Economía política y producción de conocimiento en la formación del virreinato de Nueva Granada

María José Afanador-Llach

Universidad de los Andes, Colombia

https://doi.org/10.7440/histcrit89.2023.03

Recibido: 8 de noviembre de 2022 / Aceptado: 27 de marzo de 2023 / Modificado: 4 de mayo de 2023

Resumen. Objetivo/Contexto: Durante el siglo xviii, funcionarios de diferentes potencias coloniales intentaron convertir el virreinato del Nuevo Reino de Granada —actuales Colombia, Ecuador, Venezuela y Panamá— en un territorio económicamente viable. La Corona española acometió su reforma jurisdiccional más radical en siglos para ejercer un control estatal efectivo, obtener mayores ingresos y defender las colonias de incursiones extranjeras. Este artículo explora las particularidades de la gobernanza económica de Nueva Granada y sostiene que los funcionarios coloniales elaboraron discursos locales de economía política para convertir espacios desconocidos en lugares familiares con fines económicos, políticos y militares. Con ello, la producción de conocimiento sobre la tierra y sus recursos se convirtió en una práctica burocrática clave, que dio forma a la imaginación de una territorialidad paradójica en el norte de Sudamérica. En primer lugar, detallo el impacto de los marcos de la economía política sobre la gobernanza imperial y las prácticas burocráticas. A continuación, muestro cómo las narrativas administrativas, los proyectos cartográficos y las redes fiscales revelan el funcionamiento de la gobernanza económica borbónica y la búsqueda de la integración regional. Metodología: Este artículo se construye a partir de un análisis de documentos de archivo, consistente en una selección de evidencias de textos corográficos sobre Nueva Granada y sus provincias, producidas entre 1720 y 1808. Originalidad: Reflexionar sobre las formas en que la búsqueda de conocimiento para la creación de riqueza afectó la creación de territorialidades contribuye a desvelar cómo la economía política imperial no fue nunca una impuesta desde arriba. Los funcionarios locales la negociaron ante realidades geográficas singulares y prácticas de producción de conocimiento. Conclusiones: Los textos corográficos fueron dispositivos centrales de la reforma imperial. La búsqueda de la producción de riqueza y la integración territorial se produjo en los puestos de avanzada coloniales, no en los tratados intelectuales en Europa. Al forjar Nueva Granada como un lugar integrado y potencialmente rico, la experiencia de los burócratas al desplazarse por el territorio e inscribir el paisaje sobre el papel configuró percepciones de cohesión y diferencia, dependencia económica y fragmentación regional.

Palabras clave: economía política, gobierno económico, producción de conocimiento, reformas borbónicas, territorio, Virreinato del Nuevo Reino de Granada.

Political Economy and Knowledge Production in the Making of the Viceroyalty of New Granada

Abstract. Objective/Context: During the eighteenth century, officials from different colonial powers attempted to turn the viceroyalty of the New Kingdom of Granada—present-day Colombia, Ecuador, Venezuela, and Panama—into an economically viable territory. The Spanish Crown embraced its most radical jurisdictional reform in centuries to exercise effective state control, extract more revenue, and defend the colonies from foreign incursions. This article explores the particularities of New Granada’s economic governance and argues that colonial officials produced local discourses of political economy to turn unfamiliar spaces into familiar places for economic, political, and military ends. In doing so, producing knowledge about the land and its resources became a key bureaucratic practice that shaped the imagining of a paradoxical territoriality in Northern South America. First, I detail the impact of political economy frameworks on imperial governance and bureaucratic practices. I then showcase how administrative narratives, mapping projects, and fiscal networks reveal the workings of Bourbon economic governance and the search for regional integration. Methodology: This article is built from an analysis of archival documents consisting of a selection of evidence from chorographic texts about New Granada and its provinces produced between 1720 and 1808. Originality: Reflecting on the ways in which the pursuit of knowledge for wealth creation affected the creation of territorialities contributes to uncovering how the imperial political economy was never a top-down imposition. Local officials negotiated it vis-à-vis singular geographical realities and knowledge production practices. Conclusions: Chorographic texts were central devices of imperial reform. The search for wealth production and territorial integration occurred in colonial outposts, not in intellectual treatises in Europe. In forging New Granada as an integrated, potentially rich place, bureaucrats’ experience of moving across the territory and inscribing the landscape on paper shaped perceptions of cohesion and difference, economic dependence, and regional fragmentation.

Keywords: Bourbon reforms, economic government, knowledge production, political economy, territory, Viceroyalty of New Kingdom of Granada.

Economia política e produção de conhecimento na formação do Vice-Reinado de Nova Granada

Resumo. Objetivo/contexto: durante o século 18, funcionários de diferentes potências coloniais tentaram transformar o Vice-Reinado do Novo Reino de Granada — atual Colômbia, Equador, Venezuela e Panamá — em um território economicamente viável. A Coroa espanhola empreendeu sua reforma jurisdicional mais radical em séculos para exercer o controle efetivo do Estado, aumentar a receita e defender as colônias de incursões estrangeiras. Neste artigo, são exploradas as particularidades da governança econômica em Nova Granada e argumenta-se que os funcionários coloniais elaboraram discursos locais de economia política para transformar espaços desconhecidos em lugares familiares para fins econômicos, políticos e militares. Ao fazer isso, a produção de conhecimento sobre a terra e seus recursos tornou-se uma prática burocrática fundamental, moldando a imaginação de uma territorialidade paradoxal no norte da América do Sul. Primeiro, detalho o impacto das estruturas da economia política na governança imperial e nas práticas burocráticas. Em seguida, mostro como as narrativas administrativas, os projetos cartográficos e as redes fiscais revelam o funcionamento da governança econômica bourbônica e a busca pela integração regional. Metodologia: este artigo foi construído a partir de uma análise de documentos de arquivo, consistindo em uma seleção de evidências de textos corográficos sobre Nova Granada e suas províncias, produzidos entre 1720 e 1808. Originalidade: refletir sobre as maneiras pelas quais a busca de conhecimento para a criação de riqueza afetou a criação de territorialidades ajuda a revelar como a economia política imperial nunca foi imposta de cima para baixo. As autoridades locais a negociaram em face de realidades geográficas e práticas de produção de conhecimento únicas. Conclusões: os textos corográficos eram dispositivos centrais da reforma imperial. A busca pela produção de riqueza e pela integração territorial ocorreu em postos avançados coloniais, não em tratados intelectuais na Europa. Ao forjar Nova Granada como um lugar integrado e potencialmente rico, a experiência dos burocratas de se deslocar pelo território e inscrever a paisagem no papel moldou as percepções de coesão e diferença, dependência econômica e fragmentação regional.

Palavras-chave: economia política, governo econômico, reformas bourbônicas, produção de conhecimento, território, Vice-Reinado do Novo Reino de Granada.

Introducción

El sacerdote jesuita Joseph Gumilla destacó el potencial agrícola y comercial de la cuenca del Orinoco, situada en el reino sudamericano de Nueva Granada, en su muy leído libro de 1741 El Orinoco Ilustrado1. Gumilla, decidido a dar a conocer las riquezas naturales de la región, animó a los españoles a asentarse en las fértiles tierras bajas del río Orinoco y establecer pueblos y haciendas ganaderas. La región estaba situada en la parte oriental del recién creado virreinato del Nuevo Reino de Granada e incluía provincias en las que los padres jesuitas habían establecido misiones desde la década de 1570. En la imagen de Gumilla sobre las riquezas agrarias y el río Orinoco, encontramos un discurso que imaginaba el recién creado virreinato como un centro de agricultura y comercio. Gumilla señaló que en esas tierras “[…] todo convida al cultivo, y por todas partes ofrece el país larga correspondencia en ricos, y abundantes frutos”2. La utopía de Gumilla intentaba persuadir a la Corona española acerca del valor de los recursos naturales de la región del Orinoco para conseguir más apoyo misionero, económico y militar.

Junto con Gumilla, otros miembros del clero, el ejército y la administración civil colaboraron para establecer el control territorial español de la región del Orinoco y conseguir el apoyo real. Julián de Arriaga, funcionario real, envió un expediente al Consejo de Indias en el que detallaba cómo colaboraban los distintos poderes corporativos para defender la soberanía española en la región. Incluía una descripción geográfica, un mapa elaborado por el gobernador de Cumaná y varias descripciones territoriales escritas por los capuchinos catalanes que supervisaban las misiones de la región. Por último, el documento contenía algunas cartas y mapas de José de Iturriaga, comandante militar de la Expedición de los Límites, encargado de demarcar las fronteras entre las Coronas española y portuguesa3. Los burócratas coloniales de la periferia del Orinoco retrataron la región en sus escritos para hacerla visible a los reformadores de Madrid. Sus descripciones territoriales y mapas dieron a los burócratas españoles un sentido espacial para establecer la gobernanza económica borbónica en el siglo xviii.

Los administradores coloniales de la región del Orinoco no exploraron y describieron la geografía de las colonias porque sí, sino porque buscaban convertir el paisaje en un recurso natural. En un contexto de competencia interimperial, aplicaron el marco de la economía política para averiguar cómo transformar las riquezas naturales de sus territorios en riqueza para la Corona española. Para ello, fue fundamental imaginar cómo conectar las fuentes de riqueza —cultivos, pesquerías, minas, molinos harineros, talleres textiles— y los centros de recaudación de ingresos con los medios de transporte fluvial y terrestre internos y las salidas al mar. El principal objetivo de los funcionarios reales en las periferias del Imperio era dinamizar el comercio interior, dificultar las incursiones extranjeras y reforzar la participación de la región en el Imperio comercial español.

El caso de la región del Orinoco, ejemplifica una historia más amplia de reforma administrativa, económica y territorial en el norte de Sudamérica durante el siglo xviii. El área del virreinato de Nueva Granada del Imperio español se caracterizaba por una topografía montañosa, vastos valles interandinos, llanuras en el este y regiones costeras en el Atlántico y el Pacífico vulnerables a las incursiones extranjeras. Durante este periodo, la Corona española llevó a cabo su reforma territorial más radical en siglos, con implicaciones a largo plazo para la territorialidad republicana. La Corona borbónica trazó un renovado plan de reforma imperial en lo que entonces eran los confines más septentrionales del virreinato del Perú con el establecimiento del nuevo virreinato del Nuevo Reino de Granada entre 1717 y 1723, y de nuevo en 17394. La reforma pretendía aumentar el control territorial sobre el norte de Sudamérica y el Caribe, incrementar los ingresos y proteger la integridad territorial general de las colonias americanas. A lo largo del siglo, los funcionarios coloniales idearon numerosos planes para ordenar el territorio y lograr la cohesión como condición para la producción de riqueza.

En un conjunto de inscripciones sobre el mundo natural de Nueva Granada, sus características geográficas y sus fuentes de riqueza, los funcionarios coloniales imaginaron y trabajaron para transformar el virreinato de Nueva Granada —actual Colombia, Ecuador, Venezuela y Panamá— en una entidad política rica y geopolíticamente segura. Las siguientes preguntas ocuparon el tiempo y el trabajo de los burócratas de la Colonia en esta época: ¿Cómo podía salvaguardarse la riqueza colonial de los intrusos de otros imperios? ¿Cómo podían las zonas periféricas del norte de Sudamérica ser fuentes de riqueza para la monarquía española? ¿Cómo podía integrarse la región andina con las ciudades costeras? Los funcionarios coloniales crearon discursos de economía política que presentaban territorialidades conflictivas en el norte de Sudamérica: una colonia cohesionada, pero diferenciada regionalmente. Mientras que la literatura contemporánea sobre economía política se ha centrado en la competencia entre imperios, y en la forma en que la centralización borbónica y las reformas económicas y administrativas dieron lugar a la competencia entre colonias españolas. Los conflictos geopolíticos y económicos intercoloniales estallaron como consecuencia de la reforma territorial borbónica. Además, aunque la integración territorial y la generación de riqueza fueron difíciles de conseguir sobre el terreno, y estuvieron llenas de tensiones entre las provincias del virreinato, las redes fiscales burocráticas permitieron que funcionara como un todo administrativo que vinculaba las zonas costeras y andinas, así como la colonia con el Gran Caribe y Europa.

Una era de organización territorial guiada por los preceptos de la economía política condujo al establecimiento del virreinato de Nueva Granada. Los burócratas pretendían forjar una colonia conectada y productora de riqueza en el norte de Sudamérica en respuesta a los desafíos que las incursiones extranjeras imponían al control territorial y a la producción de riqueza de España. Al exponer las prácticas burocráticas de producción de conocimiento, este artículo caracteriza las peculiaridades de la gobernanza económica de Nueva Granada durante un periodo de notable crecimiento económico en el Imperio español5. Aunque los imperios ibéricos han sido durante mucho tiempo desatendidos y ocupan un lugar ambiguo en la historia del capitalismo y la globalización6, el proceso de colonización español aquí abordado condujo a una enorme adquisición de riqueza en Europa y a la inserción de las materias primas y productos básicos del norte de Sudamérica en los mercados globales7. La reforma imperial y su negociación en las colonias forjaron prácticas burocráticas basadas en la producción de conocimientos sobre el territorio, que incidieron en la producción de riqueza, en los imaginarios geográficos y en las disputas territoriales. Este tipo de conocimiento, que configuró la territorialidad y la acumulación de capital, merece un lugar en las historias del capitalismo global.

  1. Reforma imperial, economía política y producción de conocimiento

Recientes contribuciones han comenzado a desvelar los cambios más amplios en las configuraciones geopolíticas que influyeron en el ritmo y el carácter de la reforma que desembocó en el establecimiento del virreinato de Nueva Granada. Según el historiador Francisco Eissa-Barroso, su creación refleja profundos cambios en la forma de entender el régimen monárquico y el papel y las responsabilidades del rey. Afirma que la reforma no comenzó en Hispanoamérica ni fue impulsada por intereses hispanoamericanos, sino que surgió de la creencia del rey de que su principal responsabilidad “era proporcionar a sus súbditos un buen gobierno económico y condiciones para el desarrollo”8. Sin embargo, esta investigación, centrada en el Imperio sobre la reforma en la periferia de este, no mira más allá de la política imperial dentro de la corte de Madrid. La idea de un nuevo virreinato partió de la metrópoli, pero la creación del músculo administrativo para hacerlo posible fue obra de cientos de burócratas coloniales. Separados por un océano de distancia, los funcionarios coloniales fueron quienes se enfrentaron y lidiaron con los retos sobre el terreno de la administración de las colonias. Trabajaron para representar y transformar Nueva Granada en una unidad territorial, económica y administrativa, con una visión a largo plazo de integración y creación de riqueza.

El establecimiento del virreinato de Nueva Granada fue solo el comienzo de una era de reordenamientos territoriales que surgieron como subproductos de la ciencia de la economía política. Gestado a partir del estudio del poder, este campo del saber se desarrolló con el tiempo bajo el epígrafe de “economía política”9. Los imperativos de la supervivencia fiscal en un entorno internacional hostil, según esta conceptualización, hacían necesarios los conocimientos económicos. Cuando los europeos adoptaron estos conocimientos durante el siglo xvii, la competencia entre Estados sirvió de telón de fondo a la reflexión sobre economía política del siglo xviii.

Los historiadores del norte de Europa tienden a favorecer una escala de análisis que circunscribe la economía política como una ciencia que surge en los textos de pensadores y mercaderes europeos. Rastrean la circulación de influyentes libros de economía política y sus traducciones por toda Europa para demostrar cómo los europeos estudiaban economía política con el fin de emular el éxito económico y político de Gran Bretaña. Por otra parte, contribuciones recientes han analizado la emulación de ideas políticas y económicas extranjeras en la España del siglo xviii y sus colonias periféricas americanas al otro lado del Atlántico10. Por otra parte, contribuciones recientes han analizado la emulación de ideas políticas y económicas extranjeras en la España del siglo xviii y en sus colonias periféricas americanas al otro lado del Atlántico.

La ideología, la geopolítica y las prácticas de conocimiento influyeron en el programa de reforma español en las periferias coloniales. El historiador Gabriel Paquette ha dividido los fundamentos intelectuales de las reformas borbónicas, a partir de la subida al trono de Carlos III, en tres partes: regalismo, economía política y consideraciones de rivalidad internacional11. Imitar, reflexionar y corregir los modelos extranjeros se convirtió en un elemento central del pensamiento político borbónico, que evolucionó hacia una “ideología sincrética de la gobernanza”12. Paquette demuestra que la emulación fue esencial para la supervivencia del Estado, a medida que este se modificaba con un nuevo lenguaje común de reforma, el de la economía política. Por último, pero no por ello menos importante, sostiene que la reforma del gobierno general aceleró la integración de los puestos avanzados del Imperio, como Nueva Granada, en la economía global13. La investigación de Paquette ha permitido comprender las complejas condiciones en las que se desarrolló y negoció el conocimiento de la economía política entre las instituciones coloniales durante el dominio borbónico. En este artículo, se amplía la perspectiva de Paquette sobre la historia intelectual, al centrarse en textos y estrategias de producción de conocimiento que se discuten con menos frecuencia en la literatura sobre la reforma imperial y la economía política.

El Imperio español tiene una larga historia de prácticas de recopilación de conocimientos y geografía descriptiva. Se basó en la búsqueda constante de información sobre el territorio y su población. La elaboración de relaciones geográficas, que consistieron en cuestionarios para recabar información sobre el territorio y sus gentes, fue una política española desde el siglo xvi14, y a través de estos dispositivos, la Corona solicitaba información para controlar la ocupación del espacio, la fiscalidad y la distribución de la población.15 Como ha argumentado Arndt Brendecke, el objetivo de los esfuerzos de la corte española por recabar información empírica sobre la periferia durante los siglos xvi y xvii no era maximizar la racionalidad política de la Corona, sino reforzar los lazos de lealtad entre el rey y sus súbditos16. En la década de 1710, los reformistas españoles empezaron a sugerir que la naturaleza de la autoridad real no consistía simplemente en proporcionar orden y justicia, sino que el rey debía promover el bienestar material, el bien común y el progreso económico y cultural de sus súbditos17.

A diferencia de los primeros doscientos años de dominio colonial, durante el siglo xviii, la recopilación de conocimientos empezó a coincidir plenamente con un programa de reformas formulado para explotarlos18. Una concepción utilitarista de la tierra y sus recursos sentó las bases de la reforma imperial en la monarquía española19. El gobierno imperial y su principal objetivo de aumentar la riqueza necesitaban la producción y el flujo constantes de documentos desde las zonas periféricas del Imperio a las principales ciudades coloniales y luego a la metrópoli. Al respecto, la historiadora Sylvia Sellers-García ha argumentado que, en un esfuerzo por superar la distancia, los funcionarios de Madrid no podían “ver” las Américas, por lo que “dependían de los funcionarios americanos para hacerlas visibles y conocibles”20. En este programa de reformas, uno de los problemas centrales de la construcción del Estado colonial era hacer legible el espacio21, lo que consistía en ordenar la población y el paisaje para ayudar a simplificar funciones estatales como la tributación, la seguridad y la creación de riqueza. De hecho, un componente esencial del esfuerzo español por gobernar, demarcar y extraer riqueza de su vasto dominio transatlántico consistió en recopilar información sobre la tierra y sus recursos. Las tecnologías de papel para la creación de imperios fueron componentes vitales de la historia social del conocimiento, la creación de lugares coloniales y la economía política incorporada al colonialismo español.

Los intentos de imaginar y consolidar un virreinato en el norte de Sudamérica pueden rastrearse en un conjunto de documentos burocráticos como mapas, proyectos de mejoras económicas, informes y peticiones administrativas, descripciones geográficas e historias naturales. Estos documentos son de naturaleza corográfica. En el llamado Diccionario de Autoridades, de 1729, la chorographia es definida como “la descripción de cualquier reino, país o provincia particular”22. Las raíces de la tradición corográfica se encuentran en la Antigüedad clásica. Si bien supone escribir sobre un país o región, alude a la representación del espacio y el lugar en el marco de la historia espacial; la corografía es, pues, una empresa no neutral en la que los funcionarios reales utilizan las descripciones como parte de un proceso de transformación de espacios desconocidos en lugares familiares con fines económicos, políticos y militares. La construcción del territorio del virreinato de Nueva Granada durante la época borbónica se desarrolló como parte de la tensa relación de España con otros imperios, los cambios en la política colonial y las prácticas situadas de producción de conocimiento de economía política.

  1. El gobierno económico de América y el virreinato de Nueva Granada

La monarquía española atribuyó su preocupación por crear fronteras estables y claramente delimitadas para el Imperio y sus colonias a una política defensiva destinada a contrarrestar la expansión deotros imperios europeos. El Tratado de Utrecht, que puso fin a la Guerra de Sucesión española, dio lugar a varios reordenamientos territoriales y económicos. Mientras que el Tratado protegía los territorios españoles de ultramar, en Europa España cedía Gibraltar, Menorca y las zonas heredadas de los Habsburgo en el centro y norte del continente, incluidas las regiones italianas23. España también cedió el asiento de negros, el monopolio sobre el comercio de esclavos, a Gran Bretaña en 171324. Además, el Tratado consolidó el reconocimiento internacional de la monarquía borbónica, que intentó desmantelar los dos siglos anteriores de dominio de los Habsburgo, basado en provincias autónomas federales25. En consecuencia, la nueva monarquía trató de crear un marco jurídico uniforme para el Imperio español y sus colonias para recuperarse de la percepción de que el Imperio estaba fracasando26.

A diferencia del primer colonialismo español, que hacía hincapié en incorporar a su población súbdita a su visión de la cristiandad católica, los Borbones destacaron el gobierno económico de América. El plan estratégico para el Gobierno Económico de América, redactado en 1743 por el ministro de las Secretarías de Hacienda, Marina, Guerra e Indias, José Campillo y Cosío, contenía los principios básicos de las reformas. Reflejaba visiones renovadas del papel y la finalidad de la monarquía española, puestas en marcha desde principios de siglo e incluso desde la segunda mitad del reinado de Carlos II (1665-1700)27. La obra permaneció manuscrita hasta su publicación en 1789, pero influyó en las reformas del siglo xviii28. El texto de Campillo y Cosío caracterizó la economía política española: su plan era pragmático, atendía a las preocupaciones locales y tenía en cuenta las prácticas económicas extranjeras que habían tenido éxito29. Campillo imaginó un plan mediante el cual la Corona española aumentaría la población del Imperio y fortificaría las rutas de navegación y los territorios estratégicos. Describió el gobierno económico como “la buena policía, el arreglo del comercio, el modo de emplear civilmente los hombres, el de cultivar las tierras, mejorar sus frutos, y en fin, todo aquello que conduce a sacar el mayor beneficio y utilidad de un país”30. A partir de entonces, el Consejo de Indias —principal órgano reformador del Imperio español en América después de 1737— dirigió todos sus esfuerzos a la recuperación económica de las posesiones ultramarinas. Los reformadores imperiales empezaron a considerar las colonias del Nuevo Mundo como un “territorio integral de la Monarquía”31.

En el caso del virreinato de Nueva Granada, una economía rural agrícola en la que la minería del oro desempeñó un papel importante en la configuración de la economía colonial32, los reformadores consideraron la posibilidad de impulsar la minería, promover el comercio y combatir el contrabando33. Con este objetivo, la Corona borbónica trazó un renovado plan de reforma imperial en la zona más septentrional del virreinato del Perú. La Corona estableció un nuevo virreinato entre 1717 y 1723. Sin embargo, las necesidades financieras para sostener las guerras en la Europa mediterránea llevaron a los reformistas españoles a extinguir el virreinato en ese último año. Más de una década después, el recrudecimiento de las tensiones entre España y Gran Bretaña, derivadas del Tratado de Utrecht, llevó a la restauración del virreinato en 173934. Como ha explicado Eissa-Barroso, en la decisión de restaurar el virreinato en 1739, “los reformadores consideraron ampliamente las formas específicas en que el establecimiento de un virreinato fomentaría el desarrollo económico del norte de Sudamérica”35. Transformar estos territorios en un centro agrícola y comercial, en una colonia productora de ingresos, e integrarlos en el Imperio comercial español, se convirtió en una prioridad de la Corona española durante la segunda mitad del siglo xviii.

Para que este ejercicio de imaginación espacial tuviera éxito, la emulación de la economía política francesa resultó crucial. La creación del virreinato en 1717 vino acompañada de una serie de reformas introducidas por el sacerdote italiano Giulio Alberoni, cardenal y estadista italiano al servicio del rey Felipe V desde 1715, que alteraron significativamente la forma de gobierno de las Indias36. La reforma de Alberoni era polifacética y, en algunos aspectos, imitaba la economía política francesa, iniciada en Francia con Jean-Baptiste Colbert, a menudo considerado la figura principal del mercantilismo francés. El historiador Jacob Soll define el “colbertismo” como la idea de que un Estado a gran escala necesita centralizar y aprovechar el conocimiento enciclopédico para gobernar con eficacia. Este conocimiento, que puede ser tanto formal como práctico, añade, podría utilizarse para dominar el mundo material y hacer valer reivindicaciones a favor de la monarquía37.

La propuesta de un nuevo virreinato incluía una estrategia de recopilación de conocimientos. El rey ordenó a los funcionarios reales que prepararan informes para enviarlos a España en los que se describieran las provincias y gentes del virreinato propuesto, y así lo hicieron, escribieron extensamente sobre los territorios del norte de Sudamérica que gobernaban. El Consejo de Indias enviaba peticiones a América con regularidad, solicitando que los funcionarios reales cartografiaran, evaluaran y controlaran las posibles fuentes de riqueza para el Imperio38. Mediante la producción de textos corográficos como historias naturales, peticiones, mapas, informes administrativos y descripciones geográficas, los burócratas de las colonias promovían la retórica y la política de la reforma imperial a gran escala. Estos documentos reflejan la búsqueda del Estado imperial de una autoridad suprema en la periferia del Imperio; además, muestran que los funcionarios coloniales negociaban ideas de economía política frente a realidades geográficas y geopolíticas coloniales específicas.

En vísperas del siglo xviii, el Nuevo Reino de Granada personificaba las debilidades del Imperio español. Era un mosaico de regiones geográficamente dispares, constantemente infiltradas por contrabandistas portugueses, holandeses y británicos, lo que dificultaba su control. Además, las soberanías indígenas establecieron redes comerciales con otros imperios caribeños en sus tierras fronterizas. También, la zona incluida en la jurisdicción propuesta para el virreinato tenía paisajes montañosos, y la cordillera de los Andes atravesaba las regiones centrales neogranadinas, dividiéndose en tres cadenas distintas, lo que provocó que la topografía de esta zona fuera accidentada, y hacía ardua la circulación. La dispersión y el minifundismo de los asentamientos, las dificultades del transporte interno y la dispersión de la minería de la colonia dificultaron el crecimiento económico del virreinato.

Aunque históricamente Nueva Granada se había desarrollado principalmente como una economía agrícola de subsistencia y doméstica, y como una colonia productora de oro, las reformas ampliaron el alcance del mejoramiento económico. La monarquía española abandonó una visión del imperio que tendía a basar el poder del Estado en la adquisición de oro en lingotes, y se enfocó en una visión que privilegiaba la apertura de mercados. La promoción del comercio, la agricultura y la lucha contra el contrabando se convirtieron en los ejes centrales del proyecto para aumentar la eficacia administrativa y revertir la percepción de que el poder de la Corona se había erosionado. Las burocracias reales apoyaron el desarrollo de economías de exportación en las ciudades productoras de cacao, como Guayaquil y Caracas. Según la política borbónica, la viabilidad económica y la cohesión de la región dependían del fortalecimiento de las burocracias reales, al tiempo que se mejoraban las comunicaciones internas, la defensa militar, el comercio y las redes fiscales. El reforzamiento de los lazos comerciales entre el virreinato y España fueron pasos hacia el fortalecimiento de la administración imperial.

Este impulso reformador exigió la reorganización de las jurisdicciones administrativas. La Real Cédula del 20 de agosto de 1739 ordenó la erección del virreinato, incluyendo las jurisdicciones de “Chocó, Popayán, Reyno de Quito y Guayaquil, provincias de Antioquia, Cartagena, Sta Marta, Rio del hacha, Maracaibo, Caracas, Cumaná, Guayana, Yslas de la Trinidad y Margarita y Rio Orinoco, Provincias de Panamá, Portovelo, Veragua, y el Darien […]”39. La reforma territorial incluyó reordenamientos fiscales que intentaron centralizar la administración de la Real Hacienda en manos del virrey, quien residía en la capital, Santa Fe de Bogotá40. Se esperaba que el nuevo aparato burocrático aprovechara los ingresos fiscales de manera más efectiva, al subordinar a los funcionarios locales y provinciales a la autoridad de un virrey, la imagen del rey en América. Además, en respuesta a la rivalidad interimperial, la reforma de las jurisdicciones militares en las localidades costeras condujo primero a la separación de la provincia de Venezuela de Santo Domingo y, más tarde, del virreinato de Nueva Granada. A pesar de la separación de los territorios de Venezuela, la territorialización neogranadina avanzó significativamente a lo largo del siglo. Por ejemplo, desde la creación del virreinato hasta principios del siglo xix, la expansión de las estructuras imperiales y las políticas de redistribución de tierras condujeron a un aumento del número de provincias o gobernaciones. Dentro de las provincias se crearon nuevas parroquias y ciudades41. Esta reforma territorial surgió de visiones renovadas del colonialismo español que pretendían contrarrestar la creciente influencia británica y convertir a España rica y poderosa de nuevo.

Aunque las diferentes escalas de análisis deberían ayudar a explicar el desarrollo de la reforma territorial, la literatura acerca de economía política centrada en la competencia entre imperios domina los relatos sobre la creación de imperios en el mundo atlántico. La competencia, sin embargo, también surgió a escala intercolonial, y los conflictos jurisdiccionales fueron un rasgo común en la monarquía policéntrica española 42. Junto con las incursiones extranjeras —como el ataque británico a Portobelo en 1739—, la reforma territorial borbónica desencadenó conflictos geopolíticos y económicos intercoloniales con consecuencias duraderas en Sudamérica. Por ejemplo, el cambio de jurisdicción afectó los intereses mercantiles peruanos. En una serie de cartas dirigidas a los funcionarios reales en Madrid, las autoridades y comerciantes peruanos protestaron por la separación de Panamá y Guayaquil de Perú43. En 1741, Antonio José de Mendoza Caamaño y Sotomayor, virrey de Perú, planteó sus preocupaciones sobre el comercio de mercancías peruanas en Portobelo, situado en la vertiente atlántica del istmo de Panamá44. El virrey se quejó porque el comercio de Perú fluía principalmente a través de Guayaquil y Panamá, que ahora pertenecerían al recién creado virreinato. Mendoza Caamaño también señaló que, debido a las distancias y al terreno quebrado entre Santa Fe y Portobelo, los recursos y las ordenanzas gubernamentales de Santa Fe llegarían tarde, en detrimento del comercio español45.

Décadas más tarde, en 1779, la controversia seguía vigente, ya que José García de León y Pizarro, presidente de la Audiencia de Quito, retomó el tema para intentar segregar a Guayaquil del recién creado virreinato46. Más tarde, una real cédula en 1803 ordenó la anexión de Guayaquil al virreinato de Perú. El fundamento de esta decisión fue la distancia y el interés de facilitar el control de las rentas fiscales y el envío de apoyo defensivo desde Lima a Guayaquil, frente a Santa Fe47. El conflicto entre los líderes peruanos y neogranadinos por la jurisdicción de Guayaquil —una salida fundamental al océano Pacífico— creció durante las luchas por la independencia. La reforma territorial afectó a las economías políticas interimperiales, lo que reveló la naturaleza controvertida del cambio jurisdiccional colonial y encendió un antiguo conflicto sobre la frontera suroeste del virreinato. A corto plazo, las autoridades de Santa Fe respondieron y dirigieron sus esfuerzos a legitimar la existencia de la nueva territorialidad virreinal.

Para ello, la conjunción de la práctica burocrática y los proyectos cartográficos contribuyeron a configurar el territorio conceptual e imaginado de Nueva Granada dentro de Sudamérica y de todo el Imperio. Los burócratas de Santa Fe se esforzaron por inscribir el espacio del virreinato en textos corográficos. Buscaban avanzar en las visiones comerciales y territoriales de las provincias para mejorar la posición del recién creado virreinato dentro del Imperio. En el marco de las reformas borbónicas, se intentó establecer una cohesión territorial en Nueva Granada y el resto de las colonias. Esto condujo a la creación de representaciones cartográficas, así como una amplia reforma de la administración fiscal. A principios de la década de 1770, los reformadores coloniales buscaron representar al virreinato como un espacio administrativo y geográfico cohesionado, diferenciado de Perú. Desataron una campaña de recopilación de conocimientos guiada por el espíritu de la Ilustración y los postulados del gobierno económico de América.

  1. Creación de riqueza, cartografía y búsqueda de legibilidad

En diciembre de 1770, el virrey Pedro Messía de la Cerda solicitó a los funcionarios locales de todo el reino informes sobre los territorios bajo su mando. En la solicitud, pedía a los funcionarios coloniales que describieran sus pueblos, ciudades, villas y lugares dentro de su jurisdicción, así como cualquier frontera que difiriera debido a jurisdicciones eclesiásticas y espirituales. También, pedía estimaciones aproximadas del número de habitantes y sus circunstancias, rentas provinciales y, si era posible, un mapa para “facilitar el conocimiento de los lugares descritos”48. A partir de este requerimiento buscaba evaluar la situación del reino, primero en sus unidades territoriales más pequeñas y, luego, en su conjunto.

El esfuerzo fue apoyado por una red de burócratas reales de la administración fiscal, militar y eclesiástica. Los gobernadores locales, los administradores fiscales y los miembros del clero redactaban sus propios informes; aunque no está claro cuántos funcionarios locales presentaron informes corográficos, existen pruebas de procesos de recopilación de informes en provincias concretas. Por ejemplo, en respuesta a la solicitud del virrey, se elaboró el informe titulado “Estado general de las ciudades y villas del Cauca, 1771”, y el 31 de enero de 1771, el gobernador de Popayán, Joseph Ignacio Ortega, redirigió la petición del virrey a los funcionarios provinciales. Ortega distribuyó la petición a los funcionarios reales de las ciudades y lugares de su gobernación, la cual fue respondida por los administradores locales. La misma petición fue enviada desde diferentes ciudades a los reales de minas de Quiebralomo, donde el cura doctrinero respondió. Los burócratas locales formaban parte de la red de conocimiento corográfico que circulaba desde las afueras de la colonia hasta Santa Fe de Bogotá, el centro administrativo49.

Pocos gobiernos locales tenían acceso a topógrafos o cartógrafos cualificados. Además, desplazarse por el Nuevo Reino de Granada era una empresa costosa y difícil. Por ello, la mayoría de los textos corográficos locales presentaban información descriptiva sobre los territorios locales recogida a través de la experiencia y las observaciones de los administradores locales. El virrey Mesía de la Cerda intentó elaborar su relación de mando basándose en la información proporcionada por los administradores locales. Consideró que su informe carecía de detalles; por ello, encargó al fiscal protector de indios, juez y conservador de rentas reales de la Real Audiencia de Santa Fe, D. Francisco Antonio Moreno y Escandón, la redacción de otro compendio general del estado del virreinato en materia civil, política, económica y militar. Moreno y Escandón, funcionario de la capital virreinal, elaboró el texto titulado “Estado del Virreinato de Santafé, Nuevo Reino de Granada”; junto con el informe, ordenó la creación de un mapa del virreinato, titulado Plan Geográfico del Virreynato de Santafe de Bogotá, Nuevo Reyno de Granada, en 177250. El mapa, al que se refirió como “plan geográfico”, incluía información sobre la demarcación territorial, islas, ríos, provincias, fuertes y ciudades principales51. Moreno pasó algún tiempo reuniendo información para su informe y tuvo dificultades para recopilar datos fiables sobre provincias lejanas.

Los burócratas de la periferia se quejaban con frecuencia de la falta de un “conocimiento sustancial” de las distancias, las rentas, los pueblos y la topografía de su reino52. Según los administradores reales, la escasez de información precisa provocaba fallos en la toma de decisiones políticas y dificultaba la gobernanza económica. Moreno y Escandón, por ejemplo, hizo hincapié en los “defectuosos” asentamientos del reino. Añadía que desconocer el número de habitantes, “calidades, clase, fondos y modo de vivir” y el estado del comercio obstaculizaba el buen gobierno. Para él, esta desorganización se reflejaba también en el hecho de que “[…] las casas, calles y lugares públicos no se numeran”53. Este principio de partición del paisaje urbano en registros individuales numerados simplificaba la labor de los funcionarios encargados de asegurar la recaudación de impuestos en busca de la legibilidad54.

Convertir el virreinato de Nueva Granada en una colonia generadora de ingresos, como Perú y Nueva España, comenzaba por representar sus condiciones materiales. El “Plan Geográfico” de 1772 refleja el deseo de la monarquía española de crear una imagen unificada de todas las posesiones americanas (mapa 1)55, donde “[…] las casas, calles y lugares públicos no se numeran”56; el mapa y los textos corográficos describían su riqueza natural como sujeta a la intervención humana. El mapa, además, se centra en los datos fiscales y demográficos, así como en el potencial de riqueza futura del espacio que ocupa el virreinato. La leyenda central en la parte inferior del mapa señala que su objetivo es presentar el estado actual y el potencial del virreinato para determinar las medidas más adecuadas para su mejora. Para ello, el mapa evaluaba las causas y los orígenes del atraso del virreinato. La carta geográfica también mencionaba la “[…] decadencia de su comercio; frutos preciosos de que abunda, y minas que atesora”57. Aunque las representaciones cartográficas suelen tener como objetivo presentar el espacio físico de forma económica, Moreno y Escandón incluyó una cantidad significativa de texto en el mapa; sus adiciones textuales cartografiaron la estructura administrativa del virreinato; trazó espacios urbanos y rurales como un burócrata registrador y los tradujo en números fiscalmente relevantes a lo largo de una narrativa de riqueza potencial.

Mapa 1. Plan geográfico del virreinato de Santafé de Bogotá Nuevo Reyno de Granada58

Fuente: Biblioteca Nacional de Colombia (bnc), Bogotá-Colombia, Colección Archivo Histórico Restrepo, Fondo Mapoteca, 262, F. Restrepo 36. Digitalizado en: https://catalogoenlinea.bibliotecanacional.gov.co/custom/web/content/mapoteca/fmapoteca_262_frestrepo_36/fmapoteca_262_frestrepo_36.html

Moreno y Escandón optó por representar un paisaje preparado para la intervención humana, cuantificable en rentas, particiones y personas. En su esfuerzo por organizar sistemáticamente la información contable del virreinato desde el punto de vista geoespacial, el mapa incluía en sus márgenes “notas relativas al estado de la Real Hacienda”. De igual manera, una serie de cuadros estadísticos, que enmarcaban el mapa, mostraban las divisiones territoriales del virreinato, y revelaban el orden administrativo impuesto. El cuadro de los gobiernos militares incluía el cálculo de los sueldos asignados a cada jurisdicción militar. También, contabilizaba el número de ciudades, aldeas, villas, lugares y pueblos indígenas. La sección, de igual manera, recogía información sobre las misiones, incluyendo las órdenes religiosas a cargo, el número de pueblos, misioneros ypueblos indígenas, y el coste de su mantenimiento. Por último, el cuadro mostraba el número de pueblos indígenas tributarios de cada jurisdicción y sus poblaciones urbanas (vecinos). La misma información, como los salarios y el número de ciudades y pueblos, era mostrada en el mapa para cada gobierno político dentro de las Audiencias de Santa Fe y Quito. La narración escrita en las cartas y la representación cartográfica del virreinato contribuían a la contención y ordenación del espacio de la colonia. Además, las referencias a algunas expediciones científicas y el uso de conocimientos geográficos previos situaban el Plan en el contexto de la ciencia ilustrada borbónica.

Los burócratas reales utilizaron la ciencia de la Ilustración para ayudar al estado fiscal-militar español a demarcar el espacio del virreinato. A lo largo del siglo, el desarrollo de los estados fiscales-militares estuvo ligado al contexto atlántico59. La rivalidad entre Gran Bretaña, Francia y España hizo necesario el uso de los recursos y las capacidades que proporcionaban las colonias. Las gruesas y bien marcadas fronteras del mapa creaban la ilusión de un espacio delimitado, reclamado por España, pero constantemente amenazado por incursiones extranjeras. El mapa parece mostrar fronteras virreinales fijas y un espacio colonial estabilizado, pero también incluye zonas de conflicto potencial o continuo y de debilitamiento del control imperial; también, indica zonas en las que extranjeros podrían invadir el territorio, como la costa de Veraguas, “donde entran los piratas de la [costa] de Mosquitos, pescan carey y saquean la provincia”60, lo que refleja la preocupación de la Corona por la vulnerabilidad del virreinato en comparación con la fuerza de otros imperios en alianza con grupos indígenas independientes.

Los reformadores españoles consideraron la posibilidad de integrar parcialmente a los grupos indígenas independientes en la sociedad colonial a través del comercio. Moreno y Escandón enfatizó en su informe más extenso el obstáculo que suponían los levantamientos indígenas para el progreso del virreinato, y los peligros asociados a las alianzas inglesas con las comunidades indígenas residentes en la costa de Mosquitos61.

El Plan contenía un apartado sobre las misiones religiosas virreinales y afirmaba que la mayoría de las provincias del virreinato se veían perjudicadas por lo “que causan los indios bárbaros, que habitan (…) impidiendo el comercio”, y quienes, con frecuencia, establecían amistades con enemigos extranjeros62. Moreno y Escandón dedicó varias páginas a esta cuestión en el informe63, el cual también incluía una cita de la información facilitada a las autoridades españolas por un inglés, que había utilizado el falso nombre español de Alejandro Velasco, detenido cerca de Cartagena, en la costa del Caribe. Los extranjeros informaron a las autoridades neogranadinas sobre el desarrollo de redes comerciales y asentamientos ingleses en la Costa de los Mosquitos, y, a finales del siglo xviii, las aprensiones sobre su expansión territorial hacia Calidonia y el golfo de Darién se intensificaron64.

Moreno y Escandón creía que los ingleses, en alianza con grupos indígenas autónomos, podrían invadir fácilmente las provincias productoras de oro de Chocó y Antioquia desde la zona mencionada. Además, añadía que las poblaciones indígenas podrían ayudar a los trabajadores mineros esclavizados en su búsqueda de la emancipación. El temor se justificaba principalmente por el hecho de que la minería del oro “[…] es el único fruto de que depende la conservación de todo el virreinato”65. También, mencionaba que la navegación del río Atrato en esta zona estaba prohibida para los españoles desde 1730, lo que exponía aún más la región a la vulnerabilidad, agravada por la ausencia de fortificaciones. En resumen, la persistencia de los pueblos indígenas soberanos, sus coaliciones con los extranjeros y el cierre del río Atrato constituían una amenaza para la extracción de oro. Según los funcionarios reales, el virreinato tenía el potencial de estimular el comercio interno y externo, impedir la infiltración de agentes de otros imperios y conectar los territorios costeros con el interior andino.

  1. Las paradojas de las relaciones andino-caribeñas

El conocimiento del territorio era útil, pero limitado para promover la idea del virreinato de Nueva Granada como una unidad administrativa, económica y geográfica unificada entre burócratas y comerciantes. La creación de un mercado interior unificado, al tiempo que se competía con otros imperios, era un objetivo principal para los administradores reales y un aspecto crucial de la economía política local. La historiadora Regina Grafe sostiene que el comentario de Eli Heckscher de que el mercantilismo fue “principalmente un agente de unificación” suele pasarse por alto en la historiografía66. Grafe explica que Heckscher consideraba el mercantilismo como un conjunto de ideas y prácticas encaminadas a la formación del Estado y a la creación de un mercado nacional integrado, en lugar de centrarse únicamente en la competencia internacional67. Este apartado amplía la crítica de Grafe a la insistencia académica en la dimensión del comercio exterior del mercantilismo; explora las tensiones que surgieron de los esfuerzos por integrar el interior andino y las zonas costeras del Caribe mediante la defensa militar, el comercio y la interconexión fiscal.

El Plan de Escandón apenas describe las conexiones económicas virreinales de Nueva Granada con la región del Gran Caribe. Las fronteras marítimas con el Imperio británico, francés y holandés en el Caribe influyeron significativamente en su cultura económica. Por otra parte, el informe señalaba que el virreinato tenía una actividad comercial mínima y solo producía algunos productos agrícolas, como el cacao68. El mapa y el texto no hacen referencia al impacto del comercio ilegal en la riqueza colonial ni al perjuicio para la Real Hacienda, y la escasa atención a los flujos comerciales transimperiales costeros se debía al interés por transmitir una visión centrípeta de la territorialidad y el poder virreinal. Moreno y Escandón hizo hincapié en la creación de un mercado interior integrado y del núcleo simbólico y burocrático del virreinato en la ciudad de Santa Fe de Bogotá.

El mapa incluía una vista panorámica del centro urbano de Santa Fe en la parte inferior derecha. En la imagen, se ve un valle de casas y edificios organizados con la Cordillera al fondo. El escudo de la ciudad muestra un águila negra coronada que sostiene una granada en cada garra, rodeada de más granadas. Esta representación de Santa Fe como centro administrativo, comercial y de aprendizaje, así como un paisaje ideal de aspecto europeo, demuestran su posición como núcleo administrativo y de aprendizaje.

Moreno y Escandón propuso una reforma del currículo educativo, que sustituía la filosofía teológica por la filosofía natural de la Ilustración69. La ciudad lideró, así, la incorporación de las ciencias newtonianas a la educación y albergó la Real Expedición Botánica (1783-1808) y el primer Observatorio Astronómico de América, construido en 1803. Los intelectuales criollos de la capital lideraron la expansión de la esfera pública y la circulación del discurso público sobre economía política70.

En contraste con el retrato que Escandón hizo de Nueva Granada, la descripción geográfico-militar que Manuel de Anguiano hizo de Cartagena en 1805 enfatizaba la importancia de la ciudad como componente de la gobernanza económica del virreinato71. A finales de siglo, la ciudad portuaria albergó una aduana estatal y un consulado72, y desempeñó un papel importante como centro mercantil y de distribución de esclavos, al ser la aduana el centro neurálgico de estas actividades. La interpretación de Anguiano del paisaje del virreinato de Nueva Granada amplió las responsabilidades defensivas de la provincia de Cartagena para incluir la protección de la región que conectaba las regiones del Caribe y el Pacífico del territorio virreinal. Anguiano ofreció una interpretación del paisaje en relación con el papel de Cartagena en la defensa de los recursos neogranadinos, que se basaba en un contexto histórico de recurrentes incursiones holandesas y británicas en la provincia del Chocó, rica en oro. Cartagena fue designada jurisdicción militar debido a las políticas encaminadas a asignar a la ciudad, estratégicamente situada, la responsabilidad de salvaguardar el virreinato frente a amenazas externas. Tras la toma británica de Portobello en 1739 y los ataques a la ciudad en los años siguientes, Cartagena vivió una época dorada con el desarrollo de fortificaciones militares que persistió durante todo el siglo73.

La reorganización de Nueva Granada supuso el establecimiento de una nueva jerarquía territorial que afectaba tanto a los asuntos de guerra como a los comerciales. Como parte de la reforma, se estableció una división político-militar, que ya había sido incluida en el decreto que estableció el virreinato en 1739. Los comandantes generales de Caracas, Cartagena y Panamá fueron nombrados gobernadores de esta división. La importancia de Cartagena como puerto defensivo y centro comercial del reino se amplió durante la reorganización de las jurisdicciones y el establecimiento del Consulado de Comercio, en 1795, el cual representaba los intereses regionales de la élite comercial de la ciudad, pero que encontró una importante oposición por parte de los comerciantes de Santa Fe74.

A pesar de las representaciones contradictorias de los papeles respectivos de Santa Fe y Cartagena en el virreinato, y de la competencia entre sus élites comerciales por el dominio del comercio, la territorialidad fiscal bajo el sistema virreinal estableció una interdependencia recíproca entre las ciudades andinas y Cartagena. Paradójicamente, el reto de salvaguardar la puerta norte del reino frente a grupos indígenas autónomos e invasiones externas jugó un papel en la dependencia fiscal de Cartagena respecto a las provincias interiores del virreinato. Varias iniciativas de fortificación dentro de la ciudad recibieron un importante apoyo financiero de la monarquía. El gobierno español implementó un sistema fiscal que dirigía los excedentes de las economías provinciales locales de la región andina al apoyo de la crucial infraestructura militar de defensa a lo largo de la costa caribeña. Una red de burócratas vinculaba a las ciudades con los centros de recaudación de ingresos regionales mediante el transporte de remesas fiscales desde las ciudades andinas hasta el puesto avanzado de defensa de Cartagena. Las regiones costeras, especialmente en el Caribe, aspiraban a adquirir no solo beneficios comerciales, sino también moneda real.

Según el historiador Rodolfo Meisel, un análisis de los ingresos fiscales de Cartagena entre 1751 y 1808 revela que “el situado se convirtió en el sustento vital de las finanzas públicas y la economía de Cartagena”75. Meisel señala que el situado, que implicaba una serie de transferencias monetarias intraimperiales, se utilizaba regularmente para apoyar puestos militares estratégicos como Cartagena, Santa Marta y Guayana. Durante el virreinato de Solís (1753-1761), los excedentes fiscales obtenidos de las tesorerías de Honda y Mompox, además de las remesas fiscales recibidas de Quito y Santa Fe, fueron utilizados para mejorar el sistema de fortificaciones y proporcionar sustento a las tropas estacionadas en Cartagena. La red fiscal que facilitaba las transacciones económicas entre el interior andino y la costa caribeña servía de conducto para el intercambio no solo de recursos monetarios, sino también de otros productos valiosos.

Antes de 1795, el transporte de las cajas reales de Quito a Cartagena era gestionado por mercaderes que se dedicaban a la compraventa de mercancías en ruta, lo que estimulaba las economías locales de las regiones por las que pasaban76. A lo largo del siglo, la red fiscal se había visto reforzada por la introducción de una nueva burocracia fiscal y el establecimiento de instituciones fiscales locales adicionales. La Hacienda Real se enfrentaba a importantes retos debido a la precaria autoridad de España sobre las tierras fronterizas del virreinato. Las Cajas Reales eran responsables de recaudar ingresos no solo para proyectos de mejoras locales, sino también para necesidades imperiales de mayor envergadura, como guerras en Europa, expediciones de límites, fortificaciones y sustento militar.

La interdependencia entre la región andina y costera se vio limitada por intereses comerciales contrapuestos. Como demostró Alfonso Múnera, los mercaderes procedentes de Santa Fe argumentaban que sus intereses económicos entraban en conflicto con los de Cartagena, y mantenían perspectivas divergentes sobre el desarrollo del virreinato77. La construcción de rutas de transporte hacia la costa fue considerada prioritaria por el Consulado de Santa Fe durante los periodos de escasez de harina, para facilitar el traslado de sus productos. Sin embargo, el rey designó a Cartagena como facilitadora de las rutas de transporte interno y del crecimiento económico del virreinato, ante lo cual el Consulado en Santa Fe presentó una queja, afirmando que Cartagena mostraba falta de interés por el progreso de las provincias interiores. Esto, aunado a la crisis de abasto de harina, representaba un reto importante frente a los esfuerzos por hacer del trigo la base del avance agrícola del virreinato. El informe de Moreno y Escandón pone de manifiesto la tensión provocada por el tráfico de harina extranjera de contrabando hacia el reino, que se consumía en Cartagena a costa de su producción y comercio en las provincias del interior78.

A pesar de la controversia que resurgió durante el proceso de independencia, las ciudades andinas siguieron dependiendo del papel fundamental de Cartagena como plaza fuerte comercial y defensiva, y Cartagena se volcó hacia los excedentes fiscales generados por las ciudades andinas. A lo largo del siglo, las regiones andinas y caribeñas del virreinato desarrollaron una compleja relación de interdependencia que permitió un mercado interno de alguna manera integrado. A pesar del importante papel de Cartagena como protectora del virreinato del Nuevo Reino de Granada y de sus fuertes conexiones con el área más amplia del Caribe, tanto en términos de imaginación espacial como de funcionamiento administrativo, continuó dependiendo financieramente de las provincias del interior y, por lo tanto, permaneció estrechamente vinculada a los centros urbanos andinos.

Conclusiones

En el siglo xviii, la recopilación de información sobre el territorio, su topografía, sus recursos naturales y su potencial prosperidad económica, se convirtió en algo fundamental para la práctica burocrática y la gobernanza económica. La representación de las provincias neogranadinas ayudó a diseñar e imaginar paisajes enteros en los que el virreinato emergía como un espacio potencialmente rico e integrado, aunque fragmentado regionalmente. Burócratas, militares, cartógrafos y misioneros trazaron mapas y escribieron sobre el paisaje y sus recursos en un empeño no neutral que implicaba debatir los límites y la integración de las unidades territoriales y cómo generar riqueza para el Imperio. En este sentido, el debate sobre la producción de conocimiento, el colonialismo, la reforma imperial y la economía política que aquí se presenta resultó crucial para la acumulación de capital europeo.

Una historia espacial de la creación del virreinato de Nueva Granada revela cómo el lenguaje y la cartografía sirvieron retóricamente para transformar el espacio en lugar. En este proceso, las representaciones del virreinato lo convirtieron en una colonia legible y productora de recursos no solo para los españoles, sino también para otros imperios europeos. Como se ha mostrado en este artículo, la producción de conocimiento en forma de textos corográficos confeccionados por burócratas estaba inextricablemente ligada a la creación de riqueza en las colonias españolas de ultramar y en Europa. Como sostiene el historiador James Torres, durante esta época, el virreinato experimentó “un proceso interrelacionado de crecimiento económico, con los nexos del oro y la exportación de mercancías”. Este crecimiento, basado en la especialización y comercialización regional, permitió a los consumidores acceder a bienes procedentes de Asia y Europa, por lo que la región pudo ampliar sus mercados79.

Aunque fue un periodo de crecimiento económico y de interconexión global, muchas de las visiones de territorialidad y proyectos de economía política nunca llegaron a materializarse tal y como las habían imaginado los funcionarios coloniales. Por otro lado, este tipo de cartografía tenía una finalidad definitiva para la gobernanza en curso, las redes comerciales, las aspiraciones imperiales y criollas, y las antiguas visiones de territorialidad, que a menudo eran ilusiones bastante frágiles en la práctica. Sin embargo, la posición geopolíticamente única de Nueva Granada, internamente dislocada topográficamente y permeada por incursiones extranjeras, ofrecía una oportunidad única para ahondar en la imaginación geográfica y las concepciones del espacio que fueron tan centrales en la negociación de la reforma imperial y el capitalismo antes del colapso del dominio imperial español en el norte de Sudamérica.

Las economías políticas corográficas fueron dispositivos centrales de la reforma imperial, y la búsqueda de riqueza colonial que sentó las bases de la producción y la integración territorial se produjo en las avanzadas coloniales, no en los tratados intelectuales en Europa. Como sostienen Cardim et al., las monarquías ibéricas eran policéntricas en el sentido de que “permitían la existencia de muchos centros interrelacionados que interactuaban no sólo con el rey sino también entre sí, participando así activamente en la forja de la política”80. Al informar a Santa Fe o a España, gobernadores, clérigos, oidores, militares y los propios virreyes trataron de transmitir una comprensión espacial de determinadas regiones dentro del Imperio. Mientras que las economías políticas locales se propusieron avanzar en las posibilidades de conectar una ciudad o pueblo con ciertos ríos o salidas al mar, las concepciones más amplias del virreinato de Nueva Granada como unidad territorial resultaron difíciles de dar un sentido de cohesión territorial. Lo mismo ocurría sobre el terreno ante una realidad de obstáculos topográficos insalvables que impedían una comunicación fluida entre provincias. Imaginada o sobre el terreno, la integración del virreinato desde el punto de vista económico, defensivo y administrativo dio lugar a discursos de diferencia regional, junto con representaciones utópicas de integración territorial y conocimientos de economía política. Aunque las redes burocráticas, fiscales y militares permitieron que el virreinato funcionara como un todo administrativo que vinculaba regiones costeras y andinas, las tensiones entre las principales ciudades de Cartagena y Santa Fe ilustran paradojas en la conformación de una territorialidad virreinal integrada y armónica en los albores del Imperio español.

Bibliografía

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Archivos

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  29. Pérez Zapata, Santiago. “Un vistazo a la cartografía virreinal: Descripción geográfica del Virreinato de la Nueva Granada de 1781”. Anuario colombiano de historia social y de la cultura 43, n.º 1 (2016): 61-91, doi: https://doi.org/10.15446/achsc.v43n1.55065.
  30. Reinert, Sophus A. Translating Empire: Emulation and the Origins of Political Economy. Cambridge, Mass: Harvard University Press, 2011.
  31. Reinert, Sophus A. y Røge, Pernille (eds.). The Political Economy of Empire in the Early Modern World. Houndmills/Basingstoke/Hampshire: Palgrave Macmillan, 2013.
  32. Rohl, Darrell J. “The Chorographic Tradition and Seventeenth- and Eighteenth-Century Scottish Antiquaries”. Journal of Art Historiography 5, (2011): 1.
  33. Scott, James C. Seeing like a State: How Certain Schemes to Improve the Human Condition Have Failed. Yale Agrarian Studies. New Haven: Yale University Press, 1998.
  34. Sellers-García, Sylvia. Distance and Documents at the Spanish Empire’s Periphery. Stanford: Stanford University Press, 2014.
  35. Soll, Jacob. The Information Master: Jean-Baptiste Colbert’s Secret State Intelligence System. Cultures of Knowledge in the Early Modern World. Ann Arbor: University of Michigan Press, 2009.
  36. Stern, Philip J. y Carl Wennerlind. Mercantilism Reimagined: Political Economy in Early Modern Britain and Its Empire. Oxford: Oxford University Press, 2013.
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  39. Storrs, Christopher (ed.). The Fiscal-Military State in Eighteenth-Century Europe: Essays in Honour of P.G.M. Dickson. Farnham, UK: Ashgate, 2009.
  40. Torres, James. “Trade in a Changing World: Gold, Silver, and Commodity Flows in the Northern Andes 1780-1840”. Tesis de doctorado, Georgetown University, 2021.
  41. Torres Sánchez, Rafael. El precio de la guerra: el estado fiscal-militar de Carlos III (1779-1783). Madrid: Marcial Pons, 2013.
  42. Ward, Christopher. Imperial Panama: Commerce and Conflict in Isthmian America, 1550-1800. 1st ed. Albuquerque: University of New Mexico Press, 1993.
  43. Weber, David J. Bárbaros: Spaniards and Their Savages in the Age of Enlightenment. New Haven y Londres: Yale University Press, 2005.

Este artículo fue publicado en inglés como: Afanador-Llach, María José. “Political Economy and Knowledge Production in the Making of the Viceroyalty of New Granada,” Historia Crítica n.° 89 (2023): 77-101, doi: https://doi.org/10.7440/histcrit89.2023.03

  1. 1 Durante los siglos xviii y xix, el Orinoco Ilustrado se editó cinco veces, primero en España y luego en Colombia y Venezuela. También se tradujo al francés. La edición de 1791 cambió el nombre a Historia, natural, civil y geográfica de las naciones situadas en las riveras del Río Orinoco. Véase Margaret R. Ewalt, Peripheral Wonders: Nature, Knowledge, and Enlightenment in the Eighteenth-Century Orinoco (Lewisburg: Bucknell University Press, 2008).

  2. 2 Joseph Gumilla, El Orinoco Ilustrado; Historia Natural, Civil Y Geográfica De Este Gran Río (Bogotá: Editorial ABC, 1955), 172.

  3. 3 Julián de Arriaga, “Sobre los Límites de Cumaná y Guayana y derecho que pretenden tener los Olandeses a la pesca en la embocadura del Orinoco”, en Sobre la colonia holandesa de Esquivo, ed. por San Idelfonso [Sevilla: Archivo General de Indias (agi): s.f. /¿1785?], 62, n.⁰ 2., ff. 17r-42r.

  4. 4 La Capitanía General del Nuevo Reino de Granada, creada en 1564, fue elevada a la categoría de virreinato el 27 de marzo de 1717. En 1723, debido a los pobres resultados en la contención de las incursiones extranjeras y a los altos costes de mantener un virreinato en un territorio pobre y despoblado, la monarquía española extinguió el virreinato.

  5. 5 Gabriel B. Paquette, The European Seaborne Empires: From the Thirty Years’ War to the Age of Revolutions (New Haven: Yale University Press, 2019), 123.

  6. 6 Daniel Nesmer, “Introduction: Iberian Empires and the History of Capitalism”, Journal for Early Modern Cultural Studies 19, n.o 2 (2019): 1-15.

  7. 7 Para el caso de las esmeraldas de Nueva Granada, véase Kris Lane E., Colour of Paradise: The Emerald in the Age of Gunpowder Empires (New Haven: Yale University Press, 2010).

  8. 8 La traducción es mía. Francisco A. Eissa-Barroso, The Spanish Monarchy and the Creation of the Viceroyalty of New Granada 1717-1739: The Politics of Early Bourbon Reform in Spain and Spanish America (Leiden/Boston: Brill Academic Pub, 2016), 3-4.

  9. 9 Sophus A. Reinert, Translating Empire: Emulation and the Origins of Political Economy, (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 2011); Sophus A. Reinert y Røge Pernille (eds.), The Political Economy of Empire in the Early Modern World (Houndmills, Basingstoke, Hampshire: Palgrave Macmillan, 2013).

  10. 10 Los nuevos enfoques han puesto de relieve el papel de diversas comunidades políticas —corporaciones, contrabandistas y dirigentes municipales— en la lucha contra las prácticas mercantilistas. Véase Phillip Stern y Carl Wennerlind (eds.), Mercantilism Reimagined: Political Economy in Early Modern Britain and Its Empire (New York: Oxford University Press, 2014).

  11. 11 Gabriel Paquette, Enlightenment, Governance and Reform in Spain and its Empire, 1759-1808 (London: Palgrave MacMillan, 2008).

  12. 12 Paquette, Enlightenment, 5.

  13. 13 Paquette, Enlightenment, 8.

  14. 14 Incluso en el siglo xviii, las relaciones geográficas siguieron siendo un instrumento de gobierno colonial. Juan Pío Montúfar y Fraso respondió a la orden del Virrey de Nueva Granada de elaborar relaciones geográficas de la Audiencia de Quito el 21 de marzo de 1754. Francisco de Solano. Cuestionarios para la formación de las relaciones geográficas de Indias: siglos xvi/xix (Madrid: Editorial CSIC-CSIC Press, 1988), 145.

  15. 15 “Significación y tipología de los cuestionarios de Indias”. De Solano, Cuestionarios, xvii-xxviii.

  16. 16 Arndt Brendecke, Imperio e informacion: funciones del saber en el dominio colonial español (Madrid/Frankfurt: Iberoamericana/Vervuet Verlag, 2012), 336.

  17. 17 Anthony McFarlane, “The Bourbon Century”, en Early Bourbon Spanish America: Politics and Society in a Forgotten Era, editado por Francisco A. Eissa-Barroso (Leiden: Brill, 2013), 186.

  18. 18 McFarlane, “The Bourbon Century”, 36-37.

  19. 19 La historiadora Tamar Herzog demuestra los cambios desde una antigua concepción del territorio como parte de un orden divino universal hacia concepciones de “utilidad común” de la tierra que insistían en la agencia humana, modificando el hacer y rehacer de las divisiones territoriales. Véase Tamar Herzog, Frontiers of Possession: Spain and Portugal in Europe and the Americas (Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 2015), 142-144.

  20. 20 La traducción es mía. Sylvia Sellers-García, Distance and Documents at the Spanish Empire’s Periphery (Stanford: Stanford University Press, 2014), 25.

  21. 21 James C. Scott, Seeing like a State: How Certain Schemes to Improve the Human Condition Have Failed (New Haven: Yale University Press, 1998), 1-8.

  22. 22 “Descripcion de algun Réino, País, ò Provincia particulár”. “Chorograhia”, en Diccionario de la lengua castellana, ed. por Real Academia Española [6 vols., 1726-1739], vol. 2 (Madrid: Imprenta de Francisco del Hierro, 1729), 331. Véase, también, Darrell J. Rohl, “The Chorographic Tradition and Seventeenth- and Eighteenth-Century Scottish Antiquaries”, Journal of Art Historiography 5, (2011): 1.

  23. 23 Christopher Storrs, The Spanish Resurgence, 1713-1748 (New Haven/Yale University Press, 2016).

  24. 24 Consuelo Maqueda Abreu, El Virreinato de Nueva Granada (1717-1780): Estudio Institucional (Madrid: Ediciones Puertollano, Dykinson, 2007), 170.

  25. 25 John Huxtable Elliott, Empires of the Atlantic World: Britain and Spain in America, 1492-1830 (New Haven: Yale University Press, 2006), 321.

  26. 26 Aunque esta era la percepción del momento, Christopher Storrs ha demostrado que el reinado de Carlos II no fue un periodo de decadencia y que, a finales de siglo, la gobernanza imperial era eficiente. Véase: Christopher Storrs, The Resilience of the Spanish Monarchy, 1665-1700 (Oxford/New York: Oxford University Press, 2009).

  27. 27 Eissa -Barroso, The Spanish Monarchy, 88.

  28. 28 Stein y Stein y otros han argumentado que el verdadero autor del “Gobierno Económico para la América” no fue Campillo y Cossio, sino Melchor Macanaz. McFarlane, “The Bourbon Century”, 186.

  29. 29 Una creciente literatura sobre la emulación de la economía política a través de los imperios europeos ha demostrado que los funcionarios reales y los mercaderes pensaban en economía a través de esta idea y formulaban políticas. Véase Gabriel Paquette, “Views from the South: Images from Britain and its Empire in Portuguese and Spanish Political Economic Discourse, ca. 1740-1810”, en The Political Economy of Empire, 76-104.

  30. 30 José del Campillo y Cosío, Nuevo sistema de gobierno económico para la América (Mérida: Universidad de Los Andes, Facultad de Humanidades y Educación, 1971), 68.

  31. 31 Campillo y Cossio, Nuevo Sistema, 181.

  32. 32 Anthony McFarlane, Colombia before Independence: Economy, Society, and Politics under Bourbon Rule, (New York: Cambridge University Press, 1993), 39.

  33. 33 Es importante señalar que en el reino coexistieron otros tipos de economías, como las costeras exportadoras de cacao de Guayaquil y Venezuela, vinculadas a los mercados de ultramar.

  34. 34 Eissa-Barroso, The Spanish Monarchy, 73-74.

  35. 35 La traducción es mía. Eissa-Barroso, The Spanish Monarchy, 224.

  36. 36 Francisco A. Eissa-Barroso, “La Nueva Granada en el sistema de Utrecht: condiciones locales, contexto internacional, y reforma institucional”, en Resonancias Imperiales, América y el Tratado de Utrecht de 1713, ed. por Iván Escamilla González (México: Instituto de Investigaciones Históricas, 2015), 47-78. Para más información sobre las reformas de Alberoni, véase Alan J. Kuethe, “Cardinal Alberoni and the Reform in the American Empire”, en Early Bourbon Spanish America: Politics and Society in a Forgotten Era, 23-38.

  37. 37 Jacob Soll, The Information Master: Jean-Baptiste Colbert’s Secret State Intelligence System. Cultures of Knowledge in the Early Modern World (Ann Arbor: University of Michigan Press, 2009).

  38. 38 Maqueda, El Virreinato de Nueva Granada, 170.

  39. 39 “Real Cédula de 20 de agosto de 1739, San Idelfonso, Felipe V de España”, en Historia territorial de Venezuela. Documentos para su estudio, ed. por Manuel Donís Ríos (Caracas: Universidad Católica Andrés Bello, 2001).

  40. 40 Maqueda, El Virreinato de Nueva Granada, 117.

  41. 41 A lo largo del siglo, varias villas, ciudades y asentamientos solicitaron al Consejo de Indias cambios en su jurisdicción. Véase: Humberto Montealegre Sánchez, “Conquista y creación del espacio urbano en la Provincia de Neiva, Timaná y Saldaña”, Historelo. Revista de Historia Regional y Local 5, n.º 9 (2013): 148-204. También: Marta Herrera Ángel, Ordenar para controlar: ordenamiento espacial y control político en las llanuras del Caribe y en los Andes centrales neogranadinos, siglo xviii (Bogotá: Instituto Colombiano de Antropología e Historia/Academia Colombiana de la Historia, 2002), 151-170.

  42. 42 Pedro Cardim et al. Polycentric Monarchies: How Did Early Modern Spain and Portugal Achieve and Maintain a Global Hegemony? (Brighton: Sussex Academic Press, 2012).

  43. 43 Para el virrey, la pérdida del control directo sobre las provincias de Guayaquil y Panamá supuso cargas adicionales para el comercio peruano, derivadas del hecho de que el puerto de Guayaquil era el único proveedor de harina del Perú. “Inconvenientes de la segregación de las provincias de Tierra Firme”. Quito, 1741-1748. agi, Quito, 126, n.⁰ 32, ff. 342v-343v. “Juan de Berria: contra segregación de provincias”, May 16, 1739. agi, Quito, 145, n.⁰ 29, ff. 342v-343v.

  44. 44 La Corona española celebraba bianualmente las ferias de Portobelo entre comerciantes de Sevilla, Lima y Panamá para intercambiar productos acabados europeos por plata. Sin embargo, a partir de 1686, la feria se interrumpió durante largos periodos, lo que provocó una decadencia general del comercio ístmico. Véase Christopher Ward, Imperial Panama: Commerce and Conflict in Isthmian America, 1550-1800 (Albuquerque: University of New Mexico Press, 1993), 56.

  45. 45 “Carta del Marqués de Villagarcía, Virrey de Perú, a José del Campillo, Secretario de Guerra”, Lima, november 9, 1742. agi, Audiencia de Lima 651, n.⁰ 3, ff. 13-234.

  46. 46 Segregación de Guayaquil, “Carta no. 67 de José de León y Pizarro a D. José de Gálvez comunicando que está haciendo las diligencias necesarias para segregar Guayaquil del virreinato de Santa Fé”. agi, Quito, 240, n.⁰ 23, f. 1.

  47. 47 Vicente Santamaría de Paredes, Estudio de la cuestión de límites entre las repúblicas del Perú y del Ecuador (M adrid: Imprenta de los hijos de M. G. Hernández, 1907), 128-132.

  48. 48 “Relación del Estado del Virreinato de Santa Fe, presentada por el excmo. Señor Don Pedro Messía de la Cerda...”, en Relaciones de mando de los virreyes de la Nueva Granada: memorias económicas, ed. por Gabriel Giraldo Jaramillo (Bogotá: Publicaciones del Banco de la República, Archivo de la Economía Nacional 13, 1954), 95.

  49. 49 “Estado general de las ciudades y pueblos del Cauca en 1771”, Cespedecia. Boletín Científico del Valle del Cauca 45-46 (1983): 407-409.

  50. 50 Parte del análisis de este mapa está publicado en mi capítulo “El plan geográfico del virreinato de Santafé de Bogotá, 1772: las utopías de orden, la prosperidad virreinal y la defensa del imperio”, en Entre líneas. Una historia de Colombia en mapas, ed. por Sebastián Díaz Ángel et al. (Bogotá: Editorial Crítica, Universidad de los Andes, 2023), 199-208.

  51. 51 Moreno y Escandón, Plan geográfico del virreinato.

  52. 52 Francisco Antonio Moreno y Escandón, “Estado del Virreinato de Santafé, Nuevo Reino de Granada, y relación de su gobierno y mando del excelentísimo señor Bailio Frey don Pedro Messía de la Cerda”, en Relaciones e informes de los gobernates de la Nueva Granada, tomo 1, ed. por Germán Colmenares (Bogotá: Biblioteca Banco Popular, 1989), 153.

  53. 53 Moreno y Escandón, “Estado del Virreinato de Santafé”, 163.

  54. 54 Scott, Seeing like a State, 1-8.

  55. 55 Un buen ejemplo es el mapa del geógrafo Juan de la Cruz Cano y Olmedilla (1734-1790), elaborado en 1775, que representa Sudamérica con una impresionante profundidad de detalles y traza la línea divisoria entre la Sudamérica española y la portuguesa. Véase Ken Mitchell, “Science, Giants, and Gold: Juan de la Cruz Cano y Olmedilla’s Mapa Geográfico de la América Meridional”, Terrae Incognitae 31, n.⁰ 1 (1999): 25-41.

  56. 56 Un mapa posterior de 1781, “Descripción geográfica del Virreinato de la Nueva Granada” resultó de una visita (encuesta) que Moreno y Escandón realizaron entre 1775-1776 y 1778 y 1779 a los pueblos de las comarcas andinas de las provincias de Tunja y Pamplona. Véase Santiago Pérez Zapata, “Un vistazo a la cartografía virreinal: Descripción geográfica del Virreinato de la Nueva Granada de 1781”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 43, n.º 1 (2016): 61-91.

  57. 57 Moreno y Escandón, Plan Geográfico.

  58. 58 Título completo: “Plan Geográfico del Virreinato de Santafé de Bogotá Nuevo Reyno de Granada, que manifiesta su demarcación territorial, islas, ríos principales, provincias y plazas de armas” (…). Por el D. D. Francisco Moreno, y Escandón, Fiscal Protector de la Real Avdiencia de Santa Fe y Juez Conseruador de Rentas. Lo delineó D. Joseph Aparicio Morata año de 1772. Gouernando el Reyno el Ex[elentísi]mo S[eñ]or. Bailio Frey D. Pedro Messia de la Cerda. Reproducción del original elaborada por el Instituto Geográfico Militar de Colombia a solicitud de la Academia de Historia, 1936, dibujaron J. Restrepo Rivera, A. Villaveces R., O. Roa A., R. García P.

  59. 59 Rafael Torres Sánchez, El precio de la guerra: el estado fiscal-militar de Carlos III (1779-1783) (Madrid: Marcial Pons, 2013); Christopher Storrs (ed.), The Fiscal-Military State in Eighteenth-Century Europe: Essays in Honour of P.G.M. Dickson (Farnham, uk: Ashgate, 2009).

  60. 60 Moreno y Escandón, Plan Geográfico del Virreinato.

  61. 61 David J. Weber, Bárbaros: Spaniards and Their Savages in the Age of Enlightenment (New Haven and London: Yale University Press, 2005).

  62. 62 Moreno y Escandón, Plan Geográfico del Virreinato.

  63. 63 Moreno y Escandón, “Relación del Estado del Virreinato de Santa Fe”, 173-177.

  64. 64 Junto con el Golfo de Darién, varias zonas costeras del virreinato de Nueva Granada, como Cumaná, Caracas y Puerto Cabello, formaban parte de una red de contrabando que “personificaba la incompatibilidad de los estrechos modelos imperiales de circulación comercial con patrones más diversos de desarrollo e interacción coloniales”. Véase Jesse Cromwell, The Smugglers’ World: Illicit Trade and Atlantic Communities in Eighteenth-Century Venezuela (Chapel Hill: Omohundro Institute of Early American History and Culture/University of North Carolina Press, 2018), 57.

  65. 65 Moreno y Escandón, “Estado del Virreinato de Santa Fe”, 175.

  66. 66 Véanse Regina Grafe, “Polycentric States: the Spanish Reigns and the Failures of Mercantilism”, en Me rcantilism Reimagined, 248-249, y Alejandra Irigoin y Regina Grafe, “Bargaining for Absolutism: A Spanish Path to Nation-State and Empire Building”, Hispanic American Historical Review 88, n.º 2 (2008): 173-209.

  67. 67 Eli F. Heckscher y Mendel Shapiro, Mercantilism (London: G. Allen & Unwin Ltd, 1935).

  68. 68 Moreno y Escandón, “Estado del Virreinato de Santa Fe”, 202.

  69. 69 Francisco Moreno y Escandón, “Plan de estudios y método provisional de estudios de Santa Fe de Bogotá para los colegios”, en Documentos para la historia de Colombia (1767-1776), tomo iv, ed. por Guillermo Hernández de Alba (Bogotá: Patronato Colombiano de Artes y Ciencias, 1980), 195-227.

  70. 70 A través de la publicación de varios periódicos, como el Papel Periódico de la Ciudad de Santa Fe (1797-1797), el Correo Curioso Erudito, Económico y Mercantil (febrero-diciembre de 1801) y el Semanario del Nuevo Reyno de Granada (1808-1809), circularon en una incipiente esfera pública conocimientos sobre economía política y geografía, clima y población del virreinato de Nueva Granada. La élite ilustrada del reino también fundó la Sociedad Económica de Amigos del País en 1802.

  71. 71 Manuel de Anguiano, “Descripción geográfica militar y política de la provincia de Cartagena de Indias”, transcripción de Senén Puello y Jhandy Castillo, El Taller de Historia 7, n.º 07 (2015): 459-462.

  72. 72 La función del gremio de mercaderes era triple: crecimiento económico, administración eficaz y erradicación del contrabando. Gabriel B. Paquette, “State-Civil Society Cooperation and Conflict in the Spanish Empire: The Intellectual and Political Activities of the Ultramarine Consulados and Economic Societies, C. 1780-1810”, Journal of Latin American Studies 39, n.º 2 (2007): 263-98.

  73. 73 Enrique Marco Dorta, Cartagena de Indias; Puerto y Plaza Fuerte (Cartagena: A. Amadó, 1960).

  74. 74 Alfonso Múnera, El fracaso de la nación: región, clase y raza en el Caribe colombiano (1717-1821) (Bogotá: Banco de la República/El Áncora Editores, 1998).

  75. 75 Adolfo Meisel Roca, “Crecimiento a través de los subsidios: Cartagena de Indias y el situado, 1751-1810”, Cuadernos de Historia Económica, n.º 9 (2002): 1-26.

  76. 76 Carmen Dueñas de Anhalzer, Marqueses, cacaoteros, y vecinos de Portoviejo: cultura política en la Presidencia de Quito (Quito: Editorial Abya Yala, 1997), 36.

  77. 77 Múnera, El fracaso de la nación, 119-120.

  78. 78 Moreno y Escandón, “Estado del virreinato,” 88.

  79. 79 James Torres, “Trade in a Changing World: Gold, Silver, and Commodity Flows in the Northern Andes 1780-1840” (tesis doctoral, Georgetown University, 2021), 728.

  80. 80 Cardim et al., Polycentric Monarchies, 4.


María José Afanador-Llach

Doctora por la Universidad de Texas en Austin (Estados Unidos); en la actualidad, es profesora asistente de Humanidades Digitales en la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de los Andes (Colombia). Su investigación se centra en dos áreas principales: la primera es el siglo xviii y la transición de Colonia a República en el norte de América del Sur a través de la lente de las prácticas espaciales, la imaginación geográfica y la economía política; la segunda es la pedagogía de las humanidades digitales, los archivos digitales, la historia digital, la curación de datos espaciales y las narrativas cartográficas. Es editora de The Programming Historian en español (www.programminghistorian.org/es). Sus publicaciones más recientes son: “The Globally Unequal Promise of Digital Tools for History: uk and Colombia Case Study” (en colaboración con Adam Crymble), en Teaching History in the Contemporary World (Singapur: Springer, 2021); “Developing New Literacy Skills and Digital Scholarship Infrastructures in the Global South. A Case Study” (en colaboración con Andrés Lombana), en Global Debates in the Digital Humanities, editado por Fiormonte D., Ricaurte, P., Chaudhuri, S. (Minneapolis: Univeristy of Minnessota Press, 2022). Fue editora de Cómo nació Colombia. Un país en construcción (en colaboración con Francisco Ortega, José Nicolás Jaramillo, Sebastián Vargas y Lucía Duque) (Bogotá: El Tiempo, Universidad Nacional, Universidad del Rosario y Universidad de los Andes, 2023). mj.afanador28@uniandes.edu.co