Carta editorial

Ternura estratégica: lo kawaii, lo pop y el arte de influir

https://doi.org/10.53010/kobai.09.2025.00

Johanna Mick Clausen

ヨハンナ・ミック クラウゼン

Directora de Internacionalización

Universidad de los Andes

ロスアンデス大学国際担当理事

20 de junio de 2025

¿Cómo proyecta poder una nación sin recurrir a la fuerza? ¿De qué manera lo blando, lo cotidiano, lo emotivo, incluso lo aparentemente banal, se convierte en estrategia geopolítica? Este número de Kōbai explora la cultura pop japonesa como una frontera porosa entre la política cultural y los afectos individuales, donde la diplomacia también se ejerce a través de la estética, el entretenimiento y la sensibilidad.

Desde la política pública de Cool Japan hasta el rugido ensordecedor del noizu, pasando por íconos como Hello Kitty, los videojuegos, el manga gastronómico o las guerreras mágicas de Sailor Moon, los textos aquí reunidos dibujan un mapa múltiple de la influencia global cultural japonesa. A través de miradas críticas, sensibles y situadas, este número invita a pensar la cultura no solo como un suavizador del poder, sino como una de sus formas más sofisticadas.

La lectura de la cultura como forma de poder blando se desarrolla en el artículo de Florencia Chort, quien analiza Cool Japan, la estrategia estatal que convirtió al entretenimiento y la creatividad japonesa en pilares de influencia global. Su texto muestra cómo Japón logró proyectarse como un país joven y “cool”, y cómo esa marca de país se sostiene sobre símbolos tan familiares como el sushi, el manga o el J-pop.

Pero el poder cultural japonés no solo se diseña desde las oficinas gubernamentales. Isabella Montoya Abadía, en su artículo sobre soft power, nos muestra como Japón ha sabido tejer una arquitectura silenciosa de influencia que pasa por productos culturales, enseñanza de la lengua, y fenómenos tan aparentemente inocentes como Hello Kitty. Su análisis de nation branding y diplomacia cultural revela un Japón que se reinventa desde la ternura.

Esa ternura, sin embargo, no es superficial. Como queda claro en la entrevista con Sebastián Masuda, figura central del universo kawaii, lo “bonito” puede ser también una forma de resistencia. Lo kawaii, en su lectura, es una estrategia afectiva para proteger el corazón, un refugio vital y, al mismo tiempo, una herramienta para imaginar otras posibilidades. Este número se honra en tener su voz, que nos permite pensar incluso en un kawaii colombiano, como gesto de apropiación y creación.

La sensibilidad como forma de poder atraviesa también el artículo de Ana Fernanda Garduño Morales, quien analiza el manga El gourmet solitario. Su lectura cuestiona los discursos tradicionales sobre lo “gourmet”, proponiendo una gastronomía de lo cotidiano, lo accesible, lo profundamente humano. A través de los recorridos de Inogashira, descubrimos que la experiencia sensorial es una forma de conocimiento y de resistencia simbólica.

Lo afectivo también tiene que ver con lo identitario. Daniel Salinas Lara indaga en las relaciones de hombres gays millennials mexicanos con Sailor Moon, revelando cómo una serie infantil puede convertirse en espacio de exploración subjetiva y disidencia de género. Su trabajo ofrece una mirada entrañable y rigurosa sobre cómo lo pop nos forma, nos salva y nos da lenguaje para existir.

El cruce entre entretenimiento e historia se hace evidente en el artículo de Jesica Paola Gallegos Capera, que propone una mirada estratégica a los videojuegos como embajadores culturales. En Pixelando la historia, se muestra cómo consolas y joysticks han operado como herramientas de diplomacia cultural, permitiendo a Japón resignificar su legado bélico y proyectarse al mundo desde la interactividad y la creatividad.

Pero si algo caracteriza este número es la diversidad de registros. Desde la sensibilidad gastronómica hasta la violencia sonora. El ensayo de Alejandro Bohórquez-Keeney sobre el noizu nos recuerda que Japón también ha exportado formas extremas de expresión. El japanoise irrumpe como una protesta visceral contra el control, la hiperproductividad y la saturación urbana. Aquí, el poder blando ya no susurra: grita.

Finalmente, las infografías del Semillero de Estudios sobre Japón, con ilustraciones de Mariana Valentina Chaves Calzada y diseño de María José Dávila Rivera, nos muestran un universo donde las mascotas no solo entretienen, sino que comunican política, deseo y comunidad. A través de una mirada visualmente cuidada, el equipo explora cómo los yuru-kyara encarnan múltiples dimensiones del fenómeno kawaii, desde lo onírico (yume-kawaii) hasta lo inquietante (kimo-kawaii). En un país donde la ternura se convierte en estrategia política, marca regional y símbolo cultural, estas mascotas son mucho más que simples dibujos: son narrativas vivas que expresan deseos, contradicciones y aspiraciones colectivas. Con un estilo kawaii inspirador de dulzura, Diana Sarasti ilustra la sección de Japón 101, donde el Semillero presenta una serie de datos concretos pero jugosos en conexión con el mundo pop japonés. Si los yuru-kyara condensan el kawaii afectivo y Japón 101 nos encanta con la sutileza de tonos pastel, Ume nos lleva al extremo opuesto: una serie visual donde lo kawaii se expande, se rompe y se resignifica. Aquí, el cuerpo se convierte en manifiesto y en máscara. Las fotografías nos transportan a un universo donde el futurismo se mezcla con la nostalgia, y la ternura convive con la distorsión. Gafas de neón, plataformas imposibles, pistolas de agua y minifaldas coexisten con velos blancos, gatitas melancólicas, guerreras postapocalípticas y súplicas góticas. Entre lo cibernético y lo ritual, entre la idol y la mártir, Ume explora lo kawaii como estética expandida: fragmentada, saturada, a veces dolorosa.

Este número propone entonces una lectura coral y crítica de las formas en que Japón ha sabido construir una identidad internacional a partir de sus expresiones culturales más reconocibles. No se trata solo de exportar entretenimiento, sino de producir sentidos, generar vínculos y negociar poder. El soft power japonés —a veces kawaii, a veces ruidoso, pero siempre estratégico— nos invita a pensar que la cultura no adorna la política: la constituye.