San Luis y El Campín, memorias de barrio. Una apuesta más allá de lo formal*


Abstract

Este artículo se propone relatar la propuesta metodológica que se aplicó en la construcción de la historia de los barrios San Luis y El Campín de forma conjunta con sus vecinos, explicando por qué en este proceso investigativo fue importante el trabajo con la comunidad y hacer hincapié en los productos finales y su carácter creativo y novedoso que involucra distintos saberes y experiencias. Al final, se muestran las razones por las que esta metodología se debería replicar en otras investigaciones sobre historia urbana, así como los aprendizajes y los retos que esto conlleva para posteriores ejercicios.


This text describes a methodological proposal applied for a research, which aim was to construct the history of these neighbourhoods together with their neighbours. It explains why the investigative process with the communities is important, focusing on the outcomes and their new and creative character that involves different knowledge and experiences. It concludes with the reasons why this methodology should be applied in other work on urban history and explains the lessons and challenges for future projects.


LA HISTORIA URBANA DESDE LAS COMUNIDADES. ¿POR QUÉ ES IMPORTANTE INCLUIRLAS?

Lo que ocurre con la historia urbana es, en cierta forma, una síntesis de los debates que giran en torno a la naturaleza misma del urbanismo. Inicialmente, se concibió como una disciplina en la que tendrían cabida la arquitectura y la ingeniería; pero luego fueron agregándose otras profesiones más asociadas con las ciencias sociales y las humanidades, pues se fue comprendiendo que la ciudad, más que un espacio simplemente “construido”, era un vivo reflejo de las sociedades donde surgía y se desarrollaba. Por esta razón, la concepción de ciudad ha sufrido transformaciones en los últimos siglos, de la mano de cambios trascendentales en la economía, sociedad, medio ambiente, demografía y política.

Algo similar ocurre con la historia urbana, pues su estudio ha dependido del periodo histórico en el que este se ha abordado, así como de la disciplina que la trata. Carlos García Vásquez (2016) proponía ver la historia de las teorías sobre la ciudad desde tres profesiones: historia, arquitectura y sociología, pues consideraba que estas podrían resumir de forma relativamente completa el acervo teórico existente. Otros autores se remiten no tanto a las historias sobre las ideas de ciudad, sino sobre las ciudades mismas, las causas de su desarrollo y su rol en la formación de las sociedades contemporáneas (Landa, 2020). Pero sigue apareciendo la duda sobre la que no existe consenso ¿qué estudia o debería estudiar la historia urbana?

En el campo del urbanismo, en general, y de la historia urbana, en particular, quizá estas cuestiones no lleguen nunca a tener respuesta. Así mismo, se han considerado metodologías para estudiar las ciudades desde una perspectiva histórica, que también han sido una contribución particular de muchas disciplinas, como la historia, la sociología, la arquitectura, el urbanismo, el derecho, la literatura, entre otras (Landa, 2020). No obstante, independientemente de las alternativas que se han propuesto en el ámbito académico, existe un vacío que no se ha podido llenar por completo: si la ciudad es un territorio donde las personas viven, trabajan, disfrutan y se movilizan —a la manera un poco de la Carta de Atenas— la academia no las ha tenido en cuenta lo suficiente, y esto está cambiando.

El análisis de los procesos urbanos ocurridos desde una perspectiva histórica sigue siendo fundamentalmente academicista, y si se han incluido conocimientos y memorias de las personas que los han vivido, simplemente se han asumido como un instrumento más de investigación. Además, la historia urbana, al menos es la tendencia en las últimas décadas, se ha estado concentrado ya no tanto en ciudades enteras y en grandes fenómenos urbanos, sino en los barrios, pues la ventaja que estos representan —en términos metodológicos— es que permiten reunir mejor las diferentes memorias que sus habitantes han experimentado a lo largo de su vida, y darles mayor valor en el sentido de reconocerlos como sujetos principales en la historia de su sector. Según Tamayo y Wildner:

[…] la identidad colectiva se erige en la vida cotidiana a partir de coordenadas espacio temporales, lo cual no significa que el papel del espacio se circunscriba a ser el mero espacio de las prácticas identitarias, sino supone reconocerlo como uno de sus componentes, de modo tal que es posible sostener que un cambio en la identidad puede desembocar en una transformación espacial y viceversa. (Citados en Kuri 2015, 169)

¿Por qué es importante reconocer la voz, la memoria, las vivencias y experiencias de los habitantes para adquirir mayor conocimiento sobre la historia de las ciudades? Existen dos razones: la primera es, simplemente, porque estuvieron ahí. Los documentos históricos, las fotografías, los archivos fonográficos y la cartografía de la época son elementos muy útiles para construir un relato histórico, pero aun así son incompletos, pues no dicen todo lo que se necesita saber. En ese sentido:

Es una invitación a cuestionar las formas y formatos tradicionales para llevar el conocimiento sobre los territorios a quienes realmente les interesa: los habitantes.

[…] la memoria es un terreno de disputa en donde participa la versión oficial de la historia, ya que los “recuerdos son constantemente elaborados por una memoria inscrita en el espacio público, sometidos a los modos de pensar colectivos”, pero también influidos por los paradigmas científicos de la representación del pasado. (Pinilla 2013 citado en Saldarriaga 2021, 86)

La segunda razón por la que es importante reconocer a los habitantes de las ciudades es porque la academia y las comunidades han estado separadas desde hace mucho tiempo, y es una deuda reconocer a estas personas como voces válidas para construir conocimiento sobre la ciudad y el urbanismo. Conocer la historia urbana de la mano de las personas que experimentaron este devenir histórico hace que aquella sea mucho más cercana a la gente, pues la empodera e, incluso, puede ayudar a crear un sentido de pertenencia hacia los territorios, en este caso, hacia sus barrios.

Por estas razones, este artículo se propone relatar la propuesta metodológica que se aplicó en esta investigación, cuyo objetivo fue construir la historia de los barrios San Luis y El Campín de forma conjunta con sus vecinos, explicando por qué en este proceso investigativo fue importante el trabajo con la comunidad y haciendo hincapié en los productos finales y su carácter creativo y novedoso, que involucra distintos saberes y experiencias. Al final, se exponen las razones por las que esta metodología se debería replicar en otras investigaciones sobre historia urbana, así como los aprendizajes y los retos que esto conlleva para posteriores ejercicios.

HISTORIA URBANA Y COMUNIDAD: UN DIÁLOGO Y RECONOCIMIENTO CONJUNTO PARA LA CONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA

El propósito fundamental de este trabajo conjunto es reconocer la necesidad de transitar hacia metodologías de carácter abierto en los proyectos de investigación sobre historia urbana, entendiendo que en la apertura se superan viejas consignas, como el trabajo unidisciplinario y los sistemas lineales de investigación, donde su comprobación surge generalmente a partir de esquemas teóricos o caracterizaciones estructuradas de ciertas formas o fenómenos ya estudiados. Si bien, no se quiere señalar que estos esquemas no arrojan resultados meritorios, solo se busca destacar que, al abrir los campos de estudio y compartirlos con otras disciplinas, también permite abrir la academia a sectores para generar un espacio de construcción de conocimiento de primera mano y de manera dialéctica.

De estos acercamientos, también reconocimientos a la historia de estos dos barrios, más que completarse, se llenó de sentido, pues el documento bibliográfico o de archivo, aunque confiable en términos académicos, no incluye sentires, saberes, ideales y vivencias que, de alguna manera, hicieron posible la construcción histórica de estos barrios. Estos procesos de transformación del territorio son dialécticos, por cuanto transforman a las comunidades y ellas mismas transforman los territorios. Las prácticas sociales van configurando y reconfigurando la relación entre las comunidades y los espacios urbanos, creando de esta manera una identidad colectiva que, con el paso del tiempo, se va transformando en una memoria colectiva. Por esta razón: “La memoria intersubjetiva es producto de la acción social, política y cultural y, simultáneamente, es una esfera instituyente de prácticas sociales, es decir, la memoria es justamente praxis social. Bajo este ángulo, no hay memoria intersubjetiva sin identidad colectiva y viceversa” (Kuri 2015, 170). Por esto, es importante señalar su valor metodológico desde tres aristas principalmente:

  • El enfoque interdisciplinar que, más allá de ser un intento por dialogar con otras disciplinas, es también un intento aún en construcción de conciliar las diferentes disciplinas en torno a un lenguaje común, entendible desde cualquier profesión y las personas interesadas en el tema.

  • La metodología de carácter abierto, como eje principal en el acercamiento empírico a los lugares u objetos de estudio, es decir, sumergirse asertivamente en la complejidad del fenómeno más que en su comprobación teórica y, con ello, visibilizar el fenómeno estudiado de forma holística.

  • La emergencia de replicar este enfoque y metodología en otros casos de estudio o investigaciones pero, esencialmente, romper las barreras (invisibles) entre academia y sociedad, reconociendo a las comunidades urbanas como sujetos válidos y pertinentes en la construcción colectiva de conocimiento.

Se puede decir que esta propuesta metodológica adquiere un carácter “abierto”, es decir, conlleva un “sistema de encaje recíproco de lo extraño, lo curioso y lo posible” (Sennett 2019, 14), lo que significa que esta metodología no está cerrada a un trabajo exclusivamente disciplinar y académico, sino que su proceso y sus resultados serán productos también de fuentes alternativas de información, de las cuales surgen las experiencias, las memorias y los sentires que están en el interior de otros sujetos de conocimiento, como las comunidades urbanas.

La matemática Melanie Mitchell describe un sistema abierto como “aquel en el que grandes redes de componentes sin control central y sencillas reglas operativas dan origen a un comportamiento colectivo complejo, un sofisticado procesamiento complejo de la información y una adaptación mediante aprendizaje o evolución” (citada por Sennett 2019, 14). De hecho, el autor considera que esta complejidad es evolutiva, pues no es producto de una condición preestablecida, sino que es fruto de la retroalimentación y la selección de información (Sennett 2019).

Precisamente, este es uno de los fundamentos de que la investigación en historia urbana no les ha dado el suficiente reconocimiento: al no incluir y reconocer a las comunidades urbanas como sujetos de saber, se deja de presentar un proceso de retroalimentación entre sus experiencias y conocimientos que contribuyen a enriquecer la evolución del campo de estudio. Así que esta forma de abordar la historia urbana puede ser una manera de ampliar el espectro, que no se reduzca a la búsqueda de archivos históricos, sino que incluya las voces de las personas que vivieron y participaron en los fenómenos que se están estudiando.

¿Por qué los barrios? La cercanía y la intersubjetividad que implica la existencia de un barrio, así como sus orígenes comunes, las reivindicaciones y luchas que sus vecinos pudieron tener en algún momento, sus lugares comunes y prácticas sociales y culturales, son elementos que permiten la construcción de una historia que, en gran medida, también puede explicar e, incluso, contener parte de la historia de una ciudad (Kuri 2015). Sin embargo, la inclusión de los habitantes no solamente se hace como un ejercicio de reconocimiento de su subjetividad y validez en la construcción del conocimiento, sino porque, en términos metodológicos, sus experiencias y memorias son valiosas para entender los fenómenos, sus posibles causas y efectos, así como su rol o vivencia en estos. Este es el principal propósito de esta propuesta metodológica.

La inclusión de las comunidades barriales en el relato histórico y la investigación sobre la historia urbana no es algo nuevo. Por ejemplo, un estudio realizado por Edith Kuri (2015) sobre el barrio La Fama, en Ciudad de México, analizó sus orígenes en torno a una fábrica de textiles surgida en siglo XIX y relató cómo su formación en torno a este edificio fue configurando varias relaciones y reivindicaciones vecinales —especialmente alrededor de las luchas sindicales— y tradiciones —como la celebración de la Virgen de la Concepción el 8 de diciembre—, lo que permitió la cohesión vecinal a lo largo del siglo XX.

En Colombia, si bien la tendencia en las historias de los barrios se está consolidando en la historia urbana, también están surgiendo propuestas dirigidas a este propósito, incluso desde los ámbitos institucional y académico. Un ejemplo de ello es el proyecto “Voces… Patrimonio de una nacionalidad”, realizado por la Escuela de Medios para el Desarrollo de la Corporación Universitaria Minuto de Dios, en Bogotá (Gutiérrez 2011). En este proyecto, los participantes buscaron “construir” la historia del barrio Minuto de Dios a través de la recuperación y el reconocimiento de las vivencias de los vecinos que habitaron este sector desde sus orígenes. Los resultados de este proyecto fueron recopilados y presentados en un portal multimedia en el que aparecen tanto las voces de los vecinos como otros documentos de la época, que permiten visualizar y conocer la historia de este barrio.

Los habitantes experimentan, practican, construyen y transforman los territorios, al tiempo que son transformados por estos.

Estos ejemplos incluyen a los vecinos en la recopilación de información y en el conocimiento de estos barrios. Sin embargo, como en el texto sobre La Fama, a estos vecinos no se les da el suficiente reconocimiento como una parte vivencial y fundamental en el desarrollo de este barrio. En su lugar, la participación de los habitantes solamente se tomó en cuenta en la recopilación de información, sin llegar a incorporarlos en la investigación y en la misma construcción de la historia del barrio. Ambos casos comparten un elemento en común: parten de una perspectiva disciplinar (sociología y medios de comunicación, respectivamente), lo que implicaría que el alcance de los trabajos sea limitado.

Nuestra propuesta metodológica, si bien reconoce la importancia de los documentos históricos y los textos científicos, también tiene como propósito la difusión del conocimiento más allá de los espacios académicos. De esta forma, a pesar de que se presentan ponencias y artículos, también pretende que los resultados del proceso sean conocidos tanto por los vecinos y, de ser posible, por las personas que tienen cierto interés por la historia urbana y las historias barriales.

SAN LUIS Y EL CAMPÍN, APLICACIÓN DE UNA APUESTA METODOLÓGICA

El proyecto San Luis y El Campín reúne estos propósitos: primero, una apuesta por la interdisciplinariedad, en la que el conocimiento de diversas disciplinas contribuye al entendimiento integral de la historia urbana; segundo, el reconocimiento de la visión de las personas y las comunidades en la formación y transformación de las ciudades y sus espacios, y tercero, la priorización de formatos gráficos e interactivos que posibilitan no solo a la comunidad académica acceder a estos, sino con la motivación de que las personas que quisieran conocer un poco más sobre la historia del sector accedan a esta información sin necesidad de tener un alto conocimiento sobre urbanismo.

Con este propósito, durante el desarrollo del proyecto se buscó construir la historia de los barrios, de la mano de los vecinos, a través de la realización de talleres y entrevistas. Inicialmente, por medio de un taller de cartografía social, se indagó sobre los lugares más importantes del barrio y las problemáticas que se experimentaban en ese momento. Con ello, se conocieron a aquellas personas que probablemente tenían un mayor conocimiento sobre la historia de los barrios y sus problemáticas. Después se realizaron varias entrevistas con estas personas, en las que se indagó sobre la misma historia del sector, las razones por las que decidieron vivir ahí, algunas experiencias comunitarias vividas y otras indagaciones. Esto posibilitó conocer un poco el perfil social, económico y cultural de las personas que habitaban este sector.

El objetivo del taller “Un chocolate con sabor a historia” fue la construcción colectiva de una línea del tiempo que reuniera las memorias y las vivencias de los vecinos. En paralelo, se había construido otra línea más “académica”, que fue el resultado de una investigación en la que se indagaron recursos bibliográficos y documentos de archivo, como planos de los proyectos de los barrios y sus propuestas de loteamiento, escrituras de predios (con las que se conocieron un poco los perfiles de los primeros dueños) y cédulas catastrales,1 donde se encontró información acerca de las características prediales y arquitectónicas del barrio en sus inicios.

Con otros documentos oficiales —como los Anales del Concejo de Bogotá, que reúnen las actas de las sesiones del órgano deliberativo de la ciudad—, junto con la prensa de los años treinta y cuarenta del siglo anterior, se logró indagar sobre los orígenes del barrio. Además, también se hicieron recorridos con los vecinos, reuniones y otras actividades que posibilitaron conocer los sitios más importantes del sector, las reivindicaciones de la comunidad y otros hallazgos que enriquecieron el relato.

Buscando ir más allá de la presentación de unos resultados de investigación a través de documentos académicos, en el proyecto se planteó, por un lado, la edición de un libro-álbum en el que se relata la historia de San Luis y El Campín de una forma más creativa y cercana hacia las comunidades. Por otro lado, la realización de una exposición, en la que se mostrarían testimonios, experiencias, relatos y también objetos cotidianos de la época que contará la historia de los barrios desde los vecinos y por ellos mismos. Sin embargo, por la situación de pandemia por covid-19, que aún se está experimentando, esta exposición se convirtió en un portal multimedia cuyo propósito no se modificó.

El libro-álbum resume los resultados de la investigación en una narración gráfica que presenta a dos personajes principales (Ignacio y Cecilia), quienes cuentan la historia de los barrios como propia (figs. 1, 2 y 3). La idea era que en su historia de vida se reflejarán los resultados de toda la investigación, haciendo partícipes a sus habitantes, encontrando esos puntos comunes entre historias y buscando que se sintieran representados con la narrativa del libro como reflejo de su propia historia de vida, además de llegar a un público más amplio en términos de edad, nivel educativo, condición socioeconómica, etc., lo que difícilmente se podría lograr con los formatos tradicionales.

Figura 1.

Fragmentos del libro-álbum San Luis y El Campín. Una historia desde el habitar (en edición). Fuente: elaborado por Gabriela Otálora.

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Figura 2.

Fragmentos del libro-álbum San Luis y El Campín. Una historia desde el habitar (en edición). Fuente: elaborado por Gabriela Otálora.

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Figura 3.

Fragmentos del libro-álbum San Luis y El Campín. Una historia desde el habitar (en edición). Fuente: elaborado por Gabriela Otálora.

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La exposición virtual fue una decisión que se tomó debido al contexto de la pandemia generada por el covid-19 y las implicaciones que tuvo para desarrollar espacios de encuentro. En principio, se pensaba como la posibilidad de mostrar los resultados en el mismo territorio, teniendo a los dos barrios como escenario de las piezas gráficas. Debido a la pandemia, se optó por montarla virtualmente, pero de manera interactiva. El espacio seguiría siendo protagonista y, para esto, se desarrolla una exposición virtual por medio de un video en 360 grados que ubica en el espacio físico-virtual de los barrios los relatos, los planos, los documentos, etc., para contar la historia del barrio en él mismo (fig. 4).

Figura 4.

Exposición virtual. Memorias de Barrio. Fuente: elaboración propia a partir de https://experience.memoriasdelbarrio.com/index.html.

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Ambos productos buscaron hacer accesible el conocimiento construido de los barrios hacia la mayor cantidad de personas posible. Estos formatos que privilegian la imagen sobre el texto permiten una mayor cercanía con las personas que tienen algún interés en estos temas, sin importar su edad y su contexto, por lo que la historia urbana y, en este caso, la historia de un sector de la ciudad de Bogotá es una representación de las voces y memorias de sus habitantes.

REFLEXIÓN Y CONCLUSIONES

Esta metodología puede ser un importante ejemplo en la replicación en otros espacios y otras latitudes, ya que una de sus principales ventajas es que no pretende ser una propuesta universalista que deba aplicarse tabula rasa sin tener en cuenta las particularidades sociales, económicas, nacionales y urbanísticas de las ciudades. Nuestra propuesta metodológica, retomando brevemente a Richard Sennett, es flexible y de carácter abierto, por lo que no debe tomarse con rigidez, sino que dependerá del contexto y las comunidades donde se aplicará. En este sentido, una de sus ventajas es que permite la constante retroalimentación y transformación para su fortalecimiento.

Además, esta propuesta no pretende reproducir el paradigma de la epistemología científica, la cual considera que el saber de las personas no es válido, al no ser “expertas”. Desde una perspectiva decolonial y un contexto latinoamericano, buscamos hacer que este tipo de metodología propicie el diálogo de saberes con las comunidades, ya que estas han sido actores fundamentales en la configuración y reconfiguración de los territorios. Por todo ello, son imprescindibles en la construcción no solo de la historia urbana y el urbanismo, sino del conocimiento general. Tampoco se pretende deslegitimar las metodologías tradicionales, sino que ambas se complementen para entender un fenómeno multidimensional, como lo es la ciudad.

Para finalizar, entendemos que es posible recoger estas experiencias tal y cual ocurrieron. Más que esto, buscamos incitar a nuevos investigadores y planificadores a priorizar la creatividad en el momento de llevar a cabo sus investigaciones y en la toma de decisiones sobre los territorios urbanos. Es una invitación a cuestionar las formas y formatos tradicionales para llevar el conocimiento sobre los territorios a quienes realmente les interesa: los habitantes.

Pese a que los resultados de este proyecto fueron óptimos, al contar con la participación de profesionales de diferentes disciplinas y con las experiencias de varios de sus habitantes, existen elementos que deben mejorarse para posteriores investigaciones: por ejemplo, no se tuvo la posibilidad de discutir los productos mismos que se presentan aquí con los vecinos, sino que, por causa de la pandemia, terminó siendo una decisión del grupo. Es importante entender que estos procesos no son lineales sino diferentes, por lo que el ritmo de una investigación puede sufrir diferentes transformaciones a lo largo de esta. En posteriores ejercicios, es importante fortalecer esta parte para conocer más las expectativas de los vecinos.

Los procesos participativos y de construcción colectiva de conocimiento no solamente se deben reducir a la historia urbana, sino ampliarse en el ejercicio del urbanismo, ya que los habitantes experimentan, practican, construyen y transforman los territorios, al tiempo que son transformados por estos. Hay una relación entre las comunidades y los espacios urbanos. Es necesario replicar dichos procesos, especialmente en la planeación urbana, ya que muchas decisiones sobre el territorio afectan sus dinámicas sociales. El urbanista debe cambiar su rol de “planificador” a ser “intérprete” de la realidad de los territorios, y la academia debe apostar por acercarse más a las comunidades para dar ideas que solucionen sus necesidades más concretas.

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Notes

[*] Este artículo se basa en el proyecto de investigación: “San Luis y El Campín, memorias de barrio. Una historia desde el habitar”, financiado por la Convocatoria para la Financiación de Proyectos de Investigación de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia, en 2019.

[1] Las cédulas catastrales son documentos que resumen los cambios en la propiedad de un predio y en sus características edilicias, de uso de suelo, de precio, entre otros. Estos documentos fueron utilizados por la Oficina de Catastro de Bogotá hace pocas décadas.