Este número de H-ART: Revista de historia, teoría y crítica de arte responde a la necesidad de plantear preguntas, relaciones y reflexiones que afronten los legados de lo que desde América Latina se relaciona con la categoría “constructivismos”. En los últimos diez años se han realizado varios actos, exposiciones y congresos que se han dedicado a pensar la relevancia de las experiencias que se agrupan bajo dicha categoría o sus conceptos relacionados (como arte concreto, arte geométrico, arte abstracto, neoconcretismo, artes aplicadas, diseño, arte cinético, etc.). Quisiéramos destacar aquí los principales lugares comunes desde los cuales se han visibilizado estas categorías para plantear a continuación la necesidad de actualizar este legado, no únicamente para ensanchar el registro de un canon artístico, sino para pensar la estructura poética abierta de lo que entendemos por constructivismos del sur.
Señalamos primero el interés que desde los centros hegemónicos del arte moderno y contemporáneo se ha expresado con respecto a las artes constructivas y concretas del sur. Hoy son frecuentes las exposiciones individuales o colectivas dedicadas a las y los principales autores asociados al constructivismo y los movimientos de arte que le siguieron en América Latina. Destacan las exposiciones que se han realizado tomando como base la colección de Patricia Phelps Cisneros, como Sur moderno: Journeys of Abstraction (MoMA, Nueva York, 2020); Concrete Matters (Moderna Museet, Estocolmo, 2018); Making Art Concrete (Getty Center, Los Ángeles, 2018); Radical Geometry (Royal Academy, Londres, 2014); y La invención concreta (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 2013), por mencionar algunas de las más recientes. Ha tenido también importancia la segunda gran retrospectiva en Estados Unidos de la obra de Joaquín Torres García que se realizó en el MoMA de Nueva York bajo el título Un moderno en la Arcadia1 —la primera se había realizado en el Museo Guggenheim, también en Nueva York, en 1970. La obra de Lygia Clark, otro referente importante del arte abstracto-geométrico en América Latina, y del arte neoconcreto brasileño en particular, se ha expuesto con frecuencia en los últimos años, como es el caso en la reciente exposición del Museo Guggenheim-Bilbao bajo el título Lygia Clark: La pintura como campo experimental, 1948-1958,2 o la gran retrospectiva organizada también en el MoMA en 2014, Lygia Clark: The Art of Abandonment. Estas son tan solo algunas de las múltiples muestras que se han organizado en Europa y Norteamérica alrededor de las propuestas constructivistas y concretas de artistas latinoamericanos.
Para precisar el interés que prima en estos casos hacia las y los constructivistas/concretos de América Latina cabe mencionar la exposición Modernidades plurales desde 1905 a 1970 del Centro Pompidou en 2015, una exposición que se posiciona como una “exposición-manifiesto” con la que el Centro se “hace global”. En boca de su director Alain Seban, el Centro revela así su ingreso en un modus operandi supra nacional con respecto a la moderna concepción de los Estados nación soberanos y el museo moderno: “[h]emos decidido poner el acento en la investigación y la cooperación, lo cual nos permite construir redes de asociación [partnership networks] a través de todo el mundo. Este acercamiento abierto se expresa en la administración [management] dinámica de las colecciones y el deseo de apertura hacia los países no occidentales”.3 Se expresa aquí la transición del museo moderno a un espacio museal que obedece a dinámicas de circulación y mercado artístico transnacionales. El interés por el arte producido en espacios geopolíticos no hegemónicos como África, Asia y América Latina cabría pensarlo dentro de esta red global. Se revelaasí una paradoja: por un lado, parece romperse con el orden teleológico de la historia del arte acogiendo una producción artística tradicionalmente alejada de los principales centros del arte; por otro, dichas opciones de apertura se producen principalmente en París (Centro Pompidou) o Nueva York (MoMA) y no suponen sino la expansión y flexibilización del mismo sistema capitalista.4 La pluralidad de modernidades, por lo tanto, no presenta una pluralidad de sistemas productivos o expositivos, sino una pluralidad en las formas de las mercancías expuestas (otra forma del multiculturalismo). Escuchamos aquí una sospecha que Tomás Maldonado, a quien nos referiremos más en breve, expresaba frente al funcionamiento del mercado del arte: “Hay algo de paradójico en todo esto: el mercado no persigue, como se podría esperar, un mayor pluralismo, es decir, la ampliación y diversificación de las ofertas, una ampliación de las posibilidades de elección entre las diferentes formas de entenderla práctica artística. En efecto, el mercado no favorece una verdadera pluralidad de opciones”.5
Si bien observamos esta tendencia en los principales centros de exposición globales, se han ofrecido réplicas en espacios locales a propósito de la producción artística nacional como, por ejemplo, en el Centro Cultural La Moneda de Santiago de Chile, el cual abrió sus puertas en el 2006 y tiene como principal interés poner a Chile dentro del circuito global de la cultura y las artes. Aquí se pudo observar desde marzo hasta mayo del 2017 una gran exposición sobre el arte abstracto chileno, La revolución de las formas: 60 años de arte abstracto en Chile curada por Ramón Castillo. Fue una exposición muy valiosa porque facilitó poder visionar obras que se encuentran principalmente en manos privadas. Sin embargo, el aporte “revolucionario” del título se difuminaba en el recorrido de la exposición al querer congregar todo el arte “abstracto” (principalmente el derivado de la pintura) bajo un mismo paraguas, únicamente matizado en el libro-catálogo. La revolución pareciera deberse a un aspecto formal y no a una concepción de obra, así como un modo de producción, abiertos a las posibilidades de transformar la realidad.
En sintonía con el despliegue global de los constructivismos latinoamericanos y teniendo en cuenta el interés que desde Joaquín Torres García se percibe por la posibilidad de acercar las artes a la producción de espacios y objetos transformadores de la realidad, cabe mencionar, entre los principales eventos de los últimos años, el reciente centenario de la fundación de la Escuela de la Bauhaus y la revisión que a partir de esta conmemoración se ha realizado de las relaciones entre arte, artes aplicadas, diseño y arquitectura, y en general la estética del constructivismo y concretismo que primaba en la escuela. En Alemania la Bauhaus inauguró dos nuevos museos en 2019 (en Weimar y Dessau) y dentro del contexto de la celebración del centenario de su fundación se realizaron una exposición, original bauhaus (Bauhaus-Archiv / Museum für Gestaltung en la Berlinische Galerie), y un simposio internacional, Taking a Stand? Debating the Bauhaus and Modernism, al que asistieron no solo expertos en la conformación de la Bauhaus alemana sino también especialistas en aquellos aportes singulares que desde el espíritu de la creación integral de objetos y espacios de transformación social han estudiado aportes importantes en otros contextos geopolíticos. Uno de nuestros contribuyentes en este dossier, David Maulen, participó en el simposio y nos complace contar con una contribución suya.
Las exposiciones sobre la Bauhaus o sobre el impacto de los principios integradores de su espíritu estético en lo que desde América Latina se erigióen forma de escuelas de artes aplicadas, escuelas de diseño, reformas educativas, etc., desde comienzos del siglo xx hasta las décadas de 1970 o 1980 han sido recurrentes. Desde 2018, pandemia de por medio, hemos asistido a importantes exposiciones en distintos países y espacios que rememoran aquellas experiencias. El mundo entero es una Bauhaus tomó lugar en el Museo Nacional de Arte Decorativo de Buenos Aires (2018); con el mismo título—célebre frase de Fritz Kuhr— se inauguró también una exposición en el Museo Universitario de Ciencias y Artes en México (2018); la exposición Bauhaus 100: El manifiesto se manifiesta tomó lugar en el Museo Nacional de Bellas Artes en Santiago de Chile (2021) y Bauhaus everberada: Una exposición sobre Bauhaus y América Latina se ha podido visitar en la Galería Cinemateca con apoyo de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de los Andes en Bogotá (2021), entre otras.
Hay un impulso inevitablemente canonizante en estas exposiciones. Es decir, se consagra un modelo de raigambre occidental como referencia universal de una experiencia estética y, a su vez, se desauratiza dicha experiencia en la vitrinización de revistas, obras y fotografías que constituyen el patrimonio testimonial de una labor pasada, existente dentro de coyunturas sociales, educativas y artísticas que solo son cuestionadas en puntuales interpretaciones de dichos documentos. Desde una perspectiva latinoamericana la canonización museística de una experiencia europea como la Bauhaus requiere no tanto la mirada admiradora y pasiva del visitante, sino abrir un espacio de reflexión para poder alimentar re lecturas que actualicen los impulsos po(i)éticos de aquellas acciones y participantes. Requiere, por lo tanto, estudiar a artistas, movimientos o intentos (a)institucionales singulares que desde América Latina sean referentes importantes para pensar la actualización de sus impulsos po(i)éticos en la región, hayan tomado lugar antes o después de los referentes canonizados de occidente. Para ello abrimos el espacio de reflexión en este dossier.
En el llamado de artículos tomamos como punto de partida para definir lo po(i)ético a Tomás Maldonado (1922-2018), quien fuera cofundador del grupo Arte Concreto-Invención en Argentina (1945) junto con Edgar Bayley, Lidy Prati y Alfredo Hlito, entre otros; cofundador de la revista Nueva visión (1951) y posteriormente profesor y director de la Escuela Superior de Diseño en Ulm (Alemania, 1954-1966). Nos interesa entender a Maldonado como una fuerza clave, aunque no única, para repensar los constructivismos del y desde el sur. Su obra y trayectoria desde los movimientos de vanguardia histórica en Buenos Aires hasta la labor educativa que realizó en Alemania, Estados Unidos e Italia, han sido estudiados ampliamente. Ha sido especialmente cuantiosa la publicación de estudios que han acompañado las exposiciones que hemos referenciado más arriba.6 Destacamos de entre los muchos estudios dos volúmenes comparativos, porque acogen los espacios geopolíticos que se estudian de manera más central en este dossier de H-ART: a saber, la producción de Argentina, Chile y Brasil en El arte abstracto: Intercambios culturales entre Argentina y Brasil (2011) de María Amalia García y Objetos para transformar el mundo: Trayectorias del arte concreto-invención, Argentina y Chile, 1940-1970 (2010) de Alejandro Crispiani.7 Son estudios que visibilizan los proyectos conceptuales de las artes constructivas y concretas en el Cono Sur y posibilitan la labor de actualización evidenciando las amplias conexiones que estos movimientos sostienen con ámbitos tradicionalmente disociados del arte y su crítica: reformas educativas, diseños de producción estatales, las artes aplicadas (gráfica, grabado, cerámica, textiles) o la poesía, entre otros.
Particularmente nos interesa plantear la actualización de una “creencia”, influenciada por “La esperanza proyectual” (1959) de Ernst Bloch y traducida en proyecto estético y de diseño por Maldonado en sus escritos.8 Nos referimos a entender el arte y el diseño como posibilitadores proyectuales que recogiendo el sentir popular crean objetos y espacios para transformar el mundo. En un presente particularmente sensible a exigir transformaciones estructurales de la sociedad tardocapitalista, actualizar el legado de Maldonado y las/los constructivistas/concretos supone actualizar la potencia utópica de la estética proyectual, tal y como nos advierte Crispiani:
La sociedad sin clases y sin división del trabajo no fue una utopía más de la edad moderna, fue la utopía/proyecto más importante y convincente de los siglos xix y xx, la que más acciones y esperanzas motorizó, la que más gravitó en el desarrollo histórico de ambos. El declive no tanto del pensamiento de Marx, sino de la creencia en el mundo que ideó para el futuro, la pérdida en la esperanza de este proyecto, acompaña a gran parte de la cultura occidental (y probablemente no solo a ella) desde los años setenta. El debate con respecto a las condiciones de su desaparición y a las profundas consecuencias de esta en los campos de la cultura, incluyendo por supuesto a la arquitectura, el diseño y el arte, es algo que todavía está por darse (si es que no se está dando ya).9
Desde la crisis económica de 2007 hasta las exigencias de los movimientos sociales en las revueltas chilena y colombiana de 2019, por no citar los procesos de cambio que han afectado a otras regiones (los gobiernos progresistas en Bolivia o Argentina), resulta urgente realizar este debate y en la medida de lo posible activar y actualizar la potencia proyectual de las/los autores y movimientos artísticos aquí estudiados. Este es el principal cometido de este dossier.
Para realizar esta labor, nos complace contar con la colaboración de Cristina Rossi y su texto “Del universalismo al concretismo: Acerca del potencial utópico rioplatense”. Junto con María Amalia García, Rossi constituye una voz crítica ineludible para pensar la vigencia de los proyectos constructivos y concretos del Cono Sur.10 Desde este mismo marco geopolítico contamos también con las contribuciones de Isabel Plante y María Lucero. Plante estudia las imágenes impresas de los grupos Madí, Arte Concreto-Invención y Perceptismo, centrándose en las formas que proyectan el ejercicio de la “invención”, mientras que Lucero analiza las obras de la colección de Adolpho Leirner. Así mismo, en diálogo con el estudio de estos proyectos históricos del arte geométrico, el dossier incluye una publicación que interpreta las obras del arquitecto y escritor peruano Héctor Ángel Velarde, en la que Javier Suárez estudia la relación recíproca entre literatura y arquitectura como potencia poética.
Desde Chile, acogemos el estudio de David Maulen. Maulen —especialista en el estudio de obras proyectuales que se inscriben en el cruce entre las artes, la ciencia, la tecnología y la sociedad—, establece una relación singular entre las escuelas constructivistas rusas, denominadas Vjutemás, y los proyectos de vanguardia chilenos, particularmente los que toman lugar con la reforma educativa de 1928.
El dossier no quedaría completo sin la contribución que, desde la gráfica —inspirada en los diseños de la Bauhaus y los constructivismos del sur—, se realiza en la sección “En los límites”. Con este apartado, que acompaña las imágenes que se incluyen en los artículos que acabamos de enumerar, se realiza un ejercicio creativo de la mano de artistas y diseñadores actuales. Nos acompañan concretamente: Andrés Ricardo Novoa, Mónica Pallone y Saul Nagelberg. Novoa propone hacer un llamado y grito a la memoria con sus piezas 6402 en las que, usando la estética del constructivismo, nos recuerda las víctimas del conflicto armado en Colombia: específicamente las 6402 personas asesinadas por las Fuerzas Armadas colombianas entre el 2002 y el 2008. Pallone propone también un grito y una denuncia en contra de los feminicidios perpetrados en la Argentina durante 2020; su trabajo Hombre abstracto-sujeto activo toma la figura emblemática (e invertida) del “hombre abstracto” del constructivista latinoamericano Joaquín Torres García e inserta los nombres de mujeres violentamente asesinadas. Finalmente, en la pieza de Saul Nagelberg encontramos una crítica al poder financiero internacional y el endeudamiento crónico de los países latinoamericanos.
Queda de este modo abierta la invitación a pensar más allá de los compartimentos separados de las artes (las artes plásticas, las artes aplicadas, el diseño industrial, la arquitectura, el urbanismo); a reflexionar más allá de los límites soberanos de las naciones americanas y con clara conciencia regional a la hora de plantear lecturas situadas; a dialogar con las expresiones y demandas populares que exigen una transformación de la realidad, la posibilidad, como señala Crispiani, de actualizar la potencia proyectual que desde Maldonado, sino antes, se plantea de manera abierta desde los constructivismos/concretismos de América Latina. Porque, como ilustra gráficamente Novoa, los gritos constructivos denuncian y abren horizontes de creación. Desde esa doble función, nos interesa pensar y debatir sobre los constructivismos del sur.