Common Extra House Lab: recetas para una ciudadanía en transición o aprovechamientos doméstico- colectivos en torno al bien común


Abstract

Este artículo describe acciones que simulan mejoras en el modo de habitar de redes de ciudadanos. El marco formativo es el último curso de arquitectura llamado Common Extra House Lab. En este no se fomenta la distinción entre aula, laboratorio y ciudad. Lo doméstico y su espacio público inmediato (el extra-house) constituyen el punto de partida para nuevos experimentos sociotécnicos. La metodología resultó ser experimental para lo habitual del marco académico y produjo una colección de acciones y formatos de foros híbridos que gestionaban personas, tecnologías, escenarios y recursos, que acabaron formulándose como recetas para una ciudadanía en transición y se convirtieron en el legado para el siguiente curso.


This article describes actions that have led to progress in ways of living in citizen networks. The training framework is the last architecture course called Common Extra House Lab, in which it was encouraged to consider that there is no distinction between classroom, laboratory, and city. The domestic and its immediate public space (the extra-house) are the starting point for new socio-technical experiments which could be considered experimental comparing them with academic standards, producing hybrid forums managed by people, technologies and resources. They ended up becoming recipes for citizens in transition and turned into the legacy for the next course.


Este artigo descreve ações que simulam melhoras no modo de habitar de redes de cidadãos. O referencial formativo é o último curso de arquitetura chamado Common Extra House Lab. Nele, não se fomenta a diferenciação entre sala de aula, laboratório e cidade. O doméstico e seu espaço público imediato (o extra-house) constituem o ponto de partida para novas experiências sociotécnicas. A metodologia resultou ser experimental para o habitual do referencial acadêmico e produziu uma coleção de ações e modelos de fóruns híbridos que dirigiam pessoas, tecnologias, cenários e recursos, que acabaram sendo formulados como receitas para uma cidadania em transição e foram convertidos num legado para o seguinte curso.


Introducción

Las acciones arquitectónicas que presentamos no tienen que ver con una transformación del espacio público o semipúblico; son el resultado de cómo unos agentes provocadores (nuestro grupo de estudiantes) interactúan con unos ciudadanos seleccionados, gestionando ciertos recursos relacionados con una economía del Bien Común y consiguiendo que una red de personas mejore su modo de habitar. En muchos momentos del curso, insistíamos sobre la idea de descubrir aquel tamaño de ciudad, aquella escala precisa de intervención en la cual poder ensayar el cambio escogido, como si la ciudad se pudiera estudiar en fragmentos o sectores discontinuos conectados, cuya autonomía permitiera provocar tentativas de mejora sin esperar que la ciudad y sus instituciones lo hicieran en bloque. En estos fragmentos podemos observar lo inesperado, los conflictos y lo azaroso.1 La dimensión justa de este ecosistema sería aquel tamaño en el que nada sobrara o faltase, e incluiría momentos, situaciones, servicios arquitectónicos que posibilitaran a sus ciudadanos decidir el inicio del cambio como si de empresas se tratara.

En este sentido, acabaremos llamando empresas arquitectónicas a los trabajos académicos, entendidos como experimentos públicos y simulados para aprender de entornos tangibles y evaluables, ubicados en algún lugar de la distancia que hay entre lo doméstico privado, lo doméstico compartido y lo directamente público de la ciudad inmediata.

Tangencialmente, el trabajo permitió ensayar una nueva generación de laboratorios sin protocolos establecidos capaces de conectar personas y cosas como componentes de una misma ecología. La finalidad última del curso consiste en ensayar dinámicas para reconstruir la disciplina arquitectónica (enunciados, recursos, instrumental...) y las metodologías docentes de las escuelas (el alumno-actor como ciudadano y arquitecto de pleno derecho en medio del mundo).

Se trata de centrar la responsabilidad con la sostenibilidad urbana en el espacio más comprometido de la práctica arquitectónica extensa: lo doméstico o residencial, redefiniendo el rol del arquitecto y educándolo en resiliencia y en el trabajo de entornos inestables, para orientar el universo de lo cotidiano hacia una ciudad más humana y eficaz.

Esta explicación quedaría incompleta si no se entiende como un eslabón más dentro del llamado modelo Alicante, un escenario docente (o cátedra) que, desde su creación hace quince años por parte de Jose María Torres Nadal, apuesta por un conjunto de prácticas mediante las cuales mantener una actitud altamente reflexiva y crítica respecto a la disciplina, enfocada en su constante reconstrucción atrevida, responsable y culta. Curso a curso, estas prácticas han permitido ir ensayando distintos modelos y programas docentes (según los intereses de los diferentes profesores) tras los cuales van quedando algunas permanencias: entender la reciprocidad profesor y alumno para construir conocimiento; entender el aula como espacio útil de autonomía y emancipación; apoyar la acción como aprendizaje extremadamente fértil; incorporar maneras negociadas de fundamentar los discursos (por ejemplo, mediante mesas de negociación de los agentes implicados); apostar por unas prácticas culturales que desbordan/rebasan por completo un programa docente (por ejemplo, el “Cabaret Land”, de Andrés Jaque y Miguel Mesa), o apostar por los retornos de egresados que ayudan a redefinir el modelo docente y el propio el papel del arquitecto.

¿Cuál es el contexto?

Para nosotros lo doméstico está íntimamente relacionado con lo ordinario y puede abordarse desde las siguientes esferas:

  • a) Aquellas actividades humanas repetibles en el día a día (por ejemplo, todo lo que acontece en la vivienda), o semanal o estacionalmente, cuando nos ubicamos en el extra-house (esfera externa a la casa): por ejemplo, asistir a una escuela, participar de una fiesta de barrio o cualquier otra actividad en comunidad. Tiene que ver con entender el tránsito de pasar a vivir aisladamente “en nuestra cabaña”, a vivir colectivamente, “en tribu o clan”. Trabajando en esta dirección, los componentes de Atelier Bow-Wow han desvelado recientemente su hilo conductor, la behaviorology,'2 referida a la interrelación de escalas humanas y materiales para rellenar los intersticios que le deja la gran urbe, aplicable en la arquitectura minúscula de Pet Architecture, e híbrida de Made in Tokyo.

  • b) Situaciones humanas derivadas de aquellas ancestrales en las que no había distinción entre actividades productivas y el resto: lo ordinario es el conjunto de afectos y acompañamientos que constituían el motor para que familias y comunidades funcionaran (por ejemplo, todo lo referente a la crianza, la salud, lo emocional, etc.); susceptible de repetirse hasta el agotamiento (como en el mito de Sísifo), y dotado a día de hoy de gran invisibilidad, debido a que no consigue expresarse en términos monetarios ni equipararse a productos de mercado.3 En esta esfera se ubica la “huella de los cuidados” (equiparable a la huella ecológica) y que es esa relación entre lo que recibes y lo que aportas “del tiempo, afecto y energía amorosa para atender a necesidades básicas y garantizar la continuidad de otras vidas”,4 que nos va a permitir entender un nuevo rango de oportunidades (dentro del cual se van a mover nuestros estudiantes) con el que disolver, por ejemplo, la diferencia entre trabajo utilitarista y doméstico y que nosotros vamos a llamar servicios arquitectónicos o recetas para una ciudadanía en transición.

  • c) La traslación de herramientas políticas como la libertad, la democracia, la gestión de las identidades, la pluralidad, el gobierno de uno mismo a los hechos de la vida cotidiana,5 como cuando uno llega a un apartamento compartido y se producen entendimientos acerca del uso de espacios comunes y privativos construidos a base de acuerdos y tiempo de convivencia.6

  • d) Investigar la parte más superficial, banal y frívola de lo próximo que permite producir formatos familiares y sobre los cuales podemos construir otro rango de discursos, más naturales y verosímiles. Según las sociólogas Casado y Lasén,7 el tono ligero genera empatías adecuadas para describir cómo conoce la gente, cómo actúa, cómo aprende, qué intuiciones se establecen en la vida cotidiana, cómo se entretejen las controversias, cuyo sentido recuperaba Latour desde la tribuna académica en la Escuela de Minas de París y que recientemente era incorporado como herramienta docente por Chinchilla y Muniesa: “[...] una buena controversia obliga al estudiante a compulsar simultáneamente proposiciones políticas e informes periciales, puntos de vista en medios de comunicación y documentos técnicos, datos arquitectónicos y extra-arquitectónicos”.8

  • e) En algunos asuntos intervendrán las maneras en que lo estacional y lo ambiental se adaptan al entorno urbano o serán perceptibles los microfenómenos físicos (gradientes de luz, calor, agua y viento) que se cuelan por las ranuras de las construcciones; también aquellos matices de silencio y oscuridad producidos en los umbrales del ciclo del día (climatescapes); rarezas olfativas que se esconden tras nuestros espacios hiperhigiénicos (smells-capes), o aquellas propiedades táctiles que contrarrestan la hegemonía de lo visual (hapticscapes)... Un universo de valores que nos ayudarán a gestionar y democratizar el espacio público.9

¿A quién va dirigido?

La urbanista Jane Jacobs fue pionera en la identificación de prácticas de ocupación y transformación en barrios urbanos como el North End de Boston,10 los cuales parecían funcionar a contracorriente de cómo se explicaba en las escuelas de arquitectura y que estaban poblados de individuos: “ordinarios, diseminados, innombrables, lo que Certeau llamaría el murmullo de la sociedad”,11 y en consonancia con lo que Delgado, citando a Foucault, llamaría “la comunidad humana embrollada de hibridaciones, en la que la incongruencia deviene el combustible de una vitalidad sin límites [...] un espacio de la volubilidad de las experiencias, de los malentendidos, de las indiferencias, de los secretos y las confidencias, de los dobles lenguajes”.12

Más cercano temporal y espacialmente, uno de los trabajos de Andrés Jaque ayuda a visibilizar a las comunidades afectivas formadas por ciudadanos con capacidad para empatizar y hacer cosas para mejorar lo colectivo, como la anciana Candela Logrosán, habitante en Lavapiés, a punto de ser desahuciada, cuyas comidas en casa son “espacios de reunión en los que se crean tejidos colectivos de reciprocidad y solidaridad”.13 De hecho, atender a cómo Jaque explicaba en un programa de RNE la experiencia con Candela había sido el primer material debatido con los alumnos en octubre de 2012.14

De cierto modo, estos ejemplos tratarían de identificar un activismo ciudadano formado por unidades mínimas con capacidad para, como se apuntaba al inicio, decidir qué cambios quieren producir en su entorno inmediato actuando sin esperar a que otras escalas de decisión (macroeconómicas, municipales o grupos sociales) se activen.

¿Cómo entendemos el aula-taller-ciudad?

Podríamos hablar del aula-taller-ciudad como el lugar híbrido donde se entremezcla el conocimiento disciplinar y el conocimiento del común. Sobre el primero, algunos expertos afirman que para hacer avanzar el conocimiento se necesitan laboratorios ocupados por técnicos de bata blanca que escalen un fenómeno usando cobayas, materiales, reglas de cálculo y programas informáticos. Al mismo tiempo, el conocimiento del común había sido menospreciado sistemáticamente desde el entorno disciplinar, hasta que ciertas corrientes de pensamiento desde mitad del XX empezaron a reconocer el valor ancestral de los jóvenes que aprenden escuchando, mirando y actuando: “. así aprendían los niños campesinos el lenguaje y el conocimiento de sus mayores. La enseñanza siempre tenía lugar fuera de las aulas”.15 Actualmente, la frontera entre ambos modos de producir conocimiento se ha diluido en gran medida y ha sido útil el concepto de foro híbrido que sociólogos y antropólogos usan para explicar aquellas experiencias en las cuales se produce un desplazamiento y un modo característico de observar la realidad para descubrir nuevos patrones y controversias sociales, políticas, éticas, acotadas (en lo técnico) y discretas (en lo científico). Estos foros híbridos constituyen un lugar preciso, no genérico: un parlamento formado por cosas y personas, fenómenos, habilidades, modelizaciones, economías, visores, etc.

Los lugares escogidos por los grupos de trabajo en la Universidad en Alicante, donde se producen los experimentos (una escalera de comunidad, un patio de vecinos, una plaza bien delimitada, una red de cocinas, etc.), se interpretan como “observatorio de participación local”, pues se traslada al epicentro mismo de la controversia y hace que los habitantes colaboren en la identificación de oportunidades. Para entender esta particularidad, la Escuela de Arquitectura de Granada nos ofrece un ejemplo en Palma-Palmilla (Málaga): las acciones directas del taller (juegos en la plaza, encuentros culturales, entre otros) activaron el registro de experiencias compartidas y produjeron múltiples mapeados directos de los conflictos (régimen de las viviendas, tipos de familias, parentescos tomando como base de explicación la sección del edificio).16

Esta nueva generación de observatorios, o laboratorios abiertosexternos, cumplen las tres condiciones que nos resume Latour: están georreferenciados en cualquier lugar (de la ciudad, del planeta); permiten que muchas personas sean capaces de formular más preguntas que antes, y los experimentos se desarrollan a escala 1:1 y tiempo real.17 Es el mismo autor quien aclara que son posibles debido a una nueva naturaleza de ciudadanía en las últimas décadas, formada por habitantes interesados por los procesos que los rodean y que intentan participar en un nuevo rango de propuestas. En el componente simulado de nuestra actividad académica, los estudiantes de arquitectura ensayan cómo actúa este nuevo tipo de habitante no experto, “coinvestigador”, comprometido en experimentos colectivos que tratan de temas diversos como el clima, la comida, el paisaje, la salud, etc.

¿Qué tácticas docentes y recursos metodológicos fomentamos?

El curso comenzó con lo que llamamos microacciones, que son dinámicas de intervención directa que penetran en la ciudad y consiguen traer a clase un asunto para alimentar el debate. El formato era audiovisual y los contenidos se centraban en tres categorías:

  • a) El humano inmediato, que se refiere a ese rango familiar o vecinal sin el cual es difícil que los asuntos cotidianos se resuelvan.

  • b) Isla de calor, que se refiere a los objetos, las técnicas, la energía, lo ambiental, que tiene que ver con la ecología y la sostenibilidad.

  • c) Los superpoderes, esas habilidades humanas, a veces imperceptibles, que hacen que la realidad funcione y que podrían constituir un factor de cambio. En muchas ocasiones, estas tienen que ver con el concepto de artesano que nos transmite Sennett: “aprender a trabajar bien capacita para autogobernarse y nos convierte en buenos ciudadanos”.18

Otro objetivo de estos ensayos de la ciudad era ajustar el censo de las personas, lugares y recursos que formaban parte del ecosistema seleccionado, fuera continuo o discontinuo, el cual se iría haciendo visible mediante cartografías y repercusiones espaciales concretas.

Más adelante usamos lo que llamamos ojos de pez como narraciones visuales muy breves que anticiparan situaciones de futuros próximos y deseables. Pretendíamos que se mostrara una reconstrucción de la escena del modo más nítido posible: veías lo que ocurre, lo que había ocurrido, o interpretabas lo que iba a pasar, llegando el mensaje sin ninguna capa añadida (fig. 1).

Figura 1.

Ojo de pez. Fuente: grupo 13, Borja Mancebo y Cristina Ruiz.

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El ojo de pez que se muestra en la figura 1 enseña cómo sería un servicio doméstico experimental, basado en las empatías compartidas por vecinos, en el periodo de convalescencia tras una operación traumatológica leve,19 aplicando lo aprendido acerca de la huella de los cuidados, explicado en el apartado anterior.

Pretendíamos que las escenas estuvieran grabadas de modo muy natural, como si se tratara de raptos de instantes de la vida cotidiana de dentro de veinte años cuando estas empresas hubieran entrado en carga. La elección del formato también tiene que ver, en términos de laboratorio, con encontrar un modo directo y sencillo de evaluar el factor de riesgo de los cambios que se proponen. Esos “ojos de pez” o “mirillas al futuro” podían ser contados en clave científica (silogista) o emocional (analógica), según la terminología aprendida de Fernández Mallo. Silogista tiene el sentido de que expone una realidad de modo concreto, sin artificialidad, desglosado en sus unidades mínimas de conocimiento, como ocurre en el poema “La lluvia”,20 del mismo autor

Continuamente buscamos generar ensayos en la ciudad. Se pretendía que el vínculo con la realidad fuera verificado y puesto en carga aunque solo fuera en un pequeño porcentaje. En estos ensayos casi siempre ocurría que un ciudadano se prestaba como cobaya cediendo su casa y su tiempo. Resultó que este acababa involucrando, por empatía y curiosidad, a una parte nada despreciable de su entorno inmediato, vecinos que en cierto modo tenían que ver con esa comunidad afectiva que Jaque nos sugería.

Una de las dinámicas docentes colectivas en la Universidad tuvo que ver con debatir y proponer mejoras en los enunciados de los grupos contiguos generando una visualización que llamamos the great blackboard,2 que mostraba el conocimiento colectivo alcanzado a mitad de curso (fig. 2).

Figura 2.

Dinámica blackboard

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El trabajo concluyó con una colección de reconstrucciones gráficas en las que iban a tener lugar los eventos del futuro, en las cuales se pudieran observar las personas y sus habilidades, la comunidad, los acontecimientos y toda la descripción fenomenológica. Lo que para nosotros eran repercusiones arquitectónicas es lo que Latour llamaría cosmogramas: esas representaciones hermosas en la que se hacen visibles unas ciertas distribuciones de roles, funciones e instituciones de humanos y no humanos en un trozo de universo.

El último día del curso, una Gran Feria de Microempresas escenificó formalmente la salida del aula hacia un futuro de oportunidades recién desveladas, de posibles emprendimientos para una ciudadanía en transición.

¿Qué se trató de ensayar?

A continuación se lista una breve descripción de lo que pretendía cada empresa, de modo que pueda servir como mini resumen para una consulta más detallada en los blogs correspondientes. Al tratar de responder a la pregunta formulada en este capítulo, los trabajos investigan acerca de:

  • Una empresa dirigida a la comunidad de runners en Alicante que usa el GPS para monitorizar recorridos y recoger alimentos equivalentes al desgaste realizado. Usa un software de descripción de rutas (endomondo modificado) que estudia la dieta en función de ambiente y ruta para no producir desfallecimientos y que implementa un sistema de moneda social entre productores y consumidores de la red; además, diseña unos intercambiadores de productos (grupo 1, fig. 3).

  • Un servicio de asistencia a comunidades de vecinos con patio de manzana de mediana dimensión para la instalación de un jardín depurador de aire, a partir de técnicas de coordinación (teleportero, videojuego en red, etc.) para su autoconstrucción y gestión (grupo 2, fig. 4).

  • Un arquitecto personal-coacher para entrenar a una maestra (Anabel) que quiere instalar un taller de la naturaleza en su patio de la casa en Rabasa (grupo 3, fig. 5).

  • La casa de un profesor jubilado reconvertida en biblioteca pública un par de horas diarias (servicio de préstamo, atención personalizada, etc.): “en casa siempre hay mucho ruido... Aquí encuentro el clima que necesito” (grupo 7).

  • Un servicio a domicilio de instalación semideportiva personalizada, a partir de la reutilización de objetos abandonados en el trastero del cliente, incluyendo el catálogo de ensayos, la descripción de habilidades y el maletín de herramientas (grupo 10).

  • Una red de comercios de barrio revalorizada por propietarios autónomos tratando de encontrar y ensayar negocios compatibles (grupo 11, fig. 6).

  • Una fiesta entre amigos como laboratorio informal para comprobar hasta dónde estamos dispuestos a compartir estilos y tallas, como ensayo previo para un proyecto de armario comunitario (grupo 12).

  • Un sistema de gestión de empatía y pequeños favores reparadores para que un ciudadano convaleciente de una fractura ósea pueda ser cuidado por los residentes de un bloque de pisos (grupo 13, fig. 1).

  • Unos favores domésticos compaginados con derribos y pequeñas obras (por ejemplo, el comedor para el bufé de abogados) dentro de un edificio de vecinos (grupo 14).

  • Unas singularidades espaciales y de comunicación en red intensificadas para facilitar el alquiler a usuarios nómadas experiencias en línea como la paella compartida del domingo, artefactan- do los espacios visibles en pantalla del Skype como en un plató de cine (grupo 15, fig. 7).

  • Un juego de realidad aumentada resiliente capaz de activar la memoria colectiva de un grupo de ancianos residentes (grupo fig. 8).

Figura 3.

Red de viviendas con excedentes alimentarios conectadas con rutas de corredores (grupo 1)

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Figura 4.

Comunidad de propietarios conectada en red mediante un jardín depurador de aire a partir de técnicas de teleportero y videojuego (grupo 2)

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Figura 5.

Taller de vivienda convertida enobservatorio de la naturaleza (grupo 3)

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Lista de alumnos participantes, autores de los trabajos

René Poch, Paco Roda, Cristian Ludwig, Agustín Jiménez, Carolina Moyano, Tomás Belando, Dora Reyes, Raquel Sánchez, Laura Juárez, María Pérez, Ana Valderrama, Inma Alonso, Paula Macone, Borja Mancebo, Cristina Ruiz, Ángeles Gil Reyes, Ana García, Cristina Raimundo, Manuel Belda, Alejandro Bernabeu, Enma Gabalda, Marina Giménez. Los materiales producidos alumnos se pueden consultar en el enlace que lista los grupos de trabajo dentro de: https://www. facebook.com/groups/Commonextrahouselab/.

Figura 6.

Acción reactivante de comercio en c/ Pérez Medina (grupo 11)

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Figura 7.

Red de vivienda conectadas mediante Skype y con candidatos nómadas preparados para habitarlas (grupo 15)

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Figura 8.

Sistema autogestionado por laboratorio de memoria resiliente para activar la memoria y detectar habilidades acerca de oficios para la construcción (grupo 16)

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Conclusión

Este curso se conecta con los siguientes del Common Extra House Lab, en los que se propone que las acciones participadas socialmente estén presentes desde el inicio, incorporando dinámicas de facilitación tuteladas por un equipo de sociólogos y estudiantes de la propia Universidad; los enunciados de las empresas se prolonguen, de modo que los nuevos alumnos se dediquen principalmente su revisión y desarrollo, y todo esto se ensaye sobre un entorno urbano concreto significativo. Esto debería dar lugar a una serie de correcciones y demostraciones que esperamos ser capaces de estimular:

Primero, tratar de precisar mejor cuáles son los asuntos relevantes en este espacio de lo compartido, pasando de estas primeras intuiciones a detectar con mayor precisión aquellas oportunidades y conflictos que verdaderamente interesan a los ciudadanos y formen parte de una realidad urgente y fértil.

Segundo, realizar una cierta cosecha de desarrollos propositivos para la gestión de lo compartido (recursos espaciales, medioambientales y humanos) apoyados más en un conjunto de herramientas propias de la gestión del conocimiento y la comunicación (aplicaciones) que en la tradicional labor edificatoria del arquitecto.

Finalmente, previsualizar algún tipo de reconstrucción de un paisaje urbano conocido a través de esos modos de hacer operando de un modo suficientemente coordinado sobre situaciones a la vez reales y tipológicas y, por lo tanto, exportables.

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Notes

[1] Delgado, El animal público, 139.

[2] Tsukamoto y Kajima, Behaviorology,8-15.

[3] Naredo, Raíces económicas, 153.

[4] Pascual, “Deuda ecológica”, 179.

[5] Jaque, Eco-ordinary, 29-31.

[6] Couso y Martínez, “Política ordinaria”.

[7] Lasen, “Sociología ordinaria”.

[8] Chinchilla y Muniesa, La controversia como herramienta proyectual, 1.

[9] Zardini, Sense of the City, 19.

[10] Jacobs, Muerte y vida de las grandes ciudades, 34-38.

[11] Delgado, El animal público, 122.

[12] Ibid., 182.

[13] Jaque, “Ikea Disobedients”.

[14] rtve.es. “El ojo crítico”.

[15] McLuhan, El aula sin muros, 1.

[16] Romero, “Otra manera de hacer”, 18-23.

[17] Latour, "¿Qué protocolo requieren?", 3.

[18] Sennett Elartesano, 331.

[19] Enlace directo a Ojo de pez: http://vimeo. com/61876249#at=0.

[20] Fernández, El hacedor, 136: “El tamaño de la gota oscila entre 0,5 y 6,35 mm. Su velocidad de caída entre 8 y 32 km/h. A medida que se precipita va ganando masa al chocar inelásticamente con otras gotas. No hay Desayuno con diamantes, no hay Cólera de Dios, no hay taxi drivers ni replicantes, que sepan por qué la gota nunca se hace infinitamente grande”.

[21] Homenaje a The Great Wall, de DavidHockney.