hart19.2025.01

Nota editorial

La historia del arte en Colombia y sus lugares de enunciación

Art History in Colombia and its Places of Enunciation

A História da Arte na Colômbia e seus lugares de enunciação

DOI: https://doi.org/10.25025/hart19.2025.01

Carlos Vanegas Zubiría

Doctor en Filosofía de la Universidad de Antioquia, Colombia. Es profesor asociado del Instituto de Filosofía de la Universidad de Antioquia. Es integrante de los grupos de investigación Teoría, Práctica e Historia del Arte en Colombia (Universidad de Antioquia) y Proyecto Hermenéutica de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Hace parte del Comité Colombiano de Historiadores del Arte.

La historia del arte en Colombia no es una disciplina consolidada, sino más bien un espacio en constante disputa, reconfiguración y cuestionamiento. La escritura del arte en el país se ha desarrollado a partir de múltiples esfuerzos, aunque con una marcada fragmentación que refleja las tensiones propias de su contexto social, cultural e intelectual. Este ensayo busca reflexionar críticamente sobre los problemas y las posibilidades que enfrentan las narrativas historiográficas del arte en Colombia, considerando tanto sus elementos teóricos y metodológicos como su inserción en debates más amplios sobre la historia, la cultura y la política.

La reflexión sobre estas ideas fue el objetivo del I Encuentro de Historia del Arte que se realizó en Cartagena los días 16, 17 y 18 de noviembre de 2022. El evento fue organizado por el Comité Colombiano de Historiadores del Arte y representa un momento significativo en el proceso de consolidación de la disciplina en Colombia, un campo que aún está en proceso de profesionalización y que enfrenta desafíos particulares debido a la complejidad histórica y cultural del país. Este evento propuso un espacio de diálogo en torno a los “lugares de enunciación” de la historia del arte en Colombia, es decir, invitó a reflexionar desde la geografía, la diversidad cultural y las tradiciones locales para crear narrativas y enfoques propios que respondan a las realidades colombianas. En este sentido, se presentó como un diagnóstico colectivo de los avances, vacíos y posibilidades de la historia del arte en el país.

Uno de los temas clave que emergen de las ponencias y mesas de discusión fue la necesidad de revisar y redefinir el papel de los artistas, especialmente aquellos cuyas voces han sido históricamente invisibilizadas. Las presentaciones sobre el rol de las mujeres en la abstracción y los colectivos de fotógrafas como El Frente Fotográfico pusieron de manifiesto la urgencia de incluir una perspectiva de género que reconozca las contribuciones de las mujeres a la historia del arte en Colombia. Este enfoque responde no solo a una deuda histórica, sino también a una necesidad de democratizar y diversificar los relatos para que reflejen la pluralidad de experiencias y visiones que configuran el arte nacional.

Por otro lado, las mesas que estuvieron dedicadas a las materialidades y los territorios de la historia del arte permitieron explorar cómo lo local y lo nacional interactúan en el arte colombiano. Así, se exploraron las relaciones entre “el artista y el artesano”, o el arte y la artesanía, que dieron apertura a nuevas preguntas sobre cómo el arte colombiano se relaciona con las tradiciones artesanales y los contextos regionales. Esto resulta especialmente importante en un país donde las expresiones artísticas a menudo se nutren de prácticas que desafían las categorías convencionales del arte, mostrando que las artesanías y la producción visual local forman parte integral del imaginario y el patrimonio cultural colombiano.

Además, se exploró la construcción teórica de lo nacional en el arte, por ejemplo con el análisis sobre la invención del “arte colonial”, lo que refleja una preocupación por cómo se ha narrado la historia del arte en Colombia desde una perspectiva eurocéntrica. La invitación a repensar el arte colonial en el contexto colombiano desafía las interpretaciones impuestas y destaca la necesidad de reconocer los procesos y valores propios del país. En este sentido, el evento impulsó una mirada crítica sobre cómo las ideas importadas de Europa han moldeado —y a veces distorsionado— la apreciación y la historiografía del arte en Colombia.

El evento, además, demostró una atención particular hacia la historia del arte como campo interdisciplinario y político. Las presentaciones sobre museos, instituciones y monumentos, así como las relacionadas con la historia de las publicaciones y las prácticas de conservación (como la dirección del Museo Arte Colonial por figuras como Teresa Cuervo) evidencian la influencia de las políticas culturales y las decisiones institucionales en la configuración del campo. Aquí, se destaca cómo las instituciones, desde su origen hasta hoy, no solo conservan el arte sino que también interpretan y a veces imponen ciertas lecturas del mismo. Este enfoque permite a los historiadores del arte reflexionar sobre su rol no solo como observadores, sino también como actores activos en la configuración del conocimiento y la memoria cultural del país.

En conjunto, el I Encuentro de Historia del Arte ofreció una plataforma para que los historiadores del arte en Colombia se cuestionen sobre la propia construcción de su disciplina y sobre la legitimidad de sus narrativas. Al proponer preguntas en torno a la visibilidad de ciertos actores y la centralidad de lo local frente a lo global, este evento abrió el camino a pensar una historia del arte que pueda responder a los retos contemporáneos de diversidad, inclusión y representación. La pluralidad de voces y enfoques que emergieron en las diferentes mesas es una muestra de cómo la historia del arte en Colombia está expandiéndose para incluir nuevas miradas, valorando tanto el arte de las regiones como los procesos de creación y preservación en un contexto que reconoce la multiplicidad de experiencias en el país.

Este encuentro, además, se proyectó como un llamado a la acción. Al reunir y visibilizar los esfuerzos de los académicos y profesionales del campo, se crea una base sólida para futuros estudios y colaboraciones, promoviendo una historia del arte que no solo documente el pasado, sino que también se involucre activamente en los procesos sociales y políticos que afectan a la cultura visual colombiana. En este sentido, los diversos textos que componen este dossier de H-ART asumen el riesgo de pensar, desde diversas perspectivas, un diagnóstico de los desafíos y oportunidades actuales, además de fortalecer el compromiso de los historiadores del arte en Colombia con la construcción de una disciplina reflexiva, inclusiva y en sintonía con las complejidades de su contexto social y cultural.

En este horizonte, los textos recopilados en este número nos permiten pensar, desde una perspectiva global, en la historia del arte latinoamericano, y en particular la colombiana consciente de sus desafíos específicos a la hora de producir conocimientos y narrativas que den cuenta de las complejidades de su desarrollo. Por supuesto, no se trata solo de documentar la formación de los artistas, los movimientos y las tendencias, sino también de comprender las dinámicas de circulación y legitimación del arte. Las galerías, los museos, las publicaciones, las políticas culturales y los públicos son parte fundamental de un sistema que influye directamente en cómo se concibe y se valora la producción artística. Sin una reflexión profunda sobre la propia historia de estos elementos y procesos la historiografía del arte corre el riesgo de quedarse en la superficie de los fenómenos.

Por ello, la apuesta reflexiva que este nuevo dossier de H-ART presenta permite explorar la consolidación de la historia del arte en Colombia como un proceso interconectado de eventos y figuras clave a lo largo del siglo XX. De esta manera, durante el siglo XX podemos señalar a Gabriel Giraldo Jaramillo que, en la década de 1930, se destacó como uno de los primeros en escribir sobre el arte en el país, siguiendo una línea tradicionalista vinculada a la Academia Colombiana de Historia. Más adelante, en 1946, Jaime Jaramillo Uribe viajó a París, donde estudió bajo la influencia de Ernest Labrousse y la Escuela de los Annales, adoptando un enfoque que introduce en Colombia al regresar y contribuyendo a la transformación del campo historiográfico. Dos años después, en 1948, el Decreto 2328 impulsó el estudio de la historia nacional y su relación con los símbolos patrios, y en ese mismo año se fundó la primera galería de arte de Bogotá, marcando el inicio de la exhibición y la venta del arte moderno en Colombia.

En 1952 la Galería de Arte Leo Matiz organizó el Salón de los rechazados, evento significativo que impulsó la modernización del arte colombiano y señaló un cambio hacia un lenguaje más contemporáneo. La llegada de Marta Traba en 1954 también marcó un hito; sus programas de televisión de mediados de los años cincuenta y su crítica pedagógica en medios masivos fomentaron un nuevo interés en el arte moderno, preparando al público para comprender y valorar las innovaciones en el ámbito artístico. Para 1957, en el X Salón Nacional de Artistas se estableció como requisito que los jurados fueran críticos o historiadores de arte, estableciendo criterios que buscaron consolidar un campo más profesionalizado y crítico.

En los años siguientes, se establecieron varias instituciones culturales esenciales para el desarrollo del arte en el país, incluyendo el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO) en 1962; el Museo de Arte Moderno La Tertulia enCali, en 1956, el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá, en 1966 y, en 1970, el Museo de Arte de la Universidad Nacional bajo la dirección de Germán Rubiano. En paralelo, en los años sesenta Jaime Jaramillo funda el Anuario colombiano de historia social y de la cultura y el Departamento de Historia en la Universidad Nacional, impulsando una renovación en la historiografía y el análisis artístico en el país. Este periodo también es testigo de la irrupción de movimientos conceptuales en el arte colombiano, con figuras como Beatriz González y Feliza Bursztyn, quienes desafiaron normas convencionales y enriquecieron el debate crítico.

Asimismo, en 1983-1984 Marta Traba grabó La historia del arte moderno contada desde Bogotá, serie educativa que refuerza la comprensión del arte moderno en el país y marca un hito en la difusión de esta perspectiva histórica. Estos eventos, entre muchos otros, desde la profesionalización de la crítica y la historiografía hasta la creación de espacios dedicados al arte, fueron el resultado de un proceso sostenido que ayudó a la consolidación del campo del arte en Colombia, además de establecer una base sólida para su estudio y valoración en el contexto nacional e internacional.

Además de los eventos y situaciones señalados, es importante destacar que a lo largo del siglo XX se intentaron librar obstáculos para la consolidación de la historia del arte en Colombia a partir de la producción y difusión de un cuerpo crítico robusto que buscaba acompañar los diversos procesos artísticos. En este sentido, podemos destacar algunos textos, como Notas y documentos sobre el arte en Colombia1 de Gabriel Giraldo Jaramillo, quien ofrece una compilación de noticias curiosas, documentos inéditos y comentarios de exposiciones sobre el desarrollo de las artes plásticas en Colombia desde la Colonia hasta mediados del siglo XX; también destaca el libro El arte colombiano2 de Gil Tovar, quien cuestiona la idea de un arte verdaderamente “colombiano”, sugiriendo en cambio la existencia de manifestaciones artísticas en territorio colombiano que reflejan influencias diversas. Con el propósito de “historiar e informar” de manera breve y clara sobre las manifestaciones plásticas más significativas, el texto plantea el problema de definir qué es nacional y qué no lo es, abordando cómo las corrientes, técnicas y movimientos extranjeros influyen en los artistas locales. Y en cierta correspondencia con las reflexiones sobre el territorio es importante también el libro Geografía del arte en Colombia3 del crítico y ensayista Eugenio Barney Cabrera, publicado inicialmente en 1965 por Colcultura y reeditado en 2005 por la Universidad del Valle, que ofrece una visión panorámica de las artes plásticas en Colombia, examinando su desarrollo en relación con las dinámicas políticas y sociales del país. Además, Barney Cabrera explora la tensión entre el “arte por el arte” y el “arte por el comercio”, proporcionando un análisis regional que destaca las particularidades culturales y artísticas de cada zona.

Desde otra perspectiva, Historia abierta del arte colombiano,4 de Marta Traba, publicado en 1984 por Colcultura y en su primera edición en 1974 por el Museo de Arte Moderno La Tertulia de Cali, ofrece una visión del arte colombiano a través de las colecciones del Museo Nacional. El objetivo de Traba fue interpretar las formas creativas colombianas más representativas, explorando el concepto de “arte nacional” y estableciendo hitos que contribuyan a un canon artístico local. La autora busca dar coherencia a los eventos dispersos de la historia del arte colombiano, proponiendo una narrativa abierta que invita a la investigación y a la crítica, lo que la llevó a rechazar esquemas normativos y términos que pretenden englobar y totalizar como los de progreso o libertad.

Por supuesto, estos no son los únicos textos que se han producido; la historiografía del arte en Colombia también cuenta con historias con un marcado status de “generales” que proponen visiones integrales y de largo aliento del arte colombiano, algo que se evidencia incluso en los títulos de estas obras. Ejemplos de este tipo de apuestas “blandas” incluyen el Manual de historia de Colombia,5 Arte colombiano: 3.500 años de historia,6 El arte en Colombia7 o el proyecto de Salvat, Historia del arte colombiano.8 Por otro lado, también existen relatos que se enfocan en regiones específicas o en expresiones artísticas particulares,los cuales no pretenden construir una historia “global” del arte colombiano. Dentro de esta categoría se encuentran obras como Historia de la pintura y el grabado en Antioquia,9 Historia de la fotografía en Colombia, 1950-200010 y Escultura colombiana del siglo XX,11 o Apuntes para una historia del arte contemporáneo en Antioquia.12

La diversidad textual y metodológica de estos textos presenta retos importantes para pensar, en términos disciplinares, la forma y las perspectivas en que se abordan los procesos artísticos, la configuración y la delimitación de los contenidos de una historia, los tópicos históricos que no preserven los lugares comunes de las cronologías o el relacionamiento de meros datos historiográficos, la reflexión metadiscursiva y autorreflexiva que relacione la propia estructura discursiva de la historia y el concepto de arte, o el establecimiento de criterios y distinciones metodológicos de aproximación, entre otros intereses. Así, esta diversidad discursiva posibilita revisiones críticas y rigurosas de sus aportes y limitaciones en lo que respecta a los modos de inscripción, la discusión y la intermediación institucional de la disciplina, así como el análisis de los aportes conceptuales e históricos que estas apuestas fundacionales han ofrecido para aproximarnos a diversas visiones del arte que, a grandes rasgos, al oscilar entre lo nacional, lo regional, lo contemporáneo o las múltiples expresiones artísticas, dan pie a indagaciones sobre la receptividad, el propio registro de los acontecimientos de producción y registro del arte que se ha desarrollado en el país.

Entre estas indagaciones podemos mencionar Arte en Colombia, 1981-200613 de Carlos Arturo Fernández Uribe, quien señala que la importancia de la disciplina de la historia del arte en el contexto colombiano ha permitido la interpretación de la identidad nacional, que articula el pasado cultural con narrativas críticas frente a los centros hegemónicos; el reconocimiento de figuras clave y tendencias emergentes y los movimientos vanguardistas, que reflejan transformaciones culturales; la ruptura y la pluralidad estética evidenciada en eventos como la Bienal de Medellín, que marcaron un giro hacia la diversidad estilística y conceptual; la revisión de paradigmas y la descentralización, que desvinculan al arte colombiano de la dependencia de modelos internacionales y reivindican lo local en un contexto global; o el papel educativo, que, mediante figuras como Marta Traba, fomenta la formación de públicos críticos, integrando la reflexión artística en la sociedad.

Como vemos, este tipo de cuestionamientos, aperturas y aproximaciones a la historia del arte se alinea con las advertencias de teóricos como Friedrich Schlegel, quien señaló que “someter determinados hechos al pensamiento implica ya relacionarlos con ciertos conceptos”.14 Esto quiere decir que la narrativa histórica, incluida la del arte, es también una construcción conceptual que refleja las elecciones y los marcos de comprensión de sus autores. En esta perspectiva, el estudio de la historia del arte no puede limitarse a un enfoque puramente descriptivo; requiere, como sugieren pensadores como Arthur Danto,15 Hans Belting16 o Juan Antonio Ramírez,17 una reflexión filosófica que permita cuestionar los supuestos epistemológicos que subyacen a las narrativas históricas. En este sentido, el ejercicio historiográfico debe ser visto no solo como un registro del pasado, sino como una construcción que refleja las inquietudes y desafíos del presente. La historia del arte, entonces, se convierte en un campo de disputa donde convergen diferentes visiones sobre el significado del arte y su función en la sociedad.

En el caso colombiano, y ubicándonos en las últimas décadas del siglo XX y en las que llevamos del siglo XXI, destacamos múltiples fuentes que han ayudado a configurar los lugares de enunciación de la historia del arte en el país, desde aproximaciones críticas como las de Carolina Ponce de León,18 Sol Astrid Giraldo19 o Natalia Gutiérrez,20 hasta las las propuestas históricas de la artista Beatriz González21 o los historiadores Carlos Arturo Fernández22 e Ivonne Pini,23 entre otros actores del campo, quienes desde diversas perspectivas, y con fuertes vínculos con otros ámbitos del conocimiento, han planteado narrativas históricas que manifiestan decisiones autorales sobre qué contar, cómo contarlo y desde qué posición hacerlo. Entre las propuestas recientes destaco el libro de Sara Fernández Gómez Conceptos generales en las historias del arte colombiano. Historia, arte y nación, 1959-1985,24 quien aborda precisamente los problemas de las historias del arte en Colombia que han intentado construir una identidad nacional a partir de selecciones parciales o excluyentes, señalando cómo estas decisiones responden a intereses específicos que no siempre son explícitos. Así, su análisis no solo desmantela las pretensiones de objetividad de muchas narrativas, sino que también propone una lectura más crítica y consciente de los procesos de legitimación cultural.

Otra apuesta que resalto es Historias del arte en Colombia. Identidades, materialidades, migraciones y geografías, editado por Olga Isabel Acosta Luna, Natalia Lozada Mendieta y Juanita Solano Roa.25 En estas Historias hay una amplia y contemporánea perspectiva que entrecruza la historia del arte y los problemas cruciales de la identidad, la materialidad, la migración o la geografía. Así, a partir de estas nociones se articula este libro que discute los enfoques tradicionales, los lugares comunes de la historia del arte, y los diversos cánones y discursos jerárquicos que han constituido gran parte de la historia del arte en el país. De igual manera, el libro Las indisciplinas de la historia del arte26 muestra un creciente interés por revalorizar los fundamentos de la disciplina y cuestionar sus límites metodológicos y narrativos. En Colombia, este tipo de reflexiones son particularmente relevantes porque aportan a la consolidación y profesionalización de la disciplina, que se entiende como espacio de diálogo crítico que cuestionalas prácticas convencionales y busca nuevas maneras de escribir y entender su pasado artístico.

Además de los desafíos conceptuales que esta producción discursiva ha aportado a la discusión sobre la disciplina, la escritura de la historia del arte en Colombia también se ha enfrentado en las últimas décadas a limitaciones metodológicas que han sido indagadas desde diversas perspectivas. Así, ante la proximidad temporal de muchos de los fenómenos que la historia lleva a una representación discursiva se han planteado análisis sobre la relación entre historia, crítica y periodismo, lo que dificulta el desarrollo de una historiografía sólida. Como advierte Efrén Giraldo,27 las narrativas contemporáneas corren el riesgo de convertirse en ejercicios superficiales que no logran captar la complejidad de los procesos artísticos; por ello, los enfoques y apuestas que he relacionado intentan integrar herramientas de la historia cultural, la filosofía y la crítica, ofreciendo un modelo más robusto para la interpretación del arte colombiano.28 En este sentido, es valioso el planteamiento de Giraldo29 por reflexionar sobre la escritura de la historia del arte, especialmente en contextos en los que las obras de arte son difíciles de capturar mediante métodos tradicionales; así, la narrativa permite reconstruir y dar significado a partir de la integración de elementos de ficción y retórica para interpretar y representar acontecimientos artísticos. Asimismo, Giraldo explora cómo el conocimiento histórico incluye una dimensión imaginativa que convierte los hechos en construcciones narrativas, alejándose de la pura objetividad científica.

Ahora bien, además de los desafíos discursivos que he relacionado existen iniciativas y procesos institucionales que han fortalecido la reflexión crítica sobre la historia del arte y el arte en Colombia. Las maestrías en historia del arte ofrecidas por la Universidad de Antioquia, la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad de los Andes o la Universidad Jorge Tadeo Lozano son ejemplos de este esfuerzo por consolidar una tradición académica en el campo. Además de estos programas, la disciplina ha contado con plataformas de difusión, transmisión, producción y recepción en las cuales se han pensado diversas relaciones entre la historia, el arte y la teoría.

En este sentido, los eventos académicos como los Simposios de Historia del Arte de la Universidad de los Andes, o los Seminarios Nacionales de Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Antioquia, por mencionar solo dos ejemplos con amplia trayectoria en el país, así como los proyectos de investigación y publicaciones recientes que se han desarrollado a partir de estos eventos públicos, revelan un campo en el que se entrecruzan las preocupaciones por la identidad nacional a partir de la exploración y revaloración de expresiones locales que puedan dialogar con las tradiciones internacionales sin ser subsumidas; indagaciones por la interdisciplinariedad que enriquecen la comprensión de los diversos fenómenos culturales del país; o el análisis crítico de los medios y las formas de representación, lo que implica abordar los desafíos metodológicos de la escritura de la disciplina para repensar el papel de los medios contemporáneos en el arte.

En esta perspectiva, estos encuentros le han permitido a los historiadores del arte en Colombia cuestionar y reinterpretar la producción artística en función de las dinámicas culturales, políticas y sociales que la atraviesan. A través de este tipo de instancias y lugares la historia del arte en Colombia se encuentra en un momento de redefinición y crecimiento que responde a su contexto único y a las demandas de una disciplina en constante cambio. De igual manera, el apoyo institucional es fundamental. Iniciativas como las convocatorias de Idartes yla Fundación Gilberto Álzate Avendaño, las publicaciones del Museo Nacional de Colombia, la colección Artistas Colombianos del Ministerio de Cultura, entre otras, han contribuido a la promoción de la investigación y la reflexión crítica sobre el arte al generar articulaciones entre diferentes actores del campo artístico y académico, y un espacio de difusión y publicación que ha dado cuenta delas complejidades del contexto contemporáneo en Colombia. En esta perspectiva, en medio de este breve diagnóstico que he esbozado y siguiendo el rastro de las inquietudes y apuestas planteadas, este dossier de H-ART representa un esfuerzo significativo que ofrece algunas reflexiones críticas sobre los conceptos, las metodologías y las decisiones que configuran el campo de la historia del arte en el país.

De este modo, el artículo “La construcción de la biografía de artista en el Papel Periódico Ilustrado de Diana Toro Henao examina las narrativas de figuras artísticas en uno de los periódicos más influyentes del siglo XIX. A través de las biografías de José Espinosa, José Manuel Groot, Francisco Javier Matís y Ramón Torres Méndez, la autora investiga cómo estos relatos configuraron una imagen del artista que vinculaba la identidad nacional, el reconocimiento social y los valores estéticos, reflejando una construcción temprana de la memoria artística en Colombia. En “Manejar el legado colonial. Teresa Cuervo Borda y Sophy Pizano de Ortiz en la dirección del Museo de Arte Colonial de Bogotá, 1942-1953”, Diego Fernando López Aguirre explora los primeros esfuerzos institucionales en la preservación de la memoria colonial, a través de la gestión de las primeras directoras del Museo de Arte Colonial. Esta investigación ilumina cómo las nociones de patrimonio y arte promovidas por estas directoras contribuyeron a una identidad nacional en construcción, abordando los retos de la historiografía desde una perspectiva institucional.

Asimismo, el artículo “La consolidación del campo del arte en Colombia” de Sara Fernández Gómez profundiza en la historia del campo artístico en el siglo XX, destacando cómo el surgimiento de publicaciones y museos, junto con el desarrollo de la crítica y la profesionalización, configuraron el panorama artístico nacional. Al situar el concepto de nación como un lugar de enunciación, la autora reflexiona sobre la necesidad de reconocer la historia del arte colombiano a través de múltiples perspectivas, evitando visiones unilaterales y ampliando el alcance interpretativo de la disciplina. Finalmente, “El arte del contrapunto y la paradoja” de María Margarita Malagón-Kurka analiza la obra de artistas contemporáneos como Juan Fernando Herrán, Juan Manuel Echavarría, Clemencia Echeverri, Óscar Muñoz y Doris Salcedo, quienes abordan temas de fragilidad y resistencia en sus trabajos. Estas obras actúan como mementos poético-políticos, interpelando las dimensiones existenciales y contextuales de la historia reciente de Colombia y revelando una capacidad artística para confrontar y sublimar situaciones traumáticas en un contexto simbólico y universal.

En consecuencia, el interés de este dossier consiste en cuestionar y expandir las fronteras de la historia del arte en Colombia, invitando a pensar el oficio desde la diversidad de voces y lugares de enunciación en el país. Esta apuesta se ve reflejada en la reflexión de los diversos artículos sobre el archivo, el género, la identidad o el territorio, lo que revela un compromiso con el análisis crítico y situado, necesario para una disciplina que sigue definiéndose en la historia cultural del país. Con ello, la presente invitación a pensar y reflexionar sobre la historia del arte en Colombia y sus lugares de enunciación busca aportar al diálogo y la discusión sobre lo que significa pensar y hacer la historia del arte desde y en Colombia. Siguiendo el rastro de estas preguntas, esperamos que los artículos aquí presentados ayuden a pensar el territorio como lugar desde donde se habla e investiga, y a reflexionar sobre las maneras en las que se han abordado y se abordan las categorías de lo local, lo regional, lo nacional y lo latinoamericano; así como preguntar sobre las implicaciones que tiene el trabajo con archivos y colecciones locales al asumir los retos que surgen de los problemas metodológicos y estructurales del oficio del historiador del arte. 

Bibliografía

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Cómo citar:

Vanegas Zubiría, Carlos. “La historia del arte en Colombia y sus lugares de enunciación”. H-ART. Revista de historia, teoría y crítica de arte, n.o 19 (2025): 17-28. https://doi.org/10.25025/hart19.2025.01.

  1. 1. Gabriel Giraldo Jaramillo, Notas y documentos sobre el arte en Colombia (Editorial ABC, 1954).

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  29. 29. Efrén Giraldo, “Ficción e historiografía del arte. Escritura del arte y narración. El caso del Concurso Nacional de Arte Riogrande II”, en Indisciplinas de la historia del arte, 191-216.