Pasajes, vacíos y arquitecturas extraviadas. Un caso abierto de abandono, apropiación y prospectiva en la frontera norte de México


Abstract

El objetivo del artículo es mostrar un análisis del paisaje urbano sobre las condiciones de abandono, apropiación y prospectiva de la zona comercial integrada al Centro Cívico de Mexicali, ciudad fronteriza de México; siguiendo la tradición teórica de la geografía crítica y, especialmente, los estudios culturales urbanos. Su proyecto inmobiliario, morfología urbana y arquitectura han transitado de la lógica pragmática y racionalista del urbanismo moderno, a la incertidumbre derivada del fracaso y el deterioro. Se evidencian errores de planificación, pero mostrando el potencial de los pasajes, los baldíos y las edificaciones heterogéneas que coexisten cerca del centro de Gobierno.


The intention of this article is to show an analysis of the urban landscape on the conditions of neglect, appropriation and prospection of the commercial zone integrated into the Civic Center of Mexicali, a border city in Mexico; following the theoretical tradition of critical geography and urban cultural studies. The city’s real estate project, urban morphology and architecture have moved from the pragmatic and rationalist logic of modern urbanism, to the uncertainty derived from failure and deterioration. Errors are evident in its planning, making visible the potential on walkways, vacant lots and heterogeneous buildings that coexist near the government center.


Introducción

A mediados de la década de 1970, en Mexicali, capital de Baja California, se planificó una zona para concentrar las sedes y dependencias de los distintos ámbitos del Gobierno. Previamente, el sitio del proyecto estuvo ocupado por empresas agrícolas.

En un terreno contiguo al conjunto gubernamental se reservaron cuatro bloques para una zona comercial; esta se creó con una imagen inspirada en las ciudades novohispanas, integrada por pasajes peatonales, lotificación ortogonal y con arquitectura que alterna —ahora— historicismo neocolonial, lenguaje tardomoderno y edificaciones anodinas.

El paso de los años originó nuevos usos. Los vacíos intermedios y los pasajes peatonales fueron degradándose con prácticas de apropiación inusitadas. El futuro de este conjunto de 85.000 m² se mantiene incierto, pero la tensión entre un estado ruinoso y la congestión abre posibilidades múltiples; algunas de ellas se experimentan cotidianamente, otras solo se hacen visibles cada fin de semana, pero quedan las que gestan la imaginación y el tiempo.

El presente artículo tiene como objetivo mostrar un análisis del paisaje urbano sobre las condiciones de abandono, los modos de apropiación y las posibilidades de la zona comercial integrada al Centro de Gobierno de Mexicali. Su proyecto inmobiliario se dio en medio de una ambiciosa política de modernización; su morfología urbana fue arbitraria de las condiciones climáticas y del contexto sociocultural; su arquitectura imitó —con notas de nostalgia y chauvinismo— los antiguos centros históricos de las ciudades virreinales mexicanas.

El texto inicia reseñando el origen y la historia reciente del llamado abreviadamente Centro Cívico. Este complejo urbano se inspiró en los principios del urbanismo moderno, aunque para los años de su emprendimiento dichos ideales ya se estaban sometiendo severamente a la crítica. El conjunto comercial sobre el que se enfoca este texto es un área integrada por pasajes (que rememoran los callejones del urbanismo virreinal) y cuyos edificios iniciales acudieron a gestos historicistas, distanciados notablemente de la modernidad arquitectónica. Esta yuxtaposición de tradición y vanguardia fue definiendo el escenario más ecléctico del momento en esta ciudad fronteriza: ¿habrá sido (o es, todavía) —sin quererlo— la síntesis más abreviada del paisaje de Mexicali? ¿Habrá sido un laboratorio involuntario del cual aún no se ha aprendido? ¿Cuáles fueron las implicaciones de proyectar un centro sobre aquella periferia?

Enseguida se discuten algunos apuntes en torno a las nociones de espacio y cultura. Ahí se distinguen las cualidades que tienen lo cerrado y lo abierto, desde el pensamiento sobre la ciudad y lo urbano; se trata del estado del arte que fundamenta el modo en que se observa el paisaje de esta zona de la ciudad. Finalmente, se analizan de forma puntual cada uno de los componentes que caracterizan a este conjunto, conectando tipología espacial (pasajes, vacíos y arquitectura), condiciones sociales y culturales (reflejadas en el presente) y oportunidades que se vislumbran en este espacio abierto.

Figura 1.

Zona comercial del Centro Cívico y Comercial de Mexicali, a la derecha se observa el Centro de Gobierno, circa 1975. Fuente: Archivo Histórico del Estado de B. C.

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Figura 2.

Publicidad del Centro Cívico y Comercial, 1977. Fuente: Colección Valenzuela Robles.

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El origen: un centro en la periferia

La ciudad de Mexicali, situada justo en la frontera con el estado de California, tiene como registro de su fundación el año de 1903, cuando apenas existían un pequeño caserío de adobe, un cuerpo de agua apacible (río Nuevo) y una enorme promesa de desarrollo agrícola sobre el “desierto fértil” que comprendían los valles de Mexicali (México) y de Imperial (Estados Unidos), beneficiados con las aguas del río Colorado. El cultivo del algodón trajo un auge económico oscilante y un paulatino crecimiento; posteriormente, la Ley Seca en los Estados Unidos reconfiguró la imagen urbana e impulsó la economía de Mexicali. Sin embargo, la bonanza por el llamado oro blanco dejó definida la configuración de la ciudad y sus perímetros. El decaimiento en la producción algodonera, el surgimiento de nuevas dinámicas binacionales y ciertos fenómenos globales alrededor del sector industrial dieron paso a un funcionamiento distinto (Quiroz Rothe 2008).

Con el establecimiento de industrias, el índice poblacional registró un incremento importante que se agudizó a principios de los años setenta (Lucero 2013). Esto provocó que el equipamiento urbano —originalmente situado en el área fundacional— resultara insuficiente, especialmente la administración pública. El crecimiento demandó un plan regulador, basado en los principios funcionalistas del urbanismo moderno, que integraba diversas zonas que acompañaran al nuevo centro. De aquel plan se concretaron las zonas financiera, comercial, hotelera y hospitalaria. “La idea de un centro cívico se importa del concepto americano de servicios públicos, los civic center, que existen en las ciudades de Estados Unidos” (Valenzuela Robles 2010, 35 y 36). Así, ante las nuevas necesidades de la capital, se motivó la creación de un sitio que se convirtiera en el nuevo centro de la ciudad: el Centro Cívico y Comercial de Mexicali.

Figura 3.

Zona comercial del Centro Cívico, circa 1978. Fuente: Colección Reyes Moreno.

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La construcción de las sedes del Gobierno y sus zonas complementarias, junto con la delimitación de reservas para fases posteriores, trajo consigo evidencias del error que significaba mover el centro a la periferia de ese entonces: olvidar que la mudanza de un motor de actividad generaría un vacío en los primeros cuadros de Mexicali; confiar que el mercado inmobiliario sería estable y que llevaría a buen rumbo un proyecto del Estado (en el que un 75 % del territorio era propiedad privada, particularmente comercio); menospreciar la dependencia del automóvil que existe —y que hoy se agrava— entre la población local, lo que no necesariamente se evidencia con un déficit de estacionamiento, sino con un sistema de movilidad inconsistente, e imponer un trazado anacrónico y desconectado de las condiciones que los habitantes de esta ciudad fronteriza viven cotidianamente.

Figura 4.

Localización y delimitación del área de estudio, 2021. Fuente: elaboración propia sobre imagen del Inegi.

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Las limitaciones del proyecto y las fallas en su ejecución podrían interpretarse como una pérdida irreversible; sin embargo, desde el error se han logrado nuevas formas de habitar. Aunque el Estado haya desamparado prematuramente la propuesta ante el revés de una planificación cerrada, los habitantes han ido reconfigurando —mediante prácticas de apropiación poco frecuentes— un tejido urbano diverso.

Espacio, paisaje y cultura: lo cerrado y lo abierto

El abordaje de este trabajo se sitúa en los estudios culturales urbanos. No es suficiente con atender lo que aquí acontece con propuestas oficiales de rehabilitación, reactivación o regeneración. Pensar en esta problemática desde una perspectiva disciplinar (urbano-arquitectónica), implicaría seguir con la misma lógica e inercia que concibió este centro hace cuatro décadas.

Conformarse con los componentes visuales que aportan los pasajes, los vacíos y los edificios significaría olvidar qué voluntades y qué imaginarios originaron este conjunto, y ello significaría omitir las relaciones sociales que han transformado la ciudad en cuarenta años. Además, significaría cancelar aquello que se potencia y se gesta ahora, a partir de prácticas emergentes de apropiación:

Para los propósitos de la geografía cultural contemporánea, el espacio no es algo que exista independientemente de quienes viven en él. No se trata de una plataforma donde se ubican los objetos, personas, fenómenos y eventos, ni de una dimensión independiente de la sociedad. No lo podemos definir como algo estático que funciona como escenario para aquello que ocurre sobre él, sino que es el producto de las relaciones sociales, políticas, económicas, culturales y ambientales. […] El espacio es, entonces, resultado de las relaciones sociales, ya sea de los seres humanos entre sí, como las que establecen con los otros elementos físico ambientales con los cuales comparten el planeta y su existencia. Lo anterior tiene sus repercusiones sobre la superficie terrestre, deja una huella llamada paisaje. (López Levi 2010, 217)

Bajo esta premisa, este caso se construye como un objeto de estudio transdisciplinar, considerando que “la transformación de la ciudad no puede dejarse solamente a los urbanistas, arquitectos o empresarios, sino que debe extenderse a todas las ciencias que se interesan por la ciudad” (Careri 2016, 110 y 111).

Tomando estas bases, el espacio se dejaría de observar como tal y se empezaría a comprender como paisaje. Lo primero nos llevaría a concebir un Centro Cívico cerrado; lo segundo, nos ofrece un caso abierto. La dicotomía de lo liso y lo estriado planteada por Deleuze y Guattari (2002) en Mil mesetas ayuda a comprender que esta zona ha transitado de ser un espacio estriado a un espacio liso, de ser un caso cerrado a uno abierto, de ser un asunto urbano-arquitectónico a una problemática sociocultural. También esta mirada, que permite distinguir entre la ciudad y lo urbano (De Cearteau 2000), necesita un soporte metodológico igualmente abierto:

En el contexto de la investigación arquitectónica y urbana, un paso frecuentemente crítico es descubrir cómo lo espacial y lo social se intersectan y si —por definición— requieren de métodos interdisciplinarios. […] Hablar con las personas; entrevistar a la gente, observar a los sujetos en su hábitat natural o en el ajeno, y simplemente hacer lo que ellos hacen provee de capas de información nuevas y perspicaces. (Mack 2018, 348 y 349)

Los siguientes apartados exponen, a través de la observación participante, del análisis urbano y de la interpretación de datos visuales, un acercamiento inicial a las condiciones socioespaciales de la zona comercial del Centro Cívico. Pasajes peatonales, vacíos urbanos y arquitectura se tratan por separado. Sobre cada una se anotan descripciones reflexivas, dejando pautas para futuros análisis más detallados sobre cada componente del lugar, así como para motivar el empleo de otras técnicas.

La observación participante se dio en distintas jornadas, incluyendo días templados y días calurosos. Es importante apuntar que Mexicali cuenta con un clima cálido seco cuyas temperaturas máximas alcanzan los 50 °C. En las visitas se contemplaron mayormente días laborales (cuando hay mayor tráfico vehicular), aunque se hicieron algunas en ciertos fines de semana, incluidos los domingos. El diario de campo y el registro fotográfico fueron los medios más recurrentes para obtener y capturar la información.

El análisis urbano está referido a diversas escalas: en la de tejido urbano se identificarán usos del suelo, ocupación, utilización y, sobre todo, el área de estudio (esto, con el apoyo de cartografía, imágenes satelitales e información catastral); en la escala arquitectónica, el análisis se logró a través del registro fotográfico, identificando tipologías, niveles de edificación, estado del inmueble y características formales o estilísticas, y en la escala humana se identificó el estado que guardan los pasajes, se inventarió el mobiliario urbano —indicando características y estado de conservación—, así como otros elementos del paisaje, como vegetación e infraestructura. Además, se reconocieron cualidades del entorno a través de una lectura sensible del lugar (captando condiciones auditivas, olfativas y táctiles, además de las ópticas).

El análisis de los datos visuales se apoyó tanto en material de archivo como en el registro elaborado especialmente para esta investigación. Para ello se emplearon una serie de categorías y códigos asociados con el marco teórico de esa investigación. Esto facilitó la interpretación de los datos, trabajo que se expresa en los tres apartados siguientes.

Este conjunto, originalmente denominado Zona Rosa, lo conforman cuatro manzanas que suman 85.219 m². Estas confluyen en la intersección de la avenida de los Pioneros y la calle Calafia. Cada manzana tiene una densidad uniforme y accesos vehiculares a sus áreas de estacionamiento. El trazado de sus pasajes sigue ejes perpendiculares que son ortogonales a la intersección vial.

Las condiciones de abandono de este conjunto se podrían encontrar, entre otras cosas, a través de un asunto esencial: su toponimia. Destaca que no hubo apropiación del título Zona Rosa. Dentro del Centro Cívico existen lugares que, aunque difieren en su uso y función, tienen una designación consolidada: la Plaza Calafia, la Plaza Fiesta, la Plaza de los Tres Poderes, entre otros. Sin embargo, el sitio del que se ocupa este texto no se reconoce con una denominación oficial, aunque cuenta con componentes en su morfología que la distinguen dentro del entorno.

Figura 5.

Pasaje Vallarta, 2021. Fuente: colección del autor.

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Al sitio se le identifica por sus pasajes y recibe denominaciones coloquiales, como “los pasajes del Centro Cívico”. El desdén del Estado hacia esta zona, su inconclusión y el acentuado deterioro podrían dar señas de que su demarcación ambigua y anónima es parte de este menosprecio. Esta zona se aparta de lo insustancial e indiferenciado (García Vázquez 2011) que muchos sectores de una ciudad fronteriza poseen. Al menos en este caso, la ausencia de toponimia abre múltiples posibilidades: se puede etiquetar de cualquier manera y, al mismo tiempo, hacer que centremos fácilmente la atención en aquello del lugar que sí tiene nombre y que resulta ser su componente más atractivo: los pasajes.

Pasajes, laberintos y cruces espontáneos

Los nombres de los veinte pasajes se han tomado de distintas localidades del centro y sur del país. Esto da sentido a la intención en el diseño, al incluir referentes novohispanos: trazo ortogonal, remates visuales, andadores adoquinados, luminarias, bancas, fuentes y arriates hechos de cantera.

Los usuarios dejan sus autos para iniciar un trayecto que demanda un mapa en mano: “Me dijeron que era por los pasajes, pero no me dijeron cuál”, se escucha la voz de una mujer que busca un despacho jurídico sobre el Pasaje San Miguel. “Es por aquí… ¡Mira!”, un sujeto le dice a quien lo acompaña en el cruce de los pasajes Acapulco y Cozumel. A unos metros, un conductor maniobra con cuidado su auto, para estacionarlo en algún parqueadero improvisado sobre un terreno baldío. Un miércoles a mediodía un oficinista se fuma un cigarrillo bajo un mezquite; los 42 ºC anuncian el verano. Por fortuna, hay jardines, se distinguen los mejor cuidados de aquellos que surgen espontáneamente por las orillas, fragmentos de tercer paisaje (Clément 2018), que corresponden con los edificios en ruinas.

En ciertos trayectos, los pasajes se ensanchan y generan espacios de reposo, algunos más escenográficos que otros. Las áreas de estacionamiento que anteceden los pasajes, las marquesinas comerciales heterogéneas y la infraestructura improvisada e invasiva constituyen una suerte de folclor local. Estos andadores son espacio de tránsito y punto de encuentro; también definen rasgos distintivos en medio de un trazado casi laberíntico.

Figura 6.

Pasaje Celaya, 2021. Fuente: colección del autor.

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La amalgama entre nomenclatura, morfología urbana y paisaje se alimenta de esa nostalgia persistente que existe en una ciudad fronteriza como Mexicali, crisol de migrantes. Encontrarse geográficamente tan cerca de los Estados Unidos y tan lejos del centro de México define también una distancia que se guarda con la historia, la cultura y el terruño. La Tercera Nación en la que se encuentra esta ciudad se ilustra en esta postal: hibridación cultural y tránsito de sur a norte, síntesis que explica la gran omisión del proyecto.

Vacíos urbanos y muros ciegos: ¿estéticas de la resistencia?

El abandono del proyecto inmobiliario de esta zona se hace patente a través de los solares nunca ocupados. De los 379 predios, un 25,06 % se encuentran vacíos. La manzana C es la que cuenta con un mayor número e índice de espacios sin ocupar, pues de los 121 predios, 36 (29,75 %) están vacantes.

Este abandono se concreta con tres aspectos. Primero, en su mayor parte los baldíos se hayan concentrados y definen claros de superficie considerable que inciden en la percepción al andar por los pasajes. Las edificaciones se perciben como un archipiélago sobre un océano compuesto de adoquines, salitre y losas de concreto. Segundo, muchos baldíos se utilizan como estacionamiento, y con ello transgreden la delimitación de las áreas destinadas para ello y hacen que los pasajes se empleen como sendas vehiculares; esto altera el orden y la seguridad peatonal. Tercero, los vacíos sirven de emplazamiento para manifestaciones de arte urbano, de protesta social y de una sutil apropiación intransigente.

Figura 7.

Pasaje Janitzio, 2021. Fuente: colección del autor.

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En el verano de 2011 se realizaron 15 murales por el mismo número de artistas. La iniciativa Yo apoyo el arte contó con respaldo gubernamental, patrocinio de empresas y asesoría curatorial. Pero, además del arte mural que usó como soporte algunos muros ciegos, se hace presente de forma bastante pronunciada en el guerrilla art: el esténcil o la pega se observan en paredes y mobiliario urbano. Aunque estas prácticas juveniles de apropiación simbólica suelen ser efímeras (Fernández 2013), en esta zona abandonada tanto las expresiones gráficas de pequeño formato como los grandes murales han formado una pátina indeleble. El arte de la calle y los baldíos parecen fundirse y tornarse en soporte y símbolo del abandono y la resistencia. Al final, la protesta silenciosa, sosegada y contenida también existe (Rogger et al. 2018).

Figura 8.

Jardín sobre baldío, 2021. Fuente: colección del autor.

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En octubre de 2016 se creó el mural Memoria que resiste, por parte de la Asociación Esperanza contra la Desaparición Forzada de Personas y el Colectivo Reco, que exigen el cese a la impunidad ante los más de tres mil casos documentados hasta entonces. En mayo de 2021, la misma alianza aprovechó el baldío frente al mural para crear el Jardín de la memoria, que dirige la mirada al rostro dibujado de seis jóvenes desaparecidos y dignifica el espacio que congrega a las madres de familia.

En la esquina de los pasajes Oaxaca y Guanajuato crece un jardín anónimo: dos mezquites, buganvilias y agaves representan otra forma de resistencia. Un pocket park en este “desierto urbano” contraviene el uso de suelo, el abandono y la aridez, representando cierta esperanza y orientando una posible solución para los vacíos de la zona.

Arquitecturas extraviadas, ruinas y nuevos usos

Las fachadas de los incipientes locales de esta zona acudieron a un pintoresco estilo neocolonial. Pero, al cabo de una década de concluido el Centro Cívico, se erigieron en Mexicali los primeros conjuntos comerciales con aire acondicionado y amplios estacionamientos: la Plaza Fiesta y la Plaza Cachanilla afectaron la permanencia de la simulación arquitectónica, propia de las ciudades fronterizas (Méndez 2010). Estos nuevos espacios profundizaron el abandono de la “Zona Rosa”.

También se construyeron modestos edificios de oficinas para albergar despachos de abogados, notarías o escritorios públicos. En estos se empleó un lenguaje tardomoderno. Con esta imagen fue posible mantener un dialogo menos chocante con la arquitectura brutalista del vecino centro gubernamental. Sin embargo, entre el pastiche de ciudad virreinal y el rigor formal del concreto armado, se empezaron a asomar edificios anodinos, construcciones versátiles pero insignificantes, si acaso decoradas con cornisas sintéticas.

Figura 9.

Edificio tardomoderno sobre el pasaje Celaya, 2021. Fuente: colección del autor.

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Hoy en día, cualquier tipología recibe por igual despachos y algunas de las dependencias administrativas que no tuvieron lugar bajo los lineamientos cerrados de aquella propuesta inicial; también restaurantes, cantinas, escuelas privadas, templos protestantes, una galería de arte. Incluso, existen edificios adaptados como viviendas colectivas, en contraste con otros que se encuentran en ruinas y que sirven de refugio para sujetos sin casa.

Dentro del surtido de formas, funciones, vacíos y despojos, las escasas piezas tardomodernas bien conservadas se perciben como piezas fuera de lugar, que en este caso se denominarán arquitecturas extraviadas. Estas obras de autor —originadas en la década de 1980— invitan a imaginar posibles futuros. Finalmente, otro extravío surge en medio del paisaje intersticial y errático de un pequeño oasis: una piscina de plástico ocupa un predio al que se la ha suministrado una cubierta, energía eléctrica y un sofá. Esta instalación brinda un nuevo uso y confirma que en esta zona no existen límites.

Figura 10.

Ocupación de baldío sobre el pasaje Acapulco, 2021. Fuente: colección del autor.

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Conclusiones

El acontecer de la zona comercial del Centro Cívico pone en evidencia que los principios del urbanismo moderno fueron incompatibles con el contexto de Mexicali. Para una ciudad joven se habrían requerido esquemas de ordenamiento flexibles; ante su posición fronteriza, se debieron considerar los impactos de los flujos migratorios sobre la construcción social del territorio, y frente a su condición climática, se omitieron adecuaciones importantes para el espacio abierto.

La crisis económica que se vivió en México a principios de la década de 1980 detuvo la conclusión del proyecto. Además, una década después de la creación de la zona y a pocos kilómetros del sitio surgieron nuevos espacios comerciales, equipados con andadores bajo techo y con grandes establecimientos ancla. Con esto, la obsolescencia de la Zona Rosa se hizo prematura.

La pervivencia de los pasajes da testimonio de una ciudadanía que demanda la experiencia de caminar la ciudad. Los vacíos urbanos garantizan la condición de apertura y la oportunidad para una estrategia reactiva e inmediata, sin necesidad de añadir más edificios. La arquitectura del conjunto evidencia la hibridación fronteriza en la que se conjuga el revival, lo efímero y lo formal; pero también motiva el reciclaje y la recuperación de las ruinas para crear espacios de transición entre interior y exterior, entre pasado y presente. Al mismo tiempo, se advierten tensiones entre el paisaje del poder y el lugar contrahegemónico.

Con este caso de espacio abierto queda también abierta la tarea de aproximarse estrechamente a la voz y a los imaginarios de aquellos quienes cohabitan y transitan por esta zona. De momento, con este trabajo se ha anticipado que se requieren marcos metodológicos flexibles para aproximarse al caso de estudio, para acceder a los sujetos y grupos sociales que interpretan y transforman el entorno, así como para captar la prospectiva que subyace en los pasajes, los vacíos y las arquitecturas extraviadas.

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