Desde épocas antiguas, el manejo del agua ha determinado la forma de habitar el territorio tanto en áreas rurales como en urbanas. El manejo del agua, y específicamente la ingeniería hidráulica, ha sido parte de la planeación del territorio desde la Edad Media hasta hoy. Este manejo fue determinante en la colonización de América y es determinante en la actualidad, debido a los retos impuestos por el incremento de eventos climáticos extremos. Actualmente, las ciudades se desarrollan sobre sistemas subterráneos que inyectan y evacuan el agua a partir de una infraestructura gris que intenta acelerar el paso del recurso en su paso por la ciudad. Esta infraestructura, compuesta por tubos y otros componentes de cemento u otros materiales impermeables, implementa una visión monofuncional del recurso. Esta visión privilegia la cantidad y la calidad del agua sobre los valores sistémicos inherentes a la función ecológica del agua.
No es una novedad el manejo del agua basado en una visión sistémica. Por ejemplo, en la sabana de Bogotá, los asentamientos indígenas habitaban el territorio basándose en el manejo del agua (Rodríguez Gallo 2019). El adecuado manejo del recurso hídrico permitía la alimentación de la población y, por lo tanto, era la base de la subsistencia de los asentamientos prehispánicos. En Europa, desde el medioevo y hasta el siglo XVIII, el manejo del agua también mantuvo una dimensión sistémica en su resolución técnica. Las infraestructuras hidráulicas trabajaban siempre como parte de un sistema compuesto de canales, reservorios y otras construcciones necesarias para conducir el agua. Antoine Picon (2015) cita el diccionario de arquitectura de Charles D’Aviler Dictionnaire d’architecture civile et hydraulique, donde la ingeniería hidráulica aparece como una especialización de la arquitectura.
El diálogo entre arquitectos e ingenieros ha sido determinante para moldear el espacio urbano. Durante la última década los ingenieros han sido quienes han liderado el campo de la innovación en el manejo del agua, a partir del estudio de nuevas infraestructuras de manejo utilizando un enfoque holístico y sistémico llamado ciudades sensibles al agua (Wong y Brown 2009). De forma gradual, esta aproximación al manejo del agua ha permeado la planeación e implementación de proyectos de sistemas urbanos de drenaje sostenible (SUDS) y otras infraestructuras verde-azules de algunas ciudades en Australia (Department of Water 2005), Estados Unidos (Philadelphia Water Department 2019; Dylewski et al. 2014), Reino Unido (Construction Industry Research and Information Association y Woods Ballard 2015) y España (Comissió de SUDS de l’Ajuntament de Barcelona 2020). Sin embargo, todavía es incipiente la implementación en el mundo y aún más en el contexto latinoamericano. Con más frecuencia se identifican SUDS en parques o en espacios asociados con la infraestructura vial, como andenes, separadores y alcorques (Mostafavi y Doherty 2016; Castro-Fresno et al. 2013); pero es poco común encontrar proyectos urbanos de desarrollo, renovación o mejoramiento urbano que involucren un manejo del agua alternativo a las infraestructuras grises.
En los últimos treinta años, la intensidad y frecuencia de la lluvia ha aumentado sobre todo en los entornos urbanos (Zhang 2020), y ello repercute directamente en el número de eventos de inundación, causados en parte por la impermeabilización de los suelos urbanos. Dicha impermeabilización resulta en un incremento de la velocidad de la escorrentía e impide la filtración del agua al subsuelo, a medida que se acrecienta la erosión (Arnold y Gibbons 1996).
En un entorno no urbanizado, el 50 % del agua se infiltra, el 40 % del agua se evapora y el 10 % se vuelve escorrentía. En los entornos urbanos, estos porcentajes se reducen drásticamente a un 15 % de infiltración, un 30 % de evaporación y un 55 % de escorrentía (Philadelphia Water Department 2019). La cantidad de agua de escorrentía de un entorno urbanizado es un 45 % mayor a la de un área sin urbanizar. Desde esta perspectiva, los cada vez más recurrentes eventos de lluvias extremas impactan con mayor intensidad en las ciudades, ya que las áreas urbanizadas son más propensas a inundarse.
[Los objetivos de las ciudades sensibles al agua] son planear la ciudad a partir de la articulación con la cuenca hidrográfica donde se ubica, plantear un manejo del agua que maximice la provisión de servicios ecosistémicos e incluir el manejo del agua como parte de la vida de las comunidades. (Wong y Brown 2009)
El paradigma de diseño de nuestras ciudades pretende evacuar el agua de los espacios que habitamos para expulsarla al recipiente o cuerpo de agua más cercano. El agua que corre por calles, plazas, andenes y cubiertas de nuestras ciudades es conducida por la infraestructura gris hacia cuerpos de agua a cielo abierto. Muchas veces, esta conducción ocurre en cauces canalizados.
Los principios de las ciudades sensibles al agua responden a esta problemática. Sus objetivos son planear la ciudad a partir de la articulación con la cuenca hidrográfica donde se ubica, plantear un manejo del agua que maximice la provisión de servicios ecosistémicos e incluir el manejo del agua como parte de la vida de las comunidades (Wong y Brown 2009). Además, otros autores resaltan la necesidad de reducir el riesgo de posibles afectaciones a la salud pública, mitigar posibles efectos causados por inundaciones y mantener los valores culturales presentes en el entorno que se va a intervenir (Department of Water 2005). En ciudades como Bogotá y Ciudad de México se ha identificado que el enfoque de ciudades sensibles al agua es beneficioso para un manejo alternativo del agua, debido a su inclusión de estrategias técnicas, ecosistémicas y de relación con la comunidad (De Urbanisten & Autoridad del Espacio Público 2015; Torres et al. 2019).
En este artículo se comparten tres experiencias de proyectos urbanos de escala intermedia que implementan una estrategia de manejo del agua basada en SUDS. Esta selección fue posterior a la revisión de 89 proyectos distribuidos entre Argentina, Brasil, Chile, Perú, Colombia, México, India, Indonesia, Vietnam y España. Los tres casos, además, tienen alguna relación con un conjunto de edificaciones arquitectónicas. Se procuró optar por el máximo de proyectos latinoamericanos, pues se busca que los resultados de la investigación puedan aplicarse a este contexto.
Los tres proyectos son de escala intermedia, pues esta permite la implementación de trenes de tratamiento o tipologías de SUDS que trabajan en conjunto para conducir, retener, filtrar o tratar el agua. La escala exige la resolución espacial y técnica de las relaciones entre el edificio, la infraestructura vial, el espacio público, además del servicio de abastecimiento y saneamiento del agua. En la resolución del diseño, los autores de los proyectos propendieron a maximizar la multifuncionalidad de las infraestructuras del manejo del agua, para que estas cumplieran funciones adicionales y funcionaran como espacio público, áreas de conectividad ecológica y como proveedoras de servicios ecosistémicos. En uno de los proyectos se llegó a involucrar a la comunidad como parte de la formulación de un proyecto estratégico marco de la intervención. Adicionalmente, son proyectos innovadores, dada su comprensión multiescalar comprendida desde la cuenca hasta la propuesta técnica de manejo del agua in situ.
Con este análisis se busca comprender si es posible reducir los efectos de la urbanización en el ciclo del agua utilizando nuevas estrategias de diseño urbano y arquitectónico que sean aplicables al contexto latinoamericano. En general, se busca identificar si la escala intermedia es adecuada para aplicar dichas estrategias de diseño y cuáles son sus condiciones espaciales.
La implementación de infraestructura verde-azul es aún incipiente en Latinoamérica. Esta condición resulta de la escasa integración que presentan el diseño y la planeación urbana con las responsabilidades ecosistémicas y de construcción de comunidad. Esta independencia se refleja en el poco conocimiento del gremio sobre tecnologías alternativas de manejo del agua y regulaciones generales o incompletas sobre el tema.
A continuación, se presentan los conceptos de infraestructura verde, SUDS y escala intermedia. Posteriormente, se exponen los tres casos de estudio, que serán analizados según su acercamiento a los principios fundamentales de las ciudades sensibles al agua y a las estrategias espaciales que utilizan. Finalmente, se plantean las conclusiones.
Infraestructura verde-azul
Los proyectos presentados en el artículo son un ejemplo de la implementación de lo que se conoce como infraestructura verde-azul, necesaria para conseguir ciudades sensibles al agua. Este tipo de infraestructura es una alternativa a la denominada infraestructura gris, que maneja el agua con elementos tipo tuberías, muros y cajas construidos en cemento o concreto. La infraestructura verde-azul se caracteriza por manejar el recurso hídrico a partir de elementos naturales tipo gravillas y vegetación.
Según Fletcher (2015), la infraestructura verde-azul supone un manejo del recurso hídrico descentralizado y sistémico. El objetivo principal es manejar el agua de forma sostenible, a la vez que se beneficia la conectividad ecológica, se maximiza la prestación de servicios ecosistémicos y se construye comunidad.
Entre las soluciones técnicas identificadas como infraestructura verde-azul están aquellas infraestructuras verdes que también cumplen una función en el manejo del agua, pero no se limitan a esta, por ejemplo, las cubiertas verdes, las superficies permeables, los jardines de lluvia o zonas de biorretención y los humedales artificiales. Muchas de estas soluciones técnicas se catalogan como SUDS; sin embargo, para que un SUDS sea catalogado como infraestructura verde-azul es necesario que esta solución técnica cuente con una función de conectividad ecológica, prestación de servicios ecosistémicos y construcción de comunidad.
Sistemas urbanos de drenaje sostenible
El objetivo de los SUDS es aportar al régimen hidrológico de un sitio, a partir de regular la cantidad y calidad del agua, la amenidad y la biodiversidad (Construction Industry Research and Information Association & Woods Ballard 2015). Frecuentemente, estos sistemas se proyectan como complementos de la infraestructura gris, mediante el uso de técnicas que infiltran, filtran, almacenan y evaporan el agua.
Dada la variedad de términos utilizados para la denominación de los conceptos relacionados con los SUDS, se aclara aquí que se utilizó la definición de SUDS de la Norma Técnica Colombiana NS166 de 2018. En esta definición se especifica que los SUDS “son el conjunto de soluciones que se adoptan en un sistema de drenaje urbano con el objeto de retener el mayor tiempo posible las aguas lluvias en su punto de origen sin generar problemas de inundación, minimizando los impactos del desarrollo urbanístico en cuanto a la cantidad y calidad de la escorrentía” (Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá 2018, 5). Las tipologías de SUDS establecidas en esta norma son las presentadas en la tabla 1.
Tabla 1.
Tipologías de los sistemas urbanos de drenaje sostenible. Fuente: elaboración propia con base en Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (2018).
Adicional a las siete tipologías mencionadas establecidas en la norma NS166, se reconoce la tipología de los humedales artificiales, implementados en algunos de los proyectos analizados. De acuerdo con el artículo 1 de la Convención Ramsar: “Los humedales son las extensiones de marismas, pantanos y turberas, o superficies cubiertas de aguas, sean éstas de régimen natural o artificial, permanentes o temporales, estancadas o corrientes, dulces, salobres o saladas, incluidas las extensiones de agua marina cuya profundidad en marea baja no exceda de seis metros” (Secretaría de la Convención de Ramsar 2016, 9). Los humedales artificiales son SUDS que imitan el funcionamiento de un humedal natural.
Escala intermedia
La escala intermedia se refiere a intervenciones de escala urbana que comprenden tiempos de ejecución de mediano plazo. Frecuentemente, supone una relación con lo que se conoce como proyecto urbano, el cual, según Manuel de Solá-Morales Rubio (1987), transforma el trazado viario y el tejido edificatorio al mismo tiempo que traduce la esencia del lugar donde se inserta. Según Solá-Morales Rubio, un proyecto urbano se define a partir de cinco puntos: 1) cuentan con un impacto que supera su ámbito de intervención; 2) los usos, usuarios y tipos de espacios comunales propuestos presentan complejidad y variedad; 3) corresponden con una escala de implementación de mediano plazo; 4) priorizan la construcción de ciudad sobre la construcción del objeto arquitectónico, y 5) se asocian de alguna forma con el sector público, que participa en la inversión o los usos colectivos propuestos. Para este artículo se entiende que un proyecto de escala intermedia cuenta con, al menos, cuatro de los cinco puntos planteados por Solà-Morales Rubio. Se excluye la necesidad de la relación con el sector público, ya que se encontraron proyectos de origen privado o no gubernamental que cumplen con las características fundamentales del 07_Dearq34_art07_figura2 (descripciones diferentes en el word y el pdf) proyecto urbano.
A continuación, se muestra cómo tres proyectos urbanos de escala intermedia cumplen con cuatro de los cinco puntos, al mismo tiempo que involucran una propuesta de infraestructura verde-azul. En los casos expuestos, la infraestructura verde-azul complementa la composición tradicional del trazado o del tejido de los proyectos urbanos en los que se inserta.
Can Cortada
Localización
El proyecto se ubica en un área de borde de la ciudad de Barcelona (España). Esta zona se compone de suelo urbano no consolidado, donde aplican actuaciones de transformación o regeneración urbana. Nace de una iniciativa 100 % pública que plantea la creación de un complejo residencial de 200 viviendas. Comprende un área de 2,64 ha aproximadamente (26.400 m²), donde se involucran SUDS como tecnología de manejo del agua pluvial proveniente de andenes, plazas y vías. El espacio público y los SUDS fueron diseñados por el arquitecto Roberto Soto Fernández. El edificio de viviendas fue proyectado por el despacho Martí-Miralles, Arquitectes (fig. 2).
Descripción espacial
A partir de una estrategia de movimientos de tierra, que generan cuencos y montañas, se propone una superficie fácilmente caminable, con posibilidades de múltiples recorridos, rodeados de jardines. Las calles propuestas no son corredores monótonos de árboles dispuestos de forma lineal; al contrario, son espacios donde aparecen árboles y jardines de forma dinámica (fig. 3). Las superficies peatonales y la totalidad de los jardines y alcorques son multifuncionales. Estas proveen espacios de sombra y contemplación al mismo tiempo que retienen, detienen e infiltran el agua (fig. 4). El espacio público propuesto funciona como una infraestructura verde-azul apoyada por SUDS.
Descripción del manejo de agua
A partir de la implementación de cuencas de infiltración, pavimentos permeables, alcorques inundables y cunetas verdes, el diseño propuesto consigue que la mayoría de los recorridos de las aguas pluviales ocurra en la superficie. El uso de esta estrategia reduce significativamente la construcción de redes subterráneas. Según los autores del proyecto, las medidas implementadas logran una reducción del 50 % en el caudal pico de entrada a la red de saneamiento. También se consigue una reducción del 44 % en el volumen de agua inyectado al alcantarillado (Perales Momparler y Soto Fernández 2004).
La mayoría de los jardines son cuencas de infiltración. Estas depresiones se encargan de alojar el agua de escorrentía de las áreas impermeables circundantes. En condiciones normales, la tipología implementada permite infiltrar el agua al subsuelo, a través de un pozo drenante. En condiciones de lluvias extremas o presencia de excesos de agua, el sistema prevé un sumidero que permite el rebose al sistema de alcantarillado tradicional. Las cuencas funcionan en red. Así es como cuencas pequeñas pueden rebosar a una cuenca de mayor tamaño, de manera que no existen tipologías de funcionamiento aislado.
La calidad del agua infiltrada o rebosada también se tuvo en cuenta. El diseño constructivo de cada cuenca consta de una capa de grava reciclada que es la primera capa en contacto con el terreno natural; encima contiene otra capa del mismo material, solo que envuelto en un material geotextil. Finalmente, las capas reciben una capa de gravillas grises y en algunas áreas una capa de sustrato vegetal que da soporte a una cobertura vegetal (figs. 5 y 6).
Normativa
La implementación de esta infraestructura verde fue posible gracias a los avances normativos ocurridos en la Unión Europea, España y la Comunidad Autónoma de Cataluña. De acuerdo con Castro-Fresno et al. (2013), desde la Unión Europea se formuló el Marco del Agua 2000/60/CE (Parlamento Europeo y Consejo de la Unión Europea 2000), con el objetivo de mejorar la calidad del recurso. También desde esta escala continental se acordó la creación de la Directiva sobre Inundaciones EU 2007/60/CE (Parlamento Europeo y Consejo de la Unión Europea 2007), en la cual se establecen criterios para la evaluación y gestión de los riesgos de inundación. A la escala del país, España cuenta con el Decreto Real 1620/2007 (Ministerio de la Presidencia 2007), donde se define el régimen jurídico de la reutilización de las aguas depuradas, y con el Decreto Real 400/2013 (Ministerio de Agricultura 2013), donde se regula la planificación a partir de la comprensión de cuenca. Finalmente, en la escala local existe el Código de Urbanismo de Cataluña (Comunidad Autónoma de Cataluña 2021) y el Decreto 21/2006 de la Generalitat Catalana (2006), donde se determinan pautas de diseño arquitectónico basadas en la sostenibilidad ambiental. Las normas expuestas representan la constante evolución de la planeación y regulación necesarias para mejorar la integración entre el agua, la urbanización, entre otros procesos.
Es evidente que el proyecto imita las funciones hídricas previas a la urbanización; también se resalta su capacidad para generar espacios multifuncionales de permanencia y hábitat para la fauna local. Sin embargo, no se identificaron actuaciones encaminadas a la construcción de comunidades sensibles al agua, ni estrategias didácticas dentro del proyecto o una estrategia de manejo social que permitiera a las personas conocer las funciones de estos espacios, más allá de su función de disfrute y paisajística. No obstante, demuestra tanto la posibilidad de implementación de este tipo de proyectos dentro de la normatividad catalana como que la voluntad del diseñador puede ser la semilla de proyectos urbanos que tengan un impacto menor en el ciclo del agua.
Maiporé
Localización
Maiporé se ubica en un área de borde del sur del municipio de Soacha. Este municipio se encuentra conurbado con el suroccidente de la ciudad de Bogotá (Colombia). Maiporé surgió de una iniciativa privada gestionada por la promotora y constructora Fernando Mazuera & Cía. El proyecto comprende un área de 183 ha destinadas a la construcción de aproximadamente 18.000 nuevas unidades de vivienda. Contiene también colegios, centros médicos, centros comerciales y un centro cultural. Utiliza zonas de biorretención para el manejo de la totalidad de las aguas pluviales del proyecto. Esta infraestructura ocupa aprox. 19 ha de la totalidad del área. El diseño urbano es autoría del arquitecto Andrés Martínez (fig. 8).
Descripción espacial
Maiporé plantea una estructura urbana sustentada por una variedad de espacios vegetados que parecen bosques para el peatón. Estos espacios vegetados, que invitan a ser etiquetados como parques o zonas verdes, son en realidad zonas de biorretención que filtran, infiltran y conducen el agua pluvial de las vías y otras áreas impermeables del proyecto. En ocasiones, se encuentran adosados a equipamientos deportivos o educativos; en otras, se disminuye su proporción para dar paso a pavimentos necesarios para crear parques y lugares de encuentro. Se destaca dentro de esta red de espacios vegetados el humedal Maiporé, una preexistencia del lugar que fue respetada e integrada al proyecto urbano. Este humedal recibe las aguas provenientes de las zonas de biorretención de forma que el funcionamiento del ciclo del agua es similar a la condición previa a la urbanización (figs. 9 y 10).
Descripción del manejo de agua
Según el autor del proyecto, el diseño propuesto permite retener el 100 % del volumen de agua de escorrentía proveniente de vías, andenes y de los cerros que limitan el proyecto por el costado oriental. De este volumen, se infiltra el 40 %, y el 60 % restante se descarga al humedal. La capacidad del sistema corresponde a 3620 m³ en hora pico de escorrentía.
Las zonas de biorretención conforman una estructura continua que recibe las aguas superficiales que bajan de los cerros y la escorrentía de vías y andenes del proyecto. Esta agua se retiene temporalmente y se filtra gradualmente, gracias a procesos biológicos realizados por la vegetación ubicada en la capa superior. El agua que no es posible infiltrar es conducida al humedal, donde se infiltra o rebosa al río Bogotá.
Las zonas de biorretención se encuentran rodeadas de gaviones de piedra que funcionan como filtro y como límite del área destinada al agua. Esta área acuática se compone de un lecho de grava y una composición granular que permite infiltrar y almacenar agua de forma permanente. Encima de esta capa se encuentra la vegetación compuesta por árboles, arbustos y especies gramíneas. Los suelos del humedal preexistente no se modificaron. Su funcionamiento es similar al estado previo a la urbanización (figs. 11 y 12).
Normativa
A escala nacional, proyectos como Maiporé deben cumplir el Decreto 2811 de 1974 (Presidencia de la República de Colombia 1974), el cual regula el manejo y aprovechamiento del agua. En esta norma se especifican las condiciones en las que es permitido realizar descargas en cuerpos de agua naturales, los derechos de uso del agua y los requerimientos de abastecimiento y alcantarillado de agua para urbanizaciones nuevas. En el caso particular de la descarga a un humedal, la ley colombiana cuenta con el Decreto 1076 de 2015 (Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible 2015), que regula el manejo de las áreas protegidas del país, incluidos lagunas y humedales. Adicionalmente, se deben seguir las recomendaciones del Reglamento Técnico del Sector de Agua Potable y Saneamiento Básico (Ministerio de Vivienda 2017), que estipula los requisitos técnicos que debe cumplir la infraestructura encargada del manejo del agua. Esta es la única normativa que hace referencia directa a SUDS, pues en el documento se exige la implementación de esta tecnología para nuevos desarrollos urbanos donde se modifique la cobertura del suelo. Finalmente, se debe tener en cuenta la Política Nacional del Cambio Climático (Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible 2017), que provee lineamientos de articulación entre diversos entes territoriales para conseguir una adaptación al cambio climático que involucre acciones multiescalares.
Siguiendo un orden descendente, la siguiente escala administrativa a la cual deben responder los proyectos localizados en Soacha corresponde al documento de planeación de la cuenca a la que pertenece la totalidad del territorio del municipio, es decir, al Plan de Ordenación y Manejo del Río Bogotá (POMCA). Esta normativa articula diversos entes gubernamentales y regulaciones que afecten el futuro de la cuenca del río Bogotá. El POMCA propone una visión a futuro del río que requiere la implementación de programas e incentivos de diversas escalas, localizados en varios municipios, incluidos Soacha y Bogotá (Corporación Autónoma Regional 2019).
Los proyectos y lineamientos planteados en el POMCA deben verse reflejados en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de cada uno de los municipios de la cuenca. En el caso de Soacha, el POT corresponde con el Acuerdo 46 de 2020 (Alcaldía de Soacha 2000). Este plan no cuenta con ninguna exigencia específica de manejo del agua con tecnologías alternativas ni de prevención de la inundación o mejoramiento de la calidad de la escorrentía.
En otras palabras, el caso colombiano enfrenta un incipiente surgimiento de lineamientos para la implementación de SUDS y otras infraestructuras verde-azules del país. Sin embargo, no hay políticas claras de implementación en la legislación local. En este contexto, Maiporé sobresale en su contexto, porque implementa un sistema de manejo de escorrentía alternativo al tradicional, el cual no es exigido por la legislación local. En primer lugar, sobresale por la implementación de un sistema de infraestructura verde-azul a la escala de un proyecto urbano de escala intermedia. En segundo lugar, resalta que no se utiliza ninguna infraestructura gris para el manejo del agua.
Similar al caso de Can Cortada, son incipientes las estrategias de construcción de comunidad y aumento de la conciencia sobre el ciclo del agua. A pesar de que Maiporé cuenta con señalización explicativa sobre el ciclo, esta se encuentra vandalizada, según una visita que se realizó al proyecto en febrero de 2022. Se entiende que, dada la magnitud de la intervención, la estrategia social debe atenderse desde diversos frentes incluyendo, además de la estrategia de comunicación visual, una estrategia participativa y de divulgación mayor. Puede que esto se cumpla en las fases siguientes del proyecto. Este caso demuestra que es posible implementar soluciones de manejo del agua alternativas, a pesar de la falta de regulación local al respecto. Eso es esperanzador para el contexto colombiano.
Água Carioca
Localización
Figura 13.
Aproximación incremental al saneamiento de la Bahía Guanabara. Fotomontaje de la firma Ooze.
Água Carioca es un proyecto de investigación y diseño sobre el tratamiento y gestión del agua residual de la bahía de Guanabara, la cual comprende varias municipalidades, incluida la ciudad de Río de Janeiro (Brasil). Esta bahía se encuentra muy contaminada, debido a la descarga directa de aguas residuales desde diversas formas de urbanización, entre ellas favelas o barrios informales de esta ciudad.
La firma Ooze, en cabezada por Eva Pfannes y Sylvain Hartenberg, aporta una visión multiescalar y descentralizada del saneamiento básico del agua residual. La propuesta comprende la escala de la edificación individual y la escala del barrio para finalmente consolidar una estrategia de cuenca. Con una visión casi utópica de limpiar la bahía de Guanabara, el proyecto especifica las áreas de humedal artificial necesarias para tratar las aguas residuales de un colegio (1800 m² aprox.), un conjunto de 15 casas (1500 m² aprox.) y, finalmente, la totalidad de la bahía (6 km² aprox.). Además, con el apoyo de la municipalidad de Río de Janeiro y del Creative Industries Fund NL, el proyecto cuenta con la implementación de un piloto en el Jardín Botánico del Sitio Burle Marx. Dicho piloto demuestra la factibilidad técnica del proyecto, así como las diversas dimensiones culturales asociadas con este (fig. 14).
Descripción espacial
La propuesta de descentralización parte de la recolección, tratamiento y reúso del agua residual para una unidad de vivienda de cuatro habitantes. En esta unidad se propone un sistema de tratamiento basado en un tanque séptico, un humedal artificial y un tanque de almacenamiento donde se filtra, trata y almacena el agua residual antes de ser reutilizada o evacuada a la bahía. Esta unidad puede funcionar de forma independiente o en forma de clúster, de modo que varias viviendas compartan el mismo humedal artificial. El tamaño de cada humedal cambia según la cantidad de viviendas integradas. Utilizando la vivienda como unidad básica, la firma Ooze realiza tres ejercicios teóricos de implementación a diferentes escalas, en tres favelas diferentes ubicadas alrededor de la bahía Guanabara: 150 casas en la favela de montaña Morro do Salgueiro, 600 casas en la favela de Morro da Formiga y 20.000 casas en la favela de Rio das Pedras. Cada ejercicio de implementación responde a las condiciones topográficas y morfológicas del lugar: Morro do Salgueiro y Morro da Formiga se encuentran en terrenos inclinados; entre tanto, Rio das Pedras se encuentra en un terreno plano.
A pesar de estas diferencias topográficas, las tres propuestas proporcionan espacios de disfrute humano en las mismas áreas donde se proveen las infraestructuras de manejo del agua. En Morro do Salgueiro es posible caminar y permanecer en calles que parecen parques lineales, donde los senderos y los jardines se entrelazan para darles espacio tanto a las personas como a la vegetación y al agua. En Morro da Formiga, el espacio de disfrute y encuentro de la población se vuelca hacia las quebradas y ríos naturales, los cuales cuentan con agua limpia, gracias al tratamiento previo que ocurre en humedales artificiales. En Rio das Pedras se propone un parque lineal a lo largo de la desembocadura de un río y una matriz de humedales públicos, dispuestos de forma lineal. En las tres propuestas, el humedal artificial deja de ser un elemento aislado, de escala pequeña, para convertirse en un elemento de escala variable que configura el paisaje y el espacio público.
La visibilidad y educación sobre el manejo del agua es un componente clave en este proyecto. En la implementación del piloto, se proponen elementos didácticos que explican los procesos y estados del agua que contienen. Se utiliza el color e información gráfica para mostrar los procesos a un público no especializado. Adicional a la definición de las formas y colores de los elementos del proyecto, el piloto se expuso en compañía de la estrategia de manejo de las aguas residuales de la totalidad de la bahía Guanabara. La exposición se llevó a cabo dentro del mismo Sitio Burle Marx y contó con actores académicos, públicos y de la comunidad (fig. 15). En paralelo, el proyecto cuenta con una página web que contiene sus diferentes fases y elementos (Ooze 2017).
Descripción del manejo del agua
El piloto construido en el Sitio Burle Marx es la implementación de la unidad inicial del ciclo de tratamiento del agua necesario para sanear la bahía Guanabara. La unidad cuenta con dos tanques de almacenamiento de agua, un pozo séptico y un humedal artificial. Permite recolectar aguas pluviales de las cubiertas y utilizar el agua potable proveniente de un sistema de alcantarillado tradicional. El agua recogida en las cubiertas se almacena en un tanque exterior conectado a un sistema de riego o al humedal artificial. El agua del acueducto se conecta a los grifos de agua potable del edificio. El sistema de desagüe de los sanitarios se conecta a un pozo séptico que ofrece un primer tratamiento a las aguas, previo a la conducción de estas al humedal artificial. En el humedal artificial, mediante un proceso biológico de remoción de contaminantes, el agua resultante cuenta con la calidad suficiente para ser reutilizada en inodoros, riego o rebose a cuerpos de agua naturales.
Un humedal artificial consiste en una construcción capaz de contener un espejo de agua constante en un área vegetada con especies capaces de aguantar este medio húmedo. Gracias a este medio acuático, se permite la presencia de oxígeno, algas y bacterias, capaces de remover los compuestos orgánicos en descomposición presentes en el agua. La construcción propuesta para el piloto consiste en una capa de gravilla recubierta de un geotextil, ubicada debajo de una capa de arena que funciona como medio para el crecimiento de las raíces de la vegetación, la cual a su vez crece en medio de una capa de gravilla suelta. El equipo diseñador estimó que se requiere de 1,5 a 2 m² de humedal artificial para tratar las aguas residuales de una persona (fig. 16). Así, las propuestas Morro do Salgueiro, Morro da Formiga y Rio das Pedras se basaron en esta estimación.
Figura 16.
Humedal artificial. Limpieza del agua basada en vegetación. Ilustración de la firma Ooze.
En Morro do Salgueiro se propone una disposición ramificada de los humedales artificiales que agrupan el tratamiento de las aguas de un grupo de 15 viviendas en promedio. En esta favela se trata el agua de aproximadamente 750 personas. En Morro da Formiga, el sistema de humedales es similar al ya descrito; sin embargo, el eje central de la ramificación de los humedales artificiales corresponde a cuerpos de agua naturales. El sistema del Morro da Formiga tiene capacidad para 2.700 habitantes (figs. 17 y 18). En Rio das Pedras, la agrupación de los humedales es más evidente, pues están dispuestos por franjas en las áreas periféricas del barrio. Se estima que este sistema puede tratar las aguas residuales de 90.000 habitantes.
Normativa
En el caso de Brasil, se encontró regulación nacional con respecto al manejo sostenible del agua. A escala estatal o de municipalidad, no se identificaron detalles de las determinantes de implementación de los parámetros nacionales. Según Gomes-Miguez y Pires-Veról (2017), el precedente de la regulación de SUDS en Brasil es el Acto Federal 6766 de 1979 (Presidência da República do Brasil 1979). En esta ley se disponen los parámetros básicos para el desarrollo urbano, como las condiciones necesarias para permitir la urbanización, la infraestructura mínima para el desarrollo urbano, las directrices de localización fuera de área de riesgo por inundación, entre otras. Posterior a esta ley, los autores identifican la ley del estatuto de la ciudad (Presidência da República do Brasil 2001), donde se establecen parámetros de urbanización generales que parten del derecho de cada habitante por una ciudad accesible, sana, productiva y recreativa. En la norma se referencian de forma específica los requerimientos normativos que promuevan el mejoramiento de las condiciones ambientales de la ciudad, la protección de bienes ambientales y los instrumentos normativos que cada municipio debe implementar. Posteriormente, Gomes-Miguez y Pires-Veról (2017) se refieren al Manual de drenaje urbano sostenible, publicado en 2004 por el Ministerio de las Ciudades, donde se especifican por primera vez los principios fundamentales de un manejo alternativo del drenaje de la ciudad, así como el requerimiento de un plan de manejo de aguas pluviales para la financiación de proyectos. Finalmente, se reconoce la Ley 11445 de 2007, que determina las directrices nacionales para el saneamiento básico. La visión del manejo del agua en esta ley inauguró un nuevo rol para el sistema de drenaje sostenible, ya que integra nociones de retención, detención y tratamiento del agua como parte de un mismo sistema (Presidência da República do Brasil 2007).
De acuerdo con los autores de Água Carioca, el proyecto no partió del conocimiento de las regulaciones halladas por Gomes-Miguez & Pires-Veról, lo que demuestra un vínculo débil entre las regulaciones nacional y municipal. A pesar de este vacío, en adición al proyecto presentado aquí, Gomes-Miguez & Pires-Veról identifican otros proyectos de implementación de SUDS, entre los que se destaca uno ubicado en la bahía Guanabara.
Es evidente el esfuerzo de integración de los factores ambientales, de diseño y de construcción de comunidad en este proyecto. Resulta llamativo que un precedente de este tipo no se haya capitalizado en un cambio en la normativa de Río de Janeiro que incentive la implementación de estrategias de manejo descentralizado del agua como una medida de mejoramiento de la calidad ambiental de la bahía Guanabara. Sin embargo, existe una esperanza para que arquitectos urbanos y paisajistas implementen estrategias similares, a pesar del vacío en la reglamentación local.
Análisis desde ciudades sensibles al agua
A continuación, se presenta la relación de los casos de estudio con los tres principios de las ciudades sensibles al agua: ciudades articuladas con su cuenca hidrográfica, ciudades que proveen servicios ecosistémicos y ciudades que comprenden comunidades sensibles al agua (Wong y Brown 2009). En la tabla 2 se resume el cumplimiento de cada proyecto con los pilares y las estrategias de diseño utilizadas por los diseñadores para conseguir este cumplimiento.
Tabla 2.
Comparación de las estrategias de diseño utilizadas y su relación con los pilares de las ciudades sensibles al agua. Fuente: elaboración propia a partir de Wong y Brown (2009).
Los tres casos se articulan con su cuenca hidrográfica. En Can Cortada se retiene e infiltra el agua lluvia de forma similar al estado previo a la urbanización. La implementación de este concepto se logra a partir de la integración del manejo del recurso en los andenes y el sistema vial. En Maiporé también se recrean las condiciones previas a la urbanización, ya que el agua sigue conduciéndose desde los cerros circundantes hasta el humedal natural por zonas que permiten la retención, la filtración y la infiltración. Água Carioca parte de la concepción de la cuenca a partir de una estrategia multiescalar, cuya finalidad es mejorar la calidad de agua del receptor final (la bahía Guanabara).
La provisión de servicios ecosistémicos también es una constante en los tres proyectos. Can Cortada presta servicios de soporte, provisión, regulación y culturales. Las cuencas suministran servicios de disfrute de las personas de diversas maneras sutiles, generan espacios de circulación heterogéneos, permiten la permanencia con vistas agradables y, además, aumentan la cantidad de áreas vegetadas. Esta vegetación aporta a la regulación del clima y provee alimento para la fauna local. Maiporé aumenta la provisión de servicios ecosistémicos, gracias a la generación de nuevas áreas vegetadas, correspondientes a las zonas de biorretención, y de permitir una conexión peatonal con el cerro. Água Carioca ofrece servicios ecosistémicos de provisión y culturales, ya que incrementa la cantidad de área vegetada y crea un valor estético adicional. También presta servicios culturales a través de la cualidad educativa del diseño y de su articulación con la comunidad.
En cuanto al aporte en la construcción de comunidades sensibles al agua, Água Carioca se destaca por la relación periódica que mantuvo con la comunidad y otros actores (fig. 19). Esta relación contó con entrevistas y trabajo en equipo que resultaron en la formulación de un proyecto didáctico. El proyecto enseña al visitante el proceso de recolección y tratamiento del agua a partir de gráficos y colores pintados sobre las estructuras de manejo del agua (Holcim Foundation 2017; Ooze 2017). Así mismo, se logró determinar a los responsables del mantenimiento del proyecto, quienes hacen parte de la comunidad. Este proyecto también cuenta con una página web que explica la relación del piloto con la visión propuesta para el saneamiento de la bahía Guanabara. Esta página demuestra la capacidad de diálogo del proyecto con actores diversos en un tiempo prolongado (Ooze 2017).
En Can Cortada y Maiporé, la relación con la comunidad ocurre en la fase de uso del proyecto terminado. Maiporé cuenta con señales que explican el funcionamiento de una zona de biorretención; pero no se identificaron actividades de participación de los vecinos, en las cuales se explique la función de estas infraestructuras y sus beneficios (fig. 20).
Conclusiones
La escala intermedia es adecuada para construir ciudades sensibles al agua, pues cuenta con las dimensiones suficientes para: 1) la implementación de diversas tipologías de infraestructura verde-azul, 2) articular un proyecto con su cuenca hidrográfica, 3) presentar espacios diversos para proveer servicios ecosistémicos y 4) facilitar la articulación de las comunidades en la formulación desarrollo, implementación y mantenimiento de los proyectos.
La escala de Can Cortada, Maiporé y Água Carioca está compuesta por sistemas de diversas tipologías de SUDS, articuladas en forma de tren. Por ejemplo, en Maiporé, las zonas de biorretención que acompañan a las vías del proyecto se conectan con un humedal existente. Can Cortada implementa pavimentos permeables, alcorques inundables y cunetas verdes que se articulan de acuerdo con las necesidades hidráulicas. Água Carioca construye humedales artificiales y tanques de almacenamiento que permiten el reúso del agua residual. La escala intermedia también es flexible para plantear zonas de manejo del agua de dimensión suficiente, a efectos de crear un proyecto de paisaje o un área multifuncional que disfruten las personas. Sobre este tema, se destaca el impacto paisajístico que tiene la zona de biorretención del proyecto Maiporé, los jardines hundidos de Can Cortada y los humedales artificiales del proyecto Água Carioca.
Es también en la escala intermedia donde aparece la necesaria integración con la comunidad. El caso de Água Carioca demuestra con claridad sus mecanismos y beneficios. En este caso, se destaca especialmente la cualidad didáctica del proyecto en su formulación, diseño, divulgación y posterior implementación en el piloto. En Can Cortada y Maiporé no es tan evidente dicha interacción. Sin embargo, en países como Colombia, la implementación de proyectos de escala intermedia —catalogados como planes parciales— requieren una socialización e integración con las comunidades receptoras. Estos espacios podrían ser los escenarios de enseñanza del ciclo del agua y las funciones de la infraestructura verde-azul dentro de este ciclo. En este espacio se podrían construir los primeros pasos para transformar el paradigma de la relación con el agua en el entorno urbano.
También es en esta escala donde la comunidad se puede involucrar en estrategias de manejo y mantenimiento. La comunidad puede vigilar y prender alarmas tempranas sobre malfuncionamiento o requerimientos de la infraestructura. Tal vez, son las asociaciones de vecinos las que podrían ser el mejor canal de comunicación con los encargados del mantenimiento de los espacios urbanos consolidados, ya sean estas entidades públicas, la misma comunidad o entes privados.
Las infraestructuras verde-azules que comprenden los SUDS se presentan como una estrategia de diseño que puede funcionar como bisagra entre diversas disciplinas, necesaria para conseguir ciudades más permeables que transformen la relación entre urbanización y ciclo hídrico. Esta sería una apuesta por lograr un cambio de escala de una ciudad entera, a partir de una transformación de tipo celular.

















