Introducción
Para comprender cómo se ha construido el concepto de ciudad nocturna sin tiempo y sin horario convencional, retomo a dos de los teóricos de lo urbano. En 1974, Henry Lefebvre apeló a la configuración de la sociedad moderna para justificar cómo el espacio social se sometió al ámbito económico y constituyó la base fundamental de organización de la ciudad, cómo el énfasis económico sometió la temporalidad a su jerarquía y cómo los actores urbanos se vieron avocados a visualizar el tiempo en función del trabajo. Gilles Ivain (1958), miembro de la Internacional Situacionista (movimiento de vanguardia en la segunda mitad del siglo XX), en la primera edición de la revista Situacionista, propuso de manera incipiente la preocupación por la temporalidad en el ámbito urbano. Allí planteó la construcción de un modelo influencial de ciudad que tuviera en cuenta la distribución y organización armónica del espacio, pero además que diera relevancia a la temporalidad como característica fundamental para renovar la ciudad.
Lefebvre (2013), al abordar la teoría social del tiempo como parte esencial de la experiencia urbana, sustentó que era inviable asumir la representación del espacio sin la implicación temporal de las acciones que tenían lugar en este y señaló que la relación de los individuos con el espacio-tiempo del entorno urbano era heterogénea, integral y total. Para Lefebvre y varios de sus coetáneos, la renovación urbana no se concretaría hasta cuando se circunscribieran acciones que analizaran en la ciudad la incidencia de la dimensión espacio-tiempo. De allí que varias de las propuestas de ciudad para esa época incluyeran la noche como espacio para desarrollar la nueva vida cotidiana.
En las ciudades postindustriales, el tiempo y, en especial, el tiempo nocturno es una temática que ha logrado consolidarse en el campo de conocimiento de la geografía humana, cuyo propósito es analizar los determinantes sociales del espacio y los territorios, aplicando la transdisciplinariedad y tratando categorías con escenarios de complejidad como el que nos ocupa: espacio, tiempo y territorio. Ello requiere el concurso de diversas disciplinas y saberes para sumar esfuerzos teóricos y metodológicos, ya que una sola disciplina la desbordaría y, finalmente, lo que se conseguiría es una visión fragmentada.
Deja a la gente que mire a su alrededor, ¿qué ven? ¿Ven el ‘tiempo’? Lo sienten después de todo; ellos están en el tiempo. Pero nadie ve los movimientos.
Henri Lefebvre
La ciudad sin tiempo y sin horario convencional no contempla traslapar el día a la noche, ni alargar el tiempo diurno en la noche, ni atiborrarla de luces, ni siquiera iluminarla sin matarla, como proponen algunos. La propuesta va más allá de estas miradas funcionales, economicistas, incluso ambientales o laborales, la intención es visibilizar la noche como un ser vivo único; preservar su identidad y autonomía a través del tiempo; acompañar sus silencios, oscuridad y enigmas; desentrañar sus misterios cotidianos y cosmovisiones, hasta llegar a la noche urbana actual, en la que los ciudadanos ejerzan sus derechos en todos los espacios y temporalidades que van tejiendo el entramado urbano (fig. 1).
Es necesario entender la dimensión del tiempo de la noche como una noción cultural y socialmente construida; esto quiere decir que no solo debe entenderse desde sus especificidades físicas, como ausencia de luz, sino desde análisis psicogeográficos y otros enfoques cualitativos que recurren a los imaginarios sociales que giran en torno a la noche. La temporalidad influye sobre los sistemas de elaboración social de cada individuo; de esta manera, el tiempo de la noche funciona como un filtro con el cual los actores sociales van a interrelacionarse.
En la construcción social del tiempo se evidencian transformaciones de los espacios en determinados horarios, y la noche urbana sustenta imaginarios que, instalados en la estructura mental del individuo y la sociedad, determinan sus actuaciones. Trae consigo una diversidad de ideas preconcebidas que van a afectar las relaciones con el entorno, con la movilidad e, incluso, con la forma en que algunos actores se apropian de la ciudad.
La ciudad sin tiempo es un continuum temporal que afecta las dinámicas transformadoras de las ciudades actuales (dinámica en el sentido de la física, que describe la evolución del tiempo de un sistema físico, en relación con los motivos o causas que provocan los cambios). Así, la geografía urbana muta, transformando la naturaleza y composición de la nocturnidad para impregnarla de otros ritmos temporales, espacios, funciones y horarios. De esta manera, los territorios urbanos cobran de noche un significado y paisajes diferentes con entramados complejos cuyos componentes están escondidos, confusos y se mimetizan.
En este sentido, articular territorio, espacio, temporalidad y ciudad incluyente va más allá de superar estas dinámicas y replantear la forma en que se entiende e imagina la ciudad nocturna. La idea es proveerla de otros actores de diferentes edades, géneros y culturas, que apenas si la conocen, “una ciudadanía nocturna que promueve los derechos de todos en el tiempo y en el espacio se articula con un derecho a la ciudad que no se limita al día, sino que existe para la totalidad del espacio público y en cualquier horario” (Gwiazdzinski 2014). Al igual que dotarla de múltiples escenarios y tipos de servicios, en horarios continuos y discontinuos que permitan satisfacer necesidades sociales como fuentes de empleos para sus habitantes; disminuir las aglomeraciones; mejorar la movilidad y la percepción de seguridad; revitalizar los espacios públicos; reutilizar espacios y equipamientos; ofertar servicios culturales, y, finalmente, construir un mayor sentido de pertenencia y calidad de vida.
PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN
Teniendo en cuenta los viejos o nuevos problemas urbanos, pero definitivamente con nuevas aristas en una sociedad postindustrial, en constante transformación tecnológica y digital, en un mundo conectado en la inmediatez del tiempo, es necesario plantear nuevas formas de resolver las problemáticas estructurales de cualquier metrópolis del siglo XXI. Es prioritario deconstruir la concepción de ciudad tradicional, con cronologías secuenciales y lineales, heredera del fordismo industrial y de la oposición ciudad-día (que trabaja) y ciudad-noche (que descansa o se divierte), para transformar la complejidad de las problemáticas actuales. Es preciso construir respuestas transdisciplinarias que den cuenta de ciudades policéntricas, que se disuelven y dan paso a realidades y tiempos líquidos, y de ciudades multirrítmicas, que cumplan con las nuevas características de habitar una ciudad contemporánea: conectividad, simultaneidad, proximidad, nuevos actores, diversidad, inclusión, fluidez, movilidad sostenible, ecología urbana, entre otros.
En la propuesta actual de ciudad se desconocen y excluyen sujetos, paisajes, escenarios y metodologías, todos ellos fundamentos teóricos necesarios e imprescindibles en una propuesta integral para una ciudad sin tiempo ni horario convencional. Categorías clave como espacio-tiempo-noche o territorio no se tienen en cuenta, y de esta necesidad surge la pregunta de investigación: ¿cómo la dimensión del tiempo, esencia del ser humano, afecta la interacción de las formas y los espacios en la vida urbana? A la que les siguen las preguntas: ¿cómo armonizar las categorías espacio-tiempo-noche y territorio y su interacción simbólica en la ciudad sin tiempo ni horario convencional? ¿Cómo intervenir la ciudad para que satisfaga las problemáticas de exclusión, nuevos sujetos, movilidad sostenible, partiendo de la transformación de la temporalidad en la ciudad sin tiempo ni horario convencional?
¿POR QUÉ INTERESARSE EN EL TIEMPO Y, SOBRE TODO, EN EL TIEMPO DE LA NOCHE URBANA?
Empecé a interesarme en la nocturnidad trabajando en mi tesis de maestría en la Universidad Nacional de Colombia (sede Bogotá). La investigación trataba sobre cómo las formas y los efectos del ambiente urbano influyen en las emociones y el comportamiento de las personas en el tránsito del día a la noche en la UPZ 12 sector de Américas Central, localidad de Kennedy, en Bogotá (Colombia). El tiempo de la noche estuvo presente en muchos de los hallazgos, y a partir de esa investigación he venido reflexionando sobre la cuestión de la percepción de los espacios en la noche, de las territorializaciones, de la densidad poblacional, de los ambientes y de las emociones. La esfera nocturna representa uno de los ámbitos más conflictivos y complejos para los fenómenos relacionados con la vida de la ciudad.
Desde entonces, pensé en dedicar un estudio al tiempo de la noche, con la idea de investigar ¿cómo es el cotidiano de las ciudades en la noche? ¿Qué ha pasado con el tiempo nocturno en la ciudad occidental y en otras cosmovisiones? ¿La temporalidad y, en especial, el tiempo de la noche pueden cambiar la manera de interactuar con un lugar y con las personas que lo habitan? Las respuestas a estos interrogantes podrían fortalecer la articulación del tejido urbano mediante la implementación de políticas sobre la noche en la ciudad; fomentarían las formas de apropiación del territorio por parte de personas que no han podido habitarla, que la desconocen y rechazan; generarían un mayor sentido de apropiación con el entorno, de manera que se logren beneficios sociales, culturales, económicos y laborales, y contribuirían, de paso, a la solución del problema de densidad urbana.
Finalmente, la investigación sobre la temporalidad nocturna urbana tiene como alcance la estructuración de una propuesta metodológica de la nocturnidad que conecte y articule los componentes temporales, territoriales, culturales, ambientales y de densidad poblacional, como soportes y elementos de integración del hecho urbano en la ciudad, además de ayudar a mejorar la calidad de vida de sus habitantes (fig. 2).
METODOLOGÍA. ANDANDO ANDO
El investigador urbano participa en la vida de las ciudades, las conoce, las callejea, se adhiere y apropia de ellas, tiene un conocimiento real de la extensión urbana, percibe los lugares y no lugares que son significativos para las colectividades, vive las problemáticas, descubre cuáles son los espacios y tiempos que son más usados, indaga por su trajinar y sabe que la ciudad no se puede abordar sin considerar la interacción existente entre la complejidad de las personas y los espacios tiempos que la habitan. En este sentido, les da relevancia a explorar, conocer y manejar métodos y técnicas de investigación que le permitan comprender los procesos sociales urbanos desde su interior, con una mirada abierta a lo inesperado, insólito, fugaz o transitorio, características inherentes a la cotidianidad urbana actual.
El surgimiento de la transdisciplinariedad y, con ella, el acumulado de métodos de investigación que estudian integral y sistemáticamente el hecho urbano trajeron consigo el desarrollo de métodos cualitativos que ponen en el centro del análisis al actor urbano o a la masa social que habita y hace la ciudad, buscando obtener una característica particular de calidad y cualidad en los datos hallados. Estos buscan, en las formas y representaciones, signos de los hechos y de las interacciones que surgen mediante un estudio en filigrana, aprovechada hoy por los urbanistas para realizar análisis urbanos y acercarse integralmente a sus cimientos.
En las últimas décadas, los urbanistas han venido buscando otras metodologías que no siempre dan cuenta de las relaciones, de las interacciones y de los entramados de cuanto sucede en la ciudad. En este sentido, es necesario transitar otros caminos de investigación que incluyan a las sociedades actuales, caracterizadas por vivir en espacios de tránsito, de flujo, inestables, de actores sociales con múltiples y complejos pensamientos, percepciones, modos y formas de apropiación física o simbólica de la ciudad, que permitan conocer y comprender de qué forma construyen lo urbano y mediante qué prácticas, espacios y temporalidades.
La investigación sobre la ciudad sin tiempo convencional propone una estrategia metodológica analítica, de diagnosis del ambiente urbano, desde un punto de vista transdisciplinar que aborda la articulación necesaria de las tres categorías: espacio-tiempo, nocturnidad y territorio en interacción simbólica. Estas constituyen las fuentes de las que se nutre la investigación que, además de utilizar los instrumentos de análisis y de interpretación de los datos que la cartografía social aporta, permiten repensar los espacios para la afirmación de la identidad individual-colectiva y visibilizar aquello que permanece oculto y construir una representación colectiva acerca del territorio.
La psicogeografía y la deriva, como propuestas conceptuales y metodológicas, se aproximan al conocimiento urbano de manera interdisciplinar, desde áreas diversas del conocimiento. Son herramientas para construir lógicas de pensamiento que le permiten al investigador representar la realidad y aprehender a través de la percepción de su cuerpo en el territorio. La ciudad actual, por ser un escenario heterogéneo, dinámico, fugaz, imprevisible y enfrentada a constantes mutaciones, habilita la práctica de la deriva para reconocer el entramado de relaciones ocultas que se desarrollan simultáneamente en el tiempo y cuya forma es difícil definir con exactitud (fig. 3).
La cartografía social incorpora los movimientos de los sujetos en el territorio, la representación de los actos, la mutación en el tiempo y la construcción de paisaje contemporáneo. Con esta metodología se redescubre la ciudad actual, compuesta de escenarios heterogéneos, dinámicos e imprevisibles, y enfrentada a constantes mutaciones, entramados múltiples y relaciones ocultas-azarosas que se desarrollan simultáneamente en el tiempo y cuya forma es difícil definir con exactitud. Un investigador acucioso que participa en ese espacio tiempo se sumerge en nuevas puertas hacia la reflexión y ello le permite visibilizar elementos no acotados previamente.
La psicogeografía, las derivas y la cartografía social, como propuestas conceptuales de investigación-acción participativa y metodológicas, se aproximan al análisis urbano de manera integral y se constituyen en herramientas de elaboración de lógicas de pensamientos que le permiten al investigador urbano representar las realidades territoriales construidas por las comunidades y aprehender a través de su interacción en el territorio. Todo ello, coadyuva en los procesos endógenos de solución de conflictos y problemas y que, a su vez, permiten identificar recursos y potencialidades de los espacios socialmente determinados.
ALGUNOS RESULTADOS Y AVANCES DE LA INVESTIGACIÓN RESPECTO A LA NOCTURNIDAD
El siguiente análisis es resultado de la tesis de maestría, titulado “Psicogeografía de la ciudad, metamorfosis del espacio urbano en el sector de Américas Central localidad Kennedy en Bogotá”, así como de la investigación actual y en desarrollo sobre el tiempo de la noche urbana. A partir de las observaciones y derivas estructuradas y sistematizadas, en el paso del día a la noche se consideran algunos espacios que sufren metamorfosis en el sector objeto de estudio que permiten discutir y reflexionar sobre el tiempo de la noche:
En el sector existe una sobreoferta de transporte en el horario diurno; sin embargo, en la noche disminuye considerablemente, lo que desestimula la ocupación y el uso de servicios de todo tipo que allí se generan.
Algunas calles del sector las cierran y presentan acceso restringido para los peatones en general. Este lugar tiene movilidad exclusiva para residentes y propietarios.
Los transeúntes tienen la percepción de que es un lugar peligroso, y en la noche se incrementa el imaginario. La cantidad de mujeres que caminan es menor en proporción a los hombres.
En la noche, la contaminación por ruido se triplica con la apertura de bares y cantinas, y los equipos de sonido a altos volúmenes superan los decibeles permitidos. También hay contaminación visual, por el exceso de avisos publicitarios con luces de neón y por residuos sólidos, malos olores y roedores, ya que no hay una disciplina rigurosa con el manejo de desechos y basuras.
La presencia de recicladores y habitantes de calle se incrementa en la noche, así como aparecen en escenas personas de diverso género.
La construcción social del tiempo evidencia las transformaciones del espacio en los horarios nocturnos a partir de la 7:00 de la noche y hasta la madrugada. La noche urbana sustenta imaginarios, creencias y pensamientos que se instalan en la estructura mental de las personas que habitan el lugar y determinan sus actuaciones.
La noche trae consigo diversidad de ideas preconcebidas, como:
Labores de bares y cantinas se deben hacer en horarios nocturnos, porque en la noche es natural desarrollar este tipo de actividades de ocio.
La inseguridad aumenta en el tiempo nocturno. Las personas que transitan caminan rápido apretando sus pertenencias con miedo a ser robadas.
Las mujeres y personas LGBT pueden ejercer su ciudadanía con mayor libertad, se apropian del espacio con menores restricciones y la noche se hace cómplice para actuar con mayor autonomía.
En la noche, las mujeres se sienten más seguras de sí mismas, empoderadas, respetadas, además en igualdad de condiciones con los otr@s en sus encuentros nocturnos.
Aparecen expendedores de todo tipo de drogas.
Se puede orinar en cualquier espacio, además de depositar deshechos en las calles.
Las calles, los espacios y los equipamientos públicos se cierran, apagan luces y la oscuridad se hace cómplice de la clandestinidad.
QUÉ HICIMOS CON ESTOS RESULTADOS EN RELACIÓN CON LA NOCHE
Evidenciar in situ cada uno de estos resultados y sugerir propuestas de reapropiación de los espacios y equipamientos públicos en la noche: parques que pueden ser cines o teatros al aire libre, centro comercial que reutiliza sus espacios de encuentro o colegios que pueden utilizarse para actividades deportivas o culturales. Priorizar los recorridos de caminata o de uso de ciclas o bicitaxis, ya que la zona cuenta con senderos peatonales amplios. Incentivar en este sector mayor apropiación del espacio nocturno, no solo con atractivos de ocio como bares y tabernas.
Apuntar a convertir la noche urbana en la principal oferta cultural: obras de teatro, cines, recorridos nocturnos, conciertos, entre otras actividades artísticas, deportivas, educativas y turísticas, que ayudarían a transformar la visión negativa que adquiere el lugar en el tiempo nocturno. Así mismo, a largo plazo, se pretende configurar la noche como el principal escenario de oferta cultural, que los habitantes, transeúntes y vecinos la habiten, reconozcan y frecuenten. Se trata de acercar la demanda de los ciudadanos a la oferta cerca de su casa para asegurar una mezcla funcional que desarrolle interacciones sociales.
Promover la convivencia y dinámicas comunitarias, arraigo vecinal y amor no solo por la casa que se habita, sino por las calles, espacios públicos, espacios verdes, equipamientos, tanto en el día como en la noche; diversificar y optimizar la paleta de servicios, gracias a lo digital, a los modelos colaborativos y al compartir; convertir las calles en espacios de movilidad, libres de carbono y monóxidos, fomentando el consumo de proximidad para descubrirlos caminando o en bicicleta.
MÁS ALLÁ DEL CASO ESPECÍFICO
Cuando se piensa la ciudad en el tránsito del día a la noche, se generan representaciones opuestas, excluyentes y complejas. Asociar la luz con el día condiciona un orden que se debe seguir, al punto que se quiere hacer de día a la noche, con el objetivo de controlar el orden para garantizar la seguridad de los ciudadanos.
En este sentido, una de las estrategias para descifrar el significado del espacio urbano es a través de las oposiciones entre el día-noche, el contraste entre luz y oscuridad o el tiempo procesado socialmente para regular los horarios de trabajo y de descanso. Las reglamentaciones de la vida urbana se establecen de acuerdo con si es día o de noche, con las acciones de los habitantes o con los equipamientos que están orientados por convenciones sociales que instituyen las rutinas viables de los lugares en distintas horas o lo que se ha denominado institucionalización temporal de las prácticas sociales.
Lo oscuro se convierte en metáfora de actividades prohibidas, aun durante el día; no obstante, alrededor de la noche se evidencia la relación con lo clandestino y lo prohibido, sin perder de vista que, además, es tiempo de descanso, recogimiento, romance, placer, así como de concentración y trabajo. La nocturnidad urbana es el escenario en el que se encuentran los contrastes y opuestos, el goce y el sacrificio, la perfección y la decadencia, el placer y el peligro.
En la noche citadina se reelabora la ciudad, se separa el poder, las actividades realizadas no son solo económicas, para la industria o la producción; surgen en los escenarios nocturnos la ilusión de autonomía que invoca al juego del tiempo, se hace presente la magia de la creatividad, arte, literatura, prácticas ancestrales, astronómicas; plantas y animales desarrollan sus ciclos vitales; tiempo no colonizado en el que se considera aplazar el control.
Las regulaciones y los controles que se dan sobre las actividades nocturnas, por estar consideradas en el imaginario social como el tiempo-espacio en el que la violencia, la inseguridad y las actitudes transgresoras se exacerban, no han permitido pensarla como un organismo vivo que requiere espacios-tiempos únicos, respetuosos, gratuitos, abiertos, accesibles para vivir, trabajar y disfrutar con infinitas posibilidades.
A MODO DE CONCLUSIONES GENERALES
Durante el proceso de investigación, como resultado de la psicogeografía, las derivas, la investigación-acción participativa y la cartografía social, se construyó participativamente con algunos habitantes, comerciantes y artistas los mapas psicogeográficos del sector objeto de estudio. Estos describen las emociones cotidianas del día-noche y la influencia del medio social (edificios, calles, aceras, equipamientos y zonas verdes) sobre las personas que frecuentaban determinadas áreas, prácticas y rutinas. Se cartografió la influencia emocional sobre los habitantes, y así las relaciones y las descripciones se revelan de forma azarosa, no por su funcionalidad, sino por su carácter emocional.
En el desarrollo de esa investigación y en la actual se han encontrado vacíos en cuanto al estudio de la fragmentación del tiempo, que redunda en la falta de comprensión espaciotemporal del fenómeno de la noche. Esta se ha abordado más con enfoques filosóficos, economicistas, funcionales, y la noche urbana se presenta como un hecho atemporal, tal vez porque los planteamientos fluctúan entre lo simple y lo sorprendente. Su particularidad cotidiana es desconocida constantemente, aunque es preciso reconocer que los estudios sobre la noche con características propias que difieren de las diurnas son recientes, iniciales y faltan aspectos por investigar que fortalecerían un marco y corpus sólido para el conocimiento del tiempo nocturno urbano.
Es tal la diversidad de la ciudadanía contemporánea y la necesidad de inclusión respetuosa y equitativa de todas, que se requiere deconstruir la noción del tiempo convencional del día, la noche y todas sus intervalos: amanecer, mañana, mediodía, tarde, atardecer, crepúsculo, noche, medianoche y, nuevamente, amanecer por nuevas aperturas, continuas y discontinuas que configuren la espiral virtuosa de los tiempos urbanos. Surge la necesidad de investigar las cosmovisiones que tienen las diversas culturas sobre la noche y aportar a esta discusión una postura decolonial que analice comparativamente el cotidiano de la noche que han vivido y construido.
La propuesta psicogeográfica de la ciudad sin tiempo y sin horario convencional va más allá de la perspectiva de alargar el día a la noche de las ciudades, de la necesidad de ofrecer servicios que se desarrollan en el día, de oficios que necesariamente son veinticuatro horas, como la salud o determinados empleos y actividades, incluso el ocio; y, por supuesto, de la mirada economicista, todas ellas importantes y con un común denominador: el tiempo de la noche, y es aquí donde reside la importancia de abordar esta investigación.
La ciudad sin tiempos convencionales requiere una estrategia sostenible que aborde procesos de cambio, de usos, prácticas y fenómenos en un mismo espacio y diferente temporalidad que no ha sido suficientemente estructurada y carece de categorías prioritarias en los análisis urbanos. La ciudad sin tiempo convencional se convierte en una alternativa de solución profunda, compleja e integral a la problemática estructural pospandémica.



