Cómo citar: Mejía Hernández, Jorge. "¿Independencia o xenofobia? La arquitectura y las paradojas de la descolonización". Dearq no. 36 (2023): 46-53. DOI: https://doi.org/10.18389/dearq36.2023.06

¿Independencia o xenofobia?
La arquitectura y las paradojas
de la descolonización

Jorge Mejía Hernández

j.a.mejiahernandez@tudelft.nl

Delft University of Technology, Paises Bajos

Recibido: 23 de junio de 2022 | Aceptado: 1 de febrero de 2023

Descolonizar puede tener diferentes sentidos, según la definición del término colonia que utilicemos. En arquitectura, los llamados estudios decoloniales sugieren una apertura hacia nuevas formas de conocimiento. Por otra parte, quienes los practican habitualmente incurren en diferentes formas de determinismo, que acaban por limitar este potencial. Tras identificar contradicciones notables en su formulación, el artículo sugiere alternativas empíricas, epistemológicas y metodológicas a los estudios decoloniales, provenientes de dos aproximaciones recientes a la arquitectura que podrían resolver algunos aspectos problemáticos observados en el proyecto descolonizador.

Palabras clave: determinismo, historiografía arquitectónica, estructura y agencia, epistemología, posmodernismo, teoría crítica.


descolonizar la arquitectura

En el idioma español, la palabra colonia tiene varios significados. Los dos más comunes refieren, por una parte, a un grupo de personas que, procedente de un territorio, se establece en otro (e. g., la colonia gallega de Maracaibo); y por otra, a un territorio dominado o administrado por una potencia extranjera (e. g., la base aérea Ramstein, en Alemania) (RAE 2022). Con base en estas dos definiciones, rechazar o deshacer una colonia puede entenderse de diferentes maneras. Dependiendo de la definición que usemos, descolonizar puede ser un acto de independencia o una expresión de xenofobia.

En su versión más popular, los llamados estudios decoloniales (nótese el anglicismo) son aquella aproximación al colonialismo que intenta aplicar la teoría poscolonial a través de diferentes disciplinas.1 En otras palabras, mientras la teoría poscolonial (de la cual provienen) habitualmente se limita a estudiar el legado cultural, político y económico del colonialismo y el imperialismo europeos; dichos estudios intentan practicar dicha teoría con el fin de revelar y subvertir las jerarquías de poder que estructuran cada disciplina, tomadas por instrumentos de control y explotación de sujetos colonizados (Hutcheon 1991, 171).2

Esta diferencia fundamental implica, además, el paso de la raíz marxista que es común a la teoría desarrollada por Fanon, Said y Bhabha, a la adopción de un enfoque crítico basado en las ideas de Marcuse, Foucault y, más recientemente, en las de Butler o Bell, entre otros (Bonner 2011).3 Acarrea, finalmente, el paso de una teoría eminentemente moderna, que aún reconoce la posibilidad de un conocimiento objetivo de la realidad, y al ser humano en términos individuales y universales a la vez, a una práctica posmoderna que rechaza el conocimiento objetivo y remplaza al individuo por colectividades poderosas y privilegiadas (o explotadas, oprimidas y marginalizadas) definidas a partir de identidades ambiguas y complicadas (Delgado y Stefancic 2012).

El siguiente aparte, formulado desde otra rama de los estudios críticos (conocida como fat studies) ilustra lo anterior:

A pesar de que no rechazamos completamente el método científico como forma de crear conocimiento sobre el mundo, una orientación crítica rechaza la noción de que es posible producir conocimiento objetivo, desprovisto de valores, o imparcial. Una orientación crítica igualmente rechaza la idea de que una u otra forma de crear conocimiento sobre el mundo es superior a otra o incluso suficiente […] Así, [estos “estudios”] se nutren del post-estructuralismo y de la ciencia feminista (dos ventanas más) que sostienen que no hay una sola verdad que se pueda generar sobre alguna cosa, que múltiples verdades son posibles dependiendo de quién esté preguntando y con qué propósito, y que el conocimiento no es apolítico incluso cuando se considera positivo (i.e., de valor neutral o imparcial). (Coveney y Booth 2019, 18)4

Estudiar la arquitectura desde esta perspectiva tiene ventajas y desventajas notables. Entre las ventajas, quizás la más evidente es la posibilidad de ampliar la perspectiva de aquello que podemos conocer, y de los medios que podemos utilizar para conocerlo. El rechazo posmoderno de las llamadas metanarrativas —entendidas como explicaciones generales, unívocas y usualmente incontrovertibles de la realidad—, nos permitiría explorar, evaluar y descubrir la arquitectura de formas creativas o insospechadas. Al revelar y eliminar obstáculos que minan la voluntad individual del arquitecto, la descolonización sería sin duda una forma de independencia.

paradojas de la descolonización

Paradójicamente, al relativizar toda forma de conocimiento y adoptar una postura cínica (esto es, desconfiada, despectiva o pesimista), los estudios decoloniales, en muchos casos, terminan enredados en su propia metanarrativa, impuesta como “urgente” y justificada desde un supuesto “consenso disciplinario”.5 Se requiere una visión determinista y reductiva de la realidad para creer, por ejemplo, que existe una arquitectura latinoamericana —así, en términos genéricos— y que, además, puede sujetarse a un “canon tradicional”, mientras quienes la producen se limitan a imitar modelos foráneos.

Según la historiadora Mardges Bacon (2015), un estudio riguroso de la evidencia histórica nos muestra que antes que desequilibrios de poder o influencias unidireccionales, toda arquitectura (incluso aquella producida por los llamados “grandes maestros euronorteamericanos”) se inscribe dentro de una maraña de antecedentes bien diversos. Concretamente, Bacon registra cómo algunas investigaciones tecnológicas y estéticas desarrolladas por Le Corbusier en sus célebres Unités d'Habitation parten del análisis llevado a cabo por algunos de sus colaboradores en la represa Hoover, Valle de Tennessee.6 Sus hallazgos resuenan con los de Ricardo Daza (2015), cuando sugiere que la configuración elemental de esas mismas unidades desarrolla temas morfológicos de las arquitecturas del sudeste europeo, observadas en estadios tempranos del proceso formativo del arquitecto.

Es evidente que como explicaciones, una supuesta influencia unidireccional proveniente del Atlántico norte, y su instrumentalización para controlar y explotar a los arquitectos latinoamericanos, dejan muchas preguntas sin resolver. Partiendo de estas hipótesis, ¿cómo debemos entender la influencia de Tomás Maldonado, Diana Agrest y Mario Gandelsonas, o más recientemente de Marcos Novak, Alberto Pérez Gómez, Hernán Díaz Alonso y Arturo Escobar en el discurso arquitectónico internacional? ¿Cómo explicar el éxito comercial de César Pelli, las obras de Tatiana Bilbao y Antonio Ochoa Piccardo en Francia y China, o el interés global por el trabajo de Pezo von Ellrichshausen, Gustavo Utrabo, Alejandro Aravena y Solano Benítez? ¿Cómo debemos evaluar la obra de Lina Bo Bardi, inscrita en la cultura afrobrasilera, o los poderosos efectos de las arquitecturas Dogon, magrebíes y mesoamericanas en los edificios de Aldo Van Eyck, Candilis Josic Woods y Jorn Utzon? ¿Cómo debemos asumir el papel que desempeñan las arquitecturas tradicionales y modernas del Japón en la obra de Obregón y Valenzuela y Bruno Taut? Finalmente, ¿no es acaso relevante que el enorme edificio teórico de Gottfried Semper se funde en el análisis de una cabaña trinitaria?7

A una escala mayor, la ciudad latinoamericana tampoco parece ajustarse a las explicaciones que ofrecen los estudios decoloniales, al entretejer trazas geográficas originales, remanentes de las arquitecturas de los primeros pobladores, visiones escolásticas, esquemas romanos, arquitecturas mudéjares, planes socialistas, especulación capitalista, y desarrollos informales, entre muchas otras capas. Una ciudad como Quito, por ejemplo, incorpora tal cantidad de arquitecturas coloniales (incaicas, españolas de origen celta, visigodo, romano y del califato Omeya, barrocas, neoclásicas, modernistas europeas y del estilo internacional o corporativo norteamericano) que resultaría prácticamente imposible trazar en qué dirección fluye cualquier influencia, o distinguir a quiénes les corresponderían los roles de opresores y oprimidos en ese contexto. Los esfuerzos de Carlos Martínez, por tender puentes entre el racionalismo modernista (en sus versiones francesa y alemana principalmente) y las arquitecturas de colonización española en Colombia; o de Francisco Ramírez, por entender los efectos del eclecticismo arquitectónico en diferentes momentos de nuestra historia reciente; simplemente confirman las enormes limitaciones de los estudios decoloniales para explicar temas cruciales de nuestra arquitectura (Arango y Martínez 1951; Ramírez Potes, Gutiérrez Paz y Uribe Arboleda 2000).

De cara a estas evidentes anomalías, podemos revisar dos aspectos de los estudios decoloniales que parecen especialmente problemáticos —su historicismo y su carácter reductivo— para sugerir alternativas teóricas y metodológicas con mayor capacidad explicativa, definiciones y criterios de evaluación más robustos, y mejores justificaciones para la dirección en la que deberíamos conducir nuestro trabajo.

historia cruzada

A pesar de que los llamados estudios decoloniales sugieren la posibilidad de ampliar el espectro de aquello que podemos conocer (y de las formas que podemos usar para conocerlo), también es claro que este potencial habitualmente se ve menguado por su postura historicista; al presumir que la historia está gobernada por explicaciones incontrovertibles (e. g., la arquitectura latinoamericana es fruto de la imposición unidireccional de un canon), ante los cuales los individuos yacen impotentes (Popper [1957] 2002a). Dicho de otra forma, los estudios decoloniales suelen dar por sentado que nuestras sociedades y los individuos que las componemos (en este caso, los arquitectos latinoamericanos) hemos carecido de agencia a través de la historia, al estar nuestras ideas y acciones predeterminadas por una estructura o sistema que existe por fuera (o a pesar) de nosotros (Doucert y Cupers 2009).

Como hemos visto, basta con reconocer la especificidad de diferentes arquitectos para que dicha explicación general se caiga por su propio peso. Conscientes de la necesidad de dar cuenta tanto de la agencia de los individuos como de la estructura que la articula en la construcción del recuento histórico, Michael Werner y Benedicte Zimmermann (2000) han desarrollado la historia cruzada. Dejando atrás los métodos comparativos, que contrastan entidades diferentes pero equivalentes para revelar una cuestión o problema común a través de sus diferencias y similitudes; y los llamados estudios de transferencia, que escriben la historia como una serie de influencias pasadas de un grupo humano a otro; la historia cruzada estudia las interdependencias que existen entre las diferentes partes del mundo:

[…] como historias enredadas, compartidas o conectadas, (desde) una perspectiva transfronteriza. Estas aproximaciones tienen en común la transición de los métodos comparativos de análisis centrados en entidades territoriales, o cualquier otra unidad predefinida, a las relaciones que fluyen a través de ellas y las interacciones que las constituyen, alejándose de aquellos enfoques que únicamente se centran en las relaciones entre estados. Dedicada al estudio de procesos que se intersectan en diferentes escenarios, la historia cruzada es impulsada por un cambio empírico, metodológico y epistemológico que incluye la redefinición del objeto de estudio. (Zimmermann 2020, 7)

Según Zimmermann, la historia cruzada nos permite comparar, pero también analizar y evaluar la forma en la que interactúan dos o más objetos de estudio. La diferencia con los estudios decoloniales es conspicua, en especial en los niveles empírico (i. e., la forma en la que seleccionamos nuestros objetos de estudio) y epistemológico (i. e., la forma en que obtenemos conocimiento de ellos).

Mientras los estudios decoloniales imponen una estructura predeterminada e incontrovertible (i. e., toda realidad social debe entenderse como un desequilibrio de poder), la historia cruzada elige sus objetos de estudio de manera fragmentaria, con el fin de revelar complejidades particulares en los temas que genuinamente le interesan a cada investigador. Por otra parte, mientras los estudios decoloniales hacen inseparables conocimiento y virtud moral, al imponer su interpretación de justicia como telos de su epistemología, la historia cruzada no presupone imperativos morales. Se puede afirmar, por ello, que es una aproximación abierta a la producción de conocimiento que intersecta las características del objeto estudiado, el enfoque seleccionado para abordarlas y —algo fundamental— el carácter individual del investigador. En lugar de influencias unidireccionales, la historia cruzada entiende que:

[…] cuando las sociedades entran en contacto unas con otras, incluso a través de vínculos tenues como aquellos creados por las redes virtuales, los objetos y las prácticas no solamente se interrelacionan sino que se modifican unos a otros como efecto de esa relación. Este es a menudo el caso en las ciencias y la innovación, donde las disciplinas y los paradigmas se desarrollan y cambian a través de procesos de intercambio mutuo; y también es cierto para las actividades culturales tales como la literatura, la música y las bellas artes, así como otras áreas prácticas tales como la publicidad, el mercadeo, la tecnología, el comercio, e incluso la política social. (Zimmermann 2020, 7)

Las historiografías de transferencia y los métodos comparativos, afirma Zimmermann (2020, 7 y 8), suelen estar pobremente equipados para comprender las diferentes formas de contacto que se generan entre diferentes individuos y sociedades, así como las diferentes interacciones y transformaciones que se derivan de ellas.8 Para estudiar estas formas de contacto, la historia cruzada se enfoca en los procesos de interpenetración y entrecruzamiento entre individuos y sociedades, y trata de comprender la complejidad de una realidad compuesta, plural y en movimiento, mientras desarrolla las herramientas requeridas para abordar la cuestión fundamental del cambio (Zimmermann 2020, 8).

El carácter a la vez relacional, interactivo y procesual que define esta aproximación a la historia, nos permite abordar las formas en las que lo local y lo global se coproducen mutuamente, y los diferentes niveles en los que se lleva a cabo cualquier interacción entre individuos y grupos humanos, especialmente en términos de espacio y tiempo. Desde esta perspectiva, dejamos de entender el tiempo y el espacio como factores que afectan cualquier objeto de estudio desde afuera, y empezamos, en cambio, a reconocerlos como dimensiones intrínsecas del objeto de estudio, y por tanto como parte integral de nuestro análisis (Zimmermann 2020, 8 y 9). Así, la historia cruzada implica una ruptura con la lógica de las escalas preexistentes o predeterminadas, habitualmente asociadas con naciones, culturas y fechas importantes. Implica además un rechazo al razonamiento dicotómico (e. g., centro y margen, opresor y oprimido, colonizador y colonizado), para enfocarse en cambio en las interconexiones existentes entre diferentes aspectos inextricables de la realidad (y en la forma en que se constituyen unos a otros).

Aquí es donde encontramos la contribución más significativa de la historia cruzada para superar el historicismo de los estudios decoloniales. Al abordar la historia desde una perspectiva estructural, nos vemos abocados a entender nuestra realidad en términos abstractos y generales; como macroprocesos sistémicos, prevalentes o de larga duración. En muchos sentidos, los estudios decoloniales corresponden a esta forma de ver la historia, capaz de abordar una realidad intrincada con explicaciones simples, como hemos visto. A esta visión estructural se debe que dichos estudios usualmente apelen a la inducción y la periodización como métodos.

Si, por el contrario, abordamos la historia desde la agencia, nuestro entendimiento se verá limitado a las escalas “micro” de la realidad, el corto plazo, la descripción de situaciones específicas y los efectos concretos de las acciones individuales de uno o más seres humanos.9 La popularidad de la que actualmente goza la etnografía como método de investigación sugiere un interés muy marcado por una historiografía de agencia entre los arquitectos. Resulta paradójico, sin embargo, que esta agencia no se entienda en términos eminentemente individuales, sino colectivos.

Frente a esta disyuntiva, la historia cruzada nos ofrece una alternativa sincrética, capaz de abordar estructura y agencia al mismo tiempo, al entender la realidad en diferentes escalas. Además de ello, la historia cruzada intenta abordar las diferentes temporalidades que definen cualquier objeto de estudio, mantiene su enfoque en la configuración de la realidad antes que en su contexto o su situación, y hace esfuerzos notables por estudiar los objetos en sus dimensiones conceptuales y reales a la vez. Una aproximación de esta naturaleza no se limita a estudiar objetos o acciones, como si fueran dos cosas distintas, sino que fluye de una a otra categoría y en muchos casos trata de estudiarlas de forma conjunta, especialmente en relación con las interacciones que establecen entre ellas (Zimmermann 2020, 11).

análisis transaccionales

Además de su habitual enfoque historicista, otra debilidad palpable de los estudios decoloniales radica en su carácter reductivo. La arquitectura es una disciplina politécnica, que se relaciona con el mundo y con las actividades humanas en muchos y muy diferentes niveles (Motta y Pizzigoni 2008). Frente a esta complejidad, dichos estudios no terminan de aclarar cuáles son aquellos aspectos del entorno construido, o de las disciplinas que lo producen, en los cuáles deberíamos llevar a cabo la pretendida descolonización. ¿Se trata acaso de una cuestión estilística, tecnológica o funcional; o de una campaña netamente ideológica?10 Tampoco es claro si aquellas jerarquías de poder que actualmente estructuran nuestra disciplina (y que dichos estudios nos invitan a revelar y subvertir) operan empírica, epistemológica o metodológicamente en el quehacer arquitectónico. Mientras la historia cruzada nos ofrece alternativas para superar el historicismo de los estudios decoloniales en términos empíricos y epistemológicos, mi trabajo como investigador me ha permitido desarrollar la metodología de los análisis transaccionales, con la cual he tratado de confrontar el determinismo en la historiografía y la teoría de la arquitectura en términos generales (Mejía Hernández 2018).

Al ver la arquitectura como una forma concreta de conocimiento, obtenido heurísticamente por parte de individuos que compiten y colaboran entre sí, los análisis transaccionales también sincretizan estructura (en este caso, los campos de acción en los que compiten y colaboran los arquitectos) y agencia (su libertad para elegir con quienes compiten o colaboran), evitando las explicaciones historicistas o reductivas. Al igual que la historia cruzada, los análisis transaccionales se enfocan en aquellas interrelaciones, interconexiones e interpenetraciones —o transacciones— que se pueden establecer entre dos o más arquitecturas (Mejía Hernández 2023).

A diferencia de los estudios críticos y su raíz posmoderna, los análisis transaccionales reconocen la posibilidad de un conocimiento objetivo de la realidad (Popper [1972] 1981). Necesariamente falsificable, este conocimiento objetivo no remite a una verdad concluyente o incontrovertible (Popper [1959] 2002b). Por el contrario, se vale de procesos de negociación sobre acuerdos elementales para identificar criterios de evaluación mediante los cuales podemos sopesar diferentes conjeturas y decidir cuál resulta más convincente y menos plagada de anomalías en el presente. En otras palabras, antes que en verdades definitivas, confiamos en conjeturas cuyo evidente poder explicativo y capacidad para soportar las críticas más severas constituyen la estimación más acertada con la que contamos en un momento dado sobre un asunto en particular. El proceso por medio del cual se generan, desarrollan y falsifican nuestras verdades parciales se basa la agencia de cada individuo y en una serie de acuerdos que estructuran la forma en que se discute y critica. Lejos del relativismo radical y las supuestas identidades colectivas sobre las que se fundan la teoría crítica, y los estudios decoloniales como aplicación de ella, el enfoque que he desarrollado entiende el conocimiento humano como fruto del carácter y el esfuerzo individuales, inscritos dentro de un marco social tolerante.

Sobre estas bases teóricas, los análisis transaccionales presumen que toda arquitectura es una forma de conocimiento politécnico. Este conocimiento se produce, desarrolla y aplica en cuatro heurísticas concretas. Sin importar su condición, cada edificio es el resultado de decisiones tomadas a partir de procesos de ensayo y error, en términos morfológicos (implantación, forma y configuración), tecnológicos (materiales, procesos constructivos y tecnologías), utilitarios (actividad, uso, desempeño y propósito) y comunicativos (significado y representación). Por otra parte, cada arquitecto es visto como un pensador independiente, capaz de tomar decisiones libremente. Inscritas dentro de estos campos de acción disciplinar, estas decisiones inevitablemente se encuentran en constante fricción con las decisiones de otros arquitectos. Volviendo a un ejemplo anterior, podemos imaginar a Le Corbusier experimentando en términos estéticos junto a los arquitectos de la represa Hoover, o desarrollando investigaciones configurativas propias de los arquitectos de la Cartuja de Ema; pero también podemos verlo explorando en contravía de las decisiones de otros arquitectos. Es importante notar cómo, desde los análisis transaccionales, todas las arquitecturas que intervienen en la definición de cada proyecto se entretejen en una red de conocimiento, no en una estructura de poder.11

Sobre estas sencillas premisas, podemos evaluar dos o más arquitecturas de diferentes tiempos y lugares sin necesidad de jerarquizarlas, al reconocer en cada una aquellos aspectos metodológicos por medio de los cuales se produce el conocimiento arquitectónico. Además, podemos reconocer la agencia individual de cada arquitecto, cuyas decisiones le dan sentido a la metodología. Por ejemplo, podemos establecer una serie de transacciones entre tres arquitecturas reconocidas, cuyos autores de hecho colaboraron en diferentes momentos de sus carreras. El proyecto para un hospital en Venecia, la Universidad Libre de Berlín y el Centro Cultural Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá hacen parte de una investigación universal que busca dar forma a los edificios por medio de la agrupación de elementos menores. Si bien los tres proyectos colaboran en esta exploración de carácter morfológico, son bien distintos su propósito, su desempeño y el repertorio tecnológico que cada arquitecto utiliza para desarrollar su tapiz —incluso podemos decir que compiten entre sí (“Mat-Building” 2011)—.12

Vemos cómo la ventaja principal de la descolonización —su ambición más interesante— se cumple aquí a cabalidad. En efecto, dejamos de ver a Rogelio Salmona y a Shadrach Woods como receptores pasivos de la influencia de un profesional de mayor importancia o jerarquía. Pero esto no quiere decir que debamos entender su emancipación como una cuestión de identidad comunitaria, ni que debamos atribuirla a una revolución en la arquitectura, en la que una estructura de poder da paso a otra completamente diferente —como muchas veces pretenden los estudios decoloniales—.

Para aprender del intercambio entre estas tres arquitecturas no tenemos que “desaprender” absolutamente nada, ni “reorganizar el conocimiento” de una forma inédita. Por el contrario, muchos (y muy diferentes) arquitectos se podrían beneficiar del estudio cuidadoso de la maraña de transacciones y cruces que podemos establecer entre calles y plazoletas venecianas, casbas musulmanas y plataformas precolombinas, reinterpretadas en contextos diferentísimos, con resultados fabulosos en tres arquitecturas que nos revelan su singular belleza, en especial cuando las analizamos de forma conjunta.

independencia y proliferación

Como hemos visto, los análisis transaccionales que hacen parte de mi investigación, al igual que la historia cruzada desarrollada por Werner y Zimmermann (2006), nos ofrecen una visión de la arquitectura que, sin desconocer las diferentes dinámicas de poder que estructuran la vida social de las personas, nos permiten entender la historia y proyectar nuestro trabajo hacia el futuro, libres del determinismo reductivo de los estudios decoloniales. La historia cruzada reconoce una tensión productiva e ineludible entre estructura y agencia, y de esa forma invita al historiador a formular mejores explicaciones que aquellas que nos ofrecen los modelos comparativos y de transferencia, usualmente dicotómicos. A través de los análisis transaccionales, por otra parte, he tratado de definir un propósito concreto para esa agencia y he resaltado la independencia intelectual del arquitecto como condición indispensable para la producción de conocimiento arquitectónico. Al definir la arquitectura como una forma de conocimiento, evaluar interrelaciones entre dos o más edificios no solamente se hace posible, sino indispensable.

Es Paul Feyerabend (1968) quien sugiere que la proliferación es la condición fundamental para la producción y la generación del conocimiento. En este sentido, la diversidad que promueven los llamados estudios decoloniales es sin duda importante. Desafortunadamente, vemos cómo en muchos casos esta diversidad se entiende de manera parcial, superficial o paradójica; por ejemplo, cuando se limita a unos cuantos aspectos físicos o conductuales tomados por rasgos identitarios de una comunidad, y no a la diversidad de puntos de vista que diferentes individuos pueden tener sobre un mismo tema.

Podemos concluir entonces que, sin duda, es posible —incluso deseable— descolonizar la arquitectura, en el sentido de fomentar la independencia intelectual de todos y cada uno de los arquitectos. Apuntándole a esa independencia, la tarea del educador consistiría en hacerles ver a los futuros arquitectos su responsabilidad como generadores de nuevo y mejor conocimiento, para satisfacer las necesidades arquitectónicas de una sociedad en permanente transformación; pero además en mostrarles el papel fundamental que desempeñan la duda, el error, la práctica, la crítica y la tolerancia en la producción de ese conocimiento. Sobre esos acuerdos mínimos podríamos formar arquitectos versátiles, capaces de hacer un uso provechoso de la diversidad para producir y aplicar el conocimiento requerido por la sociedad a la que sirven. Por el contrario, desde una perspectiva determinista y reductiva de la realidad, el tipo de descolonización de nuestra arquitectura que se propone desde los estudios decoloniales podría tornarse en invitación —desde el dogmatismo— a despreciar, rechazar o desaprender aquello que otros pueden enseñarnos, solo porque son diferentes o porque vienen de otra parte.13

bibliografía

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  11. Marcuse, Herbert. 1965. “Repressive Tolerance”. En Wolff, Robert Paul; Moore, Barrington Jr., y Marcuse, Herbert. A Critique of Pure Tolerance. Boston: Beacon Press.
  12. “Mat-Building”. 2011. Revista DPA, n.º 27-28 (diciembre).
  13. Mejía Hernández, Jorge. 2018. “Transactions; or Architecture as a System of Research Programs”. Tesis doctoral, Delft University of Technology.
  14. Mejía Hernández, Jorge. 2023. “Appraising. Transactions Between Architectures”. En Repository: 49 Methods and Assignements for Writing Urban Places, editado por Carlos Machado e Moura, Dalia Milián Bernal, Esteban Restrepo Restrepo, Lorin Niculae y Klaske Havik. Rotterdam: NAi Publishers. p. 17-18
  15. Motta, Giancarlo y Antonia Pizzigoni. 2008. La máquina de proyecto, editado y traducido por Rodrigo Cortés y Nancy Rozo. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.
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  18. Popper, Karl. (1972) 1981. Objective Knowledge: An Evolutionary Approach. Oxford: Oxford University Press.
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  21. Real Academia Española (RAE). 2022. Diccionario de la lengua española [colonia]. https://dle.rae.es/colonia
  22. Werner, Michael y Benedicte Zimmermann. 2006. “Beyond Comparison: Histoire Croisee and the Challenge of Reflexivity”. History and Theory 45, n.º 1: 30-50.
  23. Zimmermann, Benedicte. 2020. “Histoire Croisee: A Relational Process-Based Approach”. Footprint, n.º 26 (primavera/verano).
  24. Zuleta, Estanislao. 2001 (1994). “Tribulación y felicidad del pensamiento”. En Elogio de la dificultad y otros ensayos. Cali: Fundación Estanislao Zuleta.

notas

1 Hablamos de una “versión popular”, dada la deliberada ambigüedad con la que se formulan estos “estudios” y sus teorías concomitantes. El uso de una terminología abstrusa y de categorías etéreas ofrecen aparentes ventajas argumentativas, que también pueden entenderse como desventajas operativas.

2 Es importante notar el enfoque casi exclusivamente eurocéntrico de esta teoría, que generalmente pasa por alto colonialismos e imperialismos originados en otras regiones (e. g., nahua, otomano, árabe, japonés, mongol, etíope, chino, soviético, etc.).

3 Si bien la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt y las diferentes variantes de lo que hoy denominamos posmodernismo filosófico rechazan el marxismo como metanarrativa, sus métodos suelen adoptar preceptos fundamentales del pensamiento marxista, incluyendo la idea (formulada en las Tesis sobre Feuerbach) de que el objeto de la filosofía no es buscar la verdad, sino propiciar el cambio.

4 Los llamados fat studies argumentan que las recomendaciones médicas sobre los efectos nocivos de la obesidad son una forma de opresión. En paréntesis he reemplazado Critical Dietetics, por “estos ‘estudios'” en el texto citado.

5 “El punto no es que todo sea malo, sino que todo es peligroso, que no es lo mismo que malo. Si todo es peligroso, siempre tendremos algo que hacer. Mi posición no lleva a la apatía sino a un hiperpesimismo activista. Creo que la elección ético-política que debemos hacer cada día es determinar cuál es el peligro principal” (Foucault 1983; traducción del autor).

6 Usualmente, se alude a la TVA, del inglés Tennessee Valley Authority. En el contexto colombiano, este proyecto de planeación dio pie a algunas de las llamadas corporaciones autónomas regionales, como la CVC, que intentó hacer un desarrollo similar en las regiones norte del Cauca, Valle del Cauca y parte suroccidental de Caldas.

7 Frente a esta última anomalía es especialmente llamativo el argumento ad hoc, conocido como apropiación cultural. Según este argumento, toda influencia cultural en dirección contraria (es decir, desde el grupo tomado por marginalizado u oprimido hacia el grupo poderoso) es reprochable. Se aplica así la tolerancia represiva promulgada por Marcuse (1965), una justificación moralista del doble rasero.

8 La noción de zona de contacto desarrollada en Footprint n.º 26 proviene de Pratt (1991, 30-40).

9 A pesar de su relativismo radical, que parecería contradecir el enfoque estructural que le atribuimos, la descolonización jamás reconoce la agencia individual. A lo sumo reconoce la agencia de grupos minoritarios y marginalizados, tomando como base su supuesta “identidad colectiva” antes que el carácter individual de sus miembros.

10 La prevalencia de esta postura en las instituciones culturales, incluyendo los medios de comunicación, el arte y la academia, harían pensar que, en efecto, se trata de una cuestión ante todo ideológica.

11 El arte de Mark Lombardi logra capturar con singular belleza esta idea, al dibujar interrelaciones reales o imaginarias entre personas e instituciones en momentos críticos de la historia reciente, en forma de constelaciones o redes (https://www.moma.org/artists/22980, visitado 15/06/2022).

12 Por tapiz me refiero al término inglés “mat” habitualmente utilizado, aun por investigadores que trabajan en otras lenguas.

13DOGMA. Llamaremos así a toda convicción que haya llegado a ser para quién la posee-o la padece-una referencia de su propia identidad” (Zuleta, 2001). Cabría pensar en qué medida la prevalencia de políticas de identidad, basadas en supuestas identidades colectivas, promueven novedosas formas de dogmatismo.