Cómo citar: Gil-Fournier Esquerra, Mauro. "Urbanismo Afectivo: una aproximación trans a la ciudad". Dearq no. 38 (2024): 42-52. DOI: https://doi.org/10.18389/dearq38.2024.04
Mauro Gil-Fournier Esquerra
mauro@arquitecturasafectivas.com
ETSAM. Universidad Politécnica de Madrid, España
Recibido: 14 de abril de 2023 | Aceptado: 12 de octubre de 2023
Este artículo busca describir cómo lo afectivo atraviesa y compone los procesos urbanos más allá de la organización jerárquica de sus agentes. Las relaciones bottom-up y top down son sistemas de organización que se relacionan con movimientos de poder en direcciones verticales más institucionales u horizontales más diversas y colectivas. Pero ninguna de ellas, ni sus mezclas, son suficientes para favorecer una tendencia que, debido a los wicked problems, inevitablemente sea afectiva con las personas, otros seres y el planeta.
La teoría crítica afectiva ofrece un marco para poder pensar los procesos urbanos desde otros lugares. A partir del texto de Rittel y Webber (1973) sobre la dificultad del urbanismo para resolver los problemas sociales y su lectura por parte de Law (2015), de convertir los wicked problems en bening problems, podemos observar cómo la naturaleza de los problemas sociales urbanos es afectiva.
El artículo propone una nueva vía en donde el urbanismo afectivo es capaz de romper las dualidades bottom-up y top-down a partir de los atributos que moldean el urbanismo. Porque son los afectos los que atraviesan todos los cuerpos humanos y más que humanos. Si las ciudades son máquinas de urbanizar, y prolongan sus redes heterogéneas más allá de sus territorios, necesitamos confrontar el movimiento de los afectos para que el urbanismo sea una herramienta de coexistencia en un planeta ya herido.
Palabras clave: urbanismo afectivo, teoría afectiva, bottom-up, top-down, wicked problems, bening affects.
Este artículo busca describir cómo lo afectivo atraviesa y compone los procesos urbanos más allá de la organización jerárquica de sus agentes. Es decir, cómo observamos las dinámicas afectivas que trans-forman los modos de distribución de poder y lo in-forman.
Los modos de elaborar el urbanismo provienen, en la mayoría de ocasiones, de jerarquías institucionales top-down, y en otras, desde distribuciones colectivas más horizontales, bottom-up. También existen procesos intermedios que habilitan prácticas híbridas middle-out o redes activistas más "extitucionalizadas" (Gil-Fournier 2018). En las últimas décadas se ha dedicado mucho tiempo a estudiar las diversas formas de ejercer poder en el urbanismo1. Pero si ha habido un aspecto que poco o nada se ha trabajado en la literatura urbana y académica, ha sido la cuestión afectiva (Thrift 2004, 57).
De esta manera, se propone un urbanismo afectivo que, independientemente de estar organizado con base en la jerarquía o en una distribución de agentes más horizontal en el ejercicio del poder, pueda estar sostenido en una declaración afectiva y de respeto a la diversidad, cuyo centro esté constituido, además de por las personas, por las dinámicas afectivas que nos informan. Es decir, que sea el movimiento de los afectos (Massumi 2002) el que se observe, investigue y se transparente en las redes heterogéneas de personas, objetos, tecnologías o instrumentos de gobernanza para coproducir el urbanismo que necesitamos. Para ello, este artículo se ubica en un camino de ida y vuelta en las aportaciones que los estudios sociales de la ciencia y la tecnología y la teoría crítica afectiva pueden hacer para el urbanismo y en lo que el urbanismo desde este prisma puede hacer avanzar en dichas teorías contemporáneas.
Con la publicación, en 1995, de los dos textos fundacionales de lo que en la teoría cultural se viene llamando el "giro afectivo", "The Autonomy of Affect" de Massumi (1995) y "Shame in the Cybernetic Fold: Reading Silvan Tomkins" de Sedgwick y Frank (1995), se han ido desplazando algunas de las certezas que esgrimíamos a la hora de sustentar nuestras teorías sociales y culturales posmodernas. Los afectos no solo tienen mucho que decirnos, sino que los encontramos en la base de nuestra toma de decisiones, individual y colectivamente.
En el origen spinoziano de la teoría crítica afectiva, el afecto es el resultado de una interacción, de un encuentro, affectus (Spinoza 2000), el resultado activo de afectar y ser afectado. Pero si, como dice Deleuze, desvelando el grito de Spinoza, "nadie sabe lo que puede un cuerpo"2, de esta manera propongo que hagamos consciente en este artículo la potencia de lo que un urbanismo afectivo puede producir para confrontar los retos contemporáneos.
La teoría crítica afectiva tiene una cierta línea de continuidad trazada desde Spinoza, Bergson, Deleuze o Massumi, que es desde donde se enuncia este artículo3. En ella se establecen relaciones estratigráficas entre los afectos, los sentimientos, las emociones y la constelación de eventos donde están intrincados permanentemente. Pero se trata aquí de valorar el movimiento de lo que se siente, de lo que nos construye, lo que nos estructura. Y ese es un movimiento afectivo, porque es un movimiento que transforma, no solo desplaza (Massumi 2002).
Lo que aquí se enuncia es que el "giro afectivo" no solo sea el título del magnífico libro editado por Patricia Ticineto Clough y Jean Halley (2007), que ayuda a sistematizar toda esta aproximación, ni tampoco una corriente que puede estar emergiendo con fuerza en estos tiempos. Pues como dicen Lara y Enciso, "Esto no es simplemente una directriz de moda, es un indicador simultáneo de las modificaciones en la vida pública y de la experiencia subjetiva; a partir del cual se está transformando la producción de conocimiento" (2013, 101).
Lo que quiero manifestar es que giremos afectivamente. Es decir, que movamos nuestra mirada, nuestra cabeza, nuestros cuerpos; que giremos en el lugar donde hacemos las cosas, para descubrir nuevos lugares desde donde practicar un urbanismo que no le importe si es top-down o bottom-up o middle out, sino que pueda preguntarse si los entornos están atravesados por afectos movilizantes y biodiversos. Donde no importe si el proceso es más institucional o más informal. Propongo que pongamos los afectos en el centro, y no solo a las personas, y de esta manera podamos regenerar suelos en ciudades y bosques simultáneamente, descontaminar aguas en industrias y acuíferos a la vez, limpiar el aire mientras aumentamos la movilidad de las personas que lo necesitan y también su tranquilidad. Donde podamos ofrecer nuevas formas de enfrentarnos a los grandes retos urbanos que parecen inabarcables y que denominamos wicked problems.
Uno de los textos más relevantes y poco conocidos lanzados desde el urbanismo y que ha traspasado disciplinas es "Dilemmas in a General Theory of Planning", de Rittel y Webber (1973). Explican estos autores que las bases científicas para confrontar los problemas sociales del urbanismo están abocadas al fracaso. Esto es así, precisamente, por la naturaleza "malvada" y compleja de esos problemas (wicked problems)4, y los tratamos como si ya los hubiéramos domesticado (tamed problems) (Rittel y Webber 1973). La naturaleza de estos wicked problems es múltiple y conforma el cuerpo de los retos contemporáneos que enfrentamos cada día: la violencia machista, el cambio climático, la contaminación del agua, la obesidad, la desigualdad o la pobreza estructural, entre otras. También, de manera más específica con los que se manifiestan en el urbanismo, como son las cuestiones de género, el efecto isla de calor, la pérdida de los suelos vivos, la gentrificación o turistificación, o la expulsión de las rentas bajas de las ciudades, por citar algunos. Pero, por su naturaleza compleja, "las políticas que responden a problemas sociales no pueden ser significativamente correctas o falsas, y no tiene sentido hablar de soluciones óptimas […] no hay soluciones en el sentido de respuestas definitivas y objetivas"5 (Rittel y Webber 1973, 155).
La teoría crítica afectiva y los estudios de la ciencia y la tecnología (STS) ya nos han precavido de hacia dónde mirar para detectar la naturaleza heterogénea de los problemas. Actores humanos y no humanos coproducen una espacialidad expandida donde las agencias se componen de manera compartida e híbrida. Esto complejiza cada detalle, cada cuestión, problematiza los supuestos generados en cada situación, las redes forman cadenas interdependientes infinitas (Law 2015). También nos enredamos en ellas, nos confundimos, porque el problema no tiene una solución única y objetiva. Entonces, ¿cómo abordarlo?
John Law (2015) nos ofrece en su revisión del texto de Rittel y Webber (1973) ciertas claves para trabajar con los wicked problems: (1) Observar los procesos. (2) Entender que los materiales de trabajo son heterogéneos: personas, documentos, protocolos, seres vivos, tecnologías, instituciones, entornos medioambientales o urbanos. (3) Conocer que las preocupaciones son diversas y simultaneas: sociales, técnicas, políticas, legales, y (4) Que lo "bueno" y lo "malo" del proceso son también composiciones heterogéneas (Law 2015).
En dicha revisión el sociólogo John Law (2015) nos propone que, para trabajar bien con los wicked problems, debemos convertirlos en bening problems, y para ello atender a las condiciones que tradicionalmente el urbanismo bottom-up ha puesto sobre la mesa. Plantea reflexionar sobre estas preguntas:
¿Hasta qué punto puede o debe reducirse el mundo a un único modo de representación o razonamiento? (homogeneidad o heterogeneidad). […] ¿Hasta qué punto podemos controlar los wicked problems reuniendo todo lo relevante? (centrado y descentrado). […] ¿Cómo de abierto es lo inesperado? O, dicho de otro modo, ¿hasta qué punto debemos ser dogmáticos al afirmar que disponemos de las herramientas necesarias para solucionar lo complejo? (abierto o cerrado), […] o ¿en qué medida los problemas benignos y las herramientas, historias y ordenamientos que los acompañan tienen, o deberían tener, ambiciones imperialistas, hasta dónde intentan o deberían intentar ampliar su alcance? (hegemonía y modestia)6 (Law 2015).
Por ejemplo, en esta última pregunta, puede darse un doble juego sobre las ambiciones hegemónicas del propio término, bottom-up, y sus dinámicas en el urbanismo del contexto latinoamericano, pues lo que denominamos procesos bottom-up7 (ya en su propio nombre anglosajón) "nos ofrece herramientas imperialistas que, a veces, son insensibles a las especificidades del detalle o las tratan mal o las dañan"8 (Law 2015), y que tantas frustraciones ha generado en las personas que se dedican a la arquitectura y el urbanismo guiando y mediando en procesos bottom-up.
De esta manera, Law nos propone tres corolarios para tratar de convertir los problemas complejos en benignos: (1) Hay que contener el deseo de perfección. (2) Ser suficientemente enfocado y detallado en el problema. (3) Trabajar con flexibilidad y maleabilidad para interferir y retocar desde "los modos de cuidado"9. Estos tres corolarios son definitivamente afectivos para poder ser desarrollados como un urbanismo "trans" que consiga superar las direccionalidades jerárquicas de lo top-down, bottom-up o middle-out para acceder a un Urbanismo Afectivo capaz de atravesar todos los cuerpos y entidades heterogéneas de las redes que conforman cada proyecto o situación.
En el intento de ofrecer una definición clara y sencilla, pero siempre incompleta, en mi opinión, los afectos son la potencia de la acción que tenemos para el cuidado de la vida de todas las cosas y en todas sus manifestaciones. También son todo aquello que nos impide conseguirlo. Dicho de otro modo, los afectos son la potencia de las realidades inmateriales que dan forma a nuestras acciones materiales. Son el sustrato de nuestras decisiones. Y lo primero es que nuestras acciones y decisiones, como conjunto heterogéneo de personas, instrumentos urbanísticos, políticos, diseños y modos de hacer en toda su potencia, van más allá de la distribución de las jerarquías que los procesos bottom-up prometen y de su fragilidad temporal. Y de esta manera debemos ser muy conscientes de que "los afectos actúan sobre los sistemas nerviosos de los mundos, no de las personas" (Deleuze citado en Berlant 2020, 41; Deleuze y Guattari 1993). Así que un Urbanismo Afectivo es un urbanismo que produce una observación en el movimiento de los afectos dentro de un proceso urbano, sea una investigación, un proyecto o una actuación. Nos importa desvelar el movimiento de los afectos tanto los que ponemos sobre la mesa, como los que escondemos debajo de ella.
Pero el afecto es hoy un territorio en disputa. Por un lado, el Urbanismo Afectivo es, precisamente, un entorno de resistencia a la emocionalidad urbana del yo imperante, donde los individuos participan y se comunican en la vida social. Como observa Jean Bethke Elshtain, "todos los puntos parecen girar en torno a los sentimientos subjetivos del individuo, ya sean de frustración, ansiedad, estrés o satisfacción. El ciudadano retrocede; prevalece el yo terapéutico"10 (Elshtain, Jean Bethke. 1992, 92), y es ahí donde se produce la primera disputa de lo afectivo.
Por otro lado, también el afecto es hoy "objeto de una ingeniería activa que se está convirtiendo en algo más parecido a las redes de tuberías y cables que tanta importancia tienen a la hora de proporcionar la mecánica básica y las texturas de base de la vida urbana" (Armstrong citado en Thrift 2004, 58). Es Nigel Thrift quien se ha encargado de argumentar en el urbanismo que el paso a los afectos muestra nuevos registros e intensidades políticas, y nos permite trabajar sobre ellos para elaborar nuevas formas colectivas (2004, 58). Y desde ahí se puede enfatizar la noción de afecto como una inteligencia para poder conformar aproximaciones diferentes al urbanismo contemporáneo, donde "el afecto es un tipo diferente de inteligencia sobre el mundo, pero no deja de ser inteligencia, y los intentos anteriores de relegar el afecto a lo irracional o de elevarlo al nivel de lo sublime son igualmente erróneos" (Thrift 2004, 60). Entonces, bajo esta situación, ¿por qué promover una teoría y práctica de un Urbanismo Afectivo en nuestros ámbitos académicos, investigadores y profesionales? Precisamente porque los afectos son una batalla que sí debemos dar para el desarrollo de nuestros entornos urbanos más cercanos. Necesitamos empezar a forjar una política del afecto (Thrift 2004).
Porque está claro que existen enormes costes y beneficios emocionales para los individuos o los grupos que se dejan moldear por determinadas instituciones de formas particulares. Sin embargo, a menudo es bastante difícil mostrar lo que está en juego para el individuo o los grupos al someterse a dichas instituciones y adoptar ciertos estilos afectivos que los hacen deferentes, obedientes o humildes, o independientes, agresivos y arrogantes11 (Thrift 2004, 69).
Estos afectos que se ponen en juego suceden, tanto en los procesos jerárquicos top-down como en los procesos urbanos que llamamos bottom-up, en los cuales la buena voluntad, el activismo, la defensa de derechos, o la visibilización de minorías tienen enormes costos personales. Debemos entonces desgranar los afectos para localizarlos en el territorio de los cuerpos individuales, colectivos y geográficos. Porque lo que está en juego no es la forma de establecer los procesos y de desarrollar los retos que nos plantean los wicked problems de los que el urbanismo forma parte. Lo que está realmente en juego es ¿qué afectos estamos distribuyendo en nuestros procesos urbanos? ¿Qué afectos se movilizan y cuáles se paralizan? y ¿cómo luchan unos afectos contra otros? Por ejemplo, el propio concepto de ciudad como máquina urbanizadora es una lucha entre un afecto que podemos llamar soilsealing, muy ligado a otro que es la "expectativa urbanística", generada en la misma redacción de los planes urbanos y que en el territorio pugna con el soilhealing vinculado a los afectos de cuidado, reparación y restauración social, ecológica y urbana de muchos procesos bottom-up.
Un Urbanismo Afectivo también es un urbanismo en el que se produce un desplazamiento de las esferas de lo personal y lo colectivo y nos jugamos la propia experiencia vital y personal en los procesos urbanos. Y en estos lugares y procesos es donde se encarnan los afectos. "Los afectos pueden estar, y están, ligados a cosas, personas, ideas, sensaciones, relaciones, actividades, ambiciones, instituciones y cualquier otro número de cosas, incluidos otros afectos" (Sedgwick 1993,19). Por eso el urbanismo es uno de los mejores territorios para desvelar afectos, porque el problema siempre se encuentra a la puerta de nuestra casa, o de nuestros familiares, de nuestra calle, de nuestro barrio.
El Urbanismo Afectivo surge también desde el inaguantable extractivismo urbano al que sometemos nuestras ciudades y territorios, creando nuevos problemas complejos con la misma intensidad (turistificación, isla de calor urbana, etcétera). Si los procesos bottom-up surgen como reacción a los despropósitos de una construcción urbana petroquímica y basada en la exterminación, debemos reconfigurar los afectos que nos mueven para definir acciones y políticas para humanos y más que humanos. Y solo podemos hacerlo pasando de afectos malvados y paralizantes (wicked affects) a unos afectos más benignos y movilizadores (benign affects) en todos los modos organizacionales y de poder del desarrollo urbano. Y aquí se desmontan algunos de los principios de las dualidades bottom-up y top-down, porque ¿cuántas personas que trabajan en las instituciones lo hacen desde los benign affects, y cuántas que desarrollan procesos bottom-up lo hacen desde los wicked affects? ¿Cuántas personas se entregan por completo a procesos urbanos desde la institución, y ¿cuántos procesos egocéntricos, que solo buscan reconocimiento, se esconden dentro de lo colectivo? El Urbanismo Afectivo no sitúa el foco en el modelo de organización jerárquica de los procesos urbanos sino en los propios afectos que se ponen en juego. Y ahí el Urbanismo Afectivo se pregunta, ¿desde dónde defendemos, desarrollamos, construimos, el proceso particular que estamos poniendo en marcha? ¿Desde qué motivación hacemos lo que hacemos en procesos, cualesquiera que ellos sean, que van más allá del trabajo, más allá de lo profesional? ¿Cuáles son los afectos que movilizamos en un proceso urbano determinado? ¿Qué capitales afectivos ponemos en circulación?
Propongo dos movimientos, en una tentativa de transformación para el urbanismo. El primero es el que nos sugiere el texto de Patricia Ticineto Clough donde se gesta el desplazamiento de la "idea del cuerpo-como-organismo por la del cuerpo-como-proceso de mediación biológica que participa de la co-emergencia del afecto; pero que no es su locación principal." Es decir, "moviendo el cuerpo a otra posición, el cuerpo gana relevancia al perder su centralidad" (Lara y Enciso 2013). Y es ahí donde la primera de las proposiciones de este artículo también puede suceder. Desplazando a las personas y sus jerarquías de poder a otra posición en el debate urbano podremos situar los afectos en el centro. Y, de esta manera, establecer la relevancia que tiene una mirada afectiva al urbanismo para que sean también otras entidades, más que humanas, las que ganen relevancia al posicionar el movimiento de los afectos en el punto de mira.
El segundo movimiento, una vez puestos los afectos como protagonistas, consiste en situarlos geográficamente, localizarlos en su lugar concreto. Si el Urbanismo Afectivo tiene una dificultad específica es la de territorializar los afectos en el sentido de aterrizarlos o hacerlos emerger en un lugar geográfico y urbano concreto, de ponerlos on-site. La teoría crítica afectiva no facilita la tarea y es aquí también donde reside el interés de este artículo.
Las primeras experiencias denominadas como Urbanismo Afectivo surgieron en Madrid, como una forma de observar los procesos bottom-up y middle out que se estaban dando en la ciudad entre los años 2006 y 2016; fueron las conversaciones de preparación de un seminario en Intermediae-Matadero Madrid entre la profesora Elke Krasny, la mediadora cultural Susana Jorgina y el autor de este artículo12, en el entorno de trabajo del Vivero de Iniciativas Ciudadanas13. Esta preparación detonó el encuentro de estas dos palabras mágicas. Su propia interacción creó un nuevo espacio de pensamiento y práctica para los impulsores y participantes que se sigue desarrollando hasta el día de hoy14.
Figura 1_ Cartografías Urbanismo Afectivo. Madrid. 2015. Fuente: Vivero de Iniciativas Ciudadanas.
En este primer encuentro observamos las prácticas de las iniciativas ciudadanas informales desde los afectos que se redistribuyen a partir de ellas, en una conjunción entre lo individual y lo colectivo, mediada siempre por los conversadores. La observación se convirtió en una suerte de etnografía afectiva cartografiada. Los proyectos bottom-up que investigamos en aquel momento no eran simplemente espacios de resistencia o propuestas de acción colectiva en el espacio público. Todo estaba dirigido por una fuerza de menos visibilidad pero que operaba como un infrapoder (Castoriadis 2007) y que era diferente en cada práctica analizada. Detrás de la apertura de los procesos de urbanismo bottom-up que se daban en la ciudad de Madrid, aparecían una serie de afectos que conformaban dichas prácticas: la memoria del barrio de Tetuán, el acompañamiento del Instituto DIY en la construcción y los procesos materiales, el refuerzo de la autoestima de los jóvenes de Villaverde, por citar algunos. Tras lo abierto, lo colectivo y lo colaborativo se observaba el movimiento de los afectos que se ensamblaban alineados o en conflicto en cada práctica o proyecto urbano15.
De la observación y escucha afectiva de estos proyectos surgieron nuevos conocimientos y la posibilidad de hacer teoría urbana basada en la práctica. Para mí, todas estas experiencias abren un impasse en el conocimiento urbano y sus dimensiones; un entorno (off-site) donde distribuir los aprendizajes que han sucedido en cada lugar (on-site) que pueden ir forjando una nueva teoría afectiva del urbanismo desde sus prácticas localizadas. En palabras de Berlant, "es necesario seguir el curso que va de lo singular (lo situado, lo propio) la irreductible especificidad del sujeto a los medios a través de los cuales la materialidad de los sentidos vuelve general una situación vivida de manera colectiva" (2020). De esta manera podemos permitirnos observar nuestra propia práctica como un entorno de conocimiento afectivo, algo que también le interesa a Berlant en cuanto a cómo un proceso se extirpa de lo singular, de su ubicación en la historia de una persona, un colectivo o algo muy local, y se pone a circular como evidencia de algo compartido. Es decir, rastrear el hacerse general de las cosas singulares, dilucidar su materialidad por medio de la indagación sobre su resonancia en distintas escenas, sean estas verbales, corporales o gestuales (2020). Este primer caso se desvela en "no saber lo que un urbanismo afectivo puede hacer" pero comienza a producir una mirada más atenta a los afectos que movilizamos en los procesos urbanos.
Lo que sucedió en el Seminario Patrimonio Afectivo, llevado a cabo en Montevideo16, es un segundo ejemplo. Solange, la propietaria de la Casa de Bernarda Castilla en Ciudad Vieja, describía cómo una edificación abandonada y contigua afectaba a su casa restaurada. Las tuberías atascadas de esa construcción se rebosaban con la lluvia y humedecían su propio inmueble, construido en 1811, patrimonio y memoria material por los que ella velaba. Y ahí, en esa observación, nos dimos cuenta de que no podíamos definir el abandono como una simple falta de cuidado, sino como una práctica en sí misma, con sus protocolos, procedimientos, etc., una práctica urbana afectiva y, en este caso, destructora del patrimonio. En el sencillo ejemplo de la casa de Solange y en la tubería atascada del vecino se explicita algo que se estaba practicando en muchas escalas y en otros territorios diferentes, que terminaba en procesos de expulsión, abaratamiento del suelo, violencia urbana, para luego ser procesos de gentrificación y rediseño de la ciudad. Comprender que el abandono era una práctica afectiva añadía un conocimiento que debía ser investigado como práctica urbana, tal y como lo hemos observamos en el pequeño caso de estudio de la casa de Solange en Montevideo.
Figura 2_ Encuentro Patrimonio Afectivo en la Casa de Bernarda Castilla en Ciudad Vieja. Montevideo. 2018. Fuente: Lucía Segalerba.
De estos procesos de conocimiento basados en la observación del movimiento de los afectos urbanos en diferentes ciudades del contexto iberoamericano como Madrid, Ciudad de México, Montevideo o Santo Domingo también surgen prácticas en agencias compartidas institucionales e informales para la materialización de proyectos urbanos y de arquitectura que nos desvelan que todos tenemos una agenda afectiva y urbana. Y desde esa agenda generamos alianzas y vinculaciones.
Mares de Madrid17 es un proyecto que moviliza cinco ámbitos para la innovación urbana que son el acrónimo de su nombre: movilidad, alimentación, reciclaje, energía y cuidados de lo social. Se trata de un proyecto de innovación y emprendimiento urbano que fomenta la transición hacia una ciudadanía ecológica basada en el cuidado, en un programa que ayuda al sostenimiento de las prácticas más activistas y bottom-up hacia lugares donde pueda ponerse en juego también una economía afectiva (Gil-Fournier 2019). Es decir, que pueda sostener también los cuerpos que se movilizan en los procesos para la innovación urbana en términos políticos, urbanos y ecológicos. Porque, como dice Judith Butler, "no podemos hablar de un cuerpo sin saber qué lo sostiene y qué relación mantiene con ese sostén (o falta de sostén). De este modo, el cuerpo no es tanto una entidad como un conjunto de relaciones vivas; el cuerpo no puede ser separado de las condiciones infraestructurales y ambientales de su vida y su actuación" (2017). Y es ahí, donde un proyecto como Mares de Madrid, que no entra en las clasificaciones bottom-up ni top-down, es capaz de abrir un nuevo espacio para una práctica de un Urbanismo Afectivo de una manera más completa. Un programa urbano donde las condiciones infraestructurales de la vida (movilidad, alimentación, etc.) no solo se investigan y se observan, sino que se ensamblan afectivamente entre entidades activistas, formales e informales, empresariales, cooperativas y de economía social, tecnológicas, digitales en entornos arquitectónicos materiales y espaciales que dan nuevos nombres a las prácticas innovadoras que allí se desarrollaban.
En este proceso, que incluye lo corporal, lo infraestructural y un abanico de posibilidades de gestión empresarial de distintos ámbitos, pudimos descubrir cómo cada comunidad tiene una agenda urbana propia. Todos tenemos una agenda urbana y es importante desvelar los afectos —no solo institucionales e informales— que se mueven en torno a ellas. En este espacio es donde la visibilización de los afectos que movilizan las agendas son la clave para superar los procesos que analizamos en este artículo como bottom-up y top-down y también para transparentar lo que está detrás de la economía urbana que hoy, nos ofrece soluciones más allá de la propiedad en los ámbitos de movilidad, alimentación, reciclaje, energía, sin un cuidado de la vida y de lo social.
Figura 3_ Mar de Alimentación en el distrito de Villaverde. Madrid. Fuente: Arquitectos SIC / TXP / VIC.
Así como cada persona tiene una agenda urbana, cada colectivo, cada libro, cada obra manifiesta siempre una intención. La agenda consiste, en realidad, en los afectos que sostienen una decisión urbana. Por lo tanto, el Urbanismo Afectivo se hace las siguientes preguntas: ¿Desde dónde hacemos lo que hacemos? ¿Cuál es el propósito afectivo del proyecto que se pone en marcha, sea institucional, colectivo, o en cualquier otra variante? ¿Qué es lo que yo deseo de él? Y por otro lado preguntarnos, ¿a cuántas entidades afecta?, ¿qué tan biodiverso es?, ¿cuántas disciplinas transversaliza?, ¿a cuántas escalas diferentes en el tiempo y en el espacio afecta?, ¿cuántas especies moviliza?, ¿es un proyecto extractivo o servidor de un propósito aún mayor? Y con las respuestas a estas preguntas podremos saber si nuestro proyecto genera alianzas y vinculaciones duraderas con la vida, o solo favorece a una idea de ciudad como máquina urbanizadora y depredadora de cuerpos, territorios y eliminadora de la diversidad. Podemos verlo también en lo que ofrecen muchas empresas de infraestructuras ligadas a procesos top-down. O en un ideal emancipador que no es capaz de sostenerse, precarizante y poco duradero de un proceso bottom-up.
A modo de conclusiones, vale precisar algunas cuestiones ya abordadas en el artículo para confiar en el camino propuesto.
Lo primero sería que, para paliar los efectos de los wicked problems —y siguiendo a John Law—, es necesario tener la posibilidad de modificar la tendencia del urbanismo actual. Hemos visto aquí los cuestionamientos en cuanto a lo que nos mueve que podríamos ofrecer en nuestros proyectos. Al movimiento humano impulsado por el deseo, pero también sobre la responsabilidad de lo que sí podemos cambiar. "Nos hallamos en una situación biopolítica en la que diversos sectores de la población son cada vez más propensos a lo que se ha dado en llamar precarización. Provocado y reproducido generalmente por las instituciones gubernamentales y económicas, este proceso hace que la población se acostumbre a la inseguridad y a la desesperanza" (Butler 2017). Y desde este lugar, ¿cómo podemos ofrecer seguridad y esperanza en un planeta urbano y herido?
Figura 4_ Exposición Bosque Metropolitano. Madrid 2020. Diseño: Marta Badiola y Mauro Gil-Fournier. Fuente: Luis Díaz Díaz.
Ser conscientes de los atributos para trabajar con Bening problems, por ejemplo, contener el deseo de perfección, ser detallado en el problema, e interferir y retocar desde los modos de cuidado promovidos por Law, es el primer paso hacia los Bening Affects como lugar donde poder vivir la esperanza en un entorno de creciente incertidumbre.
En esta línea, el segundo paso sería ver cómo producir un Urbanismo Afectivo donde se ponga todo sobre el tablero de juego, con base en tres atributos básicos que continúan a los ofrecidos por John Law: (1) Honestidad con nosotros mismos y con nuestro entorno, porque no hay mayor innovación que decir lo que realmente pensamos y sentimos. (2) Eliminar el juicio de los procesos donde intervenimos para permitir que el respeto pueda ser el lubricante de cada programa urbano. (3) Y permitir que el amor, y me refiero al amor urbano biodiverso18, pueda ser el motor de desarrollo para una vida que merezca la pena ser vivida.
El tercer paso consiste en que, desde estos tres atributos para coproducir Bening Affects, seamos capaces de modificar los términos de valor en los que hemos edificado nuestra vida en común. Giremos afectivamente, con esperanza y con seguridad, es decir, sin miedo a girar y a expresar nuestro giro, para que sean estos, los afectos movilizantes, los que puedan hacer emerger, aún con más fuerza, un Urbanismo Afectivo Trans que lo atraviese todo y dar así aproximaciones a los retos contemporáneos que tienen nuestras ciudades y nuestras sociedades para poder alcanzar una vida diferente. Que el urbanismo pueda ser siempre un motor de vida y no un lugar de destrucción.
Por lo tanto, las vías para el desarrollo de un Urbanismo Afectivo están abiertas. Se están dando cada vez con más frecuencia en las demandas de los estudiantes, en las prácticas comunitarias, en las aspiraciones de las organizaciones y necesitamos construir espacios nuevos para su desarrollo. Un modelo obsoleto se está derrumbando: lo vemos en los cuerpos, en los estados de salud mental, en el cansancio generalizado y en los esfuerzos que no logran disponer una vida más equilibrada y biodiversa. Los escenarios presentan un cuadro pesimista, pero tenemos la esperanza de mantener la creación de lugares con afectos movilizadores para desarrollar una vida que merezca la pena ser vivida.
1 Desde los escritos sobre Robert Moses, pasando por Saskia Sassen, o el libro editado por Self y Bose (2014) sobre el urbanismo financiero e institucional.
2 En el caso de Spinoza, según Deleuze, el grito se expresa en la Proposición II de la Parte III de la Ética.
3 Para conocer más véase Lara y Enciso (2013).
4 "Problemas perversos" sería una traducción literal de la expresión en inglés wicked problems, denominación extendida hoy para definir a los problemas complejos contemporáneos que provienen de situar la naturaleza de los problemas de urbanismo: "Planning Problems are wicked problems" (Rittel y Webber 1973).
5 […] policies that respond to social problems cannot be meaningfully correct or false; and it makes no sense to talk about optimal solutions […] there are no solutions in the sense of definitive and objective answers. [N. del E. Todas las citas que provienen del inglés fueron traducidas por el autor].
6 How far can or should the world be reduced to a single mode of representation or reasoning? (Homogeneity and heterogeneity) […] How far we take wicked problems by drawing everything that is relevant together? (Centering and decentering) […] How open are we to the unexpected? or (the same question posed differently) How dogmatic should we be in claiming that we have the tools we need to tame the wicked? […] (Closing and opening) […] or in what measure begin problems and the tools, stories, and orderings that go with them have, or should have, imperialist ambitions. How far do or should they seek to extend their scope? (Hegemony and modesty) [N. del E. Todas las citas que provienen del inglés fueron traducidas por el autor].
7 Incluimos todos los nombres que se le dan al urbanismo blando, eventual o performático, como los Project for Public Spaces (PPS), Placemaking, Tactical Urbanism, Pop up Retails, urbanismo de guerrilla o DIY Urbanism y la idea de "performar lugares", que en su institucionalización es un motor para los devenires del mercado financiero inmobiliario o que, en sus procesos más informales, muestran la fragilidad y breve durabilidad que se lleva con ellos los esfuerzos, afectos y esperanzas de los colectivos implicados en su precariedad.
8 "Imperialist ambitions are insensitive to the wickedness of specificities, handling theses poorly or damaging them." [N. del E. Todas las citas que provienen del inglés fueron traducidas por el autor].
9 Los trabajos citados por Law pueden encontrarse en Mol (2008).
10 "All points seem to revolve around the individual's subjective feelings - whether of frustration, anxiety, stress, fulfilment. The citizen recedes; the therapeutic self prevails" [N. del E. Todas las citas que provienen del inglés fueron traducidas por el autor].
11 "For it is quite clear that there are enormous emotional costs and benefits for individuals or groups in being shaped by particular institutions in particular ways. However, it is often quite difficult to show what is at stake for the individual or groups in submitting to such institutions and embracing certain affective styles that render them deferential, obedient or humble - or independent, aggressive and arrogant" [N. del E. Todas las citas que provienen del inglés fueron traducidas por el autor].
12 Los hallazgos del Seminario Urbanismo Afectivo en Madrid se compilaron en un booklet titulado Concepts and critique of the production of space: Urbanismo Afectivo (Knierbein, Krasny y Viderman 2015).
13 La entidad fundada y desarrollada por el autor de este artículo junto a Esaú Acosta y Miguel Jaenicke del 2009 al 2019.
14 Al día de hoy se siguen extendiendo los talleres y seminarios de Urbanismo Afectivo y las formaciones académicas independientes como las Ecologías Afectivas.
15 Véase este desarrollo en Estudio [SIC] / Vivero de Iniciativas Ciudadanas (VIC) (2015).
16 El seminario "Patrimonio Afectivo" (Montevideo, febrero de 2018), fue dictado junto a Adriana Goñi, directora del seminario, antropóloga y profesora de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UDELAR. Especial reconocimiento a Marcelo Danza por su acogida en la Facultad de Arquitectura; a Silvana Pisano de la Intendencia de Montevideo, por su impulso; a Valerio, Leandro, Cecilia, Lucía, por la alegría, el conocimiento y la sensibilidad de trabajo durante los días del seminario; a los estudiantes y a todas las personas vinculadas con los proyectos que hemos visitado y reconocido en conjunto, buscando nuevas formas de emparentarnos. Sobre el seminario puede consultarse el texto "¿Quieres tomarte un café con la ciudad vieja? Urbanismo afectivo" (Gil-Fournier 2023).
17 Mares de Madrid es un proyecto con financiación europea del programa Urban Innovative Actions (UIA) desarrollado en Madrid durante los años 2016 a 2019 y coproducido por el Ayuntamiento de Madrid junto a las entidades socias Tangente, Dinamia, estudio SIC, Vivero de Iniciativas Ciudadanas, Todos por la Praxis, Acción contra el Hambre, y la Agencia de Empleo del Ayuntamiento de Madrid.
18 Sobre esta clase de amor véase Gil-Fournier (2021), y sobre biofilia véase Wilson (2021).