
Cómo citar: Sobrero, Florencia. "Femingas, una herramienta (de)construcción feminista". Dearq no. 40 (2024): 73-80. DOI: https://doi.org/10.18389/dearq40.2024.08
Florencia Sobrero
Taller general - Femingas
Recibido: 29 de noviembre de 2023 | Aceptado: 14 de junio de 2024
La investigación plantea un mapa vivencial desde mi experiencia como arquitecta, en una búsqueda por comprender las barreras, dificultades, herramientas y alternativas que enfrentamos en el ejercicio de la construcción y la modificación espacial de la mano de mujeres y disidencias sexuales y de género.
Propongo una mirada crítica que busca (de)construir nociones de sentidos tradicionales creadas desde los estereotipos y las lógicas binarias de género y visibilizo casos puntuales de intervención espacial para comprender la problemática que atravesamos quienes queremos construir. Narro la primera experiencia de las Femingas como el germen de una herramienta personal y política.
Palabras clave: género, mujeres, disidencias, auto construcción, arquitectura, intervención espacial, Femingas, crítica.
En el estudio de arquitectura del que formo parte, creemos necesario encontrar mecanismos que nos permitan "hacer lo que nos gusta", y por esa razón en cada proyecto que desarrollamos mapeamos las posibilidades que tenemos —que están atravesadas por nuestras propias motivaciones—, y tienen que ver con: el aprendizaje generado junto a los actores involucrados durante los procesos de diseño/construcción; y la reutilización de los recursos para pensar y construir los espacios mediante la toma de conciencia sobre la procedencia y vida de los mismos. Buscamos mecanismos para desarrollar acciones desde la experimentación y el juego, a través de sistemas de montaje y actores diversos que nos permitan soñar con "escenarios alternos" donde los problemas personales se politizan y se vuelven recursos para muches.
Como parte de la red que tejemos en el estudio día a día y guiades por nuestras motivaciones personales, planteo la investigación a la que doy inicio, en donde se abordan las desigualdades de género en el ámbito de la construcción y la intervención espacial. Producto de estereotipos de género, a los que como arquitecta me enfrento día tras día y encuentro plasmados en la invisibilización, la desacreditación y el desplazamiento de las mujeres y las disidencias sexuales y de género1 (que en adelante solo llamaré disidencias) en este contexto.
Como antecedente considero necesario mapear algunos proyectos e investigaciones que acompañan mis inquietudes, cuentan historias que enlazan mundos y hacen parte fundamental de mi investigación sobre el rol de las mujeres y las disidencias en la construcción y la intervención espacial. El proyecto de maestría de la arquitecta Carina Guedes de Mendonça (2014), "Arquitetura na periferia. Uma experiência de assessoria técnica para grupos de mulheres", lleva a cabo el análisis mediante la ejecución de asesorías técnicas a mujeres con escasos recursos, otorgando herramientas de diseño y construcción para que ellas mismas puedan intervenir sus propias viviendas. Actualmente, el proyecto "Arquitetura na periferia"2 está vigente y provee capacitación práctica y técnica a mujeres que viven en Brasil.
A lo largo del año 2022 se manifestaron varios colectivos con iniciativas que abordan la problemática de la arquitectura y el género desde la práctica en obra, como son: "'Constructortas': lesbianas que construyen" (Curioni 2021), una cuadrilla de albañilas de Santa Fe (Argentina); "Molonas, proyecto socio-productivo de mujeres en la construcción", creado en la ciudad de Córdoba (Argentina), situado en un barrio periférico donde trabajan a diario para crear un espacio cuidado de aprendizaje y desarrollo de técnicas en el campo de la construcción; "Albañilas, construyendo sin patrones" (Cartago 2021), cuadrilla de mujeres activa en la ciudad de Buenos Aires (Argentina). Por otra parte, en el ámbito rural, tras guiar varios talleres de construcción junto a la comunidad de Chamanga, en la provincia de Esmeraldas (Ecuador), luego del terremoto del año 2016 que afectó a gran parte de la costa ecuatoriana, realizamos el documental Hacer mucho con poco y concluimos que: "la arquitectura en sí no existe en estas comunidades, o sea, es ingeniero el que sabe construir, pero el diseño no está contemplado en ningún punto, o sea, no piensas en diseño, en arquitectura, sino en construcción" (Kliwadenko y Novas 2017); el testimonio es de mi compañere Martín Real.
Estas experiencias surgen desde un contexto regional latinoamericano en donde los índices de la autoconstrucción3 superan ampliamente a los de la construcción formal4. La autoconstrucción constituye una herramienta fundamental para muchas personas que se encuentran con la necesidad de acceder a un espacio de cobijo y postula una alternativa de cara a suplir esa necesidad en entornos urbanos y rurales cada vez más hostiles. Esa visión de la arquitectura en donde comprendemos —desde el trabajo con las comunidades— que el "setenta por ciento de Latinoamérica está construida en la informalidad y el setenta por ciento de los estudiantes cuando se gradúan van a trabajar en el treinta por ciento que no es informal, o sea, en donde tenemos que estar brindando el servicio como arquitectos no estamos trabajando" (Kliwadenko y Novas 2017, testimonio de Kike Villacís), nos permite ver que la mayoría de la población resuelve sus necesidades de vivienda, de mejoramiento de la calidad habitacional o de cobijo sin arquitectes.
Las prácticas que se llevan a cabo a lo largo de Latinoamérica con la participación de mujeres y las disidencias, en el ejercicio de la construcción y la intervención espacial, constituyen una alternativa a prácticas hegemónicas y patriarcales, forman parte de nuestra vida cotidiana y de nuestro quehacer histórico que durante muchos años se han invisibilizado. Como respuesta a esta realidad sociocultural que nos atraviesa en el ámbito de la construcción y la autoconstrucción, a partir del año 2020, en Taller General, comenzamos a realizar encuentros de construcción participativa con perspectiva de género denominados Femingas. Estos espacios nos han permitido crear un ambiente cuidado de aprendizaje y de acceso a actividades en las que no pocas veces, en mingas5 mixtas, nos veíamos desplazadas. Las acciones llevadas a cabo no debían ser de gran escala, para dejarnos una multiplicidad de enseñanzas.
Luego de realizar las seis primeras Femingas, la pandemia generada por el COVID-19 desmanteló nuestro espacio de encuentro y aprendizaje, confinándonos a cada una en su propia casa. Para ese entonces, las Femingas ya se habían convertido en una práctica de nuestra cotidianidad y nos demostraron que el experimentar construyendo juntas traía consigo experiencias que fomentaban nuestra independencia y autonomía. A raíz de los encuentros nos preguntamos: ¿cómo el ejercicio de las Femingas sirve de herramienta para resignificar el rol de las mujeres y las disidencias?
Para reflexionar en torno a ese cuestionamiento, la metodología adoptada a lo largo del presente escrito toma la forma de aquello que Haraway (1991) nombra "el árbol de la experiencia de la mujer" —al que agrego las disidencias—. Mediante esta metodología, la autora propone una "pequeña y ruidosa máquina analítica" (188) que permite comprender la importancia de la experiencia/conciencia de las mujeres y las disidencias, "como un objeto de conocimiento y de acción" (186). Una praxis específica y personal, que visibiliza modos de hacer alternativos al ejercicio de la arquitectura y la construcción tradicional. Ahí se da un intercambio, un diálogo con materiales locales y con modos de hacer arquitectura propios de la autoconstrucción y de procesos de construcción comunitaria.
Con este esquema, Haraway explica "de qué manera la teoría feminista y el estudio crítico del discurso colonial hacen intersección entre ellos como dos importantes parejas binarias, es decir, lo local/global y lo personal/político" (188). Esta máquina es un instrumento que se pone en funcionamiento durante el curso de mi investigación y que permite identificar una problemática de carácter local en el contexto social específico del Ecuador: el desplazamiento de las mujeres y disidencias en el ámbito de la construcción espacial, lo que desde una mirada global se ubica en el desplazamiento histórico de las mujeres hacia el espacio doméstico. Recorrer el trabajo realizado a continuación bajo esta mirada permite identificar un vaivén entre los conceptos que construyen los modos de hacer la experiencia histórica de las mujeres y disidencias como alternativas que parten desde la resistencia. Mediante el "árbol analítico", Haraway (1991) nos invita a problematizar los discursos del feminismo y el anticolonialismo, para más bien transitar por bifurcaciones que provocan afinidades y conexiones a modo de apertura, y construir nuevos sentidos. Lo político es doméstico:
Hay que hacer la política del día a día, retejer el tejido comunitario, derrumbar los muros que encapsulan los espacios domésticos y restaurar la politicidad de lo doméstico propio de la vida comunal. En esta politicidad de esas tecnologías vinculares surgirá el formato de la acción política capaz de reorientar la historia en la dirección de una felicidad mayor pautada por el fin de la prehistoria patriarcal de la humanidad (Aíta y Arrascaeta 2018).
Como explica Federici (2020), desde hace 150 años existe una ferviente necesidad por parte del sistema capitalista de nunca dejar de producir fuerza de trabajo. Es por ello que actualmente nos vemos inmersas en la doble jornada laboral cuyo origen se encuentra durante la Revolución Industrial con el desplazamiento de las mujeres de sus puestos de trabajo en las fábricas, hacia los hogares. Estas medidas parlamentarias, consideradas como "protectoras", fueron tomadas por iniciativa de la burguesía (gobiernos y patrones) como reacción a las consecuencias que generaba en hombres y mujeres el trabajo de 14 a 16 horas diarias en las fábricas, entre ellas la disminución en la tasa de natalidad y el crecimiento de la mortalidad infantil; se aplicaban estas regulaciones de clase por el temor de que las personas dejaran de reproducirse a causa del cansancio físico y de su corta esperanza de vida. Las directrices que se implementaron luego en otros países —que algunos conservan hasta el día de hoy a modo de brecha salarial— tuvieron como estrategia el aumento considerable de los salarios de los hombres, creando el salario familiar6 y la noción de la familia nuclear. Circunstancia que, con el desplazamiento forzoso de las mujeres a las viviendas para fomentar la (re)producción de la fuerza de trabajo y su crianza, creó jerarquías, dependencia y violencia entre hombres asalariados y mujeres invisibilizadas (Federici 2020).
Este desplazamiento trajo aparejado nuestra doble jornada laboral, que consiste en realizar dos trabajos en una misma unidad de tiempo con características sociales diferentes: uno, visto como productivo, público, pago, bajo contrato salarial, y el otro como la jornada privada de trabajo (re)productivo y de cuidados, no remunerado, invisibilizado y desarrollado dentro del hogar (Lagarde 2015). Algunos ejemplos de la actualidad que evidencian esta brecha son: según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, en febrero del año 2021 una mujer en un empleo en Ecuador recibía un salario 14,3% menor que el de un hombre (INEC 2021, 43). Según el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, la persona gestante tiene derecho a realizar "reposo de 2 semanas antes y 10 semanas después del parto" y "el padre tiene derecho a licencia con remuneración por 10 días por el nacimiento de su hijo/a" (IESS 2021).
Ante estas cifras podemos ratificar que la división sexual del trabajo toma como excusa el hecho de que "por naturaleza" pertenecemos al espacio doméstico-(re)productivo de cuidados, para responder a las lógicas de la productividad y reproductividad del sistema. Es así como "se construye la idea de que las mujeres son ajenas a la máquina, a la fábrica, a la producción, a la calle, al dinero y al salario. Nada más falso. Las mujeres siempre han trabajado productivamente" (Lagarde 2015, 135). La construcción del rol "femenino" se sirve de la privación de libertad, de la invisibilización, la desvalorización y la opresión de las mujeres para perpetuar el statu quo del sistema capitalista-patriarcal. Como menciona Rita Segato en entrevista concedida a Carbajal (2017):
Si en los años 60 el feminismo dijo "lo personal es político", el camino que propongo no es una traducción de lo doméstico a los términos públicos, su digestión por la gramática pública para alcanzar algún grado de politicidad, para hablar en el lenguaje del Estado, sino el camino opuesto: "domesticar la política", desburocratizarla, humanizarla en clave doméstica, de una domesticidad repolitizada.
Ante esta perspectiva de autorreconocimiento, de valoración de nuestras prácticas en nuestra cotidianeidad, ¿cuáles son las realidades de las mujeres y las disidencias que aprendemos en contextos de opresión? Porque, contemplando la propuesta de Segato, nuestras vidas, nuestro día a día es nuestro quehacer político, aun dentro de nuestros hogares oprimidos.
Cuando mujeres y disidencias participamos de otros trabajos que no son los (re)productivos y de cuidados, nos enfrentamos a la discriminación sexo genérica que nos interpela en el mundo del "trabajo formal". En nuestros países, la brecha salarial, la escasa participación de mujeres y disidencias en cargos ejecutivos o de alta dirección, hablan de la perpetuación de la marginación y la discriminación sexo genérica, más allá del entorno doméstico. Como menciona Lagarde refiriéndose al ámbito de trabajo "formal" o a los espacios educativos que hoy en día podemos frecuentar: "aún en condiciones de explotación, […] salir, ganar dinero, […] el trabajo y lo público, las relaciones de contrato y la movilidad espacio temporal aunadas […] al ejercicio de la capacidad de aprendizaje y la puesta en práctica de habilidades y conocimientos en el desarrollo de actividades, constituyen un espacio menos opresivo para las mujeres" (2015, 142-143).
Por ello, no basta solo con poder acceder al trabajo y a la vida pública, sino también es necesario que los ambientes laborales a los que pertenezcamos sean justos e inclusivos. En el lapso de la investigación, reflexiono sobre el estado actual de la división sexual del trabajo en el terreno de la construcción e intervención de los espacios, y la invalidación que existe sobre los saberes empíricos de las mujeres y disidencias adquiridos durante el transcurso de nuestras vidas.
Como consecuencia del sistema capitalista patriarcal se constituyen los estereotipos de género, que imponen estructuras opresivas, asignan roles para unes y para otres y califican las características de las personas según diversas convenciones sociales, como lo explican Cook y Cusak (2009). Los estereotipos tienen el poder de clasificarnos en grupos de quienes "podemos" y quienes "no podemos" desempeñar algunas actividades. Estas construcciones morales y culturales se han ido instaurando de diversas maneras en la sociedad.
[…] con el tiempo las mujeres ganaron acceso a muchas ocupaciones que posteriormente serían consideradas trabajos masculinos. En los pueblos medievales, las mujeres trabajaban como herreras, carniceras, panaderas, candeleras, sombrereras, cerveceras, cardadoras de lana y comerciantes […] Hacia el siglo XIV, las mujeres comenzaron a ser maestras así como también doctoras y cirujanas y comenzaron también a competir con los hombres con formación universitaria, obteniendo en ciertas ocasiones una alta reputación. (Federici 2004, 49)
Muchas mujeres que participaron en la construcción de los espacios estuvieron presentes en actividades de las que luego —con el advenimiento del capitalismo— fueron arrancadas y desplazadas hacia el trabajo que se les asignó como "quehacer" (deber o tener que hacer) en los espacios domésticos (Lagarde 2015).
De acuerdo con estos datos y adoptando mi experiencia como arquitecta, puedo deducir que, en Ecuador, la dirección de obras de arquitectura supone un reto aún mayor, ya que los equipos de constructores (maestros, albañiles y oficiales) están conformados casi en su totalidad por personas de sexo masculino. Es así como los estereotipos de género cumplen un papel tangible fundamental.
Es evidente la carencia de información respecto del liderazgo de las mujeres y disidencias en la construcción de los espacios. Muy probablemente, este vacío se remita a la invisibilización de las mismas. Poner en evidencia estas prácticas permitirá (de)construir estructuras establecidas y construir visiones de sentido superadoras:
Esta capacidad de subvertir la imagen degradada de la feminidad, que ha sido construida a través de la identificación de las mujeres con la naturaleza, la materia, lo corporal, es la potencia del "discurso feminista sobre el cuerpo" que trata de desenterrar lo que el control masculino de nuestra realidad corporal ha sofocado (Federici 2004, 28).
El centro histórico de Quito tiene altas tasas de desocupación8. A principios del año 2020 estaba buscando un lugar donde vivir y me enamoré de una habitación en donde, no tenía nada ni nadie dentro, resonaba el vacío. Cuatro paredes blancas, techo alto de tríplex, piso de duela y dos ventanas a la calle del frente de la casa. La altura del primer piso me privilegia con la vista de la Basílica hacia un lado y del parque Itchimbía hacia el otro. No había baño, ni cocina, ni dormitorio. Era la primera vez que, en un proyecto propio, sería la arquitecta y la clienta.
El claro espacio reducido marcaba muchas posibilidades, mi escasez de recursos también. Le propuse a la dueña del sitio hacer de esta habitación un espacio habitable como un trueque a cambio de arriendo. Y aceptó. Las posibilidades se multiplicaron. En el Taller General veníamos pensando desde hacía un tiempo en un sistema constructivo de fácil ejecución, en metal, que no habíamos tenido la oportunidad de probar. A raíz de esto, fuimos configurando un gran experimento; diseñamos un mueble con tubos metálicos que incluía todo lo necesario, cocina-baño-escalera-clóset.
Cuando llegó el momento de construir, nos faltaban recursos para pagar la mano de obra (hasta el momento ya habíamos participado en varias mingas de construcción). Entonces diseñamos el mueble de manera tal que pudiéramos armarlo nosotres, buscando resolver las cosas con poco y pensando en cómo usar de mejor manera los recursos que teníamos a la mano. En el proyecto reutilizamos duelas, vidrios, puertas de madera, cerámicos, un inodoro, un lavabo y un fregadero.
Nos reunimos durante seis sábados, yo solía enviar un mensaje de WhatsApp los días miércoles a modo de invitación con la hora de la Feminga y el incentivo que versaba: no mansplaining9. A veces fuimos tres, otras veces siete. Hubo comunicadoras, docentes, arquitectas, gestoras, ilustradoras, de entre 21 y 56 años. Realizamos diversas actividades: cortar una pared con amoladora para luego remover con combo y picos el adobe, lijar y cortar maderas para usar en las huellas de la grada, perforar y unir tubos metálicos para el mueble cocina-baño-escalera-clóset, cortar y pegar vidrios y policarbonato, abrir un hueco en el adobe del tamaño de una puerta, pintar paredes y techo, palear escombros, etc (fig. 1).
Figura 1_ Femingas, jornadas de construcción participativa con perspectiva de género. Febrero y marzo de 2020. Fuente: Archivo de Taller General.
La experiencia significó mucho más que la construcción del objeto funcional. Mientras trabajábamos, se respiraba un aire de magia. Las jornadas estaban atravesadas por risas, gritos, música, varias voces se mezclaban y decantaban en largas conversaciones en grupos de a dos o de a tres. Nos hacíamos muchas preguntas y reflexiones: "no tuvimos miedo de decir que no sabemos, […] buscamos divertirnos aprendiendo cosas", afirmó Combette (transcripción de las Femingas).
Durante el cierre de la última jornada de trabajo conversamos sobre el espacio que construimos tanto material como simbólicamente. Revivimos momentos clave para nosotras durante esos días, errores, aciertos, descubrimientos, y también hablamos sobre el impacto que generó la actividad por fuera de este espacio. Para Rossignol, "cuando caminamos en la calle con los tubos largos hubo muchas miradas como impresionadas o preguntándose qué estábamos haciendo y hubo un hombre que dijo: ¡mira esas mujeres obreras!" (transcripción de las Femingas).
Accionar desde la libertad y hacer uso de nuestra autonomía fueron dos características que facilitaron los encuentros para poder alcanzar nuestros objetivos. Durante las jornadas no hubo una persona que tuviera todas las certezas, que nos dijera qué podíamos o no hacer, o que impartiera todos los conocimientos. Reconocimos y valoramos las experiencias y aprendizajes de cada una de nosotras, y desde la puesta en práctica fuimos resolviendo lo que nos propusimos construir. Desde ahí, las Femingas se convirtieron en una herramienta personal y política para cada una de nosotras. Según Mesa, "como anécdota, quisiera resaltar que fue como que teníamos full miedo, que sentíamos que no sabíamos hacer nada cuando, en verdad, sí sabemos hacer full cosas. Entonces lo que hicimos fue colectivizar ese miedo y juntar, darnos fuerza" (transcripción de las Femingas).
Estas jornadas evidenciaron que los distintos modos de hacer provenían de la historia personal de cada una, y el proyecto nos estaba congregando para acompañarnos haciendo. La primera edición de las Femingas, de 2021, tuvo como síntesis un fanzine donde se plasman fragmentos personales de los pensamientos de cada una de las que formamos parte de estas jornadas. Las ilustraciones fueron creadas por Tiphaine, una de las integrantes. Luego, se imprimió y serigrafió con la ayuda de la ilustradora "Canela sin miedo" quien también formó parte de las Femingas. La figura 2 muestra una viñeta de ese trabajo.
Figura 2_ Viñeta del fanzine de las Femingas. Fuente: Tiphaine Rossignol + Taller General.
Las experiencias narradas marcan mi accionar a futuro. Durante el año 2022 desarrollamos la dirección de obra de un conjunto de viviendas en el centro histórico de Quito, y en la cuadrilla de veinte trabajadores logramos incorporar a dos obreras oficiales, que desarrollaron tareas al igual que los demás oficiales y cobraron el mismo salario. Una de ellas, Iñaquiza, expresó su deseo de saber más sobre cómo construir para poder hacer su propia casa y la otra mencionó tener cuatro niñas pequeñas, y dijo: "Como aquí aprendí a amarrar los estribos, todo eso, si yo ya me compro el material yo mismo he de hacer, o sea, sí le hiciera un modelo bien lindo. Unos dos aumentos, unos dos cuartitos para mis nenas, digo, yo mismo medir las varillas, cortar, yo mismo amarrar los estribos, todo eso, hacer para fundir las columnas, todo yo mismo" (transcripción de la entrevista). Es así como el estado de la cuestión de las mujeres y disidencias en la intervención y construcción espacial, demuestran la urgencia de crear espacios interseccionales de participación y de acción.
Figura 3_ Cristina y Rosi retiran el enlucido de toda la casa. Fuente: elaboración propia.
Finalmente, considero que los saberes y las prácticas que durante siglos nos han sido negados nos pertenecen, porque nuestra libertad radica en el acceso a la equidad. Hasta la actualidad hemos desarrollado más de quince Femimgas, con la participación de más de treinta y cinco mujeres, mujeres trans y niñes; estos encuentros se postulan de cara a poner en evidencia un campo del que ya hacemos uso, alzar la voz con historias de vida que acceden, modifican y rompen espacios hegemónicos desde diversas herramientas y prácticas. Las reflexiones, a las que podemos acceder escuchando estas prácticas, nos llevan a pararnos desde otro lugar y a crear nuevas construcciones de sentido.
1 Para referirnos a los grupos LGBTIQ+ lo más importante es "su posición heterodoxa en el campo sexual, esto es, su disidencia frente a las ideologías sexuales y de género dominantes, algo que se retoma más apropiadamente en el concepto disidencia sexual y de género" (Núñez Noriega 2011, 37).
2 Arquitetura na periferia. https://arquiteturanaperiferia.org.br/ (Consultada el 17 de junio de 2022).
3 Por autoconstrucción me refiero a una actividad llevada a cabo por personas que aprendieron en la práctica, mas no en ámbitos formales de educación.
4 Cuando menciono la construcción, o construcción formal, aludo a la actividad realizada por empresas constructoras, arquitectes, ingenieres, especialistas, etc.
5 El término minga proviene del idioma quichua y se utiliza para designar a un colectivo de personas que se reúnen para llevar a cabo un trabajo colaborativo. En Ecuador es una palabra muy utilizada para designar trabajos como, por ejemplo, la limpieza de un barrio, de una escuela, el arreglo de un camino o, incluso, la construcción de un equipamiento comunitario o la vivienda de alguien.
6 A este proceso, clave para el capitalismo, Federici (2018) lo denomina el "patriarcado del salario", ya que, con las mujeres en los hogares, el salario que recibían los hombres en las fábricas estaba "destinado a toda" la familia. Se garantizaba por parte de las amas de casa el cuidado, la crianza y la reproducción de les hijes, la limpieza del hogar y el placer sexual. Y por parte de los obreros, dependencia absoluta de su trabajo. Se comienza a concebir el trabajo como un signo de honor masculino y se crea la dependencia económica de los hombres por parte de los demás integrantes de la familia.
7 Femingas es el nombre que otorgué a las jornadas de construcción/intervención participativa, con perspectiva de género. Éstas proponen formas alternativas de relacionamiento y de participación, a las dinámicas convencionales de rangos y fragmentación que existen en las mingas convencionales. En esta primera ocasión, fueron desarrolladas por mujeres.
8 Según las cifras de los últimos censos nacionales, en el área delimitada del CHQ se puede verificar que se ha dado una tasa de crecimiento poblacional negativa [año 1990: 58.241; año 2001: 50.200; año 2010: 40.587]" (Garzón Suárez 2013, 36).
9 Mansplaining. "Es cuando un bato te da una explicación no solicitada sobre algo que tú conoces bien, que te importa un carajo y/o de lo que el güey no tiene la más mínima idea pero nada más inventa para lucirse" (Plaqueta y Andonella 2018, 170).