La selva en la portada. Imaginarios visuales
de la Amazonía peruana,1943-1981
Amazonia on the Cover: Visual Imaginaries of the Peruvian Amazon, 1943-1981
A floresta na capa. Imaginários visuais da Amazônia peruana, 1943–1981
Fecha de recepción: 15 de septiembre de 2025. Fecha de aceptación: 20 de febrero de 2026. Fecha de modificaciones: 7 de marzo de 2026
DOI: https://doi.org/10.25025/hart.12172
Miluska Guzmán Ruiz
Es candidata a doctorado en Purdue University, donde se especializa en literatura latinoamericana, con especial atención a la literatura amazónica peruana y al ecocriticismo. Su investigación analiza la descolonización de las narrativas amazónicas a través de los estudios culturales y medioambientales.
Resumen:
La literatura amazónica peruana se expresa no solo a través de la palabra escrita sino también mediante sus portadas, paratextos que transmiten complejos discursos visuales esenciales para los estudios amazónicos. Este artículo analiza tres obras clave: Mal de gente (1943), Paiche (1963) y Las tres mitades de Ino Moxo (1981) desde un enfoque interdisciplinario que combina ecocrítica, estudios decoloniales e historia del arte. Se examina cómo estas portadas median la relación lector-texto y proyectan distintos imaginarios sobre la Amazonía, mostrando continuidades y rupturas: desde representaciones coloniales e inhóspitas, pasando por un énfasis en la flora y la fauna, hasta la emergencia de una estética chamánica en los años ochenta. Así, estos paratextos funcionan como archivos visuales de la disputa simbólica sobre la Amazonía.
Palabras clave:
Literatura amazónica, portadas de libros, ecocrítica, decolonialidad, historia del arte.
Abstract:
Peruvian Amazonian literature is expressed not only through written texts but also through its book covers, paratexts that convey complex visual discourses essential for Amazonian studies. This article analyzes three key works: Mal de gente (1943), Paiche (1963), and Las tres mitades de Ino Moxo (1981), using an interdisciplinary approach that combines ecocriticism, decolonial studies, and art history. It examines how these covers mediate the reader-text relationship while projecting varied imaginaries of the Amazon, revealing both continuities and ruptures: from colonial and inhospitable depictions, through a strong emphasis on flora and fauna, to the emergence of shamanic aesthetics in the 1980s. These paratexts thus function as detailed visual archives of the ongoing symbolic dispute over Amazonian representation.
Keywords:
Amazonian literature, book covers, ecocriticism, decoloniality, art history.
Resumo:
A literatura amazônica peruana se expressa não apenas por meio da palavra escrita, mas também através de suas capas, paratextos que transmitem discursos visuais complexos, essenciais para os estudos amazônicos. Este artigo analisa três obras fundamentais: Mal de gente (1943), Paiche (1963) e Las tres mitades de Ino Moxo (1981), a partir de uma abordagem interdisciplinar que combina ecocrítica, estudos decoloniais e história da arte. Examina-se como essas capas medeiam a relação leitor-texto e projetam diferentes imaginários sobre a Amazônia, mostrando continuidades e rupturas: desde representações coloniais e inóspitas, passando por uma ênfase na flora e na fauna, até o surgimento de uma estética xamânica na década de 1980. Assim, esses paratextos funcionam como arquivos visuais da disputa simbólica sobre a Amazônia.
Palavras-chave:
literatura amazônica, capas de livros, ecocrítica, decolonialidade, história da arte.
Introducción
Las portadas de los libros constituyen un umbral simbólico que, lejos de ser un mero elemento decorativo, condensa en ocasiones complejos imaginarios culturales. En el caso de la literatura amazónica peruana este paratexto adquiere especial relevancia, pues media entre las narrativas de la selva y las representaciones visuales que circulan en el espacio nacional e internacional y responden por lo general a concepciones occidentales. El presente artículo analiza tres portadas significativas de la literatura amazónica: Mal de gente de Arturo Burga Freitas (1943), Paiche de César Calvo de Araujo (1963) y Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía de César Calvo Soriano (1981).
La elección de estas tres obras responde a su carácter representativo en distintos momentos históricos: la década de 1940, marcada por la memoria de la explotación cauchera y los procesos de colonización interna; la década de 1960, donde emergen voces amazónicas en diálogo con la modernidad artística; y los años ochenta, cuando la literatura amazónica adquiere una dimensión chamánica en plena crisis política y social del Perú. Esta última se enmarca en el inicio del conflicto armado interno (1980-2000), con la irrupción de Sendero Luminoso y el MRTA, que desestabilizó profundamente la vida nacional, así como en una coyuntura de crisis económica caracterizada por la inflación y el debilitamiento del Estado.1 En ese escenario de violencia y precariedad, las representaciones chamánicas en la literatura amazónica se cargan de un valor simbólico particular: se leen no solo como rescate de un saber indígena sino también como alternativas epistémicas frente al colapso de los discursos modernos de la nación. Las portadas de estos libros son, en este sentido, documentos visuales que permiten rastrear rupturas en la forma de imaginar la selva, al tiempo que reflejan cómo los conflictos históricos del Perú se inscriben también en su archivo visual.
Este trabajo se inscribe en un cruce interdisciplinario entre la ecocrítica, los estudios decoloniales y la historia del arte, con el fin de leer las portadas como archivos visuales de la Amazonía. Desde la ecocrítica se abordará la agencia de los elementos naturales en la construcción estética; desde los estudios decoloniales se examinarán las tensiones entre imaginarios coloniales y cosmovisiones indígenas; y desde la historia del arte se aplicará un análisis iconográfico e iconológico que permita situar las portadas en su contexto visual y cultural. Con este trabajo de investigación se busca demostrar que estas imágenes no solo median el acceso al texto sino que también proyectan narrativas ecológicas y políticas sobre la Amazonía. En última instancia se propone que las portadas constituyen un espacio de disputa simbólica donde se juegan representaciones coloniales, decoloniales y ecológicas.
Marco teórico
El análisis de las portadas de Mal de gente, Paiche y Las tres mitades de Ino Moxo exige un marco conceptual capaz de dialogar con la complejidad de estos objetos visuales. Lejos de ser ilustraciones ordinarias, las portadas condensan representaciones históricas y estéticas de la Amazonía. Para dar cuenta de ello, este estudio articula tres enfoques principales: la ecocrítica, el pensamiento decolonial y la historia del arte. Estos marcos se complementan en la tarea de comprender cómo se produce y se percibe la imagen de la selva en el campo cultural peruano.
En primer lugar, la ecocrítica permite situar la naturaleza no como fondo pasivo sino como actor central en la representación. Lawrence Buell ha
mostrado que los textos —y, por extensión, las imágenes— generan una “imaginación ambiental” que condiciona la manera en que percibimos lo ecológico.2 Este marco nos resulta clave para leer estas portadas amazónicas, donde la selva
y sus componentes no son adornos sino elementos que organizan el sentido visual. En línea con Timothy Morton, diremos que estas imágenes pueden expresar una “ecología oscura” donde la naturaleza aparece ambivalente: a veces amenazante, otras profundamente vital.3 Así, la ecocrítica abre la posibilidad de interpretar las portadas como espacios donde lo no humano adquiere una agencia narrativa.
No obstante, una lectura puramente ambiental sería insuficiente si no se consideran las relaciones de poder que atraviesan la representación. Aquí se inscribe el pensamiento decolonial, que problematiza cómo la colonialidad del saber y del poder se reproduce en la forma de imaginar la Amazonía.4 Desde la llegada de las primeras expediciones coloniales en el siglo XVI la selva fue construida como un espacio de barbarie y alteridad radical frente al orden occidental, reforzando la dicotomía que contrapone a la civilización y la naturaleza. Durante la fiebre del caucho (1879-1912) estas representaciones se articularon con un sistema de explotación violenta que combinó capital extranjero, empresas nacionales y regímenes de servidumbre indígena, lo cual consolidó la percepción de la Amazonía como frontera extractiva. La colonialidad se expresó así no solo en términos económicos sino también en la producción de imágenes que exotizaron a la región y redujeron sus pueblos a una mano de obra desechable o a objetos de curiosidad etnográfica.
En el siglo XX las políticas estatales de colonización interna (particularmente bajo los gobiernos de Odría y Velasco) mantuvieron esa lógica: la selva
fue concebida como un “espacio vacío” que se habría de ocupar y modernizar, invisibilizando la presencia de pueblos indígenas en su territorio.5 Esta mirada reforzó lo que Walter Mignolo denomina la “colonialidad del saber”: la subordinación de epistemologías amazónicas frente a narrativas hegemónicas de desarrollo y progreso.
Este marco nos permite argumentar que las portadas de los libros amazónicos funcionan como dispositivos que reproducen esa colonialidad —al representar la selva como un objeto pintoresco, un espacio de peligro— pero también como gestos de resistencia simbólica. Cuando incorporan cosmologías locales inscriben alternativas visuales que cuestionan la mirada hegemónica y habilitan una lectura decolonial. En este sentido, las portadas no son neutrales: consti-
tuyen espacios de disputa entre las visiones del colonizador, el expedicionario,
el Estado y los mismos pueblos amazónicos. Para comprender esta tensión resulta útil la noción de “interculturalidad crítica”, propuesta por Catherine Walsh,
que permite entenderlas como ámbitos de negociación y fricción entre matrices coloniales y saberes amazónicos.6 En diálogo con ello, la metodología iconográfica e iconológica de Erwin Panofsky es crucial para este trabajo de investigación, ya que ofrece herramientas para rastrear cómo esos significados culturales se inscriben en los motivos visuales más allá de la mera descripción formal.7 A su vez, la propuesta de W. J. T. Mitchell de concebir las imágenes como “agentes sociales” complementa este enfoque al mostrar que dichas portadas no solo representan sino que también circulan en mercados editoriales, poseen eficacia simbólica y contribuyen activamente a moldear las percepciones de la Amazonía y sus comunidades.8
Partiendo de esta articulación teórica, el análisis metodológico se organiza en tres pasos: primero, una contextualización histórica que permite situar cada portada en su momento editorial y en diálogo con las coyunturas políticas y artísticas del Perú; segundo, una descripción detallada de cada portada, atendiendo a su composición, iconología e iconografía, con el fin de reconocer los códigos visuales que operan en ellas; tercero, una lectura ecocrítica y decolonial orientada a rastrear cómo esos elementos visuales participan en la construcción de imaginarios sobre la Amazonía, ya sea reproduciendo lógicas exotizantes o inscribiendo gestos de resistencia simbólica. De esta manera se busca construir un análisis integral que reconozca a las portadas como objetos culturales complejos en los que confluyen la historia, la estética y la política de la representación.
Contextualización histórica y editorial
El análisis de las portadas de Mal de gente, Paiche y Las tres mitades de Ino Moxo requiere situarlas dentro del entramado histórico en el que emergieron. Cada una de estas publicaciones responde no solo a un proyecto literario particular sino también a un contexto político y artístico que condicionó la forma en que la Amazonía fue imaginada y representada en el Perú.
La década de 1940. La memoria del caucho y
la integración nacional
La publicación de Mal de gente de Arturo Burga Freitas en 1943 ocurre en un momento en que la Amazonía peruana aún estaba marcada por la memoria del ciclo cauchero (1879-1912, aproximadamente), cuyas secuelas sociales dejaron una narrativa persistente de violencia y explotación hacia los pueblos indígenas.9 En las décadas posteriores las estructuras de poder local siguieron dominadas por élites comerciantes y terratenientes que mantenían sistemas clientelares y prácticas de semiesclavitud en las zonas rurales.10
Durante este período el Estado peruano reforzó discursos de “integración nacional” que buscaban incorporar la selva al proyecto de la nación moderna. Sin embargo, esta integración todavía operaba bajo lógicas coloniales: la Amazonía era concebida como un “espacio vacío” o una “frontera produc-
tiva” abierta a la explotación de recursos naturales, invisibilizando la pre-
sencia histórica de los pueblos indígenas.11 En ciudades como Iquitos, Pucallpa y Tarapoto las políticas estatales incentivaron la migración andina y costeña
con el fin de poblar y “modernizar” la región. Estas medidas produjeron tensiones sociales crecientes: mientras las élites urbanas promovían la modernización comercial las comunidades indígenas quedaban relegadas, enfrentando presiones territoriales y pérdida de autonomía cultural. Si bien en los años cuarenta
aún no existían movimientos indígenas organizados con la fuerza que alcanzarían en las décadas posteriores, sí se observaban formas de resistencia cotidiana como el abandono de tierras entregadas por el Estado a colonos externos e incluso alianzas con redes religiosas que denunciaban abusos.12 Este tipo
de resistencias constituyó un germen temprano de los movimientos amazónicos que, a partir de los años setenta, cobrarían mayor fuerza política y visibilidad nacional.
En el plano editorial, como es de esperar, Lima seguía siendo el centro hegemónico de producción y circulación de libros. Las obras amazónicas, para llegar a un público urbano, debían adaptarse a sus expectativas: la selva se representaba como un espacio exótico, fascinante y peligroso. Las portadas funcionaban como un dispositivo de mediación cultural, condensando en imágenes los estereotipos dominantes sobre el territorio. En este sentido, Mal de gente puede leerse como parte de un esfuerzo inicial por fijar la Amazonía en el horizonte cultural del país, aunque siempre mediado por la mirada centralista que reducía la región a una alteridad pintoresca y no la reconocía como un espacio de producción cultural autónoma.
Los años sesenta. Modernidad artística y emergencia
de voces amazónicas
En contraste, la publicación de Paiche en 1963 responde a un contexto cultural y político en transformación, en el que la Amazonía empezó a figurar con mayor fuerza en los imaginarios nacionales. Durante la década de 1960 el Estado peruano impulsó políticas de colonización interna que definían la selva como “la última frontera agrícola” del país, especialmente orientando proyectos de infraestructura y carreteras hacia Loreto, Ucayali y San Martín, entre otros.13 Estas políticas buscaban expandir la frontera productiva, pero lo hicieron bajo una lógica extractiva y colonizadora que intensificó el despojo territorial de las comunidades indígenas. El Estado estaba presente sobre todo como promotor de la colonización y la explotación de recursos naturales como la madera, el petróleo y cultivos comerciales, más que como garante de derechos para la población amazónica.
En paralelo, se produjo un flujo migratorio indígena hacia las ciudades amazónicas, particularmente Iquitos y Pucallpa, que se expandieron aceleradamente durante estas décadas.14 Este proceso respondía tanto a la búsqueda de empleo en sectores emergentes como a las presiones territoriales en las zonas rurales. Sin embargo, la presencia indígena en las urbes fue marcada por la marginalidad social, la discriminación y el limitado o nulo acceso a servicios básicos.
La década de 1960 también estuvo marcada por una modernidad artística peruana en expansión, en la que los artistas exploraban lenguajes plásticos expresionistas y simbólicos. César Calvo de Araujo, pintor y escritor de Paiche, participaba activamente de esta escena, articulando su labor literaria y pictórica en una propuesta estética amazónica singular. En el ámbito editorial, si bien Lima mantenía la hegemonía de producción y circulación, comenzaron a surgir iniciativas en ciudades amazónicas como Iquitos y Pucallpa. Escritores, artistas y periodistas locales ensayaban circuitos culturales alternativos, pero carecían de la visibilidad y recursos de las editoriales capitalinas.15 Esto reforzó la necesidad de “traducir” lo amazónico para un público urbano y nacional, muchas veces filtrado por los códigos de exotismo y diferencia cultural que se esperaban desde el centro. Así, Paiche se convierte en un objeto cultural híbrido: profundamente enraizado en la experiencia amazónica, pero producido en diálogo con los lenguajes modernos y las mediaciones editoriales de Lima.
Los años ochenta. Crisis política y giro chamánico
La publicación de Las tres mitades de Ino Moxo en 1981 coincide con un periodo de profunda crisis en el Perú, marcado por el inicio del conflicto armado interno y por una aguda recesión económica.16 En este escenario, el rol del Estado en la Amazonía se caracterizó por una presencia ambivalente: por un lado, se impulsaron proyectos de colonización, extracción petrolera y apertura de carreteras; por otro, la capacidad estatal para garantizar servicios y derechos básicos era mínima, lo que acentuó la exclusión histórica de las comunidades amazónicas. La marginalidad urbana también se intensificó en ciudades como Iquitos y Pucallpa, que recibieron migraciones de poblaciones indígenas desplazadas por la presión territorial. Estas migraciones generaron cinturones de pobreza en la periferia urbana, donde los pueblos amazónicos enfrentaron nuevas formas de discriminación.17
Las respuestas indígenas ante esta situación fueron múltiples. Más allá de la resistencia cotidiana —mantener prácticas culturales frente a la presión estatal y privada— en la década de 1980 se consolidaron formas organizativas colectivas como la creación de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) en 1980, que abrió un frente político para la defensa territorial y cultural de los pueblos amazónicos.18
En el ámbito editorial, los ochenta ofrecieron una relativa apertura a propuestas experimentales y periféricas que ayudaron a proyectar la literatura amazónica más allá del Perú. Ino Moxo logra insertarse así en un circuito de lecturas que no solo rebasan lo nacional sino que colocan a la Amazonía en diálogo con debates más amplios, confirmando que la selva podía ser pensada no únicamente como fuente de recursos sino como un territorio cosmopolítico.
Si bien cada uno de estos contextos históricos presenta particularidades, existe una constante: las portadas funcionan como mediadoras culturales. En los años cuarenta cumplen la función de fijar la Amazonía en el imaginario nacional, en los sesenta articulan lo amazónico con la modernidad artística y en los ochenta operan como umbrales hacia un universo chamánico y de resistencia cultural. Así, las portadas no son simples accesorios gráficos sino documentos históricos que condensan la forma en que la Amazonía ha sido resignificada en el Perú del siglo XX.
Mal de gente (Arturo Burga Freitas, 1943)

Imagen 1. Portada de la primera edición, realizada por César Calvo de Araujo del libro Arturo Burga Freitas Mal de gente (Motivos del Amazonas peruano). Editorial: Ediciones Amazonía. Lima, Perú. 1943 (primera edición)
En el plano narrativo Mal de gente es una novela donde los europeos, norteamericanos y empresarios imponen un sistema económico basado en la explotación; estos patrones, o dueños de empresas, están enfocados en la obtención de ganancias mediante la explotación de los recursos naturales y la mano de obra indígena. Por otro lado, el autor nos presenta a los indígenas como las víctimas de la explotación y el despojo, sometidos a condiciones laborales extremadamente duras y a un sistema que les priva de sus derechos y dignidad. La narrativa resalta sus padecimientos al intentar sobrevivir en un entorno opresivo mientras relata la vida de Edmundo Rice, un europeo que decide asentarse a vivir en Iquitos. Los personajes y la trama encarnan diferentes conflictos como la explotación laboral, el despojo de tierra y el choque cultural. Además, la narrativa nos explica cómo esta transformación rompe con la armonía entre la comunidad y la naturaleza, resultando en consecuencias negativas que son muy conocidas históricamente. Por ello, esta novela es considerada una de las primeras novelas amazónicas peruanas en problematizar la vida urbana y social de Iquitos después del ciclo del caucho. A diferencia de las narraciones costumbristas que solían representar la selva como un paisaje exótico, Burga Freitas centra su atención en la ciudad y en los vínculos entre migrantes, comerciantes, caucheros retirados y comunidades indígenas en proceso de desplazamiento hacia el espacio urbano.
La novela se caracteriza por un estilo directo y testimonial, con diálogos que reproducen registros orales y modismos locales, lo que otorga autenticidad sociolingüística a los personajes. Su título alude al “mal de gente”, expresión popular que describe la paradoja de quienes llegaban a Iquitos temporalmente y terminaban arraigados de manera definitiva, atrapados en la economía, los vicios y las tensiones sociales de la ciudad. La obra combina entonces la crítica social con una mirada etnográfica incipiente, exponiendo la marginalidad de indígenas y mestizos frente al poder criollo-comercial. Literariamente, Mal de gente participa de la tradición del realismo social, pero desde la periferia amazónica, anticipando lo que más tarde se consolidaría como una narrativa amazónica con identidad propia dentro de la literatura peruana.
La portada de Mal de gente ofrece un diseño visual austero pero cargado de significación. El fondo verde uniforme sostiene tres elementos principales: el título en caligrafía cursiva de color amarillo anaranjado, ubicado en la parte superior central; un arbusto vegetal en el margen izquierdo, compuesto por hojas de palmera o helecho estilizadas; por último, en la parte inferior, la silueta oscura de un depredador con el hocico abierto, posiblemente un jaguar. El nombre del autor aparece en la zona baja en letras mayúsculas, con una tipografía rígida que contrasta con la fluidez del título. Este juego cromático —verde, negro y amarillo— y la tensión entre curvas caligráficas y tipografía industrial dotan a la portada de una expresividad contundente en la que lo vegetal y lo animal constituyen los protagonistas. Como ha señalado Mirko Lauer, las artes visuales peruanas de la primera mitad del siglo XX tendían a simplificar la selva en motivos icónicos de flora y fauna, privilegiando lo alegórico por encima de la complejidad etnográfica.19
Por otro lado, la portada condensa afectos asociados a la Amazonía: la figura del jaguar y el motivo vegetal, más que elementos decorativos, son fórmulas expresivas que transmiten emociones colectivas en torno a la selva. Este uso de la animalidad como signo de lo sublime y lo peligroso corresponde a lo que Mitchell denomina la “vida de las imágenes”, pues la representación visual no se limita a ilustrar y moviliza imaginarios de poder y afecto.20 En suma, la portada de Mal de gente es un documento visual en el que la Amazonía aparece como sujeto y amenaza, donde la colonialidad de la representación convive con la persistencia de símbolos amazónicos.
Desde una perspectiva ecocrítica, la portada traduce la Amazonía como un espacio de fuerza y agencia. El motivo vegetal invade el campo visual desde los márgenes, mientras que la silueta del felino introduce la amenaza latente
del entorno. Buell ha mostrado cómo los textos y las imágenes pueden construir una “imaginación ambiental” en la que la naturaleza se percibe no como fondo pasivo sino como agente activo de la narrativa.21 En esta clave, la portada de Mal de gente condensa una visión de la selva como un escenario que interpela y
a la misma vez desafía a los humanos. El análisis decolonial refuerza esta ambivalencia. La ausencia de figuras humanas explicita una Amazonía concebida desde la mirada externa: un territorio representado a través de la naturaleza salvaje, donde los habitantes humanos quedan invisibilizados. Esto podría entenderse como un gesto colonial que reitera la imagen de la selva como espacio vacío o como amenaza, aunque la centralidad del jaguar abre otra posibilidad de lectura, ya que en numerosas cosmologías amazónicas este animal es un sujeto con agencia espiritual, mediador entre mundos y figura clave en las narrativas chamánicas.22 Tal como ha documentado Philippe Descola, los pueblos amazónicos reconocen en el jaguar un “punto de vista” propio sobre el cosmos, y Eduardo Viveiros de Castro lo entiende como eje de una ontología relacional donde lo humano y lo no humano se entrelazan.23 La portada, en consecuencia, se ubica en un punto de tensión: reproduce estereotipos coloniales pero contiene también la huella de un repertorio simbólico indígena que reconoce la selva y sus animales como agentes activos.
En el plano artístico, la portada puede analizarse con el método iconológico de Panofsky, que permite pasar de la descripción formal a la identificación de significados culturales. El contraste entre la escritura cursiva del título y la tipografía mecánica del autor encarna una tensión entre lo íntimo y lo institucional: por un lado, la evocación lírica del “mal de gente”, por otro, la inscripción de un nombre propio en letras industriales que afirman la autoría y la legitimidad del texto en el campo cultural peruano. La composición en silueta, con formas planas y contornos fuertes, corresponde a la estética gráfica de publicaciones de bajo costo en la década de 1940, pero esa sencillez técnica no impide que se produzca una iconografía poderosa.
Paiche (César Calvo de Araujo, 1963)
Esta novela lleva el nombre de un pez emblemático de la región, el paiche, un pez bastante consumido en la Amazonía que puede llegar a medir hasta tres metros de largo y pesar hasta doscientos kilos. El paiche habita únicamente en la Amazonía peruana y brasilera, lo que da a pensar que César Calvo utiliza este título a manera de metáfora y reflexión sobre la comunidad que creará en la novela.

Imagen 2. Portada de la primera edición de Paiche, realizada por el pintor Carlos de la Riva. Arequipa: Taller Gráfico de Editorial Portugal L. 1963.
Literariamente, Paiche combina un estilo descriptivo y poético con elementos de realismo social, donde los paisajes amazónicos no solo funcionan como escenario sino también como un personaje activo que condiciona las acciones y decisiones de los protagonistas. La novela centra su narrativa en la lucha por la supervivencia de un grupo de personas que, en lugar de ceder al capitalismo, intenta construir una comunidad socialista cuyo objetivo principal es vivir en armonía con la naturaleza, evitando los efectos del extractivismo sobre el ecosistema. Se puede decir entonces que Calvo articula un discurso ecocrítico temprano donde la resistencia cultural y ecológica se entrelaza con la crítica a la explotación económica y la pérdida de identidad regional.
La portada de Paiche presenta una escena muy corporal, además de intensa, enmarcada en un fondo selvático de tonalidades verdes y marrones que refuerzan la densidad del espacio amazónico. En el centro, dos figuras humanas concentran la atención: una mujer desnuda empuña un machete y se inclina en actitud amenazante sobre un hombre que retrocede, con el torso descubierto y la espalda contra un entramado de troncos. La luz incide directamente sobre ambos cuerpos, creando contrastes de claroscuro que intensifican esta tensión dramática. La violencia no se representa a través de la fauna ni del paisaje en sí mismo sino mediante el enfrentamiento entre los cuerpos, lo que convierte a la selva en un telón de fondo cargado de opresión y testimonio pasivo del conflicto.
Según este trabajo, la elección del machete como elemento central es significativa ya que, más allá de su función de herramienta agrícola, adquiere un valor simbólico adicional en tanto instrumento empleado para abrirse camino en la selva y signo de conflicto social. Esta simple herramienta traza un vínculo entre la violencia interpersonal y la violencia colonial que ha marcado la historia. No se trata entonces solo de una imagen de cuerpos en conflicto, pues se reproducen también estereotipos coloniales al mostrar la selva como escenario de violencia entre cuerpos hipersexualizados. Se introduce aquí un gesto disruptivo al colocar a la mujer como agente de poder en una escena que subvierte la pasividad a la que usualmente eran relegados los sujetos amazónicos en la cultura visual dominante. Este doble registro coincide con lo que Mignolo denomina la “fractura de la colonialidad”, que viene a ser un espacio donde los símbolos coloniales se reescriben en clave de resistencia y reapropiación.24
En cuanto al análisis del texto en la portada, la tipografía del título refuerza el dramatismo de la escena: irregular, angulosa y pintada con trazos gruesos, parece acompañar al ritmo de la tensión narrativa que la imagen comunica. Esta estética expresionista se conecta con la modernidad plástica de los años sesenta en el Perú, caracterizada por la exploración de gestos intensos y formas no miméticas, visibles también en la obra de artistas como Sérvulo Gutiérrez o Tilsa Tsuchiya.25 Aunque la portada no es obra suya, puede argumentarse que en ella se alude al estilo pictórico del autor de la novela, César Calvo de Araujo, que combina el expresionismo con una representación identitaria de la Amazonía, lo que confirma su rol como mediador entre la literatura y las artes visuales del periodo.26 Por esta razón, el tratamiento pictórico de la portada refleja la influencia y formación de Calvo de Araujo como pintor ligado a la modernidad plástica peruana. La pincelada enérgica, los contrastes de luz y sombra y el dramatismo de las poses remiten a un expresionismo local que buscaba representar lo amazónico con intensidad emocional. A diferencia de la portada de Mal de gente, aquí no hay austeridad gráfica: la composición es pictórica, con volumen y dinamismo, propia de un artista que trabaja simultáneamente en la pintura y la literatura. Panofsky nos permite leer esta portada como una alegoría de la Amazonía de los años sesenta: un espacio atravesado por la modernización y la violencia de la colonización interna.
Por último y no menos importante, para abordar el tema ecocrítico es preciso esclarecer el rol de la mujer en la portada. Como se ha dicho, la centralidad de una mujer empuñando el machete constituye un gesto disruptivo en la iconografía amazónica; si bien la selva había sido representada históricamente como un espacio femenino pasivo —territorio fértil a ser penetrado o explotado— aquí la mujer encarna la amenaza activa. Su desnudez refuerza la conexión con lo natural, pero esa misma corporalidad se vuelve arma, no objeto de contemplación. El gesto corporal, sin embargo, también admite una lectura ambivalente, ya que la figura puede reforzar el estereotipo de la mujer indígena como amenaza salvaje e irracional. Podríamos afirmar que la finalidad de este elemento visual de la portada oscila entre el empoderamiento y la estigmatización, pues la mujer es agente de acción pero su representación responde a un régimen visual masculino que la inscribe como exotismo violento.
Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía (César Calvo Soriano, 1981)
En el plano narrativo esta obra es una novela fundamental de la literatura amazónica peruana que combina testimonio, mito, etnografía y poesía en una narración fronteriza entre lo documental y lo literario. La obra relata el viaje del narrador hacia su encuentro con el chamán Ino Moxo, figura central que articula la memoria histórica de la Amazonía con un saber ancestral transmitido a través de la palabra oral y la experiencia visionaria de la ayahuasca.
El texto se caracteriza por su estructura fragmentaria, donde la primera persona se entrelaza con voces múltiples, generando lo que Antonio Cornejo Polar denomina “literatura heterogénea” al superponer registros orales, míticos y escritos.27 En el plano estético la novela despliega un lenguaje lírico que oscila entre la crónica y el poema en prosa, reforzando la dimensión visionaria del relato. Al mismo tiempo, incorpora referencias a la violencia histórica de la colonización, la explotación del caucho y la marginalización de los pueblos amazónicos, lo que le confiere una dimensión crítica y política. En esta intersección de mito y realidad, Ino Moxo no solo reivindica el conocimiento chamánico como horizonte epistémico legítimo sino que abre también un espacio literario donde la Amazonía se narra desde dentro, resistiendo a las categorías impuestas por la modernidad occidental. Como ha señalado Juan Duchesne Winter, Las tres mitades de Ino Moxo puede leerse también a la luz de lo que él denomina “plant theory”, una perspectiva crítica que examina cómo la literatura amazónica articula formas de conocimiento vinculadas al mundo vegetal. Según Duchesne, la experiencia visionaria producida por una planta, en este caso la ayahuasca, no funciona únicamente como un motivo narrativo sino como una matriz epistemológica que estructura la novela y permite al lector pensar diferentes ontologías donde humanos, plantas y espíritus participan de redes relacionales de conocimiento. Desde esta perspectiva se puede decir que la obra de Calvo logra que el mito y la experiencia visionaria se entrelacen para cuestionar las formas occidentales de comprender la realidad.28

Imagen 3. Portada de la primera edición de Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía, realizada por Francisco Mariotti y Elena González. Editorial: Proceso Editores y Editorial Gráfica LABOR Iquitos, Peru. 1981
Esta concepción del conocimiento chamánico también se proyecta en el plano visual de la obra. La portada de Las tres mitades de Ino Moxo presenta un diseño austero pero cargado de significación simbólica. El fondo reproduce la textura de una superficie pétrea o terrosa, en tonos marrones y grises, lo que evoca tanto lo mineral como lo orgánico, estableciendo una conexión con el territorio amazónico en su dimensión más material. Sobre esta superficie, el título se organiza con jerarquía tipográfica clara: en mayúsculas blancas y centrado en la parte superior, seguido del subtítulo “y otros brujos de la Amazonía” en un tamaño menor y con tipografía sobria. En el centro de la composición destaca un motivo gráfico simple pero cargado de resonancias: un triángulo abierto dentro del cual se inscribe una forma semicircular; en la base un trazo serpentiforme evoca, según nuestro punto de vista, la anaconda, figura central en las cosmologías amazónicas. Finalmente, en la parte inferior el nombre del autor aparece en un tono naranja intenso, aportando contraste cromático y énfasis autoral.
Este conjunto privilegia el símbolo sobre la figuración; no hay escenas narrativas ni cuerpos humanos, simplemente un signo abstracto que remite
al universo chamánico y mítico. El estilo minimalista marca una ruptura con
las portadas anteriores —más narrativas y figurativas— y orienta la lectura hacia lo cosmológico. En este caso, el triángulo con la serpiente funciona como
un emblema visionario, condensando saberes indígenas en un lenguaje grá-
fico moderno.
Desde la ecocrítica y el pensamiento decolonial interpretamos la por-
tada como un intento de desplazar la mirada exotizante de la Amazonía. La
selva no aparece como escenario violento (Paiche) ni como fauna amenazante (Mal de gente) sino como un cosmos simbólico con sus propias lógicas. La presencia del motivo serpentiforme es particularmente significativa, pues es recurrente en múltiples tradiciones amazónicas: la anaconda es el ser que conecta con el río, lo terrestre y lo espiritual. En muchas cosmologías amazónicas la serpiente se asocia también con las experiencias visionarias producidas por plantas maestras como la ayahuasca, lo que refuerza la idea de este animal como un símbolo de mediación entre distintos planos de conocimiento. Este gesto visual nos aproxima a lo que Descola describe como una “ontología animista”, donde la naturaleza no es un objeto sino un entramado de relaciones entre agentes humanos y no humanos.29 Tal es el propósito de Calvo, tanto en la portada como en su narrativa.
En 1981, año de la publicación, la literatura amazónica adquirió un nuevo valor cultural y político al visibilizar figuras como el chamán que ofrecían modelos alternativos de autoridad y conocimiento frente a la deslegitimación del Estado.30 Esta portada también responde a esta coyuntura al prescindir de representaciones naturalistas y optar por un símbolo chamánico; se inserta de este modo en un campo de disputa estética y política que busca legitimar las epistemologías indígenas en un escenario de crisis nacional. Es por ello que, aunándose su gran valor y riqueza literaria, este diseño permitió situar la literatura amazónica en un diálogo más amplio sobre la espiritualidad y la decolonialidad, diferenciándola de los modelos narrativos anteriores, de corte indigenista, y posicionándola como literatura visionaria y transnacional.
Desde el punto de vista decolonial observamos que la abstracción simbólica constituye un gesto decolonial por cuenta propia; frente a las portadas anteriores, que construían a la Amazonía desde la amenaza (Mal de gente) o la violencia corporal (Paiche), la de Ino Moxo se centra en la representación de un saber indígena: el universo chamánico. El motivo serpentiforme es particularmente significativo, pues la serpiente es figura central en múltiples mitologías amazónicas, asociada al conocimiento visionario y a la transformación. Al colocar este símbolo en el centro la portada legitima un repertorio visual que no proviene de la tradición occidental sino de las cosmologías locales.
Finalmente, siguiendo las pautas de Panofsky, el símbolo central puede interpretarse como condensación de una cosmología amazónica: los triángulos como estructuras costeñas y andinas, y la serpiente como saber chamánico. Todas estas inferencias concuerdan con la novela, que busca la unificación entre lo humano y lo no humano, entre culturas, entre lo amazónico, lo andino y lo costeño. La emoción condensada ya no es el temor ante la selva sino el respeto a sus fuerzas y su carácter espiritual.
Conclusiones
El análisis de las tres portadas seleccionadas revela un arco de transformaciones significativas en la representación visual de la Amazonía peruana entre 1943 y 1981. Si bien cada una responde a una coyuntura histórica específica y a las condiciones materiales de su producción editorial, al observarlas en conjunto emergen patrones de continuidad, rupturas estéticas y disputas simbólicas que permiten leerlas como parte de un archivo visual en constante negociación.
La portada de Mal de gente se centra en lo no humano: las hojas y el felino son los protagonistas y los sujetos amazónicos permanecen ausentes; la selva aparece como una fuerza amenazante inscrita en lo que Morton denomina una “ecología oscura”. En contraste, dos décadas después la portada de Paiche desplaza el protagonismo hacia el conflicto humano, representando la violencia corporal en el corazón de la selva. El machete —símbolo de extracción y supervivencia— se convierte en arma y la mujer empoderada que lo empuña encarna una agencia femenina disruptiva, aunque ambivalente. Este paso del conflicto no humano al humano marca una ruptura importante: la selva ya no es solo una amenaza externa, es también un escenario donde se dramatizan tensiones sociales, de género y coloniales.
Las portadas de 1943 y 1963 son figurativas y narrativas: sugieren es-
cenas, personajes, acciones. En cambio, la portada de Las tres mitades de Ino Moxo introduce un giro hacia la abstracción simbólica. El triángulo, la luna y
la serpiente no cuentan una historia explícita sino que condensan cosmolo-
gías y saberes chamánicos. Esta transición estética refleja un cambio epistemológico: mientras las primeras portadas buscaban captar la atención a través
de lo exótico o lo dramático, la de 1981 propone un acceso al conocimiento amazónico en clave simbólica y espiritual. Este desplazamiento responde a un gesto epistémico; la portada propone leer la Amazonía como un cosmos de saberes alternativos, más cercano a lo que Mignolo describe como el “giro de-
colonial”, una apertura hacia las epistemologías invisibilizadas por la modernidad colonial.
A pesar de las diferencias, hay una continuidad en las tres portadas: todas representan a la Amazonía como espacio de alteridad radical. En 1943 lo
otro es la selva animalizada, en 1963 lo otro es la mujer amazónica como amenaza, en 1981 lo otro es el saber chamánico. En cada caso, la portada funciona como umbral que interpela al lector no amazónico, invitándolo a ingresar en un territorio marcado por lo desconocido. Esta constante muestra que, más allá de la evolución estética, la Amazonía sigue representándose como una frontera simbólica que desestabiliza el orden nacional y occidental. Esta desestabilización responde a una ruptura decolonial. Las dos primeras portadas reproducen en gran medida imaginarios coloniales (la selva como amenaza, la mujer como barbarie); la tercera coloca en el centro símbolos indígenas; este gesto visual resignifica la Amazonía ya no como espacio de violencia sino como cosmos
de conocimiento.
Desde una perspectiva metodológica, este recorrido confirma la necesidad de leer los paratextos como espacios de condensación simbólica y no como simples accesorios editoriales. La combinación del análisis iconográfico e iconológico, la ecocrítica y la teoría decolonial permite reconocer que las portadas constituyen archivos visuales que articulan tensiones históricas, políticas y estéticas. Entendiéndose las portadas como archivo —en el sentido de Mitchell y de los estudios de la cultura visual— estas tres imágenes, más que simples accesorios, son condensaciones de debates históricos sobre la Amazonía: explotación y colonización en los cuarenta; modernización, género y violencia en los sesenta; cosmopolítica chamánica y decolonialidad en los ochenta. Las portadas, vistas en conjunto, permiten mapear cómo la Amazonía fue imaginada en distintos momentos del siglo XX, revelando un tránsito de la amenaza al saber, del exotismo a la reivindicación simbólica. Esta aproximación invita a considerar futuros estudios sobre portadas, ilustraciones y material gráfico amazó-
nico como parte fundamental del archivo cultural y no como elementos marginales, en el esfuerzo por comprender la compleja trama de representaciones de la selva en el siglo XX.
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Cómo citar:
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