CAMBIO EN EL SISTEMA DE PARTIDOS POST-AUTORITARIO ¿UN PROCESO IMPULSADO DESDE "ARRIBA" O DESDE "ABAJO"?
Margarita María Sáenz
Estudiantes del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.
Isabel Carvajal Sardi
Estudiantes del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.
Juliana Del Castillo
Estudiantes del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.
Cristina Vélez
Estudiantes del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.
Este artículo explora los factores determinantes para el cambio del sistema de partidos a partir de las consideraciones teóricas sobre fracturas sociales y agencia política, en donde se plantean como variables independientes la represión política y la dinámica entre las élites. Para ello, se estudian tres casos de autoritarismo en América Latina, Argentina, Brasil y Chile, para determinar si dicho el cambio de régimen se produce desde arriba (desde las élites políticas) o desde abajo (desde la sociedad).
sistema de partidos, fractura social, agencia política, élites, representación política, cambio de regimen
This article explores those factors that produce change in the party-system, making use of theories concerning social cleavage and political agency that consider political repression and elite dynamics as independent variables. The authors examine three cases of authoritarianism in Latin America, Argentina, Brasil and Chile, to determine whether or not regime change is produced from above (via political elites) or below (via society).
party-system, social cleavage, political agency, elites, political representation, regime change
es
198-219
01/07/2003
01/07/2003
Recibido 11/06/2003,
Aprobado 11/30/2003
Estudiando la inestabilidad observada en el último siglo en el espectro político de la mayoría de los países latinoamericanos cabría preguntarse, ¿qué factores contribuyen a la inestabilidad del sistema? Nuestra aproximación a este fenómeno se basa en los cambios en el sistema de partidos desde mediados del siglo XX, cuando se presentaron los regímenes autoritarios más relevantes. Para aproximarnos a este tema nos referimos a tres casos de autoritarismo en el continente: Argentina (1976-1983), Brasil (1964-1982) y Chile (1973-1989), rescatando el cambio que se presenta entre la etapa antes del régimen y el período que Cavarozzi y Garreton (1989) denominan la “inauguración de la democracia”.
En primer lugar, se encuentra el régimen autoritario argentino el cual se considera inició en 1976 con un Golpe de Estado promovido por los comandantes en jefe de las Fuerzas Militares, los cuales decidieron acceder al poder con la intención de controlar la situación de violencia e inestabilidad en la que se encontraba este país desde la muerte de Perón. Después de la muerte de su líder, el movimiento peronista entró en un proceso de resquebrajamiento que generó, por un lado, el enfrentamiento de las masas que antes lo respaldaban y, por el otro, el aumento de la polarización entre las élites.
Este período autoritario estuvo dirigido por varias juntas militares, presididas consecutivamente por los generales Jorge R. Videla, Roberto Viola, Leopoldo F. Galtieri y Reynaldo Bignone, las cuales no se diferenciaron notablemente en sus planes de gobierno. Esto se hace evidente al analizar que su estrategia de gobierno siguió fielmente la doctrina de Seguridad Nacional durante los siete años de gobierno militar, así mismo, este período se caracterizó por un fuerte autoritarismo acompañado de una sistemática violación de los derechos humanos. En lo económico, las diferentes juntas militares le apostaron a una política neoliberal y altamente monetarista (Alcántara, 1999:30). La crisis y caída del régimen se debió, según Alcántara (1999), a tres razones: la pérdida gradual de la legitimidad del régimen debido al uso indiscriminado de la violencia institucionalizada; la crisis económica causada por el fracaso de las políticas neoliberales, y el fracaso militar que tuvo lugar en las Malvinas en 1982 (Alcántara, 1999: 31).
En segundo lugar se encuentra, el régimen autoritario brasilero (1964- 1984) el cual surge con el Golpe de Estado contra el presidente Joao Goulart. Tras la renuncia del Presidente Quadros, Goulart puso en marcha una serie de medidas políticas y sociales que motivaron la radicalización de la oposición entre la burguesía, los terratenientes y la alta oficialidad de las FE.AA. (Alcántara, 1999: 91). El golpe del 31 de Marzo de 1964 dio inicio a un régimen autoritario de veinte años caracterizado por presidentes militares de facto, el esfuerzo por sostener un perfil democrático a través de un “bipartidismo artificial” y un apoyo popular sujeto al crecimiento económico. A partir de 1974 el régimen inició un proceso de liberalización motivada por los problemas de su “economía interna” más no por un “cambio sustancial en la correlación de fuerzas entre los protagonistas del régimen y sus oponentes” (O’Donnell y Schmitter, 1988: 128). Esta apertura ocasionó una disminución en la represión política del régimen en comparación a las fuertes medidas que se tomaron contra la oposición en la primera década. En la última presidencia de facto del régimen, el presidente se comprometió desde su posesión a llevar al Brasil a la democracia para lo cual estableció canales informales de comunicación con sectores de la oposición, tuvo una actitud con las huelgas obreras que se percibía como más tolerante y concedió una amnistía política que permitió el regreso de los exiliados.
Por último, a diferencia de las anteriores intervenciones de las Fuerzas Militares, en Chile hacia 1973, éstas desarrollaron su propio proyecto político e intentaron establecer una institucionalidad, la cual fue el marco obligado para el proceso de transición a la democracia. El golpe militar del 11 de septiembre de 1973 fue propiciado por una situación caracterizada por la polarización política, la ingobernabilidad y el “bloqueo invisible” norteamericano (Alcántara, 1999: 146). Este panorama se fue construyendo después de 1970 cuando Salvador Allende accedió con un 36.2% de la votación a la presidencia de este país. Su gobierno que se proclamó como el defensor de la “vía chilena al socialismo” (Alcántara, 1999:146), no contó con mayorías en el Congreso y tomó un rumbo ambiguo debido a las presiones continuas de la extrema izquierda por acelerar un proceso revolucionario. El gobierno de Pinochet se caracterizó por ser altamente personalista, es así, como este líder monopolizó y personificó la dirigencia del régimen militar hasta su caída en 1989. Hacia 1983 la propia institucionalidad autoritaria se vio obligada a ir preparando un marco de acción política que permitiera el gradual desarrollo de órganos relativamente democráticos, además, la presión popular, fruto del descontento ocasionado por el deterioro económico derivó en una serie de protestas que fortalecieron los reductos de los partidos políticos.
En 1985, este proceso se consolidó conformándose el Acuerdo Nacional, un gran pacto político integrado por un grupo de partidos que se había aliado anteriormente bajo la Alianza Democrática, así como algunos partidos de derecha no implicados directamente con el régimen (Partido Nacional y Partido de Unidad Nacional). Este nuevo pacto hizo que Pinochet en 1988 convocara a un plebiscito, para que la ciudadanía aceptase o rechazase su permanencia en el cargo por un nuevo periodo de 8 años propuesto por la Junta Militar. Bajo este panorama los partidos unidos en la oposición conformaron el “Comando del No” y a través de una intensa campaña lograron que una mayoría, el 85%, no ratificara a Pinochet en el poder. El 14 de diciembre de 1989, se llevaron a cabo nuevamente elecciones libres.
Ahora bien, una vez claro el mapa político de Argentina, Brasil y Chile, en cuanto a la transición del autoritarismo a la democracia; en adelante nos dedicaremos a explorar el cambio en los sistemas de partidos a través de dos perspectivas teóricas. Por un lado aparece la visión sociológica, apoyada por Lipset y Rokkan (1967), según la cual el sistema de partidos se trasforma porque la represión ejercida por el régimen autoritario cambia la posición “objetiva” de los sujetos frente a su entorno social, lo que lleva a que éstos se pregunten por su identidad dentro de este nuevo contexto y replanteen su pertenencia al partido a través del cual se habían movilizado antes de la dictadura.
Los antagonismos sociales frente a los cuales los sujetos se movilizan son denominados por estos autores como clivajes sociales y son cristalizados por el sistema de partidos como parte de su función expresiva (Lipset y Rokkan, 1968: 5); es decir:
“el sistema de partidos ayuda a cristalizar y hacer explícitos los intereses conflictivos, los contrastes latentes de la estructura social existente y lleva a los sujetos y ciudadanos a aliarse alrededor de líneas estructurales de clivajes” (Lipset y Rokkan, 1968: 5).
Es así, como la (re)estructuración de los sistemas de partidos post-autoritarios se daría desde abajo, promovida por los grupos sociales y los sujetos que intentan traducir en la esfera política sus nuevas realidades como actores sociales, a saber, los clivajes sociales que definen ahora su identidad.
Sin embargo, es necesario mencionar que desde esta visión sociológica el cambio en el sistema de partidos también podría estar influenciado por la capacidad que tienen algunos clivajes sociales de permanecer, a pesar de la acción represiva del régimen, como aspectos definitorios de la identidad de los actores sociales y en esta medida seguir traduciéndose en el sistema de partidos de la misma manera en que lo habían hecho antes del régimen autoritario. En otras palabras, esta visión también integraría la variable institucionalización, entendida como la capacidad de los clivajes sociales de mantenerse reflejados en el sistema de partidos (Lipset y Rokkan, 1968).
La dinámica del cambio se podría caracterizar entonces desde esta visión, como una doble acción desde abajo. Por un lado, los actores sociales motivados por el surgimiento de nuevos antagonismos en la sociedad cambian el sistema traduciendo los nuevos clivajes en la arena política. Por otro lado, sujetos y grupos de la sociedad influenciados por clivajes sociales tradicionales que han logrado trascender el período autoritario, contribuyendo a la permanencia de la estructura pre-autoritaria, pues se movilizan alrededor de los mismos temas que lo hacían antes del régimen militar.
La otra perspectiva teórica, por su parte, aboga por la autonomía de los actores y organizaciones políticas para determinar los cambios que tienen lugar en su esfera de acción, a saber, en el sistema de partidos (Mainwaring, 1998). Esta visión sostiene que estos procesos de reestructuración son influenciados más por factores políticos, en especial la agencia política, que por los sociológicos. El cambio en el sistema de partidos se realiza entonces “desde arriba” motivado por las negociaciones políticas y por los intereses de las élites. Siguiendo este planteamiento, la reconfiguración de los sistemas de partidos latinoamericanos se explica a partir de la dinámica de los partidos políticos en competencia, su discurso político, su plataforma electoral y el policy-making. (Mainwaring, 1998: 5).
En consecuencia, la pregunta que nos compete en este trabajo es: ¿Cómo se explica el cambio en el sistema de partidos latinoamericanos después de los periodos autoritarios de mediados del siglo XX? ¿Se explica como una trasformación generada “desde abajo”, o “desde arriba”?
El cambio en el sistema de partidos después del periodo autoritario depende de la capacidad que tiene la represión del régimen para cambiar los clivajes sociales tradicionales o generar unos nuevos. Esta capacidad está influenciada por el nivel de arraigo que tienen los partidos tradicionales en la sociedad.
El cambio en el sistema de partidos después del período autoritario depende de la dinámica de los partidos políticos en competencia, su discurso político, su plataforma electoral y el “policy making”. Por lo tanto, la Variable Dependiente se refiere al cambio en el sistema de partidos después del régimen autoritario y las variables Independientes a: 1. (hipótesis #1): represión del régimen autoritario y para el caso de la segunda hipótesis a: la dinámica entre los partidos y actuaciones de las élites políticas.
En esta primera parte se procura revelar si realmente se puede hablar de un cambio en el sistema de partidos en la etapa posterior al régimen autoritario con respecto a la etapa anterior a éste mismo en cada uno de los países escogidos.
El análisis contemporáneo de los sistemas de partidos tiende a centrarse en las dos dimensiones señaladas como fundamentales por Sartori (1976) en su trabajo Parties and Party Systems. A Framework for Analysis: el número de partidos relevantes y la polarización ideológica existente entre ellos. El número de partidos relevante es medido mediante el Número Efectivo de Partidos (NEP), un índice institucional desarrollado por Markku Laakso y Rein Taagepera (1979) para “contar” los partidos relevantes en una elección parlamentaria[1].
La polarización ideológica, por su parte, es medida con el indicador IP realizado Michael Coppedge (1997). Según Coppedge la polarización es la dispersión del voto de un centro relativo del sistema de partidos, donde ese centro relativo puede encontrarse a la derecha o a la izquierda dependiendo de la tendencia ideológica que predomine en la sociedad[2]. El IP alcanza su máximo cuando la mitad de los votos van a la derecha y la otra mitad van a la izquierda.

Analizando los datos de Argentina vemos que desde 1946, cuando entró al gobierno por primera vez Perón, el Partido Justicialista y el Partido Radical monopolizaron el gobierno. Según Mainwaring, Argentina desde la reforma de 1912 no ha tenido un Presidente que no haya pertenecido al Peronismo o al Radicalismo (Mainwaring, 1995: 224).
Desde que Hipólito Yrigoyen accedió al poder en 1912, como representante de las nuevas clases sociales que buscaban romper el régimen político oligárquico que tuvo lugar en Argentina desde la colonia, hasta cuando se popularizó el personaje de Perón la Unión Cívica Radical dominó el juego político y fue sólo desplazada por los múltiples gobiernos que tuvieron lugar entre 1853 y 1983. Por el contrario, el peronismo surgió a mediados de los noventa con el ingreso de nuevos actores políticos, producto de los procesos de industrialización.
En consecuencia, El NEP antes del periodo autoritario nunca pasó de 5 y en la mayoría de las veces estuvo por debajo de 2.8. En algunos períodos creció debido a la división entre los Radicales en: intransigentes (UCRI) y populares (UCRP), y al surgimiento de una serie de partidos neoperonistas como la Unión Popular. El año inmediatamente anterior al régimen se hace evidente que los dos partidos tradicionales seguían dominando la escena política.
Durante los tres primeros años después del régimen, el NEP tuvo un promedio de 2.5, pero después de 1989 este empieza a aumentarse debido al surgimiento del FREPASO y de una serie de partidos que se van fortaleciendo. Sin embargo, es claro que en las elecciones de la Cámara de Diputados del 1983-1991 los dos partidos tradicionales han mantenido más del 50% de la votación y en la mayoría de las ocasiones más del 70%. (Alcántara, 1999:61). Esto evidencia que después de siete años de gobierno autoritario los dos partidos claves siguen monopolizando relativamente la lucha política, aunque el peronismo haya sufrido varias derrotas en el ámbito Ejecutivo.
Respecto a la polarización, Michael Coppedge muestra como Argentina durante el período 1958-63 estuvo en una etapa de polarización “unimodal” de tendencia centrista, pero luego aumenta su polarización al grado “plano” en 1963 y al grado “polarizada” en las elecciones inmediatamente anteriores al régimen (1973). Eso se explica porque las tensiones tanto externas como internas del Peronismo comienzan a aumentar, después de la muerte de Perón y de la incapacidad de la segunda esposa de este líder para controlar el movimiento.
Después del régimen autoritario la polarización disminuye hasta convertirse en un sistema “plano”, ya que el enfrentamiento tradicional entre radicales y peronistas se reduce al igual que sus tensiones internas. Este punto será profundizado en la segunda parte del trabajo.

Número efectivo de partidos en el Congreso Brasilero[4]

Mainwaring (1998) define el período entre 1980 y 1981 como multipartidismo incipiente por el surgimiento de nuevos partidos. Se unen al MDB (ahora PMDB) y al PDS, el Partido Popular (PP), el Partido de los Trabajadores (PT), el Partido Laborista Brasileño (PTB) y el Partido Demócrata Liberal (PDT). Las elecciones de 1982 reflejan un sistema bipartidista por la votación plebiscitaria (se entiende por reforma plebiscitaria el hecho de que los votantes seleccionaran su voto no debido al partido sino a su posición a favor o en contra del régimen) y por el efecto de la reforma de 1981 que promovió a los dos partidos más grandes: el PMDB y el PDS. La clasificación del sistema de partidos de Mainwaring corresponde con los valores de NEP de 2,39 para la Cámara y el 1,86 del Senado. Para 1984, después del final del régimen, el sistema se identifica como multipartidismo moderado con partido dominante por el surgimiento de nuevos partidos políticos (Frente Liberal, Partido Liberal, Partido Demócrata Cristiano, Partido Comunista do Brasil y el Partido Brasilero Socialista) y la fuerza del PMDB en las elecciones de 1986. Como tendencia general se puede afirmar que una vez finalizado el régimen (especialmente a partir de 1988), el sistema de partidos brasileño se convierte en un multipartidismo extremo sin partido dominante, ya que el sistema electoral deja de ser restringido.
El sistema electoral de representación proporcional propuesto en la Reforma de 1988 facilita la consecución de puestos de representación y promueve los incentivos para formar y votar por partidos pequeños, y el gran tamaño del distrito electoral (entre 8 y 70 representantes) promueve la alta dispersión de voto. En las elecciones de 1990, el partido con mayor votación, el PMDB, obtuvo el 21,5%, los dos primeros partidos en votación obtuvieron el 38,2%, lo tres primeros partidos el 47,5% y los cuatro primeros el 55,8%. Esto muestra claramente la alta fragmentación del sistema de partidos.
Michael Coppedge caracteriza la polarización ideológica del sistema de partidos brasileño como “plana” entre 1945 y 1990, con excepción del periodo 1966 a 1978. Las diferencias en polarización durante estos años se identifican al nivel de la relación entre las tendencias derecha-izquierda. Entre 1945 y 1962 hay una tendencia hacia la derecha por la fuerza del Partido Social Demócrata de centroderecha y la Unión Democrática Nacional de derecha. A esto se suman las limitaciones a la democracia entre las cuales se identifican: la proscripción del Partido Comunista, la interferencia política de la FFAA, la exclusión electoral de los analfabetos y el control de los terratenientes sobre los campesinos. Suponemos que Coppedge no identifica una alta polarización durante estos años por el relativo control que generó Goulart sobre la inflación y por las limitaciones democráticas anteriormente mencionadas que no permitieron una conformación sólida de la oposición.
A partir de 1982 la polarización se clasifica nuevamente como plana de tendencia derecha. La tendencia se ubica hacia la derecha porque el régimen autoritario aún mantiene fuertes controles políticos.
En 1986, después de la caída del régimen, la polarización se mantiene plana y la tendencia es de centro derecha, esto se debe a la caída del PDS, la formación del PFL (entre oficialistas y ex ARENA) y la entrada del ex ARENA al PMDB. Para 1990 la tendencia es de centro por: las candidaturas presidenciales de Collor (Populista) y Lula (Izquierda), la caída electoral del PMDB y el PFL (Centro-derecha), la heterogeneidad ideológica del PMDB, la dimisión del PMDB y la creación del PSDB de tendencia menos conservadora.
Año No. Efectivo de partidos en el Congreso[5]


El NEP de Chile, varía de manera diferente, por no decir opuesta al sistema brasilero. Durante la etapa anterior al régimen militar, entre las elecciones de 1932 y las de 1970, se observa un sistema altamente fragmentado e inestable, donde el NEP oscila entre los 6 y los 12. En cambio, la etapa posterior al régimen se ve marcada por una notable disminución progresiva del NEP, logrando bajar de los 4,2 a casi 2 partidos políticos ejerciendo en el Legislativo, lo que estaría entre un rango moderado de fragmentación e incluso podría denominarse sistema bipartidista. Esto se debe a que muchos partidos se disuelven por la acción del régimen y a que, por cuestiones de la transición, se forma un pacto que incluye 16 partidos, lo que llevó a que varios partidos entraran a las elecciones parlamentarias en coaliciones. Este es el caso por ejemplo, de la “Concertación” que estaba conformada por el Partido Radical, el Partido Socialista, el Partido Alianza de Centro y el Partido Social Demócrata.
Respecto a la polarización en Chile es interesante notar que en la etapa inmediatamente anterior al régimen militar, que corresponde al período 1969-1973, se encuentra una sociedad polarizada y de tendencia izquierda, y en las elecciones inmediatamente posteriores al régimen se encuentra una sociedad de polarización media (o plana) con una tendencia al centro derecha. Esto, gracias a la alianza denominada Comando del No, en la cual varios partidos tradicionales (centro, centroizquierda e izquierda) se vieron obliga os a compartir un proyecto de gobierno en coalición, en el que se fueron diluyendo las diferencias ideológicas más representativas que los enfrentaban antes de 1973. Es así como en el Parlamento se pudo constituir una dinámica que incluye solo dos polos. Primero, un polo oficialista en el que se situaron las fuerzas denominadas “Concertación” y segundo, un polo de derecha compuesto por: Renovación Nacional (derecha más liberal) y Unión Democrática Independiente (descendiente directa del autoritarismo de Pinochet).
Represión política: Medición Freedom House[6]

En esta segunda parte la intención es explorar la veracidad de las diferentes hipótesis propuestas, dado que ya han sido revelados cambios en el sistema de partidos mediante el NEP y el IP. La primera hipótesis plantea como variable independiente, la represión política durante el período de régimen autoritario, entendiendo represión en este contexto, como la acción de reprender o amonestar a los individuos que no sigan el lineamiento político propuesto por el régimen militar que detenta el poder.
Para operacionalizar este concepto recurrimos al reporte anual presentado por Freedom House, el cual mide el grado de libertades políticas y civiles. Desde 1972, Freedom House ha publicado un reporte de los niveles de libertad en cada Estado, adjudicándole a cada uno el estatus de “libre” (F), “parcialmente libre” (PF) o “no libre” (NF), mediante un proceso en el cual se promedian los valores numéricos obtenidos por sus derechos políticos (primer número de izquierda a derecha en la tabla) y civiles (segundo número de izquierda a derecha en la tabla).
Los derechos políticos son evaluados de acuerdo a parámetros como el derecho a votar, participar, competir y elegir. Los derechos civiles son evaluados por la libertad a desarrollar opiniones e instituciones sin la interferencia del Estado. Cada uno de estos derechos está medido en una escala de 1 a 7, donde 1 es el más alto nivel y 7 el más bajo. Los países cuyos promedios están entre 1 y 2,5 son considerados libres (F), entre 3 y 5,5 parcialmente libres (PF), y entre 5,5 y 7 No libres (NF).
Lo que indica esta tabla es que el sistema político menos represivo durante su gobierno militar es el brasilero, porque durante todo el período 1972-1985 su puntaje más alto fue de 5 sobre la escala del 1 al 7, lo que lo sitúa en una posición de “parcialmente libre” durante todos esos años. Sin embargo, es importante tener en cuenta la dificultad metodológica que puede representar el hecho de que Freedom House no realizara análisis en la etapa posterior a 1972, puesto que el régimen vivió su etapa más represiva en los primeros años (el periodo 65-74). Por otro lado, el sistema militar argentino (1976-83) obtiene un puntaje promedio de 6,5, situándolo en una posición de represión bastante alta, logrando lo que en la escala Freedom House se conoce como “no libre”. Chile, por su parte obtiene un nivel 6 durante los primeros años de su régimen (entre 1973 y 1978), que corresponde a un sistema “no libre” y luego obtiene un nivel promedio de 5,5 puntos en la etapa del régimen de 1978- 86, lo que lo sitúa en la escala “parcialmente libre”.
La (re)estructuración del sistema de partidos argentino después del régimen autoritario puede ser explicada de forma predominante por la visión sociológica. La permanencia del esquema bipartidista, que había caracterizado a Argentina desde que surgió el peronismo en 1946, hace evidente cómo el fuerte arraigo (el alto grado de institucionalización) que tenían los partidos en la sociedad fue el que determinó en mayor medida (más que los factores políticos) la estructura partidaria post-autoritaria.
Durante las primeras elecciones presidenciales (1983) los dos partidos tradicionales monopolizaron más del 91.9% de los votos y en las de Cámara de Diputados el NEP se acercó aún más al número 2 de lo que lo había logrado en las dos elecciones anteriores al establecimiento del régimen autoritario entre 1965 y 1973 (Alcantar, 1999:34). Teniendo en cuenta que esta tendencia en la Cámara de Diputados se mantuvo hasta cuatro años después del restablecimiento de la democracia y que durante este periodo el NEP en esta corporación se mantuvo entre 2,3 y 3 (Comparative Political Studies), es claro que Argentina puede considerarse como el país en que menos cambia la estructura del régimen de los países que estamos abordando.[7]
El mantenimiento de la estructura básica del sistema de partidos se explica por el hecho de que ciertos sujetos y grupos específicos de la sociedad, al seguir fuertemente influenciados por los clivajes sociales tradicionales, siguieron movilizándose y poniendo sus lealtades en los mismos partidos que lo hacían antes del régimen militar. Esto se hace evidente al analizar que el URC y el PJ siguieron monopolizando de 1983 a 1990 más del 80% del voto en las elecciones legislativas (Mainwaring y Scully, 1995: 224). Este argumento es claramente apoyado por las cifras que Scott Mainwaring nos entrega al clasificar el grado de institucionalización en los sistemas de partidos latinoamericanos. Una de las dimensiones que utiliza este autor para medir el grado de institucionalización (la fuerza de los partidos en la sociedad), muestra de manera clara que el sistema de partidos argentino es el sistema más arraigado en la sociedad de los sistemas que estamos estudiando.
Analizando el primer indicador que toma Mainwaring para esta dimensión (diferencia de los votos obtenidos en la elecciones presidenciales y de los votos obtenidos en las parlamentarias) es claro que los argentinos son los que menos difieren entre el partido por el que votan para elección presidencial y por el que votan para elecciones parlamentarias. Es así como en Argentina la media de esta diferencia es 10.9, mientras en Chile es 15.3 y en Brasil 44.1 (Mainwaring, 1998: 93).
Respecto al segundo indicador (votos obtenidos en la Cámara Baja por los partidos fundados a más tardar en 1950 en las elecciones cuarenta años o más después de ser fundados), se evidencia que el Partido Justicialista y el Partido Radical siguen obteniendo más del 70% de la votación, mientras en Chile y Brasil los partidos tradicionales sólo alcanzan un 42.1% y 12.8% respectivamente (Mainwaring, 1998: 93).
Según estos datos, la capacidad de los clivajes sociales de configurar la escena política Argentina, se mantuvo a pesar del alto grado de represión del régimen autoritario. Los puntajes de Freedom House nos muestran cómo el grado de represión del régimen argentino fue casi igual de alto al chileno durante el gobierno Pinochet (aun cuando el régimen argentino sólo dura siete años, menos de la mitad que en Chile). Argentina, según Freedom House, obtuvo un puntaje promedio en estos siete años de 5,6 (no libre) en libertades políticas y 4,8 (parcialmente libre) en libertades civiles, mientras que Chile fue merecedor en sus diecisiete años de régimen de un promedio de 6,25 en la primera categoría y 4,93 en la segunda. Sin embargo, es necesario mencionar que hay dos aspectos de la (re)estructuración del sistema argentino que no pueden ser explicados desde la visión sociológica, estos son: el cambio en el grado de polarización del sistema y el aprendizaje que tuvieron los dos partidos tradicionales frente al régimen, el cual los hizo modificar algunas estrategias.
El paso que se dio entre el sistema de partidos polarizado que había antes del régimen y el sistema plano que se instauro después de éste, se explica únicamente a partir de las dinámicas políticas que tuvieron lugar entre el Partido Radical y el Partido Peronista en el periodo de “inauguración de la Democracia.” (Cavarozzi, 1989).
Podemos iniciar el análisis mostrando que la estrategia que aplicó el candidato a las primeras elecciones después de la dictadura, Raúl Alfonsín, llevó al Partido Radical con un 51.7% de los votos. Esto equilibró las fuerzas de los dos partidos predominantes en Argentina y significó para el peronismo la realidad de tener que enfrentarse por primera vez en muchos años a un gobierno legítimamente elegido y el fracaso de la premisa según la cual éste era el partido de las mayorías populares.
El equilibrio entre estas dos fuerzas abre nuevas oportunidades en el juego institucional para las fuerzas minoritarias, pues éstas pueden entrar a negociar con el gobierno o con la oposición. Es así como este aumento en la capacidad de negociar de las nuevas fuerzas, el establecimiento de una competencia institucionalizada y el debilitamiento de la idea de que el peronismo era el partido de las mayorías populares y el radicalismo de las clases altas, lleva a que el grado de polarización en el sistema de partidos argentino disminuya y haya más espacios para la concentración.
Al analizar el sistema de partidos brasileño se identifica una fuerte influencia de las élites políticas durante el periodo que abarca desde la transición a la democracia hasta la segunda elección legislativa. Hasta 1985 el sistema de partidos estuvo determinado por las reformas electorales impuestas por el gobierno autoritario, el comportamiento de los partidos frente a éstas y el voto plebiscitario de los electores. En 1979 se introdujo una reforma de partidos que buscó conformar un sistema multipartidista para dividir a la creciente oposición. En 1980 con el surgimiento de cuatro nuevos partidos se cristalizó el propósito de esta transformación institucional. Ante el desafío de la alianza entre el PMDB y el PP, el gobierno militar introduce el “Pacote de Noviembre” en 1981, el cual buscaba promover el fortalecimiento de los dos partidos principales confiando en la victoria del Partido Oficialista PDS. Esto promovió la transformación de la alianza entre el PMDB y el PP en una fusión de los partidos. La votación de 1982 se califica como “plebiscitaria” ya que los votantes eligieron sus candidatos bajo una lógica pro o anti-régimen, que dio la victoria a la oposición. La crisis económica y de legitimidad que enfrentó el gobierno militar ocasionó la división del partido oficialista y la formación del PFL con 8 de los nueve gobernadores del PDS y 70 de los 235 diputados. Este nuevo partido decidió apoyar al candidato del PMDB a la presidencia y luego de una serie de concesiones, lograron el nombramiento de su líder José Sarney como candidato a la vicepresidencia en la fórmula de Tancredo Neves.
En 1985, la oposición finalmente llega al poder poniendo fin al régimen autoritario. La élite política pasó una reforma constitucional para modificar nuevamente la reglamentación electoral, ocasionando una extrema fragmentación del sistema y una baja institucionalización en el largo plazo. Los efectos de esta reforma no se pueden observar en la elección de 1986 porque el PMDB se benefició del éxito temporal del Plan Cruzado y de ser el partido de la oposición durante el régimen. Entre 1986 y 1990 el PMDB sufrió de un fuerte desprestigio por la crisis hiperinflacionaria y el reclutamiento de ex miembros del PDS/ARENA, muchos de los cuales se cambiaron de partido por el patronaje que prometía el estar en el partido del gobierno. Esto generó la pérdida de cohesión interna del partido, la heterogeneidad ideológica y el surgimiento de un nuevo partido de ex miembros del PMDB. Paralelo a estos cambios, el PFL sufrió una fuerte salida de sus miembros hacia otros partidos. Esto acabó con la fuerza del PMDB en el sistema de partidos brasileño.
Un caso importante de resaltar es el del PT. A diferencia de los demás partidos brasileños, éste no surgió de las élites políticas sino de los líderes sindicales. Entre 1982 y 1990 aumentó su participación en la Cámara de 1.7 a 7%, mientras en el senado obtuvo una silla hasta 1990. Esto conjuntamente con la transición, la caída del PDS, la heterogeneidad ideológica del PMDB y el aumento del NEP ocasionó la movilización de la tendencia ideológica de la derecha hacia el centro
En cuanto a la institucionalización del sistema de partidos se pueden identificar las débiles raíces que tenían los partidos de 1945 en la sociedad (Mainwaring, 1998: 93), lo cual sumado a la represión política que los disolvió, ocasionó su desaparición del sistema de partidos post autoritario. En cuanto al PTB y al PDT, Mainwaring señala que sería un error clasificarlos como una progenie directa del viejo PTB. Igualmente no reflejan una fuerte identificación partidaria que pueda ser relacionada con una permanencia de la lealtad partidaria de 1965 (Mainwaring, 1999: 113)[8]. Esto facilitó la disolución de las identidades partidarias formadas antes del golpe y el establecimiento de nuevas lealtades hacia el MDB y a ARENA durante el régimen autoritario. Finalmente la larga duración del régimen y el rápido cambio demográfico acabó con las pocas lealtades que permanecieran y permitió el surgimiento de 36.230.000 nuevos votantes que no tenían ninguna relación con UDN, el PTB y el PSD (Mainwaring, 1999: 93).
En conclusión, la represión política y la baja institucionalización del sistema de partidos 1945-65 ocasionaron su pronta disolución. Sin embargo la transformación del bipartidismo artificial al multipartidismo extremo sin partido dominante es consecuencia de las reformas electorales emprendidas por las élites políticas y el comportamiento de los partidos políticos. En términos de la polarización ideológica el surgimiento de nuevos partidos de izquierda como el PT y la caída significativa de los partidos de la derecha ocasionó la permanencia de una polarización intermedia y la movilización de la tendencia ideológica hacia el centro.
El sistema de partidos post-autoritario en Chile puede caracterizarse como un ejemplo “mixto”, esto debido a que fue igualmente trasformado a través de mecanismos provenientes de la sociedad (desde abajo) como desde las élites partidarias (desde arriba).
A pesar del alto grado de represión aplicado por el régimen de Pinochet, no fue el régimen más represivo de los casos estudiados (6,25 en libertades políticas y 4,93 en libertades civiles) según Freedom House. Los partidos políticos tradicionales en Chile lograron sobrevivir y establecerse nuevamente en el sistema político post-autoritario como fuerzas representativas. Esto se explica porque su alto grado de institucionalización les permitió, por un lado, seguir teniendo contacto directo con la sociedad a través de multitud de instituciones de la sociedad civil y mantenerse en la memoria colectiva, debido a que la adhesión partidista ya dependía de una tradición que había pasado de generación en generación.
Fue así como las primeras elecciones después de la caída del régimen le dieron el triunfo a la Concertación de Partidos por la Democracia (grupo que también había motivado la transición), la cual estaba compuesta por la mayoría de partidos tradicionales que se habían opuesto al régimen, a saber, el Partido Demócrata Cristiano, el Partido Radical, el Partido Socialista, el Partido por la Democracia, el Partido Alianza de Centro y el Partido Social Demócrata. Fue así como estos partidos con un 53,8% de la votación, demostraron que habían mantenido sus vínculos fuertes de siempre, con la sociedad.
Sin embargo, aunque el nuevo sistema estuvo compuesto por las mismas fuerzas que antes de Pinochet, se dio una división destacable a nivel de la derecha. Según Manuel Antonio Garretón, después de 1989 la derecha se bifurca entre un partido que se estableció como el heredero del Régimen (UDI) y una derecha de tipo más moderno: el Partido Renovación Nacional. Esto sumado a un deslizamiento del centro (de la Democracia Cristiana) hacía una alianza con la izquierda, lleva a que después de las selecciones del 1989 el sistema pase de ser “polarizado” con tendencia de izquierda a “plano” (polarización media) con tendencia de centro derecha. La afirmación anterior se explica, porque la dinámica parlamentaria desde esas elecciones se empieza a caracterizar como un modelo de sistema de partidos binario: por un lado, el Polo oficialista (Fuerzas de Concertación y otro partidos, y en el otro, un polo de derecha fortalecido por los senadores designados por el régimen (UDI, RN).
La (re)estructuración de los vínculos entre los partidos tradicionales chilenos y el cambio en el nivel de polarización, debe explicarse entonces desde la perspectiva que involucra los factores políticos en la aproximación al cambio. También es necesario mencionar que los cambios generados en el sistema partidario por la reforma electoral que realizó Pinochet, a través de la reforma constitucional que fue ratificada por el plebiscito de 1989, también deben ser consideradas transformaciones que, provenientes desde arriba, están motivadas por los actores políticos.
De acuerdo a los casos estudiados se puede concluir que ninguna de las dos hipótesis consideradas explica por sí sola la (re)estructuración del sistema de partidos post-autoritario. Según las experiencias de Argentina, Brasil y Chile, podría afirmarse que la trasformación se explica teniendo en cuenta variables que vienen tanto desde abajo, desde la sociedad, como variables que tienen en cuenta los factores y actores políticos.
Argentina muestra cómo, a pesar del alto grado de represión impuesto por la Junta Militar, la estructura bipartidista del sistema se mantuvo por el alto grado de institucionalización que poseían el Partido Justicialista y el Radical. Esto hace evidente que este caso se explica más desde las variables explicativas utilizadas en la hipótesis número uno. Sin embargo, hay dos aspectos del cambio que sí deben explicarse por dinámicas políticas (desde arriba). Por un lado, la reducción del grado de polarización en el sistema de partidos post-autoritario es explicada por estrategia aplicada por Alfonsín, la que logró institucionalizar las reglas de competencia entre los dos partidos tradicionales y abrir el espacio político para nuevas fuerzas pudieran entrar a negociar.
El caso brasilero refleja más la influencia de las élites políticas sobre la reconfiguración del sistema de partidos, al estar ésta determinada por las reformas adelantadas tanto por el gobierno militar como por el gobierno civil y el comportamiento de los partidos políticos que llevó la tendencia ideológica de derecha a centro. Sin embargo, es importante resaltar que el surgimiento de un nuevo sistema de partidos totalmente diferente al anterior al régimen se explica también por el impacto de la represión política sobre la baja institucionalización del sistema.
Chile se constituye como un ejemplo mixto. Esto en la medida que el cambio en el sistema se explica tanto desde el alto grado de institucionalización de los partidos tradicionales, el cual permitió que los partidos de la oposición lograran entrar con la misma fuerza a la arena política después de 1989, como desde los factores políticos. A saber, la dinámica entre las élites y el cambio de las reglas electorales promovidas por Pinochet redujo el grado de polarización y acercó al sistema a una tendencia más de derecha.
Como comentario general, debe destacarse la manera en que la variable institucionalización determinó en los tres casos el grado de influencia que tuvo la represión del régimen en el cambio del sistema de partidos. Por ejemplo, el caso de Brasil nos muestra como un sistema de partidos desinstitucionalizado aumenta la capacidad de maniobra de la Junta Militar sobre el destino del sistema político después de la dictadura. Esta realidad abre el espacio para una autocrítica. El cambio en los sistemas de partidos no debe ser caracterizado, ni mucho menos explicado, únicamente tomando como indicadores el NEP y el Grado de Polarización, sino que debe incluir variables que tengan en cuenta más el sustento social de los partidos (variables desde abajo) como el grado de institucionalización.
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[1] NEP: proporción de bancas (o de votos) obtenidos por cada Partido.
[2] El índice de polarización (IP) asume que las posiciones del sistema están entre el rango (-1,1) y la fórmula que utiliza es |1-mlrp|*(XR+SR) + |.5-mlrp|*(XCR+SCR) +|-.5-mlrp|*(XCL+SCL) + |mlrp|*(XL+SL), donde XR es derecha cristiana, SR derecha secular, XCR centroderecha cristiana, SCR centroderecha secular y L significa izquierda. La MLRP (media de posición izquierda- derecha) mide que tan lejos de la izquierda o de la derecha se encontraba en cada elección el promedio de partidos, basándose en las posiciones de derecha-izquierda de todos los partidos y sus cuotas de votos. Si todos los votos van a un extremo (derecha o izquierda) la polarización es cero porque el centro relativo del que se hablaba antes está en un extremo y la dispersión es nula. Sistema de partidos `Polarizados’ son esos que tienden a una distribución bimodal. Sistemas de partidos unimodal tienen una distribución cercana a su centro relativo e indican poca competencia relevante entre partidos de diferentes tendencias. Sistemas de partidos planos tienen una cierta distribución entre el rango derecha-izquierda y tiene más competencia ideológica que los de tipo unimodal.
[3] Estimaciones de los autores sobre la base de Dieter Nohlen (Comp.), Enciclopedia Electoral Latinoamericana y del Caribe (CAPEL, San José, 1993), y datos provistos por Michael Coppedge y Scott Mainwaring, 1985.
[4] Fuente: Scott Mainwaring “Presidencialism and Democracy in Latin America, 1985.
[5] Scott Mainwaring “Presidencialism and Democracy in Latin America, 1995.
[6] Desde 1972, Freedom House ha publicado un reporte de los niveles de libertad, adjudicándole a cada Estado los adjetivos de “libre” (F), “parcialmente libre” (PF) o “no libre” (NF), promediando sus derechos políticos (primer valor de derecha a izquierda) y civiles (segundo valor de derecha a izquierda). Cada uno esta medido en una escala de 1 a 7, donde 1 es el más alto nivel y 7 el más bajo (para el análisis metodológico de estos derechos véase Anexo II) Los países cuyos promedios están entre 1 y 2.5 son considerados “libres”, entre 3 y 5.5 “parcialmente libres” y entre 5,5 y 7 “No libres”, en Freedom House, http://www.freedomhouse.org/research/freeworld/FHSCORES.xls
[7] En Brasil el NEP disminuye de 4,55, a 2, 83 de las elecciones pre-régimen autoritario a las que ocurrieron después de éste. En Chile disminuye de forma parecida pasando de 6,5 en 1970 a 4,2 en 1989.
[8] Mainwaring toma la tabla de identificación partidaria de Meneguello para 1989 y 1994. Para 1989 el porcentaje de identificación partidaria es de 0.5, y para 1990 de 0.8. El valor más alto es en 1993 con un 1.2.