Espacios comunitarios, espacios políticos. La Central Nacional Provivienda y la construcción de los espacios abiertos en su modelo de ocupación en Bogotá


Abstract

La Central Nacional Provivienda, fundada en 1957, es una organización que ha promovido la construcción de barrios en diferentes ciudades colombianas a través de tomas organizadas de la tierra. El propósito de este artículo es comprender el sentido político en la construcción de los espacios abiertos y comunitarios en los barrios de Provivienda, a partir de la experiencia en la primera toma exitosa en Bogotá, el Policarpa Salavarrieta, su barrio insignia. Esta experiencia permite reevaluar la pertinencia de la categoría de “informalidad” para hacer referencia al amplio espectro de las formas de los barrios autoconstruidos y de crecimiento progresivo.


Central Nacional Provivienda (Cenaprov), founded in 1957, is an organisation that has promoted the construction of neighbourhoods in different Colombian cities through planned land seizures. The purpose of this article is to understand the political meaning in the construction of open and community spaces in the neighbourhoods built by Cenaprov, based on the first successful takeover experience in Policarpa Salavarrieta, Bogotá, its flagship neighbourhood. This experience allows us to reassess the relevance of “informality” referring to the wide spectrum of self-built forms and progressively growing neighbourhoods.


Introducción

A partir de la premisa de que la categoría de “informalidad” no ha permitido profundizar en las complejidades que tiene cada una de las formas de construir ciudad que no provienen del Estado y de las disciplinas de la arquitectura y el urbanismo, en este artículo se estudia la experiencia de la construcción de los espacios comunitarios y sus significados políticos en el entramado diverso de los barrios informales, desde la experiencia de la Central Nacional Provivienda (Cenaprov).

Figura 1.

Espacio abierto, espacio común, espacio de cocina. Barrio Policarpa Salavarrieta. circa 1971. Fuente: Archivo Histórico Centro n.º 1, barrio Policarpa Salavarrieta.

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La incapacidad estatal de garantizar el derecho a la vivienda, el aumento de los déficits de habitabilidad y servicios públicos básicos y el vertiginoso crecimiento demográfico sufrido en grandes ciudades colombianas a mediados del siglo XX supusieron la aparición de diferentes estrategias, actores sociales y organizaciones que echaron mano de herramientas no convencionales para la consecución de tierras y vivienda para que las personas menos favorecidas tuvieran una mejor calidad de vida urbana.

Para colonizar1 territorios en la ciudad, nacieron organizaciones de índole social que pretendían mejorar o, al menos, disminuir los trágicos déficits, a partir de valores como la solidaridad popular y la fuerza de trabajo de la sociedad. Al luchar por el derecho a la vivienda y condiciones habitables dignas, estas organizaciones tenían un horizonte político basado en pensamientos de orden socialista que se vinculaba, en su mayoría, con partidos políticos como el Comunista o la Unión Patriótica. De esta manera, ocuparon un lugar importante en los proyectos e ideales de construcción de ciudad, en particular con el desarrollo de espacios comunitarios.

Provivienda nació en Cali, en 1957, con el objetivo de organizar las tomas de hecho de la tierra (invasiones) bajo preceptos comunistas, en un momento de efervescencia de la ocupación “informal” en el país. Se trasladó a Bogotá poco después y se consolidó como una organización de carácter nacional, líder en el desarrollo de barrios de ocupación popular.2

En Bogotá, la invasión más importante de Provivienda fue la del barrio Policarpa Salavarrieta (1961-1966). A partir de su consolidación y del establecimiento de un modelo de ocupación y transformación a largo plazo, para la década de 1970 fundó, en Bogotá, con la ayuda de sus numerosos afiliados, doce nuevos barrios (tabla 1). Años más tarde, filiales de Cenaprov se establecieron en distintas poblaciones del país y desarrollaron diversos programas de recuperación de tierras y de acceso a unidades de vivienda por medios que supusieran menos represión estatal.

Tabla 1.

Fundadores del barrio Policarpa Salavarrieta y fundaciones de Provivienda en las que participaron Fuente: Sánchez Triviño (2018, 242-244).

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Los modelos de planificación de Provivienda para la conformación de barrios “informales” implicaron la aparición de espacios comunitarios, fundamentales para el desarrollo de la vida política, económica, urbana y social de sus habitantes. Entendiendo este contexto, han surgido las siguientes preguntas: ¿cómo un espacio comunitario genera un significado político perdurable en el tiempo? ¿Cómo el espacio abierto se convierte en el núcleo de la vida urbana de un barrio de Cenaprov? ¿Cómo se traducen las ideas de Provivienda a su modelo de ocupación?

La historia de la ciudad es la historia de sus espacios abiertos que, como espacios ciudadanos, se han constituido como el corazón del tejido urbano y de su vida pública.

Metodología

La metodología se compone de cuatro momentos: la contextualización del fenómeno de Cenaprov en el marco del déficit habitacional bogotano, la definición del caso de estudio, el análisis de los espacios comunitarios y la enunciación de las conclusiones a partir de los resultados de la investigación. La estructura de este texto da cuenta de los diferentes elementos que, en una lectura lineal, permiten entender cómo los espacios comunitarios de los barrios de crecimiento progresivo construidos por Provivienda adquieren un sentido político.

La hipótesis que guía esta investigación es que la experiencia en la configuración de espacios abiertos en la construcción del Policarpa Salavarrieta determinó el modelo para la ocupación posterior de otros barrios en el que los espacios comunitarios tenían vocación política. Esta hipótesis se podrá comprobar en una etapa posterior de la investigación, en la que se analicen a profundidad otros barrios de Provivienda. El contexto de la constitución de estos barrios en la segunda mitad del siglo XX se ha armado gracias a la literatura sobre el fenómeno de las migraciones, sobre la construcción de la ciudad informal y, particularmente, sobre las tomas de tierra y los modelos de ocupación derivados.

Para el análisis de los casos de estudio, se ha recurrido a la información recopilada en el archivo de Cenaprov y el Centro n.º 1 del Barrio Policarpa Salavarrieta. Entre estos documentos se encuentra el listado de barrios conformados con el apoyo de Provivienda, los actores que determinaron su gestación y realización e información diversa sobre los acontecimientos importantes en la construcción del barrio.

La preeminencia del análisis de estos espacios responde a dos razones principales: la primera es que la toma del Policarpa es fundante e insignia del modelo de ocupación de Provivienda. En ese sentido, sus experiencias servirían de referente para ocupaciones posteriores. La segunda es la existencia de diversos estudios sobre su conformación que, por el momento, escasean para otros barrios de Cenaprov.

Si bien el análisis parte de una lectura del sentido político y comunitario del espacio, el interés de esta investigación es reconocer de qué manera se fueron configurando histórica y políticamente los espacios abiertos en el caso de Provivienda, en torno a significados y memorias específicas. A partir de esta lectura, las conclusiones del texto dan cuenta de lo complejo del fenómeno de la informalidad, al particularizarlo en los espacios comunitarios producidos por un actor como Provivienda.

Redefinición de la informalidad

En la teoría urbana existe una tendencia a imaginar la informalidad como una esfera de desregularización e ilegalidad; una actitud que está fuera del ámbito del Estado; un dominio que se presta para la supervivencia de los pobres, quienes, a menudo, se ven marginados de las prácticas urbanas, debido a procesos de migración, gentrificación o reurbanización (Roy 2013). Por esto, la informalidad se ha considerado la cara oscura del desarrollo de las ciudades.

Se dice que la informalidad no solo es efecto, sino también causa de la pobreza, en la medida en que la población residente en áreas informales es capturada por muchos “círculos viciosos” que reiteran su condición (Smolka 2003 citado en Monayar 2011, 9). Este tipo de imaginarios ha repercutido en la formas de ver la informalidad en Latinoamérica y ha dado lugar a concepciones como la de Walter López Borbón, quien apunta a que “hace referencia a todos aquellos procesos de ocupación del territorio, bien sea en áreas rurales o urbanas, que por lo general no cumplen con las condiciones legales establecidas y que adelantan procesos de construcción, uso y transformación del suelo por su propia cuenta” (2016, 30). Mientras que para unos la informalidad significa una enfermedad social, económica y urbana, para otros es la oportunidad de un mejor devenir. Esta concepción se encuentra más arraigada en contextos culturales, sociales y económicos populares.

En la disciplina del urbanismo, en torno a la categoría de informal se han desarrollado contradicciones que no le han valido una definición acertada en los contextos de la ciudad latinoamericana, pues “se define lo informal no por lo que es, sino por lo que no es” (Riofrío 2001 citado en Clichevsky 2008, 34). Así, se niega su existencia como un hecho de cultura, sin tener en cuenta las realidades urbanas desde las cuales se gesta.

La informalidad, según Riofrío (2001), es aquello que no está integrado al sistema que se considera convencional y que, muchas veces, es el que la ha producido. También se entiende como “lo espontáneo, que surge no estando en los planes por una necesidad vital de sectores de la sociedad que necesitan un lugar donde asentarse” (citado en Clichevsky 2009, 64). Por lo tanto, la connotación general que se tiene de la informalidad es negativa. En Colombia, la informalidad, desde el Estado, se entiende como el ejercicio de una actividad por fuera de los parámetros legales, una definición insuficiente planteada por la Ley 1429 del 2010. Ideas como esta han tomado fuerza en los siglos XX y XXI, lo cual ha llevado a ocultar las relaciones e interacciones socioeconómicas y políticas, vistas como rasgos culturales de algunas comunidades (García-Vargas y Mena-De la Cruz 2020). En consecuencia, ¿qué impacto han tenido las prácticas informales en las ciudades colombianas?

Los conflictos de ciudades como Bogotá, en materia de planeación y crecimiento urbano-demográfico, responden mayormente a una disputa por acceso a tierras y vivienda. Desde los años treinta hasta los sesenta del siglo XX, la infraestructura urbana necesaria para habitar la ciudad resultaba insuficiente para dar cobijo al acelerado crecimiento demográfico, situación que acrecentó los problemas relacionados con los déficits habitacionales. De ser un país con una mayoría de población rural para 1930, cuarenta años después Colombia se convirtió en un país de ciudades: “para 1973 la población urbana pasó del 38 % al 64 %” (Suárez, Santana y Aldana 1982, 28).

Si bien la violencia política es una de las principales causas de migración y crecimiento desmesurado, no es la única; el desarrollo económico y los incipientes adelantos industriales atrajeron a las ciudades a gran parte de la población rural que estaba en búsqueda de mejores oportunidades.3 El resultado de estos procesos migratorios y de las condiciones de precariedad de vida fue el de la toma por vías no convencionales de terrenos para la construcción de viviendas y otros espacios urbanos. Estas otras formas de construir ciudad que caracterizaban este momento fueron reprimidas violentamente por el Estado.

Un claro ejemplo de esta situación es el barrio de invasión Policarpa Salavarrieta en Bogotá, ubicado al sur del Hospital San Juan de Dios, entre las carreras 10 y 12A y entre las calles 1 sur y 4 sur. Bajo la guía de Cenaprov, este fue el primer barrio construido distante de la estructura planteada por la institucionalidad que presentó un claro modelo de ocupación y transformación y que demostró que la informalidad, en muchos casos, no es caos.

¿Qué entendemos, entonces, por informal? Lo informal puede expresar una condición de diversos fenómenos de la realidad. Según Nora Clichevsky (2009), la informalidad es una forma de reconocimiento de un territorio que pone en evidencia que grandes porciones de la ciudad existen y se rigen bajo sus propias reglas comunitarias, políticas, urbanas y económicas, distintas a las de la formalidad. Entonces, lo informal surge a partir de hechos netamente culturales, los cuales dan forma y definen las identidades urbanas propias de estos lugares (región de proveniencia, filiaciones políticas o religiosas, etc.). De acuerdo con Saldarriaga (2001), en los asentamientos informales:

[…] se mantiene una oferta dispuesta aunque de manera precaria para ser urbanizada. El predio que pueden adquirir es seguramente de mayor tamaño que cualquiera que puedan conseguir en el mercado formal, tiene muchas otras opciones distintas y más atractivas que contar con una vivienda terminada, como construirla por etapas, y posteriormente subdividirla y alquilar una parte de ella o construir un local o taller para poner un negocio […] Por otra parte no contraen las asfixiantes deudas hipotecarias con el sistema financiero. (Citado en Camargo Sierra 2005, 4)

En definitiva, la informalidad representa una alternativa de hacer ciudad por fuera de los esquemas establecidos y presenta diversas opciones de gestión, construcción, comercialización y apropiación de territorios y viviendas. Lo informal ha penetrado profundamente en el imaginario de los ciudadanos y la institucionalidad, se ha amalgamado con las nociones de formalidad y ha hecho que los discursos y visiones que pretendían erradicarlas no sean vigentes. Es evidente que la dicotomía entre lo formal e informal ya no es relevante (Triana Urrego 2020).

Espacios abiertos-espacios comunitarios-espacios políticos

La historia de la ciudad es la historia de sus espacios abiertos que, como espacios ciudadanos, se han constituido como el corazón del tejido urbano y de su vida pública. El espacio abierto, en el caso del Policarpa, se ha configurado desde el comienzo con un sentido comunitario —dado su carácter informal— y político —dadas sus circunstancias históricas—, algo que no sucede en otros casos de urbanización reciente, tanto formal como informal.

En la ciudad, el espacio abierto es un regulador de la actividad humana. Como espacio abierto, ha permitido la participación ciudadana de sus habitantes (Sennett 2018, 208). El carácter comunitario, sin embargo, se adquiere cuando el espacio lo construyen colectivamente sus habitantes; mientras que el carácter político aparece cuando existe deseo de utopía en su proyecto de configuración, “un significado político en el marco de un imaginario colectivo crucial” (Harvey 2013, 15).

Figura 2.

Reunión de barrios filiales a Provivienda en el espacio central de la manzana de los fundadores, circa 1973. Fuente: Archivo Histórico Centro n.º 1, barrio Policarpa Salavarrieta.

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Un análisis desde las diversas formalidades permite comprender la poética de la construcción de lo comunitario desde una condición política, teniendo en cuenta los ideales y los valores preeminentes de Provivienda: solidaridad y resistencia. En el Policarpa, si bien su origen ha sido comunitario y político, su integración con el resto de la ciudad ha permitido que algunos de sus espacios adquieran, efectivamente, un carácter público y ciudadano. Lo político de los espacios comunitarios, en todo caso, ha pervivido al paso del tiempo, pues se han convertido en lugares de memoria para la comunidad policarpuna.

La calle: extensión del espacio comunitario de la vivienda

La calle es la primera manifestación de la ciudad. Es un espacio abierto que permite ir de un lugar a otro, interconectando diversas funciones como socializar, habitar, estudiar, trabajar o recrearse. La calle es una extensión de plazas, universidades, salones comunales y viviendas, lugares que cumplen la función de encuentro y albergan la discusión de ideas. Pero ¿las calles de un lugar de origen informal pueden convertirse en una extensión de esa vida comunitaria?

Figura 3.

Vida urbana en la calle 3 sur entre carreras 10 y 10 bis, circa 2005. Fuente: Archivo Histórico Provivienda.

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Definitivamente, en el barrio Policarpa Salavarrieta, desde los primeros trazados (1961-1965), que tomaron como referencia el naciente barrio Sevilla, planeado por la Alcaldía sobre la avenida Caracas, la calle se convirtió en el espacio donde se configuraron las futuras ocupaciones y la ubicación de las casetas en los lotes. Al ser espacios tan reducidos para el desarrollo de las actividades sociales, la calle asumió ese rol comunitario; se convirtió en el escenario de reuniones familiares, sociales y políticas, y volcó espacios como la sala o el comedor fuera de la vivienda.

Figura 4.

La calle como espacio para comer, compartir y festejar, circa 1983. Fuente: Archivo Histórico Centro n.º 1, barrio Policarpa Salavarrieta.

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A lo largo de los años, tanto viviendas como calles se fueron transformando. Sin embargo, la calle nunca perdió su esencia de espacio comunitario. Cuando se construyeron casas “de material”,4 con espacios propicios para la actividad social, los habitantes del barrio se seguían reuniendo en las calles. En la actualidad, esta vocación está más ligada a la influencia del comercio en el barrio; sin embargo, la venta de telas e insumos para confección no ha desbancado comer, marchar y socializar fuera de las construcciones.

La manzana de los fundadores: núcleo de la vida política

Uno de los espacios más importantes del Policarpa es la manzana de los fundadores. En la búsqueda de un espacio comunitario, este lugar se configuró como un centro de mando social y político. Allí vivían algunos líderes de Provivienda y del barrio, quienes tomaban las decisiones más importantes respecto a nuevas ocupaciones, trazado de vías, mejoramiento de calles y viviendas o consecución de servicios públicos. Este se configuró como un espacio urbano singular: es la única manzana que albergó en su centro una pequeña plazoleta con canchas.

Alrededor de este centro de manzana se establecieron el primer salón cultural y la escuela, al tiempo que se consolidó una identidad definida para este espacio como zona de recreación, reunión y festejo. Con el paso del tiempo, el centro de esta manzana se convirtió en el núcleo de la vida política y comunitaria del barrio. Provivienda, incluso, trasladó su sede a la manzana de los fundadores del Policarpa.

Figura 5.

Mitin político en la manzana de los fundadores, circa 1965. Fuente: Archivo Histórico Centro n.º 1, barrio Policarpa Salavarrieta.

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Este espacio, durante el día, albergaba bien a niños que salían de la escuela, bien a decenas de militantes de las filas de Provivienda que venían a recibir capacitaciones para ocupar otros barrios, o bien servía como escenario para las juntas de vecinos. Allí se construyeron decenas de casetas andantes5 y era el punto de partida de comparsas y marchas. En otras ocasiones, era utilizado como escenario deportivo, donde se disputaban torneos de fútbol o baloncesto.

Figura 6.

Partido de fútbol interbarrial, circa 1973. Fuente: Archivo Histórico Centro n.º 1, barrio Policarpa Salavarrieta.

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Los cambios que supuso la integración del barrio con la ciudad, como la introducción del comercio o el mejoramiento de las condiciones de viviendas y calles, transformaron la manzana de los fundadores. La necesidad de un colegio de gran envergadura alteró el carácter abierto de este espacio; se construyó el Colegio Jaime Pardo Leal y sus múltiples entradas se cerraron. La localización del colegio, sin embargo, no desplazó las ideas políticas que lo rodeaban. Al ser un lugar de reunión para la juventud, en el barrio se han encargado de que el colegio promueva el pensamiento que los ha mantenido en pie durante más de sesenta años y que lo han convertido, también, en un lugar de memoria histórica y política.

Figura 7.

Esquema de transformación en el tiempo de la manzana de los fundadores. Fuente: elaboración propia.

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Figura 8.

Configuración de la manzana de los fundadores en torno a 1990. Se señalan algunos de los fundadores más representativos del Policarpa. Fuente: elaboración propia.

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El salón cultural es un elemento fundamental de la configuración del modelo policarpuno. En este espacio amplio, construido desde la visión del teatro, con escenario y camerinos, permite desarrollar un sinfín de actividades de índole política y cultural. Por esta razón, promueve la identidad del barrio: un espacio de diálogo en el cual los diferentes actores que trabajan constantemente en pro de su mejoramiento y desarrollo pueden dar a conocer sus puntos de vista. La renuencia de llamarse salón comunal deviene de una diferencia de pensamiento entre las juntas de acción comunal como entidad distrital y la organización cultural y política que existe en el Policarpa.

Figura 9.

Primera casa cultural del barrio Policarpa. Fuente: Archivo Histórico Centro n.º 1, barrio Policarpa Salavarrieta.

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En otros barrios de Provivienda se reconoce una manifestación del sentido político de los espacios comunitarios, que tienen una importancia similar a la de la manzana de los fundadores: un espacio abierto donde se sitúa el salón cultural y donde, generalmente, hay un colegio. Esta relación surge del modelo propuesto por Cenaprov en la consolidación del barrio Policarpa y cuya implementación contó con la ayuda de sus fundadores.

Figura 10.

Salón cultural del barrio Nuevo Chile, junto al colegio homónimo y frente al parque Salvador Allende. Fuente: elaboración propia, 2021.

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Figura 11.

Salón cultural del barrio El Porvenir, en Soacha, sobre el parque del mismo nombre. Fuente: elaboración propia, 2021.

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El parque Policarpa Salavarrieta

En principio, el espacio en el que hoy se ubica el parque del barrio Policarpa se pretendía ocupar con viviendas, como se había hecho en otras manzanas. Pero su destino cambió el 8 abril de 1966, el Viernes Santo Sangriento. En el único lote vacío, se llevó a cabo una de las más sangrientas luchas por la vivienda en Bogotá, que marcó un nuevo rumbo para este espacio, en el que se constituyó un lugar de memoria.

Durante algunos años, el vacío significó respeto a quienes dieron su vida en esa lucha; pero, en vista de la necesidad de una iglesia, de un nuevo salón cultural y de un espacio abierto de recreación, se decidió ocupar el terreno. Prontamente se descartó la idea de la iglesia, entonces, en el parque se construyó un nuevo edificio para Provivienda y el nuevo salón cultural.

Si bien se erigieron las construcciones más importantes del barrio, este espacio no se ocupó en su totalidad. Sin ser aún el Policarpa legalizado, se diseñó un parque que contaría con ciclovía, juegos para niños, zonas verdes, biblioteca y gimnasio. Poco a poco se hicieron las obras para mejorar las condiciones del terreno que colinda con la Décima, primero, con la fuerza de trabajo de los propios habitantes y, después, con ayuda de las entidades gubernamentales. Sin embargo, el resultado final dista mucho del proyecto inicial.

Actualmente, sobre este parque se disponen la Casa Cultural Luis A. Morales, el Centro n.º 1 y la sede de Cenaprov. Sobre la carrera 10 bis hay un comedor comunitario de la Secretaría de Integración Social, y el resto está rodeado de diversos negocios abiertos hacia la calle. En el parque hay dos canchas deportivas, juegos infantiles y máquinas para hacer ejercicio. Aunque comunitario, este espacio ha sido objeto de intervenciones y mejoramiento por parte de la Administración Distrital, recientemente, que lo dotó de mobiliario urbano institucional (bancas, papeleras, rejas para las canchas, etc.).

Cuando hay celebraciones, la comunidad del barrio se reúne en el parque, donde se hacen bazares y otros eventos. Se celebran los cumpleaños del barrio, festivales de teatro y marchas; pero, a pesar de la celebración, de los cambios y del devenir del tiempo, el vacío que aún configura este lugar recuerda la lucha allí vivida.

Figura 12.

Parque Policarpa Salavarrieta. Fuente: elaboración propia, 2021.

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Conclusiones

Este análisis es un primer acercamiento a los métodos de hacer ciudad de Cenaprov. Identificar las particularidades de esta forma no convencional que, históricamente, se ha incluido dentro del gran paraguas de la informalidad, permitió reconocer las complejidades espaciales y de vida urbana en la construcción de espacios comunitarios y la necesidad de dar un sentido alterno a este concepto.

Los modos de habitar en torno a lo comunitario y a lo político hacían parte del proyecto de ciudad de Provivienda, que se materializaba en los espacios abiertos. Ese proyecto es particular y no es común a la construcción de toda la ciudad informal, y una etapa posterior de esta investigación puede encontrar otros elementos urbanos comunes a este modelo. Junto con los distintos procesos de desarrollo progresivo, estos espacios han sido dotados de un sinfín de significados, pues al construirse en el tiempo y con el esfuerzo de los moradores del barrio y sus diversas visiones políticas, religiosas, sociales y económicas, estos espacios han desarrollado una identidad reconocible, de carácter político.

Ahora bien, desde el modelo de ocupación propuesto para el Policarpa, el sentido de los espacios abiertos va más allá de un carácter eminentemente funcional, existente en otros modelos de ciudad. Por el contrario, estos suplen necesidades netamente comunitarias. El carácter político que han adquirido se hace evidente no solo en un sentido existencial o histórico, sino también de manera concreta en la arquitectura: en las paredes del salón cultural aparecen pintados próceres de la independencia como Bolívar o Policarpa, personajes como Camilo Torres, viviendistas como Luis A. Morales o Mario Upegui, que también dan nombre a edificios importantes como el colegio, Jaime Pardo Leal. El Policarpa y su modelo de ocupación y transformación han dejado huella en otros barrios fundados por Provivienda, donde se evidencia la conjunción de actividades comunitarias en estos espacios abiertos y edificios aledaños, que, efectivamente, manifiestan las ideas de ciudad de esta organización que será corroborada en otro momento.

En definitiva, los discursos del urbanismo, en Bogotá, presentan contradicciones: en la construcción de la ciudad contemporánea, que reconoce cada vez más las formas de hacer ciudad fuera de lo convencional, no se ha valorado suficientemente el sentido colectivo de estos espacios. La experiencia de Provivienda nos enseña cómo se puede aplicar el sentido político en la construcción de otros espacios abiertos, colectivos y públicos. Estos espacios se han llenado de sentidos y de significados, gracias a la participación de sus habitantes en su construcción y con su experiencia de habitar en el tiempo.

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Notes

[1.] Se ha decidido usar este término, por su cercanía al léxico que se usa dentro de la organización Provivienda.

[2.] Para ampliar información sobre Cenaprov (luchas, objetivos y barrios consolidados en Bogotá y otras ciudades) puede consultar Alcaldía Local Antonio Nariño (2011), Naranjo Botero (2014) y Sánchez Triviño (2018, 233-235).

[3.] “Entre las razones más fuertes del desplazamiento también tenemos las variables económicas, las precarias condiciones de vida en el campo, el desequilibrio en las circunstancias de trabajo en el campo y la quimera de encontrar algo mejor en las ciudades”. Para ampliar información sobre las características del crecimiento urbano en ciudades colombianas, consulte Sánchez Triviño (2018, 229 y 230).

[4.] Con esta expresión se indica que las casas se construían con materiales más resistentes como ladrillo, concreto, metal, vidrio, etc.

[5.] Las casetas andantes fueron una de las estrategias de ocupación de terrenos que se usaron en la época de las tomas del barrio Policarpa Salavarrieta en Bogotá. Consistía en casetas prefabricadas con materiales como palos de guadua y paroy o tela asfáltica. La táctica consistía en que cada caseta estaría ocupada por cuatro personas y que, a una señal específica, levantarían la caseta y caminarían hacia los terrenos por ocupar.