Cómo citar: Ferrer Forés, Jaime J. y Noelia Cervero Sánchez. "El sistema de crujías de muros de carga como orden espacial". Dearq 46 (2026): 73-88. https://doi.org/10.18389/dearq46.2026.06

El sistema de crujías de muros de carga como orden espacial*

Jaime J. Ferrer Forés

jaime.jose.ferrer@upc.edu

Universitat Politècnica de Catalunya - BarcelonaTech (UPC), España

Noelia Cervero Sánchez

ncervero@unizar.es

Universidad de Zaragoza, España

Recibido: 31 de agosto de 2025 | Aceptado: 7 de julio de 2026

Este artículo analiza la relevancia y continuidad del tradicional sistema de crujías de muros de carga, entendido no solo como elemento resistente, sino también como principio organizativo. El sistema de crujías de muros de carga determina la direccionalidad espacial de la crujía. El espacio se desarrolla entre dos muros paralelos. Se analizan las lógicas internas del sistema constructivo de crujías de muros de carga como procedimiento constructivo que organiza, sostiene y ha inspirado a los arquitectos a lo largo del tiempo en diferentes tipologías arquitectónicas, desde la escala de las viviendas unifamiliares o la vivienda colectiva, hasta los edificios públicos.

Palabras clave: crujía, muro, estructura, espacio, tradición.


sistemas estructurales como sistemas espaciales

Para George Kubler (1975,14), la historia de la arquitectura es la historia de las respuestas cambiantes a las cuestiones permanentes sobre el espacio, la estructura y la función. A lo largo del tiempo, las soluciones arquitectónicas a estas necesidades básicas han evolucionado y se han adaptado a diferentes contextos culturales, tecnológicos y sociales, pero las necesidades básicas siguen siendo las mismas.

Según Viollet-le-Duc (2007,6), la arquitectura es un continuo proceso de evolución cuyos principios permanecen constantes, aun cuando los materiales cambian. En diversos momentos históricos, por decantación de la tradición surgen y se perfeccionan ciertos procedimientos constructivos que tratan de dar respuesta, con la mayor economía de medios y con los materiales disponibles, a los fines complejos de la arquitectura a través de un código tectónico de fuerzas y materiales propio de cada sistema constructivo que determina la expresión arquitectónica (Armesto 1993, 84). Theo van Doesburg se aproxima al enfoque estructural de la arquitectura de Viollet-le-Duc y Auguste Choisy y presenta en 1929 el desarrollo histórico de la estructura a través de los sistemas: murario, entramado y losas. La Figura 1 muestra dicho desarrollo: (a) muro de carga tradicional, (b) entramado de postes y vigas con plementería, (c) sistema de losas rígidas con los soportes en las esquinas, (d) sistema de losas rígidas voladas con los pilares retranqueados para independizar la estructura del cerramiento (Doig 1986, 212) (fig. 1).

Figura 1

Figura 1_ Theo van Doesburg. Desarrollo histórico de la estructura. Fuente: elaboración de los autores.

El sistema murario es el sistema estructural más extendido en las civilizaciones occidentales hasta finales del siglo xviii. Este sistema estereotómico de muros está presente en la construcción vernácula y en las arquitecturas cultas. Auguste Choisy (1999) analiza en el libro El arte de construir en Roma los procedimientos constructivos romanos que se basan en la ejecución de muros macizos y sus formas estereotómicas: muros, arcos, bóvedas y cúpulas. La solidez y homogeneidad de la construcción comprimida y grávida establece el orden del espacio caracterizado por la direccionalidad espacial.

A diferencia del sistema murario, el entramado es la expresión tectónica y articulada de una arquitectura como ensamblaje de elementos lineales, postes y vigas que forman un conjunto de pórticos arriostrados en una retícula de soportes. Las técnicas de ensamblaje y articulación constructiva de las estructuras reticulares que emergen con la industrialización y definen la escuela de Chicago suponen un retorno al estricto y esencial entramado de vigas y postes de madera de la arquitectura de la Antigüedad o de las construcciones rurales. Para Rafael Moneo (1976,7), lo nuevo es un retorno al pasado. La articulación de los elementos resistentes genera una retícula tridimensional que refleja la realidad constructiva del entramado y establece la tridimensionalidad de la forma (27). Las técnicas modernas derivadas de los nuevos materiales como el hormigón y el acero propician la optimización del material estructural y la supresión de la masa inerte de la construcción muraria que se sustituye por el esqueleto estructural del entramado. Con la supresión de la masa inerte del muro, la estructura del entramado canaliza a través de las líneas de fuerza la transmisión de esfuerzos con el mínimo de material (Torroja 2010, 218).

La patente de un suelo sin vigas de Robert Maillart de 1908 y el posterior sistema Dom-ino de Le Corbusier de 1914 definen el sistema de losas voladas sobre pilares (Gregh 1979, 77). El monolitismo del pilar y el forjado de hormigón armado que suprime las jácenas, reminiscencias de las estructuras porticadas, determina la condición neutra, homogénea e isótropa de la estructura que reivindica Le Corbusier. Como señala Colin Rowe (1978,140), “el espacio del Estilo Internacional era un sistema que tendía a prohibir que se viesen las vigas y lo más importante no es que la cubierta fuese plana, sino que el techo y los suelos actúen como planos ininterrumpidos”. Así, la estructura determina la continuidad y define la isotropía espacial. El espacio fluye libremente en las dos direcciones.

Esta relación entre construcción y espacio se presenta en el esquema de Theo van Doesburg, en este se distinguen los tres sistemas estructurales entendidos como sistemas espaciales. Van Doesburg compara la distinta incidencia de los sistemas constructivos en la configuración del espacio. Ilustra la caracterización del sistema de crujías de muros de carga, cuyas trazas determinan la anisotropía espacial, la estructura resistente porticada del entramado como matriz sistemática del proyecto y, finalmente, el sistema de losas voladas que liberan la planta, definen la isotropía espacial y propician la autonomía de la compartimentación y el cerramiento, y se extienden mediante los voladizos como caracterización formal moderna.

En este sentido, la estructura no solo cumple con la función de soporte, sino que contribuye a la definición del espacio y a la identidad del edificio. La construcción de la forma y el orden espacial queda determinada por la elección del sistema estructural. Así, la estructura portante establece el orden del espacio (Campo Baeza 2008, 7).

Resistir y permanecer. La pervivencia del sistema estructural

El orden de la estructura resistente es un elemento generador de forma. La forma sigue al sistema constructivo y determina la espacialidad del proyecto. Para Louis Kahn (1955, 59) la forma se origina en un sistema constructivo y la estructura es la creadora de la luz (2003, 230). Así, el sistema estructural es el soporte de la forma arquitectónica, es la base de la construcción y determina con la forma el espacio arquitectónico.

El sistema estructural está formado por una combinación de elementos y unas lógicas internas que establecen las condiciones para su articulación. Para Viollet-le-Duc (2007,5), “toda arquitectura procede de la estructura y la primera condición que ella debe cumplir es poner su forma aparente de acuerdo con esa estructura”. En este sentido, Rafael Moneo (1976,69) señala que “el esfuerzo por formalizar las técnicas es el quehacer de la arquitectura”. De este modo, estructura y técnica constituyen principios fundamentales en la configuración de la forma arquitectónica.

El espacio arquitectónico se concibe desde la estructura, desde la lógica del proceso constructivo. Operar con los permanentes sistemas constructivos y espaciales y sus combinaciones es la base de la concepción del proyecto arquitectónico, “en ningún arte la razón es enemiga de la inspiración” (Viollet-le-Duc, 2007, 109). La estructura es el soporte físico de una idea de arquitectura y “las técnicas son la base misma del lirismo” (Le Corbusier 1979, 53), no suponen limitación formal ni constricción. Asimismo, como señala Paul Válery (1993,81) “la mayor libertad nace del mayor rigor”. De este modo, la estructura adquiere un papel fundamental en el proceso de proyecto arquitectónico, no solo como soporte físico de la obra, sino como un principio que orienta y participa activamente en la concepción y definición del espacio y de su forma.

La estructura constituye el soporte base de la arquitectura. Para Stewart Brand (1994), la estructura resistente es, junto con el sitio, la capa más permanente de la arquitectura. La supervivencia de un edificio a lo largo del tiempo se debe a la inmanencia del sistema estructural. En el libro titulado La vida de los edificios, Rafael Moneo (2017, 46) afirma: “el respeto a la identidad arquitectónica de un edificio es aquello que hace posible el cambio, aquello que garantiza su vida”. Este artículo se centra en la capa más permanente de la arquitectura, la estructura.

El muro. Sistema estructural

La construcción y la estructura constituyen la base de la expresión arquitectónica a partir de la lógica inherente de cada material y de las reglas sintácticas de la estructura. Esta investigación analiza el papel que desempeña, en diversos momentos históricos, la elementalidad de la estructura muraria en la producción de la forma.

Los sistemas constructivos murarios se han utilizado desde los orígenes de las civilizaciones humanas y responden a la disponibilidad de materiales locales. La construcción estereotómica se caracteriza por muros de carga masivos, construidos mediante el apilamiento de piedras o ladrillos, o mediante el vertido de un material amorfo que se solidifica tras el fraguado (Deplazes 2010, 14). El espacio entre los muros de carga queda condicionado por la máxima luz de la viga de madera o de la bóveda de cañón, lo que termina definiendo el espacio intramuros (Aparicio Guisado 2000, 189). Estos muros soportan el peso de la estructura que los cubre y lo transfiere a la cimentación corrida a la vez que proporcionan cerramiento al edificio (Torroja 2010, 90).

Las estructuras murarias determinan unas invariantes formales que se convierten en patrones tipológicos y formales de un modo intemporal de construir (Alexander 1981, 17). La sabiduría de los pueblos crea, a través de siglos de pruebas y errores, un patrón constructivo de estricta elementalidad. El ingenio popular en el uso de los materiales, la sabiduría anónima y la poesía primitiva de las formas tradicionales constituyen una construcción lógica y objetiva que Francesco Petrarca (2023, 154) define líricamente: “la casa de muros no constriñe el alma que es celestial”. La estructura anónima de las construcciones vernáculas establece un orden estricto que origina un tipo arquitectónico y facilita la creación de estructuras óptimas para vivir (Gubler 1985, 76). La forma objetiva del sistema murario constituye un patrón compositivo, un modelo elemental y contrastado de distribución y construcción de la arquitectura tradicional.

El muro de carga ha servido históricamente como el principal componente estructural de los edificios. Sin embargo, los avances tecnológicos de la industrialización propician la especialización de la construcción y la autonomía de la estructura del cerramiento. La transformación del sistema constructivo de muros y forjados en entramados continuos y arriostrados abre “un nuevo periodo en la historia de la construcción”, como señala Moneo (1976, 7), y supone el “gran acontecimiento de la arquitectura en el que los muros se abrieron y nacieron las columnas”, como afirma Louis Kahn (2003, 85), limitando el papel del muro portante como sistema estructural de los edificios (fig. 2).

Figura 2

Figura 2_ Transformación del sistema constructivo de crujías de muros de carga, caracterizado por la anisotropía espacial, hacia el entramado continuo y arriostrado, caracterizado por la isotropía espacial. Fuente: elaboración de los autores.

Así, esta investigación analiza la pervivencia y continuidad de un sistema constructivo tradicional, un modo intemporal de construir a través de las generaciones y diferentes culturas que deviene un tipo arquitectónico y sigue manteniendo un gran potencial para la arquitectura contemporánea. Al establecer vínculos con las estructuras profundas de la tradición, que otorgan a este sistema extinto una vigencia renovada, se pretende indagar en las características de un tipo arquitectónico para codificar las lógicas internas que rigen en el sistema murario y para operar, desde el proyecto, en la tradición; esto es, para prolongar una cultura y proseguir un proceso abierto.

La crujía. Codificar la estructura espacial

Esta investigación aborda la reinterpretación moderna y la vigencia contemporánea de la construcción muraria. Su objetivo principal es analizar cómo este sistema, basado en la direccionalidad espacial entre muros portantes paralelos, ha perdurado y evolucionado a lo largo de la historia, desde la arquitectura vernácula hasta la moderna y contemporánea, manteniendo su capacidad de estructurar el espacio y dotarlo de significado. La recurrencia al sistema murario está presente en numerosos ejemplos de la historia de la arquitectura, generando nuevos resultados a partir de elementos conocidos.

La crujía es una estructura formal y un principio ordenador. La morfología de la estructura se basa en los muros como elementos continuos y de cierto espesor y masa, resistiendo a compresión y cuya separación está condicionada por la longitud de las viguetas disponibles. El sistema de crujías de muros de carga se compone de una sucesión de muros portantes que soportan techos unidireccionales o bóvedas de cañón. La viga o la bóveda de cañón se apoya sobre los muros portantes paralelos como apoyos longitudinales continuos.

El muro de carga es lo que hace, el espacio de la crujía es lo que es hecho. Según la definición, la crujía es el espacio comprendido entre dos muros de carga. El sistema de crujías de muros de carga establece un orden espacial anisótropo. El espacio se desarrolla entre dos muros paralelos y el sistema de crujías de muros de carga determina la direccionalidad espacial. La profundidad es la forma del espacio. Para Frank Lloyd Wright (1941, 133), “esta cualidad de profundidad es la única que puede dar vida a la arquitectura”.1

La configuración de la crujía da lugar a espacios profundos —como se ve en el modelo tradicional de la casa gótica europea, estrecha y profunda, que utiliza solo una crujía— donde los muros de carga coinciden con los límites de la parcela y generan un espacio diáfano sin elementos estructurales internos. La gran profundidad de la crujía permite mejorar el coeficiente de forma al reducir la proporción entre fachada y superficie útil con el consiguiente ahorro económico y energético. Alternativamente, los muros portantes se pueden disponer paralelos a la fachada generando la necesidad de perforar los muros de carga mediante arcos o dinteles, creando un muro diafragmático y una variación del modelo de casa entre medianeras (fig. 3).

Figura 3

Figura 3_ Casa gótica construida con crujías de muros de carga y variante con muros de carga paralelos a la fachada. Fuente: elaboración de los autores.

Desde las arquitecturas cultas de la Antigüedad a las construcciones vernáculas, los maestros constructores adoptan la construcción muraria por su facilidad de puesta en obra y por la coherencia entre la estructura construida y el espacio de la nave. Desde las basílicas o las cisternas romanas, los almacenes fortificados tunecinos o las construcciones rurales como la tradicional masía catalana, la estructura anónima de la construcción tradicional de las edificaciones vernáculas recurre al acervo de un sistema constructivo elemental.

La estructura de la construcción de la masía catalana se basa en un sistema espacial modulado formado por la agregación de crujías (Grupo 2C 1981, 40). La estructura de la masía es la raíz de la forma y le dota de identidad. Habitualmente, está formada por cuatro muros equidistantes separados, aproximadamente, por cuatro metros, la dimensión frecuente para cubrir el espacio de la crujía con viguetas de madera, generando tres naves con la sala principal en la disposición central (fig. 4). Los muros de carga están construidos con mampostería de piedra del lugar cubiertos perpendicularmente con viguetas de madera o bóvedas de cañón.

Figura 4

Figura 4_ La agregación de crujías en la tradición. Perspectiva axonométrica cenital de la masía tradicional catalana. Fuente: elaboración de los autores.

En 1921, Adolf Loos con “La casa de un solo muro” hace patente la construcción del sistema de muros portantes que soportan techos unidireccionales (Hernández León 1990, 68). Con un solo muro portante define la unidad de un conjunto de casas en hilera que generan un espacio diáfano y liberan las fachadas de la misión portante. Las viguetas de madera se apoyan lateralmente en el segundo muro que pertenece a la casa colindante (fig. 5). Adolf Loos recurre a la lógica estricta de la tradición y subraya la distinción entre la estructura resistente del muro y el cerramiento ligero de listones de madera en los frentes de la crujía.

Figura 5

Figura 5_ La agregación de crujías en la modernidad. Adolf Loos. Axonométrica, planta tipo y alzado de la casa de un solo muro, 1921. Fuente: elaboración de los autores.

plan libre versus plan paralysé

En 1927, Le Corbusier (1979, 59) formula los cinco puntos para una nueva arquitectura derivados de las posibilidades técnicas de construir un esqueleto de losas voladas sobre pilares del plan libre que contrapone al denominado plan paralysé de la construcción tradicional y define como “despilfarro, ineficacia, parálisis”. Sin embargo, a partir de la década de los cuarenta, Le Corbusier adopta el esquema de la construcción con muros de carga del plan paralysé en diversos proyectos (Arnaldos 2014, 124). En su alejamiento del dogma purista, Le Corbusier se aproxima a la permanencia de lo vernáculo, a la estricta utilidad de las construcciones mediterráneas reivindicada por el Grupo de arquitectos y técnicos catalanes para el progreso de la arquitectura contemporánea (GATCPAC 1935, 33): “la arquitectura moderna es un retorno a las formas puras, tradicionales, del mediterráneo”. Las casas de fin de semana en el Garraf y en Punta Prima de Josep Lluís Sert y Josep Torres Clavé (1934) suponen la primera aproximación moderna a la sistemática configuración de los muros de carga y bóvedas a la catalana (GATCPAC 1935, 42) (figs. 6a, b).

Figura 6

Figura 6_ La pervivencia de lo vernáculo. Josep Lluís Sert y Josep Torres Clavé. (a) Casas de fin de semana en el Garraf, 1934. (b) Casas en Punta Prima, 1934. Fuente: elaboración de los autores.

En el proyecto de las casas Murondins (1940) destinado a proporcionar alojamiento a los desplazados por la guerra, Le Corbusier recurre al sistema murario que no requiere mano de obra especializada. Debían construirse por los propios usuarios con materiales locales, muros de adobe o ruinas de la guerra. Para favorecer la trabazón y arriostramiento añade algunos muros, perpendiculares a los anteriores, que cierren la planta y hacen de llaves entre los de crujía. Para garantizar la estabilidad, los muros de dos metros de alto están dispuestos en forma de L o T que al unirse uno al lado del otro crean células espaciales para albergar diversas actividades (fig. 7b). Le Corbusier recurre a la experiencia de los muros en forma de U y L para crear los espacios habitables de la Villa Le Sextant en Les Mathes, Francia (1934-1935) (fig. 7a).

Figura 7

Figura 7_ Estabilidad mediante muros plegados. Le Corbusier. (a) Villa Le Sextant en Les Mathes, 1934-1935. (b) Casas Murondins. Unidad habitacional y centro social, 1940. Fuente: elaboración de los autores.

La estructura del proyecto para las viviendas para los ingenieros en Lannemezan, Francia (1940) está formada por muros paralelos de crujía que definen dos naves con forjados a medias plantas (fig. 8a). El muro doblado dota de estabilidad al conjunto y en los frentes de la crujía reconoce las trazas de los muros y recurre a un cerramiento de madera que integra paneles opacos, transparentes y traslucidos, evitando el uso de la fenêtre en longueur el aspecto más antimurario de los cinco puntos de la nueva arquitectura (Monteys 2002, 143).

Figura 8

Figura 8_ La estabilidad de los muros plegados y la autonomía de los planos. Le Corbusier. (a) Viviendas para los ingenieros en Lannemezan, Francia, 1940. (b) Unités d'habitation transitoires, 1944. Fuente: elaboración de los autores.

Asimismo, el sistema de agregación de la vivienda colectiva de unités d'habitation transitoires (1944) propicia el trazado de los muros divisorios entendidos como elementos del sistema espacial de crujías. Los muros de adobe se prolongan más allá de los límites de la vivienda y se entienden como lienzos autónomos potenciando la idea moderna de la construcción con planos y evitando la formación de diedros que generen la sensación de masa (fig. 8b).

crecimiento horizontal. del plan paralysé a la matriz espacial

Esta concepción moderna del muro entendido como plano está presente en el proyecto para las viviendas en La Sainte-Baume, Francia (1948-1952). Los intervalos del muro de carga determinan dos naves que configuran la unidad de la vivienda. La necesidad de conectar las dos naves y unir espacialmente las dos crujías obliga a perforar los muros mediante un dintel. El espacio fluye bajo las jácenas, pero queda pautado por las trazas del dintel (fig. 9).

Figura 9

Figura 9_ Crecimiento horizontal. Le Corbusier. Viviendas en La Sainte-Baume, Francia, 1948-1952. Fuente: elaboración de los autores.

La necesidad de conectar las crujías para conseguir un espacio más unitario origina la perforación de los muros mediante arcos o dinteles. Con la supresión de una parte de la masa inerte del muro y la incorporación del dintel se consigue un mayor grado de transparencia en sentido transversal (fig. 10a). El elemento flectado del dintel garantiza el apoyo longitudinal continuo de las vigas o bóvedas de cañón y el espacio fluye bajo el dintel para así agrupar espacialmente varias crujías transversalmente a través de la enfilade, como se ilustra en la casa Paspaley en Darwin de Harry Seidler (1959) (fig. 10b).

Figura 10

Figura 10_ De la anisotropía de la crujía a la matriz espacial. (a) Planta y sección de la matriz espacial. (b) Harry Seidler. Casa Paspaley, Darwin, Australia, 1959. Fuente: elaboración de los autores.

En la casa Peyrissac en Cherchell, Argelia (1942), Le Corbusier ensaya la agregación de naves longilíneas. Concebida para construirse con la materia prima del sitio y por los maestros constructores locales, Le Corbusier adopta la crujía con el techo abovedado como unidad y principio lógico que “puede dar lugar a un sutil juego de llenos y vacíos” y entronca con “las formas más fundamentales de la tradición mediterránea” (2013, 116). Implantada en un recinto, la secuencia de muros equidistantes y las continuidades en la perforación de los muros propician la extensión transversal y el despliegue espacial a través de las naves yuxtapuestas (fig. 11a).

Además, Le Corbusier adopta este esquema en la casa Sarabhai construida en Ahmedabad, India (1951-1956). Ordena la casa a través de un sistema abovedado de crujías de muros equidistantes. El espacio fluye direccionalmente bajo la bóveda tabicada a la catalana y, mediante el uso del dintel, el espacio doméstico se amplía transversalmente abarcando varias crujías. La concatenación espacial de las crujías fluye a través del umbral del dintel, que marca la traza de los muros de carga, en un espacio diafragmado (Rowe 1997, 103). El plan paralysé de la casa Sarabhai genera una matriz espacial. Las naves contiguas se comunican espacialmente y están orientadas en la dirección de los vientos dominantes, transformando la corriente de aire en confort del espacio doméstico. La estructura resistente y la estructura espacial constituyen una unidad. Los espacios obtenidos se habitan sin apenas elementos de compartimentación interior (fig. 11b).

En las casas Jaoul en París (1951-1955), las dos naves espaciales adyacentes se amplían para conformar habitaciones más amplias a través del dintel. Las crujías no son equidistantes y Le Corbusier combina una crujía mayor de 3,66 m con una de 2,26 m para ordenar el programa doméstico en función de sus necesidades dimensionales (fig. 11c).

Figura 11

Figura 11_ Le Corbusier y la matriz espacial de la crujía. (a) Casa Peyrissac, Cherchell, Argelia, 1942. (b) Casa Sarabhai, Ahmedabad, India, 1951-1956. (c) Casas Jaoul, Paris, 1951-1955. Fuente: elaboración de los autores.

Como antecedentes de estos proyectos, Le Corbusier plantea conjuntos formados por la agregación compositiva de crujías abovedadas en los proyectos Roq and Rob, Roquebrune-Cap-Martin, Francia (1949) o en el proyecto para la casa Fueter en el lago Constanza, Suiza (1950). Para Le Corbusier (1978, 203), “la unidad de los elementos constructivos es una garantía de belleza”.

canon estructural

La estructura de crujías de muro de carga como configuración formal y principio organizativo caracteriza la obra doméstica del arquitecto griego Aris Konstantidinis en la década de los sesenta. Como instrumento de economía y rigor formal Konstantidinis traza, a partir de la casa de fin de semana en Anavyssos (1962), un persistente canon estructural de obras configuradas a través de la estructura de crujías de muros de carga con muros de mampostería del lugar de 50 cm de grosor que soportan, a intervalos determinados (2,00 m, 2,30 m, 3,00 m, 4,50 m, 5,00 m), una cubierta de hormigón armado estableciendo el arquetipo de la casa de Konstantidinis (1981, 255). La vida en la Grecia de Konstantinidis transcurre al aire libre en la concatenación espacial de crujías y porches (fig. 12).

Figura 12

Figura 12_ Canon doméstico de Aris Konstantidinis. (a) Casa de fin de semana en Anavyssos, 1962. (b) Spetses, 1963. (c) Spetses, 1966. (d) Aegina, 1975. (e) Aegina, 1978. (f) Aegina, 1978. (g) proyecto de casa no construida, 1965. Fuente: elaboración de los autores.

Tras construir una casa experimental de cuatro muros estabilizados con contrafuertes y tres naves abovedadas (fig. 13a), el arquitecto argentino Eduardo Sacriste (1984, 40) parte “de la idea de Le Corbusier en la Villa Sarahbai en Ahmedabad” para construir el conjunto de casas para los hermanos Clérico en Salta, Argentina (1964-1966). Para Sacriste, el empleo de bóvedas soportadas por muros portantes paralelos “tiene el inconveniente de la rigidez que dan a la planta y la poca variedad del espacio creado; estos inconvenientes han sido superados con el método empleado por Le Corbusier en su Villa Sarahbai, en India, método por nosotros empleado en estas viviendas y que consiste en tener a lo largo de los muros una viga corrida que permita abrir vanos en los muros longitudinales donde se desee” (1977, 60). Las bóvedas a la catalana se apoyan en muros equidistantes de fábrica distanciados tres metros que generan la extensión transversal del sistema de crujías de muros de carga concatenadas a través de los huecos adintelados. La estabilidad del conjunto se consigue mediante los contrafuertes de las crujías laterales. Estos se combinan para crear espacios habitables, dando lugar al patrón de “muros gruesos” que Christopher Alexander define como lugares de almacenamiento (figs. 13b, c, d).

Figura 13

Figura 13_ Canon doméstico de Eduardo Sacriste. (a) Casa experimental, Salta, Argentina, 1964. (b, c, d) Casas para los hermanos Clérico, Salta, Argentina, 1964-1966. Fuente: elaboración de los autores.

estabilidad y contrafuertes

Los muros en configuraciones en U, L o C dan lugar a los espacios habitables de la casa Wandel, Gentofte, Dinamarca (1959-1961) de Arne Jacobsen (fig. 14a). Para lograr la estabilidad lateral del sistema se recurre a muros transversales o contrafuertes que aseguran un comportamiento solidario al trabarse entre sí, como se ilustra en la casa Bille de Jørn Utzon en Vejby Strand, Dinamarca (1954-1955), con contrafuertes en el exterior (fig. 14b). En el proyecto de las viviendas de James Stirling para el CIAM X (1955) los muros normales en el interior de la crujía estabilizan el conjunto (fig. 14c). Las casas de veraneo de MBM en Mallorca y Henri Quillé en Formentera contrarrestan los empujes horizontales de las bóvedas a la catalana mediante muros transversales en los frentes de la crujía (figs. 14d, e). La casa Julsø de Mogens Lassen en Dinamarca cierra los frentes de las crujías para favorecer el arriostramento de la sucesión de crujías cubiertas con bóvedas a la catalana (fig. 14f).

Figura 14

Figura 14_ Estabilidad y contrafuertes. (a) Arne Jacobsen. Casa Wandel, Gentofte, Dinamarca, 1959-1961. (b) Jørn Utzon. Casa Bille, Vejby Strand, Dinamarca, 1954-1955. (c) James Strirling. Casa para el CIAM X, 1955. (d) MBM. Casas en Costa de la Calma, Mallorca, 1963. (e) Henri Quillé. Casa AC en Formentera, 1991. (f) Mogens Lassen. Casa Julsø, Dinamarca, 1971. Fuente: elaboración de los autores.

El principio espacial de naves abovedadas yuxtapuestas se extiende al campo de la vivienda colectiva en el experimental bloque de viviendas en Usera de Luis Moya, Madrid (1942), y posteriormente en el bloque Virgen del Pilar, Madrid (1948), de Francisco de Asís Cabrero concebido a partir de una sucesión de viviendas construidas en crujías de muros de carga y bóveda de cañón cerámica estabilizados con contrafuertes en los testeros (figs. 15a, b). Una articulada secuencia de muros transversales define el proyecto de viviendas en cadena de Miguel Fisac (1951) o el bloque residencial de Paul Rudolph en la East Pakistan Agricultural University (1960) con los núcleos de comunicación vertical actuando como elementos de arriostramento o las más recientes Viviendas en Villarubio, Cuenca (2010) de Ramón Araujo estabilizadas con muros normales a las crujías (figs. 15c, d ,e).

Figura 15

Figura 15_ Estabilidad y contrafuertes en la vivienda colectiva. (a) Luis Moya. Viviendas en Usera, Madrid, 1942. (b) Francisco de Asís Cabrero. Viviendas Virgen del Pilar, Madrid, 1948. (c) Miguel Fisac. Viviendas en cadena, 1951. (d) Paul Rudoph. Bloque residencial en la East Pakistan Agricultural University, 1960. (e) Ramón Araujo. Viviendas en Villarubio, Cuenca, 2010. Fuente: elaboración de los autores.

crujías vacantes. hiato y patio

Este principio de naves yuxtapuestas puede establecer intervalos no construidos. Con la elementalidad del sistema murario, Josep Maria Sostres, establece una sucesión de casas en hilera en Torredembarra (1955) caracterizadas por el porche, derivado de no construir la planta baja del ala de las habitaciones (fig. 16b). Sostres desarrolla el modelo de casas en hilera que el GATCPAC plantea en Cala Sant Vicenç, Mallorca, caracterizadas por un ritmo espacial donde los intervalos vacíos cobran tanto protagonismo como lo construido (fig. 16a). Apoyándose en la sencillez de los muros de carga, Fisac logra articular en la casa en Guadalimar (1962) una estancia principal situada en la crujía central, caracterizada por la doble orientación y conectada entre las alas de dormitorios y servicios. La separación espacial de la crujía vacante actúa como un hiato o intervalo espacial, propiciando la apertura y continuidad con el jardín (fig. 16c). La casa en Porto-Heli, Grecia (1967), de Atelier 66, proyectada por Suzana y Dimitris Antonakakis, se desarrolla en tres crujías y la central, no construida, actúa como ámbito intermedio de la casa (fig. 16d).

Figura 16

Figura 16_ Crujías vacantes y porches. (a) GATCPAC. Casas en Cala Sant Vicenç, Mallorca, 1932. (b) Josep Maria Sostres. Casas en Torredembarra, 1955. (c) Miguel Fisac. Casa en Guadalimar, 1962. (d) Suzana y Dimitris Antonakakis. Casa en Porto-Heli, Grecia, 1967. Fuente: elaboración de los autores.

A partir de tres muros de mampostería, Miguel Fisac organiza el programa doméstico en dos naves abiertas a patios en la casa en Canfranc (1959) (fig. 17a). Esta lógica del patio central como elemento articulador, con la cocina-comedor como la pieza de conexión funcional y espacial, ordena la casa que construye Gehrdt Bornebusch en Søllerød, Dinamarca (1971) (fig. 17b). Aurelio Galfetti en la casa en Paros, Grecia (1993-2003), experimenta la secuencia espacial de nave y patio que Carles Enrich y Albert Brito desarrollan en la más reciente casa en Alpicat, España (2006-2010), ordenando el programa doméstico en torno a patios (figs. 17c, d). La Escuela de Educación Ambiental (1999-2008) de João Álvaro Rocha traslada este sistema a la escala pública, organizándose a través de un corredor central que alterna crujías y patios, demostrando la vigencia del sistema de llenos y vacíos para organizar programas complejos (fig. 17e).

Figura 17

Figura 17_ Crujías vacantes y patios. (a) Miguel Fisac. Casa en Canfranc, España, 1959. (b) Gehrdt Bornebusch. Casa en Søllerød, Dinamarca, 1971. (c) Aurelio Galfetti. Casa en Paros, Grecia, 1993-2003. (d) Carles Enrich y Albert Brito. Casa en Alpicat, España, 2006-2010. (e) João Álvaro Rocha. Escuela de Educación ambiental, Maia, Portugal, 1999-2008. Fuente: elaboración de los autores.

crujías en edificios públicos

El principio espacial del sistema de crujías está presente en la escala de los edificios públicos. Tras trabajar con Le Corbusier y Louis Kahn, Balkrishna Doshi adopta la estructura de muros paralelos como generador de la forma de la Escuela de Arquitectura, Ahmedabad (1966-1968). La matriz espacial se orienta en la dirección de los vientos dominantes y se adapta al desnivel topográfico mediante la sección variable (fig. 18).

Figura 18

Figura 18_ La adaptación topográfica del sistema de crujías de muros de carga. Balkrishna Doshi. Escuela de Arquitectura, Ahmedabad, 1966-1968. Fuente: elaboración de los autores.

Concebido a partir de un antiguo modelo romano de cisterna, el Depósito de las Aguas en Barcelona (1874) de Josep Fontserè, rehabilitado por Lluís Clotet e Ignacio Paricio, es una estructura de muros portantes de un metro de grosor que soportan bóvedas de cañón de cuatro metros de luz (Paricio 1999, 22). Los muros están perforados y coronados con arcos de medio punto, generando un espacio unitario y una concepción espacial isótropa coherente con el sistema constructivo (fig. 19a).

Evocando el espacio romano, la agregación de crujías de muros de carga caracterizan el Museo de Arte Romano, Mérida (1980-1986), de Rafael Moneo que adopta un procedimiento constructivo bien conocido, “un sistema de muros paralelos que a un tiempo resuelve la estructura y el drenaje” (2010, 111). Mediante la repetición del elemento estructural, combina la anisotropía espacial de la crujía con la perforación de los muros paralelos con arcos de medio punto generando una trama virtual bidireccional. Para Moneo, “la distancia entre muros (6 m) fue clave para dar vida al proyecto. Pero una vez establecido, el sistema de muros paralelos se activa y dinamiza con un sistema de vacíos que la sección anticipa” (2010, 113). El sistema murario es el soporte de la espacialidad direccional y el retorno a la atemporalidad del pasado (fig. 19b). El espacio del museo es el resultado de “excavar, de horadar un sistema estático —el de los muros— mediante una serie de vacíos que actúan como elementos dinamizadores” (113).

Bajo una lógica similar de ordenación serial, el Museo Nasher de Renzo Piano en Dallas (1999-2003) se organiza mediante una serie de muros paralelos espaciados uniformemente que definen, de forma simultánea, la estructura y la espacialidad del conjunto. Mientras que en Mérida el muro de ladrillo buscaba la atemporalidad y la masa, en el Nasher de Piano los revestimientos de travertino actúan como planos abstractos que prolongan el espacio interior hacia el jardín. Este sistema de galerías paralelas permite una lectura espacial continua, donde la repetición del muro de carga se pone al servicio de una planta libre y una iluminación cenital tecnificada, reafirmando la versatilidad de la crujía como unidad organizativa básica (fig. 19c).

Figura 19

Figura 19_ Crujías de muros de carga en edificios públicos. (a) Josep Fontseré. Depósito de las Aguas en Barcelona, 1874. Rehabilitación de Lluís Clotet e Ignacio Paricio. (b) Rafael Moneo. Museo de Arte Romano, Mérida, 1980-1986. (c) Renzo Piano. Centro de Escultura Nasher, Dallas, 1999-2003. Fuente: elaboración de los autores.

crecimiento vertical. raumplan y sección libre

Le Corbusier plantea con el modelo de casa Citrohan (1922) un espacio a doble altura, comprendido entre dos muros paralelos, derivado de la interrupción del forjado para unir espacialmente dos niveles (fig. 20a). La sencillez del sistema constructivo contrasta con la complejidad espacial alcanzada en la casa unifamilares de Adolf Loos mediante una composición dinámica en sección, un raumplan que proporciona un movimiento espacial y la oportuna adecuación funcional de los espacios aprovechando la variación de alturas.

Asimismo, en la casa Riera, Alella (1985), de Alfons Soldevila e Ignasi Llorens se ensaya en una única crujía la noción del raumplan de Adolf Loos, organizando la casa a través de una sucesión de medias plantas que permiten interconectar los espacios domésticos en distintos niveles (Llorens, Soldevila 1990, 50) (figs. 20d, e).

Operando desde la sección, Charles Correa con la casa tube en Ahmedabad (1961-1962) desarrolla un prototipo de casa en una única crujía de 3,5 m organizada en torno al patio interior y la variación de la sección que propicia la convección del aire y la ventilación cruzada. Independizando los muros de carga como planos autónomos (fig. 20b), Charles Correa en la casa Parekh en Ahmedabad (1967-1968), ordena el espacio doméstico en tres crujías que alternan secciones climáticas en forma piramidal para el verano, cerrándose al exterior y abriéndose al interior y en forma de pirámide invertida en invierno, extendiéndose hacia las terrazas con pérgolas (fig. 20c).

Figura 20

Figura 20_ Crecimiento vertical de la crujía. La forma interior del raumplan. (a) Le Corbusier. Casa Citrohan, 1922. (b) Charles Correa. Casa tube, Ahmedabad, 1961-1962 y (c) casa Parekh, Ahmedabad, 1967-1968. (d) Alfons Soldevila e Ignasi Llorens. Casa Riera, Alella, España, 1985 y (e) conjunto de viviendas la Muntanyeta, Matadepera, 1977-1979. Fuente: elaboración de los autores.

un sistema espacial en la periferia arquitectónica

Al reivindicar la sabiduría de las construcciones vernáculas y el legado de la tradición, los arquitectos modernos de la tercera generación recuperan la idea matriz de la crujía como sistema estructurante de la concepción arquitectónica. Al intensificar la relación con la tradición, Alexander Tzonis, Liane Lefaivre o Kenneth Frampton plantean con el regionalismo crítico una aproximación enraizada y crítica en la búsqueda de una forma de hacer ligada a la memoria colectiva y a los sistemas constructivos tradicionales y las permanencias tipológicas.

A través del análisis de la sucesión de formas en el tiempo, el conjunto de obras concebidas a partir del sistema de crujías de muros de carga propicia la apreciación en serie que reivindica George Kubler: “la contemplación de una secuencia formal da la sensación intuitiva de prolongación de una forma en el tiempo” (1975, 58). Para Kubler constituye “la cadena invisible” (63) de la tradición, cuya continuidad también reivindica Alvar Aalto (2000, 48): “nada antiguo renace de nuevo, pero tampoco desaparece por completo. Y lo que ha existido alguna vez, reaparece siempre revestido de nueva forma”.

Metodológicamente, el dibujo revela la estructura del proyecto. El dibujo analítico reconoce la estructura y las relaciones entre estructura y geometría, forma y construcción, tradición constructiva e innovación constructiva. El dibujo no se limita a representar el proyecto, se convierte en una herramienta de investigación e interpretación de la lógica del sistema estructural. A través del dibujo, se estudia cómo la estructura establece un orden profundo, que dota de coherencia al proyecto. Este modo intemporal de construir constituye una referencia fundamental al minimizar el impacto ambiental y utilizar materiales con baja energía incorporada y huella de carbono, a la vez que maximiza el rendimiento térmico y la inercia y favorece la durabilidad y la permanencia.

A través del dibujo, en este artículo se estudia cómo la estructura establece un orden profundo, que dota de coherencia al proyecto. Para el arquitecto Miguel Fisac (2003, 24), “la razón constructiva es la responsable del aspecto final del edificio, que es de donde siempre ha procedido la belleza arquitectónica”. El sistema de crujías de muros de carga determina la belleza de la forma, guiada por la lógica constructiva, el orden espacial y el ingenio del arquitecto que retoma un principio arquitectónico tradicional.

bibliografía

  1. Aalto, Alvar. 2000. Alvar Aalto: De palabra y por escrito. Editado por Göran Schildt. El Croquis Editorial.
  2. Alexander, Christopher. 1981. El modo intemporal de construir. Gustavo Gili.
  3. Aparicio Guisado, Jesús M. 2000. El muro. CP67.
  4. Armesto Aira, Antonio. 1993. “El Aula sincrónica: un ensayo sobre el análisis en arquitectura”. Tesis doctoral, Universitat Politècnica de Catalunya. https://doi.org/10.5821/dissertation-2117-94724
  5. Arnaldos Montaner, Almudena. 2014. “Antonio Bonet Castellana, Le Corbusier y la bóveda catalana: forma y orden”. Dearq 14: 122-135. https://doi.org/10.18389/dearq14.2014.10
  6. Brand, Stewart. 1994. How Buildings Learn: What Happens After They're Built. Viking.
  7. Campo Baeza, Alberto. 2008. “La estructura de la estructura. Establecer el orden del espacio”. En La línea del cielo: Unidad Docente Alberto Campo Baeza: memoria del curso 2007-2008, 6-12. Mairea.
  8. Choisy, Auguste. 1999. El arte de construir en Roma. CEHOPU.
  9. Deplazes, Andrea. 2010. Construir la arquitectura: del material en bruto al edificio. Un manual. Gustavo Gili.
  10. Doig, Allan. 1986. Theo van Doesburg: Painting into Architecture, Theory into Practice. Cambridge University Press.
  11. Fisac, Miguel. 2003. “Instituto de Microbiología Ramón y Cajal, Madrid”. Arquitectura Viva, 101, 24-29. https://arquitecturaviva.com/obras/instituto-de-microbiologia-ramon-y-cajal-madrid
  12. GATCPAC. 1935. “Raíces mediterráneas de la arquitectura moderna”. AC: Documentos de Actividad Contemporánea 18: 31-36.
  13. GATCPAC. 1935. “Pequeñas casas para fin de semana”. AC: Documentos de Actividad Contemporánea 19: 32-42.
  14. Gregh, Eleanor. 1979. “The Domino Idea”. Oppositions 15-16: 61-87.
  15. Grupo 2C. 1981. “La estructura tipológica de la masía”. 2C: construcción de la ciudad 17-18: 36-59.
  16. Hernández León, Juan Miguel. 1990. La casa de un solo muro. Nerea.
  17. Kahn, Louis I. 1955. “Order and Form”. Perspecta 3: 46-63.
  18. Kahn, Louis I. 2003. Louis Kahn. Escritos, conferencias y entrevistas. El Croquis Editorial.
  19. Konstantinidis, Aris. 1981. Projects + Buildings Aris Konstantinidis. Agra Publications
  20. Kubler, George. 1975. La configuración del tiempo. Alberto Corazón.
  21. Le Corbusier. 1979. Precisiones respecto a un estado actual de la arquitectura y del urbanismo. Poseidón.
  22. Le Corbusier. 1978. Hacia una arquitectura. Poseidón.
  23. Le Corbusier. 2013. Le Corbusier: oeuvre complète 1938-1946. Editado por Willy Boesiger. Birkhäuser.
  24. de Llorens Duran, José Ignacio y Alfonso Soldevila Barbosa. 1990. “La Casa Riera de Alella. Una vivienda experimental de bloque de mortero”. Informes De La Construcción, 41 (406): 49-62. https://doi.org/10.3989/ic.1990.v41.i406.1459
  25. Moneo, Rafael. 1976. La llegada de una nueva técnica a la arquitectura: las estructuras reticulares de hormigón. ETSAB.
  26. Moneo, Rafael. 2010. Rafael Moneo: apuntes sobre 21 obras. Gustavo Gili.
  27. Moneo, Rafael. 2017. La vida de los edificios. La mezquita de Córdoba, la lonja de Sevilla y un carmen en Granada. Acantilado.
  28. Monteys Roig, Xavier. 2002. “Le Plan Paralysé: revisando los cinco puntos”. Massilia 1: 141-147.
  29. Patricio, Ignacio. 1999. La construcción de la arquitectura. 3. La composición. Institut de Tecnologia de la Constrrucció.
  30. Petrarca, Francesco. 2023. Remedios para la vida. Traducido por José María Micó. Acantilado.
  31. Rowe, Colin. 1978. Manierismo y arquitectura moderna y otros ensayos. Gustavo Gili.
  32. Rowe, Colin, Robert Slutzky y Bernard Hoesli. 1997. Transparency. Editado por Bernard Hoesli. Birkhäuser.
  33. Torroja Miret, Eduardo. 2010. Razón y ser de los tipos estructurales. Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
  34. Sacriste, Eduardo, Pedro Antonio Kechichian y Guillermo Mackintosh. 1977. Viviendas con bóvedas. Espacio.
  35. Sacriste, Eduardo. 1984. “Casa para Clérico en El Galpón, Salta”. Summa 204: 40-41.
  36. Valéry, Paul. 1993. Eupalinos o el arquitecto. Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos.
  37. Viollet-le-Duc, Eugène Emmanuel. 2007. Conversaciones sobre la arquitectura. Consejo General de la Arquitectura Técnica de España.
  38. Wright, Frank Lloyd. 1941. “Towards a New Architecture”. En Frank Lloyd Wright On Architecture. Selected writings 1894-1940. Duell, Sloan and Pearce.

*Este artículo es resultado de la investigación “Estudio de forma de los estados intermedios del edificio” PID2023-149552NB-I00 financiada por el PLAN ESTATAL DE INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y TÉCNICA Y DE INNOVACIÓN 2021-2023 de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, Gobierno de España en el marco del grupo de investigación FORM+ (UPC) y del Grupo de Representación Arquitectónica del Patrimonio Histórico y Contemporáneo (GRAPHyC) Ref: H32_23R (UNIZAR).

1“It is this quality of depth that alone can give life to architecture” (Wright 1941, 133). Traducción de los autores.