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Contra el espectáculo del comienzo.La memoria de las mujeres cocinerasdel Paseo del Río en Barrancabermeja

Against the Spectacle of Beginning: The Memory of the Women Cooksof Paseo del Río in Barrancabermeja

Contra o espetáculo do começo. A memória das mulheres cozinheirasdo Paseo do Río em Barrancabermeja

Fecha de recepción: 5 de mayo de 2025. Fecha de aceptación: 16 de julio de 2025. Fecha de modificaciones: 31 de julio de 2025

DOI: https://doi.org/10.25025/hart.11479

Óscar Daniel Campo Becerra

Profesor Asistente de tiempo completo en el Programa de Lenguas Modernas y Cultura de la Universidad del Norte, Colombia. PhD en Literatura y Cultura Latinoamericana de la University of Illinois at Chicago, Estados Unidos.

Resumen:

En este texto reflexiono sobre el proceso de construcción de memoria de las mujeres cocineras del Paseo del Río, en la coyuntura de su desalojo de la orilla del río Magdalena en Barrancabermeja. A partir de las imágenes tomadas el 31 de diciembre del 2022 durante la inauguración de la obra de renovación arquitectónica Distrito Malecón, y de la ausencia de las mujeres cocineras en esta escena, me propongo leer tal borramiento como manifestación del poder poscolonial en una ciudad con un larga tradición de enclave petrolero (fundado como municipio en 1922). El análisis de la escena permite mostrar cómo las mujeres cocineras interrumpen el espectáculo del poder y los mecanismos de su representación, así como la lógica del emprendimiento que informa el discurso de la alcaldía.

Palabras clave:

Crítica poscolonial, memoria, ciudad enclave, análisis cultural.

Abstract:

In this article, I reflect on the process of memory construction among the women cooks of Paseo del Río in the context of their eviction from the banks of the Magdalena river in Barrancabermeja. Based on images taken on December 31, 2022, during the inauguration of the Distrito Malecón architectural renovation, and the absence of the women cooks in this scene, I aim to interpret this erasure as a manifestation of postcolonial power in an oil enclave city. The analysis of the scene reveals how the women cooks interrupt the spectacle of power and its representational mechanisms, as well as the entrepreneurial logic that informs the mayor’s discourse.

Keywords:

Postcolonial critique, memory, enclave city, cultural analysis.

Resumo:

Neste texto reflito sobre o processo de construção de memória das mulheres cozinheiras do Paseo do Río, na conjuntura de sua habitação à margem do rio Magdalena em Barrancabermeja. A partir das imagens feitas em 31 de dezembro de 2022 durante a inauguração da obra de renovação arquitetônica Distrito Malecón, e da ausência das mulheres cozinheiras neste cenário, me proponho a ler tal apagamento como manifestação do poder pós-colonial em uma cidade com uma longa tradição de enclave petrolífero (fundado como município em 1922). A análise do cenário permite mostrar como as mulheres cozinheiras interrompem o espetáculo do poder e os mecanismos de sua representação, bem como a lógica do empreendimento que informa o discurso da prefeitura.

Palavras-chave:

Crítica pós-colonial, memória, cidade enclave, análise cultural.

La escena inaugural1

En la imagen aparece el alcalde, Alfonso Eljach, con un casco de seguridad en una mano y un micrófono en la otra. Es el último día del 2022:

—Todos los que estamos acá no descansamos ni el 31 de diciembre porque nos encanta Barrancabermeja y hacemos todo por ella, arenga el alcalde.

La multitud alrededor se emociona y aplaude antes de que termine de hablar. No es el amor por la ciudad lo que entusiasma sino la mención de la falta de descanso. Eso me asombra por un instante, pero después ya no: la firma del acta de inicio de la obra en una fecha inusual subraya los esfuerzos hechos en procura del cambio.

—Cambiar las cosas no es sencillo. El cambio más difícil no es de la-drillo y cemento; es de acá, dice el alcalde, tocándose la cabeza con la punta del dedo.

¿De qué cambio habla? No lo explica. La audiencia tampoco parece necesitar más precisiones. Para continuar con el protocolo, el alcalde pone el proyecto en manos de Dios y de los contratistas. Ahí es cuando corre a montarse en la retroexcavadora. Periodistas y curiosos rodean el vehículo. “Esa máquina”, la llama el locutor que empieza a narrar lo que estamos viendo.

El locutor empieza el conteo regresivo:

—Iniciamos obra en 10… 9… 8…

La retro levanta su propio peso apoyada en las dos patas delanteras, hasta que el brazo mecánico queda bien cerca de la parte alta de la pared, a la altura donde debió haber un techo. Se trata de una casa en ruinas, pero con la fachada aún en pie. La edificación guarda el estilo de las casonas antiguas: techos altos para lidiar con el calor, cenefas en los muros superiores. No están construidas alrededor del parque central, en el estilo damero de las ciudades del interior del país, sino a lo largo de la calle principal que lleva al puerto.

—5… 4…, continúa el locutor.

Cuando las familias prestantes dejaron de vivir cerca de la calle prin-cipal, muchas de estas casonas se convirtieron en inquilinatos, en sedes de partidos políticos o en locales comerciales. El último negocio que acogió esta esquina frente a la que ubicaron la retroexcavadora fue una escuela de conducción.

—2… 1…

El cucharón de la máquina tumba sin contemplaciones la pared de la fachada, se amontonan ruinas sobre ruinas y oímos estallar la apoteosis en la voz del locutor, como una tempestad que sopla y nos envuelve:2

—¡Bienvenido el BIT del Río, que viva nuestro centenario!

Imágenes 1 a 6. Las imágenes corresponden al registro audiovisual del evento del 31 de diciembre analizado en el artículo. Fotografías: Isabella Londoño.

Una canción de tambora arranca de forma simultánea junto con los gritos y aplausos de los asistentes. Ahí es cuando el locutor, contagiado por el momento o por el libreto, anuncia:

—Así se hace la historia.

La pista musical crece y la voz de la tamborera deriva en una pista de tropipop en la que destaca el acordeón.

Listo: ya ocurrió. Se hizo la historia. Finaliza el año y parece que algo más terminara. Se celebra el centenario de la fundación del municipio (ocurrida en 1922), pero con la firma del acta de inicio de esta obra gigantesca algo nuevo (“el cambio”) se inaugura formalmente. Las ruinas, el sol intenso, la gente moviéndose de un lado a otro no restan solemnidad al acto. El escenario armado para el evento muestra una conciencia clara del comienzo y de la necesidad del espectáculo que lo hace posible. Es una puesta en escena poco habitual del poder, pero no por eso menos eficiente: la figura bonachona y cercana del alcalde participa de un convite en la mitad de la calle, sin mucho protocolo.

Importa ver sobre todo la conciencia del escenario: la teatralidad del poder es lo que legitima el cambio. “What matters is not only the mechanisms of power […] but also, and perhaps even more so, ‘the ways in which power produces its own representation”.3 La puesta en escena del poder no acarrea en principio una muestra explícita de la fuerza, pero tampoco estamos frente al ejercicio de un poder que confía en un orden biopolítico, es decir, en la internalización de unas formas de autoridad y disciplinamiento; en cambio, el poder está ahí, contenido en el gesto de derrumbar la pared con el cucharón de la retroexcavadora: en un efecto metonímico, quienes asistimos experimentamos la fuerza del brazo mecánico activado directamente por el alcalde como una manifestación del poder institucional y de la vehemencia del cambio que acompaña su propuesta de renovación arquitectónica del muelle. Estamos así frente a una escena poscolonial del poder. Este artículo se origina en la necesidad de proponer una revisión crítica de tal escena.

A continuación exploro, primero, las condiciones de posibilidad del gesto de borramiento con la intención de establecer una relación entre el presente del desalojo de las mujeres cocineras y la tradición de ciudad enclave, y de mostrar al tiempo que la inscripción de las mujeres en la escena (a pesar de su ausencia o precisamente por esta) implica una ruptura o una interrupción (momentánea) del poder poscolonial. Después me detengo en la caracterización de las nuevas formas de poder poscolonial que, en el caso del proyecto de renovación arquitectónica del Paseo del Río, bajo la lógica del emprendedurismo y el uso del rénder, actualizan las nociones claves de “progreso”, “trabajo” y “territorio”. En la sección final discuto cómo, a través de la hibridez de formato y la porosidad de los materiales, el tipo de memoria que proponen las mujeres cocineras responde justamente a las demandas del contexto y, en esa medida, se puede leer como una forma poscolonial de la crítica.4 Por último, insisto en mi texto en la incorporación de pasajes narrativos que buscan captar la multiplicidad de voces y de perspectivas que componen el archivo singular de las mujeres del Paseo del Río, menos afín a un objeto o serie de objetos (libro, video, instalación) o a un espacio museístico (físico o digital) capaz de materializar la totalidad de esa memoria y, en cambio, más cercano a una serie de operaciones estéticas y discursivas que han implementado las mujeres cuando necesitaron defender su presencia en la orilla del río.

El comienzo del comienzo. La ciudad enclave

¿Para quién se performa el espectáculo del “comienzo”? ¿De dónde surge la necesidad de esta puesta en escena? ¿A quién le habla el alcalde y las personas que representan el gran proyecto arquitectónico de renovación del puerto en Barrancabermeja? ¿Por qué no están entre las invitadas, ni siquiera entre las personas que curiosean alrededor, las cocineras tradicionales del Paseo del Río, que son quienes ocupan el muelle desde hace varias décadas, es decir, el sector de la ciudad sobre el que se planeó la renovación? Son treinta y tres dueñas de locales, cada una con otros dos o tres familiares que colaboran en la administración del negocio, además de las empleadas fijas o temporales que se requieren. Suman más de setenta familias afectadas por la tempestad del progreso y los vientos del cambio que la anticipan.

La fila de restaurantes del Paseo del Río se extiende a lo largo de la orilla. Inicialmente eran cuarenta puestos, pero algunos se fusionaron o se reestructuraron hasta quedar los treinta y tres de la actualidad.5 En un extremo, en los años recientes, pusieron ventas de jugos, coco y patillazo. En el otro se situaron, sin permiso de nadie, las mesas de venta de pescados que salieron de su barrio original huyendo de las zonas de inundación del caño Cardales; esas mesas tapan la vista del Hotel Pipatón, una construcción colonial actualmente abandonada, que se construyó para recibir a los extranjeros ávidos de petróleo que llegaron a comienzos del siglo pasado. La construcción de un mercado pesquero está dentro de los planes, aunque tampoco están los pescaderos ni esos otros vendedores callejeros en el evento de inauguración. ¿Qué es entonces lo que en verdad comienza?6

Ante la urgencia de su desaparición, fuimos a registrar la vida del Paseo del Río y a entrevistar a las mujeres. Aterrizamos en el aeropuerto Yariguíes una semana antes con una idea vaga de lo que nos íbamos a encontrar.7 Las mujeres están ocupadas atendiendo clientes. Familias, grupos de obreros temporales en overol, gente que está de paso, policías de la estación cercana. En las pausas que permite el ajetreo del día nos sentamos en las mismas mesas de los locales, acomodamos la cámara con rapidez, instalamos el micrófono de solapa y conversamos. A veces vamos hasta un árbol que da sombra junto a la orilla y en el que hay un tronco de madera debajo. Lo dispusieron las mismas personas del sector. No solo el movimiento diario es intenso, sino que ha habido poco chance de planear o de avisarles a todas que queremos hacer un registro. No estamos bien preparados. De hecho, la persona que coordina el registro audiovisual y yo nunca hemos trabajado juntos. Pero al igual que una amiga escritora, o que otra colega gestora y dramaturga, o una investigadora del movimiento social de Barranca, que además es ilustradora, en el último mes, somos varios los que hemos experimentado la urgencia de hacer algo. Había que venir ya. A grabar el cierre del Paseo del Río. A recoger testimonios para algo que pudiéramos llamar “archivo” o “memoria”.8

La amenaza del desalojo de los locales del Paseo del Río pende desde hace meses. Que en octubre del 2022 las sacaban y en diciembre se iniciaría el pilotaje necesario porque el agua está socavando el muelle. En ese proceso, había que destruir los locales. El mensaje llegó por vías oficiales. La Secretaría de Movilidad, la contralora, una funcionaria de la Defensoría del Pueblo. También en la campaña desplegada formal e informalmente a través de medios de comunicación y de redes sociales: se está cayendo el puerto y hay que hacer algo: las mujeres del Paseo del Río deben desocupar para empezar las obras. Ese es el mensaje que ha llegado a los ciudadanos, al menos el que replican distintos taxistas en charlas informales cada vez que comentamos con ellos la situación mientras llevamos y traemos los equipos que usamos para el registro. También es el mensaje contenido en las comunicaciones oficiales del alcalde y otros funcionarios sobre la situación del muelle.

La verdad es que el puerto requiere un mantenimiento urgente. Hace años que las mismas mujeres lo vienen pidiendo.9 Pero hasta ahora, hasta justo antes de que se hablara de un gran proyecto de renovación distrital, en treinta años ningún alcalde había vuelto a mirar el puerto o las condiciones del muelle: el suelo ha cedido a la fuerza paciente del río y esto se nota en las troneras que hay que esquivar cuando se camina por ahí; la salubridad de la venta de pescado resulta cada día más intolerable; no se ha hecho mantenimiento a la red eléctrica, ni a la infraestructura en general.

Unos años atrás, en otra administración, declararon la emergencia sanitaria y el plan de contingencia consistió en la instalación de una malla justo enfrente de los restaurantes del Paseo del Río, para prevenir que la gente paseara por la orilla. A las pocas semanas le abrieron huecos en varios puntos y desde entonces no ha pasado nada más. Viene de bien atrás la relación de la ciudad con las mallas separando los barrios de los empresarios norteamericanos del petróleo y el resto de la ciudad o los barrios de los obreros rasos de los de los directivos. Cuando preguntamos quién hizo los huecos, la respuesta se repite: la gente, los que circulan por ahí.

—El río es de todos, ¿no?, se pregunta una de las mujeres cocineras.10

Otra de las entrevistadas insiste:

—La mayoría de la gente llega y dice: “¿No tiene mesa del otro lado?”. Queremos mirar el río.11

Las mujeres del Paseo del Río llevan más de cincuenta años allí. Las fundadoras estaban desde antes de que existiera el nombre (se le llama así desde los noventa). Apenas quedan unas pocas fundadoras, mi abuela entre ellas, Felicita Lara. En el 2009 las mujeres cocineras del Paseo del Río recibieron el reconocimiento de Patrimonio Cultural Inmaterial. A mi abuela le entregaron el diploma en representación de las demás fundadoras. Son ellas las que han cuidado la orilla del río durante décadas. Eso responden. Una y otra vez, de muchos modos, en las entrevistas.12

Al mensaje de desalojo inminente las mujeres reaccionaron organizándose. No están acostumbradas a aparecer en las noticias, a dar declaraciones en medios, a organizar marchas. Pero les ha tocado, desde que se rompieron las negociaciones con la alcaldía un año antes de la escena del comienzo organizada por el alcalde. Hasta antes de esto, no se habían detenido a pensar en la necesidad de preservar la memoria de su paso por allí. Las prioridades habían sido otras. Primero, en los sesenta y setenta, vendían comida a la intemperie, en el separador de la vía, en los andenes, o de un lado para el otro, pendientes de los que desembarcaban, de los que recogían mercancías, de los que llegaban a buscar trabajo en la empresa de petróleos, ya para entonces llamada Ecopetrol; casi toda la comida la traían preparada de las casas o pensiones en las que vivían. Luego encerraron con madera y tejas de zinc. A esa época la llaman la de los locales de “palito”;13 usaban cilindros y desmontaban a diario la estufa y el mesón de picar, así como las bancas que ofrecían a los clientes; el agua para lavar y cocinar había que traerla en baldes desde las llaves dispuestas para uso público en la Unión Sindical Obrera, el sindicato de Ecopetrol, en una caminata de veinte minutos o más. Después, entre 1991 y 1993, se fundó propiamente el Paseo del Río, una hilera de edificaciones de “material” (cemento y ladrillo) diseñada por el entonces arquitecto Édgar Cote y entregadas en comodato a las mujeres de la Asociación del Paseo del Río. Rifaron el orden de los puestos. A mi abuela le tocó el tres.14

El abogado que contrataron les pidió registro de esto. Les recomendó empezar a documentar su pasado. No hay mucho. Algunas guardan fotos en sus álbumes familiares. Un fotógrafo local les vendía una postal cada año con una imagen de la orilla y de los locales. Pero hace rato dejó de ir. Probablemente murió y, con él, desapareció su archivo. La Organización Femenina Popular tiene un museo propio en Barrancabermeja, el Museo Casa de la Memoria y de las Mujeres del Magdalena Medio. Las cocineras del Paseo del Río tocan esa puerta y otras, tímidamente, sin saber bien qué es lo que hay que prever. La posibilidad del final vuelve urgente la pregunta por la memoria, no solo para los que no estamos implicados en el proceso ahora sino también para las mujeres mismas.

No es la historia de las cocineras del Paseo del Río lo que comienza en la escena protagonizada por el alcalde. Justo lo contrario: el comienzo anunciado de manera espectacular por el locutor (“Así se hace la historia”) vuelve borrosa la presencia de las mujeres cocineras en la escena y en el espacio que han ocupado a lo largo de varias décadas. Pero al intentar invisibilizarlas, al no invitarlas al evento, su ausencia se vuelve relevante en la escena misma del comienzo. ¿A qué alude ese vacío de las mujeres cocineras en la inauguración? ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad del gesto de borramiento? No se trata solo de un gesto aislado, dirigido de manera personalizada contra las mujeres cocineras, sino más bien de una práctica del poder posible en el contexto específico de la ciudad.

La escena del comienzo, situada el 31 de diciembre del 2022 en el Paseo del Río, un siglo después de la fundación del municipio en 1922, señala en verdad el comienzo del comienzo, pues la forma en que “se hace la historia” se inscribe sin problemas en el pasado de Barrancabermeja como ciudad enclave y, por esta vía, como ciudad emblema del poder poscolonial. Jacques Aprile-Gniset asigna por primera vez la categoría de “ciudad enclave” a la historia de Barrancabermeja con la intención de vincular la explotación petrolera a la transformación urbana del puerto, al cabo de décadas de lento crecimiento desde el momento de la conquista. El enclave es un “fenómeno ligado al surgimiento de la ciudad industrial, pero en las condiciones específicas y concretas del paso al capitalismo” que experimenta Colombia a principio del siglo pasado. Agrega Aprile-Gniset enseguida: se trata de un espacio colocado “en situación de despensa colonial”.15 La constitución de un enclave implica entonces la explotación de un medio natural de producción en un hábitat específico, antes incluso de que tal lugar experimente un proceso de ocupación del territorio y desarrollo de la población: primero llega la explotación y luego la gente (la gente que se necesita para hacer ese trabajo). Es el caso de Barrancabermeja en un patrón que se reitera en las historias de migración que están en el origen de la relación entre las cocineras y el Paseo del Río.16

Hasta 1905 el caserío, para entonces llamado Puerto Santander, no muestra mayores variaciones en la ocupación del espacio urbano. De 1905 a 1915 se aprecia un aumento en la dinámica del puerto, concretamente en la salida y entrada de mercancía. Más que nada crece el tránsito de tagua (3088 bultos en 1913), pero también se registran los movimientos iniciales de “bultos” de petróleo (37 también en 1913) que anticipan lo que, a partir de 1915 sobre todo, se habrá de convertir en el producto principal de la ciudad. Este cambio en la economía tiene consecuencias directas en la apariencia y organización administrativa de la ciudad. De las 35 casas y menos de 400 habitantes con los que cuenta en 1901 (ver Tabla 1), situados en las inmediaciones del sector destinado a la renovación arquitectónica del Paseo del Río, la ciudad pasa a tener 67 y más de 500 habitantes en 1908, y se dispara en poco más de diez años a 1450 habitantes en 1919 para completar 3000 en la cabecera del municipio en el año de su fundación, 1922. No es tampoco menor el dato de la presencia formal en el censo de 1928 de 200 norteamericanos.

Tabla 1. Tomada de Génesis de Barrancabermeja, por Jacques Aprile-Gniset.*

* Aprile-Gniset, Génesis de Barrancabermeja, 99.

La transformación urbana del enclave acarrea una forma particular de relación con el territorio, entre las personas que transitan por él y entre quienes participan de la extracción, en este caso petrolera, en las distintas instancias del proceso. En ese sentido, para Aprile-Gniset en La ciudad colombiana. Siglo XIXy XX, la historia de Barrancabermeja difiere fundamentalmente de la de Manizales o Bogotá. El modelo convencional de “capitalismo urbano tradicional”17 no es suficiente para comprender los procesos históricos de una ciudad enclave: aunque aquellas estén igualmente atravesadas por las lógicas del capital, no están necesariamente atravesadas por una economía primaria extractiva. Y una de las consecuencias destacadas es la forma en la que funciona el poder sobre ese territorio y las personas que habitan aquellos lugares “donde el poder de explotación de un recurso exportable se convierte en poder político y de administración propios, suplantando leyes y sustituyendo funcionarios locales en su territorio”.18

La explotación petrolera atrae personas de distintas regiones del país con el deseo de sumarse a la base obrera que requiere de repente la ciudad, pero también acelera el exterminio de los asentamientos indígenas que por siglos habían impedido trazar rutas comerciales con facilidad entre el Magdalena Medio y el interior: “entre 1850 y 1900 la República extermina las comunidades que no habían podido reducir los españoles durante tres siglos”.19 Los fracasos de las expediciones militares en la zona se remontan hasta 1536, ocasionados no solo por la dificultad de las condiciones geográficas y la selva inhóspita, sino también por la belicosidad de los yareguíes, reconocidos por su talento para las emboscadas fluviales y su resistencia a cualquier tipo de asimilación cultural. La ambición comercial que impulsa la explotación petrolera requiere prácticas sistemáticas de exterminio que, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, diezman de modo definitivo la población de los yareguíes. El inicio de la explotación petrolera ocurre de forma simultánea con el exterminio de las comunidades indígenas que ocupaban el territorio al punto que los trabajadores durante sus jornadas estaban expuestos a emboscadas, como se aprecia en la foto de principios del siglo XX en la que se ve a un empleado de la Tropical Oil Company atravesado por una flecha. El último registro oficial corresponde al estudio que entre septiembre y diciembre de 1944 identifica a cinco hablantes de la lengua carare-opón en La Cimitarra, en la ribera del río Magdalena, a dos horas de Barrancabermeja.20

Por un lado, la aceleración del proceso de exterminio indígena que viene aparejada con la explotación petrolera corresponde al tipo de relación con el territorio y la población propia de la ciudad enclave. Por otro lado, en el marco de mi lectura de la escena del comienzo, es posible leer la resistencia y radicalidad con las que se describe ampliamente la historia de los yareguíes, combativos incluso durante la construcción de los primeros campamentos de la Tropical Oil Company, como una interrupción (momentánea) del poder poscolonial que luego resuena y se continúa en el movimiento social y sindical que emerge de forma temprana en Barrancabermeja. Quiero decir con esto que las manifestaciones del poder poscolonial de la ciudad acarrean también formasde resistencia, presentes incluso en el gesto de borramiento con el que se pretende olvidarlas. Pero, como hemos insistido en señalar a propósito de la ausencia de las mujeres cocineras, el vacío de la imagen o del relato también es legible. En esa medida, importa también construir el contexto que hace posible el “no estar-ahí de las cosas”.21 La ausencia de las mujeres en la escena del comienzo es en verdad una marca o una mancha en la imagen que insistimos en leer como una interrupción (momentánea) del poder poscolonial, este a su vez empeñado en desconocer, a través de la renovación arquitectónica del muelle y del espectáculo del comienzo, la relevancia de los vínculos que entabla la población con el territorio.

Imagen 7. Fotografía tomada del Museo del Petróleo de Barrancabermeja.

El nuevo lenguaje del poder

Al principio de su gobierno Alfonso Eljach, el alcalde de Barrancabermeja entre el 2020 y el 2023, prometió incluir a las mujeres en el proyecto de renovación. Parte de su campaña se sustentó en el apoyo de las cocineras del Paseo del Río: “Vamos a llevar el bocachico Frito Sudado a todo el país”, reza un tuit famoso que todavía hoy se puede consultar. Que el alcalde usara el bocachico frito sudado, un plato típico del Paseo del Río, les hacía suponer a ellas que estaban siendo consideradas en el plan de renovación. En una foto de marzo del 2020 el alcalde posa junto al expresidente Iván Duque mientras este sostiene una camiseta con la inscripción “#fritosudado”. A la lideresa de la Asociación de Mujeres del Paseo del Río, Rosalía Campo, mi tía, a quien mi abuela heredó el puesto, la invitaron con gastos pagos a que conociera el Malecón de Barranquilla, para que viera y luego viniera a contarle a las demás cómo iba a quedar el puerto de Barrancabermeja. Los restaurantes de las mujeres se mantendrían en la orilla, pero remodelados, al igual que el resto del sector. Luego ajustaron la idea: ya los locales no seguirían en el mismo sitio, sino que construirían un edificio, el Mirador del Río, para meter todos los puestos de comida adentro (primer piso, cocinas frías; segundo piso, calientes y semicalientes).22

Las reglas de juego se empezaron a modificar drásticamente. Le asignarían a cada un local, aunque ahora tocaba pagar un arriendo. Después se enteraron de que para acceder a los locales nuevos les iban a cobrar un derecho a piso y la adecuación del espacio: en total, la cifra rondaba los 32 millones de pesos (8500 dólares de la época) a las mujeres cocineras que estuvieran interesadas. Al poco tiempo empezaron a mencionar la posibilidad de una indemnización en las reuniones con las entidades oficiales. La información nunca fue clara. Ni las respuestas a las preguntas que surgieron: ¿Por qué cobrar la entrada a piso si la construcción iba a suceder con una partida presupuestal asignada por Ecopetrol a la alcaldía (es decir, con regalías de la explotación del petróleo que le corresponden a la ciudad)? Las mujeres entonces contrataron un abogado y decidieron rechazar tanto la orden de desalojo como la propuesta de construcción del Mirador del Río, en desacuerdo con la idea de tumbar los restaurantes. Desde que se intensificaron los rumores de desalojo las mujeres instalaron una “carpa de la resistencia” precisamente en el lote baldío en el que se planeaba construir el Mirador.

Esto explica también por qué las mujeres no están en el espectáculo del comienzo propuesto por el alcalde este 31 de diciembre del 2022. Su ausencia es muy importante en la trama de la historia que intenta narrar el locutor y que me interesa encuadrar a mí. El momento es clave porque oficializa la disputa entre la alcaldía y la Asociación de Mujeres del Paseo del Río. Ellas no estaban enteradas del evento.

No invitarlas deja claro que no son parte de la narrativa oficial. Y en esa fecha tampoco les sobra el tiempo a ellas. En todo caso, la información sobre la inauguración ha sido elusiva. Un par de días antes, mientras nos dirigíamos a una de las primeras entrevistas, oímos el rumor de que se estaba preparando un gran evento para entregarle medallas a ciudadanos ilustres. Los detalles fueron precisándose hasta el día anterior, en el que supimos que, en efecto, el alcalde planeaba dar un discurso de apertura en el marco de la ceremonia de entrega de las medallas. Nada más que eso. La ceremonia asegura un público que, al igual que nosotros, llegó al sitio desde temprano. Puede ser que, asimismo, ninguno supiera de antemano a qué horas iba a suceder todo. Nadie esperaba lo de la retroexcavadora. Tampoco nadie parece muy sorprendido.

Imagen 8. Captura de pantalla del perfil de X de Alfonso Eljach tomada por Óscar Campo.

Imagen 9. Fotografía de grupo.

Son ya reconocibles en el país las distintas prácticas de privatización a través de gestión pública, en este caso la privatización de la cocina artesanal ydel Paseo del Río. Varias otras familias adineradas de la ciudad han sido invitadas a invertir, es decir, a comprar locales en el nuevo centro comercial, es decir, a alistar los 8500 dólares que vale un local y que pocas personas en la ciudad pueden pagar. Pero lo que resulta novedoso en el contexto del Magdalena Medio y de Barrancabermeja son las maneras de presentación del poder. El espectáculo del comienzo se puede leer como una puesta en escena en la que importa no solo anunciar el inicio de la ejecución de las obras del Distrito Malecón y exhibir una capacidad concreta de gestión de un gobierno, sino que también se está haciendo explícita una capacidad de invisibilizar las interlocuciones incómodas. El espectáculo es también el del borramiento de las mujeres del Paseo del Río.O más concretamente, la disolución de su presencia fantasmal dentro de una lógica nueva, la del “cambio”. En este contexto, la afirmación de su ejercicio de memoria es entonces de forma simultánea una disputa por el pasado y por la noción de historia.

Y las mujeres cocineras del Paseo del Río entienden que su noción de progreso y de historia, o su manera de relacionarse con el espacio que han ocupado a lo largo de varias décadas, choca con la perspectiva del proyecto de renovación arquitectónica en los términos impuestos por la alcaldía. Esa conciencia de la disputa queda registrada en el siguiente pasaje:

Ahorita tenemos la problemática del Distrito Malecón. Hay gente que nosotros no queremos el progreso de acá. Hay gente, de pronto, que no está enterada o creen que es capricho de nosotros. No, no es capricho. Lo que pasa es que, esto tiene más de cuarenta y ocho años, y ellos no lo quieren reconocer, ellos dicen que no es patrimonio histórico […], [que] es turístico, Barranca no tiene nada turístico. Entonces no entiendo por qué no lo van a reconocer. No es ni de uno ni de dos años atrás que estamos hablando, yo creo que yo fui la última en llegar al Paseo del Río y tengo veintidós años de estar acá. Hay compañeras de muchísimo más tiempo […]. ¿Entonces cómo van ellos a desconocer? […] O sea, ¿cómo lo van a destruir? […] Y nosotros tenemos que estar acá, con vista al río, por eso se llama “Paseo del Río”, no “Distrito Malecón”, estamos frente al río. Pero bueno, ahí vamos a dar la lucha y mirar a ver en qué termina ahí.23

Me interesa esta cita porque reúne varios elementos de contraste entre la posición de las mujeres cocineras y la alcaldía respecto al proyecto de renovación, pero además muestra con claridad que las mujeres identifican los múltiples gestos de borramiento (“no lo quieren reconocer”) en los que se basan las nuevas formas del poder. Ellas entienden que no se trata solo de una alianza entre agentes del Estado y grupos armados ilegales, o de un régimen militar en confrontación con un movimiento social de resistencia popular: ese vendría a constituir el lenguaje viejo del poder en la región. Tampoco se trata de la instauración de un orden biopolítico. Quiero decir: no estamos frente a una manifestación plenamente moderna o premoderna del poder, sino frente a una puesta en escena poscolonial del poder en una ciudad enclave que exige, asimismo, una forma de pensar (y de escribir) que capte tal complejidad, “an account, a gaze and a mode of critique able to understand the apparent inversion —or what looks like an ‘inversion’ from Foucault’s perspective— of the relationships between the visible theatricality of power and its invisible imperceptible spheres of action, through a more complicated account of their mutual dependence”.24

En vez de imponerse por la fuerza (o exclusivamente por la fuerza) se está movilizando un discurso específico de progreso relacionado con la productividad cultural y el emprendimiento. Así se describe el edificio BIT del Río, destinado a la formación de personas para el turismo: “El BIT del Río es un ecosistema de emprendimiento en Barrancabermeja y la región, con base en la ciencia, tecnología e innovación, que agrupa las industrias creativas y medios funcionales, industrias culturales, artes y patrimonio”.25 La noción de patrimonio está aquí sin duda subordinada a la lógica del emprendedurismo y de las industrias culturales, y por eso se entiende que tanto el reconocimiento de patrimonio inmaterial concedido a las mujeres cocineras como el reconocimiento equivalente que más recientemente se otorgó a la pesca artesanal en el río Magdalena (y que por lo tanto afecta lo que se construya en la orilla del río) no resultan pertinentes en el marco desde el que se está pensando el proyecto de renovación arquitectónica.

Más allá de que se incluya o no a las cocineras del Paseo del Río en una negociación sobre los términos de la renovación del espacio, ya desde la concepción misma del proyecto del Distrito Malecón ellas no hacen parte de la visión. Las mujeres cocineras van a dar la lucha y a ver en qué termina, como indica la cita anterior, pero también existe en su discurso una conciencia de las formas radicalmente distintas de entender el progreso y los modos de ocupar el territorio. Las mujeres llevan en la orilla del río casi cincuenta años y han establecido un vínculo cotidiano y profundo con el espacio, con las personas que circulan por allí y con el paisaje. En ese sentido, es la relación entre la gente y el territorio lo que fundamenta su noción de progreso o incluso la manera de entender el pasado. Por el contrario, el gesto de borramiento privilegia el territorio como una instancia abstracta desconectada de la población que lo habita. El espectáculo del borramiento de las mujeres de la escena de inauguración del 31 de diciembredel 2022 supone también la inauguración de un nuevo lenguaje del poder que, sin embargo, actualiza las prácticas de la ciudad enclave.

La foto con el expresidente Duque sirve de indicio de la implementación de este tipo de discurso en el Magdalena Medio, pues sin duda la renovación del Paseo del Río es consistente con el marco de la economía naranja, el caballito de batalla del plan de gobierno de Duque.26 En sintonía con las distintas variantes de la teoría acerca del “trabajo inmaterial” y la “economía creativa”27 el lenguaje del emprendimiento es el nuevo lenguaje del poder en Barrancabermeja y una actualización adecuada de la historia poscolonial de la ciudad enclave. La desactivación de este lenguaje no sucede tampoco por las mismas vías que se usaban para confrontar al viejo lenguaje del poder: plantones, movilizaciones, denuncias. O no exclusivamente. Para empezar, no parece haber una arena pública de discusión: el espectáculo limpia los bordes del desacuerdo y lo domestica.

Esto explica que el rénder sea la expresión simbólica fundamental de este nuevo lenguaje del poder y de la noción de progreso que pone en marcha. Riqueza, progreso y espectáculo del poder coinciden en el detalle agregado por el alcalde sobre el edificio del BIT:

—Ese es un pescado gigante. De manera arquitectónica se quiso plasmar. Y ese es el ojo del pescado, sostiene el alcalde (ver Img. 6).28

No se puede pelear con la belleza del rénder, ni contradecir la verdad que propone: su base es la confianza en el poder del espectáculo mismo. En el amontonamiento de las ruinas sobre ruinas del inicio de la obra está contenida la promesa del avance y el mejoramiento de la ciudad cuya representación más poderosa ocurre a través del “tiempo homogéneo y vacío” del rénder.29 El rénder no alude ya a la vieja promesa de felicidad burguesa sino a una versión materialista (en un sentido vulgar del término) de esta: la promesa de riqueza. Hay que trabajar para conseguirla, pero, como ya quedó inscrito, para eso se organizan actos de inauguración un 31 de diciembre: “El redentor del mundo moderno es el trabajo [...]. La riqueza que puede hacer realidad lo que ningún redentor ha logrado hasta ahora consiste en [...] la mejora [...] del trabajo”, cita Benjamin a Dietzgen en “Sobre el concepto de historia”, tesis XI.30 La cultura del trabajo, que tiene raíces hondas en la tradición petrolera de la ciudad, encuentra una manifestación nueva en el progreso del emprendimiento del que el rénder es cifra y símbolo: como individuo debo trabajar ahora para aspirar a la promesa de realidad del rénder.

La posescena

¿Qué fue lo que inició con el espectáculo del comienzo? No solo las obras de renovación arquitectónica, como pretendía el alcalde, pues el vacío de las mujeres cocineras en la escena vuelve legible la disputa por el espacio y la memoria del Paseo del Río; ellas se atraviesan, literal y figurativamente, en la noción de progreso que delinea el proyecto de renovación urbanística, denominado Distrito Malecón. Tampoco “se hace la historia” por primera vez, como anuncia el locutor durante la escena, pues en el contexto de una ciudad enclave como Barrancabermeja, el gesto de borramiento que propicia la escena del comienzo actualiza las formas en que, bajo el discurso del progreso, las manifestaciones poscoloniales del poder desconocen la relevancia del vínculo entre quienes habitan el territorio y la explotación de ese territorio. Más bien, o así me interesa proponer en este artículo, lo que emerge es la posibilidad de construir una mirada crítica de ese nuevo lenguaje del poder y de captar las maneras en que, en todo caso, este lenguaje logra ser interrumpido.

Sin embargo, tampoco podemos sostener que, en la escena del comienzo, en ese evento como tal, se inaugure el ejercicio de memoria de las mujeres del Paseo del Río y la necesidad de afirmar su legado como cuidadoras de la cocina tradicional en la orilla del río Magdalena en Barrancabermeja. Si bien es cierto que tal proceso se da en la coyuntura de la desaparición de los restaurantes, el proceso inicia varios meses antes de diciembre del 2022 con notas periodísticas, documentales informativos, entrevistas para medios locales y nacionales, a través de los cuales las mujeres empezaron a armar su propio relato y a refrendar la pertinencia de su presencia allí desde varias décadas atrás. A ese ejercicio nos sumamos artistas, académicos y activistas de la ciudad, que participamos desde distintos lugares en la construcción de memoria. En el caso concreto de la investigación que hace posible este artículo, después del 31 de diciembre del 2022 continuamos grabando entrevistas en audio y en video hasta noviembre del 2023, específicamente, hasta la firma final de un acuerdo con la alcaldía en noviembre de ese año, momento a partir del cual empezó una nueva etapa, todavía en marcha. En el 2024 realizamos entrevistas de seguimiento en las que hemos registrado los incumplimientos de la alcaldía, los problemas con la obra y la incertidumbre de las mujeres cocineras respecto a cualquier posibilidad de futuro del Paseo del Río.

La disputa por el espacio y la memoria que emprenden las mujeres cocineras se inscribe en un debate mayor en Colombia.31 A diferencia de otros procesos de memoria del Magdalena Medio, liderados por organizaciones de base social o el movimiento sindical, el ejercicio de memoria de las mujeres cocineras no está atravesado de forma explícita por el conflicto armado y el papel de ellas en este. En eso, se distingue de la Organización Femenina Popular, la Unión Sindical Obrera o el Programa de Desarrollo y Paz, que se han vinculado de diversas maneras con procesos de memoria. Esta comparación explica también las diferencias materiales en los procesos de construcción del archivo32 de la memoria de las mujeres cocineras: no ha habido en ellas (hasta ahora) un deseo específico de publicar un libro, crear un museo o desarrollar proyectos con organizaciones no gubernamentales a propósito de la construcción de la memoria del Paseo del Río. Para las mujeres cocineras, la memoria no tiene que ver exclusivamente con la existencia de un archivo o con la comprobación de un origen a través de imágenes o documentos; tampoco con la necesidad de imaginar los fragmentos del relato que exceden las restricciones del archivo disponible y, en esa medida, demandan el trabajo de representar o reimaginar lo que no fue registrado.33 Se podría argumentar más bien que la memoria es para ellas también una operación estética y discursiva que busca dar sentido a su lucha política y que les ha permitido posicionarse en el discurso público.

Para concluir, me interesa señalar un elemento crítico adicional respecto a la manera de entender el proceso de memoria en el contexto de las mujeres cocineras del Paseo del Río. Mi análisis de la escena inaugural parte justamente de la idea de que la memoria es también lo que no se ve, lo que no está en la imagen. En ese sentido, hacer memoria se acerca más a lo que Rivera Garza entiende como una hermenéutica alternativa: “es un proceso que no busca lo que hay debajo o detrás de lo que aparece, sino que intenta detenerse ahí, en esa superficie tersa, claramente objetual, aun cuando, o precisamente porque, ese ahí es el preciso lugar de su desaparición”.34 Lo real o lo cierto de la historia no coincide necesariamente con lo visible o lo que aparece, de una forma similar a como la memoria no tiene que ver con narrar lo que en verdad pasó sino con hacer visible lo que está ahí en la superficie de la imagen, en el instante mismo de su huida al pasado. Una forma poscolonial de la crítica residiría entonces en la capacidad de ver y pensar lo que se ausenta en las imágenes o relatos que tenemos disponibles y que son, con frecuencia, las imágenes y relatos del poder.

Bibliografía

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Velásquez Rodríguez, Rafael Antonio. Los yareguíes: resistencia y exterminio. Corporación Aury Sará Marrugo, 2022.

Cómo citar:

Campo Becerra, Óscar Daniel. “Contra el espectáculo del comienzo. La memoria de las mujeres cocineras del Paseo del Río en Barrancabermeja”. H-ART. Revista de historia, teoría y crítica de arte, n.o 21 (2025): 177-197. https://doi.org/10.25025/hart.11479.

  1. 1. Las imágenes y las intervenciones verbales presentadas a continuación corresponden al video tomado como registro del evento del 31 de diciembre analizado acá. El material hace parte del archivo recogido en el marco de la investigación previa a este artículo; en concreto, incorporo el análisis de veintinueve entrevistas en audio y video realizadas entre diciembre del 2022 y enero del 2024. Este material se compiló en un canal de YouTube que se compartió con las mujeres. Isabella Londoño ejerció como fotógrafa y videógrafa del proyecto. Para las entrevistas, se diseñó un formato de consentimiento, de acuerdo con los lineamientos del comité de ética de la Universidad del Norte. Algunas mujeres prefirieron que su entrevista se grabara en audio sin video; ninguna se opuso a que se usara su nombre para fines de difusión o investigación. Este proyecto ha recibido el apoyo de la Universidad del Norte (agenda de investigación en el 2023 y beca de investigación-creación “Esto lo cambia todo” 2024, entregada por Cayena, Dirección de Arte y Cultura) y del Ministerio de Cultura (beca para investigación en patrimonio material e inmaterial en el 2023).

  2. 2. “Esa tempestad que nosotros llamamos progreso”: Walter Benjamin, “Tesis IX”, en Tesis sobre el concepto de historia y otros ensayos sobre historia y política (Alianza Editorial, 2021), 44.

  3. 3. María del Rosario Acosta López, “From Critique of the Postcolony to a Postcolonial Form of Critique: On the Uses and Misuses of Foucault in Jean and John Comaroff’s Work”, Revista de estudios sociales, n.o 67 (2019): 19.

  4. 4. Entiendo “forma poscolonial de la crítica” en los términos desarrollados por Acosta en el ar-tículo citado en la nota precedente. A partir de una lectura de los argumentos de Jean y John Comaroff sobre la dialéctica entre ley y ausencia de ley o, en otras palabras, entre ley y violencia, o entre poder y soberanía, Acosta se pregunta si no habría que aspirar a construir una forma propiamente poscolonial de la crítica capaz de entender el funcionamiento singular del poder en un contexto poscolonial (dadas las limitaciones de la perspectiva foucaultiana, concretamente de la influyente noción de biopolítica, para interpretar las manifestaciones del poder y sus mecanismos de representación en tales contextos). Mi lectura explora cómo las características de Barrancabermeja y, específicamente, el escenario de construcción de memoria de las mujeres del Paseo del Río, a partir de la interrupción de la escena de inauguración de las obras de renovación, dialogan con este tipo de crítica y de puestas en escena del poder.

  5. 5. En el marco de la investigación se realizaron veintinueve entrevistas semiestructuradas a tres mujeres fundadoras, tres hombres hijos de fundadora, un hombre que compró un local (una de las tiendas de los extremos) y veintidós mujeres hijas de fundadoras. Se hicieron de forma adicional entrevistas en profundidad a una fundadora y su hija. Además de los audios y videos, las entrevistas se transcribieron con el fin de realizar un análisis cualitativo del que se extraen las conclusiones y caracterizaciones incorporadas en este artículo. Para tal análisis se emplearon catorce categorías: las de “pioneras”, “locales”, “ventas antiguas”, “migración” y “legado” contienen pasajes que describen el pasado y la historia del Paseo del Río; las de “cocina”, “percepciones del negocio” y “personas beneficiadas” reúnen pasajes sobre el funcionamiento actual de los restaurantes, el negocio y el trabajo de las mujeres; las de “madres cabeza de hogar”, “vivienda en la ciudad”, “afectaciones” y “percepciones del espacio” recogen, con énfasis distintos, opiniones de las mujeres acerca del entorno social en el que se volvieron cocineras, su lugar en la ciudad, episodios de violencia y disputas por defender el espacio de la orilla; por último, la categoría de “deseos” agrupa visiones de las mujeres mismas sobre el futuro del Paseo del Río. En este artículo no ofrecemos un reporte detallado del análisis y las distintas posibilidades de discusión que surgen de allí, en cambio, empezamos por la construcción de un marco teórico en el cual situar el proceso de construcción de memoria de las mujeres. Sin embargo, las citas directas o indirectas incluidas aquí salen del documento matriz. Valga decir también que las categorías se determinaron al final del proceso de transcripción buscando oír lo que nos decía el material, más allá de las preguntas que orientaron desde el principio la preparación de las entrevistas semiestructuradas y la recopilación del material. En adelante, se indica el uso de citas de entrevistas en las notas al pie indicando nombre, fecha de la conversación y categoría dentro de la cual se clasificó.

  6. 6. O lo que eternamente retorna, para hacer eco de la reflexión del artículo en el que Isabel Cristina Ramírez analiza los múltiples anuncios fundacionales e inauguraciones del Museo de Arte Moderno de Barranquilla, incluido en un monográfico dedicado a las prácticas museísticas contemporáneas. El análisis ofrecido aquí también articula la escenificación del comienzo a lo largo de varias décadas; en mi caso no importa tanto lo que comienza de manera incesante sino la noción (también importante para Ramírez) de que cada comienzo busca borrar o desenfatizar todo lo que lo precede, es decir, el pasado. Isabel Cristina Ramírez, “Una y otra vez la primera piedra. El eterno retorno de un museo imaginado”, Huellas. Revista cultural de la Universidad del Norte 112-113 (2023): 17-26.

  7. 7. El relato se sitúa en diciembre de 2022, cuando tuvo lugar la escena de inauguración, cien años después de fundado el municipio. En general, privilegio el uso del presente como tiempo verbal en la construcción del relato y del marco histórico del artículo.

  8. 8. Componen también ese potencial archivo documentos y materiales de diversa naturaleza que han surgido de la intervención directa de las mujeres en medios de comunicación y sus protestas en el espacio público, así como los productos de carácter artístico en donde se ha buscado formalizar una experiencia de memoria específica. Incluyo en esa lista: el fanzine Paseo del Río. Nuestra historia, proyecto a cargo de Klaudia Milena Amorocho y publicado en Bucaramanga; la exposición itinerante La memoria de las mujeres del Paseo del Río realizada por la Organización Femenina Popular y exhibida originalmente en el Museo Casa Memoria de las Mujeres y los Derechos Humanos del Magdalena Medio, y el documental Sin descanso, de Isabella Londoño Parra, quien también se encargó de recoger el material audiovisual de las entrevistas en el marco de esta investigación. Además, muchas de las actividades (laboratorios de memoria, encuentros o conversatorios) que han hecho posible estos proyectos sucedieron dentro de la programación cultural de La Casa del Libro Total, un espacio curado por Paula López.

  9. 9. La comparación entre la majestuosidad del paisaje de la orilla en el pasado y el deterioro de la orilla en la actualidad se reitera en la totalidad de las entrevistas. Tanto el caudal como el flujo de embarcaciones grandes y medianas, así como el mantenimiento de los restaurantes son aspectos distintos de una cuestión común: antes el Paseo del Río era un lugar más atractivo para los clientes y para las cocineras mismas. Otra manera de decirlo sería que la disminución de la importancia comercial del puerto coincide con una menor navegabilidad y fuerza del caudal y con un desinterés de los gobernantes locales por la orilla. Isidro Guerrero, uno de los tres hombres dueños de locales, afirma que desde la renovación concertada con la alcaldía de Édgar Cote a principios de los noventa no se le ha hecho ningún mantenimiento ni a los restaurantes ni al espacio público del Paseo del Río: “todo está lo mismo porque a eso no le han hecho nada, no le han hecho nada de mantenimiento, nada, nada” (8 de junio del 2023). Cita clasificada en la categoría “locales”.

  10. 10. Rosalía Campo en la entrevista realizada el 2 de enero del 2023. Cita clasificada dentro de la categoría “percepciones del PR”.

  11. 11. Elizabeth Nossa en la entrevista realizada el 8 de junio del 2023. Cita clasificada dentro de la categoría “locales”. La importancia de la cercanía al río en la identidad de los restaurantes se reitera en la mayoría de comentarios sobre la percepción del negocio en el presente y en el pasado: los clientes regresan al sitio por la relación que hay con la orilla, el paisaje del río, incluso con el olor, como sostiene Martha Rangel: “Todo lo que está cerca del río tiene que oler a río… Este es el olor típico, si no huele río, no huele… es Paseo del Río [risas], ese es el olor típico de… de… esto aquí, que toda la vida ha sido así…” (9 de junio del 2023).

  12. 12. La afirmación de que las cocineras son también cuidadoras del puerto aparece en las entrevistas de Carlota Martínez el 20 de junio del 2023, Dayro Barragán el 16 de junio del 2023, Sara Moreno el 4 de enero del 2023, Magaly Sánchez el 29 de diciembre del 2022 y Gloria Ramírez el 10 de junio del 2023, todas clasificadas dentro de la categoría “legado”.

  13. 13. Destaca el uso extendido de la expresión “locales de palitos” para describir los ranchos de tabla que hubo al principio de los restaurantes, específicamente en las décadas de 1970 y 1980. En el caso de las hijas de las fundadoras, que componen la mayoría de las mujeres entrevistadas, la época de los locales de palito coincide con sus propias infancias y con lo primero que recuerdan de la orilla y de la ciudad (muchas de las fundadoras llegaron de otros departamentos de Colombia, fundamentalmente: Antioquia, Boyacá, Córdoba y Cesar, y de otros lugares de Santander). En este sentido, el siguiente pasaje de la entrevista de Gloria Ramírez resulta paradigmático: “Pues yo llegué acá al Paseo del Río, llegué desde la edad de trece años... Voy a cumplir cincuenta y siete, tengo cuarenta y ocho años de estar trabajando acá en el Paseo del Río. ¿Cómo llegué acá? Yo llegué con mi mamá. Nosotras llegamos juntas cuando estaban los ranchitos de tabla. Mejor dicho, ya estaban más caídos que afuera… estaban en el descargue de la cebada, el maíz acá” (10 de junio del 2023, categoría “migración”).

  14. 14. La figura del comodato implica que la propiedad no es de las mujeres sino de la alcaldía, aunque se les otorga el derecho a ocuparla y a trabajar en ella. No pagan arriendo, pero sí se encargan de los servicios públicos. Esta figura ha sido uno de los argumentos fuertes para justificar el desalojo, si bien en los noventa el comodato resultó también de una negociación colectiva entre el gobierno de turno y las cocineras que llevaban ya al menos dos décadas allí situadas.

  15. 15. Jacques Aprile-Gniset, Génesis de Barranca-bermeja (Corporación Aury Sará Marrugo, 2022), 24.

  16. 16. Dieciocho de las entrevistadas narran cómo sus familias llegaron a Barrancabermeja por razones relacionadas con el trabajo: alguno de los familiares trabajaba directa o indirectamente con la empresa o lo que ya sabían hacer podría tener una mejor salida dada la movilidad económica del puerto. Muchas de las mujeres provienen de familias que cultivan la tierra y aprendieron a cocinar en ese contexto. El Paseo del Río (incluso desde mucho antes de llamarse así) sirve de punto de encuentro de esos saberes y de esas ambiciones.

  17. 17. Jacques Aprile-Gniset, La ciudad colombiana. Siglo XIX y siglo XX (Talleres Gráficos Banco Popular, 1992), 358.

  18. 18. Aprile-Gniset, Génesis de Barrancabermeja, 25.

  19. 19. Aprile-Gniset, Génesis de Barrancabermeja, 82.

  20. 20. Rafael Antonio Velásquez Rodríguez, Los yareguíes: resistencia y exterminio (Corporación Aury Sará Marrugo, 2022), 335.

  21. 21. Cristina Rivera Garza, “Los usos del archivo. De la novela histórica a la escritura documental”, en Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación (Tusquets, 2013), 110.

  22. 22. Rosalía Campo, en calidad de presidenta de la Asociación de Mujeres del Paseo del Río, visitó el Malecón del Río en Barranquilla, una obra arquitectónica semejante a la proyectada para Barrancabermeja. En el siguiente pasaje se ve su posición sobre el Mirador del Río, en particular: “Es que nosotros… en la construcción del malecón no nos oponemos... nosotros nos oponemos es a la construcción del Mirador del Río… porque es que ese es el que nos perjudica. El Mirador del Río es un edificio que nos van a hacer de tres pisos, donde van a meter cincuenta y dos cocinas, y es algo que nosotros de acá no nos queremos mover, porque es que esta es la esencia de nosotros, de Barranca, de nuestro turismo, cómo dijera yo, de nuestro ser en el río ¿sí me entiende? Esta es la cara de Barranca. No… no… no acá a nosotros nos impusieron qué era eso... nosotros de una vez nos impusieron eso, van a meter en un edificio cocinas frías y cocinas calientes y semicalientes y ¡ya! Esa es la imposición del Gobierno y no va a quedar aquí en el Paseo del Río, no aquí donde estamos nosotros no... Acá va a quedar el malecón que nosotras queremos” (15 de junio del 2023, categoría “deseos”).

  23. 23. Entrevista a Amparo Martínez el 20 de junio del 2023, clasificada bajo la categoría “visión”.

  24. 24. Acosta López, “From Critique of the Post-colony”, 22-23.

  25. 25. “Iniciamos la construcción del BIT del Río,primer centro de formación gratuita para el turis-mo, la gastronomía, la hotelería, la cultura e inno-vación del Magdalena Medio”, Alcaldía Distritalde Barrancabermeja, 16 de enero de 2023, https://www.barrancabermeja.gov.co/publicaciones/1601/iniciamos-la-construccion-del-bit-del-rio-primer-centro-de-formacion-gratuita-para-el-turismo-la-gastronomia-la-hoteleria-la-cultura-e-innovacion-del-magdalena-medio/.

  26. 26. La relación explícita entre “economía creativa” y discursos de emprendimiento se argumenta en: María Victoria Rodríguez Sánchez y Mildre López López, “Economía naranja: una opción de emprendimiento para Colombia de la mano de lasinstituciones de educación superior”, Apuntes con-tables 25 (2019), 59-84. Para una perspectiva crítica de la relación entre práctica artística, memoria y economía naranja, véase el artículo de Lucas Ospina, “Diez tesis sobre la violencia de la economía naranja (primera parte)”, La silla vacía, septiembre de 2021, https://www.lasillavacia.com/opinion/latoneria-y-pintura/diez-tesis-sobre-la-violencia-de-la-economia-naranja-primera-parte/.

  27. 27. “Immaterial labor” y “creative class” como líneas concretas de la discusión sobre “contemporarylabor”, según Sarah Brouillete, “Work as Art andArt as Life”, en Literary Materialism, editado porMathias Nilges y Emilio Sauri (Palgrave MacMillan,2013), 95-111.

  28. 28. Frase tomada de la grabación hecha en el marco de la investigación y el registro específico hecho de este evento.

  29. 29. Paráfrasis del “tiempo homogéneo y vacío” de la historia entendida desde “la idea del progreso del género humano”, Walter Benjamin, “Tesis XIII”, en Tesis sobre el concepto de historia, 47.

  30. 30. Benjamin, Tesis sobre el concepto de historia, 45-46.

  31. 31. Me refiero a lo que Gonzalo Sánchez, exdirector del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), en un texto escrito a pocos meses de su renuncia, señala a propósito de la firma de los Acuerdos de Paz en noviembre de 2016: estos no constituyen tanto un punto de llegada y cierre en la discusión sobre la memoria como un momento clave en la “disputa por la memoria”. Entiendo yo que la firma de los acuerdos formaliza esa disputa. Sánchez explica que, mientras en la mesa de negociación en La Habana (de la que salieron los acuerdos de paz) “se instalaron memorias enfrentadas pero negociables”, por fuera de la mesa se hizo énfasis “en los hechos traumáticos mismos, en la victimización, en el horror y en el castigo ejemplarizante del enemigo”. Gonzalo Sánchez, “La disputa por la paz, la disputa por la memoria”, Centro Nacional de Memoria Histórica, 1 de agosto de 2018, https://www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/la-disputa-por-la-paz-la-disputa-por-la-memoria.pdf.

  32. 32. Apelo aquí a la diferencia entre “el concepto archivado en la palabra archivo” y su relación con la “estructura de archivación”. Jacques Derrida, Mal de archivo. Una impresión freudiana (Trotta, 1997), 41. También a la distinción entre “arqueología” y “archivo” desarrollada por Michel Foucault en La arqueología del saber (Siglo XXI, 2002), 214-223. Aunque no lo puedo desarrollar aquí, quiero inscribir en todo caso la pregunta sobre qué es lo que llamamos archivo: ¿un conjunto deobjetos y documentos?, ¿un lugar?, ¿una seriede operaciones discursivas?

  33. 33. Este método de escritura corresponde al concepto de “fabulación crítica” acuñado por Saidiya Hartman, “Venus in Two Acts”, Small Axe 26 (2008), 1-14. Durante una conversación públicaentre Mayra Santos-Febres y Ashanti Dinah Oroz-co el 30 de enero del 2025, en un encuentro con estudiantes de la Universidad del Norte, se pregunta Santos-Febres si no es esto, “fabulación crítica”, lo que habían estado haciendo varias escritoras latinoamericanas, especialmente en el Caribe, sin usar ninguna etiqueta, desde hace varias décadas.

  34. 34. Rivera Garza, “Los usos del archivo”, 110.