Luchas hegem�nicas y cambio pol�tico: el avance de la izquierda suramericana en perspectiva comparada

Jorge Lazo Cividanes

Doctor en Ciencia Pol�tica de la Universidad de Salamanca. Docente de las Universidades de Qu�bec y Ottawa, Canad�. Correo electr�nico: jorgelaz[at]yahoo.com

Este art�culo se ocupa del an�lisis de un fen�meno reciente: el avance de la izquierda en Am�rica del Sur. Adem�s de considerar factores institucionales y estructurales que contribuyen a la comprensi�n de las distintas expresiones de la izquierda en el sur del continente, el an�lisis se centra en los aspectos ideol�gicos y discursivos que otorgan unidad al fen�meno. Partiendo de la hip�tesis de que el avance de la izquierda en la regi�n est� ligado a un proceso de luchas hegem�nicas en sociedades con crisis estructurales, este art�culo ofrece evidencias que iluminan posibles factores causales y explicativos del fen�meno, a partir de los supuestos de la Teor�a del Discurso.

Am�rica del Sur, izquierda, discurso, ideolog�a

Hegemonic struggles and political change: The Advance of the South American Left in Comparative Perspective

The object of this article is to analyse the recent phenomenon of the left�s advance in South America. Besides considering institutional and structural factors which contribute to the comprehension of the left�s diverse expressions in the south of the continent, the analysis revolves around ideological and discursive aspects that give unity to the phenomenon. Starting from the hypothesis that the advance of the left in the region is linked to a process of hegemonic fights in societies with structural crisis, this article offers evidence that enlightens possible causal and explanatory factors of such a phenomenon from the perspective of discursive theory.

South America, left, discourse, ideology

es

96-119

01/07/2007

01/07/2007

Recibido 22/08/2007, Aprobado 25/09/2007

Introducci�n

El panorama pol�tico en Am�rica Latina ha experimentado en a�os recientes cambios profundos e insospechados hace una d�cada. Atr�s ha quedado un per�odo marcado por el predominio de estrategias pol�ticas y econ�micas que muchos pensaban acabar�a con las tradicionales luchas ideol�gicas y conducir�a -seg�n sus cr�ticos- al establecimiento de una suerte de pensamiento �nico. Por aquel entonces, frente al fracaso de sus modelos y el desmoronamiento y descr�dito de sus referentes mundiales, la izquierda en el continente luc�a pol�ticamente inerme y condenada al dilema de elegir entre el ostracismo o la metamorfosis. Esos d�as parecen hoy bastante lejanos: la izquierda ha vuelto de su destierro transformando el escenario de la pol�tica latinoamericana, particularmente, al sur del continente.

En Am�rica del Sur, gobiernos de izquierda han ido apareciendo, en efecto, progresivamente: Venezuela (1998), Chile (1999), Brasil (2002), Ecuador (2002),Argentina (2003),Uruguay (2004), Bolivia (2005), Per� (2006), a lo que habr�a que agregar los triunfos de Michelle Bachelet en Chile (2006) y las posibles reelecciones de Lu�s In�cio �Lula� da Silva en Brasil y Hugo Ch�vez en Venezuela. Este fen�meno ha suscitado un vivo debate entre acad�micos, pol�ticos y periodistas, cuyas valoraciones son frecuentemente antag�nicas y fuentes de nuevas pol�micas. Particularmente vigorosa ha sido la discusi�n en torno a la existencia o no de un �giro� a la izquierda de la pol�tica latinoamericana[1]. A pesar de la vivacidad de la pol�mica, curiosamente, ello no se ha traducido hasta el momento en la aparici�n de investigaciones que aborden el fen�meno de manera sistem�tica y permitan superar visiones fragmentarias. Este trabajo pretende contribuir a llenar ese vac�o. Para ello, analizamos con detenimiento aspectos cognitivos del fen�meno, adem�s de aquellos institucionales y estructurales que podr�an estar modelando las distintas expresiones de una izquierda latinoamericana que -como veremos tiene unidad, pero es heterog�nea.

En el presente, la heterogeneidad de la izquierda suramericana se expresa, por ejemplo, en aspectos institucionales que sugieren la existencia de dos subgrupos dentro del conjunto de los casos aqu� considerados (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y Venezuela). Existen, en tal sentido, dos grandes patrones: por una parte, pa�ses con niveles altos o medios de gobernabilidad, donde el liderazgo y el tipo de coalici�n en el gobierno son de car�cter institucional (izquierda institucional) y, por la otra, pa�ses donde las condiciones son las opuestas (izquierda extrainstitucional). En el primero grupo se encuentran Argentina, Brasil y Chile, y en el segundo, Bolivia, Ecuador y Venezuela. En el caso de la izquierda extrainstitucional, la crisis de gobernabilidad y la aparici�n de formas de liderazgo no institucionales podr�an estar ligadas al colapso del sistema de partidos (Venezuela) o a un debilitamiento acentuado de �ste (Bolivia y Ecuador).Por el contrario, la izquierda institucional se presenta en pa�ses donde, o el sistema de partidos se muestra saludable y las tensiones sociales son comparativamente menores (Chile), o el sistema de partidos es capaz de resistirlas y encauzarlas (Brasil y Argentina)[2].

Desde esta perspectiva, un an�lisis comparativo de la experiencia reciente en Venezuela sugiere que la estabilidad del sistema de partidos, en cuanto a continuidad o rupturas, estar�a relacionada con su capacidad para absorber o canalizar demandas de sectores desplazados social y pol�ticamente en contextos de grandes tensiones sociales. Podr�a afirmarse, por lo tanto,que:1) la incapacidad de los actores pol�ticos tradicionales para representar adecuadamente viejas y nuevas demandas y 2) su eventual aislamiento y deslegitimaci�n, a consecuencia de lo anterior, podr�an estar condicionando -all� donde la izquierda resulta victoriosa- la aparici�n de un tipo u otro de izquierda: institucional o extrainstitucional.

Desde el punto de vista econ�mico, los a�os previos a la llegada de la izquierda al poder revelan desempe�os desiguales, con pa�ses en los que ciertas condiciones econ�micas (crecimiento, inflaci�n, ingreso, niveles de pobreza, etc.) resultaron muy negativas (Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela) y otros en los que el deterioro fue menor (Brasil) o, por el contrario, hubo progresos (Chile). La aplicaci�n de reformas estructurales en la regi�n, por otra parte, no fue menos diversa, con casos como los de Argentina, Bolivia y Chile, donde se aplicaron de manera intensa, y otros como Brasil, Ecuador y Venezuela, de forma m�s bien exigua (Correa 2002: 91). Estas divergencias, en s� mismas, no aclaran ni explican el avance de la izquierda en el continente, pero iluminan la comprensi�n del fen�meno: las condiciones econ�micas seguramente han contribuido a modelar el tipo de izquierda que se presenta en los diversos pa�ses. Visto as�, dir�amos que las condiciones econ�micas negativas podr�an estar incidiendo en el deterioro de las condiciones institucionales, favoreciendo as� la emergencia de una determinada tendencia (moderada o radical) del fen�meno; tendencias que, como veremos posteriormente, se manifiestan a trav�s de elementos ideol�gicos en los discursos.

Y es justamente en el plano del discurso donde la izquierda suramericana encuentra los ejes que la articulan y le dan unidad. Los aspectos institucionales y estructurales que contribuyen a comprenderla no son suficientes para dar cuenta de un fen�meno complejo, cuyos �ngulos cognitivos son claves para explicarlo. En tal sentido, partimos de la hip�tesis de que el avance de la izquierda en la regi�n est� ligado a un proceso de luchas hegem�nicas en sociedades con crisis estructurales. Para demostrar su plausibilidad, comparamos una muestra de discursos de un conjunto de presidentes que han encarnado el avance de esta corriente pol�tica en Am�rica del Sur, con el objeto de que ello nos permita: 1) ubicar y comparar los elementos fundamentales que los componen desde el punto de vista ideol�gico[3] y 2) dilucidar posibles claves causales y explicativas del fen�meno, a partir de los supuestos de la Teor�a del Discurso[4].

El trabajo est� dividido en cinco partes. A la introducci�n -en la que ya esbozamos rasgos institucionales y estructurales que caracterizan y diferencian los casos considerados- le sigue un apartado en el cual describimos la relaci�n que existe entre el lenguaje, el discurso y la hegemon�a. Posteriormente, presentamos el protocolo y los resultados del an�lisis de los discursos seleccionados mediante tablas que describen los planos ideol�gicos de los mismos. Seguidamente consideramos de modo comparativo estos resultados desde la perspectiva de la Teor�a del Discurso, antes de finalizar con las conclusiones del trabajo.

Lenguaje, discurso y hegemon�a: algunas premisas

Como sabemos, el lenguaje se encuentra en el origen de las relaciones sociales y, desde luego, pol�ticas. La pol�tica es, en buena medida, acci�n simb�lica (Le Bart 1998: 117). Formalmente, el lenguaje es un sistema de posibles declaraciones, un conjunto finito de reglas, que autoriza un n�mero infinito de performances (Foucault 1998:306).Es, adem�s, una necesaria precondici�n para el pensamiento, y no s�lo nombra el mundo, tambi�n le da sentido y lo ordena[5] (Burr 1995: 7; Lecourt 1999: 413).Desde el punto de vista de la conciencia social, los l�mites del lenguaje son los l�mites del mundo (Wittgenstein 1971: 149). El lenguaje es, por otra parte, indeterminado, y tal indeterminaci�n tiene importancia pol�tica: la lucha pol�tica involucra la contestaci�n de significados fijados por proyectos pol�ticos previos y su rearticulaci�n en nuevas cadenas de significados (Nash 2000: 29). El lenguaje es, de ese modo, un espacio de variabilidad, desacuerdos y conflictos potenciales, por lo que involucra relaciones de poder.

El lenguaje transforma el mundo e incorpora las cosas de �ste a trav�s de la significaci�n (Taylor 1995: 107). Sin embargo, los significados son hist�ricos, por lo cual, el �nico modo de tener acceso al significado de una declaraci�n es situ�ndola en su contexto de mundo. Una palabra, expresi�n o proposici�n no tiene, en consecuencia, significado en s� misma, lo adquiere por la formaci�n discursiva en la que es producida y cambia de significado de acuerdo a la posici�n sostenida por aquellos que la usan (P�cheux 1982: 111). El discurso opera, entonces, como una construcci�n social y pol�tica que establece un sistema de relaciones entre diferentes objetos y pr�cticas y provee posiciones con las cuales los agentes sociales se identifican (Howarth y Stavrakakis 2000: 3).

En tanto pr�ctica articulatoria, todo discurso es construido como un intento de edificar un �centro�, de saturar un determinado espacio social y cognitivo[6].Los puntos privilegiados del discurso son llamados �puntos nodales�, los cuales son significantes privilegiados en el discurso que atan o juntan un sistema particular de significados o cadena de significantes (Laclau y Mouffe 2001:112).Tomemos un ejemplo cl�sico: un n�mero preexistente y disponible de significantes (democracia, Estado, libertad, etc.) adquiere un nuevo significado, al ser articulados alrededor del significante �comunismo� (el punto nodal). Gracias a su intervenci�n, tales elementos son transformados en �momentos� del discurso comunista; es decir, su significado es parcialmente fijado por el punto nodal. La democracia adquiere, por ello, el significado de �democracia real�, opuesta a la �democracia burguesa�[7] (Howarth y Stavrakakis 2000: 8).

Este proceso articulatorio es el mismo que, mediante la constituci�n de equivalencias y diferencias, construye identidades sociales y sienta las bases para la conformaci�n de visiones de mundo (tan precarias e inestables como las propias identidades). Desde esta perspectiva, un proyecto pol�tico, cuando deviene hegem�nico, opera como un imaginario social, que configura un horizonte de inteligibilidad en el que s�lo se reconocen la coherencia y legitimidad de ciertas demandas y posiciones autorizadas para los sujetos[8]. Desconociendo su historicidad y contingencia (lo propio de la ideolog�a) y siguiendo la l�gica que impone tal horizonte, el discurso que lo encarna se presenta como la �nica manera posible de pensar lo pol�tico.

El proceso de construcci�n hegem�nica es complejo[9]. En principio, hay que entender una paradoja: la hegemon�a tiene que ver con objetos (de representaci�n) que dentro del �mbito social son al mismo tiempo imposibles y necesarios[10]. La articulaci�n hegem�nica s�lo es posible cuando sobre tales objetos opera la dicotom�a particularidad-universalidad. En virtud de que lo universal no es representable directamente (no hay un concepto que corresponda al objeto), cualquier tentativa de representaci�n constituye inevitablemente una distorsi�n. La pretensi�n de que una particularidad se transforme en representaci�n o tome el lugar de lo universal est�, justamente, en el centro de las relaciones hegem�nicas (Laclau 2000: 56).

Lo que determina en distintas circunstancias que un significante y no otro ocupe la funci�n significativa pertenece justamente al campo de la pol�tica. En el paso de lo particular a lo universal, la relaci�n hegem�nica requiere la producci�n de �significantes vac�os�. En ese sentido, las operaciones hegem�nicas podr�amos comprenderlas como la representaci�n de la particularidad de un grupo que se convierte, mediante la producci�n de un significante vac�o, en la encarnaci�n de la necesidad ausente, del objeto imposible (Laclau 1996: 44). El que cada uno de estos elementos se integre en un proceso articulatorio hegem�nico es posible, dado el car�cter incompleto y abierto de lo social (Laclau y Mouffe 2001:93).Sin embargo, no toda articulaci�n supone una pr�ctica hegem�nica; son necesarias dos condiciones: la presencia de fuerzas antag�nicas y la inestabilidad de las fronteras que las separan.

En consecuencia:1) la articulaci�n de un discurso pol�tico s�lo puede tomar lugar alrededor de un significante vac�o que funcione como un punto nodal, 2) dada la apertura de lo social y la infinitud del campo discursivo, las pr�cticas de articulaci�n consisten precisamente en la construcci�n de puntos nodales, 3) todo lo cual nos lleva a que el objetivo de un proyecto hegem�nico es construir y establecer puntos nodales (Howarth y Stavrakakis 2000: 15). El discurso neoliberal es un buen ejemplo, en la medida que redefini� los t�rminos del debate pol�tico y conform� una nueva agenda caracterizada por sus ataques al centralismo y burocratismo del Estado, la celebraci�n de la iniciativa individual y las virtudes del mercado como mecanismo de regulaci�n. La predominancia de estos �momentos�del discurso neoliberal oblig� a las fuerzas opositoras a reconsiderar sus concepciones sobre la relaci�n entre el Estado, la econom�a y la sociedad (Torfing 1999:102).

Las pr�cticas hegem�nicas son, en consecuencia, una forma de actividad pol�tica que envuelve la articulaci�n de diferentes identidades y subjetividades en un proyecto com�n, y la formaci�n hegem�nica es, por su parte, el resultado u outcome del proyecto. Esta formaci�n hegem�nica lo es hasta que se presenta una situaci�n de dislocaci�n que provee las condiciones para la construcci�n de relaciones antag�nicas entre los agentes. Es decir, la dislocaci�n quiebra identidades y discursos, hace visible la contingencia de la estructura discursiva y crea un vac�o de significado que estimula nuevas construcciones discursivas, las cuales intentan saturar (fijar) las estructuras dislocadas (Howarth y Stavrakakis 2000:13).La crisis de un discurso pol�tico dominante constituye, por ello, la progresiva desarticulaci�n de sus elementos constitutivos (Laclau 1970: 188). La dislocaci�n ser�a, entonces, una situaci�n en la que los elementos en la estructura social no est�n representados adecuadamente, y ello produce una crisis en la formaci�n hegem�nica presente.

La articulaci�n hegem�nica supone, por otra parte, antagonismo, que tiene que ver con los procesos de identificaci�n. Y un antagonismo sobreviene cuando la presencia de un �otro� me previene de ser totalmente �yo�, cuando mi identidad fallida se articula[11].Esta articulaci�n se realiza en el discurso mediante un proceso de construcci�n de diferencias y equivalencias entre los agentes sociales, como ocurre en una lucha hegem�nica con el paso de lo particular a lo universal: si la l�gica de la equivalencia expande un sistema de diferencias e instituye una frontera pol�tica entre dos campos opuestos, la l�gica de la diferencia consiste, al contrario, en la expansi�n de un sistema de diferencias mediante la disoluci�n de cadenas de equivalencias existentes (Howarth y Stavrakakis 2000: 11). Mientras la l�gica de la equivalencia permite dividir el espacio social condensando significados alrededor de dos polos antag�nicos, la l�gica de la diferencia debilita y dispersa una polaridad de antagonismos[12].

El discurso de la izquierda suramericana y sus claves ideol�gicas

Para llevar a cabo nuestro an�lisis, desde el punto de vista metodol�gico hemos seguido el siguiente protocolo. De acuerdo al procedimiento de an�lisis cualitativo propuesto por Robert y Bouillaguet (1997), llevamos a cabo un an�lisis de contenido del discurso pol�tico de seis presidentes de izquierda en Am�rica del Sur. Siguiendo a Miles y Huberman (2003: 58-61), hemos seleccionado como muestra cinco discursos de cada uno de los seis presidentes, bajo el criterio de �intensidad�: los casos expresan el fen�meno con intensidad pero sin car�cter extremo. Los cinco discursos, en cada caso, est�n integrados por una alocuci�n o entrevista durante la campa�a electoral, el discurso de toma de posesi�n, el discurso tradicional ante la Asamblea de Naciones Unidas y dos alocuciones posteriores a las elecciones. No teniendo esta muestra una representatividad de tipo estad�stico, sin embargo, expresa ampliamente el fen�meno, como hemos corroborado a trav�s de la lectura posterior de una decena de discursos de estos mismos l�deres y diversas declaraciones en medios de comunicaci�n. Los detalles de cada uno de los cinco discursos seleccionados se encuentran se�alados en las referencias al final del trabajo (fuentes documentales). Igualmente, en el an�lisis utilizamos tres categor�as (representaciones, actitudes y acciones[13]), y la unidad de registro utilizada para la disecci�n del texto fue la frase[14]. Una vez concluida la aplicaci�n de la t�cnica a la muestra seleccionada, los resultados son los siguientes[15]:

Tabla 1. Hugo Ch�vez

 

ESTRUCTURA IDEOL�GICA

 

Representaciones

Actitudes

Acciones

Hubo una primera independencia y hay una segunda (social) posible y necesaria

Despu�s de la Independencia, el pueblo fue traicionado por la oligarqu�a

Son los pueblos, los colectivos, los que hacen la historia

Los pueblos son la expresi�n y la voz de Dios

Los poderes p�blicos no son soberanos,el �nico soberano es el pueblo

La revoluci�n es la resurrecci�n moral y social del pueblo

Es necesaria una revoluci�n social, econ�mica, pol�tica y �tica

La democracia burguesa-liberal fracas�

Es necesaria una democracia participativa en la que el pueblo sea protagonista

El mundo necesita una nueva arquitectura

Las insurrecciones y el terrorismo son producto de las injusticias sociales

Las FF. AA. deben participar en funciones productivas para contribuir al desarrollo

La pobreza es la mayor de las plagas

El neoliberalismo salvaje no tiene sensibilidad por la gente y es el camino al infierno

Los paquetes estructurales del FMI han sido veneno para los pueblos y son causantes de las convulsiones sociales

La aplicaci�n del neoliberalismo arroj� a los pueblos de Am�rica Latina a la pobreza

Tanto el capitalismo occidental como el comunismo fracasaron

Es urgente un proceso de acumulaci�n de capital nacional

Los subsidios a la agricultura en el Primer Mundo son inmorales

La deuda externa es para muchos pueblos impagable

Positiva/ aceptaci�n:

Pueblo,

Ind�genas,

Militares patriotas,

Cuba,

Pobres, campesinos y peque�os productores,

Empresarios honestos,

Pa�ses de la OPEP

Negativa/ rechazo:

Agentes del imperialismo,

Gobierno de EE. UU.,

C�pulas pol�ticas,

Oligarqu�a,

Medios de comunicaci�n,

Neoliberales,

Agentes del �capitalismo salvaje�,

FMI,

Banqueros,

Empresarios inescrupulosos

Refundar la patria y relegitimar la democracia

Impulsar una revoluci�n y un cambio de modelo pol�tico

Luchar por una democracia verdadera

(social, participativa, protag�nica)

Crear un sistema DE Justicia social

Luchar por la dignidad de todas las personas

Recuperar la identidad y la soberan�a

Construir un modelo equitativo de relaciones internacionales

Crear una Confederaci�n de Estados Suramericanos

Transformar el actual modelo econ�mico por uno humanista

Diversificar la econom�a e impulsar el aparato productivo

Refinanciar la deuda externa

Crear un Fondo Humanitario Internacional

Recuperar el precio del petr�leo

Transformar los ingresos del Estado en educaci�n y salud

Reactivar la agricultura

 

Tabla 2. N�stor Kirchner

ESTRUCTURA IDEOL�GICA

Representaciones

Actitudes

Acciones

La gobernabilidad democr�tica est� vinculada con la viabilidad econ�mica y la inclusi�n social

La seguridad hemisf�rica requiere la adopci�n de pol�ticas de inclusi�n y desarrollo

La multilateralidad pol�tica y la integraci�n econ�mica son las bases de un mundo m�s seguro

El terrorismo se alimenta del hambre, de la exclusi�n y la ignorancia

La educaci�n es el factor que promueve m�s la cohesi�n, la inclusi�n y el desarrollo

La gobernabilidad depende de dar seguridad jur�dica a todos

Las FF. AA. deben contribuir al desarrollo y bienestar de la poblaci�n

La calidad de la democracia depende dela lucha contra la corrupci�n

La democracia debe ser efectiva

El mercado organiza econ�micamente pero no articula socialmente

La globalizaci�n crea oportunidades y riesgos sin precedentes

El mundo necesita un nuevo paradigma de desarrollo (inclusivo y equitativo)

No existe desarrollo sustentable con desigualdad

Los modelos basados en el ajuste permanente y la concentraci�n del ingreso generan exclusi�n social

La apertura indiscriminada y la desaparici�n del Estado consolidaron un modelo de exclusi�n y quiebre de la econom�a

El �xito o fracaso de las pol�ticas econ�micas se debe medir en crecimiento, equidad y niveles de pobreza

Igualdad de oportunidades se logra con inclusi�n econ�mica, a trav�s de educaci�n y salud

La integraci�n debe basarse en la complementaci�n comercial mutua

Nadie puede honrar sus deudas si no puede crecer y vender sus productos

� Positiva/ aceptaci�n:

Pueblo,

ONU,

Madres de la Plaza de

Mayo,

Patriotas fundadores,

Inmigrantes

Postergados,

Trabajadores,

Clase media,

Empresarios nacionales,

Mercosur

� Negativa/ rechazo:

M�nem,

De la R�a

FMI,

Acreedores privados,

Sectores financieros,

Mart�nez de la Hoz,

Evasores de impuestos

Reconstruir la Patria

Refundar una nueva y gloriosa naci�n

Recuperar los valores de la solidaridad y la justicia social

Construir una Am�rica Latina pr�spera, democr�tica y justa

Condenar el terrorismo

Defender los derechos humanos

Transformar los discursos en realidades

Reafirmar la multilateralidad

Hacer que el Estado igual� donde el mercado abandona y excluye

Construir un modelo de igualdad, justicia y dignidad

Distribuir mejor la riqueza

Lograr un crecimiento sustentable y equitativo

Fomentar un comercio m�s justo

Fortalecer el consume interno

Favorecer una apertura sim�trica hacia los mercados

Reestructurar la deuda soberana

Lograr que la globalizaci�n opere para todos

Reclamar corresponsabilidad de acreedores en el tema de la deuda externa

Reconstruir un capitalismo nacional que estimule la movilidad social

Cuidar los equilibrios

Diversificar las exportaciones

Tabla 3. Ricardo Lagos

ESTRUCTURA IDEOL�GICA

Representaciones

Actitudes

Acciones

El autoritarismo impide la plenitud de la soberan�a

La ciudadan�a es la expresi�n concreta de la soberan�a y la base del cambio

La democracia se fortalece al introducir mayores niveles de justicia e igualdad social

El gobierno tiene la misi�n de estimular y encauzar las energ�as del pa�s, no de bloquearlas

La cohesi�n social y la institucionalidad democr�tica requieren un Estado de calidad y un sector privado abierto al cambio

Para crear un mundo m�s seguro se requiere m�s y mejor globalizaci�n, no m�s autarqu�a ni autoritarismo

Los conservadores de hoy se llaman neoliberales

La verdadera seguridad s�lo se puede alcanzar con la cooperaci�n entre los pueblos y Estados

La salud es un derecho

La diversidad enriquece a las naciones

El �xito de la globalizaci�n depende de que la gobernemos mejor

En el �mbito p�blico, los ciudadanos son todos iguales, en el mercado no

El mercado por s� s�lo no llega a los sectores m�s pobres, se necesitan pol�ticas p�blicas

El neoliberalismo es una ideolog�a degradante que consolida la inequidad y la exclusi�n

El neoliberalismo es una ideolog�a conservadora que considera que la principal libertad es la de comprar

A la gente le corresponde una participaci�n en los frutos de la estabilizaci�n

El crecimiento con equidad es un tema econ�mico, pol�tico, social, cultural y �tico

La discriminaci�n y la intolerancia son parte del problema de la pobreza

Los flujos financieros incontrolados hacen vulnerables a los ciudadanos

No podemos competir en el mundo si no tenemos un grado m�nimo de cohesi�n social

� Positiva/ aceptaci�n:

Ciudadanos,

J�venes,

ONU,

Corte Penal Internacional

Postergados,

Trabajadores,

Empresarios,

Mercosur,

Comunidad Europea,

EE. UU.,

ALCA,

OMC

� Negativa/ rechazo:

La derecha,

Neoliberales,

Terroristas

Unir el pa�s en torno al futuro y perder el miedo a la libertad

Luchar por un nuevo mundo m�s solidario

Fortalecer la confianza mutua y cooperaci�n en el �mbito de la defensa

Preservar los derechos humanos

Defender a los grupos o sectores que nunca han tenido el derecho de ser diferentes

Potenciar la responsabilidad individual y colectiva

Propiciar que la democracia acabe con la injusticia social

Crecer con equidad

Buscar equilibrios sociales

Luchar contra la injusticia social, el clasismo y la exclusi�n

Crear oportunidades de trabajo y acceso a la educaci�n para todos

Superar la discriminaci�n, la intolerancia y el racismo

Cuidar los equilibrios macroecon�micos

Conciliar la internacionalizaci�n de las econom�as con la protecci�n social y la flexibilidad de los mercados

Desarrollar las habilidades competitivas de las empresas

Abrir el proceso de integraci�n de Am�rica del Sur

Tabla 4. Lucio Guti�rrez

ESTRUCTURA IDEOL�GICA

Representaciones

Actitudes

Acciones

El Estado ecuatoriano debe ser expresi�n de una poblaci�n plurinacional y multi�tnica

La clase protegida por el Estado debe ser el pueblo

Los recursos del Estado pertenecen al pueblo y deben garantizar educaci�n, salud y dignidad

Si no pagamos la deuda social no podemos hablar de verdadera democracia

Un buen Congreso es aquel que legisla contra la injusticia, el hambre y la pobreza

Cuando el pueblo es el protagonista de su destino consigue lo que se propone

Sin el consentimiento de los gobernados no hay democracia

Las FF. AA. tienen como misi�n principal defender al pueblo

Mientras no logremos derrotar la corrupci�n, jam�s saldremos adelante

El narcotr�fico es un problema social y econ�mico, no militar

El Plan Colombia persigue un fin geopol�tico: neutralizar la protesta en el continente

Cuba es un ejemplo de resistencia para el mundo

Sin una sociedad internacional justa y equitativa no habr� paz

En una aut�ntica democracia, la econom�a est� al servicio del pueblo, no al rev�s

La pobreza es la peor violaci�n de los derechos humanos

Los enemigos de Ecuador son el neoliberalismo y el neocolonialismo

La deuda externa es end�mica y acaba con la esperanza de un futuro mejor

En el tema de la deuda hay corresponsabilidad de deudores y prestamistas

La inflaci�n sin control es el impuesto m�s perverso y despiadado

La reducci�n de la pobreza requiere una econom�a sana y estable

Los mayores recursos del Estado deben destinarse a reducir el abismo entre ricos y pobres

La globalizaci�n no puede ser contrarrestada con fijaciones de la Guerra Fr�a maquilladas de nacionalismo

En el mundo global la autarqu�a conduce ala disoluci�n

� Positiva/ aceptaci�n:

Pueblo,

Militares patriotas,

Campesinos,

Ind�genas,

Iglesia cat�lica,

Cuba,

Ch�vez,

Intelectuales,

Comunidad Andina,

Mercosur,

Empresarios honestos,

Inversionistas extranjeros,

Empresas estatales, Medios de comunicaci�n imparciales

� Negativa/ rechazo:

Oligarqu�a,

Derecha,

Pol�ticos corruptos,

Narcotraficantes

Banqueros corruptos

Conseguir la segunda y definitiva liberaci�n

Refundar el pa�s y recuperar la soberan�a

Construir una democracia participativa

Salvar a Ecuador de la depredaci�n de los pol�ticos de siempre

Combatir la corrupci�n y la impunidad

Promover relaciones internacionales basadas en la interculturalidad

Promover la coexistencia pac�fica y los derechos humanos

Rechazar el Plan Colombia

Estimular una integra-ci�n latinoamericana m�s all� de lo econ�mico

Combatir la injusticia social

Pagar la deuda social

No aplicar �paquetazos�

Luchar contra la corrupci�n y repatriar dineros mal habidos

Promover programas dedesarrollo sustentable

Promover la Seguridad alimentaria

Apoyar la competitividad y la inversi�n privada

Desarrollar una cultura exportadora

Lograr una incorporaci�n soberana a la comunidad mundial

Buscar una soluci�n para �la deuda externa

Enfrentar el desaf�o del

ALCA

Tabla 5. Lu�s In�cio Lula da Silva

ESTRUCTURA IDEOL�GICA

Representaciones

Actitudes

Acciones

La paz, la seguridad, el desarrollo y la justicia social son indivisibles

El camino a la paz es la lucha contra el hambre y la extrema pobreza

Lo m�s sagrado es la dignidad humana

El hambre es un desaf�o y una emergencia mundial

Con voluntad pol�tica es posible erradicar el hambre en el mundo

La eficiencia en el manejo de los recursos p�blicos es una forma de ser honesto

La democratizaci�n de las relaciones internacionales es tan importante para el mundo como la consolidaci�n de las democracias

La democracia debe tambi�n ser social y econ�mica

La herramienta m�s poderosa para el cambio es el di�logo

El crecimiento debe estar en funci�n de la creaci�n de empleos y la distribuci�n de ingresos

El neoliberalismo es un modelo agotado que no gener� crecimiento, sino estancamiento, desempleo y hambre

La cultura del individualismo conduce a la desintegraci�n

Los acuerdos comerciales no son un fin en s� mismo, sino un medio para impulsar el desarrollo y luchar contra la pobreza

Los acuerdos internacionales no deben apuntar s�lo a la creaci�n de riqueza, sino tambi�n a su distribuci�n

Negociaciones pragm�ticas son cruciales para lograr las metas del libre mercado

La liberalizaci�n no debe requerir el abandono de pol�ticas industriales, sociales y medioambientales soberanas

El proteccionismo de los pa�ses ricos penaliza a los productores de los pa�ses en desarrollo

� Positiva/ aceptaci�n:

Trabajadores,

Clases populares,

Clases medias,

Movimientos sociales,

ONU,

Comunidad negra,

Campesinos,

Sindicatos,

Ind�genas

Pueblo,

Excluidos,

Trabajadores,

Inversionistas,

Empresarios,

Mercosur,

Uni�n Europea

� Negativa/ rechazo:

Oligarqu�a

Neoliberales,

Proteccionistas del Primer

Mundo

Defender la dignidad humana

Hacer la guerra a la extrema pobreza

Pagar la deuda social

Transformar a Brasil en una naci�n digna y soberana

Construir una Am�rica del Sur democr�tica, pr�spera y unida, con base en la justicia social

Edificar un orden internacional m�s democr�tico que favorezca el multilateralismo

Crear un fondo global para el combate al hambre

Desarrollar programas de seguridad alimentaria

Cambiar la cultura del individualismo y la indiferencia

Incrementar el cooperativismo y la econom�a solidaria

Crear condiciones macroecon�micas para un crecimiento sustentable

Impulsar una alianza entre capital productivo y trabajo

Incentivar la exportaci�n con valor agregado

Atraer inversion extranjera

Realizar una reforma agraria pac�fica que garantice tierras a los que quieran trabajarla

Luchar por un comercio m�s justo

Favorecer la sustituci�n competitiva de importaciones

Tabla 6. Evo Morales

ESTRUCTURA IDEOL�GICA

Representaciones

Actitudes

Acciones

Antes de la llegada del hombre blanco, las naciones ind�genas ten�an un modelo social sin pobreza, ni hambre, ni racismo

Los que fundaron Bolivia fueron oligarcas, por lo que se impone una refundaci�n con la participaci�n de los pueblos excluidos

Los territorios ind�genas han sido usurpados

La oligarqu�a blanca ha impedido el desarrollo de la lengua, la religi�n y la cultura de los ind�genas

En la ra�z del racismo contempor�neo est� el colonialismo hist�rico

El colonialismo contempor�neo se llama globalizaci�n

Las convulsiones sociales en Bolivia son producto del racismo y el hambre

La lucha de los pueblos ind�genas por su autodeterminaci�n debe acompa�ar la de los explotados contra el capitalismo

Terroristas son quienes aplican el modelo econ�mico del hambre y la miseria

La seguridad jur�dica depende de la seguridad social

La cultura del narcotr�fico es importada

En un Estado socialista deben primar la igualdad y la redistribuci�n de la riqueza

El capitalismo es un sistema inhumano y salvaje al servicio de la marginaci�n

El neoliberalismo es el principal causante de los conflictos sociales

El libre mercado y la competitividad est�n destrozando el planeta

La pobreza en Am�rica Latina tiene su ori-gen en las normas de la econom�a mundial impuestas a nuestras naciones

Las pol�ticas impuestas por EE. UU. generan mayor pobreza y corrupci�n

El problema de Latinoam�rica no es la ausencia de recursos, sino la distribuci�n de la riqueza

Los recursos naturales pertenecen a los pueblos

Las minor�as se enriquecen a costa de las riquezas naturales de las naciones perif�ricas

El ALCA es la profundizaci�n del neocolonialismo en favor de las transnacionales

La deuda externa en los t�rminos vigenteses impagable e inmoral

� Positiva/ aceptaci�n:

Ind�genas,

T�pac Katari,

T�pac Amaru,

Sindicatos,

Madres de la Plaza de

Mayo,

Fidel Castro,

Hugo Ch�vez,

Intelectuales,

Lula,

Che Guevara,

Subcomandante Marcos,

Humildes,

Pobres,

Cocaleros,

� Negativa/ rechazo:

�lite blanca,

Mestizos,

Oligarqu�a,

Terratenientes,

Clase pol�tica,

EE. UU.,

George Bush,

Medios de comunicaci�n,

Sectas religiosas,

FMI,

BM,

Empresas transnacionales

ALCA,

Banqueros

Librarnos del colonialismo hist�rico y contempor�neo

Fortalecer el pensamiento antiimperialista

Reivindicar la historia delos pueblos ind�genas

Recuperar los territorios

Refundar los pa�ses latinoamericanos mediante asambleas constituyentes populares

Construir naciones soberanas libres de racismo, opresi�n y marginaci�n

Defender la democracia

Acabar con el narcotr�fico

Acabar con la desigualdad y la injusticia

Devolver los recursosnaturales a los pueblos de Am�rica Latina

Impedir las privatiza-ciones

Volver a vivir en el marco de la reciprocidad, la solidaridad y la complementariedad

Construir el socialismo respetando a los empresarios honestos y la propiedad privada

Industrializar la explotaci�n de los recursos naturales

Fortalecer las cooperativas y las peque�as empresas

El avance de la izquierda en Am�rica del Sur: �la expresi�n de una nueva hegemon�a?

M�s all� de la �epidermis� en la cual cada uno de los discursos expresa particularidades de la din�mica interna de cada pa�s o del proyecto espec�fico de cada candidato-presidente, el an�lisis detallado de los resultados expuestos en las tablas revela patrones comunes. Si miramos integralmente las tres categor�as que componen la estructura ideol�gica, podr�amos subrayar que las acciones propuestas son c�nsonas con las representaciones y las actitudes describen la divisi�n del campo pol�tico que la izquierda pretende establecer. Hay, por otra parte, una convergencia de todos los discursos hacia los temas de la injusticia social, la pobreza, la crisis del modelo de desarrollo (neoliberalismo), la importancia del Estado como actor econ�mico y los desaf�os que para los pa�ses del �rea significan la globalizaci�n, la deuda externa y la inserci�n en los mercados internacionales.

La izquierda pretende, asimismo, ser asociada al cambio, ya sea mediante met�foras nacionalistas, la adopci�n de pol�ticas p�blicas diferentes o la superaci�n del pasado. La izquierda converge en torno a una serie de cr�ticas alrededor del modelo de desarrollo ligado a la econom�a de mercado y de las presuntas secuelas que, sobre el conjunto de la sociedad, dej� su aplicaci�n, tanto en el �mbito social como en el econ�mico y pol�tico. La cr�tica al mercado es un�nime, aunque con matices. Desde un rechazo total de Morales al mercado y la competitividad, por ser el origen de los males mundiales, hasta un moderado Lagos acusando sus iniquidades (y reivindicando, en consecuencia, el �mbito de lo p�blico); la visi�n de conjunto ser�a que el mercado excluye y afecta la cohesi�n social. El comercio y el desarrollo no pueden perseguirse, entonces, a costa de la desigualdad y la pobreza, frente a la cual hay que actuar con pol�ticas p�blicas. La pobreza constituye, para el conjunto de nuestros casos, un derecho humano violado, una acto discriminatorio, ante el cual el discurso de la izquierda promete el rescate de la dignidad.

Pero el mercado es un componente del verdadero factor nocivo, el modelo econ�mico anterior. El neoliberalismo es, desde la perspectiva de todos los discursos, el verdadero causante de la situaci�n de pobreza y exclusi�n de grandes sectores sociales. Es, por otra parte, una ideolog�a asociada al �neocolonialismo�, a convulsiones sociales, por la aplicaci�n de los �paquetes� del FMI (Guti�rrez, Ch�vez y Morales); al individualismo y la falta de solidaridad, que atentan contra la justicia social (Lula, Lagos, Kirchner, Ch�vez). La crisis que atraviesa la regi�n es, en tal sentido, la consecuencia de los a�os de su aplicaci�n y requiere, para superarla, la implementaci�n de un cambio de paradigma: unas veces, un modelo econ�mico nacional e inclusivo (Kirchner); otras, un desarrollo nacionalista con base en una econom�a solidaria (Lula), en ocasiones un socialismo con reminiscencias indigenistas (Morales), o una tercera v�a que supere los fracasos del capitalismo y el comunismo, la cual es llamada �econom�a humanista� (Ch�vez).

En su discurso, la izquierda suramericana reformula los objetivos que deben ser perseguidos por las pol�ticas p�blicas en el �mbito de la econom�a. El m�s importante de todos, desde luego, es alcanzar un crecimiento sustentable y equitativo. Sobre esa base debe medirse el �xito de tales pol�ticas. Para lograrlo, se requiere diversificar las exportaciones (Kirchner, Guti�rrez y Lula), fortalecer la acumulaci�n de capital nacional (Ch�vez), fortalecer el consumo interno (Kirchner), pero siempre cuidando los equilibrios (todos, excepto Morales). Tales transformaciones requieren, obviamente, de un cambio de rol del Estado. Si en los a�os del liberalismo el mercado correg�a las ineficiencias del Estado, ahora se trata de lo contrario: el Estado corrige los trastornos que produce el mercado, mediante la (re)distribuci�n de la riqueza (todos) y la provisi�n de educaci�n y salud (Ch�vez, Lagos, Guti�rrez, Lula y Kirchner). La buena ejecuci�n del rol del Estado aumenta la inclusi�n y mejora la cohesi�n social.

Pero en el discurso de la izquierda suramericana, los cambios en el modelo econ�mico representan s�lo una parte de las transformaciones necesarias. La crisis es econ�mica, pero tambi�n pol�tica. Los desequilibrios sociales afectan la democracia y la gobernabilidad: las instituciones necesitan que haya cohesi�n social (Lagos), los �rganos del poder p�blico deben luchar contra la pobreza y las injusticias (Guti�rrez), con exclusi�n no es viable la democracia (Kirchner), la corrupci�n afecta su calidad (Ch�vez, Kirchner, Guti�rrez). La justicia social es necesaria para la salud de la democracia y se debe, para ello, atender la deuda social. En el mejor inter�s de satisfacer estos fines, la democracia, por otra parte, debe ser �participativa� (Guti�rrez) o �efectiva� (Kirchner), o �protag�nica� (Ch�vez), o �social� y �econ�mica� (Lula). No necesariamente la burguesa-liberal que nos ha servido de modelo durante d�cadas (Ch�vez, Guti�rrez). El verdadero soberano es el pueblo (Ch�vez, Lagos, Guti�rrez, Morales) y hay que rescatar la identidad y la soberan�a (Lula, Ch�vez, Guti�rrez, Morales).

El discurso, como hemos dicho, divide el campo de la pol�tica, y con base en las actitudes descritas en las distintas tablas, podemos conformar el mapa de actores con el que la izquierda opera en Am�rica del Sur. La categor�a sobre la cual todos los discursos convergen en t�rminos reivindicativos es la de desfavorecidos. Ello ocurre acompa�ado de una revalorizaci�n de sectores de la sociedad, como campesinos, ind�genas, comunidad negra, movimientos sociales y peque�os productores. Cuando se trata, por el contrario, de sectores ligados al capital, la situaci�n es ambiguahay quienes valoran positivamente a inversionistas y empresarios (Lagos, Lula); otros que distinguen entre empresarios honestos e inescrupulosos (Guti�rrez, Ch�vez, Morales), y aquellos que, cuando se trata de empresarios, prefieren que sean nacionales (Kirchner). Los banqueros, en general, no son muy populares (Ch�vez, Kirchner, Guti�rrez, Morales) y los tenedores de deuda, ya sabemos, son villanos en el sur (Kirchner).

Ahora bien, tanto o m�s importante es la divisi�n en t�rminos de lo que podr�amos llamar metaf�ricamente la dicotom�a �aliados�-�enemigos�. Aqu� encontramos, nuevamente, la gran convergencia: el enemigo de todos, tanto interno como externo, son los neoliberales. De all� en adelante hay matices de distintos tipos. Si hablamos en el plano externo de la dicotom�a, entre ellos mismos se presentan empat�as: con Ch�vez (Guti�rrez, Morales), con Lula (Morales, Ch�vez), con Fidel Castro (Ch�vez, Morales). Igualmente, existen antipat�as o rechazos: George W. Bush (Morales,Ch�vez).Viendo el asunto respecto a los pa�ses, las actitudes hacia EE.UU. son algunas veces positivas (Lula, Kirchner), lo mismo que hacia Cuba (Morales, Ch�vez).Y si de organismos multilaterales y acuerdos se trata, existen actitudes positivas en los casos de la ONU (Kirchner, Lagos, Lula), Mercosur (todos), Comunidad Europea (Lagos, Lula y Morales), Comunidad Andina (Guti�rrez), OMC (Lagos), y ALCA (Lagos); y negativas en los de FMI (Ch�vez, Kirchner, Morales), BM (Morales) y ALCA (Ch�vez, Morales y Guti�rrez).

Respecto al enemigo interno, es identificado unas veces como la oligarqu�a (Ch�vez, Morales, Lula, Guti�rrez); otras, como la derecha (Lagos, Guti�rrez); en ocasiones, como las c�pulas pol�ticas (Ch�vez, Guti�rrez, Morales), o como figuras que alguna vez las representaron: M�nem y De la R�a (Kirchner).

El discurso de la izquierda suramericana, como hemos visto, pivota alrededor de la noci�n de justicia, que, en su caso, adem�s, est� articulada como un tipo particular de justicia: la justicia social. Hemos dicho que las operaciones hegem�nicas requieren la transformaci�n de estos significantes vac�os en puntos nodales, y lo clave aqu� es comprender c�mo opera este punto nodal en la din�mica que permite el paso de lo particular a lo universal. Esta din�mica facilita, por ejemplo, que un grupo o parcialidad (y sus intereses) encarne el inter�s colectivo (lo universal). Nuestros casos construyen un discurso en el que la izquierda se autorrepresenta como un proyecto (lucha contra el neoliberalismo) que encarna la alternativa y ofrece la posibilidad de satisfacer esa necesidad ausente o faltante que aqueja a vastos sectores desfavorecidos del continente (la justicia social).

Es evidente que la crisis del modelo neoliberal a finales de los noventa signific� lo que en la Teor�a del Discurso se conoce como una etapa de �dislocaci�n�. Ello no es s�lo evidente en los discursos que aqu� se han analizado; una simple revisi�n general del debate sobre el mejor modelo de desarrollo para Am�rica Latina desde finales de la d�cada del noventa hacia ac� pondr� en evidencia el agotamiento del neoliberalismo, no s�lo en t�rminos de pol�ticas p�blicas, sino sobre todo como corriente ideol�gica dominante. No en vano, organismos multilaterales como el BM y el BID, antiguos bastiones de la ortodoxia econ�mica neoliberal, vienen desde hace tiempo enfatizando la importancia de factores institucionales y reivindicando el rol del Estado en la econom�a.

Sin embargo, el simple agotamiento de un modelo econ�mico (entendiendo por ello la incapacidad de �ste para producir unos determinados resultados en un momento dado) no produce ni significa en s� mismo una situaci�n de dislocaci�n. Una dislocaci�n, recordemos, produce un quiebre de identidades y hace visible la contingencia de la estructura discursiva, crea un vac�o de significado y estimula nuevas construcciones discursivas. Es decir, en un momento dado, los elementos en la estructura social no est�n representados adecuadamente, y se dislocan. Si pensamos en el ocaso de la experiencia neoliberal, en el momento a partir del cual sobrevino la dislocaci�n de tal discurso, el �Estado�, el �mercado�, la �iniciativa individual�, etc., se transforman en elementos �flotantes� que demandaban una nueva articulaci�n.

Por ello, Lula, Kirchner, Guti�rrez, hablan de �competencia�, de �eliminaci�n de barreras arancelarias�, de �condena a los subsidios�, de �defensas de los equilibrios�, etc. Se trata de �momentos� de este discurso, y como tales,no pueden verse en forma aislada: la significaci�n que ellos adquieren dentro de la formaci�n discursiva de la que son parte depende de una articulaci�n basada en la noci�n de justicia y no en la de competitividad (como lo ser�a en la perspectiva neoliberal). Esto es una clave para su comprensi�n, para evitar lecturas aisladas de proposiciones y frases que, fuera de contexto, pueden parecer simples contradicciones, como la �sustituci�n competitiva de importaciones�(Lula).Hay otros ejemplos de la articulaci�n de �elementos� y su transformaci�n en �momentos�: la democracia se transforma en �democracia efectiva� o �democracia social�; la deuda, en �deuda social�; el desarrollo, en �desarrollo sustentable�; la ciudadan�a, en �ciudadan�a econ�mica�; la seguridad, en �seguridad alimentaria�[16]. Es decir, todos adquieren su significaci�n en el discurso de la izquierda suramericana a partir de un punto nodal: la justicia (que, siguiendo la l�gica, es ella misma �justicia social�).

Ahora, una articulaci�n hegem�nica debe reunir, para ser tal, la presencia de fuerzas antag�nicas y la inestabilidad de las fronteras que las separan (dislocaci�n). La l�gica de la equivalencia, como indicamos, permite dividir el espacio social condensando significados alrededor de dos polos antag�nicos. En ese sentido, lo que encontramos en los discursos de nuestros seis casos es la construcci�n de una polaridad muy acusada entre neoliberales (ellos) y antineoliberales (nosotros). El discurso de la izquierda suramericana, a grandes trazos, utiliza una l�gica de equivalencias, por la cual se debilitan y minimizan las diferencias existentes entre grupos o actores sociales en los distintos pa�ses. Por una parte, pueblo, pobres, trabajadores, comunidades �tnicas, campesinos, etc., quedan todos agrupados bajo la noci�n de sectores �desfavorecidos� (con fuerte presencia de rasgos nacionalistas, principalmente en los casos de Guti�rrez, Ch�vez y Morales).Por la otra, la clase pol�tica, la oligarqu�a, los banqueros, los terratenientes, ciertos sectores empresariales (deshonestos y ap�tridas), los organismos multilaterales (BM y FMI) y el gobierno de EE. UU. integrar�an la corriente neoliberal, que es siempre asociada a intereses imperialistas y antinacionales.

Conclusiones

Este trabajo comienza describiendo someramente algunos elementos institucionales y estructurales que son mencionados con frecuencia como factores que en la actualidad diferencian internamente a la izquierda en Am�rica del Sur. Con base en los tipos de coalici�n y liderazgo y la situaci�n de gobernabilidad que hay en cada uno de los casos considerados, apunt�bamos la existencia de dos expresiones, una institucional y otra extrainstitucional. Se�al�bamos adem�s que, no obstante su heterogeneidad, la izquierda suramericana encuentra -como vimos en el apartado anterior- su unidad en el plano cognitivo del fen�meno. En los discursos se pone de manifiesto una convergencia significativa en la agenda pol�tica que propone la izquierda y, desde el punto de vista ideol�gico, �stos siguen un patr�n an�logo en t�rminos de representaciones, actitudes y acciones pol�ticas. Ello se hace a�n m�s evidente cuando se establecen contrastes con discursos pertenecientes a otros espacios del espectro ideol�gico, como en los casos de los presidentes Vicente Fox y �lvaro Uribe V�lez (Lazo 2006).

Con base en los elementos ideol�gicos descritos previamente (y referidos a factores como 1) el modelo econ�mico y el tipo de democracia propugnada, 2) las valoraciones de los agentes econ�micos ligados al capital y 3) la divisi�n interna y externa de los antagonismos pol�ticos) es posible establecer una diferencia entre los discursos que expresan posiciones moderadas (izquierda reformista) y aquellos que manifiestan tendencias m�s bien antisistema o de ruptura (izquierda radical). Entre los primeros se ubican los discursos de Lula y Lagos, y entre los segundos, los discursos de Kirchner, Ch�vez, Guti�rrez y Morales. Desde esta perspectiva, en el sur del continente tendr�amos varias combinaciones de izquierdas victoriosas. Por una parte, Argentina, que representa el caso de una izquierda con un discurso de inclinaciones relativamente radicales en medio de un entramado institucional que ha resistido las crisis recientes del pa�s; luego Brasil y Chile, donde tendencias discursivas moderadas se combinan con estabilidad institucional; y finalmente, Bolivia, Ecuador y Venezuela, en los que confluyen inclinaciones radicales e inestabilidad pol�tica (ver el cuadro 1).

Cuadro 1.

 

 

INSTITUCIONAL

EXTRAINSTITUCIONAL

RADICAL

Argentina

Bolivia

Venezuela

Ecuador

REFORMISTA

Chile Brasil

__

 

Todo esto sugiere que, dentro del conjunto de fuerzas que integran la izquierda suramericana, ah� donde los resultados econ�micos fueron peores y donde el sistema de partidos enfrentaba problemas mayores de gobernabilidad, el tipo de izquierda que alcanz� el poder tuvo rasgos menos institucionales y m�s radicales en sus posiciones discursivas, que el tipo de izquierda que gobierna pa�ses donde las condiciones materiales se deterioraron menos o transitoriamente, y que no confrontan problemas de gobernabilidad importantes.

Ahora, visto desde la perspectiva de la Teor�a del Discurso, nuestro an�lisis deja en evidencia los componentes mediante los cuales el discurso de la izquierda latinoamericana constituye una formaci�n hegem�nica que involucra la construcci�n de un imaginario social, de un horizonte que dicta pautas sobre la legitimidad de demandas, posiciones y actores de la vida pol�tica. Como se�alamos previamente, las hegemon�as no son, por cierto, fen�menos permanentes ni que uniformizan, en el sentido de hacer desaparecer los antagonismos. M�s bien son coyunturales y su duraci�n depende del surgimiento de situaciones de crisis o dislocaciones.

As� como una d�cada atr�s el neoliberalismo constituy� un horizonte cognitivo que organiz� la agenda p�blica, redefini� roles y otorg� legitimidades, el discurso de la izquierda expresa actualmente un nuevo horizonte que ha logrado desplazar el imaginario neoliberal. Tal cambio, adem�s, prefigura una nueva hegemon�a basada ya no en nociones como la eficiencia, la competitividad y las virtudes individuales y del mercado, sino en nociones relativas a la dignidad, la justicia y la solidaridad (ver la figura 1). Quien observa de cerca la pol�tica latinoamericana sabe que, desde hace alg�n tiempo, ser etiquetado de �neoliberal� -un t�rmino acad�micamente reductor, pero pol�ticamente muy eficaz- es un sello que descalifica y deslegitima a cualquier actor pol�tico en esta parte del continente.

Desde el punto de vista de lo que podr�amos considerar procesos causales, el giro a la izquierda en la regi�n se explicar�a como una respuesta l�gica al desgaste y desplazamiento del horizonte hegem�nico anterior. La articulaci�n de una nueva hegemon�a, adem�s, otorga a la izquierda una posici�n privilegiada en cuanto a legitimidad, dado que ella se presenta a s� misma y simboliza la fuerza antag�nica que se opone a los efectos perversos y a los fracasos atribuidos al neoliberalismo y el mercado. Por otra parte, la instauraci�n de este nuevo horizonte es no s�lo el producto de un trabajo discursivo, sino que, en t�rminos de coyuntura, el discurso de la izquierda se ha favorecido de un deterioro o estancamiento de las condiciones de vida en el continente y se alimenta de percepciones negativas -muchas de ellas carentes de fundamentos o susceptibles de ser matizadas- sobre los efectos de las reformas estructurales.

En el contexto pol�tico actual de la regi�n, la posibilidad de un avance de la izquierda no est� determinada autom�ticamente por el cambio hegem�nico, tambi�n importan las contingencias nacionales, que en un momento pueden jugar temporalmente a favor o en contra de tal avance. Adem�s de las contingencias nacionales, hay que tener presente que observamos un fen�meno en desarrollo cuyos l�mites temporales son igualmente dif�ciles de precisar. El n�mero de gobiernos de izquierda en Am�rica Latina contin�a aumentando, pero ello no quiere decir que la pol�tica en el continente siga una pauta lineal o exacta. En tal sentido, el cambio de horizonte cognitivo y la formaci�n de una nueva hegemon�a en la regi�n colocan a la izquierda en una posici�n de fuerza, pero no la hace invulnerable.

Todo lo expuesto anteriormente recalca la importancia del discurso como plano de an�lisis politol�gico. En un mundo donde vemos que antiguos clivajes pol�ticos reaparecen, donde se construyen �ejes del mal� y �alianzas de civilizaciones�, las luchas ideol�gicas no son cosa del pasado. En particular, el fen�meno del cual nos hemos ocupado en esta investigaci�n nos parece dif�cil de comprender, explicar y interpretar sin un conocimiento adecuado de los factores cognitivos que gravitan hoy en la pol�tica latinoamericana y, particularmente, en la parte sur del continente. Teniendo en cuenta que en buena medida se trata de acontecimientos en desarrollo, las conclusiones de esta investigaci�n vienen a llenar parcialmente un vac�o en el estudio de los cambios pol�ticos recientes en el continente.

 

Figura 1. La construcci�n de una nueva hegemon�a

 

 

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[1] Uno de los flancos del debate es sobre la distinci�n entre derecha e izquierda, una discusi�n cl�sica en el estudio de la pol�tica. La misma, desde luego, va mucho m�s all� de la oposici�n entre capitalismo y comunismo. En la esencia de los movimientos de izquierda se encuentra su aspiraci�n recurrente a la igualdad. Esto no quiere decir que la derecha est� a favor de la desigualdad, sino que generalmente considera que es imposible eliminarla y que, por el contrario, intentarlo puede obstruir una suerte de lucha permanente que mejora a la sociedad en su conjunto. El igualitarismo que persigue la izquierda no representa la utop�a de una sociedad donde los seres humanos ser�an iguales en todo, sino una tendencia a subrayar aquello que produce inequidades entre los hombres y a privilegiar las pol�ticas que procuran reducirlas o acabarlas. La izquierda est� asociada a valores como la igualdad, la justicia y la solidaridad. No obstante, como todas las nociones sufren cambios hist�ricos, la naturaleza de la izquierda y los factores potencialmente explicativos de su avance o retroceso deben ser estudiados -como pretendemos aqu�- de acuerdo al contexto hist�rico en el que son consideradas expresiones concretas (Bobbio 1996).

 

[2] Las diferencias que establecemos respecto al estado de la gobernabilidad en estos pa�ses se basan en: 1) la presencia o no de conflictos �tnicos que contestan las nociones tradicionales de ciudadan�a y el advenimiento de crisis constitucionales y/o intentos de golpes de Estado y 2) mediciones sobre la estabilidad pol�tica y la efectividad de gobierno (Kaufmann, Kraay y Mastruzzi 2003). Asimismo, consideramos como institucional aquella coalici�n que resulta de negociaciones sim�tricas entre partidos (y no la suma de adhesiones en torno a un l�der cuyo peso es muy superior al resto de integrantes del pacto), y no institucional, un tipo de liderazgo outsider, en el cual el l�der carece de trayectoria pol�tica prolongada dentro de un partido pol�tico. Para detalles, ver Lazo (2006).

[3] Nos referimos a los planos estructurantes de la ideolog�a: representaciones, actitudes y acciones. La ideolog�a est� asociada al �conjunto de representaciones que acompa�an las acciones que, en una sociedad dada, orientan la conquista o la conservaci�n del poder� (Baechler 1976: 60). Para una descripci�n mayor, ver Lazo (2002).

[4] La Teor�a del Discurso es un programa de investigaci�n que concibe la sociedad como un orden simb�lico en el cual los antagonismos y las crisis estructurales no pueden ser reducidos ni determinados por relaciones o procesos econ�micos. Inspirada en las ideas de Gramsci y desarrollada alrededor del concepto de Hegemon�a, esta teor�a estudia la manera en que las pr�cticas sociales contestan y articulan el discurso que constituye la realidad social (Laclau y Mouffe 2001; Howarth y Stavrakakis 2000; Howarth 2000;Torfing 1999).

[5] Recordemos que el mundo �objetivo� est� estructurado en secuencias relacionales que no tienen sentido de finalidad y que no requieren significado alguno. Por el contrario, la conciencia es intencional (Anderson, Hughes y Sharrock 1986: 22). Que un objeto sea un objeto del discurso no tiene que ver con el hecho de si hay un mundo externo al pensamiento, ni con posiciones de realismo o idealismo. Cada estructura discursiva tiene un car�cter material: un terremoto es un evento que existe ciertamente con independencia de nuestros deseos, externamente al pensamiento, pero su especificidad como objeto, sea en t�rminos de fen�meno natural o castigo divino, depende de la estructuraci�n de un campo discursivo (Laclau y Mouffe 2001:108).

 

[6] Lo social es un espacio no saturado en el que toda positividad es metaf�rica y subvertible La ausencia de este espacio saturado obedece a que lo social carece de esencia (Laclau y Mouffe 2001:96).No hay v�nculo entre objetos y palabras, m�s que las convenciones sociales (Nash 2000: 28). No existe algo as� como un lenguaje descriptivo neutral (Bernstein 1983: 3). De modo que la realidad es intangible, pero no inefable, lo que permite una variedad de expresiones simb�licas de la experiencia (Voegelin 1978:147).En tal sentido, la proposici�n es una pintura de la realidad, un modelo de c�mo la pensamos. Una proposici�n, a fin de cuentas, s�lo puede decir c�mo es la cosa, no lo que ella es (Wittgenstein 1997: 49, 63).

[7] Dentro de la Teor�a del Discurso, se distinguen dos tipos de significantes, �momentos� y �elementos�. Los primeros corresponden a las posiciones diferenciales que aparecen articuladas dentro de un discurso (como �democracia real�). Los segundos (democracia, libertad, etc.) son aquellas diferencias que no son articuladas discursivamente en raz�n del car�cter �flotante� que adquieren en un per�odo de crisis social y dislocaci�n. En raz�n de que todas las formas sociales son contingentes, la transici�n de �elementos� a �momentos� nunca es completa (Howarth y Stavrakakis 2000: 8).

[8] Un imaginario es un horizonte, y un horizonte es limitado y finito, pero esencialmente abierto (Bernstein 1983: 143).

[9] Aunque utilizado por la socialdemocracia rusa y el leninismo previamente, fue con Antonio Gramsci que el concepto de hegemon�a adquiri� mayor importancia. Desde la perspectiva de Gramsci, las crisis econ�micas producen eventos hist�ricos fundamentales, que crean un terreno favorable para la diseminaci�n de ciertos modos de pensamiento y maneras de formular y responder a los problemas en una sociedad (Gramsci 1999:208).Estas ideas son retomadas por Laclau y Mouffe, quienes definen la hegemon�a como una pr�ctica articulatoria en la que puntos nodales fijan parcialmente los significados de lo social en un sistema organizado de diferencias,eliminando los restos de economicismo que permanec�an en Gramsci (Laclau y Mouffe 2001: 134-137).

[10] Laclau nos propone el caso del cero para ejemplificar su idea: �the zero is always called a one, when the zero is actually nameless, innommable. So we have a situation in which:1) a systematic totality cannot be constituted without appealing to something radically heterogeneous vis-�-vis what is representable within it; 2) this something has, anyway, to be somehow represented if there is to be a system at all; 3) as this will, however, be the representation of something which is not representable within the system -even more: the representation of the radical impossibility of the representing the latter- that representation can take place only through tropological substitution�(Laclau 2000:68).

[11] La autodeterminaci�n del sujeto,recordemos,es parcial:�as this self-determination is not the expression of what the subject already is but the result of its lack of being instead, self-determination can only proceed through processes of identification� (Laclau 1997: 55).

[12] Un ejemplo es la Revoluci�n Mexicana, donde el campo pol�tico qued� dividido entre los oprimidos (campesinos, obreros, peque�os propietarios, etc.) y los opresores (gobierno, Iglesia, empresarios, terratenientes, etc.), a pesar de las diferencias existentes entre cada unos de estos sectores (Howarth y Stavrakakis 2000: 11).

 

[13] Estas categor�as han sido operacionalizadas como sigue: consideramos que una �representaci�n� es cualquier enunciado que comporta una creencia que sirve de principio generador de toma de posici�n en los procesos simb�licos. Las �actitudes� representan cualquier enunciado que evidencia una determinada predisposici�n u orientaci�n de esp�ritu hacia un actor concerniente (positiva-aceptaci�n o negativa-rechazo). Finalmente, las �acciones� ser�n aqu� consideradas como cualquier enunciado que invoque o gu�e una movilizaci�n en t�rminos de lucha vinculada a relaciones de poder.

[14] Ello obedece a que la unidad m�nima de significaci�n (y de pensamiento) es la frase, cuyo sentido se revela mediante ideas (Pere�a 1999: 469).

[15] Los enunciados de las distintas tablas son textuales y han sido extra�dos del �texto� construido a partir de los cinco discursos seleccionados como muestra. Por limitaciones de espacio, las tablas que aqu� se presentan son una s�ntesis de las producidas por un estudio m�s amplio. Para ver detalles, consultar Lazo (2006).

[16] Dentro del discurso de la derecha en Colombia,tambi�n es el caso de la pol�tica de �Seguridad Democr�tica�de �lvaro Uribe.