Mario Opazo
Universidad Nacional de Colombia
Artista transmedial
meopazoc@unal.edu.co
( )…De niño me sentaba con el álbum entre las piernas y armaba una película que de a poco se alejaba de mi casa y terminaba en otro mundo, a la orilla de un abismo azul.
Es vital reflexionar sobre los procesos de creación en artes, y es un acto de sinceridad que esa reflexión se dé a través de ellos.
Agradezco la invitación a “ocupar” estas páginas, que resultaron ser un generoso taller de activación de gestos visuales y partículas literarias tomadas de mi cuerpo de trabajo. Espero que ese “ocupar” sea un espacio compartido con el lector, que pueda rememorar sus propios modos, acentos, frecuencias o pulsos dados a la configuración de formas, y que viajemos por el mar de flujo sensible que a continuación se promueve, y que están encauzados hacia el rastro de la niñez como fuerza promotora de la creación artística.
El objetivo de este espacio editorial —dedicado a la creación y sus procesos— es acentuar el vínculo originario entre la creación y la niñez; ese encuentro amoroso que se da en la voluntad del ser y que promueve la producción de lo nuevo, como dirían los antiguos filósofos de las formas: “perdiendo el miedo al destino”.
La niñez —como estado del espíritu— esculca en la habitación de la experiencia, promueve un pensamiento tierno que se deja dar forma y transforma un pensamiento que tiene memoria, que libera la singularidad y que hace de la subjetividad concentrada una máquina productora de imágenes.
La habitación del abuelo desde afuera se ve como un camarote, sobre la cama: la gorra blanca de visera negra, un escudo de la armada chilena bordado con hilos dorados. Al tercer brinco la descuelgo y corro al espejo, una vida en el mar sobre mi cabeza. El ropero como un cuarto oscuro conserva su ropa, las insignias en el hombro de un abrigo recio y almidonado, el paño negro azotado por todos los vientos australes, un abrigo que se sabe de memoria las rutas de Neptuno en el Canal de Magallanes, y reconoce a la distancia la luz de los faros y los acantilados llenos de pingüinos.
Figura 1. Expulsión del Paraíso (2009). Instalación plástica compuesta por 5 fases que funcionan como estaciones en un recorrido y un performance que conduce al público a través del tañido de una campana.

Adentrar la mirada al crisol de las formas, es adentrarse en un medio ambiente en el que actúan sistemas de fuerzas, en ellos convergen: el pensamiento poético, la imagen, el tiempo y la memoria. Son potencias dadas al movimiento, por lo cual se cabalgan en presente, creando. Así, intentaré adentrarme en el crisol de las formas, componiendo con ellas sin aludir a ellas, activándolas. Las formas se expresan y abren el territorio desde donde desocultamos imágenes. Espero que este trabajo sea una máquina promotora de imágenes para el lector.
Pensamiento poético
La creación artística es el acto de escritura del pensamiento poético, que es tejido complejo y potencial, o sea, el pensamiento poético es una trama, un texto o textil sin cuerpo; se trata de un sistema complejo de fuerzas, una realidad fantasmagórica: el mito, y este reclama un cuerpo: el rito. Quiero decir que la creación nace como huella, como marcación o señal física del pensamiento poético; nace como escritura que ocurre a través de la experiencia. Todo esto se da en el tiempo, en ese tiempo auténtico, a través de él, a través del tiempo ontológico, ese fundante originario de las formas del ser, que no separa la experiencia y el entendimiento. El tiempo que vincula las palabras manzana, mujer, montaña, y que forma una familia en el poema, el tiempo de la filiación que desoculta la imagen como congregación de las cosas sin nombre.
Y eso que no es todavía / pero que quiere ser, / que aparece / y no tiene palabras, / ni huesos, / ni zapatos, / ni peso, / ni corazón, / ni nombre / y nos mira, / como queriendo ser / en el ojo / algo, / que no es en el / ojo, / algo sin huesos, / sin zapatos, / sin peso, / sin corazón, / sin nombre / y nos mira, / como siendo en el ojo / algo que quiere ser algo / y que es / en el tiempo.
La imagen que aparece
Desocultar la imagen a través de la experiencia sensible implica una colisión de fuerzas; aquel que se hace público se hace testigo de la aparición de la imagen, que es imagen de sí mismo transformándose; ella, la imagen, emerge como una trama activa en el espacio entre, en el intervalo, en el escenario del tiempo, que es el espacio del obrar del arte, el proceso de creación que también se funda y se dispone en la obra de arte y su exposición.
Aparece en medio de la niebla, / poco a poco gana consistencia, / palpita cálida presencia, / respira, / la luz tiembla, / ¡Déjame ver! / - dice una voz.
Figura 2. Espejismo (2013). Instalación plástica compuesta por una muralla de concreto de 16 metros de largo por 3 metros de alto y un sistema de iluminación de sala controlado digitalmente, pasando en bucles de 1.20 minutos, de la oscuridad a la luz.

Esa aparición vincula también al artista y al testigo, como quien retorna a casa, a la edad temprana de la infancia. Cabalgamos a través de la imagen el modo de ser de la creación artística, su potencialidad o fuerza de movimiento, la forma compleja o vinculante de su propagación, su temporalidad retroactiva, mítica y ritual, y su dirección de sentido poético, cosmogónico.
Xon descubre el acceso e ingresa curioso a la sala de máquinas, ansioso trata de entender cada mecanismo y su funcionamiento general. Siempre ha sentido fascinación por las máquinas, primero las mecánicas, luego las electrónicas y después las digitales. Le gusta pensar que lo antiguo está inmerso en lo actual, que lo arcaico es vigente y que está presente en los nuevos instrumentos como cualidades intensificadas por la ciencia de hoy. Piensa que el ábaco es una proto señal física de las potencias sistematizadas, un antepasado del computador, ve en él la marcación de la modularidad, la automatización, la variabilidad, la transcodificación y todos los procesos computacionales; sabe que éstos resultan de la intensificación de máquinas antiguas y complejas.
Figuras 3 a 5. Cuando los robots hicieron poesía (2015). Poesía visual realizada editando con “tachones” un ensayo teórico que trata sobre la relación entre: programación antigua (formulada) y programación sistematizada (digital). Se hacen legibles solamente las frases poéticas.



La imagen resulta de la actividad niña
En mi caso, dichas potencialidades o modos de ser del proceso creativo dejan ver a través de la obra una curiosa actividad niña, nueva y dada a un “santo decir sí” —a abrazar el conocimiento—, que pone en crisis valores establecidos, una verdad de la inocencia; que impacta el dominio de la certeza, una indisciplina resistente y singular, y que corroe las gramáticas fijas, que cruza linderos narrativos y moviliza los relatos a través de distintos territorios lingüísticos.
Cuando era niño, despertaba sorprendentemente rodeado de objetos en la cama, mi mamá decía que los había traído de algún sueño, mi papá en cambio decía que yo era sonámbulo. Y así me la pasé toda la infancia, llevando cosas del sueño a la vida y de la vida al sueño, (...) Ustedes saben, en esa época, uno es una especie de sonámbulo invertido, se comporta estando despierto como si estuviera dormido.
Cuando el día / apenas sea una mañana / pequeñita y brillante / cristalina y sonriente / en ese día - niña pequeña estación de tiempo / intervalo de horas chiquititas / tramo joven / de pocos minutos / en esa / mañana, justo ahí / estaré despierto / atento / seré un hombre que nace / que se da al claro de bosque / y / busca una ardilla / traeré frutas, semillas / habitaré el sol / en el rayo / sobre la hojarasca / lloraré a / cántaros / por feliz / por desdichado / porque si / porque no / por llorar, simplemente / y guardaré la luz / en mis bolsillos / la cazaré, / como cazando lagartijas / destellos de luz / colmillos de jabalí / flechas de marfil / hijitos del sol brillando / pecas de luz en la corteza / en los troncos / en la tierra / y en las piedras, / esa mañana / que no es un día grande / entero y robusto / sino tenue comienzo de la vida / del bosque y del cielo, / tomaré agua del río / con las ranas expectantes / te buscaré / como quién busca para siempre / entre las mariposas / una ilusión / como quien imagina la imagen.
Figura 6. Jardín de Luz (2010). Una obra audiovisual realizada escaneando secuencialmente especies de plantas, insectos y objetos en el jardín de mi padre.

Justo a punto de olvidar todo y salen a flote los botes que ya se hundieron, con capitanes de papel recortado, con campanas de vidrio y anclas de pan.
Como no desempacar lo que se vino tras de mí como un perro necio, y otras cosas que indican el camino, como no.
Como no desempacar las cajas llenas de lo que soy.[1]
Figura 7. Niños y perros (2012). Video experimental realizado con imágenes de archivo que registran perros y niños tomados de la historia del arte, del cine y personal del autor.

El tiempo de la memoria, el de la transformación del espíritu
El tiempo retroactivo ha estado presente en mi proceso y lo identifico como el tiempo de la memoria que capitaliza pedazos del pasado, que hace “bola de nieve” que repercute en el presente y que esculpe el porvenir.
También el tiempo de mi proceso lo entiendo como tiempo cualidad, ese tiempo duración que no se refiere a un cuánto, sino a un cómo duramos, cómo nos desplegamos temporalmente.
No podría decir cuánto porque allí no se sabe de minutos, ni horas, ni segundos; tampoco hay días y noches, ni semanas, ni años; por lo cual, el tiempo es una calidad de la existencia, no una cantidad, no es una secuencia o unidad contables de tramos equidistantes, tampoco una secuencia homogénea de posiciones o instantes. Allí se habla de tiempos extensos, expandidos, aburridos, lentos, rápidos, ligeros, breves; tiempos diáfanos, opacos, espesos y diluidos; los hay melancólicos, ásperos y lisos; tiempos que corresponden al genio o al carácter, otros al humor: esos son tiempos dados al ser de sujetos, animales y cosas; también los hay dados a los eventos, las situaciones y los fenómenos de la naturaleza: hay tiempos por ejemplo catastróficos, erupcionados, imbuidos, expulsados o tiempos solitarios y temblorosos; otros comunes, separados o repartidos; tiempos liberados, contraídos, reprimidos, presos, controlados y emancipados.
Figuras 8 a 10. Solo de violín (2010). Video performance en el que un violín y su arco son izados al viento austral en la Bahía Inútil en la Patagonia.



Entre otras consideraciones referidas al tiempo, me interesan las prácticas con lenguajes temporales, como lo audiovisual, lo performativo, lo instalativo que, aun acentuando su germen espacial, goza de una temporalidad cercana a la vida: hoy está y mañana no está.
Del espeso bosque recuerdo: / un claro de luz / un estupor de pájaro / la distancia entre las hojas / la raíz / antigua y potente / la dinastía de las hormigas / las gotas suicidas / y el imperio de los hongos / es un / recuerdo del futuro / una memoria, / la luz nueva deja ver el suelo / y así pasó: / Más allá en lo profundo / en la capa mineral / después de la arcilla: / el hierro, el calcio, el carbón / fueron atravesados por la vida. / Hilvanados del torrente / de agua subterránea. / Allá abajo hay un pasado que es / profundo y no pasado, / edad antigua bajo los pies, / genética del ritmo / origen de las formas. / Es un recuerdo del futuro / una / memoria, / una herida que busca un cuerpo / La luz desconocida llueve / inunda la tierra debajo del follaje / ese que se aparta y le da espacio / al tiempo / escenario para el ser que es serenidad / apertura estupefacta / asombro / estupor / preocupación / actividad del conocer / conmemoración / es un recuerdo del futuro / una memoria / que el olvido envuelve y protege / El claro de bosque / deja ver las huellas / deja ver el / brote, la semilla / deja que germine / ¡déjalo! / es luz que riega / un instante una vida / un paso un planeta / una gota una estrella / un aliento huracán, / eso pasa en el bosque / y todo en estricto silencio.
Figura 11. Churi-illapa / Hijo del rayo (2021). Escultura totémica en forma de jaguar alado, realizada tallando y ensamblando la madera de un árbol derribado por un rayo en la región arqueológica de San Agustín-Colombia.

Figura 12. Churi-Inti / Hijo del sol (2021). Ensamblaje de oro en una rama de caspe (árbol mágico) recogida en la zona arqueológica de San Agustín-Colombia.

Figura 13: Wawa-Yawar / Hijo de la sangre (2021). Ensamblaje de vena de cera roja en una rama de caspe (árbol mágico) recogida en la zona arqueológica de San Agustín-Colombia.

El tiempo también abre su dimensión ontológica en mi obra: el ser que se da al tiempo y el tiempo que se da al ser. Ese tiempo es una habitación de la infancia, un escenario o recinto dado a la transformación del espíritu, al acto creativo.
En la parte alta de la casa, donde no es la habitación de mi abuelo ni la de ella, descubrí la habitación del sol.
Se trataba de un espacio completamente armado y forrado con madera, cada centímetro del lugar estaba patinado de polvo acumulado a través de años, lo cual, convertía el recinto en un lugar brumoso, fugitivo e intocable. Por las tardes, el sol que se pone en el horizonte teñía las tablas y el polvo, rojo en verano y azul en invierno, la habitación del sol tenía una ventana larga como un ferrocarril y generosa como los bolsillos del delantal de mi abuela, (allí, en el delantal se armaban micro mundos con ajos, monedas, fósforos, algunas canicas y uno que otro chocolate, sumándole las píldoras que ella tomaba de vez en cuando, este universo de sorpresas que colgaba de su cintura simulando un vientre de tela floreada o una cortina que a veces dejaba ver en sus pasos la experiencia de ir y venir por paisajes durante setenta años, era –a mi modo de ver–, lo más cercano a un tesoro). Así pues, lo que vi. a través de esta ventana me acompañó para siempre, ni antes ni después una ventana fue tan escueta, tan nítida y cercana al paisaje, desde ella se podía recorrer las mareas y los vientos, se iba por el mundo montado en barcos pesqueros o espiando a las gaviotas.
Ese tiempo se percibe como medio ambiente, oscuro y silencioso, atravesado por un halo de luz que deja ver el polvo que flota y de este, lo que los antiguos presocráticos llamaron: clinamen.[2]
El silencio que dice, llegará / cuando la palabra sea insuficiente. / Y lo dirá todo a la vez el silencio / sin querer decir algo, sino todo. / A la vez que lo dirá / si_len_cio_sa_men_te / la palabra dará su espacio al aire, / a la luz, al tiempo, a la imagen, / el silencio es tu sangre y la mía.
La palabra nos socorre cuando hay algo que decir, / el silencio nos salva cuando hay todo que decir.
La persistencia del niño
Mi especial interés por la memoria como potencia o fuerza promotora de transformación y cambio trae consigo lo que llamo: la persistencia del niño, que cabalga el movimiento interno de mi práctica artística.
Hoy en el espejo vi a un niño que se me hizo familiar, como las migas de pan sobre la mesa, las montañas en la cama, el jabón subacuático y los ladridos de Goliat (mi primer perro). Tan cercano como el tomate o la cebolla, y me miró asustado. Como si no me conociera.
Figura 14. Tablillas del futuro (2019). Serie de cerámicas que en bajo relieve registran la impronta de piezas y fragmentos de juguetes.

Esa persistencia interpela y renueva constantemente las acciones y sus valores; trae consigo y actualiza las fuerzas de empuje del pasado, fuerzas captadas en tres acontecimientos autobiográficos fundacionales, y actualizadas gracias a la memoria como ápices o traza en mi terreno sensible:
No puedo creer que estos dedos sean los mismos a los que les confié las vocales y los números del uno al diez. Siempre han estado ahí, callados como el abrigo de mi abuelo.
El niño que esculca escaparates, habitaciones secretas y el bolsillo del delantal de mi abuela y que, así, se entrena en la mirada sin ver, en la mirada indirecta;
Entre las cosas que uno olvida debajo de las otras cosas / hay otras pequeñísimas que a su vez esconden cosas. / Todo esto ocurre de manera involuntaria. / Y son capas y capas de cosas algunas transparentes otras borrosas. / Y estamos entre tantas cosas olvidándolas. / Entre otras cosas, / no estamos sino en aquellas que olvidando emergen. / Y en eso estamos, / en lo que aparece.
El niño viajero, que por extraño cultiva la mirada desde la distancia, desde afuera, es el niño de la iniciación y el rito, niño etnógrafo que observa diversas culturas y naturalezas,
Y cada vez que la ventana se abre / entra una brisa que viene de lejos / desde los cinco años cuando papá / me llevaba al bosque y leía en voz alta / de allá viene / desde hace años: / años luz / años árbol / años libros / años castañas / (llegan a jugar) / Y él leía a Marx y a Mao Tse Tung / al viento / y yo cazaba lagartijas entre las lajas / al sol. / Su voz hacía del bosque un auditorio / los árboles atentos a la / revolución. / Cada vez que se abre la ventana / el fondo del aire es rojo, / como las banderas del partido / como las manzanas del sur / como las heridas en las manos / que manchan la herramienta / y duelen. / Llega a la ventana el año 73 / anciano, libertario, sobreviviente / con él llega la tormenta / recia, / irrefutable, brava. / Cuando se abre la ventana / viene mi niño, ese que fui / y se sienta a mi lado pantalón / corto / rodillas encostradas y mocos colgando, / ese cabezón de anteojos / torpe y meditabundo / que / lloraba tragando con dolor / un pedazo de pan añejo.
Y, por último, el adulto que resulta de ese niño obstinado (que, entre otras cosas, es un adulto que aspira a rescribir su infancia).
Figura 15: Hallazgos protoneobots (2019). Instalación compuesta por composiciones museográficas que exhiben piezas que aluden a deidades precolombinas en cerámica y juguetes contemporáneos.

De tanto ir y venir de la casa a la playa, me aprendí el camino yo solito, y vuelvo cada vez que huele a mar, cada vez que lloro y me arden los ojos, cada vez que se me entran las piedritas a los zapatos. De tanto ir de la playa a la casa ya no puedo apartarme del camino, aunque haya casas nuevas que taparon mi ruta, aunque haya jardines donde árido era el paso, duro y pedregoso donde ahora hay agua dulce, aún así, no puedo apartarme del camino que yo hice con mis pequeñas huellas de plantas de pié numero 24, de ir y venir liviano pero insistente, como si de niño supiera que iba la vida a expulsarme lejos de la playa. De tanto ir y venir he condenado mis piernas a la ruta única de mi niño, el que fui sigo siendo, aunque hoy el mar esté como alma en discordia con el olvido y la casa del abuelo apenas sea, unas cuantas piedras que sostienen mi recuerdo. [3]
Figura 16. Retorno a casa (2015). Instalación plástica compuesta por un automóvil Volkswagen Escarabajo, trescientos (300) neumáticos gastados y marcados con la escritura “retorno a casa” y una proyección de video.

Figura 17. Secreto (2010). Video experimental que muestra al autor auscultando uno de los faros “del fin del mundo” en Tierra del Fuego-Patagonia.

Figura 18. Fuga (2018). Video experimental que muestra al autor corriendo por distintos territorios de conflicto y postconflicto en el mundo, la carrera se realiza durante dos años.

Correr. Nada más que correr hasta perderse en el bosque.
Ese “santo decir sí”, como práctica de la inocencia, como apertura al descubrimiento de nuevas formas y órdenes, como abrazo a lo nuevo, se intensificó en mi actuar creativo durante el encierro pandémico. Justo cuando el aislamiento se hizo recio, la distancia inexplorable, los afectos inexpresables, los cuerpos y las materialidades se dieron a la ausencia, entonces se acentuó en mi práctica un entusiasmo por la errancia a través de mundos imaginarios apelando al estado niño del espíritu.
Hasta ahora no había sido un extraño en las lides del viaje “a las afueras, (…) atraído siempre por el nombre primero y por lo sin nombre, que el poeta apetece nombrar o, al menos mirar, sentir y, ante todo, darle compañía, que lo no nombrado o lo innombrable no se quede solo”, (Zambrano 2007, 70).
Ese es el origen del hombre despierto, del insomne que ha sido errante por siglos, de Xon, el escalador de capas de tierra y roca, el foráneo proveniente de la memoria, de allí, donde la poesía nace y la palabra se anuncia en diversos modos antes de ser dicha, con distintas imágenes; por eso ahí, nada se llama río, ni mar, ni montaña, ni cielo, ni tierra, ni murciélago, ni araña; todo se nombra así mismo, con su potencia y desempeño, con su propagación y cambio, todo se da a la expresión de lo que es, y así, las cosas de ese mundo están atravesadas, hilvanadas por un torrente, nada va desprendido de lo otro, todo conforma una enorme familia; el ritmo es su sangre, lo vincula todo en una existencia gregaria. En ese lugar viven las cosas innombrables que son dichas de infinitos modos, cada uno distinto, singular, ninguno susceptible a ser repetido o a significar algo; la dirección singular es su destino, desplegarse en una dirección poética, en un sentido, en el que se encaminan también los lugareños acompañando a su mundo de cosas irrepetibles y no dichas; esos hombres que acompañan a las cosas sin nombre, dando impulso al ritmo de ellas, y amándolas, se llamaban poetas; Xon era uno de ellos.
No, no es que desde mi infancia no haya viajado a través del polvo que flota o del vuelo de las moscas en recorridos clinámicos, o que los bosques no interpelaran mi humana infancia, amoblándola de preguntas y juegos precientíficos, o que no me desplazara desde mi biblioteca a latitudes profundamente singulares hechas de papel. No, no carecía de un entrenamiento en la intuición y la mirada indirecta; al contrario, en aquellas hondonadas ya contaba con la destreza del león, instalado allí sólido y vigilante, pero restringido a su propio poder y a su dominio.
Cierra los ojos para ver ese hecho: la imagen. Sabe que así funciona – ése fue su modo siempre –, desde niño en la habitación del sol imaginó de esa manera: pasó las tardes de verano abriendo y cerrando los ojos, abiertos para ver el mar que estaba frente a la casa del abuelo – lo veía tras un manto de polvo que caía del techo de tablas sacudidas por el viento – y cerrados para navegar lejos – se iba en un bote de pesca en la mañana y regresaba con la embarcación llena de cangrejos en la tarde –.
… recién ahora, aislado y junto a mi familia, exigidos a nuevas condiciones de habitar, las prácticas del aislamiento afectaron mis recursos expresivos y fácticos; agudizaron la sensibilidad, y liberaron la singularidad como subjetividad concentrada hacia un “santo decir sí”, una práctica de la inocencia que trajo consigo el juego con mis hijos, las técnicas escolares, los procesos de representación, el ritmo como estado primario del lenguaje.
Figuras 19 y 20. Delirio (2021). Ensamblaje de papel y cartón tomado de empaques de medicina psiquiátrica.


Las lagartijas en mi bolsillo, vivas, cada domingo cazadores de tirantas y espigas de otoño, una ramita verde , flexible, para atrapar sin piedad reptiles y ratones, jornadas de cacería infantil, con los mocos colgando, la camisa por fuera y un regaño infinito al final de la jornada, un pedazo de pan duro que desde el desayuno era el único recuerdo de la casa, el último recuerdo de mi madre, un trozo de pan con mantequilla olvidado dentro de la bolsa Tareas de domingo, como me gustaría volver a cazar lagartijas, recuperar la destreza, no de la casería sino de caminar sin temor a perderme. Ni olvidar el camino de la casa a la vida.
El acto creativo nos salva de las cosas más terribles. Se roza con el destierro, el aislamiento y el ostracismo. Trae consigo la soledad y el silencio, pero es la misma soledad y silencio de los nidos, soledad y silencio de resguardo. La casa más antigua, originaria, aparece entre los dedos de la infancia, viene con el niño que gobierna la patria de la creación.
La ternura del pensamiento debe ser la nueva calidad de la voluntad.
Joseph Beuys
Bibliografía
1. Nietzsche, Friedrich. 1885. Así habló Zaratustra. Ed. Gredos, 2019.
2. Zambrano, María. 2007. Algunos lugares de la poesía. Ed. Trotta, 1ª edición.
[1] En febrero de 2022, se inauguró en la galería de arte Espacio Continuo, en Bogotá, la exposición titulada Y el león por fin en niño. Allí expuse un amplio inventario de piezas creadas por medio de distintos lenguajes (dibujo, collage, escultura, pintura, fotografía y videoperfomance). Dicho cuerpo de trabajo —diverso y complejo— fue concebido casi en su totalidad durante los dos años de aislamiento por pandemia, a excepción de unos cuantos dibujos y fotografías realizadas en los primeros años de mi carrera. Estos trabajos antiguos se incorporaron a la muestra sin la pretensión de construir una mirada retrospectiva, más bien entraron para hacer visible la condición de tiempo retroactivo que opera en mi proceso.
[2] Clinamen, comportamiento de algunas partículas pequeñas vistas en el polvo que flota y que consiste en una fuga espontánea y sorpresiva. Los epicureístas le atribuían esto a la forma singular de la partícula que hacía que esta se resistiera a la caída vertical del manto de partículas; esa fuga la entendieron como expresión de la singularidad, y más tarde fundaron una idea de libertad basada en la pérdida del miedo al destino.
[3] El título de la muestra nace en la consabida reseña del libro Así habló Zaratustra (1885), de Friedrich Nietzsche. Esta dice: “Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño”, y pregunta: “Pero decidme, hermanos míos: ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?”. Y, así, a través de esa pregunta, Nietzsche nos conduce al ámbito propicio de la creación: “Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer momento, un santo decir sí”.