INTERNET Y ESTADO: APROXIMACIONES A LA GLOBALIZACIÓN DESDE EL CIBERESPACIO

Entre lo real y lo virtual

Juan Carlos Gozzer

Politólogo de la Universidad de los Andes. Comentários: gozzer[at]altavista.net o gozzer[at]fusionlatina.com

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51-71

01/09/1999

01/09/1999

Este artículo forma parte de la monografía de grado presentada por el autor para optar por el título de politólogo.

Internet prescinde de los límites políticos y geográficos.

McLuhan diría, probablemente, que ahora más que nunca computadores nos están enlazando en la aldea global, tanto más cuando se ha convertido más bien en una especie de teatro global. Con un computador y un módem, cualquiera puede irrumpir en la escena mundial"

Eric McLuhan,

Hijo de Marshall McLuhan

El Gran Hermano te está observando.

1984

George Orwell

Año 2000. De entrada, a un nuevo milenio, la lectura del panorama mundial resulta algo compleja, variable y posible desde muchas perspectivas teóricas. El fin de la Guerra Fría y el creciente desarrollo del proceso de globalización han señalado la necesidad de incorporar nuevas formas de análisis que conjuguen las reestructuraciones, que se vienen produciendo tanto en el plano de las relaciones internacionales como en la esfera de los procesos nacionales.

Hoy, el proceso de globalización, nacido en la transnacionalización del circuito productivo desde la década de los años setenta y en el reacomodo de las economías socialistas a una lógica de mercado capitalista (Fazio, 1997:22-23) encierra no sólo la globalización del espacio económico, sino también de la esfera cultural, comunicacional, social y política, que señalan un nuevo tipo de relaciones que trascienden conceptos tradicionales como los de soberanía, hegemonía, autonomía, territorialidad e identidad y exigen su revisión. Al mismo tiempo, estos cambios llaman a una interpretación distinta del papel de los Estados-nación.

La globalización, tal como lo señala Marc Williams, más allá de un proceso económico, implica:

La multiplicidad de lazos e interconexiones que trascienden los Estados-nación (y por ende las sociedades) que constituyen el mundo actual. Define un proceso, a través del cual, eventos, decisiones y actividades en una parte del mundo pueden tener significativas consecuencias para individuos y consumidores en distintas partes del globo (Williams, 1996:116).

Los Estados han dejado de ser los actores unitarios y más importantes de las relaciones internacionales a causa de la fragmentación de poder nacida en la apertura de la agenda global a temas distintos a los estratégicos militares, y a la creciente interdependencia económica que ha facilitado el surgimiento de nuevos actores en las instancias decisorias (Tickner, 1998:30). Por ello, la comprensión de los procesos actuales debe conjugar la configuración y articulación de estos nuevos actores no sólo en el plano nacional en su relación con el Estado, sino en el contexto internacional como parte de lo que Mittelman ha sugerido como "la globalización de la sociedad civil" (Mittelman, 1996:10).

El agotamiento del sistema político socialista con el fin de la Guerra Fría y la disolución de la Unión Soviética, junto con la aparición de una sociedad civil globalizada, caracterizada por la proliferación de grupos y organismos de asociación no gubernamentales en el plano internacional y en contraposición al surgimiento, o resurgimiento, de pluralismos en lo interno, parece apuntar a la consolidación de la democracia como el sistema político más idóneo para el actual proceso de globalización (Gilí, 1996:217). Y esto ha implicado una nueva forma de pensar al Estado en la canalización de las demandas provenientes de la sociedad en respuesta, muchas veces, a las dinámicas generadas en la interacción entre lo global y lo interno (GUI, 1996:206).

Sin embargo, esta reestructuración del Estado ha sido, y está siendo, tan lenta que lo ha hecho incapaz de responder efectivamente a los cambios que el mundo actual está generando. Como lo sugiere Mittelman, así como la globalización le está dando ímpetu a una homogeneización cultural también está limitando el poder del Estado y le está abriendo paso a un pluralismo cultural interno que se hallaba bajo el manto de control del Estado (Mittelman, 1996:8).

En este contexto, ¿qué papel desempeñan los medios de comunicación, y en especial Internet, en el desarrollo de los nuevos interrogantes que plantea el proceso de globalización?

Como lo apunta Jesús Martín-Barbero, la globalización ha trasladado la espacialidad del Estado-nación al espacio-mundo, sustentado sobre la trama de las comunicaciones (Martín-Barbero, 1995: 62). Gracias al desarrollo de los satélites de comunicación, la globalización ha podido comprimir el espacio y el tiempo de las relaciones sociales guiada por los cambios en el modo de competir (Mittelman, 1996: 3). Los medios de comunicación se han constituido en los vehículos de la globalización y por ello, cobran una especial importancia al estudiar los cambios y la forma como penetran en el tejido social.

El surgimiento de un pluralismo dentro de las naciones y la conformación de una "sociedad globalizada", marcan la necesidad cada vez mayor de medios para que el diálogo global sea algo fluido y constante, mucho más allá de las fronteras nacionales. Por ello, Internet surge como una respuesta a estas necesidades. Del mercado financiero y del capitalismo transnacional en su afán por mantener una interconexión e intercambio de información constante; y de las sociedades para sentirse interconectadas en el mercado, como consumidores y patrones de consumo, ya no sólo a partir de los medios convencionales como la televisión, la radio o los periódicos.

Internet se ofrece no sólo como un medio de transmisión de datos sino también como un lugar, un espacio virtual, o "ciberespacio", como sugiere William Gibson (Gibson, 1989:13). En este espacio, al que se puede acceder cuando se desee siempre y cuando se disponga de la tecnología necesaria, se ha materializado la idea de Aldea Global de McLuhan junto a los procesos de globalización (McLuhan, 1964:15).

En sí, alrededor de los cambios en el ámbito económico y sociocultural, lo que el debate en torno a las implicaciones del ciberespacio sugiere son nuevas formas de pensar las relaciones políticas, tanto en lo nacional como en lo internacional, al tiempo que apunta hacia una comprensión distinta de lo público y lo privado.

La materialización de esa Aldea Global que plantea Marshall McLuhan[1] en el ciberespacio sugiere un lugar (virtual) donde estos cambios, tanto en los procesos como en los conceptos, se están realizando y tienen serias repercusiones en el mundo real, ya sea como el medio de comunicación interactivo que es, o bien como el punto donde converge una serie de relaciones ciber-societarias. Por la capacidad que ha demostrado para expresar los cambios que se están generando en el mundo real en todas sus esferas, el ciberespacio no puede ser desechado de la mira de la acción estatal. En un momento en que se plantea un redireccionamiento del Estado para asimilar y encauzar los procesos de la globalización en mejores niveles de desarrollo e inserción económica, la proyección de dichos procesos en la red representa para éste el reto de adaptarse ventajosamente a un nuevo mundo donde los límites entre lo nacional y lo internacional se hacen más complejos y difusos, al igual que las funciones, capacidades y límites de lo estatal[2]. La red está demostrando ser un medio y un espacio donde el proceso de globalización cuestiona la soberanía, la hegemonía y el control del Estado sobre el territorio e, inclusive, sobre lo que se solía entender como asuntos internos de la nación. Mejorar la capacidad de respuesta del Estado y hacerlo más eficaz y acorde con demandas provenientes de una sociedad civil globalizada son claves para la reforma estatal. Al mismo tiempo, reconocer los retos y obstáculos que se plantean allí donde se expresan dichas demandas, el ciberespacio será determinante para pensar el mundo del nuevo milenio.

1. ALCANCES Y LIMITACIONES DEL ESTADO EN EL CIBERESPACIO

Hoy, cuando se piensa en el Estado, se hace a la luz de una política económica neoliberal que ha revaluado su capacidad y campo de acción, con miras a una mayor liberalización y apertura del mercado[3]. Se trata de definirle y asignarle funciones que lo hagan eficaz y que al mismo tiempo abra el espacio para que el surgimiento de nuevos actores, en las distintas esferas, no entorpezca la labor y los objetivos de unos y otros. La globalización ha tenido como efecto la aparición de nuevas fuerzas sociales y económicas que han modificado las funciones y el papel del Estado, al tiempo que lo ha obligado a replantearse frente a un mundo que revalúa los significados territoriales, hegemónicos y de acción, tradicionales del Estado-nación[4].

La mirada actual sobre el Estado apunta a replantearlo a partir de lo que realmente es capaz de hacer por encima de lo que se le pide; y las acciones que emprenda, hacerlas de una manera más competente[5].

Lo que se busca es crear un Estado que intervenga únicamente cuando se le llame y que asegure su supervivencia como regulador de unas relaciones económicas, mediador de conflictos en la sociedad y garante, no sólo de unas reglas económicas, sociales y políticas, sino también de los derechos ciudadanos y normas de convivencia, que sirvan a su vez como herramientas para equilibrar las desigualdades generadas por una economía neoliberal[6].

Además de obedecer a estas características, el papel del Estado frente a la red debe abordarse desde dos perspectivas: la primera, del ciberespacio como una autopista de la información y, por ende, como un medio físico de transmisión de datos; y, segunda, como un espacio virtual donde se produce una serie de interacciones sociales, económicas y políticas que entrañan ciertas relaciones de poder en tanto que constituye, en sí misma, la expresión de una sociedad virtual o ciber-sociedad.

1.A El control de los medios y la regulación del Estado: los dueños de la estructura física de la red

Mucho se ha insistido sobre el carácter anárquico y caótico del ciberespacio y su atractivo como un espacio independiente del discurso unitario y oligopólico prevaleciente en los medios de comunicación tradicionales[7]. Esto, si se habla de los contenidos, puede ser cierto. Sin embargo, desde la perspectiva técnica, la de la red como un medio de comunicación, la realidad es otra.

Internet es una red de comunicaciones muy amplia pero no es una cooperativa. Todos los sistemas que la conforman, de transmisión (cable y satélite), de acceso (servidores) y de navegación, tienen un dueño[8]. Con la ola de liberalización de las telecomunicaciones liderada por Estados Unidos y Europa[9] se ha permitido que la empresa privada se adueñe de estos sistemas, convirtiendo al Estado en el garante de una competencia honesta.

De esta manera, el antiguo monopolio reservado para las grandes telefónicas estatales se está abriendo hacia una competencia en todos los niveles, desde la misma creación del entretenimiento en el caso de programas de televisión, hasta los sistemas de distribución y acceso. Con un horizonte tan amplio de posibilidades que ofrece este mercado, nadie se conforma con poseer apenas una parte de él, y de hacerlo, limitaría su crecimiento y subordinaría su acción a los dictámenes de los grandes tentáculos que cubren la estructura de las telecomunicaciones.

A partir de la conformación de alianzas entre empresas del sector[10], se han comenzado a identificar grandes monopolios que amenazan la convivencia pacífica y claman una intervención estatal. Un caso evidente de esto ha sido el de Microsoft y su navegador Explorer. La empresa Microsoft (creadora del programa Windows) y su presidente Bill Gates fueron blanco de acusaciones en octubre de 1997, supuestamente por acaparar el mercado de los navegadores (con su Explorer), mediante prácticas monopolísticas, específicamente al incluir automáticamente en su sistema Windows, el navegador y exhortar a los fabricantes de computadores a ensamblarlos como parte integral del equipo al momento de la venta. La demanda interpuesta por Netscape, navegador que constituye la competencia directa del Explorer, ante el departamento de Justicia de Estados Unidos, acusaba Microsoft de violar la ley antimonopolio establecida por ese gobierno. El fallo preliminar de la Corte, posteriormente apelado por la empresa, dispuso la venta por separado de los sistemas y prohibió cualquier práctica para incluirlo automáticamente en los computadores[11].

Sin embargo, la reciente adquisición de Netscape por parte de American Online, AOL (competencia directa de Microsoft), ratificó de cierta manera el argumento de Bill Gates en el que justifica su acción como un simple mecanismo de defensa contra la competencia.

Al final, la Corte aceptó la demanda y sancionó a Bill Gates por realizar prácticas monopolísticas. Pero, a pesar de quedar demostrado que hasta Microsoft está sometido a la ley, las sanciones que ésta le pueda aplicar son muy limitadas y de poco peso para los intereses de Gates[12]. Además, a escala mundial, el monopolio de Bill Gates sigue intocable. Un 75% de los navegadores del mundo son Explorer, al tiempo que el 84% de los computadores en la Tierra utilizan el sistema Windows[13]. Lo que significa, en última instancia, que las políticas de regulación estatal en este campo apuntan a un radio de acción local (y aun así débiles, porque no están diseñadas para los retos actuales) para enfrentar un fenómeno que es inminentemente global, como es la transnacionalización del sistema productivo y distributivo de software y hardware[14], y dejando entrever la necesidad de una legislación internacional que supla la esterilidad de medidas internas que no solucionan realmente los problemas.

En este sentido, el papel del frente a la liberalización, conformación y regulación de monopolios transnacionales debe apuntar hacia un orden internacional que asegure unas reglas de juego aplicables en todos los países y que trasciendan lo que se intentó establecer con el fracasado Nuevo Orden Mundial de la Información (NAOMI)[15]. Y además, que se muestre imparcial de las deliberaciones oligopólicas[16] de la Organización Mundial del Comercio y los intereses y gestiones de la Comisión Europea, así como políticas de la Comisión Federal Norteamericana que vigila el desarrollo del sector de las comunicaciones en este país[17].

En la mayoría de los países donde se ha llevado a cabo, el desmonte del monopolio de las telecomunicaciones por parte del Estado las ha convertido de un servicio público a uno de carácter mixto con tendencias a privatizarse[18]. En una sociedad basada en las comunicaciones para el avance de los procesos de globalización el Estado parece haber confiado en su capacidad para diseñar y hacer cumplir las reglas de juego, el desarrollo general de la sociedad.

Sin embargo, esta liberalización y privatización de las telecomunicaciones, lejos de hacerlo un servicio más abarcante a lo largo de la sociedad, lo han hecho más restringido en la medida en que para acceder a él se debe disponer de cierta capacidad financiera que no todos están en condiciones de asumir.

Reconocidas ya las ventajas que representa Internet en la inserción de las naciones en muchos aspectos benéficos de la globalización, la privatización de la prestación del servicio constituye una forma más de excluir a los menos favorecidos de este proceso, acentuando aún más la brecha entre ricos y pobres[19]. Si la búsqueda de la equidad frente a las disfunciones del mercado es una tarea primordial del Estado, como lo señala el Banco Mundial[20], el acceso a Internet constituye un fuerte obstáculo en el cumplimiento de su labor en tanto se consolide como una herramienta para ocupar un lugar mejor en el mercado. En la medida en que la implementación de Internet como un instrumento de desarrollo social, económico y político, manejado por un interés privado se consolide, será más evidente la incapacidad del Estado para ofrecer condiciones de vida más igualitarias[21].

Por lo menos en lo referente a Internet[22], la información ha dejado de ser un bien público para convertirse en uno privado y factor de desigualdad en cumplimiento de la sentencia de Bacon: quien tiene la información, tiene el poder[23]. Y esto, aplicable no sólo a quien la adquiere y la utiliza, sino a quienes poseen la estructura física para transmitirla.

La contradicción entre el orden anárquico pero igualitario que se vive en la interacción de los usuarios en el ciberespacio[24], y la estructura excluyente y oligopólica en el ámbito del medio físico, se traduce en el costo que comienza a pagar el Estado al promover el desarrollo sostenible en un mundo globalizado: ante la incapacidad de cumplir suficientemente con las exigencias de la globalización, (ofrecer un mejor servicio de telecomunicaciones y facilitar el acceso a Internet), el Estado debe cederle espacio a las empresas privadas para que cumplan esta función, transfiriéndoles una cuota del poder referente al acceso a la información, que anteriormente se hallaba predominantemente en su esfera[25].

Por ahora, y en los países en vías de desarrollo, el Estado aún participa en el proceso al poseer las redes de conexión telefónica por donde viaja el ciberespacio y eso le ha permitido mantener una posición ventajosa respecto a la regulación de las telecomunicaciones. En países desarrollados, además, ha logrado consolidar un capital mixto en el diseño de programas y desarrollo de tecnología de punta que también lo hace fuerte frente a los intereses privados[26].

A pesar de esto, el vertiginoso desarrollo de redes por fuera del límite estatal[27] parece estar llevando a éstas a una paulatina independencia del control por parte del Estado, especialmente para los monopolios transnacionales cuyos centros de operación están diseminados alrededor del mundo. Al mismo tiempo, sugiere la consolidación del control privado sobre la tecnología de acceso a Internet, convirtiéndolos en una fuente de autoridad distinta a la del Estado-nación[28]. Como lo sugiere Cebrián, en tanto esta dinámica se profundice a favor de los monopolios, uno de los problemas del Estado será enfrentarse a grandes empresas que defienden sus intereses particulares sobre los generales, imponiendo modelos de interacción implantados por ellos mismos, a la manera de regímenes totalitarios a escala mundial[29]. Por esto, el caso de Microsoft es tan sólo la punta de un iceberg que demuestra cómo el poder del Estado para diseñar y hacer cumplir las reglas del juego y su función como agente de equidad, en el largo plazo, será un espejismo si no se toman las medidas adecuadas frente al interés privado que aumenta vertiginosamente su control sobre el "modo de transmisión".

1.B Anarquía e intervención entre el Estado y los contenidos del ciberespacio

Paradójicamente, el impulso separatista del Estado, característico de la estructura física del ciberespacio, contrasta con su recurrente mediación en las diferentes instancias de interacciones que se producen en la red.

Con la apertura de un canal de comunicación que permite la expresión de todas las voces que puedan acceder a él, el ciberespacio ofrece la posibilidad a muchos grupos e individuos que antes se encontraban al margen de los medios comunicativos de expresarse y hacerse escuchar, inclusive, más allá del nivel local en el que se hallaban. Ello representa, como lo ha señalado inicialmente Vattimo[30], un paso inicial en el proceso de emancipación del individuo respecto al decurso unitario de la historia y el reconocimiento de la diferencia en los discursos, como mecanismo de identificación. Sin embargo, representa también la oportunidad para que muchos de ésos que se encontraban acallados estallen en discursos que generen tensiones y conflictos en el orden social, el cual el Estado es el encargado de velar y mantener.

La proliferación de voces pornográficas, subversivas, y en general desestabilizadoras, que surgen como un aspecto propio de la globalización, encuentran en el espacio virtual un medio para expresarse y acceder a la opinión internacional, siendo el poder del Estado limitado para restringirlas[31].

1.B.1 Censura, control y pornografía en el ciberespacio

La abundancia de material pornográfico en la red[32] ha provocado un debate mundial a favor y en contra de una regulación estatal sobre la materia y de un mayor control sobre esa clase de contenidos, especialmente en lo que concierne a la pederastia y la utilización de la red como medio para corromper y perjudicar a menores de edad[33].

Sobre el tema, la respuesta de muchos Estados[34] ha sido delegar a los servidores la función de restringir y reglamentar el contenido de sus páginas. En otras palabras, les ha trasladado a estas empresas privadas la responsabilidad de establecer su criterio ético y moral para decidir qué páginas son o no aptas para estar en el ciberespacio y, en cierta medida, definir y regular según su criterio los patrones de comportamiento moral en la ciber-sociedad.

En un caso reciente, el ex director de Compuserve[35] en Alemania fue condenado por la justicia de ese país a dos años de prisión por permitir páginas pederastas en su servicio en línea[36]. Según el veredicto, se le consideraba responsable por ser la persona encargada de vigilar los temas radicados en el servidor. En este caso, se hace evidente la forma como el Estado deja bajo responsabilidad de empresas privadas el manejo de los contenidos de la red, pero al mismo tiempo vigila que éstos cumplan unas normas éticas que imperan en el marco normativo del mundo real.

Sin embargo, su acción se estrella nuevamente con la dimensión del fenómeno: su globalidad. El hecho de que se sancione al encargado de una filial de la empresa no asegura la desaparición de este tipo de material de la red; al contrario, lo hace más esquivo a la censura. La persona que diseña la página, o que utiliza los chats rooms para esta clase de actividad, seguirá inmune del alcance de la justicia porque puede estar en un país distinto al lugar donde se ha enjuiciado su contenido. Así mismo, el Estado no posee la capacidad, ni tecnológica, ni institucional para vigilar el contenido de las páginas de cada servidor radicado en el país, sin contar los de otros países sobre los que su legislación es inaplicable. Por esto, sólo puede actuar sobre la base de las denuncias hechas por ONG dedicadas a la materia o de los mismos afectados y en el caso de que el servidor se halle en el mismo lugar donde se denuncia el hecho[37]. Aun así, actuando sobre las empresas, sólo hace que éstas, o los violadores, se dediquen a crear mecanismos para alejar los contenidos del alcance estatal[38].

Por otro lado, los defensores del ciberespacio reclaman la libertad de expresión como su bien inalienable y cualquier intervención sobre ella, sea para controlar o restringir, constituye un atentado a la naturaleza caótica de la red. Sin desconocer los peligros y las amenazas que genera esta libertad de expresión, especialmente para los niños, los partidarios de la autorregulación mantienen la lógica de que a los menores no se les obliga ni se les induce a consultar estos sitios, siendo, por ende, una responsabilidad de los padres la educación moral y sexual de sus hijos[39]. Y los padres, a su vez, retornan el reclamo al Estado como el encargado de velar por seguridad moral de sus hijos en la sociedad, cerrando el círculo vicioso de la libertad, Estado y regulación[40].

En síntesis, lo que contiene la red es un reto para la censura tal como se había entendido hasta ahora, como una prohibición estatal para preservar un orden moral y social. Esta prohibición frente al ciberespacio es ineficiente, pues como lo sugiere John Gilmore, pionero de Internet, —la red interpreta la censura como un perjuicio y la esquiva[41] y esto, con la complicidad de aquéllos en quienes el Estado ha delegado el poder de ejercerla[42].

1.B.2 Pluralismo y Estado

Así mismo, la emersión de estas nuevas voces no sólo genera tensiones en el orden social, como ya se indicó, también incide en el orden político y directamente en la reestructuración del Estado en el contexto de estos pluralismos[43]. El eco global que tiene el discurso de grupos minoritarios de la sociedad limita la capacidad estatal para restringir estas posiciones a favor del control sobre las posibles tensiones sociales, afectando, como señala Williams, la soberanía del Estado[44].

Una vez más, el Estado es presa de la expresión de los aspectos de la globalización a través del ciberespacio, especialmente los referentes al surgimiento de los pluralismos y su "toma de la palabra" en el plano internacional, acorralando la acción estatal en la mira de la opinión mundial.

Uno de los casos más dicientes al respecto ha sido el del movimiento neozapatista en México desde su eclosión en enero de 1994[45]. Gracias a la utilización de la red, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) logró consolidar un apoyo internacional alrededor de sus demandas, al tiempo que éste constituyó un mecanismo de lucha importante al servir para denunciar las arbitrariedades del Ejército mexicano, incitando a la presión internacional sobre las gestiones del Estado[46].

En una época en que la sociedad globalizada pareciera dar fin al enemigo interno heredado de la doctrina de seguridad nacional prevaleciente durante la Guerra Fría, especialmente en el Tercer Mundo[47], Internet surge como un medio de reconocimiento y expresión para que ese "enemigo" que se encontraba oculto bajo el control y la restricción estatal, se eleve en esa "toma de la palabra" de las minorías subterráneas en un contexto de globalización[48].

A pesar de haber mostrado sus alcances en el desarrollo de las relaciones políticas y en la resolución de conflictos a favor de grupos minoritarios o discursos antiestatales, éste no es el único caso. También las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se instalaron en el ciberespacio y desde allí desmienten la información oficial acerca de los combates y expresan sus demandas a quienes quieran y puedan oírlos en el mundo[49]. Lo mismo sucede con grupos neonazis, extremistas, partidarios de la legalización de la marihuana, ecologistas, entre otros. No es un problema que afecta únicamente a países menos desarrollados donde los excluidos parecerían ser más a raíz de menos espacios para la formulación de demandas. También afecta a países que se ufanan de tener espacios amplios de expresión y participación[50].

Lo curioso de todo esto es que estos individuos, grupos, reivindicaciones y demandas, pueden generar tensiones y conflictos en el orden social, apelando a la opinión pública nacional e internacional, a partir del ejercicio del derecho de la libertad de expresión asociada a la globalización. La democracia llevada a su extremo en el ciberespacio constituye el principal enemigo para la soberanía y control del Estado, que ya no puede actuar sin considerar las repercusiones que tenga no sólo en la sociedad, sino en el plano internacional[51]. Pareciera como si la relación entre el Estado y la sociedad dejara de ser vertical, para convertirse en algo horizontal, para bien o para mal. El Estado debe justificar su acción tanto como lo hacen los grupos sociales. Esta dinámica en el ciberespacio está "rebajando" al Estado a la misma condición de los ciudadanos en el momento de tomar alguna decisión.

2. EL ESTADO-NACIÓN Y LA CIBERDEMOCRACIA

La lectura de Internet que, como expresión de la Aldea Global, no reconoce los límites entre lo nacional y lo internacional, ni la manera como esto afecta la acción de los Estados, apunta a indagar, en consecuencia, a estos análisis, sobre lo nacional y la forma de pensar un régimen democrático que responda a las características de la globalización manifiestas en el ciberespacio.

Para teóricos como Benedict Anderson, la nación se entiende como "una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana"[52]. Es imaginada, porque no se puede conocer realmente en su totalidad a los pares de esta comunidad; limitada, porque congrega a un cierto número de personas; soberana, porque es libre. Y es comunidad, porque se concibe como una relación de compañerismo horizontal[53]. Utilizar esta definición, que Anderson señala como operativa, sugeriría pensar el ciberespacio —representación de la Aldea Global— como una proyección y consolidación de lazos, relaciones e interacciones, que pueden significar, si no la conformación de cierto tipo de "nacionalidad", un llamado a la revisión del concepto de nación desde la perspectiva de lo imaginada, limitada y soberana, que sugiere el autor.

La fragmentación de la fuente de autoridad, el surgimiento y resurgimiento de pluralismos, así como la transnacionalización del flujo de información, de los circuitos productivos y de los patrones de consumo global, característicos de la globalización, ha conllevado la crisis de la centralidad del Estado-nación como referente de la soberanía y del proyecto de lo "nacional"[54]. Como lo apunta Ianni, la crisis del territorio, de la soberanía, es la crisis del Estado-nación como centro de las relaciones sociales[55].

Si la nación y los valores del nacionalismo son una construcción cultural —como señala Anderson[56]— la formación de lo nacional en el mundo del ciberespacio trasciende todos los valores tradicionales prevalecientes en la distinción entre lo externo y lo interno, y la construcción del uno a partir del reconocimiento de la diferencia con el otro. Con la globalización, el límite entre lo propio y lo ajeno se desdibujan en una constante interacción funcional de actividades económicas y culturales dispersas, bienes y servicios generados por un sistema con muchos centros, en el que importa más la velocidad para recorrer el mundo que las posiciones geográficas desde las cuales se actúa[57]. El sentido de pertenencia, desarraigado de las lealtades locales o nacionales, gira sobre la participación del individuo en comunidades transnacionales de consumo que escapan de la esfera territorial[58].

Se debe entender que la formación de estas comunidades ha tenido como eje inicial los medios de comunicación convencionales como la radio o la televisión. Sin embargo, con el desarrollo de Internet, dichas comunidades están cada vez más consolidadas dentro del ciberespacio donde se produce una interactividad en tiempo real, pero no tanto por Internet en sí, sino por las dinámicas de la globalización que han encontrado en la red un medio óptimo para expresarse y difundirse.

La ciudadanía cobra un carácter distinto al simple marco territorial que cobijaba a la idea del Estado-nación, para asumir uno que incorpora, además, la perspectiva de consumidor[59] que incluye ahora al ciberespacio como un lugar de ejercicio de una ciudadanía global. Una ciudadanía que, como consumo, toma diferentes matices reivindicativos, al ser al mismo tiempo una ciudadanía de género, ecologista, racial entre otras, que desconoce el límite de lo nacional para insertarse en un proceso global[60]. Este trance hacia lo global, aunque obliga a una redefinición de la soberanía estatal y su centralidad en las relaciones que se producen en su territorio, no implica la desaparición ni del Estado ni del concepto de soberanía. Como lo anota Williams, las fronteras han dejado de ser significativas cuantitativamente, mas no cualitativamente. El Estado sigue siendo un lugar de autoridad y legitimidad al que las demandas pueden acceder, a pesar de la fragmentación de las estructuras tradicionales, y sobre esto se debe replantear el concepto de soberanía[61].

Gracias al desarrollo de tecnologías audiovisuales como la televisión, el individuo comenzó a informarse mejor, a entender el medio al que pertenecía y a ejercer mejor sus derechos como ciudadano[62]. Los medios fueron convirtiéndose de esta manera en un mediador por excelencia entre lo público y lo privado. Canalizan las demandas de uno y las respuestas del otro.

Con el desarrollo del ciberespacio, el canal dejó de ser un lugar de simple consumo de información y de transmisión de demandas y respuestas, para convertirse además de un medio de canalización efectiva de demandas, en un lugar de interacción política y de expresión y fortalecimiento de una sociedad civil caracterizada por el irrumpimiento del pluralismo y los localismos en la escena pública. El medio es también el lugar de discusión y no sólo un canal de comunicación de la esfera privada frente a la pública.

El ciberespacio ofrece la posibilidad de una democracia que transite más sobre la participación que sobre la representación. Para quienes pueden acceder a él, significa la oportunidad de expresar sus demandas directamente al Estado —siempre y cuando esté dispuesto a escucharlas— sin la mediación de partidos políticos, sindicatos o grupos.

Así mismo, ofrece la oportunidad para que muchas minorías excluidas de los medios convencionales de comunicación puedan expresarse, siempre que tengan cómo acceder a Internet, aportando a una democracia más amplia, dónde se crea un medio de diálogo directo entre gobernantes y gobernados[63].

Sin embargo, el problema radica nuevamente en el acceso al ciberespacio. Tal como en el ágora ateniense, el espacio de participación es restringido a unos pocos.

La calidad de ciudadano toma, como señala García-Canclini, patrones consumidores, siendo tan restringida y limitada como cuando el ámbito de lo público se formó en el siglo XVIII en Alemania y Francia[64].

Sólo quienes pueden acceder a la tecnología pueden participar del debate; los demás, verdaderos excluidos, probablemente deberán conformarse con un sistema representativo, que demore la canalización de sus demandas, si las escucha, y no garantice que éstas sean debidamente satisfechas.

De hecho, el discurso democrático inserto en el actual proceso económico encierra una carga ideológica que tiende a señalar a la globalización como sinónimo de democracia y progreso, con el fin de ocultar las desigualdades y asimetrías que la política económica neoliberal deja a su paso.

El análisis de la democracia a través de Internet apunta precisamente a ocultar dichas asimetrías en un modelo que, si bien permite la optimización de este sistema político en el diálogo entre lo público y lo privado, y la expresión y consolidación de minorías, también excluye determinantemente del juego democrático a los menos favorecidos por la globalización económica[65].

De nuevo, el desarrollo y optimización de la democracia se asocia con la calidad de vida de la que disfrutan los ciudadanos y, en este sentido, la lógica desarrollo económico = desarrollo democrático, será crucial para distinguir países pobres de los ricos.

En tanto el uso de Internet se popularice, mayor será la fragmentación del concepto de ciudadanía local, en tanto ésta se vea determinada por referentes extraterritoriales o transnacionales.

Será un reto para los Estados conjugar su soberanía con la necesidad de gobiernos globales para afrontar demandas que, por la transnacionalización del flujo informativo y de los pluralismos, son generadas por fuera de los límites territoriales y constituyen desde ya temas mundiales[66], a pesar de que se enfoquen a una acción local, tal como sucedió con la defensa de los derechos humanos en Chiapas[67].

Si el Estado incentiva a Internet como espacio para el debate y la formulación de demandas, es muy probable que éstas lleguen a extralimitar la capacidad de respuesta del Estado como agente local y conduciéndolo, tal como ya lo está haciendo el proceso de globalización, a resolver problemas que no corresponden únicamente a su labor, sino que ameritan un marco de acción internacional —no sólo interestatal—, en asocio con los agentes del mercado[68].

La crisis de los valores nacionales, de la idea de Nación y de la identidad nacional, nacida en el seno de los medios convencionales de comunicación, pero radicalizada con las superautopistas de la información y el aceleramiento del proceso de globalización, puede conducir, como lo señala Martín-Barbero, a confundir "la preservación de la identidad nacional con la preservación del Estado y la defensa de 'los intereses nacionales' por encima de las demandas sociales, justificando —como lo hizo en los setenta la doctrina de seguridad nacional— la suspensión/ supresión de la democracia[69].

El mantenimiento de la soberanía por parte del Estado tiene que ver con el ejercicio del poder coercitivo dentro del territorio con el fin de restringir las tensiones internas y mantener el orden social. En este sentido, la crisis de la soberanía puede conducir a un conflicto con el sistema democrático al que se asocia la globalización. El Internet, como expresión del proceso, no sólo no está exento de esta contradicción, sino que es muy probable que la dinamice dado el potencial que se ha venido describiendo[70].

A MODO DE REFLEXIÓN

La dificultad actual para diferenciar entre el ciudadano —entendido en el ejercicio de unos deberes y derechos políticos— y el consumidor —como requisito para ejercer su papel de ciudadano— ha llevado, en el caso del ciberespacio, a que no se tenga claro en qué esferas debe intervenir el Estado y en cuáles debe dejar que el libre mercado actúe, con el agravante de un laissez faire propuesto por la globalización, que en muchos casos somete la acción del Estado a la defensa del interés privado sobre el interés público y no al contrario, como era más evidente en un régimen proteccionista.

Y precisamente en la brecha generada entre la permisividad del mercado y la restricción del Estado es donde se ha anidado la dificultad para delimitar los marcos de acción, convirtiéndose en un riesgo para ambas partes.

La encrucijada en la que Internet ha puesto el Estado radica en que, si bien esta tecnología ofrece la posibilidad de una optimización de la democracia e, incluso, de una mejor inserción en el mercado de la globalización, también representa la oportunidad para que los temas locales se conviertan en globales, y la "emancipación" del individuo y la proliferación de los localismos sea algo no sólo factible, sino amenazante para el orden estatal.

Sin duda, la revaluación de conceptos como los de soberanía, ciudadanía y territorio no puede dejar a un lado las Nuevas Tecnologías de Información. Los problemas y retos que comienzan a enfrentar los Estados en torno a la legislación sobre el ciberespacio serán, a menos que todo esto sea una moda pasajera, una constante en el mediano y largo plazo. Lo que se vive ahora es tan sólo la punta de un iceberg que ha puesto en evidencia la incertidumbre del Estado sobre la democracia, el desarrollo económico y la soberanía.

No es una novedad la reestructuración del Estado; la pregunta es cómo y hacia dónde. Lo que la reflexión anterior deja sobre el debate es la necesidad de pensar las nuevas formas de interrelación que la red está produciendo en el mundo actual y cómo están incidiendo en el comportamiento del Estado.

Éste apenas es el comienzo, cuando Internet se presenta como un arma de doble filo, un territorio en plena colonización y configuración. De la manera como se conciba ahora y se proyecte en el futuro dependerá la utilidad que se le pueda sacar a la tecnología.

Buscar legislaciones acordes con la realidad actual; fortalecer la cooperación y la acción internacional, y el redireccionamiento de lo estatal sobre una nueva idea de lo territorial, la identidad y lo soberano. ¿Cuál es esa nueva idea? Es algo sobre lo que falta debatir aún más antes de repensar lo público y lo privado. Pero que no debe excluir los medios de comunicación.

Para bien o para mal, ellos han hecho del mundo lo que es hoy; han cambiado nuestras costumbres, nuestros hábitos y la manera de estar en el mundo. Y eso ha sido vital en el ejercicio de la ciudadanía. En términos de Internet, se está convirtiendo en algo determinante para hablar de un nuevo tipo de ciudadanía y una nueva forma de relaciones políticas. Que conlleva, desgraciadamente, a nuevas formas de exclusión (los que pueden o no pueden tener acceso a la información) que incidirá en un nuevo orden mundial marcado por la carencia, o no, de los recursos para poseer y generar información. Eso es lo que se conocerá como "la pobreza informativa", una nueva forma de diferenciar a los países ricos de los países pobres.

Hasta ahora todo parece virtual: los problemas de la red y las relaciones que menciona este texto; como si aún se percibiera la frontera entre lo real y lo virtual. Pero lo cierto es que esa frontera está desapareciendo, más rápido en unos lugares que en otros, con la velocidad del mercado y la globalización. Y esto es algo sobre lo que los Estados deben hacer conciencia y prepararse para afrontarlo, a menos que quieran quedar rezagados, paquidérmicos o sencillamente desaparecer.

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[1]     Ver Marshall McLuhan, La comprensión de los medios como las extensiones del hombre, Diana, México, 1969.

[2]    Este redireccionamiento tiende a buscar, además la superación de los traumatismos consecuentes de los procesos de globalización, la reestructuración del Estado no sólo a nivel interno sino también a nivel global. Ver Jan Aart Scholte, "The globalization of world politics". En: John Baylis y Steve Smith (eds.), The Globalization of world politics. An Introduction to International Relations, Oxford University Press, Nueva York, 1997, pp. 13-28.

[3]   Ver María Eugenia Mujica, "La reestructuración del Estado (retraimiento y regreso). Apuntes sobre neoliberalismo, privatización y regulación". En: Colombia Internacional, No. 31, Centro de Estudios Internacionales, Universidad de los Andes, julio-septiembre de 1995, pp. 9-18.

[4]    Ver Jesús Martín-Barbero, "La globalización desde una perspectiva cultural". En: Revista Número, No. 17, Bogotá, marzo-mayo, 1998, pp. 47-48.

[5]    Según el Banco Mundial, la actual crisis del Estado radica en la brecha existente entre lo que es capaz de hacer y lo que se le pide que haga. Un Estado eficiente es el que por medio de una revitalización de las instituciones públicas hace lo que es capaz bien hecho y descentraliza antiguas funciones suyas en la sociedad. Ver "La evolución del papel del Estado". En: Informe sobre el desarrollo Mundial 1997, Banco Mundial, Washington, 1998, cap. I, pp. 21.

[6]    Las disfunciones del mercado y la preocupación por la equidad son razones para la intervención del Estado en la economía. Esto y las demás funciones asignadas al Estado, señaladas en el texto, son parte del perfil trazado por el Banco Mundial para su modernización. Ver: Banco Mundial, op. cit, cap. I, pp. 21 y 28.

[7]    Ver Antonio Pasquali, "Reinventar los servicios públicos". En: Nueva Sociedad, No. 140, Caracas, noviembre-diciembre de 1995, pp. 70-89.

[8]    Ver Juan Luis Cebrián, La red. Cómo cambiarán nuestras vidas los nuevos medios de comunicación. Taurus, Madrid, 1998, pp. 88.

[9]    Para ver la directriz de este proceso en Estados Unidos, consultar: Bill Clinton y Al Gore, Technology for America's Growth, a New Direction to Build Economic Strength, U.S. Government Foreign Office, Washington, febrero de 1993.

[10]   Este proceso de conformación de monopolios transnacionales ha buscado cubrir todas las etapas del proceso comunicativo e incluye empresas de software como Microsoft. En otros campos del entretenimiento y transmisión de datos abundan modelos de convergencia corporativa como NBC/ General Electric, Seagram, Westinghouse /CBS, entre otros. Para profundizar sobre ello ver: David Macintosh. "Cyborgs en rebeldía: tecnología e identidad en la Red", FUSE Magazine, primavera de 1994, Toronto, Canadá, pp. 23-31.

[11]   Ver El Tiempo, "Gates niega abuso de poder", marzo 9 de 1998, pp. 6C.

"Unas son de cal... otras son de arena", abril 27 de 1998, p. última C.

"Historia sin fin, versión informática", mayo 11 de 1998, p. 8.

"Washington inicia una larga batalla legal contra Microsoft", mayo 19 de 1998, p. 5B.

El Espectador, "Gobierno de E.U. demanda a Microsoft", mayo 19 de 1998, p. 5B.

[12]   Ver Revista Semana, "Todos contra Bill", noviembre 15 de 1999, pp. 96 y 97.

[13]   Cebrián, op. dt., pp. 87 -88.

[14]   Prueba de esta transnacionalización de la producción de software es el asentamiento de más de 100 empresas dedicadas a esta rama en Bombay (India), haciendo de este país uno de los mayores exportadores de software del mundo, y siendo uno de los más pobres en comunicación, transporte e ingresos. Ver James Mittelman, "How does globalization really work?". En: James Mittelman (ed.), Globalization: Critical Reflections, International Publical Economy Yearbook, Boulder London Lynne Rienner publishers, 1996, pp. 239.

[15]   Durante la década de 1970 y principios de 1980, se buscó, a través de países miembros de la Unesco —que incluían además al bloque soviético y Estados no alineados de Asia, África, el Caribe y Sudamérica— la firma de acuerdos internacionales que crearan mecanismos de intervención estatal multilaterales en el desarrollo del mercado de las telecomunicaciones en busca de un proceso equilibrado y armónico. Sin embargo, la negativa de Estados Unidos a firmar los acuerdos con el respaldo de otros países occidentales y empresas privadas del sector provocó que, a principios de 1983, el NOMI dejara prácticamente de existir. Los motivos expuestos por Estados Unidos, para no firmar, se apoyaban en que dichos acuerdos afectaban las estrategias empresariales en torno a la libertad de expresión y de mercado. Ver David Macintosh, "Cyborgs en rebeldía". En: Puse Magazine, primavera, Toronto 1994, pp. 23-31.

[16]   Tal como lo señala Macintosh, uno de los principales retos que afronta la organización de un sistema de Estado global en la actualidad, radica en el carácter poco o nada democrático de las agencias y foros de gobierno mundial, como el FMI, el Banco Mundial, la OMC y el Consejo de Seguridad de la ONU, entre otros. Ver op. cit., pp. 24-27.

[17]   Cebrián op. cit., p. 93. En Europa la Comisión Europea ha puesto en marcha una Oficina para el Proyecto de la Sociedad de la Información (ISPO) y ha desarrollado numerosos estudios como el Informe Bangemann y el Libro Blanco crecimiento, competitividad y empleo, que buscan la consolidación de políticas de regulación y vigilancia a escala regional. Ver Bernat López, "La sociedad de la información: un eslogan afortunado". En: El viejo topo, No. 96, Barcelona, mayo de 1996, pp. 60-65.

[18]   La proliferación de las telecomunicaciones privadas, en competencia con las públicas como el caso de los canales de televisión y servicios de telefonía, muestran cómo la competencia entre el Estado y grandes capitales privados han obligado al primero a apoyarse de alguna manera en su participación como capital mixto en este sector. Ver Mujica, op. cit., pp. 15-18.

[19]   "Mientras cada vez hay mayor cantidad de información científica y de desarrollo tecnológico disponible a través de Internet, la cuestión es si hemos añadido 'la pobreza informativa' a la ya larga lista de carencias de los países del Tercer Mundo con respecto a los países industrializados". Mike Holderness, "Internet: un arma de doble filo". En: La República, mayo 5 de 1996, p. 1B.

[20]    Banco Mundial, op. cit., p. 29.

[21]    Es obvio, también, que en muchos casos el Estado se ha mostrado incapaz e ineficiente a la hora de prestar el servicio de telecomunicación. Por ello, en ningún momento se pretende aquí ir en contra de los procesos de privatización o liberalización de las comunicaciones. Lo que queda claro es que al no ser capaz de desarrollar esta tarea y asignársela al espacio privado, el Estado está solucionando un problema a costa de otro.

[22]  Sin embargo, la preocupación aumenta en la medida en que cada vez más es mayor el flujo de información digitalizada, como los periódicos o los servicios de televisión, que se prestan a través de la red, así como transacciones económicas y transmisión de datos que se realizan casi exclusivamente por medio de Internet.

[23]   "El Estado ha de garantizar el derecho de acceso a ciertas categorías de información de interés o beneficio para sus ciudadanos. Ésta es la función de las leyes de protección de la libertad de información". Ver Luis Joyannes, Cibersociedad. Los retos sociales ante un nuevo mundo digital. McGraw- Hill, Madrid, p. 206.

[24]   "Es norma de comunicación universal que Internet es célebre por su orientación democrática e igualitaria". Joyannes, op. cit., p. 253.

[25]   Ver Arlene Tickner, "Colombia frente a la globalización y la inserción internacional: ¿Una segunda oportunidad sobre la Tierra? En: Colombia Internacional, No. 43, Centro de Estudios Internacionales, Universidad de los Andes, julio-septiembre de 1998, p. 31.

[26]   Sobra recordar que la construcción misma del Internet fue en gran medida patrocinada por dineros públicos, así como actualmente empresas de software y hardware cuentan con incentivos estatales, especialmente en Estados Unidos. Ver: Noam Chomsky, Política y cultura a fines del siglo XX: un panorama de las actuales tendencias, Ariel, Barcelona, 1994, p. 82.

[27]   Precisamente constituye una meta para las empresas privadas, construir un sistema capaz de esquivar los límites físicos y políticos del espacio. Ver: Graig Simón "Internet governance goes global". En: Vendulka Kubálcová, Nicholas Onuf, Paul Kowert (eds.), International Relations in a Constructed World. M.E. Sharpe» Nueva York, 1998, p. 149.

[28]  La fragmentación de la autoridad y el consiguiente cuestionamiento de la centralidad del Estado- nación en la toma de decisiones constituyen un aspecto clave en el desarrollo del proceso de globalización, como se evidencia en este caso. Ver. Tickner, op. cit., p. 31 y Williams, op. cit., p. 113.

[29]   Cebrián, op. cit., p. 95.

[30]   Ver Gianni Vattimo, La sociedad transparente. Paidós, Barcelona, 1996.

[31]   La explosión de estos pluralismos al interior del país, gracias a la globalización, encierra la consecuente limitación del poder estatal para controlar la eclosión de las tensiones generadas por estos discursos que se hallaban subterráneos en la sociedad. Ver James Mittelman, "The dynamics of globalization". En: James Mittelman (ed.), Globalization: Critical Reflections, International Publical Economy Yearbook, Boulder London, Lynne Rienner Publishers, 1996, pp. 8.

[32]   Material que supera al que se encuentra en televisión y que incluye fotos, videos y todas las categorías de aberraciones y tendencias sexuales. Según estadísticas, los sitios con material pornográfico sobrepasan la cifra de los diez mil, los cuales reciben diez millones de llamadas diarias. Ver Cebrián, op. cit., p. 104.

[33]   En Estados Unidos, el año pasado se acusó a un hombre de 41 años por el delito de violación a menores. Para ello, el individuo utilizaba los chats rooms, haciéndose pasar por un joven de 17 años. De esta forma, averiguaba los datos personales de sus interlocutoras (todas menores de edad) para luego ubicarlas personalmente. Ver: El Tiempo, "Los padres en el ciberespacio", octubre 20 de 1997, p. 5C.

[34]   Algunos Estados, como los de China, Cuba o Tailandia, responden controlando el acceso general a la red y/o utilizando de filtros (programas diseñados para este fin) que restringen el acceso del usuario a ciertos contenidos.

[35] Compuserve es una empresa -red- de información (servidor) de los Estados Unidos, conectada a Internet y cuenta actualmente con 5 millones de abonados en todo el mundo. Ver Joyannes, op. cit, p. 224.

[36] El Tiempo, "Niños enredados por Internet", junio 1 de 1998, p. 9.

[37] También en algunos países como Alemania, se han creado cuerpos de policía en el ciberespacio que se dedican a perseguir y ubicar esta clase de material. Ver: Niños enredados..., op. cit. Cebrián, op. cit., p. 108. Al mismo tiempo, se han conformado grupos con el mismo fin, pero de naturaleza privada como son las americanas CERT (Computer Emergency Response Team), NSA o First Forum of Incident Response and Securities Teams. Ver Joyannes, op. cit., p. 221.

[38]   Sin sacrificar en ningún momento el acceso del usuario. Lo hacen mediante el diseño de direcciones más complicadas de detectar o a través de hiperenlaces secretos, entre otros.

[39]   El Tiempo, "Los padres en el ciberespacio", octubre 20 de 1997, p. 5C.

[40]   Este debate se mantiene inconcluso y aún no encuentra ningún consenso sobre la dirección que debe tomar el Estado en este aspecto. Para ampliar sobre esta discusión, ver "Protecting our rights: What goes on the Internet?". En: National Issues Forum, National Issue Forum Institute, Ohio, 1998.

[41]   Don Tapscott "Promesas y peligros de la tecnología digital". En: Cebrián, op. cit., p. 25.

[42]   "Abandonar en manos de las grandes corporaciones internacionales la decisión del gobierno de Internet es simplemente ominoso (respecto al control y la censura). Supone una dejación de soberanía no sólo por parte de los gobiernos, sino de la sociedad toda, y una inadmisible atribución de poder a aquellos que no tienen legitimación de ningún tipo para ejercerlo." Cebrián, op. cit., p. 103.

[43]   Según Mittelman, el Estado debe reacomodarse a los pluralismos y permitir las demandas de reformas generadas por las distintas expresiones. Ver op. cit., p. 9.

[44]   Ver Williams, op. cit, p. 113.

[45]   "El ejemplo de los zapatistas es impresionante. Como un movimiento nacido de una profunda miseria y de la marginalización de los indígenas, salta al Internet e interactúa directamente con los integrantes de diversos grupos de apoyo internacional con los que cuenta el movimiento. He aquí apenas el lado más visible de esta guerrilla sui géneris. Manuel Castells, "Los medios, el espacio donde se decide el poder". En: La Jornada, México, 23 de enero de 1996. En Antonio Albino Canelas Rubim "Neozapatismo: política na idade mídia". En: Contexto Internacional, Río de Janeiro, vol. 19, No. 1, enero-junio de 1997, pp. 151-173.

[46] Apenas unas semanas después de la aparición oficial del EZLN, comenzaron las denuncias, a través del Internet de las violaciones a los derechos humanos por parte del Ejército mexicano en la zona, al tiempo que mantenían sus demandas en la agenda internacional cuando los medios convencionales de comunicación ya las habían pasado a un segundo plano. El 9 de febrero de 1994, el Ejército mexicano irrumpió violentamente en Chiapas con la única misión de capturar al subcomandante Marcos. Gracias a la red, se logró informar a los simpatizantes del movimiento a tiempo para que en menos de 48 horas la Embajada de México en Madrid fuera tomada por manifestantes zapatistas. El hecho, reproducido en otras ciudades, hizo que el gobierno mexicano cediera su posición y se sentara a dialogar con el movimiento para resolver el conflicto de una forma pacífica. Ver Leo Gabriel "Zapata en Microondas". En: Nueva Tierra Nuestra No. 12, Nicaragua, octubre-noviembre de 1995, pp. 37-38.

[47] Ver Francisco Leal Buitrago, El oficio de la guerra, Tercer Mundo Editores-Iepri, Bogotá, 1984, cap. I.

[48] "La sociedad globalizada asiste al fin de la lucha armada de carácter marxista y, simultáneamente, hace emerger nuevos conflictos, muchos de ellos armados. Esos movimientos —étnicos, de nacionalidad, religiosos etc.— indican el admirable y peligroso surgimiento contemporáneo de la dimensión local en medio del proceso globalizador del mundo posmuro. [En este sentido] el EZLN quizá sea el primer grupo guerrillero de la era de la globalización". Antonio Albino Canelas Rubim, op. cit., p. 152.

[49]   La mencionada página de las FARC se hallaba en un servidor en México. Por una solicitud informal del gobierno colombiano (no existe una norma legal para dicha petición) se retiró la página del servidor. Sin embargo, la misma apareció unos días después en otro servidor desconocido. Ver El Tiempo, "Guerrilla en el ciberespacio", septiembre 22 de 1996, p. 5B.

[50]   "Lo que en América Latina se ha llamado más bien pluralismo o heterogeneidad cultural se piensa como parte de la nación, en tanto en el debate estadounidense, como explican varios autores, multiculturalismo significa separatismo" Néstor García-Canclini "El diálogo Norte-Sur en los estudios culturales". (Introducción a la edición en inglés). En: Consumidores y ciudadanos: conflictos multiculturales de la globalización. Grijalbo, México, 1995, p. 19.

[51]   Como se verá más adelante, existe una relación tácita entre la globalización y la democracia que encierra la discusión que aquí se plantea. Ver Stephen Gill, "Globalization, democratization and the politics of indifference". En: James Mittelman, op. cit., pp. 205- 217

[52]   Benedict Anderson, Comunidades imaginadas: reflexiones sobre el origen y difusión del nacionalismo Fondo de Cultura Económica, México, 1991, p. 23.

[53]   Ibíd, pp. 23-25.

[54]   Ver Tickner, op. cit., p. 31 y Williams, op. cit., pp. 166-118.

[55]   Octavio Ianni, Teorías de la globalización, México, Siglo XXI, 1996, p. 3. En: Jesús Martín-Barbero, "La globalización desde...", op. cit., p. 47.

[56]   Benedict Anderson, op. cit., p. 30.

[57]   Néstor García-Canclini, Consumidores y ciudadanos: conflictos multiculturales de la globalización, Grijalbo, México, 1995, p. 16.

[58]   Ibíd, p. 24.

[59]   "Se debe pensar el consumo no como simple escenario de gastos inútiles e impulsos irracionales sino como un lugar que sirve para pensar, donde se organiza gran parte de la racionalidad económica, sociopolítica y psicológica en las sociedades", ibíd., p. 14 (introducción).

[60]   Ibíd., p. 21.

[61]   Ver Williams, op. di., pp. 119-120.

[62]   Ver García-Canclini, op. cit., p. 23.

[63]   Ver Cebrián, op. cit, p. 100.

[64]   "Podríamos decir que en el momento en que estamos saliendo del siglo XX las sociedades se reorganizan para hacernos consumidores del siglo XXI y regresarnos como ciudadanos al XVIII". Sólo quienes leían y participaban en círculos ilustrados burgueses ingresaban a la esfera del debate político. Ver García-Canclini, op. cit., pp. 25 y 22 respectivamente.

[65]   Ver Hugo Fazio, "América Latina y los procesos de globalización. Oportunidades, dilemas y desafíos". En: Socorro Ramírez y Luis A. Restrepo, Colombia entre la inserción y el aislamiento, Iepri, Siglo del Hombre Editores, Bogotá, 1997, pp. 26-27. Ver también, Gill, op. cit, pp. 211-214.

[66]   Ver sobre los obstáculos para la constitución de gobiernos mundiales a Scholte, op. cit., pp. 23-27.

[67]   Muchas demandas de "sociedad civil" frente a las acciones del gobierno mexicano en torno a la cuestión zapatista, congregaba opiniones desde distintos lugares del mundo, lo que sujetó la acción estatal en gran medida a la opinión internacional. Asimismo, una Consulta Nacional convocada sobre Chiapas fue abierta, por primera vez en la historia mexicana, a la participación vía Internet sirvió de espacio para una masiva expresión mundial alrededor de una cuestión netamente local. Ver Leo Gabriel, op. cit., pp. 37-39.

[68]   Éstos pueden ser la defensa de los derechos ciudadanos en la red. Es decir, los derechos a la intimidad y privacidad o los llamados derechos de autor o copyright, entre otros, que necesitan si no una operativización de la definición de ciudadanía, al menos una concertación internacional que cobije por igual la garantía de estos derechos sin importar la nacionalidad.

[69]   Jesús Martín-Barbero, "La comunicación plural: paradojas y desafíos" En: Nueva Sociedad, No. 140, Caracas, noviembre-diciembre de 1995, p. 64.

[70]   Ver Williams, op. cit, pp. 112-113.