Cómo citar: Pérez Castaño, Laura. "La infraestructura urbana en relación con el derecho al cuidado y al tiempo". Dearq no. 40 (2024): 10-17. DOI: https://doi.org/10.18389/dearq40.2024.02

La infraestructura urbana en relación con el derecho al cuidado y al tiempo

Laura Pérez Castaño

lauraperezcas@gmail.com

Máster en Estudios de Mujeres, Género y Ciudadanía

Universitat de Barcelona, España

La integración de la perspectiva de género en el diseño urbano ha tomado relevancia desde las décadas de 1960 y 1970, enfocándose en cómo la forma de las ciudades puede facilitar los trabajos de cuidado y promover la igualdad de género. El urbanismo feminista busca rediseñar ciudades que prioricen la vida y la reproducción social, abogando por una infraestructura que reconozca la centralidad de los trabajos de cuidado y el bienestar de quienes cuidan y son cuidadas. Este enfoque plantea la necesidad de políticas urbanas que promuevan la reducción del tiempo y la dureza de los trabajos de cuidado.

Palabras clave: infraestructura, cuidados, ciudad, género, tiempo.


urbanismo feminista

[El] cambio de paradigma urbano se concentra en el modelo de la ciudad cuidadora, con ciudades que nos cuiden, […] que nos dejen cuidarnos y nos permitan cuidar a otras personas.
Col·lectiu Punt 6, Urbanismo feminista

La integración de la perspectiva de género en el diseño urbano ha experimentado avances significativos a nivel global a partir de las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, cuando los estudios de género en disciplinas como la arquitectura, el urbanismo o la geografía cuestionaron un enfoque urbanístico centrado en las necesidades del trabajo productivo. Este enfoque aterriza en la materialización de una ciudad vinculada al desplazamiento del hogar al trabajo, históricamente centrada en un sujeto masculino y productivo que sigue una lógica económica y de mercado desde principios del siglo XX (Czytajlo 2022).

La propuesta urbanística hegemónica, influenciada por un modelo patriarcal "en cuanto a la densidad, las tramas urbanas, las infraestructuras o la localización de servicios" (Col·lectiu Punt 6 2019, 97-98) se ha basado en un modelo de familia nuclear, en un ciudadano hombre, blanco, de mediana edad, clase media, heterosexual, sin discapacidad y en la dicotomía entre lo productivo y lo reproductivo, una división que privilegia el sistema productivo sobre las tareas esenciales de reproducción social (Carrasco, Borderías y Torns 2011). Este enfoque ha llevado a la concentración de usos y actividades en la esfera pública, marginando las necesidades de cuidado y organización de la vida cotidiana.

La arquitecta argentina Zaida Muxí, una de las fundadoras de la cooperativa feminista Col·lectiu Punt 6, con sede en Barcelona, explica el urbanismo feminista como "un cambio fundamental de valores" y señala la importancia de "poner la vida en el centro" (Muxí 2018, 14), cuestión que entiende a través de reconocer las diversidades que forman parte de los lugares y la participación de la diversidad de miradas a la hora de construir la ciudad y tomar decisiones. El urbanismo feminista busca promover activamente la priorización de la vida en las decisiones urbanas para eliminar las desigualdades de género (Col·lectiu Punt 6 2019) valorizando la esfera de la reproducción y reconociendo la centralidad de los trabajos reproductivos en el espacio público (Rico y Segovia 2017; Montaner 2011).

La expansión de las ciudades, la configuración de la densidad urbana y los usos del suelo, entre otros factores, influyen en la manera en que las personas se desplazan por la ciudad (Prado y Kiss 2017). A esto se suma la ubicación y distribución de servicios e infraestructuras que impactan en el uso del tiempo para que la población realice tareas relacionadas con la reproducción de la vida cotidiana y equilibre el trabajo productivo, reproductivo y de cuidado. Hay que considerar además que la expansión urbana presenta un desafío global y tiene notables efectos en el aumento de la movilidad vehicular y sus impactos ambientales y sociales. Integrar principios ecofeministas en la planificación urbana, promoviendo modelos urbanos compactos y redistribuyendo equitativamente las responsabilidades de cuidado, puede mitigar estos efectos negativos al reducir la dependencia del transporte motorizado y fomentar un estilo de vida compatible con la sostenibilidad de la vida (Litman 2015).

La espacialización de los cuidados tiene, por tanto, una relevancia significativa para disciplinas focalizadas en el espacio, como arquitectura, geografía, diseño y planificación urbano/territorial y de transporte, así como para aquellas directamente relacionadas con los cuidados. Este enfoque, que tiene en la arquitecta argentina Ana Falú a una de sus máximas exponentes, entiende la interconexión esencial entre la dimensión espacial y las dinámicas de cuidado, con énfasis en la importancia de considerar tanto el entorno físico como las prácticas de atención en el diseño de políticas urbanas y territoriales. Falú (2023a) destaca los principales aportes del urbanismo feminista a la planificación de ciudades, con la incorporación de la desigualdad y la inclusión social en la agenda central, la priorización de la localización desde la escala barrial hasta la metropolitana, la promoción de la proximidad de servicios y equipamientos a nivel barrial, la garantía de accesibilidad en transporte y movilidad, el fomento de la percepción de seguridad, la visibilización de los cuidados y la importancia de escuchar activamente las prioridades de las mujeres.

derecho al cuidado en el ámbito urbano

El cuidado es una forma de trabajo y una responsabilidad que representa una pesada carga para las mujeres. Más allá de los límites del ámbito doméstico, la afirmación sugiere que las tareas domésticas y el cuidado no deben ser exclusivamente asuntos internos de los hogares, sino que son cuestiones de responsabilidad social y colectiva. La Organización Internacional del Trabajo (OIT 2019) reconoce el trabajo de cuidados y lo divide en dos tipos de actividades, aquellas que son de cuidado directo, personal y relacional, como dar de comer a un bebé o encargarse de la higiene de una persona dependiente, y las actividades de cuidado indirecto, como cocinar y limpiar. Estas se dividen en remuneradas o no remuneradas. Para Pérez Orozco,

Cuidados son las actividades que regeneran cotidiana y generacionalmente el bienestar físico y emocional de las personas. Pueden realizarse en la esfera del Estado, del mercado, del hogar, de la comunidad… Abarcan las tareas de cuidados directos propiamente dichas (interacción entre personas), el establecimiento de las precondiciones del cuidado (tareas de índole más material asociadas a la idea de trabajo doméstico), de gestión mental (organización, supervisión y planificación) y de presencia (tiempo de disponibilidad) (2014, 62).

Las relaciones de género son el principio organizador del trabajo de cuidado, el cual genera una distribución desigual de tareas entre varones y mujeres (Batthyány 2020) si bien su distribución no es homogénea y responde mayoritariamente a características generadoras de desigualdad como la clase social o el origen. Se trata de una organización social de los trabajos de cuidados "producto de un largo proceso histórico que comenzó a gestarse durante la transición al capitalismo liberal" (Carrasco, Borderías y Torns 2011, 159). De esta forma, Pérez Alonso y Rodríguez (2019) destacan que son las mujeres con menor nivel socioeconómico las que más carga soportan, mientras que las mujeres mejor situadas económicamente tienen mejor acceso a los recursos de apoyo para cuidar. Esa cadena de cuidados supone que unas mujeres tengan la posibilidad de externalizar los cuidados, por lo general, a otras mujeres de clases sociales empobrecidas, en muchos casos migradas y en situaciones precarias.

La gestión del tiempo por parte de las mujeres, centrada en sus actividades diarias, impacta de forma directa en su movilidad y presencia en el espacio público. La elección de empleos cercanos al hogar para compatibilizar con la carga de cuidados limita sus opciones laborales, afectando su autonomía económica. Esto ha generado expresiones como la "doble jornada" o la "triple jornada" (Batthyány, 2020), con lo cual se refleja la desigual dedicación del tiempo dedicado al trabajo doméstico, al trabajo remunerado y al ocio, así como la escasez de tiempo de las mujeres para otras áreas de la vida en sociedad.

Al enunciar el derecho al cuidado, Pérez Orozco y López Gil (2011) delimitan tres dimensiones: el derecho a recibir cuidado, el derecho a elegir entre cuidar y no cuidar, y el derecho a condiciones laborales dignas y justas en los trabajos de cuidado. A estas tres dimensiones se añade el derecho a negarse a recibir cuidados si estos son inapropiados (Gutiérrez Valdivia 2021) y el reconocimiento de que debe ser un derecho universal (Batthyány 2020).

infraestructura del cuidado

En la definición de infraestructura del cuidado, autoras latinoamericanas como Mazzola y Perotta (2023) enfatizan en la reducción del tiempo y la carga de trabajo de cuidados de las mujeres, y proponen la delegación del cuidado a instituciones y la reducción de tiempos de traslado. Segovia (2016) destaca la importancia de servicios e infraestructuras para la vida cotidiana de las mujeres, relacionándolo con su autonomía económica y disponibilidad de tiempo, abogando por una planificación territorial que compatibilice los tiempos domésticos y laborales de las cuidadoras (Rico y Segovia 2017). Estas perspectivas enfatizan la importancia de la reducción del tiempo dedicado al cuidado y la promoción de la autonomía de las mujeres a través de una planificación territorial centrada en la proximidad y accesibilidad de los servicios.

Falú (2023b) responde a la pregunta ¿qué son las infraestructuras de cuidado? como aquellas infraestructuras que son una respuesta material para cobijar, garantizar, brindar o mejorar las condiciones de cuidados. Esta definición integral incluye "toda infraestructura orientada a garantizar el bienestar y el ejercicio efectivo de los derechos de quienes reciben cuidados directos (infancias, adolescencias, personas mayores, personas con discapacidad, etc.) y de quienes los brindan (en su mayoría mujeres y mayormente no remuneradas o en condiciones laborales precarias)" (Falú 2023b, 23). En esta definición podemos incluir el papel fundamental de los espacios verdes, como parques y áreas recreativas, en la mejora de la movilidad y la calidad de vida de las cuidadoras y las personas dependientes.

Un elemento interesante de esta perspectiva es la incorporación al análisis de la distribución de los centros de cuidado factores como la vulnerabilidad en el territorio y la información sociodemográfica. La promoción de cartografías del cuidado como herramienta para analizar el territorio permite identificar infraestructuras, cobertura de cuidados y localización de equipamientos relacionados con el cuidado, incluyendo espacios públicos complementarios. Suma a esta clasificación Mazzola (2022), quien se enfoca en tipologías de equipamiento con servicios directos, como infraestructura sanitaria, cuidado infantil, atención a personas mayores, servicios de protección integral para mujeres, géneros y diversidades, centros juveniles y otras obras destinadas a fortalecer la infraestructura del cuidado.

Esta última es una definición centrada en equipamientos, mientras que Jirón Martínez et al. (2022) amplía el concepto de espacialidades del cuidado desde una perspectiva relacional, con énfasis en la necesidad de contar con espacios dedicados al cuidado en la ciudad. Proponen seis dimensiones a considerar: los sujetos de cuidados, sus prácticas, sus lugares, sus materialidades y objetos, sus temporalidades y sus afectos. Al analizar estas dimensiones desde una perspectiva del espacio relacional, las autoras complejizan la tarea de cuidar y resaltan la necesidad de contar con espacios urbanos específicos para esta labor, que van más allá de la vivienda y los equipamientos. Pensar la infraestructura desde una perspectiva feminista obliga a reformular la jerarquía de actividades que contempla la planeación urbana para priorizar las personas por delante de los bienes materiales, los procesos vitales en lugar de los intereses del mercado y enfocarse en la generación de bienestar en lugar de priorizar únicamente el interés económico (Pérez Orozco 2014).

En el libro Ciudad feminista, la canadiense Leslie Kern propone que los gobiernos locales promuevan políticas públicas y espacios que conviertan el trabajo del cuidado y la reproducción social en tareas "más colectivas, menos agotadoras y más igualitarias" (Kern 2021, 63). Kern también destaca cómo la falta de infraestructuras adecuadas profundiza las desigualdades de género y lleva a las mujeres a participar en trabajos de cuidado mal remunerados, perpetuando así los ciclos de desigualdad y explotación laboral.

Mi propio enriquecimiento —terminar mi formación en posgrado— dependía en parte de la disponibilidad del trabajo mal remunerado de otras personas (en guarderías, haciendo entregas), lo que me hizo ver con total claridad cómo la falta de infraestructura pública para el trabajo de cuidado profundiza la desigualdad entre las mujeres, llevándonos a participar de múltiples capas de explotación solo para mantenernos a flote (Kern 2021, 53).

Kern (2021) además señala que el impacto de la falta de infraestructuras próximas e integrales no es homogéneo y que genera una cadena de explotación en la prestación de cuidados en el ámbito remunerado.

movilidad del cuidado

En el concepto "movilidad del cuidado" (Sánchez de Madariaga 2009) vemos un crecimiento de la comprensión tradicional de la movilidad urbana al incluir actividades vinculadas al cuidado que a menudo se han invisibilizado en los estudios de planificación y transporte. La centralidad del sistema de transportes como infraestructura urbana junto con la proximidad en el modelo de oferta de servicios son fundamentales para hacer del trabajo del cuidado una tarea más colectiva y menos agotadora (Kern 2021).

Las tareas vinculadas al cuidado de otra persona marcan la manera de moverse por la ciudad. Por ejemplo, una madre llevará a sus hijos al colegio, acudirá a sus responsabilidades laborales, hará alguna compra, tal vez incluso en horario de comida (mercado, farmacia), volverá a buscar a los pequeños a quienes tal vez acompañe a actividades extraescolares, a la biblioteca, al polideportivo y volverá a casa para ayudar con los deberes y preparar la cena (Sánchez de Madariaga 2009). Así, cuando se proyecta una movilidad pensada en el cuidado se tiende a una red de transporte público accesible —física y económicamente— que conecta diferentes espacios (productivos, reproductivos, espacios de ocio, deporte…) sin la obligación de invertir una parte considerable de la jornada en desplazamientos en transportes masificados (Col·lectiu Punt 6 2016). Además, se trata de una movilidad más compleja como consecuencia de la superposición entre las responsabilidades del trabajo remunerado y no remunerado, con más imprevistos "que se traducen en más desplazamientos, muchos de ellos a pie que no han sido incorporados tradicionalmente en la recogida estadística" y que hace que las mujeres requieran de espacios urbanos multifuncionales para "lograr el equilibrio de sus realidades cotidianas multitarea" (Zucchini 2016, 72).

La distancia urbana afecta nuestras relaciones sociales, ya que, en ciudades con grandes distancias y desplazamientos difíciles, tendemos a limitar nuestras interacciones a personas cercanas geográficamente, lo que puede fragmentar comunidades y reducir la diversidad en nuestras redes sociales. Esto impacta de forma negativa en las personas que cuidan. Además, los largos desplazamientos generan estrés y cansancio, afectando nuestro estado de ánimo y disposición para socializar, lo que deteriora la calidad de nuestras relaciones sociales (Montgomery 2015).

Jirón Martínez et al. (2022) señalan además la importancia de considerar la interseccionalidad al analizar las experiencias de las personas en sus desplazamientos diarios. La mirada interseccional implica tener en cuenta no solo factores como clase social, raza y género, sino también aspectos territoriales como la ubicación, los recursos materiales disponibles, los viajes realizados, los horarios, entre otros. Estos elementos están interconectados y afectan la forma en que las personas experimentan su entorno y sus trayectos diarios. Por lo tanto, es esencial reconocer que existen sistemas de opresión y desigualdad que provocan que las políticas de movilidad no sean iguales en todos los territorios. En zonas más empobrecidas, estas infraestructuras de movilidad suelen ser más precarias y limitadas, lo que afecta significativamente la vivencia y experiencia de la movilidad.

espacio público

La noción de ciudad cuidadora se refiere a un entorno urbano diseñado para facilitar el cuidado en todas sus dimensiones, lo cual proporciona apoyo físico y promueve la autonomía de las personas dependientes y la conciliación de la vida cotidiana (Col·lectiu Punt 6 2016; Chinchilla 2020; Gutiérrez Valdivia 2021). Esto implica equipar el entorno urbano con una infraestructura física que respalde las actividades de cuidado, con espacios públicos seguros y accesibles para todas las edades, incluyendo parques con juegos adaptados, mobiliario confortable para personas mayores, fuentes de agua potable, baños limpios, áreas verdes, y zonas de sombra (Messina 2013). "[U]na rampa o un banco con un 'reposabrazos' o un 'reposa espaldas' marcan la diferencia para que alguien con una enfermedad crónica o puntual pueda utilizar los espacios públicos" (Col·lectiu Punt 6 2019, 169).

Un eje vertebrador de esta perspectiva es la relación del cuidado con un espacio público que promueva la vida comunitaria. Jane Jacobs (2011) concluyó que la interrelación de actividad y vida con contenido diverso es primordial para la vida de una ciudad. También es crucial considerar las desigualdades en los territorios, como la calidad del espacio público y la cobertura de infraestructuras básicas, que a menudo se distribuyen de manera desigual según la renta y otros factores socioeconómicos (Rodríguez 2023).

En contraste, un espacio público sensible a las necesidades de cuidado incorpora criterios de proximidad, vitalidad, diversidad, autonomía, accesibilidad y representatividad (Col·lectiu Punt 6 2019). Muxí resalta la importancia de la proximidad en la experiencia cotidiana de las mujeres y cómo la estructura de la ciudad, como "la continuación necesaria de la vivienda", afecta a quienes la habitan según roles de género, edades, clases, sexo y orígenes (2018, 40). La (in)seguridad de las mujeres es otro aspecto crucial, ya que las calles, plazas y el transporte público deben rediseñarse para facilitar su uso en condiciones seguras (Córdoba et al. 2020).

Izaskun Chinchilla (2020) analiza el impacto de la inseguridad urbana vinculada al coche como peligro, destacando que más espacios peatonales aumentan la comodidad para las tareas de cuidado. El diseño de los espacios infantiles prioriza el control y la seguridad, lo cual limita la sensación de libertad y aventura al jugar. Según Jacobs, estos "efectos destructivos de los automóviles" reflejan nuestra incompetencia para construir ciudades adecuadas (Jacobs 2011).

servicios básicos

Las variables de tiempo y cuidado están muy presentes en la provisión de infraestructuras de servicios básicos como el agua, el saneamiento o la electricidad, así como el acceso a tecnologías del hogar1. Los hogares que carecen de acceso a agua potable, saneamiento y electricidad enfrentan adversidades como costos adicionales asociados a la obtención de agua mediante camiones cisterna, impactos negativos en la salud y costos de oportunidad relacionados con el tiempo dedicado al acarreo de agua o a la búsqueda de fuentes de energía alternativas (leña), lo cual afecta principalmente a las mujeres y niñas. Además, el acceso a fuentes de agua potable y electricidad incide en la gestión del tiempo dedicado al cuidado, al disminuir las tareas relacionadas con la preparación del agua para el consumo o la elaboración de terapias y medicinas.

La dureza de las condiciones en que se realicen los cuidados y la carga que impliquen depende, de manera clave, del acceso a infraestructura básica (por ejemplo, red eléctrica, red de saneamiento, acceso a agua potable), y de los medios materiales de los que se disponga (por ejemplo, si se tiene lavadora o si se dispone de una silla de ruedas). No es lo mismo limpiar un piso con parqué que una casa con suelo de tierra y sin ventanas y en las zonas rurales (…) Estas diferencias marcan las condiciones en que se realiza el trabajo de cuidados en distintos países y para diferentes grupos sociales (Coello 2013, 14).

Por lo tanto, las políticas que promueven la extensión de redes hídricas, saneamiento, electricidad y agua potable, son claves para mejorar el acceso a servicios básicos y "para disminuir la carga de trabajo doméstico, ya que reducirían la participación de las mujeres en estas actividades" (Scuro y Vaca-Trigo 2017, 133). Esto es muy relevante en los asentamientos informales que acostumbran a ubicarse en áreas geográficamente distantes de los centros urbanos principales. Debido a esta ubicación periférica y a la falta de infraestructura de transporte eficiente, las personas que residen en estos asentamientos requieren más tiempo para acceder a servicios básicos, oportunidades laborales, educación y para establecer vínculos comunitarios que les permitan mejorar su situación económica y social. Lo anterior tiene serias consecuencias en la distribución del tiempo, ya que impone una mayor dedicación temporal para acceder a los lugares de trabajo e incrementa el tiempo dedicado al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado para compensar la falta de servicios públicos de calidad (Scuro y Vaca-Trigo 2017).

equipamientos y servicios

Las personas cuidadoras, especialmente las mujeres, requieren de mecanismos de política pública que, desde la etapa de planificación, aseguren que la ubicación y el acceso a los servicios de cuidado sean estratégicos y próximos a sus hogares. Los equipamientos que ofrecen servicios de uso cotidiano son elementos fundamentales que contribuyen a mejorar la calidad de vida de las personas en todas las etapas de su vida. El Col·lectiu Punt 6 considera que los equipamientos y servicios básicos que deben conformar la red cotidiana de un barrio son:

[…] atención al público de trámites administrativos, centros de salud primaria, espacios de cuidado de gente mayor (centros de día o similares), espacios de cuidado infantil de 0 a 3 años, educación infantil de 3 a 5 años, educación primaria de 6 a 11 años, educación secundaria obligatoria de 12 a 16 años, centros sociales para diferentes edades y centros con actividades culturales (centros cívicos, bibliotecas, etc.) espacios para actividades físicas, etc." (2019, 173).

La proximidad tiene un claro impacto en la reducción del tiempo dedicado a actividades como el trabajo, la educación o la atención médica. Contar con infraestructuras de proximidad va a evitar inversión de tiempo, de dinero y de impacto medioambiental. Espacio y tiempo se convierten, pues, en dos vectores centrales en las condiciones de vida de las personas que cuidan (Falú 2023a).

Chinchilla profundiza en el concepto de arquitectura cuidadora, en línea con las ideas de Muxí (2017), destacando la necesidad de integrar la diversidad de usos, la experiencia de personas con diversas condiciones, integrar el tiempo de manera continua en el diseño, y cuidar un área mayor de la que ocupan los equipamientos, reconociendo que la experiencia de la persona usuaria comienza antes de entrar en el edificio (Chinchilla 2020, 38).

En conclusión, la infraestructura urbana desde una perspectiva feminista interseccional del cuidado va a integrar la accesibilidad, la proximidad y la calidad para mejorar las condiciones de vida y la disponibilidad de tiempo de quienes realizan tareas de cuidado y quienes lo reciben, atendiendo a la diversidad de experiencias cotidianas del cuidado y las desigualdades territoriales. Un diseño urbano que considere estas dimensiones no solo impacta en el bienestar de las cuidadoras y las personas dependientes, sino que también fomenta la equidad de género y la cohesión social.

bibliografía

  1. Batthyány, Karina. 2020. "Miradas latinoamericanas al cuidado". En Miradas latinoamericanas a los cuidados, editado por Karina Batthyány, 11-52. Buenos Aires: CLACSO / Siglo XXI editores.
  2. Carrasco, Cristina, Cristina Borderías y Teresa Torns, eds. 2011. El trabajo de cuidados. Historia, teoría y política. Madrid: Los libros de la Catarata.
  3. Chinchilla, Izaskun. 2020. La ciudad de los cuidados. Salud, economía y medio ambiente. Madrid: Catarata.
  4. Coello, Raquel. 2013. Trabajar la economía de los cuidados en la cooperación para el desarrollo. Aportes desde la construcción colectiva. Sevilla (España): Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo.
  5. Col·lectiu Punt 6. 2019. Urbanismo feminista. Por una transformación radical de los espacios de vida. Barcelona: Virus Editorial.
  6. Czytajlo, Natalia. 2022. "Repensar el urbanismo en clave feminista". CONICET, 8 de noviembre. https://www.conicet.gov.ar/repensar-el-urbanismo-en-clave-feminista/.
  7. Falú, Ana. 2023a. "Los cuidados en la intersección con el tiempo, el espacio y las condiciones de los territorios donde habitan las mujeres". Participamos, Transformamos, 3 de julio. https://participamostransformamos.org/los-cuidados-en-la-interseccion-con-el-tiempo-el-espacio-y-las-condiciones-de-los-territorios-donde-habitan-las-mujeres/.
  8. Falú, Ana. 2023b. La perspectiva de género en las infraestructuras de cuidado, editado por Luciana Pellegrino, Dalia Virgilí Pino y Analía Hanono. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Ministerio de Obras Públicas.
  9. Gutiérrez Valdivia, Blanca Alexandra. 2021. La ciudad cuidadora. Calidad de vida urbana desde una perspectiva feminista. Tesis doctoral, Universitat Politècnica de Catalunya.
  10. Jacobs, Jane. 2011. Muerte y vida de las grandes ciudades. Navarra (España): Capitán Swing Libros.
  11. Jirón Martínez, Paola Andrea, Macarena Isabel Solar-Ortega, María Daniela Rubio Rubio, Susana Rina Cortés Morales, Beatriz Eugenia Cid Aguayo y Juan Antonio Carrasco Montagna. 2022. "La espacialización de los cuidados. Entretejiendo relaciones de cuidado a través de la movilidad". Revista INVI 37 (104): 199-229.
  12. Kern, Leslie. 2021. Ciudad feminista. La lucha por el espacio en un mundo diseñado por hombres. Manresa (España): Ediciones Bellaterra.
  13. Litman, Todd. 2015. "Analysis of public policies that unintentionally encourage and subsidize urban sprawl". The New Climate Economy, marzo. https://urbantransitions.global/wp-content/uploads/2019/09/public-policies-encourage-sprawl-nce-report.pdf.
  14. Mazzola, Roxana. 2022. "Infraestructura del Cuidado. Conceptualización, balances y perspectivas". Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), Área Estado y políticas públicas. https://politicaspublicas.flacso.org.ar/archivos/10359.
  15. Mazzola, Roxana y Valentina Perotta. 2023. "El aporte de la obra pública a la reducción de las brechas en los cuidados". En Nuevos derechos: Infraestructura del cuidado en Argentina y América Latina. Conceptualización, brechas, inversión y políticas, compilado por R. Mazzola, 47-78. Buenos Aires: Prometeo Libros.
  16. Messina, Giuseppe. 2013. "Reseña del libro Las fronteras del cuidado. Agenda, derechos e infraestructura". Revista española de ciencia política (33): 165-176. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7522761.pdf.
  17. Montaner, José María. 2011. Arquitectura y crítica en Latinoamérica. Barcelona: Gustavo Gili.
  18. Montgomery, Charles. 2015. Happy city: Transforming Our Lives Through Urban Design. Nueva York: Farrar, Straus & Giroux.
  19. Muxí, Zaida. 2018. Mujeres, casas y ciudades. Más allá del umbral. Barcelona: dpr-barcelona.
  20. Organización Internacional del Trabajo. 2019. "El trabajo de cuidados y los trabajadores del cuidado para un futuro con trabajo decente". Resumen ejecutivo. Ginebra (Suiza): OIT. https://www.ilo.org/sites/default/files/wcmsp5/groups/public/@dgreports/@dcomm/@publ/documents/publication/wcms_633168.pdf.
  21. Pérez Alonso, Edith y Mar Rodríguez. 2019. "Medicalización de la vida y los cuidados". En Los cuidados: Saberes y experiencias para cuidar los barrios que habitamos, coordinado por Juan L. Ruiz-Giménez, Edith Pérez y Antonio Girón, 29-38. Madrid: Libros en acción.
  22. Pérez Orozco, Amaia. 2014. "Del trabajo doméstico al trabajo de cuidados". En Con voz propia: La economía feminista como apuesta teórica y práctica, editado por Cristina Carrasco. Madrid: La Oveja Roja.
  23. Pérez Orozco, Amaia y Silvia López Gil. 2011. Desigualdades a flor de piel: Cadenas globales de cuidados. Correcciones en el empleo de hogar y políticas públicas. Madrid: ONU Mujeres.
  24. Prado, Alicia y Vera Kiss. 2017. "Urbanización e igualdad: dos dimensiones clave para el desarrollo sostenible de América Latina. En ¿Quién cuida en la ciudad? Aportes para políticas urbanas de igualdad, editado por María Rico y Olga Segovia, 71-86. Santiago de Chile: CEPAL.
  25. Rico, María Nieves y Olga Segovia, eds. 2017. ¿Quién cuida en la ciudad? Aportes para políticas urbanas de igualdad. Santiago de Chile: CEPAL.
  26. Rodríguez, Mar. 2023. Módulo 1. "Tendencias globales y desafíos de las ciudades: el imperativo de la estrategia urbana". Programa de especialización en pensamiento estratégico urbano, Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico (CIDEU).
  27. Sánchez de Madariaga, Inés. 2009. "Vivienda, movilidad y urbanismo para la igualdad en la diversidad: Ciudades, género y dependencia". Ciudad y territorio. Estudios territoriales (161-162): 581-598.
  28. Scuro Lucía y Iliana Vaca-Trigo. 2017. “La distribución del tiempo en el análisis de las desigualdades en las ciudades de América Latina” En ¿Quién cuida en la ciudad? Aportes para políticas urbanas de igualdad, editado por María Rico y Olga Segovia, 117-148. Santiago de Chile: CEPAL. DOI: https://doi.org/10.18356/e6947a6f-es.
  29. Segovia, Olga. 2016. "¿Quién cuida en la ciudad? Oportunidades y propuestas en la comuna de Santiago (Chile)". CEPAL - Serie Asuntos de Género (132): 1-94. https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/ec1f084a-b088-4ecd-b527-f7873c299b44/content.
  30. Zucchini, Elena. 2016. "Género y transporte: análisis de la movilidad del cuidado como punto de partida para construir una base de conocimiento más amplio de los patrones de movilidad. El caso de Madrid". Tesis doctoral, Universidad Politécnica de Madrid. DOI: https://doi.org/10.20868/UPM.thesis.39914.

1 Los aspectos relacionados con la precariedad habitacional son claves en el análisis de las políticas públicas de cuidado y en el derecho al cuidado y al tiempo. No se aborda en profundidad por una cuestión de extensión, pero las condiciones de la vivienda tienen un enorme impacto en los cuidados, como han estudiado autoras como Zaida Muxí (2018) de manera extensa.