Integración hemisférica: las posibilidades de consolidar el área de libre comercio en América Latina (Entrevista al Dr. Mauricio Reina)

CEI

Centro de Estudios Internacionales

Mauricio Reina

Asesor editorial de Revista Semana y exviceministro de Comercio Exterior

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3-9

01/04/1996

01/04/1996

CEI

Esta entrevista se centra en la percepción de Mauricio Reina sobre la integración hemisférica, pocas semanas después de celebrada la cumbre de ALCA en Cartagena, entre el 19 y el 22 de marzo del presente año. Nos interesa conocer su visión acerca del éxito de la integración, especialmente en esta época en que el TLC se encuentra estancado, Brasil está proponiendo un acuerdo de libre comercio con América del Sur como contrapeso a la iniciativa norteamericana, y con las elecciones presidenciales de Estados Unidos que motivan la desaceleración del proceso sin que haya un futuro positivo predecible a corto plazo. En este contexto, abordaremos el rol del sector privado en la integración, su reconocimiento por la cumbre ministerial a pesar de los problemas surgidos al discutir y negociar algunos de los puntos, e indagaremos sobre sus posibilidades reales de convertirse en actor importante del proceso de integración.

CEI: ¿Es posible la fecha del 2005 para la integración hemisférica en el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA)? ¿Cuáles serían las dificultades?

MR: Hay que recordar que una cosa es la negociación para la cual se ha puesto esta fecha límite, y otra el proceso de liberación y desgravación que puede tomar mucho más tiempo. La negociación como tal sí puede terminar en el 2005. Hay tiempo, pero todo depende del ritmo al que se trabaje y sobre todo de la voluntad política. Desde luego que existen muchas dificultades en el camino, pero creo que ninguna es tan grande como para que no se pueda solucionar. Todo eso nos lleva a observar con mucha atención lo que está sucediendo y lo que puede suceder en el terreno político.

CEI: ¿Cuáles son los avances de la agenda ministerial de la cumbre de Cartagena con respecto a la cumbre de Denver de 1995?

MR: Hay tres grandes áreas temáticas en este proceso de trabajo. Una tiene que ver con la evolución de los grupos de trabajo (GTH) creados hasta el momento, y con la forma como los ministerios reciben los reportes de los GTH y les renuevan el mandato de seguir adelante. En este primer frente, la cumbre de Cartagena fue satisfactoria: se llegó a las metas esperadas en el sentido en que los GTH, creados en Denver, mostraron avances favorables en Cartagena. Los GTH han funcionado muy bien, y a pesar de algunas dificultades menores presentadas en varios de ellos, el trabajo realizado será fundamental para el futuro de la negociación. La recopilación y análisis de normas, el apoyo para nuevas bases de datos en países que no las tenían, y la definición de marcos conceptuales para cada uno de los temas son apenas algunos ejemplos de los avances planeados para el progreso integral del continente. Desde este punto de vista, el trabajo de los GTH y del Comité Tripartito (OEA, CEPAL y BID) ha sido verdaderamente notable y nos permite ser optimistas.

El segundo frente tiene que ver con los nuevos temas que van a ser incorporados al proceso. Allí el balance no es del todo satisfactorio. Si bien se crean los GTH previstos de propiedad intelectual, compras del Estado, servicios y competencia, los países en desarrollo del continente americano esperaban que también se creara un GTH sobre solución de controversias, pero Estados Unidos, que había sido reticente al respecto en las reuniones previas en Denver, finalmente sólo acepta la creación en Cartagena. Por lo tanto, aun cuando se aprueba la creación de este GTH, se da con mucha demora. Desde este punto de vista, no hay ninguna novedad pero tampoco colapsa el proceso.

El tercer aspecto en el que se quería avanzar se refiere a la definición de unos derroteros concretos y de un cronograma más específico: en este frente no se logró absolutamente nada. Quizás era demasiado optimista creer que en la segunda reunión de ministros de comercio exterior ya se iba a lograr definir la forma de la integración, pero desde otro punto de vista, el encontrarnos apenas en la evaluación de los GTH es también demasiado pobre. Quedan por delante todavía nueve años en los que hay mucho por hacer, pero es evidente la necesidad de que en la próxima reunión de ministros sí se definan cronogramas más específicos, y por lo menos se empiecen a plantear alternativas para lograr la convergencia de todos los acuerdos hacia la integración hemisférica.

CEI: ¿Cuál, en resumen, sería el balance de los pasos dados en Cartagena, un año después de la cumbre de Denver?

MR: En pocas palabras, el resultado es un balance positivo en la medida en que el proceso sigue andando, aunque con la incertidumbre que implica la ausencia en la toma de grandes decisiones, pues aún están pendientes los enfoques para la integración y los cronogramas específicos. También se debe anotar como punto preocupante y factor negativo, la evidente polarización política marcada por países como Brasil y Argentina (yo no me atrevería a hablar de todo el bloque de Mercosur, pero sí de una presencia muy fuerte del Brasil) por un lado, y los Estados Unidos por otro. Esta es una polarización que vimos en Denver y ahora nuevamente en Cartagena. Probablemente seguirá apareciendo en todo este proceso, por lo que debe ser manejada de manera muy eficaz y eficiente por los demás países, debido a que puede ser quizás el primer obstáculo al que se enfrente el proceso.

CEI: ¿Qué perspectivas ve usted para los grupos de propiedad intelectual y de competencia? El tema de propiedad intelectual fue muy espinoso y controversial en Cartagena, hasta el punto que llegó a pensarse que no tendría solución y que imperaría la incertidumbre sobre sus posibilidades de éxito, debido a sus implicaciones para las relaciones interestatales.

MR: El caso de la propiedad intelectual en Cartagena es apenas un ejemplo de un fenómeno generalizado. Una cosa es recopilar información, crear bases de datos, y hacer discusiones conceptuales, y otra es aproximarse a los términos en los que se desarrollaría una negociación de temas muy sensibles. Todo el mundo conoce el tema de la propiedad intelectual, que es esencial para los países que están en el borde de la frontera tecnológica y del conocimiento. El problema radica en que se presenta una pérdida de dinero muy grande debido a la piratería, pero para los países "piratas" también significaría aceptar acuerdos costosos y onerosos, algunas veces difíciles de pagar.

Lo que sucedió en Cartagena muestra claramente la manera en la cual se pueden generar confrontaciones cuando hay tanto dinero de por medio, y cuando éste está focalizado en grupos específicos. Por ejemplo, si alguien dice que va a abrir las importaciones de zapatos, no necesariamente ejercerán presión todos los consumidores y productores de zapatos, que en muchos de nuestros países son numerosos, pero en general, no pueden presionar haciendo lobby. En cambio en el caso farmacéutico, hay unos laboratorios muy unidos que disponen de licencias y fuertes capacidades de negociación y por tanto, su opción de defensa de la propiedad es mayor.

Más allá de las condiciones específicas del caso de propiedad intelectual, éste es sólo un ejemplo del tipo de dificultades que se van a presentar de aquí en adelante en el proceso de integración. En estos problemas, la vulnerabilidad de ciertos grupos de presión respecto a la integración jugará un papel cada vez más importante en el lobbying de estos grupos sobre sus gobiernos, que son los que finalmente negocian el área de libre comercio.

En suma, no es sorprendente que este problema se haya presentado. Es más, constituye apenas un llamado de atención sobre el futuro, y deja, además, reflexiones importantes acerca de la economía política de las negociaciones comerciales.

CEI: Aparte del entusiasmo evidente, la asistencia y el dinamismo del sector privado, la participación de personalidades importantes como César Gaviria, Ernesto Samper y Ron Brown, entre otros, ¿cuáles definiría usted como logros centrales de la cumbre? ¿Cuáles como críticas?

MR: En primer lugar, la cumbre de Cartagena fue un verdadero éxito en el campo de la organización, la convocatoria y el desarrollo del foro empresarial, porque se logró traer a más de mil doscientos empresarios. Es una cifra muy importante si se tiene en cuenta que la mitad de ellos venían de fuera de Colombia, en un momento en el que este país, con razón o sin razón, para bien o para mal, no es el sitio más atractivo para invertir. En segundo lugar, a diferencia de la cumbre de Denver, la agenda de trabajo de los empresarios estuvo muy bien articulada con la cumbre de ministros, para contribuir al proceso de integración. En Denver se dieron algunas discusiones interesantes, pero también otras que no tenían nada que ver con nada. Además, en Cartagena hubo un propósito final con conceptos claros que los empresarios pudieran entregar a los ministros. En Denver, por ejemplo, la reunión de los ministros fue antes que la de los empresarios; entonces, los ministros no se enteraron de las conclusiones de la reunión empresarial. En Cartagena, al contrario, las cumbres se programaron al revés, y hasta hubo una reunión específica en la que los empresarios presentaron las conclusiones de los GTH a los ministros.

Así, tanto por convocatoria y por funcionamiento, como por resultados, el foro empresarial fue un tremendo éxito que establece un nivel muy alto, una metodología muy clara, y esperamos fructífera, para las reuniones futuras.

CEI: ¿Cuál es su percepción respecto al aporte de Colombia como sede y organizador de la cumbre?

MR: Un aspecto importante de la cumbre de Cartagena es que, como lo mencioné anteriormente, el proceso sigue avanzando. Para muchos observadores externos, el gran temor, en un contexto de polarización política entre los países del hemisferio, era que el proceso muriera en manos de Colombia. Pero el país logró sacarlo adelante. No hay grandes obstáculos en el corto plazo; no hay grandes traumatismos; y decorosamente, con un camino despejado hacia adelante, logramos pasar la posta al siguiente corredor.

Quizás donde puede haber ciertas deficiencias en el caso de Cartagena, puede ser en el hecho de que la declaración de los ministros no tiene muchos componentes nuevos en cuanto a un cronograma específico para la integración. Mucha gente está ansiosa de ver rápidamente posiciones sobre cómo converger hacia la integración, y fechas concretas para lograr metas específicas; es en este aspecto donde no se ha logrado más. Probablemente se habrían dado progresos con un mayor liderazgo de Colombia, puede ser que sí, puede ser que no. Es muy difícil adivinar.

CEI: Teniendo en cuenta los éxitos y deficiencias que usted acaba de plantear, ¿piensa que el timing de Belo Horizonte es el correcto, que se podrán alcanzar cosas más positivas que las logradas hasta el momento?

MR: En un año se verán resultados más concretos de los GTH, pues vienen funcionando a un ritmo muy ágil. Cada vez nos acercamos más al terreno de la economía política de la integración, debido a que si un año es suficiente para avanzar en la definición de unos derroteros concretos y de unos cronogramas específicos, depende exclusivamente de la voluntad política de los países. Puede ser que dentro de un año siga exactamente la misma discusión de estos puntos, como puede ser que se dé un avance en las discusiones entre gobiernos y que se tengan listas muchas otras cosas. Hay una buena señal que sale de Cartagena, y es que los viceministros se van a tener que reunir como mínimo tres veces antes de Belo Horizonte. Es un hecho que los viceministros, si no son la última instancia decisoria, sí logran avanzar mucho más rápido que los técnicos. No es fácil decir a priori si un año es un plazo demasiado corto, pues lo que se logre en ese lapso dependerá de factores que están en la esfera política.

CEI: Ahora le haremos unas preguntas sobre el sector privado, y luego retomaremos la parte de integración. ¿Cree usted que el sector privado tiene un verdadero potencial de participación en la integración?

MR: El sector privado debe ser uno de los protagonistas en todo el proceso pues es el responsable de mover los negocios, las economías, de tomar decisiones sobre tecnologías; es el que hace las mejorías de productividad; es el motor de la actividad económica. Mal podría pensar uno que quien ha acumulado experiencia de negocios, quien sabe cuáles son las dificultades específicas de estos negocios, quien tiene que vivir en carne propia los obstáculos que se presentan día a día en el comercio internacional, quien logra capitalizar los grandes triunfos en el momento de expandir sus empresas hacia otros países, puede estar ausente en un proceso de negociación como éste.

Sin embargo, hay aspectos en los que se debe poner atención porque, por definición, el sector privado es proteccionista. Ello es aun más pronunciado en el caso del latinoamericano, que ha hecho sus negocios a la luz del proteccionismo. Es evidente que cuando a un empresario le dicen que van a vulnerar su mercado doméstico, la primera reacción será negativa. En el caso colombiano, esto sucedió cuando se profundizó la integración con Venezuela, y con el resto del Grupo Andino; cuando se iniciaron negociaciones con Chile, y cuando se desarrollaron las negociaciones con México en el marco del G-3. La primera reacción del sector privado es proteger y no abrir más los mercados.

Puede decirse entonces, que tiene dos caras. El sector privado es fundamental para el proceso de integración pero tiene una tendencia compulsiva a proteger. Debido a ésta, que es explicable y muy racional desde el punto de vista económico, financiero y empresarial en el corto plazo, se debe contar con mecanismos muy claros para evitar confusiones y lograr que piense con mentalidad de mediano plazo. Por ejemplo, si en Miami los presidentes definieron que en el año 2005 ya iba a estar negociada un área de libre comercio americana, y este propósito político se va a mantener; al empresario le conviene que la negociación se haga de la mejor manera, sin empecinarse en no negociar. El empresario puede dilatar el proceso durante un tiempo, argumentando que todo es un desastre y que no están listos para integrarse; sin embargo, en el caso de que se negocie de todas maneras, se debe oír su punto de vista, puesto que finalmente es el actor que hace los negocios.

CEI: Con este potencial del sector privado en el ámbito de la integración, ¿cree que también tienen algún espacio las fundaciones, las universidades, los centros de investigación, las organizaciones no gubernamentales (ONG's), o es básicamente un espacio para el sector empresarial?

MR: Las respuestas anteriores se refieren al sector empresarial y no es gratuito que se hayan circunscrito a este sector, ya que especialmente en Cartagena éste ha mostrado capacidad de convocatoria e interés suficiente para constituirse en un actor visible en todo el proceso. Los demás, las ONG's, los centros de investigación, las universidades, las distintas organizaciones, también tienen que participar. Son fundamentales y su potencial en la discusión es muy grande, pero a la vez, si se aferran a intereses de muy corto plazo, no van a poder dar los aportes que se requieren en este proceso. Esto se aplica también para los ambientalistas, y los grupos laborales. Los centros independientes con capacidad de aportar conocimientos, están en mora de hacer contribuciones mucho más profundas. Esto se hace evidente al observar el importante papel que han jugado la OEA, el BID y la CEPAL miembros de la comisión tripartita los cuales han llenado un espacio en el que caben más centros que tengan qué aportar en términos de conocimiento. Se ven entonces dos grandes conjuntos: los que no tienen intereses muy vulnerables, como los centros de investigación, con un espacio inmediato para explotar; y los que sí tienen intereses muy vulnerables, como los ambientalistas, los sindicatos, entre otros, a quienes se aplica la misma reflexión que al sector privado. Si su perspectiva es de corto plazo, su aporte no va a ser importante. Sin embargo, tienen un potencial muy grande para aportar cosas valiosas, para lo que tienen que dar un salto mental cualitativo y entender qué es un continente de cara al siglo XXI.

CEI: ¿Cuál es su definición de sector privado?

MR: El sector privado es el que no es público; el sector público es el que negocia, los gobiernos son los que negocian. Entonces, todo el que no está sentado negociando y siente que tiene algo que decir, debe buscar una manera de articularse con el sector público para hacer sentir sus opiniones y para dar sus puntos de vista. En este contexto, podríamos involucrar un análisis de economía política de la evolución del desarrollo latinoamericano que sería muy complejo: los mejor organizados son los empresarios, y de ahí en adelante, los demás tienen distintos niveles de organización. Seguramente los grupos laborales están mejor organizados en unos países, los ambientalistas en otros; pero sin lugar a dudas, el protagonista más visible es el sector empresarial. Todos los demás caben, pero su influencia e importancia depende de las capacidades de organizarse y despojarse de visiones miopes de corto plazo para entender los alcances del proceso de integración.

CEI: Tomando el tema de la organización del sector privado, en su opinión, ¿es posible organizar transnacionalmente al sector privado o usted lo ve circunscrito a un Estado-nación determinado, sin lograr una actuación conjunta con los demás sectores privados del mundo?

MR: Creo que hay dos dimensiones; la primera es la influencia del sector privado en la negociación. Este factor se da a nivel nacional porque al ser los gobiernos los que negocian, deben incorporar el punto de vista de sus actores privados. Otra dimensión es la de análisis, reflexión, difusión y discusión de ideas, conocimientos, datos, información y conclusiones. Esta dimensión, debe darse a nivel internacional, transnacional, y hemisférico. Es precisamente lo que sucedió en Cartagena, un foro de análisis, discusión y fijación de posiciones a nivel casi transnacional.

CEI: ¿Qué rol cree usted que juega Estados Unidos en el proceso de la integración después de las experiencias de Denver y ALCA, en el contexto de las campañas electorales actuales? ¿Quiere integrarse hemisféricamente?

MR: En primer lugar, Estados Unidos juega un papel fundamental en el proceso por su capacidad y seriedad técnica, por su poder de convocatoria porque hasta el momento ha sido uno de los países que ha mostrado más interés en la dinamización de las negociaciones. Si uno toma en cuenta su peso político a nivel internacional, y su voluntad de avanzar en las negociaciones, definitivamente Estados Unidos es el país más importante.

Hay otros países que quizás tienen más ganas de avanzar, pero no tienen el peso político; hay otros que tienen el peso político, pero no quieren avanzar tanto. Esto no quiere decir que los demás países no sean importantes; de hecho se trata de treinta y cuatro países con la misma capacidad de voto de acción, que además pesan lo mismo en el momento de decidir. Sin embargo, no se puede negar la existencia de un realismo político que determina que haya países con mayor capacidad de influir en el debate político internacional y a la vez, que haya países con objetivos que exigen una mayor rapidez. Ponderando ambos factores, no queda duda de que Estados Unidos tiene un rol protagónico.

CEI: ¿Qué incidencia pueden tener los diferentes grados de desarrollo relativo, de regulaciones y estándares laborales para el objetivo integracionista?

MR: Estos temas generan muchas sensibilidades en sectores específicos de los distintos países. Quizás justamente por ello, los temas mencionados terminarán siendo críticos y serán vistos como obstáculos. Se debe reconocer que se pueden presentar aspectos muy sensibles en la negociación, precisamente debido a que el proceso es muy importante e implica cambiar radicalmente el razonamiento tradicional sobre el vínculo entre desarrollo económico y comercio internacional en un continente.

CEI: Diferentes enfoques de economía internacional mencionan la proliferación de modelos de hub and spoke (H-S) en América Latina. ¿Piensa que esto dificulta en realidad la integración hemisférica?

MR: Más allá de si la dificulta o no, el esquema del H-S es una realidad. En la medida en que han empezado a darse acuerdos entre países, dominando por encima de los acuerdos entre grupos de países, un esquema de ese estilo es inevitable y es la realidad que tenemos hoy en día. En cuanto a ser un obstáculo para la integración, yo creo que la complica porque es más simple hacer converger y armonizar cinco acuerdos que cuarenta y cinco que además se presentan en forma de telaraña; pero no tenemos otra opción.

CEI: En alguna otra entrevista usted afirmó que creía que una técnica muy positiva para avanzar en la integración radicaba en que cada país tuviera, en cierta medida, una técnica de sparring como en el boxeo, ¿afirmaría lo mismo para el proceso de integración hemisférica?

MR: La estrategia del sparring es aplicable a un boxeador, como Colombia, y éste es el ámbito en el que yo he defendido la idea. Creo que Colombia, volviendo a la analogía del boxeador, sabe que en diez años va a tener que enfrentarse en un esquema de todos contra todos, y en ese lapso tiene la oportunidad de entrenarse. El espacio de entrenamiento consiste en negociar y profundizar las negociaciones con terceros países. En este sentido, se puede replantear la pregunta teniendo en cuenta el proceso de integración hemisférica, para de esta forma analizar si todavía tiene sentido una estrategia como la del sparring. La respuesta sería totalmente afirmativa: se tiene el tiempo para hacerlo y el sentido económico para que valga la pena.

CEI: ¿Puede dar una explicación más completa de la estrategia del sparring?

MR: Un proceso de integración genera directamente un patrón de especialización, porque a medida que se adhieren más países, se modifican las ventajas comparativas de cada uno de ellos. Es distinta la ventaja comparativa si se trata de negociar con un solo país, que si se negocia con un grupo de ellos (por ejemplo, la Unión Europea).

Colombia ha ido ampliando sus fronteras de integración, primero con una racionalidad geográfica como en el caso del Grupo Andino. Posteriormente, incluyó componentes más económicos, por lo que se siguió con Chile, con el que hay gran complementariedad.

Luego se suscribieron acuerdos con México, a pesar de las críticas de los sectores más vulnerados los empresarios. Así, en la medida en que se enfrenta a economías más desarrolladas, la exigencia para determinar la competitividad es mayor. En este sentido, Colombia logra ser muy exitosa en el mercado ecuatoriano y venezolano, entre otros, pero requiere un mayor reto de competencia porque de lo contrario no logrará niveles tecnológicos y productivos superiores.

Desafortunadamente no se han logrado los niveles de productividad suficientes para que subsistan algunos sectores. Por lo tanto, al boxeador le conviene exigirse cada vez más y entrenarse con niveles cada vez más duros. Si se pensara que el boxeador nunca tendrá que pelear con el Tyson de América Estados Unidos no valdría la pena desafiar a otros más fuertes. En cambio, si existe la certeza de que ocurrirá el enfrentamiento, como se decidió en la cumbre de Miami, este aspecto se vuelve indispensable en una economía mundial globalizada. De esta manera, en un bloque hemisférico mundial, el boxeador solo, peleando en la misma esquina con tres amigos, no tiene ningún futuro.

CEI: Tomando en cuenta la globalización y la actual situación política interna de Colombia, ¿qué estrategia recomienda seguir?, ¿qué mercados buscar?, ¿es positiva la búsqueda del Asia-Pacífico, Mercosur, y la Unión Europea?

MR: En mi concepto el paso siguiente en el proceso de integración de Colombia tiene que ser Mercosur. Yo creo que la integración con Asia-Pacífico es muy importante pero su potencial real no es tan grande porque no nos conocen ni los conocemos, e involucraría el allanamiento de distancias impresionantes, mientras que hay una cercanía natural con Mercosur. No se sabe si se da en un año o en dos, pero sí que se tiene que hacer relativamente pronto. Pienso que una vez se logre, vale la pena descansar un rato. De hoy a final de siglo debería estar negociado un acuerdo Grupo Andino-Mercosur o Colombia-Mercosur.

CEI: ¿Piensa que este libre comercio hemisférico, puede ser un paso hacia el multilateralismo tan promovido por muchos teóricos de la economía internacional?

MR: Muchos han planteado un dilema entre regionalismo y multilateralismo; otros, una complementariedad entre ambos. El mismo GATT, y ahora la OMC, sentó las bases para una consistencia entre multilateralismo y regionalismo, argumentando que cualquier acuerdo regional cabe dentro de la filosofía multilateral siempre y cuando no se eleven las barreras frente a terceros países, y se abra sustancialmente el comercio libre entre los países que están negociando el regionalismo.

De manera que desde el punto de vista estrictamente conceptual, se puede hacer un planteamiento en el que sean consistentes el multilateralismo y el regionalismo. También se pueden hacer planteamientos en los que compitan entre sí un esquema multilateral y un esquema regional. Para ver cuál de esos planteamientos conceptuales es correcto, hay que hacer una evaluación empírica, que tiene mucho que ver con la manera en que se desarrolla la integración hemisférica en las Américas. Dependiendo de la forma en que se dé esta unión, uno podría decir que se da un paso más hacia el libre comercio multilateral, o por el contrario, una discriminación con el resto del mundo, haciendo un mercado cada vez más cerrado. Todo depende mucho de cómo se negocie.

CEI: ¿Puede considerarse la Unión Europea como la demostración empírica del regionalismo como obstáculo para la integración multilateral?

MR: Sin lugar a dudas el dinamismo que se ha dado dentro de la Unión Europea en términos comerciales, es mucho mayor y más sorprendente que el dinamismo de sus relaciones con el exterior. Es decir, hay una fuerza centrípeta mayor que lo que pueden ser las relaciones con el resto del mundo. No creo que haya sido intencionalmente buscado; pienso que este hecho habla mejor del éxito de su integración que de una estrategia maquiavélica para discriminar al resto del mundo. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la integración americana, al menos por la vía del TLC o del G3, es muy diferente a la de la Unión Europea. Se parecen mucho más el Grupo Andino y Mercosur, debido a que el TLC y el G3 no son uniones aduaneras, y además son esquemas con el objetivo implícito de que son mecanismos de liberalización y regulación del comercio entre los países y miembros con el resto del mundo. Por el contrario, el Grupo Andino y Mercosur, definidos como uniones aduaneras, tienen el objetivo primordial de consolidarse internamente como mercado.

Lo que sí se puede observar actualmente, es que es mucho más fácil mantener un área de libre comercio tipo G-3 o TLC que una unión aduanera donde se busca permanentemente negociar conjuntamente y no vulnerar las preferencias existentes. En este momento, creo que las áreas de libre comercio son más ventajosas para lograr mayor amplitud continental o multilateral.