Cómo citar: Olmedo Latoja, Paula Andrea. "De cuerpo a espacio: tránsitos kinestésicos de los artefactos arquitectónicos Laberinto coreográfico y Exicosaedro". Dearq 44 (2026): 30-41. https://doi.org/10.18389/dearq44.2026.04

De cuerpo a espacio: tránsitos kinestésicos de los artefactos arquitectónicos Laberinto coreográfico y Exicosaedro*

Paula Andrea Olmedo Latoja

pauolmlat@alum.us.es

Universidad de Sevilla, España

Recibido: 2 de diciembre de 2024 | Aceptado: 14 de julio de 2025

Este trabajo presenta un proceso de investigación-creación que explora la intersección entre arquitectura y danza contemporánea mediante los artefactos arquitectónicos Laberinto coreográfico y Exicosaedro, considerando la experiencia kinestésica como eje central. Esta perspectiva implica una dimensión tanto tangible como intangible del diseño, en la que el cuerpo se convierte en el medio de exploración y expresión formal. A partir de un fundamento conceptual y una metodología experimental —que incluye dibujo, coreografía, fabricación de maquetas e instrumentos performativos—, se analizan, componen, construyen e interpretan las geometrías y materialización de los artefactos, concebidos como una arquitectura temporal interactiva que fomenta la conciencia corporal y espacial.

Palabras clave: espacio corporal, experiencia kinestésica, arquitectura temporal, indumentaria arquitectónica, diseño performativo, coreografía.


introducción

Este artículo se inscribe en una investigación doctoral en etapa inicial, orientada por el diseño, que explora la relación entre el cuerpo humano y el espacio, considerando el movimiento como una de las acciones más sugerentes para profundizar en dicho vínculo. La propuesta traza un recorrido que parte del cuerpo —concebido como un primer espacio— y se proyecta hacia la creación de artefactos arquitectónicos que, en sus configuraciones, manifiestan singularidades del vínculo entre corporalidad, espacialidad y movimiento.

La propuesta da continuidad a la investigación "Módulo lúdico Laberinto coreográfico: experiencia kinestésica para la estimulación cognitivo-motriz de la primera infancia" (Olmedo Latoja 2022), cuyos planteamientos conceptuales han catalizado nuevos procesos de indagación y creación. Este trabajo es resultado de la colaboración transdisciplinaria entre una arquitecta-bailarina, un arquitecto y una coreógrafa, quienes exploran, desde el diálogo entre arquitectura y danza contemporánea, cómo los cuerpos en movimiento configuran y son configurados por el espacio. Así, el cuerpo trasciende su rol de objeto de análisis para posicionarse como sujeto activo en el diseño espacial.

El proyecto se fundamenta en el concepto de experiencia kinestésica, entendida como la percepción y comprensión del propio cuerpo y el espacio estando en movimiento (Gálvez 2019, 35). En este contexto, la coreografía y la práctica del movimiento se proponen como herramientas metodológicas y creativas para revelar y diseñar dinámicas espaciales. Esta aproximación ofrece una base para concebir una arquitectura que dialogue directamente con el cuerpo en acción.

Para materializar estos planteamientos, se presenta el desarrollo de Laberinto coreográfico y Exicosaedro, concebidos como artefactos arquitectónicos que, a partir de sus características formales y materiales, propician tanto el movimiento como la reflexión, concentrando en el sujeto que los habita y/o manipula la relación entre la espacialidad del cuerpo y la corporalidad del espacio.

cuerpo, espacio y movimiento: una aproximación transdisciplinar

Desde la figura humana vitruviana hasta el Renacimiento, el cuerpo humano ha sido central en la teoría arquitectónica como modelo de proporción y unidad de medida. No obstante, la modernidad, influida por la lógica cartesiana, lo redujo a un objeto estático y estandarizado, como evidencian los cánones de Ernst Neufert, Le Corbusier y Henry Dreyfuss, que desatienden la complejidad de la experiencia corporal y refuerzan normas excluyentes (Ferreira 2015; Gálvez 2021).

A su vez, la formación arquitectónica ha estado tradicionalmente vinculada a lo visual, relegando otros sentidos. Aunque las herramientas digitales han ampliado el repertorio proyectual, estas "extensiones del ojo" (Pallasmaa 2014, 30-34) continúan subordinando la percepción táctil y sensorial, alejando al diseño de una comprensión más integral del entorno.

Frente a estos paradigmas, han emergido planteamientos que proponen una comprensión más integral del espacio. Merleau-Ponty (2002) sostiene que el espacio no es neutral, sino que implica acción, percepción y experiencia. Lefebvre (2013) lo define como algo que se constituye al ser habitado, mientras que Sarah Robinson (2021) lo concibe como una envolvente extendida desde los sistemas corporales y perceptuales, condicionada por el estado emocional y somático de cada sujeto.

En este contexto, se vuelve necesario repensar el rol del cuerpo en la arquitectura. ¿Es posible diseñar desde el cuerpo experiencial, más allá del cuerpo-diagrama? La existencia humana es esencialmente sensorial y corporal. Desde la fenomenología, Johnson (1991) define la corporeización —o embodiment— como la ocupación del espacio desde el cuerpo mismo. En esta línea, Sheets-Johnstone (2011) plantea que el movimiento es una fuente primaria de conocimiento y percepción, al ser una experiencia significativa que se despliega en el presente. Su noción de cuerpo consciente alude a un cuerpo que reflexiona en movimiento, en el que el significado emerge y guía la acción.

cuerpo y espacio como entidades interactivas

Como apunta Johnson (1991), conceptos espaciales como contención, equilibrio o fuerza se experimentan corporalmente. En este sentido, la corporeización puede entenderse también como un fenómeno arquitectónico, en el que el cuerpo se reconoce como agente central del diseño, priorizando la experiencia vivida.

En definitiva, el cuerpo deja de ser una capa o un mero objeto; es un organismo situado y extendido, anidado en el espacio que ocupa y lo rodea (Gálvez 2019, 121). La relación entre cuerpo y espacio se manifiesta, así, a partir del movimiento: el cuerpo descubre el mundo moviéndose en él. La coreógrafa Marina Mascarell (2021, 8) lo resume como "la implicación de ser un cuerpo", condensando en esta definición una condición ontológica y su consecuencia: el cuerpo solo despliega todas sus dimensiones en y a través del movimiento.

Desde esta perspectiva, la danza contemporánea —como expresión artística efímera, situada en un tiempo y espacio específicos— proporciona ese punto de referencia. El enfoque transdisciplinar que entrelaza arquitectura y danza permite articular intereses diversos en torno a cuestiones relacionadas. Este interés no es solo de orden intelectual: el inter-esse, el estar-entre, configura un espacio común en el que ambas disciplinas se aportan mutuamente, potenciando una mirada crítica, sensible y creativa.

Para el cuerpo, moverse es implicarse en el mundo; para el espacio arquitectónico, acoger el movimiento es manifestarse como espacio construido. En esta correlación reside el potencial de la danza contemporánea como práctica investigativa para la arquitectura: es en el movimiento donde el yo y el medio se encuentran, y donde el cuerpo se relaciona con otros cuerpos y con el espacio. La danza contemporánea —que implica tomar conciencia del peso, la posición, el comportamiento y la interacción del cuerpo en relación con su entorno, así como de su propia composición y organización interna— se revela como una vía para explorar y comprender la apropiación, percepción y experiencia física de los espacios. Cuestionar al cuerpo como medio del espacio, reconocer su capacidad de conocimiento, y entenderlo como herramienta de expresión y comunicación abre nuevas posibilidades para la disciplina arquitectónica (Martínez Sánchez 2020).

cuerpos que diseñan

Pensar la arquitectura como una práctica que se activa desde y a través del cuerpo implica reconocerlo no solo como medida o referencia, sino como agente generador de espacio. Esta perspectiva plantea tres interrogantes centrales: ¿cómo podemos emplear el cuerpo humano para dar forma al espacio? ¿Cómo investigar la relación entre el cuerpo y el espacio a través de la materia? ¿De qué manera podemos explorar ideas arquitectónicas mediante el cuerpo?

La separación entre cuerpo y espacio —tanto física como conceptual— es una ficción histórica, un paradigma que considera al cuerpo desde la piel hacia afuera y al espacio como una entidad estática y aislada. Sin embargo, cuerpo y espacio son entidades que operan en continuidad (Aguilar Alejandre 2015, 22): sin cuerpo no hay percepción, ni espacio ni arquitectura que percibir. Habitamos a través del cuerpo y con el cuerpo. Desde esta perspectiva, el espacio arquitectónico debe entenderse como un proceso, un sistema, un verbo (Robinson 2021): una entidad que se extiende desde nuestra estructura corporal e implica cuerpo, medio y ambiente (Gálvez 2019).

Estas cuestiones encuentran un correlato en las instalaciones espaciales efímeras, cinestésicas y lúdicas de William Forsythe1, que invitan al sujeto a involucrarse, adaptarse, jugar a cambiar de posición y perspectiva, e incluso perder el equilibrio y la estabilidad. En esta misma línea se sitúan los trabajos de Laban, quien marcó un punto de inflexión en la danza al considerar el movimiento —y no la posición— como elemento central. A partir de esta concepción, cuerpo y espacio se convierten en contrapartes interrelacionadas, vinculadas a la experiencia a través del movimiento. Dos referentes clave ilustran esta convergencia:

La comprensión de los referentes previamente descritos permite relevar interrelaciones entre cuerpo, espacio y movimiento. En particular, el foco se sitúa en tres dimensiones clave: cómo el movimiento genera dinámicas de tensión y soltura; de qué manera el espacio condiciona las trayectorias corporales, y cómo el cuerpo, a su vez, crea y configura espacialidades.

A partir de estas premisas, el proceso creativo se articula en torno a dos condicionantes formales: el cubo y el laberinto. El orden cúbico se vincula con el planteamiento de Laban (2006), quien concibe la Kinesfera como un sistema espacial que contiene un cubo inscrito virtualmente, representativo de las direcciones más significativas del movimiento. Esta estructura geométrica sintetiza los tres planos y ejes fundamentales del movimiento corporal: el plano frontal – eje sagital, el plano horizontal – eje vertical y el plano sagital – eje frontal. De manera complementaria, la figura del laberinto se propone como dispositivo que, siguiendo la perspectiva de Forsythe, estimula la toma de decisiones espaciales mediante la percepción y la proyección del movimiento.

Bajo estas premisas conceptuales, se desarrolla el estudio formal de los artefactos arquitectónicos a través de exploraciones kinestésicas que entienden el cuerpo como un instrumento simultáneamente geométrico y performativo. El objetivo central radica en activar una conciencia de la interacción corpóreo-espacial, transitando desde la acción del diseño a la experiencia de habitar una arquitectura temporal.

arquitectura a través del cuerpo en movimiento

En esta investigación el hacer como forma de pensar la arquitectura —a través del cuerpo— constituye tanto la estrategia como el principio metodológico que articula y guía el proceso de diseño en la fase creativa. Se implementa una metodología que inicia el proceso con el cuerpo humano, dibujándolo, descomponiéndolo y diseñando a partir de él, mediante técnicas como dibujo, maqueta, fotografía, video y performance.

El ejercicio retoma el enfoque de Schlemmer (Blume 2015) en las danzas de la Bauhaus, destacando las posibilidades del cuerpo como instrumento perceptivo y flexible, no solo como generador de ideas, sino como noción central para explorar el espacio. Este enfoque encarnado requiere de una relación directa con la materia física para explorar sus propiedades corpóreas, visuales, espaciales y táctiles. Por ello, el modelo o maqueta a escala de la mano se utiliza como principal método de diseño: no como representación final ni como simulación, sino como medio activo para triangular cuerpo, espacio y materia.

El proceso de diseño se articula en una metodología experimental que involucra el cuerpo, el espacio y los artefactos arquitectónicos mediante un proceso iterativo y colaborativo. Este enfoque integra la práctica performativa, el diseño espacial y la experimentación material desplegándose de la siguiente manera:

experimentar-bailar

El proceso inicial explora el pensar a través del cuerpo, desarrollando la conciencia corporal en movimiento: en pausa, en desplazamiento, de manera aislada o en relación con otros cuerpos y con el entorno. Se trabajan principios fundamentales de la danza —espacio, tiempo, esfuerzo y forma— con el objetivo de disponer al cuerpo como herramienta de pensamiento, permitiendo que las dinámicas espaciales emerjan de forma intuitiva y sensorial.

En una segunda etapa, se introducen elementos materiales —lineales, planos, rígidos, flexibles— que amplifican las capacidades del cuerpo en movimiento. Se emplean listones de madera de pino (fig. 1) y tubos de PVC (fig. 2) como extensiones y soportes que intensifican la interacción corporal con el espacio, configurándose como herramientas para explorar sus posibilidades, limitaciones, lógicas constructivas y patrones compositivos.

Figura 1

Figura 1_ Secuencia de movimiento en la que se emplean listones de madera como extensiones rígidas de los cuerpos (2023). Fuente: fotografía de la autora.

Figura 2

Figura 2_ Práctica de movimiento en la que se utilizan tubos de PVC como extensiones articuladas de los cuerpos (2023). Fuente: fotografía de la autora.

Con el propósito de observar y registrar configuraciones geométricas del cuerpo en movimiento de manera tangible y en tiempo real, se conceptualiza y prototipa un dispositivo interactivo denominado Exicosaedro (fig. 3). Esta estructura, compuesta por seis pirámides de bambú articuladas, representa un fragmento de icosaedro regular que se modifica a sí misma mediante el movimiento del cuerpo de quien la manipula.

Figura 3

Figura 3_ Dos cuerpos experimentan el concepto de tensión a través del dispositivo Exicosaedro (2023). Fuente: fotografía de la autora.

La documentación de esta fase comprende registros fotográficos que descomponen y fijan las secuencias del movimiento, permitiendo un análisis posterior de las geometrías y trayectorias corporales bajo distintas condiciones físicas —genéricas, situadas y descontextualizadas—.

observar-dibujar

Durante esta fase, se seleccionan, ensayan y definen movimientos que configuran una coreografía inicial. La atención se dirige a las acciones del cuerpo y sus relaciones contextuales. Este proceso se repite múltiples veces, variando las condiciones y la cantidad de cuerpos en escena, lo que permite adaptar la coreografía en función del entorno y comprender cómo este influye en el tipo de movimiento generado.

A partir del material recopilado, se inicia un proceso de análisis en el que la geometría se convierte en herramienta de abstracción y composición. Se seleccionan movimientos específicos que reflejen posiciones no cotidianas de la corporalidad, los cuales se abstraen en trazados geométricos mediante dibujo analógico y digital. El objetivo es desdibujar la figura del cuerpo para explorar elementos fundamentales como ejes, direcciones, extensiones y articulaciones entre cuerpos y superficies. Los puntos clave del gesto corporal se fijan y conectan mediante líneas, formando poliedros que sintetizan las tensiones corporales (fig. 4).

Figura 4

Figura 4_ Ejercicio de dibujo geométrico diseñado para descubrir diferentes condiciones corporales y analizar similitudes o variaciones entre ellas. (2023). Fuente: ilustración digital sobre fotografía de la autora.

La fase de síntesis se orienta al diseño, prototipado y fabricación de un artefacto espacial. El proceso comienza con la traducción de trazos bidimensionales en estructuras tridimensionales, utilizando alambre metálico como medio para dibujar geometría en el espacio y materializar volúmenes. A partir de estas estructuras de alambre, se introduce nuevamente el cuerpo, empleando un muñeco articulado a escala, que permite simular variables de movimiento, escala, materialidad y lógica constructiva (fig. 5).

Figura 5

Figura 5_ Maqueta de experimentación de las geometrías que configuran la espacialidad del Laberinto coreográfico. Escala 1:10 (2023). Fuente: fotografía de la autora.

Este modelo a escala 1:10 permite ensayar nociones como sistema, modularidad, articulación y transformación (fig. 6). A partir de él, se define una estrategia para desarrollar la estructura a escala 1:1, generando un artefacto arquitectónico concebido a escala corporal.

Figura 6

Figura 6_ Maqueta de experimentación de las articulaciones y lógica constructiva del Exicosaedro. Escala 1:10 (2023). Fuente: fotografía de la autora.

En colaboración con las diseñadoras industriales de INAS Diseño, se redefine el diseño del dispositivo Exicosaedro, ahora compuesto por ocho pirámides vinculadas y articuladas. El desarrollo se centra en el diseño y prototipado de piezas vértice mediante impresión 3D, así como en la definición de materiales definitivos —como aluminio y resina de poliuretano—, con el objetivo de garantizar que sea un artefacto ligero y manipulable (fig. 7). La estructura resultante se ensambla a escala real, para validar tanto su funcionalidad como su potencial performativo.

Figura 7

Figura 7_ Prototipo del dispositivo Exicosaedro (2023). Fuente: fotografía de la autora.

La exploración evoluciona desde el mapeo del movimiento corporal hasta la construcción situada de artefactos a escala real. Este proceso incluye trazar lo invisible, crear volúmenes con alambre, prototipar sistemas, levantar artefactos uno a uno en contexto, y realizar con el cuerpo.

Se trata de un desarrollo progresivo y consecutivo, en el que la relación entre las etapas no responde a una traducción literal, sino que configura una metodología flexible, abierta a la interpretación y a la iteración. La performance cumple un rol fundamental a lo largo de todo el proceso: no es un resultado ni un objetivo final, sino una herramienta de diseño que informa, valida y desafía las estrategias proyectuales.

espacialidades kinestésicas: laberinto coreográfico y exicosaedro

La arquitectura temporal Laberinto coreográfico (fig. 8), instalada durante seis meses en el exterior de la Biblioteca del Parque Cultural de Valparaíso y actualmente ubicada en el jardín de la sede de la Junta de Vecinos Población Lord Cochrane de Viña del Mar, materializa una experiencia kinestésica a través de una configuración espacial que integra tres componentes: la estructura portante, el entramado y el dispositivo Exicosaedro.

Figura 8

Figura 8_ Laberinto coreográfico en Parque Cultural de Valparaíso, Chile (2024). Fuente: fotografía de la autora.

La estructura portante2 define un cuerpo geométrico irregular inscrito en un cubo de 3 × 3 × 3 metros, articulado mediante una grilla virtual de cuadrados de 60 × 60 centímetros. Esta modulación dimensional surge de una exploración corporal sistemática que determinó el intersticio máximo de traspaso para el cuerpo en movimiento.

El entramado3 introduce elementos rígidos inclinados que se desvían del eje vertical, generando intersticios espaciales que desafían la percepción del equilibrio y promueven una navegación corporal multidireccional. Su diseño contempla tres niveles de movimiento —erguida, plegada y cuadrupedia—, que configuran un sistema que invita a la interacción activa y experimental con el espacio.

El dispositivo Exicosaedro4 se constituye en un fragmento de icosaedro desarticulado en ocho pirámides interconectadas, diseñado para la manipulación individual y colectiva. Este elemento opera como un traductor de movimiento, convirtiendo acciones corporales en configuraciones espaciales tangibles y generando un diálogo continuo entre corporalidad y espacialidad.

Laberinto coreográfico se presenta, así como una arquitectura temporal que busca desencadenar un diálogo multidireccional entre los cuerpos y el espacio que los contiene. La instalación revela cavidades que sugieren traspasos, líneas que insinúan apoyos y repositorios que convocan al detenimiento. La propuesta permite observar las posibilidades de activación entre cuerpos con diversas experiencias de movimiento, habilitando una sensibilidad ampliada para habitar el propio cuerpo y su contexto.

Tanto en la interacción con la estructura estática —en la que el movimiento surge de evadir o adherirse a la geometría (figs. 9 a 12)— como en la manipulación del Exicosaedro — que genera nuevas configuraciones espaciales (figs. 13 a 16)—, el proyecto propone una experiencia corporal expandida.

Figura 9
Figura 10

Figuras 9 y 10_ Cuerpos experimentando la espacialidad del Laberinto coreográfico en el Parque Cultural de Valparaíso (2024). Fuente: fotografías de la autora.

Figura 11
Figura 12

Figuras 11 y 12_ Registro de coreografía en Laberinto coreográfico en la sede de la Junta de Vecinos Población Lord Cochrane (2025). Fuente: fotografías de la autora.

Figura 13
Figura 14
Figura 15

Figuras 13 a 15_ Cuerpos explorando configuraciones corpóreo-espaciales con el Exicosaedro (2024). Fuente: fotografías de la autora.

Figura 16

Figura 16_ Código QR de enlace de registros audiovisuales del Laberinto coreográfico y Exicosaedro (2024). Fuente: registros de la autora.

cuerpos espacializados

Esta propuesta surge de una observación crítica: el avance tecnológico y la digitalización han promovido prácticas cada vez más sedentarias, restringiendo el repertorio de movimientos humanos y alejando a la arquitectura de la experiencia corporal directa. Frente a ello, se plantea el estudio de la arquitectura a través del cuerpo, explorando su potencial como disciplina performativa, práctica corpórea y proceso metodológico.

La investigación se estructura en torno a tres ejes: la configuración del espacio mediante la articulación de movimiento y materia; el proceso arquitectónico como método encarnado, iterativo y generativo, y una metodología no lineal basada en ejercicios interconectados que promueven un aprendizaje progresivo y crítico. Desde una noción de laboratorio, se desarrollan experimentos conceptuales y materiales que involucran el cuerpo como medio activo de pensamiento y creación.

El método guía la exploración desde la observación hasta la representación y la experimentación, integrando herramientas como la performance, el modelado táctil, el mapeo corporal y el prototipado. Estas prácticas generan una colección de artefactos experimentales y una matriz de estrategias arquitectónicas transferibles. El Laberinto coreográfico y Exicosaedro encarnan esta visión, situando el movimiento y la experiencia corporal en el centro del pensamiento arquitectónico. Los artefactos arquitectónicos proponen una interacción tangible entre cuerpo y entorno, recordando que la arquitectura, antes que un producto tecnológico, es una creación fundamentalmente humana, cuya esencia debe integrar la corporalidad como su principio generador.

El proyecto problematiza la concepción de la arquitectura como una entidad estática, proponiéndola como un medio interactivo que establece una relación dialógica con el cuerpo. Desde esta perspectiva, la arquitectura no solo contiene el movimiento, sino que actúa como un sistema de información que, mediante su geometría y estructura, estimula formas de interacción corporal.

La instalación busca generar una reflexión fenomenológica, invitando a tomar conciencia de cómo los objetos y espacios nos convocan a interactuar mediante su geometría, estructura y cualidades perceptivas. Conceptos como articulación, materialidad, superficie, coreografía y lugar se manifiestan como experiencias corporales directas y transformables.

Este enfoque implica un desplazamiento fundamental: del espacio como objeto pasivo de contemplación al espacio como campo activo de experimentación, donde cuerpo y entorno se cocrean en un proceso continuo de reciprocidad y descubrimiento.

reflexiones finales

Esta exploración revela el papel fundamental del sentido kinestésico como dispositivo para activar y definir la corporalidad en el espacio. A través de la propiocepción, el cuerpo organiza la información espacial, generando una cognición situada que permite ubicarse, reconocerse y proyectarse en el entorno.

El proceso creativo evidenció el potencial de los ejercicios corpóreo-espaciales y su traducción gráfica como herramientas metodológicas. El movimiento y la práctica coreográfica funcionaron como medios generativos para articular el espacio, integrando capas de conocimiento, tales como:

La experimentación con el dispositivo Exicosaedro se constituyó como un mediador tangible entre cuerpo, espacio y movimiento. Su estructura articulada, capaz de modificarse a través del movimiento de quien la manipula, genera múltiples configuraciones geométricas, produciendo lo que podríamos denominar un dibujo coreográfico en el espacio.

Laberinto coreográfico se presenta como una arquitectura temporal que emerge en el intersticio entre arquitectura y danza. La instalación propone una experiencia kinestésica esencial: un llamado a la reescucha del cuerpo y sus rutas de escape, un dibujo del cuerpo comunicándose y respondiendo al espacio.

Asimismo, se plantea la posibilidad de trasladar estas experiencias a entornos educativos, comunitarios o terapéuticos, en los que el diseño espacial pueda contribuir al desarrollo de la conciencia corporal y la percepción del entorno. Para futuras implementaciones, se propone desarrollar metodologías de documentación más sistemáticas que permitan registrar y analizar la experiencia de quienes habiten los artefactos arquitectónicos de manera comparativa.

En este sentido, una línea de trabajo futura consistirá en aplicar esta metodología para pensar otros artefactos arquitectónicos en espacios concretos y/o específicos, o en otras escalas de espacio contextual. Tanto el Laberinto coreográfico como el Exicosaedro son estructuras que funcionan como espacios en sí mismos, con una lógica interna que no necesariamente responde de forma directa a los entornos en los que se pueden emplazar. Explorar la interacción de artefactos con lugares específicos permitiría observar cómo se reconfigura la experiencia corporal en relación con contextos espaciales definidos, y cómo estos influyen en la percepción, el movimiento y la construcción de sentido.

Estos artefactos pueden ser leídos como una arquitectura primaria: una forma espacial que emerge del cuerpo y se proyecta hacia el entorno. Una arquitectura que celebra al cuerpo, y que propone nuevas formas de pensar el diseño desde lo más evidente y a la vez radical: la activación consciente del cuerpo en el espacio.

créditos

Creación y dirección: Paula Olmedo Latoja

Arquitecto colaborador y diseño gráfico: Matteo Lotrionte

Asesoría en danza y creación coreográfica: Francisca Silva Gazitúa

Asesoría estructural: Luis Della Valle

Construcción y montaje de Laberinto coreográfico: Miguel Alvayay

Fabricación de Exicosaedro: INAS Diseño (Valentina Muñoz, Camila Campos y Carolina Espinoza)

Colaboración en acción coreográfica: Catherine Chávez Améstica

bibliografía

  1. Aguilar Alejandre, María. 2015. "El espacio sin-fín: una mirada a través del cuerpo. Traslaciones entre danza y arquitectura". Tesis doctoral, Universidad de Sevilla, España. http://hdl.handle.net/11441/31713.
  2. Aguilar Alejandre, María. 2018. "Danza y arquitectura: de la experiencia corporal al despliegue espacial a través de William Forsythe". En Aprehendiendo arquitectura a través de las artes escénicas, editado por Jaume Blancafort y Patricia Reus, 15-28. Cartagena: Universidad Politécnica de Cartagena; CRAI. https://repositorio.upct.es/bitstreams/f06863ae-2f14-401b-a0c9-d6081b5e0f8e/download.
  3. Blume, Torsten. 2015. Dance the Bauhaus. Leipzig: E. A. Seemann.
  4. Ferreira, Maria Piedade. 2015. "Embodied Emotions: Observation and Experiments in Architecture and Corporeality". Tesis doctoral, Universidad de Lisboa, Portugal. http://hdl.handle.net/10400.5/14117.
  5. Gálvez, María Auxiliadora. 2019. Espacio somático: cuerpos múltiples. Madrid: Ediciones Asimétricas.
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  11. Mascarell, Marina. 2021. Corporeizar el pensamiento. Barcelona: Comanegra.
  12. Merleau-Ponty, Maurice. 2002. El mundo de la percepción. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.
  13. Olmedo Latoja, Paula Andrea. 2022. "Módulo lúdico Laberinto coreográfico: experiencia kinestésica para la estimulación cognitivo-motriz de la primera infancia". Tesis de magíster, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile. https://drive.google.com/file/d/13ixJkdUU0rSrTKmqyA6JC39g15Qqv7C1/view.
  14. Pallasmaa, Juhani. 2014. Los ojos de la piel. Barcelona: Gustavo Gili.
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  16. Sheets-Johnstone, M. 2011. The Primacy of Movement. Ámsterdam: John Benjamins Publishing Company. https://doi.org/10.1075/aicr.82.

* Proyecto financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, Convocatoria 2023, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile.

1 Véase William Forsythe, Choreographic Objects, disponible en: https://www.williamforsythe.com/installations.html.

2 La estructura portante combina elementos metálicos y de madera. La base está compuesta por vigas perimetrales de acero canal en C (100 × 150 × 3 mm) y vigas interiores de madera de pino cepillado (2" × 4"), con un entablado de pino cepillado (1" × 5"). Los elementos estructurales principales son tubos de acero redondo (2" de diámetro, 3 mm de espesor), ensamblados mediante pletinas soldadas y pernos. El arriostramiento se resuelve con tubos de acero redondo (1", 2 mm de espesor).

3 Los elementos corresponden a tubos de acero redondo (5/8" de diámetro y 1,5 mm de espesor), con sus extremos aplanados, fijados con grilletes en U a pernos ojo anclados en la estructura de base y con conexión superior a la estructura portante mediante fijaciones de pernos.

4 Las aristas de la estructura final están conformadas por tubos de aluminio (1/2" de diámetro, 120 cm de longitud), modificados en sus extremos mediante aplanamientos y plegados. El sistema de unión utiliza pernos Allen y tuercas de seguridad, mientras que la flexibilidad estructural se logra mediante bisagras de tela, permitiendo transformaciones geométricas.