Entre metáforas y alegorías: La noción de identidad durante la tercera década del siglo XX en el contexto de las revistas culturales latinoamericanas


Abstract

En las revistas culturales latinoamericanas de los años veinte fue recurrente el empleo de metáforas para transmitir la noción de identidad. En este texto se propone una exploración de esa figura literaria utilizada como medio de narración, aplicable a la identificación del ambiente social continental durante las primeras décadas del siglo XX. Se muestra como en el ambiente intelectual de la época operó más la creación, el sarcasmo, la imaginación contrastada, que la reflexión rigurosa, lógica o académica. Durante el periodo escogido primó la persuasión retórica como forma de presentar los avatares de la ambigua realidad social. Algunos de los textos inaugurales de las revistas se concibieron como metáfora de metáforas llegando al nivel de complejidad narrativa de las alegorías.


In Latin American cultural journals of the nineteen twenties metaphors were often relied on to communicate the notion of identity. This text explores the use of this literary figure as a narrative device deployed in order to identify the social environment in the continent during the first decades of the Twentieth Century. The text shows how in the intellectual environment of the time creation, sarcasm and contrasted imagination played a larger role than rigorous, logical or academic reflection. During the period under study rhetorical persuasion prevailed as a form of presentation of the avatars of the ambiguous social reality. Some of the inaugural texts of the journals were conceived as metaphor of metaphors and reached the level of narrative complexity that characterizes allegories.


Nas revistas culturais latino-americanas dos anos 1920, foi recorrente o emprego de metáforas para transmitir a noção de identidade. O presente texto propõe o estudo dessa figura literária usada como meio de narração, aplicável à identificação do meio social continental durante as primeiras décadas do século XX. Mostra-se como, no meio intelectual da época, jogou um papel mais relevante a criação, o sarcasmo e a imaginação opositiva do que a reflexão rigorosa, lógica ou acadêmica. Durante o período escolhido, predominou a persuasão retórica como forma de apresentar os avatares da ambígua realidade social. Alguns dos textos inaugurais das revistas foram concebidos como metáfora de metáforas, atingindo o nível de complexidade narrativa das alegorias.


Las revistas culturales que circularon en el ámbito de las principales ciudades latinoamericanas durante la tercera década del siglo XX, coincidieron al narrar particularidades de la noción de identidad cultural recurriendo, en la mayoría de los casos, al empleo de metáforas.1 En esa labor se concentraron escritores e intelectuales lúcidos y capaces de la generación puente, los nacidos al final del XIX, quienes actuaron como adultos jóvenes durante las primeras décadas del siglo XX. Ese grupo de intelectuales enfrentó la tarea de superar diversas versiones decimonónicas del positivismo local. En su propuesta de acción invocaron compromisos irrenunciables para la elaboración de imágenes de futuros posibles del conjunto cultural latinoamericano. En sus artículos y ensayos, los autores exploraron argumentos provenientes de las diversas posturas de las vanguardias artísticas europeas. Ese fue un ejercicio interpretativo y crítico, previo a la formulación de elementos narrativos referidos a los proyectos de introducción de la América Latina urbana en el contexto de la modernidad global.2

Durante el transcurso de los años veinte, los intelectuales describieron en sus ensayos tensiones, detalles y matices de la superposición de realidades complejas en que las comunidades urbanas vivían. Los tempos de la vida en las ciudades marcaron el alejamiento, el distanciamiento, la mudanza de la rutina y los rituales que se vivían en amplios sectores de tradición rural. El entorno social y político, cristalizado durante los más de tres siglos de la imposición del orden colonial, se resquebrajó —durante el siglo XIX— bajo la presión violenta del ciclo de las revoluciones de independencia. Al inicio del siglo XX, casi cien años después de la independencia, los centros urbanos eran otros; las ciudades de fundación ibérica, al trastocar sus compromisos políticos, modificaron facetas del orden de sus estructuras espaciales. Los argumentos unitarios monárquicos, aplicados desde la distancia atlántica, se desdibujaron durante el siglo XIX dando como resultado la aparición de nuevas unidades político-espaciales. Los centros urbanos mayores asumieron compromisos nodales en torno a los cuales gravitaron los poderes republicanos al interior de las redes de ciudades latinoamericanas. La reconfiguración del territorio continental en función de los órdenes políticos regionales indujo la acomodación y la búsqueda de otra significación a los espacios abiertos y las edificaciones públicas de los conglomerados urbanos del continente. Las cartas de constitución esbozaron proyectos nacionales, imaginativos, móviles e inciertos. Las ciudades latinoamericanas al inicio del siglo XX fueron ámbito de las discusiones y las polémicas sobre las condiciones requeridas para ingresar al conjunto del mundo moderno. En ese escenario, se exigió —como condición inherente— a los miembros destacados de la generación puente la capacidad de predecir y auscultar imágenes del futuro.

El tema del futuro acaparó la imaginación de los grupos intelectuales. Las visiones poéticas y emotivas fueron tanto promisorias como difusas. El porvenir local tenía componentes innominados. Como escribió García Márquez: “El mundo era tan reciente que las cosas no tenían nombre y para nombrarlas había que señalarlas con el dedo”.3 El universo de palabras confinadas en la tradición no tenía suficientes voces para referir lo nuevo. Se hizo necesario engendrar nuevos significados a partir de la composición de metáfora.4 Metáforas ingeniosas, ágiles y capaces de enfrentar los componentes innominados del futuro, brindándole a la comunidad cultural continental la posibilidad de comprender elementos aún inéditos. Las metáforas funcionaron como artilugios lingüísticos, instrumentos de imaginación narrativa útiles para dar sentido transitivo a lo aún no denominado. La relativa ventaja continental fue la proximidad en el manejo de las lenguas ibéricas y la amplia tradición en el manejo de retóricas próximas al mundo del barroco local.

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Revista de avance, n.º 1 (La Habana, 1927).

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Klaxon. Mensário de arte moderna 1 (Brasil, mayo, 1992).

La potencia comunicativa de las metáforas depende de la pertinencia de la relación establecida entre las imágenes literarias y sus componentes paralelos de semblanzas de la realidad cultural latinoamericana. Se consideró apropiada la capacidad interpretativa de la comunidad que recibió las metáforas. Así, en el juego de artilugios lingüísticos no se pretendió comunicar argumentos directos ni explícitos. En la propuesta de utilizar metáforas se anidaban cúmulos sugestivos y prolijos de imágenes del futuro cultural.

Para avanzar, se plantea aquí la interrogación central en este texto: ¿Un conjunto de metáforas tiene la capacidad de inducir imágenes de identidad? o ¿hay posibilidad de construcción de identidad en torno a la interpretación poética de metáforas ?

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Revista de Antropofagia, n.° 1 (Brasil, mayo, 1928).

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“Manifiesto antropífago”. Revista de Antropofagia, n.° 1 (Brasil, mayo, 1928).

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La Pluma, n.° 1 (Uruguay, 1927).

La noción de la identidad continental, durante el periodo, fue entendida como la huella dejada por la acumulación aluvial de experiencias de habitación continua en el territorio; de los permanentes ciclos de migraciones y desplazamientos; de la convergencia y el entrechoque expresados en las diversas maneras de narrar particularidades sociales vinculadas al momento histórico; de la convergencia de acciones en la superación de pasadas cotidianidades. La identidad, en el contexto de las publicaciones culturales, se entendió como la densa atmósfera cultural envolvente, decantada en las regiones del territorio continental durante el tiempo histórico y compuesta por diversos elementos característicos: elementos espaciales de los paisajes geográficos; elementos genealógicos del fértil mosaico antropológico; elementos míticos condensados como preceptos en la memoria de las almas colectivas; elementos referentes de las maneras de comprender y contrastar versiones y visiones de mundo. Rodeados por esa atmósfera cultural, los editores de las revistas culturales de la tercera década del siglo XX respiraban, reflexionaban y escribían.

En torno a las metáforas

La elaboración de metáforas alrededor de la noción de identidad continental tuvo en su base la mixtura de experiencias intelectuales cumplidas en el territorio —amplio, contrastado y diverso—de América Latina. Fueron diversas las imágenes y amplias las perspectivas narrativas que aparecieron en algunos de los escritos inaugurales presentados por las revistas culturales de la época.

Los editoriales de cada una de esas publicaciones estaban inscritos en ámbitos duales, enmarcados entre imágenes abiertas —no siempre nítidas— del mundo que les era contemporáneo y con visiones focalizadas sobre el contexto social y político que les era próximo. Casi todas ellas inmersas en compromisos ideológicos manifiestos.

Las páginas iniciales de las revistas culturales del periodo están narradas a partir de estructuras de manifiestos. Las propuestas discursivas se apoyan en metáforas plenas de sentido de cuestionamiento a las tradiciones. La concatenación de esas metáforas las lleva a asumir formas de alegoría; alegorías que actúan como sistema de puentes móviles que vinculan diversos sentidos, niveles, significaciones y potencias expresivas.

Desde los carteles murales5 —el caso del Manifiesto estridentista en Puebla, de Manuel Maples Arce en 1923— hasta las publicaciones de circulación más o menos prolongada — Klaxon (1922), Proa (1922), Martín Fierro (1924), Amauta (1926), revista de avance (1927), La Pluma (1927), entre otras—envían mensajes en clave de metáforas concatenadas con sentido de identidad. La aspiración de los editores fue superar los niveles retóricos convencionales y alcanzar, por medio de metáforas, la compleja dimensión de las alegorías. Alegorías sobre la identidad local, enmarcadas en ambientes sociales plurales, con argumentos políticos, económicos y culturales, procurando la potencia necesaria para trascender facetas canónicas de la realidad local.

En este corto escrito y en el ámbito de las metáforas y las alegorías se proponen, a manera de ejemplos, dos de ellas: las del avance y las de origen.

La metáfora del avance

Una de las metáforas del avance es la de una barca mínima, inestable y abordada por un grupo de intelectuales que en su navegar enfrentan corrientes turbulentas y continuos vendavales. Esa imagen es reiterada en varias de las publicaciones de la época. Se sugiere una agenda de auto sacrificio y aventura, un viaje a lomos del tiempo, donde se dispone de pocos recursos y mucha fortaleza ética. Su vínculo con la promoción de las vanguardias locales es directo. Se procura avanzar explorando las señas marcadas por el devenir y las circunstancias, sin tener claridad en los trayectos, localizaciones o destinos. Se supone la existencia de otros puertos y otros aventureros que también navegan a la deriva. La narración muestra la cronología escueta del viaje en la cual pueden ser descritos con detalle a los posibles lectores los avatares, las vicisitudes del mundo de la comunidad intelectual. Palabras como novedad y movimiento despejaban e impulsan la proa de la renovación estética.

En el número inaugural de la Revista de avance (La Habana, Cuba, 1927), apareció el texto “Al levar el ancla”.6 En él se anticipaba el posible rumbo que enfrentaría la publicación cubana. Los cinco aventureros navegantes fueron: Alejo Carpentier, Martín Casanovas, Jorge Manach, Juan Marinello y Francisco Ichaso. El texto decía:

¿Adónde va esta proa sencilla que dice “l927”?

Si lo supiéramos, perdería todo gusto la aventura.[…] Vamos hacia un puerto — ¿mítico? ¿incierto?— ideal de plenitud; hacia un espejismo tal vez de mejor ciudadanía, de hombría más cabal.

Pero no nos hacemos demasiadas ilusiones. Lo inmediato en nuestra conciencia, es un apetito de claridad, de novedad, de movimiento […]

Tampoco hay afán de pesca incidental en la excursión. […] Salimos, pues, rigurosamente a la aventura, a contemplar estrellas[…], a ver, en fin, si por azar nos topamos con algún islote que no tenga aire provinciano y donde uno se pueda erguir en toda la estatura.

Modestos como somos, llevamos, eso sí, nuestra pequeña antena, lista para cuantos mensajes de otras tierras y de otros mares podamos interceptar en nuestra ruta. […] ¡Queremos movimiento, cambio, avance, hasta en el nombre! Y una independencia absoluta –¡hasta del Tiempo!7

Una metáfora similar había sido utilizada ya por Jorge Luis Borges, cinco años antes, en 1922, para explicar el programa de la revista PROA:

Cuatro escritores jóvenes formados en distintos ambientes, nos hemos encontrado de pronto, conviviendo espiritualmente en la más perfecta coincidencia de sensibilidad y de anhelos. […] ¿Qué programa ideológico ostentamos? ¿Qué soluciones tenemos para los problemas sociales y científicos?

No es posible mostrar de antemano un panorama que estamos en camino de formar. ¿Cómo exigir a un viajero que parte a dar la vuelta al mundo una reseña de su viaje cuando estamos despidiéndolo en el puerto de partida? Lo único que podemos exigirle es que sepa geografía y que lleve una brújula. […] Ponemos a Proa en manos de todos los espíritus jóvenes y sea ella, tan audaz como el símbolo, la prístina amalgama de los sueños y los anhelos despertados de pronto como una música platónica, entre el fragor de la maquinaria y el canto del oro, único himno que hasta ahora levantaba al espacio la tensión de la urbe.8

La metáfora del avance también tiene relación con la imagen de movimiento que valida y da sentido a la existencia de las máquinas. Maples Arce, en México, compuso metáforas de intensidad emotiva. El escritor mexicano, en una lección ejemplar del uso de artilugios lingüísticos, escribió:

“Un automóvil en movimiento, es más bello que la Victoria de Samotracia.” A esta eclactante afirmación del vanguardista italiano Marinetti, […] yuxtapongo mi apasionamiento decisivo por las máquinas de escribir, y mi amor efusivísimo por la literatura de los avisos económicos. Cuánta mayor y más honda emoción he logrado vivir en un recorte de periódico arbitrario y sugerente, que en todos esos organillerismos pseudo-líricos y bombones melódicos […].

Es necesario exaltar en todos los tonos estridentes de nuestro diapasón propagandista, la belleza actualista de las máquinas, de los puentes gímnicos reciamente extendidos sobre las vertientes por músculos de acero, el humo de las fábricas, las emociones cubistas de los grandes transatlánticos con humeantes chimeneas de rojo y negro, anclados horoscópicamente —Ruiz Huidobro— junto a los muelles efervescentes y congestionados […].9

La metáfora del avance actúa como referente clave en la consolidación de acciones que identifican las cualidades y las extensiones del ciudadano del mundo que se desplaza en procura de la modernidad local plena.

Las de origen

La condición sorprendente de lo nuevo que surge en la actualidad lleva implícita la pregunta por el origen. No hay novedad posible si no existe una idea tácita de su inexistencia anterior. Las metáforas de origen tienen un ejemplo destacado en el manifiesto de Klaxon10 (1922):

Klaxon sabe que la vida existe. Y aconsejado por Pascal, mira el presente. Klaxon no se preocupará por ser nuevo, sino por ser actual. Esa es la gran ley de la novedad. Klaxon sabe que la humanidad existe. Por eso es internacionalista. Lo que no impide que, por la integridad de la patria, Klaxon muera y sus miembros brasileños mueran.

[…] Klaxon no es futurista.

Klaxon es klaxista.

[…]Klaxon tiene un alma colectiva que se caracteriza por el ímpetu constructivo. Pero cada ingeniero utilizará los materiales que le convengan.11

Oswald de Andrade publicó su “Manifiesto antropófago” en el primer número de la Revista de Antropofagia (1927). La metáfora presentada en ese texto fue una de las más imaginativas de las que se publicaron en la década. El autor recurre a la imagen poética del “mal salvaje” y el nativo que “devora” a sus congéneres diferentes. El manejo del tiempo tiene un inicio que se referencia en la historia local. El suceso ocurrido en el “año 374 de la deglución del Obispo Sardinha”, personaje europeo que fue “deglutido” por los indios caetés: “Antropofagia. Absorción del enemigo sacro. Para transformarlo en tótem. La aventura humana. La terrena finalidad”.12

La metáfora gravita sobre la manera de apropiarse los atributos del extranjero:

El espíritu se niega a concebir el espíritu sin el cuerpo.

El antropofagismo. Necesidad de la vacuna antropofágica. Para el equilibrio contra las religiones del meridiano. Y las inquisiciones exteriores.

Solo podemos oír al mundo articular.

Teníamos la justa codificación de la venganza. La científica codificación de la magia.

Antropofagia. La transformación permanente del tabú en tótem.13

Los conceptos de cosmopolitismo y nacionalismo se subliman en el manejo de la metáfora de origen. La deglución del otro da inicio al fortalecimiento de la identidad del antropófago. El resultado del proceso es establecer la identidad plena entre lo propio y lo diferente.

También en 1927, Alberto Zum Felde lanzó el número inaugural de la revista La Pluma. En esta se publica el programa con el que se guiaría la revista; se destacan metáforas compuestas desde afirmaciones negativas:

La Pluma no es un órgano de ninguna identidad determinada, ni responde a ningún dogmatismo exclusivo. No viene a ejercer propaganda doctrinaria. No iza al tope bandera de escuela […] Sus páginas estarán por tanto abiertas a toda colaboración, cualquiera sea su tendencia estética e ideológica, sin más condición que la calidad. El eclecticismo—norma necesaria para una revista a abarcar el complejo de la intelectualidad nacional—tiene su propio límite en la necesidad de la selección.

Este eclecticismo relativo no implica, sin embargo la neutralidad, en cuanto ésta signifique pasividad indiferente o diplomacia acomodaticia.14

Zum Felde establece identidades por medio del recurso de marcar metafóricamente las diferencias. En este caso, se da el origen de lo nuevo a partir de la negación de lo aparentemente convencional, de lo ya rutinario.

Metáforas – alegorías

En el “Manifiesto antropófago” la yuxtaposición de metáforas genera alegorías de identidad. La alegoría es tomada aquí como el conjunto de la metáfora de metáforas: “Tupi or not tupi”, esa es la cuestión.15

La alegoría vincula al universo clásico shakesperiano que se recompone con elementos de lenguas locales. Lo elementos componentes abren amplio campo a la interpretación:

La magia y la vida. Teníamos la relación y la distribución de los bienes físicos, de los morales, de los bienes jerárquicos, ya sabíamos traspasar el misterio y la muerte con el auxilio de algunas fórmulas gramaticales. (…)

Solo no hay determinismo donde hay misterio. Pero eso a nosotros ¿qué nos importa?16

Al cierre de este escrito sobre metáforas y alegorías se puede argumentar que la identidad expresada por medio de metáforas no es una formulación mensurada, cerrada, indiscutible. Es, contrario a los conceptos académicos tradicionales, un universo de significaciones sugeridas, sin la pretensión de ser verdades incuestionables. Lo antes referido aquí transcurrió en campos de la imaginación poética, lo cual implica aproximaciones emotivas a la identidad local.

La interpretación de las metáforas es exigente; quien las enfrenta debe ejercitar su capacidad de trascender la realidad convencional e ingresar al ámbito donde las sugerencias abren campo a otras esferas de la comprensión de la complejidad del mundo. La identidad en América Latina, en clave de los textos intelectuales de la tercera década del siglo XX, tiene aún interesantes laberintos metafóricos inexplorados. La tarea de revisar con cuidado y rigor los textos de las revistas intelectuales latinoamericanas es un proyecto en marcha. Lo presentado en este texto es solo una invitación a explorar particularidades en la construcción de la cultura continental.

Bibliografía

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Borges, Jorge Luis, Alfredo Brandán Caraffa, Ricardo Güiraldes y Pablo Rojas Paz. “Proa”. Proa, n.° 1 (2a época, 1924): 3-7.

2 

De Andrade, Mario. “Klaxon”. Klaxon. Mensário de arte moderna 1 (mayo 1992): 1-3.

3 

De Andrade, Oswald. “Manifiesto antropófago”. Revista de Antropofagia, n°. 1 (1928). Traducido por Aracy Amaral, Arte y arquitectura del movimiento del modernismo brasileño. Caracas: Editorial Aracy Amaral, Biblioteca Ayacucho, 1978, 47.

4 

Carpentier, Alejo, Martí Casanovas, Francisco Ichaso, Jorge Mañach y Juan Marinello. “Al levar el ancla”. Revista de avance, n.° 1 (1927): 1.

5 

García Márquez, Gabriel. Cien años de soledad. Madrid: Alfaguara, Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española, 2007.

6 

Maples Arce, Manuel. “Actual No. 1”. En El estridentismo México 1921-1927, Luis Mario Shneider. México: Ediciones de Bellas Artes, 1970, 41-48.

7 

Pérez Bernal, María. “Metáfora frente a analogía: Del pudin de pasas al fuego diabólico. Creatividad expresiva frente a creatividad cognitiva”. Thémata: Revista de filosofía, n.° 38 (2007): 241-253, http://institucional.us.es/revistas/themata/38/art12.pdf

8 

Pini, Ivonne; Ramírez Nieto, Jorge. Modernidades, vanguardias, nacionalismos: análisis de escritos polémicos vinculados al contexto cultural latinoamericano: 1920-1930. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Vicerrectoría Académica, 2012.

9 

Rodrigo Mora, María José. “Metáfora y discurso en Ortega y Gasset”. Atti del XX Convegno vol. 1 (2002): 265-274, cvc.cervantes.es/literatura/aispi/pdf/15/15_265.pdf

10 

Zonana, Victor Gustavo. “Jorge Luis Borges: su concepción de la metáfora en la década del 20”. Revista de Literaturas Modernas, n.° 29 (1999): 295-320.

11 

Zum Felde, Alberto. Evolución histórica del Uruguay y esquema de su sociología. Montevideo: Maximino García, 1941.

12 

Zum Felde, Alberto. “Programa” La Pluma, n.° 1. (1927): 7-9.

Notes

[*] Arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia. Profesor titular del Instituto de Investigaciones Estéticas. Especialista en temas de historia y teoría de la ciudad y la arquitectura en América Latina. Magíster en historia y teoría de la arquitectura. Doctor en arquitectura de la HafenCity Universität de Hamburgo, Alemania

[1.] La mayoría de los argumentos planteados en este artículo están directamente vinculados con los expresados en el libro Modernidades, vanguardias, nacionalismos, elaborado en trabajo conjunto con la profesora Ivonne Pini y publicado en la colección Obra Selecta de la Universidad Nacional de Colombia, en 2012.

[2.] En el libro Evolución histórica del Uruguay y esquema de su sociología, Zum Felde (1945) escribió: “Es al comenzar el siglo que encontramos ya a Herbert Spencer erigido en el nuevo Aristóteles del dogma universitario, a la metafísica relegada como una antigualla, a Dios puesto en la categoría de fósil medieval, y el alma admitida como una bella metáfora. En el año 96 ya se adoptó la enseñanza de la psicología del texto “experimental” de Vaz Ferreira, que acababa de hacer su entrada triunfal en la cátedra. Durante veinte años el evolucionismo determinista seguía siendo la doctrina semi-oficial de la Universidad en todos sus cursos”. Zum Felde, Evolución histórica del Uruguay y esquema de su sociología (Montevideo: Maximino García, 1941), 277.

[3.] Gabriel García Márquez. Cien años de soledad (Madrid: Alfaguara, Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española, 2007), 6.

[4.] Se recurre aquí a la definición de metáfora y analogía contenido en el artículo de María Pérez Bernal, “Metáfora frente a analogía: Del pudin de pasas al fuego diabólico. Creatividad expresiva frente a creatividad cognitiva”. Thémata: Revista de filosofía, n.° 38 (2007): 241-253, http://institucional.us.es/revistas/themata/38/art12.pdf

[5.] En la tercera década del siglo XX fue reiterado el uso del formato de carteles murales. J.L. Borges y Manuel Maples Arce utilizaron este modo de expresión urbana.

[6.] Pese a que es conocida como Revista de avance, esta publicación asumía el sentido de movimiento que proclama en su número inicial, y su nombre cambiaba cada año mientras duró: 1927, 1928, 1929, 1930

[7.] Alejo Carpentier et al., “Al levar el ancla”. Revista de avance, n.º 1 (1927): 1.

[8.] Jorge Luis Borges et al., “Proa”. Proa, n.º 1 (2ª. Época, 1924): 3-7.

[9.] Manuel Maples Arce, “Actual No. 1”, en El estridentismo México 1921-1927, editado por Luis Mario Shneider (México: Ediciones de Bellas Artes, 1970), 41-48.

[10.] Esta publicación estuvo vinculada inicialmente a la Semana del Arte Moderno, celebrada en Sao Paulo en 1922. Entre sus colaboradores se destacan Mario de Andrade, Manuel Bandeira, Oswald de Andrade, Menotti del Pichia, Di Cavalcanti, Anita Malfatti, Sergio Buarque de Holanda, Tarsila do Amaral y Graça Aranha.

[11.] Mario de Andrade, “Klaxon”. Klaxon. Mensário de arte moderna 1 (mayo, 1992): 1-3.

[12.] Oswald de Andrade, “Manifiesto antropófago”. Revista de Antropofagia, n.° 1 (mayo, 1928). La traducción la hemos tomado del libro de Aracy Amaral, Arte y arquitectura del movimiento del modernismo brasileño (Caracas: Editorial Aracy Amaral,1978): 47.

[13.] Oswald de Andrade, “Manifiesto antropófago”, 47.

[14.] Alberto Zum Felde, “Programa”. La Pluma, n.º 1 (1927): 7-9.

[15.] Oswald de Andrade, “Manifiesto antropófago”, 47.

[16.] Oswald de Andrade, “Manifiesto antropófago”, 51.