Su(b)versión: la huelga universitaria de Cali (Colombia), 1971❧

Óscar Calvo Isaza

Universidad Nacional de Colombia

Ingrid Johanna Bolívar Ramírez

Universidad de los Andes, Colombia

https://doi.org/10.7440/histcrit101.2026.03

Recepción: 19 de noviembre de 2025/ Aceptación: 18 de marzo de 2026/ Modificación: 15 de mayo de 2026

Objetivo/contexto: En 1971, los estudiantes de la Universidad del Valle irrumpieron en la escena pública en un contexto de agitación social a nivel nacional. Sus acciones desataron la represión de las autoridades y la declaración de estado de sitio, al tiempo que se convirtieron en el detonante de la mayor movilización estudiantil del siglo xx en Colombia. Este artículo se concentra en el periodo previo al movimiento nacional y examina los modos concretos a través de los cuales el estudiantado interpretó el lugar de la universidad en la sociedad y su propio papel en la disputa por el sentido del cambio social. Metodología: La investigación se teje a partir de un expediente de inteligencia con materiales “subversivos” incautados por las autoridades y que sirvió como prueba de un supuesto plan guerrillero. Esos documentos fueron analizados y comparados con información proveniente de archivos nacionales y extranjeros, periódicos y entrevistas a dirigentes del movimiento estudiantil. Originalidad: El artículo complejiza la comprensión del movimiento estudiantil gracias al énfasis en la producción y circulación del conocimiento que estudiantes, agentes estatales y observadores estadounidenses estaban produciendo sobre la crisis universitaria. Además, subraya el trabajo intelectual, organizativo y de creación cultural desplegado por los estudiantes en su convocatoria a las masas y en su crítica al imperialismo de Estados Unidos. Conclusiones: La huelga de 1971 muestra al estudiantado como una comunidad intelectual con una sofisticada comprensión del lugar de la universidad en el cambio social y con una estrategia cultural para llegar a las masas. Ambas características tomaron fuerza en el contexto de la modernización universitaria, sin embargo, el estudiantado quedó expuesto a la sanción y represión de las autoridades.

Palabras clave: antiimperialismo, Colombia, estudiantes, Guerra Fría, modernización, protesta, universidad.

Subversion: The University Strike in Cali (Colombia), 1971

Objective/Context: In 1971, students from Universidad del Valle burst onto the public stage amid nationwide social unrest. Their actions triggered repression by the authorities and the declaration of a state of siege, while also catalyzing the largest student mobilization of the twentieth century in Colombia. This article focuses on the period leading up to the national movement and examines how students interpreted the university’s place in society and their own role in the struggle to define social change. Methodology: The research is based on an intelligence file containing “subversive” materials seized by the authorities and used as evidence of an alleged guerrilla plot. The documents were analyzed and cross-checked against information from national and international archives, newspapers, and interviews with student movement leaders. Originality: The article deepens understanding of the student movement by emphasizing the production and circulation of knowledge about the university crisis generated by students, state agents, and U.S. observers. Furthermore, it underscores the intellectual, organizational, and cultural-creation work these students undertook to mobilize the masses and critique U.S. imperialism. Conclusions: The 1971 strike reveals the student body as an intellectual community with a sophisticated understanding of the university’s role in social change and a cultural strategy for reaching the masses. Both characteristics were strengthened amid university modernization; however, the student body faced sanctions and repression from the authorities.

Keywords: anti-imperialism, Colombia, Cold War, students, modernization, protest, university.

Su(b)versão*: a greve universitária em Cali (Colombia), 1971

Resumo. Objetivo/contexto: Em 1971, os estudantes da Universidad del Valle, Colômbia, irromperam na cena pública em um contexto de agitação social em âmbito nacional. Suas ações desencadearam a repressão por parte das autoridades e a decretação do estado de sítio, ao mesmo tempo em que se tornaram o estopim da maior mobilização estudantil do século 20 na Colômbia. Este artigo concentra-se no período anterior ao movimento nacional e examina os modos concretos pelos quais os estudantes interpretaram o lugar da universidade na sociedade e o próprio papel na disputa pelo sentido da mudança social. Metodologia: A pesquisa foi desenvolvida a partir de um expediente de inteligência composto por materiais “subversivos” apreendidos pelas autoridades e utilizados como prova de um suposto plano guerrilheiro. Esses documentos foram analisados e comparados com informações provenientes de arquivos nacionais e estrangeiros, jornais e entrevistas com dirigentes do movimento estudantil. Originalidade: O artigo torna complexa a compreensão do movimento estudantil ao enfatizar a produção e a circulação do conhecimento que estudantes, agentes estatais e observadores estadunidenses produziam sobre a crise universitária. Além disso, destaca o trabalho intelectual, organizacional e de criação cultural desenvolvido pelos estudantes em sua convocação das massas e em sua crítica ao imperialismo dos Estados Unidos. Conclusões: A greve de 1971 revela o movimento estudantil como uma comunidade intelectual dotada de uma compreensão sofisticada do lugar da universidade na mudança social e de uma estratégia cultural para alcançar as massas. Ambas as características se fortaleceram no contexto da modernização universitária; contudo, os estudantes ficaram expostos às sanções e à repressão das autoridades.

Palavras-chave: anti-imperialismo; Colômbia; estudantes; Guerra Fria; modernização; protesto; universidade.

Introducción

Es nuestra primera entrevista. Gustavo Vivas, quien fue presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad del Valle (feuv), busca entre su archivo personal y nos muestra en un recorte de prensa al Comité de Huelga, ocupando el espacio de la autoridad universitaria, el miércoles 24 de febrero de 1971. Nueve días antes, los estudiantes habían expulsado al rector de su oficina y se habían apropiado del archivo institucional: “El doctor Ocampo Londoño cree que esto es una hacienda y lo maneja con criterio de empresa”, le decían al reportero. En la fotografía vemos al fondo los retratos de los antiguos rectores y en el primer plano a los jóvenes huelguistas investigando sobre el gobierno universitario y la penetración del imperialismo en Colombia. Vivas nos lee: “Los líderes estudiantiles de la Universidad del Valle que conforman el Comité de Huelga aparecen en la gráfica analizando y evaluando los distintos documentos que sirven de base para su lucha: discursos, contratos, cartas y otros papeles son revisados cuidadosamente”1 (imagen 1).

Imagen 1. Hablan los estudiantes

Un grupo de adultos sentados alrededor de una mesa en una reunión formal con documentos y libros mientras en la pared detrás hay varios retratos colgados y un texto que menciona a líderes estudiantiles de la Universidad del Valle.

Descripción generada con IA

Fuente: Occidente, 25 de febrero de 1971, Cali, 5. Archivo personal de Gustavo Vivas

Las protestas sociales habían incrementado en Colombia desde finales de 1970. La Unión de Trabajadores de Colombia (utc) convocó un paro cívico nacional de protesta el 8 de marzo de 1971, apoyado por sectores sindicales y políticos de izquierda, denunciando precios altos, persecuciones sindicales, cierre de empresas y despidos masivos2. En la Universidad del Valle, el estudiantado declaró la huelga el 8 de febrero para exigir la designación del decano de la División de Ciencias Sociales y Económicas, la renuncia del rector Alfonso Ocampo Londoño y la reestructuración del gobierno universitario3. El 21 de febrero, el Encuentro Nacional Universitario reunido en Cali condenó la presencia del imperialismo estadounidense en la universidad colombiana, exigió mayor financiación pública de la educación superior y convocó a una jornada nacional de solidaridad con la Universidad del Valle, pero no acogió el llamado al paro cívico de la utc4. Ese mismo día se inició “el periodo de mayor lucha por la tierra en la historia de Colombia”, cuando unas 15 000 familias, organizadas por la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (anuc), ocuparon en pocos días 350 predios en 13 departamentos5. Victoria Donneys, secretaria de la feuv, y una de las figuras emblemáticas de la huelga, reflexiona sobre la importancia de sacar el movimiento estudiantil a la ciudad para evitar que su lucha se asfixiara en aulas universitarias6. Ese trastocar el orden de las cosas, un proceso conflictivo y revelador a la vez, fue el preludio de la represión. Que el estudiantado descubriera agentes de inteligencia militar infiltrados en la universidad el 23 de febrero fue una provocación (imagen 2). Que estudiantes sometieran el archivo institucional a una lectura crítica ante la prensa el 24 de febrero fue un atentado contra la autoridad. Que lo exhibieran en la plaza principal de Cali, el 25 de febrero de 1971, con collages de imágenes y grandes carteles sobre los hilos del poder regional y mundial, mientras comían helado, charlaban, veían teatro y escuchaban música folclórica, fue un verdadero acto de sabotaje (imagen 3)7.

Imagen 2. Agentes B-2

Dos personas con camisas claras observan un cartel con texto escrito a mano que incluye frases como "ADIOS AMOR" y "PROFESOR".

Descripción generada con IA

Fuente: agn, mg-d, caja 111/carpeta 1, f. 62.

Imagen 3. Plaza de Caycedo, 25 de febrero de 1971

Un grupo numeroso de personas sentadas en el césped de un espacio urbano parecen participar en una reunión o protesta, algunas leyendo y otras conversando.

Descripción generada con IA

Fuente: fotografía de Mario Roldán Villa.

A la mañana siguiente, fuerzas combinadas de Policía y Ejército tomaron la sede universitaria y, cuando los huelguistas intentaban recuperarla, los agentes estatales asesinaron al estudiante Edgar Mejía Vargas, lo que desató una respuesta masiva que se extendió por la ciudad. Hubo ocho personas muertas, decenas de heridas y centenares detenidas, según datos oficiales8. En la tarde, el Gobierno declaró el estado de sitio en Colombia y en menos de 24 horas promulgó cinco decretos para imponer el toque de queda y restringir el libre tránsito, limitar el derecho de reunión y manifestación, asignar vigilancia a sujetos considerados sospechosos, autorizar el juzgamiento de civiles por tribunales militares y aplicar censura a medios de comunicación9. Pese al estado de sitio, la juventud salió masivamente a las calles en las principales ciudades del país y se enfrentó con las fuerzas represivas durante varias semanas, ocupó los claustros públicos y privados, y organizó encuentros nacionales de estudiantes secundarios y universitarios, configurando el más amplio movimiento estudiantil de Colombia en el siglo xx10.

Cali y 1971 representan un lugar y un año claves de la historiografía colombiana. Sin embargo, como ocurre a menudo con los acontecimientos que marcan una época o implican rupturas, se evalúan más las consecuencias que el momento y los modos de quiebre. Así, se ha escrito más del desenlace del movimiento universitario a nivel nacional que de las formas de rebeldía desplegadas durante la huelga en la Universidad del Valle en febrero de 197111. También se ha insistido en el papel catalizador que el movimiento tuvo para el trotskismo y la reconfiguración de la sopa de letras de la izquierda colombiana12. Por supuesto, la politización del estudiantado por la izquierda dotó al movimiento de un lenguaje y unas formas organizativas que lo hicieron posible13. Los debates políticos e ideológicos entre diversos sectores de izquierda hacen parte de esta historia, pero cabe insistir en que no son toda la historia.

En perspectiva, la discusión en Colombia puede organizarse en tres grupos: los estudios sobre política educativa, ideología, reforma universitaria y estratificación social14; la historia de los movimientos estudiantiles y la nueva izquierda15, y los trabajos sobre estudiantes, juventud, protestas, memoria e identidades colectivas16. Las contribuciones más recientes articulan estas tres dimensiones y subrayan cómo los estudiantes fueron capaces de trascender el ámbito educativo y convirtieron a la universidad en un lugar clave para subvertir el orden social17. Con todo, hace falta comprender de mejor manera los lazos entre lo dicho y lo actuado, las palabras y los hechos, para descubrir en un solo movimiento la producción intelectual, los conceptos y los símbolos de una época encarnados en la protesta, la disidencia social y el activismo político18.

En América Latina, las primeras visiones sobre los movimientos estudiantiles entre 1960 y 1980 pusieron énfasis en los procesos de politización y radicalización ideológica, perdiendo de vista las maneras específicas como los universitarios comprendieron y quisieron intervenir en las transformaciones culturales de la época19. Estas cuestiones y la centralidad política de los asuntos propiamente académicos habían permanecido soslayados por los debates acerca de los métodos y estrategias revolucionarios, la movilización social y la represión estatal20. Uno de los rasgos de la producción historiográfica actual sobre el tema es su renovado interés en las tensiones entre lo gremial, lo político y lo cultural, así como en los lazos entre transformaciones intelectuales, autoridades universitarias y estudiantes21.

Se ha ampliado nuestra comprensión de la universidad latinoamericana como un campo crucial en las disputas geopolíticas de la Guerra Fría, que favoreció la circulación de ideas, personas y tecnologías entre diversos países, mientras jalonaba un activismo transnacional que tenía relaciones cambiantes con gobiernos, organizaciones y partidos22. También sabemos más acerca de acuerdos y tensiones entre autoridades universitarias, estudiantes y agentes estatales, incluso militares23. Asimismo, se han visibilizado los grupos cultuales y de experimentación artística como una forma de sociabilidad, propia de los estudiantes, complementaria al activismo político, y su importancia en cuanto expresión estética y política que irrumpe en lo cotidiano y enlaza de otras formas las aulas con las calles24.

En este artículo recurrimos a la experiencia de la huelga de la Universidad del Valle en 1971 para enriquecer la discusión sobre movimientos estudiantiles, a partir de los modos concretos como los estudiantes estaban descubriendo y redefiniendo el lugar de la universidad y del conocimiento en los procesos de cambio social. ¿Cómo y por qué un conflicto entre estudiantes y autoridades académicas en la Universidad del Valle terminó convertido en un asunto de Estado? Vamos a sostener que lo subversivo de la huelga radica no tanto en un plan guerrillero para derrocar al Gobierno, sino en un movimiento que desata un encuentro universidad-sociedad que ensancha el campo político25. Nos preguntamos cómo disputan los estudiantes ese lugar geopolítico que es la universidad, qué hacen cuando movilizan conceptos —como crisis, subversión, enclave, teatro— llevados al papel mimeografiado y escenificados con sus cuerpos en forma de protesta. Lo subversivo aquí, en suma, es un gesto que cuestiona el orden, una manera de conocer y de hallar lo ignorado, de vincular lo gremial con lo político y lo dicho con lo actuado, de conectar lo regional con lo mundial, de actuar y escenificar lo aprendido de la universidad en la sociedad.

Nuestro punto de partida fue un expediente de inteligencia política, custodiado por el Archivo General de la Nación26, compuesto por materiales “subversivos” —panfletos, revistas, fotografías, volantes y documentos de análisis—, obtenidos por agentes de seguridad estatales en manifestaciones públicas, registros y allanamientos, y ensamblados por las autoridades como prueba de un supuesto plan guerrillero que explicaría las protestas estudiantiles en Cali. A partir de allí hicimos un trabajo en archivos en Colombia y Estados Unidos, complementado con la lectura puntual de periódicos locales y nacionales. Sin embargo, resultaba imposible escribir esta historia solo a partir de las fuentes de inteligencia y sus ecos en la prensa sin preguntar por la versión de esas personas clasificadas y perseguidas por el Gobierno como subversivas. Por eso, ubicamos en Francia, España, Argentina y Colombia a seis personas del comité ejecutivo de la feuv, quienes aparecían con nombres propios en el expediente de inteligencia. En un trabajo de muchas jornadas, durante varios años, leímos y contrastamos con ellas documentos oficiales y periódicos, exploramos su cotidianidad en la universidad y la vida intelectual de la ciudad. Entonces pudimos comprender mejor los documentos sobre instancias de participación estudiantiles —consejos, votaciones, asambleas— y medios —carteleras, revistas, pintas— que redefinían el campo de expresión e impugnación de la autoridad universitaria. En ese sentido, nuestro aporte metodológico es comparar diversos tipos de fuentes y explorar las tensiones entre escalas y actores, lo cual nos permitió insertar la huelga en un paisaje político amplio y comprenderla como un momento fundamental de descubrimiento y de proyección de los estudiantes hacia la sociedad.

Estructuramos este artículo en cuatro partes que no describen un orden cronológico. La primera sitúa la cambiante relación entre autoridades universitarias y políticas, estudiantes y agentes estadounidenses en el contexto de modernización universitaria y disputa por los ritmos y sentidos del cambio social. La segunda apunta al expediente de inteligencia sobre el movimiento estudiantil y reconstruye las relaciones problemáticas entre conocimiento-subversión-universidad. La tercera examina la producción intelectual y política de los estudiantes para mostrar cómo se enlazaron las demandas concretas, el cuestionamiento de la autoridad y las luchas antiimperialistas. En la cuarta reconstruimos diferentes aspectos de la movilización estudiantil para insistir en la importancia que el estudiantado le daba al conocimiento, la comunicación con las masas y la constitución de un nuevo campo de encuentro universidad-sociedad.

  1. Crisis

En su discurso en los grados universitarios de 1968, el rector de la Universidad del Valle, Alfonso Ocampo, planteaba que se vivía en una época explosiva, que marcaba los ánimos de los universitarios y exigía una modificación de sus concepciones y actitudes sobre el mundo27. La noción de crisis expresaba la comprensión sobre ese nuevo lugar de la universidad y de las reglas que la rigen en la sociedad. En febrero de 1969 afirmaba: “La universidad está en crisis. Debe estar siempre en crisis. […] Una universidad que no está en efervescencia es una universidad muerta”. Para conjurar la revolución, concluía, era necesario “arrebatar a los estudiantes las banderas del cambio y marchar delante de ellos. Acelerar el cambio es la única manera posible de lograrlo sin violencia”28.

La política del Estado colombiano en la Guerra Fría, en especial durante el Gobierno de Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), no fue reactiva frente a los desafíos planteados por la insurgencia y los movimientos revolucionarios en América Latina, sino que incluyó un conjunto de reformas para disputar el sentido y la velocidad del cambio social frente a quienes pregonaban la necesidad de una transformación radical del sistema. De hecho, el avance del Estado contrainsurgente y sus instituciones era parte de este proceso de modernización, en el sentido de racionalización de las instituciones públicas, limitación de los poderes políticos regionales-locales y mayor intervención social del Estado. El movimiento estudiantil de 1971 irrumpió en el corazón de la apuesta modernizadora de convertir la educación, la universidad y el conocimiento en motores del cambio social29. Germán W. Rama sostenía que: “si la agitación estudiantil es manifestación de ‘crisis’ ella no se origina en la universidad sino en las relaciones entre universidad y sociedad o entre estudiantes y poder. La crisis se origina en la falta de consenso respecto al cambio, las vías por las cuales debe realizarse y las metas del mismo”30.

Aunque la configuración del sistema de educación superior había cobrado un primer impulso con las reformas liberales de las décadas de 1930 y 1940, el momento central de la transformación tuvo lugar durante las décadas de 1960 y 197031. Su concreción simbólica y espacial fueron dos grandes proyectos urbanísticos de la época, financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo (bid): las ciudades universitarias de la Universidad de Antioquia en Medellín (1967-1969) y la Universidad del Valle en Cali (1969-1971)32. La transformación cobró fuerza entre 1966 y 1972, en el contexto de un ciclo corto de elevadas tasas de crecimiento económico, con mayor intervención del Estado en la economía y especialización de la burocracia estatal, cuando se generaron altos índices de crecimiento de la matrícula universitaria y una rápida mutación del sistema universitario a nivel nacional. Las reformas de cuño tecnocrático y modernizante fueron posibles por una mayor dependencia de capitales financieros, modelos organizativos y cognitivos provenientes de Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría, lo que insertó las cuestiones universitarias en el ámbito más amplio de los debates sobre las reformas sociales, el desarrollo económico, las relaciones internacionales y el régimen político del Frente Nacional (1958-1974).

La reforma universitaria desempeñó un papel central en el proyecto modernizador del Frente Nacional, como punto de convergencia entre las élites políticas de Bogotá y las élites empresariales regionales, que buscaban alinear la educación superior con el modelo de desarrollo económico, formar funcionarios y técnicos encargados de operar las instituciones públicas y privadas, masificar la educación superior y sustraer las instituciones del control clientelar de grupos políticos locales. En 1967, esta política tomó el nombre de Plan Básico, que apuntaba a la racionalización funcional, la productividad y la orientación curricular al servicio de las demandas del mercado, y que comprendía también el alza de matrículas para el sostenimiento institucional, los créditos externos para infraestructura, la ayuda de fundaciones estadounidenses para la investigación y la contratación de profesores de tiempo completo33. Sin embargo, a diferencia de los otros programas del Frente Nacional con una amplia base social —la Reforma Agraria o la Acción Comunal—, al intentar sustraer de la política regional/local el ámbito universitario y contener la movilización estudiantil de carácter antisistémico, la reforma de la universidad fue un proceso autoritario, en el que una visión tecnocrática y empresarial buscó cambiarla desde arriba según el modelo estadounidense, fenómeno que fue mucho más acelerado en regiones como Antioquia, Valle del Cauca y Santander que en Bogotá.

El Gobierno de Estados Unidos redactó un informe secreto sobre la penetración del comunismo en universidades latinoamericanas y propuso un plan contrainsurgente dirigido a jóvenes y estudiantes. Este prescribía, además de la modernización de las instituciones universitarias, la necesidad de influenciar a la juventud y las asociaciones estudiantiles a través de programas de intercambio cultural y académico, preparación de foros y seminarios, distribución de impresos y películas, apoyo a grupos de servicio comunitario y trabajo con los voluntarios de los Cuerpos de Paz, que sirvieran para encauzar el idealismo juvenil, la lucha contra las injusticias y el deseo de cambio social en favor de los intereses imperiales. En Colombia, según este estudio, la multiplicidad de universidades, aunque costosa económicamente y deplorable desde el punto de vista académico, limitaba la consolidación de una organización nacional estudiantil, pero no la penetración de ideas clasificadas como “comunistas” o “extremistas”34. La Embajada de Estados Unidos en Bogotá recolectaba información de inteligencia sobre profesores, estudiantes y funcionarios educativos, mientras intentaba debilitar los consejos estudiantiles de los que emanaba la Federación Universitaria Nacional (fun) y favorecer indirectamente una organización reformista que la sustituyera (con más éxito en lo primero que en lo segundo)35. Las operaciones psicológicas y de propaganda incluían películas, programas radiales, foros y exposiciones, intercambios académicos y artísticos dirigidos a granjear la simpatía de la juventud hacia las ideas de libertad y democracia36. A estas tácticas blandas cabe agregar otras menos sutiles, como la preparación por el Programa de Seguridad Pública de Estados Unidos de una policía especializada antidisturbios que sería clave en la represión de motines callejeros y protestas estudiantiles desde mediados de la década de 196037.

La organización estudiantil se distanció de la orientación política de los partidos tradicionales, fenómeno que se debió tanto a la apuesta frente-nacionalista de sustraer la universidad de las pugnas políticas partidistas como a las protestas de los estudiantes contra el régimen y su alineación geopolítica con Estados Unidos. De hecho, hasta mediados de la década de 1960, las relaciones entre élites políticas y estudiantes fueron fluidas, los presidentes de la república mantuvieron diálogo directo y recibieron a representantes estudiantiles. Al asumir el poder Carlos Lleras Restrepo, en agosto de 1966, encontró la Universidad de Antioquia y la Universidad de Medellín paralizadas por conflictos de origen diverso que se habían entrelazado, con decenas de detenidos y la amenaza de un paro nacional. Aunque se reunió con los dirigentes, el Gobierno impuso restricciones a la libertad de asociación y amenazó con ilegalizar la fun. Poco después, el 24 de octubre de 1966, cuando el presidente se aprestaba a inaugurar con John Rockefeller un laboratorio en la Ciudad Universitaria de Bogotá, fueron atacados con piedras por un piquete estudiantil38. Como respuesta, el presidente ordenó la ocupación militar del campus, decretó medidas excepcionales de vigilancia de actividades subversivas a nivel nacional e ilegalizó los consejos estudiantiles en la Universidad Nacional39.

Con la supresión de la organización nacional, la represión callejera y la reiterada intervención militar en las sedes universitarias, la movilización disminuyó en frecuencia y se dispersó en los dos años siguientes. Se ha observado el descenso de las protestas sociales y estudiantiles en Colombia durante 1967 y 1968, de manera que no existe un correlato exacto de las movilizaciones de aquellos años en México, Brasil o Uruguay40. Sin embargo, también se ha notado que en agosto de 1968 se inició un ciclo de movilizaciones estudiantiles que alcanzó su auge en febrero de 197141. El estudiantado estuvo activo en las Asambleas Populares Cristianas celebradas en Medellín en torno a la ii Conferencia del Episcopado Latinoamericano y en la resistencia a los desalojos de los habitantes de tugurios en agosto de 196842. En septiembre se realizó una huelga en la Universidad del Valle contra la presencia de Cuerpos de Paz, identificado como un “instrumento de poder norteamericano para mantener el control socio-político y económico en esta parte del mundo”43. La huelga de Cali fue sucedida por actos de resistencia cotidiana en las aulas y las cafeterías en Pereira y Medellín, que en el curso de unos meses llevaron al retiro de los voluntarios de las universidades públicas44. En enero de 1969 se produjeron varias jornadas de protesta en diversos puntos de Cali contra el alza del transporte y los servicios públicos, protagonizadas por estudiantes, obreros y pobladores de los tugurios45. En mayo, Medellín, Cali, Bogotá y Barranquilla se vieron sacudidas tres días por manifestaciones masivas contra la presencia en Colombia de Nelson Rockefeller durante su gira por América Latina46. A finales de ese año, cuando el presidente Lleras Restrepo pretendía inaugurar la Ciudad Universitaria de Medellín —en la Universidad de Antioquia—, una de las obras urbanísticas más importantes del país financiada con recursos internacionales, estudiantes empapelaron las nuevas instalaciones y lo declararon persona no grata: “Vamos a izar el pabellón de los EE. UU., ya que esta Universidad es de los Yankis y no del Gobierno Colombiano”47.

  1. Subversión

En el expediente de inteligencia política sobre el movimiento estudiantil de Cali, el primer documento es un ejemplar mimeografiado del Minimanual del guerrillero urbano de Carlos Marighella. Una nota a mano señala la hipótesis de la Policía: “Este material fue capturado a un celador de apellido Martínez de la juco-Hospital Psiquiátrico[.] Lo subrayado con rojo es el ídem al original encontrado y lograron realizarlo en los acont[ecimientos] de febrero” (imagen 4)48.

Imagen 4. Minimanual

Texto mecanografiado y manuscrito en español que analiza el trabajo de guerrilleros urbanos y la crisis política y social relacionada con su situación y acciones.

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Fuente: agn, mg-d, caja 111/carpeta 1, f. 1.

En febrero de 1971, la Policía Nacional registró 52 grandes manifestaciones o disturbios, 8 ataques contra agentes, 117 ataques de bandas organizadas, 13 bombas, 6 secuestros y 4 ataques contra instalaciones policiales en Colombia. Estos incidentes significaban un aumento del 8 % con respecto al mes anterior y un 94 % sobre el mismo mes del año anterior49. Esta señal de alerta fue interpretada por el Gobierno como un plan subversivo de alcance nacional. Ahora bien, las primeras noticias sobre ese supuesto plan provienen de octubre de 1968, cuando un grupo denominado Movimiento Guerrillero Urbano (mogur) fue desarticulado en Cali por el Departamento Administrativo de Seguridad (das)50. En un informe de orden público se presentó al mogur como una red urbana del Ejército Popular de Liberación (epl), aparentemente vinculada con la feuv y el Frente Sindical Autónomo, que operaba en huelgas obreras y protestas estudiantiles como las registradas en enero de 196951. Existe un documento con un sello del mogur, sin fecha y sin lugar, que se refiere al empleo de sindicatos como base de la guerrilla urbana; y otro material apócrifo, el “Plan-234-234”, sin fecha, con sellos de una monitoría del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (mln-t) de Uruguay al Ejército de Liberación Nacional (eln) en el Valle, que ordenaba extorsiones a empresarios usando material comprometedor de infidelidades, lesbianismo y tráfico de cocaína52. El 27 de febrero de 1971 fueron detenidas 30 personas acusadas de pertenecer al mogur, al parecer ninguna de ellas estudiante, quienes tenían en su poder bombas molotov y fueron señaladas como responsables de acciones delictivas el día anterior53. A estas piezas se sumaban unas notas de Gustavo Vivas en poder de las autoridades que mencionan brigadas en barrios, fábricas y teatros54, y un documento decomisado en un allanamiento a Eduardo Barragán, con un plan de despliegue y un listado con nombres y números telefónicos de 189 integrantes de 11 brigadas estudiantiles destinadas a diferentes lugares de la ciudad55.

Así, en clave oficial, la huelga en la Universidad del Valle y los acontecimientos del 26 de febrero de 1971, hacían parte de una operación subversiva internacional que incluía acciones de saboteo, secuestros y extorsiones. El presidente Misael Pastrana (1970-1974) y el rector Ocampo coincidieron en que se trataba del primer paso de un plan insurreccional56. Según el gobernador del Valle del Cauca, Marino Rengifo: “Comenzó a ponerse en ejecución el plan previsto, de acuerdo con los documentos incautados por los Servicios de Inteligencia de la Policía y del das, que constituyen un verdadero manual de ‘guerrilla urbana’”57. Sin embargo, asesores de seguridad pública de Estados Unidos en Colombia viajaron al Valle del Cauca después de las protestas populares en enero de 1969 y febrero de 1971, atribuidas por la Policía al mogur, y en ambos casos su evaluación fue negativa: en el primero porque ninguna otra agencia, el F-2 de la Policía, el das o la inteligencia militar, tenían noticias al respecto58; en el segundo porque persistían dudas en otros niveles del Gobierno y las fuerzas de seguridad sobre la existencia de este grupo como organización59.

La inteligencia es conocimiento del otro y, según la observación de Michael Herman, puede tener como objetivo a sujetos internos o externos, pero, en el caso de los primeros, estos son tratados como extranjeros, como una otredad cuya diferencia desafía al Estado o a la sociedad60. John Ferris critica los estudios sobre la materia y su tendencia a sobreestimar el valor de la inteligencia y conferir un peso absoluto a sus informaciones sin probar que tuviesen influencia real en la toma de decisiones61. Sin embargo, Eva Horn plantea que el factor decisivo de la inteligencia no es su proceso de racionalización o su operatividad, sino su objeto, “el conocimiento del enemigo”, cuyo criterio de validez es la efectividad táctica62. En este caso, pues, la cuestión no es probar que una información cierta tuviera influencia real en la toma de decisiones gubernamentales. En cambio, según la evidencia disponible, lo más probable es que esta información valorada como falsa por las propias autoridades fuera empleada por el Gobierno para declarar el estado de sitio, reprimir militarmente la huelga y criminalizar al estudiantado, hacer propaganda contrainsurgente en los medios de comunicación y, sobre todo, justificar el uso de la fuerza para contener el auge de los movimientos obrero, campesino y estudiantil a nivel nacional.

Como nos enseña Ludmila da Silva, resulta una paradoja buscar la verdad con documentos producidos “bajo el signo de lo secreto y lo oculto y que muchas veces fueron ‘construidos’ sobre la base de la mentira, la delación y el invento para marcar al otro como enemigo”63. Por esta razón, preguntamos a varios dirigentes mencionados en el expediente y presentados en la prensa como agentes subversivos. Victoria Donneys, Carlos Jiménez y Gustavo Vivas impugnaron la vinculación de la huelga y las protestas estudiantiles con la insurgencia guerrillera. Con la perspectiva del tiempo entienden que la hipótesis conspirativa de las autoridades no era descabellada, pero reiteran que se trató de un montaje orquestado por el Gobierno y secundado por la prensa. Vivas dice que no había una estructura clandestina del comité de huelga ni se realizaban reuniones secretas antes de la represión de finales de febrero64. Eran un colectivo con orientaciones políticas diversas, algunas personas eran afines con la insurgencia, mientras otras descreían de la lucha armada, pero, según Donneys, el suyo fue un movimiento gremial y revolucionario, amplio y de masas, sin dependencia orgánica de organizaciones armadas: “nosotros no estábamos en una guerra, nosotros estábamos en un movimiento estudiantil en el que la gente se politiza de diferentes maneras”65.

La feuv planificaba sus acciones con sectores obreros y campesinos con miras a coordinar la acción política en condiciones favorables, respetando la autonomía de cada uno, porque tenían una “brújula revolucionaria” común. Además, realizaba trabajo político en sindicatos y barrios, pero los contactos eran episódicos y visibles en escenarios concretos de desobediencia colectiva. Solo en el caso de los estudiantes secundarios, en especial del colegio Santa Librada, había un trabajo organizado, educación política y coordinación en enfrentamientos con la fuerza pública. Jiménez destaca que el despliegue de brigadas estudiantiles en barrios, fábricas, colegios y teatros fue una táctica empleada primero en la Toma Simbolillo y luego replicada como forma de resistencia ante la represión para despertar la conciencia política y convocar solidaridad con la huelga66. Estas observaciones coinciden con las de Camilo González Posso, quien, en referencia al mismo periodo, aseguró: “una alternativa a la lucha guerrillera”, basada en la acción de masas, una organización democrática de las bases y antimilitarista (luxemburguismo), con una idea algo vaga acerca de la insurrección popular en la ciudad67.

  1. Enclave

Que no hubiera un plan militar o una organización guerrillera detrás no quiere decir que se tratara de un movimiento espontáneo o que los protagonistas de la huelga no se consideraran a sí mismos como actores revolucionarios68. La dirigencia de la feuv comprendía la huelga como parte de una lucha de masas por una transformación radical de la sociedad, es decir, tenía objetivos políticos y no solo gremiales. Su singularidad se debe más bien a la capacidad de conceptualizar y poner en práctica la relación de la huelga estudiantil con un movimiento anticapitalista y antimperialista.

El texto más importante al respecto, “La política y la organización de los estudiantes”, fue publicado en la revista Crítica Marxista de Cali en 1970 y actualizado en papeles mimeografiados en 1971. La organización estudiantil puede ser una federación o una liga, pero su lucha debe tener un sentido táctico y estratégico complementario: es reivindicativa, en cuanto busca conquistas tangibles y posibles de alcanzar para mantenerse y desarrollarse; y es política, porque su doble opresión por la burguesía y el imperialismo la sitúa como una fuerza de masas que contribuye a la lucha por el poder del movimiento popular. Ser estudiante es algo transitorio, no implica pertenecer o representar a una clase social, sino que tiene un papel técnico e ideológico-cultural y por eso su organización deriva de una “posición crítica ante las formas ideológicas de la enseñanza, las instituciones y la política del sistema”69.

Este documento sostiene que el papel de la universidad es producir saber técnico y científico, pero sobre todo ideológico, porque en América Latina, ante la débil aplicación del saber técnico en la industria, el saber científico les sirve a las clases dominantes para representar a la sociedad en términos engañosos, en lugar de entender la formación de sus estructuras económicas y sociales desiguales como resultado de un proceso histórico de dominación. En sus formas operativas, la universidad es jerarquizada, vertical y burocrática mientras en lo pedagógico se repliega en la clase magistral y los test, con una infraestructura física, investigativa y de bienestar precaria. A la universidad colombiana se le había privado de autonomía sometiendo su funcionamiento a organismos externos y con la elección de rectores por parte del poder ejecutivo, militarizando sus campus, reduciendo la financiación pública y aumentando la dependencia de fundaciones y bancos internacionales, con una organización interna (departamentos, créditos, becas, posgrados) hecha a imagen y semejanza de las universidades gringas, y una política de investigación enfocada, por una parte, en cadenas de suministros de materias primas (mineras y agropecuarias) y, por otra, en la contención del conflicto social y la insurgencia70.

Si en el plano intelectual se trata de una apropiación del debate sobre la dependencia en América Latina, en el ámbito práctico esta visión tiene el mérito de haberse planteado una lectura del contexto local y regional. Se trataba de una región con intensa presencia de capitales, tecnología y recursos transnacionales, mientras la Universidad del Valle representaba una institución piloto en la aplicación de los programas de ayuda para el desarrollo de Estados Unidos en Latinoamérica71. De acuerdo con la crítica del estudiantado, su universidad había sido cooptada por intereses privados a través de la Fundación para la Educación Superior (fes), creada por empresarios en 1964. Tal entidad administraba recursos especiales (donaciones, contratos y convenios de origen nacional o internacional) y era un enclave extranjero de la “industria del saber”, donde subsistían facultades integradas y prósperas con otras excluidas y mendicantes, docentes de primera y segunda categoría72. En la medida en que la ayuda internacional —en particular de la Fundación Rockefeller— sostenía una parte del funcionamiento de la institución, existía una gran desigualdad entre profesores nacionales y extranjeros, así como entre quienes eran pagados con fondos externos o con dineros públicos73. Era, entonces, un laboratorio regional donde se estaban experimentando nuevas formas del capitalismo transnacional. La financiación por fundaciones filantrópicas estadounidenses y bancos multilaterales generaba una investigación y una docencia universitaria cuyos productos servían a un mercado reducido de empresas transnacionales, que estaban orientados al mercado mundial y sostenían una “colonia interior” en el seno de la nación74.

Resulta evidente que el enclave universitario gestado en la década de 1960 —ese territorio “colonial”— operaba de manera dialéctica como mecanismo de dominación y escenario de la rebeldía juvenil, configurando un tipo de organización, una ideología, unas reivindicaciones, unas formas de comunicación y de protesta que se hicieron visibles en las huelgas de 1968 y 1971. Una dimensión sobresaliente es la participación gremial, con representación en los cuerpos colegiados de cada división (facultad), en el Consejo Directivo y en el Consejo Superior. En cuanto a la feuv, se escogían en asamblea dos representantes por año o programa para conformar el consejo estudiantil de división, que seleccionaba tres delegados principales y sus suplentes para el Comité Ejecutivo, cuya dirección estaba conformada por cuatro personas75. Además, la feuv contaba con un presupuesto propio proveniente de una fracción de la matrícula estudiantil76.

El 5 de septiembre de 1968, una comisión de la feuv, liderada por Camilo González Posso, entrevistó al profesor Luis H. Fajardo sobre su participación como director de Sociología en cursos para los Cuerpos de Paz en Colombia, contratados por la fes. Según los estudiantes, Fajardo cambió varias veces de versión sobre su participación en el proyecto, dijo que lo había hecho de buena fe, que él era de izquierda, calificó a los jóvenes estadounidenses como ingenuos, que eran personas sensibles a la realidad latinoamericana y en su país habían adoptado posiciones revolucionarias. Sus interlocutores respondieron con notable ironía: “Y por qué, Dr. Fajardo, dada la duda que Ud. dice que tiene sobre los Cuerpos de Paz, no se dedica más bien a preparar ‘revolucionarios para Colombia’, y no para los Estados Unidos”77. Pocos días después, los estudiantes rebeldes declararon la huelga y bloquearon la entrada al edificio de Sociología, pintaron letreros en la pared denunciando el Plan Camelot y el Plan Simpático, acusaron a los voluntarios de ser infiltrados de la Agencia Central de Inteligencia (cia), proclamaron que el estudiantado no cambiaría yuca por miseria, ni su conciencia por dólares, y vociferaron a través de megáfonos: “¡Fuera yanquis!”78.

Las elecciones de representantes estudiantiles de 1968 marcaron un cambio político en la Universidad del Valle. En las votaciones del 8 de octubre participaron 1505 estudiantes, un 47,5 % de 3162, un crecimiento notable con respecto a 1967, cuando habían participado 290, un 10,5 % de 2700 estudiantes79. Además, estas elecciones significaron un triunfo de marxistas y cristianos que habían liderado la huelga de septiembre. En los actos de grado de 1969, el rector Ocampo expresó una queja amarga contra “el ruido” que retumbaba en el claustro con palabras nuevas como “imperialismo, privatización, infiltración cultural”, tomadas, decía, de un “léxico internacional”80. Durante meses intentó reformar la elección de consejos estudiantiles, auditar las finanzas de la feuv y reglamentar un espacio para las protestas81. Su apuesta por debilitar la organización estudiantil fracasó y en las elecciones del 21 de octubre de 1969 se escogió el nuevo Comité Ejecutivo de la feuv, cuyos integrantes encabezarían la huelga de 197182.

La lucha reivindicativa emanó de conflictos cotidianos sobre el aparato escolar entre profesores y estudiantes, en especial, por deficiencias en cursos y exámenes que generaban gran “mortandad estudiantil”. Como denunciaban gráficamente estudiantes de ciencias: “Estamos ascendiendo a ‘La Línea’ como en las vueltas a Colombia, sin entrenamiento previo, sin motivación clara y en bicicletas de turismo (la mayoría sin bicicleta) para alcanzar el premio de montaña”83. El 28 de noviembre de 1969, 330 estudiantes participaron en un boicot que se propagó desde el salón # 7 de Ingeniería, donde se realizaba el test de álgebra lineal, hubo forcejeos y cortes de energía, lanzaron bolas de papel a los profesores e hicieron una quema de las pruebas84. Para entonces, la desobediencia y el ruido se habían generalizado entre estudiantes: las paredes estaban empapeladas y escritas a pesar de admoniciones para usar las carteleras autorizadas y el perifoneo retumbaba con música y discursos que desesperaban a directivos y docentes85. En la cafetería, donde se congregaba la muchachada, con cualquier pretexto gritaban en coro “¡abajo el rector!”86.

La huelga de 1971 se tejió a partir de un repertorio de protestas ensayado y con reivindicaciones concretas, que en este caso serían el nombramiento en propiedad del decano de Ciencias Sociales y Económicas, la renuncia del rector y la reestructuración del gobierno universitario, para hilar desde allí una estrategia política revolucionaria87. En el proceso, la designación del decano apareció como motivo de disputa, pues el estudiantado presentó la candidatura de Bernardo García, en ese momento, profesor de la Universidad Nacional —quien, según nos informó, no estaba interesado en el cargo88—, pero el rector Ocampo maniobró en el Consejo Directivo y en el Consejo Superior para nombrar a otro candidato, Julio Mendoza, que no cumplía los requisitos para el cargo89. Los estudiantes no tardaron en pedir la renuncia del rector y declararon la huelga, apuntando al carácter autoritario de la institución y la falta de democracia interna, por lo cual demandaron también una reforma del gobierno y el estatuto universitario. A partir de allí, los huelguistas pudieron exponer la estructura del poder y el sistema de gobierno, representados por el rector y una universidad que funcionaba como un enclave de la “industria del saber” al servicio de la burguesía caleña y de los Estados Unidos90.

  1. Teatro puro

Carlos Jiménez trae a la memoria una escena de “teatro en estado puro”. En una fecha imprecisa a finales de marzo de 1971, mientras soldados rodeaban la sede universitaria, un estudiante de teatro se armó de palos y con un grupo de amigos formó un pelotón que comenzó a marchar en columnas por las canchas deportivas. Por supuesto, no tardaron en escucharse las rechiflas de la gente en las gradas por lo que parecía un desfile militar, pero el improvisado mando comenzó a cargar contra los estudiantes que protestaban y ordenó detener a uno de ellos: “Dijeron que era un consejo de guerra verbal, que el estudiante que tenían retenido era un subversivo y que lo condenaban al fusilamiento. Lo pusieron en las canchas y allí lo fusilaron. El estudiante ya se había puesto en el papel de fusilado y cayó al suelo. En ese momento el ejército irrumpe en la universidad”91. Esta escena entre la realidad y la ficción, por su capacidad de captar lo que está ocurriendo en el entorno, improvisar con los materiales a la mano y, sobre todo, involucrar al público en la acción dramática, simboliza bien la protesta social en los primeros meses de 197192.

Gustavo Vivas formuló de una manera heterodoxa su apuesta política cuando inició la huelga93. ¿Qué es ser subversivo? Para él la subversión es un saber sobre la ideología que permite irrumpir en el silencio: “Lo subversivo es no quedarse mudos e impasibles ante las decisiones verticales, arbitrarias o injustas que tomen: el Gobierno de Colombia o las directivas de la Universidad y tratar, por el contrario, de conocerlas, criticarlas objetivamente, denunciarlas públicamente y plantear alternativas coherentes”, en la medida “que la explotación no es una institución divina, sino un modo de producción humano, que no es eterna sino histórica, que no es inmodificable sino transformable”94. Lo que se escenifica con los cuerpos a través de la protesta estudiantil es un signo de interrogación sobre las bondades de la educación para el desarrollo y el bienestar del país; recalca la necesidad de pensar el papel de la universidad en la sociedad, porque sus aulas, más que “el lugar de la ‘academia’ y del ‘estudio’”, eran escenarios políticos, culturales y sociales atravesados por el poder95.

Investigaciones recientes han mostrado a Cali como un escenario de convergencia de las vanguardias políticas y artísticas en la década de 1970, y el 26 de febrero de 1971 como una referencia común para el cine documental, la literatura, el arte gráfico y conceptual de esa década96. La ciudad de América, sede de los vi Juegos Panamericanos, era exhibida por la burguesía como una urbe moderna con una nutrida programación de exposiciones, cine, teatro, danzas y conciertos, siguiendo de forma modesta el modelo de las olimpiadas de México 196897. En ese contexto, el estudiantado irrumpió en el espacio público. Como se señaló en esos días: “La huelga busca, a las masas populares donde ellas se encuentran, en las fábricas y en los sindicatos, en las calles y en los barrios, en los colegios y reuniones públicas”98. La protesta se coló sin invitación en el programa panamericano, no tanto porque hubiera un plan para sabotear las competencias deportivas que iniciarían cuatro meses después, sino porque el evento que ya estaba en marcha abría un espacio excepcional para representar y comunicar la política, los vínculos entre la sociedad y la autoridad99.

El 15 de febrero, luego de la Asamblea de Consejos Estudiantiles que ratificó el paro y las demandas estudiantiles, un grupo liderado por Vivas expulsó por la fuerza a Ocampo de su oficina, quien intentó, en un gesto desesperado, llevarse consigo el archivo institucional. No lo consiguió por completo y parte de los documentos quedó en manos de jóvenes y ávidos lectores, que se organizaron en grupos para revisar los papeles y someterlos a la crítica mientras ocupaban desafiantes el espacio de la autoridad universitaria. En el cajón del rector encontraron copia del contrato entre la Universidad del Valle y el bid para la construcción de la nueva ciudad universitaria en Cali, cuyas instalaciones servirían como residencia de las delegaciones deportivas en los Juegos Panamericanos, y que les permitió denunciar, con evidencia en mano, en una rueda de prensa multitudinaria y con la asistencia de los diarios de Cali y Bogotá, los hilos que unían el proyecto con la valorización de la tierra, la banca multilateral y los intereses de Estados Unidos100. Un hecho adicional llamó la atención pública: dos agentes de la inteligencia militar (B-2) fueron descubiertos y expuestos públicamente por estudiantes en la universidad101. El miércoles, un cronista de Occidente captó a jóvenes leyendo los documentos de archivo y, en medio de un ambiente festivo, dibujando, recortando fotografías, haciendo carteles: “‘No es una manifestación…’, nos dice una hermosa estudiante y un compañero remata: ‘… Vamos a llevar hasta la Plaza de Caycedo cuadros, cifras y fotografías sobre el movimiento, la situación de la Universidad, para explicarle al pueblo lo que está sucediendo’”102.

El 26 de febrero, al declarar el estado de sitio, el presidente Misael Pastrana aludió a la toma de la Plaza de Caycedo como justificación de la intervención militar de la Universidad del Valle103. El día anterior, la plaza principal de la ciudad se había convertido en un espacio de exhibición, híbrido entre instalación y acción escénica, denominado Toma Simbolillo (símbolo y sin bolillo —término con el que se conoce al bastón de mando que utiliza la policía—). La jornada incluyó una obra del Teatro Experimental de Cali y, aprovechando la presencia en la ciudad de una delegación de Chile en los Panamericanos Culturales —que incluía al grupo Inti Illimani—, el público pudo disfrutar también de música y danza folclórica104. Lustrabotas, transeúntes, vendedoras siguieron con sus actividades cotidianas. Hombres y mujeres jóvenes aparecían apacibles, conversaban, comían helado con sus amigos. Carlos Jiménez recuerda que estudiantes de arquitectura crearon composiciones en sábanas enormes y tableros unidos por cables a las palmeras y que, empleando el paisaje del lugar, formaron un collage de textos y gráficas en gran formato (imagen 5). Victoria Donneys hacía mitines de agitación relámpago en los que contaba a los transeúntes por qué estaban en huelga. Un pasacalle pedía la renuncia del rector, un tablero describía la estructura financiera de la universidad, otro la composición del gobierno universitario y uno más cuestionaba por qué fue creada la ciudad universitaria. Allí, casi en el centro, aparecía pegado un recorte de estudiantes marchando por París en 1968. Más abajo, policías golpeando a jóvenes en Estados Unidos. “Es hora de cambiar el mundo”, “es hora de cambiar de mundo”, “todo va mejor con coca cola” (imagen 6).

Imágenes 5 y 6. Plaza de Caycedo, 25 de febrero de 1971

Personas reunidas en una plaza urbana alrededor de un monumento con inscripciones, algunas sentadas y otras de pie conversando o caminando.

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Cartel con texto y fotografías que cuestiona la creación de la ciudad universitaria y muestra personas reunidas en un espacio público urbano.

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Fuente: fotografías de Mario Roldán Villa.

Paradójicamente, la acción militar que estaba destinada a cortar los lazos de la huelga estudiantil con otros sectores sociales, después del asesinato de Edgar Mejía Vargas, terminó generando la revuelta popular en el centro y luego en algunos barrios populares, con saqueos de almacenes e incendios de automóviles, estaciones de gasolina y una fábrica de plásticos105. Andrés Caicedo, amigo de los estudiantes en huelga y quien estaba grabando los acontecimientos con una cámara de cine106, llevó esta jornada a la ficción en la novela El atravesado:

El 26 de febrero prendimos la ciudad de la Quince para arriba, la tropa en todas partes, vi matar muchachos a bala, niñas a bolillo, a Guillermito Tejada lo mataron a culata, eso no se olvida. Que di piedra y me contestaron con metralla. Que cuando hubo que correr corrí como nadie en Cali. Que no hay caso, mi conciencia es la tranquilidad en pasta, por eso soy yo el que siempre tira la primera piedra. 1971107.

Conclusión

La huelga en la Universidad del Valle fue una protesta pública y una imaginativa apuesta de los estudiantes para resituar a la universidad en las disputas por el cambio social. Si al final de la década de 1950 el estudiantado respaldaba el proceso democrático abierto con el Frente Nacional, para finales de los sesenta y tras la puesta en marcha de las políticas de modernización universitaria, ese estudiantado se había constituido en una comunidad intelectual particular, capaz de cuestionar al sistema educativo donde había aprendido unas maneras de interrogar la realidad en diálogo con las vanguardias artísticas y a desarrollar nuevas formas de protesta para la impugnación de la sociedad capitalista. Las herramientas que, se suponía, eran neutrales para gestionar técnicamente el cambio social se convirtieron en instrumentos políticos para denunciar las contradicciones del proyecto modernizador, el carácter de clase y el papel ideológico de la educación superior en la dominación de la burguesía. Se trata de un acto de conocimiento, propiamente subversivo, que es una manera crítica de leer los documentos, de conjugar las teorías con la acción, de escenificar con sus cuerpos y símbolos una experiencia de aprendizaje, atravesando el umbral que separa universidad y sociedad.

Aunque es posible discutir el diagnóstico de la crisis universitaria y los presupuestos teóricos que los estudiantes utilizaron para hacer su crítica, sus descripciones y planteamientos aportan una mirada penetrante del dispositivo educativo y su relación con el poder, de manera que muchas de sus observaciones siguen siendo de interés para entender el sistema universitario colombiano del periodo neoliberal, donde se han generalizado y normalizado el enclave y la crisis, tal como los experimentamos —donde estamos situados— quienes escribimos estas páginas.

Bibliografía

Fuentes primarias

Archivos

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Entrevistas

  1. Donneys, Victoria. Entrevista con los autores. 22 de junio de 2021.
  2. Jiménez, Carlos. Entrevista con los autores. 15 de marzo de 2018; 17 de marzo de 2018; 21 de abril de 2018.
  3. Vivas, Gustavo. Entrevista con los autores. 9 de noviembre de 2017; 21 de noviembre de 2017, 28 de noviembre de 2017.

Publicaciones periódicas

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❧ Esta investigación fue financiada a través del proyecto Hermes 40882 de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, en convenio con la Universidad de los Andes.Esta investigación fue financiada a través del proyecto “Jugar con mitologías regionales: fútbol y poder en Colombia en los años 60 y 70” de la Universidad de los Andes"

* Nota de tradução: o título reproduz o jogo de palavras do original espanhol entre subversión e su versión, sugerindo simultaneamente a classificação atribuída ao movimento pelas autoridades e a proposta do artigo de apresentar outra versão dos acontecimentos

1 Gustavo Vivas, entrevista con los autores, 21 de noviembre de 2017; Cristian Martínez Sarria, “Hablan los estudiantes. Acusan al bid y al sistema directivo”, Occidente, 25 de febrero de 1971, Cali, 5.

2 “Paro nacional aprobó el pleno de las U.T.C”, El Tiempo, 8 de febrero de 1971, Bogotá, 6.

3 Comité de Huelga, “Carta al rector Alfonso Ocampo Londoño”, Cali, 13 de febrero de 1971, Archivo General de la Nación (agn), Bogotá-Colombia, Ministerio de Gobierno (mg), Despacho (d), caja 111/carpeta 1, ff. 33-34.

4 Encuentro Nacional Universitario, “Declaración y llamamiento”, Cali, 21 de febrero de 1971, agn, mg-d, caja 111/carpeta 1, ff. 35-36.

5 León Zamosc, La cuestión agraria y el movimiento campesino en Colombia. Luchas de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (anuc) 1967-1981 (Bogotá: unrisd, 1987), 119-120.

6 Victoria Donneys, entrevista con los autores, 22 de junio de 2021.

7 “Retenidos dos militares en Universidad del Valle”, El Tiempo, 24 de febrero de 1971, Bogotá, 34; “Rueda de prensa universitaria: la Universidad se halla entregada al bid, dicen”, Occidente, 24 de febrero de 1971, Cali, 3; “Estudiantes y bailarines se toman las calles de Cali”, El País, 26 de febrero de 1971, Cali, 1.

8 Cristian Martínez, “Estudiantes vs. policías”, Occidente, 27 de febrero de 1971, Cali, 10.

9 “Dictados seis decretos más para preservar el orden público”, El Colombiano, 28 de octubre de 1971, Medellín, 24. Sobre estados de sitio: Ana Catalina Arango, “Prácticas políticas que sobreviven a reformas constitucionales: limitación y criminalización de la protesta social en Colombia (1958-2022)”, Colombia Internacional, n.º 114 (2023): 20-22.

10 Álvaro Acevedo y Gabriel Samacá, “Juventudes universitarias de izquierda en Colombia en ١٩٧١: un acercamiento a sus discursos ideológicos”, Historia Caribe 8, n.º 22 (2013): 204-205.

11 feuv, 1971-1972. Desarrollo político del movimiento estudiantil (Bogotá: Ed. Herrera, 1977), 9-11.

12 Martha García, “El presente es de lucha, el futuro socialista”, Revista Controversia 190 (2008).

13 Edwin Cruz, “Entre la reforma universitaria y la revolución proletaria. El Movimiento estudiantil en Colombia (1971)”, en Los 68 Latinoamericanos: movimientos estudiantiles, política y cultural en México, Brasil, Uruguay, Chile, Argentina y Colombia, eds. Pablo Bonavena y Mariano Millán (Buenos Aires: Clacso, 2018).

14 Yvon Le Bot, Educación e ideología en Colombia (Bogotá: La Carreta, 1985); Antonio García, La crisis de la universidad: la universidad en el proceso de la sociedad colombiana (Bogotá: Plaza & Janés, 1985).

15 Edwin Cruz, “La izquierda se toma la universidad. La protesta universitaria en Colombia durante los años sesenta”, Izquierdas, n.º 29 (2016); Acevedo y Samacá, “Juventudes”; Mauricio Archila, “El movimiento estudiantil en Colombia. Una mirada histórica”, Revista osal, n.º 31 (2012); Jorge Cote, “El movimiento estudiantil de 1971: entre la homogeneidad y la heterogeneidad”, en Una historia inconclusa: izquierdas políticas y sociales en Colombia, ed. Mauricio Archila (Bogotá: Cinep, 2009).

16 Miguel Ángel Urrego y Miguel Ángel Pardo, “Movimiento estudiantil de 1971 en Colombia. La historia contada por sus protagonistas”, Cambios y Permanencias 11, n.º 1 (2020); Álvaro Acevedo, Memorias de una época. El movimiento estudiantil en Colombia en los años sesenta y setenta del siglo xx (Bucaramanga: Universidad Industrial de Santander, 2016).

17 Víctor Manuel Moncayo y Hernán Darío Correa, Rebelión universitaria 1971-1972: Una búsqueda de ruptura (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2023), 112-113.

18 Gabriel Samacá y Sergio Lizarazo, “Movilización estudiantil y programas mínimos en Colombia (1971-2011). Lecturas historiográficas e intuiciones metodológicas”, en Educación, política y conflicto en la historia reciente de América Latina: Abordajes metodológicos e historiográficos, ed. Denisse Cejudo y Nicolás Dip (Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2023).

19 Nicolás Dip, “Cuatro caminos de interpretación. Política, izquierda y cuestión universitaria en la historia reciente latinoamericana”, Contemporánea, n.º 12 (2020).

20 Vania Markarian, “La reforma universitaria en tiempos revueltos. El movimiento estudiantil uruguayo antes y después de 1968”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En línea], 2022.

21 Samacá y Lizarazo, 289-324; Mariano Millán “Un análisis crítico de las interpretaciones sobre los movimientos estudiantiles de los ‘60”, en Los 68 Latinoamericanos, 23-52.

22 Guadalupe Seia, “Transnational student activism during the Latin American Cold War: the case of the Organización Continental Latinoamericana de Estudiantes (oclae) (1966-1980)”, Globalisation, Societies and Education 24, n.º 3 (2024): 711-726; Fernando Purcell y Marcelo Casals, “Espacios en disputa: El Cuerpo de Paz y las universidades sudamericanas durante la Guerra Fría en la década de 1960”, Historia Unisinos 19, n.º 1 (2015).

23 Rodrigo Patto Sá Motta, “La reforma universitaria brasileña de la década de los sesenta: disputas, violencia represiva y conexiones internacionales”, en Educación, Política, 221-252; Mariana Mendonça “Universities in Argentina between Lanusse and Peron (1971-1973): youth, repression and dialogue”, Journal of Iberian and Latin American Studies 27, n.º 2 (2021); Mariano Millán, “Estudiantes y política en Argentina y Chile (1966-1973)”, Revista Izquierdas, n.º 16 (2013).

24 Malena La Rocca, “Somos jóvenes y estamos prohibidos. Tramas culturales, performances y acción política durante la última dictadura militar argentina”. En Culturas juveniles y contracultura. Iberoamérica, siglo xx, coordinado por Gloria Graterol, Ivonne Meza y Sergio Moreno. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2022.

25 Gilbert M. Joseph, “Close Encounters. Toward a New Cultural History of U.S.-Latin American Relations”, en Close Encounters of Empire, ed. Gilbert M. Joseph et al. (Durham: Duke University Press, 1998).

26 agn, mg-d, caja 111/carpeta 1. El expediente puede haber llegado a Bogotá por solicitud del ministro de gobierno, Abelardo Forero Benavides, “Telegrama al Gobernador Marino Rengifo”, Bogotá, 8 de septiembre de 1971, agn, mg-d, caja 5/carpeta 3, f. 310.

27 Alfonso Ocampo, “Discurso pronunciado por el doctor Alfonso Ocampo”, Cali, 21 de junio de 1968, Archivo Histórico de la Universidad del Valle (ahuv), Cali-Colombia, Rectoría (r), Oficina del Rector (or), carpeta 3, ff. 7-15.

28 Alfonso Ocampo, “La Problemática Estudiantil en el Mundo Contemporáneo”, Bogotá, febrero de 1969, ahuv, r-or, carpeta 3, ff. 25-26.

29 Crisis universitaria colombiana (Medellín: El Tigre de Papel, 1971), 17.

30 Germán W. Rama, El sistema universitario en Colombia (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 1970), 225.

31 Álvaro Acevedo, “Educación, reformas y movimientos universitarios en Colombia: apuestas y frustraciones por un proyecto modernizador en el siglo xx”, Revista de Estudios Sociales, n.º 53 (2015): 102-111.

32 “La U. de A. modelo de Latinoamérica”, El Colombiano, 16 de octubre de 1969, Medellín, 1 y 24; Félix Marín, “El contrato con el bid es favorable: Ocampo L.”, El Tiempo, 16 de marzo de 1971, Bogotá, 6.

33 Archila, “El movimiento”, 79-80.

34 Special Group, “Latin American Universities Communist Penetration”, [Washington D. C., 1966], National Archives and Records Administration (nara), College Park-Estados Unidos, rg 306, ci, P296, Box 13, ff. 3-4.

35 Peck, “University Student Forum, Binational Center, Bogotá, Colombia”, [s.l.], 12 de enero de 1965, nara, rg 306, ci, P296, Box 2.

36 Garth, “Summary Report, Country Team Youth Program for FY-1963 and Proposed Programming, FY-1964”, [s.l.], 21 de agosto de 1963, nara, rg 306, ci, P296, Box 2.

37 Taylor, “Grades and Deportment Participants Firts Riot Control”, Panamá, 6 de marzo de 1964, nara, rg 286, ops-la-Colombia, Box 29, ips 1.

38 Carlson, “Monthly Report”, Bogotá, 22 de noviembre de 1966, nara, rg 286, ops-la-Colombia, Box 32, ips 2-2.

39 “3 decretos sobre orden público”, El Tiempo, 27 de octubre de 1966, Bogotá, 28.

40 Mauricio Archila, Idas y venidas, vueltas y revueltas. Protestas sociales en Colombia. 1958-1990 (Bogotá: Cinep; icanh, 2005), 139-140;

41 Acevedo y Samacá, “Juventudes”, 204-205.

42 Óscar Calvo y Mayra Parra, Medellín (rojo) 1968. Protesta social, secularización y vida urbana en las jornadas de la ii Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Medellín: Planeta, 2012), 81-106 y 119-121.

43 feuv, “El Comité Ejecutivo de la Federación”, Cali, 10 de septiembre de 1968, ahuv, Movimientos Estudiantiles (me), caja 2/carpeta 3, f. 1.

44 Gabriel Ortiz, “Informe de novedades Nº038”, Bogotá, 25 de febrero de 1969, agn, mg-d, caja 117/carpeta 881, f. 151.

45 Guillermo Rodríguez, “Informe de novedades Nº 07”, Bogotá, 13 de enero de 1969, agn, mg-d, caja 117/carpeta 881, ff. 302-303.

46 Guillermo Rodríguez, “Informe de novedades Nº 100”, Bogotá, 29 de mayo de 1969, agn, mg-d, caja 120/carpeta 894, ff. 139-140.

47 Fabio Gallego, “Oficio Nº 3047/dsc”, Medellín, 31 de octubre de 1969, Archivo Histórico de Medellín, Medellín- Colombia, Alcaldía, Secretaría de Gobierno, caja 791/legajo 7, ff. 25-26.

48 Carlos Marighella, Minimanual del Guerrillero Urbano, [s.l.], junio de 1969, agn, mg-d, caja 111/carpeta 1, ff. 1-31. Este fue escrito en junio de 1969 y se popularizo en 1970 tras la muerte del agitador brasileño. Mario Magalhães, Marighella: o guerrilheiro que incendiou o mundo (São Paulo: Companhia das Letras, 2012), 545-560.

49 Saccio, “Public Safety Monthly Report-February, 1971”, Bogotá, 23 de marzo de 1971, nara, rg 286, ops-la- Colombia, Box 33, ips 2-2.

50 “Organizaban guerrillas urbanas”, El Tiempo, 10 de octubre de 1968, Bogotá, 2.

51 Enrique Micolta, “Informe de orden público para señor gobernador del departamento”, Cali, 21 de agosto de 1969, Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá-Colombia, Archivo Carlos Lleras Restrepo, Presidencia, Ministerio de Defensa, caja 03/carpeta 03, ff. 276-283.

52 mogur, “Destruyamos la crueldad patronal aplicando la justicia revolucionaria”, [s.l., s.f.], agn, mg-d, caja 111/carpeta 1, ff. 237-238; “Monitoría uruguaya”, [s.l., s.f.], agn, mg-d, caja 111/carpeta 1, ff. 235-236. Consultamos un experto de la Universidad de la República (Uruguay) en temas de insurgencia e inteligencia política sobre este documento y conceptuó que es falso: Jaime Vásquez, analista informático, discusión con los autores, 7 de diciembre de 2023.

53 Cristian Martínez, “Cae red subversiva: detenidos miembros del ‘mogur’”, Occidente, 28 de febrero de 1971, Cali, 16.

54 “Gustavo Adolfo Vivas”, [Cali, 1971], agn, mg-d, caja 111/carpeta 1, ff. 213-217.

55 “Fotocopia tomada del documento original encontrado a Eduardo Barragán”, [Cali, 1971], agn, mg-d, caja 111/carpeta 1, ff. 218-232.

56 Alfonso Ocampo, “Carta a Marino Rengifo”, Cali, 26 de febrero de 1971, ahuv, r-or, caja 7/carpeta 34, ff, 1-2; “El presidente Pastrana se dirige al país”, El Tiempo, 27 de febrero de 1971, Bogotá, 8.

57 [Marino Rengifo], “Creo conveniente y necesario llevar a conocimiento de la opinión pública...”, Cali, [marzo] 1971, agn, mg-d, caja 111/carpeta 1, ff. 241-248.

58 Hardin, “Field Trip-Cali (January 17, 18, and 19, 1969)”, [s.l.], 21 enero 1969, nara, rg 286, ops-la-Colombia, Box 33, ips 2-2, s.f.; Carlson, “Public Safety Monthly Report for January 1969”, Bogotá, 25 de febrero de 1969, nara, College Park, rg 286, ops-la-Colombia, Box 33, ips 2-2, s.f.

59 Saccio, “Public Safety Monthly Report-March, 1971”, Bogotá, 23 de abril de 1971, nara, rg 286, ops-la-Colombia, Box 33, ips 2-2, s. f.

60 Michael Herman, Intelligence Power in Peace and War (Cambridge: Cambridge University Press, 1996), 34.

61 John Ferris, “Coming in from the Cold War: The Historiography of American Intelligence, 1945-1990”, Diplomatic History 19, n.º 1 (1995): 87-115.

62 Eva Horn, “Knowing the Enemy: The Epistemology of Secret Intelligence”, Grey Room 11 (2003): 59-85.

63 Ludmila da Silva Catela, “Etnografía de los archivos de la represión en la Argentina”, Historia Reciente. Perspectivas y desafíos para un campo en construcción, coordinado por Marina Franco y Florencia Levín (Buenos Aires: Paidós, 2007), 202.

64 Gustavo Vivas, entrevista con los autores, 28 de noviembre de 2017.

65 Donneys, entrevista.

66 Carlos Jiménez, entrevista con los autores, 21 de abril de 2018.

67 Citado por García, “El presente”, 110.

68 Donneys, entrevista.

69 “La política y la organización de los estudiantes”, Crítica Marxista, agosto de 1970, Cali, 1-4. Subrayado en el original.

70 “La política y la organización”, ff. 1-4.

71 Cali Panamericana. Memoria de los vi Juegos Panamericanos de 1971 (Cali: Comité Organizador de los VI Juegos Panamericanos; Fundación para el Desarrollo Industrial, [1971]), tomo ii, 54-92, 95-97.

72 Centro de Investigaciones Marxistas, “Crisis en la uv”, Cali, febrero 1971, agn, mg-d, caja 111/carpeta 1, ff. 89-90.

73 Consejo Directivo, “Acta No. 017”, Cali, 30 abril 1968, Archivo Rectoría Universidad del Valle (aruv), Cali-Colombia, Actas cs y cd/1968, pp. 1-3.

74 Centro de Investigaciones Marxistas, “Crisis en la UV”, ff. 91-92.

75 Cristian Garcés y Guillermo Ruiz, “Los estudiantes de la División de Humanidades”, [Cali, septiembre de 1969], ahuv, Decanatura de Estudiantes (de), Oficina del Decano (od), caja 3/carpeta 4, f. 33.

76 Pedro Manuel Valencia, “Carta al Consejo Directivo”, Cali, 1 de julio de 1968, ahuv, me, caja 2/carpeta 2, ff. 8-10.

77 feuv, “Acta de la entrevista”, Cali, 5 de septiembre de 1968, ahuv, me, caja 2/carpeta 1, f. 1.

78 Carlson, “Public Safety Monthly Report-September 1968”, Bogotá, 5 de noviembre de 1968, nara, rg 286, ops-la-Colombia, Box 32, ips 2-2, s. f.

79 Diego Roldán, “Carta a Alfonso Ocampo”, Cali, 11 de octubre de 1968, ahuv, me, caja 2/carpeta 2, f. 16.

80 Alfonso Ocampo, “Discurso de graduación del año académico 1968-1969”, Cali, 25 de junio de 1969, ahuv, r-or, carpeta 3, ff. 27-44.

81 feuv, “Carta para Alfonso Ocampo”, [Cali, marzo 1969], ahuv, de-od, caja 3/carpeta 4, f. 38; Consejo Directivo, “Acta No. 031”, Cali, 10 de septiembre de 1969, aruv, Actas cs y cd, 1969, 1-2.

82 feuv, “Boletín Informativo Elecciones”, Cali, 4 de noviembre de 1969, ahuv, de-od, caja 3/carpeta 4, ff. 26-27.

83 Consejo Estudiantil, “Comunicado”, Cali, 20 de noviembre de 1969, ahuv, de-od, caja 3/carpeta 4, ff. 6-9.

84 Ramiro Tobón, “Informe sobre la realización del tercer examen parcial de álgebra lineal”, Cali, 11 de diciembre de 1969, aruv, Actas cs y cd/1969, pp.1-2.

85 Rodrigo Naranjo, “Carta para Tomás Quintero”, Cali, 5 de agosto de 1969, ahuv, de-od, caja 3/carpeta 4, f. 34.

86 Carlos Jiménez, 15 de marzo de 2018.

87 Comité de Huelga, “Política y estrategia en la huelga de la Universidad del Valle”, Cali, febrero de 1971, agn, mg-d, caja 111/carpeta 1, ff. 79-81.

88 Bernardo García, correo electrónico a los autores, 15 de abril de 2021.

89 Consejo Directivo, “Acta No. 04”, 3 febrero 1971, aruv, Actas cs y cd/1971, pp. 3-5.

90 Comité de Huelga, “Política y estrategia”, f. 79.

91 Carlos Jiménez, entrevista con los autores, 15 de marzo de 2018.

92 Michael William Doyle, “Staging the Revolution: Guerrilla Theater as a Countercultural Practice, 1965-1968”, en Imagine Nation: The American Counterculture of the 1960s and ‘70s, ed. Peter Braunstein y Michael W. Doyle (Nueva York: Routledge, 2002), 71-97.

93 Gustavo Vivas, entrevista con los autores, 9 de noviembre de 2017.

94 Gustavo Vivas, “Carta a los estudiantes de la Universidad del Valle”, Cali, 1 de febrero de 1971, agn, mg-d, caja 111/carpeta 1, ff. 76 y 83.

95 “Las lecciones del actual movimiento estudiantil”, Crítica Marxista (Cali) agosto de 1971, citado en Crisis universitaria, 48.

96 Katia González, Cali, ciudad abierta. Arte y cinefilia en los años setenta (Bogotá: Ministerio de Cultura, 2012) 104-123; Taller Historia Crítica del Arte, Arte y disidencia política: memorias del Taller 4 rojo (Bogotá: Taller Historia Crítica del Arte, 2016), 269-291.

97 Cali Panamericana, t. I, 118-119.

98 Comité de Huelga, “Política y estrategia”, 79.

99 Ariel Rodríguez, Museo del universo. Los juegos olímpicos y el movimiento estudiantil de 1968 (Ciudad de México: El Colegio de México, 2019), 14-17.

100 Vivas, entrevista, 21 de noviembre de 2017.

101 “Certificado”, Cali, 23 de febrero de 1971, agn, mg-d, caja 111/carpeta 1, f. 61.

102 Martínez Sarria, “Hablan los estudiantes”, 5.

103 “El presidente Pastrana”, 8.

104 “Expulsarían a grupo chileno de teatro”, El Tiempo, 26 de febrero de 1971, Bogotá, 1 y 35.

105 “Boletín informativo del Departamento Administrativo de seguridad”, 26 de febrero de 1971, agn, mg-d, caja 30/carpeta 1, ff. 104-105.

106 Carlos Jiménez, entrevista con los autores, 17 de marzo de 2018.

107 Andrés Caicedo, El atravesado (Cali: Editorial Mercedes, [1971]), 55.


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Óscar Calvo Isaza

Doctor en Historia por El Colegio de México. Profesor titular del Departamento de Historia y decano de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Sus últimas publicaciones son el capítulo “A Tamed Revolution: The United States and Community Action in Colombia, 1958-1970”, en Histories of Solitude. Colombia, 1820s-1970s, editado por Lina Britto y A. Ricardo López en 2024, y el libro Urbanización y revolución en América Latina: Santiago de Chile, Buenos Aires y Ciudad de México (1950-1980) de 2023, ocalvoi@unal.edu.co, https://orcid.org/0000-0001-8270-3575

Ingrid Johanna Bolívar Ramírez

Ph. D. en Historia de la Universidad de Wisconsin (Madison), Estados Unidos. Profesora asociada del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes (Colombia). Sus últimas publicaciones son “Proyectos políticos regionales y futbolistas en Colombia. Antioquia y Valle del Cauca en los años sesenta y setenta”, en HiSTOreLo. Revista de Historia Regional y Local y “The Commanders-Educators of the farc-ep and the Links Between Their Biographical Trajectories and the Guerrillas’ Organizational Plans”, en Understanding Individual Commitment to Collective Action. Theoretical and Methodological Approaches, editado por Carlos Ramírez en 2023, ibolivar@uniandes.edu.co, https://orcid.org/0000-0003-0005-6525