
Cómo citar: Tafur Victoria, Manuela. "Tiempos, ritmos y escalas". Dearq no. 43 (2025): 4-6. DOI: https://doi.org/10.18389/dearq43.2025.01
Manuela Tafur Victoria
Universidad de los Andes, Colombia
En este editorial proponemos un marco de lectura para articular las diferencias de este número: leer en clave temporal. Partimos de Quetglas, quien afirma que "la arquitectura no ocurre en el tiempo, el tiempo ocurre en la arquitectura" (1994, 37). Esta formulación plantea una arquitectura que va más allá de ser un contenedor pasivo, capaz de organizar el tiempo en órdenes temporales —duraciones, secuencias, plazos— a través de infraestructuras, usos y normas. Por arquitectura entendemos cuerpos, infraestructuras, ecologías, normas y tecnologías, más allá de edificios, calles y plazas. El ritmo —tiempo marcado por repetición y diferencia— es la manifestación sensible de la interacción de esos órdenes temporales abstractos.
Si el ritmo es la manifestación sensible de los órdenes temporales, ¿qué lo configura? Retomamos la tríada de Lefebvre (1991, 38-41) —prácticas espaciales (lo percibido), representaciones del espacio (lo concebido) y espacios de representación (lo vivido)— como interfaz para leer lo espacial y lo temporal. No se trata de una equivalencia, sino de un recurso interpretativo. En nuestra lectura, la tríada no funciona como un sistema de capas, sino como momentos en interacción; de sus acoples y fricciones emergen ritmos.
Hacemos una traducción operativa entre la tríada espacial y la rítmanálisis1 de Lefebvre: lo percibido materializa temporalidades en soportes y prácticas; lo concebido las programa y regula; lo vivido las resignifica en experiencias sensibles. Los ritmos emergen de las tensiones —acoples y fricciones— entre estos tres momentos.
Los agentes que programan y regulan temporalidades con su hacer. Por ejemplo, cuerpos y comunidades que sincronizan, interrumpen o reordenan órdenes temporales mediante mecanismos que activan soportes materiales o normativos, dando lugar a ritmos compartidos.
Los soportes materiales y normativos ejecutan los órdenes temporales programados por los agentes. No actúan por sí solos, sino que requieren la activación de mecanismos operados por esos mismos agentes. Por ejemplo, en el espacio infraestructural (Easterling 2014), los estándares y protocolos (soportes) funcionan como "sistemas operativos espaciales": se activan mediante fórmulas replicables (mecanismos) aplicadas por constelaciones de actores (agentes).
Las escalas son el marco de observación que vuelve legibles los ritmos en la interacción entre órdenes temporales abstractos y su inscripción material y sensible. Por ejemplo: la disposición de una mesa pauta la coreografía de la cena y abre un tiempo festivo; el cuerpo que baila cartografía el tiempo y sincroniza respiraciones, pasos y miradas; un parque que reutiliza huellas y recicla materiales hace legible la temporalidad de larga duración del lugar; la monumentalidad de un edificio escolar inscribe un tiempo político-modernizador; leyes, calendarios y equipamientos administran el tiempo libre; huertos y "jardines ciudadanos" atan vacíos urbanos a ciclos estacionales y sociales; trazados prolongan el relieve y regulan flujos según tiempos ecológicos y patrones morfológicos.
En conjunto, estos ejemplos revelan ritmos festivo–conviviales, corporales, palimpsésticos, institucionales, regulatorios, comunitario–estacionales y ecológico–morfológicos que, del cuerpo al paisaje, se hacen legibles en sus distintas escalas. La lectura exige entonces dos movimientos: calibrar el foco y abrir el horizonte.
Por un lado, Josep Quetglas propone hablar de la mirada: nombrar con precisión lo que ya está ahí para volverlo legible y afinar la atención del lector. Por el otro, Liam Young expande el alcance: del cuerpo al sistema planetario, del tiempo humano al tiempo geológico. Juntos orientan una lectura atenta y expandida.
Entendemos los órdenes como el nivel abstracto y regulado que organiza el tiempo; los ritmos como el nivel sensible y vivido, resultado de la interacción de esos órdenes; y las escalas como el nivel de observación que permite situar y articular ritmos.
Con este marco temporal invitamos a leer el número desde los ritmos, articulando lo heterogéneo —arquitectura, ciudad, territorio y planeta— sin aplanar diferencias. Confiamos en que esta propuesta, que pone en relación tiempos y escalas, resuene a lo largo del número y habilite cruces entre los textos. Al final, leer este número es también una forma de habitar en el tiempo: sostenerse en la duración, en ese entre donde los ritmos se encuentran y se negocian.
1 Véase Lefebvre (2004) para una discusión más amplia sobre el ritmo, entendido como interferencia entre repeticiones cíclicas y lineales, la polirritmia, y las nociones de euritmia y arritmia. En este marco optamos por usar estas categorías solo como referencia. Aquí nos interesa subrayar el modo en que las temporalidades se perciben, conciben y viven en escalas y soportes diversos, más que diagnosticarlas en esos términos técnicos.