hart.12711

Javier Correa Román y
Julia Isasti (eds.), Arte en la era digital Filosofía&Co, 2023. 234 p.

Jerónimo Sepúlveda Niño

Universidad de los Andes, Colombia

DOI: https://doi.org/10.25025/hart.12711

Arte en la era digital es más un dispositivo que un libro: un híbrido que busca desautomatizar las convenciones de la teoría. La pregunta que agrupa a este conjunto de textos es: ¿cómo pensar lo digital? La forma del libro responde a esta pregunta. Concebido como un mosaico de voces y registros —ensayo, relato, poema, ilustración— el volumen despliega una hibridez que, en modo alguno accidental, es una respuesta activa al modo de funcionamiento de lo digital: imponiendo un mosaico que multidimensiona lo visible. El libro, entonces, contesta con un conjunto de textos cuya unidad recuerda la figura fractal del caleidoscopio. En este volumen, la diversidad de perspectivas es el recurso para pensar la multiplicidad ontológica de lo digital.

Más que un tratado sistemático sobre arte y tecnología se ofrece aquí un laboratorio colectivo para indagar en las transformaciones estéticas y ontológicas de nuestro presente. El proyecto fue editado por Javier Correa Román, cofundador del colectivo Mentes Inquietas y redactor de Filosofía&Co, y Julia Isasti, investigadora en arte contemporáneo y gestora cultural. La propuesta no consiste en presentar la síntesis de un problema; por el contrario, el gesto que este libro encarna es el de la apertura: se trata de abrir preguntas difíciles sobre lo contemporáneo, de abrir apuntes teóricos que se cuestionan por la posición de lo digital respecto del arte (sobra decir que tales preguntas constituyen una nueva rama emergente en el campo de los estudios visuales, la filosofía y la estética). Tal apertura de preguntas y de críticas se organiza en cinco bloques: “Sobre el museo”, “Nosotras ante el arte digital”, “El hastío y la sobresaturación”, “La mirada” y “Nuevas tecnologías, nuevos paradigmas”. Esta arquitectura evidencia la voluntad de abordar lo digital desde una interdisciplinariedad radical o desde una constelación de miradas que enlazan teoría y práctica, reflexión filosófica y experimentación estética.

El primer bloque, “Sobre el museo”, cuestiona la institución que históricamente ha condensado y legitimado la experiencia del arte. “En el museo” Paula Ducay problematiza la visita virtual como escenario posible de una experiencia estética, experiencia que altera los modos en que se percibe lo sensible pero que, a su vez, potencia el encuentro entre obra y espectador. La pantalla se vuelve puerta de acceso, pero también superficie que refleja la soledad del espectador. El siguiente texto, “¿Van a morir los museos? Hacia espacios artísticos y culturales más democráticos en la era digital” de Myriam Rodríguez del Real, radicaliza la pregunta: ¿puede lo digital democratizar el arte, tal como lo había prometido la institución museística en sus albores? Al historizar la lógica de institucionalización del arte perpetuada por los museos, Rodríguez revela una cara oculta de los espacios expositivos: el museo está lejos de ser un lugar neutral de exhibición y responde a relaciones de poder atravesadas por hegemonías —blancas, masculinas, europeas, heterosexuales— que limitan y traicionan su pretensión de democratizar el arte y el conocimiento. Ante este panorama la autora se cuestiona si, paradójicamente, serán las redes sociales (espacios blandos, efímeros, dispersos y aparentemente inclusivos) las que lograrían cumplir el viejo ideal museístico de democratizar el acceso al arte.

En el segundo bloque se da un desplazamiento hacia el problema de la subjetividad. La sección explora la configuración del “yo” en un entorno mediado por lo digital. En “Espectros”, de Javier Correa Román, la escritura se vincula con el tecleo del celular, mostrando al dispositivo como una prótesis del pensamiento. El texto evidencia la constitución de un “yo” que se subjetiva a partir del encuentro con lo digital en un mundo hiperconectado que, contrario a lo que se pudiera pensar, intensifica la atomización social y dificulta el encuentro con el otro. La tensión entre conexión y desconexión se retoma en el poema “Y si resulta que después de todo te quería porque no estabas”, de Javier Calderón, cuya escritura pone en crisis la noción de presencia/ausencia del otro en lo digital. Esta sección se compone de textos de carácter íntimo que narran experiencias en las que los sujetos son paradójicamente construidos por lo digital y destruidos por el mundo que lo digital encarna.

El tercer bloque aborda las diversas problemáticas que se desprenden de la hiperconectividad, del mundo digital y de su infalible compañero: el capitalismo tardomoderno. En “Ficciones de pantalla” Marta Martínez nos deja ver la experiencia del siglo XXI, una época signada por el aburrimiento y el exceso de información. Recuperando el tono de Mark Fisher, la autora ensaya una crítica cultural al archivo: lo digital se presenta como un contenedor infinito en el que el olvido es aquello que hemos olvidado hacer. Nada se pierde y en la acumulación de gigas la capacidad de memorizar pierde sentido: asimismo se destiñe el sentido del arte. El hastío se desprende como consecuencia de esta sobreacumulación, un efecto estructural del capitalismo que ha capturado incluso las promesas democratizadoras de la cultura digital. El texto, sin embargo, da notas para una posible resistencia: pensar usos estratégicos de la tecnología que permitan desplazar el arte fuera de la lógica del mercado, hacia prácticas humildes capaces de generar redes alternativas y traicionar a las hegemonías en su propio terreno. La ilustración Feed de Alba Mezcua cristaliza esta crítica: el catálogo artístico obligado a presentarse como secuencia efímera en un feed, donde la obra se desvaloriza y se convierte en mercancía. Ensayo e imagen dialogan así para mostrar que la saturación digital no es solo un fenómeno estético, sino también una forma de control económico, frente a la cual se hace urgente imaginar otras políticas de creación y circulación.

El cuarto bloque funciona como el núcleo del volumen o el centro del caleidoscopio: la pregunta por la mirada y por cómo lo digital constituye horizontes ontológicos en la era digital. En “Alerta visual. Despertar la mirada para la era digital”, Marcin Bartosiak y Julia Isasti argumentan que la cultura visual interviene en la constitución misma de lo real. La percepción ya no puede pensarse al margen de los píxeles, de la mediación digital que estructura las formas en las que vemos y conocemos el mundo. La imagen digital se revela como fuente de nuevas experiencias, pero opera al mismo tiempo como dispositivo de dominio, saturando el sentido visual y neutralizando la capacidad de ver y pensar el arte. Tras recorrer distintas formas históricas de ver, el artículo conduce a la imagen artística digital. A partir de un análisis de las obras digitales de David Hockney, en donde la distancia y la proximidad entran en tensión por las posibilidades técnicas de la pantalla digital; seguido por una revisión de las obras de Tony Oursler, donde el reconocimiento facial y la vigilancia evidencian la alianza entre arte y control algorítmico, les autores dan cuenta del nuevo paradigma que nos aboga: el de la imagen digital.

El quinto y último bloque, “Nuevas tecnologías, nuevos paradigmas”, aborda las más recientes formas de producción y difusión de imágenes: la inteligencia artificial y la red social china TikTok. En “La revolución tampoco será generada por IA”, Pepe Tesoro analiza algunos productos de la industria cultural para hacer notar la naturaleza no neutral de la tecnología. Antes bien, la tecnología se muestra inseparable de los modos de producción que la sostienen (huelga decir que estos modos de producción no son inocentes: se mueven bajo los intereses extractivos y acumulativos del capitalismo). Tesoro problematiza la relación entre economía política y estética, evidenciando que el medio para llevar a cabo dicha problematización es la ansiedad ante el avance tecnocientífico, específicamente ante la IA. Así, el arte digital y la industria cultural emergen aquí como síntomas del presente: productos donde se manifiestan las tensiones entre trabajo-capital y futuro tecnológico. El ensayo “Una estética para TikTok” de Pablo Caldera sitúa la pregunta en el terreno de las redes sociales. En el texto, Caldera revela cómo TikTok funciona como un nuevo régimen estético que tiene por característica principal la afectación de la sensibilidad, el deseo y las formas de subjetivación. Este nuevo régimen estético no puede pensarse al margen de los modos de producción y consumo que le hacen posible, lo que conlleva pensar la estética en un sentido amplio, imbricada con los modos de producción y consumo. Los dos textos de esta sección abren preguntas urgentes en los ámbitos de la estética y de la economía-política; tales discusiones serán decisivas para comprender el mundo en el que vivimos y el mundo que está por venir.

El gran avance que contiene Arte en la era digital en relación con el campo de estudio radica en su forma doble de operar: por un lado, encarna críticas teóricas y reflexivas sobre el arte contemporáneo; por otro, es un archivo polifónico del espíritu de este tiempo. Los textos contenidos en el volumen cristalizan afectos y tensiones que, como en una sintomatología, nos ponen sobre aviso de las potencias y los peligros de la vida en el paradigma digital. La forma multidiscursiva e interdisciplinar del libro evita la clausura de problemas; antes bien, invita a la apertura de nuevas y urgentes preguntas. Aquellos textos que se cuestionan sobre la experiencia estética y ontológica del mundo digital se podrían enriquecer de diálogos más directos con teorías emergentes como el poshumanismo y los nuevos materialismos; no obstante, el libro funciona como un laboratorio del pensamiento que descubre en el arte digital una forma productiva de conocimiento.

Portada Javier Correa Román y Julia Isasti (eds.), Arte en la era digital. Filosofía&Co, 2023. 234 p.