¿Qué es finalmente el Grupo de los Tres?

Diego Cardona C.

Director Departamento de Ciencia Política, Universidad de los Andes.

es

3-12

01/01/1994

01/01/1994

Qué es y qué no es el Grupo

Cuando hablamos del Grupo de los Tres, conformado por Colombia, México y Venezuela, estamos haciendo referencia a una agrupación de los países más grandes en los extremos de América Central, la cual comprende temas diversos, uno de los cuales es el Acuerdo de Libre Comercio. Dicho de otra manera, el Grupo de los Tres tiene una perspectiva comercial, la cual debemos situar en un contexto más amplio que comprende otros temas. Ante todo, entendamos que una referencia integral al Grupo debe comprender sus vínculos estrechos y manifiestos con América Central y el Caribe insular[1].

Hemos también de distinguir entre las diversas modalidades de asociación e integración, a fin de ubicar apropiadamente lo que el G-3 es y no es. Una cosa son los Acuerdos de Libre Comercio y otra diferente los Mercados Comunes.

En este último caso, se busca un tipo de integración más estrecha y plena, con políticas macroeconómicas comunes, aranceles iguales frente a terceros y flujo de bienes, servicios, capitales y personas libremente garantizado entre los países miembros, llegando incluso a tener como horizonte la conformación eventual de una unidad política.

Por el contrario, en los Acuerdos de Libre Comercio, el propósito es más modesto. Se busca con este mecanismo agilizar el flujo de bienes y eventualmente servicios y capitales, aunque no de personas. Se requiere una mínima compatibilidad de políticas económicas para evitar desbalances bruscos de los flujos de comercio, y en algunos casos se llega a acuerdos de inversión. Empero, no existe el propósito de crear aranceles idénticos frente a terceros, conservando cada país miembro su autonomía para fijar sus propias políticas.

Para la mayor parte de los analistas latinoamericanos estos Acuerdos de Libre Comercio constituyen "integración". Esta concepción aparece un tanto exótica a los ojos de un lector europeo para quien la integración sólo agrupa a los mercados comunes. Vista la generalización del término en nuestro continente, podríamos adoptar temporalmente una clasificación por medio de la cual llamaríamos integración suave o limitada a la de los Acuerdos de Libre Comercio, ALC, y plena a la de los mercados comunes. Cuando hablamos del G-3 nos referimos a un proceso que comenzó como un mecanismo de concertación, ha ido evolucionando en el sentido de una cooperación a múltiples niveles y poco a poco se convierte en un grupo de integración suave (Acuerdo de Libre Comercio), pero que dista por sus propósitos de un mercado común.

Tendríamos así, por lo que a los países miembros del Grupo respecta, un proceso complejo:

 

a)Integración creciente hacia un mercado común, entre Colombia y Venezuela, en el marco del Pacto Andino.

b)Integración suave a la manera de un ALC entre los tres miembros del G-3 (Colombia, Venezuela y México).

c)Cooperación económica, financiera, científico-tecnológica y educativa entre el G-3 y América Central, y en menor medida con el Caribe.

d)Concertación política del G-3 respecto de América Central, y en el seno de otros grupos mayores de concertación como el Grupo de Rio.

Hemos de añadir a lo anterior la pertenencia de México a un acuerdo mayor, el NAFTA o Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y la pertenencia a su vez de Colombia y Venezuela a un mercado común en ciernes, el Grupo Andino. A su vez, Colombia y México han suscrito ya sendos acuerdos de libre comercio con Chile. En un futuro inmediato, las prioridades de los tres países se dirigirán seguramente a suscribir acuerdos específicos con América Central y el Caribe, y a compatibilizar sus acuerdos con el Mercosur. Igualmente, Colombia y Venezuela son dos potenciales miembros del NAFTA, después de que se evalúen sus primeros resultados, aunque este punto ha de esperar algunos años.

Un aspecto importante del tema es que los nuevos modelos de desarrollo adoptados en Latinoamérica han optado por promover procesos de integración dando preferencia a su forma "suave", para lo cual se ha otorgado la mayor importancia al sector externo[2]. Este se ha convertido en el principal factor de dinamización de la economía. A su vez, son las consideraciones económicas, por lo menos en su parte visible, las que impulsan una mayor interacción entre los diversos países y sus diversos componentes. El efecto en la práctica ha sido, por lo menos en la actual etapa, un mayor protagonismo de los organismos dedicados a la promoción y coordinación del comercio exterior, desbordando a las cancillerías de los tres países. En el caso mexicano, la estrategia de la presidencia y la política exterior han primado sobre la visión comercial, quizás debido al profesionalismo de la Secretaría de Relaciones Exteriores[3].

El efecto de este proceso es diverso para cada uno de los tres países que conforman el Grupo. Para Colombia y Venezuela, la mayor prioridad de su política tanto comercial como diplomática la constituye claramente su propio proceso de integración binacional. El G-3 es el segundo proceso de mayor importancia, y no sólo en la perspectiva del acuerdo comercial. Esta estrategia es más clara en Venezuela, cuando observamos que, en el organigrama administrativo, Comercio depende justamente de Relaciones Exteriores[4].

Así, pues, el G-3 es un grupo dentro del cual existen varios temas de discusión, habiendo avanzado de manera prioritaria en la parte comercial, mediante la negociación del Acuerdo de Libre Comercio. Empero, no olvidemos que existen otros temas de discusión tratados en sendos Grupos de Alto Nivel, GAN, el más importante de los cuales hasta el momento es el de energía.

 

Los actores

Visto que el G-3 es y no es un Acuerdo de Libre Comercio, veamos ahora cuáles son los actores involucrados en el mismo.

Ante todo, hemos de contar con los Estados. A ellos ha correspondido en lo esencial el trabajo de concertación inicial, la transformación gradual del Grupo en un mecanismo de cooperación y obviamente en un acuerdo de integración "suave", de preferencias comerciales.

No podríamos hablar de Estados unitarios, y hemos entonces de precisar los actores internos que han contribuido en cada caso al desarrollo del Grupo hasta el momento:

La decisión política y dirección de las negociaciones han estado en manos de las presidencias de los tres países, las cuales han actuado como mecanismo de última instancia desde el momento de la creación del Grupo.

Los Ministerios de Relaciones Exteriores han sido muy activos en la primera fase del Grupo (período de concertación), y con una actividad periférica en la parte comercial. Han desarrollado alguna labor en relación con los otros temas de discusión, aunque ha sido diferencial: más activa en los casos de México y Venezuela que en el caso colombiano. Deberían estos ministerios desempeñar una actividad importante en las discusiones globales respecto de América Central y el Caribe.

Los Ministerios de Comercio Exterior constituyen el núcleo y espina dorsal del acuerdo comercial. Su protagonismo es explicable por su eficiencia y la naturaleza del tema.

Otras entidades públicas de menor protagonismo hasta el momento, tales como otros ministerios,departamentos administrativos y consejerías también han desempeñado funciones. Conforme avance la discusión sobre otros temas y Grupos de Alto Nivel estas entidades tendrán un protagonismo creciente.

La empresa privada ha comenzado a manifestarse de manera creciente. Representada por sus respectivos gremios (industriales de diversos sectores y magnitudes, comerciales, agropecuarios, bancarios), han ejercido primero influencia en su calidad de grupos de interés. Luego se han ido incorporando gradualmente al proceso de avance del Grupo. Es notoria su participación en el caso mexica- no, así como ha sido importante en Colombia en el último año, cuando los gremios fueron incorporados también al proceso negociador por parte del Ministerio de Comercio Exterior. En el caso venezolano, su presencia en la negociación parece haber sido menor, razón que explicaría su actividad como grupo de presión en pro de renegociar algunos puntos del Acuerdo.

Conforme avance el proceso integrador, obviamente la empresa privada irá aumentando su participación real en los temas de producción e intercambio, quedando gradualmente el Estado como un mecanismo facilitador, en especial en temas como: régimen de inversiones extranjeras, compatibilización de políticas, control de monopolios, incremento de ciencia y tecnología para el desarrollo, mecanismos de concertación entre el capital y el trabajo, acuerdos sobre seguridad.

En otros temas, los Estados tendrán el papel central durante un tiempo prolongado.

Los organismos internacionales y las Organizaciones No Gubernamentales no han sido importantes hasta el momento en el G-3. Quizá con el tiempo, y conforme avance la serie de temas comunes así como la integración, exista terreno fértil para su participación en las más diversas materias.

Por lo que hace al tipo de relación establecido entre las tres series de actores, el estado incipiente del Grupo obliga a que, por un tiempo, tengamos que seguir considerando que las relaciones entre los actores siguen privilegiando la actividad de los Estados. Más que por la naturaleza del asunto (la integración económica la hacen realmente las empresas), la reflexión anterior se debe al grado de avance aún limitado. Otros temas, obviamente, corresponden a los Estados y a sus sociedades civiles.

A partir de las precisiones anteriores podemos ahora intraducirnos a la discusión de un tema del mayor interés. Se asume un poco superficialmente que el G-3 puede ser leído sólo dentro del marco de la Teoría de la Interdependencia en las Relaciones Internacionales. Tal criterio parte de la base, que hemos de analizar, de que los acuerdos comerciales de integración se ajustan perfecta- mente a esta teoría y que el G-3 es un acuerdo comercial. Comenzaremos por apreciar los argumentos de los que podrían leer el G-3 en una perspectiva propia del neorealismo.

 

¿Es posible una lectura desde el neorealismo?

Ante todo, digamos que no puede asumirse de manera un tanto simplista que la diferencia fundamental entre realismo e interdependencia estriba en que el primero sólo toma en cuenta consideraciones          estratégico- militares, mientras que para la segunda la cooperación es lo esencial. En efecto, los fundamentos del neorealismo, tal como ha sido expuesto por Raymond Aron, "revisando" y ampliando a Morgenthau, se refieren a los siguientes puntos: lo fundamental son los factores de poder nacional, y es bienvenido todo lo que lleve a incrementarlo: situación o magnitud geográfica, magnitud de la población, posesión de recursos de importancia incluyendo los estratégicos, peso de los recursos bélicos y diplomáticos, homogeneidad ideológica y cultural, y mayor poder para imponer sus puntos de vista.

Es necesario insistir en que el neorealismo no niega de ninguna manera la cooperación. Lo que sucede es que la coloca al servicio de la voluntad de poder nacional[5]. Los países de la OTAN o del Consejo de Cooperación del Golfo Arábigo, o la OEA (y no sólo el TIAR), se conciben como mecanismos profundos de cooperación entre aliados, frente a "los otros", tenidos aquí por adversarios. El adversario no es para el neorealismo necesariamente militar. Podría también ser económico. Donde se encuentra la diferencia es en la noción de "suma cero" que anima a esta teoría: lo que nosotros ganamos lo pierden otros. Y también, la idea de que la cooperación es operativa solamente entre aliados que se encuentran a su vez en conflicto con otros. Además, recordemos que Aron otorga incluso gran importancia a la actividad de las multinacionales y de los mecanismos de organización internacional (las organizaciones gubernamentales)[6]. Es cierto que las Organizaciones No Gubernamentales tienen muy poca importancia en sus análisis.

Por otra parte, y pese a que lo militar es considerado por los neorealistas como un factor importante de poder, ya no constituye el punto central de su análisis. Es importante y quizás esencial, pero el poder económico o el ideológico o el cultural pueden serlo al mismo nivel. Justamente por su complejidad, pese a los problemas analíticos que implica, el neorealismo tiene vigencia para algunos diseñadores de políticas, no sólo en las potencias globales sino también en las regionales.

Algunos líderes y analistas podrían leer en principio a algunos acuerdos entre Estados, tales como el G-3, dentro de los parámetros del neorealismo. En efecto, podrían afirmar que se trata aquí claramente de una asociación estrecha entre tres países importantes (por ende potencias regionales), que además y no por casualidad constituyen los países de mayor relevancia justamente en los extremos de América Central. Estos tres países estarían así buscando incrementar su poder regional, aunando re- cursos estratégicos (energéticos, población, bloque geopolítico que incluyera a América Central). En esa perspectiva, su debilidad militar frente a Estados Unidos o Brasil estaría compensado por su superioridad frente a América Central y el Caribe, y sobre todo por la neta superioridad de sus recursos diplomáticos.

El G-3 sería en esa lectura un bloque en cierne manejado por tres países que crearían así un área de influencia, incrementando su presencia en América Central y el Caribe, en detrimento de alguna o algunas potencias (concepción típica de suma-cero), no sólo en materia de seguridad internacional sino también en asuntos comerciales, financieros e influencia cultural.

El "otro" sería no sólo Estados Unidos sino los grandes bloques comerciales y geopolíticos del resto del mundo. El G-3, luchando contra otras hegemonías, resultaría ser paradójicamente hegemónico en la esfera regional. Se trataría en definitiva de crear las condiciones de una potencia regional de enorme magnitud: 4 millones de kilómetros cuadrados, 145 millones de habitantes y cerca de 300 mil millones de dólares de PNB anual. Lo anterior sin contar con Centroamérica o el Caribe insular.

Siguiendo el argumento anterior, podría recordarse que el Grupo se concibió en un principio en el marco estratégico de la seguridad en América Central (es heredero de la mejor tradición de Contadora). Primero los mexicanos, y luego los colombianos y venezolanos, llegaron a la comprensión de que este propósito tenía un posible instrumento de enorme utilidad: la firma de un Acuerdo de Libre Comercio. Ello estaría en consonancia con la importancia crucial que hoy en día asignamos al factor energético para la futura concreción del G-3. En efecto, es sabido que en esa dirección se comienza a hablar de la importancia de la interconexión eléctrica de Venezuela a Colombia y México, el gasoducto México- Colombia, la red carreteable o ferroviaria Colombia-México que permita hacer llegar fácilmente y de manera más continúa productos como el carbón, entre otros. Para ello, se habla de una condición necesaria, cual es impulsar y planificar la estabilidad política y no sólo la prosperidad económica de América Central. La prosperidad mutua podría así ser leída por algunos como un factor de poder nacional de cada uno de los socios o de todos en su conjunto[7].

En esta visión, la estabilidad estratégica subregional (América Central y los tres involucrados) se convierte en requisito necesario del éxito económico. Éste, a su vez, contribuiría a "integrar" una vocación estratégica de tres potencias medias[8].

Ahora bien, así como es importante hablar de la cooperación, también hemos de efectuar un paso obligado por el terreno de la discusión sobre el pode?. En un sentido tradicional, más cercano al neorealismo, el poder puede ser económico (comercial, industrial o financiero); político-diplomático; o militar. Hemos de hacer- nos la pregunta sobre si el as- pecto positivo, el poder de creación de consensos, está incluido en el segundo de los anteriores. La respuesta es seme- jante a la que podríamos dar sobre el valor de las alianzas, tanto en el neorealismo como en la interdependencia compleja. Para el primero, es obvio que el poder de creación de consensos es esencial entre aliados, pero no así frente al adversario. Para la segunda, es crucial con unos y otros. Diplomacia y negociación son así connaturales a la interdependencia, pero son parciales en el neorealismo. En cualquiera de los dos casos, la fuente conceptual tiene un antecedente, no en la teoría política o en las relaciones internacionales sino en los textos de los economistas clásicos. Puede remontarse

sin duda alguna hasta comienzos del siglo XIX, con la respuesta dada por David Ricardo a la pregunta: ¿Por qué comercian las naciones? Su respuesta se orienta explícitamente en términos de ganancia mutua asegurada que incrementa el valor de ganancia individual por encima de las obtenidas en caso de no comerciar. La economía clásica liberal es bien conocida tanto por los interdependentistas como por los neorealistas.

Continuando, vemos que en la instancia regional encontramos un poder económico y militar ampliamente mayoritario de Estados Unidos en relación con América Latina o Canadá. Por su parte, su poder político- diplomático es también mayor, pero de manera relativa, si se toman en cuenta importantes experiencias latinoamericanas recientes, como el Grupo de Contadora, los procesos de concertación del Grupo de Rio o las iniciativas del G-3 respecto del caso cubano.

En cuanto a los tres países del Grupo, el poder económico de México es mayor, si bien aún no se ha sentido en el resto de la subregión. El poder político- diplomático es también mayor en el caso mexicano, si bien no en las proporciones de la asimetría existente en lo económico. En cuanto al poder militar, es irrelevante para el caso del G-3, pues nadie ha tratado de imponer superioridad militar alguna sobre sus socios, y mu- cho menos sobre los vecinos centroamericanos o caribeños.

A ello ha contribuido la vocación democrática y de convivencia propia de los tres países del Grupo. Los mismos han sustentado siempre en foros internacionales la defensa de los principios de juridicidad y de respeto a los principios básicos de convivencia pacífica entre los pueblos. La misma historia del comportamiento internacional de los miembros del G-3 los muestra como defensores de la paz y la seguridad internacionales, sin aspiraciones hegemónicas y sin aventuras bélicas en su entorno. Por este concepto, sería claro que el G-3 no encaja plenamente en los esquemas neorealistas.

Por su parte, no existe en la perspectiva subregional enunciada una subordinación de lo económico a lo militar, aunque la relación con lo político-diplomático es variable. En efecto, podríamos enunciarlo de la siguiente manera:

En México, observamos subordinación de lo económico a lo político. La actuación de Secofi (el equivalente del Ministerio de Comercio Exterior) obedeció en el G-3 a directivas       presidenciales impulsadas por la coordinación de asesores del presidente Salinas, y la Secretaría (Ministerio) de Relaciones Exteriores. Ya en la parte puramente operativa, el rol de los empresarios fue importante para matizar algunas decisiones políticas.

En Venezuela también encontramos subordinación de lo económico a lo político, pero es más relativa. Por una parte, el Ministerio de Comercio Exterior depende orgánicamente del de Relaciones Exteriores, a diferencia de los otros dos países, donde son ministerios diferentes. Pero, por otra, los gremios tienen gran poder de presión y en ciertos puntos ha existido menos centralización de las decisiones, debido a los problemas de gobernabilidad por los que el país atravesó durante dos años.

- En Colombia, por el contrario, encontramos una subordinación de lo político-diplomático a lo económico, por lo menos en la estrategia general. Ello se ha debido quizás al excepcional profesionalismo del Ministerio de Comercio Exterior[9], al interés presidencial directo en tal primacía, y a las propias carencias de la Cancillería en los temas económicos. En cuanto a la parte operativa, referida al Acuerdo de Libre Comercio, algunos temas técnicos estuvieron subordinados a la voluntad presidencial de avanzar rápidamente.

Un elemento adicional de una posible lectura neorealista se refiere a los actores involucrados en el G-3. No podríamos, por lo menos en principio, desconocer que en el desarrollo del Grupo, incluso en las negociaciones del Grupo de Comercio (uno de los once existentes), se ha contado con muy poca actividad de sectores no estatales y de organismos internacionales.

En cuanto a los organismos internacionales, no olvidemos que el G-3 ha sido básicamente concebido e impulsado por los gobiernos centrales. Organizaciones como la OEA, la Olade, la Aladi, el SEL A y otros acuer- dos y pactos existentes, poco juego han tenido en el G-3.

Tampoco han desempeñado hasta el momento un papel importante las Organizaciones No Gubernamentales, ONG, en el desarrollo del Grupo. Quizás estén llamadas a asumir papeles de relevancia en el futuro. Hasta el momento, en materia ambiental, en protección a derechos de los trabajadores o impulso a los requerimientos de las empresas, en derechos humanos y en asuntos importantes como derechos de la mujer o de la infancia, o de las comunidades minoritarias, la presencia de las ONG ha sido marginal. Existe un profundo desconocimiento de las posibilidades de cooperación entre las ONG de los tres países.

Así, existe aún primacía de las consideraciones estatales en el desarrollo del Grupo. Con el tiempo, conforme avance el intercambio y los demás Grupos de Alto Nivel diferentes a comercio, a la par que se desarrolle la actividad de las empresas, podremos presenciar seguramente un gradual proceso de desagregación efectiva de actores y temas.

El punto anterior, si bien podría avalar la lectura neorealista, tiene en su contra un hecho: los acuerdos de esta naturaleza comienzan siempre con un enorme protagonismo por parte de los Estados. Es excepcional que éstos se encuentren ante el hecho cumplido de la integración en marcha, debido a la actividad de otros actores. La poca presencia de tales protagonistas no estatales no sería propia de la naturaleza sino del estado actual del proceso. Tampoco sería conveniente asumir que un proceso de integración puede ser analizado bajo el neo-realismo para sus comienzos, y bajo la interdependencia luego de progresar en el tiempo.

Como vemos, es posible una lectura parcial del G-3, desde la óptica del neorealismo. Veamos ahora cuál sería la visión de la interdependencia al respecto.

 

¿Es posible una lectura desde la independencia?[10]

Una lectura de la naturaleza y actividades del Grupo de los Tres, desde la perspectiva de la interdependencia, nos llevaría a tratar tres aspectos: pluralidad de temas de agenda y de actores involucrados en el proceso, consideraciones sobre el poder, y teoría de los llamados regímenes internacionales. Veamos:

a)Los temas y actores

Se han tratado múltiples temas en la agenda del Grupo de los Tres, pese a haberlo sido de manera desigual. El más importante hasta el momento, y durante los dos últimos años, ha sido el de comercio, pero han existido otros que irán adquiriendo importancia creciente: energía, finanzas, regulación de inversiones extranjeras, turismo, educación, justicia, combate a narcotráfico, ciencia y tecnología. Lo interesante hasta el momento es que existiendo multiplicidad de temas por tratar, el prioritario ha sido, por razones coyunturales el del comercio.Por otra parte, los temas de carácter estratégico-militar no ha tenido una posición primordial en el G-3. Es este elemento a favor de una lectura del grupo dentro de los parámetros de la interdependencia.

países que lanzaron la iniciativa de la Ronda Uruguay. México se distinguió por su actividad ferviente en Ginebra, durante los últimos tres años, intentando una compatibilidad entre NAFTA y la Ronda Uruguay. Venezuela no ha sido ajena a las preocupaciones comerciales internacionales.

En cuanto a los actores existe multiplicidad, tal como se indicó en el aparte primero de este artículo: básicamente han sido estatales (presidencias, ministerios) y gremiales. Pero no hay que desconocer que las multinacionales, las Organizaciones No Gubernamentales e incluso algunas organizaciones internacionales gubernamentales serán seguramente muy activas en relación con el Grupo en un futuro próximo.

así como insuficientes mecanismos de coordinación de alto nivel. Es este el caso de Colombia y Venezuela.

En general, el resultado objetivo en el Grupo ha sido dual. Por una parte, se han obtenido avances de cierta simetría en puntos de la agenda negociados por entidades de capacidad y procedimientos operativos similares (vale decir, las respectivas entidades de comercio exterior). De otro lado, se puede registrar un avance asimétrico a favor de México en el resto de los puntos de la agenda. Ello, por existir en el caso mexicano una estrategia definida y coordinada desde su Cancillería y otras entidades, la cual existe en mucho menor medida en los casos de Colombia y Venezuela. A ello debe añadirse la propia coherencia de las políticas y la preparación al detalle para las negociaciones en el caso mexicano. Este último requerimiento fue aprendido desde los años setenta y comprende una buena formación académica en materia de negociación internacional. Es ésta una carencia a la cual debe otorgarse la mayor atención por parte del próximo gobierno colombiano, así como por parte de la administración de Rafael Caldera en Venezuela. El éxito del Grupo, así como la calidad de la posible negociación con el NAFTA, depende en buena medida de este factor.

 

b)El poder Para la interdependencia, el problema del poder también se plantea aunque con algunas variantes en relación con el neo- realismo. En primer lugar, la interdependencia se convierte en una fuente adicional de poder, pero no sólo como control sobre los recursos sino ante todo como potencial para afectar los resultados. Esta idea se encuentra vinculada a la de la acción internacional, que puede incrementar el poder negociador, en condiciones estructurales favorables o adversas. Implica también un aprovechamiento de ventajas comparativas creadas en lugar de atender a las solas ventajas primarias (recursos básicos).

Para el Grupo de los Tres, un manejo integrado de sus recursos constituye sin duda una fuente de poder que ayudaría a situar a sus miembros en mejores condiciones de competición internacional. Además, y fuera de las ventajas primarias, la creación de economías de escala, la adecuada redistribución del trabajo y el flujo de inversiones incrementan el posible poder de alteración de resultados en sentido favorable, a la manera de una mejor inscripción en el mundo. No es esencial para esta consideración la referencia al poder nacional, así como tampoco al militar, por lo menos para el caso del G-3.

Un tema central en el trata- miento del poder por parte de la interdependencia es el de la sensibilidad y vulnerabilidad de los actores internacionales. La sensibilidad se refiere al costo que debe asumir un país como consecuencia de cambios motivados por otros actores del mundo. Ese costo no es sólo comercial. Puede también ser político, societal o cultural. Comprende el costo inicial, y el que se paga después de las políticas diseñadas para responder a los estímulos externos.

Para el análisis del G-3 hemos de tomar en cuenta la sensibilidad mutua y la existente frente a hegemonías regionales o globales. Por lo que hace a temas, podríamos decir que la sensibilidad:

Es alta y mutua en las relaciones colombo-venezolanas, en especial en asuntos como comercio, inversión, aspectos diplomáticos, asuntos migratorios y seguridad interna.

Es baja para los dos países en relación con México, salvo en sectores como industria metalmecánica y automotriz para el caso de Venezuela. Por su parte, las políticas de adaptación mexicana al NAFTA pueden tener efectos regionales importantes con un cierto costo inmediato para Colombia y Venezuela. Empero, si se aprecia la otra cara de la moneda, las medidas que se descuidan para responder al reto mexicano pueden favorecer a Colombia y Venezuela en su preparación para una futura negociación con el NAFTA en su conjunto[11]. Esto es válido tanto para el sector público como para el privado. En cualquier caso, y por lo que hace al aspecto político-diplomático, existe una alta sensibilidad mutua para los tres actores implicados en el Grupo.

En otro sentido, tenemos sensibilidad común frente a otros actores: existe en ciertas materias como precios del petróleo, materias primas, régimen financiero de los países centrales, decisiones que afectan principios de la política exterior (v. gr. el derecho de injerencia), el proteccionismo del Norte, y la reducción o incremento del rol que cumplen los organismos internacionales en el mundo. También sería el caso en materias como narcotráfico, pese a las diferencias de ubicación de cada país en este entretejido global.

En un sentido positivo, el potencial energético y de mercado del G-3 implica elementos de sensibilidad a su favor, frente a consumidores de energía o a productores de manufacturas.

Por lo que hace a la vulnerabilidad, tiene en la interdependencia una acepción precisa: se trata del costo que un actor internacional tiene que pagar por situaciones dadas, pese a haber cambiado sus políticas. El G-3 busca, y de hecho puede obtener, una disminución de la vulnerabilidad frente a terceros, en la medida en que su desarrollo incrementa su capacidad para ajustarse a variaciones de poder o de políticas por parte de otros actores. La creación de amplios mercados busca también neutralizar la vulnerabilidad derivada de ajustes negativos del comercio mundial (contracción y proteccionismo). La integración energética y financiera implica, por su parte, una menor vulnerabilidad.

Por lo que hace a la vulnerabilidad mutua, podría incrementarse en la medida en que la integración avance. No es este, en contra de las apariencias, un asunto negativo o que comprometa la autonomía, pues la integración disminuye la vulnerabilidad externa a cada grupo y maximiza la capacidad autonómica y de negociación. Es decir, en último término, garantiza mejores niveles de vida y mejor inscripción en el mundo. Se trata de una cesión parcial de soberanía y un aumento de la estrecha cooperación, a cambio del incremento de poder y de bienestar. Es la mejor manera de traducir los recursos limitados de poder en resultados.

La más importante base de poder en el G-3 estaría configurada por la capacidad de generación de consensos alrededor de diversos temas. Esto es válido entre los tres países miembros y en relación con América Central y el Caribe. Un consenso regional de esta naturaleza potenciaría los resultados y, por ende, el poder de la región entera. La interdependencia nos hablaría aquí de una "ganancia mutua asegurada". De ahí que el G-3 sea de conveniencia para todos los países involucrados directa o indirectamente.

c)No podemos olvidar la referencia a las redes de reglas, normas y procedimientos, mejor conocidas como "regímenes internacionales". Ante todo, debemos tener claro que tales re- glas de juego pueden ser explícitas (en tratados internacionales o estatutos diversos) o implícitas, a condición de ser respetadas por los asociados. No es claro aún si podemos hablar de regímenes internacionales para el caso del G-3. En caso de concretarse, lo sería de preferencia en tres campos:

 

Régimen energético especial, no necesariamente incompatible con las reglas de la Olade, pero negociado fuera de ella.

Régimen comercial, en desarrollo de los llamados acuerdos de alcance parcial de la Aladi.

Régimen de seguridad, obviamente en el marco de la OEA, el TIAR (así tenga que ser reformado) y el tratado de no proliferación de armas nucleares en América Latina.

 

Además de la instancia formal de constituir regímenes internacionales, se hace indispensable un trabajo estructural importante en renovación industrial, flujo de recursos, capacitación de trabajadores y administradores, nuevo sentido de liderazgo, infraestructura de comunicaciones y puertos, condiciones políticas. Quedaría claro por este concepto que un ALC sólo es funcional si otras instancias efectúan a su vez su propio trabajo. De lo contrario, permanecería sólo como un marco sin contenido real. Más claramente, es ahora el turno de otras instancias.

El punto central de la futura discusión consiste en saber si un régimen internacional (no sólo comercial) para toda la región surgirá de las redes de Acuerdos de Libre Comercio. O, en caso de no ser así, qué papel cumplirán éstos en dicha estructura futura.

No olvidemos que en esta materia tenemos, de momento, mayores avances en reglas de juego relativas a seguridad (TIAR, narcóticos) y economía (comercio e inversión), mientras en otros temas la situación es un tanto diluida. Tal es el caso de la migración internacional, el medio ambiente y sus relaciones con el desarrollo, la transferencia tecnológica y la deuda externa.

Para finalizar una lectura del G-3 desde la interdependencia, hemos de considerar el efecto posible del Grupo en las variaciones de la hegemonía hemisférica. Las administraciones recientes de los tres países han emprendido un camino que económicamente las acerca al mundo y las integra conscientemente al proceso de globalización. En lo económico se buscan nuevos mercados y oportunidades conjuntos, incluyendo asociaciones más estrechas con Estados Unidos. En lo político, se trata del mantenimiento necesario de la dignidad y de ciertos márgenes de maniobra tanto dentro de los tres países como en relación con el área toda del Caribe[12]. El G-3 constituye sin duda un factor de estabilidad y moderación en la región. Su mejor ejemplo es la insistencia en la utilización de procedimientos de negociación para diversos conflictos regionales, y la tentativa de aproximación a todos los actores de la región sin las exclusiones propias de la guerra fría.

Los países pequeños de América Central y el Caribe comprenden que mucho de lo por-hacer corresponde a ellos mismos, pero que también pueden contar con el G-3 como un mecanismo de balance de la asimetría de poder al nivel de América en su conjunto. El G-3 está destinado a la construcción de consensos y a la participación mutua en el desarrollo de toda la región.

Consideraciones finales

Hemos visto que el G-3 puede ser leído tanto desde el neo-realismo como desde la interdependencia. Empero, los propósitos del Grupo encajan más apropiadamente dentro de la segunda opción. Sólo así podremos construir un consenso regional próspero y pacífico.

En los tres países, los mejores logros recientes de la política exterior son comerciales, por lo menos en la forma. No obstante, sin el apoyo y cobertura de los temas políticos no hubiera existido un ambiente propicio para hablar de libre comercio. El tratamiento político ha sido, por paradójico que parezca, crucial en el caso colombo-venezolano, para "rodear" con buenos oficios el proceso de integración binacional.

Permanece en todo caso abierta la discusión sobre si el Grupo busca mayor bienestar o mayor autonomía. Lo mismo podemos plantear con respecto al modelo de desarrollo y la política exterior de cada uno de los países que lo componen. Lo ideal es encontrar un punto de equilibrio que satisfaga los dos criterios.

La respuesta que el diseño y la implementación de políticas den a los temas anteriores nos llevará a saber si en un futuro próximo seremos no sólo testigos sino actores de un crecimiento del poder nacional de los tres países, o si veremos un decrecimiento de los nacionalismos, permaneciendo esta esencia sólo en el campo de lo cultural. Razón de más para otorgar a este rubro toda la importancia que merece en el contexto de las relaciones del G- 3 con América Central.



[1] Puede encontrarse una relación de los propósitos y primeros pasos del grupo en el documento El Grupo de los Tres editado por la Dirección General de Cooperación del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, Bogotá, 1993. Tal documento se debe a la doctora Marcela Ocampo, en ese entonces directora general de Cooperación.

Para la comprensión de los orígenes y posterior evolución del grupo, véanse:

Diego Cardona, "El Grupo de los Tres: una lectura política", en Colombia Internacional, No. 17, enero-marzo de 1992, Bogotá, CEI-Uniandes.

Diego Cardona et al, Colombia y la integración americana, Bogotá, Fescol-Cladeil, 1992. Andrés Serbin et al., El Grupo de los Tres: políticas de integración, Bogotá, Fescol, 1992.

Andrés Serbin, Carlos Romero (eds.), El Grupo de los Tres: asimetrías y convergencias, Caracas, Nueva Sociedad-Invesp-Fescol, 1993.

Juan Tokatlian, Diego Cardona, Mauricio Reina, "Colombia y el Grupo de los Tres", en Documentos Ocasionales, No. 28, octubre-diciembre de 1992, Bogotá, CEI-Uniandes.

 

[2] Sobre la integración tradicional y la actual, véase Leonardo Carvajal, Integración, pragmatismo y utopía en América Latina, Bogotá, Centro de Estudios Internacionales y Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes y Facultad de Finanzas y Relaciones Internacionales, Universidad Externado de Colombia, 1993.

[3] Sobre los aspectos más relevantes de la política exterior mexicana para el caso, véanse en especial:

La política exterior de México en el nuevo orden mundial: antología de principios y tesis, México, Fondo de Cultura Económica, 1993. Tom Barry (ed.), México, una guía actual, México, Ser, 1993.

Mario Ojeda, Alcances y límites de la política exterior de México, México, El Colegio de México, 1984. Riordan Roett (comp.), Relaciones exteriores de México en la década de los noventa, México, Siglo XXI, 1991.

Varios, Política exterior para un mundo nuevo: alternativas para el futuro, México, Centro de Investigaciones para el Desarrollo y Editorial Diana, 1992.

[4] Un texto excelente sobre la reciente política exterior de Venezuela es: Carlos Romero (coord.), Reforma y política exterior en Venezuela, Caracas, Nueva Sociedad-Copre-Invesp, 1992.

[5] Al respecto, puede consultarse la más representativa obra de Raymond Aron: Paz y guerra entre las naciones, Madrid, Alianza Universidad, 1985. La primera edición francesa data de 1962 (Paix el guerre entre les nations, Paris, Calman-Levy).

[6] Es especialmente ilustrativa al respecto su presentación a la octava edición francesa (1983)

[7] No olvidemos que existen interesantes análisis neo-realistas de la Unión Europea (la antes llamada Comunidad Económica Europea) en la perspectiva de competencia mundial en medio del proceso de globalización y regionalización.

[8] La mejor obra aparecida hasta ahora en lengua española sobre el tema de las potencias intermedias es: Carsten Holbraad, Las potencias medias en la política internacional, México, Fondo de Cultura Económica, 1989

[9] Una descripción interesante de las actividades del Ministerio de Comercio Exterior en relación con la parte comercial del G-3 se encuentra en María Luz Ruano, "El acuerdo comercial del Grupo de los Tres", tesis para optar el grado de Politóloga, Departamento de Ciencia Política, Universidad de los Andes, Bogotá, febrero de 1994

[10] Para este caso, y en especial para conceptos como hegemonía, sensibilidad y vulnerabilidad, véase el texto ya clásico: Robert Keohane y Joseph Nye, Poder e interdependencia: ¡apolítica mundial en transición, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1988. La primera edición en lengua inglesa data de 1977 (Power and Interdependence: World Politics in Transition, Boston, Little Brown and Company).

[11] Un aporte interesante en esta dirección es la "teoría del sparring", expuesta desde comienzos de 1993 por Mauricio Reina, uno de los negociadores centrales del acuerdo comercial del G-3 en su última fase. Según dicha teoría, la negociación con Venezuela, Chile o México no tiene sólo un fin en mismo; es también una especie de prueba con sparring que ha ido apuntalando debidamente la estrategia y el equipo negociador colombiano. Tal serie de pruebas sería esencial al momento de negociar el NAFTA O cualquier otro acuerdo importante.

[12] Sobre el tema de la autonomía y sus relaciones con una potencia, véanse en especial:

Diego Cardona, prólogo a Stephen Randall, Aliados y distantes: historia de las relaciones entre Colombia y Estados Unidos desdela independencia hasta la guerra contra las drogas, Bogotá, Tercer Mundo, 1993.

Gómez, Drekonja, Tokatlian, Carvajal, "Redefiniendo la autonomía en política internacional", en Documentos Ocasionales, No. 31, CEI-Uniandes, Bogotá, 1993.