Cómo citar: Mora Pedraza, Javier Orlando. "Jardines rebeldes. Del derecho a la ciudad a la revolución verde". Dearq no. 38 (2024): 64-74. DOI: https://doi.org/10.18389/dearq38.2024.06

Jardines rebeldes. Del derecho a la ciudad a la revolución verde

Javier Orlando Mora Pedraza

jomorap228@gmail.com

Politecnico di Milano, Italia

Recibido: 14 de abril de 2023 | Aceptado: 12 de octubre de 2023

Las estructuras sociales podrían construirse de abajo hacia arriba, contrario al modelo tradicional, y una de las maneras de hacerlo es a través de iniciativas colectivas de diversos tipos. Es así como a finales del siglo XX surgió el denominado bottom-up urbanism, un enfoque alternativo de planificación liderado por los ciudadanos para transformar los espacios urbanos. En este sentido, este artículo tiene como objetivo exponer el proceso de planificación, ejecución, y funcionamiento de una serie de iniciativas originadas en unos barrios populares del sur occidente de Bogotá, que produjeron jardines y huertos en lugares sin uso específico o abandonados.

Palabras clave: huertas urbanas, organización popular, urbanismo participativo, inteligencia colectiva, jardines urbanos, informalidad, autogestión

Podría decirse que es el momento del verde. En los medios de comunicación, la academia e incluso en conversaciones cotidianas, se menciona la importancia de buscar un futuro sostenible y respetar y cuidar el medio ambiente. En los últimos años, los gobiernos y las municipalidades han dedicado esfuerzos importantes para revitalizar y llenar de verde las urbes, con el desarrollo de parques y espacios recreativos. Un ejemplo podemos encontrarlo en un artículo publicado por la BBC1: "Así, en Barcelona, París y Suecia se apuesta actualmente por ciudades de proximidad, propuestas que coinciden en varios aspectos: restringir el espacio destinado al automóvil, creación de nuevos ejes verdes y favorecer la vida urbana de proximidad" (Mayorga y Fontana 2021).

Sin embargo, no solo ha habido una proliferación de proyectos de gran escala, también se ha experimentado un creciente interés por los jardines y huertos urbanos, los cuales pueden desempeñar un papel importante en el retorno de la naturaleza a nuestras ciudades, convirtiéndose en espacios de reserva de biodiversidad o corredores biológicos.

Los jardines y huertas no se pueden reducir a simples espacios verdes, ya que además hacen parte de una búsqueda de algo más profundo, son una especie de retorno a lo primordial. Estos espacios, asociado a prácticas de consumo por cuenta de la producción de ciertos alimentos, son a su vez un lugar de encuentro y construcción social. Es así como los jardines realizados por las comunidades de los barrios populares del suroccidente de Bogotá han convertido lugares degradados o descuidados en escenarios de transformación del tejido urbano. Constituyen un acto revolucionario, con intervenciones urbanas encaminadas a la revalorización de sus espacios, el fortalecimiento de la comunidad y a la transformación en pequeña escala de las ciudades.

El fenómeno que hoy se puede evidenciar en Bogotá, la ruptura de las relaciones sociales en las comunidades de los conjuntos cerrados, ha acentuado la división entre lo privado y lo público, con el progresivo deterioro no solo de los espacios colectivos, sino también de las interacciones entre las personas. En su artículo "Rejalópolis: Ciudad de fronteras", el arquitecto Fernando de la Carrera explica en profundidad este fenómeno experimentado en los últimos años:

La trama urbana tradicional, que obedecía a los requerimientos de infraestructura de predios individuales, ha sido reemplazada por súper manzanas que originan discontinuidad con las vías de los barrios preexistentes. Esta característica resulta en ambientes monótonos y en entornos menos permeables que impiden recorridos alternativos y redundantes que vitalizarían la vida y las relaciones urbanas (paráfrasis de Jacobs en De la Carrera 2015, 19-20).

Los habitantes de los barrios bogotanos han visto cómo gradualmente han perdido participación en la toma de decisiones sobre sus barrios, que en otros tiempos se construían mediante la autogestión espacial y la colaboración; el geógrafo británico David Harvey denomina a ese fenómeno como "alienación de la sociedad", en una entrevista del 2015 en Bogotá:

El neoliberalismo nos ha entrenado para ser cínicos, de manera que no creemos que algo significativo pueda pasar, y que no podemos hacer algo significativo con nuestras vidas. Creo que el neoliberalismo ha sido profundamente alienante, la gente vive de manera alienada y esto es en cierto sentido un estado de desesperanza (Harvey 2015).2

Sin embargo, en ciertos conjuntos de vivienda de interés social sus habitantes han desarrollado una forma diferente de organización colectiva —táctica, empírica y local—, con un nivel de planificación justo para aprovechar el caos y permitir la flexibilidad y adaptabilidad. Es así como en la citada entrevista, Harvey indica que, "se necesita un poco de caos para poder hacer algo, el caos total es malo, pero una cierta cantidad de este puede ser un suelo fértil para hacer cosas diferentes e innovadoras" (2015).

En este contexto se propicia un ambiente de encuentro e intercambio entre distintos tipos de personas que, en circunstancias diferentes a las que ofrece su lugar de residencia, no lo hubiesen hecho, provocando interacciones espontáneas y accidentales, haciendo la vida urbana mucho más activa y vivaz que la de los distritos de estratos socio económicos más altos. De la Carrera expresa las razones que explican esta apreciación:

Los barrios que han evolucionado de esta forma, aunque puedan presentar paisajes urbanos inconclusos y aparentemente desordenados, ostentan una vida urbana rica, que produce comunidades heterogéneas. Son también entornos más controlados por los propios vecinos gracias a las frecuentes oportunidades de acceso y también menos dependientes de los desplazamientos al contar con comercios y servicios en sus inmediaciones (2015, 21).

Las heterogéneas comunidades que conviven en estos barrios están constituidas por familias de diferentes orígenes y tradiciones, que deben compartir un espacio de uso común bajo las estrictas reglas de la propiedad horizontal3, lo que restringe muchas iniciativas de participación comunitaria. Como consecuencia de esta "hiperreglamentación"4, muchas intervenciones barriales se realizan en los espacios públicos adyacentes en lugar del interior de los conjuntos, ya que son espacios públicos percibidos con poco valor y que más parecen residuos desechables de la urbanización que lugares de encuentro, esparcimiento y construcción social.

Es en este limbo donde se evidencian una serie de prácticas que a menudo han sido estigmatizadas por las instituciones públicas, que son responsables de la gestión, adecuación y mantenimiento de los espacios públicos, pero que se han mantenido al margen y han dejado estos lugares a merced de su deterioro. Estas intervenciones son una muestra de la vitalidad y el trabajo colectivo llevado a cabo en estos barrios, encontrando en los jardines y huertas un medio para la consolidación de sus comunidades. Este elemento no solo tiene un carácter funcional que brinda una alternativa en la búsqueda de sociedades resilientes a través de la soberanía alimentaria, sino que también tiene un carácter trascendental al proveer un sentido en una época con enormes desafíos en términos ambientales y sociales.

Según el informe, "Situación actual del espacio público verde en Bogotá", publicado por la ONG Greenpeace (2020), el 80 % de la población de Bogotá vive con déficit de áreas verdes. Entre los hallazgos se determinó que, como sugiere la Organización Mundial de la Salud, cada ciudadano debería contar mínimo con 10 m2 de espacios públicos verdes, y que localidades en déficit como Kennedy cuentan con solo 4,4 m2 por habitante. Por tal motivo, este estudio exploratorio de los jardines y huertos urbanos presenta algunos casos de esta zona de la ciudad, representativa en el contexto bogotano como se evidencia en la Encuesta multipropósito del 2017 (EM 2017) realizada por la Alcaldía Mayor de Bogotá y el DANE, en la cual valores como el índice de condición de vida (ICV)5 corresponden a la media de la ciudad y en donde el predominio del uso del suelo es residencial.

Esta investigación es un primer acercamiento, encaminado a analizar los procesos de planificación, ejecución y funcionamiento llevados a cabo por las personas, organizaciones populares y comunidades involucradas en proyectos autogestionados de huertas y jardines urbanos en la zona suroccidental de la localidad de Kennedy. Por tal motivo se llevaron a cabo entrevistas y conversaciones con los actores involucrados en tales procesos, así como un par de visitas a lo largo del tiempo para identificar los cambios experimentados entre las fases de inicio, desarrollo y consolidación de estos espacios. Finalmente, a modo de conclusión, se hará una revisión del impacto producido en las comunidades, junto con el material recopilado previamente para comprender la forma en que las personas se aproximan y gestionan estas prácticas, en general al margen de las entidades públicas.

Cabe mencionar que en Bogotá la práctica de la huerta urbana está debidamente reglamentada por el acuerdo 605 del 2015, en donde se estipulan los lineamientos orientados al acompañamiento, promoción, divulgación y registro de estos espacios. El sociólogo Farid Garzón en su tesis de pregrado "La huerta urbana en Bogotá: Interpretaciones y modos de hacer", resume la política pública que regula esta práctica en la ciudad:

En cuanto al primer lineamiento se menciona que la Secretaría Distrital de Ambiente en coordinación con el Jardín Botánico de Bogotá [José Celestino Mutis]6 y las secretarías de Acción Social, Desarrollo Económico, Gobierno y Salud son los encargados de asumir la responsabilidad de proponer y ejecutar programas de acción para facilitar la actividad y solventar así las necesidades insatisfechas con relación a la soberanía alimentaria (Garzón 2020, 48).

El tema ha sido objeto de estudio en los últimos años, particularmente en torno a la agricultura urbana. Ejemplo de ello son investigaciones tales como "Agricultura urbana agroecológica en la perspectiva de la promoción de la salud", publicado por Silvana Ribeiro, Claudia Bogus y Helena Wada de la Universidad de Sao Paulo en 2015; "Urban agriculture in the making or gardening as epistemology", publicado por Michael Granzow y Kevin Jones de la Universidad de Alberta en Canadá, en 2020; y "Home gardening and urban agriculture for advancing food and nutritional security in response to the COVID-19 pandemic", realizado por Rattan Lal de la universidad estatal de Ohio a finales de 2021.

Estos estudios toman como eje central el concepto de seguridad alimentaria, entendida como la disponibilidad estable de alimentos, que además incentiva hábitos saludables y respeto por el medio ambiente. Analizan a su vez aquellos espacios en sus ámbitos físico, espacial y económico, sin prestar mucha atención a los procesos sociales, valores culturales y prácticas asociadas a las huertas o jardines. Por consiguiente, el presente artículo se aproxima a esta experiencia de un modo diverso, mediante la presentación de estos espacios no solo como simples jardines comunitarios, o proyectos de agricultura urbana, sino también como una visión de la jardinería como acción que propicia nuevos modos de vivir, crear, pensar y hacer la ciudad.

Bogotá, y en particular sus zonas periféricas, han experimentado en los últimos años la aparición de movimientos sociales encaminados a potenciar la práctica de la agricultura urbana, es así como en la tesis de Garzón se identifican colectivos como "Mujer, tierra y memoria" o la "Red agroecológica del sur", los cuales han venido desarrollando proyectos en zonas vulnerables del suroriente de la capital:

El colectivo Mujer, tierra y memoria junto con la Red Agroecológica del Sur, realizó diversos recorridos por diferentes huertas de la localidad de Ciudad Bolívar a finales del 2020 […] no solo con el ánimo de compartir saberes y mostrar los frutos del trabajo en la huerta […] sino también como vehículo para generar y sumar procesos, actividades y diálogo en torno a la protección del Parque Santa Viviana el cual se ha sido poco a poco afectando por la invasión de viviendas ilegales […]. (Garzón 2020, 56).

De ese modo podemos notar cómo estos espacios verdes, además de responder a una lógica de consumo y producción de alimentos, se constituyen en una alternativa para la protección y apropiación del espacio público, y es así como las huertas y jardines podrían ser considerados como elementos con un enorme potencial de cohesión y fortalecimiento de los individuos con su entorno y su comunidad.

¿Qué motiva a esas personas a salir y trabajar en un jardín? De modo similar a como ocurre en los ejemplos expuestos, durante las conversaciones con los habitantes de los barrios de la zona suroccidental de Kennedy se mencionó cómo muchos de ellos, habiendo crecido en entornos rurales, debido a la falta de oportunidades en sus lugares de origen tuvieron que trasladarse a las ciudades, en específico a sus suburbios, lugares que para la época (décadas de 1980 y 1990) carecían de oferta de servicios públicos y enfrentaban profundas problemáticas sociales y de planeación urbana.

Quizá, aquello que los mueve es esa necesidad de poner las manos en la tierra, de volver a estar en contacto con ésta, como el gigante Anteo de la mitología griega, que recuperaba cualquier fuerza perdida cuando caía y tocaba el suelo, y por ello mismo se volvía vulnerable cuando estaba lejos de la tierra. En su libro Jardines en tiempos de guerra, Teodor Cerić explica cómo en esta búsqueda además está implícita la nostalgia:

Los jardines (todos los jardines desde el parque de Versalles hasta el huerto más pequeño de cualquier suburbio) nacen del amor más desesperado que existe, el amor por una vida que ya no hemos conocido pero que nos es familiar, querida como una madre, y que nunca cesa de llamarnos. Nacen de un deseo que, allí, entre las plantas, se alivia, ya no quema y se convierte en una promesa (2018, 106).

Como característica de este tipo de intervenciones, se destaca su temporalidad y flexibilidad, dos aspectos que las diferencian de los procesos de planeación urbana convencionales. Es por esta razón que resultan ampliamente aceptadas por los ciudadanos, ya que se ajustan a su día a día y a las necesidades del momento. Sin embargo, como muchas de estas prácticas urbanas parten de espacios abandonados, terrenos baldíos o infraestructuras deterioradas, se encuentran con innumerables obstáculos a lo largo de su ejecución. Por este motivo, muchas de estas iniciativas tipo bottom-up son transitorias y culminan mucho antes de que puedan ser aprovechadas en todo su potencial. A pesar de ello, a continuación presento tres aproximaciones que hoy no solo siguen vigentes sino que se han fortalecido con el paso del tiempo:

jardines en tiempos de pandemia

Las piedras, las plantas y los animales ya no le hablan al hombre y el hombre ya no habla con ellos creyendo que no lo pueden escuchar. Su vínculo con la naturaleza se ha roto, y con él ha desaparecido la profunda energía afectiva que engendraban sus relaciones simbólicas.
Carl Jung, El hombre y sus símbolos

El primer ejemplo de este urbanismo bottom-up se ubica en el parque de la urbanización Ciudadela Primavera, ubicada en el suroccidente de Bogotá. Esta zona se caracteriza por el desarrollo, a principios del nuevo milenio, de viviendas de interés social. Durante el proceso de recopilación de información fue mencionado cómo los habitantes de la agrupación de vivienda Tabatinga Etapa 1, eran, en su mayoría, personas provenientes de Boyacá, una región agrícola por excelencia, muchos de ellos descendientes de familias campesinas. Al principio, algunos intentaron crear huertas comunitarias dentro de los conjuntos cerrados, pero debido a la excesiva reglamentación sobre los espacios comunes fue imposible llevar a cabo este proyecto.

El punto de inflexión correspondió a la cuarentena obligatoria decretada por la alcaldía a principios de 2021 para contener los brotes del virus SARS COVID-19. Las zonas verdes y los arbustos presentes en los senderos peatonales fueron abandonados por las instituciones, provocando su progresivo deterioro. Esto produjo que un grupo de vecinos se organizaran en un principio para la manutención de los setos de la especie Eugenia Myrtifolia, que debido a su porte y rápido crecimiento requiere poda frecuente. Sin embargo, este escenario les brindó la oportunidad de recuperar la idea de los huertos y jardines comunitarios, utilizando los espacios libres del parque.

Figura 1

Figura 1_ Setos de la especie Eugenia Myrtifolia, ubicados sobre la entrada a uno de los conjuntos residenciales de la Ciudadela Primavera (febrero, 2022). Fuente: Foto de Javier Mora.

Este proceso inició como una iniciativa autónoma de María, una ama de casa habitante del conjunto que, durante el periodo de confinamiento, pudo delegar muchas de sus tareas a su esposo e hijos, dado que se encontraban todo el día en casa. Con un poco más de tiempo a su disposición, María comenzó a realizar el cuidado de los setos ubicados frente al ingreso de su residencia, motivada por la molestia que le producía ver el estado de abandono de los setos, y su pasión por la jardinería. Su entusiasmo fue compartido por otras amas de casa que se unieron progresivamente, y de esa manera surgió la propuesta de intervenir uno de los costados del parque contiguo, una franja verde en mal estado.

Fue así como se produjeron las primeras formas de apropiación del parque, gracias a lo cual se transformó un barrial en un pequeño jardín, cambiando así el imaginario espacial del lugar. Las materias primas utilizadas para estas transformaciones, aparte de la organización y colaboración entre vecinos, fueron madera, llantas, pintura y tierra, obtenidos en su mayoría por medio del reciclaje o compradas directamente por cada uno de los vecinos. Este trabajo mancomunado, hecho durante el periodo más duro de la pandemia, fortaleció los lazos entre los miembros de la comunidad, que se dedicó a la siembra de plantas ornamentales como el platanillo o el holly liso, hierbas aromáticas como la limonaria y la caléndula, y árboles frutales como la papayuela, el brevo, la ciruela y el durazno, frutos utilizados por la tradición popular para preparar postres y mermeladas.

Figura 2

Figura 2_ Árboles frutales como el durazno o el ciruelo, plantados en una esquina del parque, en un jardín delimitado con llantas recicladas (febrero, 2022). Fuente: Foto de Javier Mora.

Figura 3

Figura 3_ Franja verde del andén aprovechada para la siembra de hierbas aromáticas y árboles frutales, con vallado en madera reciclada. (febrero, 2022). Fuente: Foto de Javier Mora.

El fin de la emergencia sanitaria decretado por la alcaldía de Bogotá a mediados del 2022 no significó el fin de los jardines. Por el contrario, la red ciudadana se fortaleció con la creación de espacios de encuentro para enseñar sobre la siembra de huertos y jardines en entornos urbanos, gestionados por los propios vecinos. Asimismo, se aprovechó la oportunidad de entrar en contacto con funcionarios del Jardín Botánico de Bogotá que tenían un proyecto de reforestación en el parque, y no solo se consiguió la preservación de estas intervenciones en el espacio público sino también un taller de capacitación en prácticas de jardinería y agricultura urbana.

Hoy en día los espacios son gestionados por esta pequeña comunidad, la cual mantiene su autonomía como una simple agrupación de vecinos entusiastas por la jardinería. Muchos de los cultivos de estas huertas corresponden en su mayoría a plantas ornamentales o hierbas aromáticas, con pocos árboles frutales, de manera que este lugar, más que ser pensado para un aprovisionamiento de comida, es en realidad un espacio pedagógico que muestra a propios y visitantes las bondades de tener un huerto, enseña la gran variedad de plantas aromáticas y remedios caseros, formas de combatir plagas y la creación de abonos orgánicos con los residuos de cocina.

Figura 4
Figura 5

Figuras 4 y 5_ María, proveniente del departamento de Boyacá y de familia campesina, es una de las vecinas del sector encargada de la manutención del jardín (marzo, 2023). Fuente: Fotos de Orlando Antonio Mora.

re-naturizando el borde de la calle

Plantar un jardín es algo que siempre vale la pena. Si disponemos de poco tiempo, si alrededor de nosotros el mundo vacila y la muerte, en todas sus formas, avanza, lo único que podemos hacer es transformar una parcela de tierra, no importa cual, en un lugar acogedor, un lugar que acoja más vida.
Teodor Cerić, Jardines en tiempos de guerra

Otro ejemplo de este tipo de intervenciones lo podemos encontrar a solo medio kilómetro del parque de la Ciudadela Primavera. En esta zona se localizan, por un lado, los enclaves de conjuntos cerrados, y en el otro, el barrio Unir 1, urbanización propuesta por Mariano Porras y la cooperativa multiactiva Orión Ltda., en el año de 19927. El proyecto, que estaba planeado para terminarse en 18 meses, por cuenta de una mala administración solo entregó los lotes, sin casas, sin calles y sin servicios públicos, razón por la cual los residentes tuvieron que construir ellos mismos sus viviendas. Fue solo hasta 1996 cuando el barrio fue reconocido y desde ese momento empezó un lento proceso de dotación de infraestructura pública.

Figura 6

Figura 6_ Estado actual de un tramo de la calle 26 sur, a la altura del barrio Unir, a la izquierda, y los conjuntos de vivienda de la Urbanización Ciudadela Primavera, a la derecha (marzo, 2023). Fuente: Foto de Orlando Antonio Mora.

Uno de sus límites es la calle 26 sur, la única avenida que conecta este barrio con el resto de la ciudad. Aunque la administración municipal adquirió unos terrenos para ampliar la vía, hasta el momento es un proyecto incompleto que ha dejado algunos espacios sin un uso específico, con lo cual se ha conformado una franja que separa esta zona de las urbanizaciones aledañas. Aquel lugar no era propicio para crear un jardín por estar sus terrenos constituidos por escombros y gravas, donde, a priori, solo existían unos cuantos prados. La zona estaba ocupada por camiones que la utilizaban como una gran área de parqueo.

Figura 7

Figura 7_ Pequeño jardín localizado en uno de los tramos aún por desarrollar, invadido por autos. Es uno de los remanentes de las primeras intervenciones realizadas por los vecinos y sirve como barrera para evitar la expansión del área de parqueo (marzo, 2023). Fuente: Foto de Orlando Antonio Mora.

Los vecinos eran conscientes del largo proceso que les esperaba. Fue así como en el año 2016 en primer lugar un grupo de miembros de la comunidad se organizó para liberar la zona de los camiones. Una vez recuperado el espacio, reverdecieron el lugar con césped y plantaron especies capaces de sobrevivir a las extremas condiciones del contexto. Al cabo de unos meses, los jardines se habían llenado sorprendentemente de una variedad de arbustos y hierbas, como cartuchos, platanillos, yerbabuena, menta, ruda y cilantro, plantas capaces de soportar la contaminación y la polución de la zona. Allí donde antes no había más que tierra seca, poco a poco se fue llenando de vida. Cabe mencionar que hasta este punto fue un proceso llevado autónomamente con recursos propios de los vecinos involucrados en el proyecto.

Figura 8

Figura 8_ Uno de los tramos recuperados por los vecinos, que se constituye hoy en día como una de las áreas verdes más importantes de la zona gracias a su variedad en especies florares, que además ofrece refugio a diversas especies de aves (marzo, 2023). Fuente: Foto de Orlando Antonio Mora.

Han pasado ya un par de años desde que los primeros jardines comenzaron a brotar, y a pesar de que todavía existen zonas ocupadas por vehículos, el sector se mantiene como una de las pocas áreas verdes del barrio Unir. El vigor y la apropiación de esas primeras intervenciones se mantiene gracias a los vecinos. Fue así como después de una serie de trabajos de pavimentación y reparación de los andenes por parte de la alcaldía, la comunidad embelleció los espacios con plantas sembradas dentro de llantas reutilizadas. Además, se abrieron senderos con materiales como la guadua, para crear conexiones entre el barrio informal y las viviendas de los conjuntos cerrados.

Asimismo, a pesar de los años, el trabajo que se ha venido realizando en estos jardines sigue en continua evolución, y los lideres y vecinos reconocen que están dando los primeros pasos para consolidar los diferentes procesos involucrados en el proyecto, a pesar de las adversidades de todo tipo. En el año 2019 se estableció una alianza con la Junta de Acción Comunal para desarrollar mecanismos de participación, divulgación y preservación de estos espacios, involucrando el mayor número posible de miembros de la comunidad, además de la obtención de recursos encaminados a la manutención de estos jardines.

Figura 9

Figura 9_ Pequeño sendero realizado con guadua y tierra apisonada que conecta los barrios Unir y Ciudadela Primavera (marzo, 2023). Fuente: Foto de Orlando Antonio Mora.

Figura 10

Figura 10_ Bolardos y bloques de hormigón reutilizados por la comunidad después de las labores de pavimentación de uno de los tramos de la calle (marzo, 2023). Fuente: Foto de Orlando Antonio Mora.

revalorización del canal de la calle 38 sur

La jardinería, al poner el centro de gravedad del hombre fuera de él mismo, en el espacio a la vez familiar y misterioso de lo vivo, le permite reencontrar, al menos durante el tiempo que consagra a esa actividad, un bienestar perdido.
Marco Martella, Un pequeño mundo, un mundo perfecto

El último ejemplo corresponde a una serie de intervenciones llevadas a cabo por los habitantes de los barrios Patio Bonito y Riveras de Occidente, ubicados en el suroccidente de Bogotá y separados por un canal de aguas lluvias.

El barrio Patio Bonito tuvo su origen en uno de los procesos de urbanización informal más grandes experimentados en Bogotá a finales del siglo XX, y llegó a constituir una de las zonas más densamente pobladas de la ciudad. Por supuesto, sus habitantes tuvieron tuvo que afrontar desde el principio toda suerte de problemas debido a la carencia de servicios e infraestructura pública.

Por otro lado, el barrio Riveras de Occidente —surgido como respuesta de la Caja de la Vivienda Popular a los procesos de ocupación ilegal de lotes— cumplió para su desarrollo, en primer lugar, con la parcelación de lotes, luego con la dotación de servicios públicos y finalmente con la construcción de unidades de crecimiento progresivo encaminadas a proveer una solución a los problemas de vivienda en la zona. Este contexto produjo dos comunidades completamente separadas que, a su vez, por la presencia de un elemento divisorio como el canal, provocó el progresivo deterioro de la zona, la cual se transformó en un centro de recepción de basuras, así como en un lugar inseguro, frecuentado por expendedores de drogas y delincuentes.

Figura 11

Figura 11_ Don Carlos, uno de los representantes de la Junta de Acción Comunal, en un día de riego de las plantas sembradas en el borde del canal (marzo 2023). Fuente: Foto de Orlando Antonio Mora.

Como respuesta a esta problemática, a principios de 2020 la Junta de Acción Comunal y los vecinos del barrio se unieron para apropiarse de ese espacio y ganárselo a la delincuencia. Iniciaron por limpiar el borde del canal y luego dieron paso a la siembra de diversos tipos de plantas, no solo para embellecer los espacios, sino también para educar a los residentes más jóvenes. Fue así como lo que en un principio fue un proyecto puntual, se diseminó a lo largo del canal e incentivó a más personas a involucrarse en el proyecto. Hoy en día, la zona se ha revalorizado con una red de pequeños huertos y jardines que han propiciado la interacción de los habitantes del sector y su acercamiento con los vecinos del otro lado del canal.

Figura 12

Figura 12_ Plantas florares sembradas en materas de llantas reutilizadas, pintadas y embellecidas, para dar una nueva cara al borde del canal (marzo, 2023). Fuente: Foto de Orlando Antonio Mora.

Figura 13
Figura 14

Figuras 13 y 14_ Bordillos pintados con los colores de la bandera de Bogotá (rojo y amarillo); algunos de los carteles escritos incentivan el reciclaje (marzo 2023). Fuente: Foto de Orlando Antonio Mora.

Regularmente, la Junta de Acción Comunal, junto con ciertos colectivos de jóvenes, convocan a la comunidad por medio de una especie de minga (reunión de miembros de una comunidad que con sus saberes y herramientas trabajan en busca de algún objetivo común) con el objetivo no solo de llevar a cabo un trabajo comunitario, sino además como un medio que sensibiliza y educa a las personas del sector y los visitantes de otros barrios. Cabe mencionar que ningún miembro recibe remuneración económica por su participación, y que no todos los vecinos colaboran o apoyan el evento, sea por desinterés o por falta de tiempo. La financiación de estos proyectos deriva, en su mayoría, de recursos propios, ya que no existe ningún acuerdo con las entidades distritales.

Durante las conversaciones con los promotores del proyecto se hizo evidente cómo las diferentes intervenciones a lo largo del canal estaban encaminadas al embellecimiento de la zona, así como a fortalecer el tejido social por medio de la práctica de la jardinería y la recuperación y apropiación de los espacios públicos. Es por ese motivo que la presencia de plantas de tipo ornamental y aromáticas es predominante, su objetivo no era la producción de alimentos sino la recuperación de valores, saberes y prácticas tradicionales de las zonas rurales, por ejemplo, con el empleo de ciertas yerbas como remedios caseros.

conclusión

Gran parte del pensamiento progresivo actual no solo proviene de los gestores culturales y de personas involucradas en proyectos artísticos, sino también de la ciudadanía en general. Con este tipo de intervenciones se evidencian diversas formas de apropiación de los espacios de uso común por parte de una comunidad, en los cuales la naturaleza, adoptando la forma de jardines, juega un rol importante. Así lo cree Marco Martella (2020), quien cita una carta que el jardinero Jorn de Prècy8 le escribe en 1913 a su amigo, el escritor Hermann Hesse:

Esta idea le parecerá ingenua, querido Hermann. No olvide nunca que la naturaleza, desde siempre, ha venido en nuestra ayuda. Aunque no pueda curar nuestro "mal de vivre", ella calma, suaviza, intenta restablecer un equilibrio en nosotros recordándonos su lugar. Y continuamente, como una madre, renueva sus cuidados (Martella 2020, 69).

La actividad de la huerta y el jardín urbano no solo implica tener un lugar físico para desarrollarla, sino también el tiempo, la capacitación, las herramientas y la organización necesarias según el tipo de cultivo, sea de plantas ornamentales, aromáticas, árboles frutales, etc. A pesar de que el Estado por medio de campañas y políticas públicas aliente este tipo de actividades, no la tiene como una práctica que propicia la vinculación de diferentes sectores de la sociedad, que propone modelos basados en la autogestión y cooperación que conforman modelos de vida y organización social alternativos, sino como una actividad de ocio la cual, en los casos presentados, requiere de la inversión de recursos propios de sus participantes.

Los jardines se pueden constituir en un elemento identitario del lugar, del que se han apropiado sus habitantes, y con un mayor valor estético que de consumo. Es en este escenario donde las huertas y jardines llegan a favorecer espacios de construcción de tejido social, que incentivan la solidaridad, la autonomía, la seguridad y la dignidad. Si bien esta actividad en un principio está influenciada por los procesos de la sociedad de consumo en respuesta a necesidades específicas del momento, como el aprovisionamiento de cierto tipo de alimentos, a su vez se constituye en acciones de carácter popular que materializan la forma como los miembros de aquellas comunidades conocen y perciben su mundo, en un medio que concientiza, sensibiliza y transmite los valores a los demás miembros de la sociedad.

bibliografía

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  3. Garzón Méndez, Farid J. 2020. "La huerta urbana en Bogotá: Interpretaciones y modos de hacer". Tesis de pregrado en Sociología, Universidad Santo Tomas de Aquino, Bogotá. https://repository.usta.edu.co/handle/11634/34913
  4. Greenpeace. 2020. "Situación actual del espacio público verde en Bogotá". chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.greenpeace.org/static/planet4-colombia-stateless/f35550fa-deficit_areas_verdes_ajustado.pdf
  5. Harvey, David. 2015. "Construcción rebelde del territorio". Entrevista a David Harvey en El Trébol por Arquitectura Expandida, Bogotá, febrero 15. https://www.youtube.com/watch?v=EItp4Ilcjnc&t=79s&ab_channel=TerritoriosLuchas
  6. Jung, Carl. 1969. El hombre y sus símbolos. Barcelona: Caralt editores.
  7. Martella, Marco. 2020. Un pequeño mundo, un mundo perfecto. Barcelona: Elba.
  8. Mayorga Cárdenas, Miguel y María Pía Fontana. (2021). "París, Estocolmo y Barcelona: ciudades con un urbanismo que piensa en las personas". BBC News Mundo (15 de abril). https://www.bbc.com/mundo/noticias-56747117.

1 La British Broadcasting Corporation es el servicio público de radio y televisión del Reino Unido. Tiene su sede en la Broadcasting House en Londres.

2 El catedrático de Antropología y Geografía de la City University of New York, David Harvey, fue entrevistado en febrero de 2015 por el colectivo Arquitectura Expandida (AXP) durante una visita al proyecto "El Trébol", en la localidad de Kennedy (Bogotá), una intervención de recuperación de un espacio comunitario liderado por los vecinos del barrio.

3 Ley 182 de 1948, conocida como Ley de propiedad horizontal, sanciona la posibilidad de existencia de varias matrículas inmobiliarias en un mismo predio.

4 Concepto mencionado por primera vez por el colectivo Arquitectura Expandida (AXP) con motivo de la implementación del proyecto de arquitectura participativa Toque Madera en Bosa en el 2019. Se refiere a la excesiva reglamentación del uso de las zonas comunes en el interior de los conjuntos de vivienda por parte de sus habitantes.

5 El ICV contempla cuatro valores que son: acceso y calidad de servicios, educación y capital humano, calidad de la vivienda, y tamaño y composición del hogar. El estudio encontró que el ICV promedio de Bogotá es de 90,9 mientras que el de la localidad de Kennedy es de 90,02.

6 Institución encargada, entre otras cosas, de promover y capacitar a los bogotanos sobre la agricultura urbana. Uno de los requisitos para acceder a este servicio es pagar una inscripción por un curso, el cual se realiza una vez al mes. Si se desea capacitación y asistencia técnica particular es necesario reunir un grupo de mínimo 25 personas, que cuenten con un espacio adecuado y las herramientas necesarias para desarrollar la capacitación.

7 La historia del barrio Unir 1 fue recopilada gracias a la conversación con María Antonia Tavera, residente del sector y presidenta de la Junta de Acción Comunal durante el 2014.

8 Jorn de Précy, filósofo y jardinero nacido en 1837 en Reikiavik (Islandia), autor del libro E il giardino creò l'uomo. Un manifesto ribelle e sentimentale per filosofi giardinieri, publicado en 1912.