¿Dónde están las científicas japonesas? Cultura, estereotipos y desigualdad en STEM
Luisa Matiz-Ceron. Ph.D. M.Sc.
マティス・ルイサ博士
Ph.D en Ciencias de la Vida, Universidad de Hokkaido
Fundadora de MameLab
北海道大学 生命科学博士
豆ラボファウンダー
https://doi.org/10.53010/kobai.11.2026.08

Juliana Gnecco, Científicas Japonesas, [Ilustración digital], 2026.
Cuando me disponía a escribir este artículo, el tema que tenía pensado era totalmente diferente, algunos pensarían que hasta opuesto. Este año, 2025, los premios Nobel de Medicina y Física han sido otorgados a dos japoneses, agregando sus nombres a la lista de los grandes descubrimientos de la humanidad y también a la de científicos del país nipón. Entre ellos aparecen figuras tan importantes como Yoshinori Ohsumi, por su investigación en la autofagia; Shinya Yamanaka, por el descubrimiento de los factores de reprogramación de las células iPS; Satoshi Ōmura, por su hallazgo de la ivermectina como medicina antiparasitaria; y Hideyo Noguchi, por sus avances en la lucha contra la fiebre amarilla. Estas dos últimas investigaciones han sido especialmente importantes para Colombia.
Entre mi memoria de nombres aparecían todos ellos; sin embargo, ninguno era el de una mujer. Avergonzada por no tener esta información, me dispuse a hacer una lista de investigadoras japonesas. Ante la cantidad de premios en medicina, física, biología y química que ostenta Japón, pensaba que la población de científicas y científicos ilustres en estas áreas sería amplia y diversa. Sin embargo, la realidad fue distinta. No pude encontrar nombres de mujeres con grandes premios internacionales equivalentes.
Me encontré con un panorama donde apenas en los últimos veinte años las mujeres han empezado a desempeñar, de forma todavía tímida, papeles en la ciencia. En estas áreas algunos nombres sobresalen, pero no con la luminosidad que alcanzan los de los hombres, ni como figuras públicas ni como modelos sociales.
Después de un tiempo, un escenario diferente apareció frente a mis ojos, y entonces surgió la pregunta central de este artículo:
¿Por qué hasta ahora hay tan pocas mujeres en la ciencia en Japón?
Primero, revisando el panorama global. Se ha recolectado evidencia histórica, experimental y observacional que revela la constante asociación cultural entre el género masculino y la capacidad de pensamiento lógico, lo que ha contribuido a la construcción de estereotipos que vinculan la ciencia con lo masculino1. Esta asociación ha creado brechas que separan a los géneros e impiden el pleno desarrollo de las mujeres en las áreas STEM (science, technology, engineering and mathematics, por sus siglas en inglés).
Panorama de brecha de género en el mundo y caso de Japón
Aunque el panorama mundial muestra una tendencia positiva hacia la inclusión de más mujeres2,se mantienen cuatro factores que contribuyen a la exclusión de estas. Estos corresponden a:
Aunque estos factores se mantienen alrededor del mundo, en mayor o menor medida, aparecen variables y condiciones particulares en cada contexto que permiten entender con mayor precisión la situación. Japón es un caso especialmente interesante para examinar, en parte por la persistencia de su disparidad de género, al ubicarse en 2025 en el puesto 118 de 148 países, según el Índice Global de Brecha de Género del Foro Económico Mundial4, así como por la fuerte influencia de su estructura cultural en el mantenimiento de estas desigualdades.
Al examinar el panorama japonés, aparecen tres aspectos que han contribuido a mantener y agrandar las brechas de género: la masculinidad cultural, el colectivismo y la rigidez cultural5.

En primer lugar, la preservación de la masculinidad. Japón es considerado una cultura altamente masculina, lo que implica un fuerte énfasis en la diferenciación de roles de género6. En estas sociedades se imponen altas expectativas sociales tanto para hombres como para mujeres, encasilladas en moldes que definen las áreas en las que cada uno puede o no existir como sujeto cultural. Las características asociadas al género masculino suelen ser valoradas de manera predominante sobre aquellas vinculadas a lo femenino, especialmente en contextos profesionales y científicos.
Segundo, existe una fuerte afinidad por el colectivismo y la armonía social. En este tipo de sociedades se enfatiza la persecución de objetivos colectivos y el cumplimiento de los roles asignados dentro del grupo, evitando, en la medida de lo posible, las expresiones de individualismo y oposición frente a las normas socialmente establecidas7.
Finalmente, la rigidez cultural (cultural tightness) se refiere a qué tan estrictas son las normas sociales y a cuán severas son las sanciones para quienes no las cumplen. En una cultura rígida, las reglas están claramente definidas, se espera que todos las sigan, y quienes no lo hacen reciben sanciones sociales importantes o críticas significativas8.

Estas constantes de la cultura japonesa han creado las condiciones necesarias para que, en el ámbito educativo, las ciencias y las áreas STEM, por un lado, y las humanidades, por otro, hayan sido establecidas como campos de interés “naturales” para hombres y mujeres, respectivamente. Como consecuencia, quienes se salen de esta norma —ya sea por mostrar interés o por sobresalir en el área considerada propia del género opuesto— suelen enfrentar distintos grados de rechazo o desincentivo social.

Juliana Gnecco, Junta médica, [ilustración digital], 2026.
Aunque lo descrito anteriormente es más distinguible en la vida adulta, es importante entender cómo estos factores culturales orientan las decisiones de las futuras generaciones, especialmente en niños y niñas en edad de elegir a qué carrera dedicarse y, más adelante, en qué áreas podrán ejercer sus profesiones. Se han establecido varias hipótesis para explicar este fenómeno, siendo tres las más relevantes en Japón: la hipótesis de los resultados académicos, la hipótesis de la preferencia académica y la hipótesis del estereotipo9.

Juliana Gnecco, Miedo a participar, [ilustración digital], 2026.
Hipótesis de brecha de género en ciencia
La hipótesis de los resultados académicos sostiene que la baja participación de niñas y mujeres en áreas STEM se debe a un menor desempeño en matemáticas y lógica, habilidades consideradas necesarias para trabajar en ciencias e ingeniería. De acuerdo con los resultados de PISA 2022, aunque los niños superan a las niñas en matemáticas por un promedio de 9 puntos, las niñas superan a los niños en lectura por 17 puntos en Japón. A nivel global, en matemáticas los niños obtienen mejores resultados en 40 países y economías, las niñas en 17, y no se encuentran diferencias significativas en 24, mientras que en lectura las niñas superan a los niños en casi todos los países participantes (79 de 81).
Sin embargo, diversos estudios internacionales han demostrado que estas diferencias no reflejan una desigualdad real en la capacidad académica, sino variaciones contextuales influenciadas por factores sociales y culturales. De esta forma, varios autores sostienen que existen otras razones más relacionadas con la motivación académica, la autopercepción y la actitud hacia las áreas STEM que con la habilidad cognitiva en sí misma10.
Hipótesis de la preferencia académica
Por otro lado, esta segunda hipótesis se refiere a la tendencia de los estudiantes a elegir carreras y futuros trabajos basándose en aquellas áreas que consideran más atractivas o cercanas a sus intereses personales. Estudios previos muestran que, en los grados donde deben tomarse decisiones sobre el futuro académico, los niños tienden a preferir las áreas STEM por sobre las humanidades11. Estos resultados indican que factores distintos a las habilidades académicas influyen en la reticencia de las niñas a verse a sí mismas como del “tipo STEM”.
Hipótesis del estereotipo
Finalmente, esta hipótesis propone que las desigualdades en la participación de ambos géneros están guiadas por expectativas sociales internalizadas sobre lo que hombres y mujeres “deberían” hacer. Cuando creencias de género como estas están ampliamente difundidas, las personas forman expectativas implícitas de que los hombres serán más capaces que las mujeres y anticipan que otros también compartirán dichas expectativas. Esto funciona como una profecía autocumplida, que afecta tanto los criterios con los que se juzgan las capacidades de hombres y mujeres como su desempeño real12.
Según la Scale of Egalitarian Sex Role Attitudes (SESRA), una escala que mide actitudes igualitarias hacia los roles de hombres y mujeres en la sociedad japonesa, se estableció que las áreas donde se observa mayor desigualdad de género corresponden, en orden de mayor a menor, al trabajo, la familia y la sociedad13. Esto indica que, incluso cuando existe un discurso formal de igualdad, en la práctica persisten estructuras y creencias que refuerzan la división tradicional de roles entre hombres y mujeres, especialmente en el ámbito laboral, que es precisamente donde se insertan las carreras científicas y tecnológicas.

Juliana Gnecco, Regaño, [ilustración digital], 2026.
De igual forma, otros estudios han encontrado una influencia significativa de los padres en la elección del área de estudio de las niñas. En particular, se ha mostrado que las actitudes parentales hacia los roles de género, ya sean igualitarias o tradicionales, influyen directamente en la probabilidad de que una niña considere una carrera en STEM14. Estas investigaciones señalan que las creencias familiares no solo afectan las expectativas académicas, sino también la manera en que las niñas evalúan la legitimidad de su presencia en espacios tradicionalmente masculinizados.

Resulta especialmente relevante el papel de las madres. Algunos estudios muestran que las actitudes negativas hacia las áreas STEM por parte de las madres tienen un impacto significativo en la decisión de sus hijas de no considerar estas carreras. En ciertos casos, se mantiene la creencia de que las mujeres no deberían participar en campos dominados por hombres porque ello podría dificultar sus oportunidades de empleo o la posibilidad de formar una familia en el futuro15. Este tipo de pensamiento, aunque a menudo está motivado por el deseo de proteger a las hijas, termina reforzando el mismo sistema de desigualdad que limita sus oportunidades.
Estos hallazgos refuerzan la hipótesis del estereotipo, mostrando que no solo la escuela o la sociedad en general influyen en la autopercepción de las niñas, sino que el núcleo familiar actúa como uno de los primeros espacios donde se reproducen o se cuestionan las creencias de género. Así, las decisiones vocacionales no se construyen de manera aislada, sino dentro de una red de expectativas sociales compartidas que comienzan en la infancia y se fortalecen a lo largo del desarrollo educativo.
Conclusión
Al establecer que en una sociedad como la japonesa los factores más influyentes en la elección de carrera no son la capacidad académica, sino la percepción de los roles y los estereotipos de género, se vuelve indispensable promover acciones que disminuyan estos sesgos. Diversos estudios han demostrado que el uso de estadísticas claras y actualizadas sobre empleabilidad, así como la normalización de las “buenas notas” en mujeres en matemáticas y ciencias, incrementa de manera significativa la percepción positiva de los campos STEM tanto en niñas como en sus padres16. Esto sugiere que mostrar información objetiva y concreta puede debilitar la fuerza de los estereotipos tradicionales.
De igual forma, la creación de espacios para la difusión de datos actuales y verídicos resulta fundamental. La inclusión de cursos de acceso libre en universidades japonesas, como aquellos que abordan la relación entre ciencia, ética médica y desigualdad de género, permite generar conciencia crítica desde edades tempranas y contribuye a cuestionar la idea de que STEM es un espacio exclusivamente masculino17. Estas iniciativas no solo informan, sino que también validan la presencia de las mujeres como productoras legítimas de conocimiento científico.
Asimismo, la participación activa de empresas reconocidas del país en la promoción de la igualdad de género en ingeniería y tecnología representa un paso importante. Corporaciones como Mitsubishi Heavy Industries y Toyota han impulsado programas específicos para atraer talento femenino, partiendo de la premisa de que la escasez de mujeres en la ingeniería no es natural ni inevitable, sino el resultado de estructuras sociales excluyentes. Estas empresas sostienen que la diversidad es una fuente clave de innovación y que la inclusión de más mujeres puede fortalecer la creatividad, la competitividad y el progreso tecnológico.
Finalmente, aunque la sociedad japonesa y la sociedad colombiana poseen diferencias culturales evidentes, la escasez de mujeres en la ciencia y las razones que la sostienen parecen compartir raíces similares: estereotipos de género, expectativas sociales rígidas y estructuras educativas que reproducen la desigualdad. Por ello, el análisis del caso japonés no solo resulta relevante en su propio contexto, sino que también ofrece aprendizajes valiosos para otros países como Colombia, donde es posible adaptar estas estrategias para transformar el panorama científico y tecnológico.
Para que más niñas se identifiquen como “tipo STEM”, es clave eliminar los estereotipos de género y crear entornos donde reciban mensajes y modelos positivos, especialmente por parte de los adultos que las rodean. Además, futuras investigaciones deben profundizar en el papel de la escuela, los docentes y los pares en la reproducción o transformación de la brecha de género entre STEM y humanidades, ya que estos espacios constituyen escenarios decisivos en la construcción de la identidad académica.
Encontrar más mujeres en la ciencia, abrirá el camino para entender que ese también puede ser el propio. En este sentido, la escasez de mujeres en STEM en Japón no es un problema de capacidad, sino de estereotipos culturales, estructura social y expectativas de género que comienzan desde la infancia y se refuerzan por la familia, la escuela y la sociedad. Reconocer esto permite desplazar el foco desde las niñas hacia el sistema que las rodea, y abre la posibilidad de construir entornos más justos, inclusivos y verdaderamente diversos en la ciencia para hombres y mujeres.
Como una forma de contribuir con este método quisiera mencionar algunas de las mujeres más prominentes en ciencias en Japón del último siglo. Aunque ninguna mujer ha ganado un premio Nobel en Japón, en contraste con los 25 hombres, todas ellas han contribuido con importantes investigaciones, algunas de ellas han ganado importantes premios del país o han creado asociaciones para promover la ciencia. Tal vez, en el futuro, ellas o algunas otras estudiantes inspiradas por sus trabajos consigan romper la brecha.

Juliana Gnecco, ¿Qué puedo ser cuando crezca?, [ilustración digital], 2026.
Kono Yasui (1880 - 1971): Botánica y citología. Primera mujer en recibir un doctorado en ciencia en Japón. También recibió la medalla de honor del emperador con listón morado.
Katsuko Saruhashi (1920 - 2007): Geología y geoquímica. Creadora del premio Surahashi y la Sociedad para Mujeres Científicas de Japón.
Yoshiko Ogata (1975): Cuántica estadística y teoría de información cuántica. Ganadora del Surahashi, Takebe Katahiro, y premio para jóvenes científicos.
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1 Sapna Cheryan, Sianna A. Ziegler, Amanda K. Montoya y Liliana Jiang, “Why Are Some STEM Fields More Gender Balanced than Others?”, Psychological Bulletin 143, n° 1 (2017): 1–35. https://doi.org/10.1037/bul0000052; Brian Nosek, Frederick Smyth, et al., “National differences in gender-science stereotypes predict national sex differences in science and math achievement”, en Proceedings of the National Academy of Sciences 106, n° 26 (2009):10593-7.
2 Cheryan, et al., “Why Are Some”.
3 Cheryan, et al., “Why Are Some”.
4 World Economic Forum. Global Gender Gap Report 2025. WEF, 2025. https://www.weforum.org
5 Yiqing Wu, A Cultural Perspective on Gender Inequity, (London School of Economics and Political Science, 2018). https://eprints.lse.ac.uk/89372/1/Wu_A_Cultural_Perspective_on_Gender_Inequity_Accepted.pdf
6 Geert Hofstede, Las consecuencias de la cultura: Comparación de valores, comportamientos, instituciones y organizaciones entre naciones, (Thousand Oaks: Sage Publications, 2001).
7 Wu, A Cultural Perspective; Hofstede, Las consecuencias de la cultura.
8 Micehele Gelfand, et al., “Differences Between Tight and Loose Cultures: A 33-Nation Study”, en Science 332, n° 6033 (2011).
9 Sachiko Tanaka y Yuki Okamoto, “Why Junior High School Girls Are Unlikely to Consider Themselves ‘STEM Types’: The STEM/Humanities Awareness Gender Differentiation Mechanism,” Public Understanding of Science 30, n° 6 (2021): 689–705. https://doi.org/10.1177/09636625211002375
10 Cheryan et al., “Why Are Some”.
11 Tanaka y Okamoto, “Why Junior High”.
12 Cecilia L. Ridgeway, “Interaction and the Conservation of Gender Inequality: Considering Employment,” American Sociological Review 62, n° 2 (1997): 218–235. https://doi.org/10.2307/2657301
13 Akira Suzuki, “Construction of a Scale of Egalitarian Sex Role Attitudes (SESRA),” Japanese Journal of Psychology 65, n° 1 (1994): 34–41. https://www.jstage.jst.go.jp/article/jjpsy1926/65/1/65_1_34/_pdf
14 Yuko Ikkatai, “Gender-Biased Public Perception of STEM Fields, Focusing on the Influence of Egalitarian Attitudes toward Gender Roles,” Journal of Science Communication 18, n° 4 (2019): A02; Yuko Ikkatai, y Tetsuya Kudo, “Parental Egalitarian Attitudes towards Gender Roles Affect Agreement on Girls Taking STEM Fields at University in Japan,” International Journal of Science Education 41, n° 16 (2020): 2194–2212. https://doi.org/10.1080/09500693.2019.1676945
15 Ikkatai, “Gender-Biased”; Ikkatai, y Kudo, “Parental Egalitarian Attitudes”.
16 Ayumi Ito, Takashi Yamamoto y Masaki Sato, “Providing Labor Market Information to Reduce Gender Gaps in STEM: Evidence from Japan,” PLOS ONE 16, n° 8 (2021): e0252710. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0252710
17 University of Tokyo. n.d., “生命・医療倫理とジェンダー不平等 (Bioethics, Medical Ethics, and Gender Inequality),” UTokyo OpenCourseWare. Consultado en abril de 2025. https://ocw.u-tokyo.ac.jp