena noticia que por ahora impide que los cultivos de coca sean sustituidos por cultivos de amapola para extraer de ellos el látex que contiene los opiáceos.

Hace cuatro meses en la región del Cauca en Colombia el precio de la hoja de coca sólo era de US$ 0.6 por kilo, con un beneficio de US$600 por hectárea al año. En cambio por el látex extraído de la amapola se estaba pagando US$2.000 por kilo. De una hectárea de amapola se pueden obtener entre ocho y diez kilos de látex en un semestre, con un beneficio entre US$16.000 y US$ 20.000 por semestre, es decir, de US$32.000 a US$40.000 por año. Hoy en el Valle del Huallaga central, contiguo al Alto Huallaga en el Perú, se pagan esos mismos precios por el látex de amapola y se obtienen los mismos beneficios. Bien se puede afirmar que ninguna actividad lícita le hará dejar a los campesinos los cultivos ilícitos que les dan ingresos seguros y cuantiosos.

Los empresarios de la industria farmacéutica y los empresarios agrícolas no corren el riesgo de quedar al margen de la ley fabricando ilícitamente sustancias psicoactivas o produciendo drogas peligrosas para enriquecerse con fabulosas ganancias ilegales, porque sus actividades lícitas les permiten satisfacer plenamente sus necesidades económicas, sociales y de prestigio. De igual manera, cuando los campesinos que conducen cultivos ilícitos reciban por sus cultivos alternativos ingresos que les permitan satisfacer sus necesidades económicas y sociales tampoco asumirán el riesgo de tener que volverse delincuentes para sobrevivir.