H-ART: La idea hoy es tener una conversación sobre su trabajo, no solamente a partir de las situaciones que se han dado últimamente, sino una conversación basada en la historia de su trabajo, porque me parece que es un trabajo muy valioso y hay muchas cosas que no se conocen de lo que usted ha hecho. De hecho, yo la conocí haciendo estampados de camisetas con animales en vía de extinción y era un trabajo que en ese entonces no se sabía muy bien en dónde ubicar. Hoy por hoy ya está establecido el campo del artivismo y de un arte que se preocupa por el medio ambiente, pero eso no era tan claro a principios de la primera década del 2000 y muchas de sus acciones e intervenciones no quedaron registradas. ¿No sé si quiera arrancar contándonos un poco sobre el concepto que usted maneja de “anarcoprimitivismo?”.
M: Bueno, primero les voy a contar un poco de dónde vengo, en este caso de una educación tradicionalmente burguesa en Los Andes, en arte, y después como todo burgués latinoamericano que se va a hacer su maestría en el primer mundo, pensando que allá se va a perfeccionar o va a traer el conocimiento de allá para aplicarlo acá. Así que hice mi maestría en escultura en Estados Unidos, en el Instituto de Arte de Chicago, y pues venía de ese mundo del arte contemporáneo en donde la aspiración de uno es “triunfar” en las bienales internacionales, en los museos del primer mundo o lo que se llama arte internacional, un reconocimiento en ese medio que al final es un medio académico que está soportado por unas teorías e ideologías que vienen del norte global: filosofía francesa, posestructuralismo, unas cosas que yo nunca terminé de entender porque a mí lo que me gustaba era pintar y dibujar más intuitivamente. Aunque intentaba encajar, ahí siempre sentí que eso no me satisfacía, como que no era suficiente venir al mundo para eso; sentía que era una cosa muy egocéntrica, muy ególatra, no sé, no me sentía bien ahí. Entonces de hecho nunca tuve una galería que me representara, aunque [ Jairo] Valenzuela1 me dejaba exponer ahí, pero porque él está loco y yo le caía bien, pero jamás he vendido ni he estado en una bienal importante. Sin embargo, sí me preocupaba, al volver a Colombia (porque regresé porque quise), un país (y región) con tanta inequidad no solamente entre seres humanos sino entre especies, sentía que eso era lo que más me preocupaba, y todo el problema de la inequidad social repercutía también en una destrucción del territorio que deberíamos estar custodiando y de una crueldad hacia otras especies que era muy dolorosa. Y lo veía en principio, desde mi ancestralidad hispánica, representado en los toros, y ahí empecé yo con el activismo. A mí no me sirve estar exponiendo o estar tratando de tener una carrera en el arte contemporáneo porque no va a hacer que nadie cambie su manera de pensar; es un círculo intelectual en el que todos somos unos burgueses liberales de izquierda y no me interesaba hablar ahí o hacer nada, porque sentía que no era por ahí. Entonces mi activismo fue, primero, antitaurino y, después, antiespecista, por los animales, y ahí empecé a conectarme con otro tipo de artistas, conocí otros parches, conocí parches de personas egresadas de La Nacional2 e incluso personas que ni siquiera eran artistas. Las personas piensan que el animalismo es como una cosa de una clase privilegiada, pero al contrario, yo encontré muchísima gente más de los barrios populares. Por ejemplo, gente que no tenía una fluencia económica pero que sin embargo se preocupaba por los animales. Así me uní a varios colectivos, no pertenecí a ninguno en particular pero sí me aliaba con otras personas y colectivos. Usaba un nombre, que era el nombre de mi gata, Michica, pero Michica no era más que yo. También tenía una página de internet, que ya no existe. Había gente que pensaba que Michica era una organización, pero no. Entonces empecé a hacer arte en la calle con estas personas y, pues, yo sí tenía recursos económicos y hacíamos afiches que pegábamos, esténciles, camisetas y acciones muy puntuales, porque no podíamos hacer nada masivo tampoco, pero hacíamos algunas cosas que pensábamos que iban a impactar.
Me acuerdo, por ejemplo, de una cosa que hicimos que tuvo bastante impacto: hicimos una pancarta como de tres metros en tela roja que decía “Plaza de Torturas”, y justo cuando empezó la corrida de toros, con influencias de una amiga que trabajaba en el distrito, nos subimos al techo del Planetario Distrital y con bombas de helio la elevamos de tal manera que quedó esa pancarta encima de la plaza de toros, y mientras encontraron de dónde venía para bajarla estuvo ahí bastante tiempo. Eran unas acciones así, que eran sencillas, pero tratábamos de puntualizar. Con estas personas, con estos amigos, sobre todo con un colectivo que era de egresados de la Nacional que se llamaba Resistencia Natural —ellos eran de cine, incluso unos de arte, de literatura, había de distintas disciplinas— me acerqué a un pensamiento político más global. Ahí es que me acerco por ejemplo a John Zerzan y a la idea de anarcoprimitivismo, y eso a mí me parecía bonito sobre todo porque es una utopía, pero también me parecía bonito porque lo que yo siento cuando se habla de “ancestralidad” es algo primitivo, o sea: yo no me identifico tanto con una cultura sino con una ancestralidad que se remonta miles de años atrás, a una cosa preagrícola, a una cosa de los cazadores-recolectores, y los anarcoprimitivistas van a esto; de hecho John Zerzan dice que fueron la agricultura y los asentamientos humanos los que causaron que los humanos rompiéramos una comunión con el resto de la naturaleza. Antes éramos solo un animal más que se movía con las estaciones, con la naturaleza, migrábamos, pero apenas pudimos dominar la naturaleza, apenas pudimos sembrar para no tener que estar moviéndonos, apenas pudimos domesticar animales dejamos de fluir con los ciclos naturales y nos convertimos en estos seres destructores que somos hoy en día. Zerzan tiene más teorías y dice también que de ahí es que salen las estructuras jerárquicas de poder y los chamanes que pretenden tener un dominio especial sobre la naturaleza que no todos los otros seres humanos tienen —y bueno, eso ya es especulación porque uno qué va a saber qué pensaba la gente hace 10 000 años, pero sí ha quedado en mí ese imaginario, una añoranza por ese paraíso terrenal preagrícola. Hay un eco de esa añoranza, o un recuerdo, en las narraciones de creación de muchos pueblos. Por ejemplo, los misak hablan también de los pishau, que son estos primeros humanos que nacieron del páramo y que no eran los humanos de ahora; en algunas versiones que me han contado dicen incluso que los pishau fueron criados por los venados. Creo que algunos humanos tenemos una comunión con la naturaleza, o por lo menos una intuición de ser o querer ser parte de ella, porque hoy en día uno dice: la naturaleza por un lado y los humanos por otro, como si no fuéramos parte de la naturaleza. Eso es lo del anarcoprimitivismo.
Monumento informal: Tejidos en Paro, actividad convocada por el consejo de estudiantes de Arte y les profesores M, Mario Omar Fernandez y Lucas Ospina
H-Art: Desde que conozco su trabajo me ha parecido que usted tiene una pulsión muy gregaria de dejar a un lado a M como M y producir a partir del intercambio con otros, así que quería preguntarle ¿cómo se ha nutrido su trabajo de estos conocimientos ancestrales que acaba de mencionar?
M: Bueno, hay una cosa y es que cuando trabajé primero la cosa animalista yo sabía que cuando uno es activista es importante ser anónimo, por un lado por cosas prácticas, para que no sepan quién lo hizo, y por otro lado porque tan pronto un artista funciona como el protagonista de la obra de arte aparecen muchos otros intereses que desvían la atención de lo que se está tratando de comunicar. Entonces el anonimato va en contravía de esa idea en la que uno se educa en la academia, la idea del artista genio, del artista que triunfa, una cosa de ego; eso no sirve a la hora que usted quiera comunicar un mensaje social, a no ser que sea un político, pero digamos que en el activismo nadie busca que se lo reconozca como autor. Es decir, uno quiere que se vea el mensaje, no a la persona que está llevando el mensaje. Por otra parte, entre más sean las personas más grande puede ser la obra y más difusión hay, más ideas, más intercambios, y eso hace también que sea más potente. Además es simplemente mas chévere, es más divertido hacer arte con un grupo de personas. No es que a mí no me guste pintar y sentarme y estar yo sola dibujando en mi meditación, a mí eso me gusta también, pero también es muy chévere el parche, el arte que es un parche, un plan de “reunámonos esta noche a hacer afiches, vámonos a pegar por la calle”, eso es muy chévere.
Una de las obras que sí hice para una galería fue un nido grande que hicimos con unos recién egresados, Sergio Peláez, Leyling Cruz, Ileana Vargas, Angie Jaimes y “gente que caía”. Creamos un grupo que se llamaba Futuros Primitivos —“Futuros primitivos” es el título de un ensayo de John Zerzan— y construimos una guarida como de siete metros de largo usando ramas, troncos y chamizos que recogíamos por Bogotá. La hicimos primero en la Valenzuela y después construímos otro nido-refugio para caminantes en una reserva forestal que se llama Horizontes, en los cerros orientales, subiendo por la calle 74. Después nos invitaron a la Cámara de Comercio de Bogotá y ahí lo que hicimos fue llenar la Cámara de Comercio de basura; bueno, yo no sé si la gente entendió el gesto, pero era como pensar en devolverle al comercio capitalista su basura, entonces andábamos por el centro nada más recogiendo basura y recogimos una cantidad impresionante, llenamos de basura una sala como de veinte o más metros de largo, no sé bien, eso era algo así como un vómito de basura que salía incluso de la sala de exposiciones. Eso también lo hicimos con Futuros Primitivos y, bueno, los grupos son así, empiezan y se acaban, pero es chévere hacer un parche por un rato para hacer algo grande y para que sea divertido.
H-Art: Otra cosa de la que me gustaría que nos hablara es su manera de afrontar la situación que ha surgido a partir de las protestas sociales que se iniciaron en 2019. En ese momento empieza el problema de la represión violenta de las manifestaciones, que es algo que existía antes, por supuesto, pero que se hace más evidente desde la muerte de Dilan Cruz y las agresiones contra tantas personas que participaron en las protestas. Yo la he visto a usted también muy activa en esa protesta, pero me parece que en su caso no se trata de una protesta cargada de la misma agresividad que demuestra la policía al reprimir, sino que es una protesta constructiva, encarnada por ejemplo en el acto de bordar. Me gustaría entonces que nos hablara un poco de esto, porque me pareció que usted proponía un acto de reflexión y una manera de detener la velocidad de las imágenes que estábamos viendo en noticieros, haciéndonos bajar del acelere e invitándonos a pensar en cuáles eran las verdaderas implicaciones.
Nido reserva Horizontes, Futuros Primitivos y personas que nos acompañaban en la actividad Homenaje a la Descomposición.
Cuerpo de desecho. El Colectivo Futuros Primitivos (Ileana Vargas, Sergio Andrés Peláez y María Margarita Jiménez) . Sala Salitre de ARTBO. 2018.
M: Bueno, con respecto a la protesta social yo he tenido muchas discusiones; hay gente que habla de la rabia digna y, pues, incluso uno que está en una posición privilegiada siente rabia, pero yo, será por lo vieja y porque uno con 53 años ha vivido ya la toma del Palacio de Justicia, las bombas de los ochenta y de los noventa, el asesinato de Galán, el Caguán, la época de Uribe, etc., así que para mí el paro es un desfogue urgente, pero no lo veo como un punto de quiebre que vaya a cambiar esta sociedad de manera radical. Creo que el cambio tiene que ser más gradual y lo que pasa es que si la gente explota en un momento y luego se vuelve a dormir, pues, así a los trancazos es más difícil avanzar. No es decirle a la gente que no sienta rabia, y pues al que siente rabia y tiene que ir a romper yo no le voy a decir que no lo haga, pero lo que siento es que por mi parte prefiero canalizarlo para pensar con calma y a largo plazo acciones que duren más. Lo que pasó durante el paro es que con Lucas y con el profesor Mario3 vimos que los estudiantes, además de que estaban en pandemia encerrados estaban siendo testigos por redes de una situación tremenda en las calles, así que nos pareció insostenible pretender mantener una normalidad académica y decidimos hacer algo. Lo que hicimos entonces fue convocar a una reunión abierta a todo quien quisiera estar, incluso hubo profesores que estuvieron un momento, porque era una reunión por Zoom, y dijimos: ¿Qué hacemos?, porque no hacer nada tam-poco es la opción… Una estudiante, Estefanía Guarín, dijo que había pensado para una clase hacer un monumento informal y yo le pregunté: bueno y ¿qué es ese monumento informal? Y ella dijo: no sé, yo pensaba recoger cosas de la protesta y hacer un monumento con eso. Entonces preguntamos: ¿quién se une a eso? Le dijimos a Estefanía: hagamos de eso algo colectivo, si a usted le parece bien, hagámoslo aquí en la universidad. Entonces se convocó gente para que trajera cosas; no trajeron muchas, pero de todos modos la gente venía porque quería hacer algo. Entonces empezamos a traer telas e hilos y a dejar que la gente escribiera e hiciera esto que se ha hecho tantas veces en tantas partes: usamos el bordado, el cosido, el patchwork con tela y dejábamos que la gente viniera y escogiera su frase y les dábamos un stock, los que teníamos retazos llevábamos retazos y estuvimos varias semanas ahí en el edificio ML y empezó a llegar otra gente, unos hacían clase de yoga, otros hacían música, otros venían un ratico a ayudar a coser algo que alguien estaba haciendo y después se iban, pero era un lugar para convocar y sentir que se hacía algo. Entonces yo realmente estaba ahí como profesora facilitando más bien las cosas y trabajando de una manera horizontal con un par de estudiantes. Después en un momento dijimos: bueno, ¿qué hacemos? Entonces ellos lo sacaron y marchamos con ellos un rato ese día por la Carrera Séptima hasta la Universidad Javeriana, después se puso en La Pola,4 decidimos hacerlo como una falda para ponérselo a La Pola y se convocó a más gente, no eran solo personas de Los Andes. Y quedó bonito, no sé qué cambió o qué impacto tuvo además de la gente que estuvo ahí haciéndolo, quién lo vio, qué se pensó.
Cuerpo de desecho. El Colectivo Futuros Primitivos (Ileana Vargas, Sergio Andrés Peláez y María Margarita Jiménez) . Sala Salitre de ARTBO. 2018.
Cuerpo de desecho. El Colectivo Futuros Primitivos (Ileana Vargas, Sergio Andrés Peláez y María Margarita Jiménez) . Sala Salitre de ARTBO. 2018.
H-Art: Yo también creo que eso es una cosa que necesita tiempo, una aproximación que necesita decantarse un poquito para ver qué impacto tiene; por eso también a veces es importante dejar registros de esas cosas, porque son muy efímeras y no se tiene tiempo de reflexionar.
M: Y, pues, ¿qué importa que desaparezcan? Yo creo que lo importante es seguir el camino porque uno no puede pensar en hacer cosas porque van a generar cambio. El esfuerzo de cada uno cambia a la sociedad o al planeta mínimamente, y no hay que dejar de hacerlo simplemente porque no vaya a generar un cambio enorme, uno puede pensar que si no se inventa la por ejemplo la vacuna que cure el cáncer o que si uno no lidera una revolución que tumbe a un gobierno, no hace nada, cada uno desde donde está debe hacer algo y la esperanza es que si cada uno mueve un milímetro hacia donde hay que llegar, se llega; es lo de la masa crítica. Me da un poco de dolor que la academia no tiene como prioridad despertar conciencias, imaginar otros mundos o, por lo menos, fomentar un espíritu de servicio. Su prioridad es satisfacer las necesidades de un mercado y posicionarse en el sistema socioeconómico actual, y del otro lado los estudiantes acuden a ella para recibir “herramientas” para “triunfar” en el mundo capitalista, no para buscar herramientas para encontrar soluciones a las injusticias sociales y ecológicas. Uno entiende que Los Andes es tan cara que los papás quieren pagar solo si piensan que puede haber una retribución económica; si la educación se vuelve un negocio lo que se busca con ella es una retribución económica y todo lo demás que se hable es un adorno y es basura. Entonces sí me duele que por eso las universidades se vean presionadas por una cosa de eficiencia, de que los estudiantes salgan y tengan trabajo, de que los que estudian arte lo que quieran es triunfar y ser famosos, y así no sean ricos que los inviten a la documenta y salir en journals como una cosa de triunfo personal y no como una cosa de: ¿qué puedo darle yo al mundo? O que siquiera la gente sienta que tiene una responsabilidad con el resto, que yo lo he visto en otros lugares. Cuando hemos estado en Ciudad Bolívar con los estudiantes uno ve que hay personas que trabajan por su comunidad, finalmente es un barrio autoconstruido, un barrio que sus habitantes hicieron mientras trabajaban como recicladores, empleadas de servicio. Hay personas que trabajan todo el día y tienen escasamente lo del diario vivir, y sin embargo su prioridad en la vida es trabajar por los otros, participan en fundaciones locales, grupos de jóvenes que quieren ayudar a otros… Conozco una chica que no pudo entrar a la universidad y entonces le ayuda a los niños de colegio que son hijos de mujeres que trabajan lejos del barrio y no los pueden ayudar con las tareas. Es una chica de 18 años, que tiene la iniciativa de inculcar rutinas cotidianas un grupo de niños, desde fomentar que se bañen, que no anden en pjiama todo el día, hasta ayudarles a hacer las tareas, y consigue donaciones para darles refrigerios, a mi nunca se me hubiera ocurrido esa iniciativa a los 18 años; y luego uno ve a un estudiante de Los Andes, que podrían hacer tantas cosas por otros animales y personas, pero están metidos en un afán y en una carrera de autosatisfacción, es muy triste eso.
H-Art: Ya que menciona Ciudad Bolívar, usted trabaja allá con un grupo que ya está
M: Sí, yo dictaba una clase que se llamaba «Arte de caminar», que es de esas clases que no están encaminadas a la producción de cosas, la idea era que fueran clases más de conocer, observar y no hacer. O sea, no quería hablar de meditar y caminar porque era muy hippie e iba a tener detractores, pero digamos que eso estaba ahí implícito; me hablaron de una iniciativa de un líder local en la que los jóvenes hacían tours de su barrio y entonces llegué allá, hicimos un tour porque me pareció bien hacer esa caminata en Bogotá y ese es el último barrio loma arriba —bueno, no es el último ya, pero es uno de los últimos barrios. Uno llega a la estación del Tunal, sube el Transmicable, sube a la última estación, camina como 20 minutos y llega a ese barrio. Y pues me cayó bien el señor, me dio buena vibra; la verdad yo no me puse a hacer una investigación de todas las fundaciones de Bogotá, el señor solo me dio buena vibra. Me pareció una persona honrada, en sí un tipo increíble que después lo contrató el distrito para hacer el Museo de Autoconstrucción. Ahora Andretti ya es famoso, pero en ese momento no lo era, la fundación Nugesi 21 es una casita de esquina chiquitica, es un cuarto esa fundación. El caso es que yo tenía una beca interfacultades con derecho y estaba enmarcada con un curso que se llamaba “Arte y activismo”, y decidí entonces que trabajáramos con él, porque él ya tenía algo andando y, realmente, pensar esa arrogancia de la academia, de “vamos a solucionar los problemas del país”, pues ¿qué vamos a solucionar los problemas del país? Ya hay gente que está tratando de solucionarlos, así que yo dije: No, vamos a aprender y apoyar esta iniciativa que ya está andando y desde Los Andes dar lo que se puede y que los estudiantes estén ahí. Entonces sí, en el barrio Bella Flor empezamos hace tiempo, empezamos como en enero del 2019 y ahí estuvimos haciendo dos versiones y media, porque la pandemia nos cogió en la tercera versión del curso. Subíamos allá y hacíamos talleres que… bueno, primero queríamos hacerlos con los jóvenes, pero los jóvenes ya estaban con su cosa así que terminamos trabajando con niños, y pues a Andretti se le ocurren iniciativas como un festival de muralismo que él ya ha hecho, o una revista, entonces dijimos: vamos a apoyar a hacer eso. Subíamos todas las semanas, solo llegar allá eran dos horas mínimo, entonces ese era un curso que era todo un día estando allá y, no sé, aprendimos un montón, le cogimos una cantidad de cariño a las personas de allá. Incluso trabajé con un chico del que yo había sido jurado en la Javeriana, que hacía diseño gráfico, y él sigue trabajando allí porque ahora vamos a hacer un libro de la historia del barrio, que es una iniciativa de Andretti, a partir de entrevistas… y bueno, ese barrio también se volvió parte de mi vida y de la vida de muchos estudiantes. Algunos todavía preguntan que cuándo vamos a volver al barrio Bella Flor, pero uno allá ve eso: es increíble que hay gente que no tiene casi nada y ayuda y dedica su vida al servicio, y es muy triste que en la universidad sea como: “Uy, qué van a hacer los estudiantes cuando se gradúen”, es como que no se piensa en educar para prestar un servicio a la sociedad sino para sacar engranarse en un sistema provecho.(Fotos)
H-Art: Ya para terminar quisiera que nos contara un poquito sobre este mural, ya que estaba hablando de muralismo.
M: Las representantes estudiantiles del período pidieron el semestre pasado un permiso para intervenir este edificio, que a casi ninguno nos gusta, pero les había costado trabajo empezar, entonces yo les dije: “Vean, no he podido hacer el festival de mural en Ciudad Bolívar, tengo pintura, consigamos a un muralista, hagamos un taller abierto de mural y hagamos un mural en una semana”. A ellas les pareció bien, entonces yo contacté a Duván Estrada, él es un egresado de San Agustín (Huila), se graduó de la universidad, volvió allá y vive de hacer murales por el Huila, Ecuador y no sé si ha estado en más lugares. El alias de él es Estraditado, así con “s”, y entonces con lo que me quedaba todavía de la beca lo invitamos para que viniera. Él ha trabajado con comunidades haciendo murales y tiene unas estrategias para organizar a la gente y para llegar a acuerdos, entonces hicimos esa convocatoria y empezamos con un grupo de unas veinte personas, pero luego empezaron a llegar más y más personas que se empezaron a unir y había música y, bueno, se hizo.
Lo que dice allá arriba —Elizabeth me va a matar por mi pronunciación en namtrik—: “Entretejámonos con las raíces de nuestro territorio”, eso es lengua namtrik y lo aprendimos en una clase con una profesora misak que se llama Elizabeth Trochéz —bueno, eso es otro capítulo, pero digamos que pensamos que como los estudiantes llegaron a esa frase, “entretejámonos con las raíces de nuestros territorios”, era consecuente no escribirla en castellano sino en una lengua originaria.
E: Muchas gracias.
M: No, ¡a usted!



