OPORTUNIDADES Y MERCADOS DEL NORDESTE ASIÁTICO

Fernando Barbosa

Universidad Externado de Colombia.

es

13-25

01/10/1997

01/10/1997

 

El tema señalado por los organizadores de este evento para mi intervención es el de oportunidades y mercados del Nordeste Asiático. El solo título ya genera, de por sí, una primera reacción. En efecto, la mención de oportunidades presupone aceptar —sin que medie ninguna discusión—, que nos encontramos frente a algo promisorio o, por lo menos, potencial.

Esto que menciono y que es el mínimo ejercicio crítico en el que debe cimentarse el trabajo académico, es decir: la pregunta, me ha propiciado la perspectiva para presentar y compartir con ustedes varias inquietudes que han ido madurando en el curso de ya largos años de dedicación a los temas del Asia.

Pues bien, entrando al tema, si nos atenemos a una primera lectura de las cifras de comercio de los tres países del Nordeste Asiático a los que me referiré —es decir, Japón, China y Corea—, tendremos que concluir que evidentemente nos encontramos ante unas tendencias favorables en el intercambio comercial con esos mercados.

En efecto, las estadísticas arrojan datos como los siguientes:

EL INTERCAMBIO GLOBAL

Entre 1991 y 1995, el total de las importaciones y exportaciones con esos tres países muestran una tendencia creciente.

En el caso de China, el comercio global bilateral se incrementó de US$19,7 millones en 1991 a US$42,2 millones en 1995. Con Corea se pasó de US$32,9 millones a US$229,1 millones. Y con Japón de US$698,9 millones en 1991 se llegó a US$1.409,5 millones en 1995. En otras palabras, en el transcurso de esos 5 años el comercio con Japón y China se duplicó y con Corea aumentó siete veces. Si bien a lo anterior debe anotarse la disminución de los flujos comerciales con Corea y Japón en 1996 —con el primero el comercio cayó el 18,6% y con el segundo en 19,5%— las cifras presentadas de esta manera resultan halagadoras.

IMPORTACIONES Y EXPORTACIONES

Sin embargo, otro tipo de aproximación, como el análisis independiente de las sumas importadas y exportadas, nos aproxima a nuevos matices:

En el caso de Japón, las cifras registran la siguiente evolución: entre 1991 y 1992, las importaciones aumentaron 12% y las exportaciones disminuyeron 15%. Entre 1992 y 1993, las importaciones crecieron 88% y las exportaciones 20,3%. Entre el 93 y el 94, las importaciones apenas se mantuvieron con un incremento del 0,8% y las exportaciones reaccionaron con un alza del 48,6%. Entre el 94 y el 95, las importaciones subieron 5,2% y las exportaciones 3%. Los resultados de 1996 registraron una caída del 25% para las importaciones, mientras las exportaciones mostraron un retroceso del 4,2%.

Para poder configurar un mejor marco de referencia, vale la pena mencionar cómo ha sido la variación porcentual del crecimiento del comercio entre Japón y Colombia. Según cálculos del profesor Mikio

Kuwayama, las importaciones de productos japoneses aumentaron en tasas promedio un 5,2%, entre 1985 y 1989, y un 20,7% entre 1990 y 1995. Y por el lado de nuestras exportaciones, el comportamiento fue inverso. Crecieron el 23,0% entre 1985 y 1989 y el 10,3% entre 1990 y 1995[1]. Si estos resultados se ponderan considerando que el valor de las importaciones es tres veces superior al de las exportaciones, es muy fácil deducir que la dinámica del comercio ha corrido en manos de los japoneses, quienes han logrado mejorar su participación en nuestro mercado.

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Los datos con comercio con Corea son aún más dramáticos en razón al muy rápido crecimiento de las importaciones provenientes de ese país, tal como se indicó atrás.

 

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En relación con China, si bien las cifras son muy modestas todavía, lo que puede detectarse es un mejoramiento sensible de las ventas chinas a Colombia y una muy discreta participación de nuestras exportaciones, con saltos esporádicos como el de 1991, cuando se registraron ventas de algodón por US$11,7 millones y el de 1995 que se explica en una venta de azúcar por un valor de US$16,7 millones.

 

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PRODUCTOS

Aparte de las anteriores consideraciones, los productos transados proporcionan otro ángulo para la discusión. Un repaso a la evolución del comercio con la región nos pone de presente dos características: por un lado, nos indica que el intercambio está concentrado en muy pocos productos y, de otra parte, nos expone ante un sesgo o asimetría en el tipo de productos de intercambio que se ocasiona en el hecho de que los asiáticos nos venden bienes industriales mientras nosotros les suministramos materias primas.

En efecto, para 1996, las exportaciones colombianas de café y sus derivados a Japón representaron el 63,4% y las esmeraldas el 24,5%. En otras palabras, el 87,9% de nuestro comercio con los japoneses dependió de dos renglones. Con respecto a Corea, el café y sus derivados alcanzaron el 49,8% y el oro el 25,4%. En otras palabras, tenemos que nuevamente dos renglones representan el 75,2% del intercambio. Ahora, en el caso de China, si bien el comportamiento de los productos exportados no muestra un claro patrón, el año pasado se tuvo que los desperdicios de cobre representaron el 36,2% y el PVC el 18,1 %, que sumados significan el 54,3% de las exportaciones colombianas a ese destino.

La presencia conjunta de las dos características indicadas tiene algunas implicaciones que vale la pena resaltar. De una parte, el valor de las ventas colombianas está sujeto a las variaciones de los precios internacionales. En tal sentido, los cambios en las cotizaciones del café, para referirnos al producto con una presencia más estable en esos mercados, explican en buena parte las fluctuaciones de nuestro comercio. Las repercusiones que ello trae consigo pueden ser fácilmente entendidas con la sola mención de lo que le significó a la economía colombiana la dependencia del grano, hasta cuando se iniciaron los programas de diversificación de exportaciones en el gobierno de Carlos Lleras.

Sobre otra de las implicaciones, no hay que hacer muchos esfuerzos para entender el impacto económico y los desequilibrios que suscita el vender productos con bajo valor agregado, al tiempo que se importan aquellos con un alto valor agregado. Para dar una idea de lo que ello significa, tenemos que el valor de cada kilo vendido por Japón a Colombia alcanza los US$3,43 mientras que el exportado por Colombia representa solamente US$0,89. Una diferencia casi de 4 a 1. Sobre el particular, y para llamar la atención sobre la debilidad de nuestro sector exportador, vale la

 

CIFRAS DE IMPORTACIÓN Y EXPORTACIÓN PARA 1996

 

Importaciones

Exportaciones

CIF US$

(millones)

Kilo neto

            (toneladas)

US$/kilo

FOB US$

(millones)

Kilo neto

            (toneladas)

US $/kilo

 

Corea

155,3

39.502,0

3,93

30,3

9.981,7

3,04

China

37,8

42.877,8

0,88

6,9

6.221,8

1,11

Japón

707,1

205.770,5

3,43

348,6

420.562,4

0,82

EE.UU.

5.555,5

6.222.359,0

0,89

4.088.884,3

20.114.902,8

0,20

Venezuela

1.261,8

2.163.372,8

0,58

778.216,1

838.821,2

0,92

Fuente: DIAN y DANE (cifras provisionales).

 pena destacar que el valor de cada kilo vendido a los Estados Unidos apenas alcanza a los 20 centavos de dólar.

LA IMPORTANCIA DEL COMERCIO CON EL NORDESTE ASIÁTICO

No obstante, las observaciones formuladas, de Japón, que es nuestro mayor socio en la región, se dice que ocupa un lugar de singular importancia en nuestro comercio internacional. En tal sentido se anota que en 1996 fue la tercera fuente de las importaciones realizadas y el séptimo mercado de las exportaciones.

Seguramente de este tipo de presentación se deriva parte de la importancia que la opinión en general le concede a Japón —y a veces al Asia— como parte de una realidad y de unas expectativas aparentemente generosas. No obstante, cuando se toma cierta distancia y se examinan las cifras del intercambio, los guarismos sugieren otra interpretación. En efecto, comparado con los Estados Unidos que nos compraron el 38,65% de las exportaciones el año pasado, Japón solamente alcanzó al 3,29%. Es decir, una doceava parte. Y en el campo de las importaciones, Japón representó el 5,66% frente al 38,02% de los Estados Unidos. Esto es, en su justa valoración, lo que ha sucedido y tales son las distancias que debemos tener presentes para el análisis.

Recapitulando lo dicho hasta aquí, tenemos que si bien la tendencia del intercambio global de Colombia con la región es positiva, cuando se analizan las exportaciones colombianas el resultado no es tan satisfactorio. A ello debe añadirse el hecho de que la oferta exportable se concentra en muy pocos productos, todos ellos de bajo valor agregado. Adicionalmente, no debe perderse de vista que la importancia de las relaciones comerciales con el Noreste Asiático es moderada. Y todo lo anterior debe complementarse con la mención del crónico desequilibrio en la balanza comercial con los tres países que nos ocupan.

AMÉRICA LATINA Y EL NORDESTE ASIÁTICO

Toda vez que las relaciones comerciales no son ni tan frías ni tan despersonalizadas, y hecho el breve repaso sobre las características de la participación de Colombia en el mercado del Nordeste Asiático se hace necesario abordar un ejercicio similar que nos permita delinear la situación de Latinoamérica en esa región. Y esta necesidad surge de dos consideraciones básicas: primero, y de la misma manera en que Asia es el referente de los países de esa región, se hace inescapable la relación de Colombia con sus vecinos como contraparte de lo asiático. Y segundo, los procesos de integración en que estamos participando son el marco más amplio y apropiado con que nos identifican desde el Asia.

Así las cosas, permítanme indicar ante todo que el tema de las relaciones de Japón con Latinoamérica ocupa un lugar dentro de las investigaciones que se hacen no sólo de este sino del otro lado del Pacífico. Como el propósito de esta presentación es el de propiciar la reflexión y no el de ahondar en la elaboración o debate sobre los matices que surgen de una y otra parte, quisiera concentrarme en lo substancial.

Bajo el orden de ideas lo que se deduce de los trabajos que se han venido haciendo por parte de entidades como el SELA, la Cepal, la Unctad, la Alide, el BID, el Banco Mundial, la OSD, etc., puede resumirse en lo siguiente:

Primero: la estructura comercial de América Latina con Japón —que en términos generales puede ser compartida con los casos de Corea y China— se ajusta al modelo "periférico", según el cual la región es exportadora de productos básicos e importadora de productos manufacturados.

Segundo: la oferta de América Latina a Japón se concentra en muy pocos productos, según datos de la Cepal[2], sólo 6 productos de la región (a nivel de 3 dígitos de la CUCI) componen más del 50% de las exportaciones, mientras que los principales 20 productos representan más del 80% de las ventas latinoamericanas.

Tercero: los tres mayores exportadores a Japón son Brasil, Chile seguidos distantemente por México. Estos tres países representaron en 1995 el 76% de las exportaciones de la región a Japón.

Cuarto: en 1995 Japón representó el 4% del total de las exportaciones de América Latina y el Caribe un 7,7% del total de sus importaciones. En términos de comercio global con la región, Japón representó el 3,8%, al tiempo que Estados Unidos participó con el 15,2%.

De lo anterior se deduce que América Latina tiene un comportamiento similar al de Colombia en cuanto a la asimetría del comercio, la concentración en pocos productos y la relativa importancia de Japón, al mismo tiempo resalta el rezago de Colombia cuando se le compara con otros países como Chile.

COLOMBIA Y LATINOAMÉRICA VISTAS DESDE ASIA

Falta ahora, para completar el panorama, tratar de perfilar el imaginario dentro del cual nos perciben los asiáticos desde el punto de vista comercial, para lo cual los siguientes datos dan un margen aceptable de aproximación.

En relación con Latinoamérica, la región representó para Japón en 1995, el 3,4% dentro del total de sus importaciones. Dentro de ellas los tres mayores suministradores fueron Brasil con una participación del 1,2% del total, Chile con el 0,9% y México con el 0,4%. Las ventas de Colombia alcanzaron el 0,12%, es decir, el 1,2 por mil.

Y como mercado para Japón, Latinoamérica representó en el mismo año 95 el 4,1% del total de sus exportaciones. El primer destino fue Panamá con US$7.602 millones dentro de los cuales la mayor proporción está relacionada con los registros de barcos; el segundo, México con US$3.575 millones; el tercero, Brasil con US$2.584 millones, y el cuarto Colombia con 1.091 millones. Si bien esta figuración del país tendría efectos de presentación, no puede olvidarse que dentro de las exportaciones niponas esta cifra solamente representa el 0,24% del total.

Las cifras de Asia no muestran una gran diferencia con las aquí presentadas. En efecto, para 1993, de acuerdo con un informe de la Unctad[3], la participación de América Latina en el comercio exterior de los países de Asia y el Pacífico representó algo menos del 2%, lo que contrasta con una participación de un 5% de aquellos países en el comercio global de nuestra región.

Recapitulando una vez más, de todo lo expuesto hasta este momento, resulta protuberante el hecho de que tanto Colombia como Latinoamérica no ocupan un lugar preponderante dentro del comercio del Nordeste Asiático.

Cabe preguntarse en este punto, ¿cuál es, entonces, el sentido de la propuesta que se le viene haciendo al país desde cuando se dieron las primeras señales en el gobierno del presidente Belisario Betancur y que está orientada a que Colombia participe activamente en la región que se conoce como la Cuenca del Pacífico?

Conviene, frente a tal interrogante, tratar de ahondar en las razones que puedan explicar nuestras circunstancias, para la cual se hace indispensable mirar hacia atrás.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para incitar el debate en torno a algunos aspectos que en mi sentir deben ser retomados por la academia con el fin de entenderlos, digerirlos y explicarlos. Señalaría, para tal fin, los siguientes temas: 1) la historia del Pacífico colombiano; 2) la evolución del contrabando; 3) las pérdidas territoriales: la Gran Colombia, Panamá y los Territorios del Sur; 4) la evolución de nuestro comercio exterior; 5) la evolución de las políticas relacionadas con la ciencia y particularmente con la tecnología y 6) la historia empresarial de Colombia en la región. Adicionalmente, como objetivo, no podría dejarse por fuera el de la necesidad de penetrar en el conocimiento de los pueblos del otro lado del Pacífico. Aunque parecería innecesario, no sobra subrayar que esta enumeración no es en modo alguno taxativa, tanto como que el conocimiento no conoce fronteras.

Para ilustrar el interés y la utilidad de lo anterior, voy a permitirme hacer una breve aproximación.

Las referencias que guarda el colombiano común sobre el Mar del Sur, el mismo Pacífico de don Antonio de Pigafetta, se reducen a la romántica imagen de Balboa que se adentra en las aguas del recién descubierto océano. De ahí en adelante el hilo se pierde y parece confundirse con la bruma característica de esa zona. Dos hechos podrían ayudar a explicar nuestra lejanía del Pacífico. El primero es que, durante la colonia, los puertos importantes del Virreinato de la Nueva Granada sobre ese océano fueron Guayaquil y Panamá. Los de San Buenaventura y Barbacoas —que eran los de nombrar— apenas se mencionan ocasionalmente en relación con el comercio del oro, tal como se refleja, por ejemplo, en la defensa que del virrey Eslava hizo el oidor Antonio Berástegui en 1751[4]. Y el segundo hecho, tal como puede esperarse, es la pérdida de estos puertos a raíz de la disolución de la Gran Colombia en 1830 y de la independencia del Istmo en 1903. Los efectos que debieron generar tales acontecimientos, sin duda tuvieron ondas repercusiones en la actitud de los colombianos hacia el Pacífico. Y es que en estos cercenamientos no sólo se deja una huella física sino una impronta dolorosa en el sentimiento de la nacionalidad.

El contrabando es otro elemento que aparece casi con el descubrimiento. Ya se menciona en las primeras crónicas del siglo XVI y su recorrido continúa por la historia hasta nuestros días. Es dentro de este tráfico ilícito donde aparecen las primeras referencias que conozco para documentar el comercio con China. En las Noticias Secretas, escritas para el rey Fernando VI por Jorge Juan y Antonio de Ulloa a mediados del siglo XVIII, puede leerse lo siguiente:

"Entrando ahora con nuestro asunto al Mar del Sur, sus puertos no son menores almacenes de géneros de ilícito comercio que los del permitido y corriente, y si hay alguna diferencia podrá seguramente aplicarse con exceso al prohibido. Empezaremos por Panamá que es la puerta por donde pasa todo, dividiendo antes para mayor claridad los géneros de comercio en tres especies; una de géneros de Europa, otra de Negros, y otra de géneros de la China...

El comercio de los géneros de la China prohibidos en aquellas partes no tiene cabimiento en Panamá, porque abundando tanto de la costa no hay necesidad de él, sino es para algunas sedas, pero como no hay arbitrio en aquellos Presidentes de conceder licencia a algunas embarcaciones para que pasen a la costa de Nueva España, van estas con registros corrientes, y a su vuelta infestan con ropa de la China todas las costas del Perú…

Uno de los almacenes principales en aquellas costas donde entran con gran facilidad los géneros de China, es Guayaquil, y para que este fraude tenga algún Género de disimulo, llegan los navíos que vienen de la costa de Nueva España a cualquiera de los Puertos de Atacames, Puerto Viejo, Manta o la Punta de Santa Helena, desembarcan allí todo lo que es contrabando, y en virtud del soborno el mismo teniente del partido suministra baxeles y se conduce a Guayaquil, donde interesados en ello el Corregidor y Oficiales Reales disimulan su entrada, suben la embarcación y Guayaquil, se ponen guardas a bordo, y pasan a registrarla los mismos jueces, con cuya diligencia se falsifican jurídicamente las sospechas que puede haber dado la embarcación, y habiendo hecho una gran papelada de mucha apariencia y poca sustancia queda asegurado el dueño de la embarcación y resguardados los jueces"[5].

Era el año de 1744. Como podrá entenderse, nada nuevo bajo el Sol.

Dos siglos y medio después el problema es el mismo y con el mismo género. Se cree que el contrabando que nos llega de textiles chinos por la vía de Panamá alcanza los US$300 millones que aproximadamente corresponde a diez veces el comercio registrado.

Otro tema que en mi sentir ha afectado el desarrollo de la personalidad colombiana es el relacionado con las pérdidas territoriales: la Gran Colombia, Panamá y los Territorios del Sur a raíz de la guerra con el Perú. En ello no se ha ahondado y es un tema que merecería un cuidadoso estudio.

El punto de partida de mi hipótesis es la gesta libertadora. Ningún otro propósito nacional ha logrado superar ésta que ha sido la más grande y significativa empresa en que ha participado el país. Empresa que no solamente fue política sino económica. Sería suficiente con recordar que apenas en el gobierno de López Pumarejo terminamos de pagar las deudas de esas operaciones.

Pues bien, aún si se considera que las ideas panamericanas de Bolívar no alcanzaron a materializarse, la independencia y la unión de Ecuador, Colombia y Venezuela sí significó un logro de grandes proporciones. Por ello, la disolución de la Gran Colombia debió causar una gran frustración al colombiano. Más tarde, a finales del pasado siglo, se emprende el nuevo gran proyecto nacional para comunicar el Atlántico y el Pacífico a través de Panamá. Y de allí nace la otra gran frustración con que empezamos este siglo XX que es la separación del Istmo. Hasta dónde —y esa es la pregunta— hasta dónde es posible que ello explique nuestra fobia o nuestra falta de garra frente a las iniciativas de envergadura. Y lo menciono en este foro porque el caso de la inserción de Colombia en el Asia y el Pacífico es, sin duda, un reto de enormes proporciones.

La evolución de nuestro comercio exterior es otro de los asuntos que deberíamos profundizar. En esto, como en tantas otras cosas, la historia parece repetirse sin solución de continuidad. Para la muestra un botón extraído del informe preparado por don Antonio Moreno y Escandón para el virrey Messía de la Cerda:

En las márgenes del río de la Magdalena, se cogen cosechas del más exquisito cacao, y sería mayor su cultivo si se facilitase su expendio, y del mismo modo se aumentarían las siembras de tabaco, que a veces compran los extranjeros para volvérnoslo a vender aliñado con notable ganancia. Todos estos preciosos frutos que, por cogerse en provincias próximas y confinantes con la costa, pudieran con más facilidad comerciarse, a veces se pierden lastimosamente sin utilidad de la monarquía y sus vasallos, y lo que es peor, en muchas ocasiones sirven para su perjuicio de fomentar el comercio de los extranjeros, que vigilantes se aprovechan de nuestra inacción para cambiarlos por sus mercaderías con excesivas ventajas, a que es correlativo nuestro daño.

La causa radical de esto estriba en que siendo poco comerciante nuestra nación, ocupada en disfrutar sus opulencias sin la vigilancia y actividad de las extranjeras, no se detiene en el más acertado método de la provisión de estos remotos dominios, contentándose con remitir uno u otro registro anual a Cartagena, donde en toda su costa no se ven embarcaciones mercantes de españoles, aunque cruzan las extranjeras...[6].

En otros informes, como el del virrey Ezpeleta al entregar el cargo, se previene sobre la necesidad de promover la producción para la exportación de productos como la harina de trigo, el azúcar, el cacao, la quina, el añil, drogas medicinales, materiales para pintura y tintorería, etc. [7].

Temas íntimamente relacionados, como el comercio, como las vías de comunicación, los puertos, los impuestos, las regulaciones y reglamentaciones, los controles aduaneros, recibieron igualmente la debida atención por parte de los gobernantes de la colonia y más tarde por los de la República. Son asuntos que no han encontrado rumbo distinto al de repetirse en el tiempo.

Hoy en día, las cifras de comercio internacional colombiano son terriblemente precarias. El total de exportaciones per cápita del país es de US$285, cifra absolutamente insignificante cuando se mira en el contexto internacional. Para tener algunas referencias, el dato per cápita de Singapur es de US$18.827, el de Hong Kong, US$4.515. Pero más preocupante aún es el hecho de que hasta comparándonos con algunas ciudades los guarismos parecen dejarnos a un lado de las corrientes internacionales. Veamos: cada habitante de Seattle exporta US$9.987 (y es una ciudad de medio millón de habitantes); en Nueva York la cifra es de US$3.062, 2.376 en ciudad de México, 1.400 en Buenos Aires, 842 en Santiago y 415 en Sao Paulo. Bogotá, que genera cerca de la mitad del PIB nacional, exporta por habitante US$90.

Pero lo patético, y es sobre esto que deseo seguir insistiendo, resulta ser el constatar que tampoco estamos frente a un fenómeno nuevo. Según la investigación de Christiane Laffite sobre La costa colombiana del Caribe (1810-1830), las exportaciones de la Nueva Granada en 1810, año de la independencia, llegaban a 4 millones de piestras. Y agrega la investigadora:

Dichas exportaciones eran menores a las de Venezuela (éstas llegaban a 4,4 millones) ... de la misma manera que pudimos observar la extrema importancia del Puerto de Veracruz con respecto al de Cartagena, en 1810, hemos podido calcular... que las importaciones de España a Cartagena alcanzaban apenas el 4,5% de las de México. En cuanto a las exportaciones para España, no llegaban al 12% de las de México. Y sin embargo, Colombia y México tienen una superficie casi igual, lo cual implica que hay que buscar por otro lado las razones de la diferencia de los resultados de comercio[8].

De igual manera vinculadas al comercio, están las políticas relacionadas con la ciencia y, particularmente con la tecnología. Con el mismo propósito de insistir en lo inveterado de nuestras preocupaciones fundamentales, quisiera copiar las opiniones de Pedro Fermín de Vargas expresadas en sus Pensamientos políticos sobre la agricultura, comercio y minas de este reino escritos hacia 1789.

...Aquellas naciones que desconocían el uso del hierro, o no tenían agricultura, o si la tenían era con la mayor imperfección del mundo. Entre las naciones del Nuevo Continente sólo sabemos que los peruanos usasen de sus instrumentos de cobre para sus faenas rurales... El uso que habían hecho del cobre y la facilidad que les proporcionaban para el cultivo de sus campos, los instrumentos fabricados con aquel metal, les hacían apego a una tierra que los alimentaba sin tanto trabajo como el que debían tener los demás salvajes que quisiesen cultivarla con instrumentos de madera [como] nosotros [que] en el día estamos por la mayor parte casi en la misma situación. El hierro que gastamos viene de fuera del Reino: las distancias de la costa al interior son tan grandes, los transportes tan caros, y los derechos tan excesivos que en parte se ven obligadas las gentes a pasar sin él, sustituyendo un trabajo inmenso corporal a la facilidad que les proporcionaban algunos instrumentos fabricados con este metal[9].

En el mismo sentido, y con el fin de crear un cuerpo capaz de facilitar los conocimientos sobre los cultivos, propagación y semillas, propuso la creación de las Sociedades de Amigos del País que tendrían múltiples objetivos, dentro de los cuales se incluía el de organizar viajes de estudio y preparación a los Estados Unidos con el fin de aprender las técnicas más exitosas en ese país.

Otro de los temas que resulta cada día más importante es el de la recuperación de la memoria empresarial de colombianos en la región. Sería muy difícil de entender los pasos audaces que ha empezado a dar el Sindicato Antioqueño en Asia, si se desconoce que Fabio Rico —uno de sus distinguidos miembros— lleva más de treinta años trabajando en esos mercados con éxito que, si bien ha sido modesto en las cifras, no por ello deja de ser relevante en tanto que ha significado la construcción del conocimiento sobre la manera de hacer negocios especialmente con el Japón.

De la misma forma, algo —que está por descubrirse— debió mover la mente empresarial del general Reyes para llevarlo a promover y a firmar en 1908 el Tratado de Comercio y Navegación con Japón. Como también en alguna otra parte debe estar el eslabón que permita entender cómo pudo Pedro Fermín de Vargas proponer hace doscientos años la siembra del ginseng y del té en el Virreinato de la Nueva Granada.

La séptima sugerencia que quisiera hacer está relacionada con la imperiosa necesidad de mejorar nuestro conocimiento sobre Asia. Es cierto que en los últimos años hemos avanzado. Pero no mucho. Para ponerlo desde un ángulo puramente anecdótico, recuerdo que hace un cuarto de siglo, cuando me vinculé a los negocios con Japón, mi aventura resultaba de un exotismo monumental. Por supuesto, en algunos círculos ya se entendía la importancia de ese país. Recuérdese la propuesta de López Michelsen de convertimos en el Japón de Suramérica. Sin embargo, la opinión de los empresarios, para no hablar de la opinión pública, reflejaba no solamente ignorancia sino desprecio y, en el mejor de los casos, temor.

Hoy en día los japoneses cuentan con el reconocimiento de su calidad, de su prestancia. Pero hacer negocios con ellos, si bien ya no suscita temores, todavía despierta miedos. Y no creo equivocarme en decir que buena parte de la explicación está en la falta de conocimientos de los países, de la región, de su cultura y, por supuesto, de su industria, de su comercio y de sus mercados.

Al respecto, resulta apropiado insertar el siguiente comentario que se refiere a las razones por las cuales resulta llena de dificultades la empresa de establecerse en Japón:

Las cualidades, costumbres y modos de proceder de los japoneses son del todo tan contrarios [e] incógnitos a los de India y de Europa, que esa poca comunicación que se puede tener no sé cuándo podrá ser provechosa, porque lo que pasa en Japón, a mi juicio, no se puede bien entender si no es por los que por vista y experiencia lo saben, y parece que no se puede dar a entender ni (presencialmente) por los que saben mucho de Japón, cuanto menos por cartas; y, sin duda, muchas cosas se pueden escribir y hacer en Japón que, por mucho que se declaren, serán muy mal concebidas y recibidas en Europa, las cuales en Japón son muy convenientes [y no] se pueden dejar de hacer...[10].

Estos comentarios de Alejandro Valignano, que pertenecen a su libro Sumario de las cosas de Japón que se publicó en 1583, resultan de una pasmosa actualidad. Subsiste la perplejidad tanto de los gobiernos como de los empresarios de Occidente, frente a este pueblo al que la historia universal le parece esquiva. Seguimos sin entender y ello reclama un esfuerzo de acercamiento. ¡Y qué podría decirse del resto de países del Asia!

La sensación que deja el trasegar por todos estos temas que he ido hilando nos lleva a una disyuntiva: o vivimos en medio de grandes males endémicos que no lograremos superar, o nos hemos equivocado en los diagnósticos y en los tratamientos. Me inclino por lo último y por ello encuentro en los mercados del Nordeste Asiático y, en general, en los del Asia-Pacífico, unos retos importantes útiles, que nos pueden proporcionar grandes oportunidades.

Y presento los mercados como centro de atención por dos razones muy claras:

Ante todo, porque el mercado internacional es el gran motor de modernización de cualquier sociedad. Es lo que nos coloca dentro de la actividad mundial, lo que nos acerca a lo que sucede, lo que nos guía por lo que se demanda, lo que nos ilustra sobre los adelantos.

Y, en segundo término, porque el comercio es el que ha sido capaz de atraer con mayor fuerza a los inversionistas extranjeros, particularmente a los asiáticos.

Ahora bien, tal como he tratado de presentarlo, nos enfrentamos a considerables debilidades que debemos superar con esfuerzo, con tino, pero especialmente con cálculo frío. Ello requerirá de una decisión firme de profundizar. Es la única forma de poder innovar en un medio en donde, como he querido demostrarlo, se hace indispensable dar un salto cognoscitivo.

Pienso que tendremos un panorama importante en la medida en que logremos formular una estrategia de Estado hacia el Pacífico fundada en realidades y en objetivos específicos. Tenemos que fijarnos propósitos audaces, como sería el de alcanzar el nivel de desarrollo de Japón en medio siglo. No deberíamos abandonarnos a las simples formulaciones que tienen el riesgo comprobado de que en 200 años alguien nos cite como cito a continuación de nuevo a don Pedro Fermín de Vargas, refiriéndose al comercio, la economía y las minas:

La desgracia es que, hasta ahora, casi generalmente se hallan abandonados estos tres ramos de riqueza nacional. No quiero averiguar si la falta de población, o la falta de energía o más bien las trabas generales de la Nación, en punto de comercio, e industria, sean la causa de un letargo, como el que se ha experimentado en esta preciosa porción de la monarquía[11].

Estas palabras que aparentan ser pura retórica, no lo son. Están profundamente arraigadas en el convencimiento que tengo sobre lo siguiente:

No es el desplazamiento económico y comercial hacia el Pacífico lo que hace importante la región. Ésta ha sido una región influyente en todo este milenio en la construcción de los intercambios internacionales. El punto focal de mi atención está en el poder político que será alimentado por el repunte de las economías y el avance de la tecnología y la ciencia. Ese poder será la clave, pues de él dependerá que se extienda por el orbe lo que habrá de ser la nueva concepción del mundo y el hombre. Allí se afectarán las definiciones de Occidente. Se pondrán a prueba sus valores. Aparecerá un nuevo sentido de la justicia. Nuevas formas de relacionarse.

Es por razones como las aquí expuestas que vincularse o insertarse a la región se convierte cada vez más en un asunto de supervivencia.

Tampoco podemos desprendernos del hecho de que estamos ineludiblemente inscritos dentro de la órbita de los Estados Unidos. De acuerdo con las proyecciones de Washington, tal como fueron expuestas ante el subcomité de comercio exterior de la Cámara de Representantes el pasado 18 de marzo por parte de la embajadora Charlene Barshefsky, representante comercial de ese país,

Latinoamérica y el Caribe fueron los mercados de más rápido crecimiento para las exportaciones de Estados Unidos en 1996. De continuar la tendencia en el año 2000 sobrepasará a la Unión Europea como destino de las exportaciones de Estados Unidos, y sobrepasará a Japón y la Unión sumados en el año 2010. Es también la segunda región de mayor crecimiento en el mundo, habiéndose transformado en la última década de manera desapercibida para algunos, pero con profundas y positivas implicaciones para los Estados Unidos. La administración reconoce la enorme oportunidad de contar con esta histórica transformación"[12].

Una situación de tal naturaleza —y no hay que hacer ninguna maniobra especial para entenderla— desembocará en una mayor dependencia de Colombia frente a Washington y a los empresarios de ese país. Ahora, si algo ha quedado claro durante la crisis que ha vivido Colombia en los últimos años, es la necesidad de diversificar tanto nuestro comercio exterior como nuestras relaciones internacionales. Y como puede verse en la opinión de la ilustre embajadora, el asunto no es de largo plazo. Es el futuro que se nos viene encima en un par de años. De nuevo —hay que insistir—, nos encontramos enfrentados a una coyuntura de la cual dependerá nuestra supervivencia. Y en eso no deberíamos equivocarnos.

En relación con las posibilidades del intercambio comercial con el Asia, debe partirse del reconocimiento de que la oferta colombiana actual es insuficiente e inadecuada para los mercados del mundo y muy especialmente para los del Asia. Salvo los renglones de alimentos, la demanda de los países del Nordeste Asiático se inclina hacia los bienes manufacturados en cuanto a los primeros, además de que su valor agregado es muy reducido mientras que no tengamos una oferta de volúmenes importante no seremos atractivos como fuente de suministros y ello, de lograrse, requerirá de enormes inversiones en infraestructura.

Ahora, con relación a las manufacturas, la demanda se sesga hacia bienes que incorporan alta tecnología de la cual carecemos. Por estas razones, si decidimos extender la presencia de nuestra producción en la región, debemos empeñarnos en crear una oferta nueva y competitiva. Cuál sea el componente de esta oferta es lo que tenemos que encontrar. Ése es el reto y es ese mismo reto el que habrá de generar las oportunidades.

Finalmente, quisiera insistir en la necesidad de continuar haciéndonos preguntas y de empeñarnos en encontrar las respuestas. En tal sentido, y sabiendo que nuevas indagaciones nos iluminarían en la búsqueda de propósitos y de soluciones, permítanme para concluir dejar planteado este último interrogante:

Todos conocemos la enorme capacidad empresarial de don Julio Mario Santodomingo y la manera en que ha logrado proyectar sus empresas en el exterior. Me pregunto, entonces: ¿Por qué después de haber sido él nuestro primer embajador en la China, no es el Grupo Santodomingo por lo menos uno de los protagonistas de Colombia en el Asia?

Muchas gracias.

 


 

 

                        



[1]    Mikio Kuwayama, El fomento de las relaciones económicas entre Japón y América Latina y el Caribe. Cepal, mayo de 1997, pp. 24 y 25.

[2]    Ibíd., p.28.

[3]     Pnud y Unctad, América Latina y el Asia Pacífico: comercio, inversiones y cooperación mutua, Santiago de Chile, 1996, p. 9.

[4]     Germán Colmenares, Relaciones e informes de los gobernantes de la Nueva Granada, 3 vols., Banco Popular, Bogotá, 1989,1.1, pp. 71-72.

[5]     Jorge y Juan Antonio de Ulloa, Noticias secretas de América sobre el estado naval, militar y político de los reinos del Perú y provincias de Quito, costas de Nueva Granada y Chile, ed. fascimilar, Banco Popular, Bogotá, 1983.

[6]     Germán Colmenares, op. cit., vol. I, p. 205.

[7]     Ibíd., vol. II, p. 240.

[8]    Christiane Laffite Caries, La costa colombiana del Caribe (1810-1830), Banco de la República, Santa Fe de Bogotá, 1995, p. 83.

[9]    Pedro Fermín de Vargas, Pensamientos políticos Siglo XVII-Siglo XVIII, Colcultura, Bogotá, 1986, pp. 19-20.

[10]    Alejandro S. I. Valignano, Sumario de las cosas de Japón (1583) y Adiciones del sumario del Japón (1592), Sophia University, Tokyo, 1954, p. 135.

[11]    Pedro Fermín de Vargas, Carta dirigida a los habitantes de la Nueva Granada sobre agricultura, el comercio y las minas, Bogotá, 15 de noviembre de 1816, en Laffite Caries, Christiane, La costa colombiana del Caribe (1810-1830), Banco de la República, Santa Fe de Bogotá, 1995, p. 84.

[12]   Testimony of Ambassador Charlene Barshefsky before the Trade Subcommittee of the House Ways and Means Committee, March 18,1997.