Heterogeneidad en el sector informal y transiciones entre estados. Un análisis de largo plazo para el mercado laboral argentino


Abstract

Se discute ampliamente si la informalidad laboral refleja situaciones de exclusión o constituye una alternativa valorada por quienes se desempeñan allí. Este trabajo aporta a la discusión a partir de la comparación de las características de quienes transitan desde el sector formal al informal, con las de aquellos que permanecen en empleos del sector formal, durante el periodo 1995-2019, en Argentina. Con ese propósito, se usan modelos de elección multinomial. También se evalúa la influencia de tales movimientos sobre la variación de las remuneraciones. De ambas evidencias, surge que las posiciones del sector informal, tomadas en conjunto, no parecen constituir un destino deseable para aquellos que se desempeñan en el sector formal. De cualquier manera, también se observan indicios de heterogeneidad en el sector informal, ya que el perfil de quienes transitan a un segmento de él —el de los empleadores— resulta consistente con la idea de voluntariedad.


There is much debate around whether labor informality reflects situations of exclusion or whether it constitutes a valuable alternative for those who work in this sector. This paper contributes to the discussion by comparing the characteristics of those who move from the formal to the informal sector with the characteristics of those who remain in formal sector jobs during the 1995-2019 period in Argentina. Multinomial choice models are used for this purpose. The influence of such movements on the variation of wages is also evaluated. Both sets of evidence reveal that the positions in the informal sector, taken as a whole, do not seem to constitute a desirable destination for those who work in the formal sector. However, there is also evidence of heterogeneity in the informal sector, since the profile of those who move to one of its segments —that of employers— is consistent with the idea of voluntariness.


Introducción

El sector informal (SI) está asociado habitualmente a condiciones laborales desventajosas, bajos salarios y falta de protección social y jurídica. No obstante, representa una fuente de ingresos para las personas que no pueden encontrar trabajo en el segmento formal del mercado laboral. En este sentido, los trabajos informales son valiosos para el bienestar de quienes, de otro modo, estarían desempleados y sin acceso a recursos. Sin embargo, se ha planteado que, por un lado, la informalidad no refleja —o al menos no exclusivamente— esta situación de exclusión del sector formal y, por el otro, que resulta una alternativa valorada por muchas personas que deciden trabajar en él, aun teniendo oportunidades de empleo formales.

Esas dos perspectivas han sido ampliamente debatidas en la literatura; y la pregunta fundamental que atraviesa tales debates es si los individuos o las empresas ingresan al sector informal como una opción de última instancia o si es parte de una decisión, donde otras posibilidades de empleo podrían también tener lugar, perspectiva que suele denominarse voluntarista (De Soto, 2000; Bosch y Maloney, 2005; Perry et al., 2007).

Una evidencia que suele presentarse para apoyar la visión voluntarista es la existencia de transiciones desde la formalidad a la informalidad, incluso en contextos de expansión económica. Cuando las condiciones macroeconómicas son buenas, cabría esperar que la elección del trabajo por cuenta propia sea una opción con mayores grados de libertad sabiendo que, si el emprendimiento fracasa, otras opciones laborales están potencialmente disponibles. Por el contrario, durante una recesión, con altos niveles de desempleo y sin oportunidades laborales, se esperaría que las transiciones al autoempleo sean un recurso de última instancia o de “desempleo encubierto”.

Cabe destacar que ya en el trabajo pionero de Maloney (1999), se atribuían algunos rasgos particulares a los trabajadores informales que abandonan el sector formal, porque consideran que los salarios y las condiciones de empleo son potencialmente mejores si trabajan por su propia cuenta. Algunas diferencias también fueron resaltadas por Fields (1990), al referirse a la dificultad de incorporarse al sector informal, cuando en algunos emprendimientos es necesaria una acumulación de capital financiero y humano para ingresar y que, por lo tanto, no pueden ser caracterizados como de “libre entrada”. En este sentido, el autor retoma las ideas de Tokman (1986), al considerar que las barreras a la entrada se mantienen como un factor importante a la hora de examinar las reglas de determinación de ingresos.

Atendiendo a estas distinciones, ha ido prevaleciendo la idea de que el sector informal, principalmente en los países en vías de desarrollo, presentan algún grado de heterogeneidad a su interior (Günther y Launov, 2012). Por ejemplo, Fields (2005; 2019) plantea la idea de la presencia de dos niveles, en los cuales los trabajadores informales se encuentran en empleos independientes/asalariados de “nivel inferior” o “nivel superior”.

Una de las estrategias dirigidas a obtener evidencias para caracterizar la informalidad es el estudio de ciertos flujos que se verifican en el mercado del trabajo. Precisamente, el documento busca contribuir a ese objetivo a partir (1) del análisis de los rasgos de quienes transitan de la formalidad a la informalidad y (2) de los cambios de ingresos, asociados a esas transiciones. En cuanto al primer aspecto, se busca obtener indicios de las razones del pasaje a la informalidad, a partir de la comparación de los perfiles ocupacionales y sociodemográficos de quienes transitan hacia ella desde ocupaciones formales y los de aquellos que permanecen ocupados en empleos de ese tipo.

Lo anterior permitirá analizar si quienes se mueven más frecuentemente al sector informal tienen un perfil que resulta consistente con la idea de un movimiento que refleja situaciones de exclusión o, en cambio, con la búsqueda de una alternativa deseada o voluntaria. Específicamente, se esperaría que quienes tengan este motivo resulten personas que ya cuentan con una trayectoria laboral, dispongan de ciertos recursos y tengan mínimos niveles educativos.

Nuestros resultados sobre las características comparativas de quienes transitan desde la formalidad a la informalidad con respecto a quienes permanecen en ellas, así como de los cambios en las remuneraciones asociadas a dichos movimientos, sugieren que los pasajes a la informalidad estarían asociadas fundamentalmente a situaciones de exclusión más que las de tipo “voluntarista”. De cualquier manera, tampoco se descarta la presencia de heterogeneidades en la informalidad, y nuestros resultados destacan en este sentido, el carácter algo diferenciado —y más representativo de movimientos ascendentes— de quienes se dirigen a posiciones de empleadores con respecto a quienes lo hacen a ocupaciones por cuenta propia.

El documento consta de seis secciones. En la primera, se revisan investigaciones que han analizado características de las personas que realizaron transiciones entre la formalidad y la informalidad. En la segunda sección, se plantea la metodología del trabajo, precisando detalles sobre los datos y la información estadística utilizada, así como sobre el periodo de análisis. Una breve revisión de la informalidad en la Argentina es presentada en la siguiente sección. En la sección cuarta, se incluye, inicialmente, una descripción de los movimientos entre posiciones formales e informales mientras que, en la segunda parte de la sección, se analizan los resultados de los modelos de transiciones desde el sector formal hacia las posiciones informales. Por su parte, en la quinta se discute el impacto sobre los cambios en las remuneraciones de los movimientos hacia la informalidad. Por último, en la sexta sección se presentan las reflexiones finales.

I. Revisión de la literatura

Como se ya mencionó, en la literatura se destacan dos perspectivas para explicar los patrones de la movilidad entre ocupaciones del sector formal (SF) y las del sector informal (SI). La primera perspectiva supone que los trabajadores preferirían las ocupaciones del sector formal, pero se ven obligados a ingresar al sector informal por la disponibilidad limitada de trabajos formales. En cambio, el segundo punto de vista considera a ambos sectores un mercado integrado en el que los trabajadores eligen sus ocupaciones entre los diferentes puestos disponibles, sobre la base de sus preferencias, habilidades y necesidades.

Por ejemplo, Maloney (1999) analizó las transiciones de los trabajadores entre sectores utilizando datos de panel de México, encontrando que los patrones de movilidad del mercado laboral indican que el sector informal es un destino deseable. De manera similar, Woltermann (2018) sugiere que la transición al autoempleo en Brasil no resulta ser una decisión de “última instancia”, dado que no se asocia significativamente con un aumento en periodos de desempleo7.

La hipótesis del sector informal “deseable” supone, además, que los trabajadores podrían comparar beneficios pecuniarios y no pecuniarios para determinar la elección de su estado laboral. Sin embargo, de acuerdo con Fields (2005), tal elección estaría solo al alcance de un reducido grupo de personas que ya tienen la opción de trabajo en el sector formal y pueden buscar la alternativa del autoempleo. Por lo que la caracterización de autores como Maloney se aplicaría únicamente a un subconjunto de trabajadores del sector informal. Como se señaló, Fields (2005; 2019) advierte que un análisis agregado del sector informal puede omitir las heterogeneidades presentes dentro de este: trabajadores autónomos o asalariados en empleos informales de “nivel inferior” habitualmente mal remunerados, que coexisten con trabajadores informales de “nivel superior” algo mejor remunerados y deseados (Fields, 2005; 2019).

En el marco de esta discusión acerca de las características de las ocupaciones del SI, es posible encontrar, como se señaló, estudios que examinan las características de los diversos flujos en el mercado laboral. Al analizar las transiciones entre formalidad e informalidad, se busca identificar diversas características de los trabajadores que influirían sobre la probabilidad de transitar. La evidencia sugiere que factores como la edad, el género, los niveles de escolaridad, la posición en el hogar o el nivel de ingresos están asociados de diferente manera a la probabilidad realizar distintos tránsitos.

Con respecto al género, Cea y Contreras (2008) muestran que las mujeres chilenas participan escasamente de las dinámicas laborales y, entre ellas, es menos probable que transiten desde un puesto asalariado a otro por cuenta propia. Este resultado con respecto a la mayor chance que los hombres tienen de ingresar al trabajo por cuenta propia se encuentra también en otro trabajo de los autores (Cea et al., 2009); así como en Chong et al. (2008) para el caso del mercado laboral del Perú, o el de Tansel y Ozdemir (2014) sobre Egipto.

Blanchflower (2000) encuentra, para países de la OCDE, que la edad influye positivamente sobre la probabilidad de trabajar por cuenta propia. Esto es consistente con la perspectiva de la informalidad como alternativa deseada, en tanto ella está a su vez asociada a la cantidad de recursos clave: fundamentalmente, capital financiero, social y humano. Años más tarde, el trabajo de Cea y Contreras (2008) para el mismo país corroboró que la edad influye positivamente y de forma decreciente en la probabilidad de transitar al cuentapropismo. Para Argentina, Maurizio (2014) ratifica que las chances de desempe-ñarse como trabajador no asalariado ascienden conforme aumentan la edad. Con respecto al nivel educativo, estudios pioneros para países desarrollados sugieren que la probabilidad de trabajar por cuenta propia es mayor para los individuos con menor nivel educativo (Blanchflower, 2000). Para América Latina, el estudio de Cea y Contreras (2008) sobre Chile muestra un resultado similar, en tanto indica que los individuos que poseen mayor cantidad de años de educación tienen menor probabilidad de pasar de trabajos asalariados a cuenta propia, es decir, tienen más posibilidades de permanecer como asalariados. En paralelo, Calderón-Madrid (2000) para el caso de México destaca que la probabilidad de abandonar el sector formal disminuye para los trabajadores con educación mayor a la elemental y se reduce notablemente para los trabajadores con educación secundaria o formación técnica.

En términos del nivel de ingresos, Gomes et al. (2020) para el caso de Brasil encuentran que son los trabajadores de bajos ingresos del sector formal los que transitan hacia la informalidad con mayor probabilidad, mientras que los trabajadores de altos ingresos del sector informal son los que cambian con mayor frecuencia al empleo formal. En todas las edades, es un poco más probable que los trabajadores formales mejor remunerados permanezcan en el sector formal que los trabajadores peor remunerados, pero la variación es cuantitativamente pequeña.

Un antecedente más ligado al enfoque que se adopta en este artículo es el trabajo de Mandelman y Montes (2009) para Argentina, quienes también estudiaron las transiciones desde el SF al SI. En su análisis para el periodo 1995-2003, muestran resultados similares a los reportados en los estudios mencionados más arriba, en cuanto a la influencia que la edad, el género y la educación tienen sobre esos movimientos. Entre otras variables que consideran se encuentra la remuneración de la ocupación formal inicial, cuyo impacto es negativo.

Asimismo, estos autores desagregan los tránsitos desde el SF hacia el SI, entre aquellos que se dirigen hacia posiciones de trabajadores independientes que contratan personal —los empleadores— y las que se lo hacen hacia las ocupaciones de trabajadores por cuenta propia (esto es, trabajadores independientes que no contratan personal). No encuentran diferencias en el signo de las influencias de las variables mencionadas, salvo en el ingreso, el que resulta positivo para los que pasan a ser empleadores. Este resultado, junto con diferencias en otras variables, les permite sugerir la presencia de cierta heterogeneidad, compatible con una visión de estas últimas ocupaciones como deseadas. Una desagregación similar emplea el estudio de Cea y Contreras (2008) para Chile8. Ellos encuentran que la escolaridad disminuye la probabilidad de transitar hacia empleos de cuenta propia, pero aumentan la probabilidad de hacerlo hacia los de empleador.

Como fue señalado en la Introducción, otro conjunto de trabajos ha debatido en torno a la movilidad y la ganancia o pérdida en los ingresos laborales derivada de la transición entre estados. Para el caso de Brasil, se encontró evidencia reciente que respalda que las transiciones entre el empleo formal y el informal traen consigo, en promedio, grandes shocks negativos de ingresos. A su vez, dichas transiciones tienen una frecuencia que depende de la edad y el nivel de ingresos inicial (Gomes et al., 2019).

En el trabajo de Duryea et al. (2006), al examinar los flujos de trabajadores entre los sectores formal e informal en tres países de América Latina —Argentina, México y Venezuela—, se encontró que los trabajadores asalariados que pasaron del sector formal al informal registraron, en promedio, una caída en sus ingresos, mientras que la transición en el sentido opuesto se asocia a un aumento9.

Cabe señalar, finalmente, una dificultad que se enfrenta cuando se desea comparar la evidencia provista por diversos estudios como los que se reseñaron en esta sección y es la deriva del uso de diferentes criterios empleados por muchos de ellos en la delimitación del empleo del SF y del SI, así como de los tipos de ocupaciones que los conforman. Por ejemplo, para el caso de México, Calderón-Madrid (2000) refiere a los ocupados en el “sector formal” o en el “sector informal” como a los asalariados registrados o no registrados en la seguridad social, respectivamente.

En cambio, Maloney (1999) emplea dos definiciones diferentes, de acuerdo con una de ellas, los ocupados en el sector informal son todos aquellos trabajadores, independientes o asalariados, que carecen de seguridad social y, además, laboran en establecimientos con menos de dieciséis empleados. La segunda definición está basada, exclusivamente, en el tamaño del establecimiento y clasifica como informales a los trabajadores en unidades con cinco ocupados o menos. Por tanto, la comparación de los resultados de los distintos estudios debe tener en cuenta estas diferencias, las que pueden explicar al menos parcialmente algunas diferencias encontradas.

II. Enfoque y metodología

La categorización utilizada para operacionalizar el empleo en el sector formal y el sector informal, así como sus componentes correspondientes, fue similar a la que se utiliza regularmente en la literatura empírica para Argentina. En ella, el empleo del sector informal (ESI) queda constituido por la totalidad de los trabajadores asalariados (registrados y no registrados) —excluidos los del servicio doméstico— y empleadores en unidades de cinco o menos ocupados, más los cuentapropistas de nivel educativo no universitario. Por tanto, el empleo del sector formal abarca a los asalariados registrados y no registrados —también excluidos los del servicio doméstico—, y los empleadores en establecimientos de más de cinco empleados, más los trabajadores por cuenta propia profesionales. Los trabajadores del servicio doméstico constituyen un tercer grupo10. En el cuadro 1 se detallan las diversas categorías del sector formal e informal y se incluyen las abreviaciones que se utilizarán en el resto del documento.

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En todos los casos, el trabajador es clasificado en los distintos grupos considerados en función de las características de su ocupación principal. Para distinguir entre asalariados registrados y no registrados —esto es, asalariados formales o informales— se recurre al criterio del descuento a la seguridad social. Así, se considera formales o registrados a los asalariados que declaran que el empleador les descuenta de sus remuneraciones el aporte que deben realizar al sistema de seguridad social (en Argentina implica los destinados a previsión social y salud). La realización del descuento implica que el asalariado ha sido inscripto en el sistema de seguridad social y se encuentra también protegido por la normativa laboral11.

Aquí se analizan las transiciones desde ocupaciones del sector formal, específicamente, desde las de asalariados registrados (AFR) —que conforma la mayor parte de ellas—, hacia puestos del sector informal. Se examinarán los tránsitos hacia cualquiera de estos últimos, pero también hacia cada uno de los tres tipos de empleos en los que han sido clasificado el ESI: asalariados registrados (IAR), asalariados no registrados (IANR) y no asalariados (INA). Dado que la categoría de INA excluye a los cuentapropistas profesionales, no podría haber transiciones entre AFR con ese nivel educativo hacia un puesto INA cuentapropista. Por tanto, a efectos que los resultados no se vean influenciados por el sesgo que genera este criterio de clasificación, el análisis se efectuará excluyendo a las personas con nivel educativo terciario completo.

Estrictamente, entonces, se analizarán los siguientes movimientos: (1) ocupaciones asalariados del sector formal registradas (AFR) hacia el conjunto de las ocupaciones del sector informal (SI); y también las realizadas desde la formalidad hasta cada uno de los tres tipos de ocupaciones del SI identificadas, esto es (2) AFR hacia

  • – Ocupaciones del sector informal asalariados registradas (IAR)

  • – Ocupaciones del sector informal asalariados no registradas (IANR)

  • – Ocupaciones del sector informal no asalariadas (IANR)

En una segunda instancia del trabajo, se analiza el efecto que los movimientos hacia los diferentes tipos de posiciones en el sector informal tienen para los ingresos reales de los trabajadores. Estos efectos son considerados de forma relativa, es decir, con respecto a la permanencia como AFR. Nuevamente, se tomarán en cuenta los ingresos de la ocupación principal; ellos fueron deflactados por el índice oficial de precios del consumidor12.

El análisis empírico que se desarrolla en el resto del trabajo se realizó a partir de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), que realiza regularmente el Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina (Indec), correspondientes al periodo 1995-2019. Se recurrió a la construcción de paneles a partir de las bases de microdatos de la EPH que permite comparar la situación de una persona en un periodo con la de esa misma persona doce meses después. Esta posibilidad se deriva de la estructura de rotación de la muestra de la EPH; de acuerdo con ella, un hogar y sus miembros son observados en cuatro ocasiones a lo largo de una ventana de dieciocho meses. Si bien el esquema de rotación que tenía la encuesta hasta 2003 es diferente del empleado desde mediados de ese año13, ambos posibilitan contrastar la situación de un individuo en los meses t y t + 12[14].

III. La informalidad en Argentina

El elevado grado de informalidad es un rasgo distintivo de las estructuras de empleo urbanas de muchas economías en desarrollo, y ello también ocurre en Argentina. Desde principios de la década de 1990, el empleo del sector informal (ESI) representó cerca del 45 % de la ocupación total, con valores máximos en la crisis de 2001/2002 (cuadro 2). Esta cifra era algo menor hasta la década de 1970, ya que se registró un incremento de los trabajadores por cuenta propia durante la década siguiente (Altimir y Beccaria, 1999).

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Aproximadamente el 60 % del ESI está compuesto por trabajadores no asalariados (cuenta propia y empleadores). El servicio doméstico, que no se ha considerado parte de este sector, representa el 8 % del empleo total.

Desde la perspectiva de la formalidad del empleo, no del establecimiento productivo, se aprecia que el 39 % de los asalariados no es registrado, proporción que desciende al 31 % cuando se excluye al servicio doméstico. Las mayores incidencias de ocupados informales corresponden al ESI donde llega al 75 %.

Los mercados laborales con una fuerte presencia de la informalidad presentan dinámicas que difieren de las de aquellos en los que las ocupaciones formales prevalecen. Así, se plantea que, en aquellos, la tasa de desempleo se movería de manera más parsimoniosa que en mercados con escasa informalidad en tanto esta (o algunos de sus componentes) pueden actuar como alternativa a la desocupación durante las recesiones, o bien como fuente de los nuevos trabajadores formales en las expansiones.

Sin embargo, este papel es consistente con la visión de la informalidad como sector de refugio, esto es, con la de la exclusión. En cambio, en tanto esas actividades refleje la búsqueda de empleos deseados, no cabría esperar tal dinámica. Algunas investigaciones han mostrado evidencia que sustente una u otra visión; en el caso de América Latina puede verse Galli y Kucera (2004), Bosch y Maloney (2008) o Montero y Pérez (2022). Algunos de ellos también dan cuenta de importantes cambios de composición dentro de la informalidad durante los ciclos económicos (Poy, 2017).

Con respecto de la evidencia para Argentina15, cabe tener en cuenta que la inestabilidad macroeconómica ha sido un rasgo de la evolución de posguerra de Argentina, lo cual se refleja en una sucesión de periodos de cambiante evolución la producción agregada (Heymann et al., 2020); ello ha tenido su impacto sobre el nivel ocupacional y su estructura. El ESI habría crecido a valores muy superiores a los del sector formal en los años ochenta mientras que, durante el periodo de aumento del desempleo que se verificó entre en 1991 y 1995, se expandió inicialmente, pero luego se redujo tanto en términos proporcionales como absolutos. Esta disminución acontece no solo en los años de crecimiento —1992 a 1994— sino que también se extiende al acelerarse el incremento de la desocupación durante el episodio recesivo de 1994-1995. Aquella estuvo motorizada por la caída experimentada tanto en puestos no asalariados como de asalariados registrados mientras que los no registrados exhibieron un crecimiento significativo.

Durante estos años de expansión del desempleo, entonces, el ESI no solo se redujo absolutamente sino también en términos relativos y contribuyó a su incremento. La debilidad de la demanda de trabajo formal en un contexto de marcado crecimiento de la oferta laboral llevó no solo a niveles de la desocupación abierta que no se habían registrado previamente en el país, sino a que, y a diferencia de lo acontecido en la década de 1980, el ESI no pudiese morigerar tal expansión.

Durante la fase siguiente –el periodo de expansión de 1995 a 1998– se verificó un significativo crecimiento absoluto y relativo del ESF, junto a una reducción de la desocupación. La proporción del ESI en el empleo total se redujo, como cabría esperar desde perspectivas discutidas más arriba. Estas también son consistentes con lo acaecido entre 1998 y 2001/2 —los años de estancamiento y caída del nivel de actividad—, ya que, junto al aumento de la desocupación, el ESI aumentó su participación en el conjunto de las ocupaciones.

El periodo 2003-2011 redondearía un muy buen desempeño macroeconómico, con un crecimiento promedio del PIB próximo al 6 % anual —según datos del Indec— que fue acompañado por un también intenso aumento del ESF. En este contexto, el ESI creció, pero a una tasa más baja, lo cual implicó que fuese perdiendo peso paulatinamente en el empleo total. Entre 2012 y 2015, cuando el PIB se expandió a un ritmo reducido (0.6 % anual) y el ESF privado mostró serias limitaciones de absorción de mano de obra, el ESI tuvo un comportamiento más errático. En este periodo, el sector público el que exhibe un comportamiento contra cíclico.

En los años más recientes —desde finales de 2015— se observa a partir de datos de la EPH una caída de casi tres puntos porcentuales en el porcentaje de trabajadores asalariados (del 66.6 % en 2017 al 63.8 % en 2019 del empleo total) en favor del aumento de los independientes. Esta caída en el empleo asalariado durante los últimos años en Argentina significó, también, un descenso del porcentaje de los asalariados registrados en la ocupación total, que pasó del 54.5 al 51.6 %. El servicio doméstico (que no se incluyó entre los asalariados en esta descripción) mantuvo prácticamente su peso en la estructura ocupacional entre esos años. La continuidad del lento crecimiento del empleo formal en un contexto de caída del PIB posterior a 2015 estuvo acompañado tanto por un incremento de la desocupación como del peso relativo del ESI.

IV. Las transiciones desde la formalidad a la informalidad

A. Transiciones – Análisis descriptivo

En esta sección, realizamos un breve análisis descriptivo de los movimientos que se verifican en el mercado laboral entre las categorías consideradas en la sección anterior, para el conjunto de trabajadores que se van a contemplar y también para diferentes grupos de ellos, definidos según una serie de características individuales y del puesto de trabajo. Refiere, por tanto, exclusivamente al conjunto de personas ocupadas en ambas observaciones —que es el conjunto que será analizado—. Dado lo señalado más arriba con respecto a que entre los INA no puede haber personas cuyo nivel educativo sea terciario completo, los cuadros que se están analizando también excluyen a este grupo de personas.

En primer lugar, en el cuadro 3 se muestra la matriz de transiciones computada como la distribución de los ocupados en las distintas categorías en el inicio (t1), según el estado un año después (t2).

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Se observa que, precisamente, AFR es la categoría con el mayor gado de retención y que menos del 8 % de aquellos que estaban en esa categoría inicialmente transita a algún puesto del SI.

Las intensidades de las transiciones no son uniformes entre los distintos subgrupos de sexo, edad y educación, tal como se deduce del cuadro 4. Ser mujer y haber alcanzado un mayor nivel educativo o un mayor rango etario implican una mayor propensión a permanecer como AFR.

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A su vez, entre las personas que dejan un puesto AFR, las mujeres muestran mayores probabilidades de dirigirse a ocupaciones IAR, mientras que lo mismo sucede para los niveles educativos más elevados. La probabilidad de realizar este movimiento es también mayor entre aquellos de mayor edad, mientras que los jóvenes son más propensos a pasar a un puesto IANR.

Las características del puesto de trabajo –como el decil de ingreso laboral, la antigüedad en el empleo y el tamaño del establecimiento- también afectan las probabilidades de permanencia y de experimentar distintos tipos de transición. La estabilidad como AFR es mayor a medida que aumentan los valores de estas tres variables.

Entre aquellos que salen de posiciones AFR hacia puestos del SI, tal como lo demuestra el cuadro 5, quienes contaban con mayor antigüedad muestran mayores probabilidades de pasar a un puesto IAR y menores de hacerlo hacia uno del tipo IANR. Esto es, aquellos con más experiencia en un empleo transitan preferentemente a una posición de relativamente mejor calidad dentro del SI. En cambio, los que provienen de puestos AFR en establecimientos más grandes, tienden a pasar más a ocupaciones independientes.

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B. Análisis de resultados

En esta sección, se indaga acerca de la presencia o no de diferencias en los perfiles ocupacionales y sociodemográficos de quienes transitan desde la formalidad hacia la informalidad, con respecto de aquellos que permanecen ocupados en empleos de ese tipo. Ello permitirá inferir las razones del pasaje a la informalidad, específicamente, se espera que la búsqueda de ciertas ventajas asociadas a ella se asocie a un perfil de ocupados que resulta similar al de aquellos que permanecen como formales.

Como ya fue señalado, se considerarán en el análisis exclusivamente a quienes inicialmente son asalariados registrados del sector formal (AFR), es decir, los “formales” según las dos perspectivas discutidas. Precisamente, resulta más adecuado examinar las hipótesis acerca de las razones de la transición entre aquellos que dejan esas ocupaciones formales. No se consideran, por tanto, a los que se mueven desde puestos formales no asalariados.

Dado que un objetivo central de este artículo es indagar acerca de la presencia de heterogeneidades al interior de la informalidad, se examinará los perfiles de los que transitan desde puestos AFR hacia diferentes grupos de ocupaciones informales. Algunos de estos pueden estar más asociados a movimientos tipo “voluntarios”, mientras que otros podrían reflejar, en mayor medida, situaciones de exclusión.

A fin de examinar los perfiles diferenciales de quienes transitan desde la formalidad a distintos tipos de ocupaciones del sector informal, frente a los que permanecen en la formalidad, se computaron modelos de elección multinomiales que estiman la influencia de diferentes variables sobre las posibilidades de realizar esos tránsitos.

Se estima específicamente el modelo logístico multinomial descrito en la ecuación (1).

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En términos generales, el modelo estima la probabilidad de obtener el resultado j, para j = 1, …, J, considerando el efecto combinado de diferentes variables independientes, relativa a la probabilidad de que acontezca el resultado i16. X es la matriz de variables independientes (= x1 … xk) y βjk (= βj1βjk) el vector de los coeficientes asociados. El exponencial del coeficiente (eβjk) mide la razón de riesgo asociado a la variable k, esto es, el cociente entre el cambio en la probabilidad del resultado j en relación a que varíe la probabilidad de la categoría de base, cuando k se incrementa en una unidad (manteniendo las otras variables independientes fijas). En este caso, sin embargo, se analizará los βjk, dado que se está interesado fundamentalmente en el signo del efecto de la variable k sobre la razón de las probabilidades17.

En este caso, la base de comparación es el permanecer en la formalidad, mientras que el resto de los j resultados son movimientos desde la formalidad a ocupaciones del sector informal. Como se indica más abajo, se estimaron diferentes modelos según los destinos considerados.

Como se señaló, las estimaciones se realizan excluyendo a las personas con nivel educativo superior completo.

Inicialmente, se estimó un modelo que compara la probabilidad relativa de que un trabajador AFR en el momento inicial pase a cualquier puesto del SI (esto es, hacia ocupaciones INA o IAR o IANR). En este caso, se contemplan dos resultados posibles en términos del modelo: permanecer como AFR (resultado base) y la transición AFR-ESI. En este caso, los resultados de la variable dependiente son dos, por lo que el modelo representado por la ecuación (1) se reduce a una regresión logística estándar (binomial) (cuadro 6, columna 1)18.

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De estos resultados se desprende que todas las variables consideradas están asociadas a la probabilidad relativa de los AFR de transitar a la informalidad, salvo la variable “busca trabajo” y la edad. Así, las mujeres y los subocupados tienen menos chances de efectuar tal movimiento. De manera similar, el nivel educativo, la antigüedad, el tamaño del establecimiento y la remuneración en el puesto inicial (puesto AFR) influyen negativamente sobre las posibilidades de abandonar la formalidad. Por su parte, los “otros miembros del hogar” (que no son jefes ni cónyuges) tienen más chances de moverse.

Surge, entonces, que el conjunto de aquellos más propensos a pasar a la informalidad está compuesto, en mayor proporción que entre los que permanecen, por hombres, personas de baja educación, con menor antigüedad en el puesto, ingresos reducidos y que provienen de establecimientos pequeños. La edad suele estar relacionada negativamente con la transición a la informalidad, lo que no se aprecia en este caso.

Esto último puede, a priori, ser consistente con la hipótesis de un SI al que se dirigen personas de cualquier edad ante situaciones de falta de empleo. Aunque se sugiere ver los resultados que se discute en el resto de la sección. Cabe señalar que si se considerasen todas las salidas desde el puesto formal (incluidas las dirigidas a la inactividad), la probabilidad de moverse hacia la informalidad continúa siendo menor entre las mujeres no obstante su mayor chance de hacerlo a la inactividad.

Pero, a efectos de contar con evidencias sobre heterogeneidades dentro del sector informal y del empleo informal, cabe evaluar en qué medida se presentan diferencias en los perfiles de quienes transitan desde un puesto formal a cada uno de los tres grupos de ocupaciones informales o del sector informal que fueron indicadas en la sección anterior: los no asalariados del sector informal (INA), los asalariados del sector informal, sean registrados (IAR) o no registrados (IANR).

En particular, interesa ver en qué medida se presentan diferencias o similitudes en los perfiles de quienes permanecen como formales (como AFR en el presente análisis) y de aquellos que pasan a puestos no asalariados. Como se ha apreciado más arriba, suele plantearse que el trabajo independiente tiene atractivos valorados por personas que deciden dejar un empleo en relación de dependencia para instalar su propio negocio, luego de haber acumulado experiencia y recursos.

En el cuadro 6 (columnas 2-4), se incluyen los resultados de la regresión logística multinomial que estima los efectos de las mismas variables independientes utilizadas en el modelo binomial recién comentado, sobre las probabilidades de realizar los tránsitos a cada uno de esos tres posibles destinos, relativa a la de permanecer como AFR. En términos del modelo descrito por la ecuación (1), j refiere a cada uno de los siguientes tres resultados: AFR-INA; AFR-IAR y AFR-IANR.

Los signos de los efectos de las variables son, en general, iguales para cada una de las transiciones y los mismos que los comentados en el ejercicio anterior, que consideró los movimientos hacia cualquiera de los puestos informales. Una de las excepciones es la edad, en tanto influye positivamente en la probabilidad de dirigirse a un puesto INA, pero negativamente a uno IAR o IANR. Ello señala que serían personas de mayor edad aquellas más propensas a establecer una actividad independiente.

También se advierte que los cónyuges se moverían más que los jefes y los otros miembros hacia ese mismo destino. Un resultado destacable es que la educación no influye en los movimientos hacia un puesto IAR, a diferencia de los otros destinos. Ello sugiere que quienes realizan estos tránsitos tienen un nivel de escolarización superior que aquellos que se dirigen a las otras ocupaciones informales, y más parecido al de los que permanecen formales. De cualquier manera, la influencia marginal de esta variable sobre las probabilidades de transitar a posiciones IAR es menor que la que tiene sobre la de permanecer como AFR (datos nos mostrados), lo cual indica que el peso de los ocupados con mayor nivel educativo es menor entre quienes se dirigen a un puesto de asalariado registrado de sector informal.

De estos resultados se deriva que, aun desagregando a la informalidad en esos tres grupos, los perfiles de quienes transitan hacia ellos resultan diferente del de los AFR que permanecen en el puesto. Quienes tienen mayores probabilidades de transitar a ellos son los hombres, los trabajadores menos educados, quienes se desempeñaban en establecimientos pequeños y con escasa antigüedad, así como reducidas remuneraciones en el puesto laboral del que salen. Los que se mueven a ocupaciones de IAR resultan algo más parecidos a los que continúan como AFR en términos de educación y género.

Focalizando en las transiciones hacia ocupaciones no asalariadas, se deduce que el perfil implícito de los trabajadores asalariados formales que transitan hacia ellas no parece plenamente consistente con el de individuos que deciden efectuar el cambio para beneficiarse de ciertas características de los empleos informales, luego de haber acumulado experiencia y recursos como para establecer su propia actividad. Solo el hecho de ser personas con más edad y hombres podría ser compatible con aquella hipótesis. La implicancia que surge de la influencia de la relación de parentesco es menos clara, ya que los jefes tendrían menos probabilidades con respecto a los cónyuges de pasar a una ocupación INA, pero más que los otros miembros.

Más allá de esta diferencia relativamente marcada entre los perfiles de los AFR que permanecen en puestos de este tipo y los que se mueven a puestos INA que sugiere el análisis anterior, es posible —como ha planteado la literatura— que, entre estos últimos, exista cierta heterogeneidad en el sentido de que algún subconjunto de ellos efectúe el cambio para encarar emprendimientos independientes; mientras que las transiciones de otros estarían asociadas a dificultades en la obtención de otro puesto de trabajo formal.

A fin de examinar la eventual presencia de una diferenciación en la motivación de la transición, se tuvo en cuenta el nivel de la remuneración que se alcanzó en el puesto INA, con respecto al que se obtenía como AFR antes el movimiento. Se examinaron, entonces, las diferencias entre aquellas transiciones a puestos INA que derivaron en un incremento de ingreso y las que resultan en una disminución. Ello implica considerar que el primer tipo de movimientos estaría asociado, en buena medida, al atractivo que presentaría; mientras que los otros reflejarían, en mayor proporción, situaciones de exclusión.

Aquí, cabe enfatizar en lo limitado de este enfoque. Por ejemplo, las diferencias de ingreso entre la remuneración previa a la transición y el ingreso que se obtiene en el puesto INA pueden no reflejar la brecha “normal” o promedio debido, al menos en parte, a la maduración que requiera la inversión en un eventual nuevo emprendimiento. Tampoco considera las ventajas no pecuniarias que pueden tener las actividades independientes.

Para apreciar la existencia de posibles diferencias en los perfiles de quienes efectúan uno y otro tipo de transición, se estimó también una regresión logística multinomial que considera las probabilidades de dejar un puesto AFR hacia esos dos destinos en los que han sido clasificados los puestos INA, relativas a las de permanecer como AFR. Por tanto, en nuestro modelo (ecuación 1), los estados j serían los tránsitos AFR-INA con reducción de remuneraciones y AFR-INA con aumento de remuneraciones19.

En el cuadro 6 (columnas 5 y 6) se observa que la mayoría de las variables sigue teniendo en ambos casos el mismo signo, que ya mostraban al analizar la salida al conjunto de los puestos INA. Sin embargo, la educación influye negativamente en el pasaje a una posición independiente con disminución de ingresos, mientras que no influye sobre el tránsito que lleva a incrementar el ingreso.

A su vez, los jefes se moverían más (con respecto a los otros miembros) a un puesto que incrementa el ingreso que a uno que lo reduce. Se advierte, por otra parte, que el ingreso inicial afecta negativamente el movimiento hacia cualquiera de los dos destinos. Pero el cálculo del efecto marginal de las variables indica que la intensidad con la que baja la probabilidad de moverse hacia un INA a medida que incrementa el ingreso es más intensa, cuando se trata de hacerlo a un puesto que aumenta la remuneración. Ello refleja que quienes ganaron con el cambio tenían una remuneración menor que quienes perdieron y podría asociarse a la presencia del fenómeno de la exclusión. Pero estas personas podrían también otorgar mucha importancia a las ventajas no pecuniarias asociadas a ocupaciones independientes.

En definitiva, el perfil de quienes transitan hacia una posición INA que implica un aumento de la remuneración resulta (1) similar al de los que se dirigen a una ocupación de este tipo, pero con caída de ingresos; y (2) diferente al de los que permanecen como AFR. Por tanto, no aparece enteramente consistente con la visión de ese destino asociada a una decisión de emprender una actividad atraído por sus características, aprovechando su experiencia y sus recursos. A favor de esta hipótesis, se aprecia el mayor nivel educativo, pero el papel de la variable ingreso, en cambio, no se compadece con ella, aunque ella puede estar influyendo de una manera más compleja, en tanto resulta más difícil lograr un incremento de remuneraciones cuanto mayor sea el nivel inicial.

Ante estos resultados, se consideraron dos criterios adicionales de diferenciación interna de los INA, para continuar la indagación de posibles heterogeneidades de la informalidad a partir del examen de los perfiles de las transiciones. Uno de ellos diferencia al conjunto de los que pasaron a puestos INA, entre aquellos que declararon que luego de la transición, estuvieron buscando un empleo y los que no lo hicieron. Se consideró que la situación de quienes se movieron al trabajo independiente y averiguan por alternativas laborales resultaría más asociada a la exclusión. Lamentablemente, lo contario no es necesariamente del mismo modo, en tanto algunos de los que se movieron pudieron no haber buscado, ante lo que perciben como una falta de oportunidades.

El modelo logístico multinomial (cuadro 6, columnas 7-8) tampoco da cuenta de diferencias con respecto a la manera como las distintas variables influyen sobre la probabilidad de transitar a cualquiera de los dos tipos de ocupaciones INA. Solo se advierte que el nivel educativo no tiene influencia entre quienes no buscan, mientras que lo hace negativamente entre aquellos que buscan. Así las cosas, valen las mismas consideraciones efectuadas para el ejercicio anterior —que tuvo en cuenta los cambios de ingresos—, con respecto a que no aprecia la presencia un grupo con perfil más similar al de quienes permanecen como AFR.

El restante de los criterios considerados diferenció entre los trabajadores independientes que contratan asalariados (los empleadores) y los que no lo hacen (los “cuenta propia”). Esta aparece como una distinción que puede contribuir al objetivo planteado, en tanto un emprendimiento que encare alguien que deje un trabajo formal estaría más asociada a la puesta en marcha de un negocio con alguna complejidad. Más relevante quizás es que resulta poco probable que una situación de exclusión pueda ser compatible con la contratación de trabajadores. Nuevamente, se estimó un modelo logístico multinomial de la probabilidad que un ANR se establezca como empleador o como cuenta propia, con respecto a permanecer como AFR. Se recurrió a las mismas variables que han venido siendo consideradas hasta aquí (cuadro 6, columnas 9-10).

Se aprecia, en este caso, que el nivel educativo y los ingresos influyen negativamente en la probabilidad de transitar a una posición por cuenta propia, mientras que no afecta la de moverse hacia un puesto de empleador. Pero, en cambio, la edad influye positivamente en el tránsito a ambos destinos aun el efecto marginal es superior entre las primeras, cuando quizás cabría esperar lo contrario, ya que la experiencia es importante para establecer un negocio.

Puede considerarse que los AFR que pasan a desempeñarse como empleadores tienen perfiles algo más similares a los que permanecen como formales, al menos en términos de educación e ingresos. Ello podría constituir indicios de movimientos basados en decisiones ligadas al atractivo que el trabajo independiente genera a un conjunto de individuos. Mandelman y Montes (2009) también encuentran diferencias en el mismo sentido y sugieren que “los mejores trabajadores asalariados tienen mayores probabilidades de iniciar una firma como empleadores” (p. 1921). De cualquier manera, según nuestros resultados, aquellos que se dirigen a estas posiciones siguen registrando menor antigüedad en el puesto y provenir de establecimientos más pequeños.

Por tanto, a juzgar por las diferencias —que pueden sugerirse a partir de los modelos de probabilidades— entre los perfiles de los AFR que se mantienen en esas ocupaciones y los de quienes que se mueven a la informalidad, es cuanto menos débil la evidencia de movimientos que pueden estar asociados al deseo de emprender actividades independientes, atraídos por sus ventajas.

Esto se observó también para el caso de aquellos que se dirigen hacia ocupaciones INA. Se ha señalado (ver Introducción y la primera sección) que este conjunto de actividades mostraría cierta heterogeneidad, en términos de la lógica de funcionamiento. El examen de los perfiles implícitos a partir del análisis de probabilidades de realizar tránsitos a diferentes “tipos” de ocupación INA —definidos según tres criterios— sugiere algunas diferencias, especialmente, al considerar la distinción entre cuenta propias y empleadores.

Así, los primeros estarían más asociadas a situaciones de exclusión (o con mayor chance de pertenecer al “estrato inferior” de Fields). Mientras que los empleadores reflejarían, en mayor medida, las de “salida” (o resulten con posiblemente miembros del “estrato superior”). El perfil de quienes se dirigen a ocupaciones de este último tipo es más cercano al de los que permanecen como AFR, aunque no totalmente. Suelen contar con mayor educación y remuneraciones iniciales que aquellos que se dirigen a ocupaciones del primer tipo.

V. Cambios en las remuneraciones de los movimientos hacia la informalidad

En esta sección, se analiza la variación de ingresos que resulta de cada una de las transiciones analizadas. Un resultado coherente con la hipótesis del sector informal como refugio —o sea, un destino no deseado o involuntario— sería que la transición hacia dicho sector provoque pérdidas de ingreso relativas al que registraría de haber permanecido como AFR. Para ello, se ha estimado un modelo de regresión de la variación anual entre dos periodos sucesivos del logaritmo de la remuneración real de la ocupación principal —mensual u horaria— de ocupados que eran inicialmente asalariados formales registrados y que pasaron a una ocupación informal, relativa a la variación de los que permanecieron en esa ocupación. El modelo que se busca estimar es el que muestra la ecuación (2).

Desarrolloysociedad_2022_n92_art6_M2.jpg

Donde, wit es el salario real (mensual u horario) de cada individuo en cada uno de los periodos sucesivos (t = 0.1). Precisamente, para evaluar si la transición implica variaciones relativas de la remuneración, la variable c indica la situación de los individuos con respecto a si realizaron o no una transición hacia la informalidad, identificando el destino de los cambios. Se trata, entonces, de una variable dummy, cuya categoría base es permanecer como asalariado formal registrado. Por su parte, X es un vector (= x1xk) de las otras variables independientes que refieren a la situación de origen de los individuos, como en el caso de los ejercicios del apartado anterior (cuadro 7)20.

07_Desarrolloysociedad_2022_n92_art6_Table7.png

Se observa, en ambos casos, que la variación de ingresos de aquellos que transitan a la informalidad es desfavorable respecto a la de quienes permanecen como AFR. A su vez, la diferencia negativa con respecto a estos últimos es mayor en el caso de las transiciones hacia INA, o en el caso de posiciones asalariadas no registradas; y menor para quienes se mueven a puestos de asalariados registrados en el sector informal.

Los resultados anteriores corresponden a las diferencias encontradas para el conjunto de los trabajadores analizados. Sin embargo, las transiciones pueden afectar de diferente manera a distintos grupos de los inicialmente ocupados como AFR. Para ello, se estimó el mismo modelo con interacciones entre la variable correspondiente a las transiciones, y otras que aparecen como relevantes. Específicamente, se exploran tres de estas variables: sexo, educación y el decil de origen de los individuos (cuadro 8).

08_Desarrolloysociedad_2022_n92_art6_Table8.png

Los coeficientes muestran que la transición hacia puestos del sector informal sigue teniendo impacto negativo sobre los ingresos en todos los casos, en tanto ninguno de los efectos de interacción compensan en forma suficiente la pérdida relativa de las transiciones, y en un caso (los cuantiles superiores) la exacerba. En el caso del sexo, la interacción no resulta significativa con ninguna de las transiciones. La educación es significativa, pero solo al 10 %, para la transición hacia posiciones IANR, lo que recorta el impacto relativo sobre los ingresos. De cualquier manera, aun para aquellas personas con mayor escolaridad, este tipo de transición continúa asociada a caídas en las remuneraciones. La pérdida de ingresos asociadas a los tránsitos AFR-INA tiende a ser más intensa a medida que aumenta el nivel de remuneraciones iniciales. Por otro lado, en el caso de los AFR-IANR, hay un efecto significativo de recorte de pérdidas relativas para los deciles bajos.

Ahora bien, las regresiones analizadas estiman los efectos de las variables independientes sobre la variación media de los ingresos. En particular muestran cómo el tránsito hacia la informalidad influye en los cambios promedios de las remuneraciones. Pero estas influencias pueden no ser representativas de lo que sucede en el resto de la distribución de la variación de ingresos. Esto ya se observa en el panel I de la figura 1, que refleja la distribución de las variaciones de las remuneraciones asociadas a las distintas transiciones. Se advierte también que las pérdidas relativas de quienes pasan a la informalidad son mayores en la porción inferior de la distribución.

09_Desarrolloysociedad_2022_n92_art6_Figure1.png

Pero estas distribuciones de las variaciones de las remuneraciones, y la de las consecuentes diferencias entre las correspondientes a quienes permanecen en la informalidad y aquellos que transitan hacia la informalidad, no toman en cuenta los efectos que pueden tener otras variables. Por tanto, se complementó el análisis con una estimación de regresiones cuantílicas no condicionadas, para estimar el efecto sobre la variación de los ingresos de moverse a la informalidad, con respecto a permanecer como AFR, luego de controlar por las variables independientes consideradas.

Precisamente, las regresiones cuantílicas no condicionadas brindan el marco de análisis para evaluar el efecto de las covariables sobre cambios a lo largo de la distribución de la variable dependiente. Para su estimación se utiliza la estrategia desarrollada por Firpo et al. (2009) como un caso especial de las regresiones RIF (por sus siglas en inglés), donde se estiman los efectos no condicionados parciales de un cambio pequeño en la distribución de X sobre la distribución del estadístico de interés. La propuesta es utilizar un mode-lo lineal para aproximar este efecto parcial. Por tanto, se asume una relación lineal entre las covariables y la RIF (yi, Q(Fy)) —Ecuación 3.

Desarrolloysociedad_2022_n92_art6_M3.jpg

Donde FY es la distribución acumulada de probabilidades de la variable dependiente Y.

Luego, tomando expectativas no condicionadas (ecuación 4)

Desarrolloysociedad_2022_n92_art6_M4.jpg

Por tanto, los efectos parciales sobre el estadístico Q (FY) se derivan como se indica enseguida (ecuación 5):

Desarrolloysociedad_2022_n92_art6_M5.jpg

Donde βj es el efecto del incremento en el valor medio de Xi sobre Q (FY), manteniendo el resto de las covariables constantes (para las variables dummy deberá interpretarse que el cambio es en proporción a los individuos de un grupo base).

En el panel II de la figura 1, se indican los valores de los bj de una regresión cuantílica no condicionada donde Fy es la distribución de las variaciones de remuneraciones, y j es la variable dummy que refleja las transiciones. Como siempre, la categoría base es permanecer como AFR; el resto de las variables independientes consideradas son las mismas que se utilizaron en los ejercicios anteriores. Estos valores confirman la mencionada heterogeneidad. Son observables dos patrones claramente diferenciados.

Por un lado, las variaciones de ingresos asociadas a las transiciones AFR-IAR son similares a las que experimentan quienes permanecen como AFR a lo largo de toda la distribución, de allí que el coeficiente es cercano a cero para todos los cuantiles. En cambio, las variaciones de aquellos AFR que se mueven a empleos IANR o INA son desfavorables en relación las de quienes permanecen como AFR para tres cuartas partes de los casos, exhibiendo una amplia variabilidad en la intensidad de los cambios relativos.

Con el objeto de profundizar en esta heterogeneidad que se observa en las variaciones de ingresos, y que podría reflejar la existente entre diferentes tipos de ocupaciones informales no asalariadas, se procederá a analizar eventuales diferencias en los cambios en las remuneraciones entre empleadores y trabajadores por cuenta propia, una de las tipologías de empleos INA utilizadas en la sección anterior. Cabe recordar que este fue el criterio que mostró las mayores diferencias en las características de quienes se movían a uno y otro tipo de empleos, en tanto los primeros tenían más características comunes con quienes permanecieron como AFR. Un factor adicional que reforzaría esta interpretación podría ser, precisamente, que los empleadores obtuviesen un resultado favorable en términos de ingresos a partir de dicha transición.

Para ello, se estimaron las funciones de variación de ingresos de quienes pasan a un puesto INA diferenciando entre aquellos que transitaban a posiciones de cuenta propia y los que lo hacían a las de empleadores. Los resultados muestran una clara diferenciación entre las variaciones de los ingresos de quienes transitan a uno y otro tipo de puesto no asalariados, ya que los primeros experimentan una pérdida de considerable en relación con quienes permanecen como AFR, mientras que el tránsito hacia una posición de empleador no tiene significación (cuadro 9).

10_Desarrolloysociedad_2022_n92_art6_Table9.png

La introducción de las mismas interacciones analizadas previamente deja ver que, primero, la pérdida relativa asociada al paso a una posición de cuentapropistas sigue siendo significativa en todos los casos; y, segundo, el diferencial nunca es anulado por el efecto de cada una de las interacciones, las cuales no son siempre significativas.

Sin embargo, el caso de las mujeres es llamativo en tanto las transiciones a puestos de empleadores tienen una penalidad muy fuerte en términos de variación de ingreso. Ello implicaría que solo los ingresos de los hombres que pasaron a desempeñarse en estas posiciones no se vieron afectados negativamente. En el caso de la transición hacia posiciones de cuenta propia, la interacción no es significativa, con lo cual la transición tiene similares efectos sobre hombres y mujeres. Tampoco la interacción con la educación presenta efectos significativos sobre las pérdidas relativas.

El cuantil de origen no parece tener efecto sobre los que se mueven hacia posiciones de empleadores. Pero sí para para quienes lo hacen a la de cuentapropias, con el mismo signo ya descripto para las INA en general, esto es, empeorando el resultado relativo de quienes de ubican en los cuantiles superiores.

La figura 2 muestra los coeficientes de las regresiones cuantílicas que indican las variaciones de las remuneraciones correspondientes a aquellos AFR que se mueven a un puesto de trabajador por cuenta propia y a uno de empleador, con respecto de las que experimentan quienes permanecen como AFR. Se observa una amplia variabilidad en las dos categorías con una diferencia relativamente estable entre ambas (figura 2).

11_Desarrolloysociedad_2022_n92_art6_Figure2.png

Si bien los coeficientes tienden a acercarse a medida que se avanza en la distribución, la variación de los ingresos de los que se mueven a posiciones cuentapropistas solo en el percentil 90 igualan la de aquellos que permanecen como AFR. Por su parte, los cambios en las remuneraciones de los que se dirigen a puestos de patrones (siempre relativos a los que permanecen como AFR) no presentan diferencias significativas a partir del percentil 40, superiores a partir del percentil 75.

Como se mencionó, el ciclo económico reciente en Argentina ha sido volátil y ha mostrado variaciones acentuadas en términos de actividad, funcionamiento del mercado de trabajo e instituciones reguladoras. En este sentido, cabe evaluar en qué medida los resultados obtenidos a partir de las distintas transiciones son condicionales también con respecto a la fase del ciclo económico.

El cuadro 10 presenta los coeficientes de una regresión, similar a la mostrada en el cuadro 7, en la que se computa el impacto sobre la variación de la remuneración mensual de los que se mueven a diferentes ocupaciones del sector informal —relativa a los que permanecen como AFR— y su interacción con una variable que señala diferentes fases del ciclo económico.

12_Desarrolloysociedad_2022_n92_art6_Table10.png

En el caso de las transiciones hacia puestos INA se observa, con respecto al periodo base 1995-1998 (una fase de crecimiento), un incremento considerable de las pérdidas relativas en todas las fases. Estas pérdidas son más intensas durante el periodo de crecimiento 2003-2011 y en la fase recesiva reciente (2016-2019). Por su parte, las interacciones para las transiciones AFR-IANR no son significativas.

Cuando se concentra el análisis entre los que salen desde puestos AFR exclusivamente hacia aquellos INA, distinguiendo los destinos entre cuentapropistas o de patrones (panel b) del cuadro 10), se deduce que el hecho que los AFR que transitaron hacia puestos de empleadores hayan logrado —en promedio para todo el periodo analizado— variaciones de sus remuneraciones similares a las de quienes permanecieron en esos empleos, resulta de situaciones diferentes a lo largo de las fases consideradas. Estas transiciones no generaron diferencias significativas con los que permanecen como AFR durante el primer periodo de crecimiento, la expansión de los 2000 y en el periodo de estancamiento posterior21. En cambio, el efecto se torna negativo (con respecto a la permanencia como AFR) en momentos recesivos (1999-2002 y 2016-2019).

VI. Reflexiones finales

Los ocupados en el sector informal constituyen una parte significativa del empleo urbano en Argentina. Se trata de trabajadores, independientes y asalariados, que trabajan en establecimientos pequeños. Este tipo de empleos parecería resultar de la insuficiente capacidad de la economía formal para absorber la oferta laboral y, por tanto, reflejar situaciones de exclusión, no deseadas. Esta visión ha sido cuestionada por quienes consideran que, en realidad, el empleo independiente es el resultado de decisiones de individuos que valoran emprender este tipo de actividades. Frente a estas posiciones, una perspectiva que cuenta también con cierta tradición plantea la existencia, en los países en desarrollo, de heterogeneidades al interior del sector formal en tanto algunas ocupaciones dan cuenta de situaciones de exclusión mientras otras resultan de decisiones voluntarias.

Diversos enfoques han sido empleados para aportar evidencia empírica que puede aportar elementos a esta discusión. En este documento, se han comparado las características de quienes transitan desde ocupaciones asalariadas registradas del sector formal (AFR) hacia ocupaciones del sector informal, con las de aquellos que han permanecido en esos empleos asalariados formales. En tanto las características resulten similares, se contaría con elementos que abonen la hipótesis de la informalidad independiente como reflejo de emprendimientos productivos. También se ha evaluado la influencia que el movimiento hacia un empleo del sector informal tiene sobre la variación de las remuneraciones. La hipótesis de la exclusión sería consistente con movimientos que lleven a una pérdida relativa de ingresos, sea porque los cambios producen aumentos menores, o caídas mayores, a las derivadas de permanecer como asalariado registrado del sector formal.

Los resultados del análisis mostraron que el perfil de trabajadores asalariados formales que más frecuentemente transitan hacia ocupaciones no asalariadas informales (INA) no parece plenamente consistente con esta visión de la “voluntariedad”. Además, los movimientos produjeron pérdidas de ingresos. Por tanto, parecería que, tomadas en su conjunto, las posiciones del sector informal no constituirían un destino deseable para los AFR.

Dada la posible existencia de heterogeneidades dentro del sector informal, se desagregó el análisis atendiendo a diferentes características de las ocupaciones. En este sentido, se encontraron evidencia de la presencia de cierta diferenciación entre los AFR que transitan a ocupaciones INA cuando se discrimina al interior de estas entre empleadores y cuentapropistas. Los que pasan a empleos del primer tipo tienen el mismo nivel educativo y de ingresos que los de aquellos que permanecen como AFR. Por su parte, este movimiento no implica pérdida de ingresos relativos en promedio. El análisis de las variaciones a lo largo de la distribución, evaluado a partir de regresiones cuantílicas, mostró incluso que el movimiento tendría un efecto positivo para una porción de quienes transitan. No se encuentran indicios de heterogeneidad cuando se recurre a otros criterios como la búsqueda o no de empleo desde el puesto del sector informal. Para un periodo más acotado que el analizado en este documento, Mandelman y Montes (2009) alcanzan resultados que van en la misma dirección.

El hallazgo sobre la presencia de segmentos dentro del sector informal definidos por la contratación o no de personal debe poner en perspectiva en dos sentidos. En primer lugar, el bajo volumen de las transiciones hacia ocupaciones de empleadores que realizan los AFR. Para el promedio del periodo, del 0.2 % de los AFR sin educación superior transitaron cada año a puestos de empleadores (con máximos de 0.5 %). En cambio, el 2.1 % de esos asalariados formales pasaron a empleo de cuenta propia. En segundo lugar, la similitud de las variaciones de los ingresos de los AFR que se mantienen en su categoría, con respecto de los que pasan a ser empleadores —que se observa para el promedio— se transforma en una diferencia negativa en periodos recesivos.

Agradecimientos y financiación

Se agradece a Ana Paula Monsalvo por sus aportes y comentarios; y a los revisores anónimos de la revista. Este trabajo recibió financiamiento de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica. Proyectos de Investigación Científica y Tecnológica Nro. Proyecto 1914 Año 2016.

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Notes

[7] La autora sugiere que, en los periodos de desempleo, hay mayor probabilidad de transitar a la inactividad frente a permanecer en “búsqueda” (Woltermann, 2018, p. 183).

[8] El estudio fue realizado para los años 2002, 2004 y 2006.

[9] Es importante señalar que la evidencia de diferencias salariales no es, necesariamente, una prueba de que el mercado laboral esté segmentado. Los salarios relativamente mayores pueden estar atribuidos a diferencias salariales compensatorias. Es decir, pueden estar reflejando otros beneficios no observados (Maloney, 2004).

[10] En algunos estudios, el servicio doméstico es incluido dentro del sector informal.

[11] Que es el criterio que plantean las recomendaciones internacionales para distinguir entre asalariados formales e informales. Así, la Decimoséptima Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo señala que “se considera que los asalariados tienen un empleo informal si su relación de trabajo, de derecho o de hecho, no está sujeta a la legislación laboral nacional, el impuesto sobre la renta, la protección social o determinadas prestaciones relacionadas con el empleo (preaviso al despido, indemnización por despido, vacaciones anuales pagadas o licencia pagada por enfermedad, etc.)”. (Organización Mundial del Trabajo —OIT, 2003).

[12] Para el periodo 2007-2015, el Indec fue intervenido “de facto” con el fin de manipular información lo que hace que no se pueda recurrir a las cifras oficiales del organismo. Por tanto, se utilizó un índice elaborado en base a información de los índices de precios elaborados por las oficinas provinciales de estadística de varias provincias del país, cuyos datos no fueron afectados por la manipulación (Fernández y González, 2019). La serie fue actualizada a 2019 siguiendo la misma metodología.

[13] La EPH comenzó a realizarse en 1974 y desde ese momento, y hasta mediados de 2003, se levantaba dos veces al año (en abril y octubre). Desde ese año, pasó a ser una encuesta continua y realiza estimaciones a nivel de trimestre. En ambos casos, los paneles son rotativos y los hogares son visitados en cuatro oportunidades.

[14] Sobre algunas limitaciones de los datos derivados de los paneles construidos a partir de las bases de la EPH, ver Beccaria y Maurizio (2003).

[15] Para un análisis detallado del comportamiento cíclico de la informalidad en el periodo 1980-2017, ver Beccaria et al. (2021).

[16] En ese caso, se fija Xβi = 0 y ei = 1.

[17] Estrictamente, los coeficientes βjk miden el efecto de k sobre el logaritmo de la razón de probabilidades.

[18] En el análisis se incluyeron, por tanto, exclusivamente personas ocupadas como AFR en el periodo inicial y que, un año después, permanecieron en tales ocupaciones o se encontraban en un puesto informal. Se excluyeron, entonces, las que se movieron al desempleo o a la inactividad.

[19] Se desprende que, a diferencia de los dos modelos anteriores que consideraron como destino al conjunto de la informalidad, en este modelo (también en los dos subsiguientes) se tomarán en cuenta exclusivamente personas ocupadas como AFR en el periodo inicial y que un año después permanecieron en tales ocupaciones o se encontraban en un puesto INA. Se excluyeron las que se movieron no solo al desempleo o a la inactividad, sino también a apuestos IAR o IANR.

[20] En todos los casos se considera la ocupación principal, esto es, se compara la remuneración de la ocupación principal en t con la de la ocupación principal en t + 1. Como en la sección anterior, una persona cambia de tipo de ocupación cuando su ocupación principal en t es diferente a la de t + 1.

[21] Estos resultados no se modifican si excluimos el periodo 2008/2011, en vista de que en 2009 tuvo lugar un episodio recesivo.