
Cómo citar: García Ramírez, William. "Arquitectura pública para el ocio en Colombia, o el gobierno del tiempo libre, 1934–2021". Dearq no. 43 (2025): 40-54. DOI: https://doi.org/10.18389/dearq43.2025.05
William García Ramírez
william.garcia@javeriana.edu.co
Pontificia Universidad Javeriana, Colombia
Recibido: 14 de septiembre de 2024 | Aceptado: 22 de abril de 2025
De "lujo exclusivo" a "derecho laboral", de espacio para la diversión a espacio para la desconexión, la arquitectura pública para el ocio en Colombia evidencia una transformación en la democratización de una práctica, otrora exclusiva de una élite y ahora reconocida como indicador de calidad de vida de todos los ciudadanos. Desde tal perspectiva, esta investigación representa para la teoría de la arquitectura una oportunidad para visibilizar cómo el Estado colombiano ha buscado conceptualizar, administrar y controlar el tiempo libre de sus gobernados a través de una arquitectura destinada a satisfacer una necesidad básica de todo ser humano: descansar.
Palabras clave: ocio, teoría de la arquitectura, historia de la arquitectura, Colombia, arquitectura recreativa.
Una revisión de la literatura evidencia que lejos de contar con una definición unívoca, la noción de ocio posee múltiples significados. Su etimología, derivada del latín otium, remite a la "inacción o total omisión de la actividad" (RAE 2014), un concepto heredado del mundo romano que asocia el ocio a un estado del ser humano que busca hacer algo solo por gusto, por placer. Hasta el día de hoy, esta es la noción más socorrida que se tiene del ocio, como antítesis del trabajo, lo que implícitamente entraña un juicio moral de esta práctica. Empero, la noción de ocio también guarda un significado alternativo, derivado del griego skholé, que significa "tiempo libre", un tiempo:
"donde una sociedad de ciudadanos ociosos discutía todo lo divino y humano, mientras los esclavos trabajaban". Aristóteles precisó que "el ocio significaba para los griegos el principio de todas las cosas, concebido como un estado del alma con entidad y finalidad propias. Implicaba la plenitud de la vida dedicada al conocimiento del mundo mediante su contemplación puramente receptiva y la superación de lo humano a través del intelecto y la intuición." […] Sin la clase ociosa, no sólo la griega, la humanidad nunca hubiese salido de la barbarie (Russell 2000, 12).
Desde entonces, esta acepción del ocio-skholé derivó en una práctica ejercida por un sector privilegiado de la sociedad que podía darse el lujo de renunciar al tiempo productivo para dedicarse a un tiempo reflexivo, y cuyo máximo representante en arquitectura son los clubes.
Si en tiempo pasado era posible resumir el significado del ocio en estas visiones dicotómicas, para el siglo XXI tales aproximaciones resultan, si no equivocas, sí insuficientes para comprender la complejidad que entraña su significado. Así, mientras que, para disciplinas como el Derecho, el ocio es precisamente eso: un derecho, una potestad consagrada en forma de ley en los contratos laborales en forma de vacaciones, para la Sociología, el ocio no significa "tiempo libre" sino por el contrario "tiempo con propósito", un tiempo abocado al bienestar del ser humano, a partir de tres funciones principales que Joffre Dumazedier le otorga al ocio: descanso, diversión y desarrollo (citado en Lazcano y Madariaga 2016, 18). Sin embargo, es la Medicina la que redimensiona el significado del ocio, elevándolo a la categoría de tratamiento médico, que prescrito en forma de terapia ofrece lograr sanidad física y mental a través del reposo. Es este último campo uno de los que mayor repercusión ha tenido en la arquitectura; desde el diseño de hospitales hasta hoteles, el ocio se ha abordado tradicionalmente en arquitectura a partir de la necesidad de descansar.
Esta disparidad de significados deja entrever, sin embargo, dos condiciones propias de la noción de ocio. Por una parte, su marco conceptual solo empieza a consolidarse a mediados del siglo XX, debido en parte a la permanente condena social y moral que recaía (y aún recae) en el ocio, equiparándolo equivocadamente con la noción de ociosidad (Gomes et al. 2013). Tal tergiversación explica la tendencia a apelar a términos como recreación o deporte para explicar los usos "correctos" del tiempo libre. Sin embargo, "Al ser el ocio entendido como una necesidad humana fundamental, la recreación pasa a ser uno de los posibles satisfactores de la necesidad de ocio. Por eso, el ocio puede incluir la recreación, lo que no ocurre de forma inversa" (Gomes et al. 2013, 74), toda vez que el ocio refiere a: "[…] la ausencia del apremio del tiempo en cualquier actividad, inclusive en el trabajo, es un estado y debe entenderse en términos del ser. En él se borra también la diferencia entre lo activo y lo pasivo, lo que explica por qué: 'El ocio permite el libre desarrollo de la creatividad, el sentido esencial de la libertad y la comprensión de la existencia humana'" (Rodríguez 1992, 247).
Para los propósitos de esta investigación, se asume la noción de ocio público como la confluencia entre un derecho laboral y una necesidad de bienestar físico y mental para todos los ciudadanos, y, por lo tanto, una actividad de carácter eminentemente público. Si desde el siglo XX el ocio ha dejado de ser una actividad exclusiva de ciertas élites de la sociedad, resultó fundamental preguntarse ¿cómo desde lo público, el Estado colombiano ha venido concibiendo y/o conceptualizando, el ejercicio efectivo de este derecho al descanso, la diversión y el desarrollo de sus ciudadanos, a través de la arquitectura?, y desde esta perspectiva, ¿cuáles han sido las estrategias con las que el Estado ha buscado administrar y controlar las prácticas del uso del tiempo libre de sus ciudadanos?
Para responder estas preguntas de investigación fue necesaria la construcción de una metodología sustentada en un rastreo exhaustivo de fuentes primarias y secundarias que constituyeran un estado del arte de carácter historiográfico, en el que se revelara cuáles ha sido las principales políticas y proyectos, desde los cuales el Estado colombiano ha tratado de administrar y controlar el ejercicio del tiempo libre de los ciudadanos. Un estado del arte que además de generar nuevas argumentaciones, revelara formas de pensamiento aplicadas por el Estado, desde las que se ha concebido y proyectado una arquitectura pública para el tiempo libre como principal aporte al vacío de conocimiento sobre la teoría de la arquitectura del ocio público en Colombia.
Por lo tanto, el estado del arte está constituido a partir de investigaciones en las que se constata la relación entre la disciplina de la arquitectura y la cualificación del tiempo libre, desde tres relaciones principales: (1) Espacio público y tiempo libre, (2) Arquitectura y tiempo libre, (3) Pensamiento teórico en arquitectura y tiempo libre.
Factor en común de las investigaciones que cualifican la relación espacio público - tiempo libre es el libre acceso y el carácter gratuito de lugares a cielo abierto en donde se practica el ocio, como parques, plazas y calles. Este es el caso de la investigación titulada "El espacio urbano y la recreación en las ciudades colombianas" (Viviescas 1981), trabajo en el que se explica el origen de la correlación sinonímica entre tiempo libre y recreación. Una correlación de índole capitalista, toda vez que, según el autor, se trata de un tiempo predeterminado por el Estado, como dueño de los medios de producción y, por ello, un tiempo controlado por él mismo. De allí que la responsabilidad de proveer de espacios públicos que funcionen como escenarios para la recreación sea del Estado como garante, y a la vez responsable, de los usos del espacio público. Si bien en esa investigación se plantea la pregunta sobre los usos del tiempo libre de los ciudadanos en Colombia hacia 1980, sus indagaciones se limitan a actividades recreativas y deportivas al aire libre que, sin embargo, son reveladoras de los imaginarios de los ciudadanos en cuanto al uso de su tiempo libre. Un enfoque similar, aunque de carácter historiográfico, se aborda en el libro La vida privada de los parques y jardines públicos. Bogotá, 1886–1938 (Cendales 2019), una investigación en la que se evidencian las prácticas cotidianas del ocio de los ciudadanos, por lo que el análisis de las relaciones cuerpo-espacio durante el intersticio entre los siglos XIX y XX es una de sus claves de análisis. Este tipo de investigaciones son representativas de esta vertiente en la que se cualifican las relaciones entre tiempo libre y su uso en espacios libres, ya sea a través del análisis de actividades y arquitecturas dedicadas al ocio activo (como es el caso de escenarios deportivos a cielo abierto), o al estudio del ocio pasivo caracterizado por una actitud flaneur de las distintas actividades recreativas que acontecen en espacios públicos, rodeados de naturaleza.
De acuerdo con la tesis doctoral del sociólogo Jorge Ruiz, uno de los problemas de las investigaciones sobre la historia de las diversiones en Colombia es que "la mayoría de trabajos se concentran en el periodo comprendido entre 1880 y 1930" (Ruiz 2021, 33), con una excepción, la investigación de Daniel Polanía "Futbol y ocio", que abarca el periodo de 1850 hasta 1953 (citado en Ruiz 2021, 33). Este diagnóstico de Ruiz se confirma en el campo de la historia y teoría de la arquitectura en Colombia, pues gran parte de las investigaciones detectadas se enfocan en la correlación entre espacios públicos y recreación pública, sin que existan abordajes recientes sobre la relación entre arquitectura pública y tiempo libre, y específicamente, sobre la pregunta acerca de las formas de uso y control del tiempo libre, al interior de espacios arquitectónicos públicos diseñados para este fin. Es la falta de respuestas a esta pregunta lo que evidencia un vacío de conocimiento frente a este tema durante el siglo XX y comienzos del siglo XXI, vacío sobre el cual esta investigación hace una contribución.
En la revisión de la literatura existente sobre este tema se hizo evidente la escasa presencia de investigaciones dedicadas a la arquitectura pública del ocio, esto es, al estudio de arquitecturas cuyo acceso no solo fuese público (como podría ser un teatro o un hotel), sino arquitecturas promovidas por el Estado que además permitan el disfrute y uso de sus instalaciones con el fin de ofrecer actividades de ocio a todos los ciudadanos. En este sentido, se detectaron investigaciones internacionales de orden histórico en las que se reflexiona sobre el origen de la arquitectura del ocio público, o de masas, investigaciones que coinciden en señalar los inicios de este fenómeno a partir de las propuestas realizadas en el Congreso Internacional de Arquitectura Moderna CIAM V de 1937, inaugurado bajo el lema Loisirs et loigirs (Vivienda y ocio). En este congreso, arquitectos como Le Corbusier o José Luis Sert enfrentan la pregunta sobre el ocio de masas, y cuya postura puede visibilizarse:
En la construcción de la tienda de campaña, erigida en la Porte Maillot, al margen de la Exposición Universal de París de 1937, Le Corbusier y su equipo demostraron que los arquitectos modernos del CIAM tenían una visión bastante sofisticada del tema del ocio. Grandes collages ilustraron cómo la arquitectura del ocio de masas se relacionaba simultáneamente con las prácticas estacionales de las vacaciones y con las actividades cotidianas de la cultura, la relajación y el deporte. Los arquitectos del CIAM sugirieron que la arquitectura del ocio de masas debería pensarse en este campo de tensión entre los centros turísticos y los entornos habitacionales ordinarios (Avermaete 2013, 617; trad. propia).
Sin embargo, la importancia de este congreso radica en que el tema del ocio como descanso, se aborda ya no desde el fenómeno de la salud, sino como una necesidad cotidiana complementaria a los usos de la vivienda. Desde esta perspectiva, ahora el ocio es entendido como un tiempo necesario para las personas y no apenas como un "tiempo libre", lo que explica por qué se propone que la arquitectura para el ocio no se localice exclusivamente en lugares periféricos de la ciudad, sino en lugares urbanos próximos a la vivienda. Esta propuesta —hoy en día de uso corriente— pero en ese entonces revolucionaria, implicaba que el ocio ya no era más una actividad excepcional que acontecía en los periodos vacacionales; por el contrario, se trataba de una actividad cotidiana, y por lo tanto, necesaria a lo largo de toda la semana.
Sin embargo, es en el CIAM IV donde se precisa el rol del ocio en la arquitectura, como una necesidad de las masas a partir de dos nociones clave: la necesidad de "esparcimiento" y la utilidad del "tiempo libre", factores que llevaron a promulgar en la Carta de Atenas: "Que las horas libres semanales se pasen en lugares favorablemente preparados: parques, bosques, campos de deportes, estadios, playas etc." (Le Corbusier 1942, sec. 38). En este manifiesto llama la atención que el ocio no se asuma ya como un privilegio exclusivo, sino como necesidad de todos los ciudadanos, y así mismo, que dentro de los espacios señalados como propicios para el ocio semanal, se haga inclusión de arquitecturas cubiertas, como estadios y campos de deportes, lo que redimensiona las posibilidades de la arquitectura para albergar la práctica del ocio, más allá del enfoque decimonónico centrado en el diseño de parques y plazas.
Las formas de control y manejo del tiempo libre de los ciudadanos a través de la arquitectura han dado origen a proyectos tan paradigmáticos como el "Downown Athletic Club", diseñado por la firma Starrett & Van Vleck (1929), o utópicos como el "Fun Palace" de Cedric Price (1964), condensadores sociales en los que por igual se buscaba ofrecer al público distintos y variados modos de ocupar y disfrutar del tiempo libre. Para lograrlo, se implementaba en estos proyectos —como en tantos otros— un conjunto de actividades recreativas y deportivas con el propósito de ocupar el tiempo libre. Estas actividades, realizadas en el interior de espacios específicos y durante periodos determinados, contrasta con las prácticas de ocio realizadas hasta entonces en espacios públicos, en las que la libertad en el uso del espacio, como en el tiempo dedicado a ello, se ven reemplazadas por actividades y espacios programados. Es por ello, que esta investigación se preguntó sobre la existencia o no, de arquitecturas que contaran en su interior, con espacios diseñados para actividades libres en tiempos libres, es decir, sin una duración determinada. Esta pregunta permitió detectar una categoría de análisis poco estudiada en arquitectura, referida a los espacios no programados, o espacios in-between.
Esta categoría, propuesta en la década de 1950 por arquitectos del Team X como Alison y Peter Smithson o Aldo van Eyck, plantea dotar de usos a los espacios de transición (interior-exterior, abierto-cerrado) con la convicción que bajo esta estrategia era factible propiciar actividades no programadas y por ello fortuitas. Por lo tanto, se trata de una concepción del espacio no programática, susceptible de enriquecer la experiencia del habitar, tanto en la ciudad como dentro de una arquitectura determinada. En este sentido, los espacios in between desafían los enfoques funcionalistas al proponer espacios con funciones múltiples realizados de manera simultánea con el fin de aprovechar "la necesidad y la oportunidad de construir espacios intermedios que permitan establecer relaciones de otro orden entre usuarios, edificios y ciudad, entre lo existente y lo que está por hacerse" (Juárez y Rodríguez 2014, 53).
Bajo esta categoría de análisis se detectaron investigaciones centradas en la aplicación de los espacios in between a casos efectivamente construidos en Colombia, tema de la tesis de maestría titulada "La forma de la inactividad: espacios no-programados en ambientes de aprendizaje en Colombia" (Martínez 2024, 7), investigación que contrasta el uso de espacios y tiempos programados (clases en las aulas) con el uso de espacios no programados en tiempos libres (espacios in between, en periodos de recreo), y cuyos hallazgos revelan "cómo la introducción y manipulación de lo 'no programado' en distintas instancias de los ambientes de aprendizaje, fomentan la espontaneidad, el ocio y la interacción social" (Martínez 2024, 7). Esta investigación demuestra la capacidad de los espacios in between para detonar en los usuarios otro tipo de experiencias valiosas y otras formas de aprovechamiento del tiempo libre no programadas por los arquitectos, toda vez que estas actividades acontecen en los tiempos de recreo o descanso de los estudiantes. En síntesis, "El espacio In-Between es todo espacio que escapa de los requerimientos meramente funcionales y programáticos. 'Espacio que escapa de los confines establecidos, de lo regulado y lo oficial, […]. Por tanto, son difíciles de justificar, como lo afirman Neutelings y Riedijk, donde es usual la oposición y reticencia por parte del cliente, quien los considerada como desperdicio y derroche de dinero" (Martínez 2016, 122).
En efecto, pese a que las investigaciones aquí citadas demuestran la existencia e importancia de los espacios in between en la cualificación y aprovechamiento del tiempo libre, también se demuestra el rechazo del Estado para aceptar la implementación de estos espacios en los proyectos, por considerarlos inútiles, un desperdicio de dinero, y, por ende, contrarios a las políticas sobre gasto público. Todo ello tiende a invisibilizarlos en las políticas públicas como estrategia legítima para el aprovechamiento del tiempo libre al interior de una arquitectura.
En síntesis, mientras que el derecho al ejercicio del ocio de carácter público tiende a manifestarse en espacios públicos y abiertos como parques y plazas a cielo abierto, la práctica del ocio de carácter privado pareciera manifestarse exclusivamente en espacios cubiertos y cerrados como clubes, centros recreativos y complejos turísticos, arquitecturas igualmente de carácter privado y, por lo tanto, de acceso no gratuito. En medio de estas dos tendencias principales, la presente investigación se instala en la brecha que supone la pregunta sobre la práctica del ocio público en el interior de arquitecturas públicas y no en el espacio público. Es decir, el estudio de las "Formas del tiempo libre", esto es, el derecho de las masas al disfrute de su tiempo libre en espacios cubiertos diseñados para este fin, con un uso y acceso público.
Los resultados detectados, fruto de la aplicación de la metodología propuesta, permitieron visibilizar cómo la implementación de infraestructuras estatales a través de la formulación de políticas públicas constituye uno de los modos más elocuentes de revelar el pensamiento conceptual de un gobierno o un gobernante para alcanzar un cambio social. En el caso de la arquitectura pública para el ocio en Colombia, la promulgación de distintas políticas públicas a través de leyes y decretos permitió develar el pensamiento teórico conceptual de distintos gobiernos rastreados entre 1934 y 2021 con el que argumentaron la construcción de estas infraestructuras. Los resultados de dicho rastreo historiográfico permitieron alcanzar dos objetivos; en primera instancia, configurar un panorama historiográfico sobre el pensamiento estatal y arquitectónico de la arquitectura pública del ocio en Colombia. Un segundo objetivo, derivado de un análisis más profundo de este panorama, permitió evidenciar cinco estrategias con las que el Estado ha buscado controlar el tiempo libre de los ciudadanos entre 1934 y 2021, a través de la correlación entre conceptualizar (leyes y decretos), administrar (aplicación de estas leyes y decretos a través de la arquitectura) y controlar (uso del tiempo libre de los ciudadanos).
Tabla 1_ Panorama de las políticas y estrategias de control del tiempo libre en la arquitectura pública del ocio en Colombia. Fuente: elaboración propia.
Puede afirmarse que los inicios de la arquitectura pública para el ocio en Colombia tienen lugar en la década de 1930, aunque las formas de control del tiempo libre de los ciudadanos por parte del Estado, la Iglesia y los patronos, remontan muchos años antes. Para la década de 1930:
[…] el control del tiempo libre estuvo relacionado tanto con la lucha contra el comunismo por parte de la Iglesia católica como con los procesos de racionalización del trabajo, es decir, que de la forma como se ocupara el tiempo disponible de los obreros dependía la garantía de orden social y el rendimiento del trabajador en su puesto de trabajo" (Mayor citado en Ruiz 2021).
Esta forma de control desde la moral contrasta con la visión de las élites y de los patronos.
Para los empresarios era un tiempo dilapidado en diversiones que perjudicaban la disciplina laboral. Para la iglesia católica la inmoralidad era la que presidía en los ratos de ocio, Para el Estado, en el tiempo libre era donde se fraguaban las rebeliones. Y para los revolucionarios era cuando se alienaba a las masas (Archila 1991, 146).
Pese a lo anterior, el gobierno del presidente López Pumarejo expide el Decreto 895 de 1934, política estatal que por primera vez establece el derecho de los trabajadores a un tiempo de descanso remunerado, una ley que abre la pregunta sobre las formas de ejercicio de este derecho al ocio y sobre la responsabilidad del Estado para proveer espacios (y no solo tiempos) para la práctica de este derecho.
Esta estrategia inicia con la institucionalización por parte del gobierno de López Pumarejo, de un modelo a escala nacional que buscaba aprovechar los tiempos vacacionales de los niños habitantes de la ruralidad para invitarlos a un programa formativo y educativo a desarrollarse en los espacios de una colonia vacacional. Con el fin de evidenciar cómo el Estado ha pretendido conceptualizar, administrar y controlar el tiempo libre de los ciudadanos a través de estos proyectos de colonias vacacionales (figs. 1 y 2).
Figura 1_ Escuelas Normales y Colonias Escolares en Colombia. Fuente: Archivo General de la Nación.
Figura 2_ Colonia vacacional Coconuco (Cauca). Arquitecto: José Ramón Montejo, Ministerio de Obras Públicas. Fuente: Google Earth Pro. 2014.
Tabla 2_ Estrategia 1. La arquitectura pública del ocio como forma de control del tiempo vacacional de los niños: las Colonias Vacacionales (1934). Fuente: elaboración propia.
Pasarían más de 30 años antes de encontrar registro de una estrategia estatal en el campo de la arquitectura del ocio. La construcción y puesta al servicio de este club de orden nacional se contextualiza en un periodo de gran auge en la construcción de clubes de empleados pertenecientes a empresas y compañías privadas. Lo significativo de este club es que representa un primer esfuerzo por equiparar el derecho de los trabajadores del sector público de todo el país para acceder a equipamientos de ocio similares a los construidos por el sector privado, un derecho que hasta ese momento estaba reservado a ciertas élites de la sociedad colombiana. Por otra parte, aunque se detectó en este periodo la construcción por parte del Estado de clubes militares en distintas ciudades del país, estos casos no se incluyeron en esta investigación, dado que estos clubes no estaban destinados al uso de la población civil sino al uso de los trabajadores del sector militar y sus familias, lo que excluía (y aún excluye) el acceso a la población en general.
Tabla 3_ Estrategia 2. La arquitectura pública del ocio como imitación del control del tiempo libre del club privado: el Club de Empleados Oficiales (Bogotá, 1966). Fuente: elaboración propia.
Figura 3_ Club de Empleados Oficiales (Bogotá, 1966). Arquitectos: Cuéllar Serrano Gómez. Fuente: Germán Téllez.
Figura 4_ Centro Social La Victoria (Bogotá, 1979). Arquitectos: Rubio Medina Herrera. Fuente: Fondo Hernán Herrera, Archivo General de la Nación.
Figura 5_ Ubicación de los Centros Sociales Populares en Bogotá. Fuente: Departamento Administrativo de Planeación Distrital, s.f., (Archivo General de la Nación, Fondo Hernán Herrera).
El crecimiento desbordado de Bogotá a finales de la década de 1960 derivó en el desarrollo informal de grandes áreas urbanas en la ciudad. La respuesta estatal a este fenómeno fue la implementación del Programa Integrado de Desarrollo Urbano para la Zona Oriente de Bogotá (PIDUZOB), una política de Planeación/Acción concebida por el BID (Campo 2012, 12) que a través de Centros Sociales planteó una particular estrategia de control del tiempo libre.
Uno de los aspectos más relevantes del Programa de Centros Sociales es que constituye la primera muestra de una arquitectura dedicada al ocio totalmente pública en Colombia. Se trata de un complejo de servicios y bienestar de acceso no solamente de acceso público sino de uso gratuito, cuyos espacios de más de 9000 m2 están pensados para satisfacer las necesidades de bienestar, ocio, recreación, deporte y salud. Este programa contempló la construcción de 12 centros sociales (uno por localidad) distribuidos en toda la ciudad (DAPD s,f), de los cuales se construyeron, y funcionan hasta el día de hoy, tres de ellos, ubicados en los barrios Lourdes, La Victoria y Servitá. La conceptualización teórica de estos equipamientos se sustentaba en el planteamiento del CIAM sobre centros cívicos, de acuerdo con la carta manuscrita que el arquitecto Hernán Herrera dirigió al entonces director administrativo de Planeación Distrital, el arquitecto Patricio Samper. En esta carta se detallaban las pautas sobre centros cívicos contempladas en 1971 por el arquitecto German Samper en el Estudio de Normas Mínimas Urbanísticas, y por el arquitecto W. W. Caudill en su libro Design for the First Five (Herrera s.f.).
Tabla 4_ Estrategia 3. La arquitectura pública del ocio como educación en el uso del tiempo libre en barrios informales: los Centros Sociales Populares (Bogotá, 1979). Fuente: elaboración propia.
La creación, en 1954, de las Cajas de Compensación Familiar en Colombia (CCF), supuso la posibilidad de empezar a delegar en entes privados la administración y prestación de servicios sociales a los trabajadores, utilizando para ello dineros debitados de los ingresos salariales de los trabajadores. Estos servicios, que inicialmente consistían en la entrega de un subsidio monetario a cada trabajador, fue ampliándose sucesivamente hasta que la Constitución Política de 1991, estableció dentro de sus principios la importancia de proteger a la familia como núcleo básico de la sociedad, "[…] trae consigo la ampliación del campo de acción de las Cajas de Compensación Familiar" (Ministerio de Trabajo 2012, 4), lo que posibilitó delegar en estas, funciones —otrora ejercidas por el Estado—, como la construcción de vivienda, la prestación de servicios de salud y la recreación de sus afiliados. En este contexto, se abre en 1989 el concurso para el diseño arquitectónico del Centro Urbano Recreativo (CUR) de la CCF Compensar, que implica una importante reflexión sobre el significado de la recreación en edificios diseñados para este fin, así como una estrategia específica de control del tiempo libre de los trabajadores.
Tabla 5_ Estrategia 4. La arquitectura del ocio como masificación del control del tiempo libre: el concurso para el Centro Urbano Recreativo Compensar (1989). Fuente: Elaboración propia.
La construcción de las Unidades de Vida Articulada (UVA) y los Centros de Felicidad (CEFE), en Medellín y Bogotá, respectivamente, representan a comienzos del siglo XXI, el retorno de la responsabilidad del Estado en cuanto al ofrecimiento de alternativas para el uso del tiempo libre de los ciudadanos, sustentadas en "el principio constitucional de igualdad de todos ante la ley" (Concejo de Bogotá 2016) así como en el Plan Nacional de Recreación 2013-2019, sin embargo la aplicación de estos principios por parte de los gobiernos de Medellín y Bogotá evidencian diferencias en las argumentaciones con las que justificaron la construcción de estos equipamientos.
Tabla 6_ Estrategia 5. La arquitectura pública del ocio como ejercicio de democracia urbana e igualdad en la calidad de vida: las Unidades de Vida Articulada (UVA) en Medellín y los Centros de Felicidad (CEFE) en Bogotá. Fuente: Elaboración propia.
Las conclusiones están estructuradas como respuesta a las preguntas de investigación, en cuanto aportes al vacío de conocimiento identificado en el estado del arte.
Sobre la pregunta ¿cómo desde lo público el Estado colombiano ha venido concibiendo y/o conceptualizando el ejercicio efectivo de este derecho al descanso, la diversión y el desarrollo de sus ciudadanos, a través de la arquitectura?, una de las principales conclusiones que arroja esta investigación es que en cada una de las políticas analizadas para la recreación y el ocio entre 1934 y 2021 se manifiesta también en una visión ética del Estado frente al uso del tiempo libre. Estas visiones éticas se explican a través de un conjunto de conductas ideales de sus ciudadanos, a implementarse durante el uso de su tiempo libre y detectables en las prioridades programáticas de los proyectos arquitectónicos construidos a este fin (tabla 7).
Tabla 7_ Políticas públicas para el aprovechamiento del tiempo libre: objetivos y visión ética. Fuente: Elaboración propia.
Respecto a la pregunta ¿cuáles han sido las estrategias con las que el Estado ha buscado administrar y/o controlar las prácticas del uso del tiempo libre de sus ciudadanos? Es importante señalar que aunque las cinco estrategias detectadas para administrar y controlar el tiempo libre de los ciudadanos (tablas 2 a 6) implican variadas ideas, programas y arquitecturas, lo que no ha variado es que todas estas políticas giran alrededor de garantizar el derecho al aprovechamiento del tiempo libre a través de las mismas tres actividades básicas (recreación, deporte y cultura). En este sentido llama la atención que ninguna de estas políticas responda a la primera de las funciones para el aprovechamiento del tiempo libre previstas por el Estado en la Ley 181 de 1995: el descanso. En este sentido, pareciera que a pesar de todas las iniciativas puestas en marcha por el Estado, el derecho al ocio en forma de descanso sigue siendo privilegio de unos pocos.
Por otra parte, dado el carácter público de estas políticas, es importante señalar que, pese a ello, han existido sesgos en el tipo de personas con derecho a practicar el ocio en estas infraestructuras. Por ejemplo, en equipamientos como el Club de Empelados Oficiales (1966) o en los Centros Urbanos Recreativos (1990), la posibilidad de ejercer el derecho al disfrute de estos espacios está necesariamente ligada a que el usuario cabeza de familia cuente con un trabajo formal. Lo anterior, debido a que el acceso a las instalaciones depende de una afiliación, ya sea como empleado oficial o como afiliado a una Caja de Compensación Familiar. En este sentido, quedan excluidos todos aquellos ciudadanos que no tengan un contrato laboral formalmente establecido que incluya su afiliación a un club de empleados o a una caja de compensación.
Es por ello que uno de los aspectos más relevantes del fenómeno de las UVA y los CEFE en Colombia, es que la construcción de estos equipamientos representa la retoma del Estado en la aceptación de la informalidad como realidad de la mayoría de los trabajadores colombianos. Una retoma que tiene sus orígenes en políticas como la del PIDUZOB (1979) y los Centros Sociales Populares, o, a mayor escala, con el proyecto de Colonias Vacacionales (1934), políticas que más que recrear buscaban mejorar la calidad de vida de las personas, unas políticas que, entonces como ahora, apuntan a solucionar uno de los problemas más importantes en la actualidad: la desigualdad social.
Figura 6_ UVA El Paraíso. Fuente: Empresa de Desarrollo Urbano de Medellín (EDU).
Figura 7_ CEFE Las Cometas. Fuente: Opus Diseño, Arquitectura y Paisaje + aRE Arquitectura en Estudio. Autor: Llano fotografía.
* Artículo basado en los resultados de la investigación: Análisis de las memorias descriptivas, políticas públicas y Planimetrías en las Bienales Colombianas de Arquitectura: Arquitectura del Ocio en Colombia (1970-2022). ID Proyecto 10970, desarrollada con el patrocinio de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).