LA EDUCACIÓN COMO INSTRUMENTO DE FOMENTO DE LA CULTURA EXPORTADORA
Marta Lucía Ramírez de Rincón
Ministra de Comercio Exterior de Colombia.
es
7-15
01/05/1999
01/05/1999
De la educación depende en gran medida el progreso de la humanidad... Hoy está cada vez más arraigada la convicción de que la educación constituye una de las armas más poderosas de que disponemos para forjar futuro. El principal peligro, en un mundo marcado por la interdependencia planetaria y la mundialización, es que se abra un abismo entre una minoría capaz de moverse en ese mundo nuevo... y una mayoría impotente para influir en el destino colectivo.
Jacques Delors[1].
Uno de los mayores desafíos de los Estados en la actualidad es dar herramientas al sistema educativo para responder a un mundo globalizado y al mercado laboral en este contexto. El reto consiste en preparar personas internacionalmente competitivas y con los elementos necesarios para poder desempeñarse exitosamente en el mundo del próximo milenio[2].
La educación es el instrumento que permite evidenciar ante los estudiantes la existencia de un mundo interdependiente, donde el conocimiento del otro es un factor necesario para poder desenvolverse. Este entendimiento general de la condición globalizada va acompañado de la adquisición de conocimientos específicos para enfrentar la nueva configuración de los mercados, los Estados y las instituciones, tal como lo han demostrado los procesos de integración política y comercial que han popularizado el aprendizaje de varios idiomas, así como el manejo de tecnologías y lenguajes técnicos que llevan cada vez más a borrar fronteras. Actualmente el lenguaje comercial y el conocimiento sobre el funcionamiento del comercio internacional son conocimientos específicos que cada vez requieren mayor difusión, para que un país se integre exitosamente en el contexto mundial.
El sistema educativo está llamado a conciliar el universo que se ha abierto a los jóvenes, gracias a su inmersión en el ciberespacio y en el mundo de las telecomunicaciones, con elementos prácticos para acceder a este nuevo horizonte.
En este sentido, se plantea la necesidad de educar para exportar, para conocer el mercado internacional y para producir para el exterior, como una forma de permitir a los jóvenes armonizar el mundo en el que navegan por Internet con la realidad de su propio país. La "cultura exportadora", entendida como el conjunto de capacidades generales para insertarse en el mercado global, y para enfocar la producción nacional hacia los mercados internacionales, aparece aquí como una ventana que se abre al sistema educativo para dar a los jóvenes herramientas para conocer cómo funciona el comercio internacional, y de qué forma con los recursos que tiene el país puede ingresar a este espacio de manera competitiva[3].
Después de la Segunda Guerra Mundial, la reconstrucción de la economía mundial impulsó el progreso técnico y la modernización de los Estados como alternativa frente a las consecuencias políticas y económicas de la guerra, proceso que estuvo acompañado en la mayoría de los países por una mayor demanda de la educación para el trabajo.
Las reformas educativas con énfasis en la educación para el trabajo han sido utilizadas en múltiples casos como herramienta de promoción para el cambio de modelos de producción dirigidos hacia el mercado internacional. La permanencia y el éxito de varias políticas de apertura comercial, en el largo plazo, se explican por la implementación de políticas educativas que buscan dar continuidad a estas transformaciones por medio de la formación de capital humano, y de una preparación para el cambio del modelo productivo desde la escuela.
Los países del Sudeste Asiático e Irlanda del Norte son casos exitosos del uso de la educación para el trabajo, como complemento al cambio de los modelos productivos. Estos ejemplos demuestran que el éxito no radica simplemente en calificar la mano de obra, sino en hacerlo con un sentido. En el caso de los países del Sudeste Asiático, el desarrollo de la industria hacia los mercados externos estuvo acompañado por reformas educativas dirigidas al conocimiento del mercado externo. En el de Irlanda del Norte sus estrategias de largo plazo definieron que la productividad del país debía crecer teniendo en cuenta las necesidades del mercado internacional, y para esto buscaron en qué clase de industrias podían maximizar sus ventajas competitivas a nivel internacional, y hacia estos puntos dirigieron la oferta de educación superior, especialmente a nivel técnico.
Al relacionar la educación con la productividad, encontramos que América Latina hoy está enfrentando los efectos de la baja calificación de la mano de obra para aumentar la competitividad, ya que existe una proporción de profesionales en áreas humanísticas mayor de la requerida. Por el contrario, la oferta de profesionales en las áreas de ingeniería y de técnicos y tecnólogos, no corresponde a la demanda laboral existente. Esta situación ha conducido a lo que Lavin denomina las dos grandes paradojas de la educación en América Latina:
Un crecimiento exponencial del crecimiento científico y tecnológico, frente a un creciente deterioro de la calidad de vida de los sectores mayoritarios de la población; y un crecimiento sin precedentes de las necesidades humanas de aprendizaje, que se contrapone a un deterioro de los niveles de logro de los alumnos, en especial de los sectores más desfavorecidos[5].
La distribución de las políticas educativas en América Latina tiene que ver con una condición generalizada, en la cual la existencia de recursos naturales hizo ver como prioritario el aumento de los recursos de capital, restándole importancia al papel del capital humano y del trabajo calificado para la producción. Esto se debe en gran medida a la concentración de nuestras exportaciones en bienes tradicionales con poco valor agregado, y a las secuelas del modelo de sustitución de importaciones, que se concentró en educar trabajadores que producían para satisfacer las necesidades del mercado interno.
Las recientes reformas de la economía, en América Latina, la liberalización comercial y el ingreso a los mercados internacionales han aumentado la demanda de mano de obra calificada en la región. En consecuencia, la inversión en capital humano ha aumentado su rentabilidad, en comparación con la inversión en bienes de capital, y ha generado un interés en el sector público y empresarial por mejorar la educación pública. En este proceso, la mayoría de los países latinoamericanos llevamos cerca de una década, con excepción de Chile que inició el proceso de internacionalización de su economía desde la década de los setenta.
El problema, para la mayoría de los países latinoamericanos, está en la forma en la cual se están distribuyendo estos activos. En un estudio reciente, Birdsall, Londoño y O'Conell hacen una evaluación de los efectos de la distribución de la educación como formadora de capital humano frente al crecimiento global en América Latina, comparando nuestro caso con el de Asia Oriental. Una de las conclusiones a la que llegaron es que la "baja y desigual acumulación de capital humano en América Latina ha retardado el crecimiento económico global y ha inhibido la reducción de la pobreza"[6].
Cabe anotar que uno de los factores que han incidido en la baja acumulación de capital humano, respecto del gasto en educación, está en la destinación de los recursos. A pesar de que en América Latina los porcentajes de gasto social son similares a los de otros países en desarrollo, la destinación de los recursos explica en gran parte la brecha existente entre inversión en activos y crecimiento económico. (Cuadro 1).
Uno de los indicadores de destinación de gasto en educación es el nivel promedio de educación alcanzado por la población, que a su vez es uno de los elementos más importantes de que se dispone para medir el capital humano. En el caso de América Latina, se encuentra un marcado énfasis en la universalización de la cobertura de la educación primaria, que ha conducido a un descuido en la prestación de la educación secundaria, y de la educación terciaria o superior, lo que a su vez ha redundado en detrimento de la formación de capital humano. (Cuadro 2).
Esto no implica que deba descuidarse la educación básica, sino que debe fortalecerse la educación secundaria y universitaria, para aumentar el rendimiento de la educación en relación con el crecimiento de la región. (Cuadro 2).
CUADRO 1 GASTO SOCIAL EN EL DECENIO DE 1990 (Porcentajes del PIB)

Fuente: Birdsall, Nancy, et al. (1998). Revista de la Cepal No. 66, diciembre de 1998.
CUADRO 2 NIVELES EDUCATIVOS EN AMÉRICA LATINA Y EL ESTE DE ASIA, 1990 (Porcentajes de la población mayor de 25 años en cada nivel)

Fuente: América Latina frente a la desigualdad. Banco Interamericano de Desarrollo. Informe 1998-1999.
Las actuales políticas macroeconómicas y la liberalización comercial han determinado cambios tecnológicos y desplazado la demanda laboral hacia el empleo más calificado. Las políticas educativas estimulan la formación de capital humano y esto a largo plazo se refleja en un mejor acceso al mercado laboral, períodos más cortos de desempleo, mejores salarios y mayor inversión social en los grupos beneficiados.
En el caso de América Latina, un trabajador de 25 años con educación universitaria gana cuatro veces más que un trabajador que cuenta con educación primaria, y cinco veces más que un trabajador analfabeto. La brecha se amplía con la experiencia. A los 55 años el trabajador con formación universitaria gana 4,5 veces más que el trabajador con educación primaria y 8 veces más que un analfabeto[7].
Es indiscutible la importancia de que los estudios a nivel universitario se adapten a las necesidades económicas de los países. Sin embargo, la cuestión está en cómo lograr que esa educación dirigida específicamente al trabajo permita, mediante su apoyo a la producción, mejores condiciones de vida para quienes participan en ella.
El actual Plan Nacional de Desarrollo "Cambio para construir la paz", reconociendo la difícil situación por la que atraviesa nuestra economía, ha formulado una política de desarrollo productivo con énfasis en el mercado internacional. El plan busca "insertar el aparato productivo colombiano en la economía mundial" y hacer competitivos nuestros productos en la economía global.
Para cumplir con este propósito, el Plan Nacional de Desarrollo busca incrementar y diversificar la oferta exportable, incluyendo bienes y servicios de alto valor agregado, para consolidar los procesos de internacionalización sostenible a mediano y largo plazo.
El Ministerio de Comercio Exterior está empeñado en que haya una orientación de la producción colombiana hacia el mercado internacional. El objetivo es lograr que nuestros productos sean competitivos en los mercados internacionales, razón por la cual hemos analizado qué nos pasa hoy. ¿Por qué nuestra producción no es competitiva? Una de las razones por las que hemos encontrado que hemos perdido competitividad, según los análisis del Reporte Anual de Competitividad del Foro Económico Mundial de 1998, es por la falta de educación orientada hacia el mercado internacional, hacia los negocios internacionales, al comercio internacional.
Por esta razón, el Ministerio de Comercio Exterior ha diseñado una estrategia, sustentada en la capacitación y en la educación, con la que busca lograr un cambio en la mentalidad del colombiano desde la misma educación básica, con el fin de que comprenda que la globalidad mundial implica el reto para los productos colombianos de penetrar a los mercados internacionales, y que para lograr esto es necesario fortalecer una estructura productiva competitiva, que a su vez es la clave para una generación masiva de empleo.
La promoción de la "cultura exportadora" a largo plazo se encuentra dentro del "Plan Estratégico Exportador" del Ministerio, que es la bitácora de conducción del sector exportador dentro de los siguientes diez años. La "cultura exportadora", tiene tres públicos objetivos: el sector privado, los empleados públicos y los estudiantes de educación superior. Con estos actores se trabajará en tres ámbitos:
Diseño y establecimiento de un Plan Nacional de Capacitación en Comercio Exterior.
Desarrollo de un sistema de información y divulgación del comercio exterior.
Desarrollo de estrategias de comunicación masivas acerca de la importancia de visualizar a Colombia como parte de la dinámica internacional.
Para cada uno de estos públicos se han elaborado instrumentos para promover la cultura exportadora. A través de la capacitación se busca aunar los esfuerzos de los distintos actores exportadores, actualizarlos sobre la regulación vigente de comercio exterior y promover la producción dirigida a la exportación.
Con los estudiantes de educación superior, la estrategia va mucho más allá de la capacitación, y con tal propósito el Ministerio de Comercio Exterior ha preparado la cátedra "Colombia exporta siglo XXI", la cual busca incidir directamente en los programas de educación superior a nivel técnico y profesional, y también en los programas de educación superior no formal, al introducir en éstos el tema de la cultura exportadora.
El interés fundamental es promover la creación de un área de concentración dentro de los currículos académicos dedicada al tema del comercio exterior, en la que los alumnos se involucren con los actuales procesos de globalización y de interdependencia económica, y donde aprendan temas relacionados con el funcionamiento en la práctica del comercio internacional. La cátedra inicialmente está dirigida a los estudiantes de últimos semestres de las carreras de administración de empresas, ingeniería industrial, diseño industrial, economía y derecho. Se espera ampliar la cobertura a más áreas del conocimiento, con la certeza de que en cualquier carrera el conocimiento del tema es fundamental para el futuro desarrollo profesional de los estudiantes.
El objetivo de esta cátedra es que los universitarios empiecen a potencializar su futuro desempeño profesional, teniendo como plataforma los mercados del mundo. Esto implica un mayor conocimiento de los negocios internacionales, así como un compromiso con el mejoramiento de los estándares de calidad de los productos nacionales. A su vez es una herramienta para fomentar en los jóvenes egresados el interés por la creación de empresas exportadoras, que contribuyan a la generación de empleo y al desarrollo económico del país.
Esta política ha sido experimentada con éxito en países como Argentina, donde se crean planes en los que "el futuro universitario busca su inserción laboral, y donde exportar implica crecer laboralmente"[8]. La cátedra "Colombia exporta siglo XXI" busca apoyar la formación de profesionales con conocimiento en comercio exterior, para que se desenvuelvan en las empresas y ayuden en los sectores a tomar decisiones calificadas. Para conseguir esto, los estudiantes deben tener un profundo conocimiento de la evolución de la economía internacional, deben ser capaces de hacer un seguimiento a los diferentes sectores productivos, y entender las incidencias de los cambios geopolíticos y de los procesos de integración comercial y financiera sobre los principales flujos comerciales.
El Programa Piloto será aplicado por el Ministerio en todas las universidades del país y con los colegios se han escogido en principio los 100 mejores colegios según los resultados del Icfes —esto no excluye que posteriormente se incluyan otros colegios—, brindando a los jóvenes herramientas a la hora de escoger su carrera profesional y sobre todo el tipo de actividad laboral que desempeñarán al finalizar su educación superior. El programa comenzará a implementarse en las universidades a partir del año 2000 y en los colegios a partir del 2001.
En los módulos los estudiantes pueden aprender qué está pasando con la globalización, la economía internacional, los negocios internacionales, cómo se hacen negocios con otros países. Cómo se exporta. Cómo se importa, cómo funciona el comercio exterior, estando en contacto directo con el mundo internacional que es el mundo en el que se van a desempeñar laboralmente. Un mundo con horizontes distintos a los que percibimos los profesionales de hoy en día.
Además de la cátedra, el Ministerio de Comercio Exterior está comprometido con otros planes que buscan establecer un estrecho vínculo entre la academia y el sector productivo, con el fin de consolidar un mercado laboral profesional acorde con las necesidades actuales y a su vez busca que el sector pueda retroalimentarse y dirigir sus tareas hacia aquellas zonas que se consideran como potencialmente más productivas y competitivas a nivel internacional. Esta tarea se está realizando a través de los Comités Asesores Locales de Comercio Exterior, Carce.
En los Comités de Capacitación de los Carce se diseñan programas para promover la cultura exportadora en las regiones. Actualmente en el Carce suroccidente existen dos programas piloto, dirigidos a universitarios de las áreas relacionadas con comercio exterior para trabajar coordinadamente con el sector productivo. El primer programa consiste en dar apoyo a las tesis de grado que sirvan a las necesidades del sector productivo. El segundo son los consultorios de comercio exterior, donde los estudiantes que han recibido una instrucción especializada de los funcionarios del Ministerio de Comercio Exterior, le brindan a las PYME y microempresas exportadoras de las regiones información sobre negocios internacionales y cómo exportar. Paralelo a esto, el Carce suroccidente en asocio con las universidades de la zona viene realizando estudios económicos sobre los sectores productivos que presentan mayor actividad, o mayores posibilidades de comercialización para incrementar el nivel de las exportaciones en la región. Todas estas actividades buscan que el estudiante realice prácticas para adquirir habilidades laborales en el tema, y además para estimular su interés por la formación de nuevas empresas exportadoras.
Los modelos de crecimiento económico, basados en la inserción a la economía mundial, no retribuyen en el corto plazo beneficios generalizados para todos los habitantes. En el caso de la educación considerada como capital humano, la compensación económica del cambio de políticas educativas asociadas con modelos productivos no se verá inmediatamente.
Sin embargo, la educación es la mejor arma con la que contamos para enfrentar los desafíos que nos impone el actual cambio de modelo que se ha propuesto el país. Apostar a la educación como instrumento de fomento a la cultura exportadora, es comprometerse con un país que requiere individuos altamente calificados para desempeñarse exitosamente en el panorama político y económico actual, en el cual nos encontramos insertos a través de los múltiples acuerdos políticos, económicos y comerciales, las alianzas estratégicas, y los procesos de competencia internacional de los que hacemos parte.
Educar para exportar es abrir una ventana a la producción nacional.
BID. Banco interamericano de Desarrollo. América Latina frente a la desigualdad. Progreso económico y social en América Latina. Informe 1998-1999. Washington, 1998.
——. Banco Interamericano de Desarrollo. Informe anual 1998. Washington, 1998.
Birdsall, Nancy, Londoño, J.L. y O'Conell Leslie. "La educación en América Latina: la demanda y la distribución importan". Revista de la Cepal No. 66, diciembre de 1998. Santiago de Chile.
Buendía Gómez, Hernando (director). Educación, la agenda del siglo XXI. Hacia un desarrollo humano. Santa Fe de Bogotá, D. C: PNUD: TM Editores, 1998.
Delors, Jacques (coordinador). La educación encierra un tesoro. Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI. Madrid: Unesco, Santillana, 1996.
Gómez, Víctor M., et. al. Democracia y productividad. Desafíos de una nueva educación media en América Latina. Santa Fe de Bogotá, D.C.: Editorial Magisterio, Unesco, Oréale, 1995.
Lavín, Sonia. Educación y desarrollo humano en América Latina y el Caribe. Convenio Andrés Bello, 1996.
Ochipinti, Roberto Darío. Viajes educativos comerciales. Buenos aires: Ediciones Macchi, 1998.
Ortiz Ramírez, Eduardo. "Globalización. Una perspectiva desde el comercio y el desarrollo". En: Colombia Internacional No. 45, enero-abril 1999. CEI, Uniandes.
PNUD. Informe sobre desarrollo humano, 1998.
[1] Jacques Delors (coordinador). La educación encierra un tesoro. Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI. Introducción, Madrid: Unesco, Santillana, 1996.
[2] La globalización puede ser entendida como "la extensión y profundización de un proceso de internacionalización de la economía en el campo empresarial e institucional, que abarcando los flujos de capital, comercio y personas se ha acentuado en las tres últimas décadas, aprovechando la alta velocidad del cambio tecnológico en la actualidad". Sachs, Jeffrey (1998). International economics: Unlocking the mysteries of globalization. Foreign Policy. Spring, USA. Citado en: Ortiz Ramírez, Eduardo. "Globalización. Una perspectiva desde el comercio y el desarrollo". En: Colombia Internacional No. 45, CEI, Uniandes, enero-abril, 1999, p. 54.
[3] La cultura exportadora desde este enfoque puede ser entendida en términos de Cepal y Unesco como un "código cultural básico de la modernidad". En un estudio realizado por Cepal y Unesco: Educación y conocimiento: eje de la transformación productiva con equidad, se sostiene la necesidad de un acceso universal a los códigos de la modernidad, entendidos como el "conjunto de conocimientos y destrezas necesarios para participar en la vida pública y desenvolverse productivamente en la socie dad moderna". Aunque este concepto es aplicado a capacidades generales en la infancia -manejo de las operaciones aritméticas básicas, la lectura y comprensión de textos, la comunicación escrita, etc.-, puede hacerse extensivo en nuestro caso a la cultura exportadora, en cuanto la enseñanza de ésta en la educación superior permite adquirir a los estudiantes capacidades generales para insertarse en el mercado global. Tomado de: Cepal/Unesco. Educación y conocimiento: eje de la transformación productiva con equidad. Naciones Unidas. Santiago de Chile, 1992, p. 157. Citado por: Sonia Lavín. Educación y desarrollo humano en América Latina y el Caribe. Convenio Andrés Bello, 1996, p. 20.
[4] "Inspirados por la lógica de la "sustitución de importaciones", los Estados latinoamericanos hace medio siglo comenzaron a fomentar la capacitación masiva de operarios y empleados. La institución pionera fue el Senai de Brasil (fundado en 1942), cuyo modelo fue adoptado por una serie de orga nismos, donde se incluyen el Senac, también en Brasil (1944), el SENA de Colombia (1957), el INCE de Venezuela (1959), el INA de Costa Rica (1965) y el Incap en Chile (1966)...". Estas instituciones fueron creadas para brindar entrenamiento ocupacional y han jugado un papel importante en la competiti- vidad internacional de nuestras sociedades. Sin embargo, actualmente estas instancias de educación para el trabajo están sufriendo los rigores de la obsolescencia y están siendo rezagadas por los cambios tecnológicos y por las exigencias de una economía abierta. La actual discusión en América Latina está centrada no sólo en fortalecer estas instituciones de formación profesional (IFP), sino en propagar la educación para el trabajo al ámbito académico profesional y técnico, con el fin de dirigir la producción hacia el mercado internacional, mediante el conocimiento de las relaciones económicas y comerciales internacionales. Véase en: Buendía Gómez, Hernando (director). Educación, la agenda del siglo XXI. Hacia un desarrollo humano, capítulo 2, Santa Fe de Bogotá, D. C: PNUD, TM Editores, 1998.
[5] Magendzo, Abraham y Lavín. En: "Producción y actualización curricular. Documento de toma de posición educación media". Proyecto MECE Media, PIIE, Santiago de Chile, marzo, 1993. Citado en: Lavin (1996), p. 22 (mimeografiado).
[6] Birdsall, Nancy, Londoño, J.L. y O'Conell Leslie. "La educación en América Latina: la demanda y la distribución importan". En Revista de la Cepal No. 66, diciembre de 1998. Santiago de Chile.
[7] BID. América Latina frente a la desigualdad. Progreso económico y social en América Latina, capítulo 2, Informe 1998-1999, Washington, 1998.
[8] Roberto Darío Ochipinti. Viajes educativos comerciales. Buenos Aires: Ediciones Macchi, 1998.