Registros del paisaje. Lectura de cartografías históricas en los Esteros del Iberá (Argentina)


Abstract

Construir un hilo argumental para poner en valor un paisaje cultural implica documentar una historia de su territorio, así como reconocer las huellas que las sociedades fueron imprimiendo según sus saberes y creencias. En Latinoamérica, muchos de estos paisajes culturales se caracterizan por sus grandes dimensiones y por la escasa información que dé cuenta de su evolución. Este artículo reflexiona sobre el uso de las cartografías históricas como base para dicha construcción, recopilando y reelaborando documentos de la historia de los Esteros del Iberá, según un hilo cronológico que relaciona esos mapas y relatos de viajeros con momentos históricos relevantes.


Building a story line to value a cultural landscape implies documenting a history of its territory, recognising the traces that societies printed overtime according to their knowledge and beliefs. In Latin America, many of these cultural landscapes are characterised by their large dimensions and scarce initial information. This article reflects on the use of historical maps as the basis for this construction, collecting and reworking documents on the history of the Iberá wetlands, according to a chronological thread that relates traveller’s tales to relevant historical moments.


INTRODUCCIÓN

Construir el hilo argumental para poner en valor un paisaje cultural implica documentar la historia de la construcción de su territorio. Y para reconocer las huellas que las sociedades fueron imprimiendo según sus saberes y creencias, al igual que ponerlas en valor como un rico legado histórico, resulta imprescindible una lectura intencionada.

En Latinoamérica, muchos de los paisajes culturales se caracterizan por sus grandes dimensiones y por la escasa información de partida. Este es el caso de los Esteros del Iberá en la provincia de Corrientes (Argentina), un extenso humedal de más de 12.000 km², uno de los más grandes de Sudamérica y reconocido por su biodiversidad. Escondido en el centro de la provincia y alejado de los núcleos urbanos, el Iberá atesora una cultura marcada por el agua, en la cual los escasos habitantes aprenden a sobrevivir en una geografía singular. La dinámica del territorio, la gran extensión territorial, la reducida densidad y los escasos elementos antropizados dificultan el reconocimiento del legado histórico. Entonces, ¿cómo descifrar las huellas que modificaron el paisaje?

Un recurso básico en la construcción e interpretación de este territorio se encuentra en el registro que ilustres viajeros dejaron en su paso por la región. Por diferentes razones, recopilaron datos, relatos y elaboraron ricas cartografías que significan un inmenso aporte al conocimiento territorial.

Estos registros ponen de manifiesto la relación entre el hombre y el paisaje, que denominamos paisaje cultural, entendido desde la visión de Carl Sauer (1925) como el resultado de la acción de un grupo social sobre un paisaje natural. En esta obra, el autor profundiza en el análisis de las transformaciones del paisaje debido a la acción del ser humano y propone una metodología que se basa en la recopilación de datos, revisión de mapas antiguos o interpretación de relatos de viajeros para comprender y poner en valor el territorio.

Algunas veces, los registros del territorio se encuentran a simple vista y, en otros casos se requiere un estudio profundo para descifrarlos. Dentro de estos registros, los mapas históricos se destacan como un dispositivo visual entre los geógrafos y fuera de su comunidad (Lois 2009). Actualmente, constituyen una valiosa herramienta para interpretar el paisaje, pero es importante destacar que la construcción de los mapas determina una representación de la realidad y para utilizarlos como herramienta de interpretación es imprescindible entender el contexto en el que se realizaron, debido a que la representación varía según el origen y la intención del autor (Harley 2005). Al analizar los mapas, se busca una aproximación a los hechos históricos que se imponen en el territorio, cuyos resultados conforman el paisaje actual.

El mapa como registro gráfico puede parecer simplemente la representación de la realidad en un momento dado; pero una segunda lectura, más atenta, nos puede llevar a una novedosa y rica interpretación. Es decir, es posible construir un relato que destaque el valor de la construcción histórica mediante documentos gráficos elaborados durante un largo periodo e identificar momentos históricos que representan las transformaciones territoriales más relevantes.

El objetivo de la investigación fue recopilar sucesos de la historia de los Esteros del Iberá, para identificar momentos que representen la identidad del territorio y pongan en valor el legado histórico. Para ello se seleccionaron antiguos mapas y relatos de viajeros, centrando el interés en su percepción y descripción, y no tanto en el propósito para el cual fueron trazados.

La información obtenida se presenta ordenada cronológicamente y se destacan tres momentos: el primero, “Revelar lo invisible”, abarca el descubrimiento, exploración, conquista y primeras ocupaciones del territorio; el segundo, “Miradas ajenas”, describe distintas miradas e intereses de personajes que exploraron el lugar, y el tercero, “Desde el interior del Iberá”, brinda una mirada singular que contrasta con las anteriores. Finalmente, se presenta una reflexión basada principalmente en una parte suficientemente documentada de la historia de la región.

REVELAR LO INVISIBLE

En 1494, la inmensidad del nuevo territorio genera un conflicto de intereses entre los reinos de España y Portugal que lleva a firmar el Tratado de Tordesillas. El acuerdo establece un reparto de las zonas de navegación y de conquista. A partir de ese momento se dibuja el nuevo mundo a través de relatos, cartas, apuntes de los navegantes o, algunas veces, la imaginación. Las formas de representación son muchas y diversas, pero con un objetivo común: hacer visible lo invisible.

A medida que comienzan las primeras expediciones e incluso antes de que los conquistadores navegaran los ríos, se levantan diversos mapas que representan de forma mítica el nuevo mundo. Se advierte un gran uso de la imaginación que los colonizadores comprueban al afrontar las dificultades de recorrer el lugar.

Se destacan los aportes de las órdenes religiosas, en particular de los jesuitas. Su organización basada en una idea muy clara de la perdurabilidad requiere un profundo conocimiento del lugar. Trazaron mapas para mostrar al mundo el trabajo de descubrimiento, expedición y particularmente de evangelización del continente. Aprenden a valorar la abundancia de los recursos naturales, las grandes extensiones territoriales y atienden a determinados accidentes geográficos, como el Iberá que, de a poco, evoluciona de lo invisible a un reconocido elemento natural.

Uno de los primeros registros son los portulanos de la Corona española, documentos secretos que detallan minuciosamente la línea de costa del continente americano (figs. 1 y 2). Por la exagerada representación de los ríos afluentes de la desembocadura del río de la Plata (fig. 3), se denota un particular interés por esa región. El dominio portugués condiciona el acceso al territorio por lo cual esa región representa el portal de acceso al sur del continente.

Figura 1.

Planisferio de Castiglione de Diego Ribero, 1525. Fuente: Gallica.

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Figura 2.

Padrón Real de Diego Ribero, 1529. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia, disponible en Gallica (https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b53023022k).

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Figura 3.

Exagerada representación de los ríos afluentes de la cuenca del Plata. Fuente: elaboración propia.

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El mismo lugar, años más tarde, se convierte en el eje central de las expediciones. El conocimiento del territorio, de a poco, empieza a revelarse, así como los habitantes del lugar. En el mapa de la figura 4 se destaca una gran diversidad de pueblos originarios, como los charrúas, quiloacas, mepreses y carios. Llama la atención la identificación de los guaraníes en letras mayúsculas como pretendiendo abarcar en una denominación una vasta cantidad de comunidades originarias (fig. 5).

Figura 4.

Paraguay, o la provincia del río de La Plata, con las regiones adyacentes de Tucumán y Santa Cruz de la Sierra. Fuente: Biblioteca Nacional de Francias, disponible en Gallica (https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b8596657h.r=paragvay?rk=858373;2).

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Figura 5.

Eje de los ríos Paraná y Paraguay y reconocimiento de las comunidades originarias. Fuente: elaboración propia.

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El mapa “Provincia de Paraguay”, de 1732 (fig. 6), contiene una gran cantidad de información y precisión con respecto a los mapas previos. Ello refleja el avance en la colonización del territorio. Por primera vez se representa el Iberá ubicado en el centro de la provincia de Corrientes. El enorme sistema hídrico compuesto por islas flotantes, esteros, bañados y lagunas interconectadas por riachos se simplifica con líneas firmes que delimitan un espacio determinado.

Figura 6.

Provincia de Paraguay, 1732, n.º 23 del catálogo en Cartografía jesuítica del Río de la Plata (1936). Fuente: Guillermo Fúrlong Cárdiff, tomado de https://archive.org/details/cartografiajesui00furl/page/n25/mode/2up.

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El río Paraná se consolida como eje de conquista y sobre su margen se fundan las primeras ciudades. En la figura 7 se presenta un esquema interpretativo del Iberá en el centro de dos situaciones territoriales en relación con el límite actual de la provincia de Corrientes. El Iberá separa dos estructuras de pueblos: por un lado, sobre la ruta de descubrimiento se encuentran las ciudades de los españoles; por otro, se desarrollan las reducciones jesuíticas.

Figura 7.

Esquema interpretativo del Iberá en el centro de dos estructuras territoriales en relación con el límite actual de la provincia de Corrientes. Fuente: elaboración propia.

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MIRADAS AJENAS

A partir del siglo XVIII, una serie de hechos históricos inciden en las transformaciones territoriales. En 1767, la expulsión de los jesuitas por parte de la Corona española instaura un nuevo régimen en las misiones guaraníes. En 1777, con el Tratado de Ildefonso, firmado entre España y Portugal, se da el reconocimiento y exploración de sus límites territoriales. Al mismo tiempo comienza un periodo científico que se caracteriza por la intervención en el territorio de botánicos, naturalistas, cartógrafos e ingenieros. Desde diversas perspectivas efectúan mapas, crónicas y memorias a través de la observación, con el fin de registrar toda la información para dar a conocer al mundo.

En 1781, con el objetivo de delimitar las posesiones españolas, son enviados al territorio los demarcadores reales, como el ingeniero aragonés Félix de Azara, que arriba en el momento en que la geografía y la cartografía comienzan a ser consideradas disciplinas científicas.

Durante su estancia en el último rincón en la tierra, como él mismo denomina al lugar, realiza un gran número de viajes y registros. En 1792, publica el “Mapa Esférico de la Provincia de Paraguay, que comprende la jurisdicción de Corrientes y las Misiones Guaraníes” (fig. 8). En su trabajo se destaca la ambición de querer cartografiar estos territorios tan extensos y el mérito de ser uno de los más exactos.

Figura 8.

Carta esférica de la provincia de Paraguay de Félix de Azara, 1792. Fuente: Donald A. Heald. Rare Books, Print & Map.

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El dibujo de esta porción del territorio evidencia la estrecha relación entre la ciudad de Asunción y la provincia de Corrientes. Ambas son ciudades de españoles fundadas relativamente al mismo tiempo, a orillas del Paraná. Sin embargo, hay un incremento demográfico en los pueblos alrededor de Asunción y un notable estancamiento en la región de Corrientes (fig. 9). La representación de los Esteros del Iberá también conforma una continuidad con los Esteros de Ñeembucú en Paraguay; se representan los cursos menores de los ríos y se diferencian esteros y lagunas.

Figura 9.

Esquema interpretativo de los poblados en Corrientes y Paraguay. Fuente: elaboración propia.

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Posiblemente, esta mirada un poco más atenta surge de haber viajado allí en noviembre de 1787. Azara expresa su deseo de conocer el lugar y las aves que allí habitan, entendiendo esta región como un lugar conocido e interesante por sus características naturales (Mitre 1873).

La revolución de mayo de 1810 significó el desmembramiento del antiguo virreinato y la formación de las provincias de la incipiente nación argentina. En la región este periodo se caracteriza por un clima inestable de guerras civiles e invasiones, como la expedición militar al Paraguay que comanda heroicamente el general Manuel Belgrano.

Belgrano, reconocido por ser el creador de la bandera argentina, relata la formación y marcha del ejército en sus Memorias sobre la expedición al Paraguay (1811). La ruta, estratégicamente elegida para cruzar el río Paraná y sorprender a Paraguay, comprende un vasto sector del Iberá. Describe la región como despoblada, de caminos áridos e identifica el sufrimiento de la marcha al atravesar las artillerías y municiones sobre la peculiar topografía del Iberá.

Con la definición de la frontera interior se produce un incremento de la población, acompañado de un creciente proceso de urbanización. Al mismo tiempo, la ganadería se consolida como principal actividad productiva (Maeder y Gutiérrez 2003).

En este contexto, entre 1826 y 1854 arriban a la región dos viajeros franceses. Alcide D’Orbigny, auspiciado por el Museo de Historia Natural de París, es uno de los primeros naturalistas europeos en recorrer Sudamérica. Luego, Martín de Moussy es contratado para explorar la Confederación Argentina durante la presidencia de Urquiza (1854 y 1860). Ambos realizan un importante trabajo de descripción y sus publicaciones constituyen fuentes de conocimiento relevantes de la región en dicha época.

En sus expediciones, D’Orbigny se atreve a indagar sobre la diversidad del paisaje correntino, incluso a adentrarse a la recóndita laguna Iberá, que se encuentra fuera de los límites del territorio conocido. La mayoría de las descripciones se refieren a las particularidades paisajísticas. En su relato se muestra intrigado por conocer el Iberá, pero al mismo tiempo cuenta los pesares del viaje y el cansancio que provoca atravesar los esteros y bañados. Uno de sus mapas de 1935 (fig. 10) comprende las provincias de Corrientes y Misiones. D’Orbigny representa minuciosamente la naturaleza como los ríos, riachos, esteros, lagunas, bañados y palmares de Yatay; también evidencia la consolidación urbana, al identificar pueblos, capillas, postas y estancias, así como los caminos de conexión. La laguna Iberá se encuentra en el centro, donde tierras aparentemente poco aptas para el asentamiento conforman un límite a la expansión de las provincias de Corrientes y Misiones.

Figura 10.

Carta de la provincia de Corrientes y el territorio de las misiones de Alcide D’Orbigny, 1835. Fuente: Biblioteca Nacional de Francita, tomado de Gallica (https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b53100282f.r=D%27Orbigny?rk=85837;2)

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Desde la ciudad de Corrientes, la población se expande en forma de abanico hasta el Iberá, y sobre el margen del río Paraná se asientan la mayoría de los pueblos, mientras que en el interior se concentran las estancias. En la provincia de las misiones, en cambio, la expansión se consolida de forma longitudinal a ambos lados del río Uruguay. La representación de las conexiones evidencia una estrecha relación de la colonización con la topografía. Los cursos del agua afluentes del Iberá modelan el territorio y conforman lomadas longitudinales entre valles aluviales donde se disponen los caminos (fig. 11).

Figura 11.

Esquema interpretativo de ocupación, conexión y producción en relación con la topografía. Fuente: elaboración propia.

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A la gran cantidad de información aportada por sus antecesores, De Moussy incorpora singularidades del ámbito natural e incorpora comentarios que contribuyen a una mejor comprensión del territorio. En su mapa (fig. 12) sobre el sector del Iberá se puede leer: “Enorme tierra inundada, sembrada de islas, estanques pantanosos, bosques anegados e islas flotantes en la parte oriental” (De Moussy 1865). Resalta nuevamente la dificultad que caracteriza este territorio.

Figura 12.

Carta de la provincia de Corrientes y el territorio de la Misiones de Víctor Martín de Moussy en 1865. Fuente: David Rumsey Map Collection, disponible en https://bit.ly/3jJuPZF

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El gran crecimiento demográfico de la provincia contrasta con el despoblamiento que se observa esa región. Con respecto a los pueblos, se reconoce un entramado más consolidado. La provincia de Corrientes avanza sobre el territorio de las misiones y se expande hacia el sur. Esta nueva estructura busca conectar ambos lados del Iberá y fortalecer la relación con Buenos Aires, la capital de la incipiente nación. Incluso se advierte la llegada del ferrocarril que acentúa esa relación (fig. 13).

Figura 13.

Esquema interpretativo de ocupación, conexión y producción en Corrientes. Fuente: elaboración propia.

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En la conformación de los Estados nacionales, las mediciones de tierras y la confección de mapas conforman herramientas que contribuyen al conocimiento y control del territorio. Lo que interesa principalmente es su función fiscal.

En Argentina, se destaca el Atlas del plano catastral de la República Argentina de Carlos de Chapeaurouge, publicado en 1901, que representa todas las parcelas urbanas y rurales conocidas y proyectadas en el territorio nacional; además, contiene información acerca de las particularidades geográficas. “Este atlas es un producto único en el país, y tiene pocos equivalentes a nivel internacional, por su envergadura, por su cobertura y porque se realizó fuera de las instituciones oficiales” (Favelukes 2015, 190). En la región de Iberá el atlas significa un impulso a la modernización frente a las miradas de carácter marginal y marca un punto de inflexión en su representación y en el relato territorial (figs. 14-17).

Figuras 14, 15, 16 y 17.

Plano catastral de la nación argentina, hojas 26, 27, 33 y 34 del Atlas del plano catastral de la República Argentina, de Carlos de Chapeaurouge, 1901. Fuente: Library of Congress, disponible en https://bit.ly/3w0KbxO.

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En la figura 18 se identifican tres estructuras diferentes de acuerdo con la forma de las parcelas. En la ciudad de Corrientes y su entorno son parcelas alargadas y perpendiculares a los cursos de los ríos y riachos, los cuales conforman también el límite de la propiedad. Hacia el este, tienen una estructura más ramificada propia de los amplios terrenos llanos. Por último, hacia el sur tienen una relación de lados más uniforme, las dimensiones son más pequeñas y aparentan encontrarse en el territorio de manera más ordenadas, probablemente por ser las más recientes. En algunos casos, estos trazos perduran hasta la actualidad.

Figura 18.

Esquema interpretativo de plano catastral de la nación argentina. Fuente: elaboración propia.

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Las cuadrículas uniformes que conforman los poblados que no diferencian llanuras, cerros, riachos y lagunas son el resultado del orden urbano que, al mismo tiempo, remarca la diferencia del suelo rural y urbano.

La búsqueda de progreso llega incluso al interior del Iberá donde se pueden apreciar las parcelas irregulares de las pocas islas de tierra firme que contiene el humedal, es decir, los espejos de agua no representan la totalidad del territorio.

En este segundo recorte temporal, la región del Iberá es percibida como tierras pantanosas, anegadas e improductivas, difíciles de recorrer y que incrementan las dificultades en las comunicaciones, pero al mismo tiempo, por su ubicación en el centro de las trasformaciones, es testigo de la conformación de límites, la expansión territorial, las conexiones y las diferentes formas de producir a lo largo del tiempo. Sus infinitos espejos de agua que se esconden entre vegetaciones palustres reflejan, también, la identidad del lugar.

DESDE EL INTERIOR DEL IBERÁ

En el interior del Iberá la comercialización de pieles producto de la caza cobra gran importancia como actividad productiva. Es realizada por aquellos personajes que no son asimilados por las estancias o las colonias. Estos cazadores, conocidos como mariscadores, son el emblema de los Esteros del Iberá. Su actividad no se reduce a la caza, sino que conforman una cultura con conocimientos ancestrales, una cultura transmitida de padres a hijos.

Don Pedro Pablo Cabrera, un cazador, baqueano y conocedor de los secretos más profundos del Iberá, nace en 1923 en la zona de Capivarí (en guaraní Kapi y vary, arroyo de los carpinchos). En su recorrido por el Iberá, confecciona un mapa testimonio de sus andanzas en cada rincón del ámbito. Su representación, a manera de boceto, carece de precisión geográfica; sin embargo, a diferencia de todas las imágenes presentadas anteriormente, es la única cartografía del Iberá que contiene en detalle más de setenta referencias de diferentes lugares (fig. 19). Distingue con colores las lagunas y canales de los esteros y montes. Identifica en el interior las casas y los campos existentes. También recoge, mediante una línea de trazo, sus principales recorridos, probablemente aproximados, ya que estos varían de acuerdo con el movimiento de la vegetación flotante. Este mapa representa una mirada única, que interpreta profundamente la forma del territorio, representa una mezcla de fascinación y misterio y logra poner en valor un lugar que constantemente se referencia como impenetrable.

Figura 19.

Mapa de los Esteros del Iberá dibujado por el mariscador don Pedro Pablo Cabrera. Confeccionada aproximadamente en 1950. Fuente: Posada Aguapé Lodge.

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Alrededor de 1983, con la creación de la Reserva Natural en el Iberá (fig. 20), inicia un nuevo capítulo que se destaca por la conservación de los recursos naturales, la belleza escénica y los ecosistemas, momento que parece apropiado para finalizar este recorrido.

Figura 20.

Mapa del mariscador superpuesto a la provincia de Corrientes con el límite de la Reserva Natural. Fuente: elaboración propia en base en el Instituto Geográfico Nacional de Argentina.

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REFLEXIONES FINALES

A lo largo del recorrido histórico sobre el territorio donde se encuentran los Esteros del Iberá, analizando las cartografías relevadas y las crónicas que ilustres personajes dejaron a su paso, es posible obtener una aproximación a su construcción histórica.

Como tantos paisajes latinoamericanos que aparentan desarrollarse al margen de los grandes hechos de la historia, cargados de estigmas marginales y cuyo desconocimiento es su característica principal, tienen una historia por contar.

Es interesante cómo un mismo lugar es percibido de diferentes maneras y ofrece diversas perspectivas de acuerdo con el autor y el contexto histórico. Sin duda alguna, los locales, cuyo sentido de pertenencia y experiencia de recorrido entre juncales y vegetaciones flotantes, son los que mejor representan y expresan el Iberá. Su característica infranqueable convirtió al lugar en una caja de resguardo de los patrones esenciales que conforman una cultura propia.

Estos registros históricos pueden utilizarse como herramientas de interpretación que motivan el trazo de nuevos mapas y conforman valiosos recursos de información que ofrecen un marco contextual único para entender, predecir y diseñar el futuro. Sin embargo, cabe destacar que la complejidad del humedal, conformado por bañados, esteros, lagunas y cursos fluviales, y su dinamismo, que genera cambios en su configuración brindando una inmensa variedad de lugares, implican una dificultad en su representación. Por estas características, este paisaje requiere un esfuerzo adicional que logre poner en valor la forma del territorio.

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