Cómo citar: Medina, Juan Manuel y Eduardo Delgado Orusco. "De radares y emergencias, 'estar fuera del radar'". Dearq no. 37 (2023): 88-114. DOI: https://doi.org/10.18389/dearq37.2023.09

De radares y emergencias,
"estar fuera del radar"

Juan Manuel Medina

jm.medina@upm.es

Escuela Técnica Superior de Edificación.
Universidad Politécnica de Madrid, España

Eduardo Delgado Orusco

edelgado@unizar.es

Escuela de Ingeniería y Arquitectura.
Universidad de Zaragoza, España

Radar: Sistema que utiliza radiaciones electromagnéticas reflejadas por un objeto para determinar la localización o velocidad de este.
Diccionario de la lengua española

Existir es la conclusión descartiana de un axioma; sin embargo, estar es tan solo una frágil condición temporal e inexorable. Estas dos certezas determinan nuestra vida y nos sitúan en el espacio y en el tiempo como seres humanos; mientras que lo que nosotros podemos decidir libremente, ya sea de manera voluntaria o accidental, es la forma en la que estamos o existimos en la tierra.

Estar en la arquitectura, históricamente, ha tenido que ver con un reconocimiento de pares. Los parámetros de la disciplina son construidos y determinados por la propia disciplina y por cánones arrogados por esta, y para "estar", la arquitectura debía ser reconocida y estar en los premios, estar en las bienales, estar en la academia. La disciplina autogestionada y con el hecho construido como objeto de estudio. Estar en el objeto de la crítica, las publicaciones y, hoy en día, en las redes sociales, es una forma de estar. El foco está en la propia arquitectura y su arquitecto. Por eso, si "estás", estás bien.

Cumplir en la arquitectura, históricamente, siempre ha tenido que ver con la relación que tiene esta con el resto de los actores del proceso que rodean el hecho construido. Cumplir con la normativa, cumplir con las expectativas económicas y del cliente, con la propia disciplina, en definitiva, ha determinado el rumbo de nuestros anhelos profesionales en una suerte de superación para cumplir con todo y con todos, cumplir. Si cumples, también "estás" bien.

Estar y cumplir está bien, indeclinablemente sí; pero, en algunos casos, esta forma de transitar la disciplina, en su afán por estar o por cumplir, se ha olvidado de las personas, sobre todo de aquellas que no ganaron. El mundo de la meritocracia (nuestro mundo) divide a las personas en ganadores y perdedores en un mundo de desigualdades; cuanto mayor es la sensación de que merecemos nuestro destino, porque lo conseguimos con nuestro esfuerzo, menor es nuestra capacidad empática para pensar en aquel que no se esforzó lo suficiente (Medina del Río y Borrego Gómez-Pallete 2021). La autocomplacencia justificada y la cultura del mérito hace que nuestra posición nos deje lejos de lo mundano, de lo feo y de lo falible. La arquitectura no es ajena a este efecto y debe volver a su raíz, volver a la discusión filosófica sobre el servicio a la persona y el entorno natural como los centros principales de discusión.

En este número de la revista Dearq, nos propusimos explorar otra manera de estar, estar "fuera del radar". Estar "fuera del radar" no es un fracaso, es una decisión. Vivir con el ojo vago (Millás 2002), vivir en el mundo que se ve con "el rabillo del ojo", es vivir en el límite, en un lugar difuso no determinado de continua duda e indecisión que permite al ser humano, al "arquitecto humano", estar alerta, continuamente sorprendido y emocionado, con la capacidad innata propia de un niño que aún no sabe lo que le depara el mañana, cuando en cada momento algo nuevo y sorprendente puede pasar. Cuando un niño se sienta en el umbral que proporciona el zaguán de la entrada de su casa, con su madre, quizás cocinando a su espalda en la cocina, sabe que el mundo y lo desconocido lo espera allí adonde lo lleva la vista; pero, a su vez, siente detrás suyo el aliento protector de lo conocido, ese que le vuelve valiente y poderoso. Un día, ese niño se desplaza y sale a conocer, piensa que está traspasando un límite, mas, en realidad, lo que está haciendo es el umbral cada vez más grande, acercándose siempre al límite, siempre habitando el umbral.

Como en la paradoja de Zenón, de Aquiles y la tortuga, el ser humano siempre piensa que alcanzará el límite y entonces, justo en ese instante, el límite se desplaza, imperceptible, para permitir al explorador continuar en el umbral de lo conocido. En esa búsqueda del límite, exploramos lo ancho y vasto que puede llegar a ser un umbral y salimos del hogar. Estar fuera del radar significa vivir "como" extranjero en un nuevo lugar, que es, en palabras de Jean-Marc Besse (2019, 217), vivir no estando dentro, "sino permanecer, voluntariamente o no, al borde de este mundo, al margen". Tiene que ver con vivir en ese límite, en el umbral de la propia arquitectura, que no es ni dentro ni fuera, sino en una incertidumbre que habilita estar sin estar, vivir "fuera de juego".

pero esta forma de estar se cruza con algo inexorable, la emergencia

Emergencia: "Situación de peligro o desastre que requiere una acción inmediata". "Acción y efecto de emerger".
Diccionario de la lengua española

Los territorios emergentes y las gentes que los habitan, en términos globales, son lugares indefinidos y de límites difusos. Los indicadores que los clasifican política y socialmente como emergentes están en discusión y no existe un consenso sobre cuáles son los atributos que los determinan. Todo eso es cierto; sin embargo, estos territorios comparten algo de manera ineluctable, viven fuera del radar de la arquitectura. Alejados de los focos de discusión disciplinares, sus crecimientos exponenciales han sido espontáneos y naturales, con lógicas basadas en la ocupación no planificada del lugar, la autoconstrucción y la explotación ambiental. Si bien las causas que llevaron a estos territorios a este tipo de crecimiento complejo son discutibles, el hecho cierto es que estos invariantes tipológicos son innegables y, también es cierto, que requieren nuestra atención de manera urgente.

En los territorios emergentes, hoy más que nunca, se encuentran, condenadas a entenderse, las arquitecturas silenciosas y las personas invisibles. Este encuentro es el ideal para provocar un escenario de discusión que aborde dos de los retos más acuciantes de la humanidad: la responsabilidad social y la responsabilidad ambiental, los signos de nuestro tiempo. Si ambos retos marcan la agenda del futuro de la política y del resto de reflexiones en todos los ámbitos, no podía ser menos en la arquitectura, ya que pocas disciplinas como esta son capaces de atacar ambos al tiempo.

La responsabilidad social en arquitectura se centra, casi siempre, en políticas y planes. Una mirada dogmática desde la normalización (otra vez) de gestión de recursos, ayudas y protocolos. La visión paternalista y anquilosada de la arquitectura social, en general, y de la vivienda social, en particular, vuelve a poner el foco en cómo se han de hacer las cosas para hacerlas bien, desde arriba hacia abajo. Los agentes públicos en modo doctrina y norma.

La responsabilidad ambiental en arquitectura, de nuevo desde arriba, trata de reducir el problema a la métrica del dióxido de carbono, de las fichas, las emisiones, sistemas y comportamientos energéticos. Cientos de normativas de obligado cumplimiento, sellos ambientales y guías de buenas prácticas se erigen en las lecciones (recetas) de cómo hacer las cosas, y todas ellas emergen desde los políticos de países que alguna vez derrocharon y consumieron voraces e insaciables y que hoy lavan sus conciencias en forma de sellos de calidad y mercadeo de demagogia.

Sin entrar en discusión sobre si es interesante que las normas sean claras y efectivas, y estando de acuerdo en que hay que regular las emisiones de dióxido de carbono, la pregunta que nos hacemos en este número disrumpe de manera provocativa sobre el establecimiento de lo que ya de por sí es bueno y plantea una pregunta algo más ácida y provocadora: ¿se puede afrontar el reto de la responsabilidad social y ambiental estando fuera del radar?

En lo ambiental, fuera del radar tiene que ver con las inteligencias colectivas y los recursos locales, con la cartografía de cosecha que permite identificar y recuperar los materiales y formas de hacer vernáculas, propias del lugar donde se produce la arquitectura. Tiene que ver con las transformaciones de objetos que hacen las propias personas que van a vivir los espacios de la arquitectura. Tiene que ver con topografía, la ecología y los seres vivos. Tiene que ver con la luz, el aire, el agua. En definitiva, tiene que ver con lo vivido, no con lo importado.

En lo social, fuera del radar tiene que ver con las comunidades, con la asociación de las personas que aprovechan su fuerza como colectivo en torno a saberes y formas de hacer para producir objetos y formas que, multiplicadas, pueden progresar y crear sus propios espacios. Tiene que ver con la cartografía de cosecha de inteligencias colectivas, que permiten generar tomas de decisión que emergen de lo que existe y de lo vernáculo, que provienen de las necesidades, desde abajo y no desde arriba, con el sentido de la esencia y el de la pertinencia. De lo efectivo frente a lo inmediato, no con la arquitectura humanitaria sino con la arquitectura de humanos.

presentación de proyectos

Los proyectos que presentamos, quijotescos y mágicos, no se avienen a la forma ni parafrasean la disciplina. No se crearon para estar para el resto de los arquitectos, ni para satisfacer la norma. Los proyectos que presentamos se crearon para ser soporte de la vida, la esencia y la pertinencia. Han conseguido, de algún modo, entender la "emergencia" como lo que es: algo que tenemos que atender ya, de manera inexorable y desde abajo, emergente desde la sabiduría de un lugar y de lo vivido.

Los arquitectos que presentamos, de algún modo, algún día salieron de sus fronteras, hicieron su umbral más grande, se acercaron a otros límites y entendieron que, en arquitectura, como dice Besse (2019, 208), una casa, más que un edificio, es "un grupo doméstico, una familia, una genealogía, una entidad humana hecha para durar, animada por creencias, valores, leyendas, nombres y una historia", y que "habitar", es considerarse seres provisionales de lugares "que no nos pertenecen". Estos arquitectos decidieron, de algún modo, viajar más allá de sus límites, con valentía y decisión, y se enamoraron de las personas que conocieron y de los lugares que descubrieron, y este enamoramiento con distancia les permitió actuar con responsabilidad, pero sin miedo a ser mirado (o juzgado) por el ojo crítico de la arquitectura o la academia, de la forma o de la disciplina. Se permitieron, en definitiva, ser habitantes en el extranjero y extranjeros en sus casas, viviendo, de nuevo, fuera de juego.

Centro Etnoeducativo Walirumana de Juan Salamanca Balén (La Guajira, Colombia)

Figura 1

Figura 1_ Centro Etnoeducativo Walirumana. Fuente: Juan Salamanca Balen.

Temas: de las comunidades indígenas, sus sabidurías ancestrales y la preservación de las culturas, de la arquitectura como primera necesidad. Del uso como motor de cambio centrado en la persona y la sostenibilidad, de Locally Fabricated (Lo-Fab), los oficios, los materiales, el clima y el medio ambiente. En definitiva, de la arquitectura de las personas.

Ubicado en el extremo de la geografía colombiana, cercano a la frontera con Venezuela, en un lugar extremo y relativamente desierto en el mundo, el proyecto del Centro Etnoeducativo Walirumana es, desde su propio nombre, poesía de arquitectura. La arquitectura resuena cuando la función alimenta lo esencial, y el centro propone un encuentro con una comunidad indígena, una etnia deslocalizada y superviviente en condiciones climáticas y de localización hostiles que se resiste a desaparecer y que se junta en un lugar donde poder tejer y generar una comunidad productiva.

Los usos pertinentes de los países emergentes tienen que ver con reunir para trabajar en suplir las necesidades esenciales del ser humano. Con recursos limitados y una institucionalidad débil, las poblaciones de gran parte del mundo carecen de límites físicos que permitan desarrollar un pensamiento local dirigido a garantizar una vida digna. La arquitectura, entonces, se dispone como espacio de refugio de lo que debe persistir, de las sabidurías ancestrales y los valores de un pueblo con identidad propia. Usos educativos, productivos, de reunión y de preservación de una cultura como programa de una arquitectura emergente de un lugar lejano.

La arquitectura es un qué y es un cómo pero, sobre todo, es un para qué y un para quién. A veces, nos empeñamos en entender el objeto más allá de entender su función; vemos el instrumento y no vemos la música, y la arquitectura no es música sin la gente que lo habita y que lo hace vibrar y en el centro Etnoeducativo Walirumana la arquitectura parece vibrar con las personas que lo viven.

Y cuando la arquitectura se presta a un fin esencial, se vuelve esencial; por ello, la forma no es importante, el espacio no es elocuente ni ensimismado, sencillamente es soporte. La condición extrema de un ecosistema difícil y maravilloso lleva a una reflexión sobre el calor, la falta de agua, la ausencia de recursos, la tierra yerma y áspera. Los materiales son del lugar, y responden al sentido común: la piel se viste de forma y cultura, y el lugar solo espera para llenarse de actividad y de aire, de vida y de sombra en el árido desierto, aire y sombra. Estos materiales son generados por procesos Locally Fabricated (Lo-Fab) y buscan, en lo vernáculo y lo que está a la mano y a través de inteligencias colectivas locales, provocar una arquitectura emergente del lugar.

Paredes que se vuelven celosías, caña que rescata el tejido del bareque y estructura de guadua para una materialidad que recuerda que la arquitectura es, en esencia, construida como un tejido, un elemento artesano que atesora los secretos del saber hacer de una etnia indígena. La sombra, el aire, la luz, una arquitectura sencilla e inteligente que, no solo contiene, sino que enseña y guarda los secretos de sabidurías ancestrales.

Anillo verde Vitoria-Gasteiz. Conectividad oeste entre el bosque de Armentia y el río Zadorrade Elena Escudero López e Irene Zúñiga Sagredo (España)

Figura 2

Figura 2_ Anillo verde Vitoria-Gasteiz. Imágenes comparadas tomadas en 2008 y 2022 en el mismo punto del recorrido. Fuente: Elena Escudero López e Irene Zúñiga Sagredo.

Temas: del diseño del territorio y de los límites metropolitanos. De la naturaleza y las estructuras ecológicas principales como parte del regreso a nuestro ser.

Las ciudades, como contenedores de vida, necesitan un límite. Desde la Antigüedad, las ciudades han querido apoyarse en sus límites para determinarse: las murallas, las colinas, los ríos y, más recientemente, la infraestructura circunvalar de movilidad como método de definición de límites. Estar dentro o estar fuera, el ser humano y sus conductas requieren el límite y su finitud para dar sentido y seguridad a su habitar. El proyecto de conectividad entre un bosque y un río complementa un anillo, el anillo verde de Vitoria-Gasteiz, y muestra un nuevo concepto de límite metropolitano, un límite difuso, como el que hablamos en nuestro artículo del límite de este número: todo lo difuso que puede ser la línea conformada por la naturaleza. Una suerte de árboles, senderos y agua generan una forma indefinida pero reconocible que permite generar una transición amable entre el exterior y el interior. Traspasar el límite entrando o saliendo de la ciudad ocurre en un tiempo determinado de contacto con la naturaleza, un umbral natural metropolitano.

El diseño del territorio es, en este proyecto, una acción de reconocimiento de estructuras ecológicas principales, la búsqueda de la riqueza de un lugar por su preexistencia antes de la trama urbana y su la recuperación dentro de ella. Se trata de hacer convivir al ser humano con su entorno natural como un ineludible camino hacia el futuro. Cuando determinamos una estructura como esta, cuando la reconocemos, identificamos y nombramos, y cuando además la dotamos de uso (el límite vivido), provocamos un efecto no solo de redescubrimiento de nuestra condición natural; generamos un sentido de pertenencia, no únicamente a un lugar, sino a una forma natural propia del lugar.

Un proyecto que ordena el paisaje para permitir que siga siendo un límite difuso, un lugar para vivir donde la arquitectura no está. Solo queda el soporte natural, la arquitectura quedó fuera del radar.

Palacio de Exposiciones de Quang Ninh de Salvador Pérez Arroyo (Vietnam)

Figura 3

Figura 3_ Palacio de Exposiciones de Quang Ninh. Vista desde el mar. Fuente: Salvador Pérez Arroyo.

Temas: del arquitecto como traductor de mundos. Del hito como punto de arranque para la identidad de unas gentes y el sentido de pertenencia a un lugar.

El mundo crece, se multiplica, de manera sistémica y desordenada. Ese desorden emerge de la necesidad y, por tanto, contiene el esfuerzo necesario para crearse. La arquitectura que vimos en los primeros proyectos es de este tipo: una arquitectura posible y deseable, con materiales del lugar, con inteligencias propias de las comunidades y la historia. Sin embargo, la arquitectura, en ocasiones, funda.

Fundar tiene que ver con nombrar y, con ello, dotar de un futuro a un lugar, para generar memoria con su actividad, pero también con su forma. La arquitectura, a veces, se convierte en el detonante de un imaginario, se convierte en un recuerdo. Como pasó en Sídney, en Nueva York o en Brasilia, por poner algún ejemplo de los múltiples que podríamos recordar, la arquitectura dio forma a un lugar y el lugar quedó definitivamente ligado a una imagen arquitectónica. En los países emergentes, donde la forma viene dada por los accidentes geográficos, donde la arquitectura no está nunca en el radar, a veces, necesita un hito, un punto de arranque de un resurgir.

El proyecto de un arquitecto que siempre vivió en un maravilloso y elegante fuera de radar da forma a una población, Quang Ninh, pero también a una bahía e incluso a un país. Genera identidad para un pueblo humilde y anónimo para el mundo y pone, de manera elegante y rotunda, su nombre en el mundo. Sentido de pertenencia, hito y fundación.

a modo de conclusión

Hablar de los límites, de las búsquedas y de estar sin estar, unido al reto de editar un número de arquitectura que habla de cosas que no están en el radar de nadie pero que pronto pueden estarlo, son ideas que comenzaron con conversaciones de café y disconformidad con lo establecido entre dos arquitectos amigos, de una desorientación afín y, en cierto modo, soñadores. Y las conversaciones se convirtieron en reto y el reto en algo extraordinario y emocionante, el número que hoy publicamos.

La realidad maravillosa es que la principal conclusión del número es, precisamente, que no hay conclusión; nada está hecho ni planteado. Lo establecido nos enseña lo que fue, la arquitectura que conocemos y publicamos una y otra vez, pero perseguir y trasgredir el límite es más sugerente que vivir dentro de sus fronteras. Más aún, la sugerencia es, precisamente, habitar el propio límite.

Si tenemos que existir, decidamos (con perdón) hacerlo quedando fuera de juego, fuera de radar. No estemos por estar ni cumplamos por cumplir y, más bien, perdámonos en el bosque incómodo que espera fuera de nuestro círculo de confort. Permitamos que la ilusión y la sorpresa nos coja desprevenidos, desaprendamos para aprender, desandemos para avanzar un poco y preparémonos para aportar, no en aquello que sabemos hacer, sino en eso que se necesita.

bibliografía

  1. Medina del Río, Juan Manuel e Ignacio Borrego Gómez-Pellete. 2021. "Vivienda 2.0: Imaginando un futuro". Dearq, n.º 31: 80-87. https://doi.org/10.18389/dearq31.2021.08
  2. Millás, Juan José. 2002. Dos mujeres en Praga. Barcelona: España.
  3. Besse, Jean-Marc. 2019. Habitar. Bogotá: Luna Libros-Ediciones USTA-Editorial Universidad de Guadalajara.
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