
Los pirquineros de la Gran Minería: informalidad y precarización en la Mina Vieja de Potrerillos (Chile, 1959-1978) ❧
Universidad de Santiago de Chile
Universidad de Santiago de Chile
Universidad Estatal de California, Los Ángeles (Estados Unidos)
https://doi.org/10.7440/histcrit97.2025.03
Recepción: 3 de abril de 2025 / Aceptación: 26 de mayo de 2025/ Modificación: 26 de junio de 2025
Resumen. Objetivo/contexto: entre fines de los años cincuenta y 1978, cerca de cuatrocientos mineros artesanales (pirquineros) ocuparon y trabajaron el mineral abandonado de Potrerillos, conocido como la Mina Vieja. Ubicados en los márgenes del territorio de una gran empresa minera, primero Andes Copper (subsidiaria de Anaconda) y luego Cobresal (parte de la empresa estatal Codelco), los pirquineros intentaron construir una comunidad autónoma a partir de la recuperación de un espacio abandonado y en ruinas. Metodología: sobre la base de fuentes de archivo y periódicos, se analizan las formas de trabajar y habitar, los riesgos y problemas de seguridad que siempre afectaron a la comunidad y la formación de cooperativas para resolver los problemas de producción. Originalidad: este artículo cuestiona las visiones tradicionales de enclave y argumenta la importancia de analizar en conjunto las distintas formas de producción minera y la manera en que estas se sobreponen en un mismo espacio. Conclusiones: el caso de la Mina Vieja muestra las complejas relaciones entre la gran y la pequeña minería artesanal en una época de profundos cambios económicos, sociales y políticos.
Palabras clave: Chile, cooperativas, enclave, historia de la minería, minería del cobre, pirquineros, Unidad Popular.
The small-scale miners of large-scale mining: informality and precariousness in the Mina Vieja de Potrerillos (Chile, 1959-1978)
Abstract. Objective/context: between the late 1950s and 1978, around 400 artisanal miners (pirquineros) occupied and worked the abandoned Potrerillos mine, known as Mina Vieja (the Old Mine). Located on the margins of the territory of a large mining company, first Andes Copper (a subsidiary of Anaconda) and then Cobresal (part of the state-owned company Codelco), these miners attempted to build an autonomous community by recovering an abandoned and ruined space. Methodology: This study, based on archival sources and newspapers, analyzes the working and living conditions, the persistent risks and safety issues affecting the community, and the formation of cooperatives to address production problems. Originality: This article challenges traditional views of the enclave and argues for the importance of analyzing the different forms of mining production and how they overlap in the same space. Conclusions: The case of the Mina Vieja illustrates the complex relationship between large-scale and small-scale artisanal mining during a period of profound economic, social, and political transformation.
Keywords: artisanal miners, Chile, Copper mining, cooperatives, enclaves, history of mining, Popular Unity.
Os pirquineros na grande mineração: informalidade e precarização na Mina Vieja de Potrerillos. Chile, 1959-1978
Resumo. Objetivo/contexto: Entre o final da década de 1950 e 1978, cerca de 400 mineiros artesanais (pirquineros) ocuparam e trabalharam na mina abandonada de Potrerillos, conhecida como Mina Vieja. Localizados às margens do território de uma grande mineradora, primeiro a Andes Copper (subsidiária da Anaconda) e depois a Cobresal (parte da estatal Codelco), os pirquineros tentaram construir uma comunidade autônoma a partir da recuperação de um espaço abandonado e arruinado. Metodologia: Com base em fontes arquivísticas e jornalísticas, são analisadas as formas de trabalhar e habitar, os riscos e problemas de segurança que sempre afetaram a comunidade, e a formação de cooperativas para solucionar problemas de produção. Originalidade: Este artigo questiona as visões tradicionais de enclave e defende a importância de analisar conjuntamente as diferentes formas de produção mineira e a maneira como elas se sobrepõem e se intersectam no mesmo espaço. Conclusões: O caso da Mina Vieja mostra as complexas relações entre a grande mineração e a pequena mineração artesanal em uma época de profundas mudanças econômicas, sociais e políticas.
Palavras-chave: Chile, enclave, cooperativas, história da mineração, mineração de cobre, pirquineros, Unidad Popular.
Introducción
A comienzos de la década de 1960, cerca de cuatrocientos mineros artesanales y sus familias se instalaron en el mineral abandonado de Potrerillos (la Mina Vieja), en la actual región de Atacama, provincia de Chañaral (mapa 1). Los mineros que llegaron a la Mina Vieja, conocidos en Chile como pirquineros, eran parte de una larga tradición de trabajo artesanal que se dedicaba a la explotación de depósitos de baja ley, ya fuese en forma independiente o a través de un contratista o habilitador1. Si bien muchos valoraban la independencia del trabajo pirquinero, la falta de derechos sociales y las dificultades de insertarse en los circuitos comerciales creaban condiciones de precariedad y marginalidad. En el caso de la Mina Vieja, los pirquineros ocuparon el lugar por casi veinte años, a veces con contrato y otras veces en forma irregular, y buscaron, a través de cooperativas y un rico tejido social, mejorar las condiciones de vida y trabajo.
La historia de la Mina Vieja está marcada por la presencia del capital extranjero, la conformación de un enclave minero industrial, y los ciclos de expansión y contracción, poblamiento y despoblamiento que han caracterizado la historia de Atacama. La explotación moderna de Potrerillos se remonta a fines del siglo xix, cuando un grupo de pequeños empresarios intentó extraer cobre. Al igual que para otras pequeñas compañías mineras, la falta de capital, tecnología y medios de transporte se convirtió en un obstáculo infranqueable, que solo sería resuelto con la llegada del capital extranjero durante la segunda década del siglo xx. En 1916 comenzó, así, un nuevo ciclo: la construcción de una empresa moderna, la Andes Copper Company, y la inserción de Potrerillos en los circuitos comerciales del capitalismo global. Sin embargo, a mediados de la década de 1940, el agotamiento de la mina era evidente y la empresa comenzó a reducir sus actividades, proceso que culminó en 1959 con la inauguración de un nuevo yacimiento, El Salvador, y el cierre y abandono de la antigua mina y su campamento2.
Mapa 1. Provincia de Chañaral, donde se localiza la Mina Vieja

Fuente: elaborado por Claudio Hahn.
Sí en las narrativas de la empresa, el abandono de la Mina Vieja aparece como un hecho anecdótico, invisibilizado por el optimismo que generaron El Salvador y la continuidad de la producción en la fundición de Potrerillos, proponemos que este episodio es crucial para comprender los ciclos extractivistas y sus consecuencias sociales, económicas y ambientales. Frente a la actual crisis ecológica, Anna Tsing se pregunta: “¿Qué surge en los paisajes dañados, después de la promesa industrial y la ruina?”. En los bosques de pino del Estado de Oregón, lo que describe como “un paisaje industrial en ruinas”, Tsing encuentra que no solo los valorados hongos matsutake crecen con facilidad, sino que distintos grupos de personas, gran parte de ellos originarios del Sudeste Asiático, se instalaron allí y se dedican a su recolección3. Si bien es cierto, señala la autora, que la ruina abre la posibilidad de reclamar o reimaginar un territorio y pensar nuevas alternativas de vida y producción, tanto los legados (ambientales, materiales, sociales) del ciclo industrial como así también la permanente transformación de las formas de explotación y extracción capitalista constriñen su futuro.
Tomando como punto de inicio la propuesta analítica de Tsing y a partir de fuentes de archivos y periódicos, este artículo reconstruye la historia de la mina de Potrerillos después de la partida de la Andes Copper en 1959. Al terminar el periodo de extracción industrial (1926-1959), la mina de Potrerillos, ahora llamada Mina Vieja, despojada de sus grandes riquezas, perdió valor para la empresa capitalista moderna y fue desechada. La Mina Vieja, denunció el diputado comunista Hugo Robles en 1969, “es uno de los despojos de la compañía norteamericana Andes Copper Mining Company”4. En otras palabras, retomando el concepto de Tsing, un paisaje industrial en ruinas. Mientras toda la atención pública estaba puesta en la construcción de un nuevo paisaje industrial, la mina y el campamento modernista El Salvador, diversos grupos de trabajadores artesanales provenientes de los empobrecidos poblados de Atacama comenzaron a ocupar el lugar. Sobre las ruinas del antiguo campamento se erigieron habitaciones precarias y, en los piques abandonados, los pirquineros buscaron una forma de sostener a sus familias.
En primer lugar, este artículo argumenta que las experiencias de los pirquineros en la Mina Vieja estuvieron moldeadas por la larga historia de despojo y destrucción causados por la Gran Minería industrial en Atacama, un sistema de explotación que, como señala Gabrielle Hecht para el caso de Sudáfrica, “trata a las personas y los lugares como desechos y vertederos”5. Las condiciones en la Mina Vieja fueron siempre precarias, no solo porque los pirquineros carecían de la tecnología, el capital o los medios necesarios para su explotación, sino, sobre todo, por los legados del despojo y el abandono industrial. Por un lado, la peligrosidad de la mina, la frecuencia de los accidentes, las precarias condiciones materiales de vida y un paisaje posindustrial eran resultado del ciclo de explotación y abandono iniciado por la Andes Copper en 1917. Por otro lado, las dificultades económicas y productivas que enfrentaron los pirquineros durante todo el periodo fueron consecuencia de cómo la gran empresa mantuvo el control de las cadenas de producción, abastecimiento y transporte, y continuó usufructuando las ganancias a través del sistema de arriendo.
En segundo lugar, este artículo propone que, a pesar de las condiciones de explotación y precariedad, los pirquineros construyeron una comunidad laboral anclada en experiencias comunes de trabajo, riesgo y migración, lazos de solidaridad que se extendían más allá de los lugares de trabajo e incluían a las distintas comunidades mineras de la región de Atacama. La historiografía social ha reconocido la importancia de estudiar a las comunidades obreras dentro y fuera del espacio tradicional de trabajo y comprender, desde lo local, cómo las condiciones y relaciones de producción influyen en la configuración de los espacios sociales y cómo las comunidades habitan y transforman estos espacios6. En el caso de la minería, estas experiencias estaban marcadas también por el riesgo, el aislamiento, la influencia de las empresas sobre la vida diaria y la sobreposición de los espacios de vida y trabajo. En la Mina Vieja, los pirquineros, junto a sus familias, formaron una comunidad laboral; a través de sindicatos, cooperativas y diversas instituciones sociales, deportivas y políticas, lucharon por mejorar las condiciones de vida, trabajo y producción y llegaron a apreciar un paisaje que otros consideraban marginal y peligroso. Frente a los esfuerzos de las autoridades para cerrar la Mina Vieja, sus habitantes argumentaban que esta no solo era su fuente de trabajo legítima, sino también su hogar y, con ello, reclamaban su derecho a decidir su destino.
En términos más amplios, este artículo contribuye a repensar la relación entre un enclave extranjero (en este caso, la Gran Minería del Cobre7) y su entorno. En la década de los sesenta, los teóricos de la dependencia acuñaron el término enclave económico para referirse a las formas en que las empresas extranjeras extraían y exportaban recursos naturales sin establecer vínculos con la región que las albergaba. Con el tiempo, la historiografía ha ido matizando el concepto y prestado mayor interés a los contactos y las redes sociales, laborales y políticas, más allá de la gran empresa8. La inserción de faenas de tipo artesanal y precarias dentro del territorio de una empresa minera industrial, como es el caso de la Mina Vieja, sugiere cómo se superponen distintos modos de explotación y trabajo en un enclave minero y muestra los vínculos, formales e informales, entre la empresa y su entorno9. Si bien, en muchos casos, estas prácticas son vistas como residuos de procesos de proletarización y modernización que con el tiempo desaparecen, casos como la Mina Vieja sugieren que son inherentes a las formas de explotación capitalista que lleva a cabo el gran centro industrial10. Tal como propone Kieran Gilfoy para el caso de Las Bambas en los Andes peruanos, la empresa acepta o tolera explotaciones en forma artesanal en la periferia de sus faenas como una forma de mitigar el conflicto y, de esta forma, permite que dicha explotación “funcione sin tropiezos”11.
Las condiciones de aislamiento marcaron la historia de la mina de Potrerillos. El yacimiento está ubicado a 3.250 metros sobre el nivel del mar, en la cordillera andina de la actual región de Atacama y a solo 120 kilómetros de la costa del Pacífico. El mineral que se encontraba allí es de tipo cuprífero porfídico, con una distribución geológica en forma de medialuna, y estaba a cerca de 450 metros de profundidad12. Andes Copper, subsidiaria de Anaconda Copper Company, adquirió los derechos de explotación del yacimiento en 1916 y, luego de un complejo proceso de construcción, la mina comenzó a producir en 1927. Para garantizar la producción, la empresa norteamericana estableció un complejo minero industrial portuario unido por un moderno ferrocarril que pudo superar todas las dificultades que impuso la geografía andina. Asimismo, la explotación, la producción y el transporte de cobre descansaban sobre un complejo habitacional y laboral que contó con una red de campamentos que tenía como centro neurálgico Potrerillos, donde se encontraban la fundición y las oficinas centrales. Sin embargo, a pesar del férreo control de la empresa, sus bordes siempre fueron porosos y los campamentos formaban parte de la geografía social de Atacama y sus caminos que atravesaban quebradas y cuestas13.
El sistema de explotación industrial transformó radicalmente el paisaje. Andes Copper utilizó el método de block caving, o hundimiento a grandes bloques, que consistía en extraer altos volúmenes de mineral a partir de la tronadura y el colapso de la base del yacimiento en forma sistemática. Este sistema producía un hundimiento de la tierra, por lo cual la mina estaba ubicada bajo el campamento. Además, como existía muy poco terreno para la construcción del poblado, se utilizaron los desechos de tierra y roca que salían de la construcción de las galerías y túneles, los cuales se fueron depositando en la quebrada14. Estos restos fueron compactados con maquinaria especializada y serían el lugar donde se instalarían las viviendas y los servicios.
Durante sus años de apogeo, el mineral de Potrerillos fue un polo de atracción y generó una riqueza que en gran parte quedó en manos del capital extranjero. Sin embargo, a mediados de la década de 1940, la mina comenzó a mostrar signos de agotamiento y muchos temían el fin de esta y de todo el complejo industrial que la sostenía. El descubrimiento de un nuevo yacimiento, El Salvador, a solo unos 60 kilómetros, permitió el inicio de un nuevo ciclo de prosperidad. El Salvador comenzó a producir a mediados de 1959, y al mismo tiempo se inició el traslado de los mineros y sus familias desde la mina a un campamento de toque modernista que atraería la atención de arquitectos15. El cierre definitivo del campamento se dio a inicios de 1961, cuando partieron las últimas familias. Conjuntamente, los edificios fueron desmantelados, con excepción de algunos que quedaron para los trabajadores de una mina de sílice que estaba en las cercanías16.
El proceso de reocupación de la ahora llamada Mina Vieja y sus zonas aledañas formaba parte de las estrategias de sobrevivencia en la provincia de Atacama. Las actividades extractivas y agrícolas eran inestables y dependían de los precios de los minerales o efectos climáticos; así, las poblaciones se desplazaban, y habitaban y trabajaban, en forma temporal, en distintos espacios mineros. Como parte de estos ciclos extractivos y de poblamiento y despoblamiento, a fines de los años 1950, el intendente de Atacama señalaba que “se fueron instalando personas que explotaban las labores que para la Empresa eran improductivas por no ser numerativo el capital empleado”17. De acuerdo con el intendente, estos pirquineros trabajaban “libremente”, sin autorización de la Andes Copper, y, para evadir los controles, sacaban los minerales por la Cuesta de El Hueso18. La empresa siempre mantuvo los derechos de explotación de la Mina Vieja y quizás, para regularizar la situación, impedir conflictos u obtener un mayor provecho, en 1963 la entregó a Augusto Fuentes Soto, un viejo conocido de la Andes Copper, empresario de Pueblo Hundido, y que había trabajado en la construcción del El Salvador19.
Augusto Fuentes recurrió a las formas tradicionales de trabajo minero y llegó a contar con casi cuatrocientos pirquineros que trabajaban a base de regalías20. El sistema de regalías, también conocido como el contrato a pirquén, consistía en la explotación de un yacimiento o parte de él, de común acuerdo con el propietario; los pirquineros se empleaban de forma libre o bajo la dirección de un administrador o contratista y, del total de mineral extraído, se les descontaba una parte, una regalía por concepto de arriendo21. Este arreglo —en la Mina Vieja la regalía variaba entre un 10 % y un 15 % de la producción entregada— encubría una serie de abusos y, a pesar de los esfuerzos del Estado por mejorar las condiciones económicas de los pequeños mineros, era una forma de explotación. Para la senadora comunista Julieta Campusano, la regalía “no es otra cosa que la absorción de las últimas reservas del aliento del pirquinero”22.
Al igual que otros mineros artesanales, los pirquineros trabajaban de forma manual, sin medios mecanizados, sin contar con huinches, correas transportadoras, tornos o pequeños trapiches23. Se internaban en la profundidad de las galerías y golpeaban la roca para extraer el mineral; así, las galerías eran labradas en forma irregular y, posteriormente, los encargados de la extracción transportaban en capachos la roca hasta la superficie, donde se depositaba en terrenos aledaños, también llamados canchas. El proceso de molienda era manual, y los pirquineros seleccionaban las rocas para establecer la cantidad y calidad de cobre, también llamada ley. Los métodos de trabajo se basaban en una larga tradición y un conocimiento que era traspasado de generación en generación. En 1971, Fernando Balmaceda filmó las condiciones de trabajo en la Mina Vieja; en su documental se pueden apreciar el enorme esfuerzo físico, la falta de herramientas y las condiciones ambientales extremas24.
El contrato a pirquén permitía al empresario desligarse del proceso de producción, lo que dejaba a los pirquineros vulnerables frente a todo tipo de adversidades. En la Mina Vieja, la poca claridad respecto a la legalidad de los contratos de arrendamiento agudizó los problemas, los riesgos y el abandono, tanto en las condiciones de trabajo como de vida. Por ejemplo, Fuentes no instaló servicios básicos ni entregó ningún tipo de asistencia técnica de tipo industrial, de seguridad o de explotación minera. En la Mina Vieja, señalaba la Revista Sindical Chilena, “se ha vuelto muchas décadas atrás. Ni en el siglo pasado se explotaba minerales en la primitiva forma que se hace en ese lugar”25. Las condiciones eran deplorables y las ganancias escasas. Los ingresos dependían de la calidad y cantidad del cobre hallado, pero no era raro que hubiese periodos en que “los mineros no encuentran vetas que contengan un mínimo de ley de fino y se gasta en ‘correr cerro’. Esto quiere decir que no se encuentra metal, sino tierra”26. Todos los accesos eran
controlados por la Andes Copper y la falta de medios de transporte propios dificultaba y encarecía el abastecimiento de suministros básicos y la entrega de mineral a las agencias de compra de la Empresa Nacional de Minería (Enami) 27.
Al igual que en otras faenas mineras, en la Mina Vieja convivían distintas formas de trabajo y relaciones de producción y dependencia, con variados grados de informalidad. Fuentes no solo subarrendó el yacimiento a los pirquineros independientes, sino también utilizó el sistema de administración, en el cual trabajaban entre veinticinco y treinta obreros, la mayor parte de ellos en la planta de lixiviación ubicada en el sector llamado Intermedio —a 11 km de la mina— y el resto en labores de extracción. Fuentes también tenía una segunda planta de lixiviación llamada Santa Hortensia, ubicada en la localidad de Pueblo Hundido. Según el Anuario de la Minería, Fuentes trabajó las plantas de lixiviación entre 1965 y 1971, con una capacidad diaria para tratar 80 toneladas de mineral28. Si bien los trabajadores eran obreros contratados (no pirquineros independientes), los abusos eran comunes y existían múltiples denuncias de no pago de salarios e imposiciones. Por ejemplo, La Nación lo acusó de mantener el número de obreros bajo el límite mínimo para formar sindicato y de obstruir cualquier tipo de esfuerzo organizativo29.
La realidad social y las condiciones materiales de los pirquineros en la Mina Vieja no solo reflejaban la precariedad de la minería artesanal, sino también el daño causado durante décadas por las formas de explotación implementadas por la Andes Copper. A la Mina Vieja, relata el diputado radical Manuel Magalhaes, “la despojaron de todos sus atuendos; de dicho campamento no quedó nada, salvo la mirada hacia el infinito del enorme cráter, que todavía entrega, con generosidad, lo poco y nada que queda del rojo metal”30. Los pirquineros y sus familias se instalaron en las ruinas del antiguo campamento y construyeron ranchas a partir de materiales rescatados. De acuerdo a Enami, “la realidad social” en el sector era “deplorable” y no había “campamento, retén, policlínico, pulpería, profesores, agua, energía eléctrica, alcantarillado, etc.”31. En 1970, la población, incluyendo mujeres y niños, fluctuaba entre los ochocientos y los mil habitantes, que “viven en condiciones subhumanas y con mucha inseguridad en el trabajo”32. Si bien existieron esfuerzos por mantener una escuela primaria, la mayoría del tiempo estuvo abandonada y sin personal.
Hacia fines de la década de 1960, la Mina Vieja era una comunidad laboral marcada por la precariedad, la informalidad y la explotación que caracterizaban el trabajo de los pirquineros en la provincia de Atacama. A pesar de los esfuerzos por trabajar el mineral abandonado y generar ingresos suficientes para mantener a sus familias, el riesgo, la falta de seguridad en las faenas y el deterioro del yacimiento causado por Andes Copper amenazaron con destruir el sueño de los mineros artesanales.
En toda la provincia de Atacama, las condiciones laborales y de seguridad eran precarias. Entre los accidentes más comunes se contaban derrumbes, fallas mecánicas, precipitación al vacío y explosiones. La peligrosidad del trabajo se agudizaba por la falta de inspección y la desprotección legal en que se encontraban los pirquineros. Como señala un informe de la Oficina Internacional del Trabajo (oit) realizado en 1958, “estas minas escapan […] del modo más completo, a la inspección, y el Estado se ve, por lo tanto, privado de los medios necesarios para imponer en las mismas la observancia de las disposiciones de seguridad y de higiene”33. Una década más tarde, los servicios de seguridad continuaban siendo insuficientes, y en promedio existía un técnico del Servicio de Minas del Estado por 17.180 mineros34. La falta de medios de transporte también limitaba las posibilidades de responder a cualquier emergencia. Por ejemplo, durante el accidente de 1969 que se relata más adelante, el diputado Raúl Barrionuevo denunció que “los funcionarios del Departamento de Minas del Estado tuvieron que ir hasta la mina en mi camioneta, debido a que no tienen ningún vehículo”35.
A la falta de medidas de seguridad se unía la desprotección legal en que se encontraba gran parte de los pirquineros. Como trabajadores independientes no tenían las protecciones establecidas en el Código del Trabajo y, si bien podían inscribirse en el Servicio de Seguro Social como asegurados independientes, muchos no lo hacían. En 1966, cuando el Senado debatía una reforma de la seguridad social, Julieta Campusano volvió a referirse al abandono en que se encontraban los pirquineros, a quienes describió como “huérfanos de previsión, sin posibilidad de una vejez medianamente tranquila, obligados a trabajar hasta que el cuerpo aguante, y después a deambular viviendo casi de la limosna”36.
No todos los accidentes eran fatales, pero el riesgo era parte de la cotidianidad del trabajo y deja entrever las condiciones de precariedad que afectaban a los trabajadores de la pequeña y la mediana minería. Las lesiones podían causar la pérdida temporal de la habilidad de trabajar o, en casos más graves, una incapacidad permanente. Según las estadísticas proporcionadas por el Anuario de la Minería, los dedos, las manos y las piernas, esenciales para el trabajo manual, eran los órganos lesionados con mayor frecuencia en las faenas mineras37. La experiencia de quedar atrapado era también parte de la vida minera. Los derrumbes eran frecuentes, e incluso cuando los trabajadores se encontraban en una zona estable, de refugio o con una bolsa de aire, el nivel de oxígeno se agotaba con rapidez y las labores de rescate corrían contra el tiempo. Por ejemplo, el 14 de noviembre de 1968, se produjo un derrumbe en la entrada o bocamina de un sector de la Mina Vieja llamado Mina Honores, que atrapó a dos trabajadores y los mantuvo enterrados con vida durante seis horas38.
Históricamente, los accidentes del trabajo eran también una oportunidad para visibilizar las condiciones de riesgo, desprotección y vulnerabilidad en las faenas mineras y, en algunos casos, motivar la intervención del Estado39. En el Congreso nacional, sugiere Diego Ortúzar, las “tragedias” se convertían en “objeto de debate”40, mientras que la prensa publicaba las imágenes del rescate, las viudas, los cuerpos y los funerales. Pero si, en el caso de los grandes complejos mineros, el énfasis estaba en la responsabilidad de la empresa y, por tanto, la solución consistía en la compensación económica de las víctimas y en la implantación de medidas técnicas, el caso de la pequeña minería artesanal era más complejo y dejaba entrever los límites de la acción estatal.
El accidente de fines de junio de 1969, por su gravedad y la coyuntura política de esos años41, se convirtió en un punto de inflexión en la historia de la Mina Vieja. En la mañana del 30 de junio, un derrumbe a la entrada del pique dejó atrapados a nueve pirquineros en la zona Ventilador. Durante tres días, más de cuatrocientos pirquineros que habitaban la zona, dos ingenieros del Servicio Nacional de Minas, organismo del Estado encargado de la seguridad minera, personal de Carabineros, con el apoyo material de Andes Copper, trabajaron para rescatar a los pirquineros. El 2 de julio se logró el rescate con vida de cuatro de los trabajadores sepultados, pero ese mismo día se produjo un nuevo derrumbe que terminó por sepultar a los cinco trabajadores que aún no habían sido rescatados. A pesar del riesgo de nuevos derrumbes, los pirquineros no quisieron abandonar las labores de rescate ni la zona hasta que no se hubiese recuperado los cuerpos de sus compañeros, lo que no ocurrió hasta el 15 de julio42.
El accidente cobró la vida de cuatro pirquineros y un trabajador, Juan Meneses, que ayudaba en las labores de rescate43. Los funerales mostraron una comunidad dolida pero cohesionada, y rituales y organizaciones que distaban mucho de la imagen de marginalidad que mostraban las autoridades. El cortejo fúnebre fue encabezado por Pedro Castillo, dirigente de los pirquineros, quien portaba el mástil del club deportivo Unión Mina fundado por Sergio González, uno de los fallecidos44. Los restos de los mineros fueron enviados a las distintas localidades de origen: Salamanca, Varilla en Elqui y Freirina.
El derrumbe de fines de junio causó conmoción en la provincia de Atacama y la noticia llegó a la prensa nacional y fue tratada tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. El debate se concentró en las características de la minería artesanal y sus riesgos, dejando en evidencia los múltiples problemas que afectaban a los pirquineros y la necesidad de fortalecer la presencia del Estado. Asimismo, el hecho de que los pirquineros trabajaran el llamado “despojo” del gran capital extranjero no pasó desapercibido y adquirió especial importancia en el contexto de las discusiones sobre la chilenización y nacionalización del cobre. Estas intervenciones descansaban en una larga historia de contactos entre las comunidades mineras, los sindicatos y los partidos políticos.
Las declaraciones de Julieta Campusano en el Senado sugieren la importancia que tuvo la tragedia de la Mina Vieja. Ella había visitado el lugar en numerosas ocasiones y conocía de cerca los problemas que aquejaban a la minería artesanal. El 8 de julio, señaló: “La inseguridad, la falta de respeto por el ser humano, la falta de trabajo, la lucha por el pan, que tantas veces hemos denunciado aquí, fueron los causantes de este asesinato”. En su intervención, la senadora aprovechó para denunciar las malas condiciones de vida y de trabajo y los abusos del sistema de regalías, argumentando la necesidad de eliminar la figura del contratista e incrementar la presencia del Estado. Para Campusano, la “tragedia” no era un “hecho aislado” ni tampoco “producto del azar”, y, por ende, la solución radicaba en crear nuevas y mejores oportunidades de trabajo, solucionar el problema de la seguridad y, sobre todo “desarrollar una política minera auténticamente nacional y progresista”45.
Frente al desamparo legal de los pirquineros, se buscaron distintas soluciones políticas y administrativas. Durante el mes de julio, la Cámara de Diputados envió una serie de oficios a diversas autoridades estatales: al Ministerio de Minería se encargó la investigación de las causas del accidente; al Ministerio de Salud se solicitó garantizar la atención de los pirquineros en el Hospital de Potrerillos, y al Ministerio de Vivienda, la búsqueda de una solución habitacional para las familias de las víctimas. Asimismo, se tramitó una pensión para los deudos de los fallecidos, e incluso se comenzó a debatir la necesidad de que el Estado se hiciera cargo de las faenas y promoviera la formación de una cooperativa46. Asimismo, dos de los pirquineros sobrevivientes del derrumbe fueron contratados en la Fundición Nacional Paipote, ubicada en Copiapó, medida que buscaba reparar el daño que habían sufrido por el accidente, así como también premiar el esfuerzo y evitarles nuevos riesgos47.
El accidente se produjo en una época de profundos cambios políticos, sociales y económicos. Como analizamos en la próxima sección, el proceso de chilenización iniciado a mediados de los años sesenta comenzó a desmantelar el poder de las empresas extrajeras, mientras que las medidas de fomento a la mediana y la pequeña minería abrían nuevas oportunidades para expandir el rol del Estado. Si bien la gran y la pequeña minería eran consideradas sectores distintos y sujetos a leyes y políticas diferentes, en Atacama los espacios se sobreponían. Así lo sugiere el diputado socialista Luis Aguilera en una sesión en la que, si bien era sobre el impacto de la sequía en la zona norte, no dudó en mencionar los problemas de los pirquineros y la falta de protección y de previsión. Para Aguilera la solución era que “todas aquellas minas abandonadas, en especial por la Anaconda, vuelvan al Estado y éste pueda entregarlas a los pirquineros”48; de este modo sugería que no todas las propiedades de Anaconda eran parte de la Gran Minería del Cobre.
En vísperas del triunfo de la Unidad Popular (up), en 1970, los problemas que aquejaban a los trabajadores de la Mina Vieja adquirieron mayor visibilidad y atrajeron la atención del Estado y sus instituciones. Desde el accidente de 1969, la antigua mina de Potrerillos estaría en la mira de los funcionarios públicos y servicios de seguridad minera, así como también de los dirigentes políticos y sindicales de la región, quienes visitarían con frecuencia el antiguo yacimiento. No obstante, estas formas de intervención pública tenían un fuerte elemento asistencialista que buscaba fomentar la producción de la pequeña minería y resolver problemas sociales, pero no consideraba a los pirquineros como actores sociales y productores propios. Esta tensión entre asistencialismo y autonomía productiva estará en el centro de los conflictos durante los años de la up.
Desde mediados de los años sesenta, los procesos de chilenización (1969-1971) y nacionalización de la Gran Minería del Cobre (1971), la expansión de Enami y una creciente preocupación por la realidad del trabajo pirquinero tuvieron un fuerte impacto en la provincia de Chañaral49. Sus habitantes no permanecieron ajenos a los debates y la polarización política de la época, y gran parte de las demandas locales de mejoramiento de las condiciones de vida y trabajo como así también el conflicto histórico con el capital extranjero encontraron resonancia en el programa de la up. Fue una época de grandes cambios, que muchos, sobre todo las familias de pirquineros y trabajadores estacionales e informales que vivían en los pequeños poblados mineros de la zona, vieron como un periodo de esperanza y empoderamiento. Así lo recuerda Edith, hermana de Rafael Araya Villanueva, pirquinero y militante del Partido Comunista que figura en la lista de detenidos de- saparecidos de Atacama: “Cuando llegó el gobierno de la Unidad Popular hubo más justicia social […] era una época más feliz”50.
La respuesta oficial a los problemas que aquejaban a la Mina Vieja se insertó en el discurso de la época, pero, a diferencia de otros casos de pequeña minería de esos años, su derrotero tuvo aspectos singulares que provenían de su dependencia de la Gran Minería del Cobre, tanto en la producción como también en los lazos sociales y políticos, y las características únicas del yacimiento. De esta forma, la antigua mina de Potrerillos no solo reflejaba los problemas históricos que enfrentaban los pirquineros de Atacama, tales como el acceso a capital, transporte y centros de compra, sino además la compleja relación entre dos formas de producción que se rozaban. Por ello, cualquier solución requeriría de la participación de la empresa, que no solo era dueña del antiguo campamento y del yacimiento, sino además controlaba los accesos y medios de transporte. Asimismo, fueron los propios pirquineros y sus familias, organizados en sindicatos y en cooperativas, quienes articularon una serie de demandas a Cobresal, esperando que esta pudiese responder a sus problemas más urgentes o actuar como intermediaria en sus negociaciones con Enami y otros agentes estatales.
Desde fines de los años 1960, las cooperativas mineras se habían convertido en una de las respuestas del Estado chileno a los problemas que aquejaban a la pequeña minería, tales como la falta de tecnología y capital, los altos costos de transporte y procesamiento de mineral, y las dificultades de acceder a los mercados. Durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970), el cooperativismo era también una respuesta a los problemas sociales y, junto a otras organizaciones sociales, como los centros de madres y las juntas de vecinos, buscaban dar organización a sectores considerados marginales y mejorar su situación económica. Con el apoyo del Estado y amparadas por un nuevo marco legal, se formaron las primeras cooperativas mineras a fines de los años 1960, aunque muchas de estas experiencias iniciales se limitaron a la compra de insumos, bienes u otros servicios que se requerían para la producción51.
El cooperativismo minero también encontró espacio en el programa de la up, pues fue visto como una forma de poder y autogestión obrera, trabajo colectivo, y una respuesta al problema social y económico de los pirquineros52. Durante los dos primeros años de gobierno, señalaba Eduardo Matta (vicepresidente ejecutivo de Enami) a la revista Punto Final, el número de cooperativas mineras creció de 6 a 100 organizaciones, de 150 a 3.700 pirquineros. Bajo el gobierno revolucionario, concluía la revista, “la cooperativa cambia paulatinamente la mentalidad individualista del pirquinero, que durante más de un siglo trabajó prácticamente solo, sin ninguna perspectiva”53. En Atacama, el cooperativismo minero se expandió con rapidez desde las cooperativas que comenzaron a explotar desde los relaves del río Salado hasta pequeños yacimientos.
En la Mina Vieja, las primeras referencias a la posibilidad de formar una cooperativa aparecieron en 196954. Para muchos, el accidente de junio de 1969 había sido producto de la negligencia de la empresa Andes Copper y del contratista/arrendatario a cargo de las faenas, Augusto Fuentes; por lo tanto, solucionar el problema de seguridad pasaba por eliminar el sistema de arrendamiento imperante y reemplazarlo por uno de cooperativas bajo el control de Enami. A comienzos de diciembre de 1970, el Ministerio de Minería organizó una reunión que incluyó a las autoridades de la empresa, representantes de Enami, dirigentes obreros y autoridades locales55. En esta ocasión se acordó terminar con el contrato que se mantenía con Fuentes, formar una o más cooperativas bajo la supervisión de Enami e incorporar a Cobresal como uno de los agentes colaboradores. En los meses siguientes —a lo que las autoridades llamaron un periodo “intermedio”—, Enami asumió la dirección de la mina, tanto en sus aspectos técnicos como administrativos56.
En marzo de 1971, Fuentes hizo entrega de las instalaciones de la Mina Vieja, incluyendo la planta de lixiviación, que serían traspasadas “a la Cooperativa [Unión] cuando estén listos los aspectos legales”. En las fuentes disponibles no queda claro cuándo o cómo se realizaron dichos trámites, pero la cooperativa recibió un crédito inicial de Enami de 150.000 escudos para comprar una pala. Sin embargo, en agosto de 1971, la planta aún no lograba operar con normalidad, informaba el ingeniero provincial de Enami, “debido al mal estado de los equipos de maquinarias e instalaciones”. A fines de 1971, se autorizó un nuevo préstamo por igual cantidad para la compra de maquinaria y para pagar jornales57. La Cooperativa Libertad se organizó entre fines de 1971 y 1972 y reunió a los pirquineros, muchos de los cuales eran parte del Sindicato Profesional de Mineros Pirquineros de Inca de Oro, Centro de Trabajo Mina Vieja. Sin embargo, no queda claro en las fuentes si esta segunda cooperativa logró regularizar su estatus y obtener personalidad jurídica o si funcionaba “más bien de hecho”, práctica común en la provincia de Atacama58.
La nacionalización de la Gran Minería del Cobre en julio de 1971 y su paso al Área de Propiedad remecieron los cimientos de las formas tradicionales de producir, trabajar y habitar los espacios mineros59. En la medida en que estos cambios fueron derrumbando los muros que habían caracterizado el sistema de enclave construido por las empresas extranjeras, la nacionalización tuvo un impacto más allá de los campamentos y se empalmó con otros procesos de transformación económica y social que provenían de sectores con su propia historia, experiencias de vida y demandas, como eran los pirquineros de la pequeña minería. Dentro de los límites de esos años, Cobresal intentó establecer una nueva relación con su entorno, las autoridades y la población local, y eliminar una serie de prácticas de explotación, como era el caso de los subcontratistas, que se habían enraizado durante el periodo norteamericano.
Entre 1971 y el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, la comunidad de la Mina Vieja luchó en forma activa por mejorar las condiciones de trabajo y de vida, estableciendo una relación más fluida con las autoridades locales. En diciembre de 1971, Cobresal y personal médico visitaron la Mina Vieja para escuchar sus problemas y demandas. Ahí se reunieron, señala Andino, con “representantes del Centro de Madres, Juntas de Vecinos, de las Cooperativas ‘La Unión’, que integran 33 trabajadores fundamentalmente de la Planta, de la Cooperativa de Pirquineros, y dirigentes Sindicales de Mina Vieja”60. Esta larga lista de organizaciones refleja la riqueza y
heterogeneidad del tejido social y asociativo de los pirquineros. Mientras las cooperativas señalaron la importancia de obtener su personalidad jurídica, aún en “trámite”, medios de transporte y créditos para poder producir, las mujeres luchaban por obtener atención médica y mejorar la educación.
La formación de las cooperativas Libertad y La Unión no logró solucionar del todo los problemas técnicos, de transporte ni los costos de producción que afectaban a los pirquineros. Un informe de marzo de 1972 enfatizaba las condiciones “inhumanas de explotación, falta de factores de seguridad en el trabajo, forma en que se desarrollan su vida los obreros, en viviendas con absoluta falta de las mínimas condiciones higiénicas, y promiscuidad negativa para los niños”. Asimismo, los trabajadores señalaban que los ingresos y la compensación económica que recibían eran muy bajos y las posibilidades de venta de su producto eran limitadas61. Ese mismo mes murió un trabajador pirquinero en un derrumbe, frente a lo cual el director de seguridad de Cobresal, Hugo Murúa, señaló de forma enfática: “Aquí por ningún motivo deberían existir labores. El cerro está completamente suelto, los pirquineros no tienen los recursos suficientes para apuntalarlo y el trabajar en esas condiciones significa en definitiva un desprecio por la muerte”62. Sin embargo, dejar sin trabajo a los pirquineros tenía un alto costo social y las faenas continuaron sin mayores cambios. En octubre de ese mismo año, el vicepresidente de Enami declaró “que la parte que se está explotando no ofrece ninguna seguridad para trabajarla, por estar operando en la zona de hundimiento que está totalmente quebrada”63.
A pesar de la pobreza y precariedad, los pirquineros eran una comunidad laboral activa que reflejaba las tradiciones asociativas del mundo minero. Así, existieron importantes esfuerzos organizativos, que muchas veces abarcaban desde lo recreativo hasta la lucha por mejores condiciones de producción y la participación política, y que reflejaban los distintos intereses de los trabajadores hombres del sindicato, los jóvenes y las mujeres. El Sindicato Profesional de Pirquineros de Inca de Oro databa de 1940 y en 1971 contaba con 341 socios y dos sedes (Mina Vieja e Inca de Oro)64. El Centro de Madres Isabel Riquelme fue fundado a fines de los años sesenta, y ofrecía un espacio de sociabilidad y encuentro para las mujeres que se extendía a la solución de las necesidades básicas de las familias65. Los clubes deportivos también jugaban un rol importante en la sociabilidad, y en los partidos y campeonatos participaban los equipos de Cobresal. Los nombres de los equipos de fútbol reflejaban las distintas zonas de Mina Vieja e Inca de Oro e trabajo (piques), como el Deportivo Ventilador, el Silica, Túnel y Copiapino; y también había equipos femeninos: Las Lolitas del Hundi y Las Estrellas del Norte. La Unidad Popular también amplió las ofertas culturales, y grupos de teatro, música y bailes visitaron Potrerillos y la Mina Vieja. Asimismo, la Mina Vieja se incorporó a los programas que surgían desde Potrerillos y El Salvador, tanto organizados desde el Gobierno como desde abajo, como los trabajos voluntarios, las campañas de alfabetización y las juntas de abastecimiento popular66.
Imagen 1. Cierre de Mina Vieja

Fuente: Andino, 20 de mayo de 1977, 9.
Con el golpe de Estado de 1973 comenzó el fin de la Mina Vieja y las formas de participación que se habían desarrollado por casi veinte años. En un principio, las actividades de la Mina Vieja fueron toleradas, e incluso el mayor de carabineros Orlando Gutiérrez prometió que se iniciaría “una nueva etapa, la de su dignificación”67, que tenía como eje programas sociales tales como la lucha contra el alcoholismo y mejorías en la atención médica y los servicios educacionales. Sin embargo, la Mina Vieja continuaba siendo un proyecto técnicamente inviable, inseguro y costoso68. En enero de 1978, se anunció la suspensión de todas las actividades de la Mina Vieja y el abandono del lugar por sus habitantes69.
Las fuentes no mencionan el destino de las cooperativas ni de sus bienes, si estas fueron formalmente disueltas o si nunca lograron constituirse formalmente y desaparecieron. El sindicato intentó sin éxito ajustarse a los cambios en la legislación laboral impuestos por la dictadura militar, pero eventualmente fue disuelto a comienzos de los años ochenta. Qué pasó con los pirquineros y sus familias es aún más incierto, pues sus voces se dispersaron con el cierre de 1978. Algunos comenzaron a partir en los días posteriores al golpe, ya fuera por temor o buscando mejores oportunidades laborales. Muchas familias se instalaron probablemente en Pueblo Hundido, ahora Diego de Almagro, o llegaron a ciudades más grandes, donde las condiciones de trabajo y vida continuaron siendo precarias.
Conclusiones
En la Mina Vieja se entrelazan muchas historias, una suerte de microcosmos que nos permitió observar la formación de una comunidad pirquinera y sus relaciones con los grandes empresarios y las autoridades políticas. Tomando como punto de partida el concepto de paisaje dañado de Anna Lowenhaupt Tsing, analizamos cómo los pirquineros construyeron una comunidad laboral en un espacio abandonado y destruido. Las condiciones eran precarias y se agravaban por las características del yacimiento (una mina explotada en forma industrial y por el sistema de block caving), la presencia de Andes Copper (subsidiaria de Anaconda Copper Company) y el poder de los empresarios contratistas locales.
A partir de fines de los años 1960 y hasta el golpe militar de 1973, la presencia del Estado, tanto de la mano de Cobresal como de Enami, creó una relación más fluida con los pirquineros, y las condiciones de vida y el acceso a infraestructura social (servicios médicos y educación) mejoraron. Uno de los esfuerzos más importantes fue la formación de cooperativas de producción, a través de las cuales los pirquineros pudieron acceder a créditos y asistencia técnica, lo que vino a complementar las gestiones ya realizadas por ellos en cuanto a la mejora de sus condiciones de vida y permitió visibilizar la capacidad organizativa de los trabajadores. Sin embargo, los problemas de producción y seguridad no eran de fácil solución, los accidentes continuaron y la producción fue siempre limitada.
La historia de los pirquineros de la Mina Vieja nos invita a repensar la relación entre la Gran Minería del Cobre y la minería artesanal, formas de producir, organizar la producción y trabajar que han sido analizadas como opuestas. En este caso, los pirquineros ocuparon un territorio dentro de la Gran Minería del Cobre y mantuvieron contactos con sus trabajadores, personal técnico y autoridades. Si bien las fuentes no nos permitieron establecer con exactitud el origen o las trayectorias laborales de los pirquineros, algunas dejan entrever, de manera somera, que existía una circulación de la mano de obra, ya fuera por motivos políticos o laborales (despidos), o estrategias personales y familiares.
Finalmente, este artículo muestra la importancia de estudiar las prácticas y vínculos sociales, políticos y laborales de las comunidades pirquineras modernas que dan cuenta de la complejidad de las relaciones sociales en espacios productivos y extractivos. Por ejemplo, la comunidad de la Mina Vieja no estaba al margen de los grandes procesos políticos y buscó, a través de las cooperativas, la participación sindical, los lazos con parlamentarios y la formación de organizaciones sociales, una forma de expresar sus demandas y mejorar las condiciones de vida y producción. Si bien sus historias han sido silenciadas por narrativas que se han enfocado en actores más sindicalizados y políticamente influyentes, señalamos que los pirquineros de la Mina Vieja son un sujeto central para comprender las historias de la minería en Chile.
Bibliografía
Fuentes primarias
Archivos
Publicaciones periódicas
Material audiovisual
Fuentes secundarias
❧ Este artículo se deriva de la investigación sobre comunidades mineras en el norte de Chile. Fue posible gracias al financiamiento otorgado por el programa de pasantía de la Universidad de Santiago, Chile; por la Office of Research, Scholarship, and Creative Activities (rsca) de California State University, Los Ángeles, y por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, Chile, Subdirección de Capital Humano, Doctorado Nacional, folios: 21240091 y 21221332.
1 Milton Godoy Orellana, “Minería popular y estrategias de supervivencia: pirquineros y pallacos en el Norte Chico, Chile, 1780-1950”, Cuadernos de Historia, n.o 45 (2016).
2 Sobre Potrerillos y Andes Copper, véanse: María Celia Baros Mansilla, Potrerillos y El Salvador: una historia de pioneros (Santiago de Chile: Corporación Minería y Cultura, 2014); René Cerda Inostroza, La lucha por la nacionalización del cobre: organización obrera, cultura paternalista y socialismo. Potrerillos y El Salvador, 1951-1973 (Santiago de Chile: Talleres Sartaña, 2022); Ángela Vergara, Copper Workers, International Business, and Domestic Politics in Cold War Chile (University Park: Pennsylvania State University Press, 2008).
3 Anna Lowenhaupt Tsing, The Mushroom at the End of the World: On the Possibility of Life in Capitalist Ruins (Princeton: Princeton University Press, 2015), 18.
4 Hugo Robles, Diario de Sesiones del Congreso Nacional, Diputados, 8 de julio de 1969, 1428.
5 Gabrielle Hecht, Residual Governance: How South Africa Foretells Planetary Futures (Durham: Duke University Press, 2023), 31.
6 Un resumen de estos debates se puede encontrar en Mirta Zaida Lobato, ed., Comunidades, historia local e historia de pueblos: huellas de su formación (Buenos Aires: Prometeo, 2021).
7 La Gran Minería del Cobre es una expresión utilizada para referirse a los yacimientos de las dos grandes empresas extranjeras que dominaron el cobre en Chile hasta 1971. Estas incluían las propiedades de Anaconda (Chuquicamata, Potrerillos y El Salvador) y Kennecott Mining Company (El Teniente).
8 Un resumen de estos debates se puede encontrar en Catherine LeGrand, “Historias transnacionales: nuevas interpretaciones de los enclaves en América Latina”, Nómadas 25 (2006).
9 Sobre la relación y el conflicto entre enclaves mineros y comunidades aledañas, véase por ejemplo Víctor Tapia Araya y Luis Castro Castro, “Los pueblos libres de Chuquicamata: su origen y su desarrollo en los albores del ciclo de la Gran Minería del Cobre en Chile (1886-1930)”, Estudios Atacameños 68 (2022).
10 Existe una extensa bibliografía sobre la relación entre minería y comunidades agrícolas e indígenas en el mundo andino, incluyendo los estudios clásicos de Heraclio Bonilla y Carlos Contreras para el caso del Perú. Esta extensa bibliografía ha mostrado los vínculos laborales y comerciales, y también los conflictos en torno a los recursos naturales (como es el caso del agua) o la contaminación del ambiente. Heraclio Bonilla, El minero de los Andes (Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1974); Carlos Contreras, Mineros y campesinos en los Andes (Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1988). Para el caso de Chile, véanse, por ejemplo: Anita Carrasco, El abrazo de la Anaconda: crónica de la vida atacameña, minería y agua en los Andes (Santiago de Chile: Pehuén; CIIR; Centro de Estudios Interculturales e Indígenas, 2023); Matías Calderón-Seguel y Manuel Prieto, “Mining Extractivism, Commodification of Nature and Indigenous Peasantry in the Atacama Desert: The Political Economy of Yareta (Azorella Compacta) in Historical Perspective (1915-1960)”, Latin American Perspectives 51, n.o 1 (2024); Flora Vilches y Héctor Morales, “From Herders to Wage Laborers and Back Again: Engaging with Capitalism in the Atacama Puna Region of Northern Chile”, International Journal of Historical Archaeology 21 (2017).
11 Kieran Gilfoy, “Mechanised Pits and Artisanal Tunnels: The Incongruences and Complementarities of Mining Investment in the Peruvian Andes”, Journal of Latin American Studies 54, n.o 4 (2022), 682.
12 A. B. Parsons, The Porphyry Coppers (Nueva York: The American Institute of Mining and Metallurgical Engineers, 1933), 320-327.
13 Ángela Vergara, “Company Towns and Peripheral Cities in the Chilean Copper Industry: Potrerillos and Pueblo Hundido, 1917-1940s”, Urban History 30, n.o 3 (2003).
14 “Último reportaje a La Mina”, Andino, 7 de enero de 1961, 1 y 8.
15 Vergara, Copper Workers.
16 “Último reportaje a La Mina”.
17 Luis Fuente-Alva Zúñiga, intendente de Atacama, carta a subsecretario del Interior, Copiapó, 29 de abril de 1969, Archivo Nacional de la Administración, Santiago-Chile (Arnad), Ministerio de Minería (mm), 1969, vol. Providencias, 409-643.
18 “Informe jurídico”, Copiapó, 25 de abril de 1969, Arnad, mm, 1969, vol. Providencias, 409-643.
19 Baros Mansilla, Potrerillos, 197-198
20 Sindicato Profesional de Pirquineros de Inca de Oro a ministro de Minería, Inca de Oro, 2 de febrero de 1969, Arnad, mm, 1970, vol. Providencias, 8-291.
21 Godoy Orellana, “Minería”.
22 Julieta Campusano, Diario de Sesiones del Congreso Nacional, Senadores, 23 de junio de 1965, 453.
23 Empresa Nacional de Minería, Departamento Fomento, Sección Cooperativa, “Informe Comisión Mina Vieja de Potrerillos”, diciembre de 1970, Arnad, mm, Oficios, vol. 249.
24 Fernando Balmaceda, dir., Descarte de El sueldo de Chile, documental, Fondo Universidad Técnica del Estado, Subfondo Departamento de Cine y TV UTE, 1971.
25 “Mina Vieja: rasguñando el cerro”, Revista Sindical Chilena, diciembre de 1970, 32.
26 “Mina Vieja: rasguñando el cerro”, 32.
27 La Empresa Nacional de Minería se formó en 1960 por la fusión de la Caja de Crédito Minero y la Empresa Nacional de Fundiciones. Su objetivo fue fomentar la explotación y el beneficio de toda clase de minerales existentes en el país, incluyendo su producción, concentración, fundición y refinación y comercialización. Fue una expresión del fomento a la minería nacional en mediana y pequeña escala, como parte de las políticas desarrollistas implementadas en Chile. Enami, ed., Chile minero: Enami en la historia de la pequeña y mediana minería chilena (Santiago de Chile: Ocholibros, 2009).
28 El Anuario de la Minería menciona a Augusto Fuentes Soto por primera vez en 1965 como dueño de una planta de lixiviación. También aparece en el listado de empresarios de la mediana minería de la provincia de Atacama y con domicilio en Pueblo Hundido. El último boletín que lo menciona es el correspondiente al año 1971. Anuario de la Minería, años 1965-1971.
29 “Acuerdo de Codelco”, La Nación, 3 de diciembre de 1970, 7.
30 Manuel Magalhaes, Diario de Sesiones del Congreso Nacional, Diputados, 8 de julio de 1969, 1430.
31 “Informe Comisión Mina Vieja Potrerillos”, Empresa Nacional de Minería, Departamento Fomento, Sección Cooperativa. Arnad, mm, Oficios, vol. 249, s/p.
32 “Acuerdo de Codelco”, 7.
33 “Informe dirigido al gobierno de Chile sobre la seguridad en las minas”, Programa Ampliado de Asistencia Técnica, Oficina Internacional del Trabajo (oit), 1958, 18.
34 Anuario de la Minería, 1968, 39.
35 Raúl Barrionuevo, Diario de Sesiones del Congreso Nacional, Diputados, 16 de julio de 1969, 1884.
36 Julieta Campusano, Diario de Sesiones del Congreso Nacional, Senadores, 15 de noviembre de 1966, 1399.
37 Los ejemplares del Anuario de la Minería, entre 1962 y 1972, incluían una sección de estadística de accidentes organizados por tipo y tamaño de actividad minera.
38 “Derrumbe en la Mina Vieja de Potrerillos”, Las Noticias de Copiapó, 14 de noviembre de 1968, 5.
39 Sergio Grez Toso, “El escarpado camino hacia la legislación social: debates, contradicciones y encrucijadas en el movimiento obrero y popular (Chile, 1901-1924)”, Cuadernos de Historia, n.o 21 (2001).
40 Diego Ortúzar Rovirosa, “La gestion des risques professionnels au Chili (1900-1960). Histoire sociale et politique de la santé ouvrière dans un État minimal” (tesis doctoral, École des Hautes Études en Sciences Sociales, París, 2023), 371.
41 “La década de 1960 en Chile al igual que en muchos lugares del mundo fue álgida en cuanto a movilización social y política, los diversos movimientos en lucha desembocaron en que en 1970 fuera electo Salvador Allende. Véase, por ejemplo, Jorge Magasich, Historia de la Unidad Popular (Santiago de Chile: lom, 2020).
42 El derrumbe fue informado en “9 obreros pirquineros aterrados en Mina Vieja. Patrulla de rescate trabaja activamente. Pirquineros estarían con vida”, Las Noticias de Copiapó, 1.º de julio de 1969, 1; “Nuevo derrumbe en faenas del rescate”, Las Noticias de Copiapó, 3 de julio de 1969, 1. Véase también “10 mineros atrapados por derrumbe”, La Nación, 1.º de julio de 1969, 7.
43 Los cinco fallecidos fueron identificados como: Sergio González Zepeda (21 años, soltero), Alejandro Rivera Villarroel (21 años, casado), Pedro Antonio Alvarado Pérez (35 años, casado, dos hijos), Juan Segundo Meneses Meneses (28 años, casado, cinco hijos) y Juan Varela Ramos (24 años, casado).
44 “El salario del ñeque”, Revista Vea, 10 de julio de 1969, 14-17.
45 Julieta Campusano, Diario de Sesiones del Congreso Nacional, Senadores, 8 de julio de 1969, 907.
46 “Moción de los señores Magalhaes y Robles”, Diario de Sesiones del Congreso Nacional, Diputados, 8 de julio de 1969, 1424-1425; Diario de Sesiones del Congreso Nacional, Diputados, 15 de julio de 1969, 1706; Raúl Barrionuevo, Diario de Sesiones del Congreso Nacional, Diputados, 16 de julio de 1969, 1881.
47 “Los mineros salvados del derrumbe trabajan en Paipote”, Las Noticias de Copiapó, 4 de agosto de 1969, 1.
48 Luis Aguilera Báez, Diario de Sesiones del Congreso Nacional, Diputados, 23 de julio de 1969, 2221.
49 En junio de 1969, como fruto del acuerdo de nacionalización pactada con Anaconda Copper Co., el Estado chileno asumió el 51 % de Andes Copper, ahora llamada Sociedad Minera El Salvador (Cobresal), y en julio de 1971 fue completamente nacionalizada.
50 Agrupación de Beneficiarios Prais, Historia de los ejecutados políticos y detenidos desaparecidos de Atacama en la dictadura cívico militar de 1973-1990 (Concepción, Chile: Talleres Sartaña, 2019), 201.
51 Manuel Francisco Cartajena Bakovic, La pequeña minería y las cooperativas mineras (Santiago de Chile: Jurídica, s. f.).
52 Hernán Venegas Valdebenito, “El cooperativismo minero como alternativa de organización social y económica en los años de la revolución: Atacama, 1964-1973”, Tiempo Histórico, n.o 5 (2012); Hernán Venegas Valdebenito y Enzo Andrés Videla Bravo, “Sin patrones. Una experiencia obrera de organización laboral: Mina Bateas, Atacama, Chile, 1969-1973”, Estudios Atacameños 67, (2021).
53 “El desarrollo de la pequeña y mediana minería del Cobre. Documento”, Punto Final, enero de 1972, 8.
54 “Andes Copper mantendrá a los pirquineros de Mina Vieja”, Las Noticias de Copiapó, 9 de mayo de 1969, 7.
55 Empresa Nacional de Minería, Departamento Fomento, Sección Cooperativa, “Informe Comisión Mina Vieja Potrerillos”, diciembre de 1970, Arnad, mm, Oficios, vol. 249.
56 Empresa Nacional de Minería, Departamento Fomento, Sección Cooperativa, “Informe”.
57 Empresa Nacional de Minería, Informe del ingeniero provincial de Atacama, Hernán Araya, 9 de agosto de 1971. Archivo Servicio Nacional de Geología y Minas (Sernageomin), Santiago de Chile-Chile, carpeta Mina Antigua Potrerillos, n.o 3166.
58 Venegas Valdebenito, “El cooperativismo”.
59 Cerda Inostroza, La lucha.
60 “Poco a poco pirquineros salen de su abandono”, Andino, 18 de diciembre de 1971, 6-7.
61 Memorándum y proposición de proyecto presentado por los trabajadores de Cooperativa Libertad, Planta Santa Hortencia, y Cooperativa La Unión, Pueblo Hundido, 16 de agosto de 1972, Arnad, mm, Oficios, vol. 267.
62 “En derrumbe murió pirquinero dirigente y deportista”, Andino, 18 de marzo de 1972, 8.
63 De Eduardo Matta Berger, vicepresidente ejecutivo de Enami, a subsecretario de Minería, Santiago de Chile, 27 de octubre de 1972, Arnad, mm, Oficios, vol. 267.
64 Si bien el Acta de Renovación de Directorio de 1971 no especifica cuántos socios tenía el centro de trabajo Mina Vieja, cuatro de los cinco miembros del directorio, incluyendo al presidente del sindicato, Evaristo Carmona, pertenecían y vivían en la antigua mina de Potrerillos. En las elecciones de la Central Unitaria de Trabajadores de Chile (cut) de junio de 1972, el sindicato de pirquineros Mina Vieja tenía 267 inscritos, de los cuales participaron 195, quienes votaron mayoritariamente por el Partido Comunista con 163 votos nacionales y 162 regionales. Dirección del Trabajo, Inspección Provincial, Acta de Renovación de Directorio, 5 de octubre de 1971, Arnad, Fondo Dirección del Trabajo, División de Relaciones Laborales, Sindicato Inca de Oro; “Las elecciones CUT en Cobresal”, Andino, 2 de junio de 1972, 1.
65 Desde fines de los años sesenta, los centros de madres se habían convertido en una institución que buscaba capacitar a las mujeres de clase popular, como así también incorporarlas a los procesos de transformación social y económica. Si en parte estos fueros organismos promovidos por el Estado (y durante los años sesenta ligados a las ideas de promoción popular), en muchos casos fueron apropiados por las mujeres populares y resignificados, y se convirtieron en lugares de acción, participación política y búsqueda de soluciones a los problemas de la comunidad. Para una visión general sobre los centros de madres, véase Jadwiga E. Pieper Mooney, The Politics of Motherhood: Maternity and Women’s Rights in Twentieth-Century Chile (Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, 2009).
66 Referencias a estas organizaciones y su labor aparecen con frecuencia en las páginas del periódico Andino, publicado por Cobresal.
67 “Una tarea que se cumple: dignificar Mina Vieja”, Andino, 20 de abril de 1974, 8.
68 “Adoptan medidas para proteger a pirquineros”, Andino, 20 de mayo de 1977, 9.
69 Rolf Behncke Hernández, “Suspendidas todas las faenas en la Mina Vieja”, Andino, 28 de enero de 1978, 3.
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Candidata a doctora en Historia por la Universidad de Santiago de Chile. Sus líneas de investigación son la historia de la minería artesanal y la historia del trabajo. Entre sus publicaciones se encuentran “La política minera neoliberal: aproximaciones a los aspectos jurídicos y políticos de la modernización de la minería durante la dictadura cívico-militar chilena. Chile, 1973-1983”, Perfiles Económicos, n.o 14 (2023), 143-171. xortizmorales@gmail.com, https://orcid.org/0000-0002-3549-785X
Candidato a doctor en Historia por la Universidad de Santiago de Chile. Sus líneas de investigación son la historia social y ambiental de la minería del cobre en la región de Atacama, y la historia del fútbol y su relación con la política. Entre sus publicaciones se encuentran La lucha por la nacionalización del cobre. Organización obrera, cultura paternalista y socialismo: Potrerillos y El Salvador, 1951-1973, y es compilador de Fútbol y dictaduras: historias, escritos y reflexiones a 50 años del golpe en Chile (Santiago de Chile: Matecito Amargo Spa, 2024). rene.cerda@usach.cl, https://orcid.org/0009-0001-3846-0198
Doctora en Historia de la Universidad de California San Diego (Estados Unidos). Profesora en el Departamento de Historia de California State University, Los Ángeles (Estados Unidos). Sus líneas de investigación son la historia social del trabajo, los movimientos sociales y sindicales, y la minería. Entre sus publicaciones recientes se encuentran Fighting Unemployment in Twentieth-Century Chile (Pittsburgh: Pittsburgh University Press, 2021) y “Working People under Dictatorship”, en The Pinochet Shock: Radical Economic Change and Life under Dictatorship in Chile, editado por Felipe González y Mounu Prem (Londres: Palgrave MacMillian, 2025). avergar@calstatela.edu, https://orcid.org/0000-0001-9474-7559