ASPECTOS ECONÓMICOS DEL VIVIR TRANSNACIONAL
Luis Eduardo Guarnizo
Profesor de la Universidad de California, Davis.
es
Las relaciones económicas de los migrantes con
su tierra natal han sido sujeto de amplia aunque fragmentada investigación
multidisciplinar. Sin embargo, la mayoría de estudios se han preocupado
primordialmente del flujo norte-sur de las remesas económicas que los migrantes
envían a sus lugares de origen. Utilizando una perspectiva transnacional
instruida por los principios
de la sociología económica, el autor
argumenta que este enfoque norte-sur
centrado en las transferencias monetarias es
demasiado limitado, ya que falla en atender los múltiples efectos
macroeconómicos de las conexiones transnacionales económicas y no-económicas de
los migrantes y, por tanto, subestima la acción de los migrantes y su
influencia en la esfera global. A través del
concepto del vivir
transnacional, el texto presenta un nuevo panorama de la migración
transnacional que cuestiona las nociones aceptadas sobre la relación entre la
movilidad del trabajo y la movilidad del capital.
migración, transnacionalismo, vivir
transnacional, movilidad
del trabajo, movilidad del capital
The economic relations of migrants with their
home countries have been the ![]()
object of significant, albeit fragmented,
multidisciplinary research. However, the majority of studies have been
concerned primarily with the north-south flow of economic remittances that
migrants send to their places of origin. This article, making use of a
transnational perspective informed by the principles of economic sociology,
argues that the north-south focus on monetary transfers is extremely limited,
given that it fails to consider the multiple macroeconomic effects of migrants'
economic and non-economic transnational connections, underestimating migrant
activities and their influence at the global level. The author uses the concept
of transnational living to present a new framework for understanding
transnational migration that challenges accepted notions concerning the
relation between labor and capital mobility.
migration, transnationalism, transnational living, labor mobility, capital mobility
12-47
01/01/2004
01/01/2004
Versión abreviada del original publicado en la International Migration Review, vol. 37 (3): 666-699, ISBN 157703-028 Otoño 2003. Publicado por el Center for International Migration Studies, 209 Flagg Place, Staten Island, New York, 10304-1199 U.SA.
Ángeles Escrivá
Recibido 07/05/2004; Aprobado 23/07/2004.
Desde finales del siglo pasado las relaciones económicas de los migrantes con su tierra natal han sido sujeto de amplia aunque fragmentada investigación multidisciplinar sobre la relación entre migración y desarrollo. Sin embargo, la mayoría de estudios se han preocupado primordial o exclusivamente del flujo norte-sur de los recursos que los migrantes envían a sus familias y amigos que se quedaron atrás. En particular, las remesas monetarias que los migrantes envían a sus lugares de origen han constituido el tópico principal de investigación en este campo, y no sorprende que al mismo tiempo hayan atraído el interés de las organizaciones nacionales e internacionales, gubernamentales y no gubernamentales para el desarrollo. De hecho, las remesas monetarias se han convertido en el elemento más citado, la evidencia tangible y el bastón de medida de los vínculos que conectan a los migrantes con sus sociedades de origen. Este enfoque norte-sur, centrado en el dinero, ha sido muy efectivo revelando el compromiso y el soporte de los migrantes con su tierra natal. Con todo, al centrarse en un solo aspecto de la experiencia transnacional, este enfoque falla en atender los múltiples efectos macroeconómicos que las conexiones transnacionales económicas y no-económicas de los migrantes generan y así, subestima la acción de los migrantes y su influencia en la esfera global.
Utilizando una perspectiva transnacional instruida por los principios de la sociología económica, busco analizar las implicaciones teóricas y prácticas de los múltiples efectos económicos generados por las relaciones sociales, culturales, políticas y económicas de los migrantes con su tierra natal.
Mi argumento aquí es que el posicionamiento transnacional de los migrantes tiene influencia significativa y efectos transformadores no sólo en el desarrollo de sus localidades y países de origen, sino también en los procesos macroeconómicos globales, incluyendo los arreglos financieros internacionales, comercio internacional y la producción y consumo de cultura. Los estudios sobre los efectos de las actividades económicas de los migrantes han producido un cúmulo de conocimiento aunque sus conclusiones tienden a centrarse exclusivamente en el impacto productivo de las transferencias monetarias norte-sur en las localidades de origen y están con frecuencia viciadas por lo que Wimmer y Glick Schiller (2002) han llamado explícitamente el nacionalismo metodológico. Entretanto, el impacto económico y de desarrollo de las relaciones no-económicas establecidas por los migrantes con su tierra natal, tales como la participación política y los intercambios culturales, no ha sido tenido en cuenta. En este capítulo parto del modelo analítico aceptado que se centra en los flujos de recursos económicos norte-sur aunque observando la economía migratoria a través de un prisma más holístico que provee el concepto de vivir transnacional.
El vivir transnacional refiere a una amplia panoplia de relaciones sociales, culturales, políticas económicas transfronterizas que emerge, intencional inesperadamente, de la presión de los migrantes por mantener y reproducir su ambiente social-cultural de origen a distancia. El concepto de vivir transnacional nos permite detectar una miríada de efectos multiplicadores económicos engendrados por la acción transnacional de los migrantes, cuyos efectos previstos e imprevistos cruzan múltiples escalas geográficas, desde lo translocal a lo transnacional y a lo global. El actuar transnacionalmente, requiere de una multitud de bienes y servicios que son suministrados por productores y proveedores connacionales y no-connacionales, tanto de pequeña y mediana escala como grandes corporaciones transnacionales. Como demuestro más abajo, los bienes y servicios demandados por los migrantes que actúan transnacionalmente no fluyen únicamente del norte al sur, sino además del sur al norte, del norte al norte y del sur al sur.
Un marco analítico focalizado en el vivir transnacional de los migrantes puede producir un nuevo panorama que rete las interpretaciones y representaciones académicas dominantes sobre la relación entre migración y desarrollo, y de forma más general, entre la movilidad del trabajo y del capital. Mi objetivo es iluminar un nuevo paisaje de procesos globales impulsados desde abajo por los propios migrantes y cuestionar los tropos aceptados que construyen la globalización socioeconómica como el dominio exclusivo del capital corporativo y la migración laboral como mero resultado residual de los patrones de inversión y desinversión del capital corporativo global.
Antes de ahondar en el núcleo de mi análisis, presentaré primero mi marco teórico, seguido de una revisión sucinta de la literatura sobre los tres temas principales que han guiado el campo hasta ahora, esto es, las remesas monetarias, las inversiones comerciales y el apoyo colectivo al desarrollo local. En la segunda parte del capítulo, discutiré someramente algunos de los procesos macroeconómicos señalados arriba que hasta ahora han sido ignorados. Al final, después de sacar algunas conclusiones generales, aportaré algunos elementos para futura investigación.
Articulado desde hace alrededor de una década, el campo de los estudios migratorios transnacionales ha logrado rápidamente ser reconocido como una perspectiva teórica potente, firmemente basada en sólida evidencia empírica. Los estudios precursores de académicos como Glick Schiller y otros (1992, 1995), Basch y otros (1994) y Rouse (1991) sobre la acción transnacional capturaron la imaginación de muchos investigadores y generaron una ola de conferencias y trabajos académicos en cuyos títulos lucía prominentemente la palabra "transnacional" como una marca de innovación teórica. Muchos investigadores mostraron rápidamente su profundo escepticismo, señalando no sólo los precedentes históricos del actuar transnacional, sino también limitaciones metodológicas serias y ambigüedades analíticas inherentes a muchos de estos primeros trabajos (Foner, 1997; Waldinger, 1998; Massey, 2001; Morawska, 2001).
Más recientemente una segunda ola de estudios transnacionales ha abocado algunas de las críticas iniciales y ha ayudado a establecer el campo sobre unas bases teóricas más firmes (ver entre otros Guarnizo y Smith, 1998; Glick Schiller, 1999; Vertovec, 1999; Kyle, 2000; Levitt, 2001; Mahler y Pessar, 2001; Itzigsohn y Giorguli Saucedo, 2002; Portes y otros, 2002; Wimmer y Glick Schiller, 2002; Guarnizo y otros, 2003). Se ha aceptado el investigar y analizar la migración transnacional focalizándose en una clase específica de acción (por ejemplo, la participación política) o en una sola actividad (por ejemplo, la participación en organizaciones cívicas transnacionales como las asociaciones de paisanos). Adoptar una sola clase de acción o una sola actividad como unidad de análisis de la investigación ha sido una estrategia provechosa, que ha permitido un análisis más fino sobre el alcance, escala y determinantes de las acciones transnacional emprendida por los migrantes (ver por ejemplo, Mahler 1999, Portes y otros 2002, Guarnizo y otros 2003, Smith 2003).
Este modo de análisis más firmemente enfocado ha ayudado a responder a algunas de las primeras críticas lanzadas contra el campo y atemperar las conclusiones a menudo exageradas de los primeros estudios que virtualmente mostraban a todos los migrantes contemporáneos como activos transnacionalmente y celebraban esta actividad como inherentemente subversiva progresiva.
Con todo, aunque ciertamente válido y útil para los análisis en profundidad y altamente específicos, este modo de investigación no es suficientemente flexible para acercarse plenamente a las cuestiones relacionadas con la significación económica de la migración transnacional en general y, por tanto, la subestima. Una aproximación altamente enfocada puede restringir nuestra habilidad para detectar las interrelaciones y consecuencias económicas no intencionadas de la acción transnacional a través de diferentes dominios. Estos incluyen, por ejemplo, los efectos y cambios económicos generados, a menudo inadvertidamente, por actividades políticas y socioculturales. El enraizamiento de la acción social en múltiples estructuras sociales, culturales, económicas y políticas complejas y heterogéneas (Grannovetter, 1985) implica no sólo que los determinantes sino también los efectos de cualquier acción atraviesan diversos campos sociales. Ni las prácticas transnacionales cotidianas ni sus consecuencias están nítidamente compartimentalizadas. Por lo tanto, para examinar los efectos económicos de la migración transnacional la investigación no debe limitarse solamente a las actividades que han sido etiquetadas a priori como económicas". Es por tanto un imperativo, arguyo, aproximarse a estas cuestiones desde una perspectiva más holística que capture también las implicaciones económicas, intencionadas o no, generadas por la acción transnacional en sus múltiples facetas, fenómenos que pueden ser descrito por el concepto del vivir transnacional.
Basándome en trabajos recientes de Robert C. Smith (2001) y de Karen Fog Olwig y Ninna Nyberg Sorensen (2002), utilizo el vivir transnacional de los migrantes como mi foco analítico central, una condición que implica una gama de relaciones transfronterizas y prácticas que conectan a los migrantes con sus sociedades de origen. Mientras que el vivir transnacional sitúa en primer plano la agencia de los migrantes, incluye también relaciones iniciadas por actores individuales e institucionales no-migrantes que pretenden establecer y mantener relaciones transfronterizas variadas que ayuden a configurar las condiciones de vida de los migrantes en el extranjero. El vivir transnacional significa un activo y dinámico campo de intercambio social que involucra y simultáneamente afecta a los actores (individuos, grupos, instituciones) localizados en diferentes países. El vivir transnacional está afectado por las históricamente determinadas estructuras micro y macrosociales, económicas, políticas y culturales de las sociedades en las cuales se enraízan las vidas de los migrantes. En este sentido, el vivir transnacional no es un estado o condición que alcanza un estadio de consolidación o equilibrio antes de desaparecer, como se sugiere con el término de "vida transnacional" (Ostergren, 1988; R.C. Smith, 2001).
Al contrario, el vivir transnacional es una condición que se desarrolla dependiendo de la relación entre los recursos y el posicionamiento sociocultural de los migrantes, así como de los contextos históricos de las localidades específicas donde ellos viven. Las condiciones contextuales en estas localidades variamente facilitan o impiden, alientan o desaniman, reclaman o impiden algunas o todas las actividades transfronterizas que forman el vivir transnacional de los migrantes. Por otro lado, como condición de la migración, el vivir transnacional no es necesariamente una reacción premeditada y, por tanto, consciente contra la globalización. No es tan instrumental o estratégico como se implica con el concepto de "formas de vidas transnacionales" de Olwig y Sorensen. Al contrario de este último, que está centrado en las estrategias de los individuos para subsistir, el concepto de vivir transnacional se interesa por el enraizamiento estructural de la acción transnacional y por las consecuencias intencionadas y, quizás más importante, las diversas consecuencias económicas no intencionadas de la acción transnacional generada por los migrantes y llevada a cabo por actores migrantes y no-migrantes.
El enraizamiento histórico-locacional del vivir transnacional explica, por ejemplo, cómo bajo ciertas condiciones el vivir transnacional puede hacerse más o menos extensivo (más o menos popularizado) entre la primera y subsiguientes generaciones de migrantes, mientras que bajo otras circunstancias deja de existir o se reduce a un campo de acción dominado por un grupo pequeño y exclusivo de cosmopolitas.
Es importante reconocer el impresionante y dinámico saber sobre los efectos económicos de la migración, así como algunos de los avances teóricos hechos por los diferentes estudiosos en este campo. En las siguientes líneas, repaso algunos de los temas y debates centrales que caracterizan el conocimiento reciente sobre las remesas monetarias de los migrantes, el empresariado transnacional y el apoyo de los migrantes al desarrollo comunitario.
Analíticamente, las remesas monetarias representan vínculos sociales a larga distancia de solidaridad, reciprocidad y obligación, que unen a los migrantes con sus parientes y amigos a través de las fronteras nacionales controladas por los Estados. Esta íntima "solidaridad limitada" ("bounded solidarity") a larga distancia (Portes, 1995 y 1997), que en principio tiene un alcance de acción bastante estrecho, puesto que la intención de los migrantes individuales es principalmente beneficiar a sus parientes y amigos, se convierte fácilmente en un factor macroeconómico que desencadena vastos efectos en los países de origen y más allá.
Más importante quizás, el volumen y estabilidad de las remesas monetarias de los migrantes alrededor del mundo han transformado esta transacción íntima en una de las transacciones privadas más importantes de la economía global. Como resultado, muchas de las transacciones económicas llevadas a cabo ahora por actores financieros globales tienen en cuenta las transferencias monetarias de los trabajadores, ya sea como fuente de ganancias o como un instrumento de seguridad financiera que aumenta la capacidad de endeudamiento de los países pobres que buscan préstamos internacionales a gran escala. Este novedoso uso de las remesas de los migrantes como un instrumento financiero que se negocia entre poderosos actores capitalistas globales, aunque importante, ha escapado hasta ahora a la atención de los estudiosos de la migración y será discutido más adelante.
Aunque las remesas materiales (en oposición a las sociales) pueden ser tanto monetarias como no-monetarias (transferencia de bienes duraderos y de consumo, servicios y conocimientos técnicos, etcétera), han sido las primeras las que han monopolizado el interés de los científicos sociales y de los diseñadores de política pública. Las estimaciones oficiales del volumen anual global de las remesas monetarias (según el Anuario Estadístico de Balanzas de Pago del Fondo Monetario Internacional) señalan el rápido incremento e indican que las remesas sobrepasaban los 100 mil millones de dólares en 1999, de 70 mil millones en 1995 y 43,3 mil millones en 1980 (Puri y Ritzema, 1999; Gammeltoft, 2002).
Las remesas anuales a los países en desarrollo más que se doblaron en la década de los años noventa y han sido aproximadamente un 20% mayores que la ayuda oficial internacional al desarrollo de esos países (Gammeltoft, 2002). Aunque la información oficial sobre las remesas monetarias es deficiente y tiende a subestimar la cantidad total de dinero que los migrantes transfieren a su tierra natal (en parte porque excluye el dinero transferido a través de los canales informales así como las remesas en especie), sugiere que la cantidad remesada es altamente significativa para muchas economías nacionales.
El reciente crecimiento del volumen importancia macroeconómica de las remesas monetarias y el interés que ellas han despertado entre los académicos y los gobiernos tiene significativos precedentes históricos. Para la alborada del siglo veinte, la emigración europea a los Estados Unidos proveía de ingresos considerables a las regiones de emigración y ofrecía grandes mercados en ultramar para productos europeos tales como textiles, ropa y otros bienes de consumo (Caroli, 1973; James, 1999). De igual manera, la emigración mexicana a los Estados Unidos, que data ya más de un siglo de antigüedad, constituye hoy día otro importante ejemplo de la importancia histórica de las remesas para los países de origen. Puesto que su importancia se deriva de una preocupación por el desarrollo, la mayoría de la investigación sobre remesas se ha centrado en especificar los determinantes de su volumen, evaluar su contribución al desarrollo local (con especial interés por su uso en actividades productivas), identificar los canales empleados para su transferencia y en definir los determinantes de remitir.
Una creciente controversia académica ha resultado con referencia a la significancia de las remesas para el desarrollo. Se afirma con frecuencia que dado el flujo más o menos estable de grandes cantidades de dinero enviado por los migrantes, las remesas representan una obvia contribución positiva al desarrollo (Rivera-Batiz, 1986; Stark, Taylor y Yitzhaki, 1986; Stark, 1991). Otros descartan los argumentos sobre sus supuestos efectos positivos, minimizando la contribución al desarrollo que se desprende de estos flujos financieros. Contraponiendo esta visión, en el caso de México, Douglas S. Massey y sus asociados han argumentado que los estudios que cuestionan el valor productivo de las remesas "han ignorado los efectos que el gasto de los consumidores tiene sobre la producción económica y el ingreso" en el país de origen (Durand, Parrado y Massey, 1996: 425, ver también Massey y Parrado, 1993). Todos estos autores coinciden en señalar los efectos multiplicadores positivos de las remesas tanto directamente en inversiones productivas (creando nuevos negocios) como indirectamente expandiendo el consumo, incluso en el caso de gastos superfluos como jaranas y celebraciones.
Empero, incluso si las remesas son utilizadas de forma productiva por los migrantes y sus familias y realmente tienen efectos multiplicadores, la cuestión de si la comunidad y el país de origen en conjunto se beneficia de esas remesas queda aún por resolver. Numerosos estudios demuestran que dada la estructura económica oligopolística de muchos de los países en desarrollo, el uso más común de las remesas de los migrantes en consumo inmediato produce a menudo más inflación en los precios que expansión de la oferta e incrementa la demanda de bienes importados más que la de aquellos producidos nacionalmente. Otros estudios muestran que la dependencia de las remesas afecta negativamente a la producción agrícola, puesto que el uso de la tierra cambia de la agricultura a la cría de ganado, reduciendo no sólo la producción de bienes alimenticios sino también la demanda de mano de obra en las áreas rurales emisoras de migrantes. Se ha argumentado adicionalmente que en las áreas de fuerte emigración, la disposición de los jóvenes a trabajar por salarios bajos disminuye, creando serias distorsiones en el mercado laboral local, como se ha observado en el caso de la República Dominicana (Grasmuck y Pessar, 1991) y más recientemente en El Salvador (Lungo y Kandel, 1999; Zilberg y Lungo, 1999).
El uso de las remesas (denominada por algunos analistas y diseñadores de política pública como irracional o un desperdicio) y las consecuencias negativas percibidas que éste conlleva ha llevado a algunos estudiosos y políticos a proponer iniciativas que aseguren el control estatal sobre las remesas de los migrantes con el propósito de canalizarlas hacia usos "más racionales" que fomenten el desarrollo, tales como la promoción de la inversión en pequeños negocios y otras iniciativas similares, que lleven al crecimiento de la producción local y a combatir el desempleo (Cornelius, 1990; Diaz-Briquets y Weintraub, 1991; Martín, 1990). Entre las Últimas versiones de estos esfuerzos se encuentran las asociaciones entre el Estado y los migrantes recientemente introducidas por el gobierno federal y los gobiernos estatales y locales en México, así como debates exploratorios y encuentros multilaterales patrocinados las agencias multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo o la Comisión Europea, que buscan maximizar y "canalizar" el potencial económico de los migrantes para apoyar el desarrollo local (ver Smith, 2003; Centre for Development Research, 2002; IDB, 2002).
Otros analistas, sin embargo, han argumentado que los migrantes y sus familias hacen un uso altamente racional de las remesas, dadas sus circunstancias personales y familiares y las condiciones culturales, así como los contextos estructurales económicos, sociales y políticos en los que ellos toman sus decisiones. Evidentemente, las limitaciones y oportunidades del contexto local afectan el modo en el que los migrantes usan sus recursos. Por otro lado, algunos estudios sugieren que los hogares gastan las remesas de las mismas maneras que otros ingresos (ECLAC, 1991). Por tanto, no está claro porqué en algunos casos las comunidades emisoras se han desarrollado económicamente gracias a las remesas mientras que otras no lo han hecho. En otras palabras, no está claro cuándo se puede esperar un tipo de racionalidad "productiva" en el momento en que llega el dinero del trabajo en el extranjero. Empero, la evidencia existente muestra que los migrantes adaptan el uso de sus recursos cuando las condiciones estructurales locales cambian y proveen más oportunidades para hacer inversiones productivas (Massey y Basem, 1992; Russell, 1992; M. P. Smith, 2003). Así las cosas, últimamente los debates acerca de si las remesas familiares tienen un efecto positivo o no en el desarrollo de las comunidades y países de origen sigue sin asentar.
Un segundo tema que ha preocupado a los estudiosos de la migración interesados en las transferencias monetarias de migrantes ha sido el empresarismo (entrepreneurship) transnacional de los migrantes. Como se indicó más arriba, los académicos han verificado ampliamente que la gran masa de las remesas de los migrantes se gasta en consumo (subsistencia familiar básica, vivienda y compra de bienes duraderos y no-duraderos para uso doméstico), mientras que sólo una pequeña proporción se dedica a la inversión productiva. Investigaciones recientes, sin embargo, han documentado la existencia de una vasta gama de actividades empresariales transnacionales llevadas a cabo por los migrantes. El grueso de estas investigaciones, con algunas notables excepciones, se sustenta en material etnográfico recogido en las comunidades de inmigrantes y en sus respectivos países de origen. Este empresariado transnacional emergente parece ser un modo distinto de acción económica transnacional, claramente distinguible de la más común y mejor estudiada vía del empresarismo inmigrante (comúnmente llamado empresariado étnico) en el país de recepción.
Un ejemplo de este tipo de actividad económica transnacional nos lo ofrece el estudio de Itzigsohn y sus asociados (1999) sobre las comunidades dominicanas en el área de Washington Heights de la ciudad de Nueva York y en Providence, Rhode Island. Estos investigadores descubrieron una cantidad de recaderos transnacionales informales que operan entre los Estados Unidos y la República Dominicana; la proliferación de tiendas que venden productos alimenticios, música y prensa dominicanos importados en Nueva York y Providence; y el rápido crecimiento de las agencias remesadoras. En un estudio anterior, Portes y Guarnizo (1990) hallaron fuertes conexiones entre los dominicanos propietarios de pequeños negocios en la isla y los dominicanos residentes en la ciudad de Nueva York Muchos de los primeros son migrantes retornados o transnacionales que adquirieron sus destrezas en el extranjero, tienen clientes en Nueva York y han utilizado las remesas para abrir o mantener sus negocios. Estos fondos adicionales hicieron posible que las empresas vinculadas a los migrantes poseyeran, en promedio, niveles más altos de capital de trabajo que empresas similares no vinculadas a la emigración.
Los estudios existentes han demostrado que la formación de negocios es parte de las prácticas del vivir transnacional de los migrantes. Las decisiones de invertir en negocios están inmersas en un complejo tramado de expectativas y obligaciones sociales ligadas a sus lugares de origen. Los migrantes que invierten en un negocio en su tierra natal a menudo lo hacen bien con la idea de tener un ingreso fijo no dependiente de un salario al regresar, o bien para proveer a sus familiares dependientes de un ingreso estable que reemplace las remesas.
Un reciente estudio cuantitativo de las prácticas transnacionales de colombianos, salvadoreños y dominicanos residentes en cinco áreas metropolitanas de los Estados Unidos demuestra que el empresariado transnacional es una vía distinta de adaptación económica inmigrante (Portes y otros, 2002). Este estudio muestra que el empresariado transnacional incluye una red diversa de vínculos entre países y que, aunque no es la vía modal entre los tres grupos estudiados, ha sido adoptada por una cantidad importante de inmigrados. A pesar de que este análisis no ahonda en las causas del empresarismo transnacional, sí identifica la singularidad empírica de este modo de acción económica transfronteriza, la cual presenta importantes variaciones entre nacionalidades.
Debido al enraizamiento contextual del empresarismo transnacional, no siempre son aquellos con los más altos niveles de escolaridad, o aquéllos con más experiencia ocupacional quienes siguen este camino. En ausencia de un contexto social transnacional de apoyo, los migrantes más calificados pueden optar por buscar su ascenso social a través de los medios convencionales del mercado de trabajo del país de acogida, antes que a través de las ventajas que ofrecen las empresas transfronterizas que requieren un contacto sostenido con los países de origen. Estos hallazgos sugieren que el empresarismo transnacional no es tan sólo una actividad efímera llevada a cabo por migrantes individuales, aislados y arriesgados, sino que se trata más bien de un empeño duradero enraizado en campos sociales de solidaridad, reciprocidad y obligaciones que trasciende las fronteras nacionales.
Las actividades económicas que conectan a los migrantes con sus sociedades de origen son más que meras transferencias monetarias en apoyo de la familia y conocidos y en busca de oportunidades de inversión provechosa. Un tercer tipo de transacción económica, con un alcance social inicial más amplio, incluye la transferencia colectiva de recursos para apoyar proyectos de desarrollo comunitario local, iniciativas filantrópicas y ayuda humanitaria tras catástrofes acaecidas en la sociedad de origen. Este esfuerzo colectivo llevado a cabo por grupos de migrantes, generalmente oriundos de un mismo lugar de origen y organizados en asociaciones cívicas (por ejemplo, asociaciones de paisanos) no está motivado sólo por las obligaciones familiares personales sino más bien por una combinación de factores socioculturales y políticos, entre los que se incluyen, la identidad y sentido de solidaridad de los migrantes con su terruño (nacionalismos locales o regionales), la reciprocidad con la tierra natal, y a menudo el ansia de ganar estatus y reconocimiento en el lugar de origen (Goldring, 1998 y 2002; R.C. Smith, 1998). En algunos casos, por ejemplo en México, tanto los gobiernos nacionales como los regionales y locales promueven y se han asociado con las organizaciones de migrantes para promover iniciativas de desarrollo local (Smith, 2003).
Estas actividades tienen importantes efectos simbólicos y prácticos. El acto de contribuir a la construcción y mejora de los espacios públicos como plazas e iglesias, y a actividades generadoras de empleo (como las plantas maquiladoras en algunas localidades de México, ver Smith, 2003)está cargado con un tremendo significado cultural que es transmitido no sólo a los paisanos de los migrantes, sino también a los pueblos y aldeas vecinas como parte de una competencia entre pueblos. Además de su valor simbólico, los proyectos comunitarios apoyados por los migrantes representan importantes contribuciones al desarrollo económico y social local. La construcción de carreteras, sistemas de servicio público de agua, aulas, hospitales así como proyectos no-materiales como becas y campañas educativas, todos ellos mejoran el bienestar local y su potencial económico. Estos proyectos ayudan a conferir a la localidad de origen con una infraestructura social y material mejorada que eventualmente puede facilitar y atraer la inversión y el comercio.
Además de sus efectos económicos multiplicadores, los esfuerzos para el desarrollo comunitario también generan importantes efectos políticos. Influencian a los gobiernos locales y regionales determinando cuáles proyectos públicos reciben el apoyo financiero de los migrantes y cuáles no. De esta manera los migrantes fuerzan a las autoridades a tomar en consideración sus deseos y prioridades. Como Levitt (1997) y Landolt (2000) han hecho notar, ayudar a la financiación de proyectos locales de desarrollo, o contribuir a trabajos filantrópicos son mecanismos efectivos para crear o mantener la influencia política en las localidades de origen. De igual modo, en su estudio sobre las relaciones transnacionales desarrolladas por los migrantes de un pequeño pueblo de Puebla, México, R.C. Smith (1998: 227-28) descubrió que las organizaciones transnacionales de migrantes que están activamente involucradas en el desarrollo de su pueblo natal, "están forzando al Estado a incluirlos de formas novedosas," y de hecho han generado "estructuras de poder paralelas" al viejo régimen tradicional.
En resumen, las estimaciones existentes sobre las remesas familiares, el empresariado transnacional y el apoyo a los proyectos comunitarios revelan relaciones económicas que tienen varios aspectos en común. Primero, todas ellas son relaciones unidireccionales iniciadas por migrantes residentes en el extranjero; segundo, parecen involucrar a personas (emisores y receptores) localizados en posiciones sociales similares; tercero, se las percibe como teniendo lugar principalmente en el nivel local y secundariamente en el nivel nacional, excluyendo cualquier dimensión global; y cuarto, parece que tienen lugar, en la mayoría de casos, fuera del, o incluso contra el alcance del Estado y el capital corporativo. Algunos analistas han caracterizado incluso algunas de estas relaciones como representaciones de acciones reactivas por parte de los trabajadores de las economías periféricas en su intento por resistir el poder impetuoso del capitalismo global neoliberal y el control del Estado.
Sin embargo, como argumento, este flujo de recursos iniciado por los migrantes es solamente una parte de la historia. En su mayor parte, la relación entre las transacciones microsociales de larga distancia llevadas a cabo por gente ordinaria y la movilidad y expansión transnacional del capital corporativo no ha capturado la atención de la mayoría de estudiosos de las migraciones (una excepción es Mitchell, 1997). Por ejemplo, la demanda y consumo de cosas "nacionales" por parte de los migrantes para reproducir su identidad cultural y ambiente social original el extranjero, tiene tremendos efectos económicos transnacionales que han sido pasados por alto, en su mayor parte, en la literatura existente. Esta omisión ha evitado que la mayoría de analistas de la migración transnacional conecten empíricamente la movilidad de la mano de obra y el capital global.
Mientras que el debate sobre el volumen del dinero remesado y las formas en que es transferido ha dominado el campo, muy poco se ha hecho para elucidar la reciente participación y competición de las grandes corporaciones financieras por controlar la transferencia de remesas en el mundo entero. Todavía menos se ha escrito sobre la reciente incorporación por parte de las instituciones financieras internacionales de los flujos futuros de remesas como seguro colateral del financiamiento extranjero de los países de emigración (Ketkar y Ratha, 2001).
Al limitar su enfoque a las remesas, inversiones y apoyo comunitario de los migrantes, los académicos olvidan cruciales relaciones económicas generadas por el vivir transnacional. Hay importantes relaciones no examinadas entre el vivir transnacional de los migrantes y el capital corporativo que proveen una oportunidad empírica para cerrar el vacío analítico entre el estudio de la migración laboral transnacional y la expansión del capital global. Mientras que la movilidad espacial del trabajo es una consecuencia en muchos casos de la movilidad caprichosa del capital, en muchos otros casos la causa de la movilidad corre en dirección contraria. Así, el capital corporativo se mueve con el fin de capturar encadenamientos económicos hacia atrás y hacia delante generados por la movilidad de la mano de obra y las relaciones transnacionales que esta genera.
La convencional preocupación exclusiva por las remesas, el empresarismo transnacional y el apoyo al desarrollo comunitario ha olvidado otros vínculos y procesos importantes generados por el vivir transnacional de los migrantes. De hecho, los efectos económicos de la emigración son mucho más complejos y multidireccionales que las acciones económicas unidireccionales (las transferencias norte-sur). El vivir transnacional genera demandas de bienes y servicios que a su vez generan una compleja gama de vínculos económicos en ambos sentidos que son capturados por actores migrantes y no-migrantes que incluyen al Estado y al capital corporativo, además de a pequeñas empresas en los países involucrados. Como resultado, los recursos de los migrantes no sólo fluyen en dirección norte-sur sino también sur-norte y norte-norte. La figura 1 presenta una tipología heurística que ilustra la complejidad de estos vínculos. (Ver figura 1)
El vivir transnacional, esto es, llevar una vida que se desenvuelve a través de fronteras nacionales, genera dos grupos principales de procesos. Primero están los procesos asociados con el deseo de los migrantes de reproducir costumbres y prácticas culturales para mantener sus identidades locales, regionales y nacionales y su ambiente social en el extranjero.Esto genera una demanda de considerable tamaño de bienes y servicios de su localidad y país de origen. El comer y beber alimentos y bebidas nacionales o escuchar y bailar auténtica música nacional se convierte en "la cosa que hacer" entre muchas poblaciones inmigradas, especialmente aquellas que viven segregadas en enclaves residenciales étnicos. Esta demanda es aprovechada por grandes y pequeños negocios del lugar de origen, para quienes la población emigrada en el extranjero se convierte en una extensión de su mercado nacional-ambiente convenientemente oligopolístico para las grandes corporaciones, lo cual genera un mercado cautivo de connacionales con un poder adquisitivo mayor que el de sus compatriotas no migrantes. Inintencionadamente, esta demanda de cosas nacionales constituye un puente que permite a los productores nacionales (corporativos y de otros tipos) transnacionalizar sus operaciones, una posibilidad impensable para la mayoría de estas empresas sin la presencia de los migrantes en ultramar.
El segundo conjunto de procesos generados por el vivir transnacional tiene que ver con mantener relaciones y compromisos sociales, económicos y políticos más o menos estables con la sociedad de origen. El mantenimiento de estas relaciones y compromisos crea una demanda considerable de servicios de comunicación y transporte, a menudo controlados por grandes corporaciones multinacionales. De hecho, muchos analistas dan el mérito del tremendo incremento de las actividades transnacionales desde abajo observadas en el último tercio del pasado siglo a las innovaciones tecnológicas en las comunicaciones y el transporte. Empero, pocos han mencionado alguna vez los costes y el valor agregado que los migrantes pagan por usar estas tecnologías a pesar de lo baratas que puedan ser. Este argumento no deja de ser sorprendente dadas las tendencias económicas y del mercado que señalan que algunos de los segmentos de más rápido crecimiento de la telefonía, el transporte aéreo y las industrias financieras son las llamadas internacionales de larga distancia, el turismo étnico y el envío privado de dinero llevado a cabo por migrantes (Alter, 2000; Beachy, 1998; Yankee Group, 1998; Coopers & Lybrand, 1997).
La demanda de bienes y servicios para reproducir la cultura de los migrantes en el extranjero ha permitido a muchos productores en los países emisores expandir su clientela más allá de sus fronteras nacionales. Un ejemplo excelente es el de la penetración del mercado norteamericano de la cerveza mexicana Corona, inicialmente mercadeada entre la población migrante mexicana y ahora popularizada entre la juventud urbana estadounidense. De hecho, éste se considera uno de los éxitos de mercadeo más impresionantes de la industria. El llamado a las memorias nostálgicas del hogar de los migrantes y a sus deseos de reconstruir su cultura en el exterior han sido utilizados repetidamente tanto por corporaciones como por pequeños productores como un medio idóneo de promoción de sus productos. Esto también puede encontrarse entre los dominicanos en Nueva York que prefieren Presidente (ahora también de venta en el mercado abierto no-étnico) a cualquier otra cerveza, o la preferencia de los colombianos por las cervezas a y Bavaria y el refresco Colombiana (ahora embotellado en Brooklyn) sobre otras bebidas estadounidenses.
Otro ejemplo nos lo suministra la demanda por parte de los migrantes latinoamericanos de atavíos de boda tradicionales y otras artesanías rituales, como los rosarios y los arreglos florales artificiales. Tal demanda se ha expandido exponencialmente, avivada por el rápido crecimiento de la población latinoamericana, lo que a su vez ha disparado la expansión de la oferta, la cual ha provocado grandes cambios en el sistema de producción de estos artículos en el México rural.
Como muestra Mummert (2001), ha emergido un sistema de producción complejo, extensivo y descentralizado en regiones como el Michoacán rural, donde las mujeres campesinas, a menudo las esposas y hermanas de los migrantes en el norte, son las únicas productoras de estos bienes que son distribuidos y vendidos entre mexicanos y otros latinoamericanos en los Estados Unidos.
La demanda de los migrantes permite no sólo la exportación de bienes nacionales específicos sino también la transnacionalización de algunos servicios, los cuales sin la demanda de los migrantes no se hubieran nunca podido expandir ni competir con éxito en el mercado norteamericano. Un ejemplo de esto es la expansión de una cadena de supermercados salvadoreña en Los Ángeles. Su clientela no está compuesta únicamente de salvadoreños sino además de mexicanos y otros inmigrantes centroamericanos. El supermercado no sólo vende productos alimenticios salvadoreños, difícil de encontrar en cualquier otro lugar, sino que lo hace en un ambiente salvadoreño en el que se aprecian y ofrecen las sutiles diferencias regionales al paladar. Esta familiaridad cultural da a esta cadena una ventaja difícil de sobrepasar por otro competidor norteamericano.
Los migrantes también son un importante mercado para otros sectores de la economía de sus países, cual es el caso de la industria de la construcción y la vivienda, la industria turística, la música y el entretenimiento, así como los medios de comunicación. A mediados de los años ochenta, los dominicanos residentes en el extranjero ya representaban el 60% del total anual de compradores de vivienda del país (Cámara Dominicana de la Construcción 1986). Tendencias similares se han podido documentar también en otros países de emigración como México, Colombia, Ecuador y El Salvador (Landolt y otros, 1999; Guarnizo y otros, 1999; Durand, Parrado y Massey, 1996; Kyle, 2000; Levitt, 2001; Vega, 2002). Es lugar común que los promotores locales y los bancos hipotecarios promuevan activamente la venta de residencias, parcelas y otras propiedades inmuebles entre la población emigrada al extranjero.
En algunos casos, como el de El Salvador, el gobierno ha creado nuevas estructuras financieras para garantizar la concesión de créditos hipotecarios por parte de los bancos privados a los nacionales que tienen un ingreso principal proveniente de un empleo o negocio en el extranjero. En otros casos, el gobierno ha adoptado un papel más activo en la promoción de la propiedad inmobiliaria entre los migrantes residentes en el extranjero a través de la concesión de subsidios, la construcción de complejos residenciales oficiales para los migrantes y la facilitación de arreglos financieros internacionales, cual es el caso del gobierno de la República Dominicana (Levitt, 2001: 143). En muchos países se han introducido provisiones financieras y fiscales similares, como las cuentas de ahorros y corrientes en dólares y exenciones de impuestos a la importación, con el fin de facilitar las transacciones de negocios y los arreglos del vivir transnacional de los migrantes.
A fin de mantener sus conexiones transnacionales activas, los migrantes demandan además otro tipo de servicios. Permanecer en contacto con familiares y amigos, supervisar sus negocios, involucrarse en actividades políticas, tomarse vacaciones y otros, son actividades transnacionales que generan una demanda significativa de servicios de comunicación y transporte, una demanda que tiene a grandes corporaciones compitiendo por su control.
De hecho, grandes corporaciones multinacionales han diseñado enormes campañas publicitarias dirigidas a los migrantes ofreciendo este tipo de servicios, por ejemplo en Estados Unidos la AT&T, la MCI, y las líneas aéreas American Airlines y United Airlines, con discursos y simbolismos reminiscentes de vínculos ancestrales. Así pues, es fiera la competencia de las corporaciones por el control del negocio internacional de las llamadas a larga distancia que crece rápidamente. De igual modo tiene lugar la competencia y las adquisiciones de corporaciones para controlar el tráfico aéreo que se dirige a los países con grandes poblaciones de migrantes en los Estados Unidos. Esta demanda de servicios de viajes ha transformado los mercados locales en los lugares de residencia de los migrantes.
La crisis económica global que afecta a la mayoría de los países en desarrollo ha colocado a las remesas de los migrantes a la cabeza de las transacciones financieras globales. Primero, el volumen creciente de dinero que en todo el mundo los migrantes mandan a sus familias y amigos en los países de origen ha llegado a tales niveles que se ha convertido en un nuevo, importante y provechoso yacimiento de negocio para los intereses de grandes corporaciones financieras. En un principio la transferencia de ayuda monetaria a las familias había sido asunto de operaciones pequeñas y limitadas por parte de los propios migrantes que operaban sobre la base de la confianza mutua y el acuerdo social entre connacionales. Últimamente se ha convertido en una industria multibillonaria, por cuyo control se ha generado una gran competencia entre empresas corporativas, tales como Western Union y Money Gram, que por ejemplo en 1996 ya controlaban el 87% del mercado de remesas y el 81 % de las 43.000 sucursales estimadas en los Estados Unidos. Muchas de estas sucursales fueron originalmente propiedad de empresarios migrantes, que fueron convertidas en franquicias de las grandes corporaciones financieras luego de que el Departamento del Tesoro estadounidense estableciera estrictas regulaciones sobre el envío de dinero como parte de la lucha contra el lavado de activos. Hoy día, los servicios de transferencia de estas corporaciones son globales, con operaciones en alrededor de 190 países, incluyendo países de inmigración europeos y asiáticos.
Segundo, el flujo de las remesas de los migrantesa los emisores ha demostrado ser tan seguro y estable que se ha convertido en parte crucial del reposicionamiento macrofinanciero de los países emisores vis-á-vis las agencias crediticias globales. Después de la devaluación repentina del peso en México en 1994 y la subsiguiente crisis en Asia, el préstamo de capital a los países en desarrollo se ha deprimido y los costes de endeudamiento se han elevado. Las principales agencias internacionales han degradado la capacidad de endeudamiento de las economías del tercer mundo con lo cual se han empañado las posibilidades de estos países para acceder al financiamiento internacional. Bajo estas condiciones, los países en desarrollo y las agencias financieras internacionales han buscado soluciones creativas para asegurar la financiación internacional. Una de tales soluciones es la de respaldar los préstamos con futuros de cuentas por cobrar en dólares (hard-currency receivables), tales como las remesas, para permitir a los deudores sobrepasar el techo de los créditos soberanos y ganar acceso a deuda externa de largo plazo más barata y prevenir además el pánico a gran escala que resultaría si las reservas extranjeras de un país de repente se agotaran (Ketkar y Ratha, 2001).
En una transacción futura típica de este tipo, el país que solicita el préstamo vende su producto futuro (por cobrar) a una agencia intermediaria, que emite el instrumento de deuda que se utilizará como garantía ante los prestamistas. Hasta hace poco, sin embargo, esta forma de asegurar préstamos internacionales se había hecho con productos básicos como petróleo, gas, minerales y productos manufactureros. Lo novedoso es que ahora se incluyen también servicios, remesas e impuestos. Las agencias internacionales que puntúan el crédito (tales como Standard and Poors Rating Services, Fitch IBCA, Duff & Phelps) clasificaron las transacciones de flujos futuros de cuentas por cobrar (receivables) de la más a la menos segura (ver cuadro 1). Como el cuadro 1 indica, aunque el petróleo pesado está arriba de la lista como la garantía más segura, la contribución de los migrantes a asegurar las transacciones internacionales (identificadas en negrita) es significativa. Según datos agregados, únicamente las remesas contribuyeron alrededor del 5% del total de lo asegurado en el periodo entre 1987 y 1999, y se estima que constituyen cerca del 10% del total del préstamo potencial asegurado por América Latina (Ketkar y Ratha, 2001: 7).
El nuevo rol que las remesas tienen en las finanzas internacionales y, de forma más general, la importancia de los efectos multiplicadores económicos del vivir transnacional de los migrantes, pueden muy bien poner un antiguo axioma económico patas arriba: la movilidad del capital sigue la movilidad del trabajo. En esta ocasión se sigue a los migrantes no como fuente de mano de obra barata sino como un mercado de alto rendimiento. Por otro lado, los migrantes están proporcionando, inintencionadamente, a través de sus transferencias monetarias, divisas muy necesarias para complementar e incluso subsidiar algunas de las consecuencias de las reformas neoliberales impuestas por las agencias financieras internacionales a los países en desarrollo. En efecto, el dinero de los migrantes ayuda a reposicionar al país emisor en el mundo financiero global, subsidia la importación de bienes y servicios para modernizar las industrias nacionales y mantiene el consumo de bienes importados. Entretanto, la demanda de los migrantes desde afuera ayuda a expandir un contraído mercado nacional de bienes y servicios. La mayoría de esta compleja lista de efectos ha estado ausente en la mayor parte de los análisis sobre los efectos económicos de la migración. Algunos analistas han mencionado estos efectos, pero mayoritariamente como una manera de enfatizar la importancia de la emigración en general, más que para ahondar en sus dimensiones empíricas específicas o en sus implicaciones teóricas.
La investigación existente ha producido un rico caudal de conocimiento sobre el tamaño y los efectos de la migración transnacional sobre el desarrollo de las comunidades emisoras. La agenda de investigación, no obstante, ha estado medio llena. Importantes dimensiones han sido olvidadas, algunas por su novedad, otras por la dominancia del enfoque analítico sobre los efectos unidireccionales, en concreto, los flujos norte-sur de recursos monetarios de los migrantes que benefician a las localidades y países de origen. Como este capítulo demuestra, los efectos económicos del vivir transnacional de los migrantes son mucho más variados, multidireccionales y consecuenciales de lo que se ha reconocido hasta ahora.
Esto no significa, por supuesto, que la vieja agenda de investigación deba ser abandonada por completo. Se necesitan más estudios aunque con énfasis nuevos o al menos adicionales. En concreto, la relación entre el capital corporativo, el vivir transnacional de los migrantes y las políticas neoliberales respaldadas en el Estado, debiera ser estudiada a la luz de los procesos señalados. Existe ya una abundante literatura sobre el papel del Estado de origen, especialmente en el otorgamiento de derechos especiales a los migrantes con el fin de promover su integración al proyecto nacional y para asegurar la transferencia continua, el control y usos de las remesas (R. C. Smith, 1998; Guarnizo, 1997; Landolt y otros, 1999).
Se sabe mucho menos sobre la forma en la que las reformas neoliberales oficiales y la reestructuración económica en los países emisores utilizan y están articuladas con (e incluso subsidiadas por) el creciente monto de dinero y recursos de los migrantes. De forma similar, sabemos muy poco sobre cómo el capital corporativo compite por el control del envío y el cambio a moneda local de los recursos que los migrantes transfieren a sus tierras natales, así como por la demanda de bienes y servicios de los migrantes para sostener su vivir transnacional. Analíticamente, lo que es novedoso y merece más atención, es el hecho de que una relación microsocial llevada a cabo por gente que está localizada física y políticamente fuera de los centros de poder y control nacional, se convierte en crítica para el presente y futuro de la estabilidad macroeconómica y el posicionamiento de los países emisores en la economía política global.
El estudio de la articulación entre el vivir transnacional de los migrantes y la movilidad del capital ofrece excitantes nuevas perspectivas analíticas sobre los aspectos económicos de la migración transnacional, en particular aquellos que tratan la relación entre migración y desarrollo. Es evidente la importancia crucial, aunque a menudo menospreciada, que para la reestructuración neoliberal global tiene la firme lealtad a larga distancia de los migrantes con su familia, amigos y comunidad de origen. Por un lado, la transferencia de remesas monetarias por parte de los migrantes, expresión arquetípica de tales vínculos socioculturales, se ha convertido en un floreciente negocio global controlado por grandes corporaciones. Por otro, el uso de los futuros de las remesas como seguro para aumentar la capacidad de endeudamiento de países altamente endeudados no es sólo un indicativo del peso económico global de la movilidad de la mano de obra, sino además una expresión clara de la maleabilidad creativa del capitalismo para acomodarse a las nuevas circunstancias a fin de reproducirse a sí mismo.
Mientras que, en su mayor parte, los migrantes son aún inconscientes de su tremendo poder económico (o al menos incapaces de hacer uso de él), lo que parece claro de estos procesos es que caracterizar a la movilidad de la mano de obra como una mera reacción a la movilidad del capital (atraídos y empujados por todos lados) resulta inadecuado bajo las nuevas condiciones creadas por la globalización capitalista y la migración global. Si queremos entender y criticar los aspectos económicos de la transmigración, entonces tenemos que tomar en cuenta el rol dinámico del capital en "seguir" el movimiento de la mano de obra (antes que en el otro sentido).
A pesar de los efectos macroeconómicos complejos e impredecibles del vivir transnacional, faltaría a la realidad el conferirle un carácter subversivo e independiente visa-vis el Estado y el capital corporativo. Tal y como la evidencia presentada nos recuerda, continuamos viviendo en un mundo capitalista organizado alrededor de un sistema global de naciones-estado. A pesar de los esperanzadores escritos prescriptivos sobre las prácticas transnacionales como supuestamente autónomas y ajenas al Estado, no hay evidencia que indique que los migrantes estén escapando de una lógica centrada en el capitalismo o en la nación-estado.
Las relaciones transnacionales no son ni libres ni necesariamente liberadoras. De hecho, debemos protegernos frente a un optimismo desenfrenado sobre las posibilidades del vivir transnacional. A pesar de su aparente fluidez y capacidad para crear nuevos espacios sociales, se ha de tener en cuenta que como cualquier otro tipo de acción social, las prácticas y relaciones transnacionales están enraizadas en y simultáneamente afectan contextos sociopolíticos y jerarquías espaciales histórica y geográficamente específicos. Estos contextos locales afectan (esto es, pueden limitar, animar, dar poder, inhabilitar) las acciones transnacionales, haciéndolas, en su mayor parte, relaciones translocales (esto es, de localidad a localidad).
La búsqueda de ganancias a través de las fronteras por parte de los migrantes está ligada a relaciones, discursosy prácticas socioculturales, así como a deseos y reclamos de los migrantes por su reconocimiento y estatus social en los lugares de origen y destino. En este sentido, tales prácticas no son impermeables a las desigualdades sociales y económicas inherentes al sistema. Paradójicamente, en vez de escapar al control del Estado y del capital corporativo, el involucramiento en acciones transfronterizas de los migrantes provee de oportunidades para la mayor expansión del capitalismo y para la reproducción de viejas desigualdades. Algunos migrantes, especialmente los que están en mejores condiciones, a menudo lograr aprovechar los espacios intersticios para ganar más poder. La mayoría, sin embargo, han sido incapaces de sobreponerse a las asimetrías de poder. Las asimetrías de clase, género y regionales sobreviven en las prácticas transnacionales desde abajo. Pero quizás más importante, estas asimetrías están siendo transformadas, antes que erradicadas, por el vivir transnacional. Para ponerlo más claro, las relaciones transnacionales desde abajo están alterando la cara del capitalismo. No están eliminando las desigualdades tradicionales y meramente reinscribiéndolas, sino que están cambiándolas, haciéndolas más flexibles y sutiles en algunos casos, y más brutales y constreñidoras en otros. Los sociólogos deberían, por tanto, utilizar sus hallazgos empíricos para considerar los efectos a largo plazo de la práctica transnacional sobre el capitalismo.
Evidentemente, todo depende de si las acciones transnacionales llegan a ser la práctica más común entre los migrantes y si se sostienen en el tiempo. Con todo, incluso si el vivir transnacional y sus concomitantes perecieran tras la primera generación, mientras la emigración sur-norte continúe y la globalización persista, no hay razón para esperar que el vivir transnacional desaparezca. Estos temas deberían atraer un mayor interés sociológico en el carácter y evolución del accionar transnacional de los migrantes a la luz del persistente y poderoso papel del Estado y del capital corporativo en modelar el paisaje de posibilidades globales. La cooptación de las enormes contribuciones de los migrantes por parte de los actores estatales y corporativos apunta hacia la formación de novedosas formas de control social y de extracción de ganancias en la economía global. Mientras que los intereses corporativos compiten por el control de las transferencias monetarias de los migrantes y sus demandas de bienes y servicios, los Estados de origen y destino, así como las agencias multilaterales y las organizaciones no gubernamentales internacionales, intentan también controlar las transferencias monetarias de los migrantes alegando que pretenden maximizar su potencial para el desarrollo. En última instancia, la pregunta es quién se beneficia de los recursos de los migrantes y cómo estos afectan a las reglas del juego. Por ejemplo, mientras el empresarismo transnacional representa, de hecho, un nuevo tipo de empresario, la cuestión es qué estructuras de poder se ven afectadas y se crean por estos nuevos empresarios, y qué clase de impedimentos y potenciales conllevan esta clase de iniciativas económicas. Aunque los varones de primera generación parecen ser los actores dominantes en este campo, no es claro si tal dominación está determinada estructuralmente o si es meramente una coyuntura histórica en el desarrollo del empresarismo transnacional. Queda abierto el interrogante acerca de la duración del empresarismo transnacional más allá de la primera generación y su expansión hasta incluir más mujeres migrantes. Se necesita más información comparativa y longitudinal tanto cuantitativa, como cualitativa para establecer más firmemente las estructuras, determinantes, efectos contextuales y efectos a largo plazo de la empresa transnacional. De modo similar, es importante conocer cuánto dinero envían los migrantes y cómo ese dinero es enviado y usado.
Pero a fin de determinar la dinámica económica de la migración transnacional, es un imperativo aprender más sistemáticamente acerca de la geografía de las remesas (esto es, variaciones ente lugares emisores y receptores) y de la sociología de las remesas (esto es, sociodemografía y relaciones de poder a lo largo de las líneas de clase, género y generación de remitentes y receptores en contextos diferentes). Más investigación comparativa y longitudinal se necesita también entre regiones subnacionales, países y géneros. Esta debería comparar las experiencias de los migrantes contemporáneos de las mismas regiones y países emisores que se van a diferentes países y regiones del norte industrializado. Estas son sólo algunas de las preguntas que la investigación futura puede indagar con provecho.
Agradezco los comentarios, críticas e ideas sugeridas por Hans van Amersfoort, Fred Block, Louis DeSipio, Krystyna von Henneberg, Frank Hirtz, Peggy Levitt, Douglas Massey, Seán ORiain, Michael Peter Smith, David Wilson y muchos otros cuando versiones anteriores de este artículo fueron presentadas en seminarios y en la conferencia sobre migración transnacional, organizada por el Social Science Research Council y el Programa sobre Comunidades Transnacionales del British Social and Economic Research Council, en colaboración entre las Universidades de Oxford y Princeton y celebrada en Princeton el 30 de junio del 2001.
Wimmer y Glick Schiller (2002: 301) entienden el nacionalismo metodológico como el supuesto que la nación/estado/sociedad es la forma social y política natural del mundo moderno. En su análisis histórico muestran cómo el mundo moderno ha sido siempre transnacional, una dimensión a menudo olvidada cuando se estudian los efectos de la movilidad global del trabajo.
Un cuarto tipo de relaciones que conectan a los migrantes con su tierra natal, que ha sido estudiada en menor grado, es la transferencia del conocimiento técnico/científico que los emigrantes han ganado en el extranjero. Este campo parece estar experimentando un retorno, esta vez con una perspectiva transnacional alternativa que ve la emigración de personal altamente cualificado no como una pérdida (fuga de cerebros, brain drain") sino como una ganancia potencial para la sociedad de origen, o ganancia de cerebros - "brain gain" (Charum y Meyer, 1999; Van der Veer, 2000).
R.C. Smith (2001) ha redirigido su análisis para "enfocarse en los procesos vividos a nivel local" de la migración transnacional, lo que él llama "vida transnacional". El concibe la vida transnacional como una de las varias fases a través de las cuales las comunidades migrantes se mueven hasta llegar a la "estabilidad asintótica" (2001: 38-39). Esta concepción coincide con la visión del desarrollo comunitario de Robert Ostergren según la cual las comunidades migrantes alcanzan finalmente un estadio de consolidación, equilibrio y redefinición en el cual "...las comunidades se reconcilian consigo mismas con el peso decadente de las conexiones trans-Atlánticas y se adaptan a los nuevos retos que tienen en casa" (citado en Smith, 2001: 39).
Olwig y Sorensen (2002: 2) han propuesto alejar el análisis de un enfoque estrecho sobre los movimientos internacionales de población “...y las redes de relaciones...” concomitantes, y abogan por una investigación más amplia sobre los modos de vida móviles y los campos fluidos que estos modos de vida implican. Siguiendo a Norman Long (2000) ellas ven la vivencia transnacional como una entre muchas de las estrategias de vida que la gente puede adoptar para hacer frente al cambio local y global.
El extensivo accionar transnacional de los migrantes europeos en los Estados Unidos al comienzo del siglo veinte, por ejemplo, se vio paralizado debido a las transformaciones del sistema político estadounidense engendradas por las dos guerras mundiales y la guerra fría. Tensiones y sospechas políticas y sociales propiciaron "un patrullaje policivo más fuerte que nunca de las fronteras y a una investigación más cuidadosa de los motivos de aquellos que buscaban cruzar las fronteras nacionales" (Wimmer y Glick Schiller 2002: 318). La postguerra fría ha resultado en condiciones estructurales más propicias para la expansión del actuar transnacional entre los migrantes contemporáneos en Europa y Norteamérica. Empero, a partir de los ataques terroristas del 11 de septiembre, 2001 y la subsiguiente ocupación de Afganistán e Irak, nuevas barreras y controles se han empezado a levantar en los países del norte contra el movimiento de personas, según se arguye, como parte de la guerra preventiva contra el terrorismo a nivel mundial.
Peggy Levitt (2001: 54) introdujo el concepto de remesas sociales que ella define como las ideas, comportamientos, identidades y capital social que fluye desde las comunidades en los países de acogida a los emisores. Sin embargo, las remesas sociales no están incluidas en el presente análisis.
En 1990, las remesas oficialmente registradas en Asia representaron cerca del 13% del total de las exportaciones de la India, el 47% de las de Bangladesh, el 40% de las de Pakistán, el 20% de las de Sri Lanka y el 18% de las de Filipinas (Puri y Ritzema, 1999). Una situación similar puede observarse en América Latina y el Caribe. Las remesas llegadas al Salvador excedieron el total de las exportaciones, mientras que son aproximadamente la mitad del valor de las exportaciones de la República Dominicana y Nicaragua (Meyers, 1998). En Colombia en el año 2003 ellas fueron la segunda fuente de dinero después del petróleo, representando tres veces la cantidad traída por el café y el 19,3% del total de exportaciones (Banco de la República 2003). En México, la fuente más grande de migrantes a los Estados Unidos, se ha estimado que las remesas igualan los ingresos de las exportaciones agrícolas.
Representan en torno al 80% de la inversión directa extranjera, el 60% de los ingresos por turismo, el 60% de la producción de las maquilas y el 4,6% del total de las exportaciones del país, además, en el año 2002 ayudaron a reducir el déficit de la balanza de pagos nacional en un 27% (Massey y Parrado, 1994; Lozano, 1999; La Jornada, 2000; García Zamora, 2002). Las remesas de los migrantes han sido también cruciales para las economías de los países del Norte de África y Oriente Próximo. Según el Banco Mundial (2001:28) el fortalecimiento de los flujos de remesas de los trabajadores migrantes fue uno de los factores principales que posibilitaron un avance a este grupo de países en 1999.
Es importante resaltar que la gran mayoría de los estudios existentes están basados en los efectos de la emigración en áreas rurales. No obstante ello, hay una evidencia creciente de que la inversión directa de los migrantes en negocios es significativa y que aparentemente está creciendo en las áreas urbanas.
Aunque muchos analistas mencionan la relación capital-trabajo en términos analíticos, o más frecuentemente, en términos retóricos y anecdóticos, poca atención se ha dado, sin embargo, a las interconexiones prácticas reales que la movilidad del trabajo (migración) tiene con la movilidad del capital (patrones de inversión y desinversión del capital global).
Aunque no es el punto de discusión aquí, es importante reconocer que algunos de los efectos más significativos del vivir transnacional que hemos caracterizado pueden resultar en flujos sur-sur de recursos y cambio. Por ejemplo, la oferta de recursos de los migrantes así como su demanda de bienes y servicios desde el extranjero provocan a menudo la transformación de viejos y la introducción de nuevos sistemas de producción y distribución, y concomitantemente, cambios sociales como transformaciones en los mercados de trabajo locales, en las relaciones de género y en las oportunidades de negocios.
Muchas corporaciones han adoptado novedosas estrategias en sus negocios. Por ejemplo, se ha creado una nueva modalidad en la que los migrantes pagan a las firmas transnacionales en efectivo para que entreguen directamente a sus familiares y parejas en los países de origen bienes duraderos tales como electrodomésticos y equipamientos comerciales. Se argumenta que estos arreglos aseguran a los migrantes que el dinero se utilice en aquello que se pretende y no sea malgastado por sus familiares.
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