De los páramos a la urbe: historia ambiental, fuentes de agua y gobernanza más que humana para la ciudad de Quito, Ecuador

Radamés Villagómez-Reséndiz

WasiLab Centro Interdisciplinario en Ciencias de la Sostenibilidad, Pontificia Universidad Católica del Ecuador

https://doi.org/10.7440/histcrit99.2026.04

Recepción: 15 de febrero de 2025 / Aceptación: 10 de septiembre de 2025 / Modificación: 19 de noviembre de 2025

Resumen. Objetivo/Contexto: El presente trabajo realiza una revisión historiográfica con el fin de caracterizar la política del agua de carácter expansionista en Quito, primero desde sus antecedentes en la época colonial y republicana hasta el surgimiento del modelo expansionista de la hidráulica municipal (1950-1975). Posteriormente, se propone un punto de inflexión, influenciado por la coyuntura del asistencialismo y el conservacionismo. A continuación, se caracteriza un tercer momento de dicho modelo: la Gestión Integral de los Recursos Hídricos (girh) (1990-2000), arribando a una forma novedosa de gobernanza ambiental para la ciudad de Quito, Ecuador (2000-actualidad). Metodología: A partir del análisis historiográfico sobre los servicios de agua potable y las políticas ambientales en Quito, se articulan diferentes fases del expansionismo hidráulico con literatura especializada sobre conservacionismo ambiental en Ecuador, profundizando en las fricciones de las políticas públicas del agua y su influencia para la gobernanza hídrica contemporánea. Originalidad: Si bien existen panoramas históricos del agua urbana en Quito, suelen limitarse a dinámicas tempranas de la modernización de la ciudad basada en una visión reduccionista de la técnica. Esta falencia intenta subsanarse en el presente artículo, por un lado, a través del énfasis en fases posteriores del sistema hídrico urbano como correlatos de diferentes momentos del modelo expansionista; y, por el otro, a partir de la relación entre tecnología y ambiente. Conclusiones: Abordamos el rol del Fondo para la Protección del Agua (fonag) en la transformación ambiental e infraestructural de la ciudad de Quito, argumentando que dicho fondo resulta innovador no solo porque articula la conservación del agua a la conservación ambiental, sino además porque en su quehacer aporta insumos para una historia ambiental más que humana.

Palabras clave: conservación del agua, gobernanza hídrica, Ecuador, historia ambiental, páramos, políticas del agua.

From the Paramos to the City: Environmental History, Water Sources, and More-Than-Human Governance for the City of Quito, Ecuador

Abstract. Objective/context: This paper presents a historiographical review to characterize Quito’s expansionist water policy, tracing its origins from the colonial and republican periods to the development of the expansionist model of municipal hydraulics (1950-1975). It then identifies a turning point influenced by dominant trends in welfare programs and conservation efforts. Finally, it outlines a third phase of this model: Integrated Water Resources Management (iwrm) (1990-2000), culminating in a new form of environmental governance for the city of Quito, Ecuador (2000-present). Methodology: Based on a historiographical analysis of drinking water services and environmental policies in Quito, this study highlights the different stages of hydraulic expansionism and draws on specialized literature on environmental conservation in Ecuador. It explores conflicts within public water policies and their effects on contemporary water management. Originality: While historical overviews of urban water in Quito exist, they tend to focus only on the early dynamics of the city’s modernization, based on a simplified view of technology. This article first addresses this deficiency by highlighting later phases of the urban water system as correlates of different moments in the expansionist model and, second, by exploring the connection between technology and the environment. Conclusions: We examine the role of the Water Protection Fund (fonag, for its acronym in Spanish) in Quito’s environmental and infrastructural transformation, arguing that this fund is innovative not only because it connects water conservation with environmental protection but also because, through its work, it provides input for a more-than-human environmental history.

Keywords: water conservation, water governance, Ecuador, environmental history, paramos, water policies.

Dos páramos à cidade: história ambiental, fontes de água e governança mais que humana para a cidade de Quito, Equador

Resumo. Objetivo/Contexto: Este artigo realiza uma revisão historiográfica com o objetivo de caracterizar a política expansionista da água em Quito, Equador, primeiro a partir de seus antecedentes nos períodos colonial e republicano até o surgimento do modelo expansionista da hidráulica municipal (1950-1975). Em seguida, identifica-se um ponto de inflexão, influenciado pela conjuntura do assistencialismo e do conservacionismo. Posteriormente, caracteriza-se um terceiro momento desse modelo: a gestão integrada dos recursos hídricos (1990-2000), chegando a uma forma inovadora de governança ambiental para a cidade de Quito (2000-presente). Metodologia: Com base na análise historiográfica dos serviços de água potável e das políticas ambientais em Quito, articulam-se diferentes fases do expansionismo hidráulico com a literatura especializada sobre conservacionismo ambiental no Equador, aprofundando as fricções das políticas públicas da água e sua influência na governança hídrica contemporânea. Originalidade: Embora existam panoramas históricos da água urbana em Quito, eles geralmente se limitam às dinâmicas iniciais da modernização da cidade, baseadas em uma visão reducionista da técnica. Essa limitação busca ser superada neste artigo, por um lado, mediante a ênfase nas fases posteriores do sistema hídrico urbano como correlatos de diferentes momentos do modelo expansionista; e, por outro, por meio da relação entre tecnologia e meio ambiente. Conclusões: Abordamos o papel do Fundo de Proteção da Água na transformação ambiental e infraestrutural da cidade de Quito, argumentando que esse fundo é inovador não apenas porque articula a conservação da água com a conservação ambiental, mas também porque, em sua atuação, oferece contribuições para uma história ambiental mais que humana.

Palavras-chave: conservação da água, governança da água, Equador, história ambiental, páramos, políticas da água.

Introducción

Me interesa abordar el problema del agua urbana ligado a una historia ambiental de la ciudad de Quito tomando como punto de partida la historia de la infraestructura de abastecimiento de agua potable, que a su vez acucie un entramado actoral más amplio, que va desde organismos e instituciones hasta naturalezas más que humanas1. Este tipo de historia ambiental más que humana guarda resonancias con el insumo analítico del envirotech, un neologismo que apunta a la indisolubilidad de la tecnología y el ambiente, lo cual conecta la historia ambiental con la historia de la técnica y de las ciudades en tanto artefactos socioambientales2.

Tomando como premisa la existencia de diferentes paradigmas hidráulicos correspondientes a distintas épocas del desarrollo de la ciudad de Quito, a continuación, mostraré primero los antecedentes históricos de los servicios de agua potable para la ciudad de Quito, situando el relato primordialmente desde finales del siglo xix hasta mitad del siglo xx. En particular, me interesa señalar la relación entre las condiciones ambientales y las transformaciones tecnológicas resultado de la gestión del agua urbana. En primer lugar, se retoman los discursos modernizantes de la ciudad de Quito, a partir del higienismo urbano y la carrera infraestructural a partir de 1950.

Hecho esto se caracterizará un punto de inflexión durante el tercer cuarto del siglo xx, que provee el contexto jurídico en el cual tiene incidencia el conservacionismo ambiental y el asistencialismo internacional. Dichas coyunturas servirán para visibilizar las preocupaciones cientificistas y financieras que modelaron la agenda del agua urbana de la Gestión Integral de los Recursos Hídricos (girh), establecida a través de los registros de los decretos constitucionales o legales. Por un lado, se trata de hacer ver las condiciones en las que emerge el discurso de la girh, cuya consolidación se da en medio de tensiones entre las concepciones de lo público, lo privado y lo comunitario; y, por el otro, de identificar el ámbito de la gobernanza en Quito, lo cual a su vez provee el ámbito jurídico apropiado para la aparición de un actor institucional clave en materia de transformación ambiental y política pública del agua: el Fondo para la Protección del Agua (fonag). En la última sección argumentaré cómo el fonag se ha erigido, dentro del marco de la girh, como un modelo innovador en tanto vector de la historia ambiental reciente de la ciudad de Quito, cuyo alcance no solo atenúa los excesos tecnócratas del expansionismo hidráulico, sino que además ha contribuido a la restauración y conservación de los páramos ecuatoriales y otros ecosistemas altoandinos, fomentando regímenes de gobernanza ambiental más allá de los seres humanos.

  1. Breve historia del surgimiento de los servicios de agua potable en Quito: transformación ambiental y tecnológica

La historia ambiental puede entretejerse a través de narrativas sobre diferentes bienes comunes y de las interrelaciones entre estos, por ejemplo, el aire, el suelo, el agua, el patrón de asentamiento, la movilidad. En ese sentido, la historia de los servicios infraestructurales se perfila como parte de una historia ambiental de las urbes3. En el caso del agua potable en la ciudad de Quito, esta se ha estudiado como parte del proceso de modernización temprana, a partir de los discursos higienistas, los cuales modelaron un paisaje urbano en el que se erigió la ciudad de San Francisco de Quito, asentado en una topografía accidentada caracterizada por quebradas y zonas altas de páramo4. Hacia 1884, aparecieron en escena dos figuras clave para el establecimiento del discurso higienista de la ciudad como antecedente de la transición entre agua cruda y agua potable: el ingeniero municipal y el médico. Su papel adquirió relevancia en virtud de la correlación entre el tema del agua urbana, la prevención de las enfermedades vinculadas al agua cruda y contaminada, así como el saneamiento derivado de las aguas servidas que expulsa la ciudad. Tales personajes movilizaron un discurso institucional que irrumpe en la cotidianidad, tratando de modificar los hábitos de las personas5.

En cuanto al paisaje urbano, durante la época colonial predominó el aprovechamiento de los cauces naturales trazados por la caída natural del agua a través de las quebradas y pendientes; en este contexto, la gestión del agua urbana se limitaba a la reparación constante de tecnologías indígenas como las acequias y otros conductos, financiada por el cabildo, los eclesiásticos y los particulares. Nicolás Cuvi sugiere que las tecnologías hidráulicas prehispánicas y novohispanas se articularon durante la época colonial a las tres principales quebradas de Quito: Ullaguangayacu, Pilshuaico y Huanacauri6. No obstante, las quebradas también se convirtieron paulatinamente en el foco de la transformación ambiental, mediante un largo proceso de relleno de estas en un período que va desde el siglo xvi hasta el xix, caracterizado por la domesticación de los cauces naturales de la topografía quiteña7.

Ya en el siglo xx, continúa, por un lado, el relleno sistemático de las quebradas, dado que para 1950 la ciudad requiere contención para el acelerado crecimiento urbano, limitando el cauce de las aguas particularmente violentas de las crecidas causadas por las lluvias. Durante la primera mitad del siglo xx se rellenaron las quebradas de Jerusalén y las que atraviesan los barrios de Chimbacalle, la Mariscal Sucre al norte y la Magdalena al sur8. Si bien hubo algunos avances en infraestructura como el túnel de Ungüi para aumentar la captación de la vertiente de Lloa, a partir de 1950 se comienza a reconocer un déficit de agua potable para satisfacer la demanda urbana de Quito, por lo que se contrata a la consultora estadounidense Harold T. Smith para concretar la construcción de tanques de almacenamiento y la perforación de pozos9. Esta coyuntura consolida el modelo expansionista del agua en Quito con la conformación en 1960 de la Empresa Municipal de Agua Potable de Quito (emap-q), entre cuyas acciones, además de la exploración de aguas subterráneas, se buscó la incorporación de nuevas fuentes como la de la quebrada de Rumipamba, así como la construcción de plantas de tratamiento y diversos reservorios con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (bid)10. Durante el último cuarto del siglo xx, el modelo expansionista del agua urbana en Quito transita a una nueva fase caracterizada por la búsqueda de fuentes de agua más allá de la delimitación del trazo urbano, particularmente escurrimientos de los volcanes más próximos a la ciudad. En 1975 se pone en funcionamiento el sistema Pita-Tambo-Puengasí, el cual capta, por un lado, el río Pita que se origina de la escorrentía de los volcanes Cotopaxi y Sincholagua y zonas de páramo. Por otro lado, el canal de conducción de agua cruda posee una extensión de 55 km y está constituido por tuberías, canales, reservorios y tanques11.

Paulatinamente se fueron incorporando nuevas fuentes de agua más allá de los límites urbanos e incluso político-administrativos, articulando la tecnología a naturalezas más que humanas: en la década de 1990 se inauguró el sistema Papallacta-Oyacachi (3,5 m3/s); un año después, un sistema menor en el noroccidente de Quito, el cual aprovechaba los escurrimientos de varias quebradas del Pichincha12. Por su parte, dentro del presente siglo, otro sistema de envergadura considerable es el de La Mica-Quito Sur (1650 l/s), que se beneficia de las vertientes del volcán Antisana; y, finalmente, el proyecto contemporáneo de los Ríos Orientales, que pretende drenar microcuencas que se encuentran a 70 km de la ciudad13. Tanto el sistema de Papallacta y el de La Mica representan un hito histórico para la girh, puesto que son los primeros sistemas de trasvases orientales de agua para la ciudad, los cuales han obligado a transcender fronteras, generando impactos ambientales considerables al régimen hidrológico natural.

Sin embargo, esta narrativa establece una evolución lineal del sistema de agua potable, enfatizando una visión reduccionista del sistema técnico o infraestructural. Esto resulta problemático por dos razones: la primera consiste en que, si se reconoce la indisolubilidad de ambiente y tecnología, es necesario dar cuenta de un contexto más amplio en el que suceden las transformaciones ambientales y la polisemia que encierra la noción de cuenca en tanto eje del modelo expansionista del agua. En segundo lugar, el universo discursivo en el que discurren los cambios técnicos y ambientales del agua urbana en Quito va más allá del higienismo, dando paso a los procesos tardíos de modernización y posneoliberalización.

  1. Hacia el modelo expansionista del agua potable en Quito: alcances y desafíos de una segunda ola de modernización (1950-1975)

Gran parte del proceso de modernización del sistema de abastecimiento de agua potable en ciudades latinoamericanas, incluyendo Quito, ha estado moldeado por el discurso del higienismo, poniendo en primer plano la cuestión de la salubridad del agua, con el fin de evitar enfermedades como la disentería, entre otras, al tiempo de modificar los hábitos de las personas14. No obstante, desde la mitad de siglo xx se comienza a configurar una segunda ola de modernización. Entre 1950 y 1970, Ecuador transita hacia el paradigma de la hidráulica municipal, entendiendo paradigma como una matriz de compromisos de orden epistémico, político y social15. En 1965 se crea el Instituto Ecuatoriano de Obras Sanitarias (ieos), priorizando la construcción de infraestructura gris y la regulación de las normas en torno a la administración y la calidad del agua16. Por su parte, a finales de la década de los setenta se marca un declive en el discurso infraestructural, para dar paso a una narrativa vinculada al medio ambiente y la conservación.

Sin embargo, la conformación de dicha narrativa está atravesada por varios hitos en la política pública del agua, por ejemplo, hacia 1972 aparece un corpus legislativo que va introduciendo un universo discursivo específico, se trata de la Ley de Aguas como un texto jurídico fundamental que rige los usos del vital líquido, privilegiando el uso público y evitando cualquier tipo de alienación. Tal tarea fue gestionada por el Instituto Ecuatoriano de los Recursos Hidráulicos (inerhi)17. Cabe señalar que en dicho documento se estableció la normatividad para las formas de consumo, anteponiendo las necesidades domésticas, la agricultura y la ganadería, pero también se incluyeron algunos lineamientos para los modos de producción del agua urbana a partir de juntas administradoras18. En la medida en que se ponderan las actividades agropecuarias, se vincula por primera vez el agua urbana a un territorio hidrosocial más amplio: la cuenca hidrográfica19, lo cual paulatinamente permitió a la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento de Quito (epmaps) la expansión de las fuentes de agua más allá de las quebradas, incluyendo los ecosistemas aledaños a los volcanes como el páramo.

Así mismo, a nivel de la legislación municipal aparece por primera vez la ordenanza en torno a la protección de ríos y quebradas.20 Dicha normativa instaura de manera explícita la conservación de dos naturalezas más que humanas que paulatinamente se ligan al sistema hídrico de la urbe: las quebradas cercanas a la ciudad y las cuencas hidrográficas situadas en las fuentes de agua. Esto resulta fundamental por dos razones: la primera es porque establece la pauta para pensar el agua urbana más allá de la sectorialización dominante en las instancias gubernamentales encargadas de regular los usos del agua. En segundo lugar, porque constituye un punto de partida para la aparición de nuevos actores clave en la cuestión hídrica: los científicos (biólogos y ecólogos) y los activistas de las ong.

A su vez, estos corpus normativos y los actores mencionados coinciden con un parteaguas en la historia de la conservación ambiental de Ecuador, la creación de áreas naturales protegidas (anp). En este sentido, en la década de los setenta se crean las reservas de Cotacachi Cayapas y de Cayambe-Coca, al oriente y occidente de la ciudad de Quito, respectivamente; mientras que es en la década de los noventa cuando se crea la Reserva Ecológica del Antisana21. En esta misma temporalidad, se declaran zonas protegidas algunos lugares para la preservación de las cuencas vertientes, entre las que se encuentran Pichán, Cinto, Saloya, Pita, Tambo-Tamboyacu y Antisana22. En cuanto a los portavoces de este nuevo universo discursivo, como se mencionó antes, son los científicos quienes comienzan a articular la temática productiva a la de conservación a través de políticas forestales. Precursores del conservacionismo en Ecuador como Misael Acosta Solís fueron relevantes desde la década de los cuarenta y cincuenta, contribuyendo con elementos discursivos como la reforestación y la creación de viveros provinciales23. Aunque es en la década de los ochenta y noventa cuando instituciones asistencialistas como Fundación Natura, entre otras, empiezan un proceso de consolidación de la conservación ambiental mediante la logística para mantener las áreas naturales protegidas.

Sin embargo, estos elementos narrativos propios de una fase temprana del conservacionismo ecuatoriano contravinieron en una medida importante el paradigma de la hidráulica municipal, en tanto política derivada del Banco Mundial y con apoyo del bid. En dicho paradigma se canalizaron recursos a entidades estatales para la construcción de infraestructura a gran escala, como presas, hidroeléctricas y carreteras; y, por otro lado, se consolidaron organismos paraestatales, como los encargados del sistema de abastecimiento de agua potable a nivel de las ciudades24. Cabe destacar que el paradigma de la hidráulica municipal puso mayor atención a la expansión de los sistemas, al mismo tiempo que soslayó los impactos ambientales, lo cual evidencia que, hasta inicios de la década de los ochenta, el marco conservacionista tenía un alcance limitado, en parte debido a la fragmentación jurisdiccional de las autoridades encargadas de la gestión hídrica a diversas escalas.

No obstante, el carácter expansionista de dicho modelo, que se centró en atender la demanda de los crecientes desarrollos inmobiliarios de las zonas residenciales más acaudaladas de las ciudades en desmedro de la periferia, originó falencias importantes que dieron lugar a baja performatividad (i. e., distribución, manejo y equidad), inversión decreciente y bajos rendimientos. Esta situación llevó a un viraje en las políticas de los organismos financieros (Concilio Mundial del Agua y Alianza Global del Agua), en la que el cambio en dicha agenda política transitó hacia un ambientalismo mercantilista (i. e., neoliberalismo ambiental), caracterizado por la concepción del agua como bien, eliminación de subsidios, derechos y mercados de agua, descentralización y privatización25.

Hacia el último cuarto del siglo xx, la crisis de la relación entre ong y el Estado ecuatoriano hizo evidente la necesidad de apostar por proyectos integrados de conservación y desarrollo; en ese marco, se movilizaron conceptos que evidenciaran la viabilidad de conservación de zonas con potencial productivo, turístico o de servicios ambientales. Como parte de ese andamiaje discursivo apareció primero la noción de ecorregiones, la cual, además de fortalecer los vínculos de ciencia y sociedad, ponderó la interconexión de las zonas bajo protección como las cuencas26. Esta caracterización más amplia de los paisajes coincide a su vez con un nuevo momento en la injerencia de los organismos de cooperación internacional, tratando de rentabilizar el sistema de distribución de agua potable a partir de una reducción de costos en burocracia27.

La noción de ecorregiones guarda consonancias con diversos elementos discursivos relevantes para el análisis del manejo del agua urbana, entre ellos se encuentra la idea de gobernanza y sostenibilidad. No obstante, una forma en la que dichos temas se conectan consiste en identificar la transición de la noción de cuenca como término descriptivo de una unidad geográfica a un concepto socioambiental construido desde la convergencia interdisciplinar entre la hidrología, la climatología y, posteriormente, la ecología política28. En ese sentido, la noción de cuenca pasa a constituir un nuevo elemento que moviliza representaciones discursivas, cuya polisemia encierra tensiones y negociación. Más aún, el concepto de cuenca fue incorporando nuevas acepciones retomadas por la modernización de las ciudades industriales, el movimiento higienista y el desarrollo infraestructural vinculado a la irrigación. Sin embargo, es a finales de la década de los ochenta cuando la concepción de la cuenca como fuente de aprovechamiento dio lugar a una conciencia sobre los costos sociales y la degradación ambiental, lo cual derivó en una valoración del agua en términos de la Gestión Integral de los Recursos Hídricos29.

  1. La reconfiguración modernizante del agua en Quito: de la austeridad privatizadora a la Gestión Integral de los Recursos Hídricos (1975-2000)

De acuerdo con algunos autores, la girh consiste en una estrategia que replantea el expansionismo al permitir a las organizaciones asistencialistas reformular las estrategias de intervención a partir de la concepción de un plan maestro afín a las compañías de construcción, la banca de desarrollo y las agencias estatales30. Si bien la retórica de la girh enfatiza el manejo integral como dependiente del aspecto técnico y la experticia institucional, en el fondo, la cuestión de la cuenca fluvial conserva un carácter preeminentemente político. El componente político se manifiesta, por un lado, en diferentes patrones de gobernanza caracterizados por diversos grados de descentralización y participación pública. Por otro lado, el aspecto político también incluye la crítica al carácter homogéneo del paradigma que pretende una aplicabilidad global; sin embargo, a un nivel más fundamental, la girh no captura la pluralidad de valores culturales en torno al agua31.

En alguna medida importante, la pluralidad de valores del agua como líquido vital, insumo económico, referente estético o servicio público cuestiona las denominadas visiones hegemónicas del agua, que se desprenden de la lógica capitalista neoliberal, las cuales pueden agruparse en tres sentidos: como mercancía, como bien común y como derecho32. Respecto a la noción de mercancía desde la economía verde, esta es asociada a la Global Water Partnership, la cual supuestamente promueve un reduccionismo a lógicas industriales y modernizantes. Este escenario marca la pauta para la discusión entre las formas privadas, públicas y comunitarias de la gestión del agua urbana. En general se suele asociar la forma pública y comunitaria a la figura jurídica del derecho al agua, en contraposición a la tendencia privatizadora del mercado. En Ecuador, el derecho al agua se articula con otras formas jurídicas como el derecho a la ciudad desde el derecho constitucional. La relación con el agua se suscita debido a que el derecho a la ciudad requiere atender la función social y la función ambiental de esta33.

Si bien tales figuras jurídicas presentan fricciones entre sí, aquí quiero destacar las tensiones que resultan entre el derecho humano al agua y el derecho tradicional comunal del agua, en parte porque el derecho humano al agua es de índole individual y carece del elemento de la solidaridad, propio de la gestión comunitaria34. De igual manera, algunas investigadoras señalan que la gestión comunitaria del agua presenta limitaciones en lo que se refiere a una justicia distributiva relacional (i. e., ecológica), especialmente por la polisemia que encierra la noción de comunidad35. En su sentido del agua como derecho, se refuerza el control estatal en detrimento de la organización social, y las fuerzas económicas influyen en el acceso a dicho derecho, muchas veces bajo las lógicas del mercado. En el sentido de bien común, si bien intenta trascender el sesgo egoísta de los individuos y la dicotomía público/privado a través de casos de gobernanza comunitaria, aún persiste una visión racionalista del agua como recurso por ser eficientado36. No obstante, las connotaciones morales y simbólicas del manejo comunitario constituyen la clave como elementos disruptores de la dicotomía entre mercado y esfera pública, la cual resulta productiva para pensar un pluralismo hidráulico en torno al manejo y la gobernanza, considerando empíricamente las múltiples formas de relación con el agua37.

Vemos pues que, a partir del final del siglo pasado, el manejo del agua se caracteriza por un carácter racionalista en el proceso de modernización y por un mayor énfasis en las cuestiones ambientales y de conservación38. En Ecuador, la cuestión ambiental ya estaba presente, pero su consideración estaba subordinada al desarrollo agrícola, por lo que la girh introdujo nuevas preocupaciones ecológicas. Si bien algunos autores consideran que se necesita un viraje ambiental radical para dejar de considerar el agua como recurso, en el caso de Quito (Ecuador), la girh promovió una legislación integradora y mecanismos regulatorios correspondientes a innovaciones en materia de justicia distributiva más allá de los intereses humanos39. En ese orden de ideas, el presente siglo es testigo de crecientes esfuerzos por alcanzar nuevas formas de justicia ambiental y democracia ecológica40, cuestión que en Ecuador se expresa, por un lado, a nivel constitucional con el reconocimiento, aunque muchas veces limitado, de la naturaleza como sujeto de derechos; por otro lado, a través de mecanismos y organizaciones que actúan a nivel operativo e institucional. A continuación, presento un caso concreto en la ciudad de Quito (Ecuador) que apela a la girh como umbral de su actuación, al mismo tiempo que fomenta procesos de gobernanza enlazados a dinámicas de conservación ambiental. Me interesa mostrar que, en el presente siglo, la asociación público-privada entre la epmaps y el fonag constituye, por una parte, un vector de transformación de la historia ambiental reciente que converge con una fase más madura del conservacionismo en Ecuador (sustentabilidad); y, por otra, posiciona al fonag como un modelo a nivel regional en materia de innovación en políticas públicas de la gestión del agua y su aplicación en términos de gobernanza ambiental.

  1. La política sectorial hídrica como obstáculo a la girh: los inicios del fonag en la gestión hídrica (2000-2014)

En Ecuador, en 1992 desaparece el ieos a la par que se fortalecen los organismos autónomos de agua potable, bajo el esquema de privatización (i. e., Interagua) o las alianzas público-privadas. Durante toda la década de los noventa se manifestó un entramado compuesto, por un lado, por cambios institucionales y normativos de las instancias gubernamentales encargadas de la gestión del agua urbana (i. e., el Consejo Nacional de Recursos Hídricos, cnrh). Por otro lado, dicho entramado coincidió con el fortalecimiento de las anp y los discursos cientificistas basados en la noción de ecorregiones y cuenca, respectivamente, con lo cual algunas preocupaciones incipientes afines a la girh comenzaron a aparecer en la discusión pública ecuatoriana. Es justo en este período cuando la epmaps resulta un actor fundamental, cuya actuación atiende los imperativos de la lógica empresarial al reducir los costos, al mismo tiempo que logra consolidar los proyectos expansionistas del agua urbana. En ese sentido, la epmaps a finales del siglo pasado emerge como una estructura que, al mantener una austeridad burocrática, fue evaluada positivamente por los organismos internacionales como el bid en materia de sostenibilidad financiera. Sin embargo, el punto de inflexión lo constituye un nivel de reflexividad institucional de la epmaps más allá de las estructuras que lo modelaron inicialmente (i. e., la hidráulica municipal), encaminándose hacia una nueva fase que, aunque continúa asentándose en el modelo expansionista, adquiere connotaciones y tropos que dejan atrás el desarrollismo infraestructural, y apelan al desarrollo sostenible y la gestión ambiental del agua.

El paradigma del desarrollo sostenible presupone, entre otras cosas, una noción integral del ambiente con lo político por medio de la noción de gestión ambiental del agua, la cual, por definición, reconoce la necesidad de la relación entre Estado y sociedad, que resulta un atenuante a la lógica exclusivamente privatizadora41. Tanto la gestión ambiental como el desarrollo sostenible constituyen nociones que fueron introducidas en la legislación ecuatoriana a partir de 1999, en un momento en el que empezaba a reconocerse una grave crisis en términos de una débil gobernabilidad del agua42. Dicha crisis estuvo caracterizada por un marco legal sesgado, información deficiente, gestión sectorializada e insuficiente conservación de los recursos hídricos. Este diagnóstico fue tomado en serio por la epmaps y otras organizaciones internacionales como The Nature Conservancy (tnc) y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (usaid), las cuales promovieron la creación del fonag como herramienta financiera o fideicomiso mercantil con fines conservacionistas, regulado a su vez por la Ley de Mercado de Valores43. Cabe apuntar que, en este punto, es importante notar el alcance de la reflexividad de la epmaps, pues, aunque su trabajo había sido evaluado favorablemente por el ámbito financiero, su apertura hacia la participación de nuevos actores marcó el inicio de la transición de la gobernabilidad hacia la gobernanza hídrica en Ecuador.

La intervención del fonag retomó un diagnóstico hidrosocial, por lo cual desde el inicio de su actuación comenzó realizando talleres sobre la situación de cuencas como las de los ríos Papallacta, Antisana, Oyacachi, San Pedro y Pita44. Así mismo, las acciones del fonag estuvieron encaminadas al fortalecimiento interno del organismo, incorporando nuevos constituyentes y consolidando su visión a largo plazo, procurando la sostenibilidad financiera45. El fonag partió de la premisa de que las cuencas hidrográficas que rodean a la ciudad prestan servicios de agua importantes y los beneficiarios deberían contribuir por la prestación de dichos servicios46. De manera concomitante se llevaron a cabo actividades de reforestación en diversas áreas circundantes a Quito y se inició el programa de recuperación de la cobertura vegetal, trabajando a nivel de las comunidades con proyectos ecológico-productivos. De modo paralelo, entre los años 2000 y 2007 se empezó a trabajar, primero, en la capitalización y, después, en las técnicas de monitoreo, impulsando el Programa de Educación Ambiental47.

No obstante, hacia 2007 se marca un parteaguas en la historia del fonag y, por ende, de la historia ambiental del Distrito Metropolitano de Quito; particularmente, el fonag comienza a posicionarse como un modelo por emular en otras ciudades ecuatorianas, el cual se intenta replicar a través de proyectos de la usaid48. Sin embargo, dicha iniciativa coincidió con las nuevas políticas nacionales establecidas en la Constitución de 2008, en las que se consolidó la perspectiva de la girh en Ecuador, al mismo tiempo que, paradójicamente, se vuelve a ratificar al Estado como responsable de la provisión de agua potable, lo cual evita la especulación mercantilista, pero ralentiza de nuevo la tendencia hacia formas novedosas de gobernanza. A nivel estatal se reorganizó el cnrh con la creación de la Secretaría Nacional del Agua (Senagua) como una entidad vinculada directamente al ejecutivo. Mientras que a nivel de las comunidades son los gobiernos autónomos descentralizados (gad), bajo la normativa del Código Orgánico de Organización Territorial, Autonomía y Descentralización (cootad), los encargados de asegurar la prestación de servicios públicos de agua potable en coordinación con otras instancias en función de las cuencas hidrográficas49.

Aquí tiene cabida otra acepción de la girh desde la Constitución de 2008, la cual apunta a que la labor de los gobiernos municipales no solo concierne a la prestación del servicio, sino que su gestión debe ser de tipo integral, tanto en lo que se refiere a la planificación operativa de los sistemas como en relación con la coordinación con otros niveles de gobierno, lo cual posibilita la creación de mancomunidades entre aquellos territorios que pertenecen a la misma cuenca hidrográfica50. Sin embargo, la aplicación de la girh en Ecuador da un viraje en el período que comprende de 2007 a 2013, en el que las políticas de la Revolución Ciudadana le adscriben una serie de connotaciones al agua en tanto derecho humano y patrimonio nacional estratégico, en desmedro del agua como entidad de derecho en sí mismo. Las modificaciones a la normativa del agua en Ecuador dejan atrás la Ley de Aguas de 1972 (2004), subordinada a su vez a la Ley de Modernización del Estado de 1993; tales reformas se materializaron en la Ley Orgánica de Recursos Hídricos, Usos y Aprovechamiento del Agua (lorhuaa) en el año 201451. Dicha ley pretendió garantizar y regular la gestión y la conservación del vital líquido a través de diferentes instancias como el gobierno central (Autoridad Única del Agua) y los gobiernos autónomos descentralizados. Así mismo, se crea una dependencia de la Secretaría del Agua y de la Agencia de Regulación y Control del Agua (arca), la cual tiene como finalidad velar por la regulación y control de la gestión del agua52.

No obstante, en la medida en que el arca se sujeta a la Autoridad Única del Agua, el alcance de su carácter de contralor fue limitado. Aunado a esto, el corpus normativo de la lorhuaa estableció un orden de prelación respecto a los usos del agua, en el que se ponderaron los usos domésticos en primer lugar, seguidos de la irrigación ligada a la soberanía alimentaria, dejando en último puesto las actividades productivas. En este punto, de forma concomitante a la ralentización de la tendencia privatizadora a partir de la remunicipalización del agua potable, se dio un giro en el discurso conservacionista y de los derechos de la naturaleza al anteponer de nuevo una visión antropocentrista. Es importante mencionar que a la aprobación de la lorhuaa le antecedió una serie de debates y consultas con los pueblos y nacionalidades de Ecuador, en la que de manera general se arguyó a favor de la desprivatización. No obstante, el punto de mayor fricción recayó en la demanda de que se reconozcan los usos ancestrales y tradicionales del agua, lo cual, aunque fue concedido en términos de las formas vernáculas del manejo del agua (i. e., juntas de agua), su reconocimiento fue subordinado a la Autoridad Única del Agua, que constituyó un sesgo importante en las políticas del agua de ese período. Cabe indicar que las implicaciones de dicho sesgo vertical desde el ejecutivo influyeron también en el entendimiento y alcance de la figura de los consejos de cuenca.

La Fundación Futuro Latinoamericano (ffl) intervino a escala de cuenca con los actores relevantes de la cuenca alta del Guayllabamba y con los actores de San Pedro, Pisque y Chiche. Al intentar construir una plataforma multiactoral (consejo de cuenca), el fonag y la ffl encontraron reticencia tanto a nivel de los actores no gubernamentales (local) como de las instituciones, aunque por diferentes razones. En particular, se propuso una estructura consonante con los niveles de participación requeridos, las normas legales vigentes y la operatividad necesaria para su funcionamiento53. Si bien el proyecto de gobernanza de la cuenca alta del río Guayllabamba se logró integrar a la agenda conservacionista del fonag, no pudo consolidarse con la Senagua. Al respecto es factible inferir que la figura de los consejos de cuenca se confrontara directamente con formas vernáculas de gestión del agua de índole comunitaria: las juntas de agua, cuya historicidad entre las comunidades indígenas es anterior a su institucionalización durante el período liberal de inicios del siglo xx. En su forma más reciente, las juntas de agua responden al Decreto 3327, derivado de la Ley de Aguas de 1972, en la que se estipuló el reglamento para la conformación de juntas administradoras de agua potable y alcantarillado, mencionando que, en aquellos lugares donde tenga jurisdicción alguna empresa municipal de agua potable, no podrá constituirse una junta de agua.

Las juntas de agua marcan un parteaguas en la gestión comunitaria del agua, antecedidas por formas vernáculas de organización como asambleas, cabildos y comunas; lo anterior pudo manifestarse en términos de un conflicto entre dichas formas vernáculas y el consejo de cuenca asociado a la Autoridad Única del Agua, que no consideró de manera íntegra la gestión comunitaria, lo cual pudo ocasionar conflictos y reticencias a nivel local. En ese sentido, queda por indagar a través de trabajo etnográfico las formas de percepción sobre la incidencia del fonag en las localidades donde se desarrolló el proyecto, lo que coadyuvaría a un diagnóstico más preciso, tal como se ha llevado a cabo en otras comunidades donde ha tenido presencia el fonag54. Más allá de este hito en la historia del fonag, el organismo continuó trabajando en una agenda basada en los ejes de la conservación y sustentabilidad. A continuación, haré ver la forma en la que el fonag se ha posicionado como un modelo en innovación de políticas públicas de la conservación hídrica de Quito, distinguiéndose de otros fondos de agua, particularmente a partir de las formas de gobernanza que promueve.

  1. Hacia un modelo innovador en la gestión ambiental del agua en Quito: gobernanza ambiental e hidráulica (2015-actualidad)

En 2011, el bid, la Fundación femsa, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (fmam), la Iniciativa Internacional de Protección del Clima (iki) y The Nature Conservancy (tnc) establecieron un acuerdo con la Alianza Latinoamericana de Fondos de Agua con el fin de contribuir a la seguridad hídrica de América Latina y el Caribe mediante la creación y fortalecimiento de fondos de agua55. Los fondos de agua constituyen una variedad de pagos por servicios ecosistémicos (pes), los cuales actúan en un marco sustentable de larga duración56. A su vez, los pes consisten en una transacción voluntaria en la que los consumidores pagan por un servicio ecosistémico, respaldado por un asesoramiento científico, acompañamiento técnico, desarrollo de capacidades, poder de convocatoria y respaldo institucional57. Sin embargo, el esquema de los pes en sí mismo no garantiza la contribución a la conservación de los ecosistemas, por lo que es necesario dar cuenta de la especificidad de fondos como el fonag para entender su alcance en materia de conservación.

La Alianza identificó como un área de oportunidad para el fortalecimiento de los fondos de agua el fijar ciertas pautas que favorezcan la creación de una identidad colectiva que permita a los fondos de agua contribuir a la seguridad hídrica de sus ciudades y comunidades a partir de la implementación de soluciones basadas en la naturaleza58. Entre 2015 y 2017, el fonag estableció acuerdos intersectoriales con instituciones como el Ministerio del Ambiente y el pnud. De igual manera, ha continuado realizando ulteriores esfuerzos para avanzar en su agenda dentro del marco instaurado por la lorhuaa. En esa dirección, se han creado dos planes estratégicos en los últimos ocho años: de 2016 a 2020 y de 2021 a 2025. Dentro del primero, se definieron como objetivos prioritarios consolidar el manejo de las áreas de interés hídrico a partir de los ejes de la información, conservación, educación y sensibilización. Igualmente, otro eje ha procurado afianzar su posicionamiento por medio de la Estación Científica Agua y Páramo (ecap) y fortalecer su desempeño institucional.

Si bien se suele pensar en una evolución del concepto de fondos de agua desde la Alianza Latinoamericana de Fondos de Agua, en una medida importante dicho concepto presenta una fuerte polisemia y variedades más allá de dicho marco, lo que lo vuelve un concepto holístico más que normativo59. En el caso del fonag, una característica distintiva de este consiste en que su sostenibilidad financiera descansa en la figura de un fideicomiso, el cual, en la medida en que se ampara en una figura jurídica, asegura la participación a largo plazo de la entidad municipal encargada del abastecimiento de agua potable de la ciudad de Quito: la epmaps60. Más aún, el fonag se ha erigido como un modelo novedoso en aspectos como la conjunción de objetivos biofísicos y socioeconómicos bajo un monitoreo hidrológico y el fortalecimiento de mecanismos de gobernanza.

Sin embargo, identificar el carácter innovador del fonag va justo más allá del aspecto financiero y de una visión reduccionista de la gobernanza, por lo que es preciso aclarar que la transición hacia regímenes de gobernanza en sociedades democráticas no solo responde a un imperativo neoliberal, sino también a la creciente complejidad social, lo que torna necesarias nuevas estrategias de cooperación entre las partes involucradas61. El tipo de gobernanza ambiental que subyace al trabajo del fonag constituye un atenuante de la política expansionista de la epmaps, lo que denota su carácter innovador a un nivel más amplio. La relación del fonag con la epmaps en Ecuador resulta sui generis en contraste con otros fondos similares en otras latitudes con agendas, intereses y resultados muy diferentes, y cuyo impacto en la transformación ambiental no ha sido el mismo. Hacia 2012, ya existían 15 fondos de agua derivados del fonag, 7 de los cuales se encuentran en Ecuador, y para 2018 el número ascendió a 21 programas derivados de dicho modelo62.

La gobernanza ambiental que ha promovido el fonag involucra acciones de conservación de ecosistemas como páramos, bajo la perspectiva de la cuenca como unidades hidrográfica e hidrosocial, reduciendo el sesgo tecnócrata del abasto de agua potable de la ciudad de Quito. A partir de lo anterior, es posible afirmar que el tema de la gobernanza comprende un locus potencial importante para el fonag, al mismo tiempo que suscita una evolución en la forma de relacionarse con el interés principal de su mayor constituyente: la epmaps. En 2012, otro hito significativo lo marcó la estrategia de la epmaps y el fonag con la expropiación de tierras aledañas al área protegida Reserva Ecológica del Antisana, donde se llevaron a cabo acciones para conservación ecosistémica y particularmente hídrica, tal como la remoción de ganado de los páramos.

El hecho de que el fonag sea un modelo en dichos mecanismos a nivel regional ya ha sido mostrado en diferentes investigaciones63, lo que nos interesa aquí es demostrar cómo la gobernanza ambiental del fonag, resultado de la dinámica histórica que se reseñó antes, exhibe un carácter innovador en tanto se articula a una historia ambiental más que humana del Distrito Metropolitano de Quito, especialmente en lo que se refiere a la relación entre ambiente y tecnología (i. e., envirotech). El insumo analítico del envirotech converge con la forma en la que en la literatura sobre manejo se habla acerca de las inversiones en servicios hídricos (iws, por su sigla en inglés), a través de la noción de “infraestructuras naturales”, que incluyen la restauración de ecosistemas nativos, el mejoramiento de prácticas de agricultura, entre otras64.

En ese contexto, desde 2010 la epmaps y el fonag han fomentado la creación de las áreas de conservación hídrica en tanto fuentes de agua estratégicas, comenzando con la del Antisana (acha), seguida de la de Paluguillo (achp) desde 2015, Alto Pita (achap) en 2017 y Atacazo (achat) en 2019. Dado que, en 2014, la Ley Orgánica de Recursos Hídricos, Usos y Aprovechamiento del Agua declaró la figura de las áreas de protección hídrica como territorios donde existen fuentes de agua declaradas como bien público, se puede afirmar que el fonag tuvo un papel pionero en la creación de dicha figura. Tanto las ach como las aph comprenden espacios ligados al vínculo entre conservación e infraestructura de abastecimiento de agua potable, por lo que tal vínculo puede entenderse en términos del envirotech, especialmente para visibilizar la indisolubilidad entre naturaleza y sociedad.

Más aún, en 2018, la Senagua incluyó una ach del fonag como parte de las áreas de protección hídrica en el Sistema de Áreas Nacionales Protegidas, lo cual, junto con los acuerdos con actores públicos y comunitarios, vendría a integrar el elemento del conservacionismo del agua a un nivel más amplio. Este tipo de acciones se enmarcan en dinámicas de gobernanza propias de una fase tardía del conservacionismo ecuatoriano, lo cual, a través del fonag, se distingue por implementar un modelo de conservación más allá de la no acción sobre sistemas ecológicos prístinos y, por el contrario, promover la acción restaurativa de ambientes degradados.

Más allá de la girh, o de cualquier enfoque exclusivamente antropocentrista, la cuestión de la gobernanza debería abarcar más allá de las redes y sus usuarios e incluir la integración de infraestructuras y sistemas ecológicos, los cuales emergen como respuesta a la urbanización como proceso político, económico y ecológico65. Esta premisa se refleja en las acciones del fonag de la última década, lo que, por un lado, relaciona el régimen de gobernanza con el control del agua y sus expresiones infraestructurales en las ciudades, si bien es cierto que aún falta atender la totalidad del ciclo hidrosocial66. Por otro lado, abona al reconocimiento de un entramado ambiental propio de una historia ambiental más que humana, el cual incluye a las personas, la cultura material, el agua y el páramo, todos involucrados en procesos fluidos y algunas veces transformativos.

Conclusiones

En este trabajo se ha elaborado una revisión historiográfica del sistema infraestructural de abastecimiento de agua potable de la ciudad de Quito, tratando de articular las transformaciones ambientales a los cambios tecnológicos. Dicho relato se sitúa más allá de la visión reduccionista de la tecnología, lo que permite superar la idea teleológica de que los procesos históricos de la gestión del agua en Quito han sido únicamente la realización de una tendencia expansionista preconcebida. En particular se intentó apuntalar la indisolubilidad de las transformaciones ambientales y los cambios tecnológicos (envirotech) a diferentes momentos del conservacionismo ecuatoriano a partir de la revisión de algunos corpus legales, a los cuales se han ceñido diferentes fases del expansionismo del agua potable a través del tiempo. Tal revisión historiográfica buscó contextualizar la emergencia del Fondo para la Protección del Agua (fonag), cuya relevancia, argumenté, radica en ser vector de la historia ambiental reciente del Distrito Metropolitano de Quito, al mismo tiempo que un modelo innovador en materia de políticas públicas del agua y gestión ambiental.

A lo largo del artículo se identificaron tres fases en el expansionismo hidráulico de la ciudad de Quito y sus sistemas de agua potable: el discurso higienista (de finales del siglo xix hasta 1950); una primera fase del paradigma de la hidráulica municipal asociado a la carrera infraestructural (1950-1975); un segundo momento de la hidráulica municipal que corresponde a una influencia mayor del asistencialismo internacional y a la consideración por parte de la epmaps de la noción de cuenca como eje regidor de nuevas formas de administrar el agua para las ciudades (1975-2000). Finalmente, se identificó una tercera ola de modernización del sistema de abastecimiento de agua potable con la institucionalización de la Gestión Integral de los Recursos Hídricos en la normativa constitucional de 2008, lo cual trajo consigo, por un lado, insumos narrativos como la noción de sustentabilidad y gobernanza, propios de una fase más madura del conservacionismo ambiental ecuatoriano. Por otro lado, la integralidad y la interdependencia entre el enfoque de cuenca alta y cuenca baja.

Cabe señalar que en dicha temporalidad se presentan diversos sobrelapes cronológicos; así mismo, se superponen a su vez elementos discursivos que configuran el ámbito de acción del fonag, por lo que el contexto de su injerencia arrastra consigo diversos elementos arraigados desde las primeras olas de modernización y se despliegan en la agenda contemporánea del Fondo. En este punto, argüí que la epmaps adquiere un protagonismo esencial, en la medida en que, si bien dicho organismo siempre se ha regido bajo la lógica de un modelo expansionista, tuvo dos momentos de reflexividad institucional, más allá de las estructuras que lo modelaron inicialmente (i. e., la hidráulica municipal): el primero al incorporar insumos narrativos atinentes a la gestión ambiental y el desarrollo sustentable; y el segundo relativo a la creación del fonag, convirtiéndose en su principal constituyente.

No obstante, más que presentar un marco legal ad hoc a las acciones del fonag, se incorporó la historia del Fondo desde el año 2000, subrayando las vicisitudes que ha atravesado, incluyendo conflictos y relaciones de poder que permean su performance a lo largo de sus primeros 15 años de existencia (2000-2015), tanto a nivel interno con la propia epmaps como a nivel comunitario con un proyecto integral en la parte alta de la cuenca del río Guayllabamba. Al respecto, si bien señalamos que un factor en los desencuentros a nivel comunitario corresponde a la heterogeneidad de las comunidades, algunas de las cuales se identifican como indígenas con formas vernáculas propias de gestión hídrica, enfatizamos que es justo el manejo comunitario la fuente de un pluralismo hidráulico que, eventualmente, puede convertirse en un insumo para la construcción de una justicia distributiva más allá de los seres humanos.

Sin embargo, también hicimos ver que, a lo largo de los últimos 10 años, el fonag ha seguido trabajando, por un lado, a nivel comunitario en proyectos ecológico productivos; y, por el otro, en acciones que se articulan directamente a la normativa conservacionista oficial, por ejemplo, incorporación de las áreas de conservación hídrica a regímenes territoriales de conservación más amplios. Estas acciones pueden caracterizarse como la actualización de algunos insumos presentes en las fases tempranas del sistema de abastecimiento de agua potable de Quito, especialmente en las referencias a las naturalezas urbanas no humanas: las cuencas, los páramos y otros ecosistemas altoandinos.

Las acciones del fonag abonan a la consideración de los páramos más allá del antropocentrismo y del especismo, ambos obstáculos al desarrollo de una historia ambiental más que humana. Bajo esta consideración, se despliegan diversas entidades susceptibles de ser subjetivadas y politizadas; entre las más emblemáticas se encuentran el cóndor, el oso andino, o bien, entidades vegetales como los árboles nativos del páramo, por ejemplo los polylepis, pumamaquis y quishuares, a propósito de las cuales es posible generar relatos que coadyuven a incluir a los páramos dentro de los programas como los bonos de carbono, haciendo ver su relevancia y trascendiendo el sesgo a pensar el páramo como bosque.

Lo anterior constituye parte del núcleo argumentativo del presente relato, desde donde se identifica en qué sentido el fonag resulta innovador, no porque haya superado el modelo expansionista, sino porque ha articulado la preocupación infraestructural de la epmaps con la conservación ambiental y, a diferencia de otros fondos de la región de índole privada, el fonag ha logrado la coproducción de regímenes de gobernanza a diferentes escalas, aportando insumos para una historia ambiental más que humana, lo cual propende en última instancia a un acercamiento de formas más acabadas de justicia distributiva y ecológica.

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Este artículo se deriva de la investigación “Conservación e infraestructura hidráulica de Quito: hacia un nuevo modelo transdisciplinar de gobernanza hídrica”, financiada por la Estación Científica Agua y Páramo (ecap).

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16 Foro de los Recursos Hídricos, Todos por el agua, el agua para todos (Quito: Consorcio Camaren, 2013).

17 Metzger y Bermúdez, El medio ambiente urbano en Quito, 49.

18 La normativa de las Juntas Administradoras de Agua Potable y Alcantarillado se establece en 1979 a través del Instituto Ecuatoriano de Obras Sanitarias (ieos) en el Decreto 3327.

19 Artículo 20, título II, capítulo I, de la Ley de Aguas de 1972.

20 Artículo 18 de la Ordenanza 3050 del 22 de diciembre de 1993.

21 Teodoro Bustamante, Historia de la conservación ambiental en Ecuador. Volcanes, tortugas, geólogos y políticos (Quito: Flacso Ecuador/Abya-Yala, 2016).

22 Metzger y Bermúdez, El medio ambiente urbano en Quito, 60.

23 Nicolás Cuvi, “La institucionalización del conservacionismo en el Ecuador (1949-1953). Misael Acosta Solís y el Departamento Forestal”, Revista Ecuatoriana de Historia 22 (2005).

24 Karen Bakker, Privatizing Water. Governance Failure and the World’s Urban Water Crisis (Ithaca: Cornell University Press, 2010).

25 Bakker, Privatizing Water, 38.

26 Nancy Yáñez y Susan Poats, Derechos de agua y gestión ciudadana (La Paz: Agua Sustentable/idrc, 2007).

27 Metzger y Bermúdez, El medio ambiente urbano en Quito, 57.

28 Rutgerd Boelens, Erik Swyngedouw, Jaime Hoogesteger y Jeroen Vos, “Hydrosocial Territories: A Political Ecology Perspective”, Water International 41, n.º 1 (2016).

29 François Molle, “River-basin Planning and Management: The Social Life of a Concept”, Geoforum 40 (2009).

30 Asit Biswas, “Gestión del agua en América Latina y el Caribe”, en Agua, medio ambiente y desarrollo en el siglo xxi, editado por Patricia Ávila (México: El Colegio de Michoacán, 2004).

31 Verónica Strang, “Relaciones infraestructurales: agua, poder político y el surgimiento de un nuevo régimen despótico”, Revista Colombiana de Antropología 55, n.º 1 (2019).

32 Denisse Roca-Servat, Juan David Arias-Henao y María Botero-Mesa, “Descolonizando las visiones hegemónicas del agua: propuestas latinoamericanas desde la comunalidad y los entramados comunitarios”, Revista Ambiente & Sociedade 24 (2021).

33 Ramiro Ávila Santamaría, “El río y los derechos a la ciudad: el caso del río Monjas en Quito”, Revista Brasileira de Direito Urbanístico (rbdu) 8, n.º 15 (2022), https://doi.org/10.55663/rbdu.v08.i15-ART02

34 José Chiriboga, Cambio climático, agua y conflicto: disputas sociales, crisis hídrica y oportunidades de adaptación en la Sierra Centro-Norte de Ecuador (Quito: uasb, 2015).

35 Bakker, Privatizing Water, 27.

36 Ricardo Correia y Caterina Roseta-Palma, “Behavioural Economics in Water Management: Anoverview of Behavioural Economics Applications to Residential Water Demand”, en Sustainable Consumption: Multi-disciplinary Perspectives in Honour of Professor Sir Partha Dasgupta, editado por A. Ulph y D.Southerton (Oxford, uk: Oxford University Press, 2014).

37 Caterina Scaramelli, “Making Sense of Water Quality: Multispecies Encounters on the Mystic River”, Worldviews 17 (2013).

38 Andrés Martínez, El derecho al agua en Ecuador. Un análisis desde la ciencia política y el derecho público (Cuenca: Universidad de Cuenca, 2017).

39 Roca-Servat, Arias-Henao y Botero-Mesa, Descolonizando las visiones hegemónicas del agua, 5.

40 Jonathan Pickering, Karin Bäckstrand y David Schlosberg, “Between Environmental and Ecological Democracy: Theory and Practice at the Democracy-Environment Nexus”, Journal of Environmental Policy & Planning 22, n.º 1 (2020), https://doi.org/10.1080/1523908X.2020.1703276

41 Susana Mirassou, La gestión integral de los recursos hídricos: aportes a un desarrollo conceptual para la gobernabilidad del agua (tesis de doctorado, Flacso sede académica argentina, 2009).

42 Santiago Vallejo, La gestión del agua como bien público (Quito: Flacso Ecuador, 2011).

43 Agua a Fondo, órgano de difusión del Fondo para la Protección del Agua (Quito: fonag, 2007).

44 Vallejo, La gestión del agua como bien público, 123.

45 Martha Echavarría, “Financing Watershed Conservation: The fonag Water Fund in Quito, Ecuador”, en Selling Forest Environmental Services. Market-Based Mechanisms for Conservation and Development, editado por Stephano Pagiola, Joshua Bishop y Natasha Landel-Mills (uk: Taylor & Francis, 2022).

46 Lorena Coronel, Los caminos del agua. fonag: trabajos y aprendizajes (Quito: fonag, 2019).

47 Coronel, Los caminos del agua, 36.

48 Agua a Fondo (Quito: fonag, 2009).

49 Vallejo, La gestión del agua como bien público.

50 Martínez, El derecho al agua en Ecuador, 20.

51 Luis Morales, “Algunos criterios sobre la Ley Orgánica de Recursos Hídricos, Usos y Aprovechamiento del Agua”, en Hacia una ley de aguas transformadora, coordinado por Carlos Zambrano (Quito: Consorcio Camaren, 2014).

52 Martínez, El derecho al agua en Ecuador, 169.

53 Fundación Futuro Latinoamericano, Gobernanza interescalas para la gestión de los recursos hídricos. El caso de la cuenca alta del río Guayllabamba (Quito: Jorch, 2011).

54 Audrey Joslin, “Unpacking ‘Success’: Applying Local Perceptions to Interpret Influences of Water Fund Payments for Ecosystem Services in the Ecuadorian Andes”, Society & Natural Resources 32, n.º 6 (2019), https://doi.org/10.1080/08941920.2018.1559379

55 Gabriela de la Mora, Gobernanza ambiental. Conservación de áreas naturales protegidas urbanas y servicios ambientales. El caso de los sistemas de Guadalajara y Monterrey, México (México: crim-unam, 2020).

56 Craig Kauffman y Martha Echavarría, “The Evolution of Water Trust Funds in Ecuador”, en Sustainable Irrigation and Drainage iv, editado por H. Bjornlund, C. Brebbia y S. Wheeler (uk: wit Press, 2012).

57 Sven Wunder, “The Effectiveness of Payments for Environmental Services in Tropical Conservation”, Conservation Biology 21, n.º 1 (2007).

58 Leah Bremer et al., “One Size Does Not Fit All: Natural Infrastructure Investments within the Latin America Water Funds Partnership”, Ecosystems Services 17 (2016).

59 Bert de Bievre y Lorena Coronel, “Investing in Catchment Protection: The Water Fund Model”, en Financing Investment in Water Security. Recent Developments and Perspectives, editado por Xavier Leflaive, Kathleen Dominique y Guy J. (uk: Elsevier, 2022).

60 Kauffman y Echavarría, “The Evolution of Water Trust Funds in Ecuador”.

61 Bob Jessop, “Governance and Metagovernance: On Reflexivity, Requisite Variety, and Requisite Irony”, en Participatory Governance in Multi-Level Contexts. Concepts and Experience, editado por Hubert Heinelt, Panagiotis Getimis, Grigoris Kafkalas, Randall Smith y Erik Swyngedouw (uk: Springer, 2002).

62 Joslin, “Unpacking ‘Success’”.

63 Germán Martínez, “Los fondos de agua como ejercicio de gobernanza local y participación ciudadana”, Ciencia Jurídica 11, n.º 21 (2022).

64 Bremer et al., “One Size Does Not Fit All”.

65 Bakker, Privatizing Water.

66 Nik Heynen, Maria Kaika y Erik Swyngedouw, “Urban Political Ecology: Politicizing the Production of Urban Natures”, en In the Nature of Cities. Urban Political Ecology and the Politics of Urban Metabolism, editado por Nik Heynen, Maria Kaika y Erik Swyngedouw (USA: Routledge, 2006).


Radamés Villagómez-Reséndiz

Doctor en Estudios Mesoamericanos con mención en Antropología de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam). Actualmente se desempeña como investigador posdoctoral del WasiLab Centro Interdisciplinario en Ciencias de la Sostenibilidad de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Se interesa por la filosofía de la biología, estudios de ciencia, tecnología y sociedad (cts), ecología política, antropología ambiental del agua y antropología de la técnica. Recientemente publicó “Brechas infraestructurales en el río Apatlaco, México: ensamblajes ambientales, relaciones artefactuales”, Revista Tabula Rasa 54 (2025); y “Conocimiento local y territorialidad en Hueyapan, Morelos, México”, Revista Inventio 20, n.º 50 (2024). scorphylum@gmail.com, https://orcid.org/0000-0001-9987-918x