
Cuba y los periódicos del Atlántico español: la provisión de noticias impresas de España hacia América, 1764-1775 ❧
Nelson Fernando González Martínez
Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín
https://doi.org/10.7440/histcrit98.2025.05
Recepción: 5 de mayo de 2025 / Aceptación: 30 de mayo de 2025 / Modificación: 14 de julio de 2025.
Resumen: Objetivo/contexto: durante la segunda mitad del siglo xviii, Cuba se convirtió en el principal centro de distribución de noticias impresas hacia Nueva España, Guatemala y Tierra Firme. A partir de 1764, la administración de correos de Cuba tuvo la potestad de distribuir tres de los principales periódicos editados en España: la Gazeta de Madrid, el Mercurio Histórico y Político y la Guía de Forasteros. A este grupo de publicaciones se le conoció como impresos y compilaban noticias de todo el planeta. Mi objetivo es examinar qué condiciones materiales, agentes y políticas permitieron a Cuba distribuir dichos impresos. Metodología: el trabajo efectúa un análisis documental de información principalmente inédita relacionada con las administraciones de correos de Cuba y La Coruña. Allí quedó registro del flujo y las condiciones mediante las cuales Cuba fue un nodo de recepción y redistribución de noticias impresas. Para ello he escogido como marco temporal la primera década en la cual las administraciones postales asumieron la movilización de impresos. Originalidad: hasta el momento, la historiografía ha tendido a analizar los contenidos de las publicaciones periódicas, pero no sus circunstancias de movilización, empleando mecanismos como las administraciones de correos. Asimismo, se sostiene que Cuba fue el epicentro de redistribución de periódicos que portaban noticias sobre Europa, África y Asia. Conclusiones: los resultados contribuyen a explicar, a una amplia historiografía, por qué el Caribe, y en particular Cuba, tuvo un papel esencial para proveer noticias de carácter global a los americanos y de qué forma las administraciones de correos creadas por la Corona nutrieron la difusión de conocimiento en el periodo previo a la “era de las revoluciones”.
Palabras clave: Atlántico español, correos, Cuba, impresos, información impresa, periódicos.
Cuba and the Newspapers of the Spanish Atlantic: The Supply of Printed News from Spain to the Americas, 1764-1775
Abstract. Objective/context: During the second half of the eighteenth century, Cuba became the main distribution hub for printed news to New Spain, Guatemala, and Tierra Firme. From 1764 onward, the postal service in Cuba was authorized to distribute three of the main newspapers published in Spain: Gazeta de Madrid, Mercurio Histórico y Político, and Guía de Forasteros. This group of publications, known as prints, compiled news from around the world. My goal is to examine the material conditions, actors, and political factors that allowed Cuba to distribute these prints. Methodology: This study conducts a documentary analysis of mostly unpublished information related to the postal services of Cuba and La Coruña. This material records the flow and conditions under which Cuba served as a hub for receiving and redistributing printed news. For the analysis, I have selected the first decade when postal services began handling the distribution of prints as the timeframe for this study. Originality: So far, historiography has mainly analyzed the content of periodic publications, but not the circumstances surrounding their distribution, including mechanisms such as postal services. This study also argues that Cuba served as a hub for redistributing newspapers carrying news from Europe, Africa, and Asia. Conclusions: The findings help broaden the historiographic understanding of why the Caribbean, especially Cuba, played a key role in delivering global news to the Americas, and how postal services established by the Crown supported the dissemination of knowledge during the period leading up to the “era of revolutions.”
Keywords: Spanish Atlantic, postal services, Cuba, prints, printed information, newspapers.
Cuba e os jornais do Atlântico espanhol: o fornecimento de notícias impressas da Espanha para a América, 1764-1775
Resumo: Objetivo/contexto: durante a segunda metade do século 18, Cuba tornou-se o principal centro de distribuição de notícias impressas para a Nova Espanha, Guatemala e Terra Firme. A partir de 1764, a administração postal de Cuba passou a ter a atribuição de distribuir três dos principais jornais editados na Espanha: La Gazeta de Madrid, El Mercurio Histórico y Político e La Guía de Forasteros. Esse grupo de publicações ficou conhecido como impressos e compilava notícias de todo o planeta. Meu objetivo é examinar quais condições materiais, agentes e políticas permitiram que Cuba distribuísse esses impressos. Metodologia: O trabalho realiza uma análise documental de informações principalmente inéditas relacionadas às administrações postais de Cuba e La Coruña. Nesses arquivos, ficaram registrados o fluxo e as condições pelas quais Cuba foi um marco de recepção e redistribuição de notícias impressas. Para isso, escolhi como recorte temporal a primeira década em que as administrações postais assumiram a mobilização dos impressos. Originalidade: Até o momento, a historiografia tem tendido a analisar o conteúdo das publicações periódicas, mas não as circunstâncias de sua mobilização, empregando mecanismos como as administrações postais. Além disso, sustenta-se que Cuba foi o epicentro da redistribuição de jornais que traziam notícias sobre Europa, África e Ásia. Conclusões: Os resultados contribuem para explicar à historiografia por que o Caribe, e em particular Cuba, desempenhou um papel essencial no fornecimento de notícias de caráter global aos americanos e de que forma as administrações postais criadas pela Coroa alimentaram a difusão do conhecimento no período anterior à “era das revoluções”.
Palavras-chave: Atlântico espanhol, correios, Cuba, impressos, informação impressa, jornais.
Introducción
Este artículo analiza en qué condiciones Cuba se convirtió en el principal difusor americano de noticias periódicas impresas durante la segunda parte del siglo xviii. A partir de 1764, la Corona intentó instalar un nuevo modelo de distribución para los periódicos editados en la imprenta real de Madrid1. El modelo consistía en llevar desde Cuba tales publicaciones a ciudades como México, Bogotá, Lima, Venezuela o Santiago de Guatemala. Me interesa concentrarme en el proceso de distribución de tres publicaciones periódicas cuya edición ocurría en Madrid: la Gazeta de Madrid, el Mercurio Histórico y Político y la Guía de Forasteros. En el lenguaje de las oficinas de correos, a estos tres artefactos comunicativos se les conocía con el nombre de impresos. En la España de los Borbones, las gacetas, los mercurios y las guías circularon por el Atlántico español. La distribución fue posible gracias a la red de administraciones de correos “pública” que fue implementada dentro de todo el imperio. Los impresos, a diferencia de los libros ordinarios, tuvieron la pretensión de informar sobre la actualidad y eventos relativamente recientes. Por ello era fundamental que su publicación ocurriera de manera regular varias veces al año.
En el periodo entre 1764 y 1775 la Corona intentó implementar un ambicioso proyecto para llevar a las oficinas de correos centenares de impresos editados en España. En aquel momento, Cuba era un poderoso pivote comunicativo. La isla había permitido el tránsito de noticias orales y escritas provenientes de diferentes lugares del planeta. Actividades como la producción azucarera, el tráfico de personas o las disputas militares por el control del Caribe avivaron los intercambios de información2. A La Habana, Trinidad o Bayamo arribaron noticias de carácter político, económico, religioso, científico, entre otras. Asimismo, y desde el siglo xvi, las embarcaciones que circundaron las costas de Cuba transportaron hombres y mujeres que tuvieron la posibilidad de reproducir todo tipo de discursos3. En particular, después de terminada la guerra de los Siete Años con Inglaterra (1756-1763), el gobierno español buscó monopolizar el servicio de correos y usar esta infraestructura para movilizar publicaciones periódicas. De forma paralela, en la segunda parte del siglo xviii empezaron a construirse en Cuba los informes de movilización de gacetas, mercurios y guías de forasteros. Lo inédito de tal iniciativa estuvo en generar un plan de traslado de noticias que incluía a toda la América española.
Algunos trabajos han abordado las capacidades que tuvieron los imperios ibéricos, desde el siglo xvii, para estimular la recolección y movilización de noticias dentro de sus principales ciudades. Autores como Arthur Weststeijn y Carmen Espejo han destacado las repercusiones derivadas de la difusión de noticias a escala imperial y la manera en que el periodismo logró estandarizar varias prácticas para publicar información sobre hechos coyunturales4. En el caso del Gran Caribe, la región logró articularse a través de emisarios terrestres, marineros y otros agentes anónimos que pudieron actuar como mediadores y productores de información5. Para ello fueron fundamentales las rutas marítimas postales constituidas entre el Caribe peninsular y continental. Como lo ha demostrado María Baudot Monroy para la región, Cuba en el siglo xviii fue un nodo de distribución marítima a todo el Gran Caribe6. El insumo proporcionado por tales circuitos de intercambio comunicativo ayudó a construir discusiones que perduraron por varias décadas y fueron fundamentales en controversias como las que generó el fin de la esclavización de personas en Cuba7. Asimismo, pudieron constituirse nuevas epistemologías, discursos visuales y cartográficos que enriquecieron el universo informativo del Nuevo Mundo8. De igual forma, autores como Gabriel Torres Puga o Cristina Soriano han analizado el surgimiento de percepciones extendidas u “opiniones públicas” durante el periodo colonial9. Todo esto enfrentando esquemas de censura y otro tipo de restricciones que no impidieron el surgimiento de controversias y diferencias argumentativas10.
A diferencia de lo ocurrido con la historiografía relacionada con el universo de los libros, son prácticamente desconocidas las redes que permitieron la distribución de noticias impresas en América. Varios autores han demostrado, a partir del estudio de las bibliotecas oficiales, particulares y eclesiásticas, las activas redes de libros que hubo desde España a América y otros lugares de Europa11. En la ciudad de México, Lima o Bogotá, hubo diversas formas de promover este comercio12. Por ejemplo, la publicación de rotativos como la Gaceta de México sirvió de plataforma para promover el comercio de libros13. Sin embargo, y a pesar de que se conocen los efectos de la circulación de noticias editadas en España, poco sabemos de los canales y mecanismos que permitieron la llegada de los impresos a gran parte de los territorios americanos.
Como lo ha señalado Andrew Pettegree, durante la modernidad varias sociedades europeas incentivaron la necesidad de transmitir noticias e instalar redes postales confiables que garantizaran la distribución de noticias de forma masiva14. Por toda Europa, círculos letrados y populares tuvieron acceso constante a publicaciones periódicas desde el siglo xvii, lo que permitió que surgieran diversos impresores particulares desvinculados del gobierno. En Inglaterra, publicaciones de gran circulación, como The London Gazette (1665), eran controladas por la monarquía inglesa, pero coexistían con una plétora de periódicos no oficiales15. Según esta lógica, la publicación de noticias era esencial para la confrontación política y el comercio. Por su parte, en España y sus colonias la publicación de noticias estuvo constantemente mediada por la intervención de agentes estatales, como la imprenta real y la censura. De hecho, era ilegal que algún agente no oficial editara gacetas, mercurios o guías de forasteros sin el permiso de la Corona española. Todo esto hace parte de las condiciones que retrasaron la publicación en masa de ciertos dispositivos noticiosos tanto en España como en América.
El tema que abordo en este ensayo resulta fundamental para pensar de qué formas las personas que habitaban América accedieron a noticias de carácter global. Como lo veremos, los impresos transmitían noticias de otros reinos europeos distintos a España, así como de lugares situados en el Magreb, Turquía o Asia del Este. Pretendo demostrar que la creación de las administraciones de correos de Cuba, en su calidad de oficinas postales “públicas”, fue esencial para difundir noticias impresas no americanas dentro del Atlántico español.
Los análisis mencionados han coincidido con la emergencia de una renovada historiografía sobre el funcionamiento del correo en el mundo borbónico. Para ello han sido fundamentales las investigaciones pioneras de Cayetano Alcázar, Walter L. Bosé o Francisco Garay Unibaso16. Asimismo, en la última década han surgido nuevas reflexiones consagradas a estudiar la forma en que fue reorganizado el correo durante el siglo xviii. Espacios como Guatemala, Cartagena de Indias y Santiago de Chile han permitido mostrar qué alcances institucionales tuvo la reforma de correos que llevaron a cabo los Borbones en América. En este sentido, Sylvia Sellers-García ha demostrado que la reforma apoyó la producción y movilización de correspondencia desde ciertas “periferias” que fueron activas productoras de correspondencia17. Con respecto al Caribe, Rocío Moreno ha sostenido que la reforma postal de los Borbones significó una “mejora” en la comunicación de sectores como los comerciantes y los burócratas18. Bajo una perspectiva similar, José Araneda ha analizado las ambigüedades de la reforma postal en Chile19.
Aunque los impresos compartieron rutas con la correspondencia ordinaria, las autoridades españolas emprendieron múltiples acciones para establecer distinciones. En esferas como la contabilidad de las oficinas de correos, en los barcos, así como en el lenguaje oral y escrito de los funcionarios postales, los impresos encarnaron un tema específico. Lo anterior estuvo amparado en dos situaciones: a) la naturaleza del contenido que transmitían, y b) los atributos “públicos” del editor de las gacetas, mercurios y guías. Su excepcionalidad estuvo en ser percibidos como medios esenciales para informar a sectores de gobierno, eclesiásticos y comerciales. Así lo comentó el administrador de correos de Cartagena ante su homólogo en La Habana, quien señaló que el público tenía cada día más interés por “las novedades” que transmitían los impresos20. Producto de la demanda, la circulación de los impresos debía ocurrir de manera diferenciada, vigilada y extensiva a la mayor parte del Atlántico español. La correspondencia ordinaria en general era vista como otro tipo de información necesaria (pero a veces más esporádica) que las publicaciones periódicas editadas en Madrid.
Asimismo, la Gazeta de Madrid, el Mercurio Histórico y Político y la Guía de Forasteros fueron editados por la imprenta real de Madrid. Esta institución, durante la década de 1760 y 1780, no tuvo un carácter “público” en estricto sentido, pero estuvo directamente vigilada por la secretaría de Estado21. Los responsables de la imprenta coordinaban la edición y distribución de los textos que eran aprobados por el aparato de censura. Tal estructura implicó que el principal encargado de la imprenta tuviera un contacto directo con el máximo secretario de la monarquía española. En el aspecto jerárquico, el administrador de la imprenta real estaba al nivel de los principales funcionarios postales dentro del imperio. En términos organizacionales, la imprenta fue concebida como una corporación importante para la secretaría de Estado. Todo esto coincidió con el interés que desde 1710 tuvieron los Borbones por estatalizar diversas áreas del gobierno22.
Los ejemplares de la Gazeta de Madrid fueron las publicaciones periódicas que con más frecuencia circularon entre España y América. En general se intentaba que las gacetas fueran concretas y breves. Solían condensar las noticias en alrededor de una decena de páginas. Esta extensión podía aumentar al agregar algún “suplemento” que tratara un tema especial o reprodujera un documento considerado de interés “público”. Las noticias podían ser de un párrafo o más dependiendo de la complejidad del contenido presentado. En el encabezado de cada noticia aparecían un lugar y una fecha. Con recurrencia había noticias de las grandes capitales de Europa. Por ejemplo, la publicación del 5 de agosto de 1766 incluyó informaciones breves de diez ciudades europeas. La nota más extensa es la de París, en la que se registran los pormenores de un juicio criminal que involucró a varios nobles. En el caso de Londres fueron incluidas informaciones acerca de la relación diplomática entre la Corona británica y “príncipes de la costa de África”23. También fueron destacadas varias acciones de la Compañía de las Islas Orientales en la región de Bengala. En igual sentido, el corresponsal de Londres dijo saber que los ingleses tenían en construcción cerca de 230 embarcaciones en las costas de Norteamérica y el Caribe destinadas al comercio. Este número de la Gazeta de Madrid, muy probablemente, fue uno de los primeros ejemplares que circuló entre La Coruña y La Habana después de 1764. Con el tiempo, la Gazeta de Madrid no solo sería útil para transmitir noticias locales e internacionales, sino la salida o llegada de las mismas embarcaciones con correo o, más precisamente, “los pliegos del Real Servicio, y correspondencias del público”24.
El universo comunicacional alimentado por la Gazeta de Madrid fue complementado por el Mercurio Histórico y Político de España. A diferencia de las gacetas, los mercurios eran espacios un poco más reflexivos y extensos donde los periodistas de la época podían darse más concesiones a nivel argumentativo. Lo habitual era que se publicaran una vez al mes o a veces de manera bimensual. No era extraño que los mercurios tuvieran una extensión cercana a las cien páginas. El volumen de octubre de 1779 tituló su primera sección “Noticias de Turquía, Asia y África”25. En tal sección era posible encontrar referencias a Constantinopla, El Cairo, Bagdad y otras ciudades de Asia. En el caso mencionado, los editores del periódico reflexionaron sobre una serie de contactos que establecieron en Constantinopla el emperador otomano y la emperatriz de Rusia. Asimismo, en las secciones internas de los mercurios era común que se construyeran grupos de noticias por reinos, principados, repúblicas, entre otros. De tal forma, podían distinguirse subsecciones de Alemania, Italia o Francia. Las fuentes de noticias para rotativos como los mercurios solían ser otros mercurios existentes en Europa (como los publicados en Holanda o Alemania). Asimismo, era indispensable una red de diplomáticos y representantes del gobierno español que estaban ubicados en diversos lugares del planeta26. Tal diversidad de contenidos sin duda pudo haber seducido al público americano que empezó a ver los mercurios circular por las oficinas de correos.
En los mercurios fueron construidas extensas reflexiones relacionadas con la península ibérica. En el número de julio de 1767 fue publicada una larga columna (de cuarenta páginas) sobre la especulación y el acaparamiento de tierra en el sur de España. En el texto ciertos latifundistas fueron acusados de excluir a “los vecinos pobres y más necesitados de Labranza” del acceso a la tierra27. Acá las instituciones reales figuraron como agentes de justicia y regulación frente al poder desmesurado de los particulares. Sin embargo, sería un error entender los impresos como un mero artefacto de propaganda. Aunque el control de contenidos y la censura podían recaer sobre las gacetas y los mercurios, los editores tuvieron un margen de acción (no siempre estrecho) para presentar noticias. No era extraño, por ejemplo, destacar acciones de gobernantes no españoles. En una sección dedicada a Viena en septiembre de 1776, los editores del mercurio valoraron de forma positiva el “inopinado recorrido” hecho por el emperador José II a los hospitales de la ciudad. Según la información del impreso, el monarca conversó en persona con los enfermos de sus dolencias sin “encontrar las cosas correspondientes al servicio”28. Algo similar ocurrió con algunas noticias de Inglaterra. En 1768, los editores del Mercurio expidieron ciertos elogios frente a la forma en que el rey de Inglaterra había conciliado las diferentes percepciones que tenían los miembros del Parlamento frente a las políticas implementadas en las colonias inglesas29. Llaman la atención estos testimonios, pues, por la época mencionada, España e Inglaterra sostenían una compleja relación diplomática derivada de la ocupación de La Habana (1762) y otros choques ocurridos en lugares como las islas Malvinas.
Para los lectores de América y Europa, el Kalendario Manual y Guía de Forasteros en Madrid ofrecía informaciones distintas a las de la Gazeta y el Mercurio. A esta publicación se la conocía como Guía de Forasteros, pero incluía una serie de referencias astronómicas, religiosas y políticas que fueron demandadas en América30. Eran temas que por su utilidad solían atraer al público oficial, eclesiástico y particular de todo el imperio31. A nivel general, la parte más extensa de la Guía de Forasteros estaba constituida por un directorio de los cargos burocráticos y eclesiásticos más relevantes tanto en España como en América. Allí eran registradas las novedades relacionadas con nombramientos, relevos y otros eventos importantes en el gobierno32. Su publicación era anual, y podía acompañarse de algún material visual, tablas o mapas. Incluso, en las secciones finales de las guías era posible que se ofrecieran informaciones prácticas en torno a temas de interés común. Por ejemplo, la Guía de Forasteros de 1775 dedicó un par de páginas a reflexionar sobre ciertas equivalencias de monedas y a explicar por qué algunas cartas dirigidas a Europa y América se extraviaban33. Según el editor del impreso, varios emisores de cartas ponían en sus “sobrescritos” datos incompletos de los lugares de arribo o nombres de los receptores que podían confundirse con facilidad.
Cuba y los impresos editados en España ocuparon un lugar importante dentro de las políticas de renovación postal que ejecutó la Corona en América durante el siglo xviii. El 24 de agosto de 1764 fue publicado un “reglamento provisional de correo marítimo” que tenía por objeto transformar la estructura de distribución postal entre España y América34. Mediante este reglamento, la Corona ratificó su monopolio sobre el transporte de la correspondencia ultramarina. El gobierno asumió la responsabilidad de proveer un servicio para transportar el correo que circulaba por el océano Atlántico. En los espacios terrestres, la distribución de cartas y encomiendas continuó en manos de agentes particulares. Estos, desde el siglo xvi, habían tenido algunas “concesiones de correos” para encargarse del transporte de correspondencia de instituciones oficiales y eclesiásticas35. El rey avaló la propuesta y encargó al secretario de Estado, marqués de Grimaldi, para que redactara la regulación específica vinculada al cambio postal.
En el reglamento de 1764 la isla de Cuba fue concebida como el eje de redistribución postal en América articulándose con los principales centros portuarios del Caribe. Para España, quedó reglado que el punto de despacho/recepción de las embarcaciones con correo fuera La Coruña, y solo de manera excepcional Cádiz o Sevilla. Por la época en que se publicó el reglamento, la Corona intentó que otros puertos distintos a Cádiz y Sevilla tuvieran protagonismo dentro del tráfico de Indias. Como es sabido, en la segunda mitad del siglo xviii fueron emitidas varias disposiciones para permitir el contacto directo entre puertos americanos y españoles, además de flexibilizar el monopolio que habían tenido puertos andaluces o, en América, Veracruz o Portobello36. Cuba, por su parte, ofrecía unas condiciones de ubicación propicias para repartir correspondencia a Nueva España y Tierra Firme, que representaban el norte y sur del continente. Tal apertura dio fluidez a circuitos comunicativos que habían estado en contacto desde el siglo xvi, pero que, con la publicación del reglamento provisional, tuvieron un nuevo servicio postal patrocinado por la Corona.
El reglamento reflejó el propósito de la Corona de crear un servicio público de distribución postal entre los puertos del Atlántico español. Aunque en principio fue “provisional”, los intereses fundamentales no cambiaron. Con el tiempo se emitieron ordenanzas postales específicas, pero las instrucciones básicas del reglamento provisional continuaron como una referencia permanente37. En efecto, el núcleo de este marco normativo siguió aplicándose en América hasta el final del periodo colonial. Una de las modificaciones más drásticas que introdujeron las disposiciones de 1764 fue obligar a que cada mes fuera despachado un barco con correo entre La Coruña y La Habana38. Para ello fueron adquiridas en principio tres embarcaciones tipo paquebote que circularían entre España y América (y viceversa). Una década después, las embarcaciones de correos que viajaban a La Habana eran cerca de una decena, con la consolidación definitiva del monopolio postal que implementaron los Borbones en América.
La Corona obligó a que la salida de los barcos especializados en transportar correos fuera anunciada en la Gazeta de Madrid al menos dos semanas antes de la partida. En este sentido, los impresos podían informar sobre la salida de las embarcaciones que los transportaban39. Sin embargo, en América, también existían otras formas de hacer pública la llegada o salida de las embarcaciones de correos. En los puertos de La Habana y Veracruz fueron emitidos varios documentos expuestos en las plazas públicas o leídos en voz alta (bandos) que señalaban el día que saldrían las embarcaciones con correos desde y hacia La Habana40. Esto fue frecuente en ciudades como México, que esperaban con avidez la llegada de los impresos. De igual forma, los ritmos de los barcos entre La Habana y puertos como Veracruz fueron anunciados en los periódicos que se publicaron a nivel local en América a finales del siglo xviii. Por ejemplo, en la Gazeta de México del 14 de enero de 1784 apareció la noticia de la partida de un bergantín de correos con una pequeña carga comercial exenta de impuestos que ayudó a financiar su viaje41.
A un ritmo bastante rápido, el puerto de San Cristóbal de La Habana pasó a ser el eje de distribución fundamental para el envío de correspondencia hacia Nueva España, Tierra Firme y Guatemala. Las embarcaciones tenían permitido realizar en Cuba una escala de máximo quince días, para después continuar hacia Veracruz, el principal puerto de Nueva España. El ingreso de las embarcaciones con correos al mar Caribe debía ocurrir por la franja norte de las Antillas Mayores españolas (Puerto Rico, Santo Domingo y Cuba). No obstante, el modelo tuvo que ser flexible. Por ejemplo, fue aceptado que, en caso de sotaventarse las naves (es decir, perder el rumbo de los vientos), los manuscritos e impresos pudieran ser descargados de manera excepcional en los puertos del sur42. A diferencia de La Habana, en San Juan de Puerto Rico y Santo Domingo, las embarcaciones no debían detenerse. Un día podría ser suficiente para que algunos botes o piraguas pequeñas se acercaran a los barcos transatlánticos para descargar la correspondencia. También fue obligatorio el uso de cajones diferenciados por peso y destino, en aras de evitar el extravío de los manuscritos e impresos que circulaban a través del correo43. En total, para el flujo de correspondencia ordinaria e impresos a Nueva España fueron destinadas tres embarcaciones adquiridas por la Corona.
Al pasar los quince días de escala, los paquebotes destinados al correo tenían que continuar su camino hacia Veracruz, donde quedaría depositada la parte más significativa del cargamento postal. Incluso, el reglamento provisional abrió la posibilidad para que las naves postales pudieran llegar hasta Campeche (península de Yucatán), en el sur de Nueva España, antes del retorno a La Habana. Desde allí podían repartirse internamente las correspondencias de Guatemala, Honduras y Costa Rica. Bajo tal núcleo de disposiciones, la Corona quiso atender la demanda de correos en Nueva España. No está de más señalar que este virreinato era el eje productivo del imperio, en especial por la enorme producción de plata y la amplia recaudación de impuestos sobre distintos grupos étnicos44. Asimismo, desde la Ciudad de México eran despachados los manuscritos e impresos dirigidos hacia otros territorios novohispanos, como la Audiencia de Guadalajara, o hacia Filipinas y China.
La estrategia para distribuir desde Cuba correos en las provincias de Tierra Firme (hoy al norte de Sudamérica) fue distinta a la utilizada para Nueva España y Guatemala. El protocolo en este caso estipulaba que la correspondencia debía llegar a La Habana y luego ser remitida por tierra al puerto de Trinidad, en el sur de Cuba. En consecuencia, la correspondencia de toda América podría realizar el viaje transatlántico a través de la misma embarcación. Sin embargo, la de Tierra Firme tenía que ser trasbordada y llevada por mensajeros de La Habana al puerto de Trinidad, donde emprendería el viaje al sur de América.
Lo anterior implicaba una escala que acarreaba costos y una logística terrestre que podría ser riesgosa. En 1764, el secretario de España argumentó que, “por ahora”, era “muy costoso” tener un conjunto de paquebotes específicos para llevar el correo de Tierra Firme, donde estaban los influyentes puertos de Cartagena de Indias y Portobelo. Como solución fue planteado alquilar “dos balandras mercantes”45. Todo esto cambió con relativa rapidez, una vez en 1768 la Corona asumió por completo el control de los correos americanos y el reglamento provisional de 1764 pasó a ser definitivo. Para 1777, circulaban con relativa fluidez correos entre Portobelo, Cartagena de Indias y La Habana. Así lo declaró el presidente de la Audiencia de Quito que reportó la llegada de una “goleta de correos” a Portobelo y su inmediato carenado para volver a España vía La Habana46. La figura 1 nos ayuda a sintetizar el esquema de cobertura postal que intentó aplicarse desde Cuba.
Figura 1. Itinerario inicial de navegación de los impresos en los paquebotes de correos (ca. 1764)

Fuente: elaboración propia a partir de agi, Estado, 86 A.
Como era de esperarse, el flujo de noticias obligó a adquirir ciertas embarcaciones que permitieran remitir y recibir la correspondencia de Tierra Firme de manera directa. En el primer lustro de monopolización postal, tres embarcaciones propias de la Corona sirvieron a Nueva España y dos alquiladas a Tierra Firme. Frente a la situación, la Real Hacienda autorizó un gasto de alrededor de 12.000 pesos para adquirir cada una de las embarcaciones destinadas al correo47. Una serie de registros contables muestran que, para 1778, la Corona contaba en La Habana con diez barcos de correos que suplían con correspondencia a Nueva España y Tierra Firme (desde La Habana). Algunas naves fueron construidas en Bilbao y otras adquiridas de segunda mano en el mercado sevillano y coruñés. Por su parte, el sur del continente tuvo una importante variación con respecto a Tierra Firme, Nueva España y Guatemala. En los años finales de la década de 1760, los impresos llegaron al Río de la Plata, Chile o Paraguay por la vía de Perú48. Tal situación se produjo también poco después de 1765, mientras los puertos de Montevideo y Buenos Aires empezaron a recibir licencias (que pasarían a ser cada vez más frecuentes) para recibir paquebotes de correos directamente desde La Coruña49. Por el circuito austral lograron introducirse varios impresos que ayudaron a apoyar la demanda en principio atendida desde Cuba.
Como parte de las disposiciones de monopolización, se propuso un incentivo tarifario para la adquisición de gacetas, mercurios y guías de forasteros remitidos a América. En efecto, por los impresos fue pagada una tarifa diferencial a la prevista para la correspondencia ordinaria. Durante toda la segunda mitad del siglo xviii hubo una distinción en las tarifas de los impresos con respecto a los demás correos. En un acápite separado del reglamento de 1764 fueron incluidas varias disposiciones en torno a la movilización de los impresos. Allí se propuso que las publicaciones periódicas fueran transportadas en cajones diferenciados de las demás cargas postales. Adicionalmente se pidió que fuera añadida una “faja de papel” a modo de recubrimiento en la que se indicara el destino de la publicación periódica50. Al tener una tarifa reducida, también se buscó que las cajas en las cuales eran transportados los impresos no se convirtieran en un foco de contrabando.
Tabla 1. Reducción por “paquetes” de correspondencia ordinaria e impresos remitidos a La Habana
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Tipo de objeto |
Peso por paquetes |
Tarifa |
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Correspondencia ordinaria |
Carta simple (hasta media onza) |
3 reales de plata |
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¾ de onza |
7 reales de plata |
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1 onza |
10 reales de plata |
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Paquetes de más de 20 onzas |
Reducción de dos terceras partes |
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Impresos |
Hasta 2 onzas |
10 reales de plata |
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A partir de 2 onzas |
8 reales de plata |
Nota. Los valores han sido unificados en reales de plata fuerte, por ser la moneda en la cual eran contabilizados los impresos en América.
Fuente: elaboración propia a partir de agi, Estado, 86 A.
Como permite plantear la tabla 1, la Corona tuvo la estrategia de ofrecer importantes reducciones al transporte de impresos. El transporte ultramarino de una carta ordinaria sencilla solía costar 3 reales de plata fuerte, siempre y cuando no superara la media onza (ca. 14 gramos). Esta estimación no solía hacerse para los impresos, pues las gacetas, mercurios y guías de forasteros editados en Madrid contenían un centenar de folios y viajaban en paquetes que pesaban varias decenas de onzas. Por citar un caso, el Mercurio Histórico y Político de febrero de 1764 tenía 96 folios de extensión. Según nuestro cálculo, por sí solo este ejemplar podía pesar cerca de 3,40 onzas51. Dentro del proceso de distribución en los barcos de correo circulaban al menos 1.000 mercurios. En realidad, salvo casos excepcionales, no era común que solo un periódico viajara a través del correo oficial como si fuera una carta ordinaria. Para esto era preferible recurrir a un viajero marítimo que portara el impreso en calidad de favor o encargo. En los años de vigencia del reglamento provisional, no fue delito que la gente portara los impresos dentro de sus pertenencias. Sin embargo, sí podría castigarse el hecho de movilizar correos marítimos a gran escala bajo remuneración, esto es, si se comprobaba un negocio paralelo al monopolio de la Corona.
El administrador de correos de La Habana fue el principal intermediario americano para la distribución de impresos. Las administraciones de correos fueron establecidas en América de forma paulatina al final de la década de 1760. En España, los Borbones crearon las administraciones de correos a inicios del siglo xviii, pero sin que estas tuvieran incidencia sobre América52. Entre las funciones más importantes de las oficinas postales encargadas de difundir los impresos desde Cuba estuvieron: a) redistribuir los impresos en la América española y dentro de la isla; b) constituir la contabilidad de todo el continente, y c) solicitar año por año un número proyectado de impresos a la imprenta real.
El administrador de correos de La Habana era considerado un burócrata dentro del organigrama de poder del Imperio español. Su oficina tuvo la categoría de “administración principal de correos” y de ella dependían todas las demás oficinas postales de América. Como compensación, los oficiales postales cubanos recibían un salario anual y un fuero de justicia que no los subordinaba a las autoridades ordinarias, sino directamente al superintendente de correos de España. El tema era inédito, pues hasta ese momento en América no habían existido oficiales del rey o “funcionarios” vinculados al correo.
José Antonio de Armona fue el primer administrador de La Habana en tratar y llevar un registro de la circulación de impresos en América. Oficiales como estos cumplieron un doble rol como burócratas y agentes comunicativos. Armona, oriundo de Granada (España), arribó a Cuba para coordinar la instalación de la administración de correos y la circulación de los paquebotes de correos. Los administradores de La Habana por lo general fueron personas bien entrenadas en contabilidad y otras esferas relacionadas con la lectura-escritura. De hecho, Armona redactó varios libros y folletos manuscritos que remiten a un robusto universo informacional. Allí sobresalen dos textos con vocación informativa: Noticia individual del terremoto de 1.º de noviembre de 1755 y Noticias privadas… de mi carrera ministerial en España y América53. La permanencia en Cuba y el contacto con novedades orales, manuscritas e impresas convirtieron a Armona en un individuo influyente. Incluso intercambió algunas misivas con Charles de la Condamine en 1772, después de que este finalizara su gran expedición para conocer las dimensiones de la Tierra54. La gestión de Armona en Cuba se extendió por casi doce años, en una época crítica para la creación del monopolio postal, pero también de intenso flujo de noticias entre “ilustrados”.
El primer gran balance de la acción de José de Armona sobre los impresos fue efectuado para el trienio contable de 1765-1767. Por aquella época empezó a asentarse un cuaderno con la llegada y redistribución de gacetas, mercurios y guías de forasteros. En este ejercicio quedó de manifiesto que, al inicio de la renta de correos, casi el 70 % de los impresos fueron dirigidos a México y Guatemala. El proceso también sirvió para empezar a ver el poder de compra de noticias impresas que tenía cada administración de correos recién creada. Los primeros caudales por concepto de impresos fueron enviados en el paquebote El Príncipe, que hizo parte del grupo de tres embarcaciones que compró la Corona para transportar el correo oficial55.
Como lo muestra la tabla 2, en el periodo 1765-1767 se ingresaron 14.889 reales de plata. Esta medida de valor fue la estándar en América para la venta de impresos, mientras que en España fueron vendidos en reales de vellón. El administrador José de Armona no estableció una distinción por año, sino que realizó un balance de sus primeros tres años de gestión. Este arrojó un promedio de venta de 4.963 reales de plata. En concreto, fueron ingresados 12.939 reales de plata por concepto de gacetas y mercurios y 1.950 reales por concepto de guías de forasteros. La cifra no resulta para nada despreciable, pues el salario anual del administrador de correos de La Habana en 1765 era de 2.000 reales de plata. Asimismo, un paquebote de correos con pocos años de uso podía conseguirse en el mercado sevillano por cerca de 10.000 reales de plata56.
Tabla 2. Ingresos por cuenta de la venta de impresos (1765-1767)
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Venta de impresos, periodo 1765-1768 |
Promedio por cada año |
Por concepto de gacetas y mercurios |
Por concepto de guías de forasteros |
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14.889 reales de plata |
4.963 reales de plata |
12.939 reales de plata |
1.950 reales de plata |
Fuente: elaboración propia a partir de agi, Correos, 462 A, ramo 1.
Además de tener a su cargo la remisión de correos hacia las principales ciudades puerto de América, el administrador de correos de La Habana también debía encargarse del envío de correspondencia hacia las oficinas postales que habían sido creadas en la isla. Estas administraciones tuvieron la categoría de oficinas “agregadas” a la “principal”, que estaba ubicada en La Habana. En total, el administrador de correos de la capital tenía a su cargo nueve oficinas en Cuba. Ya hemos mencionado que, al menos por un par de años, se buscó movilizar los impresos desde La Habana hasta la ciudad de Trinidad para luego reexpedirlos a Tierra Firme. En los primeros cinco años de la constitución de la renta de correos, dentro de Cuba podían circular cerca de un 1,5 % a un 3 % del total de impresos periódicos que llegaban a América57. El resto iba dirigido a los grandes puertos de Nueva España, Tierra Firme y algunas islas pequeñas del Caribe. Este dato resulta importante para no desestimar el contacto efectivo de los residentes en Cuba con los impresos.
Figura 2. Oficinas agregadas (dentro de Cuba) a la administración de correos de La Habana

Fuente: elaboración propia a partir de agi, Correos, 281.
En 1768 empezaron a constituirse ejercicios contables más meticulosos relacionados con los impresos. También resultó definitivo el hecho de que ese año la Corona autorizara el envío de 10 embarcaciones de correos entre La Coruña y La Habana. En los 10 paquebotes de correos, el promedio fue de 1.541 gacetas en cada uno de los envíos, para un total de 15.418 gacetas en un año contable. Para el mismo periodo fueron remitidos 1.000 mercurios, a razón de cerca de 100 en cada barco. Sin embargo, los valores iniciales tuvieron variaciones y para el año de 1769 hubo una reducción importante58. La razón fue que varios números del año anterior no habían sido distribuidos en su totalidad (sobre todo, aquellos que arribaron a América en la segunda mitad de 1768). De igual forma, la contabilidad se vio afectada por el hecho de que en 1769 una embarcación tuvo que arrojar toda la correspondencia al mar por cuenta del ataque de un barco francés. En este segundo año la venta de mercurios se duplicó al alcanzar un total de 1.957 números, además de los ejemplares perdidos en el naufragio.
Gráfico 1. Gacetas y mercurios arribados a La Habana en el periodo 1768-1769, en reales de plata

Fuente: elaboración propia a partir de agi, Correos, 462 A, ramo 1.
El gráfico 1 muestra el número de ejemplares y los ingresos estimados para los impresos. En términos nominales, el administrador de La Habana registró que el valor total de venta era de 75.735 reales de plata59. La tabla 2 prueba que en 1768 el mercado americano reaccionó muy bien a la venta de gacetas. En 1769, los mercurios experimentaron un fenómeno similar, pues sus ventas se incrementaron en cerca de 7.000 reales de plata. Hasta 1770, los ejemplares de la Guía de Forasteros no fueron incluidos en este tipo de cuentas, pues se vendieron como “géneros comerciables” y fueron contabilizadas con los ingresos de algunas cantidades de hierro, telas, aguardientes, entre otros productos, que podían portar los paquebotes de correos para hacer financiables los viajes. No obstante, a partir de 1770 las guías de forasteros serían incluidas de manera definitiva en las cuentas de los impresos.
Uno de los principales desafíos era vender en América a precios moderados las gacetas, mercurios y guías. De hecho, en muchos lugares de América los precios de referencia para los impresos eran similares a los implantados en España. En la ciudad de Madrid, las gacetas y mercurios se cobraban mínimo a 10 y 40 cuartos respectivamente. Esta cantidad no estaba muy lejos de lo que costaban en América las gacetas, mercurios y guías de forasteros más sencillas. La gran diferencia estuvo en que los impresos en América solían comercializarse en reales (de plata) y no en cuartos (de cobre). En los momentos que menos se pagó por las gacetas y mercurios en América, estos costaron 2 y 8 reales de plata60. Esta cantidad, cobrada en grandes centros de distribución como La Habana, equivalía casi a lo mismo que costaba en Madrid. En todo caso, los costos adicionales de transporte se calculaban en función de la distancia desde La Habana, el puerto continental de recepción (Portobelo o Veracruz, por ejemplo) y el destino final.
El precio de la Guía de Forasteros podía fluctuar, pues dependía del encuadernado que tuviera. En los registros de comercialización y transporte de las guías de forasteros son mencionados algunos encuadernados de cuero curtido de diferentes animales, como el tafilete y la badana. También era frecuente la constitución de pastas con repujados de oro o plata. Además del precio base, lo habitual era que las guías aumentaran su costo en función de la calidad de los materiales empleados para elaborar los encuadernados. Sin embargo, lo común era que las guías costaran entre 6, 9 y 18 reales61. En América, la Guía de Forasteros más sencilla solía describirse como de “pasta común”, sin ningún bordado o recubrimiento especial. El precio, no obstante, se incrementaba al agregar más adornos o mecanismos para proteger el documento. Las guías eran consultadas de manera constante en instituciones como las audiencias y los cabildos americanos. De aquí que los encuadernados no solo funcionaran como ornamento, sino como técnica de preservación ante el uso frecuente.
Bajo tales circunstancias, el valor de los impresos aumentaba cuanta mayor fuera la distancia recorrida desde las costas o las capitales más relevantes. Sin embargo, al igual que en los trayectos ultramarinos, fue común que se buscara movilizar paquetes antes que ejemplares individuales. Por ejemplo, en un reglamento de tarifas emitido en 1769, quedó sugerido que solo se pagara 1 o 2 reales de plata por el transporte de impresos hacia las ciudades principales de Perú62. La práctica descrita tuvo la ventaja de estimular la actividad de la imprenta real de Madrid y suplir el interés de los americanos por novedades.
Mapa 1. Número de impresos para comercializar desde Cuba a Nueva España y Tierra Firme

Fuente: investigación de archivo por Nelson Fernando González Martínez. Cartografía por Mauricio Arango Puerta. A partir de agi, Correos, 462 A.
El mapa 1 muestra una decena de nodos de distribución alrededor de Cuba. En este cómputo (que comprende el quinquenio entre 1770 y 1775), sí fueron incluidos los ejemplares de la Guía de Forasteros, los cuales no habían sido tenidos en cuenta en la composición de la contabilidad de los primeros dos años. Las circunferencias indican los caudales que representaron en dinero los impresos dentro de los grandes núcleos de difusión. Los datos son significativos y muestran que la Ciudad de México estuvo en capacidad de vender más de 177.805 reales de plata en cinco años. En cambio, Tierra Firme apenas llegó a los 12.221 reales de plata, es decir, al 6,87 % de lo liquidado en Nueva España. La Habana, por su parte, comerció cerca de un 1,67 % en la misma escala.
Varios factores pueden explicar por qué se produjo este desbalance, entre Nueva España y Tierra Firme, en el arribo de impresos en el periodo 1770-1775. Por una parte, Nueva España y Guatemala pudieron extinguir las concesiones de correo mayor con relativa rapidez e implementar la red de administraciones de correos. En efecto, entre 1764 y 1768 fueron derogados los cargos de correo mayor entregados entre 1570 y 162063. Estas concesiones habían sido otorgadas por subasta y no a perpetuidad. Lo mismo aconteció en Cuba, donde la concesión de correo mayor estuvo en manos de José Cipriano de la Luz hasta 176764. En este año, De la Luz pactó con la Corona la extinción de la facultad para encargarse del transporte de la correspondencia de las instituciones oficiales y eclesiásticas en Cuba65. Hacia 1770, México ya contaba con un sistema articulado de oficinas de correos de carácter público que respaldó la venta y compra de impresos66.
Por el contrario, en Perú el correo mayor había recibido sus privilegios en el siglo xvi bajo la fórmula de concesión directa del rey y a perpetuidad. Lo anterior obligaba a que la Corona y los correos mayores tuvieran que negociar la extinción de un privilegio que en teoría no debía cesar. El caso más célebre lo representan los descendientes de la familia Carvajal y Vargas, quienes ejercieron los cargos de correo mayor en Lima desde 1560, luego de que algunos de sus miembros instalaran su residencia en Perú. A cambio de otras mercedes y una indemnización, tal grupo familiar optó por renunciar a sus privilegios después de 176967. La condición obligó a posponer la instalación de las administraciones de correos y de la infraestructura esencial para distribuir los impresos en Tierra Firme.
Asimismo, es imposible no considerar que varias ciudades de Nueva España, Guatemala o el Caribe tenían una destacable cercanía con la cultura impresa. La llegada “temprana” de la imprenta en el siglo xvi y, sobre todo, la constitución de periódicos a inicios del siglo xviii gestaron públicos familiarizados con las noticias impresas. En este sentido pueden destacarse la primera emisión de la Gazeta de México en 1722 o del Mercurio Volante en México en 177268. Sin duda, experimentos de tal envergadura crearon una sensibilidad editorial que no existió en otros lugares de América. En el caso de Cuba, la instalación de una imprenta permanente en 1723 también animó la producción de impresos a nivel local. En la prensa de La Habana vieron la luz varios libros de carácter legal, religioso y escritos de corta extensión69. Por su parte, diversos territorios de Tierra Firme solo dispusieron de imprentas a finales del siglo xviii.
En el Nuevo Reino de Granada, la gobernación de Chile o el Río de la Plata, las oficinas para distribuir impresos fueron instalándose de manera paulatina. Estos territorios no contaron con oficios de correo mayor vitalicios ni perpetuos. Allí, antes del siglo xviii diversas autoridades políticas, fiscales o indígenas habían asumido las tareas de distribución de la correspondencia. No obstante, con la consolidación de la monopolización del correo, los impresos tendrían una infraestructura más robusta para realizar la distribución. En efecto, gracias a la instalación de más administraciones de correos, en algunos lugares de Tierra Firme hubo una mejor infraestructura para distribuir impresos donde no hubo correos mayores.
La emergencia de Cuba como centro de distribución de impresos no puede ser vista en un plano exclusivamente instrumental. La apuesta por contar con un eje centralizado de distribución tuvo repercusiones comunicacionales dentro del proceso de creación de un público habitual para los impresos. Año tras año, ciertos sectores americanos fueron acostumbrándose a recibir los paquebotes de correos oficiales que movilizaban publicaciones periódicas. De igual modo, la función de Cuba fue esencial para permitir la regularidad y la asignación de cantidades diferenciadas de impresos a los territorios que conformaban la América española. El administrador de correos de Cuba rápidamente se convirtió en un interlocutor esencial para impulsar o frenar la provisión de estos medios de comunicación. En algunas cartas, como las enviadas por el administrador de correos de Guatemala en 1774, quedaron expresos los deseos de que la oficina a su cargo contara con un número mayor de gacetas, mercurios y guías de forasteros70. Por lo general, el administrador de correos de Cuba accedía a estos aumentos, pero no siempre ocurrían al ritmo deseado por los oficiales que tenían a cargo la distribución del correo a nivel local.
Como resulta evidente, no todos los sectores pudieron acceder a los impresos. Sería ingenuo pensar que la erección de un gran centro distribuidor en el Caribe garantizó un mayor contacto con tales periódicos para todos los americanos. Como lo han mostrado ciertos trabajos para el campo de libros, la cultura escrita americana del siglo xviii creó nuevos públicos y formas de lectura que no estuvieron exentas de restricciones71. Agnes Gehbalh ha mostrado que en lugares de la América española, como Lima, hombres y mujeres residentes en los márgenes urbanos lograron acceder a una enorme cantidad de material impreso que llegó a comerciarse por distintas vías72. Algo similar ocurrió en Buenos Aires y Montevideo a donde arribaron decenas de libros como encomiendas particulares a través de los barcos que transportaron el correo. Los comerciantes usaron los paquebotes de correos desde finales de la década de 1760 para llevar libros hasta los centros de comercialización y distribución del libro en el sur del continente73.
En toda América, los sectores alfabetizados y con poder adquisitivo tuvieron menos impedimentos para comprar impresos. Aunque los precios fueran asequibles, la compra de medios noticiosos requería una disponibilidad monetaria de la cual estuvieron marginados varios sectores sociales. Los indígenas que no conformaban ninguna élite, las personas de ascendencia africana, los mestizos desposeídos o los analfabetos estuvieron en condiciones menos propicias para aproximarse a las noticias impresas; mucho más cuando tales grupos estaban ubicados en regiones rurales o alejadas de los principales centros de distribución que intercambiaban periódicos con vectores como Cuba. En los espacios no urbanos, los costos de adquisición de periódicos podían ser más altos y los lugares de compra menos cercanos.
Cuando los ejemplares de las gacetas, mercurios y guías de forasteros llevaban varios meses en las oficinas postales sin comprador, en principio debían quemarse74. Sin embargo, también podían obsequiarse o descartarse. Esto hizo posible que algunos impresos fueran a parar a mercados locales de segunda mano y, probablemente, a un universo de compradores más amplio. Allí podían ser adquiridos a precios reducidos por personas que no hubieran podido comprarlos cuando eran “novedad”. En la cotidianidad, la reforma postal de 1760 impulsó diferentes tipos de cercanía con los impresos, a pesar de las restricciones de adquisición.
Si bien no resulta sencillo saber cuáles eran los adquisidores de los impresos que no se vendían, sí ocuparon un lugar dentro de la contabilidad, porque la no venta debía ser reportada a la administración de correos de La Habana. El gráfico 2 permite observar que en 1770 hubo una importante movilización de impresos de España a Cuba que tuvo un descenso hasta 1772 y, luego, una relativa estabilización. Por aquellos años fueron registrados varios datos sobre los “sobrantes” de impresos o aquellos periódicos que quedaban sin vender en las oficinas de correos. El gráfico 2 expresa el total que dejó de percibirse por los impresos que no fueron comercializados en todas las administraciones de correos. En los años más críticos, la cantidad de ejemplares sin vender superó el 15 %75.
Gráfico 2. Cantidades que representaron los impresos no vendidos “sobrantes” (en reales de plata)

Fuente: elaboración propia a partir de agi, Correos, 462 A.
Al cerrar la primera década del monopolio postal, la mayor parte de los adquisidores de los impresos eran esporádicos o fluctuantes. No solía existir un compromiso anual o suscripción para comprar los ejemplares de los medios noticiosos. Sin embargo, y como acontecía en Europa, las autoridades postales sugirieron el establecimiento de una serie de estímulos para quienes manifestaran interés por adquirir anualmente todos los ejemplares de un determinado impreso. Esto marcó el inicio de las suscripciones. Una de las propuestas estuvo en cobrar 80 reales de plata por el abono anual a las gacetas y 100 reales de plata por el abono anual a los mercurios76. La suscripción les otorgaba a los compradores la posibilidad de recibir desde La Habana (cada dos o tres meses) todos los números impresos en ese rango de tiempo, hasta completar el año. En el caso de las guías no existió un plan de esta naturaleza, al tratarse de una publicación anual. De acuerdo con los cálculos hechos con base en datos posteriores, el ahorro de las suscripciones con respecto a adquisición individual podía superar el 30 % o el 50 %, dependiendo de dónde residiera el interesado.
Conclusiones
Este artículo ha examinado la política que buscó convertir a Cuba en el principal centro de distribución de las publicaciones periódicas editadas por la imprenta real de Madrid. A través del caso de las gacetas, mercurios y guías de forasteros, he reflexionado sobre varias condiciones que hicieron posible la distribución de noticias desde el Caribe a diversos territorios insulares y continentales de América. Asimismo, he demostrado que el periodo de 1764 a 1775 puede entenderse como un punto de inflexión para vincular los periódicos impresos y las oficinas de correos instaladas por la Corona. En efecto, las administraciones de correos sirvieron de vértices para movilizar y comercializar los impresos. En términos cuantitativos, este trabajo plantea que, si bien a lugares como Nueva España hubo un arribo masivo de periódicos, el resto de América tuvo un consumo permanente y creciente de gacetas, mercurios y guías de forasteros. Hasta el momento, la historiografía relacionada no contaba con un trabajo específico consagrado a estudiar la forma en que la infraestructura postal fue utilizada para la difusión de noticias impresas y las proporciones de tal actividad.
Asimismo, las reflexiones presentadas pretenden plantear nuevas cuestiones acerca de los mecanismos que permitieron a las sociedades residentes en América la recepción de publicaciones que informaban sobre Europa, Asia y África. Varias investigaciones han estudiado las implicaciones de la circulación de información o el marco normativo de la reforma de correos, pero no los dispositivos, prácticas y personas que permitieron la circulación de noticias. Tales aspectos pueden ser esenciales para entender por qué en la “era de las revoluciones” numerosos agentes estuvieron al tanto de lo que ocurría en diversos lugares del planeta. Entre otras, este trabajo caracteriza a Cuba como un espacio que tuvo contacto con informaciones de carácter global mediante distintos mecanismos. Las gacetas, mercurios y guías de forasteros fueron un medio, entre muchos, que permitió a los residentes del Atlántico español informarse (no sin ocultamientos y censura) de lo ocurrido por fuera del Imperio español.
Bibliografía
Fuentes primarias
Archivos
Gazeta de Madrid, n.o 31, 5 de agosto de 1766. Consultado el 17 de abril de 2025. https://www.boe.es/gazeta/dias/1766/08/05/pdfs/GMD-1766-31.pdf
Gazeta de Madrid, n.o 16, 17 de abril de 1770. Consultado el 17 de abril de 2025. https://www.boe.es/gazeta/dias/1770/04/17/pdfs/GMD-1770-16.pdf
Kalendario Manual y Guía de Forasteros en Madrid, 1772. Consultado el 18 de abril de 2025. https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=6a8b5966-f19d-4412-8c2a-28f2ff316bab Kalendario Manual y Guía de Forasteros en Madrid, 1775. Consultado el 18 de abril de 2025. https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=7eab9f43-74d2-40c3-88fb-93cc56bd643e&page=121
Mercurio Histórico y Político, febrero de 1764. Consultado el 17 de abril de 2025. https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=f761e5f2-61cc-4eab-8a87-63a4e2089868
Mercurio Histórico y Político, julio de 1767. Consultado el 18 de abril de 2025. https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=c702a7e3-7c92-4ec6-83e3-b138d18b0353&page=56 Mercurio Histórico y Político, septiembre de 1768. Consultado el 18 de abril de 2025. https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=068450bc-765c-4460-9b37-5eb6315100ca
Mercurio Histórico y Político, septiembre de 1776. Consultado el 18 de abril de 2025. https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=377ff84a-c950-4ec5-b08f-f4261469fb0c&page=32
Mercurio Histórico y Político, enero de 1779. Consultado el 18 de abril de 2025. https://hemerotecadigital.bne.es/hd/es/viewer?id=38822b26-da9f-4d3e-815d-bd1636ed672c&page=3
Gazeta de México, 14 de enero de 1784. Consultado el 14 de abril de 2025. https://hndm.iib.unam.mx/consulta/publicacion/visualizar/558075be7d1e63c9fea1a2b0?pagina=558a331b7d1ed64f16905016&palabras=vergantin-correos
Fuentes secundarias
❧ El texto no contó con financiación.
1 La imprenta real de Madrid fue constituida hacia 1594. Solía contar con un administrador general y coexistía con otras imprentas particulares que estaban ubicadas en diferentes ciudades españolas.
2 Elena A. Schneider, The Occupation of Havana: War, Trade, and Slavery in the Atlantic World (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2022), 1-14; Lilyam Padrón Reyes, “Para que estén a punto con sus armas para lo que se ofreciere”: indios en la defensa del suroriente cubano, siglos xvi-xviii (Santa Marta: Editorial Unimagdalena, 2021), 67-72.
3 Alejandro de la Fuente, Havana and the Atlantic in the Sixteenth Century (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2011), 100-101.
4 Arthur Weststeijn, “Empire in Fragments: Transatlantic News and Print Media in the Iberian World, ca. 1600-40”, Renaissance Quarterly 74, n.o 2 (2021); Carmen Espejo-Cala, “Connected Empires, Connected News: A Comparison between Early Modern Spanish and Dutch News Books on Brazil’s Conquest”, Media History 27, n.o 4 (2021).
5 Ernesto Bassi, An Aqueous Territory: Sailor Geographies and New Granada’s Transimperial Greater Caribbean World (Durham; Londres: Duke University Press, 2016), 14.
6 María Baudot Monroy, “Maritime Post Routes between Corunna and the Caribbean as a Geographic Information System (Gis) Model”, Culture & History Digital Journal 4, n.o 2 (2015).
7 Adriana Chira, Patchwork Freedoms: Law, Slavery, and Race beyond Cuba’s Plantations (Cambridge; Nueva York: Cambridge University Press, 2022), 74.
8 Jorge Cañizares-Esguerra, How to Write the History of the New World Histories, Epistemologies, and Identities in the Eighteenth-Century Atlantic World (Stanford: Stanford University Press, 2001), 206; Emily Berquist Soule, The Bishop’s Utopia: Envisioning Improvement in Colonial Peru (Filadelfia: University of Pennsylvania Press, 2014), 4; Daniela Bleichmar, Visible Empire: Botanical Expeditions & Visual Culture in the Hispanic Enlightenment (Chicago; Londres: University of Chicago Press, 2012), 43.
9 Gabriel Torres Puga, Opinión pública y censura en Nueva España: indicios de un silencio imposible (1767-1794) (Ciudad de México: El Colegio de México, 2010), 83-88; Cristina Soriano, Tides of Revolution: Information, Insurgencies, and the Crisis of Colonial Rule in Venezuela (Albuquerque: University of New Mexico Press, 2018), 58.
10 Para el caso de la censura de libros en lugares como Lima, véase el estudio de Pedro Guibovich Pérez, Censura, libros e Inquisición en el Perú colonial, 1570-1754 (Sevilla: Escuela de Estudios Hispano-Americanos, csic; Universidad de Sevilla; Diputación de Sevilla, 2003).
11 Pedro J. Rueda Ramírez, Negocio e intercambio cultural: el comercio de libros con América en la Carrera de Indias (siglo xvii) (Sevilla: Universidad de Sevilla, 2005), 24; Nicolás Bas Martín, Spanish Books in the Europe of the Enlightenment (Paris and London): A View from Abroad (Leiden; Boston: Brill, 2018), 33.
12 Idalia García, La vida privada de las bibliotecas: rastros de colecciones novohispanas (1700-1800) (Bogotá: Editorial Universidad del Rosario, 2020), 65; Alberto José Campillo Pardo, Comerciantes, censores y bibliotecas: circulación del libro entre España y Nueva Granada en el siglo xviii (Bogotá: Editorial Universidad del Rosario, 2023), 42; Agnes Gehbald, A Colonial Book Market: Peruvian Print Culture in the Age of Enlightenment (Cambridge: Cambridge University Press, 2023), 126.
13 Víctor J. Cid Carmona, “La Gaceta de México y la promoción de impresos españoles durante la primera mitad del siglo xviii”, Titivillus: International Journal of Rare Book / Revista Internacional sobre Libro Antiguo, n.o 1 (2015).
14 Andrew Pettegree, The Invention of News: How the World Came to Know about Itself (New Haven; Londres: Yale University Press, 2014), 167-181.
15 Pettegree, The Invention, 238.
16 Cayetano Alcázar Molina, Historia del correo en América: notas y documentos para su estudio (Madrid: Sucesores de Rivadeneyra, 1920); Walter Bosé, “El proyecto sobre ‘correos marítimos’ a las Indias, de 1713”, Anuario de Historia de Argentina 2 (1942); Francisco Garay Unibaso, Correos marítimos españoles, vol. 1, Correos marítimos españoles a la América Española (Yndias Occidentales) de 1514 a 1827 (Bilbao: Mensajero, 1988), 49-82.
17 Sylvia Sellers-García, Distance and Documents at the Spanish Empire’s Periphery (Stanford: Stanford University Press, 2014), 3.
18 Rocío Moreno Cabanillas, Comunicación e imperio: proyectos y reformas del correo en Cartagena de Indias (1707-1777) (Madrid: Sílex, 2022), 55-93; Rocío Moreno Cabanillas, “Postal Networks and Global Letters in Cartagena de Indias: The Overseas Mail in the Spanish Empire in the Eighteenth Century”, Atlantic Studies 19, n.o 3 (2021): 464-466.
19 José Araneda Riquelme, Un gobierno de papel: el correo y sus rutas de comunicación en tiempos de la reforma imperial en Chile (1764-1796) (Santiago de Chile: Biblioteca Nacional de Chile, 2020), 73-102.
20 “Correspondencia”, Archivo General de Indias (agi), Sevilla-España, Correos, 214 A, Cartagena de Indias- La Habana, 1789, ramo 3, n.o 2.
21 “Relaciones”, Madrid y otras, 1780-1807, agi, Correos, 449 B, ramo 1, n.o 1.
22 Sobre la controversia en torno a la monopolización del correo peninsular, puede verse Allan J. Kuethe y Kenneth J. Andrien, El mundo atlántico español durante el siglo xviii: guerra y reformas borbónicas, 1713-1796 (Bogotá: Editorial Universidad del Rosario, 2018), 43-44.
23 Boletín Oficial del Estado (boe), Gazeta de Madrid, n.o 31, 5 de agosto de 1766, 249-252.
24 boe, Gazeta de Madrid, n.o 16, 17 de abril de 1770, 136.
25 Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España (hdbne), Mercurio Histórico y Político, enero de 1779, 2-3.
26 Luis Miguel Enciso Recio, Nipho y el periodismo español del siglo xviii (Valladolid: Universidad de Valladolid, Secretariado de Publicaciones, 1956), 221; Carmen Espejo-Cala, “The Invention of the Gazette: Design Standardization in Spanish Newspapers, 1600-1650”, Media History 22, n.os 3-4 (2016).
27 hdbne, Mercurio Histórico y Político, julio de 1767, 240-293.
28 hdbne, Mercurio Histórico y Político, septiembre de 1776, 32.
29 Por ejemplo, hdbne, Mercurio Histórico y Político, septiembre de 1768, 36-41.
30 Sobre este tema, consúltese Lina Cuéllar Wills, “Guías de forasteros en la cultura de las formas impresas: Hispanoamérica (1761-1893)”, Trashumante: Revista Americana de Historia Social, n.o 16 (2020).
31 Lina Cuéllar Wills, “Guías de forasteros en América hispana: entre el imperio, el comercio y la cultura letrada (1761-1893)” (tesis doctoral, Universidad de los Andes, 2015), 74-167.
32 hdbne, Kalendario Manual y Guía de Forasteros en Madrid, 1772, 1 (véase mapa).
33 hdbne, Kalendario Manual y Guía de Forasteros en Madrid, 1775, 121.
34 “Reglamento”, San Idelfonso, 1764, agi, Estado, 86 A, n.o 8, instrucción 1-22.
35 Nelson Fernando González Martínez, “Mail Concessions for a Global Empire: Correos Mayores in the Spanish Empire in America (1514-1620)”, Fronteras de la Historia 27, n.o 2 (2022).
36 Xabier Lamikiz, Trade and Trust in the Eighteenth-Century Atlantic World: Spanish Merchants and Their Overseas Networks (Woodbridge, Suffolk, UK; Rochester, NY: Royal Historical Society, 2010), 65; Xabier Lamikiz, “Patrones de comercio y flujo de información comercial entre España y América durante el siglo xviii”, Revista de Historia Económica / Journal of Iberian and Latin American Economic History 25, n.o 2 (2007): 237.
37 “Método”, 1796, Madrid, agi, Correos, 146 B.
38 “Correspondencia”, La Coruña, 1778-1779, agi, Correos, 450 A, ramo 1, n.o 3.
39 “Reglamento”, San Idelfonso, 1764, agi, Estado, 86 A, n.o 8, instrucción 1.
40 “Bando”, México, 1766, Archivo General de la Nación de México (agnm), Ciudad de México-México, Novohispano, Bandos, vol. 6, exp. 36, f. 87 r.
41 Hemeroteca Nacional Digital de México (hndm), Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Universidad Nacional Autónoma de México (iib, unam), Gazeta de México, 14 de enero de 1784, 6.
42 “Reglamento”, San Idelfonso, 1764, agi, Estado, 86 A, n.o 8, instrucción 6.
43 “Expediente”, Santo Domingo, 1782-1783, agi, Correos, 344 A, ramo 4, n.o 1.
44 Sobre la fiscalidad novohispana en el siglo xviii sugiero consultar: Ernest Sánchez Santiró, Corte de caja: la Real Hacienda de Nueva España y el primer reformismo fiscal de los Borbones (1720-1755). Alcances y contradicciones (Ciudad de México: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2014); John Jay TePaske y Herbert S. Klein, Ingresos y egresos de la Real Hacienda de Nueva España, vol. 1 (Ciudad de México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1986).
45 “Reglamento”, San Idelfonso, 1764, agi, Estado, 86 A, n.o 8, instrucción 15.
46 “Llegada”, Cartagena de Indias-Quito, 1777, agi, Quito, 239, n.o 66.
47 “Cuentas”, Bilbao, 1769-1771, agi, Correos, 361 A, ramo 1, n.o 1.
48 Manoel Lelo Bellotto, Correio marítimo hispano-americano: a carreira de Buenos Aires (1767-1779) (Assis: Faculdade de Filosofia, Ciências e Letras de Assis, 1971), 204.
49 Uno de los primeros barcos fue El Pizarro, enviado en diciembre de 1765. Véase “Diario”, La Coruña-Montevideo-Buenos Aires, 1765, 1764, agi, Correos, 269 A, ramo 1.
50 “Reglamento”, San Idelfonso, 1764, agi, Estado, 86 A, n.o 8, instrucción 18, parte 7.
51 hdbne, Mercurio Histórico y Político, febrero de 1764, 119-212.
52 Nelson Fernando González Martínez, “El imperio cambia por partes: concesiones y administraciones de correos en el Atlántico español (1700-1750)”, Anuario de Estudios Americanos 81, n.o 1 (2024).
53 Biblioteca Nacional de España (bne), Madrid-España, Noticias de Madrid desde el año de 1636, Madrid, ca. 1780, sig. mss.micro/19692; Noticias privadas de casa…, Madrid, ca. 1790, sig. mss.micro/16712.
54 bne, Traducción de una carta escrita desde París, Madrid, 1772, sig. mss/18544/3/3.
55 “Cuentas”, La Habana, 1768, agi, Correos, 462 A, ramo 1, n.o 1.
56 Sugiero ver “Expedientes”, Bilbao y otras ciudades, 1768-1788, agi, Correos, 357 B, n.o 2.
57 “Cuentas”, La Habana, 1766, agi, Correos, 280 B, n.o 1.
58 “Administración”, La Habana, 1765-1769, agi, Correos, 462 A, ramo 1, n.o 1.
59 “Administración”, La Habana, 1765-1769, agi, Correos, 462 A, ramo 1, n.o 1.
60 Diez cuartos podían equivaler a un poco más de 2 reales de plata, dependiendo del momento. Véase “Cuentas”, La Coruña, 1781, agi, Correos, 449 B.
61 “Relaciones”, La Habana, agi, Correos, 449 B, ramo 1.
62 “Reglamento”, Madrid, 1769 (1773), agi, Correos, 103 A, n.o 1.
63 “Expedientes”, México-Madrid, 1766, agi, Correos, 141 C, n.o 1; agi, Correos, 90 B, n.o 1.
64 “Correspondencia”, La Habana-Madrid, 1767-1770, agi, Correos, 257 B, ramo 1, n.o 2.
65 “Correspondencia”, La Habana, 1764-1767, agi, Correos, 256 A, ramo 1.
66 Werner Stangl, “All Roads Lead to Mexico?: The Postal Network of Late Colonial New Spain as an Integrated Communication Space”, en Formative Modernities in the Early Modern Atlantic and Beyond: Identities, Polities and Glocal Economies, ed. por Veronika Hyden-Hanscho y Werner Stangl (Singapore: Springer Nature, 2023).
67 “El fiscal”, Archivo Histórico Nacional de España (ahne), Madrid-España, Madrid-Lima, 1757-1821, Consejos, 21343, exp. 5.
68 Cid Carmona, “La Gaceta”.
69 Juan José Sánchez Baena, El terror de los tiranos: la imprenta en la centuria que cambió Cuba (1763-1868) (Castelló de la Plana: Publicacions de la Universitat Jaume I, 2009), 31.
70 “Correspondencia”, Guatemala, 1774, agi, Correos, 91 A, ramo 1, n.o 1.
71 Alcira Duenas, Indians and Mestizos in the “Lettered City”: Reshaping Justice, Social Hierarchy, and Political Culture in Colonial Peru (Boulder: University Press of Colorado, 2011), 175; Mónica Ricketts, Who Should Rule?: Men of Arms, the Republic of Letters, and the Fall of the Spanish Empire (Oxford; Nueva York: Oxford University Press, 2017), 88.
72 Gehbald, A Colonial Book, 126-173.
73 Ofelia Rey Castelao, “El negocio del libro en los correos marítimos de A Coruña al Río de la Plata: 1785-1792”, en Redes del libro en España: agentes y circulación del impreso (siglos xvii-xx), ed. por Lluís Agustí, Mònica Baró y Pedro Rueda Martínez (Zaragoza: Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2021).
74 Así se sugirió en Cartagena de Indias a finales de 1769. Véase “Cuentas”, Cartagena de Indias, 1770, agi, Correos 73 A, ramo 1, n.o 8.
75 “Cuentas”, La Habana, 1775, agi, Correos, 462 A, ramo 2.
76 “Disposiciones”, Madrid, 1787, agi, Correos, 433 A, n.o 1.
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Nelson Fernando González Martínez
Doctor en Historia y Civilizaciones de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (Ehess) y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Sus áreas de investigación han sido la historia de la comunicación y de la provisión de recursos naturales en entornos urbanos. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran: “Comunicar en el preludio de una revolución: el intercambio de información en Nueva Granada y Venezuela a finales del periodo colonial (1739-1802)”, en Colombia, la grande: abordajes historiográficos y nuevas perspectivas, editado por Gabriel David Samacá Alonso y Ángel Almarza Villalobos. Bogotá: Editorial Universidad del Rosario, 2024, 277-311; y “Correos particulares e íntimos dentro de un monopolio postal: acceso al correo en el Virreinato de la Nueva Granada (1750-1780)”, en Escrituras de la intimidad: experiencias del mundo y el corazón, editado por Alfonso Rubio Alfonso y Patricia Cardona Z. Bogotá: Editorial Universidad del Rosario, 2024, 131-155. ngonzalezma@unal.edu.co, https://orcid.org/0000-0003-0117-9682